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domingo, 8 de noviembre de 2026

CASCADA

Algunas de las personas, que ya vamos alcanzando una cierta edad, nos enfrentamos a diario con la toma de un cóctel verdadero de medicamentos prescritos por los galenos. Utilizo galenos en plural por que por lo general no es el mismo médico el que nos receta de forma conjunta todas las pastillas a ingerir. En mi caso me inyecto una dosis mensual que es la que yo, que no soy médico, presumo como la causa de todos los medicamentos que vienen detrás, como una consecuencia, recetados por diversos especialistas en sus revisiones anuales.

Los seguidores de este blog habrán percibido varias entradas (se pueden localizar utilizando el buscador) que hacen referencia a ese asunto tan controvertido del colesterol, una sustancia necesaria para la vida humana pero que a lo largo de los últimos setenta años ha sido causa de disputas en relación con los niveles adecuados en sangre. Es una historia larga y como digo controvertida, que da lugar a que muchas personas tomen a diario las por mí odiadas estatinas.

Hace unos años yo SOLAMENTE tenía ¿problemas? de colesterol en mi analítica sanguínea. En palabras del especialista de medicina interna que me trata, ya vas teniendo una edad y ese colesterol hay que mantenerlo controlado. Esta misma indicación le parecía muy bien a mi cardióloga. Ante mi rotunda negativa a ser estatineado de nuevo por las enormes complicaciones sufridas en el pasado, la solución es una inyección mensual de 300 mg de Alirocumab Praluent que yo mismo me administro. Aclaro que este medicamento solo es dispensable en las oficinas de farmacia de los hospitales bajo autorización médica renovable anualmente. Además, y siguiendo una recomendación médica adicional, lo complemento con Levadura de Arroz Rojo.

Como resultado, mi colesterol está controlado, demasiado diría yo, porque el llamado colesterol malo, el «peligroso», está en un valor de 59 en mi última y reciente analítica, cuando el valor de referencia es una horquilla entre 90 y 130. Perfecto, dice el médico, más bajo tenía que estar ¿Alguien lo entiende?

El vocablo «cascada» alude, según el diccionario, a una «caída desde cierta altura del agua de un río u otra corriente por brusco desnivel del cauce». Si lo aplicamos al asunto de los medicamentos estamos creando una metáfora muy expresiva en el ámbito clínico y de la salud para indicar «una sucesión de efectos farmacológicos en la que un medicamento desencadena una serie de consecuencias que pueden modificar la acción de otros medicamentos y provocar nuevos efectos, a veces inesperados». ¿Es un error tratar con más medicamentos los efectos secundarios de otros que se toman, encadenando prescripciones?

Aunque yo tengo mucho cuidado con este asunto, utilizo médicos especialistas en el ámbito público y en el privado. El mal, o por lo menos deficiente, funcionamiento a mi modo de ver de la Seguridad Social nos obliga a muchos ciudadanos de este país —España— a transitar por el ámbito privado, con mucho dolor de nuestro corazón y sobre todo de nuestros bolsillos. ¿Por qué hago alusión a esto? Los historiales médicos del ámbito privado —varios hospitales— no están conectados entre sí ni mucho menos con el historial en el ámbito público.

Con ello, salvo que tú lo manifiestes y consigas que te hagan caso, unos galenos no saben los medicamentos que estás tomando indicados por otros colegas suyos. Interacciones entre ellos… ¡Peligro!

Los médicos me dicen y aseguran por activa y por pasiva que las alteraciones de ciertos valores en mis analíticas de sangre surgidas a raíz de la inyección mensual de Alirocumab para el colesterol no tienen nada que ver. Pura casualidad o enfermedades sobrevenidas con el paso del tiempo y de la edad. Como ya voy teniendo una edad…  

Aunque me leo con detenimiento los prospectos e interacciones de los medicamentos que tomo en la magnífica página web www.vademecum.es no sé si los médicos hacen los mismo y se mantienen actualizados. El caso es que ese medicamento avisa de tomar precauciones en pacientes con «alteraciones» hepáticas, vamos, mi caso. Por ello tomo medicamentos para controlar el nivel de glucosa en sangre, la tensión arterial y el ácido úrico, que yo insisto y mantengo son consecuencia de la inyección mensual.

Es verdad que este cóctel de medicamentos me mantiene con unos valores aceptables en mis analíticas de sangre. Pero… algunos valores que aparecen como desviados de la normativa, caso de la Bilirrubina (alta) o la Vitamina B12 (baja) no llaman la atención del médico que me dice que no me preocupe…  

Entonces, me pregunto, ¿un efecto adverso provocado por un medicamento puede interpretarse como un nuevo síntoma o una nueva enfermedad? Lo más sencillo es prescribir otro medicamento para tratarlo. Lo que hablamos, la cascada. Y esto es especialmente importante en personas mayores, que en muchas ocasiones están (estamos) polimedicados; hígados, riñones, corazón, músculos, articulaciones… sufriendo posibles estragos por los medicamentos.

Creo que se impone una revisión periódica y global de los tratamientos prescritos a una persona y una valoración conjunta de TODOS los medicamentos que toma una persona. Y en este sentido, con mucho miedo y respeto, podrían las I.A.'s ser utilizadas en estas revisiones, por lo menos a un nivel primario que posteriormente fuera valorado por un profesional médico.

El cuerpo es uno y responde de diferente manera a los medicamentos —y alimentos— que se toman.

Y es que este tema ha encendido mis alarmas por la información de un médico al que sigo en internet, Alberto SanAgustín, https://www.youtube.com/@alsanagust, un canal interesante y prolífico en Youtube sobre temas médicos generalistas. En una de sus comunicaciones habla de la relación entre la Metformina —medicamento para el control de la glucosa en sangre— y la vitamina B12. Y más preguntas… ¿Tiene algo que ver el déficit de vitamina B12 con lagunas temporales de memoria? Maremía. ¿Consultamos a la I.A. sobre posibles efectos por interacción entre los medicamentos que tomamos? No sé si atreverme...


 

 


 

domingo, 1 de noviembre de 2026

INTERPUESTAS

Los nuevos tiempos nos enfrentan continuamente a nuevos escenarios. No hace tanto que empezamos a comprar artículos por internet, una práctica que hogaño está más que generalizada. No tanto por la comodidad, que también, sino porque muchos artículos son difíciles de encontrar en tiendas de proximidad e incluso en grandes superficies a las que habría que desplazarse.

Han surgido grandes plataformas que no solo venden artículos que tienen en sus almacenes, sino que también sirven de canal para que otros vendedores, externos, las utilicen como base para ahorrarse el problema que supone disponer de una página web propia, complicada de mantener sobre todo por las pasarelas de pago. Con estos planteamientos, cuando yo accedo a VNTWRLD (nombre inventado y en estos momentos parece que inexistente)  a buscar algo, no sé si me lo está vendiendo la propia VNTWRLD o la empresa, pongamos un nombre inventado, TECNVIAX. El comprador por internet solo sabe de esta empresa, esto es muy importante, su página web ( www.tecnviax.com ).

Amante declarado como soy de los refranes y dichos populares, traigo aquí uno que muchos no entenderán, especialmente si son no tan jóvenes: «Nadie da duros a pesetas». Ha quedado obsoleto por el cambio de moneda y aunque algunos habrán oído hablar de las antiguas pesetas como moneda española, lo de «duro» suena a chino. El dicho popular advierte de la conveniencia de ser (muy) desconfiado con ciertas ofertas y regalos. Como he dicho y me reitero, se trata de un refrán que hoy no se entiende, porque ya no hay ni duros ni pesetas, y muchos jóvenes ni siquiera convivieron con estas monedas.

Por ello, cuando la oferta de un producto tiene un precio notoriamente bajo, hay que desconfiar de su validez o veracidad aplicando un segundo refrán: «Aquí hay gato encerrado» que significa que «hay una situación sospechosa, misteriosa o poco clara, en la que se sospecha que alguien oculta información, tiene malas intenciones o que pasa algo que no se dice abiertamente». Es verdad que «gato», en este dicho no hace referencia al animal de todos conocido sino que «se refería a un pequeño monedero o bolsa de piel de felino donde las personas guardaban sus monedas y objetos de valor en la Edad Media».

Dejando los dichos a un lado, vamos con el meollo de la cuestión. Esta semana yo, junto con un grupo de amigos hemos transitado por un asunto que cuando menos «huele» mal. No quiero decir que nos hayan estafado, pero es posible que un tercero si lo haya sido. Vamos con los hechos que narraré como aviso a navegantes con nombres supuestos para no caer en una posible denuncia que no sea tal. Aunque lo parece.

Necesitamos renovar una de nuestras aplicaciones en el ordenador personal. El precio de una licencia para un ordenador es delicadamente alto, vamos a decir que unos ciento cincuenta euros. Y encima tenemos dos y tres ordenadores en casa. Multiplique, multiplique…

Uno de los conocidos de este grupo de amigos nos comenta que en la plataforma VNTWRLD, mundialmente reconocida, venden esas licencias que necesitamos a precios que oscilan entre algo menos de diez euros hasta treinta, muy por debajo de los ciento cincuenta que hemos comentado. Amparados en la garantía de la plataforma, uno compra una licencia que le es servida por la empresa TECNVIAX de forma electrónica a través de su página web. Recibe el código de licencia, sigue las instrucciones, instala la aplicación, la activa con el código de licencia recibido y… todo correcto. Funcionando, miel sobre hojuelas, la cosa marcha. Otros de los conocidos compran licencias y todo bien. Me llega el turno y yo necesito tres para los ordenadores de casa. Compro dos, de momento, y la empresa TECNVIAX me suministra dos claves de activación. Cuando las estoy instalando, mi memoria visual me mosquea, las reviso y…¡voila! Son la misma. ¿Para qué pagar dos licencias si la clave de activación es la misma?

Entro en contacto con mis conocidos y resulta que también es idéntica a la que han facilitado a otros dos. Como hemos dicho, aquí hay gato encerrado.

Me pongo en contacto con el soporte de la empresa TECNIVIAX que me contesta pidiendo perdón por el error y me da otra clave que también ha dado a otro de mi circulo de conocidos. Esto huele mal, muy mal.

Con la ayuda la I.A. —Inteligencia Artificial—y refiriendo los hechos con nombres supuestos se plantea una solución que, aunque no se puede dar por segura tiene toda la pinta de ser cierta. La empresa TECNIVIAX pudiera ser que disponga de una licencia corporativa destinada a un número de ordenadores de una empresa u organización, pero que está prohibida para usuarios particulares por tratarse de una forma fraudulenta de uso. La repetición del código de activación, aún repetido, nos está funcionando a todos los implicados, aunque no sabemos por cuanto tiempo. ¿Qué hacer?

La venta por Internet a través de plataformas de terceros —conocida en el argot por el anglicanismo Marketplace— es una modalidad de comercio electrónico perfectamente legal y muy extendida hoy en día y cada vez más. Sin embargo, que una empresa utilice una plataforma intermediaria no significa que quede exenta de sus obligaciones legales ni que la operación esté fuera del control de las autoridades. Por ejemplo y me repito, la empresa TECNIVIAX vende licencias de software a través de la plataforma VNTWRLD. ¿Qué responsabilidades, caso de tratarse de un fraude, tiene cada interviniente?

A continuación, algunas frases de exploración de esta casuística por la red y algunas I.A.'s

En España y en la Unión Europea existen controles fiscales, comerciales, de protección al consumidor y de seguridad de los productos. No obstante, estos controles no garantizan que todas las ofertas sean legítimas ni que todas las irregularidades se detecten antes de producirse una venta. 

Tampoco equivale a una certificación oficial de que cada producto sea auténtico, legal o de buena calidad.

Además, la plataforma intermediaria debe hacer esfuerzos razonables para comprobar que la información recibida sea fiable y completa antes de autorizar al comerciante a operar.

No existe un sistema que garantice que todos los productos, licencias de software, servicios o códigos digitales ofrecidos en Internet hayan sido verificados previamente por una autoridad pública.

La licencia deja de funcionar o su activación se revoca posteriormente.

 Así que… más refranes alusivos que ya no explico para no aburrir. «Ojo al parche» y mucho me temo —nos tememos— que si en el futuro, que cabe la posibilidad, la aplicación nos deja de funcionar… «las reclamaciones al maestro armero». Y es que, a veces sucede que, «lo barato sale caro».


 

 


 

domingo, 25 de octubre de 2026

COMPONENDAS

 

 ¿Aburrido? El vocablo se queda corto. Habría que recurrir a otro más profundo, quizá hastiado, o incluso asqueado, que exprese mejor mi estado de ánimo en el asunto que voy a tratar a continuación. Ya se sabe que no se puede hablar de política, de religión, ni siquiera de fútbol, pero esto no es una conversación directa sino plasmar mis opiniones y además en un blog que no admite comentarios. Sin ánimo de polemizar y mucho menos de ofender.

No han pasado todavía los teóricos cuatro años y ya tenemos encima, en España, unas elecciones generales el próximo 29 de noviembre de 2026. Es verdad que la situación en el Congreso de los Diputados —hay que añadir y Diputadas saltándose las normas de la Real Academia Española— era insostenible desde hace ya varios meses. Insisto en que estoy vertiendo aquí mi opinión y así será en el resto de este escrito sin que tenga que volver a recordarlo.

Recojo estas frases que escribí en 2008; han pasado casi veinte años y siguen de actualidad, por lo que a mí especta, corregidas y aumentadas:

…lamento tener que decir que en la actualidad el desencanto anida en mis pensamientos cada vez que llega un período electoral. Aunque sigo el asunto todo lo de lejos que puedo, no es muy factible evitar los ecos en la prensa, radio, televisión y redes sociales de las encendidas campañas electorales. Viéndolas desde lejos, con los ojos y los oídos medio entrecerrados, me doy cuenta, en mi modesta opinión, de las actuaciones a las que se someten no solo los líderes y principales representantes de los partidos sino también el público que apoya los mítines o actos electorales, como se quieran llamar. El hecho de ser de unos o de otros implica un fervor y apoyo condicional a los míos y un rechazo frontal, diría que, con un poco de odio, a los otros, bueno no a todos los otros, sino progresivamente a los que nos pueden hacer sombra.

Cuando esta entrada vea la luz quedarán, todavía, cinco semanas para el día señalado. Se establecen dos semanas de campaña, pero la precampaña ha empezado desde el mismo día, incluso antes, que se nos llamara a las urnas. Bueno, si queremos atender la llamada, porque, la verdad, hay que dialogar muy mucho consigo mismo para tomar la decisión de acudir a votar.

En la actual acampada reivindicativa instalada en la puerta del Sol de Madrid vi un cartel que llamó mi atención ¿A quién c… voto yo ahora? Pues eso.

El acudir a votar no es obligatorio. ¿Debiera serlo? Cada uno obrará en conciencia. Yo, salvo casos de fuerza mayor, acudo a votar siempre, la abstención no la contemplo. Aparte de las votaciones a Partidos, o Nominativas, siempre está la opción de votar en blanco o votar nulo. No es lo mismo una cosa que la otra, pero esto poca gente lo sabe. No se trata aquí de dar una clase, pero haría bien cada cual en enterarse de las connotaciones. Yo diré que en blanco no voto nunca. Si voy, provoco el voto nulo.

El Congreso de … es una Cámara única que representa al conjunto de los españoles. Pero con la Ley Electoral que tenemos se da incongruencia de que no todos los votos de los españoles son iguales: no vale lo mismo el voto de un jaenero que el de un pacense, un santacrucero o un cesarugustano, sirvan como ejemplo. Y el problema no es, de ninguna manera la Ley de Hont como muchos creen, sino el asunto de las circunscripciones. En pasadas elecciones hubo partidos con más de un millón de votos que consiguieron dos diputados mientras que otro con 180.000 tenía siete u ocho. Y luego, en el Parlamento todo se diluye, valen todos lo mismo y siempre supeditados, por lo general, a las disciplinas de partido.

Vamos a poner un supuesto que no se da a nivel nacional pero que yo he visto en un Ayuntamiento. Se presentan tres partidos a las elecciones: Fulano, Mengano y Zutano. Zutano, pobrecito, obtiene dos diputados de los 350. Los otros dos partidos, Fulano y Mengano, obtienen el mismo número, esto es, 174 cada uno. ¿Quién manda? Está claro que Zutano, aunque vaya contra toda la lógica.

Me está resultado muy curioso que diferentes partidos están negociando alianzas ANTES de las elecciones ¿A qué es debido esto? ¿Es legal? Perfectamente, porque es la forma que tienen los Partidos de protegerse del asunto ya comentado de las circunscripciones: no es lo mismo presentar una lista a nivel nacional que a niveles provinciales o regionales. Como la Ley Electoral permite estas componendas previas, vamos a estudiar la conveniencia de presentarnos o no en una circunscripción, juntos o separados en la otra y así obtener mayor rendimiento, esto es, mayor número de diputados. La Ley lo permite, no la estamos contraviniendo.

Otra cuestión son los aspectos morales o éticos, pero esos en política ya, si eso, bueno, luego, ya hablaremos de ellos.

A ver si tenemos la suerte de que los Partidos se aficionen a las negociaciones previas, con ocurre en otros países como por ejemplo Estados Unidos: demócratas o republicanos, «A» o «B», Fulano o Mengano en nuestro ejemplo (Zutano queda prohibido). Y digo esto porque el espectáculo de las negociaciones posteriores a las elecciones para elegir Presidente del Gobierno —no lo eligen los electores sino los partidos— puede ser dantesco y a las últimas me remito. Un popurrí de diputados de varios partidos pidiendo y exigiendo prebendas para sí y no poniendo el interés común por encima de todo.  Resumiendo, mucho, pero que mucho, al final la gobernanza de este país ha estado en las manos caprichosas de siete diputados dirigidos por un prófugo desde fuera de España al que se le han concedido prebendas inimaginables y nunca ha sido suficiente.

Aunque es predicar en el desierto, recojo otro texto escrito por mí en 2011:

VALENTÍA, señores del Gobierno, para CAMBIAR la Ley Electoral y que cada voto valga lo mismo, de norte a sur y de este a oeste, península, islas o ciudades españolas en África.

VALENTÍA para ELIMINAR el Senado.

VALENTÍA para ELIMINAR las Diputaciones Provinciales.

VALENTÍA para ELIMINAR las Comunidades Autónomas y sus caudillos con séquito, generadoras de gasto y corrupción con «peoras» más que mejoras para el ciudadano y creadoras de división y malas comparativas entre regiones.

VALENTÍA para REUNIFICAR municipios, dividir por cuatro o cinco el número de los existentes y ACABAR con los jefes de las tribus y clanes municipales, convirtiendo la función de los alcaldes en desinteresada o casi desinteresada como antaño en lugar de ser una profesión buscada como hogaño.

VALENTÍA para LIMITAR a ocho años el período en el que un ciudadano puede estar en puestos políticos, sean europeos, nacionales, comunitarios o locales.

Y para finalizar esta entrada, me acojo al significado del título de esta entrada en el diccionario de la Real Academia Española: Arreglo o transacción censurable o de carácter inmoral.

Pero seguimos, perdón, sigo igual: ¿a quién c… voto yo ahora?