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domingo, 19 de abril de 2026

RAE

Esta ahí, pero pasa inadvertido. Se codea, nada más y nada menos que, con El Casón del Buen Retiro, La Iglesia de San Jerónimo el Real —Los Jerónimos— y El Museo Nacional de Pintura del Prado, en Madrid. Hablamos de un edificio que alberga la R.A.E., Real Academia Española —sin mencionar ni añadir exprofeso el vocablo «Lengua»—. Se trata de una institución cultural española hermanada con otras veintitrés academias de la Lengua correspondientes a cada uno de los países donde se habla el español para conformar la denominada como ASALE, Asociación de Academias de la Lengua Española.

He pasado en innumerables ocasiones por delante de este magnífico edificio, en lo material y en lo inmaterial, sin ser consciente de ello. A pesar de ser un letraherido de esta institución, consultar reiteradamente sus publicaciones en papel y electrónicas, especialmente el diccionario, nunca he sido consciente de que estaba ahí. En esta semana no solo he tomado conciencia, sino que he podido visitarlo.

En estos días de febrero a mayo de 2026,  estoy cursando en la Universidad Complutense de Madrid un seminario titulado «La gramática como arquitectura del pensamiento» impartido por don Ignacio Bosque, académico de la Real Academia Española que ocupa el sillón «t». Unas clases llenas de agudeza, de ingenio, mostrando cuán sutil es nuestro idioma. Un disfrute asomarse a los vericuetos y curiosidades de nuestra lengua. Y por añadidura, el profesor ha posibilitado y guiado personalmente una visita para los alumnos.

No es cuestión de entrar en definiciones arquitectónicas de un edificio magnífico, construido entre 1891 y 1894. En la propia página web de la institución hay abundante información y muy buenas imágenes, mejores que las que utilizo en esta entrada, tomadas por mí durante la visita.

Lo que allí se acumula es indescriptible. No solo por su riqueza material en mobiliario, libros, cuadros, grabados, etc. etc. sino lo que no se puede tocar. Una institución que lleva funcionando más de trescientos años, salvo la interrupción de la Guerra Civil Española, cuidando de nuestro idioma, actualizándolo y manteniéndolo vivo. Hay que tener en cuenta que los hispanohablantes españoles no llegan al 10% en todo el mundo y de ahí la connivencia con, como hemos dicho, las otras veintitrés academias.

La experiencia ha sido apasionante. Solo estar allí dentro, recorriendo las salas, atendiendo las explicaciones de don Ignacio, ya es una explosión de dicha. Muchas anécdotas y curiosidades que cada uno de los visitantes habrá aprehendido según sus concepciones y expectativas. La foto que encabeza esta entrada es el Salón de Plenos en el que se reúnen los académicos cada jueves por la tarde con el fin de velar por el buen uso de la lengua española mediante sus actividades, obras y publicaciones. ¿No cabría la posibilidad de, calladito en un rinconcito, asistir a una de las reuniones? Soñar es gratis…

Curiosidades. Vea la siguiente imagen…,

que corresponde a un mueble, un perchero galán en el que cada académico tiene reservado su colgadero, con un letrero de su nombre. Lo curioso es que están ordenados por antigüedad en la pertenencia a la RAE. El cargo es vitalicio, solo se extingue a la muerte del académico y lo curioso es que cuando este hecho ocurre, todos los carteles con los nombres son movidos una posición para mantener la antigüedad. Este asunto de ser vitalicio supone que algunos académicos no puedan asistir a las reuniones por problemas de distancia o salud, entre otros.

El total de plazas (sillones) disponibles es de 46. Actualmente están en la lista oficial 24, siendo don Ignacio Bosque, nuestro anfitrión e ingresado en la Academia en 1997, el séptimo, por detrás de Juan Luis Cebrián Echarri y por delante de Luis María Ansón Oliart.

Hay diferentes tipos de habitaciones dedicadas a trabajos, reuniones, comedor, tomar el té con pastas… e incluso salas completas dedicadas a bibliotecas donadas por personalidades ilustres —Dámaso Alonso o Antonio Rodríguez-Moñino, por ejemplo—; cuesta imaginar que personas particulares hubieran podido acumular tal cantidad no solo de libros sino de grabados y piezas verdaderamente maravillosas. Siguiendo con la broma… ¿no podríamos quedarnos un día a dormir allí para tener tiempo de verlo todo con calma?

He aquí el espectacular salón de actos…

Una gran sala con multitud de plazas destinada a albergar los eventos importantes para la RAE, incluyendo el nombramiento de los nuevos académicos y toda clase de actos oficiales.

Según nos comentó don Ignacio, hay muchos actos a los que se puede acceder libremente. Habrá que estar atento a la página web ( www.rae.es ) para ver la posibilidad. Por ejemplo, con motivo de la Semana del Libro que llega de forma inminente, la RAE ha organizado visitas guiadas como se puede ver en este enlace. Pero..., siempre hay un pero en este tipo de actos selectivos, ya se anuncia que …. «El aforo para participar en esta actividad está completo». Mala suerte, habrá que estar, como se dice en el argot popular, al loro… Por cierto, no todo está contemplado en el diccionario, pero sí aparece referenciada la expresión «al loro» con el significado de estar atento, vigilante, enterado, informado. Vamos, estar al tanto.



 

domingo, 12 de abril de 2026

DELEITE


 

Hace apenas dos meses que escribía en este blog la entrada «INVESTIGADORES». Con el temor y pidiendo disculpas por ser reiterativo, no puedo por menos de retomar este asunto para reflejar mis experiencias.

Mientras me sea permitido, —la verdad es que no parece existir razón alguna de que no lo sea— me he propuesto de aquí a verano al menos acudir un día a la semana a la Sala de Investigadores de la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid, España. Esta semana he completado la décimo tercera sesión consultando manuscritos del siglo XVI en la época en que se inició la construcción del Monasterio y los años inmediatamente anteriores.

La documentación existente es prolífica. No en vano se conoce al rey Phelipe II con el sobrenombre —uno de ellos— del «Rey Papelero», pues gustaba de escribir y escribir, documentar y documentar, de forma exhaustiva. A fe que dio instrucciones a sus secretarios y escribanos de apuntar todo hasta el más mínimo de talle: compra de materiales de construcción, bueyes y carros para acarrear mercancías, maderamen, trabajos auxiliares etc. etc.

Una vez elegido el sitio para levantar su Monasterio, que llegó a definirse como la Octava Maravilla del Mundo, el Rey se preocupó de conseguir un cierto aislamiento en la zona. Salvando la existencia de la pequeña aldea de El Escorial, decidió adquirir extensas zonas colindantes que sirvieran a su propósito de que la Real Fábrica no se encontrara acosada de construcciones adosadas hasta en sus propios muros, como ya había ocurrido en otras zonas en numerosas ocasiones. Se respetó su deseo por doscientos años, hasta que Carlos III autorizó las construcciones particulares en las inmediaciones del Monasterio con lo que hemos llegado a una actualidad que no vamos a comentar. ¡Si Felipe II levantara la cabeza…!

En mi cuarta sesión y peleando con un documento que contiene la Minuta sobre el trabajo encargado a Francisco de Casalegas, maestro de teja y ladrillo, en el año 1563, llamó mi atención un documento anexo que reza en el catálogo como Carta de venta de Francisco Avendaño, en la construcción del monasterio de El Escorial en el año 1563. El documento, de 10 folios por ambas caras menos el último, empieza así: Sepan quantos esta carta de venta vieren como yo Francisco de Avendaño, vecino de Segovia, en nombre de Agueda de Avendaño, mi muger y por virtud del poder que de ella he y tengo para de uso sera contenido y otorgado…

Leyendo y transcribiendo su contenido, aparece que esta escritura es la venta al Rey Su Magestad Don Phelipe Nuestro Señor de la quarta parte de la Finca de La Fresneda, colindante con el Monasterio y obtenida por heredamiento. Me puse manos a la obra para transcribir toda la escritura accediendo a fórmulas y repeticiones de lo más variopinto y curioso en las expresiones de los escriuanos de la época.

Hay que mencionar que a la Sala de Investigadores solo se puede acceder con dos herramientas de escriptura: ordenador portátil o lapicero. Opté por la segunda y varias sesiones después había conseguido rellenar las 38 caras escritas a mano que reflejan los pormenores de esta escritura de venta.

Si esta escritura trataba de la quarta parte de la finca, lógico es deducir que hay otras tres partes y por ello otras tres escrituras. A base de bucear en el extenso catálogo de la biblioteca disponible en este enlace conseguí encontrar no sin ciertas dificultades otra de las escrituras. En este caso se trata de un documento de 22 folios por ambas caras menos el último con un curioso propietario: nada menos que ¡un monasterio! Sepan quantos esta Carta de Venta vieren como yo Julio Rodriguez de Mata vecino de la ciudad de Segovia, en nombre del Monasterio de San Vicente de la dicha ciudad y extramuros de la dicha ciudad de Segovia y de la Priora Monjas y Convento del dicho Monasterio…

En la próxima sesión espero acabar la transcripción de esta segunda scriptura con una ocupación que estimo en ochenta y una caras. No he contado, pero lo haré, las veces que aparece repetida la letanía «Priora Monjas y Convento del dicho Monasterio» pero estoy por asegurar que pasan de la centena y me quedo corto. Curiosa la redacción.

Es un deleite difícil de describir estas mis sesiones de investigación. Un paseo por la Lonja del Monasterio, atravesar en solitario el llamado Salón Principal de la Biblioteca que se visita (antes de que se llene de turistas) disfrutando de los libros, el mobiliario, los instrumentos, los cuadros y los magníficos frescos, el acceso a la sala de investigadores donde ya se encuentra preparado mi puesto de trabajo con los documentos solicitados… Solo estar allí es un privilegio y un disfrute para la mente y los sentidos. Además, manejar documentos escritos a mano casi quinientos años atrás… Recuperar el placer de la escritura manual a lápiz llenando folios y folios con la curiosa jerga de los escribanos de número de las ciudades o de su majestad es un deleite que no tiene parangón.

Ahora me llega una tarea que se me antoja un poco dificultosa. Como cuando acabo de leer un libro y tengo que decidir cual acometo a continuación —voy de uno en uno— necesito encontrar los documentos que se supone contendrán las scripturas de venta de las otras dos quartas partes que me faltan. Toca bucear activamente por el catálogo hasta dar con ellos, pero siempre estará la duda de que existan y estén explícitamente catalogados y localizables. No me cabe duda de que Don Felipe dio instrucciones para ello, pero han pasado tantos años… Me comprometo a actualizar posteriormente en esta entrada con el resultado de mis pesquisas. Siempre podré pedir ayuda al magnífico y atento personal de la biblioteca.


 

 

sábado, 4 de abril de 2026

«DES—»

Cada vez que escucho o leo una palabra que empieza por des no puedo evitar recordar una entrada escrita en este blog en un ya lejano febrero de 2008 bajo el título «DESAPARCAR». La releo con satisfacción y descubro cosillas casi olvidadas como… «que el prefijo "des" tiene mucha más enjundia. No solo antepuesto a una palabra indica negación o inversión de su significado, como por ejemplo en desconfiar o deshacer. Puede transmitir la idea de "exceso" o "demasía" como en deslenguado, "privación" como en desyerbar, "fuera de" cómo en deshora o "afirmación" como en despavorido. No olvidemos también que hay palabras en castellano que empiezan por "des" y en su caso son simples letras y no un prefijo, como desastre, descenso, destino o destacar. ¡Qué cosas tiene nuestra lengua española! Por cierto, y en un guiño a esta vetusta entrada… «destender» sigue sin estar en el diccionario oficial de la Real Academia.

¿Desfrenar? A mí me suena raro, pero… ¡es correcto! Con el significado de «quitar el freno, o actuar sin freno». Sin que sirva de precedente, me gustan las palabras únicas con significado propio que evitan decir lo mismo con dos o tres palabras: desfrenar es más corto y tan preciso como quitar el freno. Lo que no sé si un coche puede desfrenarse a sí mismo, supongo que se trataría de avería u olvido del conductor, aunque con los adelantos actuales… Hace unos días vi en las redes un vídeo de un coche que respondía al mando a distancia de su propietaria, desaparcaba solo e iba a buscarla, incluso abría la puerta del conductor en el sitio justo para permitir su acceso al interior. En todo caso y volviendo al desfrenar, pobre mujer.

En las 957 entradas existentes en este blog, incluida esta, hay 33 cuyo título empieza por «des»; en algunas de ellas la partícula «DES» es un prefijo, pero no en todas, como por ejemplo «DESIDIA» o «DEVOLUCIONES». La facilidad de disponer de una versión electrónica del Diccionario de la lengua española, en su edición del Tricentenario y con un poquito de programación, me han permitido extraer una lista de las 2875 palabras que figuran comenzando por las tres letras D E S. Todo un mundo de significados, acepciones y descubrimientos a poco que se bucea en una lista que se antoja infinita.

Pero no solo del diccionario vive la lengua. Hay varias páginas web dedicadas al mundo vasto de las palabras. Por elegir una mencionaré https://www.palabrascon.com/ . Muy recomendable echar un vistazo y juguetear con las enormes posibilidades que nos ofrece. Podemos elegir las letras iniciales, las finales, que contengan o no letras o cadenas, con un número de sílabas o de letras determinado, con acentos o no además de utilizar para la búsqueda una serie de diccionarios españoles o de otras lenguas como gallego o portugués.

Retornando a nuestro «des─» y utilizando para la consulta en esta web el diccionario español oficial de la RAE (no se indica la versión) obtenemos la lista completa de 2991 palabras que comienzan por DES. No coincide exactamente con las dichas 2.875 obtenidas por mí según se ha comentado anteriormente. Puede ser la versión electrónica del diccionario utilizada.

Recomiendo muy mucho navegar por esta web, especialmente si Vd. tiene interés o curiosidad por temas del idioma. Contiene una multitud de posibilidades interesantes tales como generar palabras aleatorias, conjugar verbos, generar crucigramas o sopas de letras, contar palabras de un texto, desmenuzar palabras en sílabas, generar acrósticos y algunas herramientas más muy curiosas y útiles para diversas necesidades.

En estos días he terminado de leer un libro muy interesante de la catedrática de la Universidad de Sevilla Lola Pons Rodríguez titulado «Una lengua muy muy larga. 100 historias curiosas sobre el español». Se puede consultar una reseña sobre el mismo en el blog amigo de A leer que son 2 días en este enlace. Escrito con amenidad y gracejo, el hecho de estar configurado en capítulos cortos individuales permite su lectura a salto de mata ─no hace falta que sea continuada─ y aprender muchas cosas sobre nuestra lengua de forma que, si no tenemos cuidado, alcancemos una elevada puntuación en pedantería en nuestras conversaciones con familiares, amigos, conocidos e incluso cuñados.

No olvidemos que nuestra lengua, de ello podemos estar orgullosos, «Más de 500 millones de personas hablan español nativo en todo el mundo, 600 millones si sumamos estudiantes y segunda lengua, lo que sitúa al español como la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, solo por detrás del chino mandarín, y la cuarta lengua más poderosa globalmente». Como curiosidad mencionar que es México el país con mayor número de habitantes hispanohablantes.

Las curiosidades en esto de los idiomas podrían hacer inacabable esta entrada a poco que buceemos por internet. Por dejar constancia de ellas, mencionaré dos que me han resultado interesantes. Una es el número de lenguas existentes en el Mundo. Consultando la I.A., la respuesta obtenida y que no sabemos su veracidad es… Se estima que actualmente ─abril de 2026─ existen alrededor de 7,100 a 7,168 idiomas vivos en el mundo. Esta cifra varía constantemente debido a la extinción de lenguas minoritarias y la dificultad para distinguir entre idiomas y dialectos. La gran mayoría se concentra en Asia y África.

Y la otra es casi imposible de creer. ¿Cuántos idiomas habla Powell Alexander Janulus con fluidez? Canadiense, nacido en 1939 y por ello de 86 u 87 años en la actualidad, tiene acreditada (según Wikipedia) la utilización de 42 idiomas con fluidez. Con ello, «entró en el Libro Guinness de los Récords en 1985 por su fluidez en 42 idiomas. Para calificar, tuvo que pasar una prueba de fluidez conversacional de dos horas con un hablante nativo de cada uno de los 42 idiomas que hablaba en ese momento». Como le parecen pocos, él ha dicho que se considera hábil en 64 idiomas habiendo llegado a estudiar 80. ¡Casi nada!

La lengua, las palabras… un mundo por descubrir.