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domingo, 14 de junio de 2026

falacIAs

Anonadado estoy… ¿Quién o qué es la IA? ¿es chico o chica o chice? ¿Tiene personalidad jurídica? ¿Puede cometer ilegalidades? Si la pillamos cometiendo alguna transgresión… ¿la podemos meter en la cárcel?, ¿aplicarla algún correctivo o multa para que no reincida?

En estas últimas semanas me estoy aproximando a este mundo que nos atenaza de forma alarmante de la llamada Inteligencia Artificial, que no es estrictamente inteligencia, aunque curiosamente, la segunda acepción para este vocablo del diccionario si cuadra: «capacidad de resolver problemas». Pero también de crearlos… y bien gordos. Un breve curso sobre el tema realizado en la Universidad Carlos III me ha llevado al convencimiento de que uno no se puede quedar al margen: hay que meterse en este mundillo sí o sí, al menos para saber a qué atenerse. Algo apuntaba en la entrada «YOYAÍSMO» de hace unas semanas.

Dos sucesos acaecidos, y sufridos esta misma semana, dan una idea de los peligros que puede conllevar el uso de la I.A., especialmente si hacemos caso omiso de las advertencias de no poner en cuestión lo que nos conteste, escrito o hablado, y revisarlo a fondo, pero para ello hay que tener conocimientos y experiencia que nos permitan hacer este cuestionamiento.

A raíz de estos sucesos, que ahora referiré, he entablado conversaciones con amigos y reproduzco aquí algún comentario recibido de ellos:

La IA, de momento, no es infalible, sino todo lo contrario. Es cierto que cada vez es más certera y afina algo más…

¡Qué maja! Su sinceridad me hace saltar las lágrimas. 

Muchas personas, para asuntos particulares o profesionales, utilizan la I.A. Bien, siempre puede servir de ayuda para iniciarse o plantear algún tema. Lo que bajo mi punto de vista no es de recibo es que no empiecen en el encabezamiento diciendo que es un texto generado por la I.A. La persona que lo lee se puede creer que eso va a misa porque lo dice fulanito, al que cree enterado del asunto o que ha tenido en carnes propias la experiencia que refiere.

También las empresas, en aras de ahorrar dineretes e incrementar su cuenta de resultados, dejan alguno de sus servicios en manos de la I.A. Esta semana me he encontrado con un problema en el envío de un pedido realizado por internet a… No lo iba a decir, pero lo digo: PcComponentes. Trato de reportar la incidencia a su servicio técnico, busco un teléfono, un correo electrónico… nada, quizá soy un borrico y no lo he sabido encontrar. Me encuentro con un CHAT claramente atendido por una I.A.: no hay persona alguna detrás. Para llorar, verdaderamente para llorar. Después de marearme durante varios días, pedirme datos insulsos, varias veces el mismo, lo he dejado por imposible y doy por perdidos los euros y el producto, que no se sabe dónde está. Lo curioso son las frasecitas que me ha dedicado ese CHAT y que tengo guardadas para ponerlas en un marco. He aquí algunas:

Veo tu pedido xxxxxx-A-xxxx y entiendo tu enfado. Ahora mismo el último estado que consta es «EN TRÁNSITO» (Envialia) desde hace 8 días…

Sobre tu pregunta: ahora mismo no puedo confirmarte cuántas incidencias/partes hay abiertos ni el estado actualizado porque al consultar el pedido me está devolviendo un error técnico…

Tienes razón en cabrearte: si al pulsar «contactar» te trae aquí y no ves «Incidencia», así no se avanza. Ahora mismo, además, no puedo consultar la ficha del pedido: al buscar xxxxxx-A-xxxx me devuelve un error técnico (404)…

Te ayudamos de forma inmediata…

Entiendo perfectamente tu molestia. Te explico por qué te lo pedí, sin marearte más…

Lo entiendo, lo siento mucho por las molestias y el tiempo que te ha hecho perder esta incidencia. Antes de que lo dejes, si quieres puedo dejarte solo una última cosa para que…

Varios días, varias veces, repetitivo, cargante, cansino. ¿Las empresas se dan cuenta de lo que están consiguiendo con esto? Se estarán ahorrando algunos empleados de sus centros de soporte pero también perderán clientes. Esto no hay quién lo soporte. Tengo guardadas las sesiones y aunque me rio al leerlas, son para llorar. ¡Maremía! Que camino llevamos, lo que nos espera.

Y el otro sucedido ya sí que es para tomárselo en serio. Un asunto profesional. Colaboro (en asuntos informáticos) con una empresa que se dedica a hacer servicios puntuales a otras, no precisamente pequeñas: bancos, industria, distribución, logística… Recibo para la evaluación y posible puesta en marcha de un trabajo un documento de 18 páginas que, a la vista, es una maravilla: estructurado, escrito perfectamente, colorines, esquemas, detallado hasta límites insospechados… Cualquiera que no sepa realmente y a fondo del asunto se queda ojiplático del nivel (Maribel) del documento y la información que contiene.

Me pongo a analizarlo y… claramente está escrito por una I.A. Cuando entro en detalles, contiene tal cantidad de mentiras y falsedades, procedimientos imposibles y módulos inexistentes,  que parece un cuento malo de ciencia ficción. Al principio dudaba de mis conocimientos acumulados sobre la materia en más de cincuenta años de profesión, lo que me hizo pensar que las cosas podían haber cambiado y yo no me había enterado. Quia, más falso que Judas.

Preparo un pequeño informe con detalles de las falsedades contenidas en el documento y se lo hago llegar a la empresa que me lo ha mandado para su evaluación. Me reconocen que sí, que está elaborado con I.A. Pero eso no es lo más grave: se lo mandado como documento oficial y propuesta de servicio a la empresa destinataria. Y ahora… ¿qué hacemos? Hay que buscan solución alternativa y fiable, pero esta vez ya con una inteligencia personal, con conocimientos del tema y con acciones viables y realizables.

Ya como iniciativa personal, averiguo qué I.A. —hay varias— ha sido la que ha confeccionado ese bonito informe que no sirve más que para papel de W.C. aún a riesgo de mancharse semejante parte con la tinta, porque, como he dicho era de colorines. Me dicen que ha sido con «Claude». Me conecto a dicha I.A. y ante mis cuestiones sobre temas de ese documento las respuestas son para echarse a llorar, o mejor a reír. Con nombres enmascarados, aquí algunas perlitas (los textos en negrita son realzados por mí):


Pregunta: Descríbeme la funcionalidad del módulo XXXXXXX en un sistema Z/OS de IBM.

Respuesta I.A.:    Tras una búsqueda exhaustiva en la documentación oficial de IBM, he de ser preciso y transparente contigo: XXXXXXX no es un módulo estándar documentado por IBM en z/OS. No aparece en ninguno de los manuales oficiales de IBM.

 

P:   Tú (referido a la I.A.) me hablaste anteriormente de ese modulo XXXXXXX como un posible punto de control para controlar los usuarios que ejecutan…

R:  Tienes razón en revisarme. Volviendo a la conversación anterior, en mi primera respuesta incluí XXXXXXX dentro de la tabla de «rutinas reemplazables» bajo el nombre de «búsqueda y ejecución de funciones externas». Debo ser completamente honesto contigo: ese módulo lo generé incorrectamente. No existe como tal en la documentación oficial de IBM. Fue un error mío al elaborar esa lista inicial — mezclé nombres reales con un nombre que no está documentado como módulo estándar del sistema z/OS.


P:   Sobre todo, el módulo que me dijiste YYYYYYYY existe, pero no sirve para lo que me propones. Sus funcionalidades son otras muy distintas.

R:  Tienes toda la razón, y te debo una disculpa clara. Revisando toda la conversación, en mi primera respuesta generé una tabla con varios módulos… 

No sigo. Hay más lindezas, errores, disculpas y meteduras de pata para aburrir. De traca. ¿La I.A. al poder? Mucho ojo. Por el momento puede servir de ayuda, pero teniendo en cuenta que suelta «falacIAs» descomunales, esto es, «engaños, fraudes o mentiras». No te lo creas, ponlo en cuarentena y revisa a fondo sino quieres verte en un lío.

 


domingo, 7 de junio de 2026

DILETANTE


Algunas veces utilizo una frase para, de alguna manera, auto definirme: «juego a todo, pero mal». Es una forma de decir que soy curioso en asomarme a múltiples actividades y temáticas, incluso deportivas en el pasado, manteniendo un cierto nivel sin llegar ni mucho menos a la excelencia. Un amateur consciente y resignado que elige «vivir ancho antes que vivir hondo».

Hace muchos años, por mor de mis cometidos profesionales en el departamento de informática de grandes empresas bancarias españolas, participaba activamente en un grupo profesional llamado G.S.E. —GUIDE SHARE EUROPA, www.gse.org—. Aglutinaba técnicos informáticos de sistemas IBM en áreas variadas, tales como Sistemas Operativos, Bases de Datos, Gestión de Almacenamiento, Comunicaciones, Seguridad, etc. etc. Tenían lugar reuniones técnicas periódicas en las diferentes empresas adscritas, lo que me permitió en los veinticuatro años en que participé de forma activa (de 1984 a 2007) visitar centros informáticos en diferentes puntos de la geografía española: Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla, Burgos, Bilbao, Oviedo, La Coruña. También en alguna ocasión acudí como representante español a reuniones internacionales: Milán, París o Insbruck (Austria).


Guardo todas las actas y documentación de las reuniones en papel o en mi disco duro; la verdad es que no sé para qué, pero ahí están. La imagen anterior es el acta de una de ellas, en la que pueden verse las empresas participantes, a falta de alguna de ellas que ese día no acudió, como por ejemplo Caja de Madrid, Informática de Euskadi, Caixa o Servimática. Con todo y con ello, en aquella reunión de enero de 2005 celebrada en el centro de cálculo de un Banco Popular ya desaparecido, en Madrid, asistimos veintiséis personas.

Aparte de las cuestiones técnicas que se debatían, en algunas ocasiones las empresas nos brindaban algún evento especial adicional. Por ejemplo, El Corte Inglés nos mostró su formidable centro logístico en Valdemoro, Renfe, nos organizó una visita al centro de control del AVE en Atocha y un viaje en la cabina de un tren hasta Puertollano. Hubo muchas más y muy variadas, de todo tipo, pero me quiero referir aquí a una especial: ocurrió en los años 90, en las instalaciones de Iberia de La Muñoza, anexos al aeropuerto de Madrid-Barajas, donde se nos permitió manejar el simulador profesional en el que se entrenaban los pilotos de Iberia y otras compañías. Una experiencia apasionante.

Los Reyes Magos de este 2026 me trajeron un regalo especial: manejo de un simulador de vuelo existente en el aeródromo de Madrid Cuatro Vientos accesible a todos los públicos. Por 75 euros, en la actualidad (2026), y durante una hora puedes sentirte como un piloto «de verdad» a los mandos de un Boeing 737 o un Airbús 320. Más información para interesados en https://www.aladinia.com/simulador-cuatro-vientos. Es un regalo perfecto pues se adquiere en formato de bono con una validez de cinco años, dentro de los cuales se puede hacer efectivo el bono reservando día y hora.

Esta semana he disfrutado de la experiencia, muy enriquecedora, que ya casi no recordaba de aquella vivida en Iberia en los años 90 del siglo pasado, que no fue ni mucho menos de una hora, sino minutos, pues éramos unas quince personas y no había tiempo material. Unas breves instrucciones de Ricardo, la persona que me atendió y efectuó el «vuelo» conmigo para pasar enseguida a rellenar en el ordenador del «avión» las rutas, revisar los controles, probar los sistemas y tenerlo todo preparado para… ¡despegue inmediato!

«Volamos» del aeropuerto de Palma de Mallorca al de Ibiza. La experiencia, salvo un inexistente movimiento físico del avión, es bastante real. El aterrizaje, siguiendo las instrucciones de Ricardo no estuvo bien del todo, pero hay que tener en cuenta que era el primero que realizada a los mandos de un Airbús 320. Cómo había tiempo, me reprogramó un segundo aterrizaje y esta vez ya fue bastante satisfactorio.

Una experiencia más que añadir al catálogo, aunque esta vez se tratase de una repetición. Iba a titular esta entrada como «catacaldos», pero un acceso al diccionario me quitó la idea por ciertas connotaciones negativas que presenta la descripción del vocablo. Así que opté por «diletante», una de cuyas acepciones me convenció más: «que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional».


 


domingo, 31 de mayo de 2026

ALOJAMIENTOS

 

Hoy toca un poco de curiosidad histórica. Pero antes una broma de monjes y ermitaños.

Un hombre ingresó en un convento de ermitaños buscando una vida retirada de silencio y contemplación. Al llegar, el prior le explicó la única regla de la comunidad:

—Cada hermano vive retirado en su celda y solo puede pronunciar dos palabras cada diez años.

El nuevo ermitaño aceptó disciplinadamente.

Pasaron diez años. Llegó el día de hablar y dijo:

—Cama dura.

El prior asintió en silencio.

Diez años después, volvió a presentarse ante él:

—Poca comida.

El prior volvió a asentir sin comentar nada.

Transcurrió otra década más. El ermitaño apareció de nuevo y declaró:

—Mucho frío.

El prior permaneció imperturbable.

Finalmente, al cumplirse cuarenta años desde su llegada, el ermitaño regresó y anunció:

—Me voy.

Entonces el prior lo miró con calma y respondió:

—No me extraña. Llevas cuarenta años quejándote.

A mediados del siglo XVI, el rey Felipe II eligió un lugar para construir su magna obra, su monasterio, que además sería colegio, palacio real, panteón funerario, biblioteca, museo… Cercano a la ya existente villa de El Escorial, adquirió enormes extensiones a su alrededor y legisló que nunca se construyera nada en sus inmediaciones, respetando solo la mencionada villa: otros pequeños asentamientos en la zona fueron desalojados. El Rey, su familia y su séquito tenían su hospedaje y el de sus servidores y criados perfectamente establecido.

Pero pasa el tiempo y cambian las costumbres. Doscientos años después, desaparecidos los Austrias e instalados los Borbones, la Corte se trasladaba entre los Reales Sitios arrastrando un sinfín de adláteres con sus criados y asistentes que necesitaban alojamiento y manutención.

El Monasterio de El Escorial, concebido para cien monjes y sin establecimientos suficientes en los alrededores, se veía invadido en los otoños por una multitud que perturbaba su normal funcionamiento y ocasionaba no pocos problemas. Años después, en tiempos de Carlos III, se abolió la orden de no construir en los aledaños para poder dar servicio a los principales de la Corte y sus criados. Pero hasta entonces…

Se transcribe a continuación un documento hallado en la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, fechado en tiempos de Felipe V, entre 1735 y 1745, que no hace mención ni del emisor ni del receptor. En la documentación del índice de la biblioteca figura la siguiente referencia descriptiva: «Copia de un escrito, entendemos que del prior al marqués de Terán, encargado del alojamiento de los reyes, en el que le manifiesta los graves perjuicios que se derivan del alojamiento de todos los seguidores cortesanos para la paz y sosiego de los monjes, del rezo y de la clausura. Fecha: 9-X-1735 (4 p)»

Curioso cuando menos el lenguaje y tono empleados, como corresponde a la época.

Reverendisimo Padre

Excmo Señor

Muy Señor mio, después de desear a V.E. perfecta salud, y poner la que me asiste con todo rendimiento a su disposicion, con la ocasión de aproximarse la Regular Jornada de sus Magestades a este Real Monasterio, no escusso, en cumplimiento de mi obligacion poner en la gran consideracion de V.E. los muchos, y graves inconvenientes, que se siguen de que los Aposentadores Reales que previenen en dicho Real Monasterio y su Palazio, el aposento para sus Magestades, que Dios guarde, y los Señores Ynfantes y demas personas de su Real sequito, no traigan las ordenes limitadas y con la restriccion que las trajeron siempre de alojar en el monasterio, y en el Colegio, solamente aquellas personas nezesarias para el servicio y asistencia de los Señores Ynfantes que alojan en el.

Estas, Excmo Señor, no solo en las celdas sino en nuestros corazones tienen y han tenido siempre el alojamiento y lugar que se merezen y es devido, por nuestra atencion y su venerable respeto, ni nunca han sido ocasion del mas minimo inconveniente, ni desorden.

Pero una multitud que sigue a la Corte, ya por sus intereses, ya por sus pretensiones particulares, ya por sus dependencias, quieren Señor, que alojen en el Monasterio, produze tales inconvenientes, que me obligan a ponerlos presentes a V.E. para que reflexionandolos con la gravedad y madurez que acostumbra, expida a dichos aposentadores y a mi aquellas ordenes que le pareciere mas conveniente para el servicio de sus Magestades y el de Dios principalmente.

Bien le escribo a V.E. en el año pasado, que por alojar estas personas dentro del Convento y el Colegio con sequito de criados y sirbientes estuvo dos veces «preio» el fuego dia de la Concepcion de Nuestra Señora, y atribuimos a milagro el que no se viese quemado todo el convento.

Otras dos veces se encendio también y se apago secretamente, sin que llegase a noticia de la Corte, porque enzienden los criados lumbre en todas partes, y estamos en un continuo riesgo, sin poder detenerlos, por ser muy libres.

Demas de esto todo el Monasterio esta sin clausura, abiertas sus puertas toda la noche para su asistencia y comerzio, que siendo toda ella ni ay silenzio religioso ni observancia regular ni los religiosos que estan viviendo de tres en tres, y de quatro en quatro, tienen una hora de reposo y quietud para poder asistir al coro y servizio divino y demas obligaciones , pues estando alli la Corte, son mucho mas gravosas.

Bien reconozco, Señor, que en las ocasiones de los besamanos, en que concurre toda la grandeza a hacer sus obsequios a nuestros Reyes, no puede haver regla, porque siendo prezisamente por una noche es tolerable el gravamen y es preziso alojarlos como se pueda, por su caracter que nunca como las Reales Familias no han ocasionado algun inconveniente, pero en lo respectivo a lo demás que voluntariamente siguen o por pretensiones o por intereses particulares yo suplico rendidamente a V.E. y espero deverle la onrra que ponderando estos inconvenientes, y otros que omito, no menos graves, por no molestar a V.E. y reflexionando principalmente, que el alojamiento de estos ni es del Servizio de Dios ni de sus Magestades que Dios guarde «dé» a los aposentadores y a «mí» aquellas Ordenes Regulares que se reducen a que alojen dentro del Convento las personas Reales y las demás nezesarias para su servizio y asistencia.

Yo solo deseo odedezer y servir com promptitud y rendimiento, pero no puedo dejar de prevenir a V.E. los inconvenientes que pueden seguirse para que precabiendolos, con su sabia providenzia, prevenga tambien el susto y riesgo en que continuamente vivimos, de mas del servizio  que se haze a la Divina Magestad de que se conserve el Monasterio, y sus Monges, aun a la vista de los Reyes con religiosa clausura, silencio y observancia. Yo soy todo de V.E. a quien ofrezco mis respetos con toda venerazion y pido a el Altissimo conserve a V.E. en la mayor felizidad.

Ahora que me estoy incorporando un poco a este proceloso mundo de la(s) Inteligencia(s) Artificial(es), lo que figura a continuación hasta el final de esta entrada del blog es una sinopsis elaborada a partir de la transcripción anterior. Copiada y pegada sin tocar una coma. Desde luego, uno no se puede quedar indiferente, ni ante el pasado, ni ante el presente ni ante el futuro que nos espera. 

La tensión entre la vida monástica y la Corte en un monasterio del Antiguo Régimen

Este documento del siglo XVI refleja las preocupaciones de un superior monástico ante las frecuentes estancias de la Corte Real en un monasterio vinculado a la Corona. A través de una carta dirigida a una alta autoridad eclesiástica o política, el autor denuncia los graves problemas derivados del alojamiento indiscriminado de acompañantes, criados y personas vinculadas a la Corte dentro del recinto conventual.

El texto expone cómo la presencia masiva de servidores y cortesanos altera profundamente la vida religiosa: se rompe la clausura, desaparecen el silencio y la disciplina monástica, y los religiosos ven dificultado el cumplimiento de sus obligaciones litúrgicas. Además, el autor alerta de varios incendios provocados por el uso imprudente del fuego dentro del monasterio, llegando a considerar milagrosa la salvación del edificio.

Lejos de cuestionar la presencia de la familia real y de los infantes —a quienes se reconoce respeto y legitimidad—, la carta critica especialmente a quienes siguen a la Corte por intereses personales o ambiciones particulares. El documento constituye un valioso testimonio de las tensiones entre el ceremonial cortesano y la vida religiosa en la España de la Monarquía Hispánica, así como de los desafíos logísticos, disciplinarios y espirituales que generaba la movilidad de la Corte en los espacios monásticos.