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sábado, 1 de junio de 2013

PAQUEADOS



Paso por varias gasolineras a diario y no me había fijado hasta la semana pasada en un hecho curioso, bueno, digo curioso por no decir chocante. El precio del gasoil básico, y supongo que de los demás productos, pega un bajón considerable en su precio los lunes para el día siguiente martes ponerse otra vez a tono con lo que es corriente e ir subiendo poco hasta alcanzar un buen precio el fin de semana. Estamos hablando de unos centimillos de euro, esos que ahora nuestros sesudos dirigentes quieren eliminar porque dicen que se pierde dinero al ser coste de metales y manufactura de las propias monedas superior a su valor.

Ahora utilizo poco el coche pero en años anteriores no me quedaba otro remedio que meterme cerca de 110 kilómetros diarios para desplazarme al trabajo. Yo que me tiré más de treinta años haciendo esos kilómetros en transporte público, al final tuve que claudicar y coger mi coche privado por que el desplazamiento por medios públicos llegó a ser inviable. Menos mal que siempre tuve la posibilidad y la suerte de poder utilizar mi coche, porque se me ponen los pelos como escarpias al ponerme en el lugar de otras personas que no tengan esa posibilidad y tengan que sufrir si o si el traslado en medios ajenos sin poder disponer de los propios.

A lo largo de esos más de quinientos kilómetros semanales y mediante su apunte preciso y diario, fui detectando diferencias en rendimiento de hasta cincuenta kilómetros por cada llenado de depósito. Con el gasoil básico con el que menos kilómetros hacía era con el de la marca CEPSA. Siempre con las mismas condiciones y desplazamientos, con el que más recorrido obtenía era con el de CAMPSA, que según me enteré con el tiempo era el mismo que el de PETRONOR y REPSOL. Ahora CAMPSA ha desaparecido y si quiero seguir teniendo el mismo tipo de gasoil no me queda más remedio, en mi zona, que pasar por las expendedurías de REPSOL, una empresa a la que no tengo mucho cariño desde que me robara el gas haciendo la vista gorda ante determinadas prácticas, más extendidas de lo que parece, de algunos de sus repartidores de bombonas a domicilio, y que ya relataba en mi entrada ENCERRADOS de este blog.

Pero, volviendo al tema, en esto de fijarme con detenimiento en el precio del gasoil básico, además de esa bajada drástica de los lunes he observado otra cosa que me resulta curiosa: en dos gasolineras de la marca REPSOL distantes entre sí poco más de diez kilómetros, los precios oscilan llegando al alcanzar en algún momento los 2 cts. de euro. No voy a entrar en si dos céntimos son mucho o poco dinero pero lo que es escamante es que, estando dentro de la misma comunidad por aquello de que no todos somos iguales, los precios sean diferentes. Supongo y algo de esto me contaron hace tiempo, es que aunque la “bandera” o el logotipo que reza en los exteriores de la gasolinera sea REPSOL, es posible que la gestión sea diferente, estando la más barata gestionada directamente por la propia compañía y siendo la otra, la más cara, una gestión privada pero que paga por utilizar la marca de la “gran compañía” como modo de atraer a sus clientes y que no piensen que están repostando combustible en la gasolinera de Piriquitín Sánchez.

En suma, estamos paqueados a siniestro y a diestro. Nos engañan sin conmiseración, día tras día y en todo lo que se puede y más. ¿Por qué se baja el precio del gasoil los lunes? Esto es un hecho cierto y alguien sabrá las razones, que a buen seguro existen aunque las desconozcamos el común de los mortales. Puestos a aventurar, se me ocurre que han detectado que es el día que menos combustible se gasta o bien que es el día en el que nuestro Instituto Nacional de Estadística toma los precios para calcular esos índices que si bien son oficiales no nos creemos nadie. Y es que cuando las cosas no cuadran y día tras día sentimos que no es oro todo lo que reluce, tenemos tendencia a generalizar y pensar que todo es una engañifa. Y es que esto que comento no es un caso aislado, viene siendo la política generalizada desde hace varios años, en lo que parece que vale todo.

Contaban una historia de un pueblo en el que todos estaban locos menos uno. Este ser solitario, en su cordura, veía como todos los demás, locos de remate, se divertían, bailaban, reían, jugaban… Al final no le quedó más remedio, que claudicar y convertirse en un loco más para “disfrutar” de la vida. Yo, por el momento, me resisto.

sábado, 25 de mayo de 2013

ABSTRUSAS


Hay noticias que son de difícil comprensión o mejor diríase que hay que utilizar poca inteligencia para digerirlas si uno no quiere enredar su cerebro en una espiral violenta que acabe en dolor de cabeza. Cuando nos acercamos a las páginas de los diarios no tenemos por menos que echarnos las manos al estómago y sujetarlo con fuerza para que no se nos salgan los intestinos en un golpe de risa. Con tanto pinocho como anda suelto, ya no nos creemos ni los anuncios de las compañías serias, pues bien sabemos que con la letra pequeña, o ya sin ella, tratan de engañarnos sin sonrojarse.

He elegido tres noticias cortas encontradas en la prensa diaria escrita de esta semana que pueden leerse en la imagen que acompaña a esta entrada. Si no fuera por las fechas en las que estamos, cualquiera pensaría que pertenecen a un periódico fechado el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, y que los redactores nos quieren gastar una broma. Pero no son broma, sino que son reales como la vida misma, el pan nuestro de cada día. Vamos para atrás como los cangrejos y en vez de progresar tiene toda la pinta de que estamos volviendo a la caverna, como ya nos relatara hermosamente Platón hace dos mil cuatrocientos años.

Sería muy interesante conocer cuántos de los lectores que hayan leído la noticia acerca de la detención de los dos fotógrafos se la han creído. Lo más verosímil es que los dos reporteros, en vez de hacer su trabajo, se liaran con las cámaras cual si fueran hondas a dar porrazos a los policías. Menos mal que pone presuntamente, con lo se puede interpretar como que los policías se sintieron agredidos de forma psicológica al ser retratados para la posteridad haciendo su trabajo de defender a los ciudadanos. No estaba allí y no vi lo que ocurrió, pero no se trata de eso sino de comentar lo que se me ha pasado por la cabeza a mí al leer la noticia. Seguro que hasta los agentes que realizaron la detención no se lo creen, pero ellos no están para pensar, sino para ejecutar las órdenes recibidas sin cuestionarlas y esta vez tocaba dar un toquecito a la prensa que sacan muchas fotos comprometedoras y luego pasa lo que pasa. Lo que ocurre hoy en día es que hay “otra” prensa, directa, inmediata y sin comentarios que nos brinda imágenes y vídeos que podemos ver al instante y sacar nuestras propias conclusiones casi en el instante mismo en que están ocurriendo los hechos. Me refiero a mecanismos como “twitter” que nos brinda asistir a los hechos desde cualquier parte del mundo a través de los presentes sin que medie, por lo general, ningún tipo de manipulación.

De la segunda noticia presentada es mejor no hablar. La credibilidad que para mí tiene Mariano no se pone en guarismos negativos porque no se puede, las matemáticas todavía mantienen una coherencia aunque al paso que va la educación no creo que sea por mucho tiempo. Los pelotazos están a la luz del día y los ejecutantes de los mismos, que son legión, ni se ponen colorados. Si el juez los mete preventivamente en la cárcel y les pide dos millones y medio de euros de fianza para salir, al día siguiente los aportan como el que va a comprarse un chicle a la tienda de chuches de la esquina, y aquí no ha pasado nada, a seguir, que la vida es corta y queda mucho para gastar. Yo no alcanzo a comprender como es posible que una persona, trabajando honradamente, aunque sea de presidente de una entidad financiera, sea capaz de ganar tantos millones de euros en una decena de años. La palabra no es ganar, es otra, pero está mal vista y las espuertas son para hacer cemento o yeso los albañiles, no para lo que estamos pensando.

Y la tercera noticia ya sí que no deja de ser hilarante. Los políticos, con tal de no ceder ni un ápice sus prebendas, ya no saben de dónde sacar(nos) el dinero. Explotados a base de mil y una tonterías y recovecos los impuestos ya existentes, inventan otros nuevos como el que van a sufrir los bancos de la ciudad de Barcelona que tengan cajeros automáticos en sus fachadas que den a la calle. Bueno, trabajo para los albañiles que estén en paro, que tendrán que tapiar las paredes y volver a meter los cajeros dentro como estaban antiguamente. Habrá que leer el boletín oficial del ayuntamiento a ver si solo afecta a los que estén en las aceras pares o sean de una determinada marca. Lo siguiente es que estos cajeros, que los utiliza mucho la gente, nos cobren una comisión, de esas llamadas “céntimo bancario” para solventar los agujeros municipales, regionales, estatales o europeos que no dejan de crecer porque cuestiones como esta y otras muchas no van a la raíz del problema, que es lo alegre que es el personal con el dinero de los demás.

En fin, que si queremos pasar un rato de risa, lo mejor es leer en los diarios noticias como esta. Por no llorar, que es lo que procede, se hacen risas y lo que sea menester, faltaría más.

sábado, 18 de mayo de 2013

CEPO


Cortita pero rotunda la palabrita. Sus acepciones son variadas pero en el fondo de todas ellas subyace el concepto de inmovilizar algo, persona, animal o cosa, de forma que no se pueda escapar y ni siquiera mover. En el diccionario oficial podemos encontrar hasta diez acepciones, siendo la cuarta la que nos interesa “Instrumento que sirve para inmovilizar automóviles aparcados en zona prohibida”.

Hace algunos años, estos instrumentos se hicieron muy populares entre la policía de tráfico, dado su reducido tamaño y peso y su alta efectividad en el bloqueo de vehículos, pues se colocan en un santiamén. Una de sus alternativas es la grúa, pero su utilización tiene una serie de requisitos que la hacen desaconsejable salvo en situaciones de fuerza mayor, porque uno de los principales problemas, una vez retirado el vehículo, es el depósito del mismo y todo el aparato administrativo que hay que montar alrededor para que el propietario pueda recuperar su coche tras abonar la tasa o tasas correspondientes.

Suerte o lo que sea, en una única ocasión en toda mi vida se me ha llevado el coche la grúa y tengo que decir en mi defensa que fue por un error combinado entre el guardia, las circunstancias y yo. Dentro de un tramo amplio de carga y descarga, que estaba completamente lleno de coches aparcados, habían reservado un espacio para una mudanza, con las correspondientes señales temporales que indicaban que en ese tramo no se podía aparcar al día siguiente. Dejé mi coche allí y fui a hacer una gestión en la que no tardé ni diez minutos. Cuando volví, una pareja de policías estaba gestionando el asunto y mi coche había desaparecido. Cuando les hice ver que mi vehículo estaba correctamente aparcado, pues la prohibición era para el día siguiente, me acompañaron a los extremos ampliados en que se indicaba que era una zona de carga y descarga. El policía comprendió el error a que se inducía con esa señalización y no supo responder a mi pregunta: ¿ Por qué si ya es una zona prohibida se ”reprohíbe” más? Por lo menos se apiadó de mí y me quitó la multa, pero lo de la grúa, que ya había retirado el coche, era harina de otro costal, no se podía hacer nada, debía ir a recoger mi coche a un depósito a.t.p.c. (lejos) de allí, pagar la tasa y luego reclamar a ver si había suerte, aunque ya me dijo que eran trámites muy largos y en el fondo de todo, la zona estaba realmente prohibida.

Desde ese día llevo en el coche una fotocopia del libro de familia. Las situaciones en el depósito de coches eran esperpénticas. El policía que atendía los pagos y gestiones estaba detrás de un bunker blindado como si le fueran a atracar. Luego comprendí que así se salvaba de la furia de los sufridos que íbamos a por nuestros autos. Lo de la fotocopia del libro de familia lo aprendí en carnes ajenas: un joven segoviano había venido a Madrid en el coche de su novia, que fue cazado por la grúa. Como estaba a nombre de la chica, la policía se negaba a entregárselo a él, pues no podía demostrar tener ningún tipo de relación con la propietaria, que tendría que venir en persona de Segovia a retirar el coche. Menos mal que no era australiana …

Ya he comentado varias veces en el blog temas de tráfico y de lo poco que por lo general se respetan las señales. Si se hubiera respetado la zona de carga y descarga del ejemplo comentado no habría caído yo en la trampa y podría decir que nunca se me ha llevado el coche la grúa. Todo el mundo encuentra su justificación para hacer lo que hace. En el caso del aparcamiento, pensamientos, frases o notitas del estilo de “vuelvo en cinco minutos”, “si molesta llamar al 666.666.666”, “estoy en una urgencia”, “dejando al niño en la guardería” ,“es un momentito”, “estoy en la panadería” u otras similares son frecuentes. Pero una de las cuestiones fundamentales esgrimidas cuando no se respeta la señal de prohibido aparcar es la auto justificación de que “no molesta”. Como no molesta ni interrumpe el tráfico, estoy en mi derecho de dejarlo aquí aunque exista señal que lo prohíba, es que ponen las señales por ponerlas, por fastidiar.

Para estos casos estaba más que indicado el cepo. Al no molestar y no interrumpir el tráfico no es necesario o urgente el retirarlo. Pero si hay una señal, que algunos respetan o respetamos, se debe de hacer cumplir para todos, por lo que lo menos que procede es la multa correspondiente, que no sé si ahora se pagan más o el elemento disuasorio que comentamos, el “cepo” que es muy visual y efectivo. Si cuando estamos buscando aparcamiento con nuestro coche vemos algunos vehículos “cepados”, ya tendremos mucho cuidado de aparcar en zona no permitida con el argumento de que no molesta.

El vehículo inmovilizado que puede verse en la fotografía está aparcado en una zona privada, concretamente el campus de una universidad. Es una zona de paso hacia el garaje subterráneo y está prohibido el aparcamiento. Si se fijan, en su parabrisas hay varias notas indicando que por favor retire el vehículo de esa zona, pero el propietario no debía de hacer caso, con lo que algún sesudo operario de mantenimiento fabricó el original cepo cuya parte delantera se aprecia en la fotografía, existiendo otra pieza similar en la trasera enlazadas por una cadena con candado en los bajos. Aunque la instalación es un poco lenta, su efectividad es máxima, en dos sentidos: para el que ha aparcado mal y para todos los que pasamos al lado que sabemos y aprendemos que en la zona hay cepo y se utiliza, para que se nos quiten las malas ideas de saltarnos las señales, aunque sea por “un momentito”.


domingo, 12 de mayo de 2013

LEGALIDAD


Nuestros políticos, que lo son de todos mal que les pese a ellos y mucho más a nosotros, se llenan continuamente la boca con la frase “hay que cumplir la legalidad vigente” seguida de la apostilla de que la forma que tenemos los ciudadanos para expresar nuestra voluntad pasa por las urnas, aunque no añaden lo de cada cuatro años. Este suele ser el mensaje cuando los ciudadanos expresamos nuestras opiniones por otros cauces que no son estos y que les incomodan sobremanera pues ponen en evidencia su me atrevería decir total desprecio por esos mismos ciudadanos a los que dicen o creen representar.

Al hilo de esto, hay muchas preguntas que hacerse pero se me vienen a la mente dos fundamentales:

¿Cumplen ellos la legalidad vigente?
¿Cuatro años, en los tiempos actuales, no son muchos años sin ningún control?

Las respuestas que cada uno pueda aportar a estas dos cuestiones, con sus matices, pueden alcanzar un número infinito, pues como ya nos dijo Ramón de Campoamor y Campoosorio hace más de cien años “en este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” . Nuestras ideas y juicios, especialmente en lo tocante a la política, conteniendo sin lugar a dudas un alto grado de subjetividad, pueden alcanzar límites insospechados que incluso lleguen a sorprendernos a nosotros mismos en la defensa de lo indefendible.

La legalidad vigente es cambiante a base de leyes que modifiquen las anteriores pero hay algunas normas en las que los políticos, especialmente los que están en el poder o piensan que van a estarlo, tienen mucho cuidado en no tocar, y son principalmente las que les afectan a ellos mismos. La finalidad primera de todo dirigente es perpetuarse en el poder todo el tiempo que sea posible y a fe que los nuestros se aplican a ello con verdadera dedicación.

En esta semana se ha aprobado la ley de costas, una cuestión que preocupa “tremendamente” a todos los españoles, que no tienen otra cosa en que pensar. No he estado atento a los pormenores, pero lo que me ha quedado es que se reduce de 100 a 20 metros la distancia de las construcciones. Una barbaridad muy bárbara, remedando a un conocido payaso profesional. Por mucho que uno lo pretenda, en esto únicamente se atisba el beneficio de algunos constructores amiguetes o la legalización de edificios ya existentes que hubieran de ser demolidos. Esto es un ejemplo de a que dedican su esfuerzo nuestros políticos mientras cuestiones fundamentales como la educación y la sanidad, que nos preocupan a todos, van por donde van.

No se puede generalizar, pero los casos de corrupción en la clase política alcanzan límites insospechados. Y otros que sin ser claramente delictivos atentan contra la conciencia de todos como temas de viajes, dietas, pensiones y demás que se han aplicado a ellos mismo con total impunidad sin despeinarse ni ponerse colorados. Y como no tienen bastante con ello y quieren más, usan de triquiñuelas más o menos ilegales para hacer acopio de más y más prebendas.

Hay muchas cuestiones sin cerrar. Y mucho me temo que como sigamos así seguirán abiertas. Un ejemplo es el de los regionalismos. Allá por los años 30 del siglo pasado, las cuestiones gallega, vasca y catalana estaban en plena ebullición. La República no las solucionó, la dictadura que vino a continuación tampoco y la Constitución de 1978 menos. ¿O es que tenemos alguna duda, a la luz de los acontecimientos actuales, de que siguen abiertas?. El tiempo pone las cosas en su lugar, no sin sufrimientos y penalidades, pero de forma lenta y pausada. La naturaleza no tiene prisa y las cuestiones de los hombres, que no aprenden de sus errores, son pecata minuta en su devenir.

Leo en el blog de mi buen amigo Juan Carlos, en esta entrada sobre las pintadas que no tiene desperdicio, la siguiente frase, que dejo cortada aposta para que sirva a mis propósitos: “Como no es el caso, la situación de nuestra sociedad es delicada. A la sensación de estar siendo gobernados por gente inferior …”. Ha quedado claro que para ser político vale cualquiera con independencia de su nivel de conocimientos y su trayectoria en la vida… ¿les exigen aquel viejo certificado de carecer de antecedentes penales?

Las leyes actuales nos tienen maniatados. Tras expresar nuestra opinión en las urnas tenemos que asistir, sin posibilidad real de hacer nada, a cuatro años de desaguisados y prácticas que pondrían rojo al lucero del alba, donde los de turno se dedican a enmendar lo que hicieron los anteriores, pero no por el bien común, sino por intereses espurios que les preocupan solo a ellos. Meditando tres segundos sobre el tema, pues hacerlo más sería perder el tiempo, la única solución alcanzable de modo práctico que nos queda a los ciudadanos corrientes, y eso en pueblos y ciudades con pocos habitantes, es hacerse con el control de los ayuntamientos, para desde ahí ir progresando en la una limpieza política que la sociedad está demandando a gritos en las calles, con la represión policial en unos casos y la imposición de multas y penas en otros “por incumplir la legalidad vigente”.

"En política hay que sanar los males, jamás vengarlos." Napoleon III


martes, 7 de mayo de 2013

VUELTAS


A vueltas con las vueltas. Usamos muy poco el dinero, cada vez menos, pero siempre hay que llevar algo en el bolsillo. El pago con tarjeta de crédito, un sistema que ya va siendo antiguo, se ha generalizado de tal forma que hay muchos establecimientos que ya exhiben carteles fijando una cantidad mínima para poder ser satisfecha mediante lo que se denomina como “plástico”. Y la cosa no se generaliza más si cabe debido a las altas comisiones que los bancos cobran a los comercios según sus convenios particulares. Aunque según la normativa de las otrora poderosas entidades de crédito está prohibido, algunos comercios indican de forma notoria que no se efectuarán los descuentos si se abona con tarjeta o por el contrario se hará un descuento si se abonan las compras con dinero en efectivo. Incluso he visto alguna tienda y algún restaurante que directamente no admiten tarjetas de crédito: olé sus narices y si se mantienen será porque presentan suficientes atractivos a los clientes para salvar este pequeño, o grande según se mire, inconveniente.

En las transacciones diarias usamos los billetes y monedas en las pequeñas compras o pequeñas consumiciones en bares o cafeterías, pero por lo general la tarjeta sale y entra de nuestra billetera con facilidad. Un asunto que por lo visto a nadie preocupa es el rastro electrónico que vamos dejando y que permite conocer nuestros estilos de vida con suma facilidad a quién disponga de esos datos, que deberían ser solo los bancos pero que no se nos escapa hoy día la facilidad con que los datos se trasiegan, legal o ilegalmente, entre entidades con fines publicitarios primordialmente. Porque si no uno no se explica el recibir antes en papel y ahora de forma electrónica ciertas informaciones muy específicas sobre cuestiones que a priori nos interesan. Deberíamos preguntarnos cada vez cómo y porqué hemos recibido una información y tratar de seguir la vía que nuestros datos han seguido hasta plasmarse en ella.

A modo de ejemplo, supongamos que hemos pasado unos días en cualquiera de las provincias españolas o en cualquier lugar del mundo. Usando la información de nuestra tarjeta, se sabrá en qué tipo de restaurantes hemos comido, en qué tipo de hoteles hemos pernoctado, que compras hemos realizado o incluso a que museos o instalaciones de ocio hemos accedido. Es fácil hacerse una idea de nuestros gustos y nuestras capacidades adquisitivas con los datos de unas cuantas operaciones.

Entiendo que será manía, pero siempre que me es posible y son cantidades no muy altas, utilizo el dinero contante y sonante. También la obtención del dinero, por lo general desde un cajero electrónico indica la posición en la que lo obtenemos, pero nada más, se quedan compuestos y sin información. Normalmente no damos importancia a esto y en aras de nuestra comodidad nos pasamos todo el día facilitando información nuestra a otros, no solo por las tarjetas de crédito sino por otro medio mucho más potente: el teléfono móvil en su forma moderna de “Smartphone”. Saben dónde estamos, que servicios utilizamos, que páginas consultamos e incluso cuando se generalice la tecnología inalámbrica NFC, disponible desde 2003 como un standard, la cantidad de datos sobre nosotros será enorme e instantánea. Todo en aras de “nuestra” comodidad.

Pero volvamos a las vueltas. ¿Comprobamos minuciosamente las monedas del cambio que nos devuelven cuando pagamos algo? Hay muchos timos alrededor de esto y por la poca frecuencia con que lo usamos no estamos al tanto de ellos. También los comerciantes se deben defender de ello. Un modelo a seguir es el de mi carnicero, que sigue el método que ya le enseñara su padre, algo actualizado, y que redunda en beneficio de tendero y de cliente: cuando le das un billete, sea del importe que sea, lo pasa por la máquina detectora de billetes falsos y a continuación lo deja bien a la vista lejos de tu alcance. Procede a dar la vuelta a la vieja usanza, esto es, con el conteo aquel de con esto hace tanto, con esto otro hace tanto y con esto hacen tanto “que es el billete que me has dado”, señalando al billete que está a tu vista. Una vez realizado este ritual y mostrando tú la conformidad, pues te ha hecho comprobar sí o sí el cambio que te da, guarda el billete original en la caja registradora.

Pero no todos los que nos devuelven monedas siguen este ritual. Por lo general, acumulan el cambio en su mano, mezclando billetes y monedas y te los dan de golpe, con lo cual tienes que ponerte a contarlo a su vista. ¿Muestra de desconfianza? Muchas veces por esto no lo comprobamos y nos fiamos, guardando en el bolsillo las monedas y en la cartera los billetes. Si se ha equivocado, queriendo o sin querer, ni nos enteramos. Hace muchos años, en el puesto de chucherías, el señor que lo regentaba intentaba de forma aleatoria timar a los chavales algunos centimillos o incluso pesetas. Yo y mis amigos lo sabíamos y comprobábamos el cambio con pulcritud, pero siempre nos preguntábamos a cuantos detraería algunos dineros sin que se dieran cuenta. Lo que me pregunto ahora es como seguíamos comprando allí.

Este fin de semana me la han jugado en la autopista R-4. Mi manía de no usar tarjetas me hace pasar por las cabinas manuales, un escenario idóneo para el timador. Nunca lo podré saber, pero cuando el empleado de la cabina me devolvió a mogollón el cambio a un billete de 20 euros para abonar 6,95, por su mirada o su actitud tuve la sensación de que me la estaba dando con queso. Pero, claro, es un sitio en el que arrancas a la mayor brevedad por la cola que tienes detrás, sin comprobar tranquilamente el cambio a su vista. El timo es fácil de ejecutar: si le dices que falta algo, te pide perdón y te lo da, pues ya sabe él de que va el asunto. Si arrancas… eurillos al cajón. Una vez arrancado pasé el dinero a mi mujer y le dije que lo contara: treinta céntimos nos faltaban. En este escenario, cuando ya llevas unos metros recorridos es imposible parar, es una autopista, volver y reclamar lo que falta, cuando ya sería tu palabra contra la suya. Ajo, agua y resina que diría un castizo.

Como me gusta aprender de las cosas, seguiré pagando con dinero en los peajes, pero comprobaré el cambio con total y absoluta tranquilidad. Es mi derecho y mi obligación.

domingo, 28 de abril de 2013

CHISGARABÍS


Estamos acostumbrados a considerar todas y cada una de las promesas que los políticos nos hacen durante las campañas electorales como papel mojado y tenemos muy claro que la posibilidad de algunas de ellas lleguen a ver la luz depende más de las circunstancias que de una verdadera intención de cumplirlas por parte de los que finalmente lleguen a sentarse en la poltrona. Y esto es así a todos los niveles, al menos se me ocurren cuatro, en que interviene la política en nuestro caso español: municipales, autonómicas, nacionales y europeas. Todo es relativo porque se puede votar a un alcalde que al poco tiempo se marcha para dejar a otro: a fin de cuentas no se trata de las personas porque todo está bajo el paraguas de los partidos políticos que manejan a su gusto el quita y pon. Una cosa clara para mi es que no me gusta pensar ni reflexionar sobre asuntos de política porque se me revuelven las tripas y no saco nada en claro, salvo un principio de úlcera estomacal. Pero de vez en cuando las ideas me asaltan y no tengo por menos que dedicar un segundo, o segundo y medio, a quitármelas de encima.

No es cuestión de ponerse a revisar el programa electoral que llevó al gobierno a los actuales dirigentes, que se acercan a su año y medio de mandato desde aquel lejano veinte de noviembre de dos mil once en que arrasaron en las elecciones. Lo que tengo in mente, y me temo que muchos ciudadanos de este país, es que pocas cosas se han cumplido de él y no es esto todo lo malo, sino que de las promesas, más bien comentarios, que, estando ya en el gobierno, nos han ido haciendo no han sido sino mentiras o verdades encubiertas, que son peores. Una de las últimas de ayer es que el paro seguirá como está, por encima de los seis millones, si no empeora, hasta 2016. Si mi cuentas no fallan antes de ese año habrán tenido lugar nuevas elecciones.

Hay que preocuparse de las cosas cuando están tranquilas y no nos vemos agobiados por las prisas, pero ninguno de nosotros se va a poner a pensar ahora en el sistema electoral que tenemos viéndolo a tanta distancia. Cuando se protesta contra el gobierno, todos los argumentos de los políticos se basan en decir que la convivencia pacífica pasa por manifestarse en las urnas cada cuatro años. En los tiempos cambiantes actuales, cuatro años es una eternidad y se me ocurre que debería existir algún mecanismo, difícil de determinar, que permitiese algún control por parte de los ciudadanos sobre las acciones de gobierno. Porque en cuatro años aquellos a los que hemos otorgado nuestra confianza pueden dejar esto hecho un erial.

Hay algunos mecanismos de control, pero sin ser un experto me da la impresión de que todos ellos están atados y bien atados, controlados en última instancia por… el propio gobierno, que de una forma o de otra puede reducirlos o minimizarlos hasta dejarlos en agua de borrajas. Tampoco tenemos mucha capacidad de maniobra en el terreno individual por lo que si algo queremos hacer tiene toda la pinta que necesitamos integrarnos en un partido político, o incluso crearle, con lo cual estaríamos otra vez en las mismas.

En la Constitución de 1978 que nos ampara se consolidaron los partidos políticos como forma de representación y con mucho miedo tras más de cuarenta años de inexistencia. Y mirando atrás, lo que tenemos y está bien fomentado y controlado es un bipartidismo encubierto y con pocas probabilidades de cambio, pues a los otros partidos, minoritarios, le cuesta mucho conseguir un escaño por el sistema electoral vigente. Y cuando uno en estos días echa un poco la vista sobre Italia con su maremágnum de partidos sin ponerse de acuerdo, no deja de pensar que quizá el bipartidismo oficial sea la mejor opción, al estilo de países como EE.UU.: o asnos o elefantes, no hay más posibilidad de elección. Porque ahora parece que la tenemos pero de poco sirve. La única solución es que la mayor parte de los electores nos pusiéramos de acuerdo, en NO VOTAR a ninguno de los dos partidos que nos contemplan alternándose en la poltrona desde hace más de treinta años. Ya hablábamos de esto en la entrada MEDROSÍA de este blog publicada una semana antes de las elecciones pasadas.

Si uno se pone a investigar las opciones de “control” que tenemos se da cuenta de que la capacidad de maniobra es nula. ¿Plantear cuestiones políticas al Tribunal Constitucional? ¿Un Referéndum? ¿Cuestión de confianza? ¿Moción de censura? ¿Iniciativa legislativa popular? ¿Consejo de Estado? Todas las opciones pasan o acaban al final en el Congreso de los Diputados donde el llamado “rodillo” las puede reducir a la nada, y más en estos momentos con mayoría absoluta y por lo tanto sin necesidad de pactos con los nacionalismos, que en anteriores legislaturas han condicionado la acción del gobierno, favorecidos y de qué manera por el sistema electoral. Pero volverán en las siguientes porque tras las elecciones hubo protestas por parte de los partidos políticos nacionales de segunda fila, Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia, pero ya se han olvidado del tema y no lo sacaran hasta cuatro días antes de las próximas elecciones. Esto es como cuando vemos en nuestra cuenta el cargo de la renovación anual de la suscripción a esa revista que ya no leemos y nos conjuramos para anularla al año que viene antes de que venza. Y así un año tras otro.

El sistema “es el que es” y las válvulas de escape o cambio “son las que son”. Si la cosa no funciona hay que reformarla con las posibilidades existentes y siguiendo los procedimientos establecidos. Pero siempre está la posibilidad del “borrón y cuenta nueva”, con sus ventajas e inconvenientes. La Constitución va para 35 años, mucho tiempo ya. ¿Reformarla? Parece que lo está pidiendo a gritos. ¿Hacer una completamente nueva? Pues es otra posibilidad…posible. El problema, como siempre, es quién y cómo se pone el cascabel al gato.

lunes, 22 de abril de 2013

BANKIADOS




Internet nos ha cambiado las costumbres en muchas de nuestras actividades y casi no nos damos cuenta de ello. Es poco corriente para los que nos manejamos en los ordenadores el tener que asistir físicamente a una oficina bancaria salvo para operaciones poco corrientes o extraordinarias. Pensando en mi caso, hace más de doce años que una fusión entre bancos me cambió la cuenta de oficina. En estos años transcurridos, nunca jamás he ido por esa oficina, que supongo que estará en la dirección que figura, porque todo mi trasiego con el banco lo realizo a través de internet y las operaciones en las que interviene físicamente el dinero por medio de los cajeros automáticos. En aras de la comodidad, ponemos a disposición de los bancos nuestro ordenador, nuestro escritorio, nuestra luz y nuestro tiempo para hacer las operaciones que anteriormente,  no hace muchos años, realizaban los propios empleados del banco, o caja, cuando te personabas físicamente en la oficina.
Hace unos días un amigo me dio un talón bancario. Por el tiempo que hacía que no lidiaba con uno, parecía un objeto del pasado, como aquellas letras de cambio que eran el terror de las empresas con sus negociaciones, devoluciones y líos. Ya no existen, o al menos no se oye hablar de ellas. Con el talón en las manos y hasta donde yo sé, o bien lo ingresaba en mi cuenta yendo personalmente a esa oficina mía que no conozco y que por más inri está a cincuenta kilómetros de mi casa, o iba a la oficina de mi amigo a cobrarlo personalmente. Una oficina de Bankia aunque en el rótulo todavía pone eso de CajaMadrid, una reminiscencia de lo que antes fue la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid.

Mientras esperaba la cola de la caja, talón en mano, un pensamiento anidaba en mi mente: ¿Cómo es posible hoy en día que haya personas que tengan su cuenta en Bankia?  Es de suponer que algunos estarán forzados por tener algún “producto”, que eufemismo, de los suyos tales como hipotecas o las famosas preferentes. Pero me parece que muchos clientes siguen teniendo sus pocos o muchos ahorros allí como forma de guardar el dinero y para hacer las operaciones corrientes a las que nos vemos todos obligados hoy en día como pagar los recibos de nuestros consumos domésticos. Mi amigo me dijo que le cobraban tres euros mensuales como cuota de mantenimiento de la cuenta porque no llegaba a unos mínimos exigidos para estar exento de comisiones. No solo no te dan un interés por tu dinero como ha ocurrido toda la vida sino que encima te fríen a comisiones por las cuentas y las tarjetas, que el sistema o ellos mismos te fuerzan a utilizar.

Y ya por extensión y tras el “corralito” de Chipre, la pregunta se amplía ¿merece la pena tener el dinero en un banco? Si no te dan nada por ello, encima te cobran y además estás expuesto a que el ministro de turno te imponga una “quita”, otro eufemismo, lo mejor es pensar que, salvo temas de seguridad, lo mejor es tener la mayor parte de nuestro dinero en ese banco de todos conocido, que no cobra y que siempre tiene “tu dinero” a tu disposición, las 24 horas del día y los 365 días del año: BANK COLCHÓN.

Mis veinte años como empleado de CajaMadrid, Bankia o lo que sea me hacen ver lo que está pasando con otros ojos. Recibía un correo de un buen amigo, empleado ya retirado, que se quedó allí cuando yo me marché y que ha dedicado toda su vida a ese banco malo, caja buena, o lo que sea, que me decía “tengo el corazón partío”. Que buena frase. Por un lado toda una vida allí, con muy buenos amigos y compañeros que laboran todavía y que están en la cuerda floja bamboleados por las decisiones del gestor de turno, y por otro lado tus pensamientos como persona que ha visto como se ha metido la mano al cajón hasta dejarlo lleno de telarañas.. te parten el corazón. Quieres lo mejor para tus amigos y compañeros, que o bien sigan trabajando allí o que cuando les den una patada en el culo les cubran un poquito sus necesidades personales y familiares. Pero este cubrir necesidades se hace con el dinero de todos, que también es el tuyo y que se detrae de otras cosas básicas como sanidad o educación.

Y mientras asistimos a estos y otros sinsentidos, los consejeros sin cualificación, que iban a los consejos de administración en representación de ellos mismos a decir “siseñor” a llevarse la pasta directamente en primera instancia, y a través de sus decisiones de inversión en segunda, viven felices y se ríen de todos nosotros, pobrecillos, que no aprenderemos y seguimos asistiendo a más de lo mismo. “La corrupción funciona porque se extiende” me decía este mismo amigo. Pues, nada, que se siga extendiendo.

Todos, clientes y no clientes, estamos “bankiados”. Y mientras, repito la pregunta: ¿Cómo es posible hoy en día que haya personas que tengan su cuenta en Bankia?  

domingo, 14 de abril de 2013

INTERÉS

Autor desconocido

Interés es una palabra que tiene muchas acepciones en el diccionario y, estando en los tiempos que estamos, podría parecer que las líneas que siguen estarían dedicadas a la tercera que nos brinda el diccionario: “Lucro producido por el capital”, pero nada más lejos de ello. En anteriores ocasiones he repetido una y otra vez una frase que me apasiona: “La curiosidad es el mejor antídoto para la vejez”. He buscado por las entradas de este blog y la palabra “curiosidad” aparece menos veces de las que yo pensaba.

Uno va acumulando años ya a demasiada velocidad. Mi buen amigo Miguel Ángel ha decidido utilizar la notación hexadecimal, esa que usan los ordenadores, con lo que, instalado en sus sesenta, él dice que tiene “treinta y C” que es el equivalente en esa notación numeral. Todo es relativo y con este pequeño truco se ha rejuvenecido y de qué manera volviendo a la treintena. Cuando uno echa la vista atrás y repasa mentalmente las situaciones por las que ha pasado, da por pensar que es hora de devolver a la sociedad lo que esta te ha ido dando a lo largo de los años, claro está, suponiendo que tengamos algo que devolver. Pero siempre hay algo que contar, no quiero decir enseñar, a los que te rodean. Los años acumulan en las personas una serie de conocimientos que pueden ser útiles a los demás y por eso es conveniente transmitirlos, a pesar de que lo que ahora se lleva es denostar a los ancianos, digo mayores, que están desfasados y no sirven para nada. Pero para que lo que se transmite llegue a buen fin y sea útil se necesita un receptor adecuado al otro lado que reciba y aprecie el contenido de la transmisión.

A poco que nos movamos vemos mayores muy activos. En una conferencia a la que asistí ayer acerca de la creación de un foro de historia dentro de un ateneo local, yo debía ser uno de los jóvenes. Lo de jubilarse y sentarse en el sofá a ver la televisión ha pasado a la historia. Hay todavía gente que lo practica pero muchos se aplican la frase que hemos comentado acerca de la curiosidad y se ponen de forma activa a mostrar interés por las cosas más variopintas. Por cierto y dicho sea de paso, también es una de las mejores medicinas preventivas contra el alzhéimer. Bien es verdad que aquellas tareas que hemos ido dejando toda la vida para hacer cuando tuviéramos tiempo y estuviéramos lejos del mundo laboral son a las que menos tiempo dedicamos y seguimos procrastinando día tras día. A modo de ejemplo, en mi caso, pasar por el escáner miles de negativos y diapositivas que siguen esperando su turno año tras año.

Pero retomemos el hilo de lo que quiero comentar. Hace unos meses impartí una charla de actualización, algunos lo dicen conferencia, sobre el libro electrónico a la que asistió un amigo, que había asistido también a la misma el año anterior. Me preguntaba una y otra vez por el tema cuando nos encontrábamos hasta que ya esta semana me confirma que por fin se lo ha comprado y que… ¿cómo diantres meto los libros en este cacharro para poderlos leer? Me dejó de piedra, pero luego pensando un poco sobre el asunto encuentro que es normal. ¿Tenía mi amigo interés en el tema cuando asistió a las charlas?, ¿tenía un interés real? Pienso que no, que se trataba de la curiosidad por un tema novedoso.

Ahora el interés ya no es mera curiosidad, pues se ha convertido en necesidad, porque hay que dar utilidad al por el momento archiperre ese que ha adquirido con los cupones de un diario y que por cierto es una tableta y no un “e-reader” de tinta electrónica, diferenciación básica que repito en las charlas una y otra vez y que constato que mi amigo no se ha enterado y ha caído en la trampa. Hace unos días me pilló por la calle con la tableta en las manos y mientras tomábamos un café volví a repetirle lo que en teoría ya había escuchado de mi boca al menos dos veces. Pero, saben una cosa, yo percibía que no se estaba enterando, por tercera vez, de lo que le estaba contando. Y todo ello, pienso yo, es porque no tiene verdadero interés en el procedimiento de poner los “e-books” en su aparatito. Aquello de que yo quiero que me den los peces, si puede ser cocinados y sin espinas, y lo de aprender a pescar como que se lo cuenten a otro.

Cuando intento contar, ojalá pudiera decir enseñar, a otros algo de lo que yo conozco un poco por encima, tengo un sexto sentido que me permite percibir si se están enterando de lo que les digo. Lo más probable es que se lo cuente mal, que no tenga capacidad de transmitir, que no sea un buen explicador o cosas por el estilo. Pero cuando noto que la persona a la que dirijo mi perorata no la toma como tal sino que está interesada de verdad, que escucha en lugar de oír, que los ojos le brillan, que una satisfacción inunda su ser por lo que está aprendiendo, que te agradece tu esfuerzo y tu tiempo, que te devuelve con gestos o comentarios tus palabras, que tiene una meta y valora tu ayuda, que notas, en suma, que quiere y demuestra ahínco, voluntad y esfuerzo por interiorizar para su futuro provecho, no puedo por menos de sentirme satisfecho y feliz de, como he dicho antes, sentir que estoy devolviendo a la sociedad lo que a su vez ella me ha dado. Por ello, cuando encuentro a alguien que tiene interés de verdad, que se está esforzando por mejorar, que quiere aprender cosas nuevas y que pone todo su esfuerzo y voluntad en ello, y yo puedo contribuir con mi pequeña aportación, el placer es indescriptible y la satisfacción que me produce no se paga con dinero.

No hay peor cosa que percibir cuando hablas a alguien que es como si te estuvieras dirigiendo a la pared. Hay personas que no escuchan, que cuando te contestan notas de forma inequívoca que lo que le has dicho segundos antes le ha entrado por un oído y le ha salido por el otro, que simplemente oye y menos mal porque al menos demuestra educación por no interrumpirte. Un dicho de esos que me gustan dice que “de mis amigos líbreme Dios, que de mis enemigos me cuido yo”. Pues eso, líbreme Dios de las paredes y deme escuchantes a los que les brillen los ojos.

La psicología ha llegado en sus estudios a conclusiones que demuestran que "quienes muestran altos niveles de curiosidad, experimentan mayores niveles de satisfacción en la vida que el resto de las personas." Haga cada cual el esfuerzo de interiorizar la frase y obrar en consecuencia.


lunes, 1 de abril de 2013

OSTERHASE




Las tradiciones son importantes en la vida de las personas y siempre es cometido de los mayores transmitirlas a los más pequeños para que así vayan pasando de generación en generación sin caer en el olvido. La globalización galopante que sufrimos extiende las tradiciones de forma mundial y a veces nos encontramos con algunas que ni nos van ni nos vienen a los que tenemos una cierta edad pero que van calando en los más jóvenes hasta hacerlos parecer que es una cosa de toda la vida. A modo de ejemplo me viene a la cabeza la que ya se celebra de forma generalizada y que el pasado año en Madrid costó hasta la muerte de cinco jóvenes: Halloween, una tradición para nada española pero que se ha quedado a vivir entre nosotros para no marcharse.

Aunque nacionalizada española y residente aquí desde hace muchos años, mi suegra es alemana y tanto ella como su difunto marido se han preocupado siempre de transmitir a sus hijos las tradiciones alemanas más significativas. Con ello, los allegados familiares disponemos de todo un abanico de tradiciones añadidas a las nuestras que se celebran repetidamente año tras año en el ámbito reducido de la familia. ”Osterhase” es una palabra alemana cuya traducción al castellano es “Conejo de Pascua”. Una fiesta de las más populares en Alemania y que se celebra, como su propio nombre indica, el domingo de Resurrección o de Pascua y que consiste en la venida de un mágico conejito portador de chucherías entre las que la estrella son los huevos de pascua, de preciosas formas y delicioso chocolate. También contienen huevos duros, pintados con multitud de colores y que cada día son más difíciles de encontrar en España, pues se necesitan huevos blancos y ya casi todos son morenos. El conejito, juguetón el, se dedica a esconder por las plantas del jardín sus paquetes de golosinas en forma de nidos que debemos de buscar en cuanto da comienzo la fiesta. Por aquello de las diferencias entre mayores y pequeños, y dentro de estos entre alérgicos y no alérgicos, los nidos están debidamente personalizados, por lo que cada uno tiene que buscar el que lleva su nombre. Si encuentra uno que no es suyo debe seguir buscando y queda en su conciencia avisar al destinatario o dejar que siga la fiesta hasta que todos cacen su presa.

Ayer por la mañana, con un día espléndido tras una semana de lluvia a todas horas, celebramos la fiesta del “Osterhase” reunidos todos, chicos y grandes, en una algarabía magnífica. Cuando cada uno tuvo en su poder su botín, sentada alrededor de la mesa a departir y compartir en un ambiente distendido y agradable.

Lo malo de esta fiesta es que indica el fin de la Pascua, de la Semana Santa, y por tanto de las vacaciones, por lo que tras la alegría viene la cruda realidad de volver a la vida diaria, los mayores a sus trabajos, los que los tienen, y los pequeños a sus colegios que hoy por hoy no les faltan, aunque veremos hasta cuando.

Buscando información sobre el evento, hay mucha en alemán, que no entiendo, pero he encontrado un blog con una explicación sucinta y curiosa que quién esté más interesado puede ver en el siguiente enlace .




domingo, 24 de marzo de 2013

ALAEJOS




La vida en los pueblos castellanos sigue siendo pausada y tranquila. Tomando como partida Madrid, las autopistas y autovías actuales nos permiten alcanzar cualquier punto de la geografía nacional en media jornada pero su uso nos aleja del antiguo paso por los pueblos y ciudades que si bien ralentizaba mucho el viaje nos permitía conocer aspectos de la geografía que ahora pasan desapercibidos en aras de una mayor celeridad en nuestros desplazamientos.

Siempre que me es posible, busco una excusa para salirme de esas vías rápidas y girar visita a algún pueblo que me suscite interés. Este fue el caso ayer, en el que abandoné la A-6 para acercarme al pueblo de Alaejos, en la provincia de Valladolid. El motivo era conocer las ruinas de lo que fue el castillo del arzobispo Fonseca, donde entre 1467 y 1469 estuvo prisionera como rehén la reina Juana de Portugal, conocida como la reina adúltera, esposa del rey de Castilla Enrique IV, el impotente, y madre de una Juana de Castilla, que de forma ignominiosa ha pasado a la posteridad con el apodo de La Beltraneja.

Abandonada la A-6 en la localidad de Ataquines, recorrimos una cincuentena de kilómetros por carreteras estrechas y tranquilas atravesando la llanura castellana hasta divisar a lo lejos las torres de las dos iglesias con que cuenta la localidad de Alaejos, pueblo de un relativo tamaño, de casas predominantemente bajas, limpio y con las calles empedradas, que según el censo del último padrón de 2008 cuenta con 1611 habitantes. Pocos parecen para la extensión del pueblo donde se pueden apreciar casas renovadas que a buen seguro serán residencia de fines de semana o verano de los antiguos habitantes que se han visto forzados de alguna manera a emigrar. Aparcado en el coche en las inmediaciones de una amplia plaza flanqueada por edificios como el ayuntamiento, la iglesia y la cárcel, mi primera misión en estos casos es acercarme a algún vecino o vecina para entablar conversación con la excusa de la pregunta más peregrina, en este caso, como acceder a las ruinas del castillo. En un par de intentos nos indicaron la calle a seguir y en un corto paseo pudimos arribar a lo que queda de él.

Está realmente penoso. Rodeado completamente por casas, se hace difícil encontrarlo. Salvo una pequeña parte muy baja del muro y lo que sin duda fue el inicio de una torre, todo lo demás son un montón de escombros y algo también de basura y suciedad. Al parecer hubo un intento hace algunos años de realizar excavaciones, pues sin duda algún objeto interesante debe quedar entre las tierras, pero la falta de dinero abortó la operación. Unos pequeños jardines a la vera del trozo de muro que queda en pie contrastan con el abandono del lugar. Lo único que se puede hacer es cerrar los ojos, abstraerse y dejar volar la mente intentando imaginar cómo fue aquello en sus momentos de esplendor, con el arzobispo, valiente pájaro, haciendo proposiciones deshonestas a la reina y cayendo esta en los brazos amorosos de Pedro de Castilla, el Mozo, que a la postre fue el padre de sus dos hijos aparte de Juana.

Sabíamos de la existencia de una pequeña estatua conmemorativa pero de ella varios vecinos a los que consultamos no habían oído ni hablar. Uno de ellos, Félix, con vivienda a escasos 100 metros del monumento y entrado en años, no supo indicarnos donde estaba pero se entretuvo con nosotros y nos enseñó una verdadera joya: una especie de museo casero en los bajos de sus casa con multitud de aperos y útiles de labranza hoy en desuso, un tesoro que muestra y enseña a quién se deja y que hasta “ha salido varias veces en la televisión”. Al final conseguimos dar con el monolito que puede verse en la fotografía, un pequeño busto de la reina conmemorativo de su estancia en el pueblo.

Poco más quedaba por hacer que retornar al coche y emprender el camino. Pero otra cosa que conviene hacer en este tipo de visitas es entrar al bar del pueblo y tomarse un vino, cuestión que puede servir para entablar conversación con el camarero o alguno de los parroquianos, que siempre suele ser agradable y se puede conocer algún dato. Y en este caso, además de bar era restaurante y aunque no teníamos previsto comer en el pueblo, nos quedamos y pudimos disfrutar de un menú impresionante en un comedor muy agradable del primer piso con vistas a la plaza. A elegir entre seis primeros y seis segundos, incluyendo postre y café, por 12 euros el menú básico y 14 el ampliado nos pusimos las botas. La lengua estofada que me metí para el cuerpo no tenía nada que envidiar al cochinillo que degustó mi mujer.

Habrá que volver por este u otros pueblos que parecen estar perdidos en el olvido lejos de las ciudades pero que conservan su vida y sobre todo sus gentes agradables cuando el viajero se acerca a ellas con educación y respeto. ¿Volveré a Alaejos algún día? Nunca se sabe, pero la lengua estofada y el trato agradable de su gente bien pudiera ser una excusa cualquier 10 de mayo u 8 de septiembre para acercarse a vivir las fiestas en honor de la virgen en las que las procesiones con sus danzantes, según nos dijo Félix, son dignas de ver. Y es que el bar y restaurante además es una posada, con muy buena pinta, que bien merecería perderse un fin de semana tranquilo, incluso en pleno invierno, para dedicarse a pasear y leer. Eso sí, al llamar para reservar habitación habría que asegurarse que en las comidas de esos días estaría disponible la lengua. Rechupete es poco para calificar el plato.


domingo, 17 de marzo de 2013

SHOW&TELL


He preferido dejar el título en inglés pues es en Norteamérica y Australia donde más practican este “juego”, que no lo es tal, por la importancia que tiene el posterior desarrollo de los niños. La traducción al español podría ser algo así como “muestra y cuenta”. Es una actividad muy común en esos países entre las actividades de la enseñanza primaria. Consiste en que un niño lleve al colegio algún objeto que le motive especialmente y cuente cosas relacionadas con él durante unos minutos al resto de compañeros de la clase y a su profesora. Con posterioridad, atenderá las preguntas que sobre el tema le formulen respondiendo y aclarando aquellos aspectos que no se hayan comentado. El formato es como un juego pero es un entrenamiento fundamental de algo que a muchas personas se les atraganta cuando tiene que hacerlo: hablar en público.


Hace un par de años que supe de la existencia de esta actividad. Fue con motivo de ver una formidable y entrañable película, “Siempre a tu lado, Hachiko”, estrenada en 2009 y protagonizada por Richard Gere sobre una historia real de un perro japonés llamado Hachiko y de la que ya existía una película más antigua, de 1987, titulada “Hachiko monogatari”. En los comienzos de la película se muestra a un niño contando a sus compañeros de clase la historia de un perro que perteneció a su abuelo y que es la trama de la película. Como digo, una película familiar muy recomendable.
Me llamó la atención de esa actividad escolar, mostrada muy brevemente como digo al principio de la película, y realicé algunas indagaciones que me llevaron a descubrir todo un mundo muy interesante que explica por qué, de forma general, a los norteamericanos se les da de rositas hablar en público mientras que a los europeos nos cuesta un montón, amén de que hay algunas personas a las que les resulta imposible o cuando se ven forzadas a hacerlo muestran unos signos de nerviosismo que son percibidos por la audiencia y estropean de alguna forma la comunicación.


La psicología ha estudiado mucho el tema y hay variados programas de entrenamiento para vencer la ansiedad que produce el tener que hablar en público. En los tiempos actuales de la comunicación por doquier, cada vez más personas se ven obligadas a intervenir en actos públicos. No pensemos en profesores que pueden estar acostumbrados en su día a día sino en meros profesionales que por el simple intercambio de ideas entre colegas se ven obligados a asistir a alguna convención y exponer en público sus interesantes conocimientos.


Ni corto ni perezoso y una vez que supe algo sobre el tema, preparé un pequeño informe y se lo hice llegar a la profesora de mi hija, que cursaba cuarto de primaria. Yo pensaba que no me iba a hacer ni caso pero me llevé un formidable chasco. Acogió la idea con mucho cariño y en las clases de tutoría hizo la actividad con todos y cada uno de los niños. A mi hija la tocó la primera y llevó la foto de un conejito que teníamos en casa y contó toda su historia. El resto de los compañeros fueron llevando objetos o fotos de los mismos y contando sus particulares historias. Con un formato de juego, los niños no estaban haciendo otra cosa que entrenarse a hablar en público y vencer la ansiedad que este tipo de actuaciones generan. Al año siguiente, con el cambio de profesora, la actividad cesó y aunque intenté de nuevo que se relanzara, no tuvo la suficiente acogida y ha quedado en el olvido. Supongo que no está en los programas oficiales ni nunca lo estará. Este tipo de actividades, fundamentales en el futuro en la vida diaria de muchas personas no están incluidas en esos conceptos de “educación para la ciudadanía” que versan sobre otras cosas.


En mi caso no tengo ningún problema en hablar en público. Otra cosa es que lo que diga sea interesante o no pero eso es distinto. Sin embargo hay situaciones y situaciones. La más fuerte que recuerdo tuvo lugar en 1988. Había participado en un libro de fotografías que iba a ser presentado en público en un sencillo acto. La cosa fue yendo a mayores y al final la presentación se produjo en un teatro, abarrotado de público, en el que se fueron mostrando proyectadas las fotografías durante la intervención de los cuatro presentadores, algunos de la talla del fallecido director de cine Angelino Fons o del escritor Jose María Suárez Campos. A mí me tocó la parte de hablar en nombre de los autores y yo mismo me enrollé la soga al cuello: no me parecía correcto leer la intervención de un papel y desde el primer momento me conjuré para hacerla en vivo y en directo, sin una mísera nota. Tuve mis días de preparación y entrenamiento, en los que lo veía todo blanco o todo negro, pero al final la cosa salió muy bien, muy espontánea y directa, y a la salida la gente me felicitó no tanto por lo que había dicho sino por hacerlo sin ningún tipo de ayuda o guión. Conservo el video de aquel acto, del que han transcurrido 25 años, y me gusta verlo de vez en cuando.


Últimamente estoy dando alguna charla sobre temas relacionados con el “Libro Electrónico”, pero no es lo mismo. La audiencia suele ser reducida y además el uso de medios audiovisuales actuales, léase “powerpoint” ayuda mucho al ponente aunque hay algunos que se limitan a leer lo que pone y la cosa queda bastante deslucida. Yo me dedico durante las exposiciones más a interactuar con el público, estudiando en la medida de lo posible su cara y sus gestos para detectar el grado de interés que suscita lo que estoy diciendo. A todo se aprende practicando, pero si la ansiedad de los días previos y del acto en si es nula o casi nula, miel sobre hojuelas.

domingo, 10 de marzo de 2013

REGALOS




El mundo del regalo es un mundo complicado, del que tengo que confesar que siempre he huido. Ni soy de regalar y consecuentemente tampoco de que me regalen. Cuando llega ese momento en el que tengo que hacer un regalo a alguien, gracias a Dios en contadas ocasiones, me entran los siete males, y no generalmente por un problema de dinero, sino por tomar la decisión de qué regalar. Conozco algunas personas que dominan este arte a la perfección y que en pocos instantes encuentran un sinfín de cosas adecuadas para una persona conocida. Y lo mejor es que generalmente aciertan. Yo suelo pedirlas consejo, siempre que se pueda claro, pues muchas veces, uno de los mejores componentes de un presente es la sorpresa y el desconocimiento por parte del que lo recibe.

Por todo ello, en las contadas ocasiones en que recibo un regalo me quedo bloqueado, debe ser la falta de costumbre. Eso de los cumpleaños, santos, Reyes, día del Padre, día de los enamorados, aniversario de boda y demás días institucionalizados para dar o recibir regalos no van conmigo. Se rompe la magia de recibir algo y solo queda el conocer de qué se trata. Y con demasiada frecuencia, lo que se recibe es un trasto que, aunque haya sido hecho con todo el cariño, no sabemos qué hacer con él. Un amigo mío tenía la opinión de que hay que regalar cosas efímeras, que se consuman, y así puedan desaparecer de la vista del que lo recibe. Un ejemplo de cosa perecedera puede ser desde una botella de vino hasta un jamón de pata negra sin descartar un viaje a las Bahamas.

En esta semana me ha ocurrido un hecho de estos. Había hablado en clase con una compañera, que además es buena amiga, de un libro sobre historia de varios autores contrastados y compendiado por el propio profesor de la asignatura. Yo le había comentado que me gustaba el libro y que me apetecía comprarlo pero que no lo había hecho porque no tengo ni dónde ponerlo ni casi tiempo para leerlo. Luego me enteré que ni corta ni perezosa, al salir de clase, había comprado el libro, había solicitado al profesor que me lo dedicara, me había puesto a su vez una dedicatoria suya y esta semana me lo ha dado. Como ya he dicho, bloqueo total, no saber que decir ante el detallazo totalmente inesperado. Son esas cosas que tú mismo te comprarías pero no lo haces por diferentes razones y te llegan envueltas en papel de regalo. Yo me quedo sin palabras y se me da bastante mal mostrar el agradecimiento debido a la persona que ha pensado en ti y sin ningún motivo te hace llegar el presente.

Yo siempre he mantenido que los mejores regalos son lo que te escogen a ti, en lugar de tú a ellos. Ir paseando por algún centro comercial o calle, sin ir buscando nada concreto, y notar como algún objeto te hace pensar en que sería bueno que lo compraras para regalárselo a alguien, sin ton ni son, de forma sorpresiva, y sin que la otra persona lo espere.

Como he mencionado, a lo largo de mi vida he recibido pocos regalos que me hayan impactado. Más bien, todo lo contrario, muchos de ellos están durmiendo el sueño de los justos en algún sitio olvidado cuando no he podido descambiarlos o a mi vez regalárselos a otra persona, lo cual es un buen destino en algunas ocasiones. Pero he hecho el ejercicio de recordar un par de ocasiones en que he quedado emocionado.

Una de ellas ocurrió hace unos años, cuando me marchaba de la empresa en la que llevaba varios años prestando mis servicios. Aunque para otros hubo esas comidas masivas de regalo con despedida promovidas por algún compañero, esto no ocurrió en mi caso. Invité a los más allegados de forma rápida y testimonial en la cafetería de la empresa para decir un adiós rápido. Cuál no sería mi sorpresa cuando mi propio jefe, además gran amigo de verdad, me hizo entrega de un regalo que había comprado encargándose de recoger el dinero entre quienes habían querido participar. Era un bolígrafo electrónico, algo que en aquella época no sabía ni que existía, y que servía y sirve para tomar apuntes y luego directamente se enchufa al ordenador y los apuntes son guardados automáticamente bien en formato imagen, como si se hubieran escaneado las hojas o bien, si escribes con un poco de cuidado, en formato “word” como si lo hubieras tecleado tú mismo. Una gozada. Hoy día son más comunes pero tampoco es una cosa que se vea de forma corriente.

Pero si tengo que elegir un regalo entre todos no tengo ninguna duda. Me lo hizo la que hoy es mi mujer cuando todavía no lo era y es el que aparece en la imagen que acompaña a esta entrada. Una navaja suiza Victorinox de esas que tienen multitud de archiperres y que además son de muy buena calidad. Y encima acompañada de una funda de cuero para poderla llevar al cinto con toda comodidad. La llevo usando un montón de años, sigue funcionando a la perfección, corta como el primer día, las tijeras incorporadas son una delicia y los destornilladores han sacado de más de un apuro a mí y a otros. Las pinzas para extraer espinas en el campo son una delicia. Un “trasto” útil de verdad y que yo no me hubiera comprado por mí mismo pero que porto en mi cinto en cuanto llega la ocasión.

domingo, 3 de marzo de 2013

ADMONICIONES



Esta semana voy pillado, me faltan horas para hacer todo lo que pretendo. Y por no dejar de cumplir con esta obligación autoimpuesta de escribir algo en el blog, voy a recurrir a un texto que si bien considero que es interesante, circula por la red de forma masiva y se puede encontrar en numerosos otros blogs. Espero que incluso así sea novedoso para alguno de los lectores que se acercan por aquí y en todo caso sirve para mi propia documentación.

Jackson Brown no es un gran pensador, ni un Nobel de literatura. Es sólo un hombre común, un padre preocupado por la felicidad de su hijo que quiso escribir estos simples “consejos”, al momento que éste se iría a estudiar a la universidad, lejos de su casa. Su hijo decidió fotocopiarlos y los distribuyó
entre sus compañeros de estudio. Tuvieron tanto éxito, que una editorial le pidió autorización a Brown para editar un libro con ellos. Poco tiempo después, ampliado bajo el título “Vivir Feliz”, se convirtió en un “best seller” que lleva decenas de ediciones y millones de ejemplares traducidos a varios idiomas.

Hijo:

Cásate con la persona correcta. De ésta decisión dependerá el 90% de tu felicidad o tu miseria.
 Observa el amanecer por lo menos una vez al año.
 Estrecha la mano con firmeza, y mira a la gente de frente a los ojos.
 Ten un buen equipo de música.
 Elige a un socio de la misma manera que elegirías a un compañero de tenis: busca que sea fuerte donde tú eres débil y viceversa.
 Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra.
 Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.
 Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
 Maneja coches que no sean muy caros, pero date el gusto de tener una buena casa.
 Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.
 No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
 Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche (dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza).
 Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.
 Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.
 Haz lo que creas que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.
 Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.
 Aprende a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas.
 Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.
 Recuerda el viejo proverbio: Sin deudas, no hay peligros ni problemas.
 No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.
 Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. (El que no vive para servir, no sirve para vivir).
 Acude a tus compromisos a tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.
 Confía en la gente, pero cierra tu coche con llave.
 Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también 'el gran riesgo'.
 Nunca confundas riqueza con éxito.
 No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.
 No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.
 Aunque tengas una posición holgada, haz que tus hijos paguen parte de sus estudios.
 Haz dos copias de las fotos que saques y envíalas a las personas que aparezcan en las fotos.
 Trata a tus empleados con el mismo respeto con que tratas a tus clientes.
 No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.
 No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
 Nunca compres un colchón barato: nos pasamos la tercera parte nuestra vida encima de él.
 No confundas confort con felicidad.
 Nunca compres nada eléctrico en una feria artesanal.
 Escucha el doble de lo que hablas (por eso tenemos dos oídos y una sola boca).
 Cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a amigos.
 Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos.
 Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
 Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
 Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.
 La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo.

domingo, 24 de febrero de 2013

GORIGORI


A lo largo de la historia de la humanidad hemos asistido al auge y decaimiento de muchos pueblos. Sociedades y civilizaciones que llegaron a tener un papel preponderante incluso a nivel mundial cayeron estrepitosamente con posterioridad para dar paso a otras. Y como la historia no se detiene, así seguirá pasando mientras exista vida humana, pues los humanos somos capaces de las mayores proezas y a la vez de los mayores desatinos. No en vano somos inmejorables en una cosa: destruirnos a nosotros mismos.

Ayn Rand, nacida en San Petersburgo en 1905 y por tanto de origen ruso, se nacionalizó norteamericana y falleció en 1982. Uno de sus libros más conocido es “La rebelión del Atlas”, en el que a lo largo de sus más de mil páginas hace reflexiones como la plasmada en la imagen, que sirven para el pasado, para el presente y para el futuro. No se puede ni se debe generalizar, pero cuando son muchos los políticos, empresarios, sindicalistas, trabajadores, y por extensión todo aquel que tiene la oportunidad, los que “manejan” la actividad económica con el principal fin de hacerse con la mayor cantidad de dinero posible con el mínimo esfuerzo y a costa de los demás… Si cada vez trabajan menos, incluso por sueldos miserables, y además están agobiados a impuestos, las conclusiones son obvias. El sistema no se mantiene y hay que resetearlo.

No sé si tendremos que ir aprendiendo a entonar el canto del gorigori porque en esto no hay nada cierto, ni se sabe nunca el tiempo que tardará en llegar. Crisis ha habido muchas, incluso en la historia reciente, pero cada vez van siendo más fuertes y más duraderas. Y todo ello porque cumplimos palabra a palabra las condiciones enumeradas por Ayn Rand para deducir que nuestra sociedad está condenada a desaparecer tal y como la concebimos hoy. Se podrá mantener con toques y remedos más o menos profundos o más o menos cosméticos, pero las entrañas están podridas y en lugar de intentar curarnos ponemos nuestros esfuerzos en alimentarnos de la carroña, con lo cual la podredumbre se agiganta. No hay futuro claro por este camino. Pan para hoy y hambre para mañana. Vayamos entonando el gorigori.

domingo, 17 de febrero de 2013

I.L.P.



No es de ahora. La distancia entre gobernantes y gobernados arranca con la historia de la humanidad y aunque sufrirá alargamientos y acortamientos, no se eliminará nunca. Es algo parecido a la distancia entre empleados y jefes. Ya lo dice el refrán “No sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió” aunque yo había oído otro modificado, que viene más al caso que dice “No sirvas a quién sirvió ni mandes a quién mandó”.

Una de las figuras vigentes en nuestro ordenamiento es la denominada Iniciativa Legislativa Popular, que no es otra cosa que promover el estudio y en su caso aprobación de una ley a instancias de una petición de los ciudadanos, a base de reunir una montonera de firmas respaldando la iniciativa y presentarla en el Congreso de los Diputados. No es bastante con dos o tres firmas, sino que el mínimo es de medio millón. Hay que tener muy claro y destinar mucho esfuerzo para recoger de forma legal, una a una, esa enorme cantidad de firmas de forma organizada.

En estos días este tema ha cobrado actualidad. La PAH, Plataforma de afectados por la Hipoteca, ha presentado nada menos que 1.402.854 firmas para pedir un cambio en la Ley Hipotecaria vigente, que data de hace una montonera de años y que es más que probable que esté absolutamente desfasada. La crisis actual, que además incluye de propina un descenso acusado del precio de las viviendas, está poniendo a muchas familias en la calle, que se quedan sin una casa por la que ya han pagado muchos euros mes a mes y lo que es peor, con la deuda pendiente vigente. Algo no funciona y una cosa está clara: el que no pierde nada es el prestamista, todas las pulgas se van al prestatario, que se queda sin nada y encima sigue debiendo dinero.

En toda la historia reciente y si los datos no me fallan, se han presentado varias iniciativas pero solo una de ellas ha llegado a buen puerto: la relativa a temas de comunidades de propietarios presentada por abogados y administradores de comunidades. Aunque pudo haber otra acerca de la Televisión sin fronteras, pero no tengo ganas de investigar, han sido muy pocas. El resto, con mayor o menor fortuna, han ido a parar a la papelera del olvido.

Pero volviendo al tema, una de las primeras cuestiones a tener en cuenta es que la Mesa del Congreso puede, sin tener que dar ninguna explicación, rechazar o admitir a trámite una I.L.P. ¿Saben Vds. que en un primer momento esta iniciativa avalada por un millón cuatrocientos dos mil ochocientos cincuenta y cuatro ciudadanos iba a ser rechazada? Así sin más, de un plumazo, como un “váyanse Vds. y sus firmas al guano”, pero que se han creído, presionando a los representantes de los ciudadanos de esta forma. Que no, hombre, que tenemos otras cosas que hacer, que no estamos aquí para perder el tiempo con las tonterías que se les ocurren a “unos cuantos ciudadanos”. De hecho, nuestros sesudos dirigentes con mayoría en el Congreso anunciaban desde días antes que la iban a rechazar y en ello estaban, pero la presión popular les hizo reconsiderar su decisión y aceptarla al final. Y dicho sea como añadido, unos cuantos suicidios achacables al tema.

¿Y esto sirve de algo? Que os lo habéis creído, tontorrones, más que tontorrones. Ahora vienen los estudios de las Comisiones, que se lo pasaran a las Ponencias, que estudiarán su idoneidad y coherencia, preguntarán a los asesores, harán enmiendas parciales o totales…. La cuestión es clara ¿hay voluntad? Me temo que no. Si la hubiera, como ocurrió en la última reforma de la propia constitución, en 10 o 12 días estaba solventado. No olvidemos que de este tema de las hipotecas y la llamada dación en pago se lleva hablando años, ya desde el gobierno anterior y lo que al menos a mí me queda claro es que con la Iglesia, digo los Bancos, hemos topado. No hay nada que hacer, puede perder todo el mundo sus dineros, pero los bancos no pueden perder, son capaces incluso de estafar con malas artes a ciudadanos, recuerdes el tema de las preferentes, sin que nadie ose decirles ni pío. Todo el mundo a callar que poderoso caballero es don dinero y los gobiernos, léase los partidos políticos, tienen las manos más atadas que nadie.

La Iniciativas Legislativas Populares mueren lentamente. Es posible seguir todo su desarrollo a través de la web del Congreso. Yo he intentado localizarlo y reconozco que no lo he conseguido aunque no he empleado mucho tiempo porque no me merece la pena ni me quiero calentar la cabeza.

Tengo entendido que las I.L.P.’s caducan con el cambio de legislatura, para lo que quedan casi tres años si no hay elecciones anticipadas. En el mejor de los casos, en tres años no hay tiempo suficiente para que sus señorías preparen y lleguen a debatir esta ley que han propuesto un millón y medio de ciudadanos ignorantes. Y aunque se votara y aprobara en el Congreso, luego tendría que ir al Senado y…

Repito la pregunta clave ¿hay voluntad? Mi respuesta es que no, por lo que mucho me temo que está será otra ley que irá a parar al cementerio de las ILP’s olvidadas. Ojalá me equivoque. Y además hay pocas soluciones, tranquilas, a esto. La única que se me ocurre es que en las próximas elecciones PP y PSOE no tuvieran un solo voto, lo cual es imposible en un país con tanta cantidad de ciudadanos tan miopes como en este. Llevan más de treinta años engañándonos, unos y otros, y seguimos erre que erre votándoles. Su tiempo se ha acabado, pero se resisten.


viernes, 8 de febrero de 2013

VILIPENDIADAS


En estos últimos tiempos me estoy volviendo un verdadero aficionado a la Historia, así, con mayúsculas. Un dicho con recorrido afirma que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Los hechos, muy especialmente los negativos, se repiten una y otra vez porque no conocemos o nos olvidamos del pasado. Renunciar a la memoria, a la memoria histórica, es volver a pasar por situaciones que ya tuvieron lugar y que al repetirse, nuestro desconocimiento puede llevarnos a caer nuevamente en los mismos errores. En suma, sus lecciones por lo general no se aprovechan.

Pasé por encima de esta asignatura en cuarto de bachillerato, hace ya muchos años y aunque la aprobé con buena nota, muy buena nota, no recuerdo que me hiciera ninguna ilusión. De hecho, poco poso me quedó, amén de recordar que en todo el curso revisamos poco más de la mitad del libro de texto. Las causas pudieron ser múltiples, pero ahora veo claro que gran parte de la responsabilidad la tuvo el profesor, del que recuerdo hasta su nombre: P. Modino. Hay que reconocer que los libros de la época no pueden competir con los actuales ni los medios que había al alcance de los profesores se parecían lo más mínimo a los de ahora. Solo con pensar en el “powerpoint” actual arrojando datos e imágenes en la pantalla se nos nubla la vista comparándolo con lo anterior, que era nada, simplemente nada, unas pocas diapositivas. Pero un buen profesor, hablando y transmitiendo ilusión y motivación a sus alumnos, puede suplir hasta el más deficitario de los libros. Hacíamos alusión a uno actual en esta entrada, que por no tener no tiene ni una imagen, páginas y páginas de texto, pero que engancha al lector hasta hacerle amar la historia.

En los momentos actuales me ha dado por focalizarme en un período de la historia de España que comprende la segunda mitad del siglo XV y todo el XVI, una época de esplendor cubierta prácticamente en su totalidad por cuatro monarcas: Enrique IV, los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II. Dentro de este período, en los cien años transcurridos de 1454 a 1555 vivieron y tuvieron relación con esta historia tres personajes que han sido vilipendiados repetidamente y que lo poco o mucho que ha llegado hasta nosotros de ellos ha sido despectivo. Me quiero referir a tres Juanas. Juana de Portugal, segunda esposa de Enrique IV, tachada de adúltera, madre de otra Juana, la despectivamente denominada “La Beltraneja” y por último otra Juana, Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos, a la que mantuvieron encerrada en un castillo en Tordesillas durante 46 años y que ha llegado hasta nuestros días con el sobrenombre, ofensivo y humillante a más no poder, de “La Loca”.

Las lecturas que he acometido en estos últimos meses me han hecho cambiar radicalmente mi punto de vista con respecto a estas tres mujeres de nuestra historia. Habría mucho que hablar del asunto y no hay sitio ni es lugar este blog, pero quisiera apuntar unas breves líneas en defensa de cada una de ellas que por lo menos nos hagan recapacitar y poner un poco en cuestión la información recibida.

La primera, Juana de Portugal, nacida en 1439 y nada menos que hermana del rey portugués Alfonso V, tuvo que lidiar con el mostrenco de su marido, Enrique IV, al que por algo le pusieron el sobrenombre de “El impotente”. Su primera esposa, Blanca de Navarra, tuvo que retornar a su reino navarro tras diez años de “matrimonio” tan virgen como cuando vino. Esta nuestra Juana, huérfana de padres y educada por un tutor, fue entregada en matrimonio a un Enrique IV ya talludito cuando contaba dieciséis años. A pesar de su instrucción y su convicción en colaborar en su misión como procreadora, pasaron varios años sin que el rey ni siquiera apareciera por sus aposentos ni tampoco la rozara lo más mínimo. Como para perder la cabeza en una corte ajena sin nadie a quién confiarse. Nunca se demostró que su hija Juana, la denominada “Beltraneja” por achacarse su paternidad al valido Beltrán de la Cueva, no lo fuera también de Enrique IV. Muchos intereses estaban en juego, pero principalmente la corona de Castilla e Isabel La Católica, que si ha pasado por muy buena a la posteridad, era una de las más interesadas en que su hermanastro Enrique IV muriera sin descendencia. ¿Pucherazo? Quién sabe. Al parecer nunca se podrá demostrar la paternidad efectiva de Enrique pues el cadáver de su hija desapareció en el terrible terremoto del día de Todos los Santos de 1755 en Lisboa. Y por ello y aun disponiendo de los huesos de Enrique IV hallados en el monasterio de Guadalupe, no se pueden realizar estudios de ADN con métodos modernos que pudieran certificar de forma fehaciente la paternidad. Juana de Portugal, separada de su hija, encerrada y vejada repetidamente por su propio marido, acosada por unos y otros incluso prelados eclesiásticos, al final conoció el amor y tuvo otros hijos que la hicieron feliz como mujer. ¿Adúltera? Sí, pero quizá a la fuerza y tras penar mucho. Falleció a los treinta y cinco años edad, en 1475.

La segunda, Juana sin más, maledicentemente apodada “La Beltraneja o Beltranica”, nació en 1462 con el estigma de ser menospreciada por unos y otros desde que vino a este mundo. La supuesta paternidad atribuida a Beltrán de la Cueva, valido del rey, fue explotada por unos y otros hasta la saciedad. Hasta su propio padre Enrique IV firmó acuerdos “por el bien de la corona” en los que la excluía de la sucesión. Con estos mimbres hasta el más tonto construye un cesto. Fue moneda de cambio como posible esposa de unos y otros, castellanos, franceses y portugueses, llegando a casarse con su tío Alfonso V de Portugal con trece años. A la postre, su propia tía y madrina Isabel la Católica intervino muy activamente en los acuerdos de Alcaçovas con Portugal para apartarla de la circulación y hacerla profesar como monja, dejándola encerrada y bien vigilada en los conventos de Santa Clara primero en Santarém y luego en Coímbra, a la temprana edad de quince años. Finalmente y hacia el año 1500, cuando contaba treinta y ocho, los reyes de Portugal le protegieron y otorgaron morada en el palacio de la Alcazaba lisboeta, actual castillo de San Jorge, donde vivía con gran aparato, llegando a insinuar en más de una ocasión que podían recuperarse sus derechos a la corona de Castilla. Firmaba siempre como “Yo la reina” y era conocida por los portugueses como “La excelente señora”. Falleció el 28 de julio de 1530 a la edad de sesenta y ocho años, siendo teóricamente enterrada en el monasterio de Santa Clara, pero sus restos desaparecieron como ya se ha comentado.

Y por último la tercera, Juana I de Castilla, sufrió todo lo insufrible y generalmente de manos de sus teóricamente seres queridos. Nacida en 1479 como hija tercera de los Reyes Católicos y por tanto con muy pocas posibilidades de acceder al trono castellano, fue brillante en su formación, muy por encima de sus hermanos, destacando en lenguas y música, llegando a tañer algún instrumento con maestría. Por cuestiones políticas y de conveniencia fue pactado su matrimonio con el archiduque Felipe de Habsburgo, que luego sería conocido por el sobrenombre de “El Hermoso”, dadas sus características personales. En aquella corte flamenca, con costumbres muy diferentes a las suyas y enamoradísima de su marido, sufrió numerosos desplantes e infidelidades por parte de él, lo que quizá fuera la causa de hacer aflorar estallidos de cólera y episodios en los que perdía el control por enormes ataques de celos, que hay que mencionar que solo tienen las personas verdaderamente enamoradas. Aun así, en la decena de años que transcurrieron hasta la muerte de Felipe tuvo sin ningún problema seis hijos, todos sanos y fuertes, que vivieron muchos años. Llegó al trono de Castilla en 1504 al morir su madre Isabel la Católica debido a los fallecimientos de sus dos hermanos mayores, Juan e Isabel e incluso el hijo de esta, Miguel. Primero su marido Felipe, luego su padre Fernando el Católico y más tarde su propio hijo Carlos I urdieron todo tipo de componendas para exacerbar y magnificar su supuesta locura y hacerse con el poder, encerrándola durante cuarenta y seis años en el castillo de Tordesillas bajo carceleros a cada cual más toscos en su trato hacia ella, excepto uno y por poco tiempo. Tuvo la posibilidad de salir de allí para desposarse con el anciano rey de Inglaterra, Enrique VII, pero los intereses económico-políticos de su propio padre hicieron fracasar la tentativa del rey inglés, aunque no estaba claro que ella hubiera estado por la labor. Murió en 1555, a la edad de setenta y seis años y siempre fue reina, pues todos se cuidaron muy mucho de reinar “en su nombre” por su “incapacidad”.

En suma tres mujeres maltratadas y vilipendiadas por la historia que merecen algo más de respeto al conocer los contextos en los que tuvieron que desenvolverse en la vida.

Unas sucintas biografías pueden encontrarse en esta web