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domingo, 6 de marzo de 2022

PEGA

En una actualidad marcada por las innovaciones tecnológicas profundas y a gran velocidad, entre las que se encuentra la llamada internet de las cosas, la cantidad de información a la que accedemos a diario es sencillamente descomunal. Los dispositivos electrónicos —ordenadores, tabletas o teléfonos— nos inundan día a día con textos e imágenes que van haciendo que leamos y veamos gran parte de las noticias por encima sin prestar toda la atención que debiéramos para una comprensión adecuada. Bien es verdad que no siempre tenemos el mismo interés en todo, pero la costumbre puede relajar nuestra capacidad de comprensión.

En las visitas a mi madre, de 94 años y que ha perdido prácticamente la audición, me he dado cuenta en un asunto que puede estar relacionado con el tema que pretendo plantear hoy aquí. En vista de que no oye y no hay forma humana de que utilice los audífonos, la única posible manera de comunicarse con ella es a través de textos escritos, porque la vista la conserva perfectamente y lee bien. Utilizo el teléfono móvil, selecciono letras grandes y escribo lo que la quiero decir. Muchas veces se trata de preguntas para tirarla de la lengua y poder mantener una conversación, pero ocurre lo siguiente: lee el texto perfectamente, acaba de leerlo y … nada. No se ha enterado de lo que ha leído.

Reconozco que esta situación me ha ocurrido a mí en alguna ocasión. Hacer una lectura comprensiva, enterándote de lo que lees, requiere una atención especial. Si te concentras en leer un texto bien, por ejemplo, ante un auditorio, posiblemente al acabar no te hayas enterado de lo leído; menos mal que no te preguntan por ello porque tú mismo te das cuenta de que no te has enterado de nada y eso que lo acabas de leer.

De estas triquiñuelas se sirven los amigos de lo ajeno. Y lo hacen muy bien, tratando de confundirnos y llevarnos por caminos que pueden acabar con un menoscabo en nuestras cuentas o tarjetas bancarias. Muchas veces son falsedades, pero otras nos están anunciando el engaño con toda claridad, pero nuestra lectura rápida nos impide apreciarlo.

Los Certificados Digitales, mal que nos pese, van a ser cada vez más imprescindibles para relacionarnos con la Administración y con empresas. La presencialidad, siempre previa cita telefónica o a través de internet, se está poniendo cada vez más complicada y difícil cuando no hay ciertas operaciones, caso de algunas con Hacienda, en las que los papeles han desaparecido y se necesita sí o sí un certificado digital para rellenar y presentar los expedientes. El Certificado Digital más extendido en España según tengo entendido es el de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre ( FNMT ) que podemos tener cargado en nuestro navegador del ordenador o en nuestro teléfono móvil de forma que nos simplifique la vida… o nos la complique en caso de que nos roben o perdamos el teléfono o nos hackeen nuestro ordenador.

Otra posibilidad, menos extendida y que también es válida, es utilizar el Certificado Digital contenido en el chip de nuestro DNI, aunque aquí la cosa se complica un poco más al tener que utilizar un lector de tarjetas adicional para el ordenador y desconozco —una cuestión a indagar— si se puede utilizar en el teléfono móvil.

Aunque utilizo regularmente el de la FNMT, siempre es bueno tener una alternativa y el del DNI lo es, pero todas estas cosas tienen una caducidad y así estaba el mío: caducado. La renovación requiere personarse en una dependencia de la Policía Nacional en la que se encuentre un cajero como el que puede verse en la imagen donde a través de nuestra huella dactilar podemos renovar nuestro certificado. Entonces, el asunto es conocer las dependencias donde están ubicados estos «cajeros» y enterarse si se puede acceder a ellos de forma libre y sin tener que pedir citas. También hay que mencionar que no todos los DNI’s vigentes admiten la renovación porque han cambiado los sistemas de utilización del chip y se necesita un DNI de última generación. A modo de ejemplo, el mío, expedido ya hace unos cinco años no admite la renovación del certificado, cuestión de la que me enteré cuando lo intenté en una máquina de una comisaría. La solución es renovarlo de forma anticipada para disponer de uno de última generación.

Obtener esta información, como otras muchas cosas, nos lleva a buscar en internet, lo que requiere una atención especial por todo lo que estamos comentando. La primera página de información que me sale es la imagen que encabeza esta entrada. Una página aparentemente «oficial» donde está la información que vamos buscando. Pero… si leemos atentamente, porque figura claramente, veremos que se trata de una página no oficial, que no es ni de la Policía Nacional ni gubernamental. Tres textos en la imagen nos indican claramente que se trata de…

—Un portal informativo no oficial independiente de organismos oficiales.

—Servicio prestado por la empresa Attelper S.L.

—El teléfono de atención es un 807 (alto coste).

¿Nos están engañando? Lo pone todo bien clarito… si tenemos la suficiente paciencia y el sentido común para que se nos disparen las alarmas y nuestro sentido común nos haga detectar que se trata de una engañifa y que si caemos en ella no tendremos nada que denunciar salvo mortificarnos por nuestra mala cabeza.

Esto es solo un ejemplo. El refrán, muy machista, pero esclarecedor en estos asuntos de «al papel y a la mujer hasta el culo has de ver» cobra una importancia capital que debe gobernar nuestras búsquedas en internet y nuestras lecturas de wasaps, mensajes o correos electrónicos para no caer en estos cebos, algunos muy burdos, pero otros muy bien logrados.

Ojo avizor, pues, y desconfianza de aquello novedoso a lo que nos asomemos o que nos llegue sin haberlo solicitado, aunque sea de amigos o conocidos que pueden haber sido suplantados.