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domingo, 8 de diciembre de 2024

COMPARECENCIA

A lo largo de casi todo el pasado año 2023 y parte del principio de este 2024, he tenido que asistir a consultas en centros hospitalarios con una frecuencia de varias veces por semana. Aparte del infierno que esto supone, las esperas en el mostrador de recepción para obtener el tique con el código de llamada eran un añadido insufrible pero no quedaba otra que soportar estoicamente la cola.

Por suerte, la tecnología va llegando en nuestra ayuda, claro, si queremos adherirnos a ella porque muchas personas eligen el no entrar por esta vía y seguir con sus costumbres de toda la vida.

En el hospital de la Seguridad Social que tengo de referencia, unas máquinas tipo cajero facilitan la labor con solo introducir tu tarjeta sanitaria. Si tienes una cita te imprimen el tique con tu código de llamada y las indicaciones de la sala de espera correspondiente. Un avance, desde luego.

Pero siempre se puede ir un paso más allá y en los últimos meses me he encontrado en dos ocasiones con una  vuelta de tuerca a los procedimientos de recepción. En la imagen se puede ver un sistema automatizado en el Hospital de Montepríncipe, en Bobadilla del Monte, Madrid. Podemos usar la pantalla interactiva pero también podemos prescindir de ella. Arriba se puede observar un código «QR» que podremos leer con nuestro teléfono móvil. Eso sí, habrá que tener instalada la APP de este grupo de hospitales para que con solo leer el mencionado «QR» podamos obtener el tique de llegada con nuestro código de llamada y sala de espera.

Incluso podemos no acceder a este puesto si hubiera cola —el hacer cola está de moda— porque tenemos la opción de activar el localizador GPS de nuestro teléfono para que la aplicación detecte nuestra posición en ese hospital y nos brinde el código: limpio y, sin esperas previas, nos podemos dirigir a nuestra zona de consulta. Una maravilla que podemos hacer desde la misma calle.

En otro hospital, La Clínica de la Concepción en Madrid, disponen también de una aplicación muy parecida. Al llegar al hospital y siempre que sea dentro de la media hora anterior a nuestra cita, al arrancar la aplicación y con el GPS activo, nos ofrecerá obtener el tique directamente. Al ser un hospital enorme, con múltiples salas, pasillos y consultas, nos ofrece también una guía de cómo llegar a nuestra consulta por los entresijos del hospital.

Está claro que podemos optar por no instalar más y más aplicaciones en nuestros teléfonos, con la idea de no «complicarnos» la vida y hacernos cada vez más dependientes de nuestros teléfonos móviles. Al fin y al cabo, se trata de un aparato que podemos perder, olvidarlo en cualquier sitio, se nos puede caer al río o simplemente dejar de funcionar en un momento concreto.

Cada vez es más difícil y se tarda un tiempo en disponer de un teléfono nuevo con todas las posibilidades del anterior. Aunque en teoría Google para Android y Apple para iOS facilitan las cosas sobremanera, no es oro todo lo que reluce y bien haríamos en tener todas nuestras aplicaciones con sus correspondientes claves de acceso bien guardadas por si surge la ocasión.

Estamos todos acostumbrados a llevar un reloj en nuestra muñeca. Los relojes inteligentes modernos se conectan con nuestro móvil y nos permiten llevarle en el bolsillo, sin sacarlo, para multitud de opciones como pagar, leer los mensajes, correos y notificaciones e incluso ya, algunos, recibir y contestar llamadas. También estamos acostumbrados a no separarnos de nuestro teléfono, pero este no va sujeto firmemente a nosotros —como el reloj— con lo cual… Una función buena de los relojes es activar un aviso para cuando se pierde la conexión con nuestro teléfono: con ello nos daremos cuenta de que nos estamos separando de él y obraremos en consecuencia. A mí me ha salvado de olvidarlo en varias ocasiones.

Tengo algún amigo —más de uno— que o bien no tiene teléfono móvil —eso dice— o bien se autolimita a utilizarlo únicamente para llamadas de voz y mensajes SMS, con una alergia total a las redes sociales. Es una actitud y bien está, pero se pierden muchas facilidades que te pueden hacer la vida más cómoda.

Con el teléfono hacemos muchas cosas, ¿demasiadas?, cada vez más, con lo que nuestra dependencia para muchas acciones de la vida diaria es total. Así que no es baladí plantearse el ejercicio de prescindir por él un tiempo y ver cómo nos desenvolvemos. Incluso, si se me apura, tener dos teléfonos, uno de respaldo, y de vez en cuando hacer las operaciones de pasar de uno a otro para estar preparados si en algún momento surge la necesidad.