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domingo, 9 de agosto de 2026

CUYO

El tema de utilizar esquelas para comunicar noticias es un asunto viejo para mí. Yo lo utilizaba en mi departamento en los años ochenta del siglo pasado en algunas ocasiones con las consiguientes regañinas de mis jefes: es inapropiado, me decían. Y es que, por lo general, asociamos las esquelas a documentos mortuorios para comunicar fallecimientos o misas de novenario o aniversario por alguien que nos ha dejado.

Pero la palabra esquela tiene otro significado como reza en el diccionario: «Papel en que se dan citas, se hacen invitaciones o se comunican ciertas noticias a varias personas, y que por lo común va impreso o litografiado».

Brujuleando por la red social Twitter ─yo me resisto a llamarla «X» para llevar la contraria al amigo Elon─ me encontré con la imagen (¿esquela?) que figura en el encabezamiento de esta entrada. Intrigado, averigüé que se trata de una iniciativa de hace casi dos años de la Editorial Contraseña. Había más esquelas, dedicadas todas ellas a palabras o frases que estaban, y siguen, desapareciendo de nuestro lenguaje por poco o nulo uso. La iniciativa no es única, pues hay programas que yo conozca en radio o podcasts dedicados a este tema de las palabras olvidadas.

Al igual que España se vacía, el lenguaje se olvida, por poco o nulo uso. Todos recordaremos ese magistral comienzo de nuestro Don Quijote de la Mancha, que reza… "En un lugar de la Mancha, de CUYO nombre no quiero acordarme…».

Dominar la gramática es crucial para dominar un idioma. No solo los vocablos se van perdiendo por falta de uso; también los signos de puntuación, que ya casi ni sabemos cómo se utilizan. Se están rescatando muy lentamente las comillas angulares («») al tiempo que van desapareciendo los dos puntos («:») y especialmente el punto y coma («;»). Es difícil encontrarlos no ya en prensa o artículos escritos sino también en libros recientes. Como yo ando con la mosca tras la oreja en estos asuntos, me fijo en ellos y brillan por su ausencia por lo general.

Mi muy querido y consultado Diccionario Panhispánico de Dudas, accesible en línea desde este enlace nos informa acerca de «cuyo» diciendo que se trata de un «determinante relativo posesivo ―con rasgos de género y número: cuyo(s), cuya(s), que, por ser átono, debe escribirse sin tilde, a diferencia del interrogativo cúyo ( cúyo -ya ). Se construye siempre con un antecedente explícito, que expresa el poseedor, y se antepone al sustantivo que denota lo poseído, con el que concuerda en género y número». A modo de ejemplo, una frase muy correcta sería «Cedo la palabra a Fulano, cuyos conocimientos profundos en la materia nos auguran una excelente conferencia»; en su lugar y en muchas ocasiones podemos escuchar «Cedo la palabra a Fulano, con conocimientos profundos en la materia que nos auguran una excelente conferencia» u otros giros más enrevesados.

Seguidor como soy de los artículos publicados por el ya académico de la RAE Álex Grijelmo, he recordado uno suyo publicado el 2 de abril de 2023 en el diario «El País» y titulado «El declive de "cuyo"»; este enlace apunta a la hemeroteca del mencionado diario, pero no sé si estará accesible de forma pública o será necesario ser suscriptor. En el mencionado artículo, el reciente académico (nombrado en junio de 2026) hace mención a la simplicidad, pero no por ello menor elegancia, armoniosidad y equilibrio de este vocablo. Uno de los ejemplos propuestos por el académico ilustra bien estos usos. Compare estas dos frases que dicen lo mismo: «Lola Flores, de la que se cumplen cien años de su nacimiento…» versus «Lola Flores, de cuyo nacimiento se cumplen cien años…». En mi opinión, como de la noche (la primera frase) al día (la segunda).

Hoy en día en el lenguaje hablado, «cuyo» suena formal y corremos el riesgo de ser tildados de pedantes si lo utilizamos en nuestras conversaciones, pero sigue siendo correcto y aporta un signo de distinción dejando «que» y «que su» en otros sitios que les corresponden. Otra cosa es en el lenguaje escrito, especialmente en artículos académicos o ensayos donde denota una distinción y conocimiento del lenguaje. Comparemos, de nuevo, estas frases: «El alumno, cuyo padre es médico» con «El alumno que tiene un padre médico» o «el alumno, que su padre es médico»; está última construcción comete «quesuismo», vocablo todavía no registrado en el diccionario.

A modo de ejemplo en carnes propias, me he entretenido en contar la utilización de «cuyo» ─y cuyos, cuya, cuyas─ en este blog: en las 975 entradas publicadas hasta la fecha, que contienen 961.650 vocablos, he utilizado cuyxx en 291 ocasiones. Parece que, en mi caso, no lo he olvidado.