Anonadado estoy… ¿Quién o qué es la IA? ¿es chico o chica o chice? ¿Tiene personalidad jurídica? ¿Puede cometer ilegalidades? Si la pillamos cometiendo alguna transgresión… ¿la podemos meter en la cárcel?, ¿aplicarla algún correctivo o multa para que no reincida?
En estas últimas semanas me estoy aproximando a este mundo que nos atenaza de forma alarmante de la llamada Inteligencia Artificial, que no es estrictamente inteligencia, aunque curiosamente, la segunda acepción para este vocablo del diccionario si cuadra: «capacidad de resolver problemas». Pero también de crearlos… y bien gordos. Un breve curso sobre el tema realizado en la Universidad Carlos III me ha llevado al convencimiento de que uno no se puede quedar al margen: hay que meterse en este mundillo sí o sí, al menos para saber a qué atenerse. Algo apuntaba en la entrada «YOYAÍSMO» de hace unas semanas.
Dos sucesos acaecidos, y sufridos esta misma semana, dan una idea de los peligros que puede conllevar el uso de la I.A., especialmente si hacemos caso omiso de las advertencias de no poner en cuestión lo que nos conteste, escrito o hablado, y revisarlo a fondo, pero para ello hay que tener conocimientos y experiencia que nos permitan hacer este cuestionamiento.
A raíz de estos sucesos, que ahora referiré, he entablado conversaciones con amigos y reproduzco aquí algún comentario recibido de ellos:
La IA, de momento, no es infalible, sino todo lo contrario. Es cierto que cada vez es más certera y afina algo más…
¡Qué maja! Su sinceridad me hace saltar las lágrimas.
Muchas personas, para asuntos particulares o profesionales, utilizan la I.A. Bien, siempre puede servir de ayuda para iniciarse o plantear algún tema. Lo que bajo mi punto de vista no es de recibo es que no empiecen en el encabezamiento diciendo que es un texto generado por la I.A. La persona que lo lee se puede creer que eso va a misa porque lo dice fulanito, al que cree enterado del asunto o que ha tenido en carnes propias la experiencia que refiere.
También las empresas, en aras de ahorrar dineretes e incrementar su cuenta de resultados, dejan alguno de sus servicios en manos de la I.A. Esta semana me he encontrado con un problema en el envío de un pedido realizado por internet a… No lo iba a decir, pero lo digo: PcComponentes. Trato de reportar la incidencia a su servicio técnico, busco un teléfono, un correo electrónico… nada, quizá soy un borrico y no lo he sabido encontrar. Me encuentro con un CHAT claramente atendido por una I.A.: no hay persona alguna detrás. Para llorar, verdaderamente para llorar. Después de marearme durante varios días, pedirme datos insulsos, varias veces el mismo, lo he dejado por imposible y doy por perdidos los euros y el producto, que no se sabe dónde está. Lo curioso son las frasecitas que me ha dedicado ese CHAT y que tengo guardadas para ponerlas en un marco. He aquí algunas:
Veo tu pedido xxxxxx-A-xxxx y entiendo tu enfado. Ahora mismo el último estado que consta es «EN TRÁNSITO» (Envialia) desde hace 8 días…
Sobre tu pregunta: ahora mismo no puedo confirmarte cuántas incidencias/partes hay abiertos ni el estado actualizado porque al consultar el pedido me está devolviendo un error técnico…
Tienes razón en cabrearte: si al pulsar «contactar» te trae aquí y no ves «Incidencia», así no se avanza. Ahora mismo, además, no puedo consultar la ficha del pedido: al buscar xxxxxx-A-xxxx me devuelve un error técnico (404)…
Te ayudamos de forma inmediata…
Entiendo perfectamente tu molestia. Te explico por qué te lo pedí, sin marearte más…
Lo entiendo, lo siento mucho por las molestias y el tiempo que te ha hecho perder esta incidencia. Antes de que lo dejes, si quieres puedo dejarte solo una última cosa para que…
Varios días, varias veces, repetitivo, cargante, cansino. ¿Las empresas se dan cuenta de lo que están consiguiendo con esto? Se estarán ahorrando algunos empleados de sus centros de soporte pero también perderán clientes. Esto no hay quién lo soporte. Tengo guardadas las sesiones y aunque me rio al leerlas, son para llorar. ¡Maremía! Que camino llevamos, lo que nos espera.
Y el otro sucedido ya sí que es para tomárselo en serio. Un asunto profesional. Colaboro (en asuntos informáticos) con una empresa que se dedica a hacer servicios puntuales a otras, no precisamente pequeñas: bancos, industria, distribución, logística… Recibo para la evaluación y posible puesta en marcha de un trabajo un documento de 18 páginas que, a la vista, es una maravilla: estructurado, escrito perfectamente, colorines, esquemas, detallado hasta límites insospechados… Cualquiera que no sepa realmente y a fondo del asunto se queda ojiplático del nivel (Maribel) del documento y la información que contiene.
Me pongo a analizarlo y… claramente está escrito por una I.A. Cuando entro en detalles, contiene tal cantidad de mentiras y falsedades, procedimientos imposibles y módulos inexistentes, que parece un cuento malo de ciencia ficción. Al principio dudaba de mis conocimientos acumulados sobre la materia en más de cincuenta años de profesión, lo que me hizo pensar que las cosas podían haber cambiado y yo no me había enterado. Quia, más falso que Judas.
Preparo un pequeño informe con detalles de las falsedades contenidas en el documento y se lo hago llegar a la empresa que me lo ha mandado para su evaluación. Me reconocen que sí, que está elaborado con I.A. Pero eso no es lo más grave: se lo mandado como documento oficial y propuesta de servicio a la empresa destinataria. Y ahora… ¿qué hacemos? Hay que buscan solución alternativa y fiable, pero esta vez ya con una inteligencia personal, con conocimientos del tema y con acciones viables y realizables.
Ya como iniciativa personal, averiguo qué I.A. —hay varias— ha sido la que ha confeccionado ese bonito informe que no sirve más que para papel de W.C. aún a riesgo de mancharse semejante parte con la tinta, porque, como he dicho era de colorines. Me dicen que ha sido con «Claude». Me conecto a dicha I.A. y ante mis cuestiones sobre temas de ese documento las respuestas son para echarse a llorar, o mejor a reír. Con nombres enmascarados, aquí algunas perlitas (los textos en negrita son realzados por mí):
Pregunta: Descríbeme la funcionalidad del módulo XXXXXXX en un sistema Z/OS de IBM.
Respuesta I.A.: Tras una búsqueda exhaustiva en la documentación oficial de IBM, he de ser preciso y transparente contigo: XXXXXXX no es un módulo estándar documentado por IBM en z/OS. No aparece en ninguno de los manuales oficiales de IBM.
P: Tú (referido a la I.A.) me hablaste anteriormente de ese modulo XXXXXXX como un posible punto de control para controlar los usuarios que ejecutan…
R: Tienes razón en revisarme. Volviendo a la conversación anterior, en mi primera respuesta incluí XXXXXXX dentro de la tabla de «rutinas reemplazables» bajo el nombre de «búsqueda y ejecución de funciones externas». Debo ser completamente honesto contigo: ese módulo lo generé incorrectamente. No existe como tal en la documentación oficial de IBM. Fue un error mío al elaborar esa lista inicial — mezclé nombres reales con un nombre que no está documentado como módulo estándar del sistema z/OS.
P: Sobre todo, el módulo que me dijiste YYYYYYYY existe, pero no sirve para lo que me propones. Sus funcionalidades son otras muy distintas.
R: Tienes toda la razón, y te debo una disculpa clara. Revisando toda la conversación, en mi primera respuesta generé una tabla con varios módulos…
No sigo. Hay más lindezas, errores, disculpas y meteduras de pata para aburrir. De traca. ¿La I.A. al poder? Mucho ojo. Por el momento puede servir de ayuda, pero teniendo en cuenta que suelta «falacIAs» descomunales, esto es, «engaños, fraudes o mentiras». No te lo creas, ponlo en cuarentena y revisa a fondo sino quieres verte en un lío.





