Buscar este blog

domingo, 17 de abril de 2016

INCÍVICOS




Si lo hace todo el mundo… por qué no lo voy a hacer yo también. Ya lo dijo una diputada en el propio Congreso de los Diputados de la Carrera de San Jerónimo: «¡Que se jo…!»

Ya he comentado hasta la saciedad en numerosas entradas de este blog mi opinión de que en asuntos de tráfico es donde se demuestra la educación del personal. A riesgo de resultar repetitivo, me acojo hoy al dicho de que «una imagen vale más que mil palabras», con lo que esta entrada va a ser fundamentalmente gráfica, con algunas imágenes de como los automovilistas interpretan a su manera las normas y señales de tráfico y sobre todo, fuera ya de reglas y leyes, piensan en los demás a la hora de comportarse. «Piense en los demás»… jajaja ¡que antiguo!







sábado, 9 de abril de 2016

LÓPEZ




El título de la entrada de esta semana parece que pudiera tratarse de un apellido, de los más extendidos en España, que llevan multitud de personas reales como un tenista famoso, una cantante o mi buen amigo Miguel Ángel, o ficticias como un súper agente, pero en realidad se trata de un nombre propio, una evolución curiosa de uno de otro idioma, «Lopepe», que significa «veloz» y que fue el elegido por una madre sur sudanesa para su hijo nacido en 1985 en la aldea de Kimontong en plena guerra civil y de secesión de Sudán, una guerra que duró más de 20 años y se llevó por delante la vida de cerca de dos millones de civiles, muchos de ellos asesinados. Por aportar más datos es el nombre, no el apellido sino el nombre, del atleta que puede verse en la fotografía.

No recuerdo si el ocho de agosto de 2008 estaba sentado frente al televisor viendo la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, aunque lo más probable es que sí estuviera pues es un evento que no me suelo perder, así como estar clavado frente a la pantalla el mayor tiempo posible durante la celebración de las pruebas, especialmente las de atletismo. Por unanimidad, resultó elegido por sus compañeros para portar la bandera en el desfile inaugural el atleta mediofondista López Lomong que se había nacionalizado tan solo un año antes. Con posterioridad, llegó a participar como un atleta más representando a su país de adopción en los juegos de Londres de 2012.

La historia de cómo llegó un niño sudanés del sur a representar en unos juegos olímpicos a los atletas norteamericanos es todo un ejemplo de superación, de constancia , de lucha, de agradecimientos y de situaciones encadenadas que dicen mucho de la raza humana, capaz de estas proezas al mismo tiempo que causante de los mayores males contra sí misma. Toda la historia está reflejada en un libro escrito por su protagonista, López «Lopepe» Lomong, ayudado y aconsejado por Mark Tabb. El libro se titula «Correr para vivir. De los campos de exterminio de Sudán a las olimpiadas». Una reseña del mismo puede verse en este enlace.

Comencé la lectura el lunes por la noche de la semana pasada en el momento de acostarme y lo rematé casi de un tirón el martes, teniendo que reconocer que me inundaron muchos sentimientos de emoción cercanos a las lágrimas al transitar por algunos de los pasajes y comprobar como por encima de lo mejor y lo peor de la raza humana, una persona constante y con fe en el futuro y en su Dios cristiano llega a alcanzar sus metas tras duros sacrificios, numerosas zancadillas y multitud de pruebas y sufrimientos.

No es posible desgranar aquí la historia sin hacer lo que ahora se denomina «spoiler» por lo que desde estas líneas recomiendo encarecidamente su lectura, muy amena, entretenida, con momentos sobrecogedores jalonados de agradables sorpresas y situaciones que pueden parecernos cómicas a los habitantes de la llamada «civilización occidental». Una de ellas que recuerdo vivamente es cuando el chaval se sube al Boeing 747 que desde Kenia vía El Cairo y Pekín le conduciría a su nueva vida en Nueva York y varias veces pasa la azafata ofreciendo la bandeja de comida; muerto de hambre, la rechazaba sistemáticamente porque no tenía dinero para pagarla. Otra es cuando esperaban todos los niños ansiosos a que llegaran los martes por ser el día en que se depositaban en la basura los restos de la comida de los empleados del campo de refugiados y podían tener un festín, una vez a la semana, liándose a codazos entre unos y otros por alcanzar algún resto que suponía el más delicado de los manjares para ellos. O estar jugando al fútbol con balones de trapo y verse obligado nuestro protagonista a correr descalzo 30 Km. alrededor del campo de refugiados para tras descomunal prueba recibir autorización para jugar al fútbol. Y así un día tras otro en un campamento donde se carecía de todo lo material y espiritual.

Llama la atención la inquebrantable fe en su Dios cristiano en todo momento que le permite sacar fuerzas de flaqueza y enfrentarse una tras otra a numerosas y durísimas pruebas. Y más de resaltar es el continuo agradecimiento mostrado por todo lo que recibe. Poco a poco va alcanzando sus metas, apoyado en todo momento por su papá y mamá americanos a los que muestra verdadero reconocimiento y devoción y que han demostrado su grandeza al acoger primero a Lopepe y luego a otros niños perdidos en su casa y darles todo el cariño como si fueran sus verdaderos hijos de una forma desinteresada. López persigue con ahínco el conseguir algo de dinero para poder ayudar a los muchos niños y familias que han quedado en Sudán y que no disponen de lo más elemental para vivir y sobre todo para poder estudiar. Gracias a su esfuerzo y con una nula e inexistente instrucción hasta los 15 años, consigue aprender un idioma nuevo y graduarse en la universidad como director de hotel compaginando sus estudios con los entrenamientos en atletismo para conseguir su sueño de ser olímpico, como su ídolo Michael Johnson, aquel que cuando era un niño vio competir y ganar en una televisión en blanco y negro a la que le dejaron asomarse a cambio de algo de dinero; posteriormente le conocería y saludaría en persona y diría que «La vida de López Lomong es una verdadera fuente de inspiración: Una historia de coraje, esfuerzo, abnegación que no se rinde ante nada, y de esperanza en medio de la desesperación. López es un auténtico modelo».

Todas comparaciones son odiosas y las diferencias y contrastes entre seres humanos que han existido siempre ahora son universal y puntualmente conocidas al instante. Oía en una conferencia esta semana que hay más teléfonos móviles en el mundo que retretes mientras se mostraba una imagen de un pastor africano hablando por su teléfono móvil mientras cuidaba su rebaño de vacas. Es probable que viva en una choza sin agua, electricidad o aseo…

Tras la lectura de este libro han venido a mi mente, por asociación, otros dos que lei hace tiempoy que me propongo desde ahora mismo volver a leer. Uno de ellos es «El salón dorado», de José Luis Corral Lafuente, por la coincidencia en el comienzo de la historia con el rapto de un niño que al final se demuestra como un hecho positivo en su vida y otro es «Los Papalagi», de Erich Acheurmann,  donde se muestran ante nuestros ojos los contrastes entre la vida en una aldea africana y la gran ciudad a los ojos de un asombrado nativo que descubre, entre otras muchas cosas, que las «chozas» de los blancos en la «civilización» tienen varios pisos, puertas, ventanas y hasta… ascensor.

- 

sábado, 2 de abril de 2016

REFRENDO




En las prácticas bancarias de antaño, cada cliente contaba con un resguardo por lo general en forma de libreta o cartilla en el que constaba de forma fehaciente el saldo de su cuenta. Para clientes de tipo empresarial existían las cuentas corrientes de las que no había un reflejo unitario de los movimientos pero la comunicación de estos era cuasi continúa en documentos denominados extractos de cuenta. Con ello, en todo momento cada cual sabía el dinero que tenía disponible y de alguna forma estas cartillas o extractos eran una especie de resguardo que en un momento dado podía justificar un saldo en la entidad bancaria. Bien es verdad es que las operaciones eran contadas y casi todas ellas realizadas cara a cara de forma presencial en la oficinas bancarias o ante corresponsales en localidades donde estas no existían.

Esta semana de primeros de abril de dos mil dieciséis uno de los dos grandes bancos españoles ha anunciado el inminente cierre de más de cuatrocientas oficinas de atención al público, que es por lo general una práctica que lleva ya varios años realizándose aunque no se publicite, derivada de fusiones pero principalmente debida a un hecho que se extiende cada vez más, cual es el desarrollo de las tecnologías a través de internet, con lo que cada vez un mayor número de usuarios no pisa en meses o años las oficinas bancarias y realiza toda su operativa a través del ordenador o del teléfono. Esto representa unas ventajas indudables de rapidez, inmediatez y comodidad pero lleva asociadas unas connotaciones que no siempre hemos valorado lo suficiente.

Uno recuerda la época en que en las gasolineras existían empleados que te servían el combustible sin que en muchos casos tuvieras necesidad ni siquiera de bajarte del coche. En la actualidad y salvo en algunos casos excepcionales, estos empleados han desaparecido de la faz de la tierra y en su lugar el sufrido conductor dispone de unos guantes desechables de plástico para no mancharse las manos y auto atenderse por sí solo. La pregunta en este asunto es ¿ha descendido el precio del combustible por este hecho? El importe de los sueldos que el propietario del surtidor se ahorra con la inexistencia de estos empleados… ¿se ha repercutido al automovilista?

Con el asunto de los bancos pasa lo mismo. Con nuestro ordenador, nuestra electricidad, nuestro tiempo, nuestra impresora y en resumen con nuestros medios, nos auto realizamos las operaciones bancarias en nuestras casas y oficinas, lo que deriva en que cada vez son menos necesarias oficinas de atención presencial. Yo hace años que no piso una. Pero es que, es más, una de las entidades bancarias con las que trabajo prácticamente no tiene ninguna ya que toda su operativa está basada en internet. No hace falta decir que me refiero a esa que se identifica por un color naranja y que según informaciones copa el 82% de todas las operaciones bancarias que se realizan por internet en nuestro país.

Esta semana de finales de marzo y principios de abril de 2016, la operativa a través de internet de ese banco naranja ha estado parada por… «un problema técnico». No sabremos nunca la verdad ni conoceremos con detalle cual ha sido ese problema técnico y si pudiera haberse evitado con ciertas prácticas que se deben seguir en asuntos informáticos y que cada vez están más relajadas o no se realizan con la profesionalidad adecuada, y lo digo por experiencia. Lo «único» que no ha funcionado es la operativa a través de internet, pues los movimientos han seguido fluyendo y no ha habido problemas en cargos de recibos, abonos de transferencias o nóminas y extracciones de dinero en efectivo a través de los cajeros, operaciones estas que son las más básicas en el común de los clientes. Todo muy bien, pero… ¿y en otro tipo de operaciones?

Hay que reconocer que la entidad ha pedido disculpas por activa y por pasiva, en todos los medios y redes sociales e incluso a través de un correo electrónico personalizado. Pero cuando ya parece que no pasa nada y que debemos esperar a la próxima, sin entrar en disquisiciones profundas, se me ocurren un par de temas sobre los que había que reflexionar.

Uno de ellos es acerca de que ocurre con asuntos que hayan tenido consecuencias derivadas de esta falta de operatividad. Por ejemplo, personas que hayan tenido que hacer una transferencia para afrontar pagos en otras entidades, reservar una casa o un viaje, comprar acciones o abonar el colegio de sus hijos y que de alguna manera hayan sufrido algún tipo de pérdida o penalización por no poder realizar el pago a tiempo. ¿Tienen derecho a algún tipo de indemnización? ¿Es automática? ¿Hay que denunciar y meterse en asunto de abogados? Con la iglesia hemos topado, Sancho.

Y el otro asunto es un poco más sibilino y sin consecuencias inmediatas. Dado que gran parte de nosotros realizamos la operativa a través de internet, no tenemos ningún justificante o resguardo —documento acreditativo de haber realizado determinada gestión, pago o entrega— con el que poder demostrar nuestro saldo. Suponga por un momento que su entidad bancaria, la que sea, sufre una catástrofe en su centro de proceso de datos y cuando al cabo de un tiempo «x» recupere la información si es que lo consigue, esta está incompleta o tiene fallos o faltas. O sin llegar a estos extremos, suponga que Vd. que revisa cuasi a diario sus movimientos, se acostó ayer sabiendo que tenía en la cuenta algo más de tres mil euros y hoy cuando se ha levantado figuraban trescientos. ¿Qué hace? ¿Cómo reclama? ¿Qué documentos tiene que avalen su demanda?

Desconozco si las entidades bancarias tienen la obligación de comunicar a algún estamento oficial como la Hacienda Tributaria o el Banco de España los saldos detallados de sus clientes y en caso afirmativo con qué periodicidad. A nivel individual poco podemos hacer; yo guardo en mi disco duro los extractos mensuales, algo es algo, y en algunas ocasiones aunque confieso que no siempre, un pantallazo de lo que estoy viendo, repito que algo es algo. Otra solución peligrosa es ceder a la tentación de, total para los intereses que nos renta, mantener en las cuentas el saldo imprescindible para atender los pagos y los ahorros y el dinero del día a día llevarlo a otra entidad más personal, «Bankcolchón», pero como digo esto no es recomendable por numerosas razones que todos conocemos.

En una entrada antigua rotulada «RESGUARDOS» hablaba de estos temas pero en resumen y como dice mi buen amigo Miguel Ángel, «ajo, agua y resina», sigamos «perocontentos» y rezando para que no pasé «ná».


…



lunes, 28 de marzo de 2016

TRAYECTOS




La Semana Santa es una de esas épocas del año en la que algunos automovilistas nos metemos entre pecho y espalda una montonera de kilómetros para alcanzar ese lugar de descanso en el que pasar unos días. No sabría definir lo que se entiende por un trayecto largo en coche pero por llegar a un acuerdo podríamos convenir que sería aquel en el que recorramos más de doscientos kilómetros o empleemos más de dos horas. Los conductores profesionales, «vigilados» por sus tacógrafos, tienen unas normas estrictas de cumplimiento que dejan bien claro los períodos en los que pueden estar conduciendo y los descansos de obligado cumplimiento, pero los conductores particulares no estamos sometidos a ningún control y podemos negociar la ruta y los tiempos como nos venga en gana mientras el cuerpo aguante.

Yo siempre he sido de los de subir al coche con todo preparado e intentar no parar ni una sola vez hasta el destino. Mi mayor tirada consistió en hacer mil ochocientos kilómetros de continuo, desde el corazón de Suiza a Madrid, parando lo mínimo para repostar gasolina para el coche, alimento para el cuerpo y un par de cabezaditas cortas cuando empezaba a notar cansancio por tantas horas seguidas de conducción. Anticipo desde ahora mismo que esto de no parar es un craso error por las experiencias y razones que esgrimo a continuación.

Se nos insiste y repite de forma machacona que debemos detenernos cada dos horas de conducción o doscientos kilómetros. Nos resistimos a creer en lo que los expertos nos dicen y tomamos nuestras propias decisiones haciendo caso omiso de las recomendaciones, que por lo general son acertadas y basadas en multitud de estudios y experiencias. En todo caso, y para aquellos conductores recalcitrantes en no parar ni para ir al baño, no está de más que en una ocasión se propusieran seguir las recomendaciones y así poder contrastar sus opiniones al respecto.

«A la fuerza ahorcan» reza el dicho popular y a mí me tocó «ahorcarme» y hacer caso con motivo de un viaje familiar en coche a Munich con mi mujer embarazada de tres meses. Son algo más de dos mil kilómetros que realizamos en dos días. La ginecóloga que atendía a mi mujer se negó en redondo a ese desplazamiento en coche en un primer momento, pero tras insistir por nuestra parte, claudicó bajo dos condiciones básicas que deberíamos observar a rajatabla. Eran muy sencillas, consistiendo la primera en que cada hora mi mujer tenía que hacer ejercicios de estiramientos de brazos y piernas en el propio asiento del coche durante unos minutos y la segunda era que cada dos horas teníamos que parar unos minutos, bajarnos del coche y andar un poco. Recuerdo que comentó jocosa que podíamos darle vueltas andando al propio coche.

El primer tramo previsto del viaje fue de mil cuatrocientos kilómetros, todo por autopistas. Nos pusimos en marcha temprano y cumpliendo estrictamente las normas dadas llegamos a nuestro destino pasadas las siete de la tarde. Llevábamos la tartera con la tortilla y los filetes empanados pues pensábamos cenar un poco y acostarnos previsiblemente molidos tras el viaje. En ese momento comprobé en mis propias carnes el error de no parar en los desplazamientos largos. Tras el pequeño refrigerio, ninguno de los tres estábamos cansados y decidimos ir a dar una vuelta por la ciudad. Me quedó claro que ese no estar cansados era debido a las paradas obligatorias que habíamos realizado.

Dese entonces lo tomo por norma y siempre que puedo realizo una parada técnica cada dos horas. Son unos minutos, se aprovecha para tomar algo o ir al baño y el cuerpo se tonifica y aunque se alcance algunos minutos más tarde el punto de destino, la sensación de llegar descansado es inmejorable, aparte de que la seguridad se ve incrementada al ir más frescos y despejados.

Hay muchas recomendaciones para el conductor desde todas las instancias oficiales que indican tener cuidado con los medicamentos y sus posibles interacciones, dormir lo suficiente y bien, nada de alcohol, vigilar la copiosidad de las comidas inmediatamente antes o durante el viaje, mantener una temperatura adecuada en el interior del vehículo, evitar las distracciones, combatir el aburrimiento sin recurrir a usos indebidos de móviles o tabletas y en general seguir unas pautas racionales que nos permitan no solo llegar bien a nuestro destino sino descansados y con ganas de hacer cosas.

El consejo fundamental es no tratar de vencer a la fatiga y sobre todo al sueño. Por experiencia propia diré que las ventanillas abiertas, el frío o la radio a todo volumen son trucos que no funcionan para combatir la somnolencia. La técnica que yo utilizo es mirar al espejo retrovisor exterior y si al volver la vista al frente me cuesta enfocar de nuevo la carretera es un síntoma inequívoco de cansancio que requiere una parada lo más pronto posible. Si nuestro acompañante tiene carnet de conducir y está en condiciones, lo mejor es ceder el puesto de conductor y si no es así, una cabezadita por un tiempo prudencial nos permitirá ponernos de nuevo en marcha.

Yo utilizo otro sistema complementario, que es el beber agua en sorbitos pequeños aún sin tener sed. La hidratación nunca está de más y al menos una botella de agua mineral de esas de litro y medio suele caer en los viajes con una consecuencia añadida: entran ganas de orinar que obligan sí o sí a la parada correspondiente.


domingo, 20 de marzo de 2016

DIRECTO





Los avances que nos rodean y sorprenden día a día suponen un enorme mar de posibilidades siempre que seamos libres y tengamos la capacidad de escogerlos o rechazarlos en función de nuestras necesidades o apetencias.

Cuando la televisión iba llegando a los hogares españoles allá por los años sesenta del siglo pasado, una de las «magias» que aportaba era la posibilidad que tenían los telespectadores de asistir a través de esa «ventana» a eventos en directo, en el mismo instante en que se estaban produciendo. Partidos de fútbol, corridas de toros, combates de boxeo y en general numerosos eventos deportivos y sociales podían ser contemplados cómodamente desde el sillón de casa si se disponía de aparato de televisión o desde el sillón de la casa del vecino como fue mi caso durante varios años. Ya se disponía de la parte hablada a través de las ondas de la radio, pero por mucho que locutores de la talla de Alberto Oliveras, Matías Prats y otros se esmeraran al máximo en sus alocuciones, no era lo mismo oír un partido de fútbol por la radio que verlo en la televisión, si bien yo recuerdo con mi padre el quitar la voz a la televisión y seguir el sonido por la radio: una combinación perfecta.

El enorme inconveniente que tenía este asunto era que uno tenía que estar secuestrado ante el televisor a la hora adecuada so pena de perderse el evento. Una veintena de años más tarde empezaron a llegar a los hogares los vídeos, con aquellos sus tres formatos iniciales denominados BETA, VHS y VÍDEO2000, que nos permitían grabar los programas de la televisión y verlos más tarde, en un horario a nuestra conveniencia. Yo que he sido siempre más madrugador que trasnochador, grababa los partidos de la Selección Española del Mundial de Fútbol de Méjico en 1986 que se celebraban muy tarde por la noche y me levantaba pronto para visionarlos antes de ir a trabajar. Como no me enteraba del resultado, aunque no fuera en directo, la percepción era la misma al desconocer lo que había ocurrido. Además y como premio adicional, me ahorraba los quince minutos del descanso al adelantar el vídeo a gran velocidad.

Hoy en día, las imágenes de televisión, de internet, de youtube o de cualquier otro medio o red social son factibles de obtener en la red y dejarlas grabadas en discos duros que son fácilmente reproducibles en televisores, tabletas u ordenadores en el momento, y lugar, que nos resulte más oportuno. Las ventajas son tan enormes que salvo algún acto muy puntual, tengo que reconocer que no veo en directo prácticamente nada. Todo lo grabo o descargo y me permito el lujo de elegir el momento adecuado. Las ventajas, para mí, son muchas y quedan derivadas del control del tiempo que me permite esta modalidad de «en diferido».

Si se trata de películas o programas emitidos en televisión, la principal ventaja es no tener que, si no quiero, tragarme los anuncios publicitarios o determinados momentos que pueden no interesarme: con utilizar el mando a distancia —otro enorme invento— y avanzar rápidamente, pasan de un plumazo. Otra ventaja adicional es saber de antemano el tiempo que necesitas para el visionado. Ver una película en televisión de esas que empiezan tras la cena supone no saber a qué hora te vas a poder ir a dormir incluso aunque sepas los minutos que dura la película original, pues las interrupciones quedan fuera de tu control.

Hay más ventajas y sin ser exhaustivo en la enumeración de las mismas no quiero dejarme en el tintero una que he descubierto recientemente y que uso con asiduidad, generalmente en el visionado de videos en el ordenador procedentes de plataformas como Youtube, Vimeo y similares.

Vaya de antemano que la imagen que he elegido para esta entrada es un homenaje al profesor Antonio Rodríguez de las Heras, de cuya erudición vengo disfrutando en las últimas semanas como ya he comentado en la entrada «DESAFÍOS». Seguramente sus próximas comunicaciones darán pie a algún comentario más que enriquezca este blog. La imagen pertenece a un curso MOOC, a los que estoy muy aficionado últimamente, impartido por este profesor, muy recomendable y disponible gratuitamente en la plataforma Edx y titulado «Estrategias para una sociedad del conocimiento».

Pero me estoy desviando de lo que quiero decir acorde con el tema de esta entrada. ¿No ocurre que muchas veces, cuando estamos escuchando a alguien, nos parece que se recrea en la dicción, que progresa lentamente, que sus pausas se alargan o que incluso llena de ruiditos o dejes la comunicación? Insisto para que quede bien claro que no es el caso de este profesor. A mí me pasa esto con relativa frecuencia y me gustaría que los hablantes utilizaran una velocidad normal —tendría que definir que es para mí normal— que me permita seguir con atención la charla. Ya que estamos en ello me quiero acordar de algunos lectores o lectoras, que cuando tienen la oportunidad de dar las lecturas en la misa dominical, parece que les gustaría estarse allí un par de horas aunque solo tengan que leer un par de párrafos.

Pues bien, la magia de la tecnología ha venido en mi ayuda. Cuando estoy viendo un vídeo en el ordenador, la posibilidad de aumentar o reducir la velocidad de dicción del hablante es una herramienta enorme que cada vez uso más. Vídeos de lecciones de cursos MOOC, de conferencias TED de lo más interesante y de otras cuestiones similares, pueden ser por lo general acelerados de forma conveniente de manera que me entero perfectamente de lo que se dice y me ahorro un tiempo precioso. No olvidemos además que la facilidad de utilizar los subtítulos nos puede permitir ir todavía más rápido y al grano de lo que se está diciendo sin tener que estar comiéndonos la uñas esperando con desesperación a que la comunicación avance.

…

sábado, 12 de marzo de 2016

ENVÍOS





De siempre me ha parecido que la compra por correo era un gran avance que permitía acercarse a tiendas o almacenes de una manera cómoda sin importar la distancia. Por poner un ejemplo que tiene ya muchos años, una de mis primeras compras de este tipo, además en el extranjero, tuvo lugar a mediados de los años 80, concretamente en octubre de 1985, fecha que recuerdo con nitidez por estar asociada a un evento familiar importante, en que hice una encargo de varios productos a la casa inglesa Mothercare, en Londres. Fue un poco complicado el obtener un talón bancario en libras esterlinas para proceder al pago pero salvado este escollo todo funcionó con absoluta normalidad y recibí el paquete con los artículos encargados sin problemas.

La compra a distancia, por correo o ahora por internet, está basada en una confianza mutua entre el comprador y el vendedor además de canales de envío adecuados que satisfagan a ambos. Una serie de envíos y las opiniones de los usuarios validan el circuito y animan a otros a adentrarse en este mundillo que comporta innumerables ventajas. Hoy en día y basándose en el soporte de internet y los medios de pago electrónico, comprar cosas en cualquier parte del mundo es coser y cantar. Determinadas empresas que permiten este tipo de compra se han ganado mi confianza, como por ejemplo PCCOMPONENTES o AMAZON al tiempo que otras la han perdido como PIXMANÍA, no solo por el propio hecho de la compra sino por los posteriores inconvenientes en caso de surgir problemas, cuestión que me ha ocurrido con las tres mencionadas y han sido resueltas de forma rápida y satisfactoria por las dos primeras y de forma insatisfactoria o mejor y simplemente no resueltas por la tercera.

Salvada la potencia e inmediatez de la red a la hora de acceder a los artículos, sus características, sus prestaciones y sus precios, el quid de toda esta cuestión está en varios asuntos colaterales que para mí se revelan como primordiales:

·      La disponibilidad o no del artículo deseado en los almacenes de la empresa para proceder a su envío inmediato o en caso contrario información precisa de  los plazos estimados de disponibilidad, sin irse por las ramas ni engañar.
·      La posibilidad de pago por diferentes medios electrónicos seguros, entre los que cito los que mayormente utilizo yo, como son las tarjetas de crédito recargables o Paypal, que me ha demostrado en más de una ocasión su garantía en temas de intermediación y disputa por envíos no adecuados o que no han llegado a su destino.
·    El canal de envío, un tema de vital importancia para mí. Si bien en años pasados como el ejemplo que he relatado al principio de esta entrada solo existía el correo postal, ahora la diversificación es absoluta, y a este asunto, el envío, quiero dedicar la última parte de esta entrada con algunas reflexiones.

Uno de mis problemas fundamentales es el «no estar en casa» de forma continuada. En los primeros tiempos de los envíos por mensajero o «courier», el día que tenía que recibir un paquete era un día de secuestro y además, siguiendo las leyes de Murphy, la entrega llegaba justo en ese momento que habías salido cinco minutos a comprar el pan, con lo cual el porteador daba la lata a algún vecino o simplemente te dejaba la notita y se largaba. En una ocasión, con motivo de una tarjeta SIM telefónica que necesitaba, me tocó hacer ochenta kilómetros de ida y otros tantos de vuelta hasta un polígono industrial de la periferia de Madrid para poder recoger personalmente el envío.

En mis primeras compras con PCCOMPONENTES vi con satisfacción como esta empresa ampliaba su red de distribución incorporando a CORREOS como empresa distribuidora, no solo para el envío al domicilio sino ofreciendo la posibilidad de utilizar como destino la propia oficina de Correos. Un correo electrónico te avisaba de la disponibilidad y solo tenías que acercarte a la oficina elegida a recogerlo. Este mecanismo me ha permitido comprar cosas estando de vacaciones en la playa. Pero con el tiempo PCCOMPONENTES retiró este sistema de envío, supongo que por razones crematísticas, volviendo al único sistema del envío solo por mensajero. Consecuentemente, yo he dejado de comprar cosas en esa plataforma porque no estoy dispuesto a estar secuestrado en mi casa a la espera del paquete.

Antes de comentar el sistema o sistemas de AMAZON, decir que otras empresas se están poniendo las pilas e ingeniándoselas al utilizar por ejemplo gasolineras o incluso taquillas en zonas comunes como estaciones de metro o universidades a las que los usuarios pueden dirigir sus paquetes. Un código electrónico enviado al usuario por correo o vía SMS permite a este dirigirse en el momento en que le cuadre mejor y abrir la taquilla para recoger su pedido. No se pueden dar más facilidades.

Esta semana he ido personalmente a un par de tiendas a comprar un atril para mi ordenador portátil, uno concreto y no precisamente barato. No lo tenían en ninguna y he recurrido a internet. Entre los sitios vistos que lo tenían disponible estaba AMAZON. Esta empresa ha diversificado sus sistemas de envío y además de los dos descritos, mensajería y Correos en el domicilio o en la oficina, admite determinados comercios en las localidades a los que dirigir los pedidos. Yo he utilizado este sistema en mis últimas adquisiciones a mi entera satisfacción, pues puedo pasarme por la tienda elegida en el horario comercial de la misma, lo que para mí representa una comodidad.

Pero no todo es de color rosa. Cuando puse el atril en mi cesta de compra, procedí con la misma y elegí como punto de entrega la tienda, el «sistema» me dice que ese punto de entrega no es posible para esa compra concreta. ¿Cuál es la razón? Estaba comprando un artículo de otra empresa «a través de» AMAZON y tiene toda la pinta de que esa empresa, que no AMAZON, no admite envíos que no sean por mensajero y al domicilio.

En fin una venta que han perdido por el asunto del envío.





domingo, 6 de marzo de 2016

CASTIGO




Hace siete millones y medio de años, de los cuatro mil quinientos millones que se estima la vida en la Tierra, la descendencia de unos primates transitó por una vía evolutiva diferente dando lugar a la aparición de los homínidos sobre la superficie terráquea.

Hace doscientos mil años se estima que tuvo lugar la aparición de «homo sapiens», la rama de los homínidos de la que formamos parte y que es la única que ha sobrevivido tras convivir con los «homo neanderthalensis» hasta que estos se extinguieron hace unos treinta mil años.

Hace doce mil años los humanos vivían en grupos reducidos, con no más de cuarenta o cincuenta integrantes, que se conocían personalmente y se veían las caras e interaccionaban a diario unos con otros. Eran cazadores-recolectores y tenían que vivir al día, procurándose el sustento a diario y moviéndose de ubicación de forma continua en función de las estaciones y de la localización de sus fuentes de alimentación. Por decirlo de una manera básica, el que no trabajaba no comía, las reglas, muy pocas, eran estrictas y a poco que algún elemento se desviara de lo convenido en el grupo o lo dispuesto por el jefe del clan, ya sabía a qué atenerse y básicamente era eliminado directamente o expulsado del grupo, lo que suponía una muerte casi segura.

Hace seis mil años, los humanos habían abandonado su nomadismo y se habían convertido en agricultores. Ya estaban asentados en lugares concretos, se alimentaban de la agricultura y la ganadería, habían aparecido las ciudades y los grupos podían ser más numerosos al controlar la posibilidad de sustento sin tener que preocuparse de ello día a día. Habían surgido las sociedades, en las que sus integrantes ya no se conocían personalmente y eran necesarias unas normas para regular la convivencia y que todos supieran a qué atenerse en sus desenvolvimientos sociales.

Hace cerca de cuatro mil años está datado el código legal más antiguo conocido, el código de Hammurabi, que ha llegado a nuestros días porque dos mil años antes los humanos habían inventado la escritura que permitía legar información de unas generaciones a otras.

Hace mil quinientos años, en el año 476 después de Cristo, se extinguió el Imperio Romano de Occidente, dando comienzo lo que se ha llamado la Edad Media, una época oscura en la que se hacía lo que decía la Iglesia, los caudillos o los reyes y eso de los derechos sociales todavía estaba por descubrir. Los faraones egipcios o los césares romanos, símbolos del poder absoluto sobre enormes sociedades, habían quedado atrás. En Grecia había nacido la democracia pero su desarrollo real a gran escala estaba todavía por llegar a concretarse.

Hace doscientos veintisiete años se acabó el poder omnímodo y divino de reyes y papas, emergiendo el ciudadano como integrante de la sociedad. Se empiezan a elaborar las llamadas «Constituciones» en las diferentes sociedades existentes en las que los integrantes de un país se deban a sí mismos las normas para el nombramiento de sus gobernantes y se establecían las leyes bajo las cuales se iba a desarrollar la convivencia.

Y hoy en día parece que todo esto no ha servido para nada o para muy poco. Estamos (mal) conviviendo en grandes sociedades, funcionando bajo una enormidad de leyes, normas y disposiciones y cada vez más muchos tenemos la impresión de que todas esas normas no se respetan y cada uno se fabrica las suyas a su medida. Como es sabido, las normas se pueden discutir y consensuar durante el tiempo que sea necesario, pero una vez emitidas y puestas en vigor, su respeto tiene que ser estricto, pues en ello reside la base de una convivencia pacífica y respetuosa entre todos.

Pero lo que en realidad ocurre es que las normas no se cumplen. Y eso es un asunto previsto en ellas, con lo que de forma paralela se establece el castigo que sufrirá quién o quienes las incumplan. Pero hemos de tener en cuenta que si se hace algo que daña a la colectividad y no se recibe por un ello un CASTIGO adecuado, el previsto, la mala acción se enquista y se va ampliando poco a poco, pues todos quieren aquello de «parte o chivo». El castigo tiene que producirse, ser adecuado y proporcional a la falta y al que la comete: no es lo mismo un ladrón que roba una pequeña cantidad para comer que un político o banquero que nada en la abundancia y aun así hace de las suyas. Muchos de los prepotentes hoy en día lo son porque en el pasado ellos mismos u otros que cometieron similares fechorías no han recibido el suficiente y adecuado castigo, no tanto físico hoy en día como moral y social.

El castigo solo sirve para corregir hechos ya sucedidos y sobre todo prevenir que otros los cometan por temor a él. Si a un banquero corrupto, que ha esquilmado hasta la saciedad, no se le mete en cintura adecuadamente sino que se ataca al juez hasta echarle de la judicatura, lo que estamos transmitiendo a otros es que tienen patente de corso para hacer lo mismo y si es posible corregido y aumentado. «Los pequeños ladrones ven pasar a los grandes en carroza» dice un proverbio francés y se nos antoja cada vez más cierto a tenor de los últimos escándalos. No robes un euro, que irás a la cárcel, roba miles de millones y te reirás de tus congéneres desayunando caviar todos los días a su costa y mirándolos por encima del hombro.

El secreto no está en el castigo, sino en la educación. Ya decía Pitágoras «Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres». Pero la educación en humanidades no está ya bien vista, parece que lo único que se debe aprender es lo justo y necesario para trabajar y rendir. La historia no es importante y casi es mejor que no la conozcan los ciudadanos, así podrá repetirse una y otra vez sin que aprendan de ella.




domingo, 28 de febrero de 2016

DESAFÍOS





Llevamos ya inmersos quince años en siglo XXI que al menos a mí se me han pasado volando. Dada mi profesión de informático, una de ellas, recuerdo como prácticamente hace nada estábamos todos expectantes ante el cambio de milenio por aquello que se denominó «efecto 2000» y que afectó en gran manera a los programas informáticos que manejaban las fechas con los años en dos posiciones y por lo tanto era un problema pasar del «99» al «00», lo que derivó en no pocos quebraderos de cabeza e inversiones millonarias para actualizar los programas de muchas empresas y pasar el año de dos posiciones a cuatro. Hay que decir que cuando pasemos del año 9.999 al 10.000 volverá a ocurrir lo mismo, pero no creo que ninguno de nosotros lo veamos, aunque la Tierra seguirá dando vueltas como lleva haciendo desde hace 4.500 millones de años.

Esta semana ha tenido lugar la primera clase de un curso titulado «Claves y desafíos del siglo XXI», dirigido por el eminente profesor Antonio Rodríguez de las Heras y al que por el momento puedo asistir. Fueron tres horas deliciosas escuchando el verbo ilustrado de este contrastado profesor, que nos despertó los sentidos acerca de unas cuantas claves para enfocar lo que a cada uno le quede de vida en este siglo, pues no veremos ninguno de los que estábamos presentes el cambio del siguiente.

Como indicación de por dónde van los tiros, un párrafo extraído de la presentación  

El curso va a tratar de las principales cuestiones que en esta primera década y media ha habido ya tiempo para que se revelen como claves en este siglo XXI. Son de una magnitud y profundidad excepcionales. Riesgo, incertidumbre y urgencia son las características de estos problemas (geopolíticos, ecológicos, tecnológicos, culturales y sociales) a los que se tiene que enfrentar el mundo de hoy. Y a la vez ocasión para construir un mundo que desarrolle el fascinante potencial evolutivo que contiene.

Sería tedioso transcribir aquí las trece páginas de notas manuscritas que tomé sobre asuntos interesantes, o que al menos a mí me lo parecían, derivados de la comunicación del profesor. Pero desgranaré algunos, aunque solo sea a vuelapluma. Quedan todavía catorce clases más donde a buen seguro disfrutaremos y nos asustaremos ante los planteamientos de este hombre de larga trayectoria académica y comunicativa. Hay multitud de artículos y entrevistas suyos disponibles en la red, pero por mencionar alguno sugeriría ver una entrevista de 2013 en la 2 de TVE bajo el programa «La aventura del saber» a la que puede llegarse haciendo clic en este enlace.

Aunque vivimos siempre en el presente, el pasado es nuestra memoria que nos permite establecer unas bases para un futuro como proyecto. El presente es efímero y contradictorio, se nos escapa entre los dedos, pero vamos construyendo un pasado como patrimonio de garantía para un futuro como deseo en el que imaginamos escenarios a los que nos gustaría viajar y otros que nos gustaría evitar.

Los conceptos de niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez han sufrido cambios drásticos en los últimos años. Muchos de los asistentes a la clase, un curso para mayores en la universidad Carlos III, hemos conocido en propias carnes los ejemplos servidos por el profesor. Por ejemplo, en mi caso, yo pasé de la niñez directamente a la adultez, pues en el verano de mis diez años ya tuve compromisos laborales, que se fijaron a los trece a diario de forma simultánea con los estudios hasta la actualidad. ¿Adolescencia? ¿Juventud? ¿Qué fue eso en mi caso? Al menos entendidas como las entendemos hoy, un tiempo en el que la juventud se alarga años y años y es frecuente ver a personas siendo «jóvenes» hasta alcanzar los treinta entre sus estudios y su búsqueda de trabajo.

Hablando de la niñez, ahora incluso antes de nacer obtenemos ecografías en 3D que nos permiten anticipar como será nuestro hijo y si será niño o niña e incluso y en el caso de posibles deformaciones decidir sobre su venida a este mundo. ¿Qué había de esto hace tan solo cincuenta años? Por no referirnos a que antaño buscábamos el pasar a adulto cuanto antes y hogaño, a los cincuenta, buscamos sentirnos jóvenes y que los demás nos digan aquello de «qué joven te veo», para lo que nos cuidamos físicamente y vestimos con ropas juveniles. A mediados del siglo pasado, una persona de cincuenta años era un señor mayor, muy mayor.

No somos conscientes de avances estratosféricos con los que convivimos a diario y que los ya entrados en algunos años hemos visto aparecer. Por citar algunos, la higiene con el agua corriente en las casas, fibras sintéticas en la ropa, la alimentación con la tecnología del frío y la conservación, la nanotecnología que permite introducir robots dentro de nuestro cuerpo para curar enfermedades, la química y los medicamentos, las comunicaciones, las enormes posibilidades en internet, los viajes en avión cuando hace cien años íbamos en carreta…

Todo se desarrolla de forma explosiva, con cierto descontrol, lo que provoca desajustes que es necesario ir corrigiendo, lo que no siempre es fácil. Los diseños del estado del bienestar de los años ochenta del siglo pasado no tuvieron en cuenta las realidades actuales, ergo están desfasados, no sirven y hay que reajustarlos. Pero… ¿con que criterios? Y esto no es bueno ni es malo, simplemente es así. El problema es que ni nosotros ni la sociedad estamos preparados para estos cambios tan vertiginosos.

Hace quinientos años se inventó la imprenta, con lo que los libros podían ser producidos en serie, aunque pasaron muchos años en los que su coste los dejaba reservados para los poderosos. Con el libro de bolsillo de hace unas décadas, cualquiera prácticamente podía comprar y leer libros y hacerse con una pequeña biblioteca. Hoy en día se ha añadido a esta historia el libro digital, que hace posible, como ya dijera el escritor Jorge Volpi, que «La posibilidad de que cualquier persona pueda leer cualquier libro en cualquier momento resulta tan vertiginosa que aún no aquilatamos su verdadero significado cultural». No se pierdan su interesante artículo titulado «Réquiem por el papel» accesible desde este enlace.

Las desigualdades heredadas del pasado siguen y seguirán estando ahí. Se minimizarán algunas y se crearan nuevas. Es la historia. Los cambios se acumulan y sobreponen en una aceleración brutal. El homo sapiens tardó cerca de 190.000 años en entrar en lo que llamamos la Edad de la Piedra, 6.000 mil más en sentar las bases de la escritura, 5.500 más en alcanzar la Edad Moderna, 500 más en llegar al siglo XXI y en estos 15 últimos años transcurridos de este siglo los cambios son vertiginosos. No se trata de enumerarlos todos, pero pensemos en los móviles, internet, ordenadores y en general la tecnología que ha cambiado nuestra forma de estar y ver el mundo. Un ejemplo es que lo que yo estoy escribiendo en este momento, una vez lo suba a la red, en el mismo instante, lo puede estar leyendo cualquier persona en cualquier lugar de la Tierra. Esto es simplemente alucinante y era ciencia ficción hace muy pocos años. Y al igual que estamos hablando de escritos, podemos hablar de imágenes, vídeos, música…

¿Cuánto tardó en llegar a oídos de Isabel la Católica, que estaba en Segovia, la noticia de la muerte de su hermano el rey Enrique IV que falleció en Madrid un once de diciembre de 1.474?
.


sábado, 20 de febrero de 2016

ENVEJECIMIENTO




Tras muchos años oyendo hablar de la «tercera edad» para referirse a esa etapa de la vida en que nos acercamos al final, se acuñó un nuevo término, «cuarta edad», para referirse a las muchas posibilidades que surgían en la sociedad moderna para las personas mayores, que ni mucho menos estaban acabadas y podían renacer y ocuparse en muchas cosas no solo en los planos intelectuales sino también en los físicos, siempre de acuerdo a los contextos y a los niveles de salud de cada cual. De estar «acabados» como se decía en el argot popular, los ancianos pueden pasar a llevar una vida activa y plena durante los últimos años de su vida al recuperar su tiempo libre y siempre que sus condiciones pecuniarias se lo permitan, si bien hay multitud de actividades gratuitas o a costes reducidos que pueden hacer, como es mi caso y el de algunos amigos que conozco, que se llegue al punto de estrés por tantas ocupaciones y a escuchar con demasiada frecuencia ese «no tengo tiempo ni para rascarme».

LA O.M.S., Organización Mundial de la Salud, un organismo que se ocupa a nivel mundial de tratar temas de salud, ha publicado en 2015 una guía titulada «Informe Mundial sobre el envejecimiento y la salud» en la que trata sobre temas interesantes en esta etapa de la vida y que puede descargarse libremente en varios idiomas y varios formatos, tanto en papel como en electrónico, en este enlace.

En alguna ocasión he comentado mi extrañeza cuando observo a las personas mayores, y más concretamente en una residencia de ancianos en la que se encuentra mi madre. Lógicamente en las residencias están las personas más necesitadas de cuidados y atenciones y que han perdido su capacidad de cuidarse por sí solos. Yo tengo claro que mi destino final será una residencia pero haré todo lo posible y lo imposible por retrasar mi ingreso. Una cuestión curiosa es que hace unos años se podía ver a los hombres mayores caminando con su garrota por un cierto deterioro físico pero las mujeres se mantenían «en marcha» hasta el final, quizá por sus ocupaciones en la casa que no admitían jubilación. Los tiempos han cambiado y ahora en las sillas de ruedas se ven tanto hombres como mujeres, quizá más mujeres porque los hombres nos morimos antes.

Es necesario que además de los esfuerzos de la OMS o los organismos oficiales, cada cual se conciencie de que para mantener un buen nivel que nos garantice la independencia y el podernos valer para las actividades de la vida diaria, no hay otra manera que cuidarse todos los días sin excepción, hora a hora, ejercitando todo lo posible tanto lo físico como lo intelectual. Un envejecimiento saludable depende de nosotros mismos: para caminar todos los días un rato, leer un libro o hacer un curso MOOC no hace falta mucho dinero sino tan solo voluntad y constancia.

La guía a la que he aludido es un documento muy extenso de doscientas sesenta y seis páginas en papel, del que existe un resumen en treinta y dos páginas que es el que yo he leído. Contiene numerosas indicaciones de los problemas que afectan a los mayores y aporta muchos consejos para que esos últimos años de nuestra existencia sean más placenteros y dichosos. Para abrir un poco boca, a continuación he entresacado algunas frases de la misma que nos pueden hacer pensar un poco.

Por primera vez en la historia, la mayoría de las personas pueden aspirar a vivir hasta entrados los 60 años y más. Esto tiene profundas consecuencias para la salud y para los sistemas de salud, su personal y su presupuesto.

Muchas percepciones y suposiciones comunes acerca de las personas mayores se basan en estereotipos obsoletos. No existe una persona mayor típica.

Datos empíricos demuestran que la pérdida de capacidad generalmente asociada con el envejecimiento solo se relaciona vagamente con la edad cronológica de una persona.

Aunque a la larga la mayoría de las personas mayores experimentarán múltiples problemas de salud, la edad avanzada no implica dependencia.

El envejecimiento saludable es algo más que la ausencia de enfermedad. Para la mayoría de las personas mayores, lo más importante es mantener la capacidad funcional.

Dado que las personas más jóvenes comienzan a contar con vivir más tiempo, también pueden planificar las cosas de manera diferente; por ejemplo, pueden dedicar más tiempo a formar una familia primero e iniciar sus carreras después.

La mala salud no tiene que ser una característica predominante de la edad avanzada.

Las personas con las mayores necesidades de salud en algún momento de sus vidas también pueden ser las que tengan menos recursos para afrontarlas.

La edad avanzada no implica necesariamente dependencia.

Las suposiciones acerca de la dependencia debido a la edad ignoran las numerosas contribuciones que las personas mayores hacen a la economía.

En efecto, sin importar la edad que se tenga, el período de la vida relacionado con los mayores gastos en salud corresponde al último año o los dos últimos años de vida.

El envejecimiento parece haber contribuido solo a alrededor del 2 % del aumento de los gastos en salud, mientras que los cambios relacionados con la tecnología fueron responsables de entre el 38 % y el 65 %.

Los cambios tecnológicos también están acompañando el envejecimiento de la población y crean oportunidades nunca antes disponibles. Por ejemplo, Internet puede permitir una conexión permanente con la familia a pesar de la distancia, o acceder a información para orientar la auto asistencia de una persona mayor o proporcionar apoyo a los cuidadores.

Después de los 60 años, la discapacidad y la muerte sobrevienen en gran parte debido a las pérdidas de audición, visión y movilidad relacionadas con la edad y a las enfermedades no transmisibles, que incluyen las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, las enfermedades respiratorias crónicas, el cáncer y la demencia.

El entorno ofrece una serie de recursos o plantea una serie de obstáculos que, en última instancia, determinarán si una persona con un determinado nivel de capacidad puede hacer las cosas que siente que son importantes. Así, aunque una persona mayor pueda tener capacidad limitada, aún podrá hacer las compras si tiene acceso a medicamentos antiinflamatorios o a un dispositivo de apoyo (como un bastón, una silla de ruedas o un scooter eléctrico), o si vive cerca de un medio de transporte asequible y accesible.

Se define el Envejecimiento Saludable como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez y es un proceso es un proceso que depende de cada persona mayor.

Resulta imprescindible crear servicios que proporcionen atención integrada y centrada en las personas mayores, garantizar su acceso; orientar los sistemas en torno a la capacidad intrínseca y garantizar que se cuente con personal sanitario sostenible y debidamente capacitado.

Crear entornos adaptados a las personas mayores, que les permitan satisfacer las necesidades básicas propias; aprender, crecer y tomar decisiones; tener movilidad; crear y mantener relaciones; y contribuir.

Enfoques prioritarios en las políticas sociales tendentes a combatir la discriminación por motivos de edad; permitir la autonomía y apoyar el Envejecimiento Saludable en todas las políticas y a todos los niveles.


domingo, 14 de febrero de 2016

DESCONEXIÓN



A medida que se van cumpliendo años es obligado ir pensando en la retirada de ciertas actividades que se vienen realizando. Haciendo una simplificación dicotómica, las razones para ello pueden ser físicas o mentales. Hablando en términos físicos, cuando me acercaba a la cuarentena y con gran pesar tuve que decir adiós a mi actividad como jugador de fútbol que tanto placer me ha proporcionado a lo largo de mi vida; una lesión de menisco y dos operaciones en la rodilla aconsejaban no exponerse a problemas mayores y optar por otros deportes alternativos sin tanto peligro de choque o posturas indeseadas. De ahí surgió mi traslado a los maratones que llegué a finalizar en número de siete. Problemas en la otra rodilla del mismo calado me han hecho olvidarme de los maratones pero aún sigo teniendo mi carrerita tranquila y placentera los fines de semana.

En esta otra entrada titulada «RETIRARSE» de enero de 2011 comentaba otra retirada que en principio pudiera tener un trasfondo físico, pero que realidad no lo tiene. Podría seguir esquiando en mis condiciones físicas actuales, pero llegué a la conclusión de que no me compensa todo lo que rodea a este deporte y como se dice en el argot, colgué las botas y los esquís aunque tras un tiempo en el trastero y debido a su antigüedad acabaron en el punto limpio.

En estos momentos procedo a otra retirada. No tiene nada que ver con asuntos físicos y por ello habría que ponerla en el saco de los mentales. No es una retirada definitiva y podríamos asemejarla al corte de coleta que ejecutan los toreros pero que aunque tiene visos de ser definitiva siempre permite una vuelta a los ruedos.

Hace ya casi dos meses, en diciembre de 2015, se celebraron las elecciones generales en España. La fragmentación de diputados electos que se produjo tiene todavía a estas fechas de mediados de febrero de 2016 unos visos de temporalidad que mucho me temo podrían acabar en nuevas elecciones salvo que las numerosas negociaciones que están teniendo lugar lleguen a puerto, si bien me resisto a decir que sea bueno porque parece que los políticos se dedican más a restar que a sumar actitudes poniendo por delante sus intereses de partido a los de los ciudadanos.

Si echamos un vistazo a la imagen que adjunta a esta entrada, podemos ver ciertos datos que analizados con según qué perspectivas parecen curiosos, no digo de risa, pero sí para llorar. Y la culpa de estos resultados no sólo la tiene la tan cacareada Ley D’Hont, que tiene su parte, pero nadie habla de un concepto tremendo y dantesco que son las circunscripciones provinciales. A la hora de votar en el parlamento, el peso del  voto de los 350 diputados es igual, pero por aquello de que haya representantes de cada provincia, el truco de las circunscripciones juega un papel fundamental que desestructura el sistema.

Cada cual que saque sus conclusiones de estos datos, pero yo digo que momentáneamente me desconecto y que no cuenten conmigo para futuras elecciones nacionales. Ya hace tiempo que no voto al Senado, sin comentarios, y desde ahora no lo haré, salvo que cambie la ley, al Congreso. Me lo pensaré en las Autonómicas y seguiré participando en las locales. Y alguien se preguntará por las europeas, a lo que contesto que según me dé el día.

Algunos pensamientos curiosos a resulta de esos datos. Hay más, pero no quiero alargarlo. Queda claro que los votos de los españoles no valen lo mismo y depende de dónde depositen su voto.

  • Se especula siempre con el porcentaje de votos obtenidos sobre los emitidos. A mí me gusta más hacerlo sobre el censo total. Así, al Partido Popular, nos pongamos como nos pongamos, solo le ha votado efectivamente UNO de cada CINCO españoles. Por esta misma razón, al PSOE solo le ha votado TRES CUARTOS DE ESPAÑOL de cada CINCO españoles mientras que C’s llega raspando a MEDIO español de cada CINCO. No seguimos y especialmente omitimos a PODEMOS por el comentario en el siguiente párrafo.
  • PODEMOS ha sabido tomar buena nota del sistema y aprovecharse de él. Al presentarse fragmentariamente, se ha aprovechado de las circunscripciones pues presenta los mismos números que C’s en su formación central pero el número de diputados obtenidos en sus satélites regionales ha sido altamente productivo.
  • IU ha concurrido, ha vuelto a concurrir, a nivel nacional. Como en anteriores elecciones ha alcanzado el desastre: con más de 900.000 votos solo ha obtenido 2 diputados. Sin comparamos esto con por ejemplo, PODEMOS_EN MAREA, resulta que estos han obtenido el triple de diputados, 6, con la mitad de votos y no digamos si lo comparamos con EAJ-PNV que también ha sacado el triple, 6 diputados, con sólo un tercio de los votos de IU. Podemos seguir comparando hasta EH-BILDU que con menos de un cuarto de los votos ha conseguido el mismo número de diputados.
  • No vamos a comentar el tema de los votos «nulos», que pueden haberse producido queriendo o sin querer y que no influyen pero si podemos llamar la atención sobre los «en blanco» que influyen en los contadores y pueden tener su parte de culpa en el millón y cuarto de votos perdidos al ir a parar a partidos que no han llegado al corte, aquí sí por los presupuestos de la Ley D’Hont. Resumiendo, digamos que el voto en blanco favorece a los más votados y castiga a los menos.
  • Aunque en esto hay truco por la fragmentación, si unimos las formaciones de PODEMOS estas alcanzan 5,2 millones de votos por los 5,5 del PSOE, una cantidad parecida, pero no se parecen tanto los 90 diputados obtenidos por el PSOE a los 69 obtenidos por la juntura de PODEMOS.
Según nos dicen esto es democracia, pero a mí me parece que un poco tendenciosa y dirigida. Pero no nos extrañemos, ya era así en la antigua Grecia, la que dicen cuna de esta forma de gobierno, pues ya allí había un par de familias que alternaban en el mando y que se cuidaban muy mucho de cómo atacarse pensando en la alternancia. Eso sí, dejaban algunas migajas para algunos solitarios que dieran validez al asunto. Ahora esto se llama bipartidismo, aunque parece que si no se ha acabado, las últimas elecciones le han dado un toque de aviso y los que llevan 35 años en el machito han visto peligrar sus sillones. Ya lo dije en otra entrada en este blog titulada «MEDROSÍA» en noviembre de 2011.



sábado, 6 de febrero de 2016

PALEOGRAFÍA



Cuando uno menciona esta palabra a algún amigo inquiriendo si conoce su significado, es frecuente que se produzca una rápida asociación del prefijo «paleo» con cosas antiguas, por aquello del paleolítico que a todos nos suena. Luego, pensando un poco, también es conocido el sufijo «grafía» con lo que el significado del término queda rápidamente desvelado: «Ciencia de la escritura y de los signos y documentos antiguos».

En mis visitas a museos siempre me ha llamado la atención la existencia de manuscritos de siglos pasados y en alguna ocasión he intentado leer sus contenidos. Me ha ocurrido varias veces pero recuerdo una en especial en mi visita al Archivo General de Simancas, situado en una fortaleza en este coqueto pueblo vallisoletano. Accediendo como simple visitante, uno se pueda dar cuenta de la ingente cantidad de documentación existente y atisbar la riqueza de la misma hasta quedar abrumado. Supongo que consiguiendo una documentación o carnet que te acredite como investigador y previa solicitud de los permisos correspondientes se podrá acceder a los archivos para su estudio. Un asunto que queda pendiente para el futuro.

La magia de internet permite a simples mortales aficionados como yo acceder a documentos de este tipo. Andaba yo desde hacía años detrás de realizar un curso de paleografía y había comprado algunos libros y manuales sobre el asunto, entre los que destaco el «Manual de paleografía diplomática española de los siglos XII al XVII» un método teórico práctico para aprender a leer estos documentos y cuyo autor es Jesús Muñoz Rivero. Se trata de un libro publicado en 1972 y que hay que buscar en los libreros de viejo como usado y del que hay varios ejemplares disponibles en estos momentos por menos de diez euros en total en una librería de Cleveland, EE.UU. a través de la plataforma Iberlibro. Hay algunos cursos presenciales en Madrid sobre este asunto y algo de documentación en la carrera de Geografía e Historia que puede realizarse a distancia a través de la UNED.

Con todos estos planteamientos, en agosto de 2014 apareció en la plataforma web de Coursera un curso titulado «Deciphering Secrets: Unlocking the Manuscripts of Medieval Spain» que traducido vendría a ser algo así como «Descifrando los secretos de los manuscritos de la España medieval». Se trataba de un curso de doce semanas que se iniciaba con temas históricos acerca de la convivencia en España y en el siglo XV entre cristianos, musulmanes y judíos, para seguir con clases prácticas de paleografía e interpretación de los signos utilizados en aquella época, todo conducente a una traca final de cuatro semanas en las que cerca de diez mil estudiantes de todo el mundo nos esforzamos en traducir todas las páginas de las Actas Capitulares de la catedral de Plasencia. Yo formé equipo con una rusa y un californiano para revisarnos nuestros respectivos trabajos. La idea era que cada estudiante tradujese tres páginas de las veinte que se le ofrecía, pero yo recuerdo haber disfrutado tanto que traduje en cada semana las veinte que tenía disponibles. En todo momento se te decía que era un material privado y que no traicionaras la confianza depositada por el Deán de la catedral al liberar parcialmente esta documentación para la realización del curso. Obtuve el correspondiente certificado, además y perdón por la inmodestia, con distinción al haber realizado todos los test y trabajos recomendados por el curso.

Disfruté enormemente con estos estudios, tanto que recuerdo que fue en verano y alguna de las semanas estaba de vacaciones, con lo que madrugaba para salirme a la terraza de la habitación del apartamento a realizar mis traducciones paleográficas y no molestar a la familia que estaba durmiendo. Es de suponer que habrá nuevas ediciones de este curso, totalmente recomendable y que situaría entre los tres mejores que he realizado en los dos últimos años y que ya se acercan a la cincuentena.

Para guinda de este pastel, el profesor director de este curso, de nombre Roger Louis Martínez-Dávila, que pudiera parecer español por los apellidos pero no lo es, ha obtenido una beca y se encuentra en España durante los próximos tres años encuadrado en el Área de Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid para intentar desarrollar nuevos cursos similares a este que hemos comentado. Lo está intentando en la Catedral de Burgos pero como se suele decir, con la Iglesia hemos topado, pues está encontrando numerosas trabas para la realización de su labor. Esperemos que en los otros frentes abiertos, en Toledo y Granada por ejemplo, tenga más éxito y sus propuestas sean acogidas con cariño lo que derivará en que numerosas personas de todo el mundo podamos disfrutar de estas maravillas que guardadas en cajones no sirven para nada.

Su presencia aquí motivó un entrañable acto que tuvo lugar el pasado lunes uno de febrero de dos mil dieciséis en las instalaciones de Madrid del C.S.I.C. Centro Superior de Investigaciones Científicas, en la que durante un par de horas una quincena de los estudiantes que realizamos el curso hace dos años pudimos interaccionar en vivo y en directo con el profesor para intercambiar impresiones y hacernos partícipes de sus nuevos proyectos. Una acto como digo muy cordial y emotivo del que queda la fotografía que figura al pie de esta entrada. 
...