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domingo, 26 de junio de 2011

INSS

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Últimamente me están fastidiando hasta la saciedad multitud de cosas que nos rodean desde tiempos inmemoriales y a las que estamos obligados sin remisión ni escapatoria. Con el paso del tiempo y tras muchos años atrapados en sus garras, aportando y aportando cantidades, llega un momento en que no se puede renunciar a ellas a la espera de que te sean devuelta la inversión de alguna manera.

Tras catorce mil ciento veintiocho días, que suponen treinta y ocho años, ocho meses y seis días de cotización a la Seguridad Social, uno se podía plantear que hubiera pasado si desde el primer momento esta cotización no hubiera sido forzada y las cantidades aportadas a lo largo de todos estos años hubieran podido ser gestionadas de una forma personal, tanto para acceder a los servicios médicos o períodos de bajas laborales por enfermedad o accidente como para provisionar la jubilación. Es una pregunta absurda a estas alturas de la vida y que en el pasado reciente ha provocado no pocos debates sociales, sobre todo desde que la gestión de estas cantidades no ha sido al parecer todo lo buena que debiera y se vislumbran problemas en lontananza, que han impelido al gobierno a tomar medidas drásticas y directas sobre ellas: congelación de las pensiones y aumento de la edad de jubilación, que yo traduzco a “retraso en la edad de empezar a cobrar lo que nos corresponde”.

En mi opinión y en conjunto, una bien gestionada Seguridad Social es cosa buena para todos, porque ya hemos visto como somos las personas cuando se nos deja practicar la autogestión. Sirva como ejemplo el endeudamiento en que se ven en estos días muchas personas por haberse dejado llevar por la corriente consumista, alentada socialmente y favorecida por préstamos sin demasiado control desde las entidades financieras. Por cierto, estas entidades o no han tenido problemas con esto de la crisis o si los han tenido ha venido “papá” Estado a inyectarles “pasta gansa” para que no sobrevinieran “males mayores”.

Las siglas INSS que sirven de título a este escrito significan “Instituto Nacional de la Seguridad Social”, pero por momentos se pueden convertir mediante un juego de asignación de iniciales en “INSEGURIDAD SOCIAL”. La cosa no está clara cuando parece que todas las ideas convergen, no ya a nivel de Gobierno Español sino Europeo, en atacar pensiones y edades. Hay que meter la mano en el cajón de los que no tienen escapatoria. Otras ideas o no se desarrollan o no convienen, pero en esta, todos nuestros sesudos dirigentes, dentro y fuera de nuestras fronteras, están de acuerdo: es la solución. Podría ser válido si en estos últimos años, cuando los superávit eran clamorosos durante la bonanza económica, hubieran gestionado mejor los dineros y hubieran obrado acorde, esto es, aumentando las pensiones y reduciendo la edad de jubilación. Pero no, solo se trata de apretar el cinturón, no de aflojarlo.

Desde hace muchos años he complementado los servicios médicos que me prestaba la seguridad social por otros de ámbito privado. Por horarios, ubicaciones y otras consideraciones, me ha merecido la pena dedicar unas pesetas o unos euros de mi economía a contratar un seguro médico, habiendo pasado a lo largo de estos años por alguna de las compañías que se dedican a este asunto. Los cuadros y servicios médicos son más o menos los mismos en unas que en otras y los costes varían en función de las ofertas que últimamente proliferan en una desesperada caza del cliente y que no siempre son de fiar, cuestión que y se ha podido leer en la entrada titulada IMAN en este blog.

A lo que vamos. En estos días me ha dado por hacer una prueba con vistas al funcionamiento de unos y otros. A la Seguridad Social, por suerte, no he tenido que acudir desde hace al menos veinte años que recuerde, salvo a pedir al médico de cabecera las bajas laborales por operaciones de menisco que me fueron realizadas a través de la sociedad médica. Mi consumo personal de Seguridad Social, por tanto, ha sido prácticamente nulo. Hacía ya algunos años que no me realizaba un análisis de sangre y he utilizado este hecho para hacer un pequeño test.

La idea me surge un viernes y empiezo el camino con la Seguridad Social. Pido hora a través del sistema informatizado de citas por internet y me la dan al jueves siguiente. Ese día el médico de cabecera me prescribe el análisis de sangre, obteniendo cita para la extracción el jueves siguiente. Ese jueves me efectúan la extracción y me dicen que los resultados del análisis vienen tardando una semana, pero que si me quiero asegurar considere diez días para pedir cita no vaya a ser que se retrase. Pido cita y esta vez no hay problema ya que son diez días y hay disponibilidad, para el lunes no de la semana siguiente, sino la otra. Visito al médico y me da el informe con los resultados. Para que no estén echando cuentas, han sido DIECISIETE días laborables incluyendo el de inicio y fin de las gestiones. Menos mal que no era una cosa urgente.

Paralelamente hago lo mismo en la sociedad médica privada. Llamo por teléfono el mismo viernes y me dicen que me pase directamente por el consultorio, el médico está mañana y tarde disponible y va atendiendo en función de las personas que lleguen. Me paso por allí, espero un momento y el médico me prescribe el análisis. Sin citación, acudo a ese mismo centro a la mañana siguiente a primera hora y me realizan la extracción, igual o yo diría que más completa que la solicitada en la seguridad social. Como me dicen que estarán los resultados en tres días, paso al lunes siguiente, sin cita, y obtengo los resultados. En total CINCO días laborables incluyendo igualmente el de inicio y fin de las gestiones.

Las comparaciones son odiosas, DIECISIETE contra CINCO.

Esto del tema de las citas me parece un atraso. ¿Se imaginan si tuviéramos que pedir cita para ir al banco a sacar dinero o a una tienda de confección a comprarnos unos calcetines? En la in-seguridad social dicen que el tema de las citas es para una mejor gestión del tiempo. Y un cuerno. Puesto que hay unos facultativos asignados de mañana y tarde, que pongan un horario y un dispensador de números como en la carnicería y que la gente acuda y coja su numerito. Dependerá de la suerte de cada uno en ir al centro cuando no hay nadie o por el contrario tendrá que esperar si hay muchos. Como he dicho, algún centro médico funciona sin cita y la cosa va mucho mejor, pues de poco te sirve que te den cita a una hora si luego te hacen esperar la intemerata, pero claro, ya te subrayan y te comunican por activa y por pasiva, que la hora de la cita es orientativa.
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lunes, 20 de junio de 2011

?ASTOS

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Por primera vez vamos a poner un título de entrada dinámico, para que cada cual se lo adapte a su gusto. Sustituya Vd. la interrogación de la primera letra del título por una “F” y tendremos “FASTOS” o por el contrario utilice una “G” y obtendrá GASTOS. Ambas acepciones son válidas para este comentario.

La semana pasada se celebró en San Lorenzo de El Escorial, un renombrado pueblo de la provincia de Madrid, el Capítulo de la Militar Orden de San Hermenegildo, que tiene lugar cada dos años y si no recuerdo mal siempre un
martes, es decir, día laborable. La celebración hace una veintena de años, quizá alguno menos, pasaba cuasi desapercibida en la localidad pues se celebraba en el interior del monasterio y solo tenían acceso a ella personalidades relevantes de los ejércitos e invitados. Pudiéramos decir que se celebraba en la intimidad como supongo se celebrarán otros muchos actos oficiales y no tan oficiales a lo largo y a lo ancho de este suelo patrio que nos cobija.

El acto está normalmente presidido por S.M. el Rey de España aunque en esta última ocasión no ha podido asistir al estar convaleciente de una operación de rodilla que ha sufrido recientemente y de la que le deseamos una pronta recuperación. En su lugar ha asistido su hijo, el príncipe Felipe.

Como digo, ahora no el acto no pasa tan desapercibido, ya que tiene lugar un desfile militar en la lonja del monasterio. Además del palco de honor, se habían instalado cinco gradas para presenciar el acto a las que había que asistir por rigurosa invitación de alguno de los estamentos oficiales. Como se puede apreciar en las fotografías, el grueso del desfile militar estaba compuesto por la Guardia Real y además este año se celebraba paralelamente el segundo centenario de otra orden militar, la de San Fernando por lo que al desfile se sumaron una veintena de banderas de regimientos que tienen concedida la laureada. Hubo sus salvas de honor correspondientes y surcaron el cielo en un par de pasadas siete aviones soltando sus chorros con los colores de la enseña nacional.

Una cosa me resulto curiosa, y no fue otra que el poco tiempo dedicado a su reseña en los medios de comunicación. En el telediario de TVE-1 se mencionó muy de pasada y con pocas imágenes, y al día siguiente no pude encontrar nada en los diarios de El Mundo y El País. Por el contrario, en otros dos diarios consultados Abc y La Razón aparecía la misma fotografía, en el primero con un breve comentario y en el segundo una página, aunque curiosamente no centrada en el acto sino en criticar a la Ministra de Defensa por no haber acudido y estar en esos momentos asistiendo a un acto en Madrid con al parecer menos importancia, eso siempre según la opinión del periódico.

Hasta aquí todo muy bien y muy bonito, pero donde quiero llegar es a los gastos y los costes que supone el acto. Supongo que estarán todos englobados en Defensa pero a poco que uno piense un poco se puede colegir que son numerosos. No ya tanto el traslado de los componentes de la propia orden de San Hermenegildo que van a participar en el capítulo, sino los traslados de las tropas que van desfilar, caballos que participaron en el desfile, los cañones que lanzaron las salvas y los aviones, que tuvieron que consumir un rato no precisamente corto dando vueltas en la lejanía hasta que todo estaba preparado y pudieron hacer las pasadas en el momento preciso. También hay que hacer notar que los días anteriores hubo entrenamientos en la zona y que después del acto se sirvió un ágape en uno de los patios interiores del monasterio.

Todo esto cuesta, nos cuesta a todos, un dinero que me temo que no es poco. Y en estos tiempos de crisis, crisis real, no estaría de más considerar si este tipo de actos deberían tener lugar con tanto “aparato”.
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domingo, 12 de junio de 2011

HASTAlosMISMÍSIMOS

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Desde muy pequeño tengo en mi memoria el retintín aquel de “todos los españoles somos iguales ante la ley”, de muy dudosa aplicación porque es sabido, antes y ahora, que quien tiene padrino se bautiza y quien no al bateo, a ver si pilla algo. Hace ahora un año publicaba en este mismo blog una entrada titulada AporELLOS  que denotaba el hartazgo que me suponía la existencia de los políticos, aunque no se puede ni se debe generalizar. Ha pasado un año desde entonces y muchas cosas que hacían de lo escrito casi una premonición.

Lo de que no somos iguales salta a la vista, en todos y cada uno de los estamentos en los que nos situemos. A nivel local, yo no pago lo mismo en el anacrónico impuesto de circulación en mi pueblo que un vecino del pueblo de al lado, por el mismo coche. Como ciudadano bajo el ordeno y mando de la Comunidad de Madrid, la declaración de la Renta que estoy ultimando en estos días no tiene ni los mismos cargos ni las mismas deducciones que los “españoles” de otras autonomías, pues estas pueden establecer normas y deducciones propias, para eso son autónomas, ya lo dice la palabra. Y a nivel general, mi voto como español madrileño no sirve lo mismo que el voto de un español-vasco o un español-catalán o un español-canario a la hora de colocar a mis representantes en el Parlamento de la nación. Pero eso sí, una vez situados allí, todos valen lo mismo.

Y todo esto por mor de que: de las Autonomías, de los Ayuntamientos, de Europa y del “susum corda” que no sabía que significa “arriba los corazones”.

Allá por mediados de los años setenta del pasado siglo, cuando acabó el largo período de gobierno autoritario que “disfrutamos” TODOS los españoles, sesudos pensadores se esforzaron en dotarnos de nuevas leyes y formas de gobernar. Como había dos regiones que despuntaban en temas de nacionalismo o separatismo, para que la cosa no cantara mucho, se les ocurrió inventar los gobiernos autonómicos y dotarnos a todos, los que queríamos separarnos y los que no, de sendos Gobiernos Autonómicos.

Muchas profesiones han desaparecido en los últimos años. Eran vitales en su tiempo pero como el paso de los años se convirtieron en inservibles y simple y llanamente desaparecieron. ¿Hace falta un ejemplo? La de ascensorista. Era común al acceder a sitios oficiales o grandes almacenes que una persona, el ascensorista, te preguntara al acceder al ascensor a que piso ibas y el pulsaba el botoncito por ti, arriba y abajo, toda su jornada. Hoy se lo pulsa cada uno. Hay otros muchos ejemplos, que cada cual se busque los suyos.

Las Gobiernos Autonómicos hoy en día son INSERVIBLES. Por lo tanto y en mi modesta opinión, DEBEN DESAPARECER, así sin más, y cuanto antes, mejor que mejor. Porque para lo que si sirven es para endeudarnos a todos y quebrar la economía nacional. Supongo que con motivo de los relevos en las cúpulas autonómicas que se han celebrado esta semana, se han publicado los “agujeros” de deudas, deudas que cercenan y dinamitan a las empresas y autónomos que no cobran y que por extensión nos envenenan a todos. La primera de todas es Cataluña, con cerca de 32.000 millones de deuda “reconocida” seguida por la Comunidad Valenciana con 17.600 y la de Madrid con 13.500. Solo La Rioja y Cantabria andan por debajo de los 1.000 millones. Insisto en lo de “reconocida” que habrá que ver lo que se cuece por los despachos y los archivos, haciendo a buen seguro operaciones de cirugía financiera, moviendo de un sitio a otro, y de un ejercicio a otro, cantidades para cuadrar y maquillar lo más posible el desaguisado. Y nos olvidemos de otras cosas que siguen existiendo, las famosas y heredadas Diputaciones, que también tienen sus deudas, y no menores.

He seguido desde la primera manifestación a la que asistí el movimiento del 15M y de otros como DemocraciaRealYa y NolesVotes que sirvieron de base y que al final ha quedado en la sociedad, y en la prensa, como el movimiento de los "Indignados”. Indignados es poco y de ahí el título de esta entrada. Llevo unos días oyendo en entrevistas a los políticos cuando les preguntan por esto y responden que comprenden a los ciudadanos y que es debido a las medidas tan duras que han tenido que tomar. Sin comentarios, simplemente o NO SE ENTERAN o NO QUIEREN DARSE POR ENTERADOS. Unos y otros. Y cuando algunos de los que han accedido por primera vez a los consistorios y autonomías, e incluso en el Parlamento, han llamado a la seriedad y a que los políticos sean tratados como unos trabajadores más, en sueldos, pensiones y coches, han puesto cara de escépticos y siguen tratando de justificar lo injustificable.

Leo en una entrevista que lo de “indignaos” hay que cambiarlo por “divertíos” porque lo de indignados le parece reaccionario, fascista, estúpido y negativo. No nos dice si tenemos que divertirnos con nuestro dinero o con el ajeno.

Algo se mueve y la red es su soporte. Por lo menos podemos exteriorizar nuestros sentimientos y estar al tanto de lo que se cuece, aunque hay de todo y hay que tener mucho cuidado con el avance y el desarrollo de estos movimientos. Evidentemente se tienen que concretar en unos líderes como ya lo fueron los que ahora nos gobiernan y que se han vuelto muy olvidadizos. Ahí está el peligro.

Y dejemos los Ayuntamientos para otro día, que también deberían desaparecer, al menos en la forma que han adoptado en la actualidad muchos de ellos. Antes los alcaldes tenían una reunión los martes por la tarde y daban las instrucciones a los técnicos del ayuntamiento que para eso estaban. Y a continuación a sus labores, que tenían que comer. Ahora son profesionales, viven de ello y lo malo no es que solo sea uno, el alcalde, sino que toda la reata de concejales va detrás. En mi pueblo, por el hecho de ser uno de los diecisiete concejales, sea del partido que sea, ya se dispone de un salario anual superior a los 40.000 euros. SI luego tienes cometidos, la cosa sube. Así nos luce el pelo.

Una selección de los temas y las frases utilizadas en las pancartas han llamado la atención a los ciudadanos, a TODOS los ciudadanos, que deberían pensar y reflexionar sobre ellas. Algunas son ingeniosas y nos provocan la sonrisa para a continuación llevarnos al llanto. Las hago constar a continuación aún a riesgo de alargar mucho esta entrada.

"No somos antisistema, el sistema es anti-nosotros"

"Me sobra mes a final de sueldo"

"No hay pan para tanto chorizo"

"¿Dónde está la izquierda? al fondo, de la derecha".

"Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir".

"Se alquila esclavo económico"

"Se puede acampar para ver a Justin Bieber pero no para defender nuestros derechos"

"Error 404: Democracia not found"

"Error de sistema. Reinicie, por favor"

"Esto no es una cuestión de izquierda contra derechas, es de los de abajo contra los de arriba"

"Vivimos en un país donde licenciados están en paro, el presidente de nuestro gobierno no sabe inglés ... y la oposición tampoco"

"Mis sueños no caben en tus urnas"

"Políticos: somos vuestros jefes y os estamos haciendo un ERE"

"¡Nos mean y dicen que llueve!"

"No falta el dinero. Sobran ladrones"

"¿Qué tal os va por España?- Pues no nos podemos quejar. O sea, que bien ¿no?- no, que no nos podemos quejar."

"No es una crisis, es una estafa"

"No apagues la televisión... Podrías pensar"

"!!Tengo una carrera y como mortadela!!"

"Manos arriba, esto es un contrato"

"Ni cara A, ni cara B, queremos cambiar de disco"

"Rebeldes sin casa"

"Democracia, me gustas porque estás como ausente"

"Nosotros buscamos razones, ellos victorias"

"Cuando los de abajo se mueven, los de arriba se tambalean"

ADICION CON POSTERIORIDAD el 19-JUN-2011:
Una semana después de la publicación original de esta entrada, leo en el diario EL MUNDO la opinión de una persona relevante en su condición de ex-presidente del gobierno, aportando como solución la supresión de las Diputaciones. Parece que por menos no iba tan descabellado.
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domingo, 5 de junio de 2011

COLEGIO

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Debido a un motivo que carece de interés, esta semana pasada he tenido que regresar al colegio donde cursé mis años de bachillerato y de donde salí no con muy buen pié por unos hechos que han venido a mi memoria de forma vívida. Han pasado cuarenta años desde entonces y todo ha cambiado mucho, pero la esencia de lo que era el colegio en aquellos años se mantiene o al menos así lo he sentido. La modernidad ha traído una de las cosas que más se aprecian a simple vista, como es la reducción drástica del tamaño de las clases. Tuve la oportunidad de visitar la clase en la que cursé el antiguo quinto de bachillerato y había quedado reducida a la mitad. Supongo que el número de alumnos por clase será ahora reducido porque en aquellas fechas llegábamos a los cuarenta por clase e incluso alguno más. Sin tantos medios informáticos y de control, los profesores debían de ser superhombres a la hora de controlar y alimentar el intelecto de tantos alumnos a la vez.

Era un colegio de religiosos, de curas como se suele decir, con muchos años de tradición y en el que convivíamos gente normal hijos de profesionales como carteros o carniceros hasta hijos de personalidades de la alta alcurnia de entonces. La gran mayoría de los alumnos estaban en régimen de internado y solo eran varones. Los profesores eran en su mayoría frailes agustinos con muy poca presencia de seglares. Uno de estos, que solo estuvo un mes de profesor de matemáticas, era un teniente coronel de la guardia civil, que ya por aquella época nos enseñaba a base de apuntes, con el libro cerrado en el pupitre y al que expulsaron del colegio al ser acusado de contarnos chistes subidos de tono por uno de los frailes, el padre Vicente, al que todos conocíamos por “el feto”.

Según me contaba el actual director, se acercan ahora a los mil alumnos, tanto chicos como chicas y de todas las edades, desde infantil hasta el bachiller actual. Por el contrario tan solo treinta y dos lo están en régimen de internado. Además de los problemas clásicos, que persisten, ahora tiene que lidiar con internet, no en vano el otro día no nos pudo atender como quisiera porque estaba en comunicación con la policía debido a unos comentarios de un alumno en twiter que estaban siendo investigados. Tan solo la secretaría, el paraninfo y la capilla siguen en el mismo lugar. Todo lo demás ha cambiado de sitio, desde el museo de ciencias naturales, los laboratorios de física y química hasta la enfermería, entre otras cosas.

Como he hecho mención al principio, mi marcha del colegio fue por una expulsión directa y su referencia ha sido la idea de esta entrada en el blog. Yo era de los alumnos aventajados, como puede verse en la foto que es relativa a la entrega de premios que con toda solemnidad se celebraba a fin de curso en el colegio y que solía estar presidida por relevantes figuras de la vida pública. Supongo que todos conocerán al que me entrega el diploma, aunque estaba lógicamente cuarenta años más joven.

Cursaba sexto de bachillerato, en aquellos años en que tanto en cuarto como en sexto había que pasar la tan temida “reválida”, un examen que se hacía en uno o dos días, fuera del colegio, que servía para obtener los títulos de bachiller elemental y bachiller superior. El miedo escénico de los alumnos ante ese examen podría ser comparable al que actualmente existe de acceso a la universidad. Con este motivo, los exámenes finales de sexto se adelantaban un mes al curso normal para disponer de algo de tiempo para que los aprobados pudieran preparar el examen de reválida. A primeros de mayo de aquel año nos dieron las notas y los que habíamos pasado el curso con éxito empezamos las clases preparatorias.

A los pocos días llegó la orden del Ministerio de Educación de que ese año sería el último con exámenes de reválida. A partir del año siguiente se cambiaría el antiguo curso denominado Preuniversitario por otro denominado “C.O.U. - Curso de Orientación Universitaria”. Al conseguir el aprobado del COU se obtenía automáticamente el título de bachiller superior. Como resulta lógico, los casi setenta alumnos que estábamos preparando la reválida vimos nuestras expectativas cambiadas de un plumazo. La dirección del colegio entendió que no se iba a presentar nadie a reválida dado que seguiríamos estudiando COU al año siguiente y buena gana de meterse en fregados.

Pero hubo uno que no sabía si podría seguir estudiando y para el que la obtención del Título de Bachiller Superior era vital para acceder al mundo del trabajo y no tener que estar otro año estudiando, dado que la situación económica familiar hacía muy difícil la continuidad. Ese alumno era yo y en todo momento mostré al tutor de curso y al director del colegio mi intención de presentarme a examen. Como era lógico, las clases para mantener entretenidos a los alumnos durante un mes hasta las vacaciones, sin objetivo de examen claro, eran una pantomima. Pero yo necesitaba ese mes para preparar mi examen, máxime cuando en algunas materias como la física, química o las matemáticas so se habían completado los programas y en el examen entraba todo.

Intenté que me eximieran de las “clases” para dedicarme por mi cuenta al estudio en la biblioteca o en otro lugar pero fue imposible. Así, en una clase de lengua y literatura sin mayor interés, el profesor, cuyo nombre completo recuerdo pero no menciono, me pilló sin prestar atención y estudiando física. Cuando me llamó la atención le hice ver que necesitaba preparar el examen, que no estaba molestando a nadie y que lo que se estaba tratando en clase no me servía. Debí de ofenderle gravemente, por lo que me echó al pasillo, la primera vez en toda mi vida que me ocurría. Me salí al pasillo con el libro de física bajo el brazo para seguir estudiando. En unos instantes salió él al pasillo y al verme que seguía estudiando el libro de física, montó en cólera y, siendo el tutor de curso como era, me mandó directamente a mi casa, expulsado del colegio.

Mis padres no se creían lo que había pasado. Cuando fueron a hablar con el director del colegio, este les explicó lo ocurrido y como pasaba entonces y sigue pasando ahora, les dijo, sin que nadie lo oyera, que estaba de mi parte pero que no podía contravenir la autoridad del tutor, por lo cual quedaba expulsado.

Me presenté al examen y lo aprobé. Nunca más volví por el colegio hasta la semana pasada.
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domingo, 29 de mayo de 2011

BIBLIOTECA

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Las fuentes de información a las que tiene acceso una persona van variando con el paso de los años, antes muy lentamente y en la actualidad a una velocidad de vértigo. En mi época de adolescente estudiante a la vez que adolescente trabajador, una de mis aficiones cuando disponía de tiempo y horario adecuado era visitar la modesta biblioteca local instalada en los bajos del ayuntamiento. Una sola estantería era mi punto de destino y no era otra que la que albergaba la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana más conocida familiarmente como la Espasa o Enciclopedia Espasa-Calpe haciendo honor a su editorial, compuesta por cerca de cien volúmenes de tomo y lomo, entre los básicos, adiciones y complementos. La vastísima información contenida en ellos aseguraban horas y horas de entretenimiento y descubrimientos no solo en el tema que había ido a buscar sino en otros adyacentes que llamaban mi atención. Era fabuloso complementar los conocimientos obtenidos en los libros del colegio y transmitidos por los maestros con los contenidos en la enciclopedia. Según la Wikipedia, “en el año 2000, la Enciclopedia Espasa contaba con 113 volúmenes -116 tomos- (excluyendo el Índex 1934-1980 por redundante), y según cálculos realizados por sus editores, más de 175.000 páginas, 200 millones de palabras, 197.000 ilustraciones en negro, 4.500 láminas en color, 5.000.000 citas bibliográficas y 100.000 biografías”. En suma, toda una fuente de conocimientos y del saber.

Las enciclopedias de este tipo quedaban desfasadas por los acontecimientos día a día y de ahí los volúmenes adicionales que a modo de actualización se publicaban de vez en cuando, lo que hacía farragosa cualquier consulta que quisiéramos efectuar según la actualidad del tema. Las enciclopedias han quedado casi como adorno ante el empuje de la información electrónica e internet. Aún conservo el DVD con la última edición de la enciclopedia electrónica ENCARTA por sus acertados contenidos y sobre todo por las animaciones que el ordenador hace posible, y que ayudan a entender y comprender el funcionamiento de las cosas. Una de ellas que me llamó la atención en su día era el funcionamiento de un motor de explosión. Una imagen, o un video si son imágenes animadas, vale más que mil palabras, por no hablar también del sonido, que nos permite escuchar los cantos de las aves o emisiones de radio de hace ya muchos años.

Hace unos días, en una conversación de patio de vecinos, una de mis vecinas me preguntó si yo sabía lo que era la “mena”. Los profesores ahora ya no fomentan entre sus alumnos las visitas a las bibliotecas sino que directamente les encargan trabajos con la consigna de que busquen la información en internet. Buena cosa es, que se vayan acostumbrando pero en según qué edades, el trabajo de fondo recae en los padres, bien porque todavía no hay conexión en casa y hay que buscarlo en la oficina, o porque los chavales solo se manejan bien en las partes informáticas que les interesan, tales como el “Facebook”, “Tuenti”, “Messenger” o “Youtube” por citar algunas. La vecina tuvo a bien en aclararme que se trataba de un trabajo sobre mineralogía.

Era, pues, una buena ocasión para acercarse a la biblioteca, ya no tan modesta, y consultarlo en la vetusta enciclopedia. Pero para mi sorpresa ya no estaba en su sitio, ya que según me informan ha sido retirada por su poco uso y su gran ocupación. Me tengo que conformar con la consulta en casa en la misma enciclopedia, versión abreviada de ocho volúmenes, que adquirí a finales de los años setenta. Junto a información de militares o escultores cuyo apellido es Mena, la definición de “mena” que encuentro en ella es la misma que figura en el diccionario de la Real Academia: “Mineral metalífero, principalmente el de hierro, tal como se extrae del criadero y antes de limpiarlo”.

La verdad es que me aclara poco, por lo que ya me dirijo a consultar al Sr. Google, que es el que mayormente utilizo, y ahí si se abren un montón de explicaciones que me centran en el tema. De forma tangencial aprendo el significado de un término relacionado, cual es “ganga”, donde nuevamente coinciden la enciclopedia y el diccionario: “Materia que acompaña a los minerales y que se separa de ellos como inútil.” Estos términos, que no recuerdo haber estudiado en mis tiempos de las llamadas Ciencias Naturales, en tercero del antiguo bachillerato, aparecen acompañados de numerosos ejemplos de los minerales más corrientes y no tan corrientes. A base de buscar, leer, entresacar, copiar y pegar, se puede conseguir un trabajo aceptable.

Internet ha ganado por goleada a la vetusta enciclopedia. No tenía ninguna duda pero hay que tener en cuenta los años transcurridos y lo más seguro es que mucha de la información de internet haya salido de la propia enciclopedia.
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domingo, 22 de mayo de 2011

MANSOS


Hoy se celebran en España elecciones para rellenar los ayuntamientos y las autonomías, no todas, de políticos que van a regir nuestros destinos en los próximos cuatro años. Como recuerdo nítidamente la primera vez en mi vida que se celebraron estos eventos, allá por abril de 1979, la perspectiva de su efectividad arroja sobre mi actitud un planteamiento inicial de indiferencia y desánimo.

Tras una época en España en la que las libertades estuvieron seriamente recortadas, las primeras elecciones municipales nos dieron la oportunidad de participar con nuestros votos en el cambio y nos creímos que los elegidos iban a regir nuestros destinos haciendo lo mejor para todos. Y añado, no solo para ellos. Más de treinta años después, una de las cosas peor valoradas por los españoles, tras el condumio, es la clase política. Por algo será. Un partido y otro, que tan solo ha habido dos, se han ido alternando con mayor o menor fortuna debido a los bandazos de la economía. En ocasiones les ha tocado bonanza y “lo han hecho bien” y en ocasiones las ha tocado crisis y "lo han hecho peor". Ambos dos. Otros más pequeños andan a la comparsa a ver si con alguna ayudita en momentos puntuales pueden sacar tajada. Y así nos va, como digo, treinta años después.

La foto que ilustra esta entrada está tomada en 1979, justo un mes después de las primeras elecciones municipales, en un pueblo cualquiera un día especial, al menos en aquellas fechas: el 1º de Mayo, día de los trabajadores. Las manifestaciones eran sistemáticas ese día porque había mucho por lo que luchar. Todavía mantengo muy vívida en mi retina la imagen de una de las muchas manifestaciones a las que acudí, a principio de los años setenta en vida todavía de Franco. Estábamos sentados en medio de la Castellana en Madrid reivindicando no sé qué. Los caballos de la policía, los grises, nos pasaban al lado con aquellas patazas. Nos daba miedo mirar hacia arriba y ver en lo alto el policía, con su enorme porra, mirándonos no sé si con desprecio o compasión, mientras temíamos que el caballo se desbocara y nos pisoteara a todos. Vamos, que nos jugábamos el bigote y eso que algunos todavía casi no lo teníamos.

Muchas de las ventajas laborales y sociales que se consiguieron en aquella época han caído de un plumazo en los últimos años, con crisis o sin crisis. Volvemos al trabajo de sol a sol, por cuatro míseros euros, por resumirlo en pocas palabras al tiempo que se recortan muchos derechos por los que hemos estado luchando, y pagando, durante años. Y me da la impresión de que pagamos todos, pero más los que menos tienen.

Llevábamos unos cuantos años los españoles muy mansos. Cada uno a lo suyo, luchando por mantener lo poco o lo mucho que se ha conseguido a base de trabajar y ahorrar como las hormiguitas. Parecía que las elecciones de hoy iban a ser un mero trámite más para poner en ayuntamientos y autonomías a los mismos o a otros que iban a seguir como hasta ahora. Apañándose con amigos y familiares, subsistiendo como Dios daba a entender a cada uno. Y mientras tanto soportando mensajes de políticos y banqueros diciendo cosas inconexas un día para cambiar el discurso al día siguiente. Ya ni las prestábamos atención porque en el fondo no nos interesaba y sabíamos que se preocupaban por ellos mismos y no por nosotros. En estos días se ha publicado lo que ganan al año, lo OFICIAL, algunos de los que nos arengan diciendo que tenemos que trabajar más, descansar menos y ganar menos. Un consejero delegado del banco más fuerte español se mete a la buchaca más de NUEVE millones de euros al año, el presidente de timofónica casi NUEVE y para que seguir. El sueldo, repito lo de “oficial”, de uno de estos señores equivale al de QUINIENTOS de los llamados mileuristas, más o menos.

Parecía que iban a ser un trámite más estas elecciones. Pero no. Movimientos ciudadanos han puesto en candelero a políticos y banqueros y se han lanzado a la calle de forma pacífica para decir BASTA. Tuve contacto hace meses y he seguido de cerca el movimiento #nolesvotes ( http://www.nolesvotes.com/ ) surgido a raíz de la aprobación de la llamada Ley Sinde donde los dos partidos mayoritarios más un adlátere regionalista se pusieron de acuerdo para poner en marcha ley tan esperpéntica como falta de imaginación. Son de esas leyes que no se pueden llevar a cabo y que parecen surgidas del siglo pasado. Hay hasta manuales sencillos para que esa ley no tenga efecto práctico y sea inviable llevarla a cabo. Un desprestigio más que añadir a la justicia.

A la par han ido siguiendo otros movimientos como #democraciarealya y otros parecidos que han aglutinado un sinfín de pequeños grupos y cuya puesta de largo fueron las sesenta manifestaciones convocadas en España el pasado 15 de Mayo. Tuve oportunidad de asistir a la de Madrid y recuperar vivencias de mi juventud viendo a la gente dejar su mansedumbre y moverse y movilizarse por algo en lo que cree y hace falta: un cambio en las maneras y en las formas. Allí había todo tipo de personas, jóvenes, mayores, familias, españoles, inmigrantes….

Y al final lo mejor de todo esto es que a los que nos mandan, a la vista o en la sombra, les ha pillado desprevenidos. No saben por dónde les ha venido y han reaccionado de las maneras más variopintas. Al principio creían que era una lluvia pasajera pero lo que se está viendo y viviendo en la Puerta del Sol, en otras ciudades españolas e incluso en muchas embajadas de España en el extranjero, dan una idea de que algo se mueve. No sé el tiempo que estará disponible, pero una fotografía, una estupenda y panorámica fotografía, vale más que mil palabras para ver lo que está pasando y quienes están allí. Podemos acercar la fotografía hasta leer los carteles y conocer a las personas y ver que las hay de todos los colores, hasta el clásico japonés haciendo fotos con su cámara.

http://especiales.lainformacion.com/panoramicas/manifestacion-acampada-sol/

Que no decaiga.

sábado, 14 de mayo de 2011

IMAN

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“Seguros tengas y no utilices”.

Debe ser que de alguna manera atraigo los líos y los problemas, porque si no la cosa tiene difícil explicación. También es probable que sea yo el que con mi actitud de no permitir que me tomen el pelo haga que cosas que la gente acepta como normales a mí me parezcan un atropello y no caiga en la indiferencia y en la conformidad.

Llevo muchos años sufragando mes a mes el coste de un seguro sanitario privado. Tres de las cuatro personas que conformamos mi familia cotizamos regular y mensualmente a la Seguridad Social, por lo que un seguro sanitario privado no debería de hacer falta. La razón primaria de este gasto extraordinario es tema de los horarios y la posibilidad teórica de seleccionar un médico en el momento que nos venga mejor. En los más de veinte años que llevo con este tipo de seguro suscrito, gracias sean dadas a Dios, lo hemos usado poco o muy poco, pero son de esas cosas que aunque se cuestionan a la llegada del recibo, se van dejando mes tras mes sin tomar la decisión de acabar con ello.

A lo largo de estos años no he tenido ningún reparo en acometer varias veces el papeleo de cambiar de compañía. Al fin y al cabo los médicos son prácticamente los mismos en unas y otras y en el fondo queda la sensación de que si el problema es grave acabarás acudiendo a la Seguridad Social. El último cambio de compañía se produjo a primeros de este año 2011, motivada por dos razones fundamentales: una subida brutal en estos tiempos que corren de más del 20% que anunció la compañía anterior (SANITAS) y una oferta a través de mi colegio profesional realizada por la nueva (ASISA).

Por experiencia en estos cambios, una de las preguntas que hay que hacer afecta al tema de los periodos de carencia. Las compañías de seguros son muy listas y siempre andan con la letra pequeña y más en estos temas en los que no quieren cargar con problemas anteriores. Antes de tomar la decisión de seguir adelante con el cambio de compañía, se me aseguró por activa y por pasiva que al proceder, y documentarlo, de otra compañía con antigüedad en la misma, el período de carencia no me era de aplicación, por lo que tendría plenos derechos desde el primer día de efectividad de la póliza.

Y así ha sido, no hay período de carencia pero hay “otra cosa” cuyo nombre no he conseguido aprenderme a pesar de que me lo han repetido un par de veces. Por un pequeño quiste he acudido al médico. Tras una serie de tratamientos con pomadas el doctor ha decido extirpar de forma quirúrgica el granito para que no siga molestando. Aquí han empezado los problemas, pues este tipo de intervenciones tienen que ser autorizados “expresamente” por la compañía. Llevo 17 días peleando por el asunto sin conseguir una solución, siendo mareado por unos y por otros, hasta que me he enterado que efectivamente no tengo periodo de carencia pero si tengo período de “no sé qué”.

MI primer intento fue a través de los servicios de internet. Tras un par de días de espera tras haber mandado toda la documentación, un escueto correo electrónico me informaba que no era posible llevar a cabo la autorización vía internet y que tenía que hacerlo llamando a un teléfono 902 (esos de todos nuestros operadores están ocupados). Tras el intento y la consabida espera, me comunican que debo mandar un fax o un correo electrónico adjuntando el documento que me ha dado el médico y mi tarjeta de asegurado. Lo de la tarjeta me suena a guasa, como si no tuvieran mis datos en sus registros, pero por pedir que no quede.

Hasta tres veces mandé el correo electrónico sin recibir contestación, así que nuevamente a llamar al 902 (todos los operadores “seguían” ocupados). Aquí a la señorita que me atiende se le escapa una afirmación que enciende mis alarmas: “es que su póliza es inferior a un año de antigüedad”. Hago mención a no tener período de carencia pero sin concretarme mucho me dice que es otra cosa, que efectivamente no tengo periodo de carencia pero si tengo “periodo de no sé qué”.

Como se acercaba la fecha de la intervención, me persono en las oficinas de la aseguradora para ser atendido cara a cara. Ahí, tras más de quince días de marearme por teléfono e internet se descubre el pastel: mi póliza es inferior a un año de antigüedad y hay que mandar un informe al médico, que lo rellene, lo devuelva a las oficinas de la aseguradora y sea revisado por su inspector médico a ver si procede o no procede la autorización.

Vamos, que no tengo período de carencia, pero tengo esa otra cosa con lo que de seguir en esta compañía tendré que estar pagando religiosamente un año antes de que me sea levantada esa condición y tenga plenos derechos. Eso teóricamente, pues algo se podrían inventar y dar otra vuelta de tuerca. La cosa no ha quedado ahí, ya que inmediatamente me he dirigido al departamento correspondiente a tramitar mi baja, pues no quiero seguir en una compañía que me hace sentirme angañado, y además añado que no es la primera vez, pues ya anteriormente hace bastantes años tuve otro episodio con ellos que me ayudó a decidir un cambio de aires. Pues resulta que no me puedo dar de baja hasta el 31 de diciembre pues es una póliza de “condiciones especiales” y tengo que seguir tragando. Toma ya. Siempre queda la opción devolverles los recibos y generarles entropía en sus procesos administrativos, aunque supongo que acabarán metiéndote en el RAI o en alguna de esas, si es que no estoy ya por mis peleas con estos y con otros.

Volvemos a lo de siempre, la falta de información, por no llamarlo engaño, sigue presidiendo las relaciones de los mortales con las empresas. Ni aunque te asegures hasta la saciedad de cosas que ya sabes puedes eludir las tropelías, pues ya se encargan de inventar y esconder otras que pongan todo a su favor y en contra del cliente. Me gustaría saber cuántos asegurados se dieron de baja a primeros de año de la compañía anterior por ese 20% de subida. Seguro que fueron pocos y en el cómputo total la compañía ganó unos buenos euros. Y el coste de su imagen les importa un bledo, en el fondo los usuarios o clientes lo único que podemos es ir buscando la menos mala, porque me da la impresión de que buena no hay ninguna.
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domingo, 8 de mayo de 2011

POSIBILIDADES


El nivel de tecnología existente dota al ser humano de una capacidad impensable hace unos pocos años a la hora de dar rienda suelta a su imaginación y su creatividad. Los ordenadores se han colado de tal manera en nuestras vidas que ahora prácticamente cualquier utensilio tiene alojado en su interior un circuito impreso, un procesador y un software que a poco que nos esforcemos en su control y manejo nos proporcionarán unos resultados increíbles.

Mientras tomaba el aperitivo tras asistir a la misa dominical en una terraza situada al borde de un embalse, he observado como una pareja ha emplazado dos cámaras digitales en sendos trípodes, con un disparador automático sofisticado en cada una de ellas. Tras unos ajustes precisos, las han puesto en marcha y se han sentado a tomar una cerveza, mientras
las cámaras, ellas solitas, hacían su trabajo. Hablando con ellos, me han informado de lo que estaban haciendo, que no era otra cosa que tomar múltiples fotografías del mismo motivo, un monte y el cielo nublado, desde dos ángulos distintos, con vistas a crear video conocido con el nombre técnico de “timelapse”. El hecho de yo supiera de que se trataba les ha sorprendido un poco pues no es un concepto todavía muy extendido y que consiste en generar un vídeo a base de muchas fotografías casi idénticas, con ligeras variaciones, con lo que el resultado es animado. Algo parecido a aquellos efectos especiales en el cine en los que se veía amanecer en un pispás, con el sol subiendo en el cielo a toda velocidad en tres o cuatro segundos.

Las fotos se tomaban de forma automática cada tres segundos y pensaban estar dos horas tomando fotos, lo que supone un total de cuatro mil ochocientas fotografías. El resultado del trabajo podrá verse el año próximo en la exposición sobre Leonardo Da Vinci que tendrá lugar en Madrid.

Si nos retrotraemos unos años atrás, no muchos, esta operación sería impensable e imposible. Con carretes de 36 fotografías, que habría que estar cambiando en un tiempo record de tres segundos, sin mover un ápice la cámara, cada 108 segundos, por no hablar del coste de revelado y procesado. Como digo, no se podría hacer. El “timelapse” se hacía de forma manual, con muchas menos tomas y más espaciadas.

Las facilidades que nos aporta la tecnología llegan a todos los rincones a poco que dediquemos nosotros o alguien de nuestra confianza un poco de tiempo a indagar, preguntar, hacer, construir y preparar. Este es el caso del párroco de la iglesia donde asisto a misa los domingos. Sacerdote ya entrado en años, no por ello deja de utilizar las nuevas tecnologías como apoyo a sus misas dominicales. Aprovechando elementos ya existentes en su iglesia ya centenaria, ha colocado su proyector inalámbrico y proyecta durante la misa y los actos religiosos el correspondiente powerpoint creado “ad hoc” para el evento, de forma que todos los fieles puedan seguirlo mucho mejor, con los textos de las oraciones y de los cánticos. También se ayuda en su homilía, según el tema que vaya a tratar, con fotografías que le ayudan e hilvanar y comentar sus cuitas. Y lleva ya varios años haciéndolo. Es de suponer que con tantas misas que lleva a cuestas en sus muchos años de pastor, la gran mayoría de ellas sin ayudas “powerpointorizadas” , sea capaz de dar la misa sin ayuda, pero el día que le falla la tecnología se le nota que no está a gusto, como que le falta algo. Y algunas veces ha fallado. Amigo Florentino, chapó.

Esto del apoyo con powerpoint es una constante en muchas de las conferencias o charlas a las que asisto. Es infrecuente que alguien se ponga a hablar sin estar pasando imágenes que en muchos casos le sirven de guía ya que se limita a leer su contenido, que es de suponer previamente habrá preparado él o alguien de su confianza. Tanta es la dependencia que en un par de ocasiones he llegado a ver como se suspendía la charla al fallar el proyector, el ordenador o alguno de los elementos, negándose rotundamente el ponente a darla. ¿No se lo sabía? ¿No se acordaba de los textos? El truco es tener las diapositivas impresas para poderlas leer en caso de fallo.

Mientras las cosas funcionan a nuestro alrededor, no tomamos en consideración nuestro grado de dependencia de ellas. ¿Qué haría yo sin mi lector electrónico de libros o mi recientemente estrenado teléfono móvil con “android”?
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domingo, 1 de mayo de 2011

PAPIROFLEXIA


Aunque es una palabra un poco extraña, casi todo el mundo sabe lo que significa, que no es otra cosa que el arte o la técnica de doblar papel con las manos para conseguir formas o figuras. En principio, cualquier tipo de papel liso con un mínimo de gramaje sirve, ni muy ligero ni muy pesado. Los folios normales que generalmente tienen un peso de 80 gramos son muy adecuados. Lo fundamental es tener paciencia y hacer las cosas con la mayor precisión posible, lo que nos garantizará un resultado final correcto. Si los dobleces o plegados que son necesarios para conseguir un objetivo se hacen sin cuidado, al final se irán engrosando los errores pudiendo ser imposible la consecución ideal, bien por imposibilidad bien porque se nos rompa el papel.

Si es arte o es técnica sería un motivo de debate. En lo que a mí respecta, después de haber visto este fin de semana una exposición sobre el tema, lo considero un arte. Una de las figuras expuestas, un cisne realizado en papel era impresionante, sin descuidar otras piezas de la exposición que sin duda habrían requerido a los que las realizaron una considerable cantidad de tiempo, de paciencia y, sin duda, de conocimientos.

Pero lo bonito y bueno de estas técnicas es que se pueden realizar figuras muy simples, con unas pocas instrucciones y un papel, nada más barato y entretenido, relajante si se toma sin prisas y con un coste cercano a cero. Ayer por la parte pasé un buen rato con mi hija haciendo unas cuantas figuras que habíamos aprendido por la mañana cuando asistimos los dos a una sesión familiar promovida por la Asociación Española de Papiroflexia, cuya página web tiene un nombre muy sugerente: www.pajarita.org, ya que no en vano la pajarita es el símbolo más elemental y sencillo de los trabajos con papel.

Siendo yo muy pequeño, mi padre me enseñó unas cuantas figuras, que no he olvidado y soy capaz de realizar todavía aún y cuando han pasado muchos años. El avión, la pajarita, una pajarita más complicada que mueve las alas al tirar de la cola, la huevera y alguna otra quedaron grabadas en mi memoria hace años. Posteriormente, los acercamientos a esta técnica o arte han sido puntuales, pero siempre está la posibilidad de coger cualquier papel y hacerle unos pliegues.

Internacionalmente el nombre más conocido es “ORIGAMI”, originario de Japón donde ya se tienen noticias desde hace cientos de años. La palabra japonesa significa lo mismo que nuestra “PAPIROFLEXIA”. Los más puristas sostienen que se debe de acometer solo con manos y papel, pero no está de más tener a mano algún utensilio que nos pueda ayudar en las tareas, tales como regla, cartabón, tijeras, cúter, o pegamento, entre otros.

Como muchas cosas actualmente, la cosa tiene su importancia. De hecho hay autores reconocidos internacionalmente y se celebran convenciones donde asisten los más reputados papirofléxicos que muestran sus realizaciones, cada vez más complicadas y perfeccionistas. A poco que perdamos un rato navegando por internet veremos figuras y composiciones realizadas en papel que son verdaderas obras de arte. En muchos casos yo no sabría dónde está la frontera, ya que muchas de las figuras parecen esculturas realizadas más con técnicas del tipo de las fallas valencianas que simplemente doblando y doblando un papel.

La papiroflexia es un entretenimiento, pero no solo eso. Al tratarse de una actividad donde se combina lo mental con lo manual, sus beneficios psicológicos son patentes, ayudando al desahogo y la relajación al tiempo que distrae la mente, por lo que puede ser una opción en momentos de ansiedad. De hecho se utiliza en terapia de grupos como elemento aglutinador y que rompe de alguna forma la dinámica del tratamiento, que por momentos puede llegar a ser demasiado seria. En familia es una oportunidad de compartir una actividad entre padres e hijos en momentos insulsos, en los que si no se tiene otra cosa que hacer se acaba enfrente de la caja tonta.

Hay numerosos libros para iniciarse en este mundo interesante y apasionante. Pero en la actualidad el mejor recurso está, como no, en internet. Numerosas páginas contienen dibujos y diagramas pero lo más sencillo es buscar videos en “youtube” donde paso a paso podemos seguir el proceso para realizar las figuras. Mi recomendación es verlos completos antes de iniciar nuestra figura, ya que en internet hay de todo y me encontrado al final que me han tomado el pelo y después de hacer dobleces y dobleces el video ha acabado sin más y me he quedado de cuadros.

lunes, 25 de abril de 2011

GEEK


Por mucho que intentemos resistirnos, el asunto este tan moderno de la globalización acaba por pasarnos por encima tarde o temprano. Y además en todos los aspectos, uno de los cuales es el lenguaje. Los conceptos traspasan las fronteras a tal velocidad que se instalan entre nosotros sin darnos tiempo a asimilarlos y mucho menos a elaborarlos, por lo que muchas veces el extranjerismo que los define, generalmente en inglés, es el que se queda y es empezado a ser utilizado. Quizá esto sea un acicate para ese lenguaje denominado esperanto, tantas veces idealizado como abandonado.

Y es que muchas veces no hay forma, salvo que empleamos una frase, de definir conceptos que quedan resumidos en una sola palabra. ¿Qué es un GEEK? La palabra no es nueva pero últimamente se está imponiendo a pasos agigantados de forma que hasta se incorpora en el lenguaje coloquial e incluso en los nombres de las empresas. Una de ellas, de reciente aparición y con la que he tenido contacto esta última semana es Geeksphone.

Al no ser un término oficial contemplado por una hipotética Academia de la Lengua Universal, las definiciones del término se encuentran de forma variopinta por todos lados y algunas aportan sus matices. Yo he entendido que es un término que se aplica a las personas que intentan estar a la última en cuestiones de calado tecnológico, tipo informática u ordenadores y “chacharrería” asociada. Unos más y otros menos, en función de nuestras posibilidades, nuestros conocimientos y nuestras ganas, intentamos estar sino a la última o por lo menos a la penúltima en todo lo que de nuevo va surgiendo, por nosotros mismos e incluso por los hijos que nos aprietan de lo lindo en esto de las nuevas tecnologías, por si mismos o por sus amigos o compañeros de colegio. Lo de llegar a casa con el comentario de que fulanito me ha dicho que su padre le ha comprado tal o cual aparato está a la orden del día.

Yo personalmente me he resistido a algunos aspectos en concreto. No sé si seré “geek” o no, o si lo seré en algunas cosas sí y en otras no. Dos temas en los que me he resistido, hasta el momento, han sido en el de los teléfonos móviles y en el de los navegadores para el coche.

Uno de mis buenos amigos lleva ya mucho tiempo metido en esto pero hace varios meses, otro decidió dar el salto, cualitativo y cuantitativo, y pasar de un simple teléfono móvil a un “smartphone”. No sé si hay palabra española que defina este tipo de aparatos que lo que menos son es un teléfono móvil, ya que van dotados de todos los componentes de un ordenador, tales como sistema operativo, memoria, procesador y demás, amén de estar complementados con todo lo que la tecnología moderna ofrece: GPS, bluetooth, cámara, wifi, NFS, sensores de proximidad y movimiento y supongo que algunas cosas más que se me olvidan. Un montón de siglas y palabras nuevas que reflejan y contienen un sinfín de cosas difíciles de traducir al castellano e incluso a otras muchas lenguas.

Yo seguía hasta hace tres días con mi viejo teléfono móvil que había cumplido por lo menos cinco años y que me hacía de perlas la función de, simple y llanamente, teléfono. Me estaba perdiendo todo un mundo pero también me resistía porque todas las cosas nuevas y con tantas posibilidades requieren un tiempo, una dedicación y un aprendizaje que no estaba dispuesto a dedicar, sobre todo porque tengo otras muchas a las que quisiera dedicar tiempo y no lo encuentro.

Pero un suceso que arrancará al menos una sonrisa del que lo lea me ha convencido a entrar en este mundo: tras hacer una visita al Sr. Roca hace unos días, debía de tener abierta la funda del móvil en mi cinturón y al levantarme el susodicho móvil se fue junto con lo demás por el wáter. Lamento la contaminación por la pila que habré provocado en los saneamientos y desagües y también lamento la pérdida de mi SIM, otro palabro. Total, que llevo sin teléfono unos días hasta que me envíen un duplicado de la tarjeta y me haga con otro terminal. Alguno viejo hay por casa, pero con esto de las permanencias de las empresas de telefonía me temo que no sea libre y no pueda usar mi tarjeta por ser de otra compañía. Otro día hablaremos de estas argucias promocionales en las que te crees que te regalan un teléfono pero es a cambio de tenerte enganchado unos cuantos meses teniendo que soportar sus caprichos en cuanto a sus decisiones y cambios tarifarios.

Como yo no tengo permanencia en mi compañía de telefonía móvil, que diré aquí y ahora que es SIMYO, se impone la compra de un aparato en el mercado libre. Es el momento de no resistirse más y pasar del simple móvil al “smartphone”, pues aunque en un principio no explore y explote todas sus posibilidades, siempre estarán ahí para jugar cuando tenga ganas. Los precios son exorbitantes, costando más un cacharrito pequeñajo de estos que todo un ordenador portátil de gama media. La tecnología y la novedad hay que pagarla.

Me he encaminado al mundo “android” y he encontrado un aparato a la venta por una casa española de casi reciente creación que parece que está andando por este mundo con buenas ideas y buen pié. Se trata del modelo ZERO de la casa Geeksphone que está a la venta desde hace unos días por 179 euros, una cantidad nada despreciable pero que si se compara con lo que llegan a costar otros terminales parecidos, aunque limitados en su posibilidades de crecimiento por las propias marcas, es barato. Parece que hay mucho empuje y mucha animosidad en esta nueva aventura y a ella me sumo con ganas e ilusión. De paso espero matar el otro asunto pendiente, el del navegador, ya que este aparatito permite la incorporación de mapas y usarlo como navegador.

Mañana martes recogeré en la tienda el ZERO y lo pondré en marcha. Ya me avengo a utilizar y emplear un buen número de horas en todo lo que rodea a la puesta en marcha y preparación y pruebas de todo lo que ese sistema operativo “android” pueda ofrecerme alojado en un cacharrito tan pequeño.
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domingo, 17 de abril de 2011

PEORAS


Las herramientas administrativas que se usan en una oficina a día de hoy no tienen ningún parecido a las que usaban hace algunos años. La no existencia del ordenador configuraba los procesos administrativos en dos alternativas: a mano o a máquina, pero de escribir. Es evidente que la capacidad de “hacer cosas a gran velocidad y fiabilidad” que tienen los ordenadores permiten la realización de múltiples tareas en procesos muy cortos de tiempo y con una intervención humana mínima.

Pero esto no quiere decir que el resultado que se presenta al cliente o usuario de esos procesos haya mejorado con respecto a lo que se ofrecía desde una oficina manual.

En la época en que trabajé como administrativo de una entidad bancaria en la que todavía no habían llegado los ordenadores, los procesos que realizábamos estaban claramente definidos. A mano o a máquina de escribir se tenían los asuntos al día y en todo momento estaba en tus manos el control de las operaciones y por ende de la información que debías o podías dar al cliente. No se “caían” los ordenadores, no era necesario “tener línea” y las “transacciones” funcionaban sí o sí en el tiempo que necesitara cada administrativo en función de su destreza a la hora de darle a la calculadora. Todo controlado.

Ahora es impensable una mesa sin ordenador. Cualquier petición que haces a la persona que te está atendiendo, casi siempre pasa por una consulta a la pantalla y una interpretación de los datos que se vuelcan en ella, siempre que el “sistema” conteste o los programas y los datos estén correctos. Más cómodo, más rápido, más efectivo…. siempre que funcione. Como alternativa a esto, las empresas e instituciones están potenciando todo lo posible el que sea el propio cliente o usuario el que se haga las cosas “por internet”. Los certificados digitales o en su defecto los “pines”, “passwords” y “claves” permiten que uno cómodamente desde su casa interaccione con las empresas para hacerse sus cosas sin tener que acudir presencialmente a una oficina y, lo que es mejor, a cualquier hora del día o de la noche. Por poner un ejemplo, en el apartado de los bancos, se puede pasar meses y meses sin tener que acudir presencialmente a una oficina consultando y realizando todas tus operaciones por “internet”.

Hasta aquí todo bien. Pero hay veces que las cosas no son tan sencillas y al que le toca la china y tiene que seguir pasando por los procesos administrativos sabe el calvario que posiblemente tendrá que pasar para alcanzar sus objetivos.

En mi situación laboral desde hace unos años, mi cotización mensual a la Seguridad Social se produce bajo dos regímenes: el de autónomos y el denominado convenio especial. Al final, lo que se trata de conseguir es que la suma de las bases de cotización de ambos alcancen un determinado importe, que en mi caso coincide con el límite máximo establecido anualmente. Tengo suscrita la actualización automática anual de las bases de acuerdo a la subida, pero por no sé qué hados del destino, la suma de ambas bases una vez actualizadas nunca alcanza ese límite, quedándose un poco por debajo. La cantidad que se queda por debajo es variable y dependerá de cómo se hagan los cálculos de actualización por parte de los programas informáticos, pero la realidad es que año tras año se queda corta.

Si uno accede a la web de la Seguridad Social verá que en los servicios que pueden realizar los usuarios con certificado digital aparece la posibilidad de actualizar la base de cotización de los convenios especiales. Pero debe de ser de cara a la galería, ya que año tras año lo intento y me aparece el consabido mensaje de ACCESO DENEGADO. Por lo poco que he podido indagar, esa operación tiene que ser realizada en una oficina presencial y no se puede hacer vía internet con un certificado digital.

Con estos mimbres, todos los años a primeros toca pasarse por la oficina, coger numerito, esperar un buen rato y presentar un escrito solicitando la actualización de la base. Estos años de atrás la cosa ha funcionado, pero este año no. La diferencia que se había producido era tan solo de catorce céntimos de euro. Una cantidad pequeña pero no se trata del importe sino del hecho. Aunque fuera solo de un céntimo solicitaría su adecuación. Como no han actualizado el importe que he solicitado, me ha tocado pasar por la oficina un par de veces más.

Los funcionarios tienen su corazoncito. No puedo leer los pensamientos de la persona que ha atendido mi demanda, pero a buen seguro y por sus gestos ha podido pensar que vaya una historia que les monto por catorce céntimos. Pero su trabajo es consignar el importe que les he solicitado sin entrar a mirar la diferencia. La primera vez que acudí a reclamar no estaba la persona que efectivamente puede realizar el cambio, por lo que la funcionaria que me atendió se limitó a hacer fotocopia de mi petición, decirme que no me preocupara y que me llamarían por teléfono.

De sobra sabía yo que no me llamarían a pesar de tener debidamente actualizado mi teléfono y mi correo electrónico, cuestión que si he podido comprobar con mi certificado digital. Al pasar por segunda vez a requerir información sobre el asunto, la persona encargada de realizarlo si estaba, pero su respuesta fría fue que ya estaba hecho y que recibiría la información por correo ordinario.

La cuestión es ahora decidir cuánto tiempo hay que esperar hasta que llegue el correo y si no llega volver a la carga, más que nada para tocarle un poquito las narices y ver su cara de limón, y también para que le quede claro que no me van a aburrir a base de dar largas, con lo que aprenderán, eso espero por lo menos, que les resulta más fácil hacer su trabajo de forma efectiva y correcta que andar mareando al contribuyente.
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domingo, 10 de abril de 2011

FUNDACIONES

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Ya hemos comentado en numerosas entradas de este blog que las empresas no son todo lo limpias que deberían ser en sus relaciones con los clientes, a los que enredan con morondangas y letra pequeña para ocultarles ciertas cuestiones vitales en sus relaciones.

Sin embargo, justo es reconocer que algunas de ellas dedican parte de sus beneficios a actividades de tipo social. Quizá pueda ser una manera de desviar beneficios y mejorar sus relaciones con el fisco pero en todo caso la ciudadanía se ve beneficiada con exposiciones, conferencias y actos en general. Hay muchos ejemplos pero en esta entrada me voy a referir a una empresa por todos conocida como es MAPFRE que a través de su FUNDACION MAPFRE ofrece una serie de contenidos y actividades muy interesantes, si bien reducidas y en algunos casos con dificultad de acceso a las mismas.

En su edificio situado en el Paseo de Recoletos de Madrid podemos contemplar en estas fechas una exposición titulada “El Esplendor del Románico”, una cuidada selección de obras maestras procedentes de la colección del Museo Nacional de Arte de Cataluña y que han sido cedidas de forma temporal para que puedan ser contempladas en Madrid hasta el próximo 15 de Mayo. La exposición está montada de forma soberbia en salas oscuras y con una iluminación muy conseguida que de alguna manera reproduce la sensación de oscuridad propia de las iglesias románicas donde estas obras fueron colocadas tras su concepción.

Al calor de estas exposiciones, la fundación monta talleres de diversa índole. Uno de ellos es el “taller de escritura” destinado a niños con sus padres, donde es difícil conseguir una plaza por la gran demanda existente. Tuve la suerte de acceder a una de ellas ayer y pude disfrutar de dos horas apasionantes. La primera hora consistía en una visita a la exposición del románico, donde me quedé anonadado al comprobar cómo es posible mantener a un grupo de chavales inquietos atentos a las explicaciones del guía sobre altares, cristos, báculos y dibujos del románico. La segunda hora versaba sobre cómo escribir y dar forma a un relato, con explicación de diversas técnicas de preparación y desarrollo. Interesante para los niños y también para los padres que tuvimos que participar en el desarrollo de una cuento propuesto por el conductor de la actividad. A continuación el que escribí yo bajo el título “Hoy mando yo”:

Hoy es un día especial, en el que confluyen a la misma hora dos eventos en la televisión: la final de la Copa de Europa de fútbol y el concierto de la nueva estrella juvenil Justin Bieber. La pelea está anunciada, solo hay una televisión en casa y por lo tanto es vital el control del mando a distancia.

Con una poción mágica que me ha dado la bruja Catalina y que debo untar al mando de la televisión, este solo me hará caso a mí. Una buena untada deja el “poder” listo para obedecer solo a mis indicaciones. La cena está tocando a su fin, llega el gran momento. Una carrera al salón, una pulsación al canal adecuado y el césped del estadio inunda la pantalla.

Confiado en la poción mágica, dejo el mando a mi lado en el sofá con aparente despreocupación. Mi hija llega corriendo seguida de su madre dispuesta a desbancarme de mi privilegiada posición. Pulsa una y otra vez el canal 12, en una busca desesperada del “Disney Channel”. La televisión ni se inmuta y sigue mostrando el discurrir veloz del balón de unos pies a otros.

--- Ya sé lo que ha hecho, mamá. Le ha quitado las pilas, dice la niña.

Cuando abre el mando a distancia y ve que las pilas están en su sitio mira inquisitivamente a la madre.

--- Mira a ver si las ha colocado del revés, dice la madre.

--- No, están bien, responde la niña. Quizá las haya cambiado por unas gastadas. Rápido, trae unas nuevas.

El padre continúa atento a su fútbol mientras despojan de su energía a una linterna y ponen otro juego de pilas al gobernante que sigue sin funcionar. No queda otro remedio que llamar a la vecina, cuyo padre está de viaje, a ver si están viendo el concierto y pueden ir a verlo a su casa.

Cuando ambas salen por la puerta, el equipo favorito del padre acaba de marcar el primer gol….
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domingo, 3 de abril de 2011

CAJAS

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Y no precisamente de cartón. El sistema financiero mundial ha sufrido en estos últimos tiempos una tremenda convulsión que ha dejado al descubierto tejemanejes tremendos de todo tipo que las entidades han realizado con el dinero de los clientes e inversores y que al final ha quedado descrito de una forma muy simple: el dinero que tenía que estar no estaba. Cualquiera podía deducir de forma sencilla que alguien se lo había llevado o había decidido hacer cosas con él que no debía o no eran acertadas.

Circunscribiéndonos al sistema financiero español, la cosa no ha llegado a mayores porque algunas entidades del sector bancario parece que estaban lo suficientemente saneadas según los criterios al uso y otras han realizado apaños de sinergia financiera con ayudas y fusiones, frías o calientes, u otras operaciones de tipo financiero que parece que de momento las ha puesto de nuevo en rumbo, hasta la próxima crisis.

Las Cajas de Ahorros, algunas de ellas con el añadido de Monte de Piedad, han quedado con el culo al aire. Bien es verdad que no todas pero si una gran mayoría. Con un gran recorrido desde sus fundaciones, a mediados del siglo pasado las Cajas de Ahorros eran una entidades o empresas de tipo cariñoso que cubrían los aspectos de las operaciones bancarias suficientes para la gran mayoría de los ciudadanos de a pié. Por otro lado, estas entidades no tenían accionistas, con lo cual los beneficios obtenidos eran dedicados en lo que se denominó por aquella época “Obra Social”. En el fondo eran unos competidores directos de los bancos y sin el sometimiento de tener que rendir un dividendo a sus accionistas al final del ejercicio.

Las obras sociales eran diversas. Salas de exposiciones, escuelas de idiomas, hogares para ancianos, financiación de actos de interés público, donaciones a empresas de interés público, colaboración en actos culturales, subvenciones a ayuntamientos para la realización de las fiestas patronales, compra de ambulancias para la Cruz Roja y un sinfín de eventos que cuidadosamente publicitados daban ante el público en general una imagen de las cajas como empresas benefactoras y que contribuían de forma notable al bien común con sus obras.

Otra cuestión sería quién controlaba los presupuestos y quién decidía cuanto se dedicaba a las obras sociales y cuanto a otras cosas. Siempre ha habido de todo, pero en los tiempos en que los dirigentes de las empresas no tenían como fin prioritario llenarse sus bolsillos personales o familiares, el sobrante de los beneficios que no se destinaba a obras sociales se dedicaba al crecimiento de la propia empresa, mediante inversiones en tecnología, compra de edificios para instalación de oficinas y mejoramiento en general para acometer nuevos proyectos y dar un mejor servicio a los clientes.

Yo diría que a finales de los setenta y principios de los años ochenta algo cambió de forma sustancial. Muchas de las operaciones que les estaban vetadas a las cajas en comparación con los bancos fueron autorizadas, como el descuento de efectos, las famosas “letras” que ya han quedado en desuso, por lo que las cajas a partir de esos momentos eran un banco más desde el punto de vista operativo, pero seguían in tener accionistas ante los que poner la cara a fin de año y a los que remunerar con un dividendo convincente.
Algunas cajas cogieron tamaños que las posicionaba entre las primeras del sector financiero español por volumen de depósitos, a base de dar un buen servicio a sus clientes y de unas inversiones en oficinas, tecnología y personal que superaban a los de los bancos competidores. Había dinero y eso se veía por todas partes. Los Consejos de Administración que deberían de dirigir los designios de las cajas empezaron a cambiar su estructura y con ello empezaron a politizarse. El ámbito de las cajas solía de ser de tipo uniprovincial o regional, con lo que los políticos de las comunidades autónomas que ya empezaban sus andaduras en aquellos años vieron el cielo abierto, y el dinero fácil, al introducirse en los consejos de administración y controlar las “obras sociales” y a donde iban a parar los dineros de los cuantiosos beneficios que se obtenían año tras año y que repito no tenían ningún accionista esperando.

De paso cambiaron a finales de los ochenta y principios de los noventa la forma de remunerar a sus empleados o mejor dicho a sus directivos. Los convenios colectivos y otras formas de control de la estructura remunerativa fueron soslayados de un plumazo con los famosos “sobres” que hasta esa fecha no habían existido y así podías asistir a como de un plumazo a fin de año tu jefe, que ya tenía su buen sueldo, recibía un sobre con una cantidad que hacía sonrojarse al más pintado. Lo más curioso es que en muchas ocasiones esa tremenda cantidad servía de cabreo profundo al que la recibía al enterarse de lo que había recibido el jefe de al lado y compararse con él.

Empezaron a proliferar por aquellas épocas las empresas de servicios en los que las empresas, no solo las cajas, delegaban su trabajo de forma geométricamente progresiva. Y no era difícil conocer que en muchos casos los que estaban detrás de esas empresas eran los propios directivos, con lo que de esta forma a su sueldo y su “sobre” añadían más y más.

Y con estas y otras cuestiones hemos llegado a la actualidad. Las cajas, en términos generales, están hechas una pena. “Papá” Estado ya las inyectó un montón de millones hace unos años y de poco ha debido de servir pues en estos momentos vuelve a estar la cosa mal o peor. Algunas se han embarcado en multitudinarias fusiones para capear el temporal y otras tienen previsto salir a bolsa para obtener capital privado que les permita cumplir los estándares del Banco de España. Pero otras, muchas, van a obtener de nuevo otra inyección de millones del estado como premio a la gestión de sus dirigentes que por cierto, no fueron cuestionados en la primera inyección ni lo son ahora. Pues que sigan haciendo de las suyas y dentro de unos años les inyectamos más, con el dinero de todos los españoles y sus impuestos.

Ahora que la Banca Pública no existe y que sus fondos y edificios costeados con el dinero de todos los españoles están siendo manejados por un banco privado al que han ido a parar tras la desaparición de Argentaria, las entidades financieras privadas españolas son un servicio público del que no se puede prescindir ni los ciudadanos podemos escapar al vernos literalmente obligados a cobrar nuestro salario y pagar nuestros recibos a través de ellos. Bien haría el Banco de España en controlar de forma precisa, día a día y minuto a minuto el estado de estas empresas y no solo en sus macro números sino en cuestiones como sus inversiones, el salario de sus directivos y empleados y otras cuestiones de ruido y polvo por las que podemos, con demasiada probabilidad, llegar a nuevos lodos en un futuro no muy lejano.

domingo, 27 de marzo de 2011

REPUTACION

A lo largo de numerosas entradas en este blog he hecho alusión a mi pensamiento de que por lo general las empresas no son todo lo de fiar que deberían y en nuestras relaciones con ellas debemos de andar mucho cuidado, ya que no valoran con demasiado énfasis los costes ocultos que suponen no tratarnos con la suficiente rectitud y honradez.

Ello hace que los ciudadanos seamos desconfiados en demasía y extrememos los cuidados a la hora de adquirir productos o servicios. En el verano del año pasado realicé un viaje por Inglaterra en el que tuve que alquilar un vehículo. No tuve demasiado cuidado a la hora de efectuar la elección y los trámites y al llegar a recoger el coche me encontré con una sorpresa no prevista: Lo que parecían que iban a ser unas 160 libras esterlinas por el período de alquiler se convirtieron en más de 300. Y no puedo decir en conciencia que me engañaran pero si puedo pensar que hicieron las cosas de tal manera que no resultaran como estaban previstas. El tema no era otro que existe una cosa que en el Reino Unido llaman “CDW-Colision damage waiver” que afecta muy mucho a tus obligaciones con la empresa en caso de tener un accidente. En el caso que relato del año pasado y para hacernos una idea, el importe del CDW que al final suscribí era más alto que el propio alquiler del coche.

Probablemente este año vuelva por allí, un poco más arriba, tratando de alcanzar las tierras altas de Escocia rememorando un viaje que ya hice en 1990, aunque en aquella ocasión llegué hasta allí con mi propio coche embarcándolo en el transbordador desde Santander a Plymouth.

Como el gato escaldado del agua huye, me he tomado mi tiempo y gracias a la maravilla que es internet, he realizado tres simulaciones de contratación que me han dejado perplejo. Dos de ellas han sido con la misma compañía, y más concreto HERTZ en la que por mi profesión se me concede un teórico descuento. Realizada la prospección en Hertz desde España con este teórico descuento y por libre y directamente con su web inglesa, los resultados son diferentes para un mismo coche y un mismo período: con mi descuento desde la web española serían 328 euros mientras que desde la web inglesa serían 281 euros. ¿Lo puedo entender?. Pero voy más lejos y veo que en la versión española me anuncian que han incluido “cobertura PARCIAL de daños por colisión (CDW) y cobertura parcial de daños por robo (RP)”. Sin embargo en la parte inglesa explícita “colisión damage waiver (CDW) and theft protection (TP) included”. No aparece para nada el concepto de “parcial”.

No entiendo esta diferencia ni que me salga más caro con descuento que sin él. Y ello me parece que es debido al porcentaje de “cdw” y “tp” incluidos, que seguramente el empleado te especificará en la ventanilla al llegar allí cuando ya estás atrapado. Hay que decir que estos conceptos son voluntarios, pero en un país diferente y en el que se conduce por la izquierda, el que tengas un accidente es una posibilidad …. posible. Porque tampoco está claro como valorar lo que es un accidente ni su alcance.

Como no me aclaraba, he lanzado otra simulación, son gratis, con una compañía local de alquiler de coches, Arnold Clark. Al llegar al final y para un coche no exactamente idéntico pero de la misma categoría, el total queda tras pasar todo el proceso ha salido la cantidad de 378 libras, más alta que en los otros dos casos. Buscando por todos lados a ver si los dichosos CDW y TP estaban incluidos y en qué medida, solo aparece la siguiente frase: “inclusive of all taxes and insurance” que deberíamos traducir por “incluidas TODAS las tasas y seguros”. Como ando escamado les he dirigido un correo, una nueva maravilla de internet, para que me aclaren esta frase. Y me la han aclarado: está TODO incluido, pero en caso de accidente y no se especifica que se considera un accidente, tendré un cargo extra y único de 500 libras. Si quiero estar cubierto de esta contingencia, tengo que añadir un cargo extra diario de 10 libras.

El año pasado fui de inocente y pagué el pato, digo el cdw. Este año por lo menos intuyo lo que me voy a encontrar y me estoy preparando para ello, aunque me va a costar mis buenas horas de dedicación. Buscando en foros se puede leer todo tipo de “sucedidos” con estos temas y la verdad es que se ponen los pelos de punta, dependiendo de los países y de las situaciones. Una de las cosas que se comentan es que si se ha pagado el alquiler con una VISA ORO, la tarjeta cubre el CDW pero los trámites son tan engorrosos y requieren tanto papeleo que los usuarios recomiendan contratar el CDW y tener un viaje tranquilo.

Las empresas no cuidan su reputación. Ya lo dijo hace muchos años Hesíodo: “Una mala reputación es una carga ligera de levantar, pesada de llevar y difícil de descargar”. Pero como ahora vivimos al día, las empresas y organismos no dan importancia ni cuantifican este bien intangible y no les importa. La empresa de alquiler de coches HERTZ ha perdido un cliente para este año y posiblemente los venideros, porque ya les puse la cruz el año pasado por no ser claros en su relación conmigo, aunque dentro de los miles de alquileres que tengan en todo el mundo, el mío les importe poco. Allá ellos.

Lo peor para el consumidor es que tiene que dedicar un tiempo extra a clarificar sus andanzas en busca de la empresa menos mala, en lugar de buscar la buena. Hay excepciones y en una próxima entrada hablaré bien de nuevo de una que me sigue sorprendiendo: AMAZON, la gran empresa norteamericana de ventas por correo.

sábado, 19 de marzo de 2011

COMPARACIONES


Había pensado titular esta entrada del blog con la palabra “gambarimasu”, desgraciadamente muy de moda en estos últimos días, pero he optado por la de “comparaciones” que es más castellana y por lo general no obligará a nadie a acercarse al diccionario para saber su significado.

Disfrutamos de varias frases hechas sobre el asunto, siendo la más frecuente aquella de que “todas las comparaciones son odiosas”. Sin embargo yo prefiero ver la parte positiva de ella y recurro con mucha frecuencia a una que me da mucho juego, tanto para mí como para arrojársela a los demás, y no es otra que la de “comparado con qué o quién”.

A final queramos o no todo es relativo, y su valor e impacto para nosotros siempre dependerá de los parámetros que utilicemos en nuestra valoración. Los ejemplos pueden aclarar esto y se me ocurren multitud de ellos. Si yo comparo mi coche, un utilitario de gama media con el cochazo que mi vecino aparca al lado en el garaje o el que acabo de ver anunciado en televisión, pues mi coche es más bien poca cosa. Pero si le comparo con el “carro” de 1963 que se le cae a pedazos a un médico cubano que nos hizo de taxista para poder tener coche, además de hacerse las piezas el mismo a mano para repararle, quizá nuestra apreciación varíe sustancialmente.

Un compañero de trabajo lleva años en un estado catatónico viendo las cosas mal en el trabajo por donde quiera que mire. Son muchos empleados y cada uno tiene una percepción diferente de cómo le van las cosas en el trabajo y como le podrían ir, mejor o peor, si la situación cambiase. Simplificando el asunto, él dispone de un buen sueldo, quizá mejor que bueno y además desde hace años y lo más previsible es que siga así. Si se comparase con uno cualquiera de los más de cuatro millones de españoles que engrosan en estos días las listas del paro, o ampliáramos la comparación a muchos ciudadanos de países subsaharianos que salen huyendo en busca de algo no se sabe qué, la cosa se vería de otro color.

Y es que las cosas dependen del color del cristal con que se las mira. Pero por toda lógica tendemos a poner el foco de nuestras comparaciones con los que creemos que están por encima de nosotros y se nos olvida con mucha frecuencia variar el rumbo ciento ochenta grados y saber valorar de forma ecuánime lo que tenemos y alegrarnos por ello. En una bonita y acertada frase, Caritat de Condorcet nos transmite que “gocemos de la vida sin comprarla con la de los demás”. Cierto que otros tienen más y mejor y que quizá no se lo merezcan, pero mejor sería esforzarnos en conseguirlo que solo limitarnos a pensar en ello, lo que a buen seguro no va mejorar nuestra situación y seguramente la empeorará con alguna que otra bilis en nuestro interior.

“Gambarimasu” es una palabra japonesa. Desgraciadamente se ha puesto de moda en esta última semana tras el tremendo maremoto y terremoto que ha tenido lugar en Japón, con el consiguiente tsunami que ha arrasado y convertido en escombros ciudades enteras de la costa norte el país. De paso, la madre naturaleza nos ha dado un toque de atención, no solo a los japoneses sino a todos los ciudadanos del mundo de los peligros que supone utilizar la energía nuclear para generar esa electricidad que gastamos a raudales la mayoría de las veces sin preocuparnos de donde viene. Yo soy de los que tiene broncas con sus hijos por conseguir que se apaguen las luces de las habitaciones donde no se está e incluso en mi manía persecutoria de no gastar electricidad sin necesidad, tengo instaladas regletas de enchufes con interruptor al lado de televisores, videos u hornos microondas para cortar todo suministro cuando no se está utilizando, por pequeño que sea. Siempre que puedo voy del garaje al piso a oscuras para evitar el minuto y veinte segundos que permanece encendida la luz de seis plantas de escalera y del portal. No se trata de que yo pueda pagarlo a los buenos precios en que está la luz y peores que se van a poner sino de que no hay necesidad de despilfarrar aquello que no se usa por ahorrarse la molestia de darle a un interruptor cuando acabamos de ver la televisión o calentar la leche del desayuno.

“Gambarimasu” significa dar lo mejor de sí mismo en todo momento, algo en lo que los seres humanos somos tremendamente cicateros incluso cuando se trata de aplicárselo a uno mismo. El pueblo japonés está dando sobradas muestras de señorío en el transporte de esta pesada carga con que les ha dotado la naturaleza y mantienen su fe en el futuro y en la creencia de que van a salir de esta como ya lo hicieron en ocasiones anteriores. No les queda otro remedio, y mientras tanto mucho "gambarimasu" a todas las horas del día. El que una persona esté en la cola de una gasolinera con dos garrafas y cuando le toca el turno llene una y se ponga de nuevo a la cola para llenar la segunda es un hecho que impresiona y mucho más si lo comparamos con los que aquí se cuelan en las colas del autobús o de sacar las entradas del cine.

Cuando hago un intento de ponerme en el lugar de uno de los que han perdido todo lo material e incluso algún familiar, de los que no les queda nada salvo conservar la vida que no es poco, me doy cuenta de lo tremendamente insignificantes que somos cada uno de los seres humanos, que a pesar de lo que nos podamos creer, no somos nada hoy en día y que ni siquiera tenemos la certeza de que mañana podamos contar la nada que somos hoy.

lunes, 14 de marzo de 2011

MORONDANGA

Lunes, 14 de marzo de 2011. MORONDANGA

Hace unos días cayó en mis manos esta palabra con gran regocijo por mi parte al no saber lo que significaba. Es una oportunidad de ir al diccionario y aumentar el acervo y de paso me ha venido bien para una entrada en este blog.

Es de sobra conocido por todos el poder que tiene la distracción provocada a sabiendas en otra persona cuando esta se ve metida en una espiral de la que o no sabe o no quiere salir. Un ejemplo por todos utilizado es cuando nos llega ese niño llorando y chillando a grito pelado porque se ha caído y se ha hecho una pequeña herida de la que sale un poco de sangre. El mejor método en estos casos es hacerle caso inicialmente durante un pequeño y breve espacio de tiempo y a continuación desviar su atención al pajarito que pasa volando, al perrito que está enfrente o la forma de las nubes del cielo o cualquier otra cosa que distraiga de forma radical su atención y le haga olvidarse de ese tremendo dolor que está sufriendo.

Y esto no es solo cosa de niños. Se ha utilizado con profusión a lo largo de todas las épocas y se sigue utilizando. Los que llevamos unos pocos años en este mundo y en este nuestro país, España, recordaremos aquellos “Primeros de Mayo” de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado en los que el gobierno de turno nos obsequiaba, desde el día anterior, con todo tipo de eventos que sirvieran para disuadir a la gente de acercarse o tomar parte en las manifestaciones, generalmente convocadas por sindicatos y gentes de izquierda no muy bien vistas en aquellos años. Recuerdo una víspera en que nos tuvieron a todos pegados a la televisión con un partido de fútbol Real Madrid-Zaragoza, una corrida de toros desde Las Ventas y al final una estupenda película cuyo título no recuerdo, y que sirvió para tener a todo el mundo en casita desde las cinco de la tarde hasta la medianoche. Era tremendamente descarado pero incluso a los que no pensaban meterse en jaleos les venía bien aquella serie de actos de distracción.

Como he comentado, el tiempo pasa pero el quid de la cuestión permanece. Hogaño las cosas no son tan descaradas pero a poco que pensemos e intentemos llegar al fondo de muchas cuestiones de actualidad, nos daremos cuenta de que las cortinas de humo que se generan desde todos los ángulos, principalmente desde la política pero también desde las empresas y las instituciones, son estupendas y en algunos casos están sabiamente diseñadas para llevar el agua a su molino y a nosotros llevarnos por la senda equivocada para hacernos pensar en determinadas cosas y desviarnos de otras que no interesan tanto.

Cada cual tendrá sus propios ejemplos. Yo no leo diarios y veo poco la televisión y últimamente hasta huyo de las noticias, que o son catastrofistas o nos muestran al político de turno del lado “A” hablando mucho y mal del político del lado “B”, para a continuación hacerlo al contrario, mientras los políticos del lado “C” asisten al reparto del pastel e intentan con poco o escaso éxito, no arreglar la distribución de la tarta, sino coger la mayor porción posible.

Se acercan elecciones, aunque sean de menor calado, como son las municipales y autonómicas, pero los partidos y sus candidatos se juegan mucho. Asistiremos en pueblos y ciudades a inauguraciones y actos de forma concentrada y abrumadora. Bien es verdad que cuando pasen las elecciones todos habrán ganado, unos protestarán con muchos aspavientos pero con poca enjundia de lo mal diseñada que está la ley electoral y a prepararse para otros cuatro años de tranquilidad y sosiego. Y eso que estas reducidas elecciones la ley electoral no castiga los resultados como en las generales, donde la diferencia de valor entre los votos de un madrileño y un no-madrileño, por no citar a nadie pero todo el mundo sabe en quienes estoy pensado, es abismal.

No esperan unos meses de mucha y variada morondanga. Estamos metidos de lleno en una crisis tremenda que no será la primera y la última y cuyo calado se deriva de las cotas de bienestar que se habían alcanzado. Yo la primera que recuerdo, también motivada por el precio del petróleo fue en 1973. Pero coche tenían cuatro gatos y calefacción central en casa dos o tres a lo sumo, con lo cual la afectación personal y familiar fue menos dolorosa. Ahora dependemos en mucha mayor de la energía porque tras casi cuarenta años y a pesar de otras crisis intermedias, lo único que hemos hecho ha sido gastar energía cada vez más y más dependiente del petróleo y no poner mucho énfasis en desarrollar otras alternativas, más renovables y más respetuosas con el medio ambiente. Pero queremos llegar a casa, tener buena luz a todas horas, que esté calentita, que funcione el ordenador y la televisión, no uno o dos sino uno para cada elemento de la familia y que el equipo de música vomite decibelios a tutiplén. Pero para ello hay que ser consecuentes con la forma y el precio de obtener toda esa energía. ¿Qué fue de los relojes de pulsera que había que darles cuerda todas las noches?

Morondanga es cosa inútil y de poca entidad, pero también enredo y confusión, y de esto tenemos mucho hoy en día. Es posible que tangamos las ideas claras pero como mañana mismo tendremos otras ideas claras, pues, eso, morondanga.

Otra cosa que hago cuando encuentro una palabra que me resulta novedosa es consultar al Doctor Google a ver que sabe de ella. Sorpréndase yendo a consulta y verá que hasta hay un blog titulado así, por no hablar de una canción y multitud de cosas curiosas hasta llegar a las 38.200 entradas devueltas. Espero que desde la publicación de esta entrada en el blog el número suba a 38.201.