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sábado, 5 de noviembre de 2011

BARRERAS

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Parece que hay muchos empeñados en no entender aquella famosa frase de “no se pueden poner puertas al campo” e intentan por todos los medios a su alcance impedir todo lo que se les pasa por la cabeza .La web, internet, es un campo hermoso, maravilloso, a veces peligroso, capaz de todo lo bueno y todo lo malo, que está dejando sin puertas a más de uno que sigue erre que erre en poner trabas y cortapisas. Pero es casi imposible, la naturaleza, el campo, la web, se defiende y encuentra caminos alternativos, quizá como el agua y el aire, que son muy difíciles de sujetar y, con tiempo, acaban rebasando sus barreras.

Esta semana ha saltado la noticia en la web sobre el libro que ilustra entra entrada: “Hay Alternativas”. Una reseña puede consultarse en el blog amigo alqs2d  Escrito por tres autores, catedráticos y economistas, iba a ser publicado el pasado 19 de Octubre pero en el último momento la editorial comunicó a los autores que se posponía su salida al mercado, sin ninguna justificación ni explicación. El momento era importante porque estamos a las puertas de unas elecciones generales, anticipadas recuérdese, y la coletilla del título puede incitar a alguno de esos que ponen candados al campo a mosquearse: “Propuestas para crear empleo y bienestar social en España”. Y conociendo la trayectoria personal y profesional de los autores, con sus ideas subjetivas como las que todos tenemos, podía ser políticamente incorrecto que ciertas ideas fueran difundidas en estos momentos.

Los autores se encontraron delante de una de esas puertas, cerrada a cal y canto, sin posibilidad de reacción, al menos aparentemente. Pero la red vino en su auxilio y tras tomar la decisión, el libro estaba colgado y descargable de forma gratuita, además de empezar a moverse como una explosión esta disponibilidad a través de lo que se conoce como “redes sociales”. “Que rule” titulaba un amigo en su "twitter". Prácticamente en minutos, una persona sentada bajo un baobab en cualquier parte de África o en la cumbre de una montaña, si hay cobertura, podía empezar a leer las ideas contenidas en este libro.

Hay gente, mayor y no tan mayor, que alardea de no tener internet. Pues no saben lo que se pierden, allá ellos. Pero incluso para estos los autores han buscado una solución y tras hablar con otra editorial, han conseguido sacar a la calle una copia impresa que seguramente ya estará disponible para su venta al precio de diez euros por las canales habituales de librerías y tiendas especializadas y no tan especializadas. Pero este canal tradicional, donde el continente y el contenido van indisolublemente unidos, es lento. La red ha dado soporte al contenido que ya ha podido ser leído por muchos, entre ellos el que suscribe, y además en un lector electrónico, que es más moderno.

Y hablando de cosas similares, ayer ha sido puesto a disposición pública un documental acerca del movimiento que se ha dado en llamar 15-M o de los “indignados”. Para evitar las puertas y los candados, la red y su ya conocido portal “YOUTUBE” han sido el soporte elegido. Es de suponer que sería imposible ver esto en salas comerciales, comprarlo en DVD o inclusive poder llegar a plantear que alguna cadena de televisión llegue a emitirlo. Pero los que sí que disfrutamos de las ventajas de internet hemos podido descargarlo y guardarlo en nuestro disco duro multimedia, cerquita de la televisión, para verlo cómodamente sentados en el sofá. Bien es verdad que hay algunas limitaciones, impuestas por el modelo de YouTube, como esos quince minutos de tope para los videos alojados. Esto ha hecho que el documental haya tenido que ser troceado en seis partes, pero una vez descargado hay multitud de programas que permiten su “juntura”, su empalme, para verlo de un tirón.

A continuación consigno los enlaces tanto para la descarga del libro como para la descarga o visualización del documental. Solo como pista, para descargar videos de YouTube o similares, utilizo el programa gratuito “  aTubeCatcher ” que hace muchas y muy interesantes cosas además de esta de descargar videos, y puede ser utilizada de forma transportable . De paso este formidable programa tiene la posibilidad de facilitarle los seis enlaces en orden y el solito deja el video completo tras la descarga.

A disfrutar de internet y de sus posibilidades.

EDITADO LUNES 7 de NOVIEMBRE DE 2011.

Pues han puesto "puertas" a este "campo". Hoy no se pueden ver los vídeos. Puedes intentar descargarlo del siguiente enlace Documental Indignados 15-M


EDITADO MIERCOLES 9 de NOVIEMBRE DE 2011.

Han quitado o abierto las "puertas" al "campo". Los enlaces de de las seis partes en youtube están operativos. El enlace del apartado anterior "Documental Indignados 15-M" estará disponible un tiempo y en el se puede descargar todo el documental completo y sin interrupciones.


LIBRO

Hay Alternativas

DOCUMENTAL

PARTE-1
PARTE-2
PARTE-3
PARTE-4
PARTE-5
PARTE-6 y última


sábado, 29 de octubre de 2011

rePAGAR

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Este tema al que me voy a referir hoy es recurrente. Lleva años y años y a pesar de ello parece que la gente no se da por enterada. Y en estos momentos previos a una cita electoral, cobra de nuevo su importancia por las pistas que puede dar a unos y otros sobre por donde van o pueden ir los tiros.

La noticia está recogida en el diario El Mundo pero es frecuente, además de verla escrita, oírla en numerosas tertulias en radio y televisión. En este caso, el dueño de una empresa muy conocida, cuyo nombre no cito para no hacer propaganda gratuita, aboga en el XIV Congreso Nacional de la Empresa Familiar celebrado en Valladolid hace unos días por ofrecernos una solución de la que se habrá quedado tan contento. No es otra que solucionar los problemas que la crisis inventando de nuevo el copago y además haciendo que este no sea lineal, sino que vaya en función de las rentas. Solo como curiosidad la conferencia fue clausurada por un tal Sr. Rajoy, que espero no haya escuchado, por si acaso, estas indicaciones o si lo ha hecho, haga oídos sordos a las mismas en caso de que, parece lo más probable, rija nuestros destinos en los próximos cuatro años con patente de corso para hacer lo que le venga en gana, eso sí, por nuestro bien, como lo han hecho los anteriores y lo harán los futuros. Cuatro añitos sin ningún tipo de control, con “licencia para matar”.

A este paso vamos a tener que renovar el Documento Nacional de Identidad todos los años para que conste en él nuestro nivel de renta del año anterior y así poder ir sufriendo por la vida en función de nuestros emolumentos. Emolumentos declarados, aclaro, que no siempre coinciden con los reales. 

Aclaro en párrafo aparte que no estoy abogando por que no paguen más los que más tienen. Lo que no es de recibo es que paguemos dos veces.

Es un tema corregido en la actualidad pero hace años los niveles de renta eran un perjuicio evidente para acceder a un puesto en la enseñanza pública. Los puntos para las listas de entrada en institutos y colegios eran inversos a los niveles de renta: a más renta, menos puntos y por lo tanto menos posibilidades de acceder. Hace años, una conocida trabajaba en la secretaría de un instituto de un pueblo donde nos conocemos todos y tenía acceso a las solicitudes y confección de las listas. Me comentaba que se daba el caso de negar una plaza a un alumno hijo de un padre empleado en una determinada empresa, mientras que el hijo del propio empresario accedía sin problemas. ¿Qué era lo que ocurría? Pues lo de siempre, el empleado consignaba en su declaración de la renta hasta el último céntimo de sus emolumentos, mientras que por el arte de “birli birloque” el empresario, jefe del anterior, presentaba una renta mucho menor y a todas luces no muy correcta. Estaba claro que la función de la secretaría de un instituto no es hacer de inspector de hacienda, pero los resultados eran palpables y la injusticia se producía de todas todas. Eso cuando no hacían una primera declaración falsa, la presentaban, y luego antes de plazo hacían una correctiva. Ni que decir tiene que la utilizada para todo era la falsa. Esto también está solucionado ahora, pero ha dado mucho juego a lo largo de muchos años a gentes sin demasiados escrúpulos que iba a lo suyo y les salía bien. Total, el castigo si les pillaban no era ni siquiera leve.

Mi teoría es que una vez que las personas hemos contribuido religiosamente con nuestros impuestos en función de nuestras rentas, deberíamos ser todos iguales, exacta y escrupulosamente iguales, en el uso de los servicios públicos. Ya se utilizan los porcentajes en la declaración de la renta para que los que más tiene aporten más y si no es suficiente modifíquese la renta y sus tramos y sus porcentajes. Pero una vez satisfecho el impuesto, todos toditos, iguales.

Porque si no, cada vez que lleguemos a una carretera construida con los impuestos de todos, nos tendrán que pedir nuestro nivel de renta para cobrarnos en función de ella. Y así en los autobuses, los trenes, la seguridad social, el colegio y otros tantos sitios. Pero lo que yo digo es que ya se han utilizado nuestros ingresos para detraernos los impuestos en función de ellos.

Reduciendo todo al absurdo, con estas políticas sin sentido van a conseguir que la gente no tenga ilusión por trabajar y prosperar, que no tenga nada, e incluso no trabaje o trabaje lo mínimo para no tener motivo por donde ser enganchado por políticos descerebrados y directores de asociaciones y empresas metidos a “salvapatrias” que nos van a hundir más y más mientras ellos navegan en la abundancia. Y desde sus comilonas, villas, viajes y cochazos se permiten arengarnos y convencernos de que el cinturón nos lo apretamos nosotros pero los que determinan la fuerza de apretado son ellos.
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domingo, 23 de octubre de 2011

GLOBOS

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Tierra, mar y aire, tres elementos en los que los seres vivos se desenvuelven de mejor o peor manera según su constitución física y su destino tras la creación. La evolución en su forma adaptativa es importante cuando una especie, a base de intentarlo durante milenios, ha conseguido salir de un ambiente y se ha adaptado a otro. Las personas, hoy por hoy, somos de tierra y dudo que por medios naturales podamos adaptarnos a los otros medios salvo que estuviéramos unos cuantos milenios intentándolo. Lo que sí que podemos es tener nuestras preferencias. En mi caso soy más de aire que de agua, aunque tampoco me prodigo mucho en ninguno de estos dos elementos.

Hace ya más de doscientos años que los hermanos Montgolfier, Joseph y Jacques, diseñaron el primer globo aerostático capaz de poner seres humanos en al aire, un medio hasta entonces reservado a otros seres vivos. Desde entonces han evolucionado mucho los materiales y no es necesario hacer una fogata en la barquilla del globo para proporcionar el aire caliente que lo sustenta: unas buenas botellas de gas y unos quemadores controlados con maestría por el gobernante hacen subir y bajar el globo con una precisión que parece increíble a ojos de los profanos, hasta el punto de poder arrancar limpiamente la hoja de un árbol tras pasar rozando su copa.

Las vivencias son los ladrillos que van modelando a cada persona, oía decir a un amigo y no sé si es cosecha propia o de alguna de las múltiples frases que nos hacen pensar cuando las leemos. La experiencia de subir a una cesta suspendida de un trozo de tela relleno de aire caliente era un asunto que tenía pendiente y no por no haberlo intentado con anterioridad, pero con resultado negativo en dos ocasiones, que se habían visto frustradas por lo que generalmente se abortan este tipo de aventuras: las condiciones meteorológicas, y en especial el viento que en cuanto sea un poco movidito a nivel de tierra convierte en una tarea imposible el montaje del globo y el despegue. En las capas superiores de la atmósfera el viento te lleva y te trae hacia donde sopla y poco puede hacer el piloto salvo subir o bajar para entrar o salir de una determinada corriente de aire.

Este verano, un amigo y su mujer, Luis y Amelia, me hablaron de que estaban realizando vuelos en globo con un más que conocido suyo que se dedicaba a ello, de forma comercial es verdad, pero con el entusiasmo con el que hacen las cosas las personas que ponen su ilusión y su energía por encima de lo meramente económico. Laureano es un tipo de estos, una persona que ama lo que hace, que vive todo lo que sea desplazarse por el aire y que cuenta con una dilatada experiencia desde hace muchos años y que las personas interesadas pueden ver en su estupenda página web CIRROS.

El madrugón mereció la pena. Antes de que amaneciera ya estábamos en el campo de despegue, en los aledaños y bajo la atenta mirada de la catedral de Segovia, preparando la barquilla, desplegando e hinchando el globo, siguiendo las explicaciones de Laureano y su equipo. Antes de amanecer se concentraron en ese mismo campo hasta nueve globos, lo que brinda un espectáculo multicolor que merece la pena ver incluso aunque nos vayamos a quedar en tierra. Nuestro globo estuvo preparado el primero y aunque un ligero problema nos hizo deshincharle ligeramente y volverlo a poner operativo, a las 08:26 levantamos el vuelo.

“Al que madruga Dios le ayuda” dice el refrán. Y la madrugada y el buen hacer de nuestro piloto nos hizo disfrutar de un espectáculo nuevo sobre los tejados de la castellana ciudad de Segovia: ver amanecer y atardecer en un breve espacio de tiempo. Solo se trata de hacer subir el globo para la amanecida y bajarle para la atardecida, aunque sea un poco artificial. En la hora que duró el vuelo alcanzamos los mil metros de altura y también volamos ras de suelo, con permiso de los numerosos tendidos de cables de tendidos eléctricos que inundan los campos, pudiendo divisar conejos, milanos y hasta un zorro. Las atentas y cariñosas explicaciones de Laureano, atento en todo momento a la navegación pero compartiendo con nosotros algunas de sus muchas experiencias, como sobrevolar los Andes, alcanzar los doce mil metros de altura y saltar en paracaídas desde un globo, entre otras muchas a lo largo de muchos años, hicieron del viaje una experiencia inolvidable.

Tras la suave posada en tierra, una copa de champán bien fresquito como mandan los cánones y un diploma acreditativo de nuestro bautizo en globo, nos dejaron un regusto que tardaremos años en olvidar. Una experiencia que recomiendo. Aunque como todo en esta vida hay que pagarlo con el maldito dinero, merece la pena y cuando se comprueba el despliegue de medios y personas que necesita este tipo de operaciones uno da por bien empleados los eurillos. Tampoco es una cosa que se vaya a hacer todos los días. El globo en el que viajamos tiene capacidad para diez personas aparte del piloto. Una buena experiencia para juntarse diez amigos, o cinco matrimonios, y organizar un vuelo cuasi privado donde poder disfrutar de una experiencia inolvidable que se puede complementar con un paseo y una comida en uno de los muchos restaurantes que nos brinda la ciudad o los pueblos de alrededor.
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domingo, 16 de octubre de 2011

autoINFORMACION

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Ayer sábado se celebraron en casi mil ciudades de más de ochenta países las manifestaciones de personas de todo tipo y condición que perciben que este mundo, tal y como está hoy en día, no está nada bien organizado. El organizador que lo organice buen organizador será, pero por el momento los que lo tienen que solucionar o teóricamente pueden hacerlo, son los que han puesto esto en una situación de casi patas arriba. Ellos son el problema, no la solución. La evolución de la sociedad, antaño lenta y pausada, hogaño es rápida, despiadada y casi me atrevería a decir que sin control, o al menos con un control que se me escapa. Informaciones hay por ahí, como las relativas al club Bilderberg que dicen que estamos en manos de unos pocos que nos llevan y nos traen por donde quieren. Por la calle de la amargura diría yo, aunque justo es reconocer que hace algunos años, cuando gran parte hacíamos “ji jí, ja já” nadie hablaba de esto ni guardábamos para el invierno, como hacen las hormiguitas.

Sintiéndose uno más y no considerando situaciones personales, que las hay de todo tipo y para todos los gustos, los últimos años vivimos bajo la espada de Damocles esperando una solución que no llega y temiendo las medidas, que aparentemente sin ton ni son toman los gobiernos, o quienes les dirigen y mandan en la sombra.

Ayer no asistí a la manifestación que ponía de nuevo sobre el tapete lo que se ha venido en llamar el “movimiento de indignados” o “movimiento 15-M”. Opiniones hay para todos los gustos, y cada cual lleva el agua a su molino. Hay gente que no comulga con el movimiento porque en las manifestaciones externas del mismo se hace de todo: vandalismo, algaradas callejeras, ocupaciones de la vía pública, retenciones de políticos, y hasta ataques a la Iglesia católica. Todo lo que pasa, ocurre y acontece es “15-M”, etiqueta global que vale para todo. Por el contrario, también pudimos ver el vídeo en que los aparentemente miembros de la policía autónoma catalana, los mozos de escuadra, de paisano y con las caras cubiertas, reventaban una manifestación pacífica en Barcelona, teniendo que salir arropados por sus propios compañeros, estos sí, identificados con sus uniformes.

Como digo, ayer no asistí a la manifestación por motivos familiares. Esto lo manifiesto como explicación, nunca como justificación porque en alma y espíritu estaba con todos ellos, en una o en todas las ciudades donde se manifestaban. Lo bueno es que pude seguir la manifestación a través del teléfono móvil, bien “guasapeando” con amigos que estaban allí o siguiendo por “twiter” la multitud de mensajes, fotos y videos que permitían seguir casi en directo las manifestaciones, en todo el mundo, sin tener que recurrir a los medios convencionales, que esta vez sí se han hecho eco y no se han permitido casi ignorarlo como ocurrió el 15 de Mayo pasado.

Y la foto que ilustra esta entrada va de medios convencionales, de los diarios nacionales españoles y como han tratado la información de lo que aconteció ayer. He intentado reproducir, de forma proporcionada, el espacio que han dedicado cada uno a la portada. Lo he hecho a partir de datos en internet, por lo que no puede ser exacto, pero si sirve para ilustrar el tratamiento dado, en espacio y en titulares. No voy a hacer comentarios, que cada uno saque sus conclusiones. Solo preguntarme si algunas personas, quizá periodistas o directores, están contentos con el tratamiento dado. Gente tiene que haber para todo y todos tienen derecho a alimentar su espíritu con semejante no-información y bazofia.

Por lo que a mí respecta, el espíritu sigue y está más justificado que nunca. Otra cosa son las manifestaciones externas, las reales, y las provocadas por gente que tiene otros fines y que sirven de apoyo a oscuros intereses muy lejos del sentimiento generalizado de que algo, o todo, tiene que cambiar si nosotros y los que vengan detrás de nosotros queremos un futuro digno.

Por el momento, las encuestas sobre intención de voto en las próximas elecciones dentro de un mes auguran 300 diputados en el Congreso para PP y PSOE, PSOE y PP, tanto monta, monta tanto. Y no se dan por enterados, solo tímidos acercamientos de algunos, pero los que en los últimos treinta años han regido nuestros destinos, bien por iniciativa propia o bien dejándose presionar por Dios sabe quién o quienes, están dispuestos a seguir con más de lo mismo. Por ello mi opción es ir a votar, no votar en blanco ni nulo, y por tanto votar a otros, permitir que otros me engañen pero por lo menos tener la esperanza de que se den por enterados e intenten hacer las cosas de otra manera. A los que hay y a los que según todas las encuestas van a venir, ya se les ha visto el plumero.

domingo, 9 de octubre de 2011

deSOLaSOL

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Cuando yo era pequeño, muy pequeño, y de esto hace ya algunos años, las jornadas laborales cumplían aquellos dichos populares que más bien parecían maldiciones bíblicas de “ganarás el pan con el sudor de tu frente” y “trabajarás de sol a sol”. Incluso lo de sol a sol era un eufemismo dado que los trabajadores salían de sus casas de noche y volvían a ellas bien entradas la misma, especialmente en invierno donde las horas de luz solar son mucho más reducidas.

El mantener a una familia, por lo general extensa en cuanto al número de hijos y en algunas ocasiones con algún ascendiente añadido, obligaba a realizar largas jornadas en muchos casos en dos entornos distintos: era aquello del pluriempleo si se realizaba en dos empresas o de las horas extraordinarias realizadas en la misma empresa. Como muestra, en aquella España de los sesenta del siglo pasado, mi padre era de los pluriempleados. Por la mañana, desde las ocho de la mañana a las tres de la tarde ejercía de cartero urbano y tras una breve comida y pequeña cabezadita en casa, marchaba para estar de cinco de la tarde a diez de la noche laborando como administrativo en una empresa de jardinería y luego de construcción. Un total de doce horas efectivas de trabajo al día y seis días a la semana, pues no podemos olvidar que por aquellas fechas el sábado era un día laborable normal, incluso los chicos teníamos colegio por la mañana.

Por los siguientes setenta, y con cuentagotas, se iban consiguiendo algunas mejoras sociales en los entornos laborales. Yo llegué al mundo laboral cuando se estaba instaurando en la banca la jornada continuada de ocho a tres, que sus buenas manifestaciones y algaradas costó, y eso que eran tiempos todavía de dictadura. Era una bendición, pues el disponer de la tarde libre permitía hacer otras cosas que no fueran estrictamente trabajar. No fue mi caso pues las horas extraordinarias eran casi obligadas ya que había mucho trabajo y estaba todo por hacer. No me quejo, ya que aunque no fue una cosa voluntaria estaban bien retribuidas y permitían llevarse a casa una buena bolsa que venía bien en aquellos años para mejorar la situación familiar, de mis padres, hermanos y abuela.

En estos últimos años hemos visto como de forma vertiginosa todos aquellos logros han sido desterrados de un plumazo. Vuelve la jornada, no ya de sol a sol, sino de lunes a viernes, eso sí, con un hora para comer… un bocadillo sentado en la acera que la cosa no da para más. Y yo añadiría que con los calzoncillos o las bragas limpias preparadas por si hay que quedarse por la noche o salir corriendo a otra provincia e incluso a otro país para poder cumplir con las exigencias laborales más diversas. Y lo peor es que en muchos de los casos todas estas exigencias no se ven compensadas en ninguna forma, ni con más salario ni con días libres.

Esto de los días libres fue una fórmula que yo utilicé para de alguna forma controlar a los jefes malos. En empresas grandes, las horas extraordinarias no las pagaban los gestores malos de su bolsillo, por lo que no tenían ningún reparo en organizar “saraos” los domingos o las noches e “invitarnos” a participar en ellos. Yo no me negué, ya que en algunas ocasiones era necesario para la buena marcha del negocio, pero opté por la fórmula de la compensación en días libres. No quería o no necesitaba más dinero y esta opción de los días de asueto obligaba a un control más exhaustivo. Si me hacían ir un domingo, pongamos 10 horas, al considerar las festivas como triples, me debían 30 horas, casi una semana. Yo estaba deseando que me hicieran ir cuantos más domingos mejor, pero con esta manera de compensación se lo pensaba muy mucho.

Tal y como están las cosas, hogaño hay que tragar con todo. El despido, que siempre ha sido libre aunque no gratuito, se está abaratando a pasos agigantados pero de las compensaciones que deberían venir de forma paralela nadie habla ni quiera hablar. Hay crisis y con ello todos, jefes, patrones, sindicatos y gobiernos, tienen patente de corso para hacer lo que les venga en gana. Ya hemos visto los resultados de las medidas urgentes tomadas por el gobierno a mediados de 2010 para abaratar las compensaciones por despido. Como si eso fuera a disparar las contrataciones. Yo sé de uno concreto que le ha venido muy bien para echar materialmente a la calle a ocho de sus empleados con más antigüedad, y por supuesto más conocimientos de su trabajo, y sustituirlos por otros ocho que, además de ganar una miseria, tragan con todas las condiciones que al patrono tenga a bien ocurrírsele en el momento del contrato. Y si alguna no se le ha ocurrido, la añade después sin ni siquiera ponerse colorado.

El empleo estresa mucho pero el desempleo estresa aún más, máxime cuando las historias en las que nos hemos metido, léase hipoteca, cochazo y pantalla plana extrafina y extra gigante, ahogan nuestra cuenta y hacen que no llegue a fin de mes. Estamos cogidos, hemos caído en las redes. Nos han engañado, y nos hemos dejado engañar, y ahora podemos protestar, echar la culpa a los banqueros, al gobierno y al maestro armero, pero los que estamos “perocontentos” somos nosotros. A ver si vamos aprendiendo, aunque lo dudo. Esta crisis pasará, como han pasado otras, y volveremos a tropezar en la misma piedra de seguir embobados con lo que nos digan o nos cuenten sin tomar conciencia de la realidad y obrar con un mínimo de seso.

Conciliación de la vida familiar…… váyanse al guano.
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La socióloga norteamericana Juliet Schor (1991) deja constancia en su obra The Overworked American, de la inversión, en los EE.UU. finales de siglo pasado, de una tendencia histórica a la disminución progresiva del tiempo de vida dedicado al trabajo, tarea que ella imputa a las nuevas condiciones (neoliberales) del mercado de trabajo, por las que la gente se ve forzada a trabajar más (tiempo), más duramente y por menos (dinero) para mantener un nivel de consumo al que no quiere renunciar. Este fenómeno preocupó al politólogo James Putnam (2001), para quien el tiempo de sobretrabajo se resta especialmente de la vida social y de la participación política; lo cual no sólo supone una amenaza para el capital social de las personas, sino también para la misma democracia.
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viernes, 30 de septiembre de 2011

VERDES

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Cuando alguien se preocupa por algo es que hay algún tipo de situación extraña con ese algo. La agresión al medio ambiente es extrema en nuestros días, pues los avances tecnológicos y los nuevos modos de vida fuerzan el consumo hasta niveles insospechados. Los envoltorios han adoptado las formas y maneras más insospechadas en formas de latas, briks o pvc’s pero una vez utilizado o consumido su interior van invariablemente a la basura. Ya en una entrada anterior titulada CASCOS se trataba este tema desde el punto de vista de cómo el uso de envases reutilizables había quedado en desuso.

Aunque es un dato que no puedo asegurar, hace años un amigo que trabaja en una planta que fabrica las latas de bebidas, me dijo que el coste de cada envase estaba alrededor de unas 13 pesetas. Eran otros tiempos y ahora tendríamos que decir diez céntimos de euro, más o menos. Si tenemos en cuenta que el coste de una lata de refresco cuesta en el supermercado alrededor de 50 cts., si las cuentas no fallan, cada vez que nos bebemos un refresco envasado en lata, tiramos a la basura 10 cts., lo que supone un veinte por ciento de su valor. Y no es eso lo único malo, sino que se genera o bien un gasto en el reciclaje si es que se produce o bien el medio ambiente sufre una brutal agresión. Aunque a mí me parece mucho, hay quién ha calculado en quinientos años el tiempo necesario para que la naturaleza desintegre el pedazo de metal.

Cuando era muy pequeño, mi madre me mandaba a hacer los recados. Ir a la compra era una actividad diaria pues la nevera o frigorífico era un aparato que todavía no existía en las casas y la comida había que comprarla y consumirla en el día. Me daba una bolsa de tela y me mandaba a por la fruta, que se expendía envuelta en papel de periódico, y no toda, o la carne o pescado que el dependiente envolvía en un papel basto de estraza con garantía alimentaria. No había costumbre, ni dinero, de tener en las casas cervezas o bebidas en general, pero las que se consumían, como vino, casera e incluso sifón era necesario ir a comprarlas llevando el casco vacío. Hasta los yogures usaban el sistema de casco de vidrio retornable. El lechero pasaba por casa y vertía la leche directamente en el cueceleches y cuando se iba al colmado a adquirir aceite, había que llevar la lata para que te la rellenaran directamente desde el émbolo que presidía la tienda.

El plástico existía pero no había llegado su uso generalizado en forma de bolsas. Durante años las tiendas y supermercados nos han “regalado” las bolsas, lo que ha supuesto una despreocupación por parte de los usuarios al ir a comprar. Luego esas bolsas acababan amontonadas en casa o iban directamente a la basura. Una agresión brutal al medio ambiente además de otros céntimos de euro que iban a la basura.

Ayer recibí por correo electrónico un escrito titulado “Onda Verde”. Explica esto de forma contundente y me voy a permitir reproducirlo a continuación para que quede constancia.

En la fila del supermercado, el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de compras ya que las bolsas plásticas no eran buenas para el medio ambiente.

La señora pidió disculpas y explicó: "Es que no había esta onda verde en mis tiempos."

El empleado le contestó: "Ese es nuestro problema ahora. Su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medio ambiente."

Tenía razón, nuestra generación no tenía esa onda verde en esos tiempos.

En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosas y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían usas las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

Pero no teníamos onda verde en nuestros tiempos.

Subíamos las gradas, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos al almacén en lugar de montar en nuestro vehículo de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos cuadras.

Pero tenía razón. No teníamos la onda verde en nuestros días.

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios, la energía solar y eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

Pero esa señora está en lo cierto: no teníamos una onda verde en nuestros días.

En ese entonces teníamos una televisión, o radio, en la casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (¿se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio.

En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hagan todo por nosotros.

Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no plastoformos o bolitas plásticas.

En esos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el pasto. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad.

Pero ella está en lo cierto: no había en esos tiempos una onda verde.

Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas plásticos cada vez que teníamos que tomar agua.

Recargábamos las plumas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las hojillas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

Pero no teníamos una onda verde por entonces.

En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o un ómnibus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban, en lugar de usar a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas.

Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites a kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.
Así que ¿no les parece lamentable que la actual generación esté lamentándose cuán botarates éramos los viejos por no tener esta onda verde en nuestros tiempos?

Envíele esto a otra persona mayor a la que piense que le hace falta una lección sobre conservación del medio ambiente de parte de un imberbe.
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viernes, 23 de septiembre de 2011

ANUNCIOS



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En otras entradas de este blog tituladas PROPAGANDA y PUBLICIDAD me he referido a los nuevos usos que se han impuesto en los últimos tiempos en materia de anuncios comerciales, derivados de la diversificación de medios a los que tenemos acceso los potenciales destinatarios de tanta información, que no tiene otro objetivo que condicionar nuestras decisiones en materia de consumo. Las sociedades “avanzadas” están inmersas en una espiral que pone en peligro su futuro cuando el consumo se estanca. Y las no avanzadas están como locas, quizá con toda razón, en “avanzarse” y no en vano miles de ciudadanos escapan de sus naciones de origen para incorporarse a un mundo “mejor”, mejor a corto pero incierto a medio o largo plazo. A lo largo de las últimas décadas hemos tenido experiencias que ya hemos olvidado pero que fueron tan fuertes o más que la actual “crisis”. Las personas tendemos a olvidar con facilidad y pensar que lo que estamos viviendo es lo más de lo más y que nunca ha habido una cosa igual.

De las varias situaciones difíciles que recuerdo haber vivido, la más fuerte en mi opinión se produjo en 1983. Antaño y hogaño, muchos de los ciudadanos, entre los que me encuentro, no han sufrido ningún problema, ya que conservan su trabajo y su fuente de ingresos, quizá algo reducidas, quizá con incrementos cero de un año a otro, pero básicamente con la misma capacidad de consumo que tenían en un tiempo anterior. Pero el miedo al futuro retrae el consumo y la gente nos retraemos, con la que está cayendo, en comprar o cambiar alguno de los aparatos de la casa, o comprar nuevas viviendas o simplemente arreglar la nuestra. Lo que es realmente prescindible pasa a un segundo plano hasta que las cosas vengan mejor dadas. Si el coche va bien, aunque podamos cambiar a uno mejor, nos lo pensamos dos veces y decidimos tirar un tiempo más hasta que las cosas vayan mejor. Y nuestra decisión no tiene realmente ni pies ni cabeza. Seguimos cobrando nuestro sueldo, como siempre, por lo que mantenemos la capacidad de embarcarnos en el gasto, pero no lo hacemos. Y eso que las ofertas de las casas de automóviles son tan importantes que casi y sin casi podemos comprarnos el mismo coche que tenemos pagando por él menos de lo que nos costó hace seis años. ¿Porque no lo hacemos? Pues porque hay crisis.

Probablemente los índices de venta de vehículos a lo largo de los años pueda ser un indicador fiable de las crisis de los últimos tiempos. Recuerdo que en los años ochenta, en los que las matrículas se asignaban por provincia, cada año más o menos se consumía una letra inicial. Esto suponía en la provincia de Madrid la matriculación de alrededor de 250.000 vehículos por año. Pues bien, en aquel 1983, si mis recuerdos que no voy a verificar son ciertos, se tardaron más de dos años en consumir esa letra. Eso sí, alguien en 1985 llegó y dijo que ya no había crisis, nos lo creímos y todos los ahorros que la gente tenía en sus cuentas, fruto de la retención en el gasto, salieron de golpe y la economía se puso a velocidad estratosférica.

Con el paso del tiempo las diferencias entre unas crisis y otras se van incrementando. El nivel de vida va subiendo sin parar y ahora estamos acostumbrados a muchas más comodidades que antes, en que en general y salvo casos excepcionales no teníamos nada o muy poco. A modo de ejemplo, en aquella época no había ordenador en casa y hoy es frecuente que tengamos uno cada uno de los componentes de la familia, no había teléfonos móviles y ahora es probable que tengamos uno o más de uno por cabeza, y así con otras cosas, como por ejemplo cámaras de fotos, televisión, coche e incluso otros aparatos. No se puede generalizar pero convendremos que a mayor nivel de vida, el mantenimiento del “status” es más costoso y por lo tanto la crisis nos afecta más.

Las empresas anunciantes tienen que afinar. Y de lo lindo. Y lo hacen. Yo soy bastante alérgico a la publicidad, de la que no me creo nada, así que conmigo tienen difícil el convencerme para que consuma algo solo con un anuncio, que como ya hemos comentado, muchos de ellos tienen truco, letra pequeña, asterisco, “desde” y en general multitud de cosas ocultas que nos pueden sorprender cuando hemos tomado una decisión en base a lo que percibimos y sin pensarlo mucho.

Pero la publicidad me gusta, y la veo, y la sigo por lo que es, un medio de expresión vivo y que obliga a sus diseñadores a pensar y concentrar las ideas en un espacio y o un tiempo reducido. Por eso me ha sorprendido descubrir una nueva forma muy ingeniosa. Al publicar la entrada de este blog ARTILUGIO en la que se hablaba de cosas como Edimburgo o Escocia, en la pantalla de respuesta en la que se me informa que la entrada ha sido correctamente publicada, los anuncios de la derecha se han “adaptado” a los contenidos de la entrada y me ofrecen hoteles, viajes, alquiler de coches y vuelos a la zona. Eso es rapidez y adaptación en asociar el texto y ofrecer servicios relacionados. Me fijaré cuando publique esta entrada a ver qué me dice y lo pongo a continuación a base de reeditar la entrada.

Esto es lo que me ha dicho, o estaba dormido o no tenía nada que ofrecer ...

sábado, 17 de septiembre de 2011

CONTRASEÑAS

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Entre uno de los muchos temas que surgieron en una comida de amigos celebrada esta semana, el asunto de las contraseñas adquirió tintes interesantes, dado que muchos o casi todos de los asistentes tienen o habían tenido relación con la informática.No sé si contraseña es una palabra castellana que define todo lo que, en la actualidad, se quiere decir con ella. La gente, según qué gente, está más acostumbrada a decir “password”, “pin”, “keyword” o simplemente clave que es más genérica.

Echando atrás en el tiempo pero sin esforzarme mucho, la primera vez que recuerdo haber tenido que utilizar una contraseña fue hace muchos años, durante el servicio militar. Estaba a aquello de “santo y seña” que tenías que solicitar a cualquiera que se acercara a tu puesto de guardia para dejarle franco el paso o por el contrario empezar a armar la marimorena. A su vez tu tenías que facilitar la contraseña lo que aseguraba un muto reconocimiento de personas entre rondas y centinelas. Cambiaban cada día y te las comunicaba, con mucha pompa y secreto, el oficial de guardia y tu deber era conservarlas en tu memoria, no escribirlas en ningún papel y no facilitárselas a nadie. Supongo que este tema habrá evolucionado después de tantos años y se utilizaran métodos más sofisticados apoyados en aparatos de alta tecnología. Sería bueno conocer cómo funciona ahora.

Al poco tiempo de regresar de cumplir mis deberes con la Patria perdiendo, digo empleando, algo más de un año de mi vida, me encontré con que empezaba a hablarse y utilizarse el concepto de “pin” que son las iniciales en inglés de “personal identification number” cuyo significado no hace falta traducir. Eran cuatro cifras que servían para acceder a los cajeros automáticos de los bancos con una tarjeta bancaria y realizar operaciones. Lo de cuatro cifras y no más o menos era debido, según me enteré hace poco a la muerte de su inventor, a la cantidad de cifras que la mujer de este inventor era capaz de recordar de memoria sin dudar. Con el tiempo, las tarjetas bancarias proliferaron y empezó a sembrarse la duda de si todas deberían tener el mismo o diferente PIN. Estaba claro que utilizar el mismo era peligroso y lo sigue siendo más de treinta años después, donde nos sorprenderíamos si conociéramos la cantidad de gente que utiliza el mismo PIN para todas sus tarjetas. Comodidad, sí, pero comodidad peligrosa.

Con el tiempo, la red se coló en nuestras vidas y lo del PIN quedó en anécdota. Las diferentes empresas bancarias y no bancarias han dotado de accesos vía internet a los usuarios para que con su energía, su ordenador, su línea y su tiempo se hagan ellos solitos las operaciones y transacciones desde su casa, con total comodidad y de paso ahorrando unos gastos a la entidad, empresa o compañía. Ahora muchos de nosotros, y nuestras esposas, hijos, familiares y amigos disponen de correo electrónico y acceso a diferentes portales para los que se necesita un usuario y contraseña. Nos sorprenderíamos de nuevo al conocer cuántas personas utilizan el mismo usuario y la misma contraseña para todo lo que hacen en internet, lo cual es muchísimo más peligroso que el PIN de acceso a los cajeros. Ese mismo PIN puede y de hecho en algunos casos sirve para acceder a las cuentas bancarias y realizar operaciones con ellas. Y algunas de esas cuentas son compartidas, por lo que a mí me sirve de poco ser cuidadoso en el tema si mi mujer, a modo de ejemplo, que figura como titular y con todos los derechos en la misma cuenta bancaria, no tiene cuidado con sus “pines”, claves o contraseñas.

Hace poco hemos oído noticias acerca de la vulnerabilidad de los sistemas informáticos de grandes bancos o grandes empresas, donde “hackers” han podido hacerse con los usuarios y las claves de los clientes, amén de otros datos como tarjetas bancarias. Si yo tengo el usuario y la clave de una persona en su acceso a la empresa “NTJV”, que son las iniciales de “no te joroba Valeriano”, puedo probar con esos mismos datos en otra seria de empresas y lo más probable, por lo que hemos comentado anteriormente, es que alcance el éxito.

Así que si nos convencen, o nos convencemos, y decidimos tener por lo menos claves diferentes aunque sea el mismo usuario, el asunto es encontrar la forma de anotar todo este lío de palabrejas,“numerajos” y signos de forma segura, no lo vayamos a perder y entonces la cosa sería peor. En la comida de amigos surgieron varias formas, desde el clásico papel guardado con toda la seguridad posible en un lugar seguro hasta otras muy curiosas, entre las que destaco la de llevar las claves camufladas en nombres y números en la agenda de nuestro teléfono o la de apuntar en un papel pero con ciertos algoritmos personales, como por ejemplo escribir los números al revés o sustituir cada letra por la anterior o posterior en el abecedario. Métodos de codificar hay muchos y serán suficientes para frenar al raterillo o ladronzuelo que consiga hacerse con nuestras anotaciones, aunque no a personas más expertas.

Preocupado como estoy con el asunto, desde hace ocho años utilizo una solución informática para lidiar con este tema. Hay muchas y variadas aplicaciones, mejores o peores, pero en su día y con mi amigo Jose María seleccionamos la gratuita KEEPASS, que llevo utilizando hasta la fecha con total y entera satisfacción. Mi caso seguro que no es normal por su volumen pero en este momento en mi base de datos de contraseñas tengo 335 entradas estructuradas en 31 grupos. La gran mayoría de ellas ni las conozco, por lo que para utilizarlas debo arrancar el programa y utilizar los mecanismos potentes y avanzados de que dispone para colocar el usuario y la “password” donde se me pide. En la imagen se pueden ver algunas de las claves generadas que no hay quién las entienda. Hay que mencionar que esto puede hacerse a la vista de otra persona ya que en ningún momento se ve en claro el valor de la clave. Las posibilidades de esta maravilla permiten ser utilizada como base de datos relacionados con la empresa, al que permite guardar todo tipo de datos e imágenes de forma segura y privada. Un ejemplo de imágenes clásicas que llevo guardadas son las tarjetas de coordenadas bancarias que se necesitan para hacer operaciones de movimiento de fondos. Un marido que engañe a su mujer podía guardar ahí la foto de su amante sin que fuera posible descubrirla por mucho que hurgara en el ordenador si no se conoce la clave de acceso a KEEPASS y otros datos adicionales que se pueden configurar para liar la cosa un poco más.

En suma, es muy recomendable plantearse algo serio con este asunto. Algo serio vale tanto para llevar una clave como para llevar mil. Cuando la cosa nos empiece a crecer y se nos desmadre nos será más costoso tomar una decisión y empezar a mover o copiar todo lo que tengamos. Por cierto, esta aplicación está disponible en todo tipo de plataformas y sistemas, entre los que se encuentran, por supuesto, los teléfonos inteligentes.
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domingo, 11 de septiembre de 2011

TORRES

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Hoy se cumplen diez años de unos sucesos que en su día conmovieron al mundo, que pudo asistir a ellos en directo por mor de la televisión. Me refiero al ataque terrorista a las conocidas como Torres Gemelas, en Nueva York que acabó con su completa destrucción por desmoronamiento causando numerosas escenas que no se olvidarán nunca, amén de unos cuantos miles de personas muertas. Es muy normal que casi todo el mundo recuerde lo que estaba haciendo ese día y en mi caso lo recuerdo con absoluta nitidez. Eran poco más de las cuatro de la tarde y yo regresaba en tren de mi trabajo, cuando recibí una llamada procedente de mi casa en el teléfono móvil. Mi hijo, en un estado de excitación tremendo, solo acertaba a decir “se están cayendo” y “las torres”. Ya con más calma, mi mujer me refirió lo que estaban viendo, atónitos, en las pantallas de la televisión, retransmitido en directo: un avión había chocado contra una de las torres gemelas de Nueva York en lo que parecía un accidente de aviación, pero la duda se despejó a los poco minutos cuando un segundo avión impactó contra la otra torre en lo que no dejaba lugar a dudas que se trataba de unos actos perfectamente planificados y ejecutados.

Yo creo que el tren tardó más de lo habitual ese día en llegar a su destino o al menos así nos lo parecía a todos los que íbamos en él y con los que comenté la noticia, Corriendo a casa para, sin comer, ponernos ante el televisor y absorber todo lo que se podía a través de la pantalla de la televisión. Todo lo que había que hacer en esa tarde, que era mucho, quedó en un segundo plano subsumido por la que sería la noticia del día, año o siglo. Lo que es cierto que el mundo se convirtió en un lugar mucho más inseguro desde ese momento y todos lo hemos podido sentir como por ejemplo cuando hacemos un viaje en avión y tenemos que pasar unos controles que llegan hasta la exageración de quitarte los cinturones o los zapatos, entre otras cosas.

Cuatro años antes yo había visitado la gran manzana con motivo de mi participación en la maratón de Nueva York que se celebra el primer domingo de Noviembre. Es costumbre al día siguiente, especialmente por parte de los extranjeros, recorrer la ciudad con la medalla acreditativa al cuello y notar como la gente te felicita, sin conocerte de nada, por tu “hazaña”. La maratón de Nueva York es un acontecimiento en la ciudad y sus habitantes la viven con intensidad e ilusión, participan en ella y la ven como una fiesta en lugar de tomársela como un incordio que es lo que sucede en otras ciudades como por ejemplo Madrid, donde las autoridades municipales la acorralan hasta límites insospechados en lugar de dejar la ciudad por un día libre de coches y facilitar que la gente pasee.

El lunes siguiente visité las Torres Gemelas, uno de los atractivos de la ciudad. Las recuerdo, a pesar de estos casi catorce años transcurridos, con toda nitidez. Altas, esbeltas, finas, perfectas casi imposibles de abarcar, de lo que da una ligera idea la fotografía que acompaña a esta entrada, tomada por mí mismo desde su base. Una vez dentro, un vestíbulo enorme y una cola de impresión hasta alcanzar los ascensores, que en un santiamén te ponían en su azotea, desde donde se podían contemplar unas excelentes vistas de la ciudad de los rascacielos. Comimos incluso allí y asistimos a una proyección muy conseguida que simulaba el viaje en helicóptero, carísimo, que se podía realizar de forma real. Una vez concluida la visita nos desplazamos en barco a la isla a visitar la estatua de la Libertad, desde donde las torres destacaban de forma nítida entre los innumerables rascacielos que jalonan y perfilan el cielo de Nueva York.

Desde hace diez años no están. Están a punto de finalizar otra en su lugar pero ya no será lo mismo. Quedarán en mi memoria como realmente fueron.



lunes, 5 de septiembre de 2011

ARTILUGIO

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Hace unos días acabo de regresar de un viaje por Escocia que ha sido una rememoración de otro realizado hace ahora veintiún años. Si bien en aquella época la fórmula elegida fue el desplazamiento completo en mi coche, vía transbordador en Santander, ahora y en contra de mi voluntad se ha impuesto la fórmula de avión y coche de alquiler. El conducir con tu coche, con volante a la izquierda en comparación con hacerlo con uno alquilado, con volante a la derecha, tiene sus connotaciones, que ya expliqué en la entrada DRIVING en este mismo blog. Aparte de este detalle, el viaje ha transcurrido visitando más o menos los mismos lugares, con algún añadido como ha sido la excursión a las islas Orcadas para quedar absorto ante los impresionantes restos arqueológicos de Skara Brae, cubiertos y ocultos por la arena durante cinco mil años y que una tempestad con oleaje sacó a la luz hace unos ciento cincuenta.

Los paisajes, en una perfecta combinación natural de verdor y agua por doquier, siguen en su sitio tal y cual los recordaba. Algunas carreteras han mejorado y cuesta más encontrar las estrechas con sus “passing place” y algunos sitios turísticos han sufrido el acoso de sus visitantes y han sido remodelados para adecuarse a tanto turista y de paso poner precio a enclaves que antaño eran gratuitos. Como digo, el objeto y la ruta seguida en el viaje en sí no ha cambiado mucho, pero hay otra cosa que si ha cambiado, y de forma radical: internet, su uso multitudinario, no existía hace veintiún años.

En cuanto al diseño, preparación y reserva del viaje antaño, todo fue a base de folletos turísticos, guías, cartas postales y talones bancarios. Hogaño, internet pone al alcance de nuestra mano todo esto sin salir de casa, con la posibilidad de reservar al instante vuelos, alquiler de coche, alojamiento, transbordadores, excursiones, entradas a espectáculos como el Tatoo o visitas a una destilería y tarjetas turísticas de acceso a los castillos, museos o de transporte en ciudades como Edimburgo o Glasgow. Todo fácil o si no fácil por lo menos muy accesible a cualquiera que se ponga a los mandos de un ordenador con acceso a internet y tenga la tarjeta de crédito o débito preparada para realizar los pagos.

Y ya en cuanto a la realización del viaje, los cambios han sido estratosféricos por mor de llevar al cinturón un aparatito que en aquellos años ni se atisbaba: un teléfono móvil inteligente de esos conocidos ahora como “smartphones”. Otros cambios han venido derivados de avances en tecnologías, como la fotografía digital. En aquel viaje impresioné varios carretes de diapositivas que tuve que llevar a revelar a la vuelta del viaje para poder rememorar el mismo. Ahora, una cámara digital me ha permitido tomar más de mil fotografías prácticamente sin coste, comprobarlas en el instante y realizar alguna manipulación como las de las fotos que acompañan esta entrada.

Pero los cambios drásticos han venido de la mano de ese artilugio en forma de ordenador móvil con corazón “android” que llevaba al cinto. Hace poco que le tengo y desconozco como utilizar muchas de sus posibilidades, pero voy a relatar algunas de las que si he usado, y disfrutado, durante el viaje.

Hay un hecho que limita mucho su uso y que no es otro que el elevado coste que las operadoras de telefonía ponen al uso de datos itinerantes en el extranjero y que hoy por hoy es prohibitivo, por lo que hay que limitar las conexiones al uso de redes, que por fortuna era una constante en todos los “bred and breakfast” en los que nos alojamos. Antes de salir cargué en la memoria los documentos con la información de códigos, reservas, direcciones y teléfonos y justificantes de los pagos realizados y que he podido consultar y mostrar durante el viaje. Llegará el día en que para acceder a los sitios baste con enseñar el teléfono con el documento o los códigos de barras obtenidos al efectuar las reservas. Además hay aplicaciones como “dropbox”, “sugarsync” o similares que permiten consultar tus datos mediante acceso a lo que se ha dado en llamar la “nube”. Todo en la palma de la mano.

Mediante el uso de las “wifi” en los alojamientos, a diario podía comprobar el correo electrónico, revisar los movimientos de mis cuentas bancarias, poner mensajes gratuitos a la familia vía “whatsapp”, hablar por teléfono de forma gratuita utilizando “skype”, ver y componer “twits” con información y fotografías tomadas en el instante, leer noticias en los periódicos, consultar el tiempo que iba a hacer en la zona los días siguientes, ver distancias y rutas a los puntos elegidos para visitar y sus días de apertura, horarios y costes, y en general un sinfín de información que internet pone a nuestro alcance a través de este aparatito que podemos manejar en la cama al acostarnos y levantarnos. Para una lectura esporádica también podemos llevar cargado el libro o libros que estemos leyendo y continuar en cualquier momento que surja, como un desplazamiento en autobús para una excursión o la cola para ubicar el coche en un transbordador. Siempre está la posibilidad de llevarse un ordenador portátil y hacer esto con mayor comodidad pero el engorro de acarrearlo y la posibilidad de quedarte sin él por algún descuidero ajeno hacen que te lo pienses. El teléfono, sin embargo, siempre va contigo y aunque es un poco más incómodo su uso, se acaba uno acostumbrando.

Fuera de conexión y usando las posibilidades que permite, es un excelente navegador para el coche con tal de tener los mapas cargados como yo hice, sirviéndome de guía de forma directa sin tener que parar o llevar a alguien de copiloto consultando mapas arrugados en papel y tomando decisiones en el momento: el navegador te informa con anticipación de la ruta elegida y las acciones a realizar. Ya en la ciudad, andando, te permite llevar un mapa electrónico en el bolsillo, que no ocupa, no se rompe ni se arruga y que mediante la utilización del “GPS” te dice en que punto de la ciudad estás y el camino que debes seguir para ir a donde deseas. Mediante aplicaciones de “tracking” como “andando” o “mytracks” te guarda el trazado de tus desplazamientos para su consulta posterior en el ordenador e incluso preparar rutas por la ciudad en previsión. Ya en el restaurante, cuando una palabra inglesa relativa a comida se te atraviesa, como por ejemplo “haddock”, basta con poner en marcha el diccionario y averiguar lo que significa o incluso ver la traducción de una palabra española al inglés. Fotografías de carteles o vídeos de esa explicación interesante que está dando un guía turístico pueden ser tomadas con cierta calidad como para servir de recuerdo en lugar de sacar el clásico bolígrafo y tomar notas en papel. Por si no fuera suficiente, en momentos de relax tú o tu hija puede poner en marcha juegos como "angry birds" o los "papixxxx".

En suma, estos son usos que yo he explorado en este reciente viaje en un teléfono que ha sido usado para todo menos para hablar. Seguro que hay otros muchos que iré descubriendo y la tecnología irá implementando con el tiempo. Dejémonos sorprender.
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domingo, 4 de septiembre de 2011

RITOS

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Es un verdad incontestable que las personas somos unos animales de costumbres. La vida actual, en su vorágine, ha diluido un poco esta afirmación ya que los cambios se suceden sin cesar y hay poco lugar a la repetición. Tareas que en un tiempo fueron fundamentales se dejan de hacer y se sustituyen por otras en lapsos de tiempo relativamente cortos.

En las visitas al pueblo de mi madre en
mi infancia, un pequeño pueblo de la provincia de Toledo que ya no es tan pequeño, todos los días pasaba lo mismo, en una repetición incesante: las vecinas salían a la puerta de la calle al atardecer con sus sillas a tener su tertulia diaria, los chicos jugábamos por allí, los campesinos volvían de los campos con sus mulas o sus carros camino de casa…. siempre igual, casi a la misma hora, todos los días de la semana, y así un día tras otro durante años.

Hay personajes peculiares que tienen sus costumbres muy establecidas y que hacen de ellas un rito obligado, autoimpuesto por ellos mismos y que si no realizan en los tiempos establecidos les hace sentirse mal. He conocido muchos y de lo más variado en sus peculiares actuaciones. Este tema me ha venido a la cabeza tras conocer a una persona que vivía en la casa de al lado de la que estábamos alojados durante las pasadas vacaciones en la isla de Skye, en las tierras altas de Escocia. Un paraje idílico y encantador sino fuera porque en el mes de agosto se dan cita millones de compañeros particularmente molestos. Me refiero a los mosquitos. El tomar la foto que ilustra esta entrada en el blog me costó que los brazos y la cabeza, incluida la zona con pelo que me queda en ella, fueran acribillados por innumerables picaduras de estos bichitos sin que pudiera hacer nada. Ni un centímetro cuadrado de piel disponible quedó sin la marca de su visita y acción sobre ella en forma de picadura. Debo tener la sangre atractiva para ellos porque al gaitero y a la chica que estaba tomando la fotografía apenas los molestaban. Aviso para navegantes: si viajas a la isla de Skye o a Escocia en general en el mes de Agosto, no olvides un repelente para los mosquitos que funcione o sal a la calle con camisa de manga larga, guantes, gorro y si me apuras una mascarilla para la cara, eso sí, siempre que seas propenso a las picaduras de estos antipáticos animalitos.

A lo que vamos, que me desvío del tema. Pude entablar una fugaz conversación con el gaitero, medio en italiano medio en inglés, donde me contó lo que hacía a diario. Yo salí sorprendido a la escena cuando oí el sonido de la gaita interpretando una melódica canción que me recordaba las de Enya, prototipo de música étnica y relajante.

Resulta que el gaitero no es escocés, sino un italiano enamorado de Escocia que se ha ido a vivir allí. Y no solo a vivir sino que se ha integrado con todas las consecuencias. Me contó que tiene dieciséis trajes completos de escocés, si, como el de la foto, con su faldita entre otros muchos aditamentos que a los hombres no acostumbrados nos llama la atención. Y dicen que debajo no hay que llevar nada. No me imagino a mi mismo saliendo de esa guisa a la orilla del mar sin nada debajo en época de mosquitos, sería un verdadero calvario. Además de sus trajes, ha aprendido a tocar la gaita y a mi juicio de poco entendido lo hace bien ya que tuve la oportunidad de oírle varias veces pues ese es el rito tan particular que tiene este hombre. Todos los días que está en casa, al amanecer y al atardecer, “sunrise” y “sunset” que se diría en inglés, se viste completamente con uno de sus trajes, tarea no baladí, baja a la orilla del mar e interpreta una o varias canciones con su gaita. Lo de bajar dos veces al día e interpretar canciones a la orilla del mar vaya que vaya, pero lo de vestirse con el traje …

Nuestra conversación fue corta y rápida, acuciado en mi caso por los insectos que me asediaban, por lo que no pude averiguar si había excepciones como por ejemplo en los días de lluvia. El también tenía prisa pues aunque eran poco más de las siete de la mañana se tenía que marchar con cierta premura a animar con su gaita la boda de un amigo. Quizá los escoceses, que empiezan muy pronto a hacer cosas, también se casen a las nueve de la mañana, no sería de extrañar.
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sábado, 3 de septiembre de 2011

BUSBY

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Los animales de compañía son un invento relativamente reciente. Siempre han existido animales domésticos, aquellos que el hombre ha incorporado a lo largo de los siglos a su vivienda, pero fundamentalmente por motivos prácticos, esto es, de trabajo, vigilancia, alimentación, etc. En mi infancia no recuerdo que en las casas, especialmente en los pisos, hubiera animales sin una función concreta que desarrollar y que, de alguna manera, se ganaban con
su trabajo la comida y las pocas atenciones que recibían. Pequeños eran los pisos, por lo general con muchos habitantes y con pocos recursos como para dedicar sitio y dinero a tener un animalito de adorno.

Haciendo memoria, el primero que recuerdo en mi infancia fue un loro. Mi tío Luis, que había emigrado a Venezuela unos años antes, vino a pasar dos meses a España y se trajo este simpático y exótico animal, en su jaula, que nos entretenía con sus ocho o diez palabras perfectamente pronunciadas. Más adelante, con el invento y la profusión de viviendas unifamiliares con terreno, empezó la costumbre de tener perro, aunque en cierto modo se cumplía una función de defensa y compañía. Hoy en día la variedad de animales que la gente tiene en sus casas, principalmente de forma decorativa, es tremenda y no es infrecuente oír que alguien tiene una pitón o un cerdito asiático alojados en su vivienda. Por comentar como curiosidad y que yo he llegado a ver con mis propios ojos, un conocido tenía en su finca un tremendo león africano con el que jugaba como si fuera un perrillo. Daba miedo solo verlo.

Una de las cosas que queda fuera de toda duda es que se les acaba cogiendo cariño, mucho cariño, por lo que cuando se marchan, de forma natural o accidental, se produce una pequeña conmoción familiar.

En mi caso particular empecé allá por la veintena con los peces tropicales. Con dos acuarios en casa, llegué a criar peces. Aunque es difícil de creer, ciertos peces eran algo avispados y me conocían, especialmente dos pirañas a las que cuando iba a dar de comer parecía que lo sabían y se ponían contentas. Había que dedicar un tiempo al asunto en limpieza, comprobación del pH del agua, renovación del oxígeno, iluminación, temperatura, alimentación y otras tareas aparte del dinerillo que costaban los peces, que si eran raros no era poco. No llegué a entrar en los de agua salada porque aquello eran palabras mayores, además de los problemas que llegaban en las vacaciones, ya que un acuario de 1,20 metros lleno de agua no se puede meter en el coche así como así.

Con el tiempo pasó aquello de los peces y estuve un tiempo sin animales en casa, hasta que a mi mujer le regalaron una gatita. Preciosa, cariñosa, la verdad es que hacía la vida por su cuenta, entraba y salía, y no daba guerra. Hubo que esterilizarla por aquello de la no deseada descendencia y fue doloroso separarnos de ella siguiendo los consejos del médico cuando la tuvimos que regalar al quedar mi mujer embarazada y no haber pasado la toxoplasmosis, por lo que el tener un gato cerca era un riesgo.

En ese momento me conjuré para no tener animales a mi cargo nunca más. Pero siempre hay algún amigo gracioso que regala un animal al niño. Catorce años después, en el cumpleaños de mi hijo, una pareja de amigos se presentó en casa con una jaula con un conejito blanco en su interior. Aunque dije que no un montón de veces al final acabé cediendo y “Busby”, nombre que puso mi hijo al animalito, se quedó a vivir con nosotros.

Los conejos viven por término medio unos siete u ocho años. Parte de la familia estábamos de vacaciones y al regresar a casa esta semana encontramos a “Busby” tumbado y quietecito en su jaula. Tenía la puerta abierta y salía y entraba cuando quería e incluso se venía de vacaciones a la playa. Al final han sido más de doce años los que “Busby” ha estado en casa como uno más de la familia. El disgusto de mi hija pequeña fue mayúsculo pues en su caso lo ha visto en casa desde que nació y le cogía y acariciaba con frecuencia.

Ahora vendrán nuevos ataques sugiriendo nuevos animales en casa. Esta vez tengo la firma intención de no ceder. Veremos.
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sábado, 13 de agosto de 2011

TRANSPORTABLE

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En inglés se diría “portable” que es casi lo mismo por lo que se entiende muy bien en castellano. Me quiero referir en esta entrada a programas de ordenador. A medida que los ordenadores y otros aparatos como los teléfonos con un procesador dentro son capaces de ejecutar programas, el número de estos crece y crece de forma exponencial. Con un cierto desorden diría yo, pero en el caos está la alegría de que cada cual pueda escoger lo que más le interesa, lo que mas le conviene o simplemente lo que mejor se adapta a sus intereses. Programas que hacen básicamente lo mismo los hay por docenas, pero cada uno tiene su peculiaridad y los usuarios, las personas, nos decantamos por unos o por otros por razones variopintas, que van desde que fue el primero que usamos hasta recomendaciones de amigos, blogs, webs especializadas o redes sociales.

Mi ejemplo típico es acerca de los conocidos programas cuya función básica en sus orígenes era la de grabar CD’s y DVD’s. En este momento me acabo de dar cuenta de que ya prácticamente no los uso, ya que he erradicado esos medios de mi uso normal, salvo cuando mi mujer me pide que le haga un CD de música a medida para oírlo en el coche. Retomando, los programas clásicos en sus comienzos, hace ya algunos años, eran NERO y EASY CD CREATOR, ahora denominado ROXIO CREATOR. Aunque la gran mayoría usaba NERO, a mí me regalaron una versión del CREATOR, empecé a usarla y desde entonces he continuado con ella. Una manía. Ahora hay decenas de programas que graban CD’s o DVD’s y hasta el propio Windows nativo en su última versión lo hace. No lo he dicho, pero como se ha podido notar me estoy refiriendo al sistema operativo Windows para PC’s. Hice mis pinitos con el LINUX, me dan muchas ganas de volver a él, pero por el momento me las aguanto.

Retomando el tema de la transportabilidad, es frecuente que algunos programas los usemos de forma muy esporádica. El concepto de software “portable” lleva ya algunos años y lo que trata es de evitar la instalación propiamente dicha de los programas en un ordenador. No sólo porque es frecuente que tengamos en casa varios, entre fijo y portátil o “notebook”, sino porque usamos otros en el trabajo, en una biblioteca o…. en casa de los amigos, asunto que tiene su aquel. El hecho es que la instalación de programas de forma fija en un ordenador, de alguna forma degrada el sistema y si no se tiene mucho cuidado y se utilizan herramientas de limpieza con frecuencia, el paso de los meses y las sucesivas instalaciones, el PC hacen que este se puede volver lento e inestable. Yo, cada seis meses, suelo hacer un borrón y cuenta nueva, formateando el disco duro e instalando todo de nuevo. Se consigue práctica, se apuntan las cosas, se instalan versiones nuevas actualizadas y se está preparado para las catástrofes, que tarde o temprano llegan.

Hay varias formas de llevar programas en un “pen drive”. La que primero conocí es la denominada PORTABLEAPPS. Con muchos años en activo, permite descargarse un instalable que comprende el propio software con una “suite” prefijada que contiene una serie de programas que suelen ser utilizados de forma general y que luego iremos complementando a medida de nuestros gustos y necesidades. Por supuesto podemos poner y quitar programas a nuestro libre albedrío. Como he mencionado, lo he utilizado con satisfacción en varios sitios en los que he estado y donde es suficiente disponer de una USB libre, y utilizable, en un ordenador.

Los ejemplos asientan las ideas. A mí me gusta utilizar FIREFOX o CHROME, pero es muy común encontrar instalado en muchos ordenadores por los que he pasado INTERNET EXPLORER como único navegador. Pues bien, pongo mi “pen drive”, arranco mis aplicaciones transportables y puedo utilizar aquellos, con la particularidad añadida de que van configurados con las opciones a mi gusto y, muy importante, con el conjunto de favoritos que tengo yo y que generalmente son de gran ayuda a la hora de manejarse y navegar por la web. Otro ejemplo descubierto recientemente es el programa CALIBRE, gestor de libros electrónicos, que utilizo de forma transportable para efectuar alguna conversión de formatos.

Me he hecho tan adicto a la portabilidad que la utilizo también en mis propios ordenadores para evitar instalar programas, sobre todo los que no se usan de forma continua. El formato de la aplicación PORTABLEAPPS permite añadir de forma manual otros programas que cumplan las características para ser transportables aunque no se encuentren recogidos en su web. De hecho hay muchas otras webs, como por ejemplo PORTABLE FREEWARE que tiene una lista interminable y muy amplia de programas preparados que podemos utilizar.

sábado, 6 de agosto de 2011

RECOMENDABLE

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Es mejor no acudir a los sitios con demasiadas expectativas, ya que es muy probable que la cosa no sea para tanto como se idealizaba y en lugar de disfrutar uno acaba autogenerándose una desilusión. Siempre me viene a la memoria el ejemplo de mi primera visita a Cuenca, a comienzos de los años setenta del siglo pasado, donde acudí pensando en las maravillosas casas colgadas y en el espectáculo que suponía la famosa Ciudad Encantada. Ni una cosa ni otra, las casas colgadas eran dos y no era para tanto, pues en muchos pueblos perdidos y sin fama había cosas parecidas y en cuanto a la Ciudad Encantada, pues bueno, mucha propaganda, pero seguro que en un paseo por los alrededores de cualquier pueblo de montaña pedregosa y pelada, puestos a poner nombre a la forma de las piedras se encontraban unas cuantas. No quiero con esto desmerecer a la bellísima ciudad de Cuenca, que lo es por otras innumerables razones, pero lo pongo como ejemplo de que no conviene preconcebir ideas desmesuradas.

Ayer viernes se anunciaba un día lluvioso en la costa de Cantabria. Últimamente, los hombres del tiempo aciertan y así ocurrió. La playa quedaba descartada y una idea que venía rondando la cabeza era hacer una excursión a lo largo de la N-611, entre Torrelavega y Reinosa, visitando pueblecitos e iglesias mozárabes y románicas con encanto. Ya he comentado en otras entradas de este blog que mi hija es celíaca, con lo que uno de los problemas en estas escapadas es el tema de la comida en restaurantes. Felizmente, cada día son más los que conocen el problema y se prestan a colaborar en la medida de sus posibilidades. En alguna ocasión decidimos salir de casa con la tartera y dejarnos de indagaciones, pero también es una fuente de relación con la gente, como así queda demostrado en lo que voy a relatar a continuación.

Eran la una y media cuando llegamos al imponente edificio y anexos del monasterio de Nuestra Señora de las Caldas de Besaya, cerrado a cal y canto ya que según nos informaron solo se abre durante los actos religiosos, como así fue en muchas de las iglesias visitadas, cerradas a machamartillo y que la única manera de visitar es dar con algún vecino que tenga la llave y se avenga a acompañarte y mostrarte. Algunas ermitas, como la de San Román de Moroso, a cuatro kilómetros de Bostronico por una pista de tierra, son una casa cuadrada por fuera sin mayor vistosidad y seguro que encierran intramuros todo su esplendor.

Pero como decía, aunque el monasterio de Las Caldas estaba cerrado, no así su Hostería anexa al mismo, en cuya puerta conversaban animadamente dos mujeres vestidas con lo que podía ser un uniforme de cocina. Dolores y Vice, que así se llamaban, mostraron gran interés a nuestra pregunta acerca de la intolerancia al gluten, nos demostraron que el asunto no era ni mucho menos nuevo para ellas y se ofrecieron a preparar unas rabas, calamares, con rebozo de maicena en lugar de harina, para que mi hija las pudiera tomar.

Aunque era un poco pronto, la perspectiva de comer en un sitio donde la celiaquía no fuera un problema acabó de convencernos. Mi hija acaba la mayoría de las veces con el clásico filete a la plancha acompañado de patatas fritas cuando en la cocina acceden, al menos lo dice el camarero, a freírlas en un aceite limpio. Y de postre, fruta.

Todo fueron facilidades proporcionadas por Víctor, que hacía las veces de camarero y maître, hincha confeso del Real Madrid, hermano y primo de las cocineras y que llevaba más de veinte años oficiando en el lugar. El menú del día, a elegir entre ocho o diez platos en primeros y otros tantos en segundos, es el de mejor calidad precio que recuerdo. Los postres, todos ellos caseros, de sobresaliente con matrícula de honor, aunque solo probé tres: flan, leche frita y tarta de manzana.

Lo mejor de todo fue el menú de mi hija: espectacular su primer plato de rabas, su segundo de carne asada con patatas fritas y un flan casero de huevo, en raciones más que amplias y de una calidad y preparación exquisitas.

Muchas veces pienso que sitios como estos no conviene recomendarlos, pues se acaban masificando y perdiendo, pero también es de justicia ser agradecido y hacer propaganda cuando te atienden bien, más que bien, en este caso. En las fotos se puede apreciar algo el entorno, las mesas, los cubiertos y copas, el candelabro con las velas…. Si a esto añadimos la atención, el que el menú incluye un vino más que aceptable y café y lo redondeamos con un precio de catorce euros en total, de lunes a sábados incluidos, me parece que no se puede pedir más.
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martes, 2 de agosto de 2011

20N

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Mientras andaba dando vueltas a otro contenido para el blog, nuestro Presidente del Gobierno no ha podido resistir, o resistirse, más y para irse de vacaciones con cierta tranquilidad a Doñana, ha convocado las elecciones generales para el próximo mes de noviembre, como siempre últimamente en domingo, que por un azar coincide en día y mes, que no en año, con otra fecha señalada y de general conocimiento para todos los españoles. La de este año es de 2011 y la otra fue en 1975. Como quiera que la otra idea que tenía para la entrada del blog es atemporal, o intemporal tanto da, la dejo para más adelante y aprovecho la inmediatez de la noticia. Al pedir la baja en su trabajo, el señor Jose Luis Rodríguez Zapatero estará preocupado por encontrar trabajo pronto y no engrosar las cifras del paro, que me atrevo a pensar que para aquellas fechas tras el verano, volverán a echar humo si un milagro del cielo no lo remedia.

No recuerdo de cuando data la costumbre de designar fechas señaladas con los dígitos del día y la inicial del mes correspondiente. Curiosamente todas las que en este momento me vienen a la cabeza son días de dos cifras y en algunas que son internacionales se da la coincidencia de que la inicial del mes es la misma en castellano que en inglés. Así recuerdo el 23F del que ya han transcurrido unos cuantos años, las más recientes del 11S y 11M del 2001 y 2004 respectivamente, y la tan cercana 15M del propio año en curso.

Estas abreviaturas nos simplifican la vida pues para cualquier español de España o de cualquiera de sus “autonosuyas”, el hablar del 23F implica un hecho que todo el mundo conoce mientras que a un francés, por poner un ejemplo, no le dirá seguramente nada, salvo que ellos tengan otro 23F, pues febrero se dice “février”. En los meses siguientes, hablar en España del 20N va a servir como mínimo para sembrar la confusión, pues unos estarán referenciando la fecha de las elecciones mientras que otros harán mención al aniversario de la muerte de Franco, como digo allá por 1975. Me atrevo a aventurar que, una vez pasadas las elecciones, el 20N seguirá siendo lo que era, perderá un poco de protagonismo en estos meses venideros para recuperarlo después.

Ya están convocadas las elecciones por las que “todos” los españoles estaban suspirando, según se oía decir a políticos y encuestas por todos lados. Podemos estar tranquilos pues ya está todo solucionado. Vamos a elegir a “nuevos” representantes políticos que con el poder recibido de las urnas van a solucionar todos los problemas de un plumazo, de un día para otro.

La democracia en España ha sobrepasado los treinta años, más que suficiente para darse cuenta de sus ventajas pero también de sus miserias. Unos y otros se han alternado en el poder central, autonómico y municipal en grandes ciudades y si entrecerramos los ojos y desenfocamos la vista podemos ver los resultados hasta la fecha. Y lo que es peor, anticipar lo que nos espera. Unos probablemente se vayan, pero la estela de polvo y lodo que dejan enturbia el ambiente hasta límites insospechados y los que parece con mucha probabilidad que van a venir, si no cambia drásticamente la cosa, ya sabemos de qué pié cojean y nos podemos ir preparando.

Siempre he sido de la opinión de que las reformas hay que hacerlas cuando las cosas van bien, lo que nos permite planificar las cosas y obrar en un entorno tranquilo y sosegado, pudiendo elegir el momento más adecuado para cambiar. Es lo que se llama medicina preventiva y que muy pocos aplicamos, no solo en nuestra salud sino en todos los ámbitos de nuestras vidas. Si tenemos un programa funcionando bien en nuestro ordenador o teléfono móvil…. ¿para que vamos a cambiarlo por otro o por una versión actualizada? La frase popular llega en auxilio de los indolentes, procrastinadores profesionales ellos: “Si funciona no lo toques”.

Cuando deja de funcionar, cuando llegan los problemas, todo son prisas y carreras, pero hay una cuestión que viene de perillas a estos y no es otra que la patente de corso de que se dispone para, invocando la crisis, hacer y deshacer sin tino ni mesura y que los que son objeto de sus acciones traguen con todo lo que se les eche. Hace años vi en la hoja calendario del taco una frase que llamó mi atención: “Es mejor quién evita los problemas que el que los soluciona”. Hice una fotocopia ampliada y la colgué en el tablón de anuncios de la empresa. A los pocos minutos ya estaba mi jefe dándome una charla a cuenta de la frase. Supo, sin que nadie se lo dijera, que el que había colgado la frasecita en el tablón había sido yo.

Los “nuevos”, tras el 20N de 2011 tendrán todas las bendiciones para hacer lo que les venga en gana y ya nos podemos ir preparando. Los que realmente mandan, los “poderes económicos” que trascienden a gobernantes y estados y que siguen a flote y en su rumbo bien pertrechados y en la abundancia, impondrán sus normas y aquí tendremos, no faltaría más, la última palabra, bueno, las dos últimas palabras: “Si, bwuana” o en lenguaje familiar más coloquial y enternecedor “Si, cariño”.

En las recientes manifestaciones del 15M, cuyo fondo aunque no su forma cobra de nuevo su razón de ser, hubo muchas frases imaginativas. Dos me vienen a la memoria y no hago ningún comentario de ellas: “No hay pan para tanto chorizo” y “PSOE y PP, la misma mierda es”. Más de treinta años de actuaciones los contemplan y dan sentido, en mi “humildísima” opinión, a estas frases.

Vayamos adquiriendo todo el “ajo”, “agua” y “resina” del que seamos capaces. Quizá también y perdón por la irreverencia que sugiere, nos venga bien pasar por la farmacia y hacer acopio de vaselina. Mucho me temo que nos van a hacer falta.
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