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domingo, 24 de junio de 2012

ENGAÑIFA



A lo largo de diferentes entradas en este blog he venido manteniendo mi particular teoría acerca de como las empresas, sobre todo las grandes empresas, parecen haber tomado la senda de una política sino de engaños si de medias verdades que nos llevan a ser desconfiados por sistema en todas nuestras relaciones con ellas.

Desde que me puse al volante por primera vez he realizado miles de kilómetros por carreteras de España y de Europa, y algunos al otro lado del charco y nunca hasta el año pasado había utilizado un navegador de coche, de esos que ahora se les conoce de forma genérica por el nombre de la marca más conocida de las que los fabrican. Y como voy a hablar de ella, no demasiado bien, no tardo ni un segundo más en mencionar su nombre: TomTom.

Y es que claro, antes no existían esos aparatitos, ni siquiera el famoso Google Maps, por lo que la única solución era proveerse de planos y mapas en papel y echarle un rato en estudiar el viaje, ver las rutas, planos de las ciudades y sitios de interés, en fin, preparar con antelación los desplazamientos, más que nada porque los mapas no hablaban y tampoco se podían ir mirando mientras se conducía, cosa que hacemos ahora y que supone una cierta distracción. Recuerdo a principios de los años ochenta haber entrado con el coche hasta el corazón de ciudades como París, Oslo, Estocolmo, Munich, Viena, Budapest, o Atenas, por citar algunas de las que me vienen a la memoria, sin más ayuda que los mapas en papel.

El año pasado y con motivo de un viaje en coche por Escocia, mi buen amigo Manolo se empeñó y consiguió que me llevara su navegador cargadito hasta los topes con las carreteras de ese país. Tengo que reconocer que la experiencia fue un éxito y el aparatito nos llevó con precisión a todos los sitios que le pedimos, alguno de ellos en medio del campo y a los que se accedía por caminos que no se podían calificar sensu stricto de carreteras.

A la vuelta, y con motivo de mi cumpleaños, mi mujer tuvo la “feliz” idea de regalarme un cacharrito de esos. A pesar de que mi buen amigo Manolo nos había dicho “que con tarjeta, siempre con tarjeta”, mi mujer se dirigió a esos grandes almacenes que tienen de todo y que te devuelven el dinero si no estás satisfecho, y me compró uno de los de gama alta, el GO LIVE 820, con un precio de 229 euros. “Me ha dicho el dependiente que trae de todo lo traíble, mapas de toda Europa, manos libres para el móvil, conexión a internet…”

Como todo lo que se mueve hoy en día en el terreno de la electrónica, hay que conectarlo al ordenador para actualizarlo y manejarlo. Ahí surgieron mis primeros problemas. Mi ordenador tiene como sistema operativo un Windows 7 de 64 bits y ni por activa ni por pasiva conseguí conectar el TomTom, que se quedaba literalmente tonto, valga la no redundancia. Tras varios correos electrónicos con el soporte técnico, de esos que parecen un verdadero diálogo de besugos y en los que notas que te están tratando como si fueras un bobo integral, me reconocieron que “por el momento” no tenían disponible la versión de 64 bits. Creo que ahora ya lo está, pero yo opté por manejar el cachivache en el ordenador de mi hijo, que sigue con su Windows XP de 32 bits tan campante. La primera en la frente, una empresa tan seria y tan grande que no disponga de la versión de su actualizador para un sistema operativo que llevaba ya dos años en el mercado era cuando menos descorazonador.

Periódicamente conecto el achiperre al ordenador hasta que me dice que lo tengo actualizado. Pero desde hace un tiempo, al encender el cacharro en el coche, me sale un mensaje diciendo que mis mapas tienen diez meses de antigüedad y que es conveniente actualizarlos. ¿Cómo es posible si el ordenador me dice que lo tengo todo al día? Los servicios de actualización, según le dijeron a mi mujer cuando se lo vendieron eran gratuitos durante el primer año, luego habría que renovarlos pagando una cuota de forma anual. Como no me cuadraba la cosa, nuevo correo al soporte técnico, que en un par de ocasiones me salen con lo mismo y que se resume en lo de siempre y que Vds. ya me entienden: apagar y encender.

Ante mi insistencia en que lo de apagar y encender no era la solución, recibo el correo esclarecedor que reproduzco a continuación. Me he permitido resaltar en negrita un par de frases. Resulta que tengo derecho durante 4 años a descargar lo que ya tengo pero ...

Disculpe la confusión. Usted tiene derecho durante 4 años a la descarga de la versión 8.75 del mapa de Europa, pero no a la actualización de este mapa.
Usted también tiene derecho a un año de servicios LIVE a partir del día en que encendió su dispositivo por primera vez. Estos servicios incluyen HD traffic, radares de tráfico móviles, búsqueda local con Google, LIVE QuickGPSfix y tiempo, para todos los paises en los que estos servicios están disponibles. Sin embargo, en los servicios LIVE no están incluidas las actualizaciones de mapa.


Los servicios “LIVE” suponen una conexión permanente a internet que te avisa hasta si una hormiga está cruzando la carretera más adelante o el tiempo que hará en el destino cuando llegues, amén de atascos y sugerencias de caminos alternativos. Precioso, funcional, práctico y moderno. Pero lo fundamental en un navegador son los mapas. Pues resulta que en el año inicial de servicios gratuitos NO ESTAN INCLUIDOS los mapas. ¿Se puede creer alguien esto? Hasta el propio empleado de TomTom no se lo podía creer, como aclara al principio del correo pidiéndome disculpas por la confusión.

Solo como un dato, y se puede ver en la imagen de más abajo, la actualización del mapa que trae el aparato, que es el de Europa completa, cuesta solo 70 euros, mientras que la actualización del mismo durante un año, cuatro supuestas actualizaciones, cuesta 64 euros porque me hacen un descuento. A esto habría que añadir otros 60 euros anuales por seguir teniendo activos los servicios LIVE, vamos que estamos hablando de 120 euros al año sumando las dos cosas para mantener el chisme plenamente operativo.

Pues como se dice ahora, VA A SER QUE NO, señores. Me parece una “pasta gansa” que no me voy a gastar. Por convicción y por sentirme engañado. Como alternativa me dedicaré en cuerpo y alma a hablar con mi amigo Google y consultarle que hay por ahí sobre el tema de los mapas, ya me entienden. Nada hay imposible en este mundillo y seguro que otros han pasado por ello. Y si no seré yo el primero. ¡Ay, si hubiéramos hecho caso al amigo Manolo y lo hubiéramos cambiado por otro de tarjeta! Otro gallo nos cantaría.

Parece que tengo imán. Será eso, que las empresas no me “engañan”, soy yo que me “confundo”. Mucho ojo a la letra pequeña y si no se lee, a veces es mejor confiar en los débiles, que lo tienen más difícil y “confunden” bastante menos.



sábado, 16 de junio de 2012

REARME


Recibo a lo largo del día en mi móvil múltiples avisos de las diferentes cosas de todo tipo a las que estoy suscrito en el maravilloso mundo de la red. Las hay de todo tipo, buenas, malas, irrelevantes, interesantes, curiosas …… Esta mañana una de ellas me ha desatado un sentimiento de pena: “La leyenda del Ladrón”, el último libro de Juan Gómez Jurado ha sido filtrado a la red y es posible obtenerlo fuera de los canales oficiales a un coste que ya se pueden ustedes suponer.

El libro se puso a disposición del público el pasado uno de junio, en las dos versiones de papel y digital. Han pasado tan solo quince días y ya está junto a otros muchos en el cementerio vivo de los libros gratuitos.

Invitado por el autor y acompañado de una veintena de personas tuve la oportunidad de asistir a un acto emotivo y entrañable que se celebró la tarde anterior en una cafetería de Madrid. Puede verse una reseña del mismo AQUÍ. En ese acto, un Juan cercano nos contó su trabajo a lo largo de los últimos cuatro años para conseguir la ilusión de ver publicado un libro de estas características, del cual puede verse una reseña AQUÍ. Muchas horas dedicadas, cerca de 200 libros leídos, viajes, contactos, etc. etc. en pos de este libro que supone un rearme de él mismo como escritor, a gran distancia de sus anteriores novelas que han triunfado en cuarenta y cinco países y no tanto en España.

El autor es una persona como los demás. A todos nos gusta que nos remuneren nuestro trabajo, porque no sé de nadie que le guste trabajar gratis, a no ser que sea por un tema altruista y este no es el caso. Las personas tienen hijos, hipoteca, gastos y necesitan del maldito dinero para seguir adelante en su vida y entre otras cosas, seguir escribiendo libros para que los lectores disfrutemos de ellos.

En el acto referido, los asistentes fuimos obsequiados con un ejemplar del libro en papel, dedicado personalmente. A pesar de ello y por pura convicción, yo ya había adquirido la versión digital, que me fue puntualmente descargada a mi lector a las 02:20 de la madrugada de ese día uno de junio. Aquí el recibo de la compra



Se habla mucho ahora de la famosa “línea roja”. En este tema cada uno de nosotros tenemos nuestra personal línea roja que podemos desplazar hacia un lado y hacia otro según nos convenga y en nuestra estricta intimidad. Pero al menos pienso que debemos de tenerla y activarla para según qué temas. Todo no vale y todo no puede ser gratis. Al hilo de este asunto se me ocurre que la sociedad en general y todos y cada uno en particular necesitamos un rearme moral y revisar nuestra ética, individual y colectiva. Ética y moralidad están descendiendo a niveles realmente bajos y no solo en estos asuntos sino en todos los que no rodean, a saber, política, banca, empresa, sindicatos, partidos, trabajadores y en general todo el mundo. Me viene a la cabeza un estupendo libro que tengo que volver a leer “Ética para Amador”, de Fernando Savater, para revisar y reajustar unos cuantos conceptos.

Está claro que no se pueden poner puertas al campo, y añadiría ahora que ni ventanas al cielo en clara alusión a las posibilidades de internet. Quién esté libre de pecado, y no haya descargado contenido multimedia, que tire la primera piedra. Pero al menos un poco de cancha a los autores para dejarles obtener el fruto de su trabajo.

domingo, 10 de junio de 2012

HIDROMITOS



Me sale hoy la vena “geek” aderezada con un poco de nostalgia, que los años van pasando y no en balde. Desde que aparecieron los ordenadores personales o PC’s allá por el año 1981 he andado teniendo relación estrecha con ellos en dos vertientes: la profesional o de la oficina y la personal o de casa. El hecho de tener información en los dos sitios planteaba en los primeros tiempos un problema interesante que no era otro que trasegar con la información entre casa y oficina y tener mucho cuidado, de forma manual, para no perder datos por cualquiera de las muchas formas posibles; borrado, copiado, machacado, etc. etc. cuando iban y venían a diario del ordenador de casa a la oficina.

Al principio el medio eran los “floppys”, aquellos discos flexibles de 5 y 1/4 pulgadas que permitían almacenar nada menos que la friolera de 180 Kilobytes de información. Los datos eran por lo general documentos de texto y cabían bastantes en un solo “floppy”. Pero a medida que fue pasando el tiempo y a principios de los noventa empezaron a trabajarse las imágenes, los 180 KB se quedaron insuficientes a todas luces, lo que motivó la aparición de los ya olvidados “diskettes” que en su versión de densidad alta llegaron a tener 1,44 Megabytes con lo que equivalían casi a 10 de los floppys. Hablando de imágenes en aquellos tiempos ¿nos acordamos del “storyboard”?, todo un descubrimiento en el procesamiento, retoque y creación de imágenes, muy simples, pero imágenes al fin y al cabo y encima animadas. Un lujo.

A medida que fue pasando el tiempo, la cantidad de información que íbamos alojando en nuestros ordenadores iba creciendo vertiginosamente, por lo que a principios de los dos mil ya andaba con varios diskettes para allá y para acá todos los días, un verdadero incordio. Y entonces aparecieron las memorias USB, viniendo a solucionar nuestros problemas, eso sí, a un precio desorbitado, pero es como todo con la tecnología, si la quieres empezar a disfrutar desde sus inicios no queda otra que rascarse el bolsillo. No recuerdo a ciencia cierta cuanto me costó mi primer “pen-drive”, ese que puede verse en la fotografía con tan solo 64 Mb y que por tanto equivalía a cuarenta y cuatro diskettes. Pero la comodidad y la fiabilidad en el transporte de datos de un sitio a otro no tenían parangón.

El paso del tiempo ha ido dando más capacidad y mejores prestaciones a un coste muy inferior, pues hoy en día se pueden encontrar memorias de 32 Gb por menos de veinte euros e incluso jugándosela un poco algunas de 256 Gb, repito la cifra que parece errónea, 256 Gb, como la que ven en la imagen y que me ha costado 30 euros en una de esas tiendas de internet que se alojan en Asia y que mandan cosas a precios increíbles y que además funcionan. Equivalente a ciento ochenta mil diskettes, por hacer una equivakencia.

Ahora todo esto está ya pasado de moda, pues podemos disponer de discos duros de capacidades por encima de 1 Terabyte por precios razonables y del tamaño de un paquete de tabaco. E incluso esto está fuera de lugar si disponemos de una conexión a internet con servicios en la “nube” como Dropbox, Sugarsync, Box, Skydrive o Goole Docs, cada uno con sus características pero que nos permiten disponer de toda o gran parte de nuestra información en cualquier ordenador e incluso en nuestro teléfono, ya digo, siempre que haya conexión a internet.

Pero se preguntarán que tiene todo esto que ver con el título de esta entrada, una palabra que no existe en el diccionario pero de la que podemos deducir que se refiere a mitos del agua. A estos artilugios de los que hemos estado hablando se les llama de muchas maneras: memoria usb, pen-drive, lápiz, pincho, rana, achiperre ...… A lo mejor hay alguien por ahí que les llama hidromitos, que de todo hay por el mundo.

sábado, 2 de junio de 2012

WEBINAR


A pesar de que uno intenta estar atento a las últimas tecnologías en los aspectos de mejoramiento personal, es difícil abarcar todo lo que se mueve y sobre todo probarlo y utilizarlo. Enredados en un mundo “GEEK”, cualquier reunión de amigos, cualquier revista que cae en tus manos, el correo electrónico, “twitter” y un sinfín de fuentes están bombardeando continuamente tus neuronas con la existencia de mejoras de lo que ya conoces o nuevas formas de ver, entender y utilizar las cosas.

Recuerdo algunas de las últimas conferencias presenciales a las que he asistido en las que estaba previsto el coloquio y las preguntas de los asistentes en que ya se utilizado la fórmula de la tarjeta en la que tienes que escribir tu pregunta o reflexión sobre lo que estás oyendo y hacerlas llegar a un moderador que se encarga de filtrar y agrupar las ocurrencias de los asistentes. El hecho de que tengas que poner por escrito aquello que quieres hacer llegar al ponente ya te fuerza a un ejercicio de condensación, que no es lo mismo escribir, y además en papel, que hablar. Esto permite también un mejor control del tiempo y los temas, a la vez que se evitan de raíz las intervenciones de aquellos “pesados”, que siempre los hay, que pretenden dar su conferencia particular y mortificar al resto de los asistentes con sus opiniones, que no preguntas.

Refiero esto porque la semana pasada tuve la oportunidad de “asistir” a la forma moderna de conferencia, que tiene entre otras esa denominación con la palabreja con la que he titulado esta entrada: “webinar”, y que no es otra cosa que un seminario o conferencia en línea a través de los recursos de internet. Sentado cómodamente en tu casa estás asistiendo en directo a una presentación en la que puedes escuchar al ponente a la vez que ves en pantalla las diapositivas y lo que en ellas se señala. Además dispones, según los casos, de una ventana donde puedes ir escribiendo las preguntas y dudas que quieras hacer llegar a la persona que imparte la charla y que son contestadas al final de la misma. La única diferencia, que no es poca, es no poder disfrutar del lenguaje no verbal y de mirar las caras y actitudes del resto de los asistentes. Pero por lo demás todo son ventajas, pudiendo asistir a un acto que se está celebrando en esos momentos en cualquier parte del mundo sin tener que desplazarte.

Recuerdo las reuniones en las empresas de hace años a través de líneas telefónicas en donde se podían solamente escuchar los participantes, teniendo que adivinar por el tono de voz quién estaba interviniendo. Ahora ya se emplean cámaras y la mayor fiabilidad de las comunicaciones hacen posible las reuniones con vídeo en las que estás viendo a quién interviene y al propio tiempo estás siendo visto tú mismo.

Las posibilidades son infinitas, tanto en el terreno de la formación como en el de la simple divulgación. Porque hay que tener en cuenta que además estas sesiones se graban y normalmente quedan “colgadas” y disponibles de la red, por lo que uno mismo pueden volver a atenderlas si en algún momento ha habido algo interesante o que no se ha entendido, con la facilidad que supone el estar conectado en un ordenador y poder sacar ejemplos a base de pantallazos con datos que de otra forma habría que estar tomando apresuradamente a mano. O utilizar cámaras fotográficas, sin quitar el flash, en medio de las conferencias, situación que ahora se ha puesto de moda al disponer casi todo el mundo de potentes teléfonos capaces de grabar imágenes.

La conferencia cuya imagen ilustra esta entrada estaba patrocinada por XRITE, una de las empresas puntero en colorimetría y calibración de dispositivos para el tratamiento digital de imágenes, principalmente, pero no solo, pantallas de ordenador. Es muy importante tener bien calibrada la pantalla en nuestro ordenador y el ambiente lumínico que la rodea si queremos mantener una consistencia en nuestros trabajos y evitar las desagradables sorpresas cuando hemos retocado una fotografía o imagen a nuestro gusto y al imprimirla o llevarla al laboratorio obtenemos una copia que no se parece en nada a lo que estábamos viendo en nuestra pantalla. El tema versaba sobre todos los conceptos que rodean al mundo del color en el entorno informático y fue de una profundidad que en muchos momentos fui incapaz de seguir. El ponente Joan Boira sabía “latín” sobre el tema y sabía contarlo, pero se requería una base previa de cierta importancia para seguir todos y cada uno de los conceptos que allí se trataban. En su web podemos encontrar información de alto nivel relacionada con aspectos de la fotografía digital. Y si además disponemos de más de una hora y media podemos asistir al asistir al seminario completo "De la cámara al monitor".

sábado, 26 de mayo de 2012

VIDEO


No recuerdo con precisión cuando empezaron a llegar los aparatos de vídeo a nuestros hogares. Fue muy a finales de los años setenta o muy al principio de los ochenta del siglo pasado, hace unos treinta años más o menos si las cuentas no me salen mal. Como ocurre siempre con las cosas nuevas, la guerra de formatos estuvo servida en aquellos comienzos y existían tres: VHS, BETA y 2000. No siempre pervive el mejor, que en mi modesta opinión era de lejos el 2000. Con el paso de los años todo acabó en el formato VHS, que ha llegado hasta nuestros días y aún sigue teniendo su mercado a pesar de toda la tecnología digital y la migración de información a discos duros que se supone van a tener una longevidad mucho mayor que cintas y vinilos o incluso CD’s o DVD’s.

Adquirí mi primera cámara para grabar vídeo en 1987. Era, y es, una SONY CCD-V100, que si mi memoria no falla costó por encima de las 300.000 pesetas de aquella época. Un capricho para filmar las andanzas de mi hijo que por aquellos años empezaba a corretear y crecer. La cintas eran, como no, de otro formato denominado VIDEO-8 y de un tamaño reducido para insertarlas en la cámara que como se pueden hacer una idea por la imagen era de tamaño considerable, de aquellas que había que apoyar en el hombro y hacer brazos para manejarla. Yo ya era aficionado a la fotografía y había un choque frontal entre ambas modalidades: o hacías vídeo o hacías fotos. Con la ayuda de mi mujer me apañaba como podía para seguir haciendo las dos cosas. Los viajes eran un sufrimiento cargados de trastos y con el añadido de la recarga de las pilas en el caso de la de vídeo, tarea que hoy nos acompaña por todos lados pero que en aquella época era novedad.

El tamaño, calidad y precio de las cámaras fueron mejorando pero allá por 1992 decidí considerar el vídeo como un “rollo” con lo que aparqué definitivamente la cámara y me refugié de nuevo a la fotografía como único medio de conservar los recuerdos. Faltaba la animación y faltaba el sonido pero había que decidirse y me decidí. En una entrada anterior en este blog titulada OBSOLESCENCIA comentaba la inversión que supone para las empresas hacer que sus productos funcionen bien pero tengan “fecha de caducidad” para obligarnos a una nueva compra y así mantener la rueda del consumo y que no se pare nunca. Hago mención a esto porque la cámara de video, veinticinco años después, sigue funcionando perfectamente. Las baterías han pasado a mejor vida por antigüedad y falta de uso pero enchufada a la corriente eléctrica marcha como una campeona. Vamos, que para grabar cosas en sitios donde haya un enchufe a mano podría seguir utilizándose, aunque ya no es necesaria ni conveniente porque con cualquier cámara compacta de fotografía se puede grabar video digital de muy buena calidad manifiestamente mejor que el que pueda obtenerse de esta antigualla, una pieza de museo sin lugar a dudas.

Llevaba tiempo para hacerlo e incluso lo había intentado años atrás, el convertir todas esas horas a formato digital para tenerlo más manejable, poderlo procesar y trocear, y tenerlo disponible en el ordenador o en la televisión sin tener que buscar o pasar horas y horas de cintas, cintas que ya tenían más de veinte años y que podían estar rotas, pegadas o vete a saber en qué condiciones.

Al final hace unos meses el marido de mi amiga Nieves me dio la pista: visionar todas las cintas a través de un aparato grabador que las convirtiera a digital. Y, manos a la obra, así lo he hecho: con la vieja cámara enchufada a la corriente y emitiendo he pasado las más de setenta horas a formato digital y por lo menos tengo estos recuerdos en un formato con teóricas garantías de futuro. Un futuro que, como he podido comprobar, no tienen las cintas. Tres de ellas, curiosamente las únicas que no eran de la marca SONY, se han partido, dos nada más empezar y una cuando llevaba quince minutos. Las he pegado, remendado, reparado y al volverlo a intentar, nueva rotura. El tiempo ha podido con ellas y las ha dejado para el arrastre. Menos mal que tenía las correspondientes copias en formato VHS que me han servido para hacer la digitalización desde ellas, con menos calidad, eso sí, pero los recuerdos son igual de buenos.

Así que de este escrito se deduce un aviso para navegantes: si tiene algunos recuerdos que le interese conservar y están en algún soporte “antiguo”. vaya pensando de qué manera convertirlos a digital y almacenarlos en un disco duro. De otra forma, el tiempo se encargará de pasarlos a mejor vida y Vd. los perderá para siempre.

domingo, 20 de mayo de 2012

EFECTIVIDAD


Ya hacíamos disquisiciones en una entrada anterior titulada EFI.....QUÉ? AMAZON sobre la diferencia existente entre los términos eficacia, eficiencia y efectividad. De nuevo he tenido que repasarme sus definiciones para recuperar los matices. En todo caso, el término “efectividad” alude al grado de satisfacción producido en la persona que recibe un servicio, atención o producto. Esta definición es la que yo pude aprender en mis estudios relacionados con el tema de la salud y no coincide con la que nos brinda el diccionario de la RAE: “Capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera”.

Hace unos días, observé la cara compungida de mi hija al salir de su colegio. Rápidamente me enseñó dos dedos de su mano literalmente pegados con esparadrapo, entablillados, y me dijo que jugando se había enganchado uno en un radiador y se lo había dislocado. El enfermero del colegio recomendaba que le viera un especialista y la realización de una radiografía para descartar cualquier tipo de problema.

“Todo lo que puede suceder, sucede”

De todos son conocidas las famosas leyes de Murphy basadas y condensadas en la siguiente frase: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Enfatizando en lo negativo tendremos motivos para justificar todo lo que nos pase. El hecho es ese día precisamente tenía una reunión importante dos horas y media después a la que tenía que asistir, siendo vital mi presencia en la misma. Tenía todo preparado pero el hecho de tener que llevar a mi hija a un hospital, a un servicio de urgencias, trastocaba todos los planes y ponía en peligro mi asistencia a la reunión, pues ya sabemos lo que ocurre, normalmente, en los colapsados servicios de urgencia a los que acudimos todos por cuestiones que no son realmente urgentes. En este caso no se trataba de la urgencia sino de la alternativa: por los cauces legales del médico de cabecera, especialista y demás, la radiografía se la podían hacer a la niña el día de su jubilación, que recordemos está en estos momentos prevista para los sesenta y siete años.

Según me dirigía en el coche al hospital más cercano tuve de pronto la idea de cambiar de destino y poner proa a uno más lejano, situado a treinta kilómetros de mi domicilio. Ya había acudido anteriormente y aunque no me iba a suponer un ahorro de tiempo, además de la distancia, la atención podía ser diferente, digamos, mejor. Fue una idea de lo más acertado, como detallo a continuación. Seguramente fue un caso excepcional, pero tuvo lugar, por lo que aquí lo cuento. Según conducía hacia el centro sanitario fui poniendo en orden mi imaginación a ver de qué manera podía resolver mi presencia en la reunión, llamando a alguien que se desplazara al hospital, lejano hospital, para quedarse con mi hija si no habíamos acabado el proceso.

El aparcamiento situado enfrente, un poco o un mucho caro, nos permitió acceder enseguida a la recepción de urgencias. Primera sorpresa: el empleado estaba hablando por teléfono y dejó el aparato a un lado para atendernos a pesar de indicarle yo que continuara la conversación. “Es privada” me contestó y ustedes tienen prioridad. Como quiera que en el sistema informatizado de ese hospital disponían de los datos de mi hija por atenciones anteriores, pasamos a la sala de espera donde no habíamos estado sentados ni cinco minutos, atentos a las pantallas, cuando fuimos llamados por el sistema de megafonía.

La especialista, cariñosísima en todo momento con la niña, exploró los huesecillos y quitando importancia al asunto nos indicó que iba a realizar una radiografía para quedarse tranquila. Cuatro teclas en el ordenador y nos dijo que nos dirigiéramos a la sala de espera de rayos donde nos llamarían. No nos habíamos sentado cuando un enfermero se llevó a la niña para realizar la placa. Cuando salió con la niña nos dijo que volviéramos a la sala de espera de urgencias. Ante mi extrañeza de que no nos diera el sobre con la radiografía, como hasta ahora se hacía siempre, nos dijo que se transmitía por la “intranet” al ordenador del especialista.

Cuando nos dirigíamos de nuevo a la sala de espera de la zona de urgencias, antes de llegar, oímos la llamada por la megafonía. Al llegar al despacho de la especialista, esta ya había comprobado los resultados y había preparado e impreso el informe. Entablilló nuevamente el dedo, recomendó diez días de inmovilización y dió por finalizada la intervención.

De vuelta al aparcamiento, el ticket justificativo del pago me brindó la oportunidad de comprobar el tiempo total empleado: 39 minutos. Es de suponer que se dieron una serie de circunstancias que posibilitaron este “record” pero así ocurrió y así lo cuento. La informatización de ese hospital es para descubrirse, al servicio, muy buen servicio, de los pacientes-clientes y por ende del propio personal, facultativo y administrativo, que posibilitan un mejor desempeño en sus funciones.

¿De qué hospital estamos hablando?. Del ubicado en Torrelodones del Grupo Hospital Madrid. Desde aquí mi agradecimiento por la atención recibida.

martes, 15 de mayo de 2012

CORDIALIDAD



Desde que se inauguraron hace años los edificios que forman el impresionante complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Tenía yo in mente dejarme caer por Valencia. Si bien han existido visitas profesionales, de ir y venir en el día, por unas causas u otras, la visita turística y familiar se ha ido posponiendo hasta este fin de semana en que, con un tiempo espléndido, demasiado caluroso, hemos podido disfrutar de unos días inolvidables. Y no tanto por la ciudad en sí, que tiene numerosos encantos aparte de este complejo, sino por la amabilidad de sus gentes. Amabilidad hasta rayar lo indescriptible.

En este mismo blog comentábamos en una entrada titulada AMABILIDAD una serie de actitudes que podíamos utilizar para ser amables. Parece como si los valencianos, al menos con los que hemos tratado, se las hubieran aprendido de memoria y no solo eso, sino que las ponen en práctica. Las numerosas interacciones que hemos tenido con gente, bien por acceder a algunos servicios como restaurante u hotel, bien por estar simplemente sentados al lado en una cafetería ha sido gratificante y te hacen pensar que todavía queda raza humana capaz de realizar buenas acciones. Bien es verdad que el hecho de viajar con una niña celíaca favorece ciertas cuestiones a la hora de las comidas, pero en otras zonas y lugares no hemos tenido la respuesta que en Valencia.

Normalmente se suelen escribir las cosas negativas y se hace poco énfasis en las positivas, por considerar estas últimas como “normales”. Pero llegan momentos en que se nota que las actitudes están muy por encima de lo normal y si, encima, son reiteradas y continuadas, uno no tiene por menos que sorprenderse y dar fe de ello, a pesar de que pueda resultar cansino. Y es que tuve la precaución de ir tomando notas para que no se me olvide ninguna.

Nada más llegar, el recepcionista del hotel Beatriz Rey Don Jaime hizo su trabajo de forma impecable pero lo aderezó con un “qué hacer” en Valencia que ya quisieran para sí muchas oficinas de turismo. Recomendaciones de traslado al centro en autobús, visitas, donde estaban ubicados los restaurantes especiales para celíacos que le mostramos… y no sigo por no aburrir. Buscando la parada del autobús 19 para desplazarnos al centro, un conductor de autobús de otra línea de la EMT valenciana paró el autobús, lleno de viajeros, se bajó, caminó unos metros y nos indicó donde estaba nuestra parada. Ya en el autobús una señora se bajó unas paradas antes para indicarnos donde estaba la Estación del Norte y la Plaza de Toros y acompañarnos a un quiosco a comprar una tarjeta de diez viajes, que “salía más barata”. Bien es verdad que en Valencia, atención Madrid, los billetes de los autobuses sirven durante una hora desde su primera utilización, por lo que se pueden estar haciendo trasbordos sin gastar un nuevo billete. La señora simplemente se subió al siguiente autobús sin coste pero el tiempo que nos dedicó nos vino de perillas.

El desayuno en el hotel, sin paragón. Una selección de pan y bollos para celíacos que hicieron que mi hija se quisiera quedar a vivir y desayunar siempre allí, además de un camarero, Antonio, que el último día, ya lunes y con menos trabajo, estuvo haciéndola juegos con palillos que la encantaron.

Dentro del Oceanographic no hay restaurantes especiales para celíacos, pero en uno de ellos, Océanos, hablamos con el maître y en todo momento se mostró dispuesto a “hacer lo que fuera necesario” para que no hubiera ningún problema, como así ocurrió. Mencionar aquí la cordialidad de Arantxa y Manolo, el submarinista, respondiendo a las preguntas de los niños sobre delfines y peces en general. Por la noche, de vuelta al hotel muy cansados intentamos ver si podíamos cenar en el restaurante del propio hotel. Otro Antonio se ocupó personalmente de que la prepararan a mi hija una tortilla de patatas con unas lonchas de jamón que hicieron las delicias de la niña y de los padres al encontrar tantas facilidades.

En la tarde del domingo quedamos con nuestros buenos amigos Félix y Gema para tomar una cervecita en la playa de la Malvarrosa y después nos desplazamos a la Albufera, llegando a disfrutar de una puesta de sol verdaderamente espectacular. Siempre teníamos la posibilidad de volver a cenar al hotel, dado la experiencia del día anterior, pero en uno de los pocos restaurantes que estaban abiertos en El Palmar, el Llar de Pescadores, fue hablar con el camarero y le preparó a mi hija una pechuga de pollo a la plancha con verduras y patatas fritas en aceite limpio solo para ellas que tenía una pinta espectacular, como los platos que degustamos nosotros. Tanto es así que volvimos al día siguiente a comer, sin ningún problema para mi hija y pudiendo degustar nosotros un arroz caldoso que estaba para chuparse los dedos. Por si fuera poco, al preguntar al dueño del restaurante que aceite usaba para la ensalada de tomate que nos puso como aperitivo, se brindó a vendernos una garrafa pues las traía de una cooperativa de producción reducida donde no salían al público.

En suma, cordialidad a raudales, amabilidad por todos lados, un placer y un gusto el tratar con la gente. Así los viajes son de otra manera, teniendo en cuenta el pequeño problema que supone el momento de las comidas con un celíaco.

domingo, 6 de mayo de 2012

TARIFAZOS





Los españoles somos ricos, tremendamente ricos, solo hay que ver la cantidad y el volumen de impuestos que pagamos, a todas horas y todos los días. No quiero dar ideas, pero estoy esperando que lleguen algunos impuestos que no tenemos todavía, como por ejemplo el de respirar.

Ya sabemos la que nos está cayendo encima, pero no por ello dejamos de asombrarnos ante los hechos concretos, y sus cuantías, con los que nos sorprenden nuestros poco sesudos dirigentes, que parece que lo único que saben hacer, ahora ya a cara descubierta, es aplicar porcentajes desmesurados en los impuestos y las tarifas, fuera de toda lógica. Y lo que es más grave es que por activa y por pasiva se les ha dicho, por personas que entienden, que esa no es la vía. Si hay mucha gente en el paro, si el que trabaja lo hace cada vez por poco y menos salario… ¿Cómo va a tirar la economía para arriba?. Ya hemos comentado estos asuntos en el blog: en la entrada titulada “BARRERAS” se hace referencia a un libro de obligada lectura titulado “Hay Alternativas” en el que tres entendidos en la materia lejos de toda sospecha muestran sus razonamientos para demostrar que esta no es la vía. Por ello ese libro que iba a ser publicado poco antes de las pasadas elecciones fue retirado sospechosamente de la circulación, aunque la red se encargó de ponerlo a disposición de todos en instantes.

No es cuestión de comentarlos uno por uno, pero esta semana me he sufrido en carnes propias dos ”tarifazos”. En un viaje a la capital, el autobús interurbano ha pasado de 3,50 a 4,20 euros. Para que no calcule lo hago yo: VEINTE POR CIENTO. Una vez allí, en el metro, el billete de diez viajes pasa de nueve y pico a doce: más de un VEINTE POR CIENTO. Y ya en el terreno local, el impuesto anual de basura, que no hace tanto estaba en poco más de cuarenta euros anuales y ahora alcanza los noventa y dos, se ha incrementado este año un DIECISES con OCHENTA Y SIETE POR CIENTO. Y así vamos. Pero claro esto parece que luego no se tiene en cuenta al calcular el índice de precios al consumo, ese que tanto se utiliza a la hora de argumentar las subidas salariales, bueno ahora ya no hace falta, no se sube nada y santas pascuas, ni siquiera se sonrojan.

En muchas ocasiones nuestros políticos abren la boca para establecer comparaciones tendenciosas con nuestros vecinos, generalmente europeos, comparando por ejemplo lo que cuesta un billete de metro en otras ciudades europeas, así sin más, sin establecer comparaciones globales, que son las realmente válidas. Repito, tendenciosas.

Me ha llegado por correo electrónico una información, no puedo determinar el grado de veracidad y fiabilidad de la misma, que es graciosa al establecer comparaciones de los españoles con los norteamericanos. Según ella, los españoles somos ricos, tremendamente ricos. Creo que hay algunas inexactitudes, pero el tono general tiene su miga. La reproduzco a continuación:

Un español le envió a un amigo, que se fue a vivir a EE.UU., un email con esta pregunta: Dime querido amigo. ¿Por qué somos tan pobres los españoles, comparados con los norteamericanos?

Ésta fue su respuesta desde EE.UU.

Hola amigo mío, cómo se nota que los árboles no te dejan ver el bosque. ¿Cómo puedes llamarte pobre, cuando...?

Eres capaz de pagar por un litro de gasolina más del triple de lo que pago yo.
Te das el lujo de pagar tarifas de electricidad, de teléfono y móvil un 80% más caras de lo que me cuestan a mí.
Pagas comisiones por servicios bancarios y tarjetas de crédito, el triple de lo que aquí nos cuestan.
Por un coche que a mí me cuesta 2.000 dólares, tú puedes pagar el equivalente a 20.000 dólares.
¿Por qué eres pobre, me preguntas? ¡Tú sí puedes darte el gusto de regalarle 18.000 dólares al gobierno y nosotros no!

¡NO TE ENTIENDO!

Nosotros, los habitantes de Florida, somos pobres.
Por eso el gobierno estatal, teniendo en cuenta nuestra precaria situación financiera, nos cobra sólo el 2% de IVA (mas otro 4% que es federal; total = 6%) Y no el 16% como pagabais vosotros los ricos que vivís en España y que recientemente se os ha subido al 18%.
Además, vosotros tenéis "impuestos de lujo" como son los impuestos por gasolina y gas, por alcohol, tabaco, etc. que alcanzan hasta el 320% del valor original. (En la gasolina que pagas, el 70% son impuestos y ahora en Cataluña los habéis incrementado con otro poco para subvencionar la Sanidad).
Y pagáis otros IMPUESTOS como:
Impuesto sobre la renta (sobre el sueldo) IRPF
Impuesto sobre los automóviles nuevos.
Impuestos a los bienes personales
Impuesto a los bienes de las empresas (IAE)
Impuesto por uso del automóvil (de circulación)
Y dichosos que todavía os dais el lujo de pagar un 18% de IVA por estos impuestos
Además de todos los trámites y pagos nacionales y municipales (TASAS).

Porque si vosotros no fuerais ricos, ¿qué sentido tendría tener Impuestos nacionales, Impuestos autonómicos y también Impuestos municipales, de ese calibre?

¿POBRES? ¿De dónde?

Un país que es capaz de cobrar el Impuesto sobre los beneficios y sobre tus ganancias y sueldos por adelantado (mediante retenciones) como España, necesariamente tiene que nadar en la abundancia, porque considera que los negocios de la Nación y de todos sus habitantes siempre tendrán ganancias a pesar de: Saqueos, asaltos, "mordidas", sequías, inviernos con desastres, inundaciones, corrupción, saqueo fiscal... Y por supuesto que con todo esto, todos los que trabajan en ese país, deben ganar MUCHISIMO.
Los pobres somos nosotros, los que vivimos en USA y que NO pagamos Impuesto sobre la Renta si ganamos menos de 3.000 dólares al mes por persona (más o menos 2.000 €). Piensa que un obrero sin cualificar suele ganar unos 2000 dólares al mes.

Vosotros tenéis además:

IMPUESTO SOBRE LOS BIENES INMUEBLES (I.B.I.)
Impuestos de recogida de basuras.
Impuestos sobre el consumo de agua, gas y electricidad.
Y ahora pagáis impuestos a la SGAE por cualquier equipo reproductor que compréis incluidos los CD's vírgenes, USB, etc.
Y allí pagáis seguridad privada en bancos, urbanizaciones, etc. Mientras que nosotros nos conformamos con la pública.
Allí hasta enviáis a los hijos a colegios privados, y mira si seremos pobres aquí en EE.UU., que las escuelas públicas nos prestan los libros de estudio, si no tenemos dinero para comprarlos.
A veces me asombra la riqueza de los españoles que piden un préstamo cualquiera, y son capaces de pagar el 8% mensual de intereses, como mínimo.
No como aquí, que apenas llegamos al 8% anual (generalmente 7.8%), justamente porque NO estamos en condiciones de pagar más.
Supongo que, como todos los ricos, tenéis un auto, y estáis pagando un seguro de entre 200 y 800 euros al año; si te sirve de información, yo pago sólo 245 dólares por año.
Y como os sobra el dinero, sí podéis efectuar pagos anuales en concepto de eso que llamáis IMPUESTO DE CIRCULACION, (aparte de la ITV, zona verde, zona azul, aparcacoches forzosos, etc.) mientras que acá nosotros no podemos darnos esos lujos y pagamos 15 dólares anuales por el STICKER sin importar qué modelo de coche conduzcas; pero claro, eso que vosotros pagáis, es para gente de recursos.

¡¡¡ ESO ES SER RICO!!! Ser rico es tener:

86.000 concejales
9.000 alcaldes
17 presidentes de autonomías
1.600 parlamentarios autonómicos
350 diputados en Cortes (que no pagan IRPF)
300 senadores
200 parlamentarios en Estrasburgo
600 Asesores presénciales
20 ministros y todos sus adláteres; y paradójicamente a menor rango, mayor sueldo.

Hay Alcaldes que ganan más que el Presidente del Gobierno; todo esto para un país tan pequeño como el tuyo.

¡¡¡ ESO ES SER RICO!!!

Vamos, os quedáis todos en ESPAÑA porque sois RICOS. Somos los pobres como yo, los que nos vinimos a probar suerte a este país.

Bueno, te mando un abrazo y luego me cuentas cómo os va con el nuevo presupuesto, lo que sí es seguro es que os aumentarán más los impuestos. Pero no os preocupéis, que la inflación negativa os va a compensar....
Pero bueno eso es lo de menos, cuando se tiene el dinero para pagarlo.
Y ten por seguro que en el próximo discurso le van a dar un tremendo aplauso a vuestro simpático Presidente.
Además eso es lo que hay que pagar por vivir en la 8ª Potencia Mundial, el mejor lugar del mundo y el tercero donde la gente se siente más feliz del planeta.

Un saludo: Tu pobre amigo, el emigrante que se fue a EE.UU.


lunes, 30 de abril de 2012

ATAPUERCA



Si no fuera por un hecho acaecido hace un siglo, producto de la casualidad, el nombre de Atapuerca sería hoy prácticamente desconocido, un pueblo perdido en el interior de la provincia de Burgos que ni siquiera se estudiaría en los libros de geografía. Pero una compañía de explotación minera decidió construir una línea de ferrocarril para transporte de materiales que tuvo la fortuna de partir en dos una pequeña elevación en la sierra de Atapuerca.

Aquel proyecto quedo en el olvido y el descubrimiento quedó latente hasta que muchos años después, en la década de los sesenta del siglo pasado, un científico se dio cuenta de que a ambos lados de la trinchera excavada para instalar la línea de ferrocarril se percibían claramente sedimentos que habían rellenado por completo lo que en la antigüedad había sido una cueva. Jose Luis Uribarri, miembro de un grupo de espeleología burgalés, descubrió restos de herramientas y huesos fosilizados. El hecho tampoco tenía mucha importancia sino fuera porque se decidió investigar un poco más y la humanidad se topó con un hallazgo que aún hoy en día, cincuenta años después, estamos por descubrir y que supone un hito de suma importancia en el conocimiento de la evolución humana. Las primeras excavaciones, sin medios humanos ni materiales, tuvieron lugar en el año 1964.

Mi primer contacto con el mundo de Atapuerca tuvo lugar hace muchos años con motivo de la realización del Camino de Santiago que transcurre por la zona aunque de forma tangencial. Luego regresé por allí cometiendo el error que según me comentaron era frecuente: dirigirme al pueblo de Atapuerca con la pretensión de visitar los yacimientos y las excavaciones. Si bien estos están en ese término municipal, el acceso se tiene que hacer desde otra localidad, Ibeas de Juarros, situada a unos quince kilómetros de Burgos en la N-120. En aquella época, lo único que se podía encontrar en Ibeas era un pequeño local donde se daban cita los guías, a los que tenías que trasladar en tu propio coche hasta los yacimientos por un camino polvoriento lleno de baches. Recuerdo haber realizado aquella visita embobado por las explicaciones de la guía realizada desde lo alto de la pared de enfrente a las excavaciones, que por ser verano estaban teniendo lugar en ese momento. Ahora, pasado el pueblo según se llega desde la capital, se ha inaugurado un centro de recepción de visitantes que permite más facilidades para la visita.

En estos cincuenta años transcurridos desde entonces han tenido lugar muchos hechos y aunque nunca habrá suficientes medios para una zona de gran importancia por los descubrimientos sorprendentes que año tras año van teniendo lugar, las instalaciones han cambiado mucho. Por de pronto hace unos años se ha abierto en Burgos el Museo de la Evolución Humana que tuve la oportunidad de visitar hace unos días. Un enorme edificio con gran potencial pero, si se me permite, con poco contenido en su interior. Las explicaciones del guía en los grupos organizados tienen la magia de trasladarte a un mundo anterior y la oportunidad de ver restos arqueológicos, pocos, de gran importancia en la historia de la humanidad, pero no justifica la visita salvo que anexa a ella se produzca el desplazamiento a los yacimientos. Tampoco es que se pueda ver mucho allí, solo piedras y excavaciones, pero esto es un acicate para estar en un sitio con historia de cientos de miles de años, millones, y enterarte de quienes eran y cómo vivían nuestros antecesores. Se han encontrado restos de hasta cuatro especies de homínidos. La denominada Sima de los Huesos, una cavidad interior a la Cueva Mayor a la que al parecer arrojaban a los muertos a modo de enterramiento, es una fuente inagotable de esqueletos humanos, completos, que suponen un tesoro de incalculable valor para la ciencia y para saber más sobre nuestros antepasados y por ende sobre nosotros mismos.

Hay mucho escrito sobre Atapuerca y poco puedo yo añadir, pero lo mejor es lo mucho que queda por escribir, pues sin duda los descubrimientos irán creciendo a medida que pase el tiempo y en función de la disponibilidad de dinero para seguir adelante. Siempre dinero, maldito dinero. En el año 2000 la UNESCO declaró este enclave como patrimonio de la humanidad. Una concisa aproximación puede leerse en un documento en pdf de los muchos existentes que puede descargarse en este enlace

domingo, 22 de abril de 2012

EDAD



Cuando estaba pensando en escribir acerca de otro tema muy distinto, recibo por correo electrónico uno de esos muchos “powerpoints” que circulan por la red con una música maravillosa, unas estupendas fotografías de naturaleza y unos acertados mensajes para reflexionar sobre el paso de los años en las personas. He pasado mucho tiempo inmerso en este maravilloso mundo de internet y los mensajes y ficheros recibidos son muchos. Lo bueno de los ordenadores es que la memoria puede delegar en los discos duros siempre y cuando contemos con un buen sistema de archivo. El caso es que me resultaba conocido.

Buceando en los caracteres electrónicos estampados en las interioridades del ordenador, he encontrado que ya lo había recibido y archivado en agosto de dos mil diez, hace casi dos años. Ha sido un placer releerlo de nuevo y me ha hecho concebir la idea de generarme un apartado de cosas a revisar de forma periódica donde selectivamente vaya guardando aquello que al ver por primera vez sienta que tiene contenido y que debe ser refrescado para no caer en el olvido.

Ya se sabe que en el mundo de la informática, el cambiar de nombre y de autor las cosas es pan comido por su sencillez. El fichero lleva por título “PhilosophyForOldAge_GeorgeCarlin” y son las reflexiones sobre el devenir de la vida y cómo afrontarla con ilusión, escritas por George Carlin a la edad de 102 años, seguidas de una serie de recomendaciones para permanecer siempre joven y afrontar la vida con ilusión. Reproduzco a continuación el texto de su contenido. Como siempre son mejores unas buenas imágenes acompañadas de una música evocadora, por lo que la presentación puede descargarse este enlace.

 ¿Te das cuenta que la única vez en nuestras vidas en las que nos gusta envejecer es cuando somos niños? Si tienes menos de 10 años, estás tan entusiasmado con el envejecimiento que piensas en fracciones.

 ¿Cuántos años tienes? Tengo cuatro años y medio. Nunca dirás treinta y seis y medio. ¡Estás en cuatro años y medio, llegando a cinco! Esa es la clave.

 Se entra en la adolescencia, y ya no te pueden detener, saltas al siguiente número, o incluso un poco más adelante.

 ¿Cuántos años tienes? ¡Voy a hacer 16! - y podrías tener 13, pero NO, ¡vas a hacer 16!

 Y entonces llega el día más grande de tu vida, cumples los 21.Todavía las palabras suenan como una ceremonia. HAS LLEGADO A LOS 21... SIIIII!!!

 Pero después de cumplir los 30… Oooohh, ¿qué ha ocurrido? ¡Te hace ponerte de mala leche! Ahora NO es nada divertido, sólo eres una bola de masa cabreada.

 ¿Qué sucede? ¿Qué ha cambiado?

 Tú cumples los 21, llegas a los 30, y entonces te estás acercando a los 40 .... Whoaaa! Pon los frenos, todo se te está escapando. Antes de que te des cuenta, llegarás a los 50 y tus sueños se habrán ido.

 Pero espera. Podrías llegar hasta 60.Tu no creías que esto sucedería

 Así que tú cumples 21, llevas los 30, pasas los 40, dejas los 50 y llegas a los 60.

 Has acumulado tanta velocidad que CONSEGUISTE los 70. Después de esto es cosa de ir día a día.

 Tu recibes a los 80 y cada día es un ciclo completo, CONSEGUISTE el almuerzo; PASATE las 4:30; has llegado a la hora de acostarte. Y no termina ahí. En los 90, comienzas a ir hacia atrás; "Yo estoy en los 92”

 Entonces sucede algo extraño. Si tú cumples más de 100, te conviertes en un niño otra vez.

 "Yo tengo 100 y medio"

 ¡¡Que todos vosotros lleguéis a un saludable 100 y medio!!

COMO PERMANECER JOVEN

Arroja los números NO esenciales. Esto incluye edad, peso y altura. Deja que los doctores se preocupen por ellos. ‘Para eso les pagamos'

Conserva a los amigos alegres. Expulsa a los negativos y tristes

No dejes de aprender. Aprende más acerca de ordenadores, artesanías, jardinería, de cualquier cosa... Nunca dejes al cerebro ocioso. ‘Una memoria ociosa, es el taller del diablo.' Y el nombre del diablo es Alzheimer.

Disfruta con las cosas sencillas.
Ríe a menudo, largo y alto. Reír hasta quedarse sin aliento

Las lágrimas aparecen. Resistir, afligirse, y seguir adelante. La única persona, que está con nosotros toda nuestra vida, somos nosotros mismos. Se VIVO mientras estés VIVO.

Rodéate de lo que amas, ya sea la familia, mascota, recuerdos, música, plantas, pasatiempos, lo que sea. Tu casa es tu refugio.

Aprecia tu salud: Si es buena, presérvala. Si es inestable, mejórala. Si está más allá de lo que puedes mejorar, busca ayuda.

No hagas viajes con culpabilidad. Haz un viaje al centro comercial, a una ciudad vecina; a un país extranjero, pero NO a donde esté la culpabilidad

Diles a las personas que las amas, en cada oportunidad.

Y recuerda siempre que la vida no se mide por el número de respiraciones que hacemos, sino por los momentos que nos quitan el aliento

domingo, 15 de abril de 2012

REMEMBRANZA


No había estado nunca en la zona de los cuatro rascacielos construidos hace pocos años en la zona norte de Madrid. Curiosa palabra esta de rascacielos cuya definición en el diccionario es un poco redundante: “edificio de gran altura y muchos pisos” dado que lo uno lleva a lo otro, si hablamos de pisos normales. Una traducción muy directa del término inglés “skyscraper” y que es un tema interesante si nos podemos a indagar en él, sobre todo por la lucha del hombre contra los elementos en su intento de construir el más alto desafiando las leyes de la naturaleza.

Esta semana y con motivo de una entrevista de posible relación laboral tuve la oportunidad de acceder a uno de ellos y además a una de las plantas superiores donde se encuentran las salas de reuniones de la empresa que visitaba. La vista que se ve en la fotografía, pobre de solemnidad realizada con el teléfono móvil y a través de unos ventanales no practicables, representa la vista de un parque de los muchos que hay por Madrid: El Parque Norte. La vista de la zona norte de Madrid capital, hacia donde estaba orientada la sala, era espectacular, así como la de la lejana sierra que se mostraba como al alcance de la mano en un día nítido.

La cuestión no daría mucho más de sí sino fuera porque el Parque Norte me hizo rememorar un rosario de recuerdos que me retrotrajeron a una época de mi vida ligada profundamente a este parque emblemático.

La empresa para que la trabajaba estaba a mediados de los años noventa del siglo pasado en uno de los muchos edificios de oficinas que rodean al ya antiguo centro comercial La Vaguada. Uno de los compañeros de trabajo, con una particular teoría sobre la carrera de maratón, 42,196 km., y los gorditos, empezó a convencernos a unos cuantos para darnos unas carreritas a la hora de comer, cambiando salud por grasas de menú. Cerca de allí, justo enfrente del parque se encuentra un polideportivo municipal a donde nos dirigíamos a diario, en la capicúa hora de las 13:31, nos cambiábamos en el vestuario y a correr al parque. Este polideportivo representa un poco la cara negra de los recuerdos, ya que las trabas para su utilización fueron enormes por parte de su director, a pesar de pagar y no poco religiosamente a diario por utilizar vestuarios y duchas. Como digo, las trabas fueron enormes pues no parecía que a aquel director le gustara fomentar el uso que hacíamos de “sus” instalaciones para poder hacer un poco de deporte a mediodía. Era uno de esos arquetipos de funcionario que existen mal que les pese a los propios funcionarios.

Aunque empezamos unos pocos, a medida que pasaba el tiempo cada vez éramos más, y procedentes de varias empresas de la zona, los que nos juntábamos a la misma hora en el vestuario y salíamos a correr por los alrededores, no solo en el Parque Norte sino por aceras y carreteras de la zona. Llegábamos a hacer algunos días especiales de entrenamiento hasta quince kilómetros por la zona, dado que el parque se nos quedaba pequeño en distancia salvo que te dedicaras a darle vueltas y vueltas. Por cierto, decir que el parque no era precisamente llano y disponía de buena cuesta, eso sí, la misma para arriba que para abajo.

Fueron años entrañables de convivencia y camaradería entre un grupo de amigos y amigas con una pasión por las carreras populares y más concretamente la maratón. Llegamos a hacer una especie de club y la misma equipación para todos con la que asistíamos a las diversas carreras populares celebradas no solo en Madrid, sino en otras ciudades de España.

Como en un flash, todos estos momentos preciosos se agolparon en mi mente ante la particular vista completa del Parque Norte desde las alturas…

Algunos seguidores de este blog en los que estoy pensando habrán disfrutado de estos mismos recuerdos por un instante. La historia completa de aquellos años se encuentra en un documento que puede ser descargado haciendo clic en este enlace.

domingo, 8 de abril de 2012

AVANCES



Los años pasan casi sin darnos cuenta si no echamos la vista atrás de vez en cuando. Los avances en tecnología son espectaculares y no dejan de sorprendernos si mantenemos nuestra capacidad de sorpresa para analizar detenidamente lo que se nos va ofreciendo y poniéndolo en comparación con lo existente en un tiempo anterior. La tecnología hace todo lo posible por llevar al nivel casero y personal toda serie de artilugios que supuestamente nos hacen la vida más fácil sin otro objetivo primordial que convencernos de que no podemos vivir sin ellos y decidamos su compra. No hay más que darse una vuelta por la casa y compararla con un tiempo pasado para darse cuenta de la cantidad de cachivaches que hemos incorporado a nuestro devenir diario y que cada día que pasa los consideramos más imprescindibles en nuestra vida.

Los que hemos vivido un tiempo anterior en el que en el hogar no había nada de nada podemos establecer comparaciones. Y cuando digo nada de nada me refiero a cosas tan básicas hoy en día como un frigorífico o una televisión. No ocurre así con las nuevas generaciones de la sociedad llamada occidental que han llegado a las casas cuando ya estaban “requetellenas” de tecnología por todos lados.

Hoy quiero tener una reflexión comparativa en este apartado tecnológico con los coches. Hace ya casi cuarenta años que adquirí mi primer coche, un seat 127 como el de la fotografía. El precio de nuevo traducido a euros ya casi lo dice todo: alrededor de seiscientos cincuenta, pero hay que tener en cuenta que el litro de gasolina costaba algo menos de cinco céntimos de euro y un sueldo mensual para la época giraba en torno a los veinticinco euros. Aquel cochecillo no tenía nada de nada, solo lo básico, a saber, su motor, su volante, sus asientos, sus pedales de conducción y poco más. Eso sí, era otra época, y todas las plazas estaban dotadas de sus correspondientes ceniceros para los fumadores. Y es que en el coche se fumaba, y mucho. Yo nunca lo hice pero hubo alguna vez que los amigotes se dedicaron a darle a los puros en un viaje y me dejaron el olor a tabaco durante varios meses. A pesar de su falta de comodidades visto desde la época actual, hice muchos kilómetros con él que me sirvieron para conocer y disfrutar preciosos rincones de España en aquella década de los setenta.

La semana pasada mi mujer cambió de vehículo. El nuevo es pequeñito, pero está dotado de todos los avances tecnológicos que uno pueda imaginar e incluso alguno que sorprende, por desconocido, aunque a poco que prestemos atención a los anuncios en prensa y televisión estaremos enterados de lo que se cuece en el mercado, ya que hoy en día casi lo de menos es el motor y se tiene en cuenta en mayor medida el equipamiento. Hay cosas que ya se han convertido en básicas: ¿quién compraría hoy un coche sin aire acondicionado?. Hasta es posible que ni se vendan ya y todos los vehículos nuevos tengan el suyo incorporado.

Si en la casa hay dos vehículos, o conducimos otro que no sea el nuestro, puede ocurrir que la diferencia en tecnología entre uno y otro lleve a despistes en la conducción, pues las personas somos animales de costumbres y tendemos a acostumbrarnos a las cosas a gran velocidad, sobre todo si son útiles y prácticas. Me refiero a que si uno de los coches enciende y apaga las luces de forma automática, nos despreocuparemos de ese tema, por lo que es muy probable, y lo digo por experiencia, que nos olvidemos de encenderlas manualmente al entrar en un túnel.

A todas estas novedades es muy fácil acostumbrarse, ya que nos facilitan la vida. Y solo cuando volvemos atrás nos damos cuenta de lo que suponen. Cuando empezamos a disfrutarlas parece que son una tontería, pero a lo bueno todo el mundo se acostumbra y rápido. Cosas como el cierre centralizado de puertas con el mando a distancia, encendido automático de luces y limpiaparabrisas, control automático de la velocidad y similares ya forman parte de muchos vehículos y aunque son adicionales ayudan y mejoran la conducción.

Pero en el coche nuevo han aparecido una serie de “gadgets” de los que yo todavía no había disfrutado y que seguramente echaré de menos cuando conduzca mi coche, que no los tiene. Uno de ellos es la conexión automática del teléfono móvil vía "bluetooth" por el solo hecho de entrar en el vehículo. El recibir llamadas es cosa de niños pero el iniciarlas también, pues a través de los comandos de voz te permite controlar prácticamente todas las funciones del teléfono, y con una sorprendente precisión y fiabilidad. Ya sé que esto que es nuevo para mí lleva años funcionando y de hecho alguno de mis amigos lo habían instalado adicionalmente en sus vehículos hace años, pero para mí es novedad.

Otra cosa que sorprende es que el coche se pare materialmente cuando te detienes, en un semáforo por ejemplo. En los primeros momentos la sensación es que se te ha calado. Cuando pisas el embrague para poner la velocidad, el coche arranca automáticamente y te permite seguir tu camino. Supongo que estará estudiado y que el motor de arranque que monta el coche esté preparado para tantos arranques y paradas continuos, so pena de que lo que nos ahorremos en gasolina nos lo gastemos en reparaciones. Como pasa con todo, existe la posibilidad de inhabilitar este funcionamiento, pero de momento la novedad resulta llamativa.

Pero lo que me ha gustado sobremanera es la mayor tontería que se pudiera uno imaginar: la posibilidad de insertar vía USB un “pendrive” a la radio del coche. Desde hace tiempo los coches se olvidaron de las casetes y funcionan a base de CD’s, lo cual es un peligro pues cambiar un CD mientras vas conduciendo es una operación de lo más peligroso, y eso incluso cuando decidamos el tocar con los dedos su superficie sin ningún miramiento. Ahora, en esa maravilla de la técnica del “pendrive”, en un tamaño mínimo, podemos meter toda nuestra discografía y tenerla disponible de forma fácil desde los mandos colocados en el propio volante. Una delicia a la que nos acostumbraremos y que supondrá un suplicio cuando tengamos que cambiar el CD y nos acordemos de ella.

sábado, 31 de marzo de 2012

MILLONEURISTAS


Hace ya bastantes años que en España empezó a sonar el término “mileurista” para designar a aquellos trabajadores cuyo salario rondaba los mil euros al mes. De hecho el concepto está incorporado a la Wikipedia donde podemos leer que Carolina Alguacil lo empleó en una carta dirigida al diario El País y que se titulaba “Yo soy mileurista”. Corría agosto de 2005 y en los casi siete años que han transcurrido el término no solo no ha perdido vigor sino que se ha afianzado, debido a la gran cantidad de laborantes que han engrosado sus filas.

Hace unos años pertenecer a este selecto grupo era parejo a ser objeto de comentarios tales como “que sueldo más miserable”, “que vergüenza”, “son unos explotadores”, “como te las apañas” y lindezas por el estilo. Con el paso del tiempo y un poco en clave de humor los chascarrillos han pasado a “vaya suerte que tienes”, “como te lo montas”, “quien pudiera”. “lo que daría yo por un sueldo así”, ”eres un privilegiado”. No solo eso, sino que un nuevo término empieza a circular: “nimileurista” para designar a los que ya ni llegan ni siquiera se acercan a los mil euros de sueldo mensual.

Abierta la veda de generar nuevos términos podemos hablar de “milloneurista” para designar a los que se llevan a casita un millón de euros al mes. Parece una cantidad desorbitada, galáctica como se diría en términos futbolísticos, donde por cierto hay varios que engrosan las filas de este selecto grupo. Pero el comentario en este blog viene por la noticia publicada esta semana acerca de los sueldos, los oficiales, de algunos directivos de empresas, entre los que se encuentran algunas como bantanter o timofónica que remuneran a sus dirigentes con más de once y de diez millones respectivamente. Sesudos dirigentes cuya productividad merece un sueldo casi mil veces superior a la de sus empleados y que no dudan en lanzar continuos mensajes acerca de la congelación de los salarios para mejorar la economía. Con esos sueldos ya se pueden permitir que les congelen sus emolumentos, o incluso que se los bajen, como ha hecho, o ha intentado hacer, nuestro reciente gobierno con los dirigentes de algunos bancos intervenidos.

Y es que yo me pregunto cómo es posible que un dirigente profesional que cobraba, oficialmente insisto, por encima de dos millones de euros anuales permita que un gobierno de políticos que no saben nada de nada le reduzca su salario a unos míseros seiscientos mil euros. Cualquier profesional de valía pondría el puesto a disposición y saldría por la puerta con la cabeza bien alta, salvo que se dé alguna circunstancia que desconozcamos, como por ejemplo que se lo va a seguir llevando igual en otros conceptos más o menos camuflados o que realmente de por buenos los años transcurridos a razón de dos coma tres y esté dispuesto a seguir a razón de cero coma seis. La economía esta en la que estamos inmersos es un proceso fagocitario que necesita estar en marcha continuamente so pena de resultar gravemente herida. Producir, vender, usar, tirar y así en una rueda sin fin aunque desde un punto de vista de sostenibilidad y de futuro sea una verdadera locura, pero ¿quién piensa en el futuro? “Carpe diem", el futuro no existe.

Y para expresar esto nada mejor que el siguiente escrito, publicado hace pocos días y que se expande por los canales de internet a toda velocidad. Su título: “Yo aviso”. Su autor, Carlos Gorostiza, sintetiza con un lenguaje claro y directo el sentir de muchos ciudadanos, incluso aquellos a los que la crisis no les ha afectado directamente.

Aviso a Seat, Renault, Vw, Ford, Opel… de que he reparado mi viejo coche y que ya he descartado completamente cambiarlo.

Aviso al BBVA, Santander, La Caixa, Kutxa…de que he renunciado a aquella compra que tenía pensada y que no necesitaré ya pedir ningún crédito.

Aviso a Bimbo, Danone, Nestlé, Campofrío, Henkel, Fairy, Ariel… de que me he convertido en un experto en marcas blancas, que son las únicas que llenan ahora mi carro.

Aviso a El Corte Inglés, Inditex, Cortefiel, Hispanitas….de que ya solo compro ropa en outlets o en rebajas. Ah! y que conozco todas las modistas de arreglos de mi barrio.

Aviso a Cepsa, BP, Repsol, Shell, Petronor, Avia… de que me acostumbré a conducir despacio cuando la limitación a 110 y que ahora paso de largo por muchas gasolineras. Y, por supuesto, en los viajes largos uso el bus.

Aviso a Prisa, Vocento, Mediapro, Mediaset, Euskaltel y Movistar que la TV de pago ni siquiera la tengo como opción y que he descubierto que se vive perfectamente sin comprar todos los días todos los periódicos.

Aviso a las cadenas Barceló, Sol, Zenith, Meliá… de que ya he reservado plaza en un camping para este verano en lugar del hotel de playa de los pasados años.

Soy un privilegiado. Tengo un buen sueldo, excelente en comparación con el de la mayoría de mis amigos, así que estas decisiones no son nada comparadas con las que, sí o sí, han de tomar ellos y otros muchos millones de consumidores. Porque -señores- no olviden que austeridad es NO COMPRAR.

Quienes hoy aplauden entusiasmados esta reforma laboral que precariza los empleos, que expulsa a la clase media del mercado, que destroza la esperanza de los jóvenes más preparados que miran al extranjero como hicieron sus abuelos, mejor harían en no recalentarse las manos con tanta ovación porque tal vez las necesiten para cavar con ellas la tumba de los negocios que hasta ahora les hicieron ricos.

Quien paga sueldos nimileuristas no puede ser tan tonto como para creer que el resto de empresas no harán lo mismo que él y que, por lo tanto, al cabo no habrá consumidores capaces de comprar lo que él tanto necesita vender. Es obvio. Falta solo saber cuánto tardarán en darse cuenta y a cuánta gente habrán destrozado para entonces.

Aviso de que mi huelga particular empezó antes del 29 y que se prolongará mucho después. ¿Y la de usted?


lunes, 26 de marzo de 2012

PROBIDAD



No por esperado resulta menos sorprendente el nivel de apriete de tuerca que los trabajadores en España están sufriendo en estos últimos meses desde la aprobación del decreto conocido como “Reforma Laboral”. Menuda reforma. Si algunos se levantaran de su tumba asistirían asombrados a los estragos que esta ley está suponiendo día a día en los trabajadores. Cuando un político se llena la boca de decir por activa y pasiva lo que pretende, un pensador frío y calculador debe deducir inmediatamente todo lo contrario, si es que quiere acertar. Una ley para favorecer los contratos que permite un despido casi libre y sobre todo muy barato, y lo que es peor, sin ningún tipo de control, lo único que puede traer son eso, despidos. Tontos serían los empresarios si no aprovecharan estos vientos para descargarse de trabajadores incómodos o simplemente con derechos adquiridos que, independientemente de sus conocimientos y su probidad, honradez, en el trabajo, representan una amenaza por sus trienios y sus derechos acumulados. Se ha abierto la veda, vamos todos de caza.

Y es que en estos días y hablando en primera persona, dos buenos amigos de mi entorno se han visto de patitas en la calle, con independencia de que sus empresas vayan bien o mal, aprovechando la coyuntura. Personas con larga trayectoria en sus empresas, de decenas de años y que de pronto se encuentran en la tesitura de buscar trabajo, cosa difícil en estos días por no decir imposible, salvo que uno renuncie hasta sus principios más profundos y se venda al mejor y cualquier postor por un puñado de euros, realizando las tareas más insospechadas y sin rechistar.

Un correo cruzado con un amigo, cuyo nombre no revelaré para no delatarle, por suerte para él conservando su trabajo todavía, se revela como esclarecedor. Lo reproduzco fielmente a continuación, no tiene desperdicio:

Pero, por desgracia, no me pilla por sorpresa porque estoy viéndolo en directo cada día que voy a trabajar. Es una pasada lo qué está pasando. Cada vez que voy a trabajar me encuentro con varias "sorpresitas" nuevas. Están despidiendo a compañeros míos de forma masiva. Soy consciente de que cualquier día me toca a mí. Además, los motivos son de lo más surrealista. De nada sirve ya hacer bien tu trabajo, cumplir tus objetivos, ser responsable, tratar bien a los clientes, preocuparte por la mercancía, etc. Ahora, por cualquier motivo insignificante y absurdo, ya estás despedido. Hay un miedo generalizado en el ambiente y así no se puede trabajar. Pero, lo peor de todo, es que no está en nuestras manos evitar los despidos. Hagas lo que hagas, si te toca te ha tocado. Estamos completamente indefensos ante tal situación. Y no estoy exagerando. No te puedes imaginar lo qué es aquello. Y me imagino que así será en la mayoría de las empresas. Las amenazas son descaradas y la situación se está haciendo cada día más insostenible. Y nosotros completamente desprotegidos, con la única esperanza de que sea otro y no tú el siguiente. Pero bueno, esperemos que la cosa cambie, aunque, sin ánimo de ser pesimista, veo el panorama con mala pinta. Cambiando de tema, ¿qué tal estás?. Yo bien, aunque un poquillo desanimado por todo lo comentado.

En mi primer trabajo hace ya muchos años, como administrativo en una oficina en la que estaba empleado mi padre, hace ya muchos años, se me inculcaron esos valores que se han comentado. Hacer bien tu trabajo, ser honrado, velar por los intereses de la empresa, en suma, aquello que se resume en lo de “portarte bien” y “no dar guerra”. No sé si estos planteamientos de sostienen hoy en día en la selva en que se ha convertido el mundo laboral, donde se hace y deshace sin ningún control, con criterios cambiantes y donde los intereses económicos priman sobre todo lo demás y el trabajo y el servicio, tanto interno en las empresas como de cara a sus clientes, importa un comino. Así nos va. Las principales empresas del país son con las que más cuidado hay que tener porque en lugar de dar ejemplo se dedican a buscar triquiñuelas para masacrar a sus empleados y engañar a sus clientes. Y para que quede claro me estoy refiriendo a empresas de telefonía, bancos y eléctricas entre otras. Con semejante ejemplo, que queremos.

Las pocas cosas, los pocos derechos, que se han ido consiguiendo a lo largo de muchos años y mucho sufrimiento, han caído derrumbados en poco tiempo, meses, cual castillo de naipes bajo el soplido de una suave brisa. Y ahora costará mucho recuperarlos, porque ya sabemos que cuando dentro de algunos años las cosas vayan bien, nadie se acordará de estos recortes. ¿O es que en estos años anteriores en que se flotaba en la abundancia alguien ha compartido las ganancias? Pues es aquello de las ganancias privativas y las pérdidas socializadas.

sábado, 17 de marzo de 2012

CONOCIMIENTO

Carlos Linneo fue un fue un científico, naturalista, botánico y zoólogo sueco que ha pasado a la historia como el padre de la Taxonomía, que al decir del diccionario es la ciencia que trata de los principios, métodos y fines de la clasificación y se aplica en particular, dentro de la biología, para la ordenación jerarquizada y sistemática, con sus nombres, de los grupos de animales y de vegetales. Vivió en el siglo XVIII y llegó a ser rector de la Universidad de Upsala durante 22 años. Heredó de su padre la afición por la botánica y la biología, llegando a ser una autoridad en la materia. Sus apreciaciones siguen teniendo vigor más de dos siglos y medio después. Su más que interesante biografía puede ser consultada en infinitud de sitios, como por ejemplo en Wikipedia.

Ya he comentado con anterioridad que en ocasiones utilizo este blog como documentación de cosas que me parecen interesantes. Gracias a mi buena amiga Dori y su marido Miguel Angel, obra en mis manos el texto que voy a reproducir a continuación debido a este naturalista. De manera sencilla transmite ideas que bien asimiladas conducen a una sabiduría que todos deberíamos aprender y tener en cuenta en cada momento de nuestras vidas, especialmente los que tienen responsabilidades en decidir sobre la educación y la formación de las personas, que con frecuencia se obnubilan con cuestiones económicas que no son sino pan para hoy y hambre para mañana. Algo que no había ocurrido nunca antes, ahora prácticamente cualquier persona tiene acceso a gran cantidad de información, por lo que los autodidactas están de enhorabuena al disponer de una fuente inagotable de datos. Jorge Volpi, escritor mejicano, lo sintetizaba en esta atinada frase, referida a los libros pero que puede ser aplicada a cualquier pieza de información: “La posibilidad de que cualquier persona pueda leer cualquier libro en cualquier momento y lugar resulta tan vertiginosa que aún no aquilatamos su verdadero significado cultural”.

El excelente profesor de historia universal David García Hernán obsequiaba anteayer a sus alumnos del programa de mayores de la universidad Carlos III con la lectura del texto siguiente, de Carlos Linneo, escrito hace alrededor de doscientos cincuenta años pero que sigue teniendo una significativa actualidad:

Las ciencias constituyen una luz, que tan poco percibe el que está en ella pero que tan deliciosamente destelló para aquellos que caminan en la oscuridad. Una persona sin educación, abandonada a sí misma, se parece más a un mico que a la imagen de Dios. Pueblos salvajes, bárbaros y hotentotes se diferencian de nosotros sólo mediante las ciencias, al igual que una manzana ácida y espinosa se diferencia de una sabrosa “renette”, sólo mediante la cultura. Mediante las ciencias luce el ducado más pequeño de Alemania más espléndido que el gran imperio Mogol con todos sus tesoros.

Las ciencias nos llevan …

a la veneración de nuestro Dios,
a la obediencia a nuestra autoridad,
hacia el amor a nuestro prójimo.

Las ciencias nos iluminan (informan) en toda nuestra vida; nos enseñan …

mediante las lenguas, a conducirnos por la experiencia de los demás,
mediante la economía, a adquirir suficiente base para nuestra alimentación(comercio),
mediante la historia, a cuidarnos de cometer los errores de los demás,
mediante la política, a dirigir y vivir en felicidad,
mediante la moral, a vivir con inocencia y virtud,
mediante la jurisprudencia, a vivir atendiendo a las leyes,
mediante la teología, a caminar los senderos de Dios,
mediante la astronomía, a percibir el poder infinito de Dios,
mediante el conocimiento de la naturaleza, a ver la loable creación (mecanismo) de Dios,
mediante la física, servirnos de las leyes de la naturaleza,
mediante las matemáticas, conocer nuestra propia fuerza,
mediante la patología, conocer nuestras flaquezas,
mediante la dietética, vivir sobrios y felices,
mediante la medicina, a apelar contra la muerte.

En verdad, sin las ciencias todo sería confuso …

en adoración a Dios,
en el gobierno,
en el hogar,
en nuestras vidas.

Las ciencias son por tanto la luz que ilumina (educa) a la gente que camina en la oscuridad y les permite ver con ojos clarividentes y escuchar con oídos abiertos.

domingo, 11 de marzo de 2012

HISTORIA


“Aquellos que no quieren aprender de la historia están condenados a repetirla.”. Esta frase, que encierra mucha enjundia, fue concebida por George Santayana, seudónimo de Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, filósofo, ensayista, poeta y novelista de la primera mitad del siglo pasado. Luego ha habido muchas variaciones y acepciones de la misma, incluso llegando a aparecer en algunos sitios como un refrán, aludiendo a los errores que se han repetido y se repetirán por no echar un vistazo atrás y valorar lo ocurrido en épocas anteriores. Conocer y entender la historia de la humanidad es un hecho básico para saber cómo hemos llegado a la actualidad y de forma un tanto adivinatoria intuir lo que va a ocurrir a continuación, cual si nos convirtiéramos en adivinos y consultáramos una hipotética bola de cristal.

Hasta hace unos pocos meses estaba “pez” en historia, recordando poco o nada de mis estudios de bachillerato. Entre mis aficiones en lectura se encuentra la novela histórica, que nos puede dar un barniz historiográfico siempre y cuando el autor se moleste al principio o al final del escrito en aclararnos que es lo que hay de histórico y que es lo que hay de ficción en la novela. Pero lo que ha sido un salto cualitativo y cuantitativo en mis conocimientos ha sido la lectura del libro cuya portada ilustra esta entrada, además de asistir a las clases impartidas por el propio autor en un programa para personas mayores en la universidad. Es un libro de ochocientas páginas, sin una sola figura o grabado, que con un lenguaje ameno y entretenido nos pone al día en veintiún capítulos de lo ocurrido desde los albores de la humanidad hasta comienzos del siglo en el que estamos que avanza a pasos agigantados. Hace dos días estábamos todos medio asustados y compungidos con el cambio de milenio y ya han pasado una decena de años casi sin darnos cuenta.

Paul Preston, insigne hispanista inglés, que aprendió español a base de leer libros de historia con un diccionario al lado, decía que “Una historia bien narrada es una delicia” y este libro da buena fe de ello. Muy recomendable su lectura, bien de un tirón, bien a pequeños sorbos, para conocer los hechos más relevantes de la humanidad. El problema es que, a poco curiosos que seamos, nos puede abrir el apetito y lanzarnos a investigar más a fondo algunos aspectos o épocas más concretas.

¿Qué ocurrió y como se desarrolló la famosa crisis del 29 del siglo pasado? Los años veinte del siglo veinte se conocen como “Los Felices Años 20” y es la época en que se considera el inicio de la sociedad de consumo de masas, una vez superada y asentada la revolución industrial. En los años anteriores al 29 se notaron numerosos signos de desbarajuste, entre ellos la desigualdad en la distribución de los beneficios del crecimiento económico. El hecho es que por unos motivos u otros, nunca hay una sola causa, lo que se produjo es una caída del consumo y una aumento de la especulación, de la obtención de grandes, rápidos y fáciles beneficios. “Los capitales de los prestamos no se iban a inversiones reales productivas, sino a la especulación de los corredores de bolsa”. La situación estalló de forma brutal en 1929 en Nueva York y fue el comienzo de una grave depresión económica que se extendió en cascada al resto del mundo llevándole por derroteros no conocidos hasta entonces. El pánico estaba servido. ¿Alguna comparación con los momentos actuales en Europa? Solo el paso del tiempo lo dirá pero lo que desde luego está claro es que ninguno de nosotros, ni de nuestros dirigentes y empresarios que dirigen las finanzas parece haberse estudiado lo que ocurrió entonces y por eso, quizá, lo estemos repitiendo.

Hay muchos ejemplos a lo largo de tantos y tantos siglos de historia conocida. ¿Cómo es posible que se llegara a la Segunda Guerra Mundial tan sólo una veintena de años después de la Primera? La Segunda Guerra Mundial acabó de una forma drástica cuando los Estados Unidos utilizaron la bomba atómica en Japón y la humanidad pudo comprobar, algunos en vivo y en directo, y los demás a través de los medios de comunicación, el poder devastador y las consecuencias tan terribles que produjo. Hoy en día asistimos a un volcán en Oriente Medio por las acusaciones de Israel y su aliado Estados Unidos a Irán de estar fabricando armamento nuclear. Siempre se dirá que se fabrica y se tiene de forma intimidatoria, que no es para usarlo. Ayer se cumplió un año del desastre nuclear de la central eléctrica de Fukushima, en Japón, si bien este fue debido a causas naturales. ¿Ya no nos acordamos de Chernóbil? Tenemos poca memoria especialmente en aquello que mientras funciona nos aporta bienestar o riqueza aunque no queramos ver los graves peligros que encierra a corto y largo plazo.

Esto sería eterno, pero no quiero acabar sin una mención al tema de las guerras. En África en estos momentos las hay de todos los colores. En Europa han pasado poco más de una decena de años desde los horrores de Yugoslavia. A principios del siglo XVI tuvo lugar la Guerra de los Treinta Años, con causas religiosas pero con un trasfondo de política en la que andaba presente la fragmentación de Alemania en más de trescientos estados. ¿Autonomías o procesos nacionalistas? Fue devastadora, inhumana, pero doscientos años más tarde, el amigo Napoleón volvió a las andadas con sus ansias de conquista por toda Europa….

No aprendemos. Cuando se pasa de la mera subsistencia vital a tener las necesidades básicas cubiertas y se dispone de tiempo y posibilidades se cae una y otra vez en los errores hasta que un hecho natural o un suceso generado por los hombres nos vuelve a poner a todos en nuestro sitio. Y así seguirá ocurriendo milenio tras milenio. “La Historia es la más leal consejera de los reyes”, Bossuet dixit, pero los reyes, los dirigentes actuales, no quieren saber nada de Historia.

Y hablando de futuribles, me produce algo de sonrisa cuando oigo decir eso de “el mundo que vamos a dejar a nuestros hijos”. Si un hipotético extraterrestre aparcara su nave en cualquier lugar de Estados Unidos y preguntara al primero que viera por allí que era, sin duda la respuesta sería estadounidense. Si cayera en Europa obtendría respuestas de inglés, francés, polaco o similares. Aún más, si cayera en España seguramente le respondería el paisano de turno con madrileño, catalán o gallego. Así van las cosas y así la historia las contará, pero dentro de unos años cuando nosotros, que somos ahora protagonistas, estemos criando malvas.

sábado, 3 de marzo de 2012

SUPERFICIALES



No siempre lo es pero en esta ocasión ha sido fácil poner el título. Coincide con el de un libro que llevaba en “busca y captura” más de un año cuando hace unos días, en un vistazo rutinario a los cantos de los libros de informática de una biblioteca, parece como si me hubiera llamado. Y eso que en el lomo de la edición impresa en papel solo aparece el título resumido de “Superficiales”. O quizá el resto no forma parte del título, pero era por lo que yo recordaba que estaba pendiente. Un libro sorprendente, de rabiosa actualidad muy técnico, con multitud de reseñas a autores, informáticos, psicólogos, pensadores, etc. En suma, una gran recopilación de información que el autor pone a nuestra disposición para tratar de convencernos del argumento que forma el hilo conductual de su exposición, brillante a mi modesto juicio.

Y tengo que decir que ha sido fácil, he quedado convencido; porque ya lo estaba. Algo está haciendo Internet a nuestras mentes. Pero Internet es una forma de simplificar lo que supone el mundo de los ordenadores que nos rodea de los cuales Internet es una parte fundamental, pero no toda. Es indudable que nuestro cerebro dispone de una plasticidad importante, que sus componentes celulares no son rígidos y que es capaz de adaptarse, a base de aprendizaje, experiencia y necesidad, a cualquier uso que le demos. Y si este uso es continuado y constante, de varias horas al día en algunos casos, nuestras conexiones neuronales, nuestras sinapsis, cambiarán para ejecutar los nuevos procesos de manera más efectiva, eficaz y eficiente. A modo de ejemplo y por retrotraernos a épocas anteriores no tan lejanas, no es lo mismo para un escritor plasmar sus ideas en un documento manuscrito, una máquina de escribir o un moderno procesador de textos. La celeridad a la que debe, o puede, desarrollar sus ideas es absolutamente diferente en cada uno de los tres casos simplemente por la velocidad que se tarda en transferirlos a lenguaje escrito.

Coincido plenamente con el autor: vemos mucho, leemos mucho y oímos mucho. Pero generalmente lo hacemos de manera superficial, de ahí el título del libro. Numerosas son las reflexiones que nos aporta para convencernos de esta idea, si es que hace falta, porque muchos de nosotros lo hemos experimentado ya. Hiperconectados, leemos por encima, vemos a cámara rápida y oímos fragmentos de canciones y programas de radio para detectar si nos interesan. Y muchas veces cuando decidimos lo que nos interesa, lo guardamos en nuestros discos duros, nuestra “memoria extendida actual”, para procesarlo más tarde, en algunos casos borrándolo, o simplemente tenerlo a mano para el futuro. No tenemos necesidad de memorizarlo pero sí de saber dónde acudir si nos hace falta, que generalmente no lo será, pues ya pone a la red a nuestro servicio buscadores potentes que nos brindan la información en segundos y más actualizada.

Cualquier persona mínimamente interesada en la tecnología disfrutará con la lectura de este texto. Y tendrá ganas de buscar, aunque sea de forma superficial, más y más información de la mucha recomendada. Las referencias no se encuentran a pié de página sino al final en un apéndice que ocupa treinta y cinco páginas en la edición impresa. Las lecturas sugeridas son una fuente inagotable de pistas para el curioso lector que intente profundizar en la plasticidad cerebral, la historia del libro, la mente del lector, mapas y cartografía, relojes, historia intelectual de la tecnología, ordenadores, internet e inteligencia artificial. Una joya.

Sería necesario reproducir el libro completo, pero para eso está el libro. A continuación algunas frases escogidas para reflexionar.

La tarde del 18 de abril de 1775, Samuel Johnson acompañó a sus amigos James Boswell y Joshua Reynolds en una visita a la gran villa que Richard Owen Cambridge poseía a orillas del Támesis, en las afueras de Londres. Fueron acompañados a la biblioteca, donde los esperaba Cambridge. Después de un breve saludo, Johnson se lanzó a los estantes y comenzó a leer en silencio los lomos de los volúmenes allí dispuestos.
—Doctor Johnson —dijo Cambridge—, parece extraño que alguien tenga tal deseo de mirar los lomos de los libros.
Johnson, según recordaría Boswell más tarde, bruscamente sacado de su ensoñación, se volvió a Cambridge para responder:
—Señor, la razón es muy simple. El conocimiento es de dos tipos. O conocemos una materia por nosotros mismos o sabemos dónde encontrar información sobre ella.


La Red nos ofrece un acceso instantáneo a una biblioteca de información sin precedentes por su tamaño y alcance, y nos facilita su ordenamiento: encontrar, si no exactamente lo que estábamos buscando, por lo menos algo suficiente para nuestros propósitos inmediatos.

Los resultados, según Liu, indicaban que «el entorno digital tiende a animar a la gente a explorar muchos temas extensamente, pero a un nivel más superficial [...]. Los hipervínculos distraen a la gente de la lectura y el pensamiento profundo.

Cuanto más inteligente sea el ordenador, más tonto será el usuario que lo maneja.

Nuestro cerebro se ha convertido en un experto en olvidar, un inepto para recordar.

¿Sabemos mirar un mapa después de habernos acostumbrado a dejarnos guiar por un GPS?

La alienación, entendía McLuhan, es un inevitable subproducto del uso de la tecnología.

¿Somos capaces de escribir a mano un texto más o menos largo sin sufrir prisa o ansiedad?

El ordenador extiende nuestra capacidad de procesamiento y altera nuestro cerebro y nuestra forma de interactuar con la información.

El cerebro se ve continuamente desbordado ante la profusión de diversos estímulos online.

¿Programamos nuestros ordenadores o nos programan ellos a nosotros?