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domingo, 21 de octubre de 2012

SSD


No hay nada como tener interrelaciones las personas para aprender cosas, en la medida que estés un poco atento y sepas captar cuando te están contando algo que te puede resultar beneficioso. Hace ya unos meses, mi gran amigo Miguel Ángel me contó cómo había revitalizado su “notebook” a base de cambiarle el disco duro. Como ya es sabido, los “notebook” son esos ordenadores portátiles reducidos, por lo general de pantalla de diez pulgadas y también de poca potencia, que se pusieron de moda hace unos años para los usuarios que necesitaran llevarlo encima, por su poco peso y larga duración de la batería, y no tuvieran una necesidad muy grande de proceso. Hoy en día están claramente en desuso por la aparición de las “tabletas” que cumplen esas funciones aunque habría que profundizar un poco en esto, ya que una cosa es un ordenador portátil y otra cosa es una “tableta”, más portátil pero menos ordenador, aunque sirva casi, insisto en el casi, para lo mismo. Quizá sea así en el futuro pero por el momento no lo es, cuestión que descubren muchos usuarios cuando llegan con su flamante tableta a casa y quieren editar un documento en Word, y no pueden, por lo menos así de entrada.

Mi amigo me habló de los discos “SSD”. Otra sigla más que se está poniendo de moda y que traducida quiere decir “solid state disk” o lo que es lo mismo en román paladino, “disco de estado sólido”. Los que normalmente están alojados en nuestros ordenadores son “HDD”, “hard disk drive”, o sea, “disco duro”. La diferencia fundamental entre los modernos, y caros por ahora, “SSD” y los antiguos y menos caros “HDD” es la velocidad de transferencia de datos, que se mantiene constante y que es considerablemente mayor con independencia del estado de llenado del disco. Los “HDD” son mecánicos y gastan una gran cantidad de energía en mantener el disco en rotación continua, lo que redunda en ruido, y durabilidad. Por otro lado, hoy en día, los “SSD” son mucho más caros, al tratarse de una nueva tecnología que se va implantando y que al principio hay que pagar. Dentro de unos años todos los discos duros serán “SSD” pero habrán descubierto los “NTJV” y vuelta a empezar otra vez. Por cierto, “NTJV” significa, para mí y algunos otros, “no te jode Valeriano” y es un antiguo “grito de guerra” en la oficina cuando ocurría algún evento.

Pero no es cuestión de meterse en detalles técnicos que pueden encontrarse en la red a poco que busquemos. Comparaciones entre ambos, ventajas, inconvenientes, de todo hay escrito para profundizar. Yo lo que quiero aquí es contar mi experiencia personal.

Mi mujer tiene un “notebook” de esos. No era de los de muy poca potencia pero cada vez iba más y más lento, hasta llegar a la desesperación. Abrir una página en la web era para dejarlo y marcharse a hacer cosas, y así no se puede trabajar. Había hecho todo lo que se me había ocurrido, operaciones tales como desfragmentar el disco, limpiar el registro, quitar aplicaciones… y nada, la cosa mejoraba un poco, pero la lentitud era desesperante. Al comentarme Miguel Angel que había instalado un disco SSD en su notebook, he hecho yo lo propio en el “notebook” de mi mujer y, como por arte de magia, va “como un tiro”, vamos, que te despeina y si te acuerdas de cómo iba antes, la comparación no se resiste. Para que todo quede claro, el asunto han sido ciento ochenta euros, aunque los precios bajan, literalmente, de un día para otro. Acabo de mirar en la misma tienda donde lo compré y ya cuesta, en tan solo un par de semanas, veinte euros menos. Como se puede pensar, casi ha costado el disco lo que cuesta un notebook entero, exagerando un poco. Pero merece la pena.

Pero aquí no queda la cosa, porque yo tengo un portátil ya muy viejecito, con más de cinco años, que iba bien, suficiente para lo que yo hacía con él. Pero picado por la curiosidad le he dotado de su correspondiente “SSD” y parece increíble la mejora de velocidad experimentada. Solo en el arranque del encendido ya se puede apreciar como en apenas un minuto está listo para trabajar cuando antes se tomaba su tiempo.

Y para explicarlo todo un poco más, diré que tanto mi portátil como el notebook de mi mujer no están aprovechando toda la velocidad que tienen los discos “SSD” instalados. Ello es debido a que las placas base son antiguas y aunque tienen la interfaz “SATA” necesaria para estos nuevos modelos de discos, solo tienen el nivel “SATA-II” cuando si tuvieran “SATA-III” estos discos literalmente volarían.

Y como no hay dos sin tres, resulta que mi Pc fijo si dispone de una placa con “SATA-III”. Un poco de inversión y a dotar al PC fijo con su correspondiente “SSD” solo para contener el sistema operativo, uno pequeñito que anda en los ochenta euros. Bueno, sin comentarios, el arranque de un Windows 7 profesional hasta estar disponible son 47 segundos. Una gozada.

Depende mucho de cómo usemos nuestro ordenador y el tiempo que pasemos con él, de forma personal o profesional. Pero en todo caso y si se puede uno dar el caprichito, estudiar la posibilidad de incorporar un “SSD” a nuestra vida es un opción muy interesante. También podemos esperar a que bajen de precio...

domingo, 14 de octubre de 2012

CASUALIDADES



A medida que uno se aleja de la localidad donde se reside, la posibilidad de encontrarse por casualidad con alguien conocido va disminuyendo progresivamente. Si encima estamos en el extranjero suele ser bastante infrecuente el que nos topemos con alguna persona a la que sintamos necesidad de saludar, cosa que nunca hubiéramos hecho cuando el encuentro se produce en la rutina diaria. Siempre se ha dicho que basta ser que no quieras que nadie te vea para encontrarte al menos adecuado o adecuada para tus intereses. El caso típico de la parejita de ocasión que se ve sorprendida infraganti en el más recóndito lugar donde se han ido a refugiar pensando que iban a estar a salvo de miradas indiscretas.

Sin embargo, a lo largo de mi vida he topado en varias ocasiones con estas “casualidades”. Voy a referir aquí cinco de ellas, las más significativas, por haber tenido lugar fuera de España y en algunas en épocas en que era poco frecuente para los compatriotas viajar al extranjero.

Septiembre de 1980. Como una extensión no programada de un viaje por Bulgaria, me encontraba inmerso entre una muchedumbre en las galerías y pasillos del Gran Bazar de Estambul. Mi mujer quería comprarse una túnica y entramos en una tienda. Justo dentro de ella me encontré con una persona, empleado de mi misma empresa, a la que conocía de vista. Bien es verdad que muchos turistas se concentran en estos lugares típicos, pero hay que coincidir en el mismo segundo en el mismo lugar, en este caso, en el interior de una tienda. Y estamos hablando de una época en que no muchos viajaban al extranjero.

Diciembre de 1980. Aprovechando el puente de la Inmaculada, seis compañeros de trabajo nos escapamos a pesar del frío y las pocas horas de luz a patear las calles y comercios Londinenses. Uno de los días regresábamos a pie a nuestro hotel a eso de las ocho de la tarde-noche, atravesando Hyde Park, lo cual no era muy corriente. Allí me cruce con el hermano de una amiga que había sido compañero mío clase en el colegio años atrás. Estaba perfeccionando su inglés acogido en una casa y a esa hora y en ese justo momento paseaba por allí practicando inglés con el hijo de sus acogedores. Coincidencias.

Noviembre de 1997. Me encontraba en Nueva York en esos tres días que me quedaban para hacer turismo tras haber corrido la maratón. Otra vez las cosas típicas que hacen todos los turistas: tomar el barco para ir a visitar la estatua de la Libertad. Estaba esperando el barco para regresar a la ciudad, cuando en el que llegaba uno de los pasajeros que desembarcaban se acercó a saludarme. Un compañero de trabajo, en una empresa grande, pero ninguno de los dos sabíamos de las andanzas del otro. Él estaba allí acompañando a su mujer, médico, que estaba en un congreso y mientras los consortes se dedicaban al turismo.

Noviembre de 1999. Se había acabado una semana de vacaciones en La Habana y nos dirigíamos a facturar nuestras maletas por los pasillos del aeropuerto, cuando me crucé con un vecino, residente en la casa de enfrente. Estamos de acuerdo en que el aeropuerto es uno de los sitios donde sería más fácil encontramos a alguien, pero a esa distancia, el mismo día, a la misma hora, en el mismo pasillo y además no estar distraídos y fijarnos en el otro… muchas coincidencias.

Y un último caso hace relativamente poco. En el verano de 2010 habíamos pasado unos días en la campiña inglesa, cerca de Cambridge y como colofón estuvimos unos días en Londres, a donde curiosamente no había regresado yo desde el viaje que he referido al principio de esta entrada, nada menos que treinta años habían transcurrido. Subíamos la familia las escaleras para acceder a la catedral de San Pablo cuando bajaba por las mismas la directora del colegio de mi hija con su madre. Mira que Londres es grande para coincidir en un mismo instante.

Por supuesto que me han ocurrido más casos de estos dentro de la geografía nacional, en Peñíscola en más de una ocasión y no precisamente en verano, sino en el mes de Febrero, en Sevilla o en La Coruña, por poner unos ejemplos que me vienen a la mente y que no detallaré para no cansar al lector.

Como moraleja y al menos en mi caso, si algún día me escapo a hacer algo que no quiera que se sepa, no las tendré todas conmigo: seguro que me pillan.

domingo, 7 de octubre de 2012

OBSTINACIÓN


Hoy va a ser una entrada un poco especial, en la que no quiero de ninguna manera sembrar polémica, sino simplemente expresar una opinión, en este caso la mía. Normalmente las personas, cuando somos parte interesada en un asunto, tenemos opiniones a favor de cómo nos gustaría que fueran las cosas. Es lo lógico, no es lo mismo comentar el nuevo impuesto que va a establecer mi ayuntamiento para los tenedores de perros por parte de los que tienen perro como por parte de quien no tenemos. Antes de que se me olvide, la imagen que acompaña esta entrada no tiene nada que ver con el tema, pero me he propuesto poner siempre alguna fotografía y la verdad es que no encuentro ninguna que haga referencia al tema. Por lo menos queda bonita.

Desde que hace dos mil años se sentaran los cimientos de la Iglesia Católica, muchos aconteceres han tenido lugar a lo largo de estos dos siglos. Muchas cosas permanecen inamovibles desde entonces y no vamos a entrar en la historia de la Iglesia. Lo que sí que está cambiando a pasos agigantados es la sociedad, y muy deprisa, en todos los ámbitos de la vida y por lo tanto también en el religioso. Ya comentábamos en otra entrada del blog titulada POSIBILIDADES como el párroco de la iglesia a la que suelo asistir los domingos había adoptado modernos métodos como complemento a las actividades religiosas. Un caso de innovación bien visto por los fieles y que es posible en la actualidad y no lo era hace unos años, salvo que lo hubiera hecho con diapositivas, mucho más difíciles de hacer que las pantallas de un “powerpoint”.

A lo largo de los años de vida que llevo en este mundo he percibido algunos cambios en las formas de hacer eclesiásticas. Uno de ellos por ejemplo es el asunto de la misa dominical. Antes era el domingo y solo el domingo el día admitido para cumplir con el precepto. Con el tiempo se habilitó la posibilidad de que se oyera misa los sábados por la tarde, con la misma validez. Otro se refiere al tiempo que había que guardar sin alimentarse antes de poder recibir la comunión. En mis tiempos, cuando hice la primera comunión, era de tres horas, ahora creo que es de una hora, que es tanto como no decir nada si tenemos en cuenta la duración de la propia misa. Y además la primera comunión se hacía a los siete años de edad, mientras que ahora, por lo general no se hace hasta los diez años. Otro sacramento, como la confirmación, tenía lugar, como a mí me parece lógico, entre el bautismo y la primera comunión. Yo lo hice a los seis años, mientras que ahora se hace, por lo que veo, alrededor de los quince años, claramente después de la primera comunión.

Hay más cosillas. La gente que acude a comulgar puede elegir entre recibir la hostia directamente del sacerdote en la boca o en sus manos. Antes, eso de tocar con las manos la sagrada forma era cuando menos pecado y de los gordos. Además, en las misas suele haber un par de fieles, masculinos o femeninos, que son habilitados para facilitar la comunión en delegación del sacerdote.

En fin, cambios cosméticos, si se quiere, pero que han sido una adaptación a los tiempos que corren donde, dicho sea de paso, el domingo ya no es fiesta “de guardar” y desde el punto de vista laboral es como otro día cualquiera de la semana. Pero hay cosas que no cambian, ni tienen visos de hacerlo, aunque a la luz de los planteamientos actuales no tengan mucha razón de ser. Voy a comentar por encima un par de ellas. Una es el hecho de que los sacerdotes tengan que ser forzosamente hombres. ¿Qué hay de la igualdad entre sexos tan traída y llevada hoy en día? ¿Por qué no pueden ser mujeres? Supongo que habrá razones teológicas de peso esgrimidas por todas las jerarquías eclesiásticas, pero a la altura de la calle esto se sostiene poco.

El otro asunto es el de los divorcios. Lo de “para toda la vida” se está viendo que en muchas ocasiones no llega a cumplirse, por las razones que sean. Y visto desde un punto de vista lógico, mejor es dejarlo que llevarse a matar entre los casados. Pero una vez casado por la iglesia, esto es para siempre. Bueno, lo de para siempre es un decir. En mi entorno conozco directamente un par de personas que se casaron por la iglesia, tuvieron hijos, y al cabo de unos años decidieron dejarlo. Pero encontraron otra media naranja, y se querían casar con ella por la Iglesia. Pues nada, tribunal de La Rota, unos contactos y unos eurillos y ¡ zas rataplás ! matrimonio anulado. Cuando veo a algunas de estas personas ir a comulgar de nuevo no dejo de pensar lo hipócrita que es la sociedad, incluso en cosas como esta que, como decía mi abuela, “no hacen falta para comer”.

En la homilía de la misa de hoy, el sacerdote ha pasado de puntillas por encima comentando de pasada, y rápida, que “la Iglesia no está en contra de los divorciados …”

sábado, 29 de septiembre de 2012

MOMENTOS (y 2)



Continúo con la segunda parte de esta entrada, en la que reflejo cinco momentos impactantes de mi vida en el terreno personal. Los dos primeros pueden consultarse aquí.

TRES. Durante toda mi vida he sido gran aficionado a practicar todo tipo de especialidades deportivas. Como suelo decir, “juego a todo, pero mal”. Llevaba tiempo rondando por la cabeza el correr una maratón, ya se sabe, algo más de cuarenta y dos kilómetros seguidos, uno detrás de otro. Aunque mantenía un buen tono físico, mi peso por encima de los noventa kilos para una estatura “cortita” no eran buenos augurios para esta prueba de tremenda exigencia. A mediados de los noventa, un compañero de oficina nos embaucó a varios para empezar los entrenamientos con vistas a culminar una carrera de este tipo con éxito. En la foto puede verse la llegada de la primera que corrí, en Madrid, entrando en la meta abrazado a mi gran amigo Miguel Angel, que culminaba su segunda maratón. Para mí era finalizar la primera y lo que se siente al cruzar la meta tras más de cinco horas de esfuerzo continuado, es indescriptible. Luego vendrían otras, en variados lugares, entre ellos Nueva York, pero como la primera, ninguna. La historia de estos devenires puede ampliarse descargando un documento en este enlace.

CUATRO En el primero de los momentos comentaba como vi truncadas mis expectativas de cursar estudios universitarios debido a mi incorporación al mundo laboral. La idea de retomarlos rondaba insistentemente en la cabeza hasta que en 1993 y a pesar de las obligaciones laborales y familiares, decidí iniciar los estudios de Psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Me hubiera gustado meterme en alguna otra carrera de tipo más técnico, pero dadas mis posibilidades y limitaciones de tiempo, escogí esta carrera con asignaturas variadas y que procura una formación humanista muy interesante. Yo no estaba acostumbrado a los suspensos en junio, pero las tres asignaturas en las que me iba matriculando años tras año eran demasiado y a pesar de leer y estudiar sacando tiempo de donde podía, el contar con los exámenes de septiembre era necesario. Pasaron once largos años de esfuerzo, veranos incluidos hasta que, un día de septiembre de 2004, cuando salía de realizar el último examen, tuve el pálpito de que todo se sabía acabado. Cuando digo “todo” me refiero a la parte académica porque uno nunca acaba de estudiar y formarse si se quiere estar al día. Los cambios y los progresos son continuos y permanentes en cualquier materia y hay que mantener un esfuerzo continuado y constante. Pero la obtención del título fue un hito y aquella tarde de septiembre, cuando abandonaba las aulas del politécnico de La Paloma, en Madrid, sentí que un largo camino de once años había quedado atrás.

CINCO Uno de los lugares talismán en mi vida es el claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos. Tuve la oportunidad hace muchos años de acceder a él con muletas por una operación de menisco, lo que me permitió quedarme a solas en el claustro mientras el resto visitaba una dependencia, y sobrecogerme y embargarme de un inmenso sentimiento de paz y tranquilidad. Quise repetir la experiencia y para ello hace un par de años me fui a pasar tres días de recogimiento, dentro de un programa que muchos de ellos tienen para acoger huéspedes en los monasterios. Los rezos de los monjes, en los que participaba como uno más comienzan a las seis de la mañana con “Vigilias”, que dura cuarenta y cinco minutos aproximadamente. Tras él es posible regresar a la habitación, pero yo no lo hacía, quedándome a oscuras sentado en el claustro de la abadía, a noche plena. En la época en que yo estaba allí, comenzaba a amanecer lentamente pasadas las siete, pudiendo participar del tañido de las campanas, la llegada de la luz, la algarabía de los miles de pájaros que pernoctan en el centenario ciprés en el momento de abandonarlo, coleccionando sensaciones indescriptibles de paz y tranquilidad. Por haber sido este último suceso elegido más reciente, ha sido narrado con más detalle en dos entradas de este blog, esta y esta, por lo que a ellas me remito para el lector que esté interesado en ampliar detalles.

lunes, 24 de septiembre de 2012

MOMENTOS



A lo largo de la vida nos vemos inmersos en un sinfín de situaciones algunas de las cuales quedan impresos en nuestra mente para siempre. Pueden ser de diversos tipos, positivas o negativas y pertenecer a diferentes ámbitos, personal, familiar, laboral, etc. Por lo general, las positivas son efímeras y aunque se nos queden grabadas a sangre y fuego, se desvanecen como por encanto en cuanto la vida sigue su curso. No es mala cosa recordarlas de vez en cuando y conseguir revivirlas lo más diáfanamente posible para volver a disfrutar de ellos como un regalo para ver más positiva la vida

He hecho el ejercicio de recuperar cinco momentos impactantes de mi vida en el ámbito personal. Referiré dos de ellos en este post y los tres restantes en el siguiente. Nunca se puede decir que sean los mejores o intentar establecer una clasificación so pena de meternos en una espiral sin salida. Sí son de gran contenido emocional positivo que me han marcado y utilizo de vez en cuando para “recargar las pilas” que buena falta viene haciendo y cada vez de forma más frecuente en los últimos tiempos. Como he referido, hay otras de tipo familiar como cuando uno se casa, cuando nacen los hijos y situaciones afines que también son de un gran contenido emocional. En el ámbito laboral ocurren igual al empezar un nuevo trabajo, sus traslados, ascensos e incluso los cambios de empresa. Los relaciono uno detrás de otro, en un orden cronológico, no siendo este orden una prelación que pretenda, como ya he dicho, una clasificación en mejores o peores.

UNO En la primavera de 1978, un compañero de oficina que andaba metido en los cursos de patrón de yate organizó un viaje en velero de una semana por las islas Baleares. Una tarde de domingo, desde el puerto deportivo de Sitges y en el velero “Gurriato” partíamos ocho personas incluyendo el patrón pues el compañero no se atrevía con la responsabilidad a pesar de tener ya el título en el bolsillo. Nos dirigíamos “a toda vela” hacia Mallorca, donde arribamos tras una travesía de veinticuatro horas en la que hubo que tirar de motor en bastantes ocasiones debido a la escasez de viento. Tras un día recalados en Pollensa, se decidió hacer la travesía hasta Menorca durante la noche. Ya habíamos adquirido cierta destreza en el manejo del timón y en la gobernabilidad del barco cuando las condiciones eran estables y podíamos capitanear consultando la brújula y atisbando los catavientos para mantener hinchada la vela. Me tocó un turno en mitad de la noche, el de tres a cuatro. Mientras los demás dormían y el barco navegaba ligeramente escorado con bastante viento portante, una manada de delfines se puso a ambos costados durante un buen trecho haciéndome compañía en mi soledad con sus preciosas cabriolas y saltos. Hay que decir que era noche de luna llena por lo que veía perfectamente a los delfines, en muchos momentos recortados sobre la estela de la luna reflejada en el mar. Para completar la belleza del cuadro, el viento se colaba por la botavara de aluminio produciendo una musiquilla como de flauta y silbidos que configuraron una escena para no olvidar que persistió durante algunos minutos inundando mi espíritu de paz y tranquilidad.

DOS Transcurría septiembre de 1972. Durante mis estudios de C.O.U. el curso anterior estuve preparando de forma autodidacta las oposiciones a banca, porque no veía muy claro el poder cursar estudios universitarios teniendo en cuenta la situación económica familiar, en la que cuatro hermanos y una abuela además de mi madre nos encargábamos de hacer humo los dos sueldos de mi padre, único laborante en la casa, como cartero urbano por las mañanas y administrativo en una empresa de jardinería y luego de construcción por las tardes. A pesar de sus alientos y de estar matriculado en Arquitectura, a principios de septiembre realicé oposiciones, muy masivas ellas en proporción a las plazas, en Banesto y la entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid. No albergaba muchas esperanzas cuando un día, durante la comida del mediodía, que realizábamos toda la familia unida, el director de la sucursal de la Caja, Dn. Andrés Pascual, que fallecería poco después, se presentó en casa para darnos la noticia de que me había sido asignada la plaza buscada, felicitándonos efusivamente a mi padre y a mí y dándonos las indicaciones para, al día siguiente si era posible, presentarme en el departamento de personal al objeto realizar todos los trámites para mi inmediata incorporación a una oficina como administrativo. La sensación de alegría se unió a una cierta tristeza porque en ese momento y por el momento se habían abortado mis estudios universitarios.

Continuará …

domingo, 16 de septiembre de 2012

CUESTAS


Muchos pensamos en la de enero, pero el mundo cambia y la verdadera cuesta es la de septiembre. Y eso que este año, con las novedades para algunos de los ciudadanos españoles, funcionarios o asimilados, con el “invento” del Gobierno de quitar la paga extra de diciembre, la cuesta de enero puede renacer con nuevos bríos. Pero quia, la cuesta real, la de verdad, está en septiembre, ahora, tras el verano. La concentración de pagos, algunos de ellos de tipo general y otros que a mí de forma particular me han caído en suerte, hacen que el bolsillo parezca cual si hubiera sido agujereado por una ametralladora. Se supone que las vacaciones, aquellos que las disfruten, las han pagado con anterioridad, cosa que no siempre es así, pues los plazos con todos sus peligros siguen estando presentes en nuestras economías. Además, estando de vacaciones y en situaciones novedosas, tenemos tendencia a sacar con demasiada alegría nuestras tarjetas cual si fueran pistolas, teniendo la mano un poco más larga. Pero es que nos lo merecemos, leñe, tras unos meses de trabajo y esfuerzo en nuestros cometidos laborales.

La acepción de “cuesta” que estamos manejando aparece en el diccionario pero solo referida a enero y haciendo hincapié en que es la consecuencia lógica de las fiestas anteriores, las de Navidad: “Período de dificultades económicas que coincide con este mes a consecuencia de los gastos extraordinarios hechos durante las fiestas de Navidad.”. Como si el verano no fuera un período de gastos, en vacaciones, campamentos, estudios de idiomas propios y de los hijos, visitas, saliditas gastronómicas por las tardes y las noches con los amigos, conciertos, fiestas del pueblo… Un sinfín de actividades se concentra en estos dos meses o poco más de verano que son tan fuertes o más que los de Navidad.

Como digo, el mes de septiembre se presenta en el horizonte con unos dispendios anunciados que hacen temblar al más pintado. Depende de las circunstancias de cada uno, pero relaciono los que se dan en mi caso, muy dignos de tener en cuenta. Y vaya por delante que si utilizo las tarjetas lo hago a débito, nunca a crédito, por lo que ese susto a la vuelta me lo ahorro.

Lo primero es el sablazo del ayuntamiento en forma de ese impuesto que siempre se ha llamado de la “contribución” y que ahora hemos sustituido por I.B.I., impuesto de bienes inmuebles. Lo que antaño era casi testimonial ahora ha alcanzado unas cifras astronómicas que suben cual cohete a la luna, ahora que me viene a la memoria el fallecimiento de Neil Amstrong, primer hombre que la pisó. Entre las actualizaciones de los valores catastrales que hacen unos y los ajustes de impuestos que hacen otros, los recibos son más temibles cada año. De los 228 euros que en equivalencia pagaba por mi casa hace veinte años, son ahora 491, más del doble, los euros que me demanda el consistorio. No quiero entrar en porcentajes anuales de subida, que me podría dar un mareo.

Un segundo y no menor sablazo es el tema de los estudios de los hijos o propios. En mi caso y de momento no lo es tanto por asistir a un colegio de esos llamados concertados, pero un buen puyazo es el tema de los libros y material escolar. Este año me las prometía muy felices porque una vecina nos había dejado bastantes libros, a pesar de que muchos de ellos ya estaban “pintados” pues las editoriales, con la anuencia de los proios colegios, los hacen con esa filosofía para que no valgan de un año para otro. Digo que esperaba bajar este año la cuantía por debajo de los 300 euros por niño que anualmente viene costando, pero mi gozo en un pozo: los cuatro o cinco libros que faltaban han alcanzado el montante de 180 euros a los que hay que añadir más de 30 en material. Libros de estudios de niños que pasan ampliamente de los 30 euros con una pinta de cuadernillo de colorines que huele a timo consentido por autoridades, colegios y padres que no nos queda más remedio que tragar. Dentro de unos años, cuando los libros sean electrónicos, que ya lo son en la actualidad en algunos colegios de algunas comunidades, las editoriales se echarán las manos a la cabeza porque se les acabará este floreciente negocio, pero mientras tanto exprimen la teta de la vaca todo lo que pueden. Y no reparten los beneficios pero, eso sí, en el futuro pretenderán repartir los perjuicios.

Un tercero y que a lo mejor lo hago yo por ser muy escrupuloso es la revisión de la caldera de calefacción y agua caliente, es que es obligatoria pero que nadie controla. Menos mal que el colega que se me aparece todos los primeros de septiembre es un tío de esos que llamamos “enrrollao” y me salda la operación por cien euros en un entendimiento entre amigos y sin que nuestros gobernantes se lleven, ahora, veintiún euros sin comerlo ni beberlo, por el valor añadido que supone la revisión, obligatoria y necesaria, de mi caldera. ¿Alguien me explica cuál es el valor añadido que se produce en esta operación de limpieza y mantenimiento?

A grandes rasgos estas son las espadas de Damocles en forma de dispendios que me aparecen tras el verano. A ellos tengo que añadir, por circunstancias otras derivadas de que no sé cómo me las apaño pero llevo varios años teniendo que hacer la revisión anual y de mantenimiento del coche, esa en la que llevas el coche al taller sin ninguna avería y te le devuelven igualito que estaba pero con unas facturas que te hacen temblar. Y si además toca cambio de algo, como este año de los discos delanteros de frenos porque el vehículo ya va estando viejecito, casi es mejor comprar uno nuevo que pagar la reparación. Añadamos alguna concentración de cumpleaños y veremos que la cuesta de verdad es la de septiembre, porque de la paga de julio, esa que todavía se mantiene veremos por cuanto tiempo, ya ni nos acordamos.

viernes, 7 de septiembre de 2012

COLAS



Palabrita corta esta que nos sirve hoy de título, pero que encierra numerosas acepciones, al menos en el diccionario oficial. Hay que bajar hasta la número 10 para encontrar el significado a colación, que es “Hilera de personas que esperan vez.”. La verdad es que han sido un poco parcos, porque lo de “esperan vez” se queda un poco en el aire, especialmente si el que se acerca al diccionario a resolver sus dudas no es de habla nativa en castellano. Si tiene la paciencia de seguir leyendo, una de las adicciones en forma de ejemplo de palabra compuesta reza “hacer cola” explicando que “Esperar vez, formando hilera con muchas personas, para poder entrar en una parte o acercarse a un lugar con algún objeto”.

Aclarado el significado de la palabra que queremos tratar hoy, por si no estaba claro, diremos que las personas tendemos a tener la memoria bastante alterada y recordamos lo más cercano como si hubiera sido lo más de lo más, en toda la vida. Un ejemplo. Este verano ha sido tremendamente caluroso y tenemos todos casi la certeza de que ha sido el más caluroso de la vida. Y lo que pasa es que lo tenemos reciente y no nos acordamos de otros. Pero para eso están las estadísticas, esas que ahora ya se conservan fehacientemente desde hace años en los discos duros de los ordenadores y a las que podemos acceder cómodamente a través de internet.

Esto de la pérdida de neuronas es lo que me debe de pasar, pues no recuerdo una época como la de esta semana de “colas” por diferentes motivos que ahora detallaré. Mi recuerdo de “cola” enorme se remonta a principio de los años ochenta, cuando visité Moscú. Aquello di que eran colas, filas de moscovitas con algún turista despistado para comprar casi cualquier cosa. Pero en España, puesto a recordar alguna de gran magnitud, me remonto a mi adolescencia y aquello que los más mayores recordarán del P.I.O., el “Principio de Igualdad de Oportunidades”, más conocido por las “Becas” que los estudiantes con familias de pocos posibles teníamos que solicitar año tras año, amén de hincar los codos, aprobar todo y con nota, para poder seguir estudiando. Aquello sí que eran colas, en los patios de un edificio oficial que soy incapaz de recordar donde se hallaba.

Pero los tiempos han progresado y todos los organismos públicos y privados alardean que facilitan hacer las cosas “por internet”. Y es verdad que muchas se hacen y ya de forma automática, sin darnos cuenta. Tratemos de comparar las actuaciones que realizamos ahora con nuestros bancos, sin pisar sus oficinas prácticamente, con las que hacíamos años atrás, yendo a la ventanilla para cualquier cosa.

Como digo, esta semana ha sido una sesión de colas de lo más divertido. Y voy a empezar a contarlas por el revés, por la cola que debería de existir y no existió. Me tocaba cumplir con mi auto-imposición de donar sangre trimestralmente y me dirigí a un hospital cercano donde disponen de centro de donantes. Lo bueno hubiera sido que la cola fuera de consideración, pues la sangre es muy necesaria, pero por no haber no había nadie, ni siquiera el personal que atiende el departamento. Nadie, estarían desayunando o haciendo alguna gestión, oficial o personal. Estuve veinticinco minutos “a la no-cola”, tras los cuales me marché, habiendo esperado una cola que no existió y sin poder cumplir mi objetivo. Vivir para ver.

Pero las otras colas han sido de consideración. Se puede pedir cita médica a tu doctor de cabecera por internet pero…. No se puede pedir cita para hacerte un análisis de sangre. Hay que pasar por la ventanilla del centro de salud. Y en estas fechas, con las movidas de los co-pagos de medicamentos, algún sesudo político ha ideado un complejo sistema por el cual, al parecer, los ancianos se tienen que hacer con una segunda tarjeta sanitaria que presentar en las farmacias para que los pagos sean menores. La cola de ancianos en el centro de salud el otro día era enorme y además poco fluida, no hace falta que cuente porqué. A esperar. Menos mal que acudo siempre provisto de mi libro electrónico para aprovechar el tiempo.

La siguiente ha sido en las dependencias municipales. El ayuntamiento subvenciona a los alumnos empadronados de primaria con la cantidad de cuarenta euros para ayuda de la “cuesta de septiembre” de la que hablaremos en una próxima entrada. Tiene todos los datos como contribuyente, tiene tus cuentas bancarias donde puntualmente te cobra año tras año los recibos, lo tiene todo, pero… otro sesudo político, con criterios que no alcanzo a comprender, te obliga a ir en persona, un día concreto, un único día, en función del apellido, a las dependencias municipales, teniendo que presentar el DNI y el libro de familia para su cotejo y que te entreguen cuatro talones ya impresos. No sé si alguien se ha parado a pensar lo que cuestan las horas de los que hacemos cola, la de los funcionarios que atienden, el papel de los talones y su manipulado, etc. etc. Existen las transferencias, señores.

Ha habido más colas, pero no quiero entrar en detalles para no cansar. De una de ellas, la de comprar los libros en el colegio, me libré gracias a un amigo, gracias Fran, que estando el a su vez en la no-cola me llamó por teléfono y me dijo que me fuera para allá, que no había nadie. Pero cuando salía se estaba ya formando una que para qué. Y es que habían abierto una hora antes de la señalada y dio la casualidad de que esta amigo se había ido allí para estar de los primeros.

Más colas en el polideportivo, en la casa de cultura. Septiembre con niños, mes de las colas. Viva la informática y la “internés”.

jueves, 30 de agosto de 2012

DESCARGAS



Si uno se aventura a buscar en el diccionario oficial esta palabra encontrará a buen seguro una serie de definiciones entre las que no se encuentra la que últimamente tiene. Siendo una traducción más o menos libre de la inglesa “download”, se utiliza para referirse a las piezas digitales que a través de internet alojamos en los discos duros de nuestros ordenadores.

Aunque la connotación por defecto que lleva asociada es el adjetivo “ilegal”, no todas las descargas de ficheros que se utilizan en la red son ilegales. Yo me descargo las facturas de mis proveedores o los movimientos del banco, amén de otros ficheros igualmente legales como pueden ser libros, discos, fotografías o películas que han sido puestos en libre circulación por sus autores en la red. Solo algunos ejemplos para aseverar esto. Un estupendo libro de Linde Waidhofer con increíbles fotografías de la Patagonia puede descargarse legalmente en varios idiomas desde este enlace o este otro libro reciente, de un tema candente que me toca las narices, titulado “EL OCASO DE LAS AUTONOMÍAS. El libro que ningún partido político quisiera ver publicado” de Joaquín Javaloys que puede descargarse libremente en pdf desde este enlace aunque también está a la venta con coste en papel, una fórmula ya utilizada por Enrique Dans con su libro “Todo va a cambiar” obtenible desde aquí. Y así numerosas y bellas piezas electrónicas están a nuestra disposición, como por ejemplo este cuidado documental titulado “El mal del cerebro” que puede verse o descargarse libremente aquí.

Hay numerosísimos ejemplos de descargas legales y de hecho es un medio utilizado por empresas y particulares para mudar las cosas de un lugar a otro, de forma cómoda, moderna y rápida. Pero el quid de la cuestión son, cada vez más, las “otras” descargas. Si, esas, las “ilegales”, las descargas en las que los mal llamados “piratas” obtienen piezas protegidas por derechos de autor.

La cosa se mueve. No hace mucho asistimos al golpe dado a Megaupload, comentado en la entrada de este blog titulada “CONVULSION” y hacíamos comentarios acerca de estos mismos aspectos en “REARME”. Lo que parece claro es que la cultura del “todo gratis” no puede seguir así. Pero las enormes posibilidades de la red hacen posibles multitud de orificios de difícil taponado por los que hacer fluir la información digitalizada entre unos y otros.

Leyes hay y habrá cada vez más en todos los países, con grandes dificultades en su aplicación. Ya se sabe aquello de que un preso dispone de 24 horas al día para diseñar como escaparse de la cárcel, tiempo del que no disponen sus guardianes ni los que diseñan las prisiones. A orificio tapado, nuevo agujero abierto. A Megaupload cerrado, resurgimiento del P2P con viveza. Y que siga fluyendo la información.

Otra forma de atacar el problema es el miedo. Aparecía esta semana la noticia de una cuantiosa multa de más de medio millón de euros, o serán dólares, impuesta a un internauta en EE.UU. por descargar canciones protegidas por derechos de autor (aquí el enlace que no sé por cuanto tiempo estará disponible). Y esta misma semana unos parientes me referían lo ocurrido a ellos mismos en Alemania. El hijo de estos parientes vive en Madrid y se desplazó a Alemania a pasar unos días con la familia. Estando allí, utilizó la conexión inalámbrica, con clave facilitada por sus padres, para seguir conectado a internet igual que lo hace en su casa española. Pero se bajó, descargó o “downloadeó” un disco musical. A los dos o tres días se hizo con un par de películas. El chico estaba con la mentalidad española operando en un hogar alemán. Al cabo de un tiempo, un bufete de abogados se puso en contacto con la familia, titular de la línea ADSL, para comunicarles sendas multas de 850 euros por el disco y 1400 euros por cada película, con un 25% de descuento por pronto pago, de acuerdo y sin armar ruido. Y con la información precisa de fecha, hora y contenido descargado, obtenido supongo del proveedor de ADSL o de algún tipo de fisgoneo en la red.

Un bufete de abogados no tiene capacidad legal de imponer una multa. Pero si tiene la capacidad de denunciar el incumplimiento de una ley, que existe, y promover un juicio que con toda seguridad ganará, costando un pico al demandado por el tema de las costas y demás. Así que, mi pariente se rascó el bolsillo, no sé si se lo cobró a su hijo, y encima seguro que no escuchó las canciones ni vio las películas.

Bien es verdad que muchas de las descargas, legales o ilegales, sirven para alimentar nuestro mayor o menor síndrome de Diógenes, ese de acumular y acumular cosas que nunca vamos a utilizar y que al poco tiempo hasta olvidamos que las tenemos. Conocí antaño compañeros de mi oficina que acumulaban CD’s musicales o películas hasta la extenuación. CD’s que nunca han escuchado ni escucharán y pelñiculas que nunca han visto ni verán. Pero ahí las tienen, en su poder, por si acaso. Bien es verdad que en este tema de las películas, muchas de las antiguas y clásicas solo es posible obtenerlas en la red, ya que no se encuentran de forma comercial.

Me viene a la mente ese dicho de que cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

sábado, 18 de agosto de 2012

MEDIOCRIDAD


Con mucha frecuencia circulan por la red a base de correos electrónicos determinados textos atribuidos a determinados autores, por lo general de renombre en el panorama nacional. Que yo recuerde ha pasado con Arturo Pérez Reverte, con Alfonso Ussía y con muchos otros. Es muy sencillo coger algo de la red, cambiar la autoría y airearlo a los cuatro vientos por medio del correo o de las redes sociales. Los textos en sí serán buenos o malos en función de quién los lea y de su coincidencia o no con la opinión personal sobre la materia. El hecho de atribuírselos a un determinado personaje no solo les da relevancia sino que carga las tintas en determinados aspectos, amén de darles una fama que posiblemente de otra forma no tendrían.

Me llega un texto atribuido al genial humorista Forges, de sobra conocido por todos por su larga trayectoria en el mundo de las viñetas . Y es que las personas que destacan en una determinada faceta no tienen por qué ser nulas en otras, en las que por lo general se suelen defender bien. El texto se titula “El triunfo de los mediocres” y es una reflexión acerca de lo que supone esta característica, como se llega a ella y la propone como una explicación de las causas que nos han llevado a la situación actual, no solo en materia económica sino en otras muchas materias.

La nota aparece fechada al principio el doce de mayo del presente. Indagando un poco en la red, me encuentro con este texto publicado en un blog con fecha anterior: veintiocho de febrero. Sensiblemente anterior. El blog es de David Jiménez y contiene este mismo texto en esta entrada. Ahora nos quedamos con la duda de quién es el verdadero autor, pero eso me resulta indiferente porque lo que yo quiero resaltar aquí es el texto en sí, su contenido, su reflexión profunda sobre la mediocridad y los mediocres.

Desde hace años venimos oyendo en muchos ámbitos de la vida eso de que “todo vale”. En el laboral se huye de los especialistas en pro de los generalistas, los que saben hacer de todo pero que nuca podrán hacerlo tan bien como alguien que se dedique específicamente a ello. En la calle, en casa, en los medios… todo vale, todo sirve. Y vamos cayendo poco a poco en esa mediocridad que nos pone ante nuestros ojos este texto que reproduzco a continuación. Y es que ser mediocre es un estado que se consigue a base de años de ir dejando pasar las cosas y conformarse, en hacer del “todo vale” una filosofía de vida. Así nos luce el pelo.

¿ De qué país estará hablando?

EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.

Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general.

Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.

Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros.

Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.

Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.

Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.

Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.

Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.

Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.

Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

martes, 14 de agosto de 2012

RECAMBIOS


Varias cosas me impresionaron cuando tuve la oportunidad hace más de una década de conocer La Habana, capital de un país que lleva muchísimos años en una situación peculiar. Por muchas razones, entre ellas su forma de gobierno, se ve aislada en un bloqueo económico que lleva a sus habitantes a situaciones que superan a base de ingenio y …paciencia. Una de las cosas que más llaman la atención es la gran cantidad de coches que circulan por sus calles con más años que el propio Matusalén. No es que esos vehículos lleguen a la edad que supuestamente tuvo este personaje, pero si contaban en aquella época de mi visita con alrededor de cuarenta años. Y había unos cuantos. Y estoy por asegurar, más de diez años después, que muchos de ellos siguen en activo.

Eran grandes coches americanos de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Lo sorprendente es que siguieran funcionando con esos años y con la previsible falta de piezas y repuestos para mantenerlos en marcha, no solo por el bloqueo comercial sino por que seguramente estarían fuera de la circulación y el fabricante no querría saber nada de ellos. Con motivo de un desplazamiento por la isla, en que contratamos de forma particular a un médico que por las tardes se dedicaba a hacer de taxista pirata para los turistas, pudimos conocer de primera mano la causa, sorprendente, de que los coches, no solo los grandes modelos americanos sino muchos otros, siguieran funcionando. El que nos sirvió de taxi era un Seat o Fiat parecido al 124 que debía de andar cerca de la treintena de años.

Según nos contó nuestro improvisado conductor, los cubanos se las ingeniaban para “fabricar” sus propias piezas. Desde una chapa de un refresco hasta una lata de sardinas eran materias primas para elaborar piezas a medida que posibilitaran que los coches siguieran andando. Al parecer el combustible no era problema, aunque todo es un problema en la isla, por el suministro ruso, dado que este país, lógicamente, no secundaba el bloqueo por razones de todos conocidas.

Así pues, cualquiera que pudiera hacerse con un coche tenía no solo que hacer trabajillos extras de estraperlo para mantenerlo andando en unas condiciones medianamente soportables, sino también aguzar el ingenio y aprender a ser no solo mecánico sino fabricante improvisado de piezas.

Mi primer coche, allá por los comienzos de los años setenta, fue un Seat 127. Me entretuve muchas horas con él haciendo de mecánico improvisado, instalando accesorios y haciendo mantenimientos básicos como cambio de bujías o de aceite, instalación de accesorios o cosas por el estilo. Pasé buenos ratos estudiando su circuito eléctrico y haciendo cosas como poner luces en los ceniceros –se fumaba en los coches y mucho- o en el maletero. Hoy en día todas esas cosas vienen de fábrica y además es bastante complicado ponerse a hacer bricolaje con un coche, no solo por los conocimientos sino porque en muchos casos son necesarias herramientas especiales e incluso ordenadores para poder leer los parámetros de muchos de los componentes, gobernados de forma electrónica. Por poner un ejemplo, muchos de los tornillos tienen una cabeza especial para la que hace falta un destornillador especial.

La llave que se puede ver en la fotografía es el mando a distancia de apertura de mi coche que se acerca a cumplir los ocho años. Está en un estado lamentable que se va deteriorando más y más con el paso del tiempo. Pero por cabezonería personal me niego a cambiarlo. Las zonas donde se presiona para abrir o cerrar el coche son botones de goma que con el paso del tiempo y del uso han quedado para el arrastre. No me quejo de ello, ya que todas las cosas tienen su desgaste. Quizá desde aquí recomendar a quienes tengan un mando de este tipo que presione con cuidado y con la yema de los dedos cada vez que lo utilicen. El hacerlo con las uñas implica un desgaste superior y su rotura en un menor número de usos.

Y es que como se pueden suponer el repuesto en cuestión no es precisamente barato. Según me informaron en la casa, hay que cambiar todo el mando, no solo la carcasa con las gomas nuevas, lo que implica una reprogramación del sistema y patatín patatán. Resumiendo, cerca de doscientos euros del ala. Han leído bien: doscientos. Como será la cosa que han aparecido numerosos fabricantes de piezas clónicas de diversos precios que sirven para salir del paso de forma airosa por mucho menos dinero de esa cantidad exorbitada o que al menos a mí me lo parece.

Cada vez es más frecuente en los aparatos que para cambiar una pieza que se ha desgastado sea necesario cambiar medio aparato. Fundamentalmente por que no es posible encontrar suelta la pieza que necesitamos.

Yo por el momento me las apaño utilizando la punta del bolígrafo que siempre me acompaña para abrir el coche y presionando el trocito de cuero que se sujeta con el papel cello para cerrarlo. Llegará el día que para cerrarlo tenga que utilizar también la punta del bolígrafo, pero lo haré en aras de mantener mi cabezonería y no claudicar ante el tremendo expolio que supone el que tenga que pagar un dineral por una gomita que no vale un real y que, con el tiempo, lógicamente, se ha deteriorado.

Añadido en Sep-2013 Esta historia tiene continuación, y final feliz, en la entrada RECAMBIOS-2.

martes, 7 de agosto de 2012

URDON


Hace ya muchos años, diecinueve para ser exactos, vi encima de la mesa de un compañero de oficina una postal que me llamó poderosamente la atención. Con el tiempo la compré a mi vez pero en estos momentos no sé donde la tengo. Representaba un camino que subía en zig-zag por la ladera de una montaña. Cuando le pregunté por la zona me contó que se trataba de la ruta conocida como la “Garganta de Urdón” que salvaba un gran desnivel para enlazar el desfiladero de La Hermida con el montañoso y escarpado pueblo de Tresviso, en el corazón del parque nacional de los Picos de Europa.

Desde aquel mismo instante pensé en realizar la ruta algún día. El tiempo ha ido pasando y por unas razones u otras nunca llegaba el momento. A medida que van cayendo años a las espaldas, acciones como esta que requieren de un cierto esfuerzo físico van siendo más difíciles de superar y no estaba dispuesto a que esta quedara en el apartado de los sueños no realizados.

Ayer, un lunes de agosto, fue el día elegido. Se anunciaba un tiempo fresquito, de 12 grados a las ocho de la mañana, nublado y con pocas posibilidades de lluvia hasta bien entrada la tarde. El comienzo de la ruta está situado, como ya hemos comentado, en el desfiladero de la Hermida, esa hermosa carretera que juega con el río Deva entre las localidades de Panes y Potes. Uno de los grandes problemas de la realización de esta ruta es el del aparcamiento. Hay muy pocas plazas disponibles y se suelen ocupar a muy temprana hora, por lo que era necesario el madrugón, y además sin ninguna garantía de que al llegar hubiera sitio. Accedíamos mi mujer y yo a los alrededores de la pequeña central hidroeléctrica de Urdón a eso de las siete y media de la mañana, encontrando plaza para dejar nuestro coche debidamente aparcado y prepararnos con tranquilidad para la ruta. Una opción posible es utilizar un familiar o amigo, o contactar con algún taxi, que te acerque por la mañana y a golpe de llamada te recoja por la tarde en el mismo sitio o mejor en Tresviso, el final de la ruta, para evitarte la bajada.

A las 07:57 iniciábamos la marcha en una cota de 92 mts. sobre el nivel del mar. Una ruta preciosa y tranquila en sus primeros momentos, en la zona conocida como “Entrelospuentes”, al existir tres de ellos que permiten a la ruta coquetear con el río. Pronto llegan las hostilidades al entrar en la zona conocida como “La Bargona”, un serpenteante camino de pendiente notable encajonado entre las montañas para llegar a la cota de los 400 mts. Las grandes pendientes y la existencia de mucha piedra suelta hacen necesario un calzado adecuado en forma de botas de montaña que mantengan el pie sujeto y los tobillos asegurados, además de tener que mirar con mucho cuidado donde se pisa para evitar resbalones y tropezones que pudieran resultar peligrosos. Superada esta zona se sale a una zona abierta conocida como “El Balcón de Pilatos”, la más famosa en las fotografías, donde el camino alcanza 650 mts de altitud y permite disfrutar de unas vistas preciosas que ensanchan el espíritu, eso sí, con cuidado pues el firme sigue siendo muy irregular y hay que mirar donde se pisa. Superado este tramo, nos adentramos por unos cientos de metros en una zona ya más llana y verde que nos lleva a los “Invernales de Prías”, unas casas semiderruidas en las que disponemos de una fuente y que son la base para el último repecho hasta alcanzar el pueblo de Tresviso, cuya base está situada en una cota de 877 metros. Nuestro GPS indicaba que habíamos salvado un desnivel de 785 metros en una distancia de 7,433 km en dos horas y nueve minutos de marcha real más un tiempo añadido de 42 minutos de descansos y paradas para recuperar el resuello, beber algo de agua y reponer fuerzas a base de frutos secos. Sin embargo, los datos oficiales de la ruta hablan de una distancia de 5,800 km, por lo que desconozco a que será debida la diferencia.

La experiencia de la subida fue dura pero positiva por aquello del sueño cumplido. Vagueamos un rato por las empinadas calles de Tresviso y sus casas de piedra preparadas para resistir los rigores del invierno hasta la hora de la comida en que se acercaron nuestros dos hijos a comer con nosotros en el único bar-restaurante de la localidad, lleno hasta los topes y en que tuvimos mesa por ser de los primeros en llegar por la mañana y poder reservar. Ya dice el refrán que “al que madruga Dios le ayuda”. Mis hijos llegaron en coche a través de una tremenda vuelta que hay que dar llegando desde Panes hasta Arenas de Cabrales y ahí tomando el desvío a Presa Poncebos para continuar a Sotres y Tresviso por una serpenteante carretera que cruza el corazón de los Picos de Europa y cuyo estado de conservación depende de la comunidad que vele por ella. Como en los viejos tiempos se notaba el cambio de provincia en las carreteras, aquí se nota el cambio de comunidad autónoma.

Tras la comida se imponía el regreso, en el que nos acompañó mi hija Irene. No es lo mismo subir que bajar, decía. Pero tengo que decir que para mí el descenso fue poco más o menos que horroroso, mucho peor que el ascenso. El hecho de que haya tantos cantos sueltos y las fuertes pendientes obligan a tener mucho cuidado para evitar resbalones y pasos en falso que pueden resultar peligrosos y dependiendo de los sitios, fatales por los precipicios al lado del camino. Las rodillas sufren mucho más que en la subida.

Un sueño cumplido que deriva en una satisfacción personal unida a los dolores por el esfuerzo, que en este caso son recibidos de forma agradable y que serán olvidados en un par de días.





martes, 31 de julio de 2012

RADIO




La televisión llegó a la casa familiar cuando yo contaba catorce años. Hasta entonces, la reina del comedor, que no había llegado todavía a la categoría de salón, era una radio de las de válvulas, de color negro, que presidía la estancia desde una repisa en alto para que no llegáramos los niños a manipularla. Es la que está resaltada en la fotografía que acompaña a este texto. Mi madre y mi abuela, que trabajaban y muy duro cuidando de la familia, solían tenerla encendida en muchos momentos del día, especialmente por las tardes, tras la comida, horas que dedicaban a su costura y mientras sonaban aquellas novelas que fácilmente alcanzaban mil capítulos. En mi recuerdo rescato programas como “Matilde Conesa, Perico y Periquín”, “Los porretas” y “Ustedes son formidables”, que tantas y tantas veces oíamos en familia, así como las “reprimendas futboleras” que escuchaba mi padre los domingos por la tarde.

Con posterioridad, la radio ha sido compañera a lo largo de mi vida durante muchas horas y momentos. Y es que la radio tiene una virtud a mi juicio fundamental: te permite estar haciendo otras cosas mientras escuchas, cosa que no admite la televisión. Acompañado de las ondas, han sido muchas las horas haciendo bricolaje, revelando fotografía en el cuarto oscuro, paseando o desplazándome en coche. Siempre he usado el transporte público pero en los últimos años un cambio de lugar de trabajo lo hizo imposible, con lo que tuve que sumar dos horas diarias de desplazamiento enganchado a la radio, pues no soy amigo de música enlatada en el coche. Y poco a poco me quedé cómodamente instalado en una única emisora: Radio Nacional de España, no solo porque no tenía anuncios comerciales, sino por la calidad de sus programas. Por la mañana “En días como hoy” bajo la batuta de Juan Ramón Lucas y por la tarde “Clásicos Populares”, sustituido con posterioridad por “Ciudadano García” y sobre todo “Asuntos propios” con Toni Garrido. Excelentes programas de entretenimiento e información que escuchaba los ratos que podía.

Con motivo de una “Semana de la Ciencia” celebrada hace años, tuve la oportunidad de asistir en directo en los estudios de Prado del Rey a una edición completa de “Asuntos propios”. El conocer de primera mano como era por dentro me hizo apreciarlo todavía más. Toni Garrido estuvo en todo momento pendiente de y atento con nosotros, dándonos paso en directo en el propio programa y con una naturalidad pasmosa con sus ayudantes e invitados, como el que se está friendo unos huevos fritos o leyendo el periódico.

Por desgracia, la política se mete en todo. Y aprovechando las vacaciones, en una “agostía alevosa” adelantada a julio, la nueva cabeza pensante de RNE, nombrada por el nuevo desgobierno que padecemos, nos ha suprimido a estos dos excelentes comunicadores y alguno más de paso. Tras el verano veremos como se comportan los sustitutos pero durante mucho tiempo permanecerán los antiguos en el recuerdo. Tampoco es de extrañar que estos sesudos dirigentes que han entrado como elefante en cacharrería vuelvan a rescatar los anuncios comerciales con lo cual nos daremos cuenta de que hemos vuelto unos cuantos años atrás y nos habremos instalado de nuevo en la mediocridad que nos invade. Otro día hablaremos de ello, de la mano de un artículo del genial Forges, que no solo sabe dibujar.

La semana pasada he leído en un diario nacional, en la sección de cartas al director la misiva que reproduzco a continuación. Clara y concisa, para los que quieran entender.

¡Me han robado la radio!
Miguel Maldonado Cuesta. Getxo.Vizcaya.

Hace ya mucho tiempo que otros vándalos me convencieron, a base de aumentar los porcentajes de publicidad y degradar los contenidos, de que la televisión era un logro fallido de la mente humana. Me había refugiado en la palabra y, ahí, logré distribuir mi tiempo pendiente de tres voces amenas, plurales y profesionales que, amén de no machacarme con publicidad, me ofrecía Radio Nacional.

Por la mañana, por la tarde o en las mañanas del fin de semana, Juan Ramón Lucas, Toni Garrido y Pepa Fernández llevaban con plena eficacia las labores de informarme, entretenerme y culturizarme. Nunca les oí una palabra fuera de tono, con ningún invitado y, en todos los años que vengo oyéndoles, siempre me reservaron a mí y a la audiencia en general sacar nuestra propia opinión.

Jamás rehuyeron, como buenos periodistas, ningún tema de los que conformaban la actualidad. En los tiempos que corren, esos temas se nutren sobre todo de hechos como atropellos a desfavorecidos, incumplimientos de promesas electorales o fraudes “bankiales”; pero, para un buen periodista, la actualidad manda.

A mi no me engañan. Mariano, ¡has sido tú el que me ha robado la radio!

lunes, 23 de julio de 2012

CONECTIVIDAD


Aunque queramos nosotros mismos pensar lo contrario, estamos desarrollando de forma progresiva una dependencia de lo que se ha dado en llamar “vivir conectados”. Con la generalización de los dispositivos móviles, que lo que menos son ahora es teléfonos, disponemos en la palma de nuestra mano de internet y todas sus “consecuencias”: correo electrónico, redes sociales, mensajería instantánea, acceso a la web y otras cosas que son también interesantes como navegador terrestre para andar, correr o ir en coche, multitud de juegos, acceso al diccionario de la lengua y un montón de aplicaciones que nunca acabaríamos de enumerar pues crecen exponencialmente día a día.

Pero para que todo esto tenga lugar y pueda ser posible, necesitamos una cosa fundamental: conectividad en nuestro dispositivo. Acostumbrados a tener en casa y en muchos lugares públicos o privados redes locales o WIFI para alimentar la necesidad de conectividad de nuestros “achiperres” , cuando salimos de nuestros entornos habituales entramos en un “sin vivir” si no sabemos si dispondremos de “alimento” para nuestras conexiones. Es frecuente en casi todos los establecimientos públicos como hoteles encontrar redes “wifi” cuya clave nos facilitan, e incluso he encontrado ya en algún restaurante donde la clave está añadida en un papelito a la carta, como aquellos que normalmente se utilizan para las recomendaciones del día, esas que suelen venir sin precio y que nos deparan sorpresas a la hora de la cuenta.

El hecho de pasar las vacaciones de verano recurrentemente en un mismo lugar nos puede hacer anticiparnos a nuestros posibles problemas de conexión. Así me ha ocurrido y en vista de las vicisitudes del año anterior he decidido anticiparme y acudir provisto del correspondiente MODEM-USB con su tarjeta SIM para pasar unos días sin sobresaltos. Ya había preguntado a vecinos de la zona que tipo de conexión sin cables usaban y todos ellos me habían contestado que la de la grande, ya saben, “timofónica”. Como ya habrán podido deducir los lectores asiduos de este blog, de esa empresa no quiero nada, ni siquiera regalado. Pero las circunstancias obligaban y he tenido que claudicar, bien sea de forma temporal, durante las vacaciones. Pero no me ha servido de nada.

Las percepciones de las personas van en función de su conocimiento de las cosas y en esto de las últimas tecnologías, salvo excepciones, el vulgo suele tener poco interés. Los vecinos no me informaron de que sus conexiones eran de tipo “GRPS” (*), el más lento que existe equivalente a los primeros módems de línea telefónica con los que trabajábamos hace veinte años. Un horror. Para mandar o recibir un correo electrónico con poco texto, vale, pero como tengas un amigo pesado que te manda media docena de correos diarios acompañados de presentaciones con fotos y música, acabáramos, horas para recibir los envíos. Y si quieres acceder a páginas modernas, esas plagadas de contenidos multimedia que se creen que todos los que se asoman a verlas disponen de una conexión de alta velocidad, te pueden entrar los siete males.

Encontrarse con dificultades y hacer todo lo posible por solventarlas es la mejor manera de aprender. Consultas al gran “google”, un poco de lata a los amigos -gracias Juanlu-, y algo de tesón y cabezonería, me han llevado a encontrar una muy buena conectividad de mi modem-usb, sacándolo al exterior con un prolongador, en una ventana concreta del piso de arriba. Pero curiosamente no con la grande cuyo nombre no voy a repetir, sino con una de las chiquititas, cuyo sombre si voy a mencionar: SIMYO. Solo en esa y en ninguna otra ubicación obtengo conectividad “HSDPA”(*), la mejor posible por ahora. Y va como un tiro, así se puede trabajar.

¿Y la antena que se ve en la fotografía en el alfeizar de una ventana? Pues es para “chuparle la wifi” al vecino o vecinos que se dejen. No todas las redes que nos llenan el aire de ondas están protegidas y algunas de las que están protegidas no lo están demasiado bien, vamos, que se puede averiguar la clave con un poco de ojeo, “sniffando”o esnifando que se dice en el lenguaje informático coloquial. ¿Que cómo se hace esto? Pues, preguntando a Mr. Google, trasteando un poco, mucha paciencia, y echando algunas horas a la investigación. Pero tengo que reconocer que tengo suerte y una de las redes que entran por mi antena es la “wifi” de mis cuñados, -muchas gracias a ellos por compartir su clave-, que cuando no está caída es una delicia.


GPRS - General Packet Radio Service. Permite como mucho 80 Kbps, o sea 0,08 “Megas” de velocidad. Similar a un viejo modem telefónico de los que ya no se usan.


EDGE o EGPRS - Enhanced Data rates for GSM of Evolution Tasas de Datos Mejoradas para la evolución de GSM, es decir, el anterior mejorado, permite hasta un máximo de conexión de 236 Kbps, es decir 0,236 “Megas”.


3G o UMTS, - Universal Mobile Telecommunications System- la tercera generación de sistemas para móviles (3G). Permite velocidades de conexión de hasta 2 Mbps (2 megas en el lenguaje coloquial) pero esto sólo en condiciones óptimas, claro.


HSDPA - High Speed Downlink Packet Access- es la optimización de la tecnología espectral UMTS/WCDMA, pudiendo alcanzar velocidades de bajada de hasta 14 Mbps en teoría en condiciones óptimas. Tal vez este sea el límite actual que nos ofrece el sistema de internet móvil.



sábado, 14 de julio de 2012

CIUDADES



No soy lector de esa revista con título amable y sugerente, ¡HOLA! salvo en contadas ocasiones en que la hojeo en consultas de médicos y dentistas para echar un vistazo a la sociedad alta, la que aparece en ese tipo de revistas. Pero desde hace varios años por estas fechas, al comienzo del verano, la revista publica un especial de vacaciones en la que se pueden obtener pistas verdaderamente interesantes sobre muchos puntos de nuestra geografía nacional que merecen la pena ser visitados. En la edición de este año venía adjunta una revista adicional titulada “Escapadas por Europa” con indicaciones para visitas rápidas a veinte ciudades europeas, las de más renombre.

De una de las indicaciones españolas he tomado buena nota para darme una escapadita dentro de unos fines de semana por una comarca de la alargada y muy desconocida provincia de Burgos, aunque como era de esperar, los alojamientos recomendados en la revista estaban plenos de ocupación. No debo ser el único que la compre, la lea y trate de poner en práctica sus recomendaciones. Pero no es de nuestro turismo interior de lo que quiero tratar en esta entrada, sino del exterior.

Mi primera salida allende de nuestras fronteras ocurrió tras el verano de mil novecientos ochenta y tuvo como destino un hermoso y desconocido país como Bulgaria, con extensiones a las ciudades de Bucarest, Moscú y Estambul. Para bautizo no estaba nada mal pero fue un verdadero problema, ya que me picó el gusanillo de conocer mundo y desarrollar mi faceta de viajero. Cualquier momento era bueno para escaparse y conocer más lugares, en puentes, vacaciones e incluso ratos libres. En diciembre de ese mismo año conocí Londres y los años siguientes me lancé a la conquista de Europa. Tu propio coche, la tienda de camping, latas de sardinas debajo de los asientos y macarrones en la rueda de repuesto, fueron un buen sistema de hacer kilómetros y kilómetros por las carreteras europeas, conociendo ciudades maravillosas, lugares fantásticos y gente entrañable. A pesar de haber transcurrido tanto tiempo recuerdo con total nitidez multitud de lugares, nombres y anécdotas ocurridos en aquellos años de viajar intenso y disfrute insuperable.

En la revista y en la imagen que acompaña a esta entrada aparecen referencias a veinte ciudades europeas. Conozco todas ellas menos una, habiendo estado en algunas más de una vez. Todas tienen sus encantos y merecen la pena pero si me tengo que decantar por una de ellas, no tengo ninguna duda en la elección: San Petersburgo. Cuando yo la visité no se llamaba así, sino Leningrado. Era diciembre de mil novecientos ochenta y tres, en plenas navidades. La temperatura en la calle era de veinticuatro grados bajo cero, pero era una delicia pasear bien abrigado y ver como la gente hacía vida normal. La cena de fin de año en el hotel fue épica, añadiendo las ganas de fiesta tipo español a las de otras nacionalidades presentes y celebrándola dos veces, dada la diferencia horaria con España. Inolvidable el paseo posterior a las tres de la mañana por la playa cercana al hotel donde el mar si no estaba congelado al menos lo parecía en la oscuridad reinante, solo tamizada por los reflejos de las luces lejanas del propio hotel. Como digo una ciudad muy recomendable de visitar y disfrutar, sus paseos, sus canales, su museo del Hermitage, sus palacios, en fin, su todo.

Pero he comentado que hay una ciudad de la lista que no he visitado, todavía, aunque tengo muchas ganas de hacerlo desde hace varios años. He pasado cerca de ella en un par de ocasiones en viajes en coche, con lo que no hubiera costado mucho desviarse a conocerla, pero la tengo reservada para una última aventura que, lamentablemente, se va demorando con el tiempo: correr un maratón en ella. La ciudad no es otra que Berlín, que celebra a finales de septiembre uno de los maratones más afamados del mundo, donde se han conseguido los records de esa distancia en los últimos tiempos. Conocer lo que queda del famoso Muro de Berlín o pasar por debajo de la Puerta de Brandeburgo al finalizar la carrera tiene que ser una sensación para recordar. Esperemos que este blog siga vivo y que la carrera tenga lugar algún día para poderlo narrar.

domingo, 8 de julio de 2012

PROVERBIOS


En estos comienzos del verano me ha vuelto mi vena gramatical. Ya se ha dicho que el frío se combate con actividad y el calor con tranquilidad y reposo, lo que invita a la lectura y al pensamiento. De mi colección de frases célebres, me ha dado por recuperar aquellas etiquetadas como “proverbios”. Es curioso que por regla general nos suenen proverbios de muchos orígenes, principalmente chinos o árabes, y no nos suenen proverbios españoles. Yo quiero pensar que es porque a estos últimos los denominamos refranes, que viene un poco a ser lo mismo. Indagando por los diccionarios, el oficial y los otros, se define como proverbio a una “sentencia, adagio o refrán” mientras que refrán viene a ser “dicho agudo y sentencioso de uso común” o “sentencia de origen popular que expresa una enseñanza, un consejo, una crítica, etc.”.

En todo caso, da lo mismo una que otra acepción, así como su procedencia o etiquetado, ya que de lo que se trata es de sacar ese consejo, crítica o enseñanza que por lo general se encuentra escondido y condensado en esa frase, por lo general muy corta y con mucha enjundia, que nos debe hace reflexionar y tener bien presente en muchas ocasiones de nuestras vidas en las que tenemos que tomar decisiones. Hay una gran cantidad de ellos, a los que podemos unir aquel otro apartado de “frases célebres”, con lo que dispondremos de un buen acervo de conocimientos prácticos con los que aplicarnos el cuento en variadas situaciones.

Hay multitud de sitios en la red, con enormes cantidades de proverbios, refranes y frases, incluso ambientadas con fotos y música. A poco que busquemos en la red encontraremos sitios como este o este otro por citar un par de ellos en los que podemos curiosear un buen rato.

Ya he comentado que utilizo este blog a modo de documentación para mi mismo. Por ello me he permitido seleccionar ciento un proverbios, o refranes, que son los que me han llamado más la atención y que reproduzco a continuación. Omito la procedencia pues no siempre está muy clara y la fiabilidad de las fuentes no es contrastable. Por otro lado, lo que importa es el mensaje que transmiten, sea cual sea su origen. Puestos a ser un poco incisivo con el momento político y económico presente, pongo uno de ellos en negrita, sin comentarios. Estos son los seleccionados

Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre.

Si no tienes ningún enemigo dentro, los de fuera no te harán daño.

Si te gusta la miel, has de esperar que las abejas te piquen.

Dios da las nueces, pero no las casca.

El habla es plata; el silencio es oro.

Es cierto que no te quiero tanto como cuando éramos novios, pero es que a mi nunca me han gustado las mujeres casadas.

Si quieres miel no des puntapiés sobre la colmena.

Al perro que tiene dinero se le llama señor perro.

El mosquito puede dañar los ojos del león.

Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan.

Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría.

Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.

Quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación.

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.

Solo se tiran piedras al árbol cargado de frutos.

Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo.

Repara tu trineo en el verano, y tu carreta en el invierno.

Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.

Colmillo de marfil no crece en boca de cerdo.

Cuando hagas favores no los recuerdes. Cuando los recibas, no los olvides.

Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta.

El buen caballo no vuelve la cabeza cuando corre.

El hombre que hace mucho se equivoca mucho; el hombre que hace poco se equivoca poco; el hombre que no hace nada nunca se equivoca.

El sabio no dice lo que sabe, y el necio no sabe lo que dice.

Estaba furioso por no tener zapatos. Entonces encontré un hombre que no tenía pies.

La comadreja felicita el año nuevo a las gallinas, pero sus intenciones no son buenas.

La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?.

La leña que se cortó en mil días puede quemarse en uno solo.

La tinta más pobre de color vale más que la mejor memoria.

No podrás evitar que los pájaros de la preocupación y la inquietud vuelen sobre tu cabeza. Pero eres capaz de impedir que aniden en tus cabellos.

Pregunta lo que ignoras y pasarás por tonto cinco minutos; no lo preguntes y serás tonto toda la vida.

Quién persigue ciervos no atiende a conejos.

Saber tolerar un momento de ira significa ahorrarse un siglo de arrepentimientos

Si no quieres que se sepa, no lo hagas.

Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada.

Si te caes siete veces, levántate ocho.

Si tienes un problema y no tiene solución, para que te preocupas. Y si tiene solución, para que te preocupas.

Tigre y ciervo no van juntos de paseo.

A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.

Invierte en todo aquello que un naufragio no pueda arrebatarte.

No temas avanzar despacio, teme no avanzar.

Si un buen leñador tiene solo cinco horas para talar un árbol, empleará cuatro afilando el hacha.

Jamás permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos.

A la larga la lima se come el hierro.

Casarse significa domesticarse.

El cadáver del papa no ocupa más que el del sacristán.

El silencio es el santuario de la prudencia.

La auténtica ciencia enseña sobre todo a dudar y a ser ignorantes.

Mucho sabe el marido de una mujer, pero mucho más sabe su amante.

No hay remedios contra la muerte, pero la muerte en sí es un remedio.

Nunca les falta quehacer, ni al cura ni al diablo, ni a la mujer.

Oculta tu odio y será más eficaz.

Un enemigo declarado es menos peligroso que un amigo ambiguo.

Una buena tela encuentra el comprador sin tener que extenderla.

Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen para nada.

Dos perros pueden matar a un león.

No hay árbol que el viento no haya sacudido.

No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.

Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines.

Sólo se tiran piedras contra el árbol que da fruto.

Un tropezón puede prevenir una caída.

Vale más ser cobarde un minuto que muerto el resto de la vida.

Es mejor un feo hago que un hermoso haré.

Renuncia sólo cuando estés bajo tierra.

Una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja.

Aun el mono se cae a veces del árbol.

Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.

Sólo en la actividad desearás vivir cien años.

Ya rías, ya llores, la vida dura lo mismo.

Hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso.

La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.

No re acerques a una cabra por delante ni a un caballo por detrás, ni a un tonto por ningún lado.

Más confío en el trabajo que en la suerte.

Cuando tres marchan juntos, tiene que haber uno que mande.

La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.

La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.

La escalera ha de barrerse empezando por arriba.

Nadie ha sido nunca ahorcado con dinero en el bolsillo.

No es la ley lo que asusta, sino el juez.

Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.

Si cada uno barriera delante de su puerta, ¡qué limpia estaría la ciudad!

Un libro es amigo sólo de quien sabe leerlo.

Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.

Cuando el carro se haya roto muchos os dirán por donde no se debía pasar.

El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.

Nadie necesita ayuda para tener problemas.

La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía.

Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego.

Los perros que se pelean contra ellos, se unen contra los lobos.

Bajo una mata florida está la culebra escondida.

Cuando el dinero habla, la verdad calla.

El asno puede entrar en el templo, pero no por ello se convierte en monje.

Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto.

La liebre astuta tiene tres madrigueras.

No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda.

Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza.

Una liebre no come la hierba que está junto a su madriguera.

El que nada duda, nada sabe.

El amor y la tos no pueden ocultarse.

Una reputación de mil años puede depender de la conducta de una hora.

La mujer llora antes del matrimonio, el hombre después.

domingo, 1 de julio de 2012

BANKIA



Quién le iba a decir al Padre Piquer, aquel que por aquellos años de 1702 fundara el Monte de Piedad de Madrid, que tras trescientos años de andadura de “su” institución, unos cuantos dirigentes y políticos con otras miras e intereses muy diferentes a las suyas iban a dar al traste con su obra. En 1838 se constituyó lo que sería Caja de Ahorros como adición al monte, con lo que desde esa fecha la entidad se conoció con el nombre de Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, siendo el símbolo del ahorro de muchas generaciones de madrileños, amén de una empresa que, aun siendo financiera, colaboraba de forma espléndida en montones de obras sociales y culturales. Dado que no existían accionistas, los beneficios se destinaban íntegramente a mejorar la organización, las instalaciones, los servicios a los clientes y como ya hemos mencionado y recalco, a obras sociales y culturales.

Pero algo a empezó a cambiar desde principios de los ochenta. Yo contemplaba el cambio desde dentro pues no en vano era empleado desde 1972 y veía como ciertos cambios llevaban una tendencia que no me gustaba nada. Un dato: los equipos directivos nunca hasta esa fecha habían cobrado el famoso “sobre” de fin de año, ese abultado paquete de billetes que cobran sí o sí, cuyo montante nos hacía enrojecer a más de uno y que en el fondo servía para cabrearlos, por comparación, cuando se enteraban que el jefecillo del lado, cien veces peor que él, había cobrado una cantidad superior a la suya. Ni que decir que los criterios que se empleaban, si es que había alguno, no eran nada objetivos sino derivados del grado de afinidad o peloteo de cada uno con sus superiores.

Uno, que siempre ha sido un iluso, contra viento y marea y las opiniones del famoso ruso “todokiski”, decidió abandonar esa “potente” nave tras casi veinte años de servicio y buscar nuevos rumbos, pues el que estaba tomando Cajamadrid, nombre ya reducido por aquellas fechas, no era muy agradable. Pero en todas partes cuecen habas y ya lo dice el refrán popular “Mal de muchos,…epidemia”. Nunca me he arrepentido de aquel cambio pues me permitió renovar mis ilusiones, conocer gente nueva, hacer otras cosas y a la postre pasar por muchas empresas que no hubiera conocido de haber seguido allí, como les ha ocurrido a otros muchos compañeros y amigos que se quedaron. Muchos de ellos están ya jubilados, pre-jubilados o esperando que estos estados lleguen cuanto antes, pues en el puchero de la ahora Bankia “cuecen habas” y “no está el horno para bollos” aunque a todas luces son una empresa segura intervenida por el Estado e incluso, que nivel Maribel, por Europa, nada menos, ahí es nada. Esperemos que no se fundan los plomos y se apaguen las luces.

Una de mis obsesiones es la digitalización de todo lo que pillo susceptible de ser transformado en bits e incluido en el disco duro de mi ordenador. De vez en cuando doy una batida por los papeles archivados en el fondo del armario y saco algún documento antiguo que nunca vuelve a su sitio, pues tras pasar por el escáner va directamente a la papelera. Uno de los encontrados esta semana es una carta, iluso yo, que dirigí al entonces presidente de Cajamadrid con motivo de mi marcha de la empresa. Me da risa solo leerla, pero la transcribo a continuación. ¡Que iluso! ¡Que peticiones le dirigía!

8 de Febrero de 1.991

Sr.Dn. JAIME TERCEIRO LOMBA Presidente del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros y M.P. de Madrid Plaza de Celenque, 2 28013-MADRID

Muy Sr. mío:

Cuando a principios del pasado mes de enero franqueaba la puerta del Edificio Central con el fin de solicitar mi baja como empleado de la Cala de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, me vino a la memoria la carta que, con motivo de las fiestas de Navidad, Ud. amablemente me dirigió a mi domicilio particular. Y es por ello y con el fondo de la mencionada carta que me permito dirigirle estas letras.

Atrás quedan casi diecinueve años de servicios a la Entidad, de ellos diecisiete en el departamento de informática, prácticamente desde su creación. No voy a referirle las razones que me han llevado a dar un nuevo rumbo a mí vida profesional, razones que, por otra parte, ni mis responsables directos en el Departamento de Informática ni en el Departamento de Personal, se han molestado en indagar. Pero, para evitar al menos ante Ud. lecturas falsas del hecho, si quisiera decirle que voy a otra empresa a realizar las misas funciones, en idéntico puesto de trabajo e incluso con algo menos de salario.

Lo que no es lo mismo es la ilusión por el trabajo bien hecho, ilusión que estaba comenzando a perder en esa empresa de su digna presidencia. Hubiera sido mucho más cómodo, y fácil por otra parte, dedicarse a "esperar la jubilación", pero cuento en la actualidad con treinta y cinco años y se me antojaba larga la espera. El fondo de su carta de navidad, de otras cartas y alguna que otra circular empezó a perderse, a mi modesto entender, allá por el comienzo de los años 8O. Pero como aún quedan en la Caja muchos compañeros g amigos me gustaría pedirle un favor: que recupere aquel espíritu, destierre la ambigüedad, ponga coto al favoritismo y sobre todo, haga recuperar la ilusión por el trabajo.

Siempre a disposición de la Caja, reciba un cordial saludo