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domingo, 24 de octubre de 2021

O.S.H.

El tiempo transcurre a una endiablada velocidad especialmente cuando se tienen muchos años cumplidos. Tenía la sensación de que hacía menos años que escribí en este blog la entrada «INEFABLE», pero ya han transcurrido algo más de once años de ella. En esta semana de octubre de 2021 he vuelto a repetir la experiencia que allí se relataba, pero en otro lugar.

En un curso sobre la Historia del Real Sitio de San Lorenzo del Escorial se mencionó la Comunidad Jerónima como la elegida por Felipe II para hacerse cargo de la construcción y mantenimiento de su monasterio de El Escorial allá por el siglo XVI. Los Jerónimos es una orden monástica fundada dos siglos antes, en el siglo XIV, y que llegó a tener «muy buena sintonía» con los reyes españoles en los primeros siglos de su fundación. Solo se implantó en la península Ibérica, España y Portugal, renunciando a expandirse fuera de estas fronteras, lo que puede ser uno de los determinantes de su próxima desaparición en su versión masculina. Llegaron a tener alrededor de 60 monasterios de gran importancia como los de Guisando, Guadalupe, Yuste, San Jerónimo el Real de Madrid, Belem en Lisboa… además del ya citado de San Lorenzo del Escorial.

En el citado curso se hizo referencia al último sitio monacal de los jerónimos en la actualidad: El monasterio de Santa María del Parral, en Segovia. Mira que he ido veces y veces a Segovia y no conocía ese monasterio. Indagando para efectuar una visita al mismo, pude constatar que por la pandemia las visitas están canceladas en estos momentos, octubre de 2021, pero en su magnífica página web pude ver que estaba abierta otra posibilidad: la hospedería monástica.

La entrada «INEFABLE» antes aludida relataba mi magnífica experiencia en 2010 en otra hospedería monástica, la de la Abadía de Santo Domingo de Silos, a la que remito al lector como complemento a esta. ¿Por qué no repetirla? Una llamada telefónica me permitió contactar con el monasterio y acordar mi estancia en él durante tres días. Mi experiencia anterior me sirvió para ya tener una idea, pero ha pasado el tiempo y al ser otro el lugar y otra la orden monástica, las condiciones eran algo diferentes y sobre todo más restrictivas en algunos aspectos, como por ejemplo no poder salir del monasterio en los días que durara la estancia, cosa que, en Silos, en aquellos años, no era así. Un aspecto a resaltar es, en estos tiempos, que la estancia es completamente gratuita, quedando a juicio del visitante el aportar un óbolo de ayuda a los monjes si lo estima oportuno, pero sin ninguna obligación.

Han sido tres días de gran sosiego, de infinita paz, de meditación y reencuentro con uno mismo, deambulando por los espacios permitidos del monasterio, compartiendo con los monjes sus rezos —todos ellos, de forma voluntaria—, paseando por el claustro y la huerta, disfrutando de la misma comida y en el mismo refectorio que los monjes, y compartiendo no todos los espacios del monasterio pues algunos de ellos son de clausura y están reservados e inaccesibles a los huéspedes. Curiosamente, uno de los espacios no accesibles es la propia iglesia del monasterio. Comentado el hecho con fray Alfonso, mi hospedero y único al que podía dirigirme, se brindó a enseñarme la iglesia y también, por añadidura, la biblioteca, ambas magníficas; espero volver en algún momento como mero visitante turístico cuando se reabran las visitas para poder contemplar con más detenimiento y en todo su esplendor la imponente iglesia.

Es de resaltar la riqueza en general del monasterio y eso que sufrió un gran despojo por parte de las tropas francesas a comienzos del siglo XIX que fue seguido en 1837 por la Desamortización de Mendizábal que motivó la expulsión de los monjes. Abandonado y saqueado durante ochenta años, el conjunto monástico recuperó su esplendor al ser declarado monumento nacional en 1914, bastante restaurado y cedido de nuevo a la Orden Jerónima que renació en 1925 de la mano del beato Manuel Sanz.

Lo más resaltable de esta nueva experiencia ha sido el silencio. Aparte de las palabras de bienvenida y despedida por parte de fray Alfonso, en una de las ocasiones que me crucé con el prior en el claustro me dirigió un único vocablo: ¡Bienvenido! Es la norma y me parece bien, no interaccionar con los monjes, que están a sus cosas y no para hacer comentarios y chascarrillos con los huéspedes. Una soledad compartida y un silencio enriquecedor que ha durado tres días. Pero mi aislamiento no ha sido total, ya que en la habitación disponía de elementos de comunicación con el mundo —teléfono, ordenador y una excelente wifi— que me permitieron no desconectar completamente, porque solo a última hora del día, en el retiro nocturno, hablaba por teléfono con mi familia o leía algún periódico digital, amén de algunos correos electrónicos y wasaps con amigos y conocidos, algunos de los cuales sabían, pero otros no, donde me encontraba.

El título de esta entrada, —O.S.H.— llamó mi atención en un primer momento. Yo conocía otras siglas parecidas, O.S.A., por haberlas visto añadidas a los nombres de padres agustinos en artículos o libros. «O.S.H.» significa Ordo Sancti Hieronymi o lo que es lo mismo, Orden de San Jerónimo. La noticia en estos días de octubre de 2021 es que muy pocos monjes vivos pueden utilizar estas siglas: tan solo seis. En el cenobio de Santa María del Parral, último reducto de la Orden Jerónima, solo quedan seis monjes, muchos de ellos ya muy mayores. He podido verlos a todos durante mi estancia en el refectorio, la capilla o paseando por el claustro o la huerta. No parece que haya mucha vocación nueva en esta orden, la más contemplativa después de los Cartujos, por lo que parece condenada a desaparecer en poco tiempo. Es de suponer que el monasterio, propiedad de algún ministerio o comunidad, será ocupado por otra orden cuando esto llegue a suceder. Hay que decir que la parte femenina de la orden, monjas jerónimas, si hay muchas en bastantes monasterios.

Todo lo que rodea a esta historia está referido en numerosos vídeos en la plataforma Youtube, algunos de ellos muy interesantes, por lo que animo al curioso lector a asomarse por allí a algunos de ellos para poder darse una idea de la magnificencia del monasterio y de la «agonía» de la orden jerónima.



domingo, 17 de octubre de 2021

PROFESIONALIDAD

Viejos, ancianos, mayores… La voz de la experiencia silenciada. Érase una vez un (posiblemente muy buen) técnico con 28 años de experiencia en un desempeño técnico muy crítico cuando una fusión empresarial dio al traste con él en un departamento de la empresa resultante, departamento «gobernado» por directivos y personal de la «otra» empresa. Su experiencia no sirvió para incrementar los conocimientos de todos sino que se volvió en su contra y acabó vilipendiado y arrinconado durante cuatro años hasta que por fin salió de allí; toda una experiencia perdida que sin embargo arrojó paradojas en los años posteriores: en cuatro ocasiones, actuando ya como freelance, fue contratado por empresas interpuestas para realizar trabajos en su antiguo departamento dado que sus antaño coincidentes laborales —nunca llegaron a ser compañeros— no tenían ni la más remota idea de hacerlo.

Antaño la experiencia y los conocimientos eran transmitidos de unos a otros, pero hogaño eso parece que se ha olvidado en el mundo empresarial: todos sirven para todo. Pero noticias como la que puede verse en la imagen ponen un punto de inflexión de vez en cuando en este mundillo. El telescopio Hubble llevaba muchos años funcionando cuando sobrevino un fallo en uno de sus ordenadores (30 años de antigüedad) que dejó parado su sistema informático. Los actuales responsables de su mantenimiento tuvieron que llamar —menos mal que no les dolieron prendas ni se les cayeron los anillos— a empleados jubilados para aunar sus conocimientos y su experiencia con los actuales y conseguir reparar el problema.

Un caso aislado, sí, pero no tanto. En Estados Unidos e incluso en España se buscan en estos días del año 2021 programadores informáticos de COBOL, un lenguaje de programación que empezó sus andares en 1959. En algún momento se llegó a considerar antediluviano y las empresas no se han cuidado de mantener su legado informático sin observar que hay muchos programas, algunos vitales, funcionando en las instalaciones. Un caso parecido está sucediendo, en menor escala, con otro lenguaje de grandes ordenadores IBM: ASSEMBLER. Cada vez hay menos programadores que lo dominen y todavía quedan algunos programas codificados en ese lenguaje que pueden llegar a ser críticos y que o bien deberían ser sustituidos por otros o bien se debería formar a técnicos que aprendieran y lo mantuvieran. Ni una cosa ni la otra…

La transmisión de la experiencia es una cosa denostada y hasta casi mal vista, casi casi como la enseñanza conocida como de formación profesional por la que optan todavía muy pocos alumnos. En los diarios se pueden ver en estos días peticiones alarmantes de las empresas para contratar camioneros y albañiles sin poderlos encontrar. Un maestro albañil no se hace ni en un año ni en cinco. Y hablando de albañiles, en julio de este año 2021 publicaba en este mismo blog la entrada «ALBAÑILES» haciendo referencia a una calle adoquinada que bordea el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. 

En 1963, supongo que expertos albañiles remodelaron la calle, adoquinándola, y lo debieron hacer bien pues estuvieron años pasando por ella vehículos, camiones y autobuses sin que se moviera un solo adoquín. Cuando el tráfico pesado se retiró, alguna mente sesuda decidió volver a adoquinar la calle, pero se conoce que los albañiles contratados al efecto y también sus ingenieros dirigentes no tenían los mismos conocimientos y oficio que aquellos que lo hicieron en 1963. El resultado es que la calle está llena de multitud de hundimientos y baches que han tratado en varias ocasiones de remendar sin éxito. Quizá como los de la NASA podrían haber tratado de encontrar alguno de aquellos albañiles de hace sesenta años que con su experiencia asesorara la forma de hacerlo, pero han debido desistir y reconocer que no saben porque han tirado por la calle de en medio: rellenar con asfalto los baches y agujeros como puede verse en la imagen a continuación.

Un aspecto deplorable, lamentable, un reconocimiento de impotencia, de falta de conocimientos y profesionalidad, que bien puede servir de ejemplo al tema de esta entrada. No se cultiva la transmisión de conocimientos y los resultados a la vista están. Por puro egoísmo, deberíamos respetar la sabiduría de los ancianos, tomar sus consejos y aprender de sus enseñanzas. Pero seguimos con los prejuicios hacia los mayores, creyendo con prepotencia que lo joven es superior.

«Envejecer y saber hacerlo suele ser una obra difícil, admirable. Por eso, sentar en el sillón a esa sabiduría y ponerla a darse balance en soledad y silencio es uno de los mayores e imperdonables desperdicios».




 

domingo, 10 de octubre de 2021

BOLARDOS


No sé qué ocurrirá en otros países —¡Me gustaría saberlo! pero en esta España que moramos las cuestiones relacionadas con el tráfico son un fracaso social de proporciones descomunales que, lejos de irse arreglando poco a poco, empeora a marchas forzadas. Soy un mucho reiterativo con estas cuestiones en mis entradas en el blog, pero es que todavía no he perdido la capacidad de indignarme cuando transito por calles y carreteras y veo los desaguisados que los conductores cometemos —yo trato de no hacerlo— en asuntos relacionados con el tráfico.

Aparte de que lo veamos nosotros mismos, los medios están llenos de vídeos tomados por los helicópteros y ahora también drones de la DGT en los que puede verse a conductores con sus vehículos en marcha haciendo las cosas más variopintas —usando móviles, revisando papeles, pintándose los labios…— cuando no circulando a mayor velocidad de la permitida o haciendo maniobras peligrosas por supuesto prohibidas. Ayer mismo me senté por unos minutos en un banco de un parque cercano a mi domicilio desde el que se puede contemplar un cruce señalizado con un STOP. Conté hasta cien vehículos antes de marcharme. ¿Puede acertar cuantos hicieron el STOP? Tan sólo siete, el resto convirtió la señal de STOP en un CEDAelPASO y tan felices.

He insistido una y otra vez en el fracaso social que supone el tráfico en materia de educación como un síntoma de otras materias donde la sociedad española transita por los mismos o parecidos derroteros cuando no peores. Todos conocemos las señales de tráfico, pero las adaptamos a nuestra conveniencia según la situación; el único momento malo es si nos pilla el guardia y nos hace una «receta». Pero no hay un guardia para cada ciudadano las veinticuatro horas del día.

Ahora están de moda las cámaras de vigilancia en las ciudades. ¿Podrían utilizarse para reconducir estas actitudes? No tanto con multas en los primeros momentos, pero si con mensajes SMS o por correo ordinario o electrónico del tipo: «El sábado 9 de octubre de 2021 a las 10:15 se ha saltado Vd. el STOP situado en la confluencia de las calles tal y tal. Sirva esto como aviso; quizá la próxima vez sea una multa. Saludos cordiales».

Se toleran muchas actitudes, no están muy mal vistas del todo, y así es muy difícil que la sociedad vaya cumpliendo las normas. Lamentablemente parece que solo la mundialmente conocida como «jarabe de palo» es la medicina que nos haría entender que las normas están por el bien de todos.

Observe la fotografía de esta entrada. De sobra es conocido que no se pueden aparcar los coches subidos a las aceras, pero cuando este vecino ha tenido que implorar al ayuntamiento la colocación de dos bolardos en la entrada de su domicilio supongo que no habrá sido por gusto sino por haberse encontrado la entrada de su casa taponada por los vehículos que ignoran la norma. Las aceras son estrechas, muy estrechas y encima uno de los bolardos está doblado hacia adentro, lo que dificulta, por ejemplo, el paso de un carrito de niño o una silla de ruedas.

Por si fuera poco, el vehículo aparcado que vemos en la imagen está claramente subido a la acera, de modo deliberado, para evitar que le hagan una caricia en su lateral los coches y furgonetas que pasan por la calle, muy estrecha, y en la que producen enganchones y ralladuras con mucha frecuencia. La Policía Municipal lo sabe, el Concejal de Tráfico también, pero los días van pasando y no se elimina el aparcamiento de uno de esos dos laterales de una calle estrecha que no genera más que problema tras problema: espejos rotos, parachoques arrancados, camionetas de reparto atascadas, laterales rayados…

Las aceras están llenas de bolardos que, además de afear considerablemente la vista, provocan no pocos accidentes en rodillas de viandantes o chapa de los vehículos. La definición que hace el diccionario de bolardo es «obstáculo de hierro, piedra u otra materia colocado en el suelo de una vía pública y destinado principalmente a impedir el paso o aparcamiento de vehículos». Obstáculos por centenares en las vías públicas por la incapacidad de hacer cumplir una norma. Y no mejoramos…




domingo, 3 de octubre de 2021

CRUCIAL


Casi sin darnos cuenta y más por imposiciones externas que por decisiones propias, nos hemos dejado llevar hasta considerar que tener un teléfono es hoy en día una cuestión critica. Es verdad que hay personas, algunas de ellas no tan mayores, que se niegan rotundamente a contar entre sus enseres un teléfono actual de esos llamados inteligentes y van tirando, pero son casos residuales que tienen que asumir una serie de menoscabos en su funcionamiento diario y en sus relaciones con los demás y con las empresas.

Como ejemplo, tengo un par de amigos que se niegan. Uno de ellos tiene teléfono moderno pero sus interacciones con los demás se circunscriben únicamente a la llamada telefónica y los SMS. Su proclama es que se niega a lo que él llama «redes sociales» por preservar su intimidad. Se le escapan varias cosas, como que llevar un teléfono es de por sí una pérdida de intimidad y si no que se lo digan a Google, y que su concepto sobre lo que él denomina redes sociales es muy particular. Por mucho que se hable con él, no hay manera ni de convencerle ni de que nos explique la diferencia entre utilizar SMS o wasaps.  Y aunque esto es un poco anacrónico, él tiene una tarifa plana, pero a mí me cuesta 0,20 euros cada SMS que pongo, por lo que me niego, y que conste que no es por los veinte céntimos.

El otro amigo al que voy a hacer referencia no tiene teléfono, como tampoco tiene correo electrónico, o al menos dice que no lo tiene. La única manera de contacto, correo postal aparte, es el teléfono fijo de su casa. Quedar con él es toda una aventura y hay que hacerlo como en los viejos tiempos: a una hora en un sitio prescindiendo de toda la tecnología actual que nos permite «quedar en el móvil» y activar el seguimiento instantáneo de nuestra posición. Está claro que su decisión es suya y que los que seguimos manteniendo con él una relación es porque asumimos estas (pudiéramos llamar hoy en día) deficiencias. Mi forma de quedar con él es decirle a la hora que salgo de casa a su encuentro porque es muy difícil precisar a la hora que llegaré y me niego, como hacía antaño, a salir con el suficiente margen de antelación para estar a tiempo en el lugar de la cita.

Muchas de las interacciones con los demás y las empresas parten de la base de que poseemos un teléfono móvil inteligente. Directivas nacionales y europeas en los sistemas de autentificación se basan en mensajes al móvil. Por ejemplo, los dos bancos con los que trabajo, en sus aplicaciones telemáticas a través de internet o teléfono lanzan periódicamente al Smartphone un aviso con una clave imprescindible para poder seguir operando. Hay que tener un teléfono sí o sí, no hay alternativa que yo sepa, salvo pasar por la oficina física para poder hacer nuestras operaciones bancarias. Cada vez quedan menos oficinas, están distantes y no es tan sencillo como antaño presentarse allí y tratar de que nos atiendan: pocos empleados, horarios restrictivos, petición previa de hora y otros impedimentos para lograr que todos nos hagamos nuestras operaciones desde casa.

Enrique Dans es un visionario que lleva muchos años anticipando todas estas cuestiones. Desde la publicación de su libro «Todo va a cambiar» ( reseña aquí ) en un lejano marzo de 2010 hasta hoy en día, sus comunicaciones frecuentes en la red han ido escarbando en este mundillo. En su página web podemos encontrar sus artículos y opiniones, así como información de su último y reciente libro «Viviendo en el futuro», una visión de las claves con las que la tecnología está cambiando nuestro mundo.

Estamos inmersos en el mundillo, tenemos teléfono móvil inteligente, interactuamos con las empresas y las personas, pero… ¿Somos conscientes de que lo hacemos? ¿Nos hemos planteado alternativas? Los teléfonos móviles se quedan sin batería, se estropean, se caen al váter o al río que estamos contemplando desde un puente… Podemos vernos en la taxativa de no tener nuestro teléfono por un periodo que puede ser de horas a días y con ello muchas de las cosas que hacemos a diario se verán afectadas; algunas serán prescindibles, pero otras no tanto según nuestro perfil personal o profesional. Reponer un teléfono no es tan sencillo como ir a la tienda y comprar otro, pues hoy por hoy es necesaria la tarjeta SIM y, una vez obtenida, volver a configurar el teléfono y sus aplicaciones.

Algunas cosas no tienen solución o no es sencilla, pero deberíamos ser conscientes al menos de ello. ¿Qué servicios o aplicaciones estoy utilizando que quieran indefectiblemente el tener, y operativo, el teléfono? ¿Hay alternativas de uso sin el teléfono? Es un tema complicado y trabajoso y lo mejor es dejarse llevar y no pensar que en algún momento podemos estar sin él: cuando llegue el momento se verá. En la entrada de este blog «PESCADILLA» publicada hace un mes, en septiembre de 2021, hablaba de un caso particular de recuperación de un teléfono perdido y de las posibles cuentas en Gmail. Pero además de este asunto del correo electrónico y del acceso a los bancos hay otras muchas cosas que ya hacemos desde el teléfono, unos más y otros menos. Dar aviso al seguro de que nos hemos quedado tirados en la carretera, comprar en algún gigante de la distribución, pedir cita en el médico público o privado, escuchar podcasts o «audibles», disponer de nuestra agenda con citas y cumpleaños, acceder a nuestra nube donde tenemos documentos o notas imprescindibles, wasaps con familia, amigos o grupos, códigos de autentificación (authenticators), navegador para el coche, documentación de carnet y vehículo para la DGT, etc. etc.

Cada cual debería revisar el uso que hace de su teléfono y como puede buscar caminos alternativos a su falta, o no buscarlos y asumir quedarse sin ellos por un tiempo. Es un buen ejercicio, yo diría que necesario o crítico en algunos puntos, porque nos podemos ver en un círculo vicioso de no poder realizar ciertas operaciones que cada vez son más vitales en nuestro devenir diario.