¿Aburrido? El vocablo se queda corto. Habría que recurrir a otro más profundo, quizá hastiado, o incluso asqueado, que exprese mejor mi estado de ánimo en el asunto que voy a tratar a continuación. Ya se sabe que no se puede hablar de política, de religión, ni siquiera de fútbol, pero esto no es una conversación directa sino plasmar mis opiniones y además en un blog que no admite comentarios. Sin ánimo de polemizar y mucho menos de ofender.
No han pasado todavía los teóricos cuatro años y ya tenemos encima, en España, unas elecciones generales el próximo 29 de noviembre de 2026. Es verdad que la situación en el Congreso de los Diputados —hay que añadir y Diputadas saltándose las normas de la Real Academia Española— era insostenible desde hace ya varios meses. Insisto en que estoy vertiendo aquí mi opinión y así será en el resto de este escrito sin que tenga que volver a recordarlo.
Recojo estas frases que escribí en 2008; han pasado casi veinte años y siguen de actualidad, por lo que a mí especta, corregidas y aumentadas:
…lamento tener que decir que en la actualidad el desencanto anida en mis pensamientos cada vez que llega un período electoral. Aunque sigo el asunto todo lo de lejos que puedo, no es muy factible evitar los ecos en la prensa, radio, televisión y redes sociales de las encendidas campañas electorales. Viéndolas desde lejos, con los ojos y los oídos medio entrecerrados, me doy cuenta, en mi modesta opinión, de las actuaciones a las que se someten no solo los líderes y principales representantes de los partidos sino también el público que apoya los mítines o actos electorales, como se quieran llamar. El hecho de ser de unos o de otros implica un fervor y apoyo condicional a los míos y un rechazo frontal, diría que, con un poco de odio, a los otros, bueno no a todos los otros, sino progresivamente a los que nos pueden hacer sombra.
Cuando esta entrada vea la luz quedarán, todavía, cinco semanas para el día señalado. Se establecen dos semanas de campaña, pero la precampaña ha empezado desde el mismo día, incluso antes, que se nos llamara a las urnas. Bueno, si queremos atender la llamada, porque, la verdad, hay que dialogar muy mucho consigo mismo para tomar la decisión de acudir a votar.
En la actual acampada reivindicativa instalada en la puerta del Sol de Madrid vi un cartel que llamó mi atención ¿A quién c… voto yo ahora? Pues eso.
El acudir a votar no es obligatorio. ¿Debiera serlo? Cada uno obrará en conciencia. Yo, salvo casos de fuerza mayor, acudo a votar siempre, la abstención no la contemplo. Aparte de las votaciones a Partidos, o Nominativas, siempre está la opción de votar en blanco o votar nulo. No es lo mismo una cosa que la otra, pero esto poca gente lo sabe. No se trata aquí de dar una clase, pero haría bien cada cual en enterarse de las connotaciones. Yo diré que en blanco no voto nunca. Si voy, provoco el voto nulo.
El Congreso de … es una Cámara única que representa al conjunto de los españoles. Pero con la Ley Electoral que tenemos se da incongruencia de que no todos los votos de los españoles son iguales: no vale lo mismo el voto de un jaenero que el de un pacense, un santacrucero o un cesarugustano, sirvan como ejemplo. Y el problema no es, de ninguna manera la Ley de Hont como muchos creen, sino el asunto de las circunscripciones. En pasadas elecciones hubo partidos con más de un millón de votos que consiguieron dos diputados mientras que otro con 180.000 tenía siete u ocho. Y luego, en el Parlamento todo se diluye, valen todos lo mismo y siempre supeditados, por lo general, a las disciplinas de partido.
Vamos a poner un supuesto que no se da a nivel nacional pero que yo he visto en un Ayuntamiento. Se presentan tres partidos a las elecciones: Fulano, Mengano y Zutano. Zutano, pobrecito, obtiene dos diputados de los 350. Los otros dos partidos, Fulano y Mengano, obtienen el mismo número, esto es, 174 cada uno. ¿Quién manda? Está claro que Zutano, aunque vaya contra toda la lógica.
Me está resultado muy curioso que diferentes partidos están negociando alianzas ANTES de las elecciones ¿A qué es debido esto? ¿Es legal? Perfectamente, porque es la forma que tienen los Partidos de protegerse del asunto ya comentado de las circunscripciones: no es lo mismo presentar una lista a nivel nacional que a niveles provinciales o regionales. Como la Ley Electoral permite estas componendas previas, vamos a estudiar la conveniencia de presentarnos o no en una circunscripción, juntos o separados en la otra y así obtener mayor rendimiento, esto es, mayor número de diputados. La Ley lo permite, no la estamos contraviniendo.
Otra cuestión son los aspectos morales o éticos, pero esos en política ya, si eso, bueno, luego, ya hablaremos de ellos.
A ver si tenemos la suerte de que los Partidos se aficionen a las negociaciones previas, con ocurre en otros países como por ejemplo Estados Unidos: demócratas o republicanos, «A» o «B», Fulano o Mengano en nuestro ejemplo (Zutano queda prohibido). Y digo esto porque el espectáculo de las negociaciones posteriores a las elecciones para elegir Presidente del Gobierno —no lo eligen los electores sino los partidos— puede ser dantesco y a las últimas me remito. Un popurrí de diputados de varios partidos pidiendo y exigiendo prebendas para sí y no poniendo el interés común por encima de todo. Resumiendo, mucho, pero que mucho, al final la gobernanza de este país ha estado en las manos caprichosas de siete diputados dirigidos por un prófugo desde fuera de España al que se le han concedido prebendas inimaginables y nunca ha sido suficiente.
Aunque es predicar en el desierto, recojo otro texto escrito por mí en 2011:
VALENTÍA, señores del Gobierno, para CAMBIAR la Ley Electoral y que cada voto valga lo mismo, de norte a sur y de este a oeste, península, islas o ciudades españolas en África.
VALENTÍA para ELIMINAR el Senado.
VALENTÍA para ELIMINAR las Diputaciones Provinciales.
VALENTÍA para ELIMINAR las Comunidades Autónomas y sus caudillos con séquito, generadoras de gasto y corrupción con «peoras» más que mejoras para el ciudadano y creadoras de división y malas comparativas entre regiones.
VALENTÍA para REUNIFICAR municipios, dividir por cuatro o cinco el número de los existentes y ACABAR con los jefes de las tribus y clanes municipales, convirtiendo la función de los alcaldes en desinteresada o casi desinteresada como antaño en lugar de ser una profesión buscada como hogaño.
VALENTÍA para LIMITAR a ocho años el período en el que un ciudadano puede estar en puestos políticos, sean europeos, nacionales, comunitarios o locales.
Y para finalizar esta entrada, me acojo al significado del título de esta entrada en el diccionario de la Real Academia Española: Arreglo o transacción censurable o de carácter inmoral.
Pero seguimos, perdón, sigo igual: ¿a quién c… voto yo ahora?






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