Algunas de las personas, que ya vamos alcanzando una cierta edad, nos enfrentamos a diario con la toma de un cóctel verdadero de medicamentos prescritos por los galenos. Utilizo galenos en plural por que por lo general no es el mismo médico el que nos receta de forma conjunta todas las pastillas a ingerir. En mi caso me inyecto una dosis mensual que es la que yo, que no soy médico, presumo como la causa de todos los medicamentos que vienen detrás, como una consecuencia, recetados por diversos especialistas en sus revisiones anuales.
Los seguidores de este blog habrán percibido varias entradas (se pueden localizar utilizando el buscador) que hacen referencia a ese asunto tan controvertido del colesterol, una sustancia necesaria para la vida humana pero que a lo largo de los últimos setenta años ha sido causa de disputas en relación con los niveles adecuados en sangre. Es una historia larga y como digo controvertida, que da lugar a que muchas personas tomen a diario las por mí odiadas estatinas.
Hace unos años yo SOLAMENTE tenía ¿problemas? de colesterol en mi analítica sanguínea. En palabras del especialista de medicina interna que me trata, ya vas teniendo una edad y ese colesterol hay que mantenerlo controlado. Esta misma indicación le parecía muy bien a mi cardióloga. Ante mi rotunda negativa a ser estatineado de nuevo por las enormes complicaciones sufridas en el pasado, la solución es una inyección mensual de 300 mg de Alirocumab Praluent que yo mismo me administro. Aclaro que este medicamento solo es dispensable en las oficinas de farmacia de los hospitales bajo autorización médica renovable anualmente. Además, y siguiendo una recomendación médica adicional, lo complemento con Levadura de Arroz Rojo.
Como resultado, mi colesterol está controlado, demasiado diría yo, porque el llamado colesterol malo, el «peligroso», está en un valor de 59 en mi última y reciente analítica, cuando el valor de referencia es una horquilla entre 90 y 130. Perfecto, dice el médico, más bajo tenía que estar ¿Alguien lo entiende?
El vocablo «cascada» alude, según el diccionario, a una «caída desde cierta altura del agua de un río u otra corriente por brusco desnivel del cauce». Si lo aplicamos al asunto de los medicamentos estamos creando una metáfora muy expresiva en el ámbito clínico y de la salud para indicar «una sucesión de efectos farmacológicos en la que un medicamento desencadena una serie de consecuencias que pueden modificar la acción de otros medicamentos y provocar nuevos efectos, a veces inesperados». ¿Es un error tratar con más medicamentos los efectos secundarios de otros que se toman, encadenando prescripciones?
Aunque yo tengo mucho cuidado con este asunto, utilizo médicos especialistas en el ámbito público y en el privado. El mal, o por lo menos deficiente, funcionamiento a mi modo de ver de la Seguridad Social nos obliga a muchos ciudadanos de este país —España— a transitar por el ámbito privado, con mucho dolor de nuestro corazón y sobre todo de nuestros bolsillos. ¿Por qué hago alusión a esto? Los historiales médicos del ámbito privado —varios hospitales— no están conectados entre sí ni mucho menos con el historial en el ámbito público.
Con ello, salvo que tú lo manifiestes y consigas que te hagan caso, unos galenos no saben los medicamentos que estás tomando indicados por otros colegas suyos. Interacciones entre ellos… ¡Peligro!
Los médicos me dicen y aseguran por activa y por pasiva que las alteraciones de ciertos valores en mis analíticas de sangre surgidas a raíz de la inyección mensual de Alirocumab para el colesterol no tienen nada que ver. Pura casualidad o enfermedades sobrevenidas con el paso del tiempo y de la edad. Como ya voy teniendo una edad…
Aunque me leo con detenimiento los prospectos e interacciones de los medicamentos que tomo en la magnífica página web www.vademecum.es no sé si los médicos hacen los mismo y se mantienen actualizados. El caso es que ese medicamento avisa de tomar precauciones en pacientes con «alteraciones» hepáticas, vamos, mi caso. Por ello tomo medicamentos para controlar el nivel de glucosa en sangre, la tensión arterial y el ácido úrico, que yo insisto y mantengo son consecuencia de la inyección mensual.
Es verdad que este cóctel de medicamentos me mantiene con unos valores aceptables en mis analíticas de sangre. Pero… algunos valores que aparecen como desviados de la normativa, caso de la Bilirrubina (alta) o la Vitamina B12 (baja) no llaman la atención del médico que me dice que no me preocupe…
Entonces, me pregunto, ¿un efecto adverso provocado por un medicamento puede interpretarse como un nuevo síntoma o una nueva enfermedad? Lo más sencillo es prescribir otro medicamento para tratarlo. Lo que hablamos, la cascada. Y esto es especialmente importante en personas mayores, que en muchas ocasiones están (estamos) polimedicados; hígados, riñones, corazón, músculos, articulaciones… sufriendo posibles estragos por los medicamentos.
Creo que se impone una revisión periódica y global de los tratamientos prescritos a una persona y una valoración conjunta de TODOS los medicamentos que toma una persona. Y en este sentido, con mucho miedo y respeto, podrían las I.A.'s ser utilizadas en estas revisiones, por lo menos a un nivel primario que posteriormente fuera valorado por un profesional médico.
El cuerpo es uno y responde de diferente manera a los medicamentos —y alimentos— que se toman.
Y es que este tema ha encendido mis alarmas por la información de un médico al que sigo en internet, Alberto SanAgustín, https://www.youtube.com/@alsanagust, un canal interesante y prolífico en Youtube sobre temas médicos generalistas. En una de sus comunicaciones habla de la relación entre la Metformina —medicamento para el control de la glucosa en sangre— y la vitamina B12. Y más preguntas… ¿Tiene algo que ver el déficit de vitamina B12 con lagunas temporales de memoria? Maremía. ¿Consultamos a la I.A. sobre posibles efectos por interacción entre los medicamentos que tomamos? No sé si atreverme...


