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domingo, 3 de julio de 2022

VISITASGUIADAS

Esto de hacer turismo se está poniendo muy cochino, con todo el respeto para ese animal del que aprovechamos casi todo, ahora incluso órganos para trasplantes. La masificación generalizada está anunciada en todos los puntos que generalmente se visitan y muy especialmente en los días en que la gran mayoría de la gente puede. Habrá que esperar a la jubilación completa para aprovechar los días entre semana de los meses de invierno, aunque corres el peligro de encontrar muchas atracciones cerradas, precisamente por la falta de público.

Recuerdo mis viajes por Europa en coche en los años ochenta del siglo pasado. No se había inventado esto de internet y de la publicidad machacona por todos lados, amén de que la gente potencialmente viajera era mucho menor. Preparar viajes por Europa en coche, en los que había que entrar con el vehículo por ciudades como París, Munich o Viena por poner unos ejemplos era una auténtica aventura. Había que tirar de mapas, guías, libros, propaganda… todo ello en papel y no siempre fáciles de conseguir: un verdadero y arduo trabajo al que había que dedicar tiempo y ganas, mucho tiempo y muchas ganas.

Ahora todo es (posiblemente) más cómodo. Nos confiamos al navegador del teléfono para llegar y entrar por las ciudades y pueblos que queremos visitar en el coche y luego también vamos atentos a la pantalla para caminar hacia los puntos de interés. Y, además, con todas las posibilidades a través de internet, no nos ocupamos de ver por adelantado los sitios emblemáticos a visitar porque ya hay visitas guiadas que nos permiten despreocuparnos de todo. La única precaución a tomar, días de masiva afluencia, es reservar con antelación esas visitas guiadas ajustando una cita —una cita siempre es previa— con la Oficina de Turismo o las diferentes agencias que las ofrecen. Pero esta despreocupación puede costarnos caro.

Donde entra la economía puede florecer el desánimo y las malas prácticas. Como me apostilla mi buen amigo y maestro Eduardo,  «Bueno, al final todo acaba siendo un medio de vida y no una vocación». En estos últimos meses me han ocurrido dos sucedidos que referiré a continuación como aviso a navegantes. Ello sin entrar en consideraciones de bondad o maldad de los guías que a priori nunca puede saberse.

La primera fue en Toledo. Una visita guiada nocturna anunciada a bombo y platillo en una web magnífica y a un coste de nada más y nada menos que doce euros por cabeza. Cita realizada con antelación para una visita de dos horas, un sábado a las 20:00 horas, te ruegan encarecidamente que te presentes allí quince minutos antes para las gestiones de recepción, administración y cobro. Lo haces y te dicen que esperes en la calle al comienzo. Nos vamos arremolinando los participantes en la acera y entre los coches aparcados —menos mal que hacía buen tiempo— hasta que a las 20:04 sale una persona que… ¡comienza a pasar lista! Inaudito. Y es que faltaban dos grupos… ¡Podía haber preguntado por ellos! Con toda la jeta del mundo va y nos dice que esperemos un momento que les va a llamar por teléfono… ¡Hasta ahí podíamos llegar! La cosa empezaba mal, la visita se alargó media hora más de lo previsto, llegamos tarde al restaurante… Un horror.

La segunda ayer mismo, en Brihuega, ese pueblo de Guadalajara que en estos días de primeros de julio asaltamos masivamente para contemplar la belleza de los campos de lavanda. Se me ocurrió contratar una visita guiada en la Oficina de Turismo —que luego me dijeron que no tenían nada que ver, meros intermediarios— a 6 euros por cabeza de dos horas de duración con comienzo a las 12:00. El guía se presentó a las 11:57 y empezó a cobrar a los asistentes con lo que la visita comenzó realmente a las 12:17. Y luego está el tamaño de los grupos. A lo largo de la visita alguno de los participantes preguntó al guía si no íbamos a ver determinada puerta, entrar en determinada iglesia o acercarnos a un punto especial, con la sistemática respuesta de que no había tiempo en las dos horas previstas. Desde luego que no había tiempo porque…  ¡éramos 59 personas en el grupo! Por muchos esfuerzos que hizo el hombre era imposible manejar un grupo de 59 personas de todos los «colores, formas y tamaños» para caminar por las calles y entrar y salir de los sitios. Con mucha probabilidad, si el grupo hubiera sido de 20 sí se habría podido hacer todo lo que hicimos y más. Pero la «pela es la pela» y en dos horitas, 59 x 6 euros… multiplique Vd.

No quiero entrar en lo bueno o lo malo del propio guía, el recorrido realizado y los puntos de interés, pero alguno sobraba y alguno faltaba. Es una lástima que propuestas que seguramente son de base interesantes nos hagan ponernos en guardia e incluso renunciar a ellas y buscarnos la suerte por nuestra cuenta. Cada vez estoy más convencido de volver a hacerlo, como en los viejos tiempos.