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domingo, 2 de junio de 2024

ENCABEZAMIENTOS


Supongo que el título que reza en la imagen escogida para encabezar esta entrada se refiere a los sufridos becarios, pues no alcanzo a imaginarme otro puesto de trabajo —remunerado— que tenga tan exigua asignación mensual. Como puede verse en la parte superior de la imagen, el logotipo corresponde a uno de los diarios de mayor tirada y difusión nacional en esta España de nuestras entretelas. Transmisores de la cultura en mayúsculas sin reconocimiento ni formación al parecer…

Resulta curioso que la propia noticia contenga en su encabezamiento una errata descomunal, aunque ya es posible que tengamos a gala el utilizar este tipo de mecanismos para llamar la atención. ¿Estaría justificado esto? A mi modesto entender no, pues las reglas de la Academia son claras al respecto de utilizar vocablos no admitidos o inexistentes en nuestro diccionario. Con ello concluyo que es un error.

Me imagino que las prisas son la base de este tipo de errores en medios de comunicación. Las erratas en los textos son un constante dolor de cabeza para todos y nunca se está a salvo de ellas, ni siquiera en editoriales o medios de renombre. Se cuelan por todos lados porque no siempre una o varias relecturas de los textos es suficiente para detectarlas. En un curso para escritores reciente finalizado, el profesor recomendaba dos cosas: la primera, leer el texto en voz alta y la segunda y fundamental, tener lectores beta a los que utilizar para detectar posibles correcciones.

Se ve que esto referido a los contenidos no es tenido en cuenta para los titulares o encabezamientos de las noticias. La utilización de «xouman» en lugar —entiendo yo—de «showman» parece indicar una metedura de pata por desconocimiento, por no utilizar la original inglesa y por no buscar información acerca del término en fuentes autorizadas como el diccionario de la lengua, otros reconocidos como el Panhispánico de dudas, el María Moliner, el diccionario del español actual de Manuel Seco, o incluso acudir a la información en línea de la FUNDEU.

Por desgracia el caso no es aislado y redunda con frecuencia en diferentes medios. Veamos el siguiente pantallazo de una cadena de televisión no precisamente desconocida…

«Totilla» no admite dudas. Errata al canto que supongo es advertida en el momento de la emisión cuando ya no hay remedio. Las prisas supongo, los correctores de los medios electrónicos, la falta de revisión por persona distinta a la que ha confeccionado el titular… lo sabrán los medios que supongo que intentarán poner remedio, aunque se ve sin mucho éxito porque, como digo, se repiten estos gazapos una y otra vez. ¿Estarán siempre los becarios detrás de ello? Mucho me temo que no.

Otra cuestión son los titulares engañosos que se utilizan con cada vez más frecuencia en los medios. La superficialidad con que accedemos a los contenidos puede generar falsas ideas en nuestras concepciones que daremos por válidas si no leemos la noticia completa que pudiendo ser verdadera no se ajusta al titular. Y estos encabezados, tendenciosos y malintencionados, son los que se viralizan en las redes y hacen que los usuarios retransmitan una y otra vez sin control, fuera de su contexto, provocando un elevado riesgo de desinformación cuando no de información tendenciosa. Porque, aunque una noticia nos apunte indicios de posible falsedad o inexactitud, no siempre indagamos para tratar de verificarla. Como digo, superficialidad y más superficialidad.

Las noticias falsas —esas llamadas ahora fake news— están a la orden del día y para ello son fundamentales sus encabezamientos a la hora de llamar la atención de los lectores que muchas veces leemos en diagonal acuciados por las prisas y la falta de tiempo. Lamentablemente ya, los medios tradicionales e históricos no representan una garantía infalible de veracidad, bien por fallos internos de sus trabajadores o colaboradores bien por errores controlados en sus líneas editoriales en aras de conseguir determinados fines que por lo general suelen tener tintes económicos detrás.

La llamada superdifusión en las redes está al alcance de muchos. Crear bots es una tarea relativamente fácil y sencilla que puede permitir inundar la red de noticias tendenciosas para conseguir aquello conocido de ese alemán que no menciono, que «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad». Es verdad que hay agencias de verificación a las que podemos suscribirnos que se dedican a efectuar un cierto control sobre los bulos, como por ejemplo https://maldita.es/, pero no siempre tenemos tiempo y ganas de andar contrastando todo lo que nos llega. En su apartado especial https://maldita.es/malditobulo/ tenemos casos y casos de noticias, fotografías y vídeos reales pero utilizados fuera de contexto, de época y de lugar que circulan confundiendo al personal.

En fin, habrá que asumir el encontrarse cada vez más con encabezamientos —titulares— erróneos, malintencionados o no; es el peaje a satisfacer por la prisa y la superficialidad.



 

domingo, 26 de mayo de 2024

CACHAZA

El planteamiento inicial de esta entrada era utilizar otro título: «slow», pero con un idioma tan rico como el nuestro me inclino a buscar alternativas siempre que sea posible. Uno de los aliados en esta tarea en mis pesquisas por la red es, además de los diccionarios, la FUNDEU, Fundación del Español Urgente ( https://www.fundeu.es/ ), que se dedica a cuestiones idiomáticas desde un punto de vista práctico y de actualidad.

Estamos llegando al final del curso, escolar en mi caso, donde la actividad ha sido frenética por la cantidad de actividades interesantes a las que he intentado atender, con un estrés galopante como resultado. En la tarde de los martes he llegado a tener tres clases en horario parcialmente coincidente, cuya atención —en diferido— solucionaba grabando dos de ellas por ser telemáticas y atendiendo a la otra presencial. Pero claro, luego hay que sacar tiempo para visionar y asimilar las grabaciones. Muchas veces he caído en la trampa de acelerar la velocidad de visionado para acortar el tiempo a dedicar. Más prisa…

Con ello, lo tengo claro. El próximo curso y en lo que a actividades educativas y culturales se refiere, tendré mucho cuidado al seleccionarlas para poder disfrutarlas tranquilamente y sin agobios. Un par de mañanas y alguna tarde como mucho y nada más, tiempo para leer, pasear o aburrirse según convenga. Siempre recuerdo a mi querido suegro, Luis, que me daba unas claves para solucionar mi falta de tiempo. Tú échate una novia, me decía, estás con ella un tiempo y luego la dejas, verás cuanto tiempo libre te queda. Y es que el tiempo es el que es, los días tienen 24 horas y no hay manera de estirarlas por mucho que lo intentemos, por lo que hay que seleccionar con cuidado las actividades a las que atender para que haya tiempo y lugar, con tranquilidad, con cachaza, para todas.

Conocido mundialmente, se puso de moda hace unos años el denominado «Movimiento slow». Hay mucha información sobre sus características y objetivos en la red. En esta actualidad, donde (casi) todo lo hacemos deprisa y corriendo, lo peor es la superficialidad que conllevan muchas de nuestras actividades: mientras estamos haciendo una cosa no disfrutamos plenamente de ella porque estamos con el pensamiento en la siguiente. Un horror.

La FUNDEU recomienda utilizar el concepto de «Movimiento por la calma» que desde luego a mí no me suena con tanta fuerza como en inglés. Aclara que «surge como reacción contra el ritmo acelerado característico de la sociedad actual y propone hacer un uso consciente del tiempo, disfrutando de cada actividad con la pausa precisa para ello, en lugar de vivir atropelladamente». Más claro agua.

Un ejemplo. El traslado en transporte público en mi zona de residencia supone, cuando menos, el doble que en coche particular. Es verdad que en nuestro vehículo podemos ir escuchando la radio, podcasts o incluso ahora audiolibros, pero eso mismo podemos hacer en el transporte público utilizando además la vista para leer o ver películas o documentales. La lectura cunde un montón si utilizamos a diario el transporte público y nos ponemos manos a la obra.

En esencia, se trata de utilizar racionalmente —con cabeza—el tiempo y disfrutar de verdad en las actividades que realicemos. No se trata de hacer el vago, sino de tomarse las cosas con otra actitud, con parsimonia, dejando atrás la prisa y el frenesí porque ya se sabe que el que mucho abarca poco aprieta. Las cosas que se hacen a toda prisa… ¿estarán bien hechas? ¿Estarían mejor si se hicieran de forma más pausada? La cultura occidental y los medios electrónicos nos han metido en una espiral de prisas que conlleva muchas de las veces, como hemos mencionado, una superficialidad que nos impide disfrutar plenamente de las cosas.

Como me dice mi maestro de dulzaina, David, no es solo cuestión de tocar las notas, sino de tocarlas con la medida con que están escritas en el pentagrama. Los músicos lo llaman «il tempo giusto», el tiempo adecuado, que no es lo mismo una redonda que una corchea y todas ellas gobernadas por el tempo que el compositor haya establecido. En una jota, por ejemplo, no es lo mismo a 120 que a 180, especialmente si hay un grupo de baile que se acordarán de la familia de los músicos si los llevan con la lengua fuera. Como no es lo mismo, hablando de milicias, desfilar al paso de la infantería, de los regulares o de la legión.

¿Cómo llevar una vida lenta? Los goces efímeros se olvidan pronto. El ansia de hacer varias cosas a la vez nos genera estrés y ansiedad, aunque no nos demos cuenta. No se puede estar en misa y repicando o viendo la televisión y al mismo tiempo el teléfono. Disfrutar de las cosas, saborearlas, cuidarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno, conectar con lo valioso, disfrutar en el proceso de hacer las cosas lo mejor posible… son algunas de las recomendaciones que haré bien en aplicarme en los próximos meses a la hora de tomar decisiones. He visto referencias a un libro titulado «El elogio de la lentitud», de Carl Honoré, que me apunto para su lectura en cuanto encuentre hueco.

Y para no renunciar a una de mis costumbres en este blog, aclarar que el diccionario reza para «cachaza» en una de sus acepciones —la que me interesa ahora— «parsimonia o lentitud». Como soy un poco de pueblo, me parece mejor «cachaza» que la más seria «parsimonia». Lo importante es aplicarse el cuento y disfrutar del momento, sin agobios ni prisas y poniendo los cinco sentidos en lo que estamos haciendo. Carpe diem, que ya dijera Horacio hace muchos años o Mindfulness que se dice ahora, que no es otra cosa que focalizar nuestra atención de forma consciente y activa en el momento presente.




 

domingo, 19 de mayo de 2024

BLÍSTERES


Creo recordar que la última vez que tomé un medicamento en pastillas que venían sueltas en un botecito se trataba del conocido Omeoprazol, que se receta como un protector del estómago cuando se están tomando otros medicamentos más fuertes que pueden dañarle. Incido en lo de que la presentación eran pastillas sueltas en un botecito.

La forma de presentación de los medicamentos ha variado mucho a lo largo del tiempo. Pasada la época en la que me retrotraigo a mi infancia en la que la mayor parte eran de forma inyectable, una gran parte de las pastillas llegan a las casas envasadas en el palabro que sirve de título a esta entrada: blíster. Vocablo de procedencia inglesa admitido por nuestro diccionario —como tantos otros—, queda definido en el mismo como…  «Envase para manufacturados pequeños que consiste en un soporte de cartón o cartulina sobre el que va pegada una lámina de plástico transparente con cavidades en las que se alojan los distintos artículos». También se emplean en el comercio en general de forma que su presentación permite su observación y manipulación sin que el producto se vea afectado o contaminado.

En el mundo del medicamento, la cuestión es que me da la impresión de que este sistema no debe ser muy barato porque a buen seguro que es más fácil y sencillo en una sección de empaquetado el poner treinta pastillas sueltas en un botecito que empaquetarlas y sellarlas una a una en los correspondientes blísteres. Y ya se sabe quién corre con los gastos de todos estos procesos. Y aquí no hay ninguna necesidad de exposición ni de preservación del artículo en unidades individuales.

Lo peor del caso es su manipulación en según qué casos. Para comprimidos que se toman de forma esporádica, como por ejemplo aspirina o paracetamol y otros muchos, el sistema es el ideal pues se preservan perfectamente las pastillas. Pero hay casos en que la toma de píldoras se realiza de una forma crónica, diaria, y en este punto es cuando el blíster puede resultar un dolor además de tirar a la basura unos cuantos euros. Me explico.

Por cuestiones médicas que no vienen al caso, los diferentes especialistas a los que acudo a revisión anual consideran que estoy «pre». Las analíticas y pruebas no denotan problemas médicos pero la edad y un exceso de peso recomiendan la toma de medicamentos para prevenir, es decir, en modo «pre» y por si acaso. Así me enfrento a diario a cuatro medicamentos: Adiro para la circulación sanguínea, Alopurinol para controlar que no suba ese ácido úrico, Metformina por aquello del tema de la glucosa en sangre y, últimamente, para prevenir claro, Ramipril para control de la tensión.

Yo no sé si este cóctel de pastillas me hace bien o me hace mal, pero no es cuestión de pensarlo y no queda otra que dejar que se peleen por ahí dentro y no estropeen unas lo que arreglan otras. Y aquí viene mi crítica si podemos llamarla así a la presentación de estos cuatro medicamentos en blísteres. Para no estar día a día con las pastillas, he comprado un pastillero en el que puedo preparar las tomas correspondientes a 28 días, de forma que me preparo las dosis para que sea más fácil y cómoda su ingesta diaria. Con ello me doy un atracón de ir sacando las pastillas una a una de sus receptáculos en los blísteres dichosos para hacer montoncitos antes de colocarlas en el pastillero. Si estuvieran sueltas en recipientes me sería mucho más cómodo.

Aparte, como ya he comentado, no puedo quitarme de encima la sensación, cuando acabo, de los euritos que cuesta la montonera de blísteres que tengo que tirar directamente a la basura. Por cierto, ¿debería ir a la basura convencional u orgánica? ¿Los blísteres de medicamentos tienen un reciclado especial? Hay que tener en cuenta que algunos, tras su uso, pueden contener restos en forma de polvo y ser tóxicos. Tras un rato husmeando por la red no he llegado a una conclusión determinante pero una sugerencia de la que no me fío mucho y para el caso de los blísteres de aluminio es introducirlos en un tetrabrik como los de leche y al contenedor amarillo. Lo mismo es una aberración, que nunca se puede fiar uno de lo que lee por ahí. Si hacemos caso a las recomendaciones oficiales de las autoridades sanitarias… «los envases de los medicamentos que estén vacíos y los restos de medicamentos que ya no se necesiten o que hayan caducado, deberán ser depositados en el Punto SIGRE de la farmacia» y «en el Punto SIGRE de la farmacia, se recogen los blísteres de medicamentos, así como otros envases como cajas de cartón, frascos de vidrio y aerosoles» ¿Alguien lo hace con los vacíos? Preguntaré en la farmacia la próxima vez que acuda a aprovisionarme para ver que me dicen, no creo que les haga mucha gracia el asunto de los vacíos. Además… «si los blísteres de medicamentos no se reciclan, pueden acabar en vertederos o incinerados, lo que contribuye a la acumulación de residuos y a la contaminación del medio ambiente».

La receta médica y su dispensación en la farmacia te deja las manos atadas y, aunque existiera que creo que no, otra forma de presentación, con la Iglesia hemos topado Sancho: blísteres tengamos, sí o sí.

Un cierto movimiento actual en estos días aboga por las compras a granel siempre que sean posibles, reduciendo el número de envases. Por ejemplo, las lentejas y los garbanzos los compro con este modelo, donde pido la cantidad que utilizo en prepararlos, que son en mi caso 600 gramos. En el colmado, el dependiente me los coloca en una bolsa de papel con una pala directamente desde un saco, los pesa y me los entrega. Menos mal que las lentejas y los garbanzos no vienen, uno a uno, en blíster.