Buscar este blog

miércoles, 22 de abril de 2009

ACHIPERRES


Es una palabra rara, pero que se oye de vez en cuando. Mi hijo tiene mucha costumbre de pronunciarla para referirse a trastos, cachivaches, cacharros y cosas que andan por ahí sin un fin concreto pero que nadie toma la decisión de quitarlas de en medio, bien sea buscando un sitio adecuado y definitivo para ellas, bien sea depositándolas en la basura, que es uno de los mejores sitios para cosas que no tenemos muy claro para que sirven.
No se molesten en buscarla en el diccionario oficial de la Real Academia, no viene. Un “diccionario” mucho más amplio es la propia internet, donde los buscadores encuentren casi cualquier cosa que les solicitemos. Algunos diccionarios populares la definen con el mismo o parecido concepto al que he aludido: Objeto de poco valor cuya utilidad se desconoce.
No son achiperres en sí, pero me quiero referir a la cantidad de trastos que cada vez más nos vemos obligados a llevar encima. Me explico.
De siempre ha habido grandes diferencias entre hombres y mujeres, hablando en términos generales. Es costumbre en ellas portar bolso, generalmente lleno de cosas “por si acaso” entre las que además de la cartera y las llaves de casa y coche, se incluían productos de cosmética, de costura, de acicalado,….. Los hombres llevaban la cartera y las llaves y aquellos que fumaban el tabaco y las cerillas o mechero. Eso era antes. Ahora ellas fuman y también tienen que llevar tabaco.
Hubo un tiempo en que se pusieron de moda las “mariconeras” que eran generalmente utilizadas por hombres cuando tenían necesidad de incrementar el número de objetos que llevaban encima y no querían, sobre todo en verano, llevar los bolsillos abultados y llenos de cosas. ¿Se imaginan, los que fumaban en pipa, llevar esta en el bolsillo de la chaqueta?
Otra cosa que ambos llevaban era el reloj, pero este es un artilugio pequeño, aunque puede ser un mazacote que viste mucho, y salvo caballeros con modelos de cadena y bolsillo, se lleva de siempre en la muñeca. Casi se ha convertido en un apéndice más del organismo, máxime desde que son acuáticos y a prueba de agua, con lo cual muchas personas, entre ellas yo, no se lo quitan ni para ducharse o dormir.
Durante décadas las cosas han estado así. Pero últimamente se van añadiendo achiperres a llevar encima a diario. Uno de ellos es el teléfono móvil. Casi todo el mundo lleva uno. Colgados del cuello, en el bolso, en la mano, en el cinturón …. vamos todos cargando con el teléfono. Hubo una época en que se fueron reduciendo de tamaño y peso, para facilitar su acarreo, pero últimamente, al incorporarles nuevas funcionalidades, como por ejemplo GPS, mapas, acceso a internet y servicios telemáticos, el tamaño, y lo que es peor el peso, vuelve a aumentar de nuevo.
Bueno, esto no es muy problemático. En el bolso o en la cintura un móvil no molesta mucho. Pero seguimos haciendo acopio de trastos y viéndonos obligados a llevarlos encima de un sitio para otro. Y aquí llegamos al punto al que quiero referirme. El desplazamiento al trabajo, sobre todo en las grandes ciudades, en muchas ocasiones se realiza en transporte público. Me estoy fijando últimamente y cada vez es más frecuente observar personas que llevan a cuestas ordenadores portátiles. ¿Ha llevado Vd. alguno alguna vez a cuestas? Les puedo garantizar que pesan lo suyo, y acaba uno harto de accarrearlos. Últimamente se ha anunciado uno que sobrepasa los cinco kilos, aunque lo normal es que sean alrededor de tres kilos. ¿Cómo llevarlos? Si nos fijamos en esto hay a grandes rasgos varios tipos. No se puede generalizar, pero observo que las mujeres suelen llevarlos en carritos con ruedas, parecidos a las maletas últimamente en boga. No olvidemos que además del maletín con el ordenador siguen llevando su bolso …. pleno de de trastos. En cuanto a los caballeros se observan dos tendencias. La más clásica es la bolsa de bandolera, pero con esto se acaba con el hombro, o ambos hombros, doloridos y cansados. Más en boga y más moderno está el uso de mochilas adaptadas a llevarlos, pero aquí son mayoritarios los jóvenes, aunque ya cada vez más los mayores van sucumbiendo a la comodidad y optan por las mochilas.
Tenemos que aplicarnos lo de “ande yo caliente y ríase la gente”. Al final lo que se trata es de soportar estos achiperres que vamos añadiendo a nuestro transporte diario de la forma más cómoda posible. Hubo una época en que se pusieron de moda los maletines de mano, especialmente en los ejecutivos, pero debe ser que estos van en coche a su trabajo y no se ven ya los maletines en los transportes públicos.
Aunque somos muy dados a importar con retraso las ideas de los americanos, no ha calado aquí el ir por la calle perfectamente trajeados o arregladas con zapatillas deportivas que nos permitan ir cómodos aunque nos tengamos que cambiar al llegar al trabajo, sobre todo si este requiere un tipo de vestimenta que no incluya las deportivas.
Yo utilizo la bolsa de bandolera, pero ya estoy harto. Lo bueno es que en contadas ocasiones necesito llevar el portátil a cuestas. Pero cuando llega una de esas semanas como esta, que ando con él a cuestas de lunes a viernes, empiezo a pensar a tomar alguna determinación que me haga más llevadero este martirio.

miércoles, 15 de abril de 2009

NUMEROS


Esperando hace unos días la llegada del tren a la estación de Torrelavega, en Cantabria, me fijé en el reloj de la estación. Un reloj con el aspecto de llevar muchos años marcando el tiempo atrajo mi atención por los números de la corona principal, que como se puede ver en la foto son “romanos”. Curiosamente, la segunda corona son cifras “árabes”, las que usamos normalmente.
Recordé las instrucciones y reglas que aprendimos en el colegio, no recuerdo el curso porque han pasado ya muchos
años, acerca de cómo construir los números romanos y se me antojó que el número cuatro del reloj estaba mal escrito siendo su notación correcta “IV”. Mi teoría se reafirmó en esos momentos al ver la regla correctamente aplicada en el caso el número “9”, anteponiendo “I” a “X”.
Así quedó la cosa pero cuál sería mi sorpresa al entrar al día siguiente en un restaurante y ver en la pared un reloj de propaganda de una conocidísima marca de refrescos, que también estaba construido con números romanos y presentaba la misma notación, “IIII” en lugar de la que yo suponía como correcta “IV”. Desde ese día me persiguen los relojes con numeración romana, o es que yo me fijo más en ellos, llegando ayer a ver uno en una mercería realizado manualmente en punto de cruz y que curiosamente también presentaba la misma notación así como un anuncio en una revista de uno de pulsera con idéntica apariencia.
No ha quedado más remedio que investigar lo que para mí era novedoso y extraño. Un acceso a internet ha revelado un montón de información sobre el asunto, lo que quiere decir que el tema no es nuevo y se ha hablado mucho y escrito sobre ello.
Aunque hay algunas opiniones divergentes, académicamente y siguiendo las reglas, el número árabe “4” se escribe como “IV” en la notación romana. Pero se aventuran algunas teorías, entre las que he sacado las siguientes, para justificar el porqué esta licencia en la construcción de los relojes:
- IV representa al dios romano Júpiter, por lo que se consideraba una especie de irreverencia y se sustituyó por IIII.
- Dado que el número VIII que figura en la parte opuesta de la corona del reloj tiene una amplitud física considerable, por razones de simetría visual se consideró utilizar IIII y que no quedara la imagen descompensada.
- Un relojero suizo entregó un reloj que su soberano le había encargado, pero cometió el error de representar el número 4 como IIII y no usando el IV. El monarca, indignado, hizo ejecutar al desafortunado artesano, y desde ese momento, a modo de protesta y homenaje, todos sus colegas comenzaron a usar el IIII en vez de IV (tomado de Wikipedia).
- Parece ser que al principio los propios romanos adoptaron el sistema de sus antecesores etruscos, conocido como método aditivo, en el lo correcto era “IIII” para “4” y “VIIII” para “9”, si bien luego pasaron al definitivo conocido como método sustractivo.
- El Rey Luis XIV de Francia, al parecer de forma caprichosa, ordenó a sus relojeros que lo hicieran así y esa costumbre ha permanecido.
Probablemente existan algunas teorías más y serán o no ciertas como estas que hemos comentado. Pero lo que es un hecho es que gran parte de los relojes siguen esa norma. Hay uno muy famoso que ha optado por poner los números romanos “como Dios manda”: el Big Ben que preside el parlamento londinense y cuya fotografía está en la parte inferior.
La numeración romana es engorrosa de leer y utilizar, mucho más si lo que queremos es realizar operaciones matemáticas. No contempla el cero y no admite la representación de grandes cantidades, teniendo que utilizar tildes al estilo de la “eñe” cuando queremos escribir grandes cantidades. Y aquí grandes son los números superiores al 3899.
Sin embargo la numeración romana ha llegado hasta nuestros días, no solo por los muchos monumentos que se conservan de esa época sino porque es costumbre utilizarla para la numeración de reyes y papas, en obras de teatro o en los capítulos de los libros… además de en los relojes.
Según escribía esto he recordado un reloj que regalaron hace años cuando me despedí en una empresa tras casi veinte años en ella. Le utilizo poco, solo en ocasiones señaladas, ya que es muy bonito y sencillo. Lo curioso del caso es que la numeración está realizada con números romanos y tiene su correspondiente “IIII”. Y yo sin darme cuenta.




sábado, 4 de abril de 2009

ESPÁRRAGOS

¡Vete a freir espárragos!

Seguro que hemos dicho u oído esta frase muchas veces a largo de nuestra vida. El sentido de la misma es claro y significa generalmente que estamos hartos de una determinada persona y con esta corta y contundente expresión le conminamos a que se aleje de nosotros y nos deje tranquilos. A modo de matización, el diccionario indica que es despedir a alguien con aspereza, enojo y sin miramientos.

Eso es lo que nos hizo hace unos días Félix, gran amigo y compañero de trabajo, solo que no se atuvo estrictamente a lo indicado en el diccionario y se vino con nosotros. Nos invitó a una jornada de campo y camaradería en su pueblo natal, sito en zona sureste de Madrid. Como estamos en la época, reunió a doce personas con la excusa de ir a recoger espárragos al campo.

La excusa resultó muy buena para, además de aprender a detectar las esparragueras y localizar los apéndices comestibles, dar un largo y bonito paseo por una zona cercana a la vega del río Tajo. Se trataba de llegar a un promontorio especial denominado “La Cárcava” desde donde teóricamente se podía contemplar una hermosa vista. Lamentablemente, el acceso a la misma se encontraba vallado y aunque no era difícil el soslayar la valla, por arriba, por abajo o por en medio, llegamos un poco tarde y acordamos que sería motivo para intentarlo otro día.

Sin ser una zona llana, tampoco es abrupta, con ligeras ondulaciones que hacen el paisaje agradable. Caminos y veredas, tierras en barbecho, eriales, plantaciones de trigo o campos de almendros u olivos fueron apareciendo y desapareciendo de nuestra vista a medida que avanzábamos, en un silencio agradable solamente roto por nuestras conversaciones. Algunas liebres y conejos se sorprendieron a nuestro paso y pusieron tierra de por medio sin esperan a comprobar nuestras intenciones. El día fue muy agradable, soleado, con un poco de fresquito, y contribuyó a hacer la mañana llevadera y placentera.

Y tras el paseo, ya se sabe como acaban generalmente estas cosas, con buena comida, mejor bebida y agradable charla. Antes del paseo nos habíamos divido en grupos que se encargaron de hacer el acopio: unos al supermercado a por las chuletas, chorizos, morcillas, tomates y lechugas, vino y gaseosa y en general todos los ingredientes para poner la parrilla en marcha y dar cuenta de ello. Otro grupo se acercó a la tahona del pueblo a por el pan y unos bollitos para el café, mantecaditos y “pastas-flora”. Un producto típico de la localidad.

La casa de los padres de Félix está en el centro del pueblo. Una casa con más de quinientos años que conserva el sabor tradicional de antaño. De las de muros generosamente anchos que guardan el calor en invierno y mantienen el ambiente fresquito en verano a poco que las persianas detengan la luz del sol. Me recuerda a la casa de mi abuela en un pueblo de Toledo, si bien esta es de dos plantas y aquella era de una. Félix organizó una excursión a través de una trampilla a la guardilla o desván, parte alta de la casa, inmediatamente debajo del tejado y que suele destinarse a guardar objetos inútiles o en desuso. Allí pudimos contemplar las vigas de madera que llevan más de quinientos años cumpliendo su función de sujetar las ripias sobre las que descansan las tejas. Aunque la luz se colaba por innumerables resquicios, no así el agua. Nos comentó Félix que tienen previsto hacer una remodelación completa del tejado en la que tendrán que decidir si las vigas son reemplazadas por el más moderno material de hierro.

La colecta de espárragos no fue grande pero si suficiente para preparar un aperitivito que añadir a la clásica cerveza y las patatas fritas mientras el fuego cogía tono para asar las carnes. Tiene algo de ancestral el preparar, cocinar y comer algo que has recolectado en el campo. Habría una época que este era el modo de subsistencia de las personas, aunque nosotros lo tenemos olvidado: nuestro campo es el mercado y los productos distan mucho de ser tan naturales.

Una vez estuvieron las ascuas a pleno rendimiento, desfilaron por encima de la parrilla las carnes y de ahí a la mesa, donde reposaban poco antes de ir a parar a los estómagos hambrientos de los comensales. Ya al final, cuando llegaron las chuletas, andaba la gente un poco llena y sobraron algunas. Con el café y no sin esfuerzo, pudimos degustar los mantecaditos y las “pasta-flora”, delicadas y exquisitas. Algunos nos añusgamos al forzar nuestra tragaderas a engullir más de lo que debíamos. Sobraron algunas que hubo que repartir entre los asistentes, no porque no estuvieran deliciosas, sino porque ya no podíamos más.

Un ambiente inmejorable de camaradería prolongó la sobremesa, y sin partida de mús, hasta más allá de las seis de la tarde. Se imponía el recoger y volver a casa. Un día inolvidable y para repetir. Félix está sugiriendo que se le da muy bien hacer gachas y mucho me temo que los demás haremos todo lo posible y lo imposible por estar dispuestos a que nos mande de nuevo “a freir gachas”… siempre que se venga con nosotros.


Fotografías cortesía de Luis F.P. y Benja


























martes, 31 de marzo de 2009

DNI


Hablando de españolitos y españolitas, todos sabemos el significado de este acrónimo ya que lo tenemos que utilizar muchas veces a lo largo de nuestra vida. En teoría y en la práctica la mayoría de las veces es el documento que acredita nuestra personalidad de cara a los trámites que tanto con empresas oficiales como particulares nos vemos obligados a hacer o hacemos motu proprio.
El DNI se “inventó” al parecer en un decreto de 1944, pero no se emitió el primero hasta 1951. Llevaba el número 1 y no haría falta decir a quién perteneció. Francisco Franco. Desde esa fecha se generalizó y todo español mayor de una cierta edad, que creo que son 14 años tiene la obligación de obtenerlo, aunque se le puede hacer, cosa muy recomendable, a un niño recién nacido. Ya que vamos a estar fichados, cuanto antes mejor.
A lo largo de los años ha sido un objeto codiciado por enemigos de lo ajeno y personas que se dedicaban a hacer negocios muy limpios. A pesar de estar impreso con papeles especiales emitidos por la Fábrica de Moneda y Timbre y tratado con toda clase de miramientos, era fácil falsificar el modelo antiguo plastificado. Hoy en día se emite ya el modelo electrónico, con su chip, y presentando más dificultades para su duplicación, pero como se sabe ya por experiencia, todo es cuestión de tiempo.
Siempre se ha dicho que tenemos la obligación de llevarlo siempre encima, para mostrarlo cuando nos sea requerido por una Autoridad Competente o en multitud de ocasiones. Por ejemplo, cuando queremos acceder a un Centro Oficial o Privado de un cierto tamaño, de esos que tiene vigilante de seguridad, se nos insta a mostrar el DNI o algún documento equivalente como el pasaporte o el carnet de conducir. Incluso en algunos sitios hacen una fotocopia del mismo, cuestión que no parece muy legal ni mucho menos ética, pero lo hacen.
Hay algunos mitos alrededor del DNI, que al parecer no son ciertos. Uno de ellos es el que dice que cuando a uno que lo obtiene por primera vez le corresponde un número bajo es debido a que anteriormente esa numeración pertenecía a una persona fallecida. Según parece esto no puede ocurrir ya que un número tiene que pertenecer a una única persona por motivos legales. Eso puede chocar con la lógica, dado que en casi sesenta años emitiendo DNI’s y con una población actual rondando los cuarenta millones de españoles, deberían de aparecer carnets con numeraciones cercanas a los 100 millones.
Toda esta pequeña investigación ha venido por dos situaciones que se dan con cierta frecuencia en el devenir diario y que devalúan el valor del DNI. Obtener un número de DNI y el nombre de su titular es una cosa relativamente fácil hoy en día: pruebe a invocar a Mr. Google con su carnet de identidad, yo me he llevado una sorpresa de las veces que aparezco por diferentes motivos. Otra forma es darse una vuelta por una Universidad o Edificio Público y echar un vistazo a los tablones de anuncios, donde están sujetos todo tipo de documentos de nombramientos, enlaces sindicales, estudiantes o personal admitido a una determinada prueba.
Una de las situaciones viene deriva de la tremenda locura que supone hoy en día que hayan desaparecido las oficinas donde hacer los trámites cara a cara y con papeles. Las empresas dicen que esto ha mejorado los trámites pero ellas no lo han hecho por eso, sino por ahorrar costes. Un ejemplo: yo me sé el nombre de una persona, su teléfono y su DNI. Llamo al servicio de atención telefónica de una determinada empresa de telefonía y solicito un cambio en el contrato. Lo único que se limitan a verificar es que si tienes un nombre masculino y una voz masculina, con que facilites el DNI parece que ya estás habilitado para hacer cualquier trámite.
Propongo una pequeña prueba. Dirigirse con un amigo del mismo sexo y parecida edad a efectuar una compra en un supermercado o poner gasolina. Uno de ellos podrá casi con toda seguridad utilizar la tarjeta de crédito del otro siempre y cuando le preste también su carnet de identidad. No hace falta ni siquiera imitar la firma. El empleado verifica generalmente el nombre de la tarjeta con el nombre del carnet de identidad, pasará la tarjeta por el lector y nos la devolverá antes siquiera de que se haya impreso el papel que nos va a poner para firmar. ¿Cómo va a comprobar siquiera un poco por encima la firma si el carnet y la tarjeta de crédito ya están en nuestra cartera?.
No pasan más cosas porque no nos ponemos a ello. Por si acaso, es muy conveniente tener a buen recaudo nuestro DNI y nuestras tarjetas. Y eso que generalmente los llevamos juntos en la misma cartera.
Ya lo he comentado anteriormente en este blog: llevo más de un año y medio sin firmar con mi nombre en los papeles que me presentan con motivo de la utilización de la tarjeta de crédito. No pasa nada. ¿Para qué sirve entonces la firma?

jueves, 19 de marzo de 2009

CARTEROS


Durante toda su vida laboral mi padre fue cartero. Cartero “urbano” le gustaba decir a él. Y además Cartero Mayor, una especie de encargado, creo que sin cobrar más, de organizar el reparto y al resto de sus compañeros. Nunca me había parado a pensar si habría otra clase de carteros, que no fueran urbanos. Se me ocurre que otro tipo pudiera ser “rural” pero no le veo mucho fondo al asunto.
En los veranos, cuando el colegio me dejaba multitud de días libres, le acompañaba en sus repartos y le ayudaba a llevar su pesada cartera llena de cartas y periódicos, principalmente ABC, que pesaban lo suyo.
Existían bastantes diferencias con el reparto tal y como se realiza hoy en día. Los portales de las casas estaban abiertos y no había buzones. Mi padre llevaba consigo, permanentemente colgado al cuello, un silbato metálico con hueso de aceituna, que hacía sonar con un soniquete especial.
Cada cartero había desarrollado el suyo a base de usarlo multitud de veces cada día y durante años. Tras el toque inicial, canturreaba a pleno pulmón los nombres de los vecinos que tenían correspondencia. Otra diferencia es que normalmente siempre había alguien en las casas, principalmente las mujeres, que acudían solícitas a recibir las cartas, postales, paquetes o, las menos de las veces, giros postales. Si alguna vecina no estaba, o bien había dejado encargada a otra que le recogiera sus cartas o ya tradicionalmente se encargaban unas y otras de ayudarse. Había confianza y nadie se molestaba, todo lo contrario, porque temporalmente el cartero entregara la correspondencia a otro. Y había “inviolabilidad de correspondencia” igual que la hay ahora. ¿De verdad que la hay?
En alguna ocasión mi padre llegó a llevar casi medio millón de las antiguas pesetas encima para ir pagando los giros postales. Un día perdió esa cantidad, con lo que tuvo que reponerla de su peculio particular. Sus compañeros organizaron una campaña a nivel nacional y con aportaciones de muchos puntos de España recuperó la cantidad, con un superávit que fue donado al Asilo de Ancianos de la localidad. Yo no sé si hoy día, con el desarrollo de las transacciones electrónicas bancarias, sigue existiendo el giro postal. Probablemente sí, pero muy reducido y para cosas más bien oficiales.
En la actualidad, las cosas han cambiado. Los portales de las viviendas están cerrados a cal y canto. El cartero tiene que ir llamando a los porteros automáticos hasta conseguir que algún vecino que esté en casa, que son los menos, le abra para poder acceder a la ristra de buzones e ir depositando las cartas y avisos en el buzón de cada uno. De todo hay en la viña del señor, hay carteros y carteros. Como ya he comentado con profusión en entradas anteriores en este blog, vivo en una urbanización con varios portales, escaleras y pisos, positivos y negativos que dificultan y añaden complejidad al reparto. Normalmente tenemos una cartera que se conoce los entresijos de la urbanización y coloca en su justo sitio envíos que dejan mucho que desear en cuanto a la exactitud de los datos, pero es porque esta cartera arroja profesionalidad y ganas de hacerlo bien, cuestiones que no tienen y no sé si se le pueden exigir a otros compañeros suyos cuando ella está de vacaciones o es suplida por la razón que sea. En este caso llega el caos, cartas devueltas por direcciones erróneas, cartas encima de los buzones que los vecinos nos encargamos de hacer llegar a otro portal, etc. etc..
Quería acabar esta entrada comentando algunas cosillas que ocurren y que quiero pensar que son producto de la prisa y no de una mala práctica. Una de ellas es el que aún estando en tu casa toda la mañana, al recoger la correspondencia del buzón te encuentres un aviso de certificado o paquete. El cartero debería de haber llamado a tu telefonillo para entregarte el envío en cuestión y recoger tu firma. De lo contrario, te obliga a ir a la Oficina de Correos, personalmente o autorizando a otra persona, con el aviso en cuestión, pero a partir del día siguiente, lo que supone un trastorno y una dilación en recibir algo que quizá estabas esperando con ahínco. No hay vuelta de hoja, hasta el día siguiente no está disponible en la oficina.
Y otra cosa a comentar es producto de una forma de trabajo o de una dejadez, que a mí me pone de los nervios. Y es que en muchas ocasiones no acaban de meter completamente la carta en el buzón, dejando los sobres asomando lo suficiente como para que un vecino o visitante del portal, curioso o malintencionado, se haga con una o varias cartas que no son suyas sin ninguna dificultad. Algunas de esas cartas pueden contener datos sensibles, como por ejemplo voy a mencionar dos: la factura de Timofónica o la comunicación de movimientos bancarios del banco AVBB. Si bien de las facturas han retirado los datos de las cuentas, en la de Timofónica figura con letra y todo el DNI del titular de la línea. En la comunicación del banco figura completa la cuenta. Hoy en día no quiero dar pistas de lo fácil que es, a través de internet, disponiendo de todos los datos de domicilio, número de teléfono, documento nacional de identidad, con letra y todo, y cuenta bancaria hacerse con algo y luego que quién proceda deshaga el entuerto.
No nos damos cuenta de los peligros y los riesgos que vamos asumiendo hasta que los sufrimos nosotros mismos en nuestras propias carnes. Una carta asomando por un buzón es uno de esos peligros.

Teodoro, Agustín, Tomás, Víctor, Mariano y Anastasio

jueves, 12 de marzo de 2009

TREINTA

Anteayer disfruté a la hora de la comida de uno de esos momentos felices que no se producen con toda la frecuencia que debieran. Quizá por eso son más felices, al ser más intensos por estar más distanciados. Fue una comida con antiguos compañeros de trabajo a los que, a pesar de ser compañeros de trabajo durante años, me une una gran amistad. Establecimos hace tiempo una periodicidad bimensual, excepto en el verano, y vaya que vaya lo vamos casi cumpliendo.

Uno de ellos, Manolo, nos comentó a los demás que se había fijado la intención anual de “treinta”, o lo que es lo mismo, “diez+diez+diez”. Aquello de “oír, ver y callar” pero actualizado en positivo a “oír, ver y leer”: oír diez discos de música clásica, ver diez películas y leer diez libros.

Pero no cualesquiera, sino “clásicos”. Habría cada uno que auto definirse lo que entiende por clásicos para confeccionar su lista y ahí surgió la duda, en el caso de la música, si The Beatles o Simon&Garfunkel son igual, más o menos clásicos que Grieg o Mahler.

El fondo de la cuestión no es ese. Esas treinta obras deberían ser escogidas a principios de año y devoradas a lo largo del mismo. Más o menos, quitando las vacaciones estivales supondría ver, oír y leer una obra al mes. Manolo ha confeccionado su lista para el presente año y anda tras la consecución de los objetivos. Como a pesar de que estamos entrados en años nos hemos subido al carro tecnológico, del que intentamos no caernos a pesar de su velocidad de vértigo, ha quedado en enviarnos a los demás un correo electrónico, un e-mail de esos, para informarnos de sus “treinta principales” para este año.

Dado que mencionó algunos de memoria, me quedé con un libro de Gabriel García Márquez titulado “Del Amor y otros Demonios”. He hecho la intención, siempre que me sea posible, de girar una visita diaria a la biblioteca pública, con la intención de dar un vistazo al periódico pero con el trasfondo de que el paseo de ida y vuelta hasta la misma, unos cuarenta minutos, veinte de ida y veinte de vuelta, me sirvan de ejercicio diario. En la visita de ayer miércoles, el citado tomo, aunque es ligerito, se avino a acompañarme de regreso a casa para hacerme compañía unos días, máximo quince si no se prorroga el préstamo, y deleitarme con su lectura.

Me va acompañar pocos días, realmente solo uno, porque ayer mismo por la noche, no menciono a qué hora, finalicé su lectura, con lo que en la prevista visita de hoy a la biblioteca lo devolveré. Supongo que la bibliotecaria al ver que solo lo he tenido un día pensará que no lo he leído.

Un librito fácil de leer, con una historia curiosa pero que me ha planteado serios problemas de entendimiento, de entendimiento del lenguaje me refiero. No sé si es castellano, español…. o colombiano, a tenor de la nacionalidad de su contrastado autor. Algunas, bastantes o pocas, según cada cual, de las palabras que van apareciendo a lo largo de su lectura no sé lo que significan. Lo puedo atisbar aunque en alguna ocasión yo mismo me doy cuenta que intuyo el significado pero no sabría explicarlo si alguien me lo requiriera. Así que ante semejante diatriba, que ya se me ha planteado con algunos otros libros, como por ejemplo “El Hereje” de Miguel Delibes, solo tengo dos posicionamientos: o bien dejo que mi intuición me presente un significado adecuado al contexto donde aparece un determinada palabra o bien me armo de diccionario y voy buscando.

En mi experiencia, leer un libro con un diccionario al lado es muy pesado, así que lo que hago es armarme de lápiz e ir apuntando en las tapas posteriores del libro, que suelen estar en blanco si otro no ha hecho lo que yo con anterioridad, el número de página donde se encuentra cada palabra y la propia palabra que posteriormente intentaré localizar en el diccionario. Y digo bien, localizar, porque no siempre se encuentran. En el caso que nos ocupa, determinados giros serán propios del castellano o español hablado en Colombia y no necesariamente estarán reflejados en el diccionario oficial de la Real Academia de la Lengua Española, ese que se conoce como DRAE en el argot de internet.

Sería mucho más edificante buscar en el ejemplar de papel pero la tecnología facilita la labor realizando las mismas búsquedas a través de los navegadores de internet. Quiero aprovechar aquí para mencionar una cosa que es obvia, y es que no es necesario saberse el abecedario para consultar el diccionario de forma electrónica. Se “ingresa” la palabra en cuestión, como dirían en otros castellanos o españoles, y el ordenador te devuelve el significado si existe, te hace referencia a un sinónimo más comúnmente empleado o te dice que la palabra buscada no se encuentra. Hago esta salvedad para reclamar la atención de que los padres obliguen a sus hijos en sus primeros escarceos con el diccionario a utilizar el ejemplar en papel, salvo que quieran ver como olvidan, si lo han aprendido, el abecedario.

Aún a riesgo de alargar demasiado esta entrada en el blog, como documentación personal y para satisfacer la curiosidad de algún lector despistado que haya conseguido llegar hasta aquí, consigno a continuación la lista de las setenta y ocho palabras que o bien no conocía o bien me ha apetecido buscar en el diccionario seguidas de su o sus significados en el contexto del libro.
El formato no es muy allá porque no manejo los entresijos del blog como debiera. Las páginas están referidas a la Tercera Edición Barcelona 1994 de Editorial Mondadori

ACETRE
Caldero pequeño en que se lleva el agua bendita para las aspersiones litúrgicas
ACEZAR
Sentir anhelo, deseo vehemente o codicia de algo
ALBAÑALES
Canal o conducto que da salida a las aguas inmundas
ALMOJÁBANA
Torta de queso y harina o Especie de bollo, buñuelo o fruta de sartén, que se hace de masa con manteca, huevo y azúcar.
ARTESA
Cajón cuadrilongo, por lo común de madera, que por sus cuatro lados va angostando hacia el fondo. Sirve para amasar el pan y para otros usos.
ASPERJAR
Hisopear, rociar, esparcir en menudas gotas un líquido
ATANOR
Hornillo del atanor, usado por los alquimistas.
ATESADA
Tirante. “La piel atesada por el salitre”Pág.171”
AVERAGUADO
No encontrada en el diccionario ”Un vestido averuguado y percudido”Pág.80
AZOGADO
Varios significados. Aquí Turbarse y agitarse mucho
BALANDRAN
Prenda tipo túnica muy holgada, utilizada por los ecleciásticos
BALANDRÁN
Vestidura talar ancha y con esclavina que suelen usar los eclesiásticos o reclusos.
BARATERO
Comerciante que suele tratar de engañar.
BASQUIÑA
Saya que usaban las mujeres sobre la ropa para salir a la calle, y que actualmente se utiliza como complemento de algunos trajes regionales
BEQUE
En este libro orinal
BOCARRIBA
No encontrada en el diccionario Licencia del escritor. Dormir boca arriba.
BORBORITABA
Borbotar “La marmita borboritaba a fuego lento …”Pág 177
BREÑA
Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza
CALCAÑAR
Parte posterior de la planta del Pie
CARÁNGANO
Piojo
CARCAVERA
Ramera que ejercía la prostitución en las cárcavas.
CATRE
Cama ligera para una sola persona
CAZABE
Algún tipo de bebida
COCOTÓLOGA
No encontrada en el diccionario ·”Ella, cocotóloga insigne, le mandaba mensajes en palomitas de papel”Pág.50
COMEJÉN
Especies de termitas en America del Sur
CORDOBÁN
Piel curtida de cabra
CORDOBANA
En cueros. Andar a la cordobana.
COSITEO
No encontrada en el diccionario . “Cositeo del comején en el artesonado”Pág.170
CUMBIAMBA
Danza popular de Colombia y Panamá, una de cuyas figuras se caracteriza por llevar los danzantes una vela encendida en la mano
DESTAZAR
Hacer piezas o pedazos
ÉGLOGA
Composición poética de género bucólico, generalmente sobre pastores.
ENDIJA
“hendija” Hendidura, generalmente pequeña.
ENDRIAGO
Monstruo fabuloso, con facciones humanas y miembros de varias fieras
ENSOPADA
Empapada
ERGÁSTULAS
Lugar en que vivían hacinados los trabajadores esclavos o en que se encerraba a los esclavos sujetos a condena.
ESTAMEÑA
Tejido de lana, sencillo y ordinario, que tiene la urdimbre y la trama de estambre.
FIEMO
Estiércol
FLORESTA
Terreno frondoso y ameno poblado de árboles
FRAGOROSO
Estrepitoso, estruendoso
FRICAR
Frotar, refregar
GALPÓN
Departamento destinado a los esclavos en las haciendas de Ámerica
HEDENTINA
Olor malo y penetrante, hediondo.
HICOS
Cada una de las cuerdas que sostienen la hamaca.
HISOPO
Utensilio usado en las iglesias para esparcir agua bendita. En Colombia, escobilla usada para pintar o encalar las paredes.
HORCÓN
Horca grande de los labradores. En Colombia, Madero vertical que en las casas rústicas sirve, a modo de columna, para sostener las vigas o los aleros del tejado.
JÍCARA
Vasija pequeña de loza o de madera.
LAMPAZO
Pipo de tela de lana.
LÁUDANO
Extracto de opio, Preparación compuesta de vino blanco, opio, azafrán y otras sustancias.
LAVAZAS
Agua sucia o mezclada con las impurezas de lo que se lavó con ella
LAYA
Calidad especie o clase. “Negros de toda laya”Pág.133
LUIDOS
No encontrada en el diccionario ”Luidos por el jabón”Pág.73
MACILENTO
Flaco y descolorido
MALATOS
No encontrada en el diccionario. “Malbaratarlo fricando malatos” Pág. 158.
MALBARATAR
Vender la hacienda a bajo precio
MANAJÚ
No encontrada en el diccionario “Emplasto de manajú”Pág.46
MANGLARES
Terreno que en la zona tropical cubren de agua las grandes mareas, lleno de esteros que lo cortan formando muchas islas bajas, donde crecen los árboles que viven en el agua salada
MARITORNES
Moza de servicio, ordinaria, fea y hombruna
MONTARAZ
Genio y propiedades agrestes, groseras y feroces. De andar por los montes.
MÚCURAS
Ánfora de barro que se usa para conservar el agua o monedas..
NIGROMANTE
Magia negra que pretende adivinar el futuro preguntando a los muertos.
PASAMANOS
Género de galón o trencilla, cordones, borlas, flecos y demás adornos de oro, plata, seda, algodón o lana, que se hace y sirve para guarnecer y adornar los vestidos y otras cosas.
PERCUDIDO
Penetrado por la suciedad.
REMIENDAVIRGOS
No encontrada en el diccionario
RÍSPIDAS
Ásperas, violentas, intratables.
SALTABANCO
Vendedor o artista ambulante
SILENTE
Silencioso, tranquilo, sosegado.
TALABARTERO
Guarnicionero que hace talabartes y otros correajes. Talabarte, Pretina o cinturón, ordinariamente de cuero, que lleva pendientes los tiros de que cuelga la espada o el sable
TANTALEANDO
No encontrada en el diccionario “Tantaleando en el tremedal de la memoria”Pág.180
TARABILLA
Soltar a alguien la tarabilla Hablarle mucho y muy deprisa
TIORBA
Instrumento musical semejante al laúd, pero algo mayor, con dos mangos y con ocho cuerdas más para los bajos.
TOTUMOS
No encontrada en el diccionario “Los totumos de un pozo”Pág.181
TRÁPALOS
No encontrada en el diccionario
TREMEDAL
Terreno pantanoso, abundante en turba, cubierto de césped, y que por su escasa consistencia retiembla cuando se anda sobre él.
TUNDIRLE
Cortar o igualar con tijera los pelos, o Castigar con golpes y azotes.
VENTURO
Que ha de venir o suceder
VULNERARIA
Dicho de un remedio o de una medicina: Que cura las llagas y heridas
YERMO
Terreno inhabitado o incultivado.
ZURULLOS
Pedazo rollizo de materia blanda o porción compacta de excremento humano

domingo, 8 de marzo de 2009

PRECIOS-2


No sé si le ocurrirá a todo el mundo igual, o solo a algunos pocos, pero a mí algunas veces me ocurre, y es la tendencia a pensar que los objetos de consumo comprados en grandes almacenes o grandes superficies tienen un coste inferior al que presenta el mismo artículo en la tienda del barrio, la de toda la vida. También podemos caer en el error de pensar que un artículo comprado a través de internet, por el ahorro de costes y todo eso, es más barato. Ambos conceptos suelen resultar erróneos con demasiada frecuencia.
Por suerte, internet pone al alcance de quién se moleste un poco en hurgar en sus entresijos, un mundo de posibilidades a la hora de disponer información desde el sillón de su casa. Esa información es relativa no solo a los precios, sino a las características y prestaciones de los productos, comparativas, comercios donde disponen de ellos, con sus teléfonos y direcciones, y un sinfín de datos que podemos manejar a la hora de decidir nuestra compra. Bien es verdad que tanto dato puede llegar a marear y en lugar de facilitarnos la labor de tomar una decisión, la complica. Pero la información está ahí y podemos usarla y manejarla a nuestro antojo.
No hay nada como un par de ejemplos para ilustrar esto. Hace unos días necesitaba un disco duro para sacar copia de la cantidad ingente de datos que voy albergando en mi ordenador. Antes de tomar una decisión, decidí hacer una investigación para obtener información acerca de tamaños, modelos, prestaciones, opiniones de los usuarios, averías, servicio técnico, etc. etc. Tras investigar, me decidí por un disco duro marca Western Digital, de 1 Terabyte. Los precios rondaban los 130 euros en la mayoría de los comercios. Pregunté en la tienda del barrio y se disparaba, además de no tenerlo disponible y tenerlo que encargar. Como no me importa hacer propaganda gratuita, vi que en la FNAC tenían una oferta en la que el disco costaba 119 euros. Con estas, me dirigí allí para proceder a su adquisición. Mi sorpresa fue grande cuando el precio que rezaba en las estanterías era de 129 euros, igual que en todos los demás sitios. Pregunté a uno de los empleados y me dijo que el precio que se anuncia por internet es para las compras realizadas directamente por ese medio, que en la tienda esos precios no valían y que el de ese disco eran 129 euros.
Parece que no me quedaba más remedio que “invertir” los 129 euros a tenor de los precios en otras tiendas. Lo más cómodo hubiera sido adquirirlo allí mismo, pero uno tiene su corazoncito y en el fondo me rebelaba contra haberme dejado engañar por el precio en la web. Total que decidí castigar un poquito a la FNAC, cruzar la calle y comprar el disco en El Corte Inglés. Me costó lo mismo pero me fui con el sabor de ese pequeño castigo por la publicidad en internet de la FNAC sin especificar claramente las cosas.
Pero insisto en lo del encabezamiento: ojo con los precios en las grandes superficies. Como me han acabado recientemente de pintar la casa, necesitaba una docena de unos protectores de metacrilato, feos como demonios pero prácticos si hay niños o mayores con poco cuidado, que se colocan alrededor de los pulsadores de las llaves de la luz para evitar manchar las paredes con los dedos sucios cuando no se atina a la primera. Me dirigí al conocido Leroy Merlin, donde tuve la suerte de que estaban agotados. Luego verán porqué digo suerte. Pude ver el precio de cada uno de ellos establecido en 5,40 euros. ¡Ni que fueran de oro transparente! Cuando volvía a casa, con las manos vacías, pasé a preguntar por la tienda del barrio, esa que tienen un poco de todo y me lleve una sorpresa de campeonato: el mismo objeto estaba al precio de 2,50 euros, menos de la mitad. De un plumazo me había ahorrado cerca de treinta euros en la compra que iba a hacer.
Así pues, ojo a esas creencias que tenemos por ahí dentro que nos llevan a tomar decisiones equivocadas, partiendo de bases que no son correctas y que hemos alojado en nuestro cerebro, sin tener mucho cuidado a la hora de darlas por buenas. Eso por un lado y por otro, pensemos que el tendero del barrio probablemente nos pueda aconsejar más y mejor que el dependiente del gran almacén, donde, salvo honrosas excepciones, cambian de ellos como de camisa y probablemente el que esté atendiendo de cosas de la luz sepa de pintura y el de pintura de jardinería. Los tiempos modernos traen estas cosas, pero seguro que el fontanero que despacha y aconseja en la tienda del barrio, y que lleva un porrón de años detrás de su propio negocio, entiende muy mucho de lo que se trae entre manos. En otra ocasión les contaré un hecho que me ocurrió, no con el fontanero, sino con su mujer que estaba atendiendo porque el había tenido que salir.

domingo, 1 de marzo de 2009

LORTAD-2


Las modas van y vienen, sufren sus ciclos. Hace años se utilizaba el envío masivo de correspondencia con propaganda de forma directa al domicilio particular de las personas para convencerles de las bondades de unas ofertas acerca de artículos de consumo que probablemente no necesitaban o ni siquiera eran de su interés. Como ya he comentado en otra entrada anterior, existían empresas que se dedicaban a la caza de direcciones y datos particulares para ofrecérselos en forma de etiquetas autoadhesivas para las campañas de propaganda.

Aquello cesó casi por completo pues otros medios vinieron a sustituir una forma de publicidad que tenía poco eco, algún coste y problemas de dirigir a las personas diana adecuadas. Pero hay ciclos y la moda parece que vuelve, eso sí, con menor virulencia.

Recibo en el buzón de mi casa una carta extraña, de esas de sobre de ventanilla bajo la cual se puede leer mi dirección perfectamente escrita, por ordenador claro. Hoy todo se hace por y solo por ordenador. Un rápido vistazo al remite, donde figura “Grupo T.H. 2000 S.L. en un apartado postal me hace ver que es una carta “no deseada” ni “esperada”. Habría que ver si existe siquiera esa persona jurídica, pero no es ese el caso. Por la dirección que figura conozco de donde ha sido cedida mi dirección a esta empresa, aunque en letra muy pequeña, casi ilegible, se esfuerzan por comunicarme que “procede de fuentes accesibles al público” y me indica el nombre de otra empresa, con su dirección y teléfono donde puedo ejercer mi derecho a que sea retirada mi dirección.

Sin mucha confianza en la existencia de la empresa, adoptando mecanismos de ocultación de mi número de teléfono marcando “067” por delante, llamo y ejerzo mi derecho de que no se utilice más mi dirección. La señorita que me responde me asegura que me da de baja en ese mismo momento pero que es posible que haya otras campañas en marcha e incluso que otras empresas hayan tomado mi dirección. Pues si que estamos bien, solo me queda el recurso del pataleo.

La carta no tiene desperdicio. La empresa que figura en el logotipo de la carta no es la misma que rezaba en el remite: otro nombre raro con un aditamento que dice “Menaje & Diseño” . Empieza dirigiéndose a mí como “Estimado Cliente Amigo”. Que yo recuerde nunca he sido cliente de una empresa desconocida que me manda cartas bajo un remite desconocido y mucho menos voy a poder ser amigo suyo.

Continua con un “Usted ya conoce la calidad y prestigio de nuestra empresa”. Supongo que para la generalidad de la gente esto puede suponer un halago indirecto pero a mí se me pone una cara de haba que para qué: No les conozco de nada, ni por estos mecanismos que emplean me parece que vayan a poder tener calidad y prestigio. El siguiente párrafo no tiene desperdicio: “Hace unos meses que con el motivo de nuestro 48 aniversario estuvimos en Madrid, entregando unos premios a nuestros mejores clientes, entre los premiados se encontraba Vd. que por la razón que sea no acudió a recoger su premio”. Impresionante, una empresa de solvencia y prestigio conocido, con una antigüedad de cerca de cincuenta años que me regaló hace meses algo que yo no acudí a recoger. Empresa buena, prestigiosa y conocida, yo malo.

Me instan a pasar de nuevo a recoger mi regalo, un estupendo cepillo de vapor que, como no podía ser de otra manera, “es anunciado en TV” o un robot de cocina con cinco funciones “también anunciado en TV” y que hace de todo, incluida la función de “esprimir”, cito textualmente esta falta de ortografía que no es la única.

Ojo, este regalo que me ha correspondido por ser un cliente y amigo me lo entregaran al finalizar el acto al que me convocan donde tengo que acudir como requisito indispensable “en compañía de mi pareja y con mi documento nacional de identidad”. Supongo que “pareja” será un concepto global para designar que vaya con otra persona, sea mujer, novia o novio, amiga, etc. De paso me ofrecen hacer extensivo el regalo que me van a dar a mí si me hago acompañar por un “MATRIMONIO AMIGO de mi misma edad”. Aquí lo de pareja ya no vale, tiene que ser matrimonio y de mi misma edad.

Lo demás es lo de siempre, un hotel, unos horarios de pase de sesiones y a presionar a los asistentes para que compren algo que seguramente no les interesaba antes de entrar a la reunión, que cuesta una “pasta gansa” y que ellos ya se encargan de tramitar el préstamo en el banco o entidad financiera para que se haga todo en el momento, con la anuencia y firma de la “pareja” para que no haya después discusiones y también para que el asistente no argumente su negativa diciendo “lo tengo que consultar con mi pareja o “parejo”.

Me ponen triste estas cosas. Seguramente muchos incautos acompañados de sus parejas de hecho o de derecho acudirán a este tipo de eventos sin saber a lo que van, solo por un regalo que antiguamente si que es verdad que daban y era bueno pero que ahora en la mayoría de las ocasiones o es una castaña pilonga o para conseguirlo tienes que hacer muchas más cosas que asistir y tragarte la charla.

Recomiendo muy encarecidamente a todo el mundo asistir a tres o cuatro de estos eventos, pero con la mente y la determinación bien clara de que, oigamos lo que oigamos, no vamos a tomar ninguna decisión en el acto. Aunque nos regalen duros a pesetas. El truco está en la inmediatez, el acoso y la presión para tomar una decisión grave, sobre todo costosa, en un ambiente que no es el nuestro, bajo una presión de grupos de personas a las que no conocemos y que entran al trapo como los toros de lidia, sin pensar.

Yo he asistido a varios de estos eventos, para conocer como son. Como de antemano sabía a lo que iba hasta me he divertido al ver las formas y los trucos que se emplean. Otro día les contaré con pelos y señales uno de ellos y como al final el regalo no fue tal, era como un dardo envenenado que acabó en la papelera enfrente justo de la puerta de salida.

lunes, 23 de febrero de 2009

23-F

No es una fecha redonda, ni cuadrada. Pero ya me parece que todos los años cuando llega esta fecha, los medios de comunicación nos recuerdan los años que hace que ocurrió “aquello”. Incluso este año una serie de televisión ha rememorado en dos capítulos, con gran acierto, los hechos acaecidos hace veintiocho años.

Yo debí ser uno de los pocos españoles que no enteró del 23-F hasta el día siguiente cuando prácticamente todo se había acabado. En estos acontecimientos especiales, la memoria graba lo que estaba haciendo uno con todo lujo de detalles.

Tenía por aquellas fechas un amigo, Paco, soltero, que residía con sus padres pero que tenía, cono inversión, un pisito de soltero. Y le tenía como inversión porque no le recuerdo como aventurero en otros temas, no seamos malpensados. Era, y es, una persona culta, de muy agradable conversación y que entre otras tenía la afición de tocar el órgano. El órgano de iglesia. Por aquellas fechas se había comprado uno, electrónico en cuanto al sonido pero real en cuanto a la apariencia, de un tamaño tremendo, con teclas de pedal y al menos tres pisos de teclas de mano que yo recuerde. Lo había instalado en el salón de ese pisito de soltero y precisamente aquel 23-F nos invitó a mi mujer y a mí a su casa a ver su adquisición, oírlo, merendar y pasar la tarde.

Ambos salíamos de nuestros trabajos a las tres de la tarde, por lo que recuerdo dejarnos caer por allí antes de las cinco. Nos metimos allí los tres y toca que te toca, el órgano, charla que te charla, cervecita tras cervecita, una tentempié que había preparado, nos dieron la una y media de la madrugada.

Nosotros a lo nuestro, totalmente ajenos a lo que se estaba cociendo en las calles de Madrid, en el Congreso, en el palacio de la Zarzuela y en algunas ciudades de España: la intentona de golpe de estado por unos cuantos militares y guardia civiles, que a Dios gracias fue un fracaso. Nos perdimos la noche de los transistores, el mensaje en directo del Rey, nos perdimos todo. Instantes tan especiales e irrepetibles, tan sonados y de tanta importancia nos fueron ajenos de una forma que casi podríamos calificar hoy en la distancia como grotesca.

Al día siguiente, o mejor dentro e unas pocas horas, me tenía que desplazar a Madrid a mi trabajo en tren. Acostumbraba a llegar al tren pronto, en una estación de origen, sentarme en el sitio de siempre y enfrascarme con mi libro o mis lecturas. Si que noté que la afluencia de viajeros en las estaciones era menor, que la gente iba más en silencio que otros días pero, yo a lo mío, mi lectura. Al salir del tren en la estación de Recoletos de Madrid para iniciar mi diario caminar hacia mi trabajo cercano a la Puerta del Sol observé menos gente, menos circulación, pero no recuerdo haber visto nada especial al pasar caminando por delante del Ministerio de Defensa en la plaza de Cibeles.

AL llegar a mi trabajo, ya tuve a quién preguntar: al vigilante de seguridad que custodiaba la entrada de empleados por un anexo. Me informó de todo lo que había ocurrido, yo me quedé de piedra y el más cuando le conté que no sabía nada y como habían transcurrido para mí las horas de la tarde y noche anterior cuando todo el mundo estaba soliviantado, unos asustados, otros temerosos y todos cuando menos preocupados por el desarrollo de los acontecimientos, aunque cuando yo me enteré, hacia las ocho de la mañana del 24-F todo estaba ya casi acabado y había quedado en una intentona.

Mi amigo Paco, según me contó al día siguiente, si que se enteró a las dos de la mañana, cuando llegó a dormir a casa de sus padres y estaban todos ante la radio y la televisión ávidos de noticias. Me confesó que estuvo a punto de llamarme por teléfono pero pensó que era muy tarde y que me habría enterado, no sé, por la radio del coche en el trayecto a casa o de alguna otra forma.

Pero no, el 23-F fue para mí un acontecimiento que falta en mi recuerdo. Todos los años, cuando se habla de él me viene a la memoria como lo víví, o mejor dicho, como no lo viví.

miércoles, 18 de febrero de 2009

LORTAD-1


Hace ya algunos años, un amigo que se dedicaba a asuntos de informática tuvo un grave problema con la Administración. Aunque la cosa no trascendió mucho, se dedicaba a capturar por todas las partes donde podía direcciones y datos personales en orden a formar una base de datos con mucha información que servía a diferentes empresas para sus objetivos de marketing y publicidad. Cuantos más datos capturase en sus ficheros, mejor abanico de posibilidades de filtrado y personalización podía ofrecer a las empresas.
No sé en que quedó todo aquello pero poco después vio la luz la LORTAD, o lo que es lo mismo, una “Ley Orgánica de Regulación del Tratamiento Automatizado de Datos Personales”, donde se fijan una serie de normas muy estrictas, y de “obligado” cumplimiento, a observar escrupulosamente por las empresas a la hora de manejar ficheros informatizados en los que se alojen datos personales.
Corría Diciembre de 1999 e internet no había alcanzando el tremendo desarrollo y la profunda penetración que tiene hoy en día. El tratamiento de grandes volúmenes de información estaba vedado a ordenadores profesionales de los que solo disponían poco más de un centenar de empresas en España. Hoy en día, dada la potencia de los ordenadores personales, unida a la gran capacidad de los discos duros y memorias portátiles, el acumular información de todo tipo, cual síndrome de Diógenes juvenil, es un deporte nacional, aunque se observe rigurosa y escrupulosamente la anteriormente mencionada Ley.
El caso es que las direcciones personales siguen circulando por doquier. Lo único que ahora tienen cuidado las empresas, algunas de ellas, de informarte que debes tú mandar una carta si quieres ejecutar el derecho de que tus datos no sean utilizados, o cedidos a empresas del grupo, con fines comerciales u otros. Eso además de datos que son públicos salvo que te esfuerces mucho en conseguir lo contrario, como por ejemplo el figurar en una guía telefónica.
De todas maneras, por mucho empeño que pongan en confundirnos, algunas veces los datos se sacan “por detrás”. Desde hace tiempo vengo utilizando un apartado de correos para facilitar mi dirección y que toda la correspondencia, y la propaganda que me llega, vaya a él. Sin embargo, ciertas empresas, como las de agua, electricidad, telefonía y demás, exigen y hacen constar en sus ficheros la dirección del domicilio real para el que se solicitan los servicios. Otras, nunca acierto a saber porqué, no aceptan un apartado de correos como dirección postal. ¡Que más postal que un Apartado de Correos¡Como mucho te exigen el efectivo y te dejan dar otro para envíos de correspondencia, pero no todas.
Ya desde hace años, cuando me solicitan mi domicilio introduzco en él alguna variación que no parezca significativa de forma que ninguna de estas empresas tengan EXACTAMENTE mi mismo domicilio particular. Lo mismo hago con el apartado, añadiendo ceros por delante de la numeración o poniendo por detrás algún comentario o sigla que me permita identificar de forma clara la empresa de procedencia de esa dirección. Así, aunque es lo mismo desde el punto de vista del cartero vivir en el piso 2-I que en el 02-IZ, 2-izda, Escalera-1 2 I o Portal-1 2ª-izda cuando solo hay una escalera y un portal, no es lo mismo a la hora de “cazar” a la empresa que ha cedido, por lo general de forma no autorizada, tus datos a otros que se dedican a realizar “labores de información y personalización”, cito textualmente aunque he necesitado una lupa para leerlo, para campañas de publicidad propias o de otros.
Y es que es muy curioso, o por lo menos a mí se me antoja así. Un ejemplo real de los muchos que podemos encontrar a poco que nos fijemos un poco. Un autobús aparcado en una céntrica calle donde hacen revisiones gratuitas de la vista promovido por la Concejalía de Salud. Según entras, lo primero de todo, ordenador portátil, te solicitan todos tus datos personales y alguno más: Nombre, domicilio, localidad, provincia, documento nacional de identidad, teléfonos fijo y móvil y no te piden más porque “cantaría” la cosa. Cuando les dices que para que quieren todos esos datos te argumentan que es que se los pide el ordenador. Debe ser una máquina con vida propia que pide cosas y que si no se las das no puede seguir.
Pues contra el vicio de pedir, la virtud de no dar. No sé cuantas direcciones me habré inventado, de no sé cuantos pueblos y provincias, teléfonos que no existen o que si existen pido perdón a sus propietarios porque son absolutamente inventados. Pero, ojo, el documento nacional de identidad es un problema: la letrita que lo acompaña es un código de seguridad formado al aplicar unas reglas matemáticas al número real. Por ello, si te inventas un dni pero la letra no es correcta, la aplicación informática salta y te dice que el dni no es válido: te han pillado. Por ello, además del propio, hay que aprenderse dos o tres más “de pega” para facilitar a los que preguntan datos sin ton ni son. Uno por ejemplo muy majo es el 123.456 o el 50.246.135 y parecidos, fáciles de memorizar. Podemos jugar a divertirnos y facilitar como dni el 55.555.555 y aguantar la broma que seguro se produce del “tecleador o tecleadora de los datos”. El problema es que nos pida que se lo mostremos.
La pregunta que viene ahora es…… ¿Qué letra corresponde a esos dni’s de pega?
Como de este asunto hay más, como en las series de televisión…… Continuará en el próximo capítulo.

domingo, 15 de febrero de 2009

Z


Si bien nuestro alfabeto se compone de veintiocho letras, no todas tienen el mismo peso y la misma magia en el lenguaje. Bastaría con poner en un diccionario de la Real Academia en papel esos post-it de colorines en la primara página de cada una de las letras para darnos cuenta de que los grosores serían diferentes. Esto en cuanto a la letra por la que comienzan las palabras de las que disponemos para dirigirnos a nuestros semejantes. Ahora que todo está informatizado, y a lo mejor ya existe, sería una buena manera de perder o emplear el tiempo el indagar y hacer una estadística con el número de palabras oficiales, el número de letras de cada una, acentos, posiciones de los acentos, letra más usada, letra menos usada, letra que más veces aparece al final de las palabras ….. Reuniendo los datos podríamos imaginarnos un montón de estadísticas, meras curiosidades, como una forma amena de pasar el rato.
Hace tiempo hice algo parecido con los nombres propios. No fue un juego sino que estuvo enmarcado en un proyecto para “numerizar” el nombre de las personas, con un doble fin: ahorrar espacio en los ficheros informáticos y evitar errores en los nombres. Así, si por ejemplo asignamos la clave 257 al nombre “Juan”, la clave 3 al apellido “Gómez” y la clave 75 a un segundo apellido como “Balmaseda”, la codificación de un supuesto Juan Gómez Balmaseda sería 257-3-75, con lo que con ocho posiciones, en este caso, tendríamos suficiente para almacenar un dato que de otra forma hubiera necesitado 20 posiciones. Los número se podían pasar a otro tipo de base, como por ejemplo la binaria, donde en las posiciones que ocupan dos letras podríamos especificar una numeración del 0 al 65535 con lo que ocuparían todavía menos. Una ventaja adicional es, como digo, que nunca aparecería el nombre equivocado una vez traducido de su clave numérica a la alfabética.
Porque claro, no es lo mismo a nivel de apellido “Balmaseda” que “Valmaseda” al igual que no es lo mismo “Ayuso” que “Alluso”, “Giménez” que “Jiménez” u “Hontoria” que “Ontoria”, por poner algunos ejemplos. Al parecer hay una cierta libertad a la hora de lidiar con los apellidos, sin una ortografía clara y que puede ser manejada con más o menos licencia por sus portadores. Evidentemente, la codificación de la clave 75 para “Balmaseda” no nos serviría” para “Valmaseda”, que es otro apellido distinto, pero con ello lograríamos que a cada “?almaseda” le llegara su nombre bien escrito, siempre y sin errores.
Aquello no llegó a su término porque era un proyecto que iniciamos entre dos personas como una forma de mejorar la cosas, pero sin que nadie nos lo demandase, me refiero a nuestros jefes, responsables, encargados, superiores o como se de en llamar ahora. Para mí siempre ha sido el jefe, palabra clara y económica que indica sin lugar a dudas de quién se trata: “Superior o cabeza de una corporación, partido u oficio”.
Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Yo quería hablar aquí de una de las letras con menos páginas en el diccionario, aunque no la que menos. Además tiene el dudoso honor de ser la última. La “Z”. Y para acotar un poco me voy a ocupar de las pocas palabras, o no tan pocas, que empiezan por “ZE”, apenas una docena. El propio nombre de la letra “zeta” puede escribirse o decirse también como “zeda”.
Algunas de las palabras de las que vamos a hablar y que comienzan por “ze” pueden usarse alternativamente empezando por “z” o por “c”, como por ejemplo zebra, zedilla o zenit que podrían ser cebra, cedilla o cenit. Esto en cuanto a la escritura, ya que la pronunciación es muy parecida salvo que exagerásemos de forma casi artificial el sonido diferente de una “z” o una “c”.
El resto están condenadas a ubicarse en las últimas páginas del diccionario. No son muchas, pero esto según donde se mire como mencionaré al final. Las relaciono con una breve explicación de su significado:
- ZÉJEL Composición estrófica de métrica española …
- ZELANDÉS De una provincia de los Países Bajos
- ZENDAL Individuo indígena mejicano del estado de Chiapas.
- ZENDO Idioma indoeuropeo antiguamente usado en Persia.
- ZENDAVESTA Libros sagrados de los Persas, doctrinas de Zoroastro.
- ZEPELÍN Globo dirigible
- ZEUGMA Figura de construcción literaria.
Según esto, que puede estar equivocado pues los diccionarios, incluso el de la Real Academia, cambian que es una barbaridad, solo once palabras comienzan por “ze”. Pero como he atisbado antes, existen otras posibilidades. Accedí a un diccionario antiguo, el primero que tuve en mis estudios, Diccionario Ilustrado de la Lengua Española ARISTOS, editado en 1964 por la editorial Ramón Sopena, en Barcelona. Y con gran sorpresa, me encuentro en él unas cuantas palabras de las que no habla nada el diccionario oficial, tales como zea, zeismo, zenzalino, zénzalo, zeóscopo y zezeta, con sus correspondientes explicaciones y significados. Alguna de ellas, como “zénzalo” no se puede escribir con “z” sino con “c”, es decir, “cénzalo” y otras no aparecen.
Pero esto es el mundo de nunca acabar. En otro diccionario aparecen nuevas palabras no comentadas hasta ahora. Una de ellas descriptiva de otro simpático animalito, el “zebú” que no se puede escribir con “z” siendo su correcta ortografía “cebú” y otra como “zenobio” cuya correcta ortografía es “cenobio” para referirnos a un monasterio.
Eso sí, comenzando por “ze”, nombres geográficos, de personas e incluso de dioses hay algunos. Nos encomendaremos al dios Zeus para que nos arroje luz sobre las palabras de la lengua española que comienzan por las dos mismas letras que su divino nombre.

sábado, 7 de febrero de 2009

POWERPOINT


Aunque inglesa, es difícil que alguien no conozca el significado de esta palabreja. Por si acaso, aclararé brevemente que es el nombre de un conocido programa informático que se utiliza con profusión para preparar presentaciones de “diapositivas” para mostrar a una audiencia o bien ser enviadas por correo electrónico “urbi et orbe”. Lo de diapositivas es una reminiscencia del pasado, cuando se utilizaban en verdad diapositivas fotográficas.
De forma casi generalizada, en las salas de reuniones o de conferencias, los auditorios, incluso pequeñas salas de cine o en el propio salón familiar, se dispone de un cañón o proyector al que podemos conectar un ordenador, generalmente portátil, y proyectar a un tamaño grande y con bastante calidad no solo presentaciones sino incluso películas. De hecho las presentaciones realizadas con esta herramienta informática pueden llegar a alcanzar una alta calidad, al permitir incorporar en las mismas toda una pléyade de colores, fotografías, tipos de letra, música e incluso fragmentos de películas. Un mundo de posibilidades que se abre al alcance de quién haya querido dedicar su tiempo y su esfuerzo a aprender a manejar este programa que, queramos o no, forma parte de nuestras vidas.
Esta semana he asistido a unas interesantísimas jornadas tituladas “La Inteligencia Emocional en el ámbito de la Salud”. Es de agradecer a la Mutua Madrileña Automovilista a través de su Fundación Médica la organización de estas jornadas y la cesión de sus magníficas instalaciones en su sede central el Paseo de la Castellana de Madrid para acogernos a todos, conferenciantes y asistentes, de una forma casi increíble si tenemos en cuenta los tiempos de crisis en los que vamos navegando como podemos.
Entre ponentes y moderadores, una treintena de profesores de universidades, españolas y del extranjero, directores de revistas, “coachers”, catedráticos de instituto y hombres y mujeres de empresa nos han transmitido sus valiosos y actualizados conocimientos sobre la materia….. sustentados en vistosas y atrayentes presentaciones realizadas con, claro está, powerpoint o alguna otra herramienta similar, que también existen. Aunque no todos, como luego comentaré.
De una manera simplista, podemos dividir una comunicación de este tipo en continente y contenido. Lo más importante, desde mi modesto punto de vista, es el contenido pero qué duda cabe que el continente, con sus colores, sus tipos de letra, sus animaciones, sus fotografías o su música también ayuda. ¿Ayuda o distrae? Algunas veces también distrae. Por experiencia propia, yo también hago presentaciones y utilizo esta herramienta, con independencia del tema que vas a comunicar, siendo harto difícil establecer un diseño sobre el que plasmar nuestras ideas.
En unas jornadas de este tipo se pueden ver como los ponentes eligen y muestran sus preferencias en el continente. Desde un fondo obscuro neutro con letras en blanco, pasando por tonos suaves con juegos de letras normales, hasta animaciones agresivas de letras que aparecen de la nada dando vueltas sobre fondos degradados con fotografías de un bosque o jardín, todo puede ser utilizado para comunicar una idea. Aunque no nos demos cuenta, este tipo de cosas influyen, en forma de atracción o rechazo, en la atención que dispensamos a la conferencia. Siempre además se pueden sacar ideas acerca de lo que nos resulta interesante para nuestras propias colecciones de diapositivas a realizar en el futuro, pues una muestra vista de casi una treintena en dos días da para escoger.
Lo que me viene resultando curioso en este tipo de eventos apoyados en esta tecnología es la actitud del público asistente. Me gustaría saber que pasa por la cabeza de los ponentes cuando captan, seguro que lo hacen a pesar de su más que seguro estado de nervios y activación emocional, determinadas actitudes en las personas que atienden su charla y que son cada vez más frecuentes. Algunas de ellas son charlar con el compañero de forma insistente, mandar o recibir mensajes por el móvil, atender incluso llamadas por el móvil con la consiguiente molestia para los oyentes que están alrededor, entrar y salir de la sala, molestando y distrayendo a toda la fila de butacas o, no se trata de ser exhaustivo, una última actitud que prolifera: tomar fotografías con cámaras digitales de lo que se está proyectando en pantalla. ¿Recuerdan la imagen tópica del japonés con una cámara de vídeo pegada permanentemente a su ojo y que va de vacaciones viendo el mundo a través de la cámara? Pues algo similar es lo que ocurre. Pero hay un agravante: gran parte de las personas que realizan estas conductas no se toman la molestia de quitar el flash a las cámaras, con lo que el ponente y el resto de los oyentes nos vemos fusilados de forma continua y reiterativa por fogonazos de luz que molestan y distraen. Lo que es peor, los autores de semejantes atentados solo quieren llevarse todo, fusilarlo, y en lugar de tomar sus apuntes de forma silenciosa, como hacemos los demás, se dedican a molestar y no atender de forma activa lo que se está diciendo. Llegarán a casa, guardarán las fotos en el disco duro del ordenador, quizá algún día las revisen, pero muy probablemente no se habrán enterado de nada.
Gracias a Dios, tres de los ponentes no han utilizado powerpoint. Lo han hecho a la antigua usanza, supongo que algunas notas en papel con el hilo conductor y a comunicar lo que se quiere comunicar. Y como solo son tres, aquí los cito en justo reconocimiento a su valentía de conferenciar “a pelo”: Jose Antonio Marina, Alfredo Fierro y Margie Igoa. Los de las cámaras se han quedado compuestos y sin objetivo que retratar, con lo que posiblemente no les haya quedado otro remedio que prestar atención a lo que se estaba diciendo y les habrá aprovechado en buena medida el asunto comunicado, que ha sido altamente interesante y atrayente en los tres casos. Aunque siendo malpensado, quizá llevaran en el bolsillo de su chaqueta o camisa un dispositivo de grabación para grabar lo que se está diciendo.
Vivimos en la cultura del “copia” y “pega”. La ley del mínimo esfuerzo: me llevo todo lo que se dice y se proyecta y ya dispongo de una información que no me ha costado nada elaborar pero que ha supuesto arduo esfuerzo al ponente.
¿Se imaginan un teatro o cine en el que el público asistente esté continuamente tomando fotografías con flash de lo que sucede en el escenario o pantalla?
¿Por qué aquí tenemos que soportar esos fogonazos que distraen al ponente y a los que le queremos escuchar?

domingo, 1 de febrero de 2009

CACHIVACHES

Por modas, y casi sin darnos cuenta, nuestras casas se van poblando de numerosos trastos, necesarios e imprescindibles, para nuestro devenir diario. Los hay de muchas clases, pero yo me quiero referir aquí a los numerosos transformadores y cargadores de baterías que día tras día llenan nuestros cajones.

Muchas veces uno se piensa si no podría existir una directiva que pusiera algo de orden en este aspecto, pero parece que la moderna economía se dedica a lo contrario, cuantos más y diferentes mejor.

Hace poco tuve que cambiar de teléfono móvil. Como no soy un fanático de este tipo de tecnología, fui con la idea de comprar uno de la misma marca que el de mi mujer, al objeto de tener por ahí un solo transformador que sirviera para cargar las baterías de los dos teléfonos. Pues bien, han cambiado el “pincho” que se inserta en el teléfono, con lo cual el transformador de uno no sirve para el otro. Por supuesto tampoco sirve para el de mi hijo, que es de otra marca. Tres teléfonos móviles, tres transformadores para recargar sus baterías. Transformadores que irán a la basura en el momento que el teléfono quede inservible por uso o por cambio a otro más moderno, aún funcionando correctamente.

De un tiempo a esta parte parece que todo viene con su transformador para cargar la batería. Desde una simple máquina de cortar el pelo hasta la consola de juegos de los niños pasando por ordenadores portátiles, discos duros externos o cargadores de baterías de las cámaras fotográficas, eso sin ser exhaustivos, todos necesitan ese trasto o cachivache añadido que es el transformador. Cada uno lleva el suyo y no sirven los de unos para los otros.

Entiendo que es muy difícil ponerse de acuerdo para disponer de uno universal, con multitud de conectores si se quiere, que nos sirviera para todos los aparatos y no tener que almacenar la cantidad de ellos que almacenamos.

Puestos a sentir nostalgia, desde hace mucho tiempo recuerdo utilizar a diario la maquinilla de afeitar eléctrica… sin transformador. Todas las que he tenido a lo largo de mi vida, que han sido tres, se enchufan directamente a la corriente con un simple cable y sin ningún trasto añadido. No tienen un tamaño grande y parece que desde tiempos inmemoriales han sido capaces de albergar en su interior los correspondientes mecanismos y equipos para “aceptar” directamente la corriente de 220 voltios, sin transformadores. Por tanto no parece difícil el que el resto de “aparatejos” que nos pululan por las casas hoy en día tuvieran esa misma tecnología para evitarnos tan engorrosos cachivaches como son los transformadores.

Hace algunos años se habló de que estaban desarrollando un cargador de baterías por inducción. Iba a ser tan sencillo como llegar a casa y dejar encima de una especie de plato el aparato cuya batería quisiéramos recargar. Como por arte de magia, sin tener que enchufar nada, con solo dejarlo encima, se produciría la recarga. No he vuelto a oir hablar de ello pero sería muy de agradecer un invento de este tipo, que nos haría la vida más fácil y nos liberaría de trastos y cachivaches en nuestros cajones.

domingo, 18 de enero de 2009

CABREANTE


Me asalta la duda de si esta palabra que he utilizado como título de este suelto en mi blog existe. En el diccionario figura el verbo cabrear así que ….
Como ya he accedido al diccionario, me quedo con la acepción que para este verbo tienen en nuestro país hermano Chile, y que no es otro que “hastiar o aburrir” en lugar del normal que sería “Enfadar, amostazar, poner a alguien malhumorado o receloso”, aunque también esta segunda acepción valdría para lo que voy a comentar.
Leo en la prensa de esta semana un anuncio que me deja estupefacto. La crisis que estamos sufriendo, bueno, las crisis, porque no solo es en lo económico, sino también en los valores, en lo religioso, en la educación y en otras muchas cosas. El anuncio, que en un tris estuve a punto de recortar para adjuntar aquí, pero me contuve al estar en una biblioteca pública, decía algo así como que era un curso o seminario con el título de “Como planificar un E.R.E, Despidos colectivos y Reestructuración de Plantillas”. En internet también se puede encontrar sin mucha dificultad. Se conoce que no lo hacen bien en las empresas y un prestigioso bufete de abogados, de renombre, se brinda a organizar este seminario, por un módico precio que quedará como una minucia al lado del “ahorro” que supone prescindir de unos cuantos trabajadores y de sus emolumentos.
Está claro que llegaremos a todo casi sin proponérnoslo. Como la crisis siga adelante, surgirá algún iluminado que dé cursos de “Como simular una depresión y obtener la baja médica”, “Como simular dolor de espalda permanente e incapacitarte” o incluso si me apuran, y es mejor no dar ideas, “Cómo suicidarse limpia y elegantemente”.
Lo peor de todo es que tengo la impresión de que cursos de esta guisa serían “atendidos” como se dice en inglés mal traducido, por un número elevado de empresas y de personal de recursos humanos, cuanta humanidad y cuanto recurso estropeado y vilipendiado, que seguirán con aplicación los mismos para obtener un buen certificado final que les acredite el derecho a disponer de los beneficios correspondientes.
Recuerdo con nitidez, aunque era muy joven, la crisis de 1973. Un anuncio en la televisión aquella en blanco y negro decía, respecto del precio de los carburantes, que “Vd. quizá pueda pagarlo, pero España no puede”, y eso que la gasolina en aquella época estaba a siete pesetas el litro, pero siete pesetas de las de antes.
Lo que a nivel individual o empresarial nos podemos permitir, a nivel global, de conciencia de país, no podemos permitirlo. Se viene oyendo con fuerza que es un desatino el prejubilar, cuando no echar directamente, a personas que o no han cumplido los cincuenta años o los sobrepasan muy poco. Grandes bancos o empresas se permiten el lujo de pagar de sus beneficios los salarios, reducidos, y la seguridad social, completa, de un buen número de trabajadores, en edad de aprovechar sus conocimientos para rendir y enseñar a otros. Pero este lujo no concuerda con que para el país, y la humanidad, si se me permite, no pueden prescindir de estos trabajadores y mandarlos a deambular, parodiando aquella película o libro, los lunes y el resto de los días al “sol” o al “golf”.
Y se sabe de otras empresas, grandes y con beneficios enormes declarados, que usan de triquiñuelas de nombre “ere” y similares, para enviar a sus trabajadores al paro durante dos años, ahorrándose salarios y seguridad social, ahorro que sirve para engrosar sus beneficios y rebajar los nuestros y los de los sistemas públicos.
Pero esto parece que es pecata-minuta. Algunas voces de personas en el poder se alzan diciendo que esto se va acabar. Esto es como el famoso cartel de los bares o tiendas que decía “Hoy no se fía, mañana sí”. Pues eso, las prejubilaciones y los despidos encubiertos hoy se hacen, mañana ya no se harán. Pero mañana volverá a ser hoy. Y así seguimos.

sábado, 10 de enero de 2009

DESALMADOS




Hace más o menos un año escribía en este mismo blog una entrada bajo el título DESAPARCAR (http://sensacionesinciertas.blogspot.com/2008/02/desaparcar.html ) que trataba sobre el uso del prefijo “des” en la lengua castellana. Recomiendo su lectura desde aquí.

Por casualidad, el título de esta entrada lleva también como característica el prefijo “des”, con lo que su explicación, de forma profana, sería algo así como que no tienen alma. No resisto la tentación de acudir al diccionario y me encuentro un significado parecido tal y como falto de conciencia, cruel, inhumano, privado o falto de espíritu. Parece a todas luces, aunque el diccionario no lo diga, que es un adjetivo aplicable a las personas. Yo me propongo aquí hacerlo extensible a las empresas.

Llevamos un par de párrafos y toda vía no sabemos de qué guisa va este texto. Para aproximarnos un poquito más, diré que el primer título que se me había ocurrido era “CHORIZOS”, palabra que quiero entendamos en su sentido figurado, que no es otro que ratero, ladronzuelo, descuidero, persona de la que no nos podemos fiar y que en un momento dado nos la jugará, en principio con importes o cosas poca monta. Nuevamente parece que esta acepción de chorizo es aplicable a las personas y no a las empresas.

Desde hace un tiempo, y ya son varios años, tengo la sensación de que las principales empresas del país son unas desalmadas, por decirlo de una forma educada en lugar de emplear ese segundo título que no ha llegado a ver la luz. Los motores de la nación, bancos, administraciones, cajas, empresas de electricidad, empresas de telecomunicaciones y afines, que deberían dar ejemplo con sus procedimientos, con sus servicios, con su transparencia y con sus formas de hacer, nos sorprenden día a día con trucos y triquiñuelas en las que el principal fin es engrosar su cuenta de resultados monetarios, importándoles un bledo otras cuestiones que no sean las pecuniarias, y minusvalorando otros aspectos como respeto, atención al cliente, servicio, calidad de sus productos y cuestiones parecidas.

No se puede generalizar. De acuerdo. Y lo que voy a contar a continuación es solo un ejemplo, del que Dios nos libre generalizar.

No me queda más remedio que llevar teléfono móvil. Me resistí durante años pero las nuevas formas de vivir te hacen claudicar. Conozco algún amigo que se sigue resistiendo, pero es una lucha vana en la que el principal y único perjudicado eres tú. Lo que si que hago es tener mucho cuidado con el uso que hago de él, más que nada porque sus tarifas me parecen abusivas además de estar cambiando continuamente y no quedar claras a nadie. Para no mencionar el nombre de la empresa que me presta sus servicios de telefonía móvil utilizaré un nombre figurado, pongamos Timofónica.

Se hartan de mandarme mensajes y más mensajes de propaganda al móvil para que les compre, suscriba o entre en no sé cuantas promociones. Insisten una y otra vez en que tengo el teléfono mal configurado y me instan a aceptar una configuración que han decidido ellos, así por las buenas y sin explicarme nada. Pero de otras cosas mucho más importantes se cuidan muy mucho de informar por mensajes. Hacen constar un parrafito al final de la factura, que me atrevería a decir que no lee nadie o casi nadie de los que revisan su factura.

Como soy curioso y leo todo lo que puedo … lo encontré. Es el parrafito que está reproducido como imagen. En ella se me informa de un cambio de las condiciones de contrato. Como soy malpensado, me imaginé que era en contra mía y a su favor. Así era.

Yo no hago gasto, pero Timofónica ha establecido una tarifa mínima de consumo mensual para sus contratos de 9 euros. Si lo consumes, bien, no pasa nada, pero si no lo consumes, ya sabes, 9 euros mínimo. Hace más de un año, me adherí al contrato que tenía mi mujer, quedando establecido el mínimo, CONJUNTO, en 18 euros. Como al final entre una y otro, pasábamos de esa cantidad, pues nada, miel sobre hojuelas.

Pero Timofónica, sin alma y falta de conciencia, ha puesto sus estadísticas a trabajar. Habrá utilizado sus potentes ordenadores para hacer una análisis de estos casos y habrá visto que en algunos contratos, ciertos teléfonos no llegan por si solos al mínimo de nueve euros. Vaya tesoro que ha encontrado. Cambio de tarifas: aplicación del mínimo de nueve euros de forma individual a cada teléfono. Pues que se habían creído estos clientes listillos, se acabó el disfrutar de unas condiciones que eran lesivas para incrementar los beneficios. A partir del 18 de Febrero todo el mundo a gastar nueve euros por lo menos.

Me pregunto cuántos clientes de Timofónica se verán afectados por este cambio de rumbo y, lo que es peor, cuántos de estos afectados se habrán enterado. Enterarse se van a enterar, cuando les llegue la factura en Abril por el período de 18 de Febrero a 18 de Marzo y les pongan unos cuantos euros no consumidos. Y encima estará corriendo ya la facturación de Marzo a Abril.

Seguro que Timofónica, cruel, inhumana, ha echado cuentas. Y aunque sabe que algunos clientes, como yo, dejarán de serlo, el dinerito limpio que va a sacar de esta operación les compensa con creces el que se vayan unos cuantos, que además son lo que gastan poco, infelices, no disfrutan de las nuevas y y no llegan a nueve euros al mes. La mayoría se quedarán y soportaran esta subida encubierta a la espera de otras nuevas.

Por lo menos, no sé si con elegancia o chulería, me recuerdan que el Real Decreto 424/2005 me concede el derecho a resolver el contrato, ¡ Hasta ahí podíamos llegar !.

PRECIOS


Ya no tienen ningún miramiento. Son unos desalmados. Les importa un bledo. Y lo que es peor, ya ni siquiera los ciudadanos intentamos perder un poco de nuestro tiempo en comprender sus decisiones. Las acatamos y las sufrimos en silencio porque no nos queda otro remedio para seguir viviendo y tirando “pa’lante”.
El pasado verano, La Comunidad de Madrid o quien tenga esa responsabilidad procedió a una subida de los precios de los bonos de transporte, esos que usan las personas más necesitadas, que no tienen otro remedio para acudir a sus quehaceres o trabajos, y que no se pueden costear el combustible para el coche. Hay personas como yo que siempre han sido unos defensores a ultranza del sistema de transporte público, con sus ventajas e inconvenientes. Desde mi época de estudiante he tenido la necesidad de desplazarme fuera de mi localidad a la capital. Ya en época laboral, he tenido la suerte de disponer de vehículo propio y de dinero para costear el combustible, pero siempre he utilizado el servicio público en mis desplazamientos, a pesar del coste horario que suponía y que era más o menos el doble que si realizara los traslados en mi coche. Aún así tengo que reconocer que además de la tranquilidad relativa que supone el que te lleven, he aprovechado para dormir, leer libros, estudiar inglés o incluso echar partidas de mus con los compañeros de viaje. Menciono lo de “tranquilidad relativa” porque me vienen a la cabeza episodios variopintos sufridos en los trenes, generalmente con motivo de heladas o nevadas, cuando no incluso de accidentes, en los que hemos acabado los viajeros andando por las vías unos cuantos kilómetros para poder llegar a nuestros destinos. Es un buen tema para otra entrada en el blog.
Pero volvamos al meollo de nuestra cuestión. Es verdad que en el pasado verano los derivados del petróleo estaban con los precios por las nubes y el coste de los gastos de explotación, como nos dicen, estaban subiendo peligrosamente.
Podíamos hacer un esfuerzo y llegar a entenderlo. Lo de compartirlo es más difícil porque atenta y ataca directamente a nuestro bolsillo en una época en que a pesar de no tener agujeros, lo que en ellos caía de volatilizaba como por arte de magia. Todo está carísimo, claro, es que el petróleo está por las nubes y dependemos de una manera enfermiza de él.
Ahora ha llegado fin de año. Y con él la subida ya típica del abono de transportes. Pero ahora se da un dato curioso: los combustibles están a unos precios muy por debajo de lo que estaban en estas fechas del año pasado y no digamos ya si nos molestamos en efectuar comparaciones, que como ya se ha dicho, son odiosas. El 1 de Enero de 2008 el gasoil normal costaba 1,099 euros, mientras que en Julio de ese mismo año su coste era de 1,322 euros. Al fin del 2008 el coste había descendido hasta los 0,837 euros, casi un 40% menos que en verano.
Son embargo ya nos hemos acostumbrado a la subida de las cosas. Y, lo que es peor, el índice del coste de la vida, ese que publica el INE y que a todos nos parece que está mal, es ignorado por los propios gobernantes en temas de subidas de precios a la vez que es argumentado de forma contraria u opuesta en subidas de salarios. Nos hablan de que contengamos precios y salarios pero ellos mismos los que no se aplican su propia medicina y se saltan a la torera esas contenciones por ellos recomendadas.
Solo nos queda pensar que tendrán sus razones, que obran por nuestro bien y nuestro futuro y que además, como nos queda otro remedio, ajo, agua y resina, que son las referencias populares y educadas de “a joderse”, “aguantarse” y “resignación”.
Bien podrían haber tenido un detalle y dar por buena la subida del verano pasado pero, quía, hay que aprovechar, que las economías de los gobiernos, comunidades y ayuntamientos, tras un época de vacas gordas, de desarrollo económico e impuestos engrosando las arcas, ahora se ven vacías y no se sabe cómo mantener el ritmo que, con muy poca previsión, se habían impuesto.
Dios nos coja confesados con direcciones como las que disfrutamos en Comunidad y Ayuntamiento de Madrid. Se meten y nos meten en obras faraónicas que nadie discute son de utilidad para los ciudadanos, pero ….. ¿a qué precio?

sábado, 3 de enero de 2009

BELENES


La costumbre de montar el belén tiene y ha tenido un arraigo importante que se ha ido transmitiendo de padres a hijos con motivo de la llegada de la Navidad. Aún en las casas más pequeñas, siempre se encontraba un rinconcito donde montar aunque fuera un pequeño misterio que recordara la llegada de la Navidad.
Recuerdo desde muy pequeño el montaje del belén en la casa familiar. En aquellos tiempos en que nuestro padre trabajaba
“de sol a sol”, casi como ahora, se dedicaba la tarde del domingo anterior al día 22 a la preparación del belén. Antes era el día 22, con los cánticos de la lotería, cuando daba comienzo de forma oficial la Navidad, y no como ahora que cuando llega ese día estamos saturados de anuncios y campañas propiciadas por los centros comerciales pero también nuestras calles inundadas de luces por los ayuntamientos. Tras la comida del mediodía, un largo paseo de algo más de dos kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, a recoger el musgo. Previamente un jardinero, amigo de mi padre y cuyo nombre no recuerdo, nos había suministrado una serie de plantas para complementar la decoración. De vuelta y ya llegando a casa, siempre había una obra donde recoger un poco de arena de río para hacer los caminos, aunque a mi padre, de forma previsora, le gustaba visitar a un carpintero amigo suyo, Agustín, que le dotaba con un saquito de serrín. El serrín era más blanquito y más fino y los caminos del belén quedaban más aparentes. Ahora, que se viaja tanto, es costumbre acarrear arena fina de la playa que todavía resulta más efectivo.
Aunque yo sigo con estas costumbres, el paseo andando ha dejado paso al coche y la recogida de musgo es complicada, ya que está prohibida. Nunca he entendido esta prohibición, de marchamo ecológico, para evitar la destrucción del bosque. Tengo que decir que año tras año cojo el poco de musgo que necesito para mi pequeño belén en la misma piedra y todos los años, cuando regreso a ella, está tan poblada como el año anterior. Se trata, a mi manera de ver, de preservar el efecto óptico de un bosque arrasado con todas las piedras descarnadas en esta época que una protección real a la destrucción o de impedir que se comercie con el musgo, algo que no debe de conseguir demasiado según se puede constatar en la tradicional visita anual a la Plaza Mayor de Madrid.
Las figuras del belén suponen todo un ejercicio de ahorro. Las hay de muchas formas, materiales y tamaños. Siempre me han gustado las fabricadas por los talleres murcianos, que tienen una especial sensibilidad y tradición artesanal en estos temas. En un principio escogí figuras de gran tamaño, pero luego constaté mi error: hace falta mucho espacio para recrear una sensación de proporción. Las figuras pequeñas, además de más baratas y más fáciles de manejar y guardar de un año para otro, permiten diseñar un belén con cierta proporcionalidad y profundidad.
A lo largo de los años he visitado muchos belenes en diversas localidades de la geografía nacional. La provincia de Murcia tiene una gran tradición y de entre sus muchos belenes instalados en las ciudades, recuerdo el que realiza una familia del municipio de Casillas, cerca de la capital, donde están prácticamente todo el año, no acaban de desmontar uno cuando ya empiezan a diseñar el siguiente. Llama la atención la movilidad de muchas de sus figuras, algo que ya empieza a ser constante en muchos belenes, pero que antes era relativamente extraño y que allí se daba con profusión. Otro belén que llama poderosamente la atención es uno a tamaño natural que desde hace más o menos una década se construye en San Lorenzo de El Escorial, un municipio cercano a Madrid. La idea de su impulsor era poder andar entre las figuras y así lo lleva a la práctica. Por mencionar un tercer belén que me ha impresionado, citaré el realizado en un bar en el puerto de Comillas, Cantabria, llamado “El Secaderu”, donde la familia realiza un belén de tamaño medio dotado de una profundidad encomiable y con su cielo y todo. Espectacular sin ser de gran tamaño, denota un gran trabajo y esfuerzo en la recreación de los diferentes ambientes.
Las figuras y los decorados no son excusas. Hasta con figuras del popular juguete PlayMobil se puede montar un belén de gran tamaño, como disfrutan estos días en Santander, en Cantabria, en una carpa instalada al principio del paseo de Pereda.