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domingo, 23 de agosto de 2026

CARCASSONNE


Las entradas de este blog se vienen publicando de forma regular y sin interrupción (con contadas excepciones) los domingos desde hace diecinueve años.

Por razones técnicas (son las invocadas cuando no se quiere detallar las reales) esta entrada se actualizará con el contenido completo el próximo martes 25 de agosto de 2026.

 


domingo, 16 de agosto de 2026

noECLIPSE

Pocos no se habrán enterado que el miércoles de esta semana de agosto de 2026 un eclipse total ha recorrido una franja enorme del territorio español. Otra cuestión son las reacciones personales a la noticia. Aunque han venido personas interesadas de muchos países del mundo, algunos han optado por ignorar el asunto: ¿Eclipse? ¿Eclipse total? ¿Qué es eso? Yo me iré al cine a ver una película.

Me viene el recuerdo de un eclipse parcial que tuve la ocasión de contemplar en 2005. Era horario laboral: yo estaba en la oficina en Tres Cantos (Madrid). A la hora del eclipse pedí permiso a mi jefe para salir al aparcamiento del edificio a contemplarlo. Pertrechado con mis gafas y un cristal opaco me aposté en una esquina a esperar el acontecimiento. Cual no sería mi sorpresa cuando apareció el jefe acompañado de un compañero y unos cuantos coincidentes laborales; no se habían enterado, pero se sumaron a la contemplación, con lo que tuvimos que repartirnos las gafas y el cristal. Bueno, aunque parcialmente y a momentos pude disfrutar del espectáculo astronómico.

Aficionado declarado a temas de astronomía, llevo todo el año esperando esta fecha del 12 de agosto de 2026. Han pasado más de cien años desde que se pudo contemplar un eclipse total en España. He estado atento a todas las noticias, tomando notas, salvando localizaciones, accediendo a páginas web, leyendo libros sobre el tema e incluso he realizado un curso especial impartido por la UNED de Segovia titulado «Eclipse total de Sol. Doce de agosto de 2026». Por las fechas, me iba a encontrar en una zona de Cantabria donde era posible la contemplación del eclipse sin problemas. ¿Sin problemas?

Sopesados varios lugares, me decidí por una tierra campa un poco elevada sobre el nivel del mar, lo que significaba una ausencia total de obstáculos.

 

  

La naturaleza es caprichosa y funciona a su libre albedrío. Menos mal. Algunas predicciones de los meteorólogos se acercan bastante, pero nunca podremos estar seguros de que pasará en realidad. El día indicado, 12 de agosto de 2026, estábamos preparados para contemplar el eclipse sentados en nuestras sillas, con un piscolabis preparado, nuestras gafas y cristales apropiados…  ¡Al mal tiempo, buena cara! No podemos decir que el tiempo fuera malo, pero el nublado con el que nos obsequió la Madre Naturaleza en la zona en la que nos encontrábamos dio al traste con nuestros deseos de poder disfrutar del eclipse.

Podríamos decir que «nos quedamos a dos velas… por culpa de las nubes que nos aguaron (sin agua) la fiesta». Lo único que sí pudimos disfrutar fue el momento de oscuridad, cuando durante poco más de un minuto se oscureció todo: ¡Sublime! ¡Mágico! ¡Sobrenatural! Simplemente… ¡Maravilloso!

Anécdotas sobre este suceso las hay para todos los gustos. Desde quién ignoró completamente este fenómeno hasta los que no pudieron acudir al mismo por diversos problemas, laborales, por ejemplo. A la hora del eclipse hay muchas misas que lógicamente el sacerdote debe atender, haya o no haya público. Hubo quién le echó ganas y convocó una conferencia literaria en la Feria del Libro Viejo de Santander ─acudieron 24─ justo a esa misma hora. Atletas españoles estaban compitiendo en el Europeo de 2026 en Birmingham. Por ser un poco macabro, algunos habrán dejado este mundo a esa misma hora, pero otros habrán nacido. Y no sé por qué, me vienen a la mente los conductores de Metro, que no solo no habrán podido disfrutar del eclipse sino tampoco del momento de oscuridad si andaban en ese momento circulando por los túneles. Claro que tampoco un médico operando en un quirófano, y así tantos y tantos… ¡Cuántas cosas habrán sucedido en el minuto justo del eclipse!

Hubo una manera de contemplar el eclipse a pesar de la Madre Naturaleza y sus nubes. Y además perseguirle con lo que su duración teórica aumentó, aunque estuvo reservada a personalidades importantes y científicos. IBERIA fletó el vuelo IB1473 con lo que se consiguió soslayar el problema de la nubosidad y disfrutar del suceso sin problemas.

Ahora queda para siempre la pregunta eterna: ¿Dónde estabas durante el eclipse? Hay momentos cruciales de la Historia ─aparte de asuntos personales─ donde cada uno recuerda donde estaba. En mi caso podría citar la llegada del hombre a La Luna en 1969, la muerte de Franco en 1975, la aparición del PC de IBM en 1981, el 23-F en el Congreso de los Diputados en 1981, la caída del muro de Berlín en 1989, el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York en 2001, el atentado del 11 de marzo en Madrid en 2004, los movimientos sociales del 15-M en España en 2011, pandemia de COVID en marzo de 2020…

En España tendremos la suerte de poder repetir la experiencia en el año próximo año 2027: el 2 de agosto y comenzando a las 09:30 horas, un nuevo eclipse total tendrá lugar. Esta vez no será en el norte de la península sino localizado en el sur, en Andalucía, en una pequeña franja ─muy pequeña─ costera de Cádiz, Málaga y Almería. Ya hay gente reservando hoteles y organizando los desplazamientos para la ocasión.

Y al año siguiente otro, pero este ya anular, es decir, no total: 2 de enero de 2027 comenzando a las 16:35 en la zona de Madrid.


 


 

domingo, 9 de agosto de 2026

CUYO

El tema de utilizar esquelas para comunicar noticias es un asunto viejo para mí. Yo lo utilizaba en mi departamento en los años ochenta del siglo pasado en algunas ocasiones con las consiguientes regañinas de mis jefes: es inapropiado, me decían. Y es que, por lo general, asociamos las esquelas a documentos mortuorios para comunicar fallecimientos o misas de novenario o aniversario por alguien que nos ha dejado.

Pero la palabra esquela tiene otro significado como reza en el diccionario: «Papel en que se dan citas, se hacen invitaciones o se comunican ciertas noticias a varias personas, y que por lo común va impreso o litografiado».

Brujuleando por la red social Twitter ─yo me resisto a llamarla «X» para llevar la contraria al amigo Elon─ me encontré con la imagen (¿esquela?) que figura en el encabezamiento de esta entrada. Intrigado, averigüé que se trata de una iniciativa de hace casi dos años de la Editorial Contraseña. Había más esquelas, dedicadas todas ellas a palabras o frases que estaban, y siguen, desapareciendo de nuestro lenguaje por poco o nulo uso. La iniciativa no es única, pues hay programas que yo conozca en radio o podcasts dedicados a este tema de las palabras olvidadas.

Al igual que España se vacía, el lenguaje se olvida, por poco o nulo uso. Todos recordaremos ese magistral comienzo de nuestro Don Quijote de la Mancha, que reza… "En un lugar de la Mancha, de CUYO nombre no quiero acordarme…».

Dominar la gramática es crucial para dominar un idioma. No solo los vocablos se van perdiendo por falta de uso; también los signos de puntuación, que ya casi ni sabemos cómo se utilizan. Se están rescatando muy lentamente las comillas angulares («») al tiempo que van desapareciendo los dos puntos («:») y especialmente el punto y coma («;»). Es difícil encontrarlos no ya en prensa o artículos escritos sino también en libros recientes. Como yo ando con la mosca tras la oreja en estos asuntos, me fijo en ellos y brillan por su ausencia por lo general.

Mi muy querido y consultado Diccionario Panhispánico de Dudas, accesible en línea desde este enlace nos informa acerca de «cuyo» diciendo que se trata de un «determinante relativo posesivo ―con rasgos de género y número: cuyo(s), cuya(s), que, por ser átono, debe escribirse sin tilde, a diferencia del interrogativo cúyo ( cúyo -ya ). Se construye siempre con un antecedente explícito, que expresa el poseedor, y se antepone al sustantivo que denota lo poseído, con el que concuerda en género y número». A modo de ejemplo, una frase muy correcta sería «Cedo la palabra a Fulano, cuyos conocimientos profundos en la materia nos auguran una excelente conferencia»; en su lugar y en muchas ocasiones podemos escuchar «Cedo la palabra a Fulano, con conocimientos profundos en la materia que nos auguran una excelente conferencia» u otros giros más enrevesados.

Seguidor como soy de los artículos publicados por el ya académico de la RAE Álex Grijelmo, he recordado uno suyo publicado el 2 de abril de 2023 en el diario «El País» y titulado «El declive de "cuyo"»; este enlace apunta a la hemeroteca del mencionado diario, pero no sé si estará accesible de forma pública o será necesario ser suscriptor. En el mencionado artículo, el reciente académico (nombrado en junio de 2026) hace mención a la simplicidad, pero no por ello menor elegancia, armoniosidad y equilibrio de este vocablo. Uno de los ejemplos propuestos por el académico ilustra bien estos usos. Compare estas dos frases que dicen lo mismo: «Lola Flores, de la que se cumplen cien años de su nacimiento…» versus «Lola Flores, de cuyo nacimiento se cumplen cien años…». En mi opinión, como de la noche (la primera frase) al día (la segunda).

Hoy en día en el lenguaje hablado, «cuyo» suena formal y corremos el riesgo de ser tildados de pedantes si lo utilizamos en nuestras conversaciones, pero sigue siendo correcto y aporta un signo de distinción dejando «que» y «que su» en otros sitios que les corresponden. Otra cosa es en el lenguaje escrito, especialmente en artículos académicos o ensayos donde denota una distinción y conocimiento del lenguaje. Comparemos, de nuevo, estas frases: «El alumno, cuyo padre es médico» con «El alumno que tiene un padre médico» o «el alumno, que su padre es médico»; está última construcción comete «quesuismo», vocablo todavía no registrado en el diccionario.

A modo de ejemplo en carnes propias, me he entretenido en contar la utilización de «cuyo» ─y cuyos, cuya, cuyas─ en este blog: en las 975 entradas publicadas hasta la fecha, que contienen 961.650 vocablos, he utilizado cuyxx en 291 ocasiones. Parece que, en mi caso, no lo he olvidado.