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domingo, 30 de marzo de 2014

NUTRICIÓN



Sería completamente incapaz de recordar la cantidad de libros e información leída a lo largo de mi vida sobre nutrición. Por razones de estructura física personal, es un tema que me ha interesado a lo largo de toda mi existencia y me sigue interesando. Cientos de teorías, decenas de regímenes o dietas han ido desfilando a lo largo de muchos años y se han convertido en un tema tabú del que parece que se conoce mucho hasta caer en la cuenta de aquel «solo sé que no sé nada». Desde muy pequeño he sido lo que se ha denominado un «gordito» aunque al haber practicado mucho deporte el tono físico general es sobrellevable. Lo que me ha quedado claro a lo largo de tantos años es que el hacer ejercicio, en mi caso, no adelgaza per se; puede ayudar, pero si no se complementa con una adecuada alimentación, los kilos siguen ahí.

Cuando recibí hace unos días propaganda del libro «Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable», de L. Jiménez pensé en un primer momento aquello de «otro más». Sin embargo, al entrar en los comentarios de los lectores disponibles en la red pensé que no estaría de más una nueva lectura sobre el asunto, al menos para refrescar conocimientos. Tengo que decir que me ha resultado curioso el enfoque por su manera de tratar el hecho de que médicos y científicos llevan años investigando y los resultados a la vista están. Una frase extraída del libro es muy significativa: «En mi opinión, si un médico prescribe a un paciente con sobrepeso comer menos y hacer más ejercicio simplemente no está ejerciendo la medicina. Para decir eso no hace falta estudiar un montón de años de fisiología y endocrinología y pasar otro largo periodo de prácticas para especializarse». Por otro lado, la industria de la alimentación sigue sus propios planteamientos, bordeando las líneas rojas y utilizando aquellos elementos que entre otras cosas reúnan dos condiciones básicas: baratos y atractivos por su palatabilidad.

El texto se inicia con una serie de conceptos que el autor nos propone desaprender por ser impresiones erróneas a la par que muy arraigadas. Cada uno de estos capítulos consta de un pequeño resumen que reproduzco a continuación.

Resumen de lo desaprendido sobre comer menos y gastar más
  • Comer menos no es una estrategia eficaz a largo plazo para perder peso.
  • Hacer más ejercicio tampoco.
  • El comer más podría ser un síntoma, no la causa del sobrepeso.
  • La causa de la obesidad y del comer más está relacionada con la “calidad nutricional” de los alimentos
Resumen de lo desaprendido sobre las grasas:
  • No son el factor clave que nos hace engordar.
  • A largo plazo, las dietas bajas en grasas no son eficaces.
  • Los estudios no confirman que las grasas sean poco saludables, excepto en el caso de grasas «trans».
  • Los alimentos light no sirven para adelgazar.
Resumen de lo desaprendido sobre los carbohidratos:
  • Sustituir las grasas por carbohidratos refinados no ayuda a perder peso a largo plazo.
  • Las dietas altas en carbohidratos refinados se relacionan con diversas enfermedades.
  • Los jarabes de maíz son especialmente poco saludables.
Resumen de lo desaprendido sobre las proteínas:
  • Las proteínas animales provenientes de aves y pescado son muy saludables.
  • La relación entre la mortalidad y la ingesta de carne roja y procesada es muy limitada, especialmente en cantidades moderadas.
  • La ingesta de las proteínas que son necesarias no causa ningún problema a la salud.
Un principio que no conocía es el llamado «Principio de Pareto» llamado así por haberlo acuñado Wilfredo Pareto y que se conoce también como la «Regla del 80-20», unas cifras estimativas y que pueden variar en cada caso concreto pero que en esencia son aplicables a muy diferentes aspectos de la vida, tales como sociológicos, económicos, empresariales, logísticos o informáticos entre otros muchos. En esencia y aplicado a la alimentación, viene a decir que el 20% de las causas es el responsable del 80% de las consecuencias, con lo cual es muy aconsejable centrarse en determinar ese 20% para concentrar nuestros esfuerzos en él.

El libro sigue avanzando sobre diversos conceptos de la nutrición que serán conocidos o novedosos según los conocimientos previos del lector, pero en mi caso algunos de ellos han resultado sorprendentes por coincidir con cuestiones que a mí me parecían obvias, por experiencia, pero que están alejadas de los conocimientos al uso en ambientes médicos o profesionales de la alimentación. Apuntaré como uno que me trae de cabeza desde hace años y que se refiere a la producción autógena de insulina como agente provocador de desarreglos y alteraciones metabólicas.

Al final, el autor plantea cinco conclusiones básicas que deberían de actuar como directrices fundamentales en nuestra alimentación y que son las siguientes:
  1. Evitar los carbohidratos refinados y los alimentos procesados.
  2. Muchas verduras, vegetales y fruta.
  3. Cantidad suficiente de proteínas.
  4. Añadir frecuentemente grasas, mejor las más saludables.
  5. La dieta no es una penitencia.
Y establece para cada una de ellas un resumen de recomendaciones:

Resumen y trucos de la regla número 1 "Evitar los carbohidratos refinados y los alimentos procesados"
  • Minimice, o mejor, elimine de su dieta, los alimentos fabricados con materias primas llenas de azúcar o carbohidratos refinados (alto IG).
  • La mayoría de los alimentos preparados o muy procesados tienen un elevado IG, una alta densidad energética y se digieren demasiado fácilmente.
  • Evite las bebidas azucaradas, los dulces, los «snacks» y los cereales de desayuno infantiles.
  • Tenga cuidado con los carbohidratos refinados «ocultos» en multitud de alimentos.
  • Si necesita comer más carbohidratos, elija legumbres o alimentos realmente integrales.
Resumen y trucos de la regla número 2 “Muchas verduras, vegetales y frutas”
  • Las hortalizas, frutas y frutos secos contienen gran cantidad de vitaminas y minerales.
  • La patata y el maíz son la excepción por su alto IG y es mejor evitarlos.
  • Coma verduras y hortalizas sin límite.
  • Incorpore a todas sus comidas al menos una ración de vegetales: Hortalizas, frutas o frutos secos.
  • Coma nueces y frutos secos con frecuencia.
Resumen y trucos de la regla número 3 “Cantidad suficiente de proteínas”
  • Coma cada día al menos entre 1 gramo de proteínas por cada kilo de peso corporal.
  • Incorpore una buena cantidad de proteínas en cada una de sus comidas.
  • Entre una cuarta y una quinta parte de la carne y el pescado son proteínas.
  • Preferiblemente elija como fuente alimentos “reales” y evite los procesados.
  • Si tiene apetito, coma más proteínas.
Resumen y trucos de la regla número 4 “Añadir frecuentemente grasas, mejor las más saludables”
  • Las carnes magras y el pescado contienen una adecuada proporción de grasas.
  • Use con frecuencia los aceites vegetales, preferiblemente el de oliva.
  • Aumente su ingesta de alimentos con ácidos grasos omega-3, especialmente pescados y nueces.
  • Incorpore una cantidad razonable de grasas a cada una de sus comidas.
  • Evite las grasas «trans» o hidrogenadas “ocultas”, sobre todo las que contienen los alimentos procesados.
  • En un gran porcentaje de personas la cantidad de colesterol que se come no influye en los niveles de LDL o colesterol total.
  • Si tiene el LDL o el colesterol total elevado, elimine todas las grasas «trans» y los alimentos procesados que contengan muchas grasas saturadas.
  • Consuma huevos como excelente fuente de todo tipo de nutrientes.
Resumen y trucos de la regla número 5 “La dieta no es una penitencia”
  • Coma hasta sentirse satisfecho.
  • Sobre todo, coma más proteínas y vegetales si lo necesita.
  • Diseñe menús abundantes y variados, disfrute comiendo.
  • Valore la posibilidad de tomarse un día libre programado de vez en cuando.
Al final de cada capítulo, el libro contiene numerosas referencias a artículos publicados en los que al autor se ha basado para transmitirnos sus impresiones y recomendaciones. Como puede verse no se trata de un libro de dietas al uso, sino que insiste en darnos referencias y conocimientos para que entendamos que «la dieta perfecta debe ser diseñada, mantenida y actualizada por uno mismo. Y en muy poco tiempo sabrá hacerlo»

Existe un blog complementario constantemente actualizado y con mucha información que puede accederse en este enlace,así como un segundo libro, ya cargado en mi lector electrónico, que amplía información y lleva por título «Lo que la ciencia dice sobre dietas, alimentación y salud». Y para acabar una última recomendación, además de la lectura del libro, que puede encontrarse al módico precio de 2,68 € en su versión electrónica o 9,39 en papel.
Tenga siempre una botella llena a mano. Beba por costumbre al levantarse y antes de acostarse. Beba uno o dos vasos cuando tenga hambre y también siempre antes de cada comida.

sábado, 22 de marzo de 2014

NOmás900




Hace ya bastantes años que los usuarios de telefonía fija en España disfrutamos de lo que se ha dado en llamar «tarifa plana» en nuestras llamadas a teléfonos fijos de todo el territorio nacional. Aunque en la conciencia de muchos se instala la palabra «gratis» relacionada con este sistema, hay que decir que no lo es, pues pagamos por ello nuestra correspondiente cuota mensual, aunque sí que es cierto que es una bendición el despreocuparse, no como antaño, del tiempo de llamada asustados ante la factura que nos podría corresponder.

Pero también desde hace varios años algún «listo» inventó los «números 900», esos números especiales que en realidad no existen pero que no son incluidos en las tarifas planas y que pueden implicar un coste para el usuario: salvo los 900 que son gratuitos, los 901, 902 y consecutivos implican unos euros en las facturas mensuales pues no están incluidos en el concepto de teléfono fijo a pesar de que realmente lo son.

No creo que haya nadie que no despotrique contra estas prácticas, abusivas a todas luces, y que han sido adoptadas principalmente por las empresas con la cancamusa de ofrecer un mejor servicio a sus clientes. Lo que no dicen es que de paso se embolsan unos euritos por las llamadas a unos servicios, algunas veces de averías, que deberían ser gratuitos completamente. Pero el tiempo pasa y no se acaba de solucionar el asunto; parece que a los mortales no nos cuestan las llamaditas a los «novecientos» y tragamos con todo lo que haya que tragar. Esto no es nuevo y ya hablaba yo de ello en este mismo blog en la entrada «900» publicada hace tres años.

Desde mucho antes, desde siempre, mantengo un particular guerra contra estas prácticas. No soy el único ya que hasta hay iniciativas en la red como la página nomasnumeros900 donde los usuarios pueden tratar de averiguar el número de teléfono fijo real que se esconde tras un 900. Insisto en que el «900» no existe y es solo un puente a efectos de tarificación. Hay mucha información de muchas empresas, pero no siempre actualizada, amén de que algunas de ellas llevan sus planteamientos hasta detectar que número has utilizado en la marcación, soltándote un mensaje de que utilices el 9xx para esa consulta porque el otro, que es el mismo, está reservado para bla, bla, bla…

En una campaña, una empresa de cierta relevancia que se preocupa y ocupa de los derechos de los consumidores, FACUA, ha lanzado su consulta para elegir a la «peor empresa del año»; las nominadas son en esta ocasión Endesa, Iberdrola, Movistar, Vodafone y Bankia, porque hay que elegir algunas entre otras muchas de parecido o peor calado moral en sus prácticas. Hay que decir que estas cinco son «repetidoras», pues ya ostentaban este dudoso honor el año anterior. En la misma campaña se elige el «peor anuncio del año» y la «peor práctica empresarial del año». En este último apartado, una de las cinco propuestas reza así: «Líneas 902 de atención al cliente. Muchas empresas y organismos públicos cuentan con estos carísimos teléfonos, que no están incluidos en los bonos y tarifas planas de las operadoras. Incluso hay empresas de telecomunicaciones que utilizan 902 para la atención de las consultas y quejas, lucrándose a costa de sus propias incidencias y averías.»

Lo de «sostenella y no enmendalla» es una constante en muchas de las actuaciones humanas, asumiendo costes morales en aras a conseguir beneficios pecuniarios. No importa lo que piense el cliente que se ve forzado a efectuar llamadas, por lo general largas por aquello de «todos nuestros operadores están ocupados, permanezca a la espera, enseguida le atenderemos». Es curioso que algunas empresas que nos quieren incluso capturar como nuevos clientes nos inciten a llamar a este tipo de números con coste a nuestro cargo. Pero cuando lo hacen será porque les funciona con lo que pienso que hay gente por la vida muy despreocupada que no se fija en las consecuencias de sus acciones y entre ellas los euros que se pueden detraer de su bolsillo. En mi caso, no entro en que sean muchos o pocos, el simple hecho de tener que abonar un céntimo por estos conceptos me pone en guardia.

Como no hay soluciones globales, parece que algunas empresas han optado por ofrecer a sus clientes la posibilidad de usar los números alternativos. En la imagen vemos algunos casos donde se ofrecen de forma conjunta las dos posibilidades de llamada, aunque en la segunda hay que encontrarlo a la derecha y no dejarnos llevar por el anuncio de la izquierda. Hay más casos, aunque no siempre tratados de forma explícita, por lo que hay que esforzarse en encontrar el número que no nos va a suponer un aumento de euros en nuestra factura. O bien no llamar si no no es estrictamente imprescindible.

domingo, 16 de marzo de 2014

PÁRRAFOS



Como devorador activo de libros no puedo evitar fijarme en ciertos aspectos estéticos que se aprecian en la maquetación, no solo en libros en papel sino también en los electrónicos. Son cosillas sin importancia pero que incitan mi curiosidad y me llevan a investigar un poco las razones por las que ocurren. No siempre se puede encontrar una explicación concluyente pero a base de hurgar un poco en la red se pueden aprender cosas interesantes.

Haciendo un poco de historia sobre estos temas, recupero la información aportada en una entrada de este blog de hace unos meses titulada «COMILLAS» en donde me hacía eco del abandono del uso de las comillas llamadas latinas o españolas ( « - » ) cuando realmente son las apropiadas según las normas de escritura existentes. Allí se llegaba a algunas conclusiones sobre la influencia de los procesadores de textos en el ordenador y una forma posible de salir del paso si realmente queremos utilizarlas.

En este orden de cuestiones que llaman mi atención, también hace unos meses me encontré en un libro de José Luis Palma Gamiz titulado «El paciente de El Pardo» con unos dibujos tipográficos que cerraban los capítulos. Era un libro en formato electrónico pero quedaba muy resultón y dediqué un tiempo a investigar el asunto. Ha pasado tiempo pero estoy a punto de empezar a utilizarlos cosa que el lector de este blog podrá apreciar como cierre final de las entradas. Para dar una indicación, he tenido que buscar juegos de caracteres de los llamados de tipo «border», seleccionar de algunos de ellos los dibujos que me gustaban y luego convertirlos en imágenes, porque no se pueden utilizar estos caracteres en cualquier parte. Otro problema es todavía la coloración del fondo, que solo consigo de forma aproximada, pero estoy en ello, es cuestión de dedicarle tiempo y hacer pruebas.

Pero a lo que me quiero referir hoy es al concepto utilizado en impresión denominado «sangría», que en su acepción quinta del diccionario de la Real Academia dice así: «empezar un renglón más adentro que los otros de la plana, como se hace con el primero de cada párrafo.». En la imagen que acompaña esta entrada se pueden apreciar reproducciones de un par de libros publicados estos últimos meses. Concretamente son «el Paciente» de Juan Gómez-Jurado y «Apaches» de Miguel Sáez Carral. Por disponer de estos libros concretos tanto en papel, cortesía de la editorial Planeta que me los ha regalado firmados por los autores, como en «ebook», que me los he comprado, puedo apreciar que la imagen es la misma en papel que en electrónico.

Tanto en el primer párrafo en los comienzos de capítulo como tras una separación ampliada de párrafos, podemos observar que no se produce la sangría. ¿Por qué? Lo que en principio he pensado como base para comenzar es que puede ser debido a algún problema o ajuste en el programa informático que utilicen en la editorial Planeta para maquetar los libros. La solución es ver cómo se resuelve esto en otro libro de otra editorial que también tengo tanto en papel, que lo ha comprado mi mujer, como en electrónico que lo he comprado yo. Aprovecharé de paso para hacer propaganda de este libro de Javier Ruescas, titulado «LIVE» y que es el tercero de la saga «PLAY» publicado esta semana por la editorial Montena. Lo que ocurre en este caso es curioso: la edición en papel está correcta porque lo que se utiliza es la llamada «letra capitular» al principio del primer párrafo de cada capítulo, esa letra a tamaño mayor que el resto para mejorar el aspecto. Esta letra capitular aparece en la edición electrónica pero se provocan dos pequeñas anomalías: no hay sangrado, lo que puede ser correcto, y además se ve afectado el espaciado entre la primera y segunda líneas siendo más amplio que el normal. Un efecto que no tiene importancia en la lectura pero que llama la atención.

Por supuesto que el procesador de textos «word» permite controlar con precisión estos temas, pero manejando otro de los programas más extendidos en la preparación de libros electrónicos, denominado «QUALITYebook» he visto que tiene parámetros de configuración recogidos en un fichero de tipo «.ini» que afectan a la forma en cómo se construyen estas letras capitulares y estas sangrías en los párrafos iniciales: son los campos de clave etiquetados como «StyleCapitular» o «SyleFirstP».

Ahora la cuestión es si este programa u otro parecido es el que manejan las editoriales pero en todo caso no me gusta que se queden las cosas así porque o bien existen modos como el comentado de manejar la apariencia o si no habrá que solicitarlos a los programadores como una mejora de los programas. Todo para que la estética quede lo mejor posible.

jueves, 13 de marzo de 2014

GRANUJAS



No es la primera vez que utilizo este blog para recoger en él escritos no propios que me parecen interesantes como una forma de archivarlos y tenerlos controlados «para siempre». No he sido capaz de encontrar en la red un enlace a este texto a pesar de haberlo buscado con ahínco: o no existe o estoy perdiendo facultades. En todo caso he recuperado mi anquilosada versión de mecanógrafo para poder incorporarlo aquí.

Se trata de un artículo del profesor de Ciencia Política de la universidad de Santiago de Compostela Antón Losada, inserto en el número 4 de una publicación más que interesante de «eldiario.es» de su serie «Cuadernos» titulada «Retrato del Poder», un monográfico íntegramente dedicado a los tejemanejes de Miguel y sus colaboradores en Cajamadrid, Bankia o como queramos llamarlo en la actualidad. El artículo, conciso y contundente, lleva por título «El capitalismo granuja» y es para mí un ejemplo claro de que «más valen quintaesencias que fárragos» que ya dijera nuestro mordaz Baltasar Gracián acerca de contar en pocas líneas muchas y muy interesantes verdades que tenemos delante de las narices y no vemos. Lo que sí he encontrado es un libro publicado el pasado año por Antón titulado «Piratas de lo público», que habrá que hacerse con él para leerlo con detenimiento así como numerosos artículos suyos en este enlace o en su blog.

Opino modestamente que estas setecientas ochenta y dos palabras deberían ser como un catecismo de obligada lectura diaria nada más levantarnos, para tenerlas bien presentes a lo largo del día en todas nuestras actuaciones. Aunque lo he revisado concienzudamente respetando el original, pido disculpas si se me ha escapado algún gazapo en la transcripción.
La economía de mercado en España siempre ha sido una ficción. Representa un teatrillo donde a ciudadanos y consumidores se nos ha engañado una y otra vez igual que se estafaba a los indios sioux vendiéndoles cuentas de colores por joyas; mosquetones inservibles por rifles; o garrafón, por agua de fuego de la buena. En general, faltan grandes empresarios y sobran buhoneros. La gran reforma pendiente en la economía española no reside en otra vuelta de tuerca al mercado laboral, sino en una reforma empresarial radical. España soporta, sin duda, la élite empresarial mejor pagada, peor preparada y más incompetente de la OCDE. Miguel Blesa, los hijos de Aznar, Alejandro Agag o Díaz Ferrán no representan una excepción, constituyen la norma general. 
Su mejor currículum es la amistad, su mayor formación la aporta el colegueo y su negocio consiste en saquearnos a todos pirateando empresas y concesiones públicas con una inagotable exhibición de mal gusto. 
Las grandes corporaciones que se pasean por el IBEX como si hubieran inventado la economía de mercado y la libre competencia son en su mayoría aquellos viejos monopolios públicos edificados durante el franquismo a base del sudor y las lágrimas de las clases media y baja, las sufragadoras del bienestar de la oligarquía del régimen. Esos monopolios fueron privatizados en procesos opacos y a comprador seleccionado por una brigadilla de burócratas y altos cargos de la Administración al servicio de la misma casta económica que los financia y apadrina primero y les recoloca después. Son piratas de lo público con licencia para abordar, como los corsarios. 

Los socialistas abrieron la puerta cegados por la brillantez del discurso que anunciaba la verdad revelada de la superioridad de lo privado sobre lo público y la urgencia de desmontar los resortes del franquismo. O no se enteraron, o no se quisieron enterar, de que en realidad estaban vendiendo a precio de saldo las grandes empresas públicas a las mismas élites franquistas que pretendían desactivar. Los gobiernos de José María Aznar completaron el asalto. Cautivo y desarmado, el Estado quedó despojado de cualquier capacidad de intervención activa en la economía. Los grandes sectores estratégicos, como la energía o las comunicaciones, quedaron en manos de las mismas castas que los depredaron como caladeros privados a través del corporativismo franquista. 

Todo el proceso se enmascaró con la mística del llamado "capitalismo popular". A través de las privatizaciones, todos íbamos a ser clientes libres para elegir en mercados competitivos que traerían mejores precios y mejores productos y servicios. Incluso cual-quiera podría acceder a la propiedad comprando acciones en la bolsa. Telefónica, Repsol o Endesa podían ser nuestras. La gran recesión y la voracidad incontrolable de nuestros piratas de lo público han revelado poco a poco la verdad, que a veces tarda, pero siempre acaba apareciendo, incluso en economía. 

No somos clientes, somos rehenes de grandes oligopolios privados que no solo burlan cualquier control, sino que someten a gobiernos y ciudadanos a su férrea ley del ordeno y mando. A los millones de ciudadanos accionistas que supuestamente trajo aquel capitalismo popular apenas se les permite actuar como un ejército de figurantes, útil para dar solemnidad y pompa a asambleas y consejos de administración donde mandan los de siempre y como lo han hecho siempre: porque esto es suyo y están en su derecho. 

España entera es su cortijo. No solo Caja Madrid. Los depredadores, piratas, pícaros y parientes tontos que suelen conformar eso que Stiglitz llama acertadamente "capitalismo granuja" han encontrado en la burbuja empresarial, producto de la gran privatización española, un hábitat perfecto para su reproducción. Lo que manda en España es el capitalismo de amiguetes. Las grandes empresas estratégicas han primado la inversión especulativa y la ganancia rápida. El único mandato sagrado reside en asegurar el reparto rápido y masivo de beneficios entre equipos directivos y consejos de administración integrados por caballeros y, sobre todo, amigos para siempre. La inversión más rentable consiste en probar fidelidad al responsable político que reparte concesiones públicas o supuestamente debiera vigilar. Los beneficios se duplican si además se devuelven los favores o se contribuye generosamente a la campaña electoral. Los negocios funcionan como tapaderas del expolio. España es el país de los mil amiguetes. Cuantos más accionistas, contribuyentes, trabajadores o clientes caigan desplumados, mejor y más grande será el botín. 

Se privatizaron antes las empresas públicas y se privatizan ahora los servicios públicos a beneficio de los amigos y porque resulta rentable para los amigos. Lo único que cuenta es ganar mucho y rápido porque mañana, cuando pasen la factura, nuestros amiguetes y piratas de lo público ya estarán cazando muy lejos. Y solo hay una manera de ganar tanto y tan rápido: arrebatárselo a los demás.
@antonlosada, Profesor de Ciencia Política, USC

lunes, 10 de marzo de 2014

AVIZOR



Realmente el título de esta entrada no hace honor al contenido de la misma, debido a una mala apreciación mía sobre su significado. He ido al diccionario y «avizor» tiene idéntico significado que «acecho» o «acechar» que es «observar, aguardar cautelosamente con algún propósito». Y lo que voy a comentar no hay que hacerlo de forma cautelosa sino bien a las claras y todos los días.

Hay varias cosas que me han revuelto las tripas de siempre. Una de ellas ha sido el asunto de las comisiones cobradas por las empresas de manejo del dinero. Cuando yo empecé a trabajar en ellas y con ellas, los clientes recibíamos una pequeña compensación como réditos por dejarles nuestro dinero, que a su vez era utilizado por ellas para prestárselo a otros a cambio de un buen interés. Digamos que negociaban con nuestro dinero, en grandes cantidades, y de los beneficios que obtenían nos daban unas pequeñas migajas. Pero al menos era algo. De ahí se pasó a no dar nada y un poco más tarde a cobrarnos … las dichosas comisiones.

El viejo truco de crear la necesidad atrayéndose al personal con señuelos y servicios gratuitos para, una vez creada la dependencia, revertir la gratuidad y cobrar por ello. Recuerdo en 1978 cuando empezaban a llegar a España los cajeros automáticos que una entidad emitió casi dos millones de tarjetas de plástico para poder operar en ellos. Esto era un beneficio para la propia empresa pues descargaría la presión sobre las oficinas pudiendo reducir el número de empleados. Aquellas eran gratuitas e incluso se daban premios aleatorios por su utilización para fomentar su uso. Con el tiempo se han convertido en imprescindibles y no cabe en la cabeza ir por la vida sin unas tarjetas que usamos a diario en restaurantes, comercios, gasolineras, cajeros automáticos y, últimamente cada vez más, en internet. Ahora que tenemos la necesidad, que nos es imprescindible su uso, toma comisión y si te atreves la devuelves para no pagarla. Algo así pasó con las cuentas que en su día eran meros depósitos de meter y sacar dinero pero ahora son casi imprescindibles para la domiciliación de recibos entre otras cosas.

Por unas cosas u otras, a lo largo de toda mi vida he eludido el pago de comisiones bancarias. Algunas veces no me ha quedado más remedio, como el tener que disponer de dinero en efectivo en cajeros automáticos en otro país. Pero solo en contadas ocasiones he asumido el tener que pagar una comisión por un servicio bancario. Bien está que no me den nada por negociar con mi dinero, sea poco o mucho, pero por lo menos que no me cobren.

Hace unos años una empresa ahora muy conocida optó por remunerar de alguna forma los depósitos de los clientes. Y utilizó la fórmula de abonar una pequeña cantidad en función de los recibos de consumo que se pagaran a través de esa cuenta: gas, luz, electricidad, agua … La jugada era clara: me atraigo la domiciliación de los recibos básicos de los clientes, que tienen que tener un saldo para su pago y me hago con clientela estable de forma mensual. En mi caso y como se puede ver el importe que me abonan al mes no llega a los tres euros, pero algo es algo.

Y aquí enlazo con lo de estar ojo avizor y vigilar los movimientos de las cuentas, cosa que hago casi a diario. En todas partes cuecen habas … y se producen fallos. Ya he tenido algún caso de movimientos duplicados que han sido arreglados tras las opotunas llamadas telefónicas pero esta vez lo que se ha producido es un abono duplicado de esa pequeña cantidad debida las domiciliaciones de recibos de consumo. En todos los meses anteriores ha existido un único movimiento de abono, lo que me hace pensar que se trata de un error, no sé si único en mi cuenta o generalizado en todas las cuentas del banco. Lo extraño es que sean importes distintos, aunque la diferencia solo sea de cinco céntimos. Los que sabemos algo de informática deducimos enseguida que se trata de un error en los procesos derivado de repetición de trabajos, duplicación de ficheros o cuestiones similares. El hecho de que los importes sean diferentes revela un segundo cálculo pues las cantidades pagadas por los recibos en el mes anterior no han variado.

Y como a mí me gusta protestar cuando las cosas van mal o en mi contra, también lo hago cuando es a mi favor. Así que hice el esfuerzo de buscar el número de teléfono equivalente al 901 de marras ---no más 902--- y llamé solicitando hablar con un operador. En este caso era operadora y por más que me esforcé en explicarle el asunto, no me hizo ni caso y hasta yo dudo que me entendiera. La explicación que me dio era que se producía un abono por cada recibo, a lo que yo contesté que sería en todo caso el primer mes en que se producía esto. Como entramos en un diálogo de besugos, opté por no complicarme la vida y dejar las cosas como estaban. Supongo que la llamada estará grabada pues todo lo graban por si acaso hay que usarlo en tu contra, nunca a tu favor. El caso es que han pasado unos días y los casi tres euros siguen en mi cuenta, con lo que me podré tomar una cerveza a la salud del banco. Estaremos atentos al mes que viene a ver que ocurre.

Así pues, atentos a todo lo que se menea y nada de confiar en cosas que como están «hechas por ordenador» suponemos que están bien. Los que manejan los ordenadores son humanos y se equivocan.

lunes, 3 de marzo de 2014

LetraPequeña



«Al papel y a la mujer hasta el culo has de ver» reza el dicho ciertamente machista que en estos tiempos cobra una rabiosa actualidad. De siempre se nos ha dicho que hay que leer despacio y completamente la llamada «letra pequeña» antes de firmar o aceptar nada. Conocida como «letra pequeña», por estar escrita en un tamaño que la hace prácticamente ilegible, es toda aquella añadida de forma rimbombante y con gran extensión al final de los contratos o documentos que nos obligan y comprometen una vez que los hayamos firmado.

En internet no se firma nada, salvo el uso controlado de la firma propia a través de certificados digitales y eso en páginas web muy concretas y por el momento de uso muy restringido. El engaño está a la orden del día en internet, ya lo hemos comentado, porque la inmediatez de la red se presta a ello, siendo fácil embaucar a personas poco habituadas a desenvolverse con soltura. De hecho, quién más quién menos ha caído en alguna trampa de las muchas que están esperando incautos a los que echar el lazo.

Hay algunas cosas fundamentales que no por mucho repetirse son observadas escrupulosamente. Una de ellas es manejar con cuidado nuestro grupo de favoritos de forma que tengamos una cierta certeza de las direcciones a las que accedemos, especialmente a aquellas que tienen que ver con el peculio, como las de entidades financieras y bancos, ya que son estas las que más están en el ojo el huracán tratando de pillarnos nuestras claves de acceso para vaciarnos los bolsillos. Acceder a direcciones de internet tomadas de otras páginas o recibidas por correo es un riesgo que debemos de valorar y en todo caso utilizar con precaución, porque es uno de los sistemas más empleados para llevarnos a un sitio que simula ser lo que no es.

Otra recomendación es tener mucha calma en nuestras interacciones porque normalmente pulsamos los botones de aceptar y seguir con demasiada facilidad fiándonos de que lo que estamos haciendo es lo «normal» y lo «recomendado» y no siempre es así. Hay que tener cuidado en el uso de nuestros usuarios y nuestras claves de acceso, tener claves diferentes para cada cosa, que las claves tengan una cierta dificultad, no tenerlas apuntadas en papeles o documentos sin protección … en fin, esas cosas que todos sabemos, o casi todos, pero que algunas veces no cumplimos. Y luego pasa lo que pasa. Pero además de todo ello, lo fundamental es leer, leer y leer, lo que se ve e incluso lo que no se ve. La imagen que acompaña a esta entrada es una «suplantación» de otra página web en la que se nos pide introducir nuestro número de teléfono móvil. Esto ya huele mal y no debemos de hacerlo nunca; pero es que además un poco más abajo del botón de continuar se puede leer, con mucha dificultad el siguiente texto: «Al pulsar el botón acepto las condiciones de uso». ¿Qué condiciones son estas?

La clave está un poco más abajo, en un texto absoluta y completamente ilegible con letras blancas sobre el fondo de la página. El texto en cuestión dice lo siguiente:
Servicio de Suscripción prestado por AAA EEEEEE, SL. Servicio para Mayores de edad o menores con capacidad legal para contratar.

Vodafone, Orange y Yoigo 1,45 € (IVA incluido) por sms recibido + precio de navegación wap. Movistar coste sms 7,26 € (IVA incluido).

Coste máximo 36,25 €/mes (IVA Incluido), consulte con su operador. El servicio de suscripción que se está contratando consiste en tener acceso ilimitado durante el tiempo de suscripción a contenidos para movil. Para descargar contenido de los portales es necesario tener habilitada la conexión wap en tu terminal.

Durante el tiempo en que el usuario permanezca suscrito al servicio de contenidos para movil. Consulte aquí la compatibilidad de su móvil. Para cancelar, envía BAJA al 7xxxxx. o llamando al Nº atención al Cliente 902nnnnnn , o bien enviando un e-mail a info@xxxxxxxxxxx.com

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Ello quiere decir que si facilitamos nuestro teléfono móvil nos estamos suscribiendo voluntariamente a no se sabe qué acceso a contenidos con un coste bastante alto que por lo menos tiene un máximo establecido mensual. Lo curioso de todo esto es que las compañías de telefonía tragan con este asunto, son ellas las que cobran al cliente por los intermediarios y lo peor de todo es cuando se las reclama manifiestan que no pueden hacer nada. Lo único que queda, al parecer, es mandarles al guano, dar por perdido ese número de teléfono y marcharse a otra compañía con un número nuevo.

Aunque yo no lo voy a comprobar, es de suponer que además de esto se requiera algún tipo de aceptación en el propio teléfono móvil, porque no quiero pensar que a alguien se le ocurra ponerse a meter números de móvil en páginas como esta o similares. No voy a hacer la prueba pero seguro que si existe esa verificación en el móvil estará encubierta de forma que muchos nos la traguemos. Y en este sentido mucho ojo a dejar a nuestros hijos pequeños que jueguen con el móvil no vaya a ser que aprieten el botón equivocado sin saber lo que hacen, como ya me ocurriera a mí y relaté en la entrada «AÑAGAZA».

Es fácil encontrar mucha información de timos de este tipo a poco que utilicemos el buscador. Uno de los más extendidos desde hace varios años es conocido como «la estafa del SMS premium» donde han caido gran cantidad de incautos que no han obtenido ninguna ayuda sino más bien todo lo contrario de sus operadoras que hacen oídos sordos a las reclamaciones, colaborando de esa manera a perpetuar la estafa.

Así que mucho ojo, mucha lectura y pensarlo dos veces antes de apretar los botones deprisa y corriendo sin valorar las consecuencias de lo que estamos haciendo. Y mucho menos facilitar ningún tipo de dato nuestro que nos pueda comprometer en el futuro si no estamos seguros, absolutamente seguros, de estar en una página correcta. Ya sabe, «al papel y a la mujer hasta el culo has de ver» también es aplicable a las pantallas de las páginas web.