Algunas veces utilizo una frase para, de alguna manera, auto definirme: «juego a todo, pero mal». Es una forma de decir que soy curioso en asomarme a múltiples actividades y temáticas, incluso deportivas en el pasado, manteniendo un cierto nivel sin llegar ni mucho menos a la excelencia. Un amateur consciente y resignado que elige «vivir ancho antes que vivir hondo».
Hace muchos años, por mor de mis cometidos profesionales en el departamento de informática de grandes empresas bancarias españolas, participaba activamente en un grupo profesional llamado G.S.E. —GUIDE SHARE EUROPA, www.gse.org—. Aglutinaba técnicos informáticos de sistemas IBM en áreas variadas, tales como Sistemas Operativos, Bases de Datos, Gestión de Almacenamiento, Comunicaciones, Seguridad, etc. etc. Tenían lugar reuniones técnicas periódicas en las diferentes empresas adscritas, lo que me permitió en los veinticuatro años en que participé de forma activa (de 1984 a 2007) visitar centros informáticos en diferentes puntos de la geografía española: Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla, Burgos, Bilbao, Oviedo, La Coruña. También en alguna ocasión acudí como representante español a reuniones internacionales: Milán, París o Insbruck (Austria).
Guardo todas las actas y documentación de las reuniones en papel o en mi disco duro; la verdad es que no sé para qué, pero ahí están. La imagen anterior es el acta de una de ellas, en la que pueden verse las empresas participantes, a falta de alguna de ellas que ese día no acudió, como por ejemplo Caja de Madrid, Informática de Euskadi, Caixa o Servimática. Con todo y con ello, en aquella reunión de enero de 2005 celebrada en el centro de cálculo de un Banco Popular ya desaparecido, en Madrid, asistimos veintiséis personas.
Aparte de las cuestiones técnicas que se debatían, en algunas ocasiones las empresas nos brindaban algún evento especial adicional. Por ejemplo, El Corte Inglés nos mostró su formidable centro logístico en Valdemoro, Renfe, nos organizó una visita al centro de control del AVE en Atocha y un viaje en la cabina de un tren hasta Puertollano. Hubo muchas más y muy variadas, de todo tipo, pero me quiero referir aquí a una especial: ocurrió en los años 90, en las instalaciones de Iberia de La Muñoza, anexos al aeropuerto de Madrid-Barajas, donde se nos permitió manejar el simulador profesional en el que se entrenaban los pilotos de Iberia y otras compañías. Una experiencia apasionante.
Los Reyes Magos de este 2026 me trajeron un regalo especial: manejo de un simulador de vuelo existente en el aeródromo de Madrid Cuatro Vientos accesible a todos los públicos. Por 75 euros, en la actualidad (2026), y durante una hora puedes sentirte como un piloto «de verdad» a los mandos de un Boeing 737 o un Airbús 320. Más información para interesados en https://www.aladinia.com/simulador-cuatro-vientos. Es un regalo perfecto pues se adquiere en formato de bono con una validez de cinco años, dentro de los cuales se puede hacer efectivo el bono reservando día y hora.
Esta semana he disfrutado de la experiencia, muy enriquecedora, que ya casi no recordaba de aquella vivida en Iberia en los años 90 del siglo pasado, que no fue ni mucho menos de una hora, sino minutos, pues éramos unas quince personas y no había tiempo material. Unas breves instrucciones de Ricardo, la persona que me atendió y efectuó el «vuelo» conmigo para pasar enseguida a rellenar en el ordenador del «avión» las rutas, revisar los controles, probar los sistemas y tenerlo todo preparado para… ¡despegue inmediato!
«Volamos» del aeropuerto de Palma de Mallorca al de Ibiza. La experiencia, salvo un inexistente movimiento físico del avión, es bastante real. El aterrizaje, siguiendo las instrucciones de Ricardo no estuvo bien del todo, pero hay que tener en cuenta que era el primero que realizada a los mandos de un Airbús 320. Cómo había tiempo, me reprogramó un segundo aterrizaje y esta vez ya fue bastante satisfactorio.
Una experiencia más que añadir al catálogo, aunque esta vez se tratase de una repetición. Iba a titular esta entrada como «catacaldos», pero un acceso al diccionario me quitó la idea por ciertas connotaciones negativas que presenta la descripción del vocablo. Así que opté por «diletante», una de cuyas acepciones me convenció más: «que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional».






