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viernes, 7 de septiembre de 2012

COLAS



Palabrita corta esta que nos sirve hoy de título, pero que encierra numerosas acepciones, al menos en el diccionario oficial. Hay que bajar hasta la número 10 para encontrar el significado a colación, que es “Hilera de personas que esperan vez.”. La verdad es que han sido un poco parcos, porque lo de “esperan vez” se queda un poco en el aire, especialmente si el que se acerca al diccionario a resolver sus dudas no es de habla nativa en castellano. Si tiene la paciencia de seguir leyendo, una de las adicciones en forma de ejemplo de palabra compuesta reza “hacer cola” explicando que “Esperar vez, formando hilera con muchas personas, para poder entrar en una parte o acercarse a un lugar con algún objeto”.

Aclarado el significado de la palabra que queremos tratar hoy, por si no estaba claro, diremos que las personas tendemos a tener la memoria bastante alterada y recordamos lo más cercano como si hubiera sido lo más de lo más, en toda la vida. Un ejemplo. Este verano ha sido tremendamente caluroso y tenemos todos casi la certeza de que ha sido el más caluroso de la vida. Y lo que pasa es que lo tenemos reciente y no nos acordamos de otros. Pero para eso están las estadísticas, esas que ahora ya se conservan fehacientemente desde hace años en los discos duros de los ordenadores y a las que podemos acceder cómodamente a través de internet.

Esto de la pérdida de neuronas es lo que me debe de pasar, pues no recuerdo una época como la de esta semana de “colas” por diferentes motivos que ahora detallaré. Mi recuerdo de “cola” enorme se remonta a principio de los años ochenta, cuando visité Moscú. Aquello di que eran colas, filas de moscovitas con algún turista despistado para comprar casi cualquier cosa. Pero en España, puesto a recordar alguna de gran magnitud, me remonto a mi adolescencia y aquello que los más mayores recordarán del P.I.O., el “Principio de Igualdad de Oportunidades”, más conocido por las “Becas” que los estudiantes con familias de pocos posibles teníamos que solicitar año tras año, amén de hincar los codos, aprobar todo y con nota, para poder seguir estudiando. Aquello sí que eran colas, en los patios de un edificio oficial que soy incapaz de recordar donde se hallaba.

Pero los tiempos han progresado y todos los organismos públicos y privados alardean que facilitan hacer las cosas “por internet”. Y es verdad que muchas se hacen y ya de forma automática, sin darnos cuenta. Tratemos de comparar las actuaciones que realizamos ahora con nuestros bancos, sin pisar sus oficinas prácticamente, con las que hacíamos años atrás, yendo a la ventanilla para cualquier cosa.

Como digo, esta semana ha sido una sesión de colas de lo más divertido. Y voy a empezar a contarlas por el revés, por la cola que debería de existir y no existió. Me tocaba cumplir con mi auto-imposición de donar sangre trimestralmente y me dirigí a un hospital cercano donde disponen de centro de donantes. Lo bueno hubiera sido que la cola fuera de consideración, pues la sangre es muy necesaria, pero por no haber no había nadie, ni siquiera el personal que atiende el departamento. Nadie, estarían desayunando o haciendo alguna gestión, oficial o personal. Estuve veinticinco minutos “a la no-cola”, tras los cuales me marché, habiendo esperado una cola que no existió y sin poder cumplir mi objetivo. Vivir para ver.

Pero las otras colas han sido de consideración. Se puede pedir cita médica a tu doctor de cabecera por internet pero…. No se puede pedir cita para hacerte un análisis de sangre. Hay que pasar por la ventanilla del centro de salud. Y en estas fechas, con las movidas de los co-pagos de medicamentos, algún sesudo político ha ideado un complejo sistema por el cual, al parecer, los ancianos se tienen que hacer con una segunda tarjeta sanitaria que presentar en las farmacias para que los pagos sean menores. La cola de ancianos en el centro de salud el otro día era enorme y además poco fluida, no hace falta que cuente porqué. A esperar. Menos mal que acudo siempre provisto de mi libro electrónico para aprovechar el tiempo.

La siguiente ha sido en las dependencias municipales. El ayuntamiento subvenciona a los alumnos empadronados de primaria con la cantidad de cuarenta euros para ayuda de la “cuesta de septiembre” de la que hablaremos en una próxima entrada. Tiene todos los datos como contribuyente, tiene tus cuentas bancarias donde puntualmente te cobra año tras año los recibos, lo tiene todo, pero… otro sesudo político, con criterios que no alcanzo a comprender, te obliga a ir en persona, un día concreto, un único día, en función del apellido, a las dependencias municipales, teniendo que presentar el DNI y el libro de familia para su cotejo y que te entreguen cuatro talones ya impresos. No sé si alguien se ha parado a pensar lo que cuestan las horas de los que hacemos cola, la de los funcionarios que atienden, el papel de los talones y su manipulado, etc. etc. Existen las transferencias, señores.

Ha habido más colas, pero no quiero entrar en detalles para no cansar. De una de ellas, la de comprar los libros en el colegio, me libré gracias a un amigo, gracias Fran, que estando el a su vez en la no-cola me llamó por teléfono y me dijo que me fuera para allá, que no había nadie. Pero cuando salía se estaba ya formando una que para qué. Y es que habían abierto una hora antes de la señalada y dio la casualidad de que esta amigo se había ido allí para estar de los primeros.

Más colas en el polideportivo, en la casa de cultura. Septiembre con niños, mes de las colas. Viva la informática y la “internés”.

jueves, 30 de agosto de 2012

DESCARGAS



Si uno se aventura a buscar en el diccionario oficial esta palabra encontrará a buen seguro una serie de definiciones entre las que no se encuentra la que últimamente tiene. Siendo una traducción más o menos libre de la inglesa “download”, se utiliza para referirse a las piezas digitales que a través de internet alojamos en los discos duros de nuestros ordenadores.

Aunque la connotación por defecto que lleva asociada es el adjetivo “ilegal”, no todas las descargas de ficheros que se utilizan en la red son ilegales. Yo me descargo las facturas de mis proveedores o los movimientos del banco, amén de otros ficheros igualmente legales como pueden ser libros, discos, fotografías o películas que han sido puestos en libre circulación por sus autores en la red. Solo algunos ejemplos para aseverar esto. Un estupendo libro de Linde Waidhofer con increíbles fotografías de la Patagonia puede descargarse legalmente en varios idiomas desde este enlace o este otro libro reciente, de un tema candente que me toca las narices, titulado “EL OCASO DE LAS AUTONOMÍAS. El libro que ningún partido político quisiera ver publicado” de Joaquín Javaloys que puede descargarse libremente en pdf desde este enlace aunque también está a la venta con coste en papel, una fórmula ya utilizada por Enrique Dans con su libro “Todo va a cambiar” obtenible desde aquí. Y así numerosas y bellas piezas electrónicas están a nuestra disposición, como por ejemplo este cuidado documental titulado “El mal del cerebro” que puede verse o descargarse libremente aquí.

Hay numerosísimos ejemplos de descargas legales y de hecho es un medio utilizado por empresas y particulares para mudar las cosas de un lugar a otro, de forma cómoda, moderna y rápida. Pero el quid de la cuestión son, cada vez más, las “otras” descargas. Si, esas, las “ilegales”, las descargas en las que los mal llamados “piratas” obtienen piezas protegidas por derechos de autor.

La cosa se mueve. No hace mucho asistimos al golpe dado a Megaupload, comentado en la entrada de este blog titulada “CONVULSION” y hacíamos comentarios acerca de estos mismos aspectos en “REARME”. Lo que parece claro es que la cultura del “todo gratis” no puede seguir así. Pero las enormes posibilidades de la red hacen posibles multitud de orificios de difícil taponado por los que hacer fluir la información digitalizada entre unos y otros.

Leyes hay y habrá cada vez más en todos los países, con grandes dificultades en su aplicación. Ya se sabe aquello de que un preso dispone de 24 horas al día para diseñar como escaparse de la cárcel, tiempo del que no disponen sus guardianes ni los que diseñan las prisiones. A orificio tapado, nuevo agujero abierto. A Megaupload cerrado, resurgimiento del P2P con viveza. Y que siga fluyendo la información.

Otra forma de atacar el problema es el miedo. Aparecía esta semana la noticia de una cuantiosa multa de más de medio millón de euros, o serán dólares, impuesta a un internauta en EE.UU. por descargar canciones protegidas por derechos de autor (aquí el enlace que no sé por cuanto tiempo estará disponible). Y esta misma semana unos parientes me referían lo ocurrido a ellos mismos en Alemania. El hijo de estos parientes vive en Madrid y se desplazó a Alemania a pasar unos días con la familia. Estando allí, utilizó la conexión inalámbrica, con clave facilitada por sus padres, para seguir conectado a internet igual que lo hace en su casa española. Pero se bajó, descargó o “downloadeó” un disco musical. A los dos o tres días se hizo con un par de películas. El chico estaba con la mentalidad española operando en un hogar alemán. Al cabo de un tiempo, un bufete de abogados se puso en contacto con la familia, titular de la línea ADSL, para comunicarles sendas multas de 850 euros por el disco y 1400 euros por cada película, con un 25% de descuento por pronto pago, de acuerdo y sin armar ruido. Y con la información precisa de fecha, hora y contenido descargado, obtenido supongo del proveedor de ADSL o de algún tipo de fisgoneo en la red.

Un bufete de abogados no tiene capacidad legal de imponer una multa. Pero si tiene la capacidad de denunciar el incumplimiento de una ley, que existe, y promover un juicio que con toda seguridad ganará, costando un pico al demandado por el tema de las costas y demás. Así que, mi pariente se rascó el bolsillo, no sé si se lo cobró a su hijo, y encima seguro que no escuchó las canciones ni vio las películas.

Bien es verdad que muchas de las descargas, legales o ilegales, sirven para alimentar nuestro mayor o menor síndrome de Diógenes, ese de acumular y acumular cosas que nunca vamos a utilizar y que al poco tiempo hasta olvidamos que las tenemos. Conocí antaño compañeros de mi oficina que acumulaban CD’s musicales o películas hasta la extenuación. CD’s que nunca han escuchado ni escucharán y pelñiculas que nunca han visto ni verán. Pero ahí las tienen, en su poder, por si acaso. Bien es verdad que en este tema de las películas, muchas de las antiguas y clásicas solo es posible obtenerlas en la red, ya que no se encuentran de forma comercial.

Me viene a la mente ese dicho de que cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

sábado, 18 de agosto de 2012

MEDIOCRIDAD


Con mucha frecuencia circulan por la red a base de correos electrónicos determinados textos atribuidos a determinados autores, por lo general de renombre en el panorama nacional. Que yo recuerde ha pasado con Arturo Pérez Reverte, con Alfonso Ussía y con muchos otros. Es muy sencillo coger algo de la red, cambiar la autoría y airearlo a los cuatro vientos por medio del correo o de las redes sociales. Los textos en sí serán buenos o malos en función de quién los lea y de su coincidencia o no con la opinión personal sobre la materia. El hecho de atribuírselos a un determinado personaje no solo les da relevancia sino que carga las tintas en determinados aspectos, amén de darles una fama que posiblemente de otra forma no tendrían.

Me llega un texto atribuido al genial humorista Forges, de sobra conocido por todos por su larga trayectoria en el mundo de las viñetas . Y es que las personas que destacan en una determinada faceta no tienen por qué ser nulas en otras, en las que por lo general se suelen defender bien. El texto se titula “El triunfo de los mediocres” y es una reflexión acerca de lo que supone esta característica, como se llega a ella y la propone como una explicación de las causas que nos han llevado a la situación actual, no solo en materia económica sino en otras muchas materias.

La nota aparece fechada al principio el doce de mayo del presente. Indagando un poco en la red, me encuentro con este texto publicado en un blog con fecha anterior: veintiocho de febrero. Sensiblemente anterior. El blog es de David Jiménez y contiene este mismo texto en esta entrada. Ahora nos quedamos con la duda de quién es el verdadero autor, pero eso me resulta indiferente porque lo que yo quiero resaltar aquí es el texto en sí, su contenido, su reflexión profunda sobre la mediocridad y los mediocres.

Desde hace años venimos oyendo en muchos ámbitos de la vida eso de que “todo vale”. En el laboral se huye de los especialistas en pro de los generalistas, los que saben hacer de todo pero que nuca podrán hacerlo tan bien como alguien que se dedique específicamente a ello. En la calle, en casa, en los medios… todo vale, todo sirve. Y vamos cayendo poco a poco en esa mediocridad que nos pone ante nuestros ojos este texto que reproduzco a continuación. Y es que ser mediocre es un estado que se consigue a base de años de ir dejando pasar las cosas y conformarse, en hacer del “todo vale” una filosofía de vida. Así nos luce el pelo.

¿ De qué país estará hablando?

EL TRIUNFO DE LOS MEDIOCRES

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.

Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general.

Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.

Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros.

Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.

Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.

Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.

Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.

Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.

Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.

Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

martes, 14 de agosto de 2012

RECAMBIOS


Varias cosas me impresionaron cuando tuve la oportunidad hace más de una década de conocer La Habana, capital de un país que lleva muchísimos años en una situación peculiar. Por muchas razones, entre ellas su forma de gobierno, se ve aislada en un bloqueo económico que lleva a sus habitantes a situaciones que superan a base de ingenio y …paciencia. Una de las cosas que más llaman la atención es la gran cantidad de coches que circulan por sus calles con más años que el propio Matusalén. No es que esos vehículos lleguen a la edad que supuestamente tuvo este personaje, pero si contaban en aquella época de mi visita con alrededor de cuarenta años. Y había unos cuantos. Y estoy por asegurar, más de diez años después, que muchos de ellos siguen en activo.

Eran grandes coches americanos de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Lo sorprendente es que siguieran funcionando con esos años y con la previsible falta de piezas y repuestos para mantenerlos en marcha, no solo por el bloqueo comercial sino por que seguramente estarían fuera de la circulación y el fabricante no querría saber nada de ellos. Con motivo de un desplazamiento por la isla, en que contratamos de forma particular a un médico que por las tardes se dedicaba a hacer de taxista pirata para los turistas, pudimos conocer de primera mano la causa, sorprendente, de que los coches, no solo los grandes modelos americanos sino muchos otros, siguieran funcionando. El que nos sirvió de taxi era un Seat o Fiat parecido al 124 que debía de andar cerca de la treintena de años.

Según nos contó nuestro improvisado conductor, los cubanos se las ingeniaban para “fabricar” sus propias piezas. Desde una chapa de un refresco hasta una lata de sardinas eran materias primas para elaborar piezas a medida que posibilitaran que los coches siguieran andando. Al parecer el combustible no era problema, aunque todo es un problema en la isla, por el suministro ruso, dado que este país, lógicamente, no secundaba el bloqueo por razones de todos conocidas.

Así pues, cualquiera que pudiera hacerse con un coche tenía no solo que hacer trabajillos extras de estraperlo para mantenerlo andando en unas condiciones medianamente soportables, sino también aguzar el ingenio y aprender a ser no solo mecánico sino fabricante improvisado de piezas.

Mi primer coche, allá por los comienzos de los años setenta, fue un Seat 127. Me entretuve muchas horas con él haciendo de mecánico improvisado, instalando accesorios y haciendo mantenimientos básicos como cambio de bujías o de aceite, instalación de accesorios o cosas por el estilo. Pasé buenos ratos estudiando su circuito eléctrico y haciendo cosas como poner luces en los ceniceros –se fumaba en los coches y mucho- o en el maletero. Hoy en día todas esas cosas vienen de fábrica y además es bastante complicado ponerse a hacer bricolaje con un coche, no solo por los conocimientos sino porque en muchos casos son necesarias herramientas especiales e incluso ordenadores para poder leer los parámetros de muchos de los componentes, gobernados de forma electrónica. Por poner un ejemplo, muchos de los tornillos tienen una cabeza especial para la que hace falta un destornillador especial.

La llave que se puede ver en la fotografía es el mando a distancia de apertura de mi coche que se acerca a cumplir los ocho años. Está en un estado lamentable que se va deteriorando más y más con el paso del tiempo. Pero por cabezonería personal me niego a cambiarlo. Las zonas donde se presiona para abrir o cerrar el coche son botones de goma que con el paso del tiempo y del uso han quedado para el arrastre. No me quejo de ello, ya que todas las cosas tienen su desgaste. Quizá desde aquí recomendar a quienes tengan un mando de este tipo que presione con cuidado y con la yema de los dedos cada vez que lo utilicen. El hacerlo con las uñas implica un desgaste superior y su rotura en un menor número de usos.

Y es que como se pueden suponer el repuesto en cuestión no es precisamente barato. Según me informaron en la casa, hay que cambiar todo el mando, no solo la carcasa con las gomas nuevas, lo que implica una reprogramación del sistema y patatín patatán. Resumiendo, cerca de doscientos euros del ala. Han leído bien: doscientos. Como será la cosa que han aparecido numerosos fabricantes de piezas clónicas de diversos precios que sirven para salir del paso de forma airosa por mucho menos dinero de esa cantidad exorbitada o que al menos a mí me lo parece.

Cada vez es más frecuente en los aparatos que para cambiar una pieza que se ha desgastado sea necesario cambiar medio aparato. Fundamentalmente por que no es posible encontrar suelta la pieza que necesitamos.

Yo por el momento me las apaño utilizando la punta del bolígrafo que siempre me acompaña para abrir el coche y presionando el trocito de cuero que se sujeta con el papel cello para cerrarlo. Llegará el día que para cerrarlo tenga que utilizar también la punta del bolígrafo, pero lo haré en aras de mantener mi cabezonería y no claudicar ante el tremendo expolio que supone el que tenga que pagar un dineral por una gomita que no vale un real y que, con el tiempo, lógicamente, se ha deteriorado.

Añadido en Sep-2013 Esta historia tiene continuación, y final feliz, en la entrada RECAMBIOS-2.

martes, 7 de agosto de 2012

URDON


Hace ya muchos años, diecinueve para ser exactos, vi encima de la mesa de un compañero de oficina una postal que me llamó poderosamente la atención. Con el tiempo la compré a mi vez pero en estos momentos no sé donde la tengo. Representaba un camino que subía en zig-zag por la ladera de una montaña. Cuando le pregunté por la zona me contó que se trataba de la ruta conocida como la “Garganta de Urdón” que salvaba un gran desnivel para enlazar el desfiladero de La Hermida con el montañoso y escarpado pueblo de Tresviso, en el corazón del parque nacional de los Picos de Europa.

Desde aquel mismo instante pensé en realizar la ruta algún día. El tiempo ha ido pasando y por unas razones u otras nunca llegaba el momento. A medida que van cayendo años a las espaldas, acciones como esta que requieren de un cierto esfuerzo físico van siendo más difíciles de superar y no estaba dispuesto a que esta quedara en el apartado de los sueños no realizados.

Ayer, un lunes de agosto, fue el día elegido. Se anunciaba un tiempo fresquito, de 12 grados a las ocho de la mañana, nublado y con pocas posibilidades de lluvia hasta bien entrada la tarde. El comienzo de la ruta está situado, como ya hemos comentado, en el desfiladero de la Hermida, esa hermosa carretera que juega con el río Deva entre las localidades de Panes y Potes. Uno de los grandes problemas de la realización de esta ruta es el del aparcamiento. Hay muy pocas plazas disponibles y se suelen ocupar a muy temprana hora, por lo que era necesario el madrugón, y además sin ninguna garantía de que al llegar hubiera sitio. Accedíamos mi mujer y yo a los alrededores de la pequeña central hidroeléctrica de Urdón a eso de las siete y media de la mañana, encontrando plaza para dejar nuestro coche debidamente aparcado y prepararnos con tranquilidad para la ruta. Una opción posible es utilizar un familiar o amigo, o contactar con algún taxi, que te acerque por la mañana y a golpe de llamada te recoja por la tarde en el mismo sitio o mejor en Tresviso, el final de la ruta, para evitarte la bajada.

A las 07:57 iniciábamos la marcha en una cota de 92 mts. sobre el nivel del mar. Una ruta preciosa y tranquila en sus primeros momentos, en la zona conocida como “Entrelospuentes”, al existir tres de ellos que permiten a la ruta coquetear con el río. Pronto llegan las hostilidades al entrar en la zona conocida como “La Bargona”, un serpenteante camino de pendiente notable encajonado entre las montañas para llegar a la cota de los 400 mts. Las grandes pendientes y la existencia de mucha piedra suelta hacen necesario un calzado adecuado en forma de botas de montaña que mantengan el pie sujeto y los tobillos asegurados, además de tener que mirar con mucho cuidado donde se pisa para evitar resbalones y tropezones que pudieran resultar peligrosos. Superada esta zona se sale a una zona abierta conocida como “El Balcón de Pilatos”, la más famosa en las fotografías, donde el camino alcanza 650 mts de altitud y permite disfrutar de unas vistas preciosas que ensanchan el espíritu, eso sí, con cuidado pues el firme sigue siendo muy irregular y hay que mirar donde se pisa. Superado este tramo, nos adentramos por unos cientos de metros en una zona ya más llana y verde que nos lleva a los “Invernales de Prías”, unas casas semiderruidas en las que disponemos de una fuente y que son la base para el último repecho hasta alcanzar el pueblo de Tresviso, cuya base está situada en una cota de 877 metros. Nuestro GPS indicaba que habíamos salvado un desnivel de 785 metros en una distancia de 7,433 km en dos horas y nueve minutos de marcha real más un tiempo añadido de 42 minutos de descansos y paradas para recuperar el resuello, beber algo de agua y reponer fuerzas a base de frutos secos. Sin embargo, los datos oficiales de la ruta hablan de una distancia de 5,800 km, por lo que desconozco a que será debida la diferencia.

La experiencia de la subida fue dura pero positiva por aquello del sueño cumplido. Vagueamos un rato por las empinadas calles de Tresviso y sus casas de piedra preparadas para resistir los rigores del invierno hasta la hora de la comida en que se acercaron nuestros dos hijos a comer con nosotros en el único bar-restaurante de la localidad, lleno hasta los topes y en que tuvimos mesa por ser de los primeros en llegar por la mañana y poder reservar. Ya dice el refrán que “al que madruga Dios le ayuda”. Mis hijos llegaron en coche a través de una tremenda vuelta que hay que dar llegando desde Panes hasta Arenas de Cabrales y ahí tomando el desvío a Presa Poncebos para continuar a Sotres y Tresviso por una serpenteante carretera que cruza el corazón de los Picos de Europa y cuyo estado de conservación depende de la comunidad que vele por ella. Como en los viejos tiempos se notaba el cambio de provincia en las carreteras, aquí se nota el cambio de comunidad autónoma.

Tras la comida se imponía el regreso, en el que nos acompañó mi hija Irene. No es lo mismo subir que bajar, decía. Pero tengo que decir que para mí el descenso fue poco más o menos que horroroso, mucho peor que el ascenso. El hecho de que haya tantos cantos sueltos y las fuertes pendientes obligan a tener mucho cuidado para evitar resbalones y pasos en falso que pueden resultar peligrosos y dependiendo de los sitios, fatales por los precipicios al lado del camino. Las rodillas sufren mucho más que en la subida.

Un sueño cumplido que deriva en una satisfacción personal unida a los dolores por el esfuerzo, que en este caso son recibidos de forma agradable y que serán olvidados en un par de días.





martes, 31 de julio de 2012

RADIO




La televisión llegó a la casa familiar cuando yo contaba catorce años. Hasta entonces, la reina del comedor, que no había llegado todavía a la categoría de salón, era una radio de las de válvulas, de color negro, que presidía la estancia desde una repisa en alto para que no llegáramos los niños a manipularla. Es la que está resaltada en la fotografía que acompaña a este texto. Mi madre y mi abuela, que trabajaban y muy duro cuidando de la familia, solían tenerla encendida en muchos momentos del día, especialmente por las tardes, tras la comida, horas que dedicaban a su costura y mientras sonaban aquellas novelas que fácilmente alcanzaban mil capítulos. En mi recuerdo rescato programas como “Matilde Conesa, Perico y Periquín”, “Los porretas” y “Ustedes son formidables”, que tantas y tantas veces oíamos en familia, así como las “reprimendas futboleras” que escuchaba mi padre los domingos por la tarde.

Con posterioridad, la radio ha sido compañera a lo largo de mi vida durante muchas horas y momentos. Y es que la radio tiene una virtud a mi juicio fundamental: te permite estar haciendo otras cosas mientras escuchas, cosa que no admite la televisión. Acompañado de las ondas, han sido muchas las horas haciendo bricolaje, revelando fotografía en el cuarto oscuro, paseando o desplazándome en coche. Siempre he usado el transporte público pero en los últimos años un cambio de lugar de trabajo lo hizo imposible, con lo que tuve que sumar dos horas diarias de desplazamiento enganchado a la radio, pues no soy amigo de música enlatada en el coche. Y poco a poco me quedé cómodamente instalado en una única emisora: Radio Nacional de España, no solo porque no tenía anuncios comerciales, sino por la calidad de sus programas. Por la mañana “En días como hoy” bajo la batuta de Juan Ramón Lucas y por la tarde “Clásicos Populares”, sustituido con posterioridad por “Ciudadano García” y sobre todo “Asuntos propios” con Toni Garrido. Excelentes programas de entretenimiento e información que escuchaba los ratos que podía.

Con motivo de una “Semana de la Ciencia” celebrada hace años, tuve la oportunidad de asistir en directo en los estudios de Prado del Rey a una edición completa de “Asuntos propios”. El conocer de primera mano como era por dentro me hizo apreciarlo todavía más. Toni Garrido estuvo en todo momento pendiente de y atento con nosotros, dándonos paso en directo en el propio programa y con una naturalidad pasmosa con sus ayudantes e invitados, como el que se está friendo unos huevos fritos o leyendo el periódico.

Por desgracia, la política se mete en todo. Y aprovechando las vacaciones, en una “agostía alevosa” adelantada a julio, la nueva cabeza pensante de RNE, nombrada por el nuevo desgobierno que padecemos, nos ha suprimido a estos dos excelentes comunicadores y alguno más de paso. Tras el verano veremos como se comportan los sustitutos pero durante mucho tiempo permanecerán los antiguos en el recuerdo. Tampoco es de extrañar que estos sesudos dirigentes que han entrado como elefante en cacharrería vuelvan a rescatar los anuncios comerciales con lo cual nos daremos cuenta de que hemos vuelto unos cuantos años atrás y nos habremos instalado de nuevo en la mediocridad que nos invade. Otro día hablaremos de ello, de la mano de un artículo del genial Forges, que no solo sabe dibujar.

La semana pasada he leído en un diario nacional, en la sección de cartas al director la misiva que reproduzco a continuación. Clara y concisa, para los que quieran entender.

¡Me han robado la radio!
Miguel Maldonado Cuesta. Getxo.Vizcaya.

Hace ya mucho tiempo que otros vándalos me convencieron, a base de aumentar los porcentajes de publicidad y degradar los contenidos, de que la televisión era un logro fallido de la mente humana. Me había refugiado en la palabra y, ahí, logré distribuir mi tiempo pendiente de tres voces amenas, plurales y profesionales que, amén de no machacarme con publicidad, me ofrecía Radio Nacional.

Por la mañana, por la tarde o en las mañanas del fin de semana, Juan Ramón Lucas, Toni Garrido y Pepa Fernández llevaban con plena eficacia las labores de informarme, entretenerme y culturizarme. Nunca les oí una palabra fuera de tono, con ningún invitado y, en todos los años que vengo oyéndoles, siempre me reservaron a mí y a la audiencia en general sacar nuestra propia opinión.

Jamás rehuyeron, como buenos periodistas, ningún tema de los que conformaban la actualidad. En los tiempos que corren, esos temas se nutren sobre todo de hechos como atropellos a desfavorecidos, incumplimientos de promesas electorales o fraudes “bankiales”; pero, para un buen periodista, la actualidad manda.

A mi no me engañan. Mariano, ¡has sido tú el que me ha robado la radio!

lunes, 23 de julio de 2012

CONECTIVIDAD


Aunque queramos nosotros mismos pensar lo contrario, estamos desarrollando de forma progresiva una dependencia de lo que se ha dado en llamar “vivir conectados”. Con la generalización de los dispositivos móviles, que lo que menos son ahora es teléfonos, disponemos en la palma de nuestra mano de internet y todas sus “consecuencias”: correo electrónico, redes sociales, mensajería instantánea, acceso a la web y otras cosas que son también interesantes como navegador terrestre para andar, correr o ir en coche, multitud de juegos, acceso al diccionario de la lengua y un montón de aplicaciones que nunca acabaríamos de enumerar pues crecen exponencialmente día a día.

Pero para que todo esto tenga lugar y pueda ser posible, necesitamos una cosa fundamental: conectividad en nuestro dispositivo. Acostumbrados a tener en casa y en muchos lugares públicos o privados redes locales o WIFI para alimentar la necesidad de conectividad de nuestros “achiperres” , cuando salimos de nuestros entornos habituales entramos en un “sin vivir” si no sabemos si dispondremos de “alimento” para nuestras conexiones. Es frecuente en casi todos los establecimientos públicos como hoteles encontrar redes “wifi” cuya clave nos facilitan, e incluso he encontrado ya en algún restaurante donde la clave está añadida en un papelito a la carta, como aquellos que normalmente se utilizan para las recomendaciones del día, esas que suelen venir sin precio y que nos deparan sorpresas a la hora de la cuenta.

El hecho de pasar las vacaciones de verano recurrentemente en un mismo lugar nos puede hacer anticiparnos a nuestros posibles problemas de conexión. Así me ha ocurrido y en vista de las vicisitudes del año anterior he decidido anticiparme y acudir provisto del correspondiente MODEM-USB con su tarjeta SIM para pasar unos días sin sobresaltos. Ya había preguntado a vecinos de la zona que tipo de conexión sin cables usaban y todos ellos me habían contestado que la de la grande, ya saben, “timofónica”. Como ya habrán podido deducir los lectores asiduos de este blog, de esa empresa no quiero nada, ni siquiera regalado. Pero las circunstancias obligaban y he tenido que claudicar, bien sea de forma temporal, durante las vacaciones. Pero no me ha servido de nada.

Las percepciones de las personas van en función de su conocimiento de las cosas y en esto de las últimas tecnologías, salvo excepciones, el vulgo suele tener poco interés. Los vecinos no me informaron de que sus conexiones eran de tipo “GRPS” (*), el más lento que existe equivalente a los primeros módems de línea telefónica con los que trabajábamos hace veinte años. Un horror. Para mandar o recibir un correo electrónico con poco texto, vale, pero como tengas un amigo pesado que te manda media docena de correos diarios acompañados de presentaciones con fotos y música, acabáramos, horas para recibir los envíos. Y si quieres acceder a páginas modernas, esas plagadas de contenidos multimedia que se creen que todos los que se asoman a verlas disponen de una conexión de alta velocidad, te pueden entrar los siete males.

Encontrarse con dificultades y hacer todo lo posible por solventarlas es la mejor manera de aprender. Consultas al gran “google”, un poco de lata a los amigos -gracias Juanlu-, y algo de tesón y cabezonería, me han llevado a encontrar una muy buena conectividad de mi modem-usb, sacándolo al exterior con un prolongador, en una ventana concreta del piso de arriba. Pero curiosamente no con la grande cuyo nombre no voy a repetir, sino con una de las chiquititas, cuyo sombre si voy a mencionar: SIMYO. Solo en esa y en ninguna otra ubicación obtengo conectividad “HSDPA”(*), la mejor posible por ahora. Y va como un tiro, así se puede trabajar.

¿Y la antena que se ve en la fotografía en el alfeizar de una ventana? Pues es para “chuparle la wifi” al vecino o vecinos que se dejen. No todas las redes que nos llenan el aire de ondas están protegidas y algunas de las que están protegidas no lo están demasiado bien, vamos, que se puede averiguar la clave con un poco de ojeo, “sniffando”o esnifando que se dice en el lenguaje informático coloquial. ¿Que cómo se hace esto? Pues, preguntando a Mr. Google, trasteando un poco, mucha paciencia, y echando algunas horas a la investigación. Pero tengo que reconocer que tengo suerte y una de las redes que entran por mi antena es la “wifi” de mis cuñados, -muchas gracias a ellos por compartir su clave-, que cuando no está caída es una delicia.


GPRS - General Packet Radio Service. Permite como mucho 80 Kbps, o sea 0,08 “Megas” de velocidad. Similar a un viejo modem telefónico de los que ya no se usan.


EDGE o EGPRS - Enhanced Data rates for GSM of Evolution Tasas de Datos Mejoradas para la evolución de GSM, es decir, el anterior mejorado, permite hasta un máximo de conexión de 236 Kbps, es decir 0,236 “Megas”.


3G o UMTS, - Universal Mobile Telecommunications System- la tercera generación de sistemas para móviles (3G). Permite velocidades de conexión de hasta 2 Mbps (2 megas en el lenguaje coloquial) pero esto sólo en condiciones óptimas, claro.


HSDPA - High Speed Downlink Packet Access- es la optimización de la tecnología espectral UMTS/WCDMA, pudiendo alcanzar velocidades de bajada de hasta 14 Mbps en teoría en condiciones óptimas. Tal vez este sea el límite actual que nos ofrece el sistema de internet móvil.



sábado, 14 de julio de 2012

CIUDADES



No soy lector de esa revista con título amable y sugerente, ¡HOLA! salvo en contadas ocasiones en que la hojeo en consultas de médicos y dentistas para echar un vistazo a la sociedad alta, la que aparece en ese tipo de revistas. Pero desde hace varios años por estas fechas, al comienzo del verano, la revista publica un especial de vacaciones en la que se pueden obtener pistas verdaderamente interesantes sobre muchos puntos de nuestra geografía nacional que merecen la pena ser visitados. En la edición de este año venía adjunta una revista adicional titulada “Escapadas por Europa” con indicaciones para visitas rápidas a veinte ciudades europeas, las de más renombre.

De una de las indicaciones españolas he tomado buena nota para darme una escapadita dentro de unos fines de semana por una comarca de la alargada y muy desconocida provincia de Burgos, aunque como era de esperar, los alojamientos recomendados en la revista estaban plenos de ocupación. No debo ser el único que la compre, la lea y trate de poner en práctica sus recomendaciones. Pero no es de nuestro turismo interior de lo que quiero tratar en esta entrada, sino del exterior.

Mi primera salida allende de nuestras fronteras ocurrió tras el verano de mil novecientos ochenta y tuvo como destino un hermoso y desconocido país como Bulgaria, con extensiones a las ciudades de Bucarest, Moscú y Estambul. Para bautizo no estaba nada mal pero fue un verdadero problema, ya que me picó el gusanillo de conocer mundo y desarrollar mi faceta de viajero. Cualquier momento era bueno para escaparse y conocer más lugares, en puentes, vacaciones e incluso ratos libres. En diciembre de ese mismo año conocí Londres y los años siguientes me lancé a la conquista de Europa. Tu propio coche, la tienda de camping, latas de sardinas debajo de los asientos y macarrones en la rueda de repuesto, fueron un buen sistema de hacer kilómetros y kilómetros por las carreteras europeas, conociendo ciudades maravillosas, lugares fantásticos y gente entrañable. A pesar de haber transcurrido tanto tiempo recuerdo con total nitidez multitud de lugares, nombres y anécdotas ocurridos en aquellos años de viajar intenso y disfrute insuperable.

En la revista y en la imagen que acompaña a esta entrada aparecen referencias a veinte ciudades europeas. Conozco todas ellas menos una, habiendo estado en algunas más de una vez. Todas tienen sus encantos y merecen la pena pero si me tengo que decantar por una de ellas, no tengo ninguna duda en la elección: San Petersburgo. Cuando yo la visité no se llamaba así, sino Leningrado. Era diciembre de mil novecientos ochenta y tres, en plenas navidades. La temperatura en la calle era de veinticuatro grados bajo cero, pero era una delicia pasear bien abrigado y ver como la gente hacía vida normal. La cena de fin de año en el hotel fue épica, añadiendo las ganas de fiesta tipo español a las de otras nacionalidades presentes y celebrándola dos veces, dada la diferencia horaria con España. Inolvidable el paseo posterior a las tres de la mañana por la playa cercana al hotel donde el mar si no estaba congelado al menos lo parecía en la oscuridad reinante, solo tamizada por los reflejos de las luces lejanas del propio hotel. Como digo una ciudad muy recomendable de visitar y disfrutar, sus paseos, sus canales, su museo del Hermitage, sus palacios, en fin, su todo.

Pero he comentado que hay una ciudad de la lista que no he visitado, todavía, aunque tengo muchas ganas de hacerlo desde hace varios años. He pasado cerca de ella en un par de ocasiones en viajes en coche, con lo que no hubiera costado mucho desviarse a conocerla, pero la tengo reservada para una última aventura que, lamentablemente, se va demorando con el tiempo: correr un maratón en ella. La ciudad no es otra que Berlín, que celebra a finales de septiembre uno de los maratones más afamados del mundo, donde se han conseguido los records de esa distancia en los últimos tiempos. Conocer lo que queda del famoso Muro de Berlín o pasar por debajo de la Puerta de Brandeburgo al finalizar la carrera tiene que ser una sensación para recordar. Esperemos que este blog siga vivo y que la carrera tenga lugar algún día para poderlo narrar.

domingo, 8 de julio de 2012

PROVERBIOS


En estos comienzos del verano me ha vuelto mi vena gramatical. Ya se ha dicho que el frío se combate con actividad y el calor con tranquilidad y reposo, lo que invita a la lectura y al pensamiento. De mi colección de frases célebres, me ha dado por recuperar aquellas etiquetadas como “proverbios”. Es curioso que por regla general nos suenen proverbios de muchos orígenes, principalmente chinos o árabes, y no nos suenen proverbios españoles. Yo quiero pensar que es porque a estos últimos los denominamos refranes, que viene un poco a ser lo mismo. Indagando por los diccionarios, el oficial y los otros, se define como proverbio a una “sentencia, adagio o refrán” mientras que refrán viene a ser “dicho agudo y sentencioso de uso común” o “sentencia de origen popular que expresa una enseñanza, un consejo, una crítica, etc.”.

En todo caso, da lo mismo una que otra acepción, así como su procedencia o etiquetado, ya que de lo que se trata es de sacar ese consejo, crítica o enseñanza que por lo general se encuentra escondido y condensado en esa frase, por lo general muy corta y con mucha enjundia, que nos debe hace reflexionar y tener bien presente en muchas ocasiones de nuestras vidas en las que tenemos que tomar decisiones. Hay una gran cantidad de ellos, a los que podemos unir aquel otro apartado de “frases célebres”, con lo que dispondremos de un buen acervo de conocimientos prácticos con los que aplicarnos el cuento en variadas situaciones.

Hay multitud de sitios en la red, con enormes cantidades de proverbios, refranes y frases, incluso ambientadas con fotos y música. A poco que busquemos en la red encontraremos sitios como este o este otro por citar un par de ellos en los que podemos curiosear un buen rato.

Ya he comentado que utilizo este blog a modo de documentación para mi mismo. Por ello me he permitido seleccionar ciento un proverbios, o refranes, que son los que me han llamado más la atención y que reproduzco a continuación. Omito la procedencia pues no siempre está muy clara y la fiabilidad de las fuentes no es contrastable. Por otro lado, lo que importa es el mensaje que transmiten, sea cual sea su origen. Puestos a ser un poco incisivo con el momento político y económico presente, pongo uno de ellos en negrita, sin comentarios. Estos son los seleccionados

Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre.

Si no tienes ningún enemigo dentro, los de fuera no te harán daño.

Si te gusta la miel, has de esperar que las abejas te piquen.

Dios da las nueces, pero no las casca.

El habla es plata; el silencio es oro.

Es cierto que no te quiero tanto como cuando éramos novios, pero es que a mi nunca me han gustado las mujeres casadas.

Si quieres miel no des puntapiés sobre la colmena.

Al perro que tiene dinero se le llama señor perro.

El mosquito puede dañar los ojos del león.

Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan.

Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría.

Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.

Quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación.

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.

Solo se tiran piedras al árbol cargado de frutos.

Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo.

Repara tu trineo en el verano, y tu carreta en el invierno.

Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.

Colmillo de marfil no crece en boca de cerdo.

Cuando hagas favores no los recuerdes. Cuando los recibas, no los olvides.

Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta.

El buen caballo no vuelve la cabeza cuando corre.

El hombre que hace mucho se equivoca mucho; el hombre que hace poco se equivoca poco; el hombre que no hace nada nunca se equivoca.

El sabio no dice lo que sabe, y el necio no sabe lo que dice.

Estaba furioso por no tener zapatos. Entonces encontré un hombre que no tenía pies.

La comadreja felicita el año nuevo a las gallinas, pero sus intenciones no son buenas.

La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?.

La leña que se cortó en mil días puede quemarse en uno solo.

La tinta más pobre de color vale más que la mejor memoria.

No podrás evitar que los pájaros de la preocupación y la inquietud vuelen sobre tu cabeza. Pero eres capaz de impedir que aniden en tus cabellos.

Pregunta lo que ignoras y pasarás por tonto cinco minutos; no lo preguntes y serás tonto toda la vida.

Quién persigue ciervos no atiende a conejos.

Saber tolerar un momento de ira significa ahorrarse un siglo de arrepentimientos

Si no quieres que se sepa, no lo hagas.

Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada.

Si te caes siete veces, levántate ocho.

Si tienes un problema y no tiene solución, para que te preocupas. Y si tiene solución, para que te preocupas.

Tigre y ciervo no van juntos de paseo.

A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.

Invierte en todo aquello que un naufragio no pueda arrebatarte.

No temas avanzar despacio, teme no avanzar.

Si un buen leñador tiene solo cinco horas para talar un árbol, empleará cuatro afilando el hacha.

Jamás permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos.

A la larga la lima se come el hierro.

Casarse significa domesticarse.

El cadáver del papa no ocupa más que el del sacristán.

El silencio es el santuario de la prudencia.

La auténtica ciencia enseña sobre todo a dudar y a ser ignorantes.

Mucho sabe el marido de una mujer, pero mucho más sabe su amante.

No hay remedios contra la muerte, pero la muerte en sí es un remedio.

Nunca les falta quehacer, ni al cura ni al diablo, ni a la mujer.

Oculta tu odio y será más eficaz.

Un enemigo declarado es menos peligroso que un amigo ambiguo.

Una buena tela encuentra el comprador sin tener que extenderla.

Quien no sabe bailar dice que los tambores no valen para nada.

Dos perros pueden matar a un león.

No hay árbol que el viento no haya sacudido.

No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.

Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines.

Sólo se tiran piedras contra el árbol que da fruto.

Un tropezón puede prevenir una caída.

Vale más ser cobarde un minuto que muerto el resto de la vida.

Es mejor un feo hago que un hermoso haré.

Renuncia sólo cuando estés bajo tierra.

Una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja.

Aun el mono se cae a veces del árbol.

Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.

Sólo en la actividad desearás vivir cien años.

Ya rías, ya llores, la vida dura lo mismo.

Hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso.

La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.

No re acerques a una cabra por delante ni a un caballo por detrás, ni a un tonto por ningún lado.

Más confío en el trabajo que en la suerte.

Cuando tres marchan juntos, tiene que haber uno que mande.

La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.

La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.

La escalera ha de barrerse empezando por arriba.

Nadie ha sido nunca ahorcado con dinero en el bolsillo.

No es la ley lo que asusta, sino el juez.

Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.

Si cada uno barriera delante de su puerta, ¡qué limpia estaría la ciudad!

Un libro es amigo sólo de quien sabe leerlo.

Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.

Cuando el carro se haya roto muchos os dirán por donde no se debía pasar.

El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.

Nadie necesita ayuda para tener problemas.

La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía.

Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego.

Los perros que se pelean contra ellos, se unen contra los lobos.

Bajo una mata florida está la culebra escondida.

Cuando el dinero habla, la verdad calla.

El asno puede entrar en el templo, pero no por ello se convierte en monje.

Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto.

La liebre astuta tiene tres madrigueras.

No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda.

Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza.

Una liebre no come la hierba que está junto a su madriguera.

El que nada duda, nada sabe.

El amor y la tos no pueden ocultarse.

Una reputación de mil años puede depender de la conducta de una hora.

La mujer llora antes del matrimonio, el hombre después.

domingo, 1 de julio de 2012

BANKIA



Quién le iba a decir al Padre Piquer, aquel que por aquellos años de 1702 fundara el Monte de Piedad de Madrid, que tras trescientos años de andadura de “su” institución, unos cuantos dirigentes y políticos con otras miras e intereses muy diferentes a las suyas iban a dar al traste con su obra. En 1838 se constituyó lo que sería Caja de Ahorros como adición al monte, con lo que desde esa fecha la entidad se conoció con el nombre de Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, siendo el símbolo del ahorro de muchas generaciones de madrileños, amén de una empresa que, aun siendo financiera, colaboraba de forma espléndida en montones de obras sociales y culturales. Dado que no existían accionistas, los beneficios se destinaban íntegramente a mejorar la organización, las instalaciones, los servicios a los clientes y como ya hemos mencionado y recalco, a obras sociales y culturales.

Pero algo a empezó a cambiar desde principios de los ochenta. Yo contemplaba el cambio desde dentro pues no en vano era empleado desde 1972 y veía como ciertos cambios llevaban una tendencia que no me gustaba nada. Un dato: los equipos directivos nunca hasta esa fecha habían cobrado el famoso “sobre” de fin de año, ese abultado paquete de billetes que cobran sí o sí, cuyo montante nos hacía enrojecer a más de uno y que en el fondo servía para cabrearlos, por comparación, cuando se enteraban que el jefecillo del lado, cien veces peor que él, había cobrado una cantidad superior a la suya. Ni que decir que los criterios que se empleaban, si es que había alguno, no eran nada objetivos sino derivados del grado de afinidad o peloteo de cada uno con sus superiores.

Uno, que siempre ha sido un iluso, contra viento y marea y las opiniones del famoso ruso “todokiski”, decidió abandonar esa “potente” nave tras casi veinte años de servicio y buscar nuevos rumbos, pues el que estaba tomando Cajamadrid, nombre ya reducido por aquellas fechas, no era muy agradable. Pero en todas partes cuecen habas y ya lo dice el refrán popular “Mal de muchos,…epidemia”. Nunca me he arrepentido de aquel cambio pues me permitió renovar mis ilusiones, conocer gente nueva, hacer otras cosas y a la postre pasar por muchas empresas que no hubiera conocido de haber seguido allí, como les ha ocurrido a otros muchos compañeros y amigos que se quedaron. Muchos de ellos están ya jubilados, pre-jubilados o esperando que estos estados lleguen cuanto antes, pues en el puchero de la ahora Bankia “cuecen habas” y “no está el horno para bollos” aunque a todas luces son una empresa segura intervenida por el Estado e incluso, que nivel Maribel, por Europa, nada menos, ahí es nada. Esperemos que no se fundan los plomos y se apaguen las luces.

Una de mis obsesiones es la digitalización de todo lo que pillo susceptible de ser transformado en bits e incluido en el disco duro de mi ordenador. De vez en cuando doy una batida por los papeles archivados en el fondo del armario y saco algún documento antiguo que nunca vuelve a su sitio, pues tras pasar por el escáner va directamente a la papelera. Uno de los encontrados esta semana es una carta, iluso yo, que dirigí al entonces presidente de Cajamadrid con motivo de mi marcha de la empresa. Me da risa solo leerla, pero la transcribo a continuación. ¡Que iluso! ¡Que peticiones le dirigía!

8 de Febrero de 1.991

Sr.Dn. JAIME TERCEIRO LOMBA Presidente del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros y M.P. de Madrid Plaza de Celenque, 2 28013-MADRID

Muy Sr. mío:

Cuando a principios del pasado mes de enero franqueaba la puerta del Edificio Central con el fin de solicitar mi baja como empleado de la Cala de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, me vino a la memoria la carta que, con motivo de las fiestas de Navidad, Ud. amablemente me dirigió a mi domicilio particular. Y es por ello y con el fondo de la mencionada carta que me permito dirigirle estas letras.

Atrás quedan casi diecinueve años de servicios a la Entidad, de ellos diecisiete en el departamento de informática, prácticamente desde su creación. No voy a referirle las razones que me han llevado a dar un nuevo rumbo a mí vida profesional, razones que, por otra parte, ni mis responsables directos en el Departamento de Informática ni en el Departamento de Personal, se han molestado en indagar. Pero, para evitar al menos ante Ud. lecturas falsas del hecho, si quisiera decirle que voy a otra empresa a realizar las misas funciones, en idéntico puesto de trabajo e incluso con algo menos de salario.

Lo que no es lo mismo es la ilusión por el trabajo bien hecho, ilusión que estaba comenzando a perder en esa empresa de su digna presidencia. Hubiera sido mucho más cómodo, y fácil por otra parte, dedicarse a "esperar la jubilación", pero cuento en la actualidad con treinta y cinco años y se me antojaba larga la espera. El fondo de su carta de navidad, de otras cartas y alguna que otra circular empezó a perderse, a mi modesto entender, allá por el comienzo de los años 8O. Pero como aún quedan en la Caja muchos compañeros g amigos me gustaría pedirle un favor: que recupere aquel espíritu, destierre la ambigüedad, ponga coto al favoritismo y sobre todo, haga recuperar la ilusión por el trabajo.

Siempre a disposición de la Caja, reciba un cordial saludo

domingo, 24 de junio de 2012

ENGAÑIFA



A lo largo de diferentes entradas en este blog he venido manteniendo mi particular teoría acerca de como las empresas, sobre todo las grandes empresas, parecen haber tomado la senda de una política sino de engaños si de medias verdades que nos llevan a ser desconfiados por sistema en todas nuestras relaciones con ellas.

Desde que me puse al volante por primera vez he realizado miles de kilómetros por carreteras de España y de Europa, y algunos al otro lado del charco y nunca hasta el año pasado había utilizado un navegador de coche, de esos que ahora se les conoce de forma genérica por el nombre de la marca más conocida de las que los fabrican. Y como voy a hablar de ella, no demasiado bien, no tardo ni un segundo más en mencionar su nombre: TomTom.

Y es que claro, antes no existían esos aparatitos, ni siquiera el famoso Google Maps, por lo que la única solución era proveerse de planos y mapas en papel y echarle un rato en estudiar el viaje, ver las rutas, planos de las ciudades y sitios de interés, en fin, preparar con antelación los desplazamientos, más que nada porque los mapas no hablaban y tampoco se podían ir mirando mientras se conducía, cosa que hacemos ahora y que supone una cierta distracción. Recuerdo a principios de los años ochenta haber entrado con el coche hasta el corazón de ciudades como París, Oslo, Estocolmo, Munich, Viena, Budapest, o Atenas, por citar algunas de las que me vienen a la memoria, sin más ayuda que los mapas en papel.

El año pasado y con motivo de un viaje en coche por Escocia, mi buen amigo Manolo se empeñó y consiguió que me llevara su navegador cargadito hasta los topes con las carreteras de ese país. Tengo que reconocer que la experiencia fue un éxito y el aparatito nos llevó con precisión a todos los sitios que le pedimos, alguno de ellos en medio del campo y a los que se accedía por caminos que no se podían calificar sensu stricto de carreteras.

A la vuelta, y con motivo de mi cumpleaños, mi mujer tuvo la “feliz” idea de regalarme un cacharrito de esos. A pesar de que mi buen amigo Manolo nos había dicho “que con tarjeta, siempre con tarjeta”, mi mujer se dirigió a esos grandes almacenes que tienen de todo y que te devuelven el dinero si no estás satisfecho, y me compró uno de los de gama alta, el GO LIVE 820, con un precio de 229 euros. “Me ha dicho el dependiente que trae de todo lo traíble, mapas de toda Europa, manos libres para el móvil, conexión a internet…”

Como todo lo que se mueve hoy en día en el terreno de la electrónica, hay que conectarlo al ordenador para actualizarlo y manejarlo. Ahí surgieron mis primeros problemas. Mi ordenador tiene como sistema operativo un Windows 7 de 64 bits y ni por activa ni por pasiva conseguí conectar el TomTom, que se quedaba literalmente tonto, valga la no redundancia. Tras varios correos electrónicos con el soporte técnico, de esos que parecen un verdadero diálogo de besugos y en los que notas que te están tratando como si fueras un bobo integral, me reconocieron que “por el momento” no tenían disponible la versión de 64 bits. Creo que ahora ya lo está, pero yo opté por manejar el cachivache en el ordenador de mi hijo, que sigue con su Windows XP de 32 bits tan campante. La primera en la frente, una empresa tan seria y tan grande que no disponga de la versión de su actualizador para un sistema operativo que llevaba ya dos años en el mercado era cuando menos descorazonador.

Periódicamente conecto el achiperre al ordenador hasta que me dice que lo tengo actualizado. Pero desde hace un tiempo, al encender el cacharro en el coche, me sale un mensaje diciendo que mis mapas tienen diez meses de antigüedad y que es conveniente actualizarlos. ¿Cómo es posible si el ordenador me dice que lo tengo todo al día? Los servicios de actualización, según le dijeron a mi mujer cuando se lo vendieron eran gratuitos durante el primer año, luego habría que renovarlos pagando una cuota de forma anual. Como no me cuadraba la cosa, nuevo correo al soporte técnico, que en un par de ocasiones me salen con lo mismo y que se resume en lo de siempre y que Vds. ya me entienden: apagar y encender.

Ante mi insistencia en que lo de apagar y encender no era la solución, recibo el correo esclarecedor que reproduzco a continuación. Me he permitido resaltar en negrita un par de frases. Resulta que tengo derecho durante 4 años a descargar lo que ya tengo pero ...

Disculpe la confusión. Usted tiene derecho durante 4 años a la descarga de la versión 8.75 del mapa de Europa, pero no a la actualización de este mapa.
Usted también tiene derecho a un año de servicios LIVE a partir del día en que encendió su dispositivo por primera vez. Estos servicios incluyen HD traffic, radares de tráfico móviles, búsqueda local con Google, LIVE QuickGPSfix y tiempo, para todos los paises en los que estos servicios están disponibles. Sin embargo, en los servicios LIVE no están incluidas las actualizaciones de mapa.


Los servicios “LIVE” suponen una conexión permanente a internet que te avisa hasta si una hormiga está cruzando la carretera más adelante o el tiempo que hará en el destino cuando llegues, amén de atascos y sugerencias de caminos alternativos. Precioso, funcional, práctico y moderno. Pero lo fundamental en un navegador son los mapas. Pues resulta que en el año inicial de servicios gratuitos NO ESTAN INCLUIDOS los mapas. ¿Se puede creer alguien esto? Hasta el propio empleado de TomTom no se lo podía creer, como aclara al principio del correo pidiéndome disculpas por la confusión.

Solo como un dato, y se puede ver en la imagen de más abajo, la actualización del mapa que trae el aparato, que es el de Europa completa, cuesta solo 70 euros, mientras que la actualización del mismo durante un año, cuatro supuestas actualizaciones, cuesta 64 euros porque me hacen un descuento. A esto habría que añadir otros 60 euros anuales por seguir teniendo activos los servicios LIVE, vamos que estamos hablando de 120 euros al año sumando las dos cosas para mantener el chisme plenamente operativo.

Pues como se dice ahora, VA A SER QUE NO, señores. Me parece una “pasta gansa” que no me voy a gastar. Por convicción y por sentirme engañado. Como alternativa me dedicaré en cuerpo y alma a hablar con mi amigo Google y consultarle que hay por ahí sobre el tema de los mapas, ya me entienden. Nada hay imposible en este mundillo y seguro que otros han pasado por ello. Y si no seré yo el primero. ¡Ay, si hubiéramos hecho caso al amigo Manolo y lo hubiéramos cambiado por otro de tarjeta! Otro gallo nos cantaría.

Parece que tengo imán. Será eso, que las empresas no me “engañan”, soy yo que me “confundo”. Mucho ojo a la letra pequeña y si no se lee, a veces es mejor confiar en los débiles, que lo tienen más difícil y “confunden” bastante menos.



sábado, 16 de junio de 2012

REARME


Recibo a lo largo del día en mi móvil múltiples avisos de las diferentes cosas de todo tipo a las que estoy suscrito en el maravilloso mundo de la red. Las hay de todo tipo, buenas, malas, irrelevantes, interesantes, curiosas …… Esta mañana una de ellas me ha desatado un sentimiento de pena: “La leyenda del Ladrón”, el último libro de Juan Gómez Jurado ha sido filtrado a la red y es posible obtenerlo fuera de los canales oficiales a un coste que ya se pueden ustedes suponer.

El libro se puso a disposición del público el pasado uno de junio, en las dos versiones de papel y digital. Han pasado tan solo quince días y ya está junto a otros muchos en el cementerio vivo de los libros gratuitos.

Invitado por el autor y acompañado de una veintena de personas tuve la oportunidad de asistir a un acto emotivo y entrañable que se celebró la tarde anterior en una cafetería de Madrid. Puede verse una reseña del mismo AQUÍ. En ese acto, un Juan cercano nos contó su trabajo a lo largo de los últimos cuatro años para conseguir la ilusión de ver publicado un libro de estas características, del cual puede verse una reseña AQUÍ. Muchas horas dedicadas, cerca de 200 libros leídos, viajes, contactos, etc. etc. en pos de este libro que supone un rearme de él mismo como escritor, a gran distancia de sus anteriores novelas que han triunfado en cuarenta y cinco países y no tanto en España.

El autor es una persona como los demás. A todos nos gusta que nos remuneren nuestro trabajo, porque no sé de nadie que le guste trabajar gratis, a no ser que sea por un tema altruista y este no es el caso. Las personas tienen hijos, hipoteca, gastos y necesitan del maldito dinero para seguir adelante en su vida y entre otras cosas, seguir escribiendo libros para que los lectores disfrutemos de ellos.

En el acto referido, los asistentes fuimos obsequiados con un ejemplar del libro en papel, dedicado personalmente. A pesar de ello y por pura convicción, yo ya había adquirido la versión digital, que me fue puntualmente descargada a mi lector a las 02:20 de la madrugada de ese día uno de junio. Aquí el recibo de la compra



Se habla mucho ahora de la famosa “línea roja”. En este tema cada uno de nosotros tenemos nuestra personal línea roja que podemos desplazar hacia un lado y hacia otro según nos convenga y en nuestra estricta intimidad. Pero al menos pienso que debemos de tenerla y activarla para según qué temas. Todo no vale y todo no puede ser gratis. Al hilo de este asunto se me ocurre que la sociedad en general y todos y cada uno en particular necesitamos un rearme moral y revisar nuestra ética, individual y colectiva. Ética y moralidad están descendiendo a niveles realmente bajos y no solo en estos asuntos sino en todos los que no rodean, a saber, política, banca, empresa, sindicatos, partidos, trabajadores y en general todo el mundo. Me viene a la cabeza un estupendo libro que tengo que volver a leer “Ética para Amador”, de Fernando Savater, para revisar y reajustar unos cuantos conceptos.

Está claro que no se pueden poner puertas al campo, y añadiría ahora que ni ventanas al cielo en clara alusión a las posibilidades de internet. Quién esté libre de pecado, y no haya descargado contenido multimedia, que tire la primera piedra. Pero al menos un poco de cancha a los autores para dejarles obtener el fruto de su trabajo.

domingo, 10 de junio de 2012

HIDROMITOS



Me sale hoy la vena “geek” aderezada con un poco de nostalgia, que los años van pasando y no en balde. Desde que aparecieron los ordenadores personales o PC’s allá por el año 1981 he andado teniendo relación estrecha con ellos en dos vertientes: la profesional o de la oficina y la personal o de casa. El hecho de tener información en los dos sitios planteaba en los primeros tiempos un problema interesante que no era otro que trasegar con la información entre casa y oficina y tener mucho cuidado, de forma manual, para no perder datos por cualquiera de las muchas formas posibles; borrado, copiado, machacado, etc. etc. cuando iban y venían a diario del ordenador de casa a la oficina.

Al principio el medio eran los “floppys”, aquellos discos flexibles de 5 y 1/4 pulgadas que permitían almacenar nada menos que la friolera de 180 Kilobytes de información. Los datos eran por lo general documentos de texto y cabían bastantes en un solo “floppy”. Pero a medida que fue pasando el tiempo y a principios de los noventa empezaron a trabajarse las imágenes, los 180 KB se quedaron insuficientes a todas luces, lo que motivó la aparición de los ya olvidados “diskettes” que en su versión de densidad alta llegaron a tener 1,44 Megabytes con lo que equivalían casi a 10 de los floppys. Hablando de imágenes en aquellos tiempos ¿nos acordamos del “storyboard”?, todo un descubrimiento en el procesamiento, retoque y creación de imágenes, muy simples, pero imágenes al fin y al cabo y encima animadas. Un lujo.

A medida que fue pasando el tiempo, la cantidad de información que íbamos alojando en nuestros ordenadores iba creciendo vertiginosamente, por lo que a principios de los dos mil ya andaba con varios diskettes para allá y para acá todos los días, un verdadero incordio. Y entonces aparecieron las memorias USB, viniendo a solucionar nuestros problemas, eso sí, a un precio desorbitado, pero es como todo con la tecnología, si la quieres empezar a disfrutar desde sus inicios no queda otra que rascarse el bolsillo. No recuerdo a ciencia cierta cuanto me costó mi primer “pen-drive”, ese que puede verse en la fotografía con tan solo 64 Mb y que por tanto equivalía a cuarenta y cuatro diskettes. Pero la comodidad y la fiabilidad en el transporte de datos de un sitio a otro no tenían parangón.

El paso del tiempo ha ido dando más capacidad y mejores prestaciones a un coste muy inferior, pues hoy en día se pueden encontrar memorias de 32 Gb por menos de veinte euros e incluso jugándosela un poco algunas de 256 Gb, repito la cifra que parece errónea, 256 Gb, como la que ven en la imagen y que me ha costado 30 euros en una de esas tiendas de internet que se alojan en Asia y que mandan cosas a precios increíbles y que además funcionan. Equivalente a ciento ochenta mil diskettes, por hacer una equivakencia.

Ahora todo esto está ya pasado de moda, pues podemos disponer de discos duros de capacidades por encima de 1 Terabyte por precios razonables y del tamaño de un paquete de tabaco. E incluso esto está fuera de lugar si disponemos de una conexión a internet con servicios en la “nube” como Dropbox, Sugarsync, Box, Skydrive o Goole Docs, cada uno con sus características pero que nos permiten disponer de toda o gran parte de nuestra información en cualquier ordenador e incluso en nuestro teléfono, ya digo, siempre que haya conexión a internet.

Pero se preguntarán que tiene todo esto que ver con el título de esta entrada, una palabra que no existe en el diccionario pero de la que podemos deducir que se refiere a mitos del agua. A estos artilugios de los que hemos estado hablando se les llama de muchas maneras: memoria usb, pen-drive, lápiz, pincho, rana, achiperre ...… A lo mejor hay alguien por ahí que les llama hidromitos, que de todo hay por el mundo.

sábado, 2 de junio de 2012

WEBINAR


A pesar de que uno intenta estar atento a las últimas tecnologías en los aspectos de mejoramiento personal, es difícil abarcar todo lo que se mueve y sobre todo probarlo y utilizarlo. Enredados en un mundo “GEEK”, cualquier reunión de amigos, cualquier revista que cae en tus manos, el correo electrónico, “twitter” y un sinfín de fuentes están bombardeando continuamente tus neuronas con la existencia de mejoras de lo que ya conoces o nuevas formas de ver, entender y utilizar las cosas.

Recuerdo algunas de las últimas conferencias presenciales a las que he asistido en las que estaba previsto el coloquio y las preguntas de los asistentes en que ya se utilizado la fórmula de la tarjeta en la que tienes que escribir tu pregunta o reflexión sobre lo que estás oyendo y hacerlas llegar a un moderador que se encarga de filtrar y agrupar las ocurrencias de los asistentes. El hecho de que tengas que poner por escrito aquello que quieres hacer llegar al ponente ya te fuerza a un ejercicio de condensación, que no es lo mismo escribir, y además en papel, que hablar. Esto permite también un mejor control del tiempo y los temas, a la vez que se evitan de raíz las intervenciones de aquellos “pesados”, que siempre los hay, que pretenden dar su conferencia particular y mortificar al resto de los asistentes con sus opiniones, que no preguntas.

Refiero esto porque la semana pasada tuve la oportunidad de “asistir” a la forma moderna de conferencia, que tiene entre otras esa denominación con la palabreja con la que he titulado esta entrada: “webinar”, y que no es otra cosa que un seminario o conferencia en línea a través de los recursos de internet. Sentado cómodamente en tu casa estás asistiendo en directo a una presentación en la que puedes escuchar al ponente a la vez que ves en pantalla las diapositivas y lo que en ellas se señala. Además dispones, según los casos, de una ventana donde puedes ir escribiendo las preguntas y dudas que quieras hacer llegar a la persona que imparte la charla y que son contestadas al final de la misma. La única diferencia, que no es poca, es no poder disfrutar del lenguaje no verbal y de mirar las caras y actitudes del resto de los asistentes. Pero por lo demás todo son ventajas, pudiendo asistir a un acto que se está celebrando en esos momentos en cualquier parte del mundo sin tener que desplazarte.

Recuerdo las reuniones en las empresas de hace años a través de líneas telefónicas en donde se podían solamente escuchar los participantes, teniendo que adivinar por el tono de voz quién estaba interviniendo. Ahora ya se emplean cámaras y la mayor fiabilidad de las comunicaciones hacen posible las reuniones con vídeo en las que estás viendo a quién interviene y al propio tiempo estás siendo visto tú mismo.

Las posibilidades son infinitas, tanto en el terreno de la formación como en el de la simple divulgación. Porque hay que tener en cuenta que además estas sesiones se graban y normalmente quedan “colgadas” y disponibles de la red, por lo que uno mismo pueden volver a atenderlas si en algún momento ha habido algo interesante o que no se ha entendido, con la facilidad que supone el estar conectado en un ordenador y poder sacar ejemplos a base de pantallazos con datos que de otra forma habría que estar tomando apresuradamente a mano. O utilizar cámaras fotográficas, sin quitar el flash, en medio de las conferencias, situación que ahora se ha puesto de moda al disponer casi todo el mundo de potentes teléfonos capaces de grabar imágenes.

La conferencia cuya imagen ilustra esta entrada estaba patrocinada por XRITE, una de las empresas puntero en colorimetría y calibración de dispositivos para el tratamiento digital de imágenes, principalmente, pero no solo, pantallas de ordenador. Es muy importante tener bien calibrada la pantalla en nuestro ordenador y el ambiente lumínico que la rodea si queremos mantener una consistencia en nuestros trabajos y evitar las desagradables sorpresas cuando hemos retocado una fotografía o imagen a nuestro gusto y al imprimirla o llevarla al laboratorio obtenemos una copia que no se parece en nada a lo que estábamos viendo en nuestra pantalla. El tema versaba sobre todos los conceptos que rodean al mundo del color en el entorno informático y fue de una profundidad que en muchos momentos fui incapaz de seguir. El ponente Joan Boira sabía “latín” sobre el tema y sabía contarlo, pero se requería una base previa de cierta importancia para seguir todos y cada uno de los conceptos que allí se trataban. En su web podemos encontrar información de alto nivel relacionada con aspectos de la fotografía digital. Y si además disponemos de más de una hora y media podemos asistir al asistir al seminario completo "De la cámara al monitor".

sábado, 26 de mayo de 2012

VIDEO


No recuerdo con precisión cuando empezaron a llegar los aparatos de vídeo a nuestros hogares. Fue muy a finales de los años setenta o muy al principio de los ochenta del siglo pasado, hace unos treinta años más o menos si las cuentas no me salen mal. Como ocurre siempre con las cosas nuevas, la guerra de formatos estuvo servida en aquellos comienzos y existían tres: VHS, BETA y 2000. No siempre pervive el mejor, que en mi modesta opinión era de lejos el 2000. Con el paso de los años todo acabó en el formato VHS, que ha llegado hasta nuestros días y aún sigue teniendo su mercado a pesar de toda la tecnología digital y la migración de información a discos duros que se supone van a tener una longevidad mucho mayor que cintas y vinilos o incluso CD’s o DVD’s.

Adquirí mi primera cámara para grabar vídeo en 1987. Era, y es, una SONY CCD-V100, que si mi memoria no falla costó por encima de las 300.000 pesetas de aquella época. Un capricho para filmar las andanzas de mi hijo que por aquellos años empezaba a corretear y crecer. La cintas eran, como no, de otro formato denominado VIDEO-8 y de un tamaño reducido para insertarlas en la cámara que como se pueden hacer una idea por la imagen era de tamaño considerable, de aquellas que había que apoyar en el hombro y hacer brazos para manejarla. Yo ya era aficionado a la fotografía y había un choque frontal entre ambas modalidades: o hacías vídeo o hacías fotos. Con la ayuda de mi mujer me apañaba como podía para seguir haciendo las dos cosas. Los viajes eran un sufrimiento cargados de trastos y con el añadido de la recarga de las pilas en el caso de la de vídeo, tarea que hoy nos acompaña por todos lados pero que en aquella época era novedad.

El tamaño, calidad y precio de las cámaras fueron mejorando pero allá por 1992 decidí considerar el vídeo como un “rollo” con lo que aparqué definitivamente la cámara y me refugié de nuevo a la fotografía como único medio de conservar los recuerdos. Faltaba la animación y faltaba el sonido pero había que decidirse y me decidí. En una entrada anterior en este blog titulada OBSOLESCENCIA comentaba la inversión que supone para las empresas hacer que sus productos funcionen bien pero tengan “fecha de caducidad” para obligarnos a una nueva compra y así mantener la rueda del consumo y que no se pare nunca. Hago mención a esto porque la cámara de video, veinticinco años después, sigue funcionando perfectamente. Las baterías han pasado a mejor vida por antigüedad y falta de uso pero enchufada a la corriente eléctrica marcha como una campeona. Vamos, que para grabar cosas en sitios donde haya un enchufe a mano podría seguir utilizándose, aunque ya no es necesaria ni conveniente porque con cualquier cámara compacta de fotografía se puede grabar video digital de muy buena calidad manifiestamente mejor que el que pueda obtenerse de esta antigualla, una pieza de museo sin lugar a dudas.

Llevaba tiempo para hacerlo e incluso lo había intentado años atrás, el convertir todas esas horas a formato digital para tenerlo más manejable, poderlo procesar y trocear, y tenerlo disponible en el ordenador o en la televisión sin tener que buscar o pasar horas y horas de cintas, cintas que ya tenían más de veinte años y que podían estar rotas, pegadas o vete a saber en qué condiciones.

Al final hace unos meses el marido de mi amiga Nieves me dio la pista: visionar todas las cintas a través de un aparato grabador que las convirtiera a digital. Y, manos a la obra, así lo he hecho: con la vieja cámara enchufada a la corriente y emitiendo he pasado las más de setenta horas a formato digital y por lo menos tengo estos recuerdos en un formato con teóricas garantías de futuro. Un futuro que, como he podido comprobar, no tienen las cintas. Tres de ellas, curiosamente las únicas que no eran de la marca SONY, se han partido, dos nada más empezar y una cuando llevaba quince minutos. Las he pegado, remendado, reparado y al volverlo a intentar, nueva rotura. El tiempo ha podido con ellas y las ha dejado para el arrastre. Menos mal que tenía las correspondientes copias en formato VHS que me han servido para hacer la digitalización desde ellas, con menos calidad, eso sí, pero los recuerdos son igual de buenos.

Así que de este escrito se deduce un aviso para navegantes: si tiene algunos recuerdos que le interese conservar y están en algún soporte “antiguo”. vaya pensando de qué manera convertirlos a digital y almacenarlos en un disco duro. De otra forma, el tiempo se encargará de pasarlos a mejor vida y Vd. los perderá para siempre.

domingo, 20 de mayo de 2012

EFECTIVIDAD


Ya hacíamos disquisiciones en una entrada anterior titulada EFI.....QUÉ? AMAZON sobre la diferencia existente entre los términos eficacia, eficiencia y efectividad. De nuevo he tenido que repasarme sus definiciones para recuperar los matices. En todo caso, el término “efectividad” alude al grado de satisfacción producido en la persona que recibe un servicio, atención o producto. Esta definición es la que yo pude aprender en mis estudios relacionados con el tema de la salud y no coincide con la que nos brinda el diccionario de la RAE: “Capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera”.

Hace unos días, observé la cara compungida de mi hija al salir de su colegio. Rápidamente me enseñó dos dedos de su mano literalmente pegados con esparadrapo, entablillados, y me dijo que jugando se había enganchado uno en un radiador y se lo había dislocado. El enfermero del colegio recomendaba que le viera un especialista y la realización de una radiografía para descartar cualquier tipo de problema.

“Todo lo que puede suceder, sucede”

De todos son conocidas las famosas leyes de Murphy basadas y condensadas en la siguiente frase: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Enfatizando en lo negativo tendremos motivos para justificar todo lo que nos pase. El hecho es ese día precisamente tenía una reunión importante dos horas y media después a la que tenía que asistir, siendo vital mi presencia en la misma. Tenía todo preparado pero el hecho de tener que llevar a mi hija a un hospital, a un servicio de urgencias, trastocaba todos los planes y ponía en peligro mi asistencia a la reunión, pues ya sabemos lo que ocurre, normalmente, en los colapsados servicios de urgencia a los que acudimos todos por cuestiones que no son realmente urgentes. En este caso no se trataba de la urgencia sino de la alternativa: por los cauces legales del médico de cabecera, especialista y demás, la radiografía se la podían hacer a la niña el día de su jubilación, que recordemos está en estos momentos prevista para los sesenta y siete años.

Según me dirigía en el coche al hospital más cercano tuve de pronto la idea de cambiar de destino y poner proa a uno más lejano, situado a treinta kilómetros de mi domicilio. Ya había acudido anteriormente y aunque no me iba a suponer un ahorro de tiempo, además de la distancia, la atención podía ser diferente, digamos, mejor. Fue una idea de lo más acertado, como detallo a continuación. Seguramente fue un caso excepcional, pero tuvo lugar, por lo que aquí lo cuento. Según conducía hacia el centro sanitario fui poniendo en orden mi imaginación a ver de qué manera podía resolver mi presencia en la reunión, llamando a alguien que se desplazara al hospital, lejano hospital, para quedarse con mi hija si no habíamos acabado el proceso.

El aparcamiento situado enfrente, un poco o un mucho caro, nos permitió acceder enseguida a la recepción de urgencias. Primera sorpresa: el empleado estaba hablando por teléfono y dejó el aparato a un lado para atendernos a pesar de indicarle yo que continuara la conversación. “Es privada” me contestó y ustedes tienen prioridad. Como quiera que en el sistema informatizado de ese hospital disponían de los datos de mi hija por atenciones anteriores, pasamos a la sala de espera donde no habíamos estado sentados ni cinco minutos, atentos a las pantallas, cuando fuimos llamados por el sistema de megafonía.

La especialista, cariñosísima en todo momento con la niña, exploró los huesecillos y quitando importancia al asunto nos indicó que iba a realizar una radiografía para quedarse tranquila. Cuatro teclas en el ordenador y nos dijo que nos dirigiéramos a la sala de espera de rayos donde nos llamarían. No nos habíamos sentado cuando un enfermero se llevó a la niña para realizar la placa. Cuando salió con la niña nos dijo que volviéramos a la sala de espera de urgencias. Ante mi extrañeza de que no nos diera el sobre con la radiografía, como hasta ahora se hacía siempre, nos dijo que se transmitía por la “intranet” al ordenador del especialista.

Cuando nos dirigíamos de nuevo a la sala de espera de la zona de urgencias, antes de llegar, oímos la llamada por la megafonía. Al llegar al despacho de la especialista, esta ya había comprobado los resultados y había preparado e impreso el informe. Entablilló nuevamente el dedo, recomendó diez días de inmovilización y dió por finalizada la intervención.

De vuelta al aparcamiento, el ticket justificativo del pago me brindó la oportunidad de comprobar el tiempo total empleado: 39 minutos. Es de suponer que se dieron una serie de circunstancias que posibilitaron este “record” pero así ocurrió y así lo cuento. La informatización de ese hospital es para descubrirse, al servicio, muy buen servicio, de los pacientes-clientes y por ende del propio personal, facultativo y administrativo, que posibilitan un mejor desempeño en sus funciones.

¿De qué hospital estamos hablando?. Del ubicado en Torrelodones del Grupo Hospital Madrid. Desde aquí mi agradecimiento por la atención recibida.