Me he asomado relativamente tarde a los nuevos mundos de la Inteligencia Artificial, cada vez más necesarios en nuestras vidas, al menos como ayuda y con toda la prevención del mundo acerca de sus resultados. La verdad es que alguna de las utilizaciones que se hace de la I.A. son nefastas, como ya he comentado en alguna de las entradas anteriores en este blog.
A pesar de que la referencia a un sucedido esta semana con la empresa de telecomunicaciones O2 pudiera considerarse tiene una connotación de queja, aclaro que dentro de lo malo la atención en sus servicios para el cliente ha sido muy asumible, especialmente en comparación sobre como se las gastan en otras empresas.
El hastío ─disgusto, fastidio, cansancio, aburrimiento, tedio, fatiga, desgana, desinterés, apatía, boludez, indolencia…─ viene de las consecuencias de la utilización de I.A. para abrir supuestos canales de Chat o Wasap en los que se quiere dar la impresión de una atención personalizada ─con personas al otro lado─ al cliente que provocan, en mi caso, una risa por no llorar.
El hecho básico es la solicitud de la instalación de la fibra en segunda residencia para disponer de conectividad durante las vacaciones. Hoy en día, estamos malacostumbrados a estar permanente conectados y con una cierta calidad: teletrabajo, acceso a internet, plataformas de películas y series y alguna otra cuestión más que han convertido en imprescindible en muchos momentos el disponer de acceso a internet con una mínima calidad. Pido el alta un martes y cumpliendo los estándares de esa compañía de responder con la instalación me agendan el viernes a las 11:00 de la mañana para realizar los procesos de conexión. Secuestrado todo el día en casa sin que aparezca ni llame nadie, a las 18:00 horas intento contactar con el servicio técnico por Wasap. ¡Desesperante! El mensaje que aparece en la cabecera de esta entrada apareció unas diez veces. Lo que siempre se ha llamado un «diálogo de besugos» me hizo abandonar y pasar a intentarlo por la llamada telefónica clásica. Algo más de siete minutos de espera para conseguir que… abrimos una incidencia y lo más pronto posible le atenderemos.
Pero la sorpresa viene el sábado por la mañana cuando la instalación aparece como «realizada». ¡Toma castaña!
Pasando olímpicamente de utilizar el Wasap y entablar peleas dialécticas con la máquina, una paciente espera para ser atendido por teléfono, esta vez superior a los 11 minutos. Tratan de agendarme una nueva cita obviando todo lo ocurrido para el jueves de la semana que viene, ¡el jueves!, a lo que me niego en redondo con la mayor educación posible sin mostrar el grado de cabreo que estaba alcanzando porque la operadora que me estaba atendiendo no tiene la culpa de nada. Menos mal que parece que encuentran una solución con un instalador alternativo y me asignan la visita para el lunes a primera hora. Esperemos que esta vez sea efectiva la visita y la instalación.
Pero me ha dado por revisar el pedido ¡quién me manda! Descubro que la tarifa y servicio que han consignado no es el que yo he requerido, lo que supone un coste de 8 euros más al mes. Para evitar problemas, lo dejo todo como está, esperaré a que se haga efectiva la instalación y la conexión y, cuando todo esté funcionando, solicitaré el cambio de tarifa a la que realmente necesito.
Después de todo y teniendo en cuenta la demora, no parece que la cosa vaya a resultar fallida. Eso sí, los tiempos de espera, de conexión, de repetir setenta veces siete mi DNI y mi nombre a las operadoras ─¿Siempre son mujeres?─ y relatar los hechos y problemas no me los quita nadie. Y es que la casa no aparece en los «mapeadores» oficiales de O2 por lo que no pueden seleccionar correctamente la ubicación. Me tendrá que llamar por teléfono el instalador para guiarle por la zona, porque el Maps de Google sitúa la casa en medio de un prado lleno de vacas. Y parece que lo que diga Google en sus aplicaciones va a misa y, si no está, no existe.














