Buscar este blog

domingo, 22 de marzo de 2026

ÓBITO


Mi padre falleció en 2010, a sus 88 años de edad. No pudo, no supo y no quiso entrar en los por aquella época casi incipientes mundos de internet y de las nuevas tecnologías. Tenía todo apuntado de forma manual. En una caja de madera guardaba sus cosas importantes y una nota sujeta con celo en la parte inferior, por fuera, con un escueto mensaje escrito: «Para cuando yo falte». Como era muy previsor, nos dejó escritas todas las consideraciones a tener en cuenta cuando ocurriera su fallecimiento.

Es verdad que eran muy pocas. La cuenta bancaria, los recibos de suministros de la casa —luz, agua, teléfono— su situación de cofrade de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y una suscripción a una revista mensual de los Misioneros Combonianos. Aunque en su día tuvo otras, como la suscripción al Servicio Filatélico de Correos, ya las había cancelado. Se me olvidaba, el nombre, dirección y teléfono de un habilitado —pocas personas conocerán esto hoy en día— que le llevaba todas las cuentas de su pensión, mutualidad y relaciones con Muface y Seguridad Social como funcionario que había sido del Cuerpo de Correos. Ocuparse de ello fue relativamente fácil.

A principios de este siglo XX empezaron los ordenadores a proliferar en las empresas. Recuerdo una vez tener que ir de urgencia a un dentista cerca de mi trabajo, lejos de mi lugar de residencia, y me obligaron, para «poderme atender», a facilitar todos mis datos personales, teléfono, correo, DNI, etc. etc. Desconozco si 20 años después seguirá existiendo ese dentista y si mis datos seguirán allí durmiendo el sueño de los justos. Desde entonces y para estos casos, me fabriqué una colección de datos inservibles pero verosímiles para facilitar en casos en los que yo no estuviera interesado en que los tuvieran. Todavía aún hoy los sigo utilizando cuando surge la ocasión.

La carta que puede verse en la cabecera de este escrito aparece machaconamente encima de los buzones de correos de mi portal. Elena no vive aquí desde hace al menos veinte años y, aunque no podría asegurarlo, creo que ha fallecido. Yo no sé si sus hijos o descendientes tendrían instrucciones de ocuparse de sus asuntos. Yo puedo decir que en varias ocasiones —ya me he hartado— he llevado el sobre a Correos indicando en el reverso la causa de la devolución como desconocido, rehusado, fallecido… Da igual. Alguien no hace su trabajo, bien sea Correos que «archiva» la carta sin devolverla al remitente o el remitente que no actualiza su base de datos. Las cartas siguen llegando… Ahora el que las archiva soy yo cuando las veo. Espero que Elena me perdone.

Este asunto es repetitivo. A continuación, otro caso parecido

 

 

Carta dirigida a Ashley, que vivió alquilada durante un año, hace por lo menos ocho. Encima se trata de una «important tax return document enclosed», es decir, un documento adjunto importante de declaración de impuestos remitido desde EE.UU. Ella y su marido estuvieron destinados un año aquí, se relacionaron poco con los vecinos y se marcharon sin dejar instrucciones ni forma alguna de contacto. ¿Qué hacemos con este tipo de cartas? ¿Dejarlas encima de los buzones sine die?

Como el lector podrá suponer, esto no es único. Aunque los servicios postales se han reducido enormemente, siguen llegando cosas. Otra más, ya la última, dejada de forma manual por un teórico servicio de reparto oficial del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de la localidad

 


Sin dirección, solo un nombre escrito a mano y desconocido en este portal. Habría que saber quién ha decidido que este señor vive aquí. Como es un «documento» oficial, se van acumulando varios con el paso del tiempo y ahí siguen…

Todo esto viene a colación de como funcionaría esto en los momentos actuales. Si lo pienso por mí mismo y tratara, como mi padre, de dejar instrucciones para el momento de mi óbito, tendría que escribir unas cuantas Biblias. Por mencionar y no de manera pormenorizada algunos… Los recibos de suministro de la casa no son tres o cuatro; a los clásicos de agua, luz, gas y telefonía hay que añadir aditamentos electrónicos diversos como cuentas bancarias, planes de pensiones, Seguridad Social, seguros, empresas (Amazon, El Corte Inglés, Aena…), sitios oficiales (DGT, Consorcio de Transportes, Renfe…), impuestos municipales, entidades culturales (Patrimonio Nacional, Biblioteca Nacional, Archivo Histórico Nacional, Museo del Prado…), fundaciones (Mutua Madrileña Automovilista, Rafael del Pino, Ramón Areces…), cofradías o asociaciones, ONG's, universidades, medios, participación en crowfoundings em curso, clases de música o escritura, gimnasio, garaje alquilado en otro bloque… Y si seguimos añadiendo,  APP's diversas para el ordenador con renovaciones anuales y no entremos ya en correos electrónicos para recabar información en diferentes empresas que seguirán llegando a las (varias) cuentas de correo electrónico si no se informa del óbito. ¿Redes sociales... WhatsApp, YouTube, Instagram, X, Bluesky, Linkedlin, Wikiloc…?

Hay algunas guías en internet, muy generales y orientativas, sobre el tema. Pero es un asunto muy personal, cada uno debe hacer la suya, si tiene ganas. Lo primero sería abordar temas de seguridad, dinero y servicios esenciales que afecten a otros familiares o allegados. Los seguros, suscripciones —¿tenemos contratado almacenamiento en «nubes»?— y aplicaciones seguirán cobrando o tratando de hacerlo en una cuenta bancaria que por el hecho del fallecimiento debe quedar bloqueada y/o cancelada hasta que se resuelva en testamentaría.

La huella digital de las personas hoy en día es descomunal, un verdadero y enorme rompecabezas. ¿Ha puesto Vd. en un buscador su nombre completo entre comillas? Para asustarse.  ¿Se pueden planificar y preparar formas de actuación para todo lo relacionado con una persona cuando falte? Aunque en alguna ocasión lo he intentado con mis familiares, es tarea imposible. Como se decía antaño… ¡Qué sea lo que Dios quiera!



 

domingo, 15 de marzo de 2026

MANIJAS

Hay cosas que permanecen inalterables en su diseño y funcionamiento a lo largo de los años. Hablábamos de ello en la entrada «SIEMPRE» en octubre de 2025 en este enlace. A veces, tras muchos años de estancamiento, salta la chispa y surge la novedad. Hace unos años, la marca innovadora de coches eléctricos TESLA comenzó a utilizar en las puertas de sus vehículos un diseño de manilla novedoso. Muy estético, práctico y funcional, parecía que iba a marcar tendencia en las otras marcas. ¿Ha sido así? Veremos.

En mis más de cincuenta años como conductor y en todos los coches que he tenido, los tiradores para abrir sus puertas eran los convencionales: mecánicos y todos muy parecidos. Los bloqueos eran manuales con ese pivotito que subía y bajaba pasando luego a electromecánicos de forma que pudieran accionarse —ojo, solo su bloqueo de apertura o cierre con mandos a distancia. Pero para abrir la puerta no quedaba otra que accionar la manija y tirar. Los más generalizados y que llevan utilizándose toda la vida podrían ser los siguientes o similares


 

Hace algunos años y siempre dentro del concepto de tracción mecánica, comenzaron a utilizarse diseños integrados en la carrocería, aunque curiosamente solo en las puertas traseras ¿Por qué? Que yo recuerde los coches de la marca Toyota los incorporaron en alguno de sus modelos, aunque posteriormente también se ha generalizado a otras muchas marcas. Pero, insisto, solo en las puertas traseras. A continuación, un par de ejemplos 


 

De siempre, un concepto que tenía mucho peso en los diseños de los automóviles era la aerodinámica, tendente a conseguir una menor resistencia al aire y con ello mejores prestaciones. Parece que ahora se habla poco de ello, especialmente habida cuenta de los «tanques» que se encuentran en el mercado. Volviendo al tema de las manillas, queda claro que las comentadas al principio, las de los Tesla, presentaban la mejor aerodinámica posible, aunque hay estudios de que en el asunto de las manillas la afectación entre unos y otros diseños es mínima y despreciable.

Si bien han estado muchos años «solas» en el mercado, estas manijas enrasadas en la carrocería han empezado a proliferar en los últimos tiempos y pueden verse en otras muchas marcas, no de forma generalizada, pero se ven. Ahora bien…

Las cosas adquieren solera y valor, especialmente en su funcionamiento, con el uso y el paso de los años. Estas retráctiles son bonitas, estéticas, cómodas, pero… ¿pueden llegar a ser mortales? ¿Qué garantía tenemos en un accidente de que el suministro eléctrico llegue a ellas y permita utilizarlas para abrir las puertas?

China se ha propuesto eliminar estas «manillas escondidas» o «enrasadas» de las puertas de los automóviles. Como lo oye: prohibirlas, así de fuerte, a partir de 2027 y recuperar las manijas mecánicas. La mejora aerodinámica es insignificante y su funcionalidad en una situación extrema es más que discutible. Las hay de dos tipos: de palanca (empujas en un lado y sale el tirador) o electrónicas (se despliegan al abrir el coche con el mando a distancia o la llave digital).

A lo largo de los últimos años Han ocurrido graves incidentes de seguridad, incluso mortales, protagonizados por este tipo de manillas. Sus porcentajes de fallos son superiores a la convencionales, y ya se han dado casos de muerte de un conductor chino al declararse un incendio en el interior del vehículo y no poder abrir desde fuera ninguna de las puertas. Cuando rompieron los cristales ya era tarde.





domingo, 8 de marzo de 2026

SUTIL

Los seguidores de este blog habrán notado una debilidad —verdadera pasión— por los temas relativos al lenguaje español —se admite también usar castellano—. Es verdad que esta afición algunas veces me lleva a algún contratiempo, que asumo. Por ejemplo, esta semana he sufrido un rapapolvo por parte de un conocido, al utilizar en nuestra conversación el término «hogaño». Todo el mundo conoce por lo general el similar «antaño» pero «hogaño» no es tan frecuente, con lo que este conocido me tachó ni más y menos que de pedante.

En un club de lectura en el que participo, uno de los temas que se comenta con cierta frecuencia es si los libros leídos contienen varias palabras cuyo significado es poco conocido. Tengo que decir que yo procuro leer en un lector electrónico, que dispone del diccionario incorporado, con lo que con marcar la palabra salta automáticamente su significado. Si estoy leyendo en papel, anoto el vocablo o tiro de teléfono para consultar su significado. Pero, por lo general, las integrantes de este club de lectura —son en su mayoría mujeres— no gustan de que aparezcan palabras desconocidas; dicen deducir su significado del contexto y no ir más allá. Pero sin son muchas… la lectura es molesta.

Es verdad que, en algunas ocasiones, los vocablos empleados por el escritor ni siquiera aparecen en el diccionario: un acicate más para tratar de averiguar su significado. En este asunto siempre recordaré al gran Miguel Delibes con sus palabras sacadas del habla popular. En la entrada «TREINTA» (enlace) de este blog de marzo de 2009 aludía a las 69 palabras —desconocidas para mí— encontradas durante la lectura de su magnífico libro «El hereje» con detalle del significado de cada una de ellas.

Sin dejar a Delibes, como será que hasta podemos encontrar investigaciones plasmadas en libros sobre el significado de las palabras utilizadas por este autor. Uno de ellos es el titulado «Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes» de Jorge Urdiales Yuste: «un diccionario de más de 300 palabras rurales que emplea Miguel Delibes a lo largo de su narrativa. Son palabras habladas durante siglos en los pueblos de Castilla y que no aparecen en el Diccionario de la Real Academia Española. Hay varios; «En torno a las palabras de Delibes» de Luciano López Gutiérrez es otro.

Sobre este tema hay más libros de corte parecido. Uno de ellos al que estoy asomándome en estos días es «El pequeño libro de las 500 palabras para parecer más culto», de Miguel Sosa. Algunas palabras de las comentadas en el libro si las conocía, pero muy pocas, aunque me abstendré de utilizarlas según en qué ambientes para no incrementar mi puntuación en pedantería, aunque eso depende del interlocutor.

La 2.ª —obsérvese el uso correcto del punto entre el «2» y la «ª»— acepción de «SUTIL» se muestra con este contenido en el diccionario: «Agudo, perspicaz, ingenioso». ¿Aplicable a nuestro lenguaje español? Meridiano para mí y también para el profesor Víctor Bosque, académico de la Real Academia de la Lengua (sillón «t») que nos está impartiendo en estos meses un placentero curso en la Universidad Complutense de Madrid titulado «La gramática como arquitectura del pensamiento». Unas clases llenas de agudeza, de ingenio, mostrando cuán sutil es nuestro idioma. Un disfrute asomarse a los vericuetos y curiosidades de nuestra lengua. Vayan a continuación algunas perlas tratadas en sus clases.

¿Qué respondería Vd. si le preguntan qué es un buen cuchillo? La respuesta más generalizada sería «el que corta bien» pero un reducido número de personas dirían que… «aquel que está equilibrado en su peso, que dispone de una buena punta para clavarse y que es mejor que no corte nada». Es que… hay pocos profesionales de los denominados lanzadores de cuchillos.

Otras: «El pollo está listo para comer». ¿Va a comer el propio pollo o nos le vamos a comer nosotros? «La elección del ministro» ¿Se trata de una elección de algo que ha hecho el ministro o es que le están eligiendo en una votación? «Juan salió ayer de la cárcel» ¿Estaba encerrado o solo de visita? «María entró ayer en el convento» ¿De visita o para profesar? «Un libro difícil» ¿De leer? ¿De escribir? ¿de encuadernar? ¿De quemar? Así hay una infinidad de casos cada cuál más variopinto.

Otro asunto podría ser el alcance del significado de los verbos. Por ejemplo, el Sol se puede ver, mirar, admirar, seguir, contemplar… pero no se puede presenciar, algo que si puede hacerse con un eclipse de Sol.

Los hablantes conocen cuestiones relativas al significado que dependen del contexto, de su cultura, del momento y de los intervinientes en la conversación. Un diccionario no puede explicar significados extendidos y se tiene que limitar a cuestiones genéricas. Tengamos en cuenta que otros aspectos —la entonación, por ejemplo— pueden alterar significativamente los significados. «El vino es buenísimo en Burdeos». ¿Cualquier vino que se tome allí o el específico de esa ciudad?

Podríamos seguir con cuestiones curiosas como estas ad infinitum pues son muchas las surgidas en las siete sesiones del curso que llevamos hasta ahora. Restan diez sesiones más — hasta el 20 de mayo de 2026— de disfrute con estas cuestiones lingüísticas, semánticas y gramaticales.

Y ya, como un plus, aquellos interesados en estos asuntos pueden seguir disfrutando, esta vez escuchando en lugar de leyendo, con el programa «60 problemas de gramática» emitido en Radio Nacional y disponible en este enlace.