Buscar este blog

lunes, 30 de junio de 2014

MOOC



Hice una pequeña referencia a este asunto en un párrafo de la entrada titulada «VETERANOS» del pasado mes de abril de 2014. El acrónimo «MOOC» está formado por las iniciales en inglés de «Massiveopen online course» cuya traducción al español podría ser «Curso "online" abierto masivo». Lo de masivo viene a significar que no hay un límite en el número de estudiantes que pueden apuntarse dado que al ser abierto y en línea, es decir, a través de internet, no hay ningún problema en cuanto al número de alumnos, aunque esto no es del todo cierto y de hecho en algunos los profesores piden ayuda dado el elevado número de estudiantes de todo el mundo que están siguiendo las explicaciones y, este es el meollo de la cuestión, participando activamente en los foros, contando sus impresiones, planteando sus dudas e incluso aportando material y visiones complementarias.

Las características básicas son:

·        No tener limitación en las matriculaciones.
·        Poder ser seguido online.
·        De carácter abierto y gratuito. Con materiales accesibles de forma gratuita.

Hay una gran oferta de cursos, enorme, si bien hay que decir que la gran mayoría de ellos son en inglés, lo que puede suponer y de hecho supone un inconveniente para los que no nos defendemos con este idioma. En mi caso, tardé en decidirme a suscribir un curso y cuando lo hice me decidí por uno de la Universidad de Australia, por aquello de que el inglés no nativo es más fácil de entender que el de la propia Inglaterra. El material de las clases explota todos los posible recursos disponibles en internet, especialmente escritos y vídeos. Es evidente que un mínimo nivel en la lengua de Shakespeare es recomendable, pero siempre podemos ayudarnos de diccionarios en la red para los escritos o utilizando los subtítulos en los vídeos, algunos de ellos para mi sorpresa en castellano, aunque no es lo normal.

Como he comentado, los cursos en español son escasos. Y la gran parte de ellos que existen en estos momentos no proceden precisamente de universidades españolas, sino de las de otros países con nuestra lengua, como por ejemplo Méjico y más concretamente la Universidad de Monterrey. En otros idiomas, principalmente inglés, tenemos oferta de cursos para aburrir, de universidades de todo el mundo y de temas variopintos que a buen seguro desconoceríamos antes de verlos. A modo de ejemplo, estoy inmerso en estos días y durante todo el verano en un curso ofertado por la Universidad de California titulado «Deciphering Secrets: Unlocking the Manuscripts of Medieval Spain», es decir «Revelación de secretos: decodificación de los manuscritos de la España Medieval», un curso de doce semanas de duración y que ha empezado por establecer las bases del cruce de culturas judía, musulmana e hispana en la península. Los vídeos disponen de subtítulos en castellano, por lo que son fáciles de seguir, no tanto los textos y artículos recomendados en perfecto inglés, pero al ser electrónicos, con paciencia podemos utilizar alguno de los muchos traductores disponibles. Todo depende de las ganas y el interés que para nosotros despierten los temas.

Fundamental en todo este entramado son las plataformas en las que están generados los cursos. Hay varias y hasta ahora en los siete cursos en los que me he matriculado me he topado con tres: COURSERA, Open2Study y FutureLearn, pero hay muchas más, cada una con sus peculiaridades y modos de funcionamiento en cuanto a la presentación, el avance en los temarios, la realización de pequeños test para ver cómo vamos de comprensión, exámenes por capítulo y/o final, etc. etc. Solo por ver cómo están diseñadas las plataformas ya merece la pena seguir alguno de los cursos y muy probablemente cuando elija un nuevo curso, ya después del verano, procure que sea en una de las plataformas que todavía no conozco.

Siempre y cuando se hayan realizados los exámenes, algunos de los cursos, no todos, facilitan un diploma de reconocimiento. En algún caso, dependiendo de la universidad, es posible obtener un título oficial siempre y cuando se abonen las tasas correspondientes, que suelen ser en los que yo he visto del orden de los treinta a cincuenta euros. Dependerá de nuestra profesión o nuestros estudios el que sea interesante la inversión.

El verdadero y principal problema es la enorme cantidad de opiniones de los estudiantes, no olvidemos que son miles de todas las partes del mundo, vertidas en los foros y contestadas por los profesores o por otros estudiantes. El participar activamente en ellos requiere no solo un cierto nivel de inglés escrito sino un tiempo que puede llegar a ser importante. Todo dependerá de lo que nos interese el tema y el tiempo que estemos dispuestos a dedicarle sentados ante la pantalla del ordenador.

El mundo se abre y está a nuestra disposición. Una verdadero deleite para enriquecer nuestros conocimientos sobre casi cualquier tema. Una gozada, gratuita y desde el sillón de nuestra casa.


domingo, 22 de junio de 2014

IMPRESIONES



La lectura causa múltiples impresiones en los que disfrutan de ella que son un reflejo de las emociones de las que somos capaces los seres humanos. Están en nuestro catálogo y una forma de hacerlas aflorar es asomarse a las páginas de un libro. En uno de los clubes de lectura en los que participo de forma activa, esto es, leyendo los libros propuestos, se planteó como una actividad adicional un ejercicio de redacción que consistía en escribir unas líneas para cada uno de estos tres interrogantes: ¿por qué leo?, ¿dónde leo? y ¿qué siento cuando leo? No todos respondimos a esa llamada, pero los que lo hicimos dimos una pensada a estas cuestiones resultando unas comunicaciones curiosas y entretenidas, al menos las de los demás. A continuación van las mías.

¿Por qué leo?


«Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas deliciosas»
Montesquieu
Tras casi cincuenta años de lectura de forma más o menos regular, nunca me había planteado hasta ahora el por qué leo. Una pregunta que no nos planteamos, que no nos hacemos a nosotros mismos hasta que viene otro y nos la formula. No hay respuesta, o hay muchas. Simplemente, leo. Lo más básico sería decir que me gusta, que disfruto. Siempre hay algo que leer y nunca hay suficientes ratos libres para leer. Y eso es un combate encarnizado contra el aburrimiento, una palabra que no he «disfrutado» a lo largo de mi vida siempre que haya habido algún libro o lectura de otro tipo a la que asomarse.

Aparte de entretenimiento y pasar el rato, leer es mi forma de aprender de una forma práctica aspectos relacionados con el lenguaje, tales como enriquecer mi vocabulario, ver nuevas formas de redactar, asimilar nuevos estilos, pulir determinadas expresiones. Antaño, con los libros en papel, me fijaba en el diseño de las portadas, las contraportadas, las páginas, los tipos de letra, la distribución en capítulos, los índices, las notas al pie, los márgenes. Hogaño, todos estos aspectos han desaparecido prácticamente para mí al ser un incondicional del libro y los lectores electrónicos, por su comodidad y sus enormes posibilidades.

Leer también es una forma de liberarse, de olvidarse del mundo y lo que nos ocurre, de los problemas del día a día dejando volar la mente. Un aspecto fundamental es que no necesitamos a nadie para leer. Es una actividad solitaria, personal, que puedo decidir por mí mismo y no necesito a nadie para llevar a cabo. Puedo estar rodeado de gente, pero mi lectura es mía y solo yo la estoy realizando.

Pero leer tiene para mí un aspecto fundamental en el plano espiritual. Hay un mensaje que el autor nos quiere transmitir y es de buena educación escucharle y agradecérselo. Cuando leo enriquezco mi espíritu, incremento mi tesoro con las sensaciones que me proporcionan los libros solo con solo asomarme a sus páginas y dejarme embrujar por lo que me transmiten. Uno no es igual antes y después de leer un libro, sea este del tipo que sea y te haya gustado o no; sus enseñanzas nos acompañarán el resto de nuestra vida. Algo se modifica por dentro al integrar experiencias anteriores con las nuevas que habrán sido evocadas sin duda tras la lectura. Personas y ambientes desconocidos, reales o imaginarios, han quedado desvelados y puestos a tu disposición de forma que ya forman parte de ti para siempre, pudiendo ser utilizados en tu vida diaria. Incluso alguno de ellos, con el paso del tiempo, traspasarán la frontera entre realidad y ficción haciéndote pensar que han tenido lugar.

Sabiendo leer, no hace falta nada más para abrir un libro. Otras actividades, como hacer punto o resolver sudokus requieren un cierto entrenamiento y aprendizaje, mientras que leer no. Y esto es maravilloso, al poner al alcance de todos miles de mundos por descubrir.

¿Dónde leo?

«Desde que descubrí los libros electrónicos,
cualquier sitio es bueno para leer»

A lo largo de mi vida, mi sitio de lectura han sido los asientos de los transportes públicos. Más de treinta años dedicando entre dos y tres horas diarias al desplazamiento desde mi domicilio al lugar de trabajo han acumulado muchas horas de lectura. Trenes al principio, autobuses después, y siempre el Metro han visto pasar los libros entre mis manos de forma constante. Más de dos horas de lectura diaria han dado para mucho, incluso como parte fundamental para realizar una carrera universitaria. Es cuestión de aprovechar el tiempo.

Ahora, finalizada esa etapa de desplazamientos, los sitios de lectura son variopintos. Todos los posibles, en gran parte debido al desarrollo de las nuevas tecnologías que permiten llevar una biblioteca en tu bolsillo. Los avances en materia de libro y lectores digitales, a los que soy adicto en grado sumo, me facilitan sacar de mi bolsillo el teléfono y ponerme a leer en cuanto dispongo de unos minutos. Esas lecturas rápidas se producen en las esperas, en el coche, en una cafetería, en las salidas del colegio de mi hija, en los prolegómenos de una conferencia o reunión, en la antesala del médico o en multitud de pequeños momentos muertos que surgen a lo largo del día y que son buenos para avanzar en esa lectura que nos traemos entre manos.

En momentos más continuados, los escenarios caen dentro del hogar. Ese cómodo sillón de orejas en un rincón del salón, con luz natural si es posible o con la luz propia de la que dispone el lector electrónico al que soy adicto proporcionan un entorno íntimo en que refugiarse y dejar volar la imaginación. Cuando el libro es en papel, las menos de las veces posibles y porque no hay más remedio, prefiero la mesa con su atril que me permite una posición adecuada del libro sin tener que soportar su peso en mis manos.

Otro sitio en el que tengo muchos momentos de lectura es el baño. Soy lento en mis visitas y la lectura de un libro o revista es siempre un compañero fiel en esta especial habitación, aunque a veces se prolongue la estancia en la misma debido al enfrascamiento que supone la historia en curso. Salvo en operaciones de aseo en las que haya agua de por medio, nunca accedo sin algo de lectura en las manos.

Y por fin, las menos de las veces, la cama antes de conciliar el sueño por las noches. Aquí, en la actualidad, tengo prohibidos los libros en papel por la incomodidad que me supone tras haberme acostumbrado al lector electrónico. Un atril especial que me he fabricado me permite situarlo en la mesilla en una posición cómoda para la lectura sin tener que usar los brazos y las manos, excepto para pasar la página. ¿Para cuando un mando a distancia o reconocimiento de voz para pasar página? El único problema, craso problema, es que el sueño me vence con suma facilidad, incluso por encima de la atracción de la historia en curso, por lo que acabo cayendo en los brazos de Morfeo y el libro apagándose automáticamente al cabo de un rato.

El verano añade nuevos lugares de lectura a los que personalmente me resisto. Pero cuando no me queda más remedio, por presiones familiares, que pasar algunos momentos en la playa o la piscina, donde el agua me sobra y el sol me molesta, la compañía de un libro es fundamental. Consigo abstraerme del bullicio y meterme en la lectura sin mayores problemas.

Y puestos a recordar algún lugar muy especial donde haya leído a lo largo de mi vida, sin duda tendría que elegir la puerta de la tienda de campaña en los numerosos campings que he visitado en épocas pasadas, donde por aquello de madrugar más que mis acompañantes, disponía de unos momentos de paz y lectura en un entorno al aire libre.

En suma, cualquier lugar y momento es bueno para leer ahora que se dispone de medios para hacerlo sin habérselo planteado con anterioridad.

¿Qué siento cuando leo?

«Leo, luego existo»
René Descartes (adaptado)
“Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría”
Proverbio árabe
Cuando me hago a mí mismo esta pregunta, me vienen a la mente las primeras escenas de la película no tan infantil de dibujos animados «La bella y la bestia». Bella es la hija del inventor, una chica peculiar, singular, distinta de todos sus convecinos, extravagante porque «nunca deja de leer y cuando lee no se acuerda de comer»; «una muchacha de lo más extraño… que siempre en las nubes suele estar». Por un momento intenta contar al panadero la maravillosa historia que ha leído en el último libro y este le da la espalda. Ella sabe que existe un mundo por descubrir y ver y lo busca afanosamente en la pequeña biblioteca de la aldea a donde se dirige prácticamente a diario. ¿Ha llegado algo nuevo? Pregunta con ingenuidad al bibliotecario, a lo que este le responde: Jejeje… ¿desde ayer? Bella no pierde la sonrisa y se lleva un libro que ya ha leído dos veces con anterioridad porque en él descubrirá «lugares lejanos, aventuras, hechizos mágicos, un príncipe disfrazado…»

Leer es transportarse a otros mundos, otras historias, otros personajes y vivir con ellos sus aventuras, compartir sus emociones y dejarse llevar por la magia de lo que ocurrió, sea real o inventado, ¡qué más da! Cuando leo pongo en marcha mi imaginación de forma involuntaria dando forma cual si de una película se tratara a la historia que me están contando. Las imágenes evocadas por el texto me sitúan en un mundo que solo existe para mí y por el que deambulo como si lo estuviera viviendo en propia persona, bien interaccionando con los personajes, sus emociones y sus historias bien observándolos desde fuera sin participar. La magia es que la historia puede llegar a ocurrir como nosotros hemos previsto o tomar un giro distinto y llevarnos por otros senderos que nos abrirán un mundo de nuevas posibilidades por las que transitar.

Cuando leo me preparo para emocionarme. Para sentir todo el rosario de emociones que los humanos tenemos dentro y que pueden llegar a ser tan intensas como queramos si nos dejamos llevar por nuestra imaginación. Podemos sentir miedo, asco, ternura, alegría, risa y así hasta todas y cada una de las emociones si permitimos que los textos alcancen nuestras fibras sensibles. Es sencillo y muy personal. Solo se trata de dejarse llevar.


Pero fundamentalmente, cuando leo siento que aprendo, que mi tesoro crece y se enriquece, que mi espíritu se alimenta. Desde lo más elemental como pueden ser aspectos de gramática o redacción hasta formas de ver la vida y enfocar las cosas que quedarán sin duda guardados en mi acervo, algunos de forma tan fuerte que, con el paso del tiempo, puedo llegar a tener como ciertos en mi subconsciente y en todo caso formarán parte de mi vida y me harán ver el mundo de otra manera de ahí en adelante.


domingo, 15 de junio de 2014

MILI



Solo las personas con una cierta edad, y especialmente los varones, sabrán a ciencia cierta el alcance y el significado del acrónimo «mili». El significado es «Servicio Militar Obligatorio» y el alcance dependerá de si se ha pasado por ella y las circunstancias que a cada uno le tocó vivir. Mi padre me hablaba de la suya, que tuvo lugar tras la Guerra Civil Española, y que alcanzó una duración de algo más de tres años, repito lo de tres, en un cuartel en el pueblo de Leganés, Madrid, lejos de su casa a la que regresaba en muy contadas ocasiones y con grandes dificultades por los costes del desplazamiento y el regreso que mi abuelo no siempre podía sufragar.

He dicho siempre, y me reafirmo ahora, que se trataba de un secuestro legal, ideado por el Estado bajo el aparente paraguas de formar a los jóvenes en la instrucción militar, técnicas de combate, manejo de las armas y todo lo que se relaciona con el ejército y sus desempeños. Esto era la teoría, porque la práctica, en lo que a mí respecta, discurrió por otros derroteros. En la época en que yo pasé, obligado insisto, por este secuestro, se realizaban dos meses de campamento seguidos de otros doce en un destino. En aquella época hubiera justificado con relativa condescendencia los dos meses de campamento, donde uno tomaba contacto con lo militar, constituyendo una experiencia cuando menos novedosa y entretenida. Bien es verdad que había cosas anexas que no eran de recibo, incluso en aquella época, como todo lo relativo a la comida, el descanso, la higiene, sobre todo la higiene, y ciertas actitudes de los mandos para con los reclutas que rayaban lo permisible. Hago mención a las vueltas y vueltas a la compañía con el muy alto y gratificante encargo de recoger colillas.

Me han venido estos recuerdos a la mente esta semana tras la lectura de un libro impactante titulado «Un paso al frente», escrito por un teniente de complemento, Luis Gonzalo Segura de Oro-Pulido, y que aun tratándose de una novela de ficción, relata con pelos y señales determinados hechos que por lo que se ve siguen ocurriendo hogaño, en una edición corregida y aumentada de lo que pasaba antaño. Como bien dice este teniente, si es que lo es todavía pues en estos días le están montando partes de faltas y juicios y acabarán expulsándole, antiguamente la ciudadanía podía conocer un poco los entresijos y tejemanejes cuarteleros a través de los comentarios de los que habíamos pasado por ellos. Doce meses en el destino, en mi época, dan para «ver» muchas cosas.

El servicio militar no era igual para todos. Los que llegábamos al sorteo podíamos encontrarnos con destinos bastante lejos de casa mientras otros no llegaban a ese sorteo o se escabullían tras él. Un compañero de trabajo, que tenía «padrino» claro está, tras el campamento, pasó todo el tiempo en un destino al que se acercaba los días de diario de 10:00 a 14:00 y vestido de paisano. Si tuvo traje militar lo utilizó para hacerse una foto y tenerlo guardado en el armario. Supongo que esto sería un caso aislado pero habría que ver cuántos de estos casos se producían.

No se puede generalizar, pero solo reconozco haber dado con un verdadero profesional entre todos los mandos de mi cuartel. Se trataba de un teniente de carrera, de academia, al que por cierto machacaba el capitán con cierta frecuencia por querer hacer las cosas medianamente bien. Dada mi condición de cabo primero, a la que me llevaron obligado, tuve bastantes charlas privadas con este teniente, cuyo nombre recuerdo pero no diré, en las que me reconocía que ciertas cosas, muchas cosas, no estaban bien, pero poco o nada se podía hacer para cambiarlas, salvo que te metieras en líos de los que podías salir escaldado. En mi caso, y por poner la cara por un soldado en un hecho flagrante, acabé una semana en el castillo, que menos mal no me computaron al final de la mili, pues más de uno se quedó allí cuando nos licenciamos todos a «recuperar» los días que había pasado en prisión.

Hay cosas que se hacen una vez en la vida y lo que estás deseando es que pasen cuanto antes para dejarlas atrás y olvidarlas. Los recuerdos de esa época, en que se truncaron de forma rotunda mis planteamientos y expectativas laborales, son tan vívidos que parece que los esté viviendo hoy en día. Personas y situaciones permanecen grabadas a fuego en mi memoria cuatro decenas de años después. Muchas de las vicisitudes y peripecias de los personajes del libro comentado, recordemos que es una ficción, coinciden milimétrica y sospechosamente con situaciones reales vividas directamente por mí. No se trata de entrar en detalles, que no hacen falta, pero los que hayan pasado por esto sabrán que muchas de las situaciones comentadas se daban de forma clara y a la vista de todos. Escribí un diario que me hubiera costado grandes disgustos si mis superiores me lo hubieran pillado, y que he extraviado en el último cambio de domicilio, pero no pierdo la esperanza de que aparezca algún día por algún lado; sería casi como una repetición calcada de muchos de los hechos que se dan a conocer en este libro.

Un período de mi vida, sin contar el campamento, que se alargó doce meses sin pisar mi casa salvo en una ocasión con motivo del mes de permiso, y en el que tuve que vivir como pude, contando los días, poniendo buena cara, haciendo los trabajos que se me encomendaban sin rechistar, sufriendo un servilismo que querían equiparar con disciplina, soportando el poder de los mandos que no su autoridad y en suma, conservar la calma y el aplomo ante situaciones que en la vida civil serían insostenibles pero que en aquel recinto cerrado de aquella ciudad más cerrada todavía constituyeron un verdadero calvario en el que aprendí pocas cosas positivas para mi vida. Algún recuerdo que el tiempo ha puesto en su lugar y un par de buenas amistades que todavía cultivo. Desde luego, si hubiera tenido que acudir a un conflicto, en mi unidad y con mis conocimientos, poco hubiera podido aportar de lo que allí aprendí.


domingo, 8 de junio de 2014

CRIPTOGRAFÍA



El miércoles de esta semana me desayunaba con una noticia que, no por esperada cualquier día, me sorprendía y me intranquilizaba. Hace al menos una decena de años que uso este programa de ordenador, TRUECRYPT, para mantener protegidos mis datos más sensibles. Andamos de un lado para otro con dispositivos portátiles, no solo ordenadores, en los que la mayoría de la gente lleva montones de ficheros con la más variada información, mucha de ella personal y delicada, que puede caer en manos de cualquiera a poco que nos roben o nos dejemos el portátil o el teléfono olvidado en cualquier parte. A mí de siempre me ha sorprendido la alegría con la que gran parte de las personas que conozco lleva sus datos desprotegidos y cuando se lo dices se encogen de hombros como diciendo «que quieres que haga» o «nunca pasa nada».

Las noticias sobre el espionaje a que está sometiendo de forma continua y efectiva la NSA norteamericana a muchas personas a nivel mundial parece que no va con nosotros. Seguramente así sea pero esta semana también, operadoras de la talla mundial de Vodafone y similares han reconocido haber colaborado con estas prácticas facilitando información de usuarios, llamadas, horarios, localizaciones y en algunos casos contenidos de decenas de miles de usuarios. La reciente polémica con el arrepentido Snowden, de la que no conocemos prácticamente nada, tampoco parece que haya servido para despertarnos, especialmente a los ciudadanos normales y corrientes con los que parece que no va la cosa. Y la cosa va con todos, pues lo mismo se hace para uno que para un millón, todo es cuestión de los medios y recursos que se destinen a ello.

El cifrado de información choca frontalmente con estas prácticas. Para el espía lo más sencillo es tenerlo todo en claro y perfectamente legible e identificable por programas que hagan el trabajo a toda velocidad. Si estos programas se encuentran con información criptografiada, ya se requiere un poco más de esfuerzo para revelar el contenido real. Y eso no gusta, que un ciudadano normal y corriente tenga datos cifrados no es bueno, porque da problemas al espía y le hace esforzarse más por conocer lo que luego a lo mejor son simples fotografías de la querida o correos electrónicos cruzados con la secretaria del jefe que no revisten mayor importancia a efectos de una investigación.

TRUECRYPT es un programa fácil y sencillo, altamente potente y efectivo, que permite tener a los que lo usamos una cierta sensación de protección. No digo que no haya esa puerta de atrás que todo programador se reserva, o que personas expertas con paciencia y trabajo no puedan llegar a desvelar los datos que tengamos «truecryptados». Pero para el común de los mortales, el acceso a esa información será difícil por no decir imposible. Es evidente que no todo lo que tengamos en nuestro ordenador será tan sensible para tener que codificarlo, pero me pongo en la mente de ese médico o psicólogo que nos recibe en su consulta y teclea nuestros datos y nuestros informes en un ordenador portátil… ¿lleva esos datos protegidos y cifrados? Mucho me temo que en gran parte de los casos no; de hecho ya tienen bastante con ser profesionales en sus cometidos como para además ser expertos en informática. Es lo mismo que cuando aparecían informes médicos en papel tirados en el contenedor de al lado de un hospital pero ahora de forma electrónica.

Programas de cifrado sencillos y potentes son necesarios pero van en contra de aquellos que prefieren tener enfrente un mundo de «borregos» que funcionen todos de la misma manera para tenerlos controlados. La noticia de esta semana es mala y además por lo burda y lo estrambótica nos hace temernos lo peor. Una página web cuidada y con profesionales detrás aparece ahora con una presencia que llama la atención. El mensaje inicial dice, en rojo y sin alegría ni calidad «WARNING: Using TrueCrypt is not secure as it may contain unfixed security issues». El que haya puesto eso no se lo cree ni él. ¡Qué excusa más burda y más tonta! Lo que viene a continuación es para mear y no echar gota; mejor ni comentarlo. Posteriormente y sin que yo llegue a creérmelo, hablaron los desarrolladores de TRUECRYPT diciendo que «era una herramienta desarrollada como complemento a Windows XP. Los sistemas posteriores a él ya vienen con una herramienta de cifrado incluida por defecto, BitLocker. Esta herramienta de cifrado de Microsoft ha sido considerada por el equipo de TrueCrypt como suficiente, por lo que al final han decidido abandonar su proyecto de cara a BitLocker». ¿Una herramienta de cifrado integrada en el sistema operativo de Microsoft? No gracias. Simplemente ¡peligro!

Espero que la última versión de TRUECRYPT existente antes de esta «movida», la 7.1a, siga funcionando por muchos años porque mi intención es seguir como hasta ahora, confiando en los datos de mis ordenadores y de mis copias externas de seguridad debidamente cifrados. Y de paso me pondré las pilas para dotarme de mi propia estructura criptográfica. Antes mucha gente usábamos la misma, TRUECRYPT, lo que derivaba en una cierta y teórica «facilidad de control». Cortada esta posibilidad, los usuarios nos buscaremos la vida y surgirán otras miles que harán más difícil ese control supuestamente pretendido. No se enteran de que poner ventanas al espacio es muy complicado, porque el espacio es casi infinito.

sábado, 31 de mayo de 2014

RETORNAR



Retornar: «volver al lugar o a la situación en que se estuvo». Hay sitios en los que hemos estado una única vez en nuestra vida. Muchos de ellos son consecuencia de viajes a lugares a los que nos gustaría o no volver, pero que conforme van pasando los años se van alejando en la memoria. Pero me quiero referir a en esta entrada a lugares cercanos en los que estuvimos y a los que no hemos vuelto en décadas: esta semana me he reencontrado con dos de ellos en lo que ha sido una experiencia que no acierto a calificar. Ambos están relativamente cercanos a mi casa y los puedo alcanzar andando en un paseo de regreso al pasado.

Hace muchos años, casi cincuenta, una vez acabado el colegio y sin edad todavía para trabajar, entrábamos de lleno en una sucesión de días con muchas horas sin un cometido claro: había llegado el verano. Hay que decir que en aquellas épocas se empezaba a laborar a edad muy temprana, en diferentes ocupaciones que traía consigo la época estival, donde un gran número de veraneantes abarrotaba el pueblo. Yo recuerdo mi primer trabajo remunerado ayudando a un panadero a distribuir el pan en su furgoneta por las tahonas de los pueblos cercanos. Eran otras épocas y los padres se preocupaban más por tenernos entretenidos que por lo de ganar unas perrillas, aunque lo uno llevaba a lo otro. Debía tener yo nueve años cuando tuvo lugar mi primer trabajo; todos los chicos andábamos en algo que podía ser repartir pedidos de las tiendas de ultramarinos o del mercado, colocar almacenes o ayudar en la farmacia. Pero antes de esa edad, y teniendo en cuenta que las casas eran pequeñas y las familias amplias, el sitio para pasar la mayor parte del día era la calle.

Un tío mío, Santiago, que tenía negocios en Venezuela y venía a España a pasar los veranos, se encargaba de reunir a sus hijos con primos y vecinos para llevarnos por las mañanas al campo, en los alrededores del pueblo, a realizar diversas actividades: simples paseos, escalar pedruscos, hacer cabañas, juegos como escondite o pañuelo… o… bañarnos en una poza del río. Realmente era un pequeño remanso donde el agua, amén de estar fría como ella sola, no llegaba ni a la cintura. Pero entre ir allí, remojarse un poco y volver, echábamos la mañana. Las cosas han cambiado mucho en estos casi cincuenta años: el río de ahora es un aprendiz del de antaño, apenas sin agua desde principio del verano y con una carretera muy cercana que no existía y que ha transformado radicalmente el entorno. Aun así, esta semana he localizado la zona, muy deteriorada, pero inconfundible debido a una gran roca existente en el lugar. La diferencia de tamaño personal, mi estatura, entre la actualidad y cuando tenía ocho años me ha hecho ver que la roca no es tan grande como yo la recordaba. Casi cincuenta años son muchos y los recuerdos te pueden traicionar.

El otro lugar es un sitio imponente en el que estuve una única vez en 1993. La precisión en recordar la fecha viene dada de la carpeta en la que guardo mis negativos fotográficos en blanco y negro. Acompañado de un par de amigos, en un primer intento de localizar la zona no dimos con ella y tuvimos que observar el área desde una cierta distancia para poder hacernos una idea de por dónde acometer la subida. A la segunda fue la vencida y conseguimos alcanzar la cima no sin pasar un cierto desasosiego, que fue mayor a la bajada, al tener que trepar y descender por las rocas, una actividad para la que uno no está tan preparado como antaño, pues no en vano los años no pasan en balde, tanto a nivel físico como sobre todo mental. La zona es conocida como «La pisada del diablo» debido a la roca que puede verse en la fotografía y que presenta una hendidura que dice la tradición fue ocasionada por el pie del diablo cuando se apoyó en ella para saltar y continuar su camino. Tradiciones aparte, es una plataforma de piedra en la falda de una montaña desde la que se puede contemplar una amplia zona en cuyo fondo destaca la ciudad de Madrid. Se me ocurre que puede ser un buen sitio para llegar allí al anochecer armado de tortilla, ensalada de tomates y cebolla y bota de vino para contemplar las luces titilantes de la ciudad en la tierra y de las estrellas en el cielo. El problema sería bajar de allí de noche, una actividad delicada pero que se podría asegurar con buenas linternas.

Buscamos sin éxito un tercer lugar, conocido como «El saltadero», una improvisada fuente que un grupo de amigos construyó en 1990 sobre un manantial que existía de forma inverosímil casi en lo alto de la montaña. Comentando posteriormente con unos y otros llegamos a averiguar que ya no existe pues el tiempo y la falta de cuidados ha forzado su desaparición.

sábado, 24 de mayo de 2014

BUZONEO



En estos últimos días se ha registrado en el buzón de nuestra casa familiar una actividad inusual. Normalmente crecen allí las telarañas, por varias razones: nos suscribimos generalmente a las opciones electrónicas de documentación de las diferentes empresas con las que interaccionamos, procuramos evitar toda la correspondencia posible y disponemos de un apartado de correos para dirigir allí lo que nos interesa o es imposible evitar. Así pues, los envíos que finalmente acaban en el buzón instalado en nuestro portal son anecdóticos y tienen lugar de Pascuas a Ramos.

Hace años, el envío masivo de propaganda en papel por parte de las empresas para intentar venderte algo o colocarte un seguro era agobiante. Había un tráfico de direcciones que se pasaban entre unas y otras y todo un mundo complejo para inundar de propaganda los buzones con unos diseños de lo más sugerentes y personalizados. Ante las protestas generalizadas contra estas prácticas, la puesta en vigor de leyes que protegían los datos personales y el convencimiento de que este sistema no era ni lógico ni rentable, estos sistemas de propaganda postal cayeron de forma radical hasta desaparecer. Lo que queda, residual, son los folletos de las grandes superficies que ya no van personalmente dirigidos y que suelen acabar en un buzón general de anuncios que cada vez más las casas instalan en el exterior.

Pero estamos de elecciones al Parlamento Europeo, que se celebran mañana. Con este motivo y al ser tres las personas en edad electoral que residimos en este domicilio, hemos recibido trece sobres. Parece que deberían de haber sido quince, pero hay un matiz curioso, que luego explicaré, para que hayan sido solamente trece. El buzón debe estar cansado ante tanto trabajo en un espacio tan corto de tiempo y seguramente no comprenderá lo que está pasando. Cinco de los partidos políticos que concurren han tenido la capacidad de enviarnos sus propuestas para convencernos, de forma postal y a la antigua usanza. Hay que mencionar que de los cinco, cuatro han conseguido la dirección completa, con nombre y todo, que viene impreso bien en el exterior del sobre o en las hojas interiores, utilizando en este caso el sistema de ventana transparente. Uno de los envíos tiene como destinataria la vivienda, por lo que en lugar de un nombre lo que figura es «Electores residentes en». Debe ser que esta formación ha optado por ahorrar costes o no ha tenido el suficiente peso o capacidad para obtener y manejar datos personalizados.

Ninguno de los sobres tiene sello, figurando en todos ellos aquello de «FRANQUEO PAGADO». Resulta también curioso el hecho de que en tres de los cinco envíos figura el partido remitente en el exterior del sobre: UPyD, Izquierda Unida-Los Verdes y Socialistas-PSOE, mientras que en los otros dos no hay ninguna señal externa que identifique al remitente: ¿será para evitar que vayan directamente a la basura? Una vez abiertos, en su interior se constata que proceden del PP y de… que curioso, Izquierda Unida-Los Verdes en una segunda modalidad y con otro mensaje.

Supongo que las personas e imprentas que hayan intervenido en el proceso de preparar todos estos envíos masivos habrán estado contentas por disponer de un trabajo y unos ingresos en estos tiempos que corren. No creo que los carteros de correos hayan hecho otra cosa que sufrir este aluvión de trabajo sin ningún tipo de compensación económica. Y el resto de ciudadanos nos preguntaremos muchas cosas, tales como quién paga el coste de todo esto, que no ha debido de ser pequeño. Se sabe que los gastos de las campañas pueden ser sufragados en parte por las subvenciones obtenidas en función de los elegidos, pero no siempre llegan a cubrir las deudas. Dejémoslo aquí.

Lo que me resulta más curioso es que los partidos políticos dispongan de direcciones personalizadas y completas de forma masiva. ¿Dónde y de qué forma la obtienen? Tengo mis ideas sobre ello que no quiero exponer aquí, pero espero que sea por medios transparentes y legales y supongo, aunque es mucho suponer, que seguirán y cumplirán todas las disposiciones oficiales derivadas de la «Ley Orgánica de Protección de datos de carácter personal-LOPD» y especialmente en cuanto a la conservación de esos datos personales en sus ficheros.

Por lo menos en la familia tendremos la precaución de acumular toda esta cantidad ingente de papeles, que en mi caso personal ni siquiera he abierto ni leído, para llevarlos al reciclaje. Entiendo que en el colegio electoral dispondrán de sobres y papeletas de voto de todas las formaciones que concurren a las elecciones, no solo de estas cuatro tan pudientes que también nos las mandan a casa.

¿Para cuándo el voto por internet? Hace ya tiempo que existen los certificados digitales…

sábado, 17 de mayo de 2014

AUTONOMÍ… suyas



Es que no son mías, son suyas, de ellos, de los políticos y sus «rondamisas». En lo estrictamente personal, como españolito de a pie, las sufro, me duelen, me cuestan, no las veo ningún beneficio en las cuestiones básicas de la vida diaria y me parece que son un atraso y un freno. Pero para gustos hay colores: cuarenta y cinco millones de españoles… cuarenta y cinco millones de opiniones diferentes.

En una entrevista publicada en el diario «El Mundo» con fecha 4 de mayo de 2014, el ministro de Asuntos Exteriores hacía la siguiente manifestación en referencia a las últimas elecciones de 2011 en las que el Partido Popular obtuvo la mayoría absoluta: «El Gobierno heredó una situación terrorífica. Lo comparo con la Transición».

Sin entrar a valorar la mayor o menor mesura en esta afirmación, la «Transición» aludida es un periodo de grandes cambios que tuvo lugar en España en los años setenta del siglo pasado, tras la muerte del dictador Francisco Franco que se había mantenido en el poder durante los cuarenta años anteriores. En fechas recientes ha fallecido Adolfo Suárez, el presidente del Gobierno que lideró la Transición y sobre el que están apareciendo muchas y variadas informaciones que el paso del tiempo ha tamizado. Una de las más polémicas en estos días es el libro de Pilar Urbano titulado «La gran desmemoria» que está levantando ampollas en diferentes sectores, especialmente en la Casa Real Española y el entorno familiar del fallecido.

Si bien se ha calificado en innumerables ocasiones como «modélica» la Transición, revisiones actuales sobre dicho período de nuestra historia arrojan luces y sombras que al menos ponen en entredicho ese calificativo. De un lado estaba el miedo de la población, recién salida de una dictadura donde todo estaba atado y bien atado y en la que la pérdida de las libertades y el férreo control de la libertad de expresión eran una constante. De otro lado, las presiones de la ultraderecha más conservadora, que controlaba el poder y los medios de comunicación, secundada por la Iglesia Católica. Y todos bajo las advertencias cuando no amenazas más o menos veladas del Ejército que se mantenía distante y discordante con los planteamientos políticos de avance y libertad, entre los que, a modo de ejemplo, supuso un verdadero acontecimiento la legalización del Partido Comunista, acordada a través de un encaje de bolillos.

Con estos mimbres, el cesto que se construyó, llamémosle Constitución Española de 1978, era lo menos malo que se pudo llegar a consensuar: un producto altamente desequilibrado resultado de una falta manifiesta de peso entre las fuerzas encargadas de su redacción, que como se dice en el argot popular, «se la cogían con papel de fumar» utilizando mañanas, tardes, noches y fiestas de guardar, a la hora tanto de manifestar sus opiniones como de aceptar las de los demás, evitando por todos los medios el herir susceptibilidades. Al menos y por todas estas circunstancias expuestas, parecía que el interés colectivo se ponía por encima de los intereses particulares para poder seguir adelante en el proceso de cambio. Otra cuestión reseñable en la época era la «buena voluntad» que ponían todos por hacer las cosas bien, una buena voluntad que está más que ausente en los momentos actuales.

Dentro de todo este proceso, como un apartado verdaderamente importante y crucial, estaban las aspiraciones nacionalistas de algunas regiones españolas, históricas o menos, tales como el País Vasco y Cataluña, de forma clara y explícita, y otras con menos fuerza en sus requerimientos como Galicia o Andalucía. El problema de vascos y catalanes, que venía de siglos y que estaba en un cierto tratamiento en tiempos de la República, había sido cerrado en falso por la Guerra Civil y ahora renacía de nuevo, con planteamientos comedidos que no se atrevían a clamar a las claras por la independencia pero que no se iban a contentar con una migajas.

En algunos momentos se llegó a plantear este asunto en términos federalistas, especialmente por parte de las fuerzas de izquierda, incluidas las catalanas, pero fue desechado. Hoy en día vuelven estos planteamientos con fuerza como una forma de solución al caótico estado de las Autonomías. A modo de explicación, de los más de doscientos estados que existen en la actualidad en el Mundo, veinticinco tienen una estructura descentralizada como forma de Gobierno. Unos por «extensión», como por ejemplo EE.UU., Rusia, India, Canadá o Australia, mientras que otros por «unión o conveniencia», tales como Alemania o Suiza. Lo que no aparece en la historia son estados federados por «desunión» que sería más o menos el caso de España si se optara por este tipo de Gobierno.

Volviendo a los años setenta, estaba claro que había que contentar de alguna manera a los nacionalismos vasco y catalán. Precisamente los vascos se quejaban, y se siguen quejando ahora, de su no participación en la redacción de la Carta Magna. La inercia de vivencias anteriores justificó una forma novedosa de descentralización que, con el tiempo, se está mostrando como muy costosa además de ineficiente. Manuel Clavero Arévalo, en clara defensa de sus intereses andalucistas, acuñó en aquella época la frase de «café para todos» que estuvo bien vista por Adolfo Suárez: para contentar a vascos y catalanes se daría la misma solución a otras «regiones» españolas, tuvieran o no planteamientos nacionalistas, con tal de que elaboraran y presentaran un estatuto de autonomía que fuera aprobado. De aquellos polvos surgieron estos lodos, nada menos que 17 Comunidades Autónomas cuyo diseño no tenía entonces, ni mucho menos tiene ahora a la vista de la historia, ni pies ni cabeza.

Podríamos entender, poniéndonos en la piel de los intervinientes de antaño, el error comprensible en unos momentos delicados por los problemas anteriormente comentados; se trataba de conseguir una «democracia», con las menos limitaciones posibles en la que las fuerzas de izquierda, PSOE y PC, pudieran tener una participación activa aunque fuera solamente «chupando un poco el caramelo». Al final se consiguió, por los pelos, integrar a todos y la Constitución, completa, fue refrendada por el pueblo español el 6 de diciembre de 1978. Pero siempre hay quien estudia los parciales en una votación: un escaso 30% de los votos vascos dijeron «sí».

Han transcurrido 35 años desde entonces en los que han ocurrido muchas cosas. El mundo avanza a velocidad de vértigo y los mimbres que sirvieron para hacer el cesto en 1978 se mantienen con dificultad y están empezando a descomponerse a la luz de los acontecimientos. Cada español podría hacer una valoración de las consecuencias del diseño autonómico español. Un ciudadano de España admitirá como lógicas las diferencias en muchos aspectos de su vida diaria con las de ciudadanos de otros países; pero lo que no admitirá, o lo hará con dificultad y la fuerza, son desigualdades con otros ciudadanos españoles por razón de vivir en diferente Comunidad Autónoma. Y esto no ocurre sólo a nivel autonómico sino también a nivel local. Existen localidades es España físicamente unidas, en las que las viviendas de una acera de la calle pertenecen a un municipio y las de enfrente a otro. Y se da el caso de que los impuestos a pagar por un mismo bien, pongamos un vehículo, son diferentes debido a la capacidad de maniobra de que disponen los alcaldes a la hora de establecer porcentajes de aplicación en los impuestos. Esto ocurre de forma corregida y aumentada en las Autonomías, lo que hace que las empresas, especialmente las que se encuentran cerca de las «fronteras», traspasen estas por simple conveniencia.

Hay ciertos hechos que son incuestionables y no valorables:
  • El coste estimado de la estructura autonómica es de 86.000 millones de euros anuales.
  • El número de empleados públicos no ha crecido de forma natural, sino que se ha disparado, y eso sin contar las numerosas empresas públicas de titularidad autonómica que están de alguna forma incontroladas.
  • Las diferentes leyes y disposiciones existentes en materia comercial suponen un freno y un coste elevado para las empresas, que necesitan inversiones y gastos extras para adecuarse a las mismas, lo que encarece sus productos y las resta competitividad.
  • Se producen «triplicidades» entre los niveles local, autonómico y central que derivan en un inadecuado funcionamiento y un galimatías para el ciudadano.

El catedrático Julián Pavón ha sintetizado los principales achaques que sufren los españoles por el Estado Autonómico en un video disponible en la plataforma «youtube» titulado "El pesebre español y los siete pecados capitales», que se resume a continuación con unos pequeños comentarios.
  1. Despilfarro las decisiones particulares de cada autonomía y sus órganos dirigentes han propiciado inversiones de dudosa utilidad en aeropuertos, universidades, edificios públicos, sistemas de comunicaciones, televisiones regionales, etc. etc.
  2. Corrupción los tratamientos personalizados y las decisiones favoritistas han derivado en numerosos casos abiertos como por ejemplo palma arena, gürtel, ere's andaluces, o caso Urdangarín entre otros.
  3. Hipertrofia política altos cargos en personas de confianza, imposición de directivos en empresas, como cajas de ahorros o creadas por ellos mismos para colocación de amigos y familiares.
  4. Hipertrofia de la admon.pública crecimiento desmesurado e injustificado del número de empleados. se estima que alrededor de un millón de empleados públicos en las administraciones autonómicas no está justificado.
  5. Ruptura unidad de mercado las diferentes disposiciones obligan a las empresas a personalizar los productos según la comunidad a la que se destinen.
  6. Endeudamiento voraz las presiones recientes de la comunidad económica europea en cuanto a los topes de déficits admitidos trata de paliar estos importantes agujeros en gran parte de las comunidades autónomas 
  7. Ingobernabilidad del estado hace unos años los vascos y en la actualidad los catalanes plantean cuestiones incluso contrarias a la propia constitución que cuestionan la unidad del estado y que hacen que gobiernos extranjeros desconfíen de españa al ver el «gallinero revuelto» y con cierto descontrol.

Está claro que las llamadas «vacas gordas» son capaces de tapar muchas asimetrías entre ciudadanos de un mismo Estado pero desde el año 2007 una crisis económica golpea brutalmente ciertas economías mundiales y especialmente la española, si bien nuestros dirigentes retrasaron varios años su reconocimiento. Ya nuestro universal Santiago Ramón y Cajal decía que «una de las desdichas de nuestro país consiste, como se ha dicho hartas veces, en que el interés individual ignora el interés colectivo». Empezamos a asumir que nuestros hijos vivirán peor que nosotros, algo que no ocurría desde hace muchos años. Ir de más a menos tiene mala digestión, especialmente cuando la prensa revela día tras día casos de corrupción y despilfarro en las que se ve inmersa la clase política. Según estudios, en España existen alrededor de 445.000 políticos, lo que representa la tasa por habitante más alta de Europa. No para todos, pero para gran parte de ellos, es una profesión remunerada, con poco o ningún control en su acceso y en la que se pueden perpetuar. Algunos se subieron al coche oficial en la Transición y siguen montados en él. En el decir popular, algunas administraciones autonómicas o locales son verdaderas «agencias de colocación» para amigos o familiares y paradigmas del «enchufismo y amiguismo» cuando no abiertas y declaradas «cuevas de ladrones».

Hace dos años, el movimiento ciudadano denominado «15-M» utilizó como eslogan la frase «No nos representan» cuestionando el tipo de democracia en vigor en la que la participación del ciudadano en la vida pública se limita ejercer su derecho al voto cada cuatro años y siempre dentro de una Ley Electoral que sería cuando menos revisable. Excesos de una parte y de otra acallaron este movimiento de personas de todo tipo, condición y creencias políticas que se caracterizaba por un hecho común: la indignación ante lo que estaba ocurriendo. Encuestas actuales muestran que un 72% de la población española sigue de acuerdo en los planteamientos de base aunque no en el tipo de acciones que se están desarrollando, si bien opciones interesadas achacan todo lo que se les pone por delante al movimiento «15-M» que ha pasado a un segundo plano en la actualidad.

Estamos a las puertas de nuevas elecciones, esta vez un poco distantes, al Parlamento Europeo. Numerosas formaciones abogan en sus planteamientos preelectorales por una supresión de las autonomías o el estudio del paso a un estado de tipo federal. Ya se sabe que estos planteamientos electorales son por lo general papel mojado a la hora de llevarlos a la práctica una vez pasadas las elecciones, pero lo que está claro es que tratan de sintonizar con el sentir popular. Indirectamente, esto es una petición en el sentido de hace falta una reforma urgente de la Constitución de 1978, por lo menos en los aspectos relativos a las Autonomías y el gobierno de las mismas.

Una palabra que está cobrando fuerza últimamente, con grandes niveles de estigmatismo, es «recentralización». El estado del bienestar se derrumba y muchos entienden que los reinos de taifas a los que equivalen las Autonomías actuales son incompatibles con la mejora de vida de los ciudadanos aunque están igualmente de acuerdo en que representan un estado de bienestar para los políticos, que se resisten a su disolución por razones obvias. Algunos presidentes autonómicos, entre ellos la anterior presidenta de la Comunidad de Madrid, abogaban ya hace dos años por devolver competencias al Estado para una mejor gestión y mayor beneficio de la ciudadanía. Hay que decir que en otros países, como por ejemplo el federalista Alemania, hace años que los Landers, un equivalente a las autonomías, devolvieron competencias al Estado para economizar gastos y hacer más eficiente su gestión. Como un dato, el gasto del gobierno central alemán representa el 62,5% del total mientras que a niveles de Landers y locales los gastos son del 20,3% y el 14,5% respectivamente. El peso del gobierno central queda claro. En esa misma línea, aunque algo menores, son los porcentajes de otro estado federal europeo como es Suiza: 51,5%, 27,6% y 20,9% respectivamente. En otro aspecto tangencial al asunto que estamos tratando, en países como Grecia, donde se ha llevado a cabo o Italia, donde se piensa seriamente en ello, se han concentrado los ayuntamientos con poco peso y número de habitantes, lo que supone una reducción drástica de los gastos en servicios al ciudadano y especialmente en las estructuras locales, en términos tanto de políticos, alcaldes y concejales, como de funcionarios, secretarios, interventores, abogados, arquitectos, gestores…

Nadie duda hoy en día que las Comunidades Autónomas españolas son 17 burocracias insostenibles desde al menos el punto de vista económico y que en términos de bienestar solo son positivas para los políticos y sus adláteres. . Temas como la Justicia, sin discusión, o la Sanidad, Educación, Vivienda o Espacios Naturales, con velados o pequeños inconvenientes, están pidiendo a gritos una devolución de competencias al Estado para conseguir la mejora en su gestión y una reducción de costes que permita sus sostenibilidad, claramente dañada en estos momentos. Baste decir para apoyar esto que Cataluña presenta un déficit de 800 millones de euros en Sanidad y las farmacias valencianas no cobran sus deudas con la Generalitat Valenciana con la debida regularidad.

Mantener la controversia y los enfrentamientos por llamarse nación o estado y por llevar de forma independiente las riendas del gobierno nos están costando unas desigualdades extremas entre ciudadanos españoles a la vez que unos esfuerzos en tiempo y dinero que no son soportables por más tiempo, cuando otros asuntos más urgentes y apremiantes requieren nuestra atención. Utilizando términos extremadamente reduccionistas, podemos optar entre «cortar por lo sano» o «seguir con la venda en los ojos o la cabeza bajo tierra, como el avestruz». La espada de Damocles anunciadora de un colapso que se nos viene encima a pasos agigantados requiere unos planteamientos abiertos y de futuro donde todos apuesten por el bien común y dejen apartadas, olvidándolas para siempre, las particularidades. Cerrar heridas en falso, ha quedado demostrado, no solo impide su curación sino que las empeora.

Esto no es solo de mi propia cosecha. Agradezco a mis compañeras Nieves y Mabel el haber colaborado en la redacción de un documento de más alcance del que este texto es solo una parte.



Con posterioridad a la publicación de esta entrada, en el diario El Mundo del domingo 19 de octubre de 2014 apareció esta ilustración que representa de un modo más directo y con los personajes reales lo que se quería transmitir con la ilustración original: un carro del que tiraban los bueyes de cada esquina.




domingo, 11 de mayo de 2014

EUTANASIA



En una magnífica sesión de una cincuentena de mayores, rondando o por encima de los sesenta, debatimos este tema tan controvertido y actual, moderados por el profesor Javier Dorado Porras, de la universidad Carlos III de Madrid, que realizó una labor de encauzamiento y síntesis verdaderamente complicada y por ende admirable. Los intercambios de opiniones fueron de gran riqueza, al ser algunas de ellas aportadas por personas implicadas directamente en asuntos de este tipo con familiares directos. Previamente se había visionado una película de las muchas que se han acercado al asunto. De entre las tres inicialmente planteadas, «Mar adentro», «Million dollar baby» y «Las invasiones bárbaras», se optó por esta última si bien en ella se trata una casuística especial que en realidad es la «ortotanasia», palabra que no existe en nuestro diccionario pero que significaría muerte correcta si atendemos al significado del prefijo «orto». Es el caso de las personas que asumen que van a morir en un plazo determinado y eligen el momento y las condiciones antes de que se cumpla.

La palabra eutanasia, que sí está en el diccionario, significaría simple y etimológicamente «buena muerte» aunque la Real Academia aclara que se trata de la «acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él». En una segunda acepción, en terminología médica, indica que se trata de «muerte sin sufrimiento físico» que sería más parecido al significado etimológico. En todo caso, hubo un acuerdo unánime en que es mejor hablar de «derecho a una muerte digna» para evitar significados matizables.

Aunque podría llegar a confundirse, el suicidio es absolutamente diferente y no admite comentario en este apartado. Una cuestión a dilucidar es si el derecho que tenemos todos a una vida digna incluye el derecho también a una muerte digna como parte de nuestros derechos vitales, en los que estaría posibilitado el derecho a decidir el momento en que queremos abandonar este mundo e incluso en la forma de hacerlo. Aquello, en planteamientos serios, de que «paren este mundo, que me bajo». Suicidarse, no lo olvidemos, es otra cosa, es «quitarse voluntariamente la vida» por condiciones subjetivas y sin que existan las correspondientes objetivas.

Hay muchos aspectos que revolotean alrededor del tema. Uno de ellos es el llamado encarnizamiento terapéutico que puede llegar a ocurrir cuando la medicina se empecina en mantener una vida utilizando todas las posibilidades a su alcance por encima de las opiniones del paciente. También es interesante conocer que el interesado puede decidir con anticipación en lo que se conoce como «Testamento Vital», para el que existe un registro oficial o bastaría una manifestación ante notario o dos testigos.

Para empezar por el final, el resumen es que se trata de una más de las hipocresías con las que vivimos. Los planteamientos que afectan al tema pueden ser éticos, religiosos, médicos, legales, sociológicos, culturales… y lo que ocurre normalmente es que se mezclan unos y otros enmarañando las vías y cercenando la claridad. Por ello lo mejor es delimitar claramente el paradigma, contexto y esquema, en el que vamos a movernos.

Por ejemplo, si utilizamos conceptos religiosos o incluso culturales en general, que nos hablan de la santidad de la vida y de que no es nuestra, que es sagrada y que nos ha sido dada, no hay nada más que añadir. Debemos esperar pacientemente a que nos llegue nuestro final. Pero, como en todo, hay matizaciones; cuando nuestro final se acerca y estamos en una fase terminal, mantenidos casi artificialmente por tecnología médica, por ejemplo en un coma… ¿es lícito abortar el tratamiento y dejarnos en manos de ese ser superior que supuestamente nos ha dado la vida?

Abandonando el paradigma religioso y centrándonos en un punto de vista laico, es conveniente considerar en cada situación personal el punto de vista biológico ligado al biográfico. Lo biológico alude a los aspectos animales de la vida y su subsistencia mientras que los biográficos se relacionan con nuestra inteligencia, nuestro pensamiento, nuestra libertad y nuestra autonomía en las decisiones. En este sentido, un punto a tener en cuenta es que si nuestra vida biográfica se ha agotado y no tenemos capacidad de desarrollo por esta vía, la vida biológica probablemente carezca muy mucho de sentido.

El interés personal debe primar por encima de todo siempre y cuando no vaya en contra del interés colectivo. Y por ello es fundamental que en este asunto se hable de unas condiciones objetivas que permitan establecer de forma inequívoca que la calidad de vida ha disminuido. Aquí surge de nuevo el problema de establecer los parámetros, pero aun a riesgo de simplificación y dentro del apartado biológico, podríamos establecer tres niveles tales como «disminuida» en temas de movilidad o autonomía personal, «muy disminuida» como situaciones de postramiento o inmovilidad y «bajo mínimos» que podrían aludir a estados vegetativos o de coma. Pero lo fundamental en los casos segundo y tercero, el tercero sin discusión aunque habría de considerarse la posible reversibilidad, sería determinar cómo afectan a la vida biográfica de la persona, a sus planes de funcionamiento diario y futuro en el terreno de lo intelectual. Personas que podríamos considerar de forma clara en un estado muy disminuido siguen adelante con sus vidas y las desarrollan, como por ejemplo el caso el científico Stephen Hawking y otros en otros ámbitos como por ejemplo el deportivo.

Solamente dándose de forma objetiva una vida biológica muy disminuida o bajo mínimos, puede empezar a hablarse de la posibilidad de introducir el elemento subjetivo por el que el individuo desea acabar su transitar por este mundo. Si tiene capacidad y autonomía para hacerlo por medios propios, sería un suicidio y estaríamos fuera del tema. En el caso de requerir ayuda de otros, familiares o médicos, es fundamental que exista un «consentimiento válido», bien por un testamento vital bien por la aquiescencia de sus familiares o tutores mostrada de forma libre y asesorados convenientemente por médicos y/o psicólogos.

En este punto llegamos a cómo ejecutar la decisión, lo que trae a colación las formas «activas» o «pasivas» de la ejecución. Y aquí vuelve de nuevo la hipocresía al entrar en disquisiciones de las diferencias entre acción y omisión, matar o dejar morir. Una vez decidido y consensuado entre todos que se va a proceder, lo mejor es pensar en la calidad de vida del que nos deja. Desde el punto de vista del dolor y el sufrimiento, las formas activas evitan prolongar dolor y agonía y serían las más recomendables.

No hemos tratado, deliberadamente, las connotaciones penales que tiene todo este asunto y que deben estar alerta para no encubrir posibles asesinatos, generalmente a manos de familiares por intereses económicos o simple desafección.

domingo, 4 de mayo de 2014

COPAGO



No puedo evitar que se me enciendan todas las alarmas cuando escucho ciertas opiniones. En una entrevista a un periodista y escritor sobre un libro suyo de reciente publicación, del que no haré propaganda, justificaba de una forma etérea la aplicación del copago en temas sanitarios, poniendo el ejemplo con los pensionistas, pobres ellos que los machacan por todos lados, viendo bien que se les cobre «algo» en función de su pensión, porque no todas son iguales y hay algunos que tienen un buen poder adquisitivo al cobrar las cuantías máximas, que estableció por encima de dos mil euros mensuales y además disponer de buenas rentas por lo ahorrado a lo largo de su vida.

Lo más probable es que yo sea un malpensado al deducir de estas palabras una crítica velada al que ha cotizado alto o ha sido ahorrador. Ya lo sabemos, si nos esforzamos en trabajar muchos años aportando lo más posible al sistema y a la vez tenemos la precaución de ahorrar para la vejez, seremos «castigados» por el sistema porque de alguna manera nos dirán que somos «ricos» y que por ello tenemos que pagar, repagar diría yo, más por las prestaciones, cada vez más exiguas a medida que pasa el tiempo.

Hace unos meses, en noviembre de 2013, escribía en este mismo blog la entrada «RENTA» que tiene el trasfondo y las esencias de este asunto. En uno de sus últimos párrafos se trataba esta cuestión sobre la que vuelvo hoy. No hay nada como que te toquen la bolsa y casi al mismo tiempo escuchar en la televisión a un desconocido que defiende cuestiones con las que tú no estás de acuerdo, con tus razones que podrán ser válidas o no.

Esta semana he acudido al médico a una revisión semestral rutinaria de mis niveles en sangre, especialmente el colesterol, que se resiste a dejarse controlar. La toma diaria de Atosvartatina parece que se va haciendo con ello pero con un pero que ocurre a ciertas personas, entre las cuales me debo de encontrar, y es que entre sus efectos secundarios está la posible subida de los valores de una encima, la creatinquinasa. Según el análisis realizado, en el que se establece un valor tope de 204, mis datos alcanzaban 348. Antes de conocer esto, la doctora me lanzó la pregunta ¿tienes dolores musculares últimamente?, pregunta que me llamó la atención porque sí los tenía de forma esporádica e inespecífica: dolores de espalda, cuello, brazos…

Ya se sabe que en el mundo de la medicina casi todo tiene solución con pastillas. No podía dejar de tomar la diaria Atosvartatina, cuya dosis quedaría reducida a la mitad, pero sería necesario complementarla con otra que redujera los efectos secundarios. La elegida por la doctora era «Ezetral». No puedo evitar que lo de tomar pastillas de forma diaria y continuada me ponga de los nervios. Pero aquí no acaba la cosa, al anunciarme la doctora que esta segunda pastilla tenía un problema: era muy cara, su coste real para el paquete de 28 unidades alcanzaba los 52 euros, es decir, casi a dos euros por pastilla, dos euros diarios, que algunos es verdad que se lo gastan en tabaco de forma voluntaria que es mucho peor. Quedamos en que tomaría ambas pastillas durante el semestre siguiente hasta el próximo análisis a ver como se desarrollaba el asunto.

Camino de la farmacia para obtener el «pienso», pensaba en el coste real del medicamento una vez aplicado el descuento del Sistema Nacional de Salud. No sé si esto es en realidad un copago, pero se lo parece. Los porcentajes de descuento a aplicar son personales en función de nuestros ingresos. No voy a decir el que me aplicaron a mí para no dar pistas sobre mis ingresos, pero todo esto conecta con el tema del que hablábamos al principio, por el cual, una vez que has contribuido a los impuestos con tu nivel de renta, este nivel es utilizado de nuevo para aplicarte porcentajes. Y lo que es más grave, con una gran dilación en el tiempo que puede dar lugar a situaciones esperpénticas en las que tu situación económica actual, con la que haces frente al pago, sea muy diferente de la que tenías el año pasado cuando hiciste la declaración de la Renta con ingresos que correspondían al año anterior.

Resumiendo, que con mis ingresos actuales, del mes de abril de 2014, estoy sufriendo en determinadas situaciones como la descrita la aplicación de criterios que responden a mi salario conjunto de 2012. No es el caso pero supongamos una persona que en 2012 estuvo trabajando en el extranjero y ganó una pasta gansa, que declaró en junio de 2013 y actualmente está en el paro. Esta situación de paro actual se reflejará en la declaración de la Renta que hará a mediados del año que viene y tendrá consecuencias efectivas en 2016. Yo creo que se trata de que nos vayamos muriendo como pasa con los ancianos y la Ley de la Dependencia: mi padre murió a los dos años de haber cursado la solicitud sin que hubiera resolución.

El sistema no se sostiene y nuestros descerebrados dirigentes siguen por esta vía queriendo extenderla a otros aspectos sociales. Craso error. Porque además todos sabemos que hay una bolsa grande de fraude que no llega a la declaración de la Renta. Utilizar estos datos es tremendamente injusto. Lo suyo sería que se preocuparan de que las declaraciones fueran reales, aplicaran sobre ellas porcentajes justos de acuerdo a los niveles y tras esto, todos iguales ante los servicios públicos. Pero está claro que por ahí es mejor no ir, no vayamos a descubrir a los que no declaran correctamente, que seguro que son los pobres, y tengamos que actuar contra ciudadanos a los que no se quiere tocar, que son esos que tenían su dinero en Suiza hasta enero de este año y ahora se lo están llevando a otros sitios por que las autoridades de ese país parece que van a colaborar en suministrar información «delicada» que permita su detección.