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domingo, 31 de diciembre de 2023

HECHOS


Una de las cuestiones que siempre tengo que agradecer a mi buen amigo y seguidor de este blog Félix J.V., entre otras muchas, son las enseñanzas acerca de partir de una base de hechos para acometer cualquier acción o comentario. Hechos que deben ser todo lo más fiables posibles, que siempre pueden estar tergiversados o falseados si no los conocemos de primera mano y nos fiamos de otras personas o medios que pueden tratar de engañarnos y llevar las ascuas a su sardina.

Hay muchos refranes y frases hechas sobre el particular. Tito Livio decía que «Por los hechos, no por las palabras, se han de apreciar los amigos». Dichos populares rezan en este mismo sentido que «Hechos son amores y no buenas razones» o «Los hechos quedan, las palabras se las lleva el viento» o «Buenas palabras y malos hechos engañan a los locos y a los cuerdos».

Voy a referir a continuación una serie de hechos ocurridos a un familiar directo.

10 de septiembre de 2023. Tras diez días ingresado el paciente en un hospital por fuertes dolores abdominales, recibe el alta sin un diagnóstico claro siendo remitido a dos consultas de especialistas para seguimiento: Cirugía General y Medicina Interna. La de cirugía general ha seguido un curso más o menos aceptable dado los tiempos que corren, pero vamos a continuar con la otra, la de Medicina Interna.

26 de octubre de 2023. Tras revisar el historial, el médico prescribe un análisis de sangre y orina muy específico en el que había que recoger la orina completa de dos días.

21 de noviembre de 2023. Se realiza la extracción de sangre y se entregan los dos frascos con la orina.

7 de diciembre de 2023. La cita TELEFÓNICA para comentar los resultados del análisis especial de sangre y orina no tiene lugar, siendo pospuesta mediante un SMS al…

25 de enero de 2024. Antes de que llegue este día, un SMS recibido en el teléfono el 27 de diciembre de 2023 y cuya imagen encabeza esta entrada, anula esta cita y la pospone al…

21 de marzo de 2024. ¿Tendrá lugar esta cita, recordemos que telefónica, o se seguirá posponiendo sine die?

Estos son los hechos fehacientes y debidamente documentados. Las consideraciones serán variopintas, según las convicciones de cada uno que interpretará estos hechos según sus propios planteamientos.

Algunas consideraciones si que es posible realizar. Del estudio de un hecho médico que tuvo lugar en septiembre de 2023 y del que se realizó una analítica el 21 de noviembre de 2023 no vamos a tener un diagnóstico al menos hasta marzo de 2024, cuatro meses después de realizado el análisis. ¿Sirve para algo? ¿Había alguna razón que motivara una intervención urgente o no?

Con todos los respetos, me parece que esto no se sostiene. Podemos considerar que se trata de un caso único y extraordinario, pero me parece a mí que no, que está más generalizado de lo que debiera en nuestra Sanidad Pública, muy buena en las manifestaciones de nuestros dirigentes, pero que no se demuestra con hechos, por lo menos en este concreto caso que he relatado por conocerlo de forma directa y de primera mano. Desconozco los pormenores porque no me los han explicado, pero si el médico asignado se ha ido de vacaciones o ha pedido la baja, entiendo que otro del equipo o un sustituto debería tomar cartas en el asunto, revisar los datos del análisis y por lo menos comunicar algo al paciente que ve como se pasan los meses sin recibir ninguna información al respecto.

Limitarse a anular citas y posponerlas a meses después me parece que es mirar para otro lado y no acometer el problema de frente. Por lo que parece no hay un límite en la asignación de citas porque yo conozco a personas que tienen citas, por ejemplo, en dermatología, hasta un año después. ¡Van a reventar los calendarios! Tendremos que sufrir alguna otra «ocurrencia» que encubra esto —no que lo arregle— como ya comentaba en mi entrada «DEMANDA» de uno de octubre del presente año.



domingo, 24 de diciembre de 2023

modo.NAVIDAD

Mientras andaba yo esta semana esperando que llegara el día 22 para tener mi comienzo particular de la Navidad, compruebo con agrado que no soy —al menos— el único raro. En un artículo en el diario «El País» de esta semana titulado «La Navidad empieza mañana» la periodista Eva Güimil toca el tema que he ido madurando esta semana. El párrafo destacado del artículo no puede ser más revelador:

La lotería navideña empieza a venderse en julio, el turrón llega a los supermercados en septiembre y a mediados de noviembre los Papás Noel ya escalan fachadas. ¿Cuándo empieza exactamente la Navidad y por qué tenemos cada vez más prisa?

Una de las primeras entradas de este blog, escrita en diciembre de 2007 bajo el título de «NAVIDAD» ya transitaba por idénticos términos de mi relación con la Navidad. Algunas cosas han cambiado, otras son nuevas y todas ellas condicionan la Navidad de cada uno en la medida que se deje influenciar.

El correo electrónico ya estaba bastante implantado, aunque no tan generalizado como hogaño. Las felicitaciones navideñas en tarjetas escritas a mano, metidas en su correspondiente sobre y con el sello necesario eran depositadas en ingentes cantidades en los buzones de Correos complicando la vida a los carteros por el aluvión. ¿Sigue la gente escribiendo christmas y enviándolos por correo postal? Alguna de mis amistades mantiene la tradición, yo no, pero los recibidos por esta vía del correo convencional se cuentan con los dedos de la mano.

Ahora ya ni por correo electrónico: se imponen los wasaps, al ser rápidos, directos y fáciles de mandar a los cuatro vientos. Y en este sentido, yo he contabilizado la recepción de diecisiete wasaps relacionados con la Navidad antes del día 22, día en que, insisto, empieza para mí la Navidad y me niego en redondo a que sea antes. Para ser educado, a cada uno de esos diecisiete amigos les he contestado con un mensaje que decía: «muchas gracias por tu felicitación. Hasta el día 22 no comienza la Navidad para mí, así que ese día te contestaré. Un saludo/abrazo/beso».

Como ya decía la periodista en su artículo, no ha comenzado la Navidad y yo ya estoy harto. Me encargaron en las vacaciones comprar décimos de lotería para Navidad en mi lugar de veraneo… ¡en verano! No vamos a hacer aquí una relación de productos en los supermercados, luces de Navidad, anuncios de viajes, promociones, blackfridays, cybermondays, jugueterías, regalos… que llevan ya desde noviembre e incluso desde octubre machacándonos con la Navidad.

Antaño, la Navidad era especial, aunque muchas personas que conozco han sucumbido a estas «navidades modernas» en las que prima lo económico por encima de todo lo demás. Alguna comida que no era común hacía nuestras delicias mientras que ahora me gustarían unos huevos fritos con patatas y no caer en los clásicos «manjares» que lo único que hacen es aligerar nuestros bolsillos cuando, además, se comen en cualquier época del año. ¿Regalos? El Día de Reyes era especial para ver ESE regalo que te habían traído los Reyes y que era un acontecimiento extraordinario. Ahora, regalos Papá Noeles, Santa Clauses y Reyes Magos, en varias casas de tíos, abuelos y demás familia. Los chavales ya no saben el que hacer con tanta caja y tantos cachivaches a pilas.

Cuando nos vamos haciendo mayores es más dificil encontrar esa magia que dicen envuelve la Navidad. Las cosas ya no nos deslumbran como antaño y cuando, por ejemplo, hablamos de las estúpidas guerras por tener más luces o el árbol más alto en la ciudad, nos acordamos de los que no tienen luz en su casa o suficiente dinero para encender la calefacción: los extremos de esta sociedad nos desbordan.

Pues eso, que echo de menos cuando el inicio de la Navidad lo marcaban los niños de San Ildefonso, aunque en mi niñez ese día era el último día de colegio antes de las vacaciones. Y me gustaría no estar deseando todos los días que llegue el siete de enero para que belenes, árboles y adornos de Navidad vuelvan a su sitio en el fondo del trastero y poder recuperar la normalidad después de demasiadas celebraciones fastosas, muchas de ellas forzadas, en las que parece lo que no es y no se disfruta tanto como quieren hacernos creer.



domingo, 17 de diciembre de 2023

PINITO

Como en algunas ocasiones anteriores en los últimos meses del año, un pequeño pinito literario —en una única entrega— para cambiar un poco el tono del blog. Anteriores publicados en este blog fueron «ARRINCONADO-1», «ARRINCONADO-2», «LA LLAVE-1» y «LA LLAVE-2».

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La melodía olvidada

 

Estaba destinada a unos tímpanos que nunca llegarían a disfrutarla.

En un valle perdido en las montañas cántabras existía un pueblo muy pequeño, con pocos vecinos, todos ellos ya muy mayores. En las afueras del pueblo, casi metida en el bosque, una casita había sido desde siempre la morada de Luis. Entrado en la ancianidad, siempre había sido una persona solitaria, quizá algo huraña, que no se prodigaba en contactos con sus vecinos más allá de lo imprescindible. Luis escuchaba a diario con deleite los sonidos del viento mientras alimentaba una pasión que mantenía muy viva desde niño: la música.

Nadie sabía que desde niño había aprendido a tocar un viejo piano que había pertenecido a su abuelo. Lo hacía con verdadera maestría y pasión a pesar de ser autodidacta. Entre todas sus partituras, una melodía especial anidaba en su corazón: la había compuesto él mismo en su época juvenil quizá pensando en algún día poder ofrecérsela al amor de su vida. Un amor que nunca se materializó, por lo que la melodía era desconocida por todo el mundo: era suya y solo suya.

Nadie del pueblo se acercaba nunca a su casa. Pero siempre hay jóvenes ávidos de emociones que hacen excursiones por sitios inhóspitos buscando alimentar su curiosidad. Mateo, persona solitaria también, pasó en su deambular cerca de la casa de Luis. Era primavera, las ventanas estaban abiertas y el joven se paró prendido por la melodía que escuchaba y que despertó en él asombro y admiración. Intrigado, Mateo decidió acercarse a la casa y dio unos golpes en la aldaba de la puerta para conocer al pianista que estaba interpretando esa canción tan dulce y atractiva.

Algo debió despertarse en las entrañas de Luis que, tras una sonrisa arrugada de pocos amigos, al ver que no se trataba de un paisano del pueblo, le recibió en su casa con amabilidad. Cuando Mateo pidió al anciano detalles de la melodía, Luis relajó su inquietud y, con ojos acuosos por la emoción, se avino a relatarle una historia que parecía increíble.

De joven, Luis había amado profundamente a una chica de un pueblo más grande situado a una hora de camino donde Luis llevaba a diario la leche del rebaño familiar de cabras. La joven recibía a diario su leche, pero Luis era muy parco en palabras, por lo que tenía cortas conversaciones con Isabel a la vez que crecía en su interior un amor por ella. Luis compuso esa hermosa melodía para ofrecérsela a Isabel en una primera declaración de amor que nunca llegó a producirse. Isabel enfermó repentinamente y uno de los días que llegó con su partida de leche, su amada no estaba para recibirle. Su madre, apesadumbrada, informó a Luis del luctuoso suceso.

Desconsolado, apesadumbrado en extremo, Luis casi abandonó su pasión por la música e intensificó su aislamiento, teniendo en todo momento pensamientos para su amada. El himno de amor que pensaba iba a servir para iniciar su relación con Isabel se convirtió en un recordatorio muy doloroso de su ausencia para siempre.

Aunque aficionado, Mateo había realizado cursos de solfeo y piano en el conservatorio de la capital donde residía y daba sus pasitos en un cuarteto con otros músicos. Sintió una conexión especial con la melodía al conocer la historia y se ofreció a visitar a Luis con la asiduidad que su trabajo le permitiera y ayudarle a convertir ese recordatorio doloroso en un cauterizador de las heridas del pasado. Un conocido amigo suyo, restaurador, y que le acompañó en una ocasión, quedó prendado de aquel piano vetusto y dedicó varias jornadas a restaurarlo y afinarlo de forma desinteresada.

Luis seguía alejado de sus vecinos, pero henchido de gozo con las visitas de Mateo y las nuevas experiencias que aportaba a su vida. Pasaron semanas en las que el anciano recobró una energía dormida y la alegría de interpretar a las teclas de su flamante piano inundaba su casa de música varias horas al día. Una música que solo Luis disfrutaba, pero también Mateo en sus visitas.

En un pueblo pequeño como aquel, las frecuentes visitas de Mateo a la morada de Luis no pasaron desapercibidas y la presión popular fue in crescendo para conocer que ocurría en aquella casa que siempre había sido solitaria. Mateo iba día a día reduciendo la hurañez de un Luis que escondía en su interior un ser puro, llegando un día a proponer al anciano la organización de un concierto en el exterior de la casa para sus vecinos. Entre otras piezas interpretadas por el anciano, «La melodía olvidada» atronó entre árboles y montañas llevando sus notas allá donde quiera que estuviera su Isabel amada. Los enfervorecidos aplausos de sus paisanos dejaron atrás ese recuerdo doloroso transformándolo en un símbolo de esperanza.

Mateo había permanecido en un segundo plano durante el concierto, soportando estoicamente las muchas miradas de los vecinos que conocían su participación en la transformación de Luis. Durante los aplausos ensordecedores tras una tercera interpretación de la melodía, Luis se levantó con los ojos llenos de lágrimas de gratitud y dio un abrazo sentido y prolongado a Mateo; los asistentes redoblaron sus aplausos ante una escena tan emotiva.

Compartiendo su historia de amor por medio de la música se había abierto al mundo y los pocos días que le quedaran de vida rebosarían de alegría. La música, hablando directamente a los corazones, había sido la medicina que Luis necesitaba para sanar sus penas y compartir su historia con el mundo, aunque fuera un mundo muy pequeñito y olvidado entre aquellas montañas.

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Por cierto y como es costumbre, el vocablo «pinito» puede referirse a un pino pequeño pero también tiene una acepción en el diccionario que reza como …«primeros pasos que se dan en algún arte o ciencia». No sé si esto de escribir es un arte y tampoco es lo primero que escribo, pero me ha parecido bien escoger este título en una sola palabra.