Buscar este blog

domingo, 5 de abril de 2015

LATAS





Hay cosas con las que llevamos conviviendo toda la vida y que a pesar de las innovaciones rápidas y continuas a las que nos tiene acostumbrados la vida moderna no han cambiado nada o muy poco. Una de ellas son las latas de conserva, que yo recuerdo desde que era niño hace ya muchas décadas. Bien es verdad que antiguamente se utilizaban para muchos menos alimentos que ahora, en que se han generalizado y se utilizan incluso en el mundo de las bebidas, un terreno reservado antaño para los envases de cristal, los conocidos como cascos que había que andar trayendo y llevando a la bodega para no tener que abonar su coste, que lo tenían. Díganselo sino a algunos chavales, que se sacaban unas propinillas rescatando cascos de los más variados lugares para llevarlos al bodeguero y cambiarlos por unas monedillas. Dicho sea al hilo de esto, que me parece que la humanidad ha perdido una gran oportunidad de conservar el medio ambiente, y los bolsillos, al trastocar el envase de cristal por la lata: aquel se reutilizaba varias veces y la lata de ahora, que nos cuesta nuestros buenos dineros, la tiramos a la basura o al reciclaje. Ya escribíamos de todo ello en este blog hace seis años, en julio de dos mil nueve, en la entrada «CASCOS».

Recuerdo que a los niños nos estaba vedado el abrir las latas, pues era muy alto el riesgo de corte con el filo sinuoso que quedaba al aplicar el abrelatas y levantar la tapa para acceder al contenido, generalmente sardinas o conservas de pescado que era lo más corriente en este tipo de envasado. El abrelatas de la época era el clásico denominado «explorador», que tenía el mecanismo de un chupete y que funcionaba a las mil maravillas. Conservo, ya sin uso, un ejemplar que puede verse en la fotografía que acompaña a esta entrada. Hice ayer mismo el ejercicio de preguntar en dos ferreterías del pueblo y me dijeron que ya no tenían esa marca. Aparte de que los abrelatas ya no se venden, disponían de uno de tipo alicate y de otro incluso eléctrico, pero el de la marca «explorador», me dijeron, hace años que dejó de verse.

En internet se puede encontrar de todo y para aquellos interesados, una rápida búsqueda permite encontrar todavía a la venta ejemplares del abrelatas marca «explorador», aunque su uso ha quedado prácticamente relegado por los cambios introducidos en las tapas. Y es que no nos damos cuenta de las cosas hasta que nos vemos en la necesidad de utilizarlas. No me ha quedado muy claro, en una sucinta investigación, pero parece que preocupados por la conservación de los alimentos en temas militares o de navegación, un francés llamado Nicolás Appert inventó en 1804 el sistema que fue luego patentado en 1810 por el inglés Peter Durand. Ya hacia 1830 se utilizaban las latas en temas alimenticios, por lo que a mediados del siglo XX eran comunes para ciertos alimentos, como los pescados en conserva que ya hemos comentado.

Las latas de bebida supusieron una revolución, por las mejoras aportadas para fabricantes y distribuidores y no tanto, como ya hemos comentado, para el bolsillo de los consumidores o del medio ambiente, pero parece que estos temas no nos preocupan mucho… por ahora. Las latas de bebidas trajeron una innovación cualitativa en el modo de apertura, pues no se podía pretender el estar usando abrelatas tipo «explorador» o similares por los peligros de corte que supone. A finales de los años ochenta del siglo pasado aparece la apertura en forma de anilla no desprendible denominada «stay-on tab», que es la que más se utilizada hoy en día.

He buscado por casa, infructuosamente, alguna lata de alimentos con el sistema clásico de apertura, es decir, con el que era necesario el uso del abrelatas. En los tiempos actuales, podemos encontrarlas de dos tipos. Uno de ellos es el sistema de anilla, que permite su apertura sin herramienta adicional, solo con las manos, pero que representa todavía un peligro por la posibilidad de hacerse un corte al tirar de la anilla si no sujetamos firmemente la lata, apoyada en la mesa, y con cuidado.

El nuevo sistema de apertura que se utiliza últimamente, en el que la tapa es de un aluminio casi cercano al simple papel, con su lengüeta y su poca resistencia es casi un juego de niños, pues además la posibilidad de corte es inexistente. Solamente cuando veamos una lata antigua, sin mecanismo de apertura manual, nos daremos cuenta del avance que suponen estos cambios, que nos han pasado, casi con seguridad, inadvertidos.

domingo, 29 de marzo de 2015

LENGUAJE



A aquellos lectores que se hayan acercado con asiduidad a este blog no les habrá pasado desapercibido mi interés, entre otras muchas cosas, por temas del lenguaje. Me parece un asunto fascinante y un pozo sin fondo de posibilidades de incrementar el conocimiento de nuevas palabras, nuevas formas de expresión y estar al día e todo lo que se cuece, que no es poco, en un idioma que utilizan a diario, tanto en forma hablada como escrita, millones de personas en todo el mundo.

El tratamiento de textos en los ordenadores es un tema al que se le han dedicado muchos esfuerzos y podríamos aventurar que todavía está en mantillas. En el caso de los libros con textos narrativos, la creación de libros electrónicos digitalizados permite su investigación por programas informáticos; a modo de ejemplo podemos saber que en uno de los libros más famosos de todos los tiempos, de cuyo título no puedo acordarme pero que salió de la pluma de nuestro universal Miguel de Cervantes Saavedra, el vocablo «Quijote» es mencionado dos mil setecientas cuarenta y ocho veces mientras que «Sancho» aparece en dos mil trescientas sesenta y cinco ocasiones, aunque hay que aclarar que la versión analizada es la de Francisco Rico que contiene numerosos comentarios, explicaciones y adiciones y alcanza la cifra total de quinientos dieciséis mil vocablos, unos miles por encima de los trescientos sesenta mil que contiene el Quijote original.

Hace ya unos meses confeccioné un programa, que todavía no está rematado del todo, que permite contar y estructurar los vocablos de un libro. Aunque el tratamiento electrónico de asuntos del lenguaje no es sencillo, el programa me permite una primera estructuración del léxico utilizado por el autor y división en preposiciones, artículos, pronombres, etc. etc. Aunque no estoy de acuerdo en que no sirva para nada, a algunos autores con los que tengo contacto les he remitido el estudio de sus libros y cuando menos les ha resultado curioso cuando no sorprendente a tenor de sus respuestas. En algunos libros, antes de leerlos, ya se puede aventurar el tono y el tema al hacer un recorrido previo por las palabras y los verbos no auxiliares más utilizados.

Otro asunto que me fascina en el último año es el de los cursos MOOC que ya he tratado en anteriores entradas de este blog. Aunque hay poca disponibilidad en español, he realizado ya un par de cursos de la Universidad de Navarra y de la Universidad de Barcelona sobre temas de lenguaje que me han resultado muy interesantes y provechosos en mis conocimientos. Hay uno nuevo anunciado, una segunda parte en la Universidad de Barcelona del profesor Santiago Alcoba y titulado «Corrección y estilo en español» que trata sobre el léxico empleado en el libro, en varias traducciones del libro, «El guardián sobre el centeno» y que promete ser tan interesante como el primero. Hay algún curso más en español sobre estos asuntos pero son de la Universidad mejicana de Monterrey, con lo que de especial puedan tener en cuanto al uso de español.

Sí que hay mucho y muy variado en idioma inglés. Es un problema para los que no dominamos este idioma, pero mis escasos conocimientos me permiten asomarme con aprovechamiento a muchos de ellos. Los textos siempre pueden ser traducidos mediante herramientas de ordenador tipo Tradukka o similares y por lo general los vídeos, base central y fundamental de estos cursos, constan de subtítulos siempre en inglés y a veces en español, castellano, que posibilitan seguirlos con éxito.

Mañana lunes treinta de abril de dos mil quince tiene comienzo un curso de la universidad de Leiden titulado «Miracles of human language: an introduction to linguistics», un título de por sí explicativo que no necesita traducción. El hecho de que la universidad de Leiden esté radicada en los Países Bajos y no sea inglesa, y de que no lo sea el director del mismo, Marc van Oostendorp, pone un punto añadido de interés porque yo al menos entiendo mejor el inglés de cualquier hablante que no sea nativo que el de los propios ingleses. El video introductorio de poco más de tres minutos de duración pone la expectación en niveles muy altos y ya estoy deseando que pasen unas horas para poder empezar a sumergirme en el primer módulo que trata de generalidades sobre el lenguaje humano.

Una cosa que al menos a mí me produce vértigo es, según reza en la imagen del correo electrónico que me han remitido tras mi inscripción, el ser uno de los más de 33.000 alumnos de 186 países que vamos a realizar el curso. Como digo me resulta fascinante. No quiero ni pensar en la enorme cantidad de mensajes que se pueden generar si nos ponemos todos, en inglés, a reflejar nuestras experiencias e inquietudes en los foros y/o comentar las de otros alumnos.

Estamos al borde de un precipicio virtual, muy apetecible de recorrer, en temas de educación, formación y conocimiento. Las barreras físicas y el número de alumnos por clase están desapareciendo; aunque queda mucho camino por recorrer, estas nuevas formas de enseñanza sin aula están muy avanzadas y nos van a permitir descubrir mundos fascinantes en muy pocos años. Las posibilidades están todavía por intuir y la velocidad a la que se llevan a la práctica es vertiginosa. Un mundo se abre entre nosotros y yo lo que espero es estar a la altura de conocimientos y habilidades para poder disfrutarlo. No quepa ninguna duda que me esforzaré en ello.


domingo, 22 de marzo de 2015

INTONSOS




En estos días de marzo de dos mil quince, un académico de la lengua y escritor más que contrastado al que yo no he encontrado todavía —se los sigo buscando con interés— sus resplandores, hacía unas declaraciones a propósito de su último libro, «Dos hombres buenos», en las que decía que «Quién es analfabeto hoy es porque quiere» Estoy de acuerdo con la apreciación profunda de esta frase a la que me permitiría con toda la modestia apostillar «en las sociedades avanzadas». Me imagino que hace dos mil años o más, cuando lo único que preocupaba y ocupaba a la mayoría de los habitantes de la tierra era su supervivencia y su sustento, los tiempos y las ganas de aprender a leer y por extensión adquirir conocimientos no eran muy de aplicación. Tampoco olvidemos que hay zonas de la tierra donde hoy en día perviven sociedades humanas en estados de desarrollo que parece quedaron paralizados hace miles de años y siguen como nuestros ancestros.

Hogaño, con la aceleración tremenda de los desarrollos tecnológicos, esos que nos están haciendo a hombres y máquinas enfermar de obsolescencia, cualquier persona en las sociedades occidentales llamadas avanzadas tiene acceso a un vasto mundo de conocimientos. Estoy pensando, a modo de ejemplo, en la posibilidad de acceder a una biblioteca pública de las muchas que hay en pueblos y ciudades y allí poder consultar multitud de libros en papel sobre las más variadas materias. Por si esto no fuera suficiente, el acceso libre y gratuito a internet desde estas bibliotecas nos permite incrementar nuestro acervo de conocimientos sobre prácticamente cualquier materia sobre la que tengamos interés o simplemente curiosidad.

En un formidable curso MOOC que estoy siguiendo en estas semanas, titulado «Educación para una sociedad del conocimiento”, promovido en la plataforma Edx por un equipo de catedráticos y profesores de la Universidad Carlos III de Madrid dirigidos por Antonio Rodríguez de las Heras, se compara en nuestra sociedad actual el acceso y la captación del conocimiento con la alimentación. Una metáfora muy acertada: muchos comen o comemos más de la cuenta, lo que en lugar de generarnos una mejor calidad de vida nos lleva a todo lo contrario, a problemas con enfermedades y degeneraciones de nuestro cuerpo y sus órganos. Hay mucha comida y debemos por tanto aprender a comer. De forma paralela, el acceso a un vasto mundo de conocimientos acaba por dejarnos planos, cual ave que picotea un poco de todo sin profundizar en nada. Pero es que resulta complicado, cuando uno está ávido de conocer cosas, centrarse en parcelas concretas: aquello de la especialización versus la generalización. Bueno, retiro lo de «versus» ya que según la Fundeu es mejor decir «contra, frente a, o en comparación con».

Las actuaciones de nuestros dirigentes, con su visión cerrada y cicatera en la gestión de la crisis económica que nos azota desde hace años, han apretado las clavijas en los puntos en que más fácil resulta. Uno de ellos ha sido la educación. Es sabido que a ningún dirigente le gusta que el pueblo esté bien formado porque puede pensar y en ese caso será mucho más difícil de controlar. Yo recuerdo de muy pequeño aquellas vísperas del primero de mayo en la época franquista, en las que la televisión en blanco y negro hacía el extraordinario de alimentar al vulgo con corridas de toros y partidos de fútbol de tronío para que todo el mundo se quedara en casa y dejara de pensar en manifestaciones y algaradas que no gustaban a los que mandaban. «Atontémosles con pan y circo y así no pensarán en salir a la calle y hacer manifestaciones que no nos convienen».

En un magnífico libro de reciente auto publicación en electrónico por su autora Consuelo Sanz de Bremond que lleva por título «Traficantes de mentiras: o cuando las moscas se equivocan», se abunda con escuetas y certeras palabras en este mismo tema: «…Entonces pensó en la otra posibilidad: la alergia a leer. Esa enfermedad tan del siglo pasado y del recién iniciado veintiuno que afectaba incuestionablemente a toda España. Una pandemia que junto con la inclinación del gobernante de turno por crear una sociedad donde destacara la mediocridad —ya se sabe: masa más ignorancia es igual a masa manejable— permitía la formación de súbditos desprovistos…». Y haciendo mención a la mediocridad, no está de más releer la entrada dedicada al tema en este blog.

Para los que tengan alergia al diccionario, la acepción dos de intonso tiene como significado «ignorante, inculto, rústico» al igual que las acepciones tres y cuatro de borrego rezan como «hombre que se somete gregaria o dócilmente a la voluntad ajena» y «coloquialmente, hombre sencillo o ignorante» respectivamente.

Pues eso, que estoy de acuerdo con Arturo Pérez Reverte y que si hay intonsos en nuestra sociedad actual es porque no sé preocupan por salir de su «intonsura» o «destonsura» para contrarrestar los denodados esfuerzos de nuestros gobernantes, cortos de visión de futuro, en sumirnos profundamente en ella.



domingo, 15 de marzo de 2015

CABLEADOS




He estado tentado de cambiar una de las letras del título de esta entrada, concretamente la «l» por una «r», para expresar el sentimiento que nos produce a muchos ciudadanos esa manía que tienen las empresas de cambiarlo todo. Se supone que es para mejor, pero los cambios se suceden de una forma tan rápida que nos encontramos con algunos problemas con demasiada frecuencia y repetitividad.

Supongo que no solo es mi caso sino el de muchos otros, el ver como proliferan en nuestras casas cajones llenos de trastos y cachivaches, archiperres, en un intento siempre infructuoso de estar al día, especialmente si de nuevas tecnologías hablamos. Los dos cajoncitos que se pueden ver a la izquierda de la imagen están repletos de cables y accesorios relacionados con el mundo de los ordenadores y adláteres que poco a poco se van incorporando a nuestros hogares: cables de red, eléctricos, USB de varias formas, formatos y larguras, machos y hembras, transformadores, cables para la placa base, enchufes-transformadores de ereaders, tabletas y teléfonos, tornillos, conectores, ladrones, clemas, conectores de telefonía y de red... Y estos dos cajones son los relacionados con este mundillo, pero hay otro repleto de lo mismo relacionado con el sonido, otro con mandos a distancia de televisiones y aparatos, otro con pilas, cargadores, transformadores…

Y lo malo de todo ello no es tener tamaña proliferación, sino que con demasiada frecuencia ocurre, leyes de Murphy ya se sabe, que no tenemos el que necesitamos. Parece imposible que entre tantos no esté el que nos hace falta, pero ocurre, y con inquietante frecuencia. Los ingenieros y desarrolladores de las empresas deben de gastar bastante materia gris en inventar y poner en el mercado nuevos «gadgets» para confundir al personal e ir generando entropía. Se dice que es el progreso y con toda seguridad lo será, pero los malos momentos que nos hacen pasar a los ciudadanos de a pie en los períodos de migración solo los conocemos los que los sufrimos en carnes propias. Cada uno tendrá sus batallitas que contar en relación a este tema. Yo tengo algunas que empezaron allá en los setenta del siglo pasado cuando los sistemas de vídeo empezaron a irrumpir en nuestras casas, pero para no irme tan atrás voy a referir la última, que le puede ocurrir a cualquiera.

Hace un par de meses cambié mi ordenador portátil. El antiguo ya tenía siete años y era el momento de renovarse. Como suelo hacer cuando adquiero un aparato nuevo, me leo el folleto que lo acompaña de cabo a rabo. Bien es verdad que en muchos casos, con harta frecuencia ya, el folleto brilla por su ausencia y hay que acceder a internet para ver o descargar el manual, que viste más y es más moderno. Como digo, acostumbro a darle un buen repaso y ver las novedades que me aporta, en este caso con respecto al anterior. Descubrí una de ellas, cuál era la salida de señal HDMI, con lo que incorporé a mi maletín de transporte un cable de este nuevo tipo por si fuera necesario en algún momento. Pero hubo una diferencia que no descubrí y que a punto estuvo de llevarme por la calle de la amargura.

El martes pasado tenía que dar una charla en una biblioteca local. Suelo apoyarla con unas cuantas imágenes enclaustradas en el clásico «power-point». Una día de estos tengo que darme una vuelta y cambiar a «prezi» pero lo voy procrastinando haciéndome ver a ni mismo que lo importante es lo que se cuenta y no las formas y el programa utilizado. Como ya he visto muchas batallitas en este mundo de las charlas y presentaciones, más como oyente que como ponente, me gusta ir unos días antes para verificar las condiciones tales como observar la sala donde va a tener lugar, comprobar que se dispone de alargadores eléctricos para los enchufes aunque yo me llevo los míos —es la experiencia—, probar la conexión del proyector o cañón a mi ordenador, ver si hay sistema de sonido —me llevo mis altavoces portátiles— o la mejor forma de situar el proyector, ya que en una ocasión acabé utilizando una papelera dada la vuelta, cubierta con una bolsa de basura y puesta encima de una mesa. En este caso tuve que utilizar una pila de libros por aquello de que estaba en una biblioteca.

Menos mal que fui unos días antes a probar. Descubrí que mi flamante, moderno y nuevo ordenador no tiene salida VGA. Ni me había enterado, era una cosa que daba por supuesta en TODOS los ordenadores portátiles, para poder enchufarlos a una pantalla auxiliar. Pues, no, HDMI y solo HDMI. ¿Cuántos cañones o proyectores de los que existen en colegios, bibliotecas, empresas, universidades o centros en general tienen entrada vía HDMI? Yo no he visto todavía ninguno por unos cuantos con la clásica VGA. Los modernos, he consultado en internet, si van disponiendo de conexión HDMI, pero hasta que sea normal encontrarse con ellos, lo que hay y mucho por ahí son VGA.

Quedaba lo de siempre, un cable nuevo conversor de HDMI a VGA, como el que se ve en la parte derecha de la imagen. Pero no fue fácil encontrarlo en el comercio local y me tuve que desplazar otra localidad. Y encima ni que fuera de oro, casi 24 euros el cablecito, aunque supongo que buscando por internet en Ebay o sitios similares serán más baratos, pero el tiempo apremiaba.

Otro cable más que echar al cajón de los cables perdidos y olvidados. Y me hago la observancia personal de que en la parte HDMI es macho y en la parte VGA es hembra. ¿Intuyen por qué me lo pregunto?


domingo, 8 de marzo de 2015

BIENESTAR





La definición de salud que nos brinda la Organización Mundial de la Salud, desde 1946, huye de la simplista ausencia de enfermedad y se adentra en el tema del bienestar: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.» Bienestar es un vocablo que define la Real Academia Española de La Lengua en su acepción tercera como «Estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica».

Utilizo este blog en algunas ocasiones a modo de documentación personal, como una forma de tener archivados a mano y en un sitio fácil de recordar algunos asuntos que me interesan, además de que supone la oportunidad de compartirlos con aquellas personas que merodeen por aquí. Por ello, quede constancia de que esto no es cosecha propia, sino el resumen de un documento que me he encontrado referenciado en uno de los cursos MOOC sobre salud que he realizado en los últimos tiempos y que contiene unos consejos valiosos que, al menos a mí, me convendría recordar de vez en cuando. El documento aludido es un informe-guía con acciones concretas para mejorar el bienestar de la población y aparece firmado por Jody Aked, Nic Marks, Corrina Cordon y Sam Thompson.

Se identifican cinco acciones fundamentales, a saber: «Connect», «Be active», «Take notice», «Keep learning» y «Give», cuya traducción al español pudiera ser, respectivamente, «Relaciónate», «Mantente activo», «Estate alerta», «Aprende» y «Comparte». No se habla de edades y es por tanto aplicable a todas si bien es verdad que alguno de los apartados mejora con un cierto recorrido por la vida. Está demostrado que ejercitarse de forma activa en una o todas de estas cinco tareas eleva nuestra percepción de bienestar y contribuye a un mejor optimismo en nuestro deambular por este mundo. Son ideas genéricas que pretenden incitarnos a incorporar ciertas actividades de manera que formen parte de nuestro devenir diario y las realicemos casi sin darnos cuenta y sin esfuerzo considerable. Los principales preocupados por nuestra salud tanto física como mental, está claro, debemos ser nosotros mismos y toda actividad, insisto en lo de física o mental, contribuirá a mantener nuestro cuerpo en un buen tono y nuestra mente alejada de visitas indeseadas en forma de «alzeimeres» o «parkinsones» por ejemplo. Nunca será un tiempo gastado sino por el contrario muy bien empleado en nuestro propio bienestar.

Connect… Relaciónate. Con la gente que te rodea. Con la familia, los amigos, los colegas y los vecinos. Con antiguos compañeros de trabajo que hace tiempo que no ves. En casa, en el trabajo, en la escuela o en tu comunidad local. Llama o visita a tus padres, a tus familiares, escribe una postal, utiliza el correo electrónico o el wasap, ve a la biblioteca, apúntate en el coro local, colabora con proyectos humanitarios. Haz de estos encuentros una piedra angular de tu vida e invierte tiempo en desarrollarlos. Estas relaciones te enriquecerán cada día.

Be active…Mantente activo. Ve a caminar o a correr, al gimnasio o a la piscina, sube o baja escaleras, sal al jardín, baila, patina, monta en bicicleta, vuela una cometa. Fuera de casa preferentemente. La actividad o mejor el ejercicio hace que te sientas bien. Lo más importante es descubrir una actividad física en la que disfrutes y se adapte a tu nivel de movilidad, idoneidad y disponibilidad de tiempo.

Take notice…Estáte alerta. Lee periódicos, libros, revistas. Escribe un blog, haz sudokus o crucigramas, asómate a internet. Habla, comenta, discute, participa. La curiosidad es el mejor antídoto de la vejez. Moviliza tus neuronas, encuentra espacios de investigación en los que sumergirte.

Keep Learning…Aprende. Prueba algo nuevo, recupera intereses dormidos, ve al trabajo con otro espíritu, cultiva la iniciativa propia, desmonta algún trasto viejo, métete en la cocina, inscríbete en un curso MOOC, fomenta la inquietud con todo y con todos. Apúntate a un curso para mayores en la universidad, aprende a tocar un instrumento, aunque sea un bombo. Hay tantas cosas que aprender… Plantéate retos alcanzables que te harán agradable y gratificante el camino a recorrer hasta alcanzarlos.

Give… Comparte. Haz algo bueno de forma desinteresada para un amigo o un desconocido. Agradece algo a alguien, sonríe, participa en acciones comunitarias de ayuda, interésate por los bancos de tiempo, colabora en actividades sociales, crea conexiones con los que te rodean especialmente si son desconocidos. Su felicidad y su agradecimiento son más gratificantes para ti de lo que pudiera parecer.

El manual completo en formato PDF, en inglés, puede obtenerse haciendo clic en este enlace



martes, 3 de marzo de 2015

ESCRITORIO



Llevo más de cuatro décadas de actividad laboral y, en diferentes campos y cometidos, todas ellas han transcurrido en oficina. Mi trabajo siempre se ha desarrollado en una mesa o escritorio cuya fisonomía ha cambiado muchas veces a lo largo de estos años. Los tiempos también han cambiado mucho y aunque parecía que siempre la mesa de trabajo era un elemento personal, actualmente en algunas organizaciones mal organizadas esto ya no es así pues con solo mirar a mi entorno veo mesas ocupadas por dos y tres personas apiñadas que es imposible que desarrollen un cometido mínimamente profesional. Pero así son las cosas en estos tiempos modernos.

¿Dice algo nuestra mesa de nosotros mismos? Opiniones hay para todos los gustos y habría que preguntar a los que se acercan a ella por primera vez si la disposición de los elementos en la misma les induce a formarse un planteamiento inicial. Yo añadiría que es más indicativa una mesa cuando se está ausente, fuera del período laboral. 

Los papeles nos persiguen desde el inicio de los tiempos. Es meridianamente claro que no podía ser igual un escritorio de los años setenta del siglo pasado que uno actual. Probablemente en aquel hubiera una máquina de escribir y en el actual haya un ordenador. Probablemente en aquel hubiera una agenda y un listín telefónico y en el actual no. Y por acabar de poner ejemplos, en el actual algunos tendrán Post-its en papel pegados en la pantalla del ordenador en vez de utilizar los mil y un programas que permiten hacer esto mucho mejor de forma electrónica. Pero somos de siempre amantes del bolígrafo y el papel. 

Mi evolución a lo largo del tiempo en este asunto de la ordenación del escritorio ha tenido varias fases. Mis comienzos como administrativo tuvieron lugar en una mesa de despacho que no era mía, porque no había sitio, sino de mi propio jefe, que por lo general estaba ausente de la oficina. Coincidíamos poco y menos mal que la mesa era relativamente grande, ya que cuando estábamos los dos me tenía que apañar en un lateral de mala manera. Posteriormente, como administrativo en una oficina bancaria ya dispuse de mi propia mesa pero la vorágine del día a día me llenaba la mesa de papeles y archiperres y nunca era capaz de verla limpia. Según acababa la jornada así quedaba, para desesperación de Amparo, la señora que iba a hacer la limpieza por la tarde y que de vez en cuando se pasaba por la oficina por la mañana a echarme la bronca por no dejar la mesa recogida y advertirme que así no me la limpiaría nunca y que llegaría a ver telarañas en la misma. 

Con posterioridad pasé a un departamento central a iniciar mis labores como informático. Era una época en la que todavía no existían los ordenadores personales y nuevamente mi mesa estaba permanentemente inundada de papeles, listados, manuales, tarjetas perforadas, útiles de oficina y demás trastos necesarios para mi trabajo. Era, a mis ojos, un desorden ordenado dado que yo sabía en todo momento donde estaba cada cosa, pero no creo que les pareciera lo mismo a los que se acercaban a preguntarme algo o trabajar conmigo. En aquella época dispuse siempre, además de la mesa de escritorio con sus cajones, de un armario con espacio para guardar la ingente cantidad de papeles y manuales necesarios: nunca había suficiente espacio en el armario pero también se cumplía aquella norma que sigue vigente de que tanto espacio como tengas tanto espacio como llenas. 

En el mes de abril de 1984 todo cambió. «Todo cambio siempre representa una oportunidad» y un traslado de oficina me brindó a mí la ocasión de cambiar de una vez para siempre en este asunto. Desde ese día mi mesa está generalmente limpia y ordenada, especialmente cuando es fuera del horario laboral. La que se puede ver en la imagen que acompaña esta entrada es la mía en estos momentos. 

Ahora todas las mañanas al llegar y todas las tardes al marcharme observo el pequeño ritual de sacar o meter las cosas en su sitio en los cajones de la mesa. Pocas cosas, la verdad, un bloc de notas y un soporte para mantener el móvil vertical. Los elementos del ordenador y el teléfono, como puede verse en la imagen, son lo único que queda sobre la mesa. Yo soy un obseso del escáner y todo lo que pillo que puede resultarme útil para el futuro es devorado por este aparatito y «archivado» convenientemente, bien en un fondo de armario si es un papel oficial a conservar bien en la papelera. 

Nunca, que yo recuerde, me han hecho un comentario sobre este asunto salvo en una ocasión, en que mi jefe me afeó la conducta de dejar la mesa tan limpia. Habíase producido una fusión de empresas y me integré en un nuevo espacio con nuevos compañeros. «Donde fueres haz lo que vieres» reza el dicho popular y lo que allí se podía ver eran muchas mesas abarrotadas de papeles y trastos. Yo no estuve dispuesto y desde el primer día de mi llegada mantuve mi mesa limpia como la patena. Si iba a trabajar en un tema sacaba los papeles de ese tema y guardaba los del anterior y al final del día todo recogidito. Mi jefe me hizo ver al cabo del tiempo que mi mesa contrastaba con las del resto de mis compañeros. «Parece que no haces nada» me espetó, con esa mesa tan limpia. Yo le contesté que mientras solo lo pareciera íbamos bien. Y seguí con mi criterio, lo que no debió de gustarle mucho. Pero como otras tantas cosas en esta vida que no nos gustan, que no cambiamos y que además queremos hacer comulgar a otros con ruedas de molino para no quedarnos nosotros mismo con el culo al aire y que se nos note. 

«Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa». Yo creo que un escritorio limpio y ordenado favorece nuestra actividad y cuando se toma por rutina el mantenerlo así, el esfuerzo es mínimo. Recordemos que nuestro cerebro se acostumbra a todo y no «vemos» el desorden pero sí que lo tenemos presente. Un elemento que no falta nunca en mi mesa desde hace años y que no tiene nada que ver con el trabajo, pero si con mi salud, es la botella de agua que me incita y me recuerda beber esos dos litros diarios que son necesarios y convenientes. Curiosamente, en la red y buscando con la ayuda del doctor Google hay, como no, miles y miles de entradas sobre el asunto de las mesas de trabajo y los escritorios y su organización: montones de consejos para mantenerlas limpias y ordenadas. Solo se trata de leer unos cuantos y si nos interesa, seguirlos. En 1984, cuando yo tomé mi decisión, Google no existía… 

Y por dejar una pregunta en el aire… ¿Qué opina sobre los marcos con fotos familiares o personales en el escritorio?


domingo, 22 de febrero de 2015

BUÑUELOS



Esta va a ser una historia dulce, no tanto por lo que se cuenta sino por el objeto central de la misma. Aunque cada persona tiene su relación especial con el sueño y todo lo que le rodea, hay dos características en las que ubicarse que son antagónicas: trasnochar o madrugar. Puede ser que en determinados períodos de la vida estemos en un lado o en otro pero por lo general las personas nos abocamos a una de ellas y salvo imprevistos laborales, familiares o de otra índole permanecemos fieles. Yo soy, de siempre, madrugador: hubiera sido un ejemplo perfecto de vida natural, de los que cuando llega la noche se apagan y cuando llega la mañana se activan. Ahora, tras seis décadas, no creo que vaya a cambiar.

Por ser madrugador, era el encargado en casa, desde muy pequeño, de ir a la churrería del pueblo a comprar el material para el desayuno. Solo los domingos, pues el resto de días de la semana, sábados incluidos, el desayuno era un buen tazón de leche con pan del día anterior y en algunas ocasiones especiales un poco de canela. No habían llegado esas cosas modernas de los bollos, las tostadas, las mantequillas, las mermeladas, los «colacados» o los «nesqüises», aunque ya existían los «toddys» pero no estaban admitidos en el presupuesto familiar. Aunque las preferencias de cada miembro de la familia no sufrían modificaciones por lo general de una semana a otra, siempre el sábado por la noche tenía la precaución de preguntar. El material a adquirir era poco variado. Todos optaban por dos de los tres productos disponibles: churros o porras. Solo uno, que era precisamente yo, como no, optaba por el tercer producto en oferta: buñuelos. No en vano el establecimiento era una churrería buñolería. Mi curiosidad me ha llevado a saber que, según el diccionario, se trata de una fruta. Esto es lo que figura en su acepción primera: «Fruta de sartén que se hace de masa de harina bien batida y frita en aceite. Cuando se fríe se esponja y sale de varias formas y tamaños. »

No duró mucho tiempo aquello. Una remodelación del local y de sus instalaciones lo mantuvo un tiempo cerrado y al abrir de nuevo uno de los tres productos dejó de ofertarse. Ya se imaginan Vds. cual. Y por toda explicación ante mi pregunta quedó que se vendían poco y que la gente, excepto yo, no se había quejado y optaba por los churros o las porras, que además, en opinión de Emilio, el churrero, estaban más gustosos o gustosas. Será para ti, pensé yo, que como era un rebelde opté por dejar de comer sus productos aunque seguía yendo a por los de mi familia. Esto ocurría a mediados de los años sesenta del siglo pasado, y aunque el establecimiento sigue con nuevos dueños y nuevos planteamientos, los buñuelos desaparecieron para siempre.

Pasó el tiempo y tres años antes de acabar el siglo XX me encontraba yo de periplo por las hermosas tierras africanas de Túnez. No recuerdo el nombre del oasis pero sí que unos grupos de turistas aventureros estábamos alojados en un complejo de cabañas justo en el borde del desierto. El desayuno era a hora temprana y tenía lugar en una cabaña más grande y destartalada, pero estábamos todos sentados en nuestras mesas; era de tipo buffet y los comensales se levantaban a por la manduca según gustos y hambres. Estaba yo sentado cuando vi salir de la cocina a un camarero con una gran bandeja negra al hombro llena de una especie de tortitas amarillas que no supe identificar. Las volcó en uno de los recipientes del mostrador y se marchó tan campante. Picado por la curiosidad me acerqué y parecían… Cogí dos o tres en un plato y retorné a mi mesa presto a corroborar mediante la correspondiente cata que eran en realidad aquellas piezas. Lo eran, vaya que si lo eran, buñuelos, y además riquísimos.

Contuve por un tiempo las ganas de ir a por más mientras observaba atentamente si algún otro comensal se acercaba por allí a probar. Nadie se interesó por ellos en un buen rato. Cuando ya iba yo por mi tercer o cuarto viaje de aprovisionamiento de tan delicado producto, mi mujer y los compañeros de mesa se mostraron interesados y cuando les dije de que se trataba me contaron no sé qué historia de unos buñuelos de viento que vendían en las pastelerías. Serán también buñuelos, dije yo, pero estos son los que yo conocí en mi niñez y no había vuelto a probar. Se corrió la voz y ese día y al siguiente desaparecían como por arte de magia nada más salir de la cocina y casi antes de que llegaran a la bandeja del mostrador.

He recuperado esta historia porque esta semana me he vuelto a encontrar con tan delicioso producto, que desde aquel exótico lugar no había vuelto a ver. En uno de los desayunos, una compañera de trabajo, Vanesa, apareció con un táper lleno de buñuelos. Estoy a dieta, pero no pude por menos de pecar, al menos en tres ocasiones y mortales, porque la ocasión lo requería: un tercer encuentro con el buñuelo en seis décadas no se podía desaprovechar. Luego ya con más calma y pasada la impresión, me contó que los hacía su madre y que en su pueblo, en las profundidades olvidadas de la provincia de Toledo, todo el mundo los seguía haciendo con normalidad para consumo casero. Ya hemos convenido que un fin de semana dentro de un par de meses, cuando haga mejor tiempo y los campos rebosen de margaritas, cantueso y amapolas, me dejaré caer por allí a hacer una visita muy interesada, para que su madre me enseñe a preparar tan exquisitos buñuelos paleta en mano y sartén humeante. Como se suele decir, a la tercera tiene que ir la vencida y los buñuelos se quedarán siempre conmigo al hacérmelos yo cuando me apetezca sin tener que esperar a que se presenten de improviso ante mí en los lugares más insospechados, como puede ser un oasis tunecino o la cafetería de un complejo de oficinas. Remito al lector a este mismo blog dentro de un par de meses en la búsqueda de la entrada «BUÑUELOS-2». Continuará.

domingo, 15 de febrero de 2015

CAMINOS



Hace ya varios años escuché de boca del entonces seleccionador nacional de baloncesto, José Vicente «Pepu» Hernández, una frase que se me quedó grabada. Venía a cuento de que habíamos ganado o casi ganado un mundial de baloncesto, creo que fue en Japón pero la memoria me traiciona y no quiero perder tiempo en buscarlo porque es tangencial, y aludía al hecho de que llegar a la meta y conseguir los fines propuestos es importante, pero mucho más importante es el camino recorrido incluso aunque no se consiga. De hecho, el manifestó que prefería el camino a la llegada.

Cada uno de nosotros tendremos una particular versión de los caminos que hayamos recorrido para llegar a las metas que nos hemos propuesto a lo largo de la vida. Referiré uno personal que me llevó más de diez años el recorrerle. Tenía la espinita clavada no haber podido realizar en su época una carrera universitaria cuando ya rondando los cuarenta decidí emprender la aventura de matricularme en la de Psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Trabajando, con familia y mil y un asuntos que atender, con las técnicas y las prácticas de estudio ya abandonadas desde hacía años, se me antojaba una tarea ímproba, pero realizable. Era cuestión de tiempo, de poco a poco, de quitarme de otras cosas, de aprovechar viajes al trabajo, noches y fines de semana, veranos incluidos, para ir sacando dos o tres asignaturas por año. Recuerdo nítidamente un día de septiembre de dos mil cuatro, cuando salía de realizar el examen de la última asignatura con la sensación de haber acabado, que según iba a casa en el autobús me dio por repasar mentalmente el camino recorrido hasta llegar a ese punto en que había obtenido la licenciatura. La alegría no era pequeña pero sí que fue efímera porque al día siguiente ya estaba llamando a una profesora, Maribel, para que me diera las pautas para matricularme en el master que comenzaba en aquellas fechas. Otro camino, en este caso de dos años, empezaba…

Hace unos meses y junto con unos amigos decidimos meternos en un charco de proporciones colosales. Aclararé que la mayor o menor dificultad en una tarea depende de los conocimientos personales en relación con ella. En este caso se trataba de confeccionar un programa de ordenador que ejecutara en el PC para un asunto que no viene a cuento. En mi caso, que había peleado a lo largo de más de cuarenta años con lenguajes de programación de ordenadores grandes, «mainframes», no tenía ni idea de lenguajes inherentes al PC casero y su Windows o similares. Una tarea ímproba ha sido el aprendizaje de Visual Basic con ayuda de amigos, tutoriales, libros, consultas al doctor «google» y todo lo que he podido. No es que lo llegue a dominarlo, pero me he defendido y hace tres semanas llegué a un punto en que solo faltaba una cuestión, nada baladí: acceder desde este programa a una «nube» e interaccionar con ella para manejar sus contenidos en el propio PC.

Con la iglesia habíamos topado, Sancho, que diría nuestro don Quijote. Parecía que había andado mucho camino pero el que me quedaba por recorrer me era totalmente desconocido. Mis brujuleos por la red me ponían los pelos como escarpias al encontrarme con mundos desconocidos que me sonaban a chino y de los que no entendía nada ni por referencias. Poco a poco me fui centrando en un programa de uso público que estaba desarrollado en el lenguaje «python», un absoluto desconocido para mí.

Manos a la obra, han sido dos semanas de locura para llegar a la meta. Lo peor es no tener ni idea, mientras recorres el camino, si esa meta imaginaria que te has propuesto en tu mente siquiera existe y es factible de alcanzar o por el contrario es una utopía a la que no llegarás nunca por mucho que lo intentes. La frase que viene a cuento es aquella de «como no sabían que era imposible, lo consiguieron». Muchas horas después, días y noches, mensajes, correos, lecturas, pruebas y fundamentalmente la ayuda desinteresada de un ángel de la guarda con nombre al menos electrónico, Mike o Mihail, han posibilitado llegar a la meta, acabar el programa y recordar el camino como una cosa pasada y ya dejada atrás. Ahora toca disfrutar de lo conseguido, ponerlo en marcha y buscar nuevos caminos que explorar y por los que aventurarse en busca de nuevas metas y nuevas sensaciones que irán enriqueciendo nuestro acervo personal.



domingo, 8 de febrero de 2015

AUTO-HOMENAJE



Esta es una entrada inusual en cuanto a su longitud, por lo que pido disculpas a los lectores asiduos u ocasionales que se acerquen por este blog. Como explicación, que no como justificación, ando muy mal de tiempo y no quería faltar a mi cita semanal, así que aprovecho para darme un auto homenaje.

Hacía varias décadas, casi cuatro, que no veía el guarismo «siete» en el extremo izquierdo cuando me asomaba a las ventanas de estos diabólicos aparatos llamados básculas.

Sobran las palabras. Algunos amigos se alegrarán casi tanto o más que yo aunque a otros quizá les dé un poco de envidia…

domingo, 1 de febrero de 2015

INNOVACIÓN



Hace ya tiempo que no como galletas y los paquetes de galletas que se ven en la imagen son solo para apoyar lo que voy a intentar contar en las siguientes líneas. El hecho de realizar las fotografías me ha llevado a tener una tremenda tentación de sustraer alguna de ellas pero me la he aguantado, por mi bien, ya que la galleta es un producto elaborado de los que van directo al michelín por su alto contenido en hidratos de carbono y azúcares, dos conceptos que hace meses desterré de mi alimentación y que hasta dentro de dos o tres no recuperaré y con mucho cuidado y prudencia si no quiero volver a las andadas, entendiendo por andadas esos kilos de más que se me vienen encima casi solo con respirar.

Dentro de la serie de recados en los que me comisionaba mi madre cuando era un infante, se encontraba el ir a por galletas a la tienda de ultramarinos de Paramio, un señor muy mayor con gafas de culo de botella que vendía de todo. Las galletas, María Fontaneda si la memoria no me traiciona, se compraban a granel, al peso, con lo que yo acudía provisto de una caja de lata, de hojalata, donde ponerlas directamente y así evitar los improperios del tendero, que se despachaba a gusto con los clientes que no llevaban bolsas o cachivaches donde llevarse sus productos. Si hacía un extraordinario te envolvía las cosas en papel de estraza, pero lo corriente era el papel de periódico para todo. Si no nos hemos muerto con aquellas prácticas, es que estábamos vacunados y bien vacunados.

Ahora todo viene envasado y las galletas no iban a ser una excepción. Pero aunque se compre una caja de ellas, en el interior vienen empaquetadas en forma cilíndrica o prismática según sean redondas o cuadradas, y con papel transparente u opaco. La cuestión era poner el paquete de pie en el armario, romper la parte de arriba y cada vez que había que sacar alguna hacerlo con mucho cuidado, no volcando el paquete sino metiendo los dedos delicadamente para ir subiendo por la columna las que quisiéramos coger. Lo normal era acabar haciendo un gurruño en la parte superior para evitar que las diera el aire y se secaran.

En esta semana, mi compañera Vanesa acudió al momento del desayuno con su paquete de galletas de la marca que puede verse en la fotografía, unas galletas hechas con no sé sabe qué ingredientes y con chocolate en medio que recuerdo estaban buenísimas y eran una tentación constante. Llevaba el paquete convenientemente arrugado en su parte superior. Por un momento pensé que era de los antiguos, pero al fijarme con detalle mientras ella se dedicaba a calentar su leche en el microondas, aprecié que se trataba de un paquete de los nuevos. Por ello no me cuadraba mucho que la parte superior del mismo estuviese arrugada. No le perdí ojo a su vuelta y observé que extraía las galletas a la antigua usanza, desarrugando la parte superior y metiendo los dedos con mucho cuidado hasta sacara por la parte superior un par de ellas.

Cuando acabó le pedí que si me daba una galleta, lo cual la extrañó porqué sabe que estoy en un régimen de comidas estricto y que no me lo salto. —Es que voy a pecar un poquito le dije yo. Cuando me autorizó, cogí la pestaña de la parte inferior, abrí la ventanilla, empujé por detrás y la galleta salió limpiamente como puede verse en la segunda imagen de las que ilustran esta entrada. Me miraba atentamente y pude apreciar la cara de sorpresa que puso al observar mis operaciones pues desconocía esa posibilidad.

Es una tontería, pero me parece una innovación que nos hace la vida más fácil, contribuye a solucionar un problemilla y permite que no haya que romper el paquete ni arrugarle para facilitar su conservación. Pero todo esto puede disparar la picaresca. Y para comprobarlo me he pasado por un supermercado esta mañana, aun siendo un pecado para mí por ser festivo, a fisgonear como estaban empaquetadas estas galletas, pues en caso de no tener un precinto cualquier podía sacar un par de ellas cuando no le vieran y darse un pequeño festín gratuito a cargo de la empresa. No había paquetes individuales y venían de tres en tres con su correspondiente celofán de envoltorio que acababa con las intenciones de los pícaros.

No sé desde cuando estos envoltorios se han sofisticado y vienen con ventanilla inferior practicable. Mi compañera lleva años consumiendo galletas de esta marca y no se había enterado de esta posibilidad. Uno entra en la rutina y no se preocupa de mirar con detenimiento el envoltorio de cosas que lleva comprando toda la vida. Una lástima, que las empresas se rompan los sesos para innovar en cosas como estas y pasen desapercibidas a los consumidores.


domingo, 25 de enero de 2015

MANTENIMIENTO



Somos poco dados a leer los folletos que acompañan a los diferentes cachivaches que vamos incorporando a nuestro entorno. No es mi caso, pues gusto de leer de forma exhaustiva todo lo que la empresa que me ha vendido el producto quiere decirme acerca de sus características, posibilidades, funcionalidades y… mantenimiento. Últimamente, por espacio y accesibilidad, procuro encontrar en la red el folleto de instrucciones de forma electrónica para guardarlo en mi disco duro y tenerlo a mi disposición consultable en cualquier momento. Si lo obtengo, el folleto de instrucciones en papel, cuando existe, va directamente al reciclaje; si no lo obtengo y no es demasiado largo lo paso por el escáner y ya en algunos casos lo guardo en papel, eso sí, la parte que corresponde al español, pues algunos son verdaderos tochos en mil y un idiomas que no me interesan para nada. Bien es verdad que alguna vez hay que considerar, dependiendo del aparato, guardar además las instrucciones en inglés, pues en alguna ocasión me he encontrado que la traducción al castellano deja mucho que desear y cuando me he encontrado con algún problema he podido solventarlo por las instrucciones en inglés y no por las de español.

Una parte importante de estos folletos es la relativa a las instrucciones de mantenimiento y conservación del aparato. Hace unos meses dio por finalizada su estancia entre nosotros un centro de planchado que era de los primeros que sustituyeron a la clásica plancha hace muchos años y que había sufrido varias reparaciones. Le llegó el momento como digo y hemos adquirido otro similar de la misma marca y potencia. Lo primero que hice antes de ponerle en marcha es descargar el folleto en formato «pdf» y hacer una lectura del que venía en papel, que era idéntico. Me llevé una gran alegría cuando descubrí que la puesta en marcha del aparato era un pelín complicada al contar con dos interruptores de encendido, uno para la caldera y otro para el aparato en general. Y digo que me llevé una gran alegría, entre comillas, por este pequeño truco porque mi mujer, al ir a encender el aparato pensó que no funcionaba: no se había leído el folleto y no sabía lo de este segundo interruptor, lo que me sirvió para recordarle aquello de que «hay que leer el folleto» y obtener la clásica respuesta de «siempre estás con lo mismo».

Una de las principales causas de muerte súbita de estos centros de planchado es por deterioro y oxidación del calderín, que tiene que soportar grandes presiones y temperaturas con una composición del agua que no es igual en Madrid que en Valencia, por poner un ejemplo, sobre todo en cuanto al contenido de cal. El folleto de instrucciones recomienda encarecidamente una limpieza regular cada dos meses más o menos que consiste en vaciar el calderín, rellenarle con un líquido anti cal y, en definitiva, limpiarlo y dejarlo listo. Yo me preguntaría cuantas personas que tienen este tipo de aparatos en sus casas efectúan estas operaciones de mantenimiento.

Pero como sugiere la foto que acompaña a esta entrada, la cosa va de grifos. Llevábamos unos días en que las duchas diarias de los miembros de la familia acababan siendo con agua templada o casi fría, lo que sugería una avería en la caldera. Sin embargo, la calefacción y el agua caliente del fregadero funcionaban correctamente. Avisado el servicio técnico, en cuanto le referimos los síntomas a Alex, un operario que ya es amigo de visitarnos cada año a hacer la revisión, su respuesta fue a la gallega con una pregunta directa. ¿Tenéis grifos termostáticos en las bañeras o duchas? Sorprendido pensé que me estaba gastando una broma, pero no. Una avería en un grifo de un baño afecta al circuito del agua caliente en general y provoca mezcla indeseada del agua y por tanto enfriamiento general incontrolado y no deseado. Se hicieron pruebas cerrando las llaves de paso de los baños y se comprobó que la aseveración de Alex era certera. Alguno de los dos grifos estaba averiado. Más pruebas para detectar de que grifo se trataba, nos llevó al del baño principal.

¿Llevan los grifos folleto en el que se recomiende mantenimiento de los mismos?. Pues sí. Si nos retrotraemos al pasado, no puedo olvidar la imagen de mi padre guardando cinturones y carteras viejas para fabricar con su cuero zapatas para cambiar las de los grifos de la casa, aquellos de rosca con una llave para el agua fría y otra para el caliente. Con el tiempo empezaban a gotear por no cerrar bien y había que hacer la operación de mantenimiento de sustituir la zapata, y lo mejor era el cuero. Mantenimiento al fin y al cabo. Luego llegaron los mono mando, con piezas cerámicas en su interior y que no necesitan mantenimiento.

Ya más adelante aparecieron los termostáticos, esos como el que ven en la imagen que son una delicia al fijar la temperatura que gusta a cada uno y ellos solitos, de forma mágica diría yo al no necesitar pilas ni energía para hacerlo, mezclan agua caliente y fría y la dejan a una temperatura constante y exacta a gusto del consumidor: una maravilla de la técnica.

Siguiendo las instrucciones de Alex, tocaba comprar un grifo nuevo y cambiarlo. Pero hete aquí que al hacerlo descubrí que el grifo no estaba realmente averiado: lo que ocurría es que no habíamos efectuado el mantenimiento recomendado en el folleto para un grifo de este tipo, y que dice que cada año hay que desmontarle y limpiarle los filtros que lleva y que evitan que las impurezas y piedrecitas que la compañía del agua nos suministra dañen las piezas cerámicas delicadas de su interior o, como ocurría en este caso, obstruyan el paso del agua. En mi caso, el filtro del agua caliente estaba prácticamente obstruido por las impurezas y el de agua fría no tanto. El grifo llevaba funcionando a un par de duchas diarias cuando menos durante once años, sin mantenimiento. Limpieza de los filtros, en este caso cambio de los mismos, y a funcionar de nuevo.

¿Tiene Vd. grifos termostáticos en su vivienda? ¿Hace el mantenimiento de los mismos?



domingo, 18 de enero de 2015

GRANDESPROFES



Se celebraba por tercer año consecutivo y yo no me había enterado en los dos anteriores. En esta ocasión, la participación del caballero que ven en la imagen, al de más altura tanto física como personal me refiero, llamó mi atención porque soy un seguidor incondicional de Mario Alonso Puig desde que historias suyas se cruzaran en mi camino hace ya muchos años en las páginas de la revista de motor del Race, como ya dejara constancia en este blog en la entrada titulada MARIOALONSOPUIG en diciembre de 2008, hace ya la friolera de seis años. Como buen e incondicional seguidor de dn. Mario, su participación hizo saltar las alarmas que me ponen en marcha para asistir a sus actos siempre que me sea posible. Y es que era uno de los ponentes en el evento #GRANDESPROFES organizado por la Fundación Atresmedia en el incomparable marco de la Sala 25 de los cines Kinnepolis, en la madrileña localidad de Pozuelo. Y es que esta sala 25 es especial; ver o desarrollar cualquier cosa en ella tiene el éxito asegurado. Quién no la conozca y tenga oportunidad que se acerque un día y no elija una película de las que estén en cartel, sino que opte por la propia sala y se trague la que pongan en ella, le guste o no. Es como ir a un teatro antiguo por primera vez, que solo con ver el local la obra representada es casi lo de menos.

En este marco tan espectacular y con una organización impecable de medios humanos y materiales, el evento fue una delicia. En estos tiempos que corren, el que fundaciones de empresas comerciales, que están en este mundo para ganar dinero, dediquen parte de sus medios y sus beneficios a actos de este tipo es muy loable y de agradecer sinceramente y yo lo hago desde aquí. Y es que además el colectivo de maestros y profesores, de la educación, vilipendiados por unos y otros, cuestionados y criticados, se merecen un reconocimiento de este tipo y darse un baño conjunto que les haga tomar conciencia de su importancia en la vida de las personas, especialmente a edades tempranas. Como se dijo, dejamos nuestros hijos muchas horas al día, muchos días a la semana, y durante muchos años en manos de estas personas que sin duda serán de vital importancia y marcaran sus vidas. Por ello, y aunque solo sea por egoísmo personal, debemos de hacer todo lo posible para tratar de que sean los mejores.

Según comentaron, cerca de mil quinientas personas estábamos presenciando el acto en directo en la propia sala 25 y en otras dos anexas con retransmisión simultánea, pero se estaba igualmente transmitiendo en «streaming» en la red, con lo que los seguidores en directo eran incalculables a tenor de lo que se podía leer en twitter donde alguna foto había de personas haciendo la comida y con la tableta al lado siguiendo el evento. Y una cosa que yo quiero manifestar aquí, como ya lo hice a través de twitter, es mi agradecimiento por la organización del acto, a todas luces difícil y complicada por la cantidad de asistentes, con mención especial a la PUNTUALIDAD EXQUISITA, un bien escaso, desde el comienzo hasta el final, a pesar de la mala o poca educación de algunos, y eso que eran maestros, que desoían la recomendación de ocupar sus asientos e insistían en hacerse fotos con o recabar autógrafos de alguno de los ponentes.

Las intervenciones tuvieron una duración casi milimétrica alrededor de los veinticinco minutos. Inició las mismas Elsa Punset hablando del aula emocional, centrando su ponencia en tres ideas acerca de los niños: digitales, emocionales y sobre todo entrenables. Muy interesante y con algunos vídeos muy graciosos de experimentos realizados con niños, su disertación está disponible en este enlace. A continuación el doctor Mario Alonso Puig nos habló de los estados de ánimo, su impacto y su gestión. Que voy a decir yo de este hombre que me subyuga con su palabra y sin violencia, su historia inicial de Ben Carson es como para aprendérsela de memoria y su alegato final a los asistentes, todos con los ojos cerrados siguiendo sus palabras salvo alguna enfrascada en su tableta, acerca de cómo valorarnos a nosotros mismos, lo hagan o no los demás, fue memorable. No se pierdan esta comunicación disponible aquí.

La siguiente ponente era María Garaña, presidenta de Microsoft España y que a mi juicio estuvo un poco espesa y no conectó tanto con la audiencia y eso que estábamos entregados, hablando de nuevas tecnologías aplicadas a la educación, un tema a todas luces interesante. Tras un descanso con café y pastas, en el que yo me dediqué a perseguir a Mario como persiguen otros a los Ronaldo o los Messi para hacerme la foto con él, retomaron el acto tres equipos de maestros refiriendo sus especiales proyectos para dar paso al conocido «hombre del tiempo» Roberto Brasero que en una emotiva charla nos enseñó sus técnicas y sus herramientas para desarrollar una comunicación eficaz, no solo en las aulas sino en la vida. Imágenes graciosas de hechos en los platós provocaron la risa del público como puede verse aquí. Y ya como acto final, el profesor y discapacitado Xavier Valbuena, eso de discapacitado es un decir, nos puso la piel de gallina con su impactante historia de cómo alcanzó el polo sur en la Antártida en compañía de otros dos discapacitados. Un ejemplo de superación en el que nos debe quedar la idea, ya mencionada con anterioridad por Mario Alonso y a la que hizo referencia, de que no hay que plantearse si podemos hacer las cosas, sino el cómo podemos hacerlas. No se pierdan la intervención de Xavier, veinticuatro minutos para recordar.

A la salida, por si uno no se llevaba un buen sabor de boca, un aperitivo del que no probé nada por la prisa que llevaba permitiría a los asistentes debatir y compartir ideas, teléfonos y correos electrónicos que a buen seguro serán motivo de nuevas experiencias en el futuro. Yo compartí algunas cosas con mi vecina de asiento, María, una maestra pública que se había desplazado desde Valencia con la única finalidad de asistir al acto. Mereció muy mucho la pena según ella.

Y ya para terminar, un regalito para los incondicionales como yo de Mario Alonso Puig. Se trata de una recopilación que he efectuado de sus mejores artículos y entrevistas en formato pdf y en los tres formatos más comunes para los lectores electrónicos, epub, fb2 y mobi, que puede descargarse haciendo clic en este enlace. Pero nada como acceder a youtube y, usando el buscador, localizar y disfrutar de las innumerables intervenciones disponibles de mi muy querido doctor devenido en conferenciante.

domingo, 11 de enero de 2015

GRAFÍA



Es muy cierto que cada vez se escribe menos a mano. Abandonada la época colegial, reducidas las epístolas casi a la nada y generalizado el uso intensivo de aparatos electrónicos tales como ordenadores, tabletas o teléfonos móviles, la sociedad actual utiliza poco los clásicos lápiz y papel para recoger notas. Incluso en ambientes universitarios es ya muy frecuente que los alumnos tomen los apuntes directamente en tabletas u ordenadores portátiles, lo que por otro lado sirve para dejarlo guardado directamente de forma electrónica. Bien es verdad que hay dispositivos que son capaces de transmitir a un ordenador lo que vas escribiendo en papel e incluso pizarras que son capaces de digitalizar lo que en ellas va garabateando el profesor o ponente y transmitir la información de forma inmediata al correo electrónico de los asistentes.

He sido de siempre un enamorado de la estilográfica, desde que de muy pequeñito viera a mi padre usarla con profusión, siempre con su tintero de tinta azul, la había negra, de la marca Pelikan. Yo incluso llegué a utilizarla en mis estudios a partir de quinto de bachillerato pero recuerdo que no me llevaba el tintero al colegio, por lo que en algunas ocasiones en las clases de la mañana agotaba el depósito y tenía que pasar a la escritura a bolígrafo hasta volver a casa a la hora de la comida y manipular el émbolo para recargar. Más adelante inventaron aquello de los cartuchos que es mucho más cómodo, sobre todo porque permite llevar repuesto encima sin peligro de derrames imprevistos que te desgraciaban la ropa o los libros o cuadernos de la cartera si por algún casual se producía un derrame.

Como soy de costumbres fijas sigo utilizando bolígrafo y papel para tomar notas cuando asisto a clases o charlas. He intentado llevarme la tableta o el ordenador, pero no me apaño. Eso sí, cuando llego a casa los papeles van directos al escáner para quedar archivados electrónicamente. No es lo mismo tener la información disponible y manejable en un documento electrónico de tipo word que en un documento de tipo pdf, pero desde el punto de vista de la documentación y el recuerdo me doy por satisfecho.

Donde sí que me he modernizado es en el asunto diario. Siempre utilizo camisas con bolsillo, en el que antaño llevaba prendido un bolígrafo y una carpetilla con hojas para poder tomar una nota en cualquier momento. Mis amigos me llamaban cariñosamente «cartulinitas» pero algunas veces eran ellos mismos los que me solicitaban bolígrafo y papel para apuntar un teléfono, un correo electrónico o el nombre de ese libro o película que les estabas recomendando. Ya he abandonado esa práctica y he sucumbido al teléfono móvil, donde apunto las cosas o incluso, más moderno, las grabo de viva voz que es más rápido y cómodo. La tecnología viene a socorrernos y en mi caso se ha acabado un problema que me presentaban las cartulinas en el bolsillo, especialmente en verano, cuando por el sudor me han llegado a desteñir y producir manchas en la ropa que no había manera de quitar, lo que me obligaba a llevar un protector de plástico para evitarlo. El teléfono no mancha ni destiñe.

Y hablando de asuntos de manuscritos y escritura, revisando algunas notas hace unos días me he dado cuenta de un asunto que ha llamado poderosamente mi atención y me ha dado que pensar, porque no encuentro una razón que me lo explique. En la caligrafía que aprendimos de pequeñitos en el colegio, a base de rellenar planas y planas de los cuadernillos «Rubio», que por cierto siguen existiendo, la letra «a» era redondilla y con rabillo abajo a la derecha. Si Vd. se fija en las «aes» electrónicas minúsculas que tiene este escrito y en general todos los escritos a máquina de escribir u ordenador, la grafía de la «a» es distinta. Supongo que hoy en día están admitidas las dos formas y debe ser la única letra del abecedario que presenta esta dualidad de formas.

Como puede verse en la imagen que acompaña a esta entrada y que es un extracto de unos apuntes tomados por mí, empleo sin ton ni son una u otra forma de la «a» en mi escritura, inclusive en la misma palabra. Son notas tomadas rápido y nunca había caído en esta dualidad a la que por más vueltas que le doy no encuentro explicación. En la misma palabra, como la ampliada, he empleado una u otra grafía. Lo único que se me ocurre es que depende de la letra anterior, pero eso tampoco me lo explica siempre. Entonces, ¿cúal es la razón?

Y hablando de letras y escritura, no me resisto a finalizar esta entrada sin dejar una imagen de la letra de mi padre, que debía gastar la tinta por metros cúbicos, pues se pasaba el día escribiendo en todo tipo de papeles y tomando nota de todo. Le gustaba escribir de todo lo que se le ocurría. Algún día traeré a colación las hojas excel que se fabricaba a mediados del siglo pasado cuando este concepto no había nacido.




domingo, 4 de enero de 2015

«PROPÓSITOS»



Según estudios de los desconozco su nivel de fiabilidad, la mitad de la población dedica los últimos días de un año que termina a hacer elucubraciones sobre unas cuantas intenciones a realizar en el comienzo del nuevo año. Se piensan, se repiensan y se toma la decisión de acometer uno o varios proyectos en cuanto comience el año, el mismo día 1. Llegada la fecha, se procrastina y se decide demorar un poco el comienzo efectivo «hasta que pasen las fiestas» y una vez dejadas estas atrás, inmersos en la vorágine, se olvidan. Todos los años la misma cantilena aunque sabemos por experiencia que raramente se cumplen.

Por lo general, las intenciones tienen relación con temas de salud personal, tales como hacer una dieta para perder peso, dejar de fumar o beber, hacer ejercicio de forma regular o similares, aunque también se barajan temas como contactar con amigos o conocidos a los que hace tiempo que no ves,  estudiar inglés o alemán de una vez por todas, ser más amable con la gente,  colocar ese cajón lleno de papeles o subir con decisión al trastero y vaciarlo de cachivaches inservibles.

La realidad es que pocas de esas intenciones firmemente decididas tienen éxito; muchas de ellas ni se llegan a poner en marcha y las que se inician, por lo general, se diluyen y acaban sucumbiendo a las pocas semanas. Los compromisos con uno mismo o con los familiares y amigos que nos rodean suelen tener poca fuerza.

Y es que cuando uno tiene que hacer cosas que se consideran importantes y que por ello requieren un esfuerzo, cualquier día del año es bueno para comenzarlas. Pongamos el ejemplo de una dieta para perder esos kilos de más que nos atormentan desde hace siglos. Un buen momento para comenzar sería antes de las navidades, pero lo que es común es postergar su inicio para después y con esa excusa aprovechar las comilonas navideñas para ponernos ciegos. Y como digo, luego nada de nada, nuestras debilidades florecen por encima de nuestras fortalezas y esa mal llamada fuerza de voluntad no aparece ni por asomo. Pero ya se sabe, un año tras otro, que somos débiles y la experiencia no nos sirve para de una vez por todas abandonar esta práctica de los propósitos del Año Nuevo.

Y es que lo importante sería incorporar en nuestra vida diaria esos cambios que queremos llevar a cabo de forma que sean una cuestión normal sobre la que no haya que estar tomando decisiones acerca de si se acomete o se deja de acometer. No me imagino a nadie tomando la decisión diaria acerca de si cepillarse o no los dientes ese día o ducharse u otras actividades que realizamos a diario de una forma automatizada. La idea es incorporar de forma gradual pequeños cambios que se vayan añadiendo a nuestro devenir que de una forma natural, sin esfuerzo y sin darnos cuenta estemos consiguiendo esos beneficios derivados de los mismos.

En la red hay numerosos consejos acerca de este tema. De este enlace he extraído estos nueve

 » Elegir una meta realista y específica
 » Centrarse un solo propósito
 » No esperar justo a la víspera del Año Nuevo
 » Comenzar poco a poco
 » Evitar la repetición de los errores cometidos en el pasado
 » Recordar que el cambio es un proceso
 » No dejarse vencer por un pequeño desliz 
 » Buscar apoyos
 » Renovar la motivación

Aunque ya estamos avanzados en el milenio, en su día se establecieron también a nivel internacional propósitos para el mismo, concretamente ocho, que relaciono a continuación. Hemos entrado en el año quince, o dieciséis que nunca está claro, del milenio y me temo que su pleno desarrollo está todavía por llegar.

» Erradicar la pobreza extrema y el hambre 
» Lograr la enseñanza primaria universal 
» Promover la igualdad de género y empoderar a las mujeres 
» Reducir la mortalidad infantil 
» Mejorar la salud materna 
» Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades 
» Garantizar la sostenibilidad ambiental 
» Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

 Un propósito que todos los años se acerca a mi mente es dejar de escribir semanalmente en este blog, porque las ideas se van agotando. Pero, una vez más, he desechado la idea y seguiré intentando juntar unas cuantas letras para aburrir un poco a los lectores que se acerquen por aquí.