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domingo, 25 de mayo de 2008

CUENTAS



Las formas de vida moderna están cambiando muchos de nuestros hábitos de forma radical sin que apenas nos demos cuenta de ello. Nos dejamos llevar por los usos y costumbres que se van imponiendo, se nos van imponiendo, sin apenas oponer resistencia, ni siquiera en nuestros pensamientos.
El aprovisionamiento de comida y ya por extensión de algunos otros consumibles, los realizamos en lo que se denomina grandes superficies. Es muy frecuente que las familias destinen incluso una mañana o tarde del fin de semana a realizar una compra masiva de todo lo necesario, e incluso algo innecesario. Como resultado de nuestros paseos entre los anaqueles del supermercado, vamos llenando el carro con un sinfín de productos.
El final de este paseo es poner la proa de nuestro carro a una de las cajas para abonar la compra. Situamos en la cinta transportadora los productos adquiridos y una cajera o cajero los va pasando lo más deprisa que puede por un lector de código de barras que, conectado a una computadora o máquina electrónica, nos va confeccionando la cuenta con todo detalle. Al final nos dice el importe total, pagamos generalmente con nuestra tarjeta de crédito, algunas personas lo hacen con dinero en efectivo aunque son las menos, y también rápidamente nos dirigimos al aparcamiento para trasladar toda la compra al coche y marcharnos.
Pocas veces he visto a alguna persona revisar la cuenta. Como norma general parece que nos fiamos de que la máquina que ha ido apuntando uno a uno nuestros artículos lo haya hecho bien. Tenemos confianza en el sistema y por otro lado tampoco nosotros hemos ido apuntando uno a uno los suministros adquiridos y sumando sus importes. Lo único que nos queda al final es sorprendernos si la cuenta sube demasiado con respecto a lo que habíamos pensado, si es que lo habíamos hecho.
La crisis económica que se nos ha venido encima en estas fechas hace que cada vez más gente tome conciencia de los precios de las cosas que compra. Estoy por apostar que no hace mucho tiempo muchos ni nos fijábamos en ellos, simplemente los poníamos en el carrito y era muy frecuente que no tuviéramos ni idea de lo que costaban.
Retornando al tema de la cuenta, hay un par de aspectos que no dependen de la maquinita y que nos pueden colar algún gol, si bien es verdad que puede ser tanto a favor como en contra nuestra. Uno de ellos es el precio que se nos cargue en caja y que puede no coincidir con el que está marcado en la estantería. Como los precios están sufriendo variaciones continuamente, a veces hasta en el día, ocurre con cierta frecuencia que en caja nos cargan un precio diferente. Solo el haberse fijado en ello y proceder a una concienzuda revisión del tique que nos entrega la cajera, nos permitirá detectar este extremo. Bien es verdad que algunas veces ocurre que nos hemos dirigido al supermercado a comprar algo motivados por la propaganda que hemos recibido en el domicilio, aunque no nos hemos dado cuenta de la letra pequeña que figura en el folleto, con la que juegan, y que suele especificar unas fechas de promoción, que pueden no haber llegado o pueden haber finalizado.
Otro aspecto que podía meter “ruido” en la cuenta es la persona que desliza los artículos frente al lector. Algunos artículos se venden en conjuntos o bien de forma individual. Pongamos por ejemplo una lata de refresco, que puedo comprar individualmente o en paquetes de seis, ocho, doce e incluso más. El código de barras es el mismo, por lo que el dependiente tiene que realizar una operación manual para identificar lo leído. Tengamos en cuenta que como todo trabajador tiene una experiencia, mucha o poca, y que como persona se puede equivocar. ¿Qué ocurre si cuando llevamos ocho unidades la máquina pone el precio de las ocho pero el dependiente indica además ocho veces?
No está de más, allí mismo, a pié de caja, echar un vistazo rápido y a grandes rasgos de la cuenta. Es de suponer que todo esté bien y generalmente así será, pero ya en un par de ocasiones me he encontrado con algún “gato” en la cuenta y aunque haya sido casualidad, ha sido en mi contra.

domingo, 18 de mayo de 2008

APARIENCIAS


Las apariencias engañan, gobiernan nuestras vidas. Cada uno somos lo que somos pero otra cuestión es cómo nos queramos mostrar a los demás, que apariencia queremos transmitir, cuestión que varía según los contextos en los que nos desenvolvamos. Desde muy pequeños hemos sido enseñados, adiestrados, en conseguir una aceptación de los demás, que nos vean con una apariencia determinada, por lo que hacemos todo lo posible por transmitir una imagen, verdadera o falsa, de nosotros mismos como forma de conseguir una apreciación, quizá algunas veces rechazo, por parte de los demás. Por ejemplo, es posible que una persona muy rica quiera pasar desapercibida y por el contrario una persona pobre quiera aparentar lo que no es para conseguir unos determinados fines.
¿Cuánta gente trabaja en su empresa?
¿Cuánta gente va a su empresa?
¿Cuántos están estando y cuantos están trabajando?
Pero en contra de lo que pudiera parecer con este prolegómeno, no es a la apariencia humana a la que me quiero referir. En los objetos o cosas también se da este hecho, generalmente motivado por un afán de atraernos y que los compremos. El marketing y la publicidad tienen mucho que ver en este asunto. Es pan para hoy y hambre para mañana, porque enseguida nos daremos cuenta del engaño y nos formaremos un arquetipo del objeto, y por extensión de la marca, archivando en nuestra memoria el tipo de trucos que utilizan para confundirnos, cosa que logran en un primer momento pero al final descubriremos el pastel.
Hace unos días me enfrentaba en la estantería de un supermercado a la compra de un bote de cacao en polvo de esos que se utilizan mezclados con leche para el desayuno. Los diseños, las formas y los tamaños de los botes competían desde la estantería por atraer mi vista y forzar mi decisión. Al final elegí uno quién sabe si llevado por la marca, la forma o el precio. Cuando llegué a casa y procedí a destaparlo, les aseguro que al menos el 25% del mismo estaba vacío. ¿Se han encontrado con este hecho alguna vez? Me pregunto por la razón de hacer un envase más grande para que luego una cuarta parte del mismo esté vacío. No me queda otra respuesta que forzar su apariencia como más grande para que sin darnos cuenta pensemos que la relación precio-tamaño en este caso es la más adecuada.
No lo he comprobado, pero seguro que el peso del contenido es correcto, aunque suele estar escrito en letra más bien pequeña que seguro que la mayoría de compradores ni siquiera mira. El tamaño si es lo importante, al menos en este caso.
Y este ejemplo comentado no es un caso aislado. Seguro que tenemos todos muchos ejemplos. Otro, muy relevante en mi caso, me ocurrió con un recipiente que contenía membrillo. Era de plástico, redondo, transparente y se le veía relleno hasta el borde. Una vez destapado y puesto en servicio, al hundir la cuchara para extraer su contenido, esta topó con el fondo enseguida. Una vez consumido el producto, se puede apreciar que el fondo está levantado, muy levantado, con respecto a la base con lo que otra vez al menos un 20% de la apariencia no está rellena de producto, en este caso, membrillo. La única forma de verlo antes de comprarlo es mirar por debajo, cosa que normalmente no haremos en un primer momento.
No sé si hay norma que lo obligue pero al menos algunos de los supermercados, aunque que es verdad que en letra muy pequeña, ponen en la etiqueta aquello de “el kilo le sale” a x,xx euros”. Tal y como se están poniendo las cosas tendremos que educarnos en mirar más estas anotaciones que en fijarnos en las marcas, formas de los envases y, mucho ojo, en que zona de la estantería están situados. Los que el supermercado quiere que compremos están normalmente a la altura de la vista y por el contrario, los menos deseados estarán o muy abajo o muy arriba. Todo está estudiado, pero nosotros también podemos estudiar, estar avisados de lo que ocurre y no dejarnos llevar por las apariencias. Es muy conveniente tratar de ver lo que aparentemente no se ve, descubrir lo oculto. Irá en nuestro beneficio.

domingo, 11 de mayo de 2008

AGUA


En muchas ocasiones no somos conscientes de nuestra relación con este preciado líquido que nos cae del cielo, cada vez de forma más irregular debido a los cambios climáticos. En las sociedades llamadas occidentales basta con dirigirse a alguna de las estancias de nuestra casa para abrir un grifo y disponer de un caudal de agua abundante que podemos utilizar en el momento según nuestras necesidades, desde las más elementales de aseo o preparación culinaria hasta otras muchas de ocio o divertimento.
El hecho de que muchos hayamos nacido con el agua disponible en nuestras casas, nos resta la perspectiva de considerar como serían nuestras vidas sin esta posibilidad de la que disponemos. Cuando yo era muy pequeño, solía ir los veranos durante algunas semanas con mi abuela a su pueblo, donde nos alojábamos en casa de unos tíos. El pueblo, hoy en día uno de los más pujantes e industriales de la provincia, era por aquel entonces un conjunto de casas bajas de una planta dedicado principalmente a la agricultura. Como ya se puede ir imaginando, las casas no disponían de agua corriente.
Varias veces al día era necesario coger los cubos y dirigirse a la fuente pública para hacer acopio de agua y tenerla disponible en la casa. Por suerte mencionaré que la fuente no estaba demasiado lejos, ya que el agua pesa lo suyo. El hecho de tener que realizar el esfuerzo de acarrear el agua te predisponía a condurar y controlar muy mucho su uso en la casa: no se desperdiciaba ni una gota, dado que un desperdicio suponía un nuevo viaje a la fuente. El aseo personal pasaba por el lavado “manual” previo vertido de un poco de agua en una jofaina o palangana en tu propia habitación. El cuarto de baño simplemente no existía y si se preguntan dónde estaba la parte del cuarto de baño que no sirve para bañarse les diré que en el gallinero, bajo las estrellas. Eran otros tiempos que felizmente han pasado para nosotros, pero no olvidemos que algunos pueblos de la Tierra siguen viviendo en esas condiciones.
Nuestros hijos no han conocido el no disponer de agua corriente y abundante. Las cocinas disponen de modernos aparatos, lavadoras o lavavajillas, que hacen uso intensivo de esta facilidad de disponer del líquido elemento. Nuestro aseo diario pasa por un baño o una placentera ducha en la que podemos estar recibiendo en nuestra piel agua, por cierto caliente, durante el tiempo que creamos conveniente. En aquellas casas con jardín y piscina, los niños pequeños y no tan pequeños pueden jugar con una manguera o bañarse y chapotear sin preocuparse de cómo llega el agua.
Si bien dicen que el consumo importante procede del uso industrial, el consumo particular se va incrementando progresivamente a medida que varían nuestros usos y costumbres. Las grandes ciudades y pueblos necesitan grandes instalaciones de recursos hídricos para proveer a sus habitantes del líquido preciado. Ya no es tan barata el agua, su coste representa cada vez más un pellizco importante en las economías.
Desde hace unos años, de vez en cuando nos animan a reducir de forma responsable el consumo de agua, a ser cautos en su utilización. Cada vez que veo un anuncio recuerdo mi época de niño en casa de mis tíos.
Las casas modernas no están construidas estrictamente para ahorrar agua. Tengo un amigo que vive en un chalet de considerable tamaño que se ha propuesto minimizar el consumo. Una de las operaciones que hacemos generalmente todos a diario es la de ducharnos. Dependiendo del tamaño de nuestra casa y de la distancia que haya desde la caldera o acumulador al grifo de nuestra ducha, abrimos el grifo al principio y desechamos todo esta agua fría contenida en la tubería hasta que empieza a llegar el agua caliente y podemos comenzar nuestro aseo. En el caso de este amigo, la distancia entre su caldera y su cuarto de baño es grande, lo que le da para llenar dos cubos que tiene convenientemente situados al lado de la ducha. Llena los dos cubos con el agua fría que generalmente casi todos desechamos, y a continuación comienza su aseo. El agua contenida en los cubos es luego utilizada para otros usos como regar las plantas o en lugar de la cisterna del wáter. Como contrapunto, conozco otra vivienda en la que su propietario ha instalado un sistema que le mantiene el agua caliente circulante y por tanto disponible de forma inmediata en cualquier grifo. Este otro amigo no desecha agua pero habrá que pedirle que nos enseñe lo que le cuesta mantener el agua caliente en todo momento.
Por no extenderme más, hacer una consideración o pregunta ¿se puede beber el agua que sale por su grifo? ¿seguimos acarreando agua desde el supermercado?

sábado, 26 de abril de 2008

MORERUELA






No recuerdo claramente si en mis estudios de bachillerato, en aquel libro de historia con algunas, pocas, fotos en blanco y negro, aparecía el Monasterio de Santa María de Moreruela.

Con ocasión de un periplo corto, de fin de semana, por tierras zamoranas, cuando me encontraba perdido en carreteras interiores a la búsqueda del lagunar de Villafáfila, una desvencijada señal de tráfico de las antiguas anunciaba un desvío a un monasterio, a poco más de tres kilómetros. Había que desviarse y hacer siete kilómetros de más entre ida y vuelta pero por aquello de explorar y descubrir nuevos sitios nos dirigimos hacia allí.

El conjunto es sorprendente, grandioso. Como en todas estas tierras, lejanas de la civilización y del bullicio, reina la paz y la tranquilidad. El silencio solo se ve roto por el crotorar de las cigüeñas, muy abundantes, o de los múltiples pajarillos que pululan por allí. El monasterio está enfrascado en una restauración que se me antoja imposible, pero hace que su entorno este cuidado, disponiendo de un espacioso aparcamiento donde dejar el coche.

Cuando accedo a este tipo de lugares, que debieron de tener una vida intensa en otros tiempos, trato de imaginarme como podía ser el lugar en todo su esplendor, con sus monjes “ora et labora” con la iglesia y el claustro a pleno funcionamiento en un oasis de paz y tranquilidad que se palpa hoy día y que en la época de construcción del monasterio, allá por el siglo XXIII debió de ser espectacular. Se le atribuye el ser la primera construcción de la orden del Císter, los monjes blancos, en España aunque como sobre todo se investiga esto ha sido objeto incluso de una tesis doctoral. La sencillez y esbeltez del románico se puede contemplar aún en medio de estas ruinas que solo son un vestigio de lo que en su día debió de ser.

Las cigüeñas, en gran número, han tomado posesión de las alturas y han ubicado allí sus nidos, no solo en los muros y torres del monasterio, sino en arboledas cercanas. Que mejor sitio para vivir, en el fondo un poco de envidia si aflora a mis pensamientos. Rodeando el monasterio podemos llegar al ábside que es una de las zonas mejor conservadas. Un prado verde amplio permite la contemplación desde varios ángulos de esta magnífica obra arquitectónica, característica del románico palentino pero que aquí se ha llevado a su máxima expresión. La piedra está perfectamente trabajada y conjugada para formar un conjunto agradable y armonioso que alegra la vista y el espíritu.

El deambular sin rumbo entre las ruinas, apreciando detalles de lo que existe y de lo que pudo existir es una forma estupenda de relajación y reencuentro con uno mismo. Nada salvo el canto de los pajarillos perturba la armonía del lugar, armonía que penetra en el interior de uno mismo y genera un estado de bienestar casi olvidado por el trajín de la vida.


domingo, 20 de abril de 2008

CONSUMISMO


Hemos llegado al final de una época de relativa bonanza económica. Aunque cada uno en su intimidad valora de forma particular como le han ido las cosas en los aspectos económicos, en general, con salir a la calle, parece que vivimos muy bien. O vivíamos.
Hace algunos años las prioridades de las familias eran muy concretas y se resumían, a mi entender, en dos aspectos básicos, como eran la comida y el vestido. Aparte de esto, la cosa no daba para mucho más. Aspectos hoy comunes como pueden ser el coche, las vacaciones, los puentes, salir a cenar a un restaurante, etc. etc. eran ciencia ficción en una época donde se vivía con lo justo. Bien es verdad es que no estábamos bombardeados por la publicidad instándonos a proveernos de cosas y cosas que “harían más feliz nuestra vida”.
Si revisamos hoy en día las economías familiares, quizá las partidas más importantes de gasto no sean relativas a la comida y al vestir. Cada uno tenemos nuestras preferencias y destinamos el sueldo a lo que nos interesa. La partida de la ropa, si no somos unos exquisitos en marcas y prendas no supone un gasto importante en relación con el gasto mensual. Otra cuestión es la partida de la alimentación, que sí que lo supone y mucho más ahora con los niveles que están alcanzando los precios de los productos básicos, pero en comparación con el total mensual no alcanza, ni mucho menos los porcentajes de hace unos años.
Todos decimos que no llegamos a fin de mes, que la vida está muy cara, que los precios están por las nubes y que si tal y tal, pero seguimos viviendo y si somos objetivos no demasiado mal. Habrá de todo, pero los niveles básicos de comodidad y bienestar se han elevado. Lo que tendremos que valorar es que son para nosotros esos niveles básicos comodidad y bienestar.
El desarrollo de la economía y las formas de compra a crédito han llevado a muchos a una espiral de gasto que puede llegar a ahogarles. Es muy frecuente ver en medios los anuncios de empresas, curiosamente no bancos, que ofrecen una reunificación de deudas para poder llegar a fin de mes. No deja de ser una falacia, porque nadie regala duros a pesetas que se decía antes, y lo que generalmente va a suponer es una vuelta de tornillo más y un alargamiento a más años de nuestras deudas.
Pero es difícil resistirse a tantas y tantas cosas que se ponen delante de nuestros ojos. La televisión que compramos hace pocos años ya no es LCD o TFT y además su poca cantidad de pulgadas la hacen pequeña además de no tener la calidad que tienen las nuevas. Total, la compramos a plazos, si solo son unos euros al mes. Y así con tantos y tantos cachivaches que metemos en nuestras casas y en nuestras vidas y que suponen un coste elevado.
Me viene a la cabeza el pensamiento de un amigo sobre este aspecto. Decía que el tenía mucho cuidado en que las cosas que comprara no le supusieran un gasto por su uso. El hecho de comprar un “tocadiscos” suponía tener que habilitar un presupuesto para comprar discos o el hecho de comprar una cámara de fotos implicaba el destinar unos dineros a la compra de carretes y revelado de fotos. Hoy día las cosas han cambiado mucho con los soportes digitales y estos dos aspectos no se verían de la misma manera, pero la filosofía queda ahí.
Los precios se han disparado, los sueldos se han estancado. La bonanza económica parece que va a sufrir un frenazo y habrá que irse quitando de algunas cosas y mirar con mucho cuidado las imprescindibles. En una economía globalizada esto puede suponer desajustes que pueden dar al traste con la marcha de muchas empresas, dejar sin trabajo a muchas personas y por lo mismo dejar sin clientes a muchas empresas y así perpetuar el círculo.
La cuestión es resistir de forma espartana y con cabeza esta embestida, que no es nueva y que ya hemos sufrido los que contamos con algunos años. Pasará, pero tenemos que aguantar para poderlo contar. Quizá sea necesario parar un poco y reflexionar. Decidir qué es lo que realmente nos hace felices y seguramente eso lo tendremos que buscar en nuestro interior y auto-educarnos a disfrutar con las cosas sencillas. Acostumbrarnos y asumir el no tener lo último en aparatitos, hacer vacaciones sencillas, comer sano y disfrutar del momento presente.

domingo, 13 de abril de 2008

CORREO


¿Electrónico o convencional?
Hace ya muchos años que dispongo de un apartado de correos en una estafeta relativamente cercana a mi domicilio. Casi me vi abocado a ello en una época en la que estaba suscrito a varias revistas las cuales excedían en su tamaño de los buzones que suelen estar ubicados en los portales de las viviendas. Nunca supe si era el cartero, algún vecino “listo” o el repartidor de butano el que se apropiaba indebidamente de lo ajeno, en este caso, de algunas o varias de mi revistas.
El apartado de correos solucionó el tema, ya que al estar situado en el interior de la oficina de clasificación y repartos, solo quedaba la posibilidad de que o bien los editoriales no la habían enviado o era personal de la estafeta. De hecho nunca volvió a faltar ninguna, pero estaba el inconveniente de tener que ir de vez en cuando, generalmente una vez por semana, a recogerlas.
Con el tiempo fui derivando todo mi correo al apartado. Casi tenía a gala que no me llegaran cartas de índole profesional o empresarial a mi domicilio particular. Carta que llegaba ya estaba llamando al remitente para que efectuara una variación del domicilio e indicara el apartado.
Pero todo no iba a ser tan bonito. Algunas empresas de servicios tales como el teléfono, la luz o el agua no admitían tener un domicilio de contrato y otro de correspondencia, cuestión que es ahora muy normal. Por ello las cartas de ese tipo continuaban llegando a mi domicilio.
En esto, se puso de moda el envío masivo de propaganda en papel por correo. Yo tuve muy claro de donde sacaban estas empresas de envíos mi domicilio porque me había tomado la molesta de cambiar ciertos aspectos de mi dirección en las empresas que solo me admitían mi domicilio. En unas ponía Portal-1, en otras Bloque-1 y en otras PRTL-1 por ejemplo. Así descubrí que, en mi caso, la principal “suministradora” de direcciones era la de telefonía. Ni que decir tiene que mis protestas, documentadas y razonadas, ante ella resultaron inútiles.
Hoy día parece que las cosas han cambiado y ha remitido hasta casi desaparecer el envío indiscriminado de propaganda. Se utilizan otras técnicas de tipo telefónico o por correo electrónico más selectivas e innovadoras. Por otro lado, la supresión por parte de las empresas de los envíos postales, dando opciones cada vez más amplias al usuario de la utilización del correo electrónico o el mantenimiento en la web de recibos y facturas, hace que el papel físico que llega al apartado sea cada vez menor. Alguna revista y algún papel “oficial” y poco más.
Lo poco que recojo y abro en casa suele ir dirigido a mí. Algunas veces me he encontrado con sorpresas, derivadas de una equivocación del cartero a la hora de depositar la correspondencia por la cual me ha entregado una carta del vecino de apartado. La devuelvo y ya está, eso sí, algunas veces abierta por no haber reparado en que no iba dirigida a mí.
Pero esta semana la sorpresa ha sido mayúscula. Una carta de un “gran” banco de este país que no iba dirigida a mi nombre pero sí y de forma correcta a mi apartado y a mi localidad. La abrí de forma rutinaria sin reparar en ello y me encontré que la información acerca de transferencias y saldos no era de mi incumbencia sino de otro señor y de otra oficina bancaria que yo no sé ni donde está.
Ahora queda esperar. ´¿Seguirán llegando cartas de ese tipo? ¿Habrá sido un error puntual de la informática de ese “gran” banco? ¿Se habrá equivocado el otro señor al facilitar su número de apartado al empleado? ¿Lo ha tecleado mal en el terminal del ordenador? Algunas preguntas que seguramente se quedarán sin respuesta.
Esto de la informática …….

domingo, 6 de abril de 2008

DST



Cada vez estamos más acostumbrados a los acrónimos, o también siglas, esos resultantes de juntar palabras o de juntar sus iniciales con más o menos gracia. En el caso de nuestro título, DST es la abreviatura o convención para la frase inglesa “daylight saving time” que en español traducimos generalmente por “horario de verano”. Allá por 1916, a un señor llamado William Willett se le ocurrió la idea y desde entonces se emplea casi de forma regular muy a pesar de lo que muchos pensamos. Hay que aclarar que no en todos los países del mundo se utiliza, siendo más generalizado en el hemisferio norte como puede verse en el plano adjunto extraído de la socorrida Wikipedia, esa enciclopedia activa en internet donde todos podemos aportar pero que generalmente usamos para obtener información.

Las razones aducidas son de índole económica derivadas de un mejor aprovechamiento de la energía solar, y siempre referidos a los humanos. Me imagino que los animalitos del campo se seguirán rigiendo por sus propios relojes biológicos y les traerá al fresco el cambio horario, salvo que vivan en granjas y sus dueños adapten los horarios en los que les entregan la comida y se vean por ello afectados.

Algo parecido sucede con nuestros niños pequeños e incluso con nosotros mismos, que andamos unos cuantos días que no sabemos si nos levantamos pronto, o nos acostamos tarde pero que parece que vamos por la vida un poco “descolocados” mientras ajustamos, ponemos en hora, nuestro reloj biológico, cuestión que es un poco más difícil que ajustar la ristra de relojes que tenemos en casa, si es que no son de esos modernos que se autoajustan cuando pasa el satélite.

A mí me parece muy bien lo del ahorro económico, pero podían calcular lo que me corresponde y, si no es mucho, que no lo sé, pagaría gustosamente la parte alícuota para conseguir que a mí y a mi familia nos dejaran en paz ese par de veces al año, una a principios de primavera cuando “nos quitan” la hora y otra a principios de otoño cuando nos la devuelven. Vaya, que casualidad, siempre primero quitar y luego devolver, debe ser consecuencia de que la norma la implantan los gobiernos, bien por convencimiento o bien dejándose llevar por la tónica general, aplicándonos los mismos parámetros que con otros asuntos, como por ejemplo el dinero que pagamos a Hacienda, que no sé cómo se las apaña pero al final tiene que devolver a muchos ciudadanos el dinerillo que les ha cobrado de más cuando se pone en claro la declaración de la Renta.

En fin, que en mi opinión el amigo Willett, puesto a pensar, podría haber pensado e inventado alguna cosa más práctica y nos podía haber dejado en paz un par de veces al año. Todos los años hay encuestas de la opinión pública y hay que reconocer que hay división de opiniones aunque en general no nos gusta el cambio. Personalmente no estoy convencido de su utilidad y de su ahorro, ya que lo que no se va por tardes se va por las mañanas. Para ser efectivo habríamos de estar ajustando una determinada hora del día, en la que todos más o menos nos levantáramos, para que coincidiera con la salida del sol, con lo que tendríamos montones de horas en cada país y estaríamos cambiando de hora cada semana. A lo mejor así se acababa el asunto de una vez para siempre.

sábado, 29 de marzo de 2008

BUS-VAO

Tengo que reconocer que los temas de tráfico me calan un poco más dentro que otros. Considero que en estos asuntos las personas nos mostramos como en realidad somos, nuestra educación, nuestras maneras y nuestras formas de comportarnos, de relacionarnos y deambular por la vida.

Esta semana he ido a Madrid algunos días en coche con un amigo que lo tiene que llevar por necesidad ya que se dedica a reparar electrodomésticos, con lo que para el representa el vehículo la posibilidad de desplazarse, almacén de herramientas y repuestos y algunos días, según le pille, comedor donde dar cuenta de la tartera o un bocadillo comprado entre reparación y revisión.

La sigla VAO aplicada a uno o varios carriles de la autopista significa “Vehiculo de Alta Ocupación”. Según mi criterio, licencias poéticas aparte, debería ser VOA, pero no es ese el eje de este suelto. A mi amigo le viene muy bien que le acompañe en su desplazamiento por que la definición de alta ocupación está en la cantidad de dos personas. Esto es, los coches con dos o más personas pueden acceder a estos carriles especiales, lo que supone un beneficio en una menor densidad de tráfico y por tanto más comodidad y rapidez en llegar al trabajo. Yendo el solo debe utilizar la zona normal de la autopista, lo que supone levantarse antes e ir más pendiente de la circulación, mucho más densa y complicada.

Ya había observado antes el hecho: NO TODOS LOS VEHICULOS que circulan por aquí llevan dos personas en su interior. Evidentemente, el riesgo de error en esta apreciación puede ser mío y más o menos alto. Pueden ir durmiendo en el asiento de atrás o a lo mejor acurrucaditos en el maletero, con lo cual se cumple el número.

Pero lo que realmente ocurre es que hay mucho listo y desconsiderado. Ya se ha oído que algunos se toman la molestia de llevar muñecos o muñecas hinchables para despistar o sillitas de niño en el asiento trasero con muñecas más o menos grandes que dan el pego. Pero no, hay una gran mayoría que acceden al carril por “todo el morro” teniendo en cuenta que a esas primeras horas de la mañana es más bien escasa o nula la presencia de agentes de tráfico que vigilen a estos “listos”, amén de que es bastante complicado pararlos y multarlos por las especiales características y velocidad de la circulación.

El pasado viernes me puse manos a la obra. En los poco más o menos siete minutos que estuvimos circulando por el carril especial, fuimos adelantados por NUEVE vehículos que, aparentemente, iban ocupados por menos de dos personas, con lo que claramente estaban infringiendo la norma.

Lo más grave es que estas cosas, como el aparcar bajo señales de prohibido o en las aceras, si no se cortan de raíz, se generalizan, y rápidamente. Por qué voy a estar yo aguantando el tapón o madrugando si lo normal es que haga la trampa y las posibilidades de que me pillen son pocas o casi inexistentes.

Desconozco la multa y los puntos que conlleva esta transgresión, esta falta de desconsideración y esta prepotencia y esto lo puedo asociar con que los nueve vehículos a los que me he referido eran todos de gama alta o muy alta. Que cada cual saque sus conclusiones. Seguro que no hay relación directa pero el dato es cuando menos curioso.

viernes, 21 de marzo de 2008

CUCURUCHOS


Los más comunes, y casi únicos, en la actualidad son para los helados. En épocas no muy lejanas, antes de que nos invadiera el plástico, las pipas o cacahuetes se compraban en cucurucho, los fruteros los fabricaban con hojas de papel de periódico para servir la fruta a sus parroquianos o las castañeras para despachar las castañas calentitas. De niños nos servían de gorras de piratas o sombreros de espadachines en nuestros juegos infantiles
Hoy es Viernes Santo y por lo tanto estamos inmersos en plena Semana Santa. Es un nombre antiguo y tradicional, religioso, asignado a una determinada semana del año, que curiosamente varía en su ubicación de unos años a otros, dependiendo de no sé qué luna en no sé qué fecha según se estableció hace muchos años por motivos religiosos. El resto de fechas religiosas, por delante y por detrás, pivota en torno a donde se halle situada esta semana en el calendario.
Opino que cada vez es un poco menos Santa. O por lo menos con otras muchas cosas adicionales. Son días libres, de vacaciones, que la gente aprovecha o aprovechamos para escaparnos de la rutina y huir en manada a la playa, a la montaña, a la casita de la sierra o hacer ese viaje organizado a algún otro país o ciudad que deseamos conocer.
En la parte religiosa, los que la viven de forma participativa saben lo de los cucuruchos, aunque no igual en según qué zonas de España.
Hace ya muchos años, cuando iba a iniciar mis participaciones activas en los desfiles procesionales de la Semana Santa de mi pueblo, uno de los principales problemas en la confección del traje de nazareno era el cucurucho, bueno, vamos ya a emplear su nombre técnico, capirote, que se sitúa en la cabeza a modo de sombrero pero cubierto por una túnica. Académicamente, el capirote es el conjunto formado por el cucurucho en sí y la tela que lo recubre y que generalmente oculta la identidad del nazareno o penitente, dejando únicamente un par de aberturas para los ojos. Podía hacerse de cartón o plástico, material este último que me parecía más duradero y resistente, máxime cuando los días de desfiles son aprovechados por los hados meteorológicos para llover o incluso nevar. Mi padre, con buen criterio, ese criterio que da la experiencia de muchos años, abogó por hacerlo de cartón, a pesar de mis objeciones. El suyo contaba con muchos años, muchas puestas y muchas lluvias y ahí aguantaba tan pancho. Además tenía la ventaja de absorber el sudor de la frente y cuero cabelludo, máxime cuando yo desfilaba cargando sobre mis hombros las andas al Santo Cristo de la Buena Muerte, lo que implicaba un esfuerzo y por lo tanto una sudoración extra.
Tras veinticinco años de procesiones y cargas me ha llegado la jubilación penitencial, pero el capirote, o cucurucho, de cartón, que hiciéramos sigue “funcionando” a pleno rendimiento. Por el momento no lo usa nadie, pero no quita que vaya a parar a alguien, o a mí mismo si retomo mis desfiles como nazareno de fila, de procesión, llevando como única carga el farol reglamentario que tengo desde hace muchos años y no he usado nunca.

ENCERRADOS


Y congelados. Hace un par de años empezamos a sufrir robos en la distribución de las botellas de propano que servían para la calefacción y agua caliente de una casita en la playa. Costó varios meses y unas pesquisas dignas del mismísimo Sherlock Holmes el poder detectar el sistema que utilizaba un “honrado repartidor”, según su responsable, para escatimarnos el contenido de las botellas de propano que nos suministraba. Claro, nunca estábamos en casa por la utilización esporádica de la misma, cuando el mencionado repartidor accedía a la caseta de las botellas y daba el cambiazo por otras. El modo de cómo lo hacía fue interesante, una vez que lo descubrimos y lo que es peor, no éramos los únicos sufridores en la zona.
Tuvimos que buscarnos la vida, ya que las zonas están asignadas, el repartidor oficial de gas en nuestro pueblo era ese y no había posibilidad de otro. Por otro lado, el transporte de bombonas grandes de propano está prohibido efectuarse en coches particulares, por lo que la solución de ir a buscarlo nosotros donde procediera tampoco era viable. Menos mal que dimos con un distribuidor de una zona anexa, que por casualidad residía en la nuestra y se avino muy amablemente a servirnos las botellas dos o tres veces por año.
El progreso avanza y ha llegado a la zona el gas ciudad. Vimos el cielo abierto, era la solución a nuestro problema, disponer de un contador y gastar el gas necesario cuando fuera necesario sin preocuparnos de que se gastaran las botellas y tener que reponerlas. Han sido unos cuantos meses de sufrimiento, llamadas, idas, venidas, citas no atendidas o atendidas a deshora …. Supongo que esto es consustancial a cualquier operación de este tipo y, a pesar de la tecnología, los móviles, los GPS, etc. etc. el quedar con alguien en tu casa que venga a hacerte un servicio o reparación es una odisea de tamaño descomunal.
Por fin, hace un par de semanas quedó todo el sistema de suministro de gas instalado y funcionando. Se habían acabado las penurias y sufrimientos. Al menos eso creíamos.
Llegamos el sábado después de comer, felices y contentos a pasar la primera Semana Santa con gas a tope, calefacción y agua caliente a nuestro gusto y deseo, todo maravilloso…. Pero no. La caldera que no enciende, parece que no llega gas. Llamada al servicio técnico, toda la tarde encerrados, y congelados, esperándole. Cuando llega nos dice que hay mucho aire en las conducciones, efectúa una purga y deja la caldera funcionando. La calefacción empieza a funcionar cerca de las diez de la noche.
A las tres de la mañana oigo ruidos raros en la caldera. Se apagaba y se encendía, hasta que al final se bloqueó el sistema de encendido con el consiguiente código. Ahora todo va por códigos.
A las nueve de la mañana del domingo, nueva llamada al servicio técnico, con lo que volvemos a quedar encerrados, y congelados, en casa hasta su llegada. Vuelve el mismo de la tarde anterior, efectúa una purga más concienzuda y lo deja funcionando de nuevo. Pero esta vez solo dura poco más de una hora y vuelve a bloquearse.
Yo había visto la manera como efectuaba la purga en el contador exterior. Aunque es gas y por lo tanto peligroso, repetí la misma operación que había hecho el, si bien es verdad que estuvo saliendo aire por la tubería en gran cantidad y en ningún momento olía a gas. Al final no conseguimos ponerlo en marcha, por lo que nueva llamada a los servicios técnicos.
Como está de moda ahora, los números de teléfono empiezan por 902, es decir, pagando y bien, y mucho más si llamas desde un móvil. Luego vimos que las diferentes llamadas se acercaban a los 20 euros de coste, cantidad nada despreciable y encima seguíamos con el problema sin solucionar.
En la llamada a primera hora de la tarde del domingo pretendían enviar de nuevo al técnico, pero nos negamos a seguir encerrados, y congelados, por lo que concertamos la cita para la primera hora de la mañana del lunes, a partir de las ocho de la mañana. Cuando esto escribo son cerca de las once y aquí no ha aparecido nadie.
Seguimos encerrados, y congelados.

viernes, 14 de marzo de 2008

VOTOS


El domingo pasado se han celebrado elecciones generales en el país. Hace ya algunos años, a finales de los años setenta del siglo pasado, los españoles recuperamos esta opción tras unos cuantos años de dictadura. Reconozco que en aquella época sentí una cierta fascinación por el proceso, máxime en las primeras elecciones de carácter local que tuvieron lugar. Todo era nuevo y la novedad trajo consigo una serie de expectativas aportadas por lo desconocido que me llamaban la atención. De hecho estuve a punto de participar activamente como candidato a concejal aunque no por uno de los partidos políticos que resurgieron sino en una candidatura independiente de carácter local. Si bien no lo hice, seguí de cerca los pasos y vicisitudes de un amigo que al final resultó elegido al figurar el primero de su lista de no-partido oficial y que fue bisagra en el primer gobierno municipal durante los cuatro años siguientes, mediando entre lo que yo y muchos empezábamos a conocer como izquierda y derecha.
Han pasado casi treinta años desde aquello y por lo que a mí respecta lamento tener que decir que en la actualidad el desencanto anida en mis pensamientos cada vez que llega un período electoral. Aunque sigo el asunto todo lo de lejos que puedo, no es muy factible evitar los ecos en la prensa, radio y televisión de las encendidas campañas electorales. Viéndolas desde lejos, con los ojos y los oídos medo entrecerrados, me doy cuenta, en mi modesta opinión, de las actuaciones a las que se someten no solo los líderes y principales representantes de los partidos sino también el público que apoya los mítines o actos electorales, como se quieran llamar. El hecho de ser de unos o de otros implica un fervor y apoyo condicional a los míos y un rechazo frontal, diría que con un poco de odio, a los otros, bueno no a todos los otros, sino progresivamente a los que nos pueden hacer sombra.
Muchas de las opciones prometidas y vertidas son fantasiosas, pero bueno, ellos y los que les escuchan lo saben. Luego se intentarán cumplir las promesas, pero tampoco pasa nada si no se llega a conseguirlo. Simplemente se vuelven a prometer en las elecciones siguientes siempre y cuando sea necesario para conseguir los ansiados votos.
Y a esto del voto quería yo llegar. En algún momento me interesó conocer la famosa ley d’ Hont por la que se escrutan los resultados y se designa a los elegidos. Recuerdo que lo hice hace años con motivo de unas elecciones locales y lo que me queda de aquello es que era un tremendo galimatías y que servía para favorecer a los partidos más votados en detrimento de los menos.
No mantendría esta apreciación hoy en día y tampoco voy a estudiarme la ley. Pero lo que si que constato es que si bien son unas elecciones generales de todo el país, no valen lo mismo los votos de unos ciudadanos y de otros. Depende de donde seas, o en términos oficiales, a que circunscripción estés adscrito según el censo, tu voto tendrá más fuerza. ¿Cuánta fuerza? Pues eso no lo sé, pero viendo que con 830.000 votos un partido ha conseguido 10 diputados mientras que otro partido con 1.270.000, 50% más, solo ha conseguido 5, es decir la mitad que al anterior, la cuestión de la fuerza diferente si parece que existe. El primero es un partico de circunscripción nacionalista mientras que el segundo es relativo a todo el territorio nacional. ¿Alguien me explica esto? Y , para más “inri”, si comparamos este 1.270.000 con 5 electos con otro partido que ha obtenido 3 electos con 220.000 votos, o con otro que únicamente ha obtenido 1 con 300.000….. la cara se nos puede quedar a cuadros.
Algo no está bien desde mi más humilde punto de vista. Parece que se favorece a ciertas circunscripciones minoritarias, parece o más bien es cierto a tenor de lo expuesto, que el voto de unos no vale igual que el de otros, lo que permite cierta representación cuantiosa en el Parlamento con una mínima cantidad de votos.
Hay una nada despreciable cantidad de votos en blanco que supera los 400.000 adicionados por la no desdeñable cantidad de 260.000 votos nulos, queriendo o sin querer. ¿Cuántos diputados hubieran obtenido el Partido Voto-en-Blanco o el Partido Voto-Nulo?
Quizá fuera una buena idea asignar el número de escaños a la población total que puede votar y cubrir solo aquellos derivados de la votación en la urnas, de la participación real, dejando vacíos los que hubieran correspondido. Pero no, se llenan todos, acudamos todos o no acudamos ni la mitad a votar, y además, como hemos sugerido en estas líneas, se llenan de una manera que por lo menos podemos calificar de poco ortodoxa desde el punto de vista del hombre de la calle, aunque me imagino que no desde el punto de vista de los partidos políticos.
Los votos en blanco me dan vueltas y vueltas en la cabeza. ¿Ciudadanos que quieren mostrar que cumplen con su “obligación” de votar pero que no se expresan? ¿o que expresan que no les gusta ninguno de los candidatos? ¿o que no les gusta el sistema? ¿o que respetan lo que digan los otros? Cada uno de los más de 400.000 españoles que ha votado en blanco lo sabrá y tendrá su razón particular para obrar así. Pero remato con una última pregunta: Desde el punto de vista práctico, ¿es igual votar en blanco que no votar? Ojo, parece ser que no. El voto en blanco es válido y por lo tanto incrementa la cuenta de número total de votantes. Si tenemos en cuenta que no se consideran aquellos partidos que no alcancen en número de votos el 3% del total, los votos en blanco pueden “echar” literalmente y “quitar” realmente algún diputado a partidos menos votados, diputado que, así a bote pronto, iría a engrosar las filas de los más votados. Sería interesante efectuar un cálculo simulado eliminando los votos en blanco.

viernes, 7 de marzo de 2008

CHABACANERIA

A medida que se van alcanzando una cierta cantidad de años, debe ser consustancial el notar ciertas desavenencias conceptuales con el mundo que te rodea. Es tradición que los padres no entiendan a los hijos y ello es así desde la noche de los tiempos. Los ritmos de vida y las costumbres cambian a toda velocidad de una década para otra.

Hace días me encontré leyendo en la prensa la programación de televisión con un programa titulado “Sin tetas no hay paraíso”. No lo he visto nunca y seguramente no lo veré, pero me llama la atención el título, aunque supongo que de eso precisamente es lo que se trata, que ese título chabacano en mi opinión llame la atención y caigamos presos cual moscas en la miel, atacados de una necesidad imperiosa de que llegue el ansiado momento de sentarnos ante el televisor a devorar su contenido.

El mundo del anuncio no para de generar nuevas y nuevas propuestas. Algunas son novedosas y llaman la atención por su originalidad, pero esto tiene su dificultad y no se consigue todos los días. Por el contrario, parece que el lenguaje soez, las imágenes impactantes y atrevidas y los mensajes rayando la mala educación son fáciles de concebir y diseñar y tienen el campo abonado en una sociedad como la actual. Estará todo medido por encuestas y prospecciones de mercado que habrán decidido que el porcentaje de ciudadanos, como yo, a los que causa rechazo ese tipo de publicidad, es un número insignificante que se ve compensado por el mayor número de consumidores que atenderán el mensaje.

Y es que lo del programita de marras no es un caso aislado. Una gran marca de productos lácteos del norte de España lleva varios meses con un programa de promoción de sus productos titulado “Esto es la leche”. Atractivo para el público en general, pero por lo que a mi respecta rechazable, aunque habría que ver la aceptación que tiene, dado que lleva varios meses en actividad.

Pero la empresa que se lleva la palma por su insistencia en este tipo de publicidad sostenida en el tiempo es una gran superficie dedicada a la venta de electrodomésticos y aparatos de tecnología. Mensajes del tipo “yo no soy tonto” o “todos al suelo” haciendo una alusión directa al 23-F o imágenes de una persona del sexo masculino con una mano en sus partes pudendas generarán a buen seguro un aumento en sus ventas a tenor de la insistencia mantenida en ese tipo de publicidad.

Hay que adaptarse a los tiempos, pero no a todo y a cualquier precio. Algunas cosas son necesarias y viene bien moldear la mente para asimilarlas en una claro camino de resistencia a la vejez. Pero solo con aquellas cosas que sean importantes y que supongan o bien una mejora o bien una necesidad en nuestro camino por la vida. Ni ver en la televisión un programa determinado, ni comprar una determinada marca de leche ni comprar una televisión o lavadora en esa gran superficie son cuestiones vitales, amén de que hay multitud de alternativas a considerar.

lunes, 3 de marzo de 2008

MOBBING


En un foro de personas afectadas por Acoso Psicológico en el trabajo, una persona abría un tema de debate interesante bajo el título “Que me atiendan gratis”. Una de las conclusiones que se podía leer en las aportaciones reza así “Es necesaria la intervención profesional psicológica en mayor o menor grado ….”
En general, no está bien visto ir al psicólogo. Aparte del gasto que pueda suponer, no cubierto, todavía y por mucho tiempo, por organismos oficiales y privados, no hay confianza en que nos puedan solucionar nuestro problema, y esto es por una simple cuestión de tradición. Conocemos a multitud de personas que van al médico pero no conocemos tantas que vayan al psicólogo, por el motivo que sea.
El psicólogo no tiene una fórmula magistral que nos pueda garantizar la curación de nuestro mal. Ninguno podría certificar por adelantado y asegurarnos que tras las sesiones correspondientes nuestro problema va a quedar resuelto. Y estoy hablando en general, para cualquier tipo de tratamiento de cualquier tipo de problema.
El mensaje es que hay tratamientos psicológicos eficaces y efectivos para la gran mayoría de los trastornos. Estos tratamientos son una ayuda a la persona que decide someterse a ellos pero requieren de una participación activa, cuanto más activa mejor, por parte del sujeto que está tratando de solucionar "su" problema. Los tratamientos "pasivos" que se limitan a tomar un medicamento cada ocho horas en esto no funcionan o lo hacen de forma parcial si no van acompañados de una serie de acciones de tipo cognitivo-conductual dirigidas a modificar los pensamientos, manejar las emociones y dotar a los sujetos de herramientas que les permitan manejar los estados psicosomáticos inducidos que no hacen sino agravar más y más el problema.
El Acoso Psicológico en el Trabajo es un problema complejo y multidisciplinar, relativamente "novedoso". Cada vez hay más profesionales, médicos, abogados, psiquiatras, psicólogos expertos en su tratamiento pero todavía queda mucho camino por andar. Y mientras los enfoques vayan dirigidos al tratamiento del o de los síntomas principales, sin acometer el asunto de forma globalizada, será más largo y menos efectivo.
Junto con otros dos compañeros psicólogos estamos desarrollando una Terapia de Grupo para afectados que ha sido aplicada completamente en dos ocasiones y cuyos resultados han sido buenos o muy buenos y de la que hemos dado información en este foro. La experiencia es aplicable a Terapia Individual seguramente de forma mucho más efectiva y eficaz a la vez que más costosa. Evidentemente ha tenido un coste para los que la han seguido y a ellos habríamos de preguntarles si ha sido alto o bajo, y en "comparación con que" en función de los resultados obtenidos y si les ha merecido la pena.
No podemos entrar en si somos o no culpables de la situación y por ello tenemos el derecho de ser tratados de forma gratuita. Mientras esto se dilucida seguimos sufriendo y deteriorándonos. Yo siempre pongo el ejemplo de la persona que es atropellada en un paso de cebra o cruzando debidamente un semáforo. Al conductor causante del atropello lo podrán multar, meterlo en la cárcel y un sinfín de cosas, pero los que estaremos atropellados seremos nosotros y tendremos que preocuparnos de cómo nos "arreglamos". Lo que le hagan al causante de nuestra desgracia podrá tener efectos emocionales y de satisfacción, que serán muy rápidos y pasajeros sobre nosotros, pero nada más.
En resumen, el problema es nuestro, lo tenemos y está ahí, con independencia de quién o qué nos lo haya provocado. Tenemos que hacer todo lo posible por solucionarlo, con iniciativas propias y si estás no son suficientes, con toda la ayuda de profesionales que podamos recabar.
Nos jugamos mucho en ello.

jueves, 21 de febrero de 2008

HIPNOSIS


Quién no oído hablar o incluso tiene sus propias teorías sobre la hipnosis.Generalmente son procedentes de cuestiones leídas o vistas en medios de comunicación que suelen estar bastante alejadas de la realidad.
La hipnosis científica, como tal, sigue las reglas de cualquier disciplina científica. No es una terapia sino más bien una serie de procedimientos o técnicas que pueden ser usadas para facilitar un estado de consciencia determinado. Por tanto, podremos ver la hipnosis presente como parte de un tratamiento para conseguir unos objetivos, desde una consulta psicológica a la mesa de operaciones de un cirujano.
Las aplicaciones son muy amplias, tanto en psicología como en medicina y por ello debemos recomendar se haga uso de la misma bajo control de un profesional y no de cualquiera que ofrezca soluciones milagrosas en una sesión de dos horas.
Es importante manifestar que en el proceso hipnótico, que se facilita mediante una inducción, el sujeto mantiene en todo momento el control sobre sus acciones y pensamientos, no viéndose obligado a realizar ni pensar nada que voluntariamente no desee. Esto es importante al ser uno de los temores principales contra la hipnosis derivados de espectáculos que nada tienen que ver con la hipnosis, repito, científica.
Un libro sencillito, muy ameno. corto, escrito por una autoridad española, y mundial, en la materia, se encuentra publicado en Editorial Síntesis, Psicología Clínica, Guías Técnicas.Su título, HIPNOSIS y su autor Antonio Capafons. Otro libro que me atrevería a recomendar, para personas y profesionales interesados en profundizar en el tema es "Tratamiento del dolor mediante Hipnosis y Sugestión", una guía clínica de Joseph Barber, publicado por Descleé de Brouwer en su Biblioteca de Psicología.
En la web del Grupo de Valencia de Hipnosis Psicológica donde se puede encontrar abundante y seria información sobre el tema ( http://www.uv.es/GRUPOHIPNOSISCOP/ ).

viernes, 15 de febrero de 2008

DESAPARCAR




No soy un experto en nada, pero me gustan muchas cosas. Suelo decir que juego a todo, pero mal. La gramática y la riqueza del idioma castellano están ahí esperando que le dediquemos un poquito de tiempo y disfrutemos de ella, aún a riesgo de que los que nos rodean nos consideren unos pedantes por utilizar determinadas palabras. Cada vez más, según estudios, estamos reduciendo y estropeando el número de palabras que empleamos en nuestro vocabulario, lo que supone de alguna manera ir cerrando poco a poco nuestra mente, acomodándonos en un lenguaje pobre y repetitivo. Si unimos una generalizada falta de lectura, libros o prensa, sustituida por grandes dosis de información visual y oída, estaremos preparando un cóctel que será abono en nuestra vejez de enfermedades como el Alzheimer. Pero no se trata de anticipar el futuro, sino de comentar cosas curiosas del castellano en relación con el prefijo «des».

Un ser muy querido utiliza el mencionado prefijo con profusión. Todos habremos oído alguna vez a los niños, en sus primeros escarceos con el idioma, pronunciar palabrejas como «abrido» y «ponido», a todas luces lógicas desde su punto de vista y resultado de aplicar las mismas normas y deducciones que en «leído» o «cogido». La riqueza del castellano nos hace corregir al niño indicándole que se dice «puesto» y «abierto».

Esta generalización puede aplicarse al uso del prefijo «des». Hasta hace unos momentos, la palabreja que sirve de título a este suelto, era considerada por mí como inválida, no correcta. Un acceso al diccionario clásico ESPASA CALPE de 8 tomos más apéndices, en papel, resulta fallido en localizar la entrada y el correspondiente significado para «desaparcar».

Pero los tiempos cambian y los diccionarios en papel solo quedan para nostálgicos y para enseñar en el colegio a manejarse y practicar el abecedario. De hecho, un acceso al Diccionario Oficial de la Real Academia de la Lengua, conocido como DRAE, nos muestra que «desaparcar» existe y nos aclara su significado, que ya intuíamos en caso de ser una palabra correcta: «Retirar un vehículo de donde estaba aparcado». Lógico ¿no?

Lo peor es la cara que voy a tener que soportar cuando comunique a ese ser querido que su palabra existe y es correcta. Menos mal que algunas otras que emplea, como por ejemplo «destender», por la acción de quitar la ropa que está tendida, siguen siendo inválidas tanto en el diccionario en papel como en el electrónico. Pero esta situación puede ser temporal y puede ocurrir que en una de las futuras revisiones que hacen los académicos decidan incorporar el término: ¿Por qué no? Tan raro nos puede sonar desaparcar, que ya hemos dicho que es correcto, como «destender» que por el momento no lo es.

En estos días se puede ver un anuncio en televisión de un banco que juega con este concepto. Concretamente anuncia la «deshipoteca». Tampoco figura en el diccionario, pero todo el mundo sabe lo que quiere transmitir y además causa impacto, cuestiones importantes de fondo de un anuncio.

Puestos a hacer de ratoncillo de biblioteca y a hurgar en el diccionario, en el electrónico que es más cómodo y directo, he averiguado que el prefijo «des» tiene mucha más enjundia. No solo antepuesto a una palabra indica negación o inversión de su significado, como por ejemplo en desconfiar o deshacer. Puede transmitir la idea de -exceso o demasía- como en deslenguado, -privación- como en desyerbar, fuera de- cómo en deshora o afirmación como en despavorido. No olvidemos también que hay palabras en castellano que empiezan por «des» y en su caso son simples letras y no un prefijo, como desastre, descenso, destino o destacar.

No he sido capaz de obtener via internet una relación completa y actualizada de todas las palabras oficialmente admitidas que comienzan por des. No sé si se podrá hacer o simplemente que yo no he tenido la destreza necesaria para obtenerla. Por el contrario, en la edición en papel del diccionario antes comentado podemos encontrar 65 páginas llenas desde el “des” como prefijo hasta deszumar, que no es otra cosa que sacar o quitar el jugo como habremos podido deducir. Claro que no todo es «des» en esas páginas, pues se cuelan cuestiones que no tienen nada que ver, como «Descartes, Renato», célebre filósofo y matemático francés, o «descuernacabras» aparentemente deducido de descornar y cabra pero que es el nombre que se aplica a un viento frío y recio que sopla en el norte de España. Aún así son pocas excepciones y la gran mayoría de las acepciones de esas 65 páginas corresponden de lleno con el tema que estamos tratando.

Deberemos tener cuidado de ahora en adelante. Aplicar la regla no sirve. Si lo hiciéramos, diríamos o pensaríamos que un deslenguado es uno al que le han cortado la lengua y sin embargo es todo lo contrario, la tiene puesta, bien puesta, y la usa con profusión y desatino. Puestos a buscar curiosidades nos encontramos con que «deshabitar» no es lo mismo que «desabitar» aunque suene igual. La bitas son los soportes de hierro o madera que se encuentran cerca de la proa de un barco y que sirven para enrrollar o desenrrollar la cadena o cabo del ancla. ¿somos capaces de aventurar lo que significa «desabitar»?

Reiterando nuestro respeto a nuestro reciente amigo «des» y cuidado que no es todo como parece, desasnemos nuestro cerebro, desapolillemos nuestra entelequia, no desaprendamos lo que ya conocemos, echemos fuera la desgana, desgravemos todo lo que legalmente podamos, no desimaginemos lo que bonito y bello hayamos imaginado, no nos desmadremos ni desmejoremos, no nos desmoronemos ante algunas adversidades, seamos cuidadosa y graciosamente desordenados y/o desorganizados, no desfallezcamos o desistamos, no seamos destructivos y desarrollemos y despejemos todo lo que podamos nuestra mente, con esta u otras cuestiones parecidas.

En suma y fuera de diccionario español, pero sí dentro del mejicano, «desaburrámonos» lo máximo posible. Y para contribuir a ello y por alusiones anteriores, desyerbar, desherbar y desgatar tienen significados muy aproximados o incluyentes aunque no lo parezca y la última de las tres nada que ver con esos simpáticos animalitos.

sábado, 9 de febrero de 2008

K-K


Léase ca-ca y piénsese en “caca”, por ejemplo, caca de perro. Un producto natural que, desgraciadamente, se encuentra con cierta asiduidad en las aceras y calles de nuestros pueblos y ciudades.
En las últimas vacaciones, un cuñado mío, poseedor de un can, con el que por cierto intimó mi hija más de lo estrictamente necesario, nos sugirió la posibilidad de sacarlo a dar un paseo, que el perro necesitaba, y que su dueño, por estar ocupado no podía satisfacer esa necesidad. Como novedad y por complacer a la niña me pareció una idea interesante, con lo que mi cuñado nos facilitó la correa correspondiente, dado que en todo momento yo aduje la idea de llevarlo atado. Anudada en la correa se encontraba una bolsa de plástico negra, que yo había visto con anterioridad y que sabía a que estaba destinada. Mi cuñado me dijo que no era probable que “Mus”, así se llama el can, hiciera sus necesidades fisiológicas durante el paseo, pero que nunca se sabe. Se me debió subir la bilirrubina hasta límites insospechados ante la posibilidad de tener que recoger, caso de producirse, el detritus por el procedimiento que había visto en otras ocasiones de meter la mano en la bolsa invertida, recoger el elemento orgánico y depositarlo en una papelera o contenedor. A todo se tiene que acostumbrar el ser humano y un hecho como este, desagradable de por sí, necesita unas dosis superiores de estudio e interiorización.
¿Dirá Vd. que “Mus” hizo sus cositas en plena calle?. Pues sí, las hizo, lo cual fue una experiencia por mi parte, no muy agradable pero que tuve que hacer al fin y al cabo. Solo tenía una bolsa, por lo que esperé que no hubiera una segunda deposición a lo largo del paseo.
Cuando paseo o voy a hacer un recado por mi pueblo, me molesta enormemente tener que ir preocupado de mirar al suelo de forma constante para evitar pisar una de las múltiples “bombas” que se encuentran a los largo de calles y aceras. No digamos de las que se ubican en parques, setos y jardines que no son peligrosas para el viandante pero si para la vista y supongo que para el jardinero que las tenga que limpiar cuando proceda. Si el paseo se produce acompañado de mi hija pequeña la vigilancia debe ser redoblada, tanto por donde paso yo como por donde pasa ella.
Supongo y deseo que habrá unas cuantas normas municipales que prohíban y castiguen esta deplorable acción. Acción que no es culpa del can sino del dueño que lo sustenta y acompaña. Se va generalizando el uso de la bolsita y la recogida, pero a juicio de la cantidad de ellas que se pueden encontrar en las calles, no parece que los ciudadanos poseedores de perro, al menos una parte de ellos que se me antoja muy numerosa, comprendan y asuman la obligación de no enguarrinarnos nuestros zapatos y no contribuir al deterioro del medio en el que tenemos que vivir y desenvolvernos.
Es evidente que no puede haber un guardia que se ponga a la sombra de cada ciudadano que inicia su paseo diario para recodarle su obligación y multarle en caso de que no la cumpla. Pero muchos de nosotros hemos visto acciones caninas en plena calle que no iban seguidas de la correspondiente acción humana destinada a remediar el hecho y dejar la vía pública en perfecto estado de revista para posteriores viandantes.
Poco a poco las personas se irán concienciando, pero no estaría de más que los ciudadanos llamáramos la atención a estos desalmados, a los conductores del animal, aún a riesgo de sufrir enfrentamientos, para concienciarles de sus obligaciones y deberes para con la sociedad. Otro sistema, más callado, sería utilizar nosotros la bolsita, recoger la deposición, seguir al dueño a modo de detective y depositarle el desecho en el portal de su casa o delante de su puerta, a ver qué opinaba cuando saliera al rato o al día siguiente y en sus propios dominios se viera con sus zapatos pringados de su propia medicina, en este caso, de la de su querido animal de compañía.
Y hay casos más flagrantes. Cerca de mi casa hay un parque infantil, llenito de tierra para que jueguen los niños. Aparte ser de pura lógica, hay un cartel bien grande a la entrada prohibiendo la entrada de animales, perros sobre todo, porque es el sitio ideal para hacer lo que estamos comentando en estas letras. Pues bien, en dos ocasiones que yo haya visto he tenido que enfrentarme con propietarios de canes para afearles su conducta, preguntarles si no sabían leer, y amenazarles, móvil en mano, con llamar a la Policía Municipal si no sacaban inmediatamente al animal del lugar. Tengo que reconocer que en ambos casos el animal fue retirado sin más, porque me cabe la duda si la policía hubiera acudido a mi llamada ante “semejante tontería” e incluso si hubiera habido alguna consecuencia para el infractor. Supongo que seguirán metiendo al perro en el parque infantil y cuando lo hagan tendrán un recuerdo no muy grato hacia mí, ese “atontado” que un día les recriminó por una acción tan normal y ciudadana como es que su perro defeque en un sitio donde al poco rato van a estar jugando los niños.
Como le gusta decir a una persona muy querida, la “des-educación” nos persigue.

sábado, 2 de febrero de 2008

RESPETO



Resisto la tentación de acercarme al diccionario a indagar en el significado real de esta palabra, tan usada y tan denostada por unos y otros. La entiendo como tener admiración y comportamiento apropiado con las personas tanto por sí mismas como por sus obras.
También deberíamos tener respeto hacia nosotros mismos. No estoy muy seguro de que lo hagamos o al menos tanto como debiéramos. Y si no lo hacemos con nosotros mismos, habremos de revisar como lo hacemos con los demás, aunque este caso no es paradójico y de hecho existen personas que no se respetan a sí mismas y sin embargo, por el qué dirán o por la deseabilidad social, se comportan de manera adecuada “puertas para fuera”.
Si viviéramos solos en una isla desierta, el respeto hacia los demás no podría producirse. Nos quedaría el respeto a nosotros mismos y a la naturaleza, animal – vegetal –mineral, que nos rodease. Más nos valdría auto-respetarnos con esmero, tanto en lo material como en lo mental, para salir adelante.
En las sociedades modernas los parámetros son cambiantes. Y últimamente a una velocidad de vértigo, que asusta. Lo que es válido hoy y ahora, no lo es dentro de un momento o al día siguiente. O lo que es peor, sigue siendo válido…. pero con matices. Son necesarias más y más normas que regulen la convivencia y la interacción entre las personas, siempre que las observemos y …. respetemos.
Hoy en día se estudia todo. Es raro encontrar un tema que no haya sido objeto de profundo debate por unos y otros. Me llama la atención el concepto de “auto-engaño”. Aquellas cosas que nos decimos a nosotros mismos para justificar ciertas actitudes y acciones que no nos parecen correctas del todo, pero que “obligados” por las circunstancias, acabamos haciendo.
Hace algunos años estaba de alguna manera bien visto no tener respeto a la Hacienda Pública, es decir, defraudar. Incluso se podía escuchar en alguna cena o reunión de amigos la explicación con todo detalle de como se había logrado semejante hazaña. O como se habían realizado determinadas acciones de “falseo piadoso” de documentación para ganar puntos en una oposición o en el acceso de nuestros hijos a las plazas escolares. Hay muchos ejemplos, aunque en la actualidad, los términos han cambiado y si se hacen determinadas cosas, ya no se manifiestan tan abiertamente o se busca obtener la aquiescencia y aprobación de los demás por “nuestras especiales” circunstancias. Hay muchos ejemplos pero no se trata de ser exhaustivo. Como el de aquel profesional que tenía como deporte, sin necesidad, el ir a sustraer ropa a unos agrandes almacenes o aquel amigo que te encuentras de pronto en la lista de profesores de un master de renombre figurando como licenciado en derecho y tu sabes de buena tinta que lo más que ha hecho en ese tema es matricularse de varias asignaturas de primer curso en la UNED y ni siquiera se presentó a los exámenes.
Sostengo la teoría de que en ciertos comportamiento sociales se reflejan estos conceptos. Uno de ellos, salvando las diferencias, es en el tráfico, con sus normas, reglamentos y señales. Hace unos días, durante un paseo hice una pequeña comprobación. Me aposté distraídamente en un punto en el que podía observar como realizaban los vehículos un STOP de salida de una calle a una carretera, con algo de visibilidad a la izquierda y con nula a la derecha. Me impuse un número de coches a modo de estadística que fijé en cincuenta. ¿Sabe Vd. cuantos vehículos respetaron la señal realizando académicamente, como mandan las normas, el STOP?. Pues solamente cuatro, un escaso ocho por ciento para los aficionados a las estadísticas.
Lo interesante sería hacer un estudio serio y poder preguntar a cada conductor, obteniendo una respuesta sincera, las razones de no respetar la señal. Sería curioso ver como se auto engaña cada uno con respuestas del tipo “esa señal está mal”, “debería ser un ceda-el-paso”, “a estas horas no viene nadie” y otras parecidas.
Por eso, en otro ejemplo, no basta con poner una señal de prohibido aparcar para que los coches no aparquen. Las señales están de adorno, porque no se hacen cumplir. Tenemos que llenar las aceras de bolardos, feos, costosos, que rompen coches y rodillas, porque la señal no se respeta. Y donde no se pueden instalar barreras físicas, el diseñador de las señales incorpora un lastimero cartel indicando “giro del autobús” o “paso del camión de limpieza” para evocar la compasión de los conductores. Ni por esas, siguen aparcando debajo. Solo falta apostar las veinticuatro horas del día un policía municipal, de rodillas, en actitud de oración que suplique y ruegue a los conductores que respeten la señal.
Tengo la sensación, y es personal, que tenemos muchas normas, que no se cumplen y que no se hacen cumplir. Un poquito de “por favor” como se puso de moda hace un tiempo. El resultado es que con el tiempo, se vuelven a hacer nuevas normas que modifican las anteriores y que tampoco se cumplirán.

viernes, 18 de enero de 2008

TIENDAS

Vivo en un pueblo, ya de cierta entidad, en las cercanías de una gran capital. En el aspecto del comercio es un entorno complicado ya que hoy en día nos desplazamos mucho, por trabajo o por ocio, incluso por compras, con lo que es relativamente fácil, y corriente, vivir en una localidad y hacer el gasto, diario o extraordinario en otra. Muchas personas, que se desplazan a sus quehaceres laborales en coche, optan por la comodidad, precio o conveniencia en parar un momento en el trayecto de regreso a casa y hacer las compras.

El hecho que voy a comentar en este suelto ya me ha ocurrido en más de una ocasión. Hace unos días en el grupo al que pertenezco por afición decidimos comprar unas estanterías para ordenar y dejar con mejor aspecto el local en el que nos reunimos, trabajamos y tenemos nuestras cosas y archivos. Hay ciertas cosas que le tocan a uno y esta fue una de ellas: encargarme de mirar y comprar lo más conveniente.

Dirigirse a una tienda del pueblo en el que vives y te conocen tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Te desplazas andando, te conocen y atienden bien y con amabilidad pero tienes que comunicar lo que quieres. Desde ese momento el comerciante sabe de tu necesidad y si al final no le compras el producto a él puede pensar en mil razones y sentir cierto malhumor. En este caso mi intención era ver si disponían de las estanterías y su precio. Me dieron un presupuesto y me dijeron que no las tenían en el almacén, si no que había que pedirlas y tardarían unos días. Repito e insisto, “unos días”.

Con motivo de un desplazamiento de los que hemos comentado, paré y entré en uno de esos grandes centros comerciales donde tienen de todo, donde se aparca fácilmente y donde con un carrito, por lo menos hasta el coche, te puedes llevar montones y montones de cosas casi sin esfuerzo. Por descontado que disponían de las estanterías que necesitábamos y de todos los aditamentos necesarios, debidamente embalados y preparados. El precio era también inferior, no mucho, así que estaba todo a “pedir de boca” para cargar con las estanterías, pagar con la tarjeta, cargarlas en el coche y llevarlas directamente al local.

Pero …. de vez en cuando se hacen cosas sin saber muy bien porqué. Realmente el asunto no corría una prisa enorme, aunque hay muchas cosas empantanadas en el local pendiente de su ordenación. Siempre está bien preocuparse por tus convecinos e intentar mantener las tiendas abiertas que bien que acudimos a ellas cuando necesitamos algo con cierta inmediatez. Así que volví a la tienda y encargué las estanterías. Tomaron nota y me dijeron que ya me avisarían. Pregunté que cuando, más o menos, lo que hizo que se molestara un poco mi buen amigo el tendero. Al final, no obtuve una respuesta clara, simplemente “que ya me llamaría” cuando estuvieran.

Ha pasado una semana desde que hice el encargo. No me han avisado y he cometido la “indelicadeza” de ir a preguntar, …. sin haberme llamado. Con cierto tono de molestia poco más o menos he entendido que no habían hecho el pedido, que tenían que esperar porque no podían pedir eso solo y alguna cosilla más que no he podido o no he querido entender.

Y yo me pregunto ¿no podría haberme informado de esto cuando encargué las estanterías?

Seguiremos esperando, ya no queda otro remedio, salvo salir a malas. Algún día me avisará y tendré que ir a recoger las estanterías. No se puede aparcar en las inmediaciones así que o echarle cara y parar el coche en medio de la calle hasta que cargue el material, por supuesto sin carrito, o hacer viajes al coche aparcado lo más cerca posible.

Y cuando esto ocurra, lo más probable es que se me quede una cara de haba y piense si no he hecho el tonto al no comprar las estanterías en el centro comercial, mucho antes, más baratas y con más comodidad.

Repito que esto me ha ocurrido en otras ocasiones. Una vez fue con un libro que vendían en la librería enfrente de mi oficina y que por los mismos motivos encargué en la tienda del pueblo. Fueron tres semanas lo que tardó en llegar. Otra vez con un cuadro que si no llego a pasar por la tienda y cambiar la moldura, no lo habrían hecho nunca porque no encontraban la moldura que me habían ofrecido.

No sé la solución, si la hay, pero las tiendas y sus tenderos deberán poner más imaginación para paliar o amortiguar estos hechos en la medida de lo posible. Por lo menos con una información veraz y ajustada. Si no lo hacen, incluso aquellos como yo que tomamos decisiones “raras” desde el punto de vista de la comodidad y del coste dejaremos de hacerlo y optaremos por lo que más convenga a nuesros intereses sin mostrar nuestra vena altruista.

miércoles, 16 de enero de 2008

TRES CARRILES


Cuando yo empezaba a conducir, hace ya algunos años, e incluso antes cuando me fijaba en los conductores, solo había en las inmediaciones de mi residencia una autovía dotada de tres carriles. El resto era o de dos o bien carreteras normales con circulación en ambos sentidos.
Una cuestión me resultaba curiosa: algunos conductores, nada más incorporarse a la autovía y sin haber tráfico, se incorporaban inmediatamente al carril central y allí permanecían impasibles, vista al frente, hieráticos, hasta que llegaban a su destino o se acababan los tres carriles.
En la autoescuela nos habían enseñado, por activa y por pasiva, que se circulaba por la derecha, siempre por la derecha. Había otros países, Gran Bretaña por ejemplo, donde la circulación era por la izquierda y por ello sus coches están adaptados, con el volante en la parte derecha de los vehículos.
Cuando lo comentaba con alguna persona mayor y conductora, incluso con algunos que realizaban esa, repito que para mí curiosa, operación, salían por los cerros de Úbeda alegando cuestiones tan peregrinas como seguridad, que el carril derecho estaba machacado por los camiones, que ya había un tercer carril para que les adelantaran y zarandajas por el estilo. Normalmente las personas, cuando realizamos alguna acción indebida, soslayamos los “contras” y buscamos todo tipo de justificaciones para los “pros”, refugiándonos en afirmaciones que nosotros sabemos que no son válidas pero que defendemos a capa y espada incluso ante nosotros mismos, en un juego que no deja de ser una especie de autoengaño autoconsentido.
Han pasado ya bastantes años. Hay mucho más tráfico, muchas más autopistas y autovías, mucha más información, las autoescuelas disponen de más medios y los alumnos salen teóricamente más preparados para enfrentarse a la jungla que es el tráfico.
Ya disponemos en el entorno en el que me he referido al principio de este escrito de varios kilómetros de autopistas con cuatro carriles en cada sentido. Curiosamente muchos conductores y conductoras siguen realizando la misma operación. Cuando se incorporan a la autopista se desplazan sin dilación al tercer carril. Con la autopista vacía, se instalan cómodamente en él y ahí me las den todas, incluso a velocidad anormalmente baja, por debajo del límite autorizado. La autopista vacía y el cochecito circulando por el tercer carril sin ningún pudor. Pero es que es frecuente ver a muchos camiones y autobuses, y no digamos las furgonetas de reparto esas que van como balas, circulando por el segundo carril, dejando libre el de la derecha, como si estuviera de adorno.
Entonces, cuando tu vas circulando por la derecha y avistas una de estas situaciones… ¿Qué hacer? Si sigues por el carril derecho y adelantas a los que claramente circulan infringiendo las normas, tú también pasas a tu vez a infringirlas, con el consiguiente peligro que supone adelantar por la derecha si los que circulan mal deciden un cambio y lo hacen sin mirar a los espejos y sin avisar con antelación mediante el uso de esos eternos olvidados que son los intermitentes. La solución es pasar del primer carril al cuarto, adelantar y volver a tu carril derecho como mandan las normas. Una veces se hace y otras no.
El resultado es que en una autopista con varios kilómetros de cuatro carriles en cada sentido la circulación es espesa, densa y ….. peligrosa. Me atrevería de calificarla de muy peligrosa, dado que todo el mundo circula por donde le parece, cambia de carril, adelanta por la derecha o por la izquierda, en fin, lo que podía llegar a ser y es un caos.
He tenido la suerte, ahora y desde hace años, de hacer bastantes kilómetros por carreteras europeas. En las autopistas alemanas, donde más placer he sentido en la conducción, hay enormes carteles de vez en cuando que te recuerdan el que debes circular por la derecha. En Gran Bretaña es un placer ver como todo el mundo en general circula por su izquierda cambiando de carril cuando es necesario adelantar y volviendo al izquierdo en cuanto es posible. En fin, en todos sitios habrá de todo y en otras caras de la moneda, Portugal o Grecia son un poco caos en sus carreteras y en sus modos de conducir, a mi modesto entender. Espero que hayan ido mejorando.
Hoy día tenemos palabras para todo. La conducción insegura y con miedo se denomina “amaxofobia”. He disfrutado mucho y disfruto conduciendo pero en esas autopistas de cuatro carriles, incluso con poco tráfico, cuando esos conductores circulan como les viene en gana, llevando su retrovisores de adorno y más pendientes de la radio o incluso el teléfono móvil, no dejo de sentir un poco de amaxofobia en la conducción.
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