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domingo, 1 de noviembre de 2026

INTERPUESTAS

Los nuevos tiempos nos enfrentan continuamente a nuevos escenarios. No hace tanto que empezamos a comprar artículos por internet, una práctica que hogaño está más que generalizada. No tanto por la comodidad, que también, sino porque muchos artículos son difíciles de encontrar en tiendas de proximidad e incluso en grandes superficies a las que habría que desplazarse.

Han surgido grandes plataformas que no solo venden artículos que tienen en sus almacenes, sino que también sirven de canal para que otros vendedores, externos, las utilicen como base para ahorrarse el problema que supone disponer de una página web propia, complicada de mantener sobre todo por las pasarelas de pago. Con estos planteamientos, cuando yo accedo a VNTWRLD (nombre inventado y en estos momentos parece que inexistente)  a buscar algo, no sé si me lo está vendiendo la propia VNTWRLD o la empresa, pongamos un nombre inventado, TECNVIAX. El comprador por internet solo sabe de esta empresa, esto es muy importante, su página web ( www.tecnviax.com ).

Amante declarado como soy de los refranes y dichos populares, traigo aquí uno que muchos no entenderán, especialmente si son no tan jóvenes: «Nadie da duros a pesetas». Ha quedado obsoleto por el cambio de moneda y aunque algunos habrán oído hablar de las antiguas pesetas como moneda española, lo de «duro» suena a chino. El dicho popular advierte de la conveniencia de ser (muy) desconfiado con ciertas ofertas y regalos. Como he dicho y me reitero, se trata de un refrán que hoy no se entiende, porque ya no hay ni duros ni pesetas, y muchos jóvenes ni siquiera convivieron con estas monedas.

Por ello, cuando la oferta de un producto tiene un precio notoriamente bajo, hay que desconfiar de su validez o veracidad aplicando un segundo refrán: «Aquí hay gato encerrado» que significa que «hay una situación sospechosa, misteriosa o poco clara, en la que se sospecha que alguien oculta información, tiene malas intenciones o que pasa algo que no se dice abiertamente». Es verdad que «gato», en este dicho no hace referencia al animal de todos conocido sino que «se refería a un pequeño monedero o bolsa de piel de felino donde las personas guardaban sus monedas y objetos de valor en la Edad Media».

Dejando los dichos a un lado, vamos con el meollo de la cuestión. Esta semana yo, junto con un grupo de amigos hemos transitado por un asunto que cuando menos «huele» mal. No quiero decir que nos hayan estafado, pero es posible que un tercero si lo haya sido. Vamos con los hechos que narraré como aviso a navegantes con nombres supuestos para no caer en una posible denuncia que no sea tal. Aunque lo parece.

Necesitamos renovar una de nuestras aplicaciones en el ordenador personal. El precio de una licencia para un ordenador es delicadamente alto, vamos a decir que unos ciento cincuenta euros. Y encima tenemos dos y tres ordenadores en casa. Multiplique, multiplique…

Uno de los conocidos de este grupo de amigos nos comenta que en la plataforma VNTWRLD, mundialmente reconocida, venden esas licencias que necesitamos a precios que oscilan entre algo menos de diez euros hasta treinta, muy por debajo de los ciento cincuenta que hemos comentado. Amparados en la garantía de la plataforma, uno compra una licencia que le es servida por la empresa TECNVIAX de forma electrónica a través de su página web. Recibe el código de licencia, sigue las instrucciones, instala la aplicación, la activa con el código de licencia recibido y… todo correcto. Funcionando, miel sobre hojuelas, la cosa marcha. Otros de los conocidos compran licencias y todo bien. Me llega el turno y yo necesito tres para los ordenadores de casa. Compro dos, de momento, y la empresa TECNVIAX me suministra dos claves de activación. Cuando las estoy instalando, mi memoria visual me mosquea, las reviso y…¡voila! Son la misma. ¿Para qué pagar dos licencias si la clave de activación es la misma?

Entro en contacto con mis conocidos y resulta que también es idéntica a la que han facilitado a otros dos. Como hemos dicho, aquí hay gato encerrado.

Me pongo en contacto con el soporte de la empresa TECNIVIAX que me contesta pidiendo perdón por el error y me da otra clave que también ha dado a otro de mi circulo de conocidos. Esto huele mal, muy mal.

Con la ayuda la I.A. —Inteligencia Artificial—y refiriendo los hechos con nombres supuestos se plantea una solución que, aunque no se puede dar por segura tiene toda la pinta de ser cierta. La empresa TECNIVIAX pudiera ser que disponga de una licencia corporativa destinada a un número de ordenadores de una empresa u organización, pero que está prohibida para usuarios particulares por tratarse de una forma fraudulenta de uso. La repetición del código de activación, aún repetido, nos está funcionando a todos los implicados, aunque no sabemos por cuanto tiempo. ¿Qué hacer?

La venta por Internet a través de plataformas de terceros —conocida en el argot por el anglicanismo Marketplace— es una modalidad de comercio electrónico perfectamente legal y muy extendida hoy en día y cada vez más. Sin embargo, que una empresa utilice una plataforma intermediaria no significa que quede exenta de sus obligaciones legales ni que la operación esté fuera del control de las autoridades. Por ejemplo y me repito, la empresa TECNIVIAX vende licencias de software a través de la plataforma VNTWRLD. ¿Qué responsabilidades, caso de tratarse de un fraude, tiene cada interviniente?

A continuación, algunas frases de exploración de esta casuística por la red y algunas I.A.'s

En España y en la Unión Europea existen controles fiscales, comerciales, de protección al consumidor y de seguridad de los productos. No obstante, estos controles no garantizan que todas las ofertas sean legítimas ni que todas las irregularidades se detecten antes de producirse una venta. 

Tampoco equivale a una certificación oficial de que cada producto sea auténtico, legal o de buena calidad.

Además, la plataforma intermediaria debe hacer esfuerzos razonables para comprobar que la información recibida sea fiable y completa antes de autorizar al comerciante a operar.

No existe un sistema que garantice que todos los productos, licencias de software, servicios o códigos digitales ofrecidos en Internet hayan sido verificados previamente por una autoridad pública.

La licencia deja de funcionar o su activación se revoca posteriormente.

 Así que… más refranes alusivos que ya no explico para no aburrir. «Ojo al parche» y mucho me temo —nos tememos— que si en el futuro, que cabe la posibilidad, la aplicación nos deja de funcionar… «las reclamaciones al maestro armero». Y es que, a veces sucede que, «lo barato sale caro».