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domingo, 16 de mayo de 2021

inSEGURIDADaSOCIAL


 

Hay que tener mucho cuidado con todo el mundillo de anuncios e informaciones que nos rodean. Empresas hay, especialistas en marketing y publicidad, que realizan preciosas e impactantes campañas sobre cualquier asunto. Los espectadores que asistan a estas campañas quedarán embobados con lo que se anuncia y retendrán una imagen de ello que solo podrán contrastar si lo utilizan. Puedo ver preciosos anuncios de trenes, pero si yo nunca me subo a un tren… Es un poco como los cordones de los zapatos que están guardados en un armario. Unos cordones funcionales, resistentes, bonitos, pero solo serán puestos a prueba cuando me ponga los zapatos y tire de ellos para anudarlos. Por aludir a un ejemplo reciente, en Madrid, la campaña de los populares, perfecta, medida, impactante, que ha llegado. Otra cosa es la realidad que hay detrás.

Desde hace muchos años ando con problemas en mis rodillas por actividades del pasado que las han hecho sufrir mucho. Ya desde esta magnífica aventura que relaté en esta entrada, «URDÓN», en agosto de 2012, la rodilla izquierda iba de mal en peor y la pandemia acabó por rematarla, bueno no la pandemia, sino mi mala cabeza al afrontar la misma, que es bueno buscar excusas en causas externas y no afrontar las propias. El caso es que en agosto del pasado año 2020 la cosa ya iba para no tener otro remedio que pasar por el quirófano. En septiembre de 2020 inicié las operaciones rutinarias que todos conocemos de la Seguridad Social: médico de cabecera que te da un volante para el especialista en el hospital, visitas, pruebas, conclusiones… El caso es que nos ponemos en un mes de febrero de 2021, más de seis meses después, que concluyen con un inquietante ¡ya le llamaremos para la operación!

Nos hemos llenado la boca estos años de atrás de decir que teníamos una de las mejores Sanidades PÚBLICAS del Mundo. Lo de los anuncios, el marketing y la publicidad: cuando la cosa se puso fea con la pandemia en marzo de 2020, ya vamos viendo como funciona. Ahora hay una buena excusa para retrasar cuestiones no esenciales ni urgentes, aunque lo de la esencialidad y urgencia habría que preguntárselo a cada paciente: ¿es urgente lo de mi rodilla que llevo sin poder andar desde agosto del 2020? Diez meses ya.

Hay otra cuestión, y eso son hechos: el auge de la medicina privada, que además ha subido bastante en este último año. Cuando una persona está satisfecha con la atención de la medicina pública no comete la tontería de gastarse unos euros en la privada. Sería como pensar que todos los que tienen una póliza con alguna de las muchas compañías privadas médicas son tontos. Yo debo ser uno de ellos porque desde principios de los años 80 invierto algunos de mis dineros en pagar una póliza privada. Mis condiciones y horarios laborales de antaño eran incompatibles con los horarios de lo público y de esa manera me apañaba.

La pregunta es: ¿Por qué has ido a la pública para la operación de tu rodilla? Eso me preguntaba una buena amiga, Maribel, hace algo menos de dos meses. La contestación fue que no lo sabía, un buen equipo en el hospital, cercanía… Mientras esperaba el «ya le llamaremos» inicié las operaciones por la privada. He tenido la suerte de dar con un doctor excepcional, en lo humano y en lo personal, Dr. Juan de la Cerda, con un equipo formidable y unas instalaciones magníficas en el HLA Moncloa y ya, mientras sigo esperando al «ya le llamaremos» de la Seguridad Social, tengo mi rodilla nueva desde hace una semana.

Pero el que uno tenga una sanidad privada no le quita de poder seguir usando la pública, que también sigue teniendo y a la que ha contribuido y contribuye durante toda su etapa laboral y de jubilación. En las imágenes lo tienen claro: el 11 de mayo de 2021 intento la solicitud de cita telefónica, ¡telefónica! Con mi médico de cabecera, y la primera fecha que me dan es… ¡sin despeinarse! El 26 de mayo de 2021, QUINCE días después. Cuando menos para llorar.

Esto son hechos. Sí, pandemia, vacunas, todo lo que queramos, pero que pidas una cita con tu médico de cabecera, y encima telefónica, y te la den para dentro de QUINCE días no es de recibo. Cuando uno va, o quiere ir, al médico, es por algo. La urgencia o no estará por discutir, pero estas demoras son inasumibles. Eso sí, nuestros políticos, responsables desde hace muchos años de esto por su desatención y desmontajes progresivos para favorecer lo privado, están en otras cosas, de gran interés para ellos y de ninguno para la ciudadanía. Pero no hay nada como una buena campaña de marketing y publicitaria para que los ciudadanos se olviden de estos problemas de su vida diaria a la hora de ir a votar.



domingo, 9 de mayo de 2021

LIMBO


Los esquemas actuales de las relaciones entre clientes y empresas están basados, cada vez más, en medios electrónicos y telemáticos. Incluso el teléfono está en franca decadencia y no digamos ya la presencialidad, erradicada desde hace años. Ocurren incidencias, como no, y lo fundamental es su tratamiento, seguimiento y resolución. A lo largo de los años que llevo escribiendo entradas en este blog he referido muchos sucesos de mis relaciones con diferentes empresas como usuario, algunos de ellos bien resueltos, en tiempo y forma, y otros no tanto. Hoy, un sucedido más.

Aunque me declaro acérrimo de la lectura en lectores digitales, más que nada porque en casa no me caben, literalmente, más libros, hay ocasiones en no queda otro remedio que adquirir libros en papel: compromiso con el escritor que publica solo en papel, libros descatalogados, libros especiales, libros usados… Para este último caso de los libros usados, desde 2009 soy usuario registrado de la plataforma IBERLIBRO.

Aunque por lo general, hasta ahora, Iberlibro me ha funcionado bien, tengo puesta la cruz a tres librerías porque sus prácticas no me han parecido correctas en asuntos relacionados con el envío, la descripción de los libros y su estado o el tratamiento de alguna reclamación. Desde hoy añado una cuarta librería a la lista porque ha ocurrido una práctica que no me gusta y que ha derivado en un problema que lleva casi un mes en el limbo y que no parece que vaya a tener solución.

Cuando se busca un libro en la página web de Iberlibro, se muestran los disponibles en orden de precio, esto es, primero el más barato y en adelante los disponibles con precios superiores. Lo normal sería comprar el primero que sale, pero es conveniente hacer algunas cosas, al menos yo las hago: mirar si la librería es una de las que tengo puesta la cruz y revisar si el precio incluye o no los gastos de envío a mi domicilio. Ni que decir tiene que antes de buscar ningún libro me identifico como usuario registrado para que la plataforma «sepa» mi domicilio y pueda calcular los gastos de envío.

Hasta aquí todo bien. El 9 de abril de 2021, hace un mes, busco un libro que me interesa recomendado por el profesor de una de las clases a las que asisto normalmente. No era ninguna librería de las marcadas por mí, el precio era correcto, 7 euros, incluyendo los gastos de envío y además la descripción del estado del ejemplar era satisfactoria. Adelante con los faroles, procedo con la compra e inmediatamente, esto es así, el banco me informa en mi móvil de una retención de 7 euros en mi tarjeta. Todo correcto, solo queda esperar que llegue el libro pedido.

¡Sorpresa!  A los dos días recibo una comunicación de la librería solicitando autorización para un incremento de 1,50 euros por el concepto de gastos de envío. ¿No estaban incluidos? ¿Se trata de un error de la librería? ¿Es una triquiñuela para «colocar» el libro en la cabecera de la página web como más barato y luego pedir un suplemento? Eso solo lo sabe la librería, pero tengo que decir que se trata de un libro normal, de tapa blanda, aunque es antiguo es como los de bolsillo, pocas páginas… No tiene ningún sentido que pidan un incremento por los gastos de envío y si se trata de un error por su parte, harían bien en asumir el coste de ese error y revisar el resto de libros que tienen en la plataforma.

En fin, de esos días que te pilla liado con otras cosas y no tienes ganas de indagar. Total, estamos hablando de 1,50 euros… ¡acepto el suplemento! Inmediatamente se produce una retención en mi tarjeta de 8,50 euros. ¡Ocho con cincuenta! y no uno cincuenta que es la cantidad aceptada. En fin, se trata de una práctica que no me parece adecuada porque entre unas cosas y otras, por un libro que cuesta siete euros tengo retenidos en mi tarjeta quince euros con cincuenta. Estaría bien que no pudiera disponer de ocho con cincuenta, pero de ahí para arriba no me parce lógico.

Pasa el tiempo, recibo el libro, el cargo de 8,50 euros se hace efectivo pero como se puede ver en la imagen, no se retira la retención de los 7 euros originales, que siguen retenidos a fecha de hoy un mes después y por lo tanto indisponibles para mí. Hechos que pueden ocurrir, que han ocurrido y que tras comunicaciones con Iberlibro y con el banco, unos por otros… ¡la casa sin barrer! El banco dice que no puede quitar la retención, que lo tiene que hacer Iberlibro, que a su vez me dice que ha quitado la retención con fecha 13 de abril e incluso me facilita un número de transacción como referencia, que traslado al banco que me dice que no, que sigue pendiente.

Unos por otros, y como explica el Instituto Cervantes… «ninguno asume el trabajo y achaca su incumplimiento a otro, de modo que algo queda sin hacer porque uno pensó que lo tenía que hacer el otro o que no era cosa suya». No son los siete euros, que no van a ningún lado sino el conocer lo sucedido, más que nada para que no se vuelva a repetir. Está claro que hay alguna descoordinación o fallo en los sistemas de banco e Iberlibro, pero por lo que estoy comprobando tras una montonera de correos electrónicos a ambos, no están interesados en hablar entre ellos y verificar si sus procesos funcionan correctamente. Claro… ¿quién es el banco y quién es Iberlibro? ¿Quién está al otro lado de los correos electrónicos en este caso? ¿Tienen interés profesional en solucionar este asunto o prefieren que el cliente, en este caso yo, se aburra y abandone?

Como digo, lo de los siete euros es lo de menos; cuando los pille, si los pillo algún día, los donaré a alguna ONG o los pondré en el cepillo de la iglesia en la misa de los domingos. Pero olvidarme no me voy a olvidar. La práctica seguida por Iberlibro de realizar un segundo cargo en la tarjeta por el importe total no me parece adecuada porque en realidad el segundo cargo debería haber sido por el suplemento aceptado. Pero tampoco me parece adecuada la respuesta del banco: si el dinero es MÍO y la tarjeta es MÍA y doy la orden de retirar ese apunte debería hacerlo sin rechistar ni dilación. ¡Menos mal que la retención es de 7 euros! Si fuera de 7.000…



domingo, 2 de mayo de 2021

SALVAJE

Teníamos muchos problemas, como corresponde a cualquier sociedad de las llamadas de occidente —aunque la Tierra es redonda—; a ellos se ha venido a añadir en el último año el derivado de la irrupción en nuestras vidas del SARS-COV-2, más conocido por todos como COVID-19, que ha puesto patas arriba todo y al que le hemos dedicado como corresponde toda la atención, dejando lo demás en un segundo plano.

Pero el mundo sigue dando vueltas y a pesar de que tengamos focalizada nuestra atención en la pandemia, el resto de asuntos sigue revoloteando por ahí. Un refrán popular dice que «Ojos que no ven, corazón que no siente», aludiendo a que es mejor no preocuparse por ciertos asuntos y, al ignorarlos, no sufrir por ellos. Pero todos los refranes tienen una versión alternativa, siendo en el caso de este aquella de «Ojos que no ven, tortazo que te pegas». Si no conocemos ni tenemos el mínimo interés en un asunto, viviremos felices en la ignorancia, pero con algunos «daños» de esos llamados colaterales.

Hace unos meses, cuando empezó todo este asunto de la pandemia, el hecho de tener más tiempo me hizo ocuparme de un asunto de esos de los que no me preocupaba: el consumo eléctrico y los precios de la electricidad en España, un tema, como decía mi abuela, para «mear y no echar gota». Por mucho que te lo expliquen, no se acierta a comprender el intricado y absurdo recibo de la luz con una pléyade de impuestos que sirven para «otros» asuntos. Un poco como ocurre con otro combustible, gasolinas y derivados, cosidos a impuestos que sirven para «tapar» otros agujeros que nada tienen que ver con ellos. Por eso nos anuncian los cobros de peajes en autovías, para su mantenimiento, porque los buenos euros que nos sacan de nuestros bolsillos por el precio del litro de combustible no se dedican a esto de mantener las carreteras en buen estado.

Sin que nos diéramos cuenta casi ninguno y con poco o nada de reflejo en la prensa generalista, el incremento de los precios de la electricidad en el pasado mes de abril ha sido… «SALVAJE». El pasado año, al estar encerrado y tener más tiempo en casa me dio por mirar estos asuntos, lo que reflejé en algunas entradas de este blog tales como «ZURRIAGAZO» o «ARMONIZADOS»; en este último comentaba ciertas prácticas extrañas en la factura que fueron solventadas —para mi caso concreto— pero nunca aclaradas.

En la factura de la luz hay dos aspectos importantes. El segundo de ellos es el consumo, que debería ser el más importante pero que tiene un peso (casi) secundario en la factura. El primero es la «potencia contratada», aspecto crucial porque supone una parte importante de la factura y que pagaremos sí o sí, consumamos mucho o no consumamos nada. Por el hecho de tener una potencia contratada tenemos una cuota que es la que manejan realmente en las subidas de precios porque afecta a todos.

Deberíamos todos revisar nuestra potencia contratada y tratar de rebajarla lo máximo posible, porque es un fijo en la factura mensual. Claro que el bajar la potencia contratada implica un cierto ejercicio de consumo: si la bajamos mucho no podremos enchufar dos/tres aparatos a la vez, especialmente en la cocina hablando de hogares, porque nos «saltarán los plomos». Si reducimos nuestra potencia a 4 kilovatios, por ejemplo, no podremos poner una secadora y una plancha a la vez y habrá que hacerlo una detrás de otra. Y al mismo tiempo tener la precaución de que alguno de la familia no utilice un secador de pelo en el baño.

Yendo a cifras y hechos concretos, hablando de la tarifa que tengo contratada, el precio fijo del kilovatio por potencia contratada ha pasado de 3,340437€ a 3,916374€. Cojan la calculadora, realicen cálculos y… no se despeinen con una subida que es del 17,24%. Han leído bien ¡DIECISIETE con VEINTICUATRO por ciento! Y esto en la parte fija, la que paga todo el mundo por el hecho de tener un contrato, consuma o no consuma. Una casa cerrada con un contrato tipo de 5 kilovatios de potencia supone unos 20 euros iniciales mensuales de base a los que luego hay que añadir más y más impuestos sin hacer ningún tipo de consumo.

Pero en los precios del kilovatio de consumo tampoco se han quedado cortos, aunque esto les importe menos. En mi tarifa, de dos tramos horarios, el tramo valle ha pasado de 0,142305 a 0,147985 €, un 3,99 % de incremento y el tramo punta de 0,069417 a 0,074434 lo que supone a su vez un 7,22% de incremento. Los salarios no se incrementan en estos porcentajes desorbitados.

Como decía al principio, es mejor no preocuparse por conocer estos asuntos. Vivir feliz, despreocupadamente, total, nos va a dar igual. Pero, aunque poco, si podemos hacer algo ajustando nuestros hábitos a sacarle el máximo partido a unas tarifas locas consentidas por gobiernos que no tienen en cuenta las necesidades básicas de la ciudadanía: creo que la electricidad es una de ellas y que, en mi opinión, nunca debiera estar bajo el control de empresas privadas que (tiene toda la pinta que) campan a sus anchas.