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sábado, 4 de abril de 2026

«DES—»

Cada vez que escucho o leo una palabra que empieza por des no puedo evitar recordar una entrada escrita en este blog en un ya lejano febrero de 2008 bajo el título «DESAPARCAR». La releo con satisfacción y descubro cosillas casi olvidadas como… «que el prefijo "des" tiene mucha más enjundia. No solo antepuesto a una palabra indica negación o inversión de su significado, como por ejemplo en desconfiar o deshacer. Puede transmitir la idea de "exceso" o "demasía" como en deslenguado, "privación" como en desyerbar, "fuera de" cómo en deshora o "afirmación" como en despavorido. No olvidemos también que hay palabras en castellano que empiezan por "des" y en su caso son simples letras y no un prefijo, como desastre, descenso, destino o destacar. ¡Qué cosas tiene nuestra lengua española! Por cierto, y en un guiño a esta vetusta entrada… «destender» sigue sin estar en el diccionario oficial de la Real Academia.

¿Desfrenar? A mí me suena raro, pero… ¡es correcto! Con el significado de «quitar el freno, o actuar sin freno». Sin que sirva de precedente, me gustan las palabras únicas con significado propio que evitan decir lo mismo con dos o tres palabras: desfrenar es más corto y tan preciso como quitar el freno. Lo que no sé si un coche puede desfrenarse a sí mismo, supongo que se trataría de avería u olvido del conductor, aunque con los adelantos actuales… Hace unos días vi en las redes un vídeo de un coche que respondía al mando a distancia de su propietaria, desaparcaba solo e iba a buscarla, incluso abría la puerta del conductor en el sitio justo para permitir su acceso al interior. En todo caso y volviendo al desfrenar, pobre mujer.

En las 957 entradas existentes en este blog, incluida esta, hay 33 cuyo título empieza por «des»; en algunas de ellas la partícula «DES» es un prefijo, pero no en todas, como por ejemplo «DESIDIA» o «DEVOLUCIONES». La facilidad de disponer de una versión electrónica del Diccionario de la lengua española, en su edición del Tricentenario y con un poquito de programación, me han permitido extraer una lista de las 2875 palabras que figuran comenzando por las tres letras D E S. Todo un mundo de significados, acepciones y descubrimientos a poco que se bucea en una lista que se antoja infinita.

Pero no solo del diccionario vive la lengua. Hay varias páginas web dedicadas al mundo vasto de las palabras. Por elegir una mencionaré https://www.palabrascon.com/ . Muy recomendable echar un vistazo y juguetear con las enormes posibilidades que nos ofrece. Podemos elegir las letras iniciales, las finales, que contengan o no letras o cadenas, con un número de sílabas o de letras determinado, con acentos o no además de utilizar para la búsqueda una serie de diccionarios españoles o de otras lenguas como gallego o portugués.

Retornando a nuestro «des─» y utilizando para la consulta en esta web el diccionario español oficial de la RAE (no se indica la versión) obtenemos la lista completa de 2991 palabras que comienzan por DES. No coincide exactamente con las dichas 2.875 obtenidas por mí según se ha comentado anteriormente. Puede ser la versión electrónica del diccionario utilizada.

Recomiendo muy mucho navegar por esta web, especialmente si Vd. tiene interés o curiosidad por temas del idioma. Contiene una multitud de posibilidades interesantes tales como generar palabras aleatorias, conjugar verbos, generar crucigramas o sopas de letras, contar palabras de un texto, desmenuzar palabras en sílabas, generar acrósticos y algunas herramientas más muy curiosas y útiles para diversas necesidades.

En estos días he terminado de leer un libro muy interesante de la catedrática de la Universidad de Sevilla Lola Pons Rodríguez titulado «Una lengua muy muy larga. 100 historias curiosas sobre el español». Se puede consultar una reseña sobre el mismo en el blog amigo de A leer que son 2 días en este enlace. Escrito con amenidad y gracejo, el hecho de estar configurado en capítulos cortos individuales permite su lectura a salto de mata ─no hace falta que sea continuada─ y aprender muchas cosas sobre nuestra lengua de forma que, si no tenemos cuidado, alcancemos una elevada puntuación en pedantería en nuestras conversaciones con familiares, amigos, conocidos e incluso cuñados.

No olvidemos que nuestra lengua, de ello podemos estar orgullosos, «Más de 500 millones de personas hablan español nativo en todo el mundo, 600 millones si sumamos estudiantes y segunda lengua, lo que sitúa al español como la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, solo por detrás del chino mandarín, y la cuarta lengua más poderosa globalmente». Como curiosidad mencionar que es México el país con mayor número de habitantes hispanohablantes.

Las curiosidades en esto de los idiomas podrían hacer inacabable esta entrada a poco que buceemos por internet. Por dejar constancia de ellas, mencionaré dos me han resultado curiosas. Una es el número de lenguas existentes en el Mundo. Consultando la I.A., la respuesta obtenida y que no sabemos su veracidad es… Se estima que actualmente ─abril de 2026─ existen alrededor de 7,100 a 7,168 idiomas vivos en el mundo. Esta cifra varía constantemente debido a la extinción de lenguas minoritarias y la dificultad para distinguir entre idiomas y dialectos. La gran mayoría se concentra en Asia y África.

Y la otra es casi imposible de creer. ¿Cuántos idiomas habla Powell Alexander Janulus con fluidez? Canadiense, nacido en 1939 y por ello de 86 u 87 años en la actualidad, tiene acreditada (según Wikipedia) la utilización de 42 idiomas con fluidez. Con ello, «entró en el Libro Guinness de los Récords en 1985 por su fluidez en 42 idiomas. Para calificar, tuvo que pasar una prueba de fluidez conversacional de dos horas con un hablante nativo de cada uno de los 42 idiomas que hablaba en ese momento». Como le parecen pocos, él ha dicho que se considera hábil en 64 idiomas habiendo llegado a estudiar 80. ¡Casi nada!

La lengua, las palabras… un mundo por descubrir.



 

domingo, 29 de marzo de 2026

VIVIANES

Para los que andamos metidos de lleno en los mundos informáticos, el asunto del espacio de almacenamiento es vital. Vamos acumulando ficheros y ficheros que, lógicamente, ocupan su espacio en los discos duros o pendrives; la FUNDEU nos indica expresiones españolas alternativas a este anglicismo: memoria USB, lápiz de memoria, memoria externa o lápiz USB.

Yo tengo muy clara una división en los ficheros que conservo en mis discos duros. La primera consideración a tener en cuenta es si un determinado fichero es propio —y por tanto casi irrecuperable— o es generalizado como pueden ser documentos o programas disponibles en los medios o en la red. Lo de casi irrecuperable es porque si hablamos, por ejemplo, de una fotografía de grupo, además de nosotros la tendrán, es de suponer, otros amigos o familiares que estén en ese grupo. Pero si perdemos nuestros archivos no sería fácil recuperarlos pidiéndolos a diestro y siniestro.

Dentro de mis ficheros propios es fundamental el tema de los tamaños. No es lo mismo un documento WORD o PDF de un relato que he escrito o los recibos de los pagos a nuestros proveedores de energía o servicios que un vídeo, película o conjunto de fotografías. Los tamaños importan. Centrándonos en los ficheros de tamaño contenido, lo llevo todo en un lápiz de memoria —pendrive—con un tamaño actual de 256 Gb. El asunto es que se está llenando y por ello va a llegar el momento, lo más seguro tras el verano, en que sea necesario migrar todo el contenido del actual a uno de mayor capacidad que aguante los próximos años.

El que figura en la imagen es exactamente igual al que tengo, pero con el doble de capacidad. Me ha dado buen resultado en estos últimos años y aunque hay modelos de otras marcas con mayores registros de velocidad de transferencia, tengo suficiente.

Aviso aquí, ya que normalmente no se repara en ello, que en buena lógica no se trata de comprar UN nuevo lápiz USB de mayor capacidad, sino que es necesario comprar DOS. ¿Por qué? Siempre hay que tener en cuenta mantener una copia de seguridad porque los dispositivos se estropean, se pierden, fallan… Lo que hemos hablado antes, si no nos preocupamos nosotros mismos de nuestros ficheros exclusivos estamos asumiendo que nos quedamos sin ellos en caso de catástrofe.

Tras toda esta explicación vamos al título de esta entrada. Desde noviembre del año pasado 2025 llevo echando un vistazo a los precios, sin efectuar la compra, ya que de momento no me hacía falta y sigo funcionando con el que tengo. Resulta que cuando empecé a mirarlo el precio rondaba los 45 euros, euro arriba euro abajo.

De pronto, no sabría decir cuando, el precio se ha duplicado hasta una enormidad. Hay páginas web que te avisan de estas fluctuaciones, incluso la propia de ese almacén enorme por todos conocido te avisa de los cambios de precio si mantienes el producto en tu cesta de compra o en un apartado denominado «para más tarde». En este caso de poco ha servido porque la subida ha sido descomunal. Habrá que seguir estando atento a ver si antes de que me sea imprescindible su compra, baja a un precio similar al que ha tenido anteriormente.

Aunque todo puede ser cuestión de marketing, se puede observar que ese almacén declara haber vendido hasta la fecha de hoy, 29 de marzo de 2026, más de ciento ochenta mil unidades. No sabemos desde hace cuánto tiempo, pero estamos hablando de cantidades respetables. La pregunta es… el día que cambió tan espectacularmente de precio… ¿Cuántas unidades estaban en el almacén? Porque en cuanto hubiera unas decenas o centenares solo hay que multiplicar para darse cuenta de los euros de ganancia que, por arte de birlibirloque, y sin hacer nada, se habían generado.

Antaño, los comercios tradicionales pegaban una etiqueta con el precio en los productos. Cuando se hacía un pedido de una nueva remesa, el precio podía haber cambiado, con lo cual al comercio se le presentaba la diatriba de reetiquetar todo lo que tuviera en el almacén para tener una ganancia adicional, si partimos de la base de que las cosas siempre subían. Hablé de ello en 2015 en la entrada «COSTOS» accesible en este enlace. Hago la salvedad para los que accedan a esta antigua entrada que el tamaño de letra es algo reducido ¡cosas y cambios de Google! Pero se puede aumentar de forma fácil con la rueda del ratón para una mayor legibilidad.

En fin y para ir terminando, el vocablo «vivián» y su plural «vivianes» se usa, como indica el diccionario, en El Salvador, Honduras y Nicaragua con el significado «dicho de una persona: aprovechada, que saca beneficio sin escrúpulos». Sinónimos apuntados en el el diccionario son «aprovechado» y «tagarote». «Aprovechado» en su acepción tercera es «dicho de una persona: Que saca beneficio de las circunstancias que se le presentan favorables, normalmente sin escrúpulos».

Pues eso, que circunstancias favorables o no, siempre es bueno sacar tajada. De la guerra en Irán al parecer en estos momentos de marzo de 2026. Pero…¿nos acordamos de lo que supuso en el precio de un café en el bar el cambio de la peseta al euro?


 


 

domingo, 22 de marzo de 2026

ÓBITO


Mi padre falleció en 2010, a sus 88 años de edad. No pudo, no supo y no quiso entrar en los por aquella época casi incipientes mundos de internet y de las nuevas tecnologías. Tenía todo apuntado de forma manual. En una caja de madera guardaba sus cosas importantes y una nota sujeta con celo en la parte inferior, por fuera, con un escueto mensaje escrito: «Para cuando yo falte». Como era muy previsor, nos dejó escritas todas las consideraciones a tener en cuenta cuando ocurriera su fallecimiento.

Es verdad que eran muy pocas. La cuenta bancaria, los recibos de suministros de la casa —luz, agua, teléfono— su situación de cofrade de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y una suscripción a una revista mensual de los Misioneros Combonianos. Aunque en su día tuvo otras, como la suscripción al Servicio Filatélico de Correos, ya las había cancelado. Se me olvidaba, el nombre, dirección y teléfono de un habilitado —pocas personas conocerán esto hoy en día— que le llevaba todas las cuentas de su pensión, mutualidad y relaciones con Muface y Seguridad Social como funcionario que había sido del Cuerpo de Correos. Ocuparse de ello fue relativamente fácil.

A principios de este siglo XX empezaron los ordenadores a proliferar en las empresas. Recuerdo una vez tener que ir de urgencia a un dentista cerca de mi trabajo, lejos de mi lugar de residencia, y me obligaron, para «poderme atender», a facilitar todos mis datos personales, teléfono, correo, DNI, etc. etc. Desconozco si 20 años después seguirá existiendo ese dentista y si mis datos seguirán allí durmiendo el sueño de los justos. Desde entonces y para estos casos, me fabriqué una colección de datos inservibles pero verosímiles para facilitar en casos en los que yo no estuviera interesado en que los tuvieran. Todavía aún hoy los sigo utilizando cuando surge la ocasión.

La carta que puede verse en la cabecera de este escrito aparece machaconamente encima de los buzones de correos de mi portal. Elena no vive aquí desde hace al menos veinte años y, aunque no podría asegurarlo, creo que ha fallecido. Yo no sé si sus hijos o descendientes tendrían instrucciones de ocuparse de sus asuntos. Yo puedo decir que en varias ocasiones —ya me he hartado— he llevado el sobre a Correos indicando en el reverso la causa de la devolución como desconocido, rehusado, fallecido… Da igual. Alguien no hace su trabajo, bien sea Correos que «archiva» la carta sin devolverla al remitente o el remitente que no actualiza su base de datos. Las cartas siguen llegando… Ahora el que las archiva soy yo cuando las veo. Espero que Elena me perdone.

Este asunto es repetitivo. A continuación, otro caso parecido

 

 

Carta dirigida a Ashley, que vivió alquilada durante un año, hace por lo menos ocho. Encima se trata de una «important tax return document enclosed», es decir, un documento adjunto importante de declaración de impuestos remitido desde EE.UU. Ella y su marido estuvieron destinados un año aquí, se relacionaron poco con los vecinos y se marcharon sin dejar instrucciones ni forma alguna de contacto. ¿Qué hacemos con este tipo de cartas? ¿Dejarlas encima de los buzones sine die?

Como el lector podrá suponer, esto no es único. Aunque los servicios postales se han reducido enormemente, siguen llegando cosas. Otra más, ya la última, dejada de forma manual por un teórico servicio de reparto oficial del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de la localidad

 


Sin dirección, solo un nombre escrito a mano y desconocido en este portal. Habría que saber quién ha decidido que este señor vive aquí. Como es un «documento» oficial, se van acumulando varios con el paso del tiempo y ahí siguen…

Todo esto viene a colación de como funcionaría esto en los momentos actuales. Si lo pienso por mí mismo y tratara, como mi padre, de dejar instrucciones para el momento de mi óbito, tendría que escribir unas cuantas Biblias. Por mencionar y no de manera pormenorizada algunos… Los recibos de suministro de la casa no son tres o cuatro; a los clásicos de agua, luz, gas y telefonía hay que añadir aditamentos electrónicos diversos como cuentas bancarias, planes de pensiones, Seguridad Social, seguros, empresas (Amazon, El Corte Inglés, Aena…), sitios oficiales (DGT, Consorcio de Transportes, Renfe…), impuestos municipales, entidades culturales (Patrimonio Nacional, Biblioteca Nacional, Archivo Histórico Nacional, Museo del Prado…), fundaciones (Mutua Madrileña Automovilista, Rafael del Pino, Ramón Areces…), cofradías o asociaciones, ONG's, universidades, medios, participación en crowfoundings em curso, clases de música o escritura, gimnasio, garaje alquilado en otro bloque… Y si seguimos añadiendo,  APP's diversas para el ordenador con renovaciones anuales y no entremos ya en correos electrónicos para recabar información en diferentes empresas que seguirán llegando a las (varias) cuentas de correo electrónico si no se informa del óbito. ¿Redes sociales... WhatsApp, YouTube, Instagram, X, Bluesky, Linkedlin, Wikiloc…?

Hay algunas guías en internet, muy generales y orientativas, sobre el tema. Pero es un asunto muy personal, cada uno debe hacer la suya, si tiene ganas. Lo primero sería abordar temas de seguridad, dinero y servicios esenciales que afecten a otros familiares o allegados. Los seguros, suscripciones —¿tenemos contratado almacenamiento en «nubes»?— y aplicaciones seguirán cobrando o tratando de hacerlo en una cuenta bancaria que por el hecho del fallecimiento debe quedar bloqueada y/o cancelada hasta que se resuelva en testamentaría.

La huella digital de las personas hoy en día es descomunal, un verdadero y enorme rompecabezas. ¿Ha puesto Vd. en un buscador su nombre completo entre comillas? Para asustarse.  ¿Se pueden planificar y preparar formas de actuación para todo lo relacionado con una persona cuando falte? Aunque en alguna ocasión lo he intentado con mis familiares, es tarea imposible. Como se decía antaño… ¡Qué sea lo que Dios quiera!