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domingo, 20 de febrero de 2022

AUTONOMÍ…zarabanda

«La Democracia está en peligro», me comentaba esta semana en una enjundiosa conversación por wasap mi buen amigo Manolo R.R. Todo ello venía a cuento de un muy interesante intercambio de opiniones acerca del esperpento político contemplado tras los resultados de las elecciones a procuradores —estos no son diputados o congresistas— del pasado domingo 13 de febrero del 2022 en la autonomía española de Castilla y León.

Recupero para esta entrada la imagen publicada en el diario «El Mundo» en octubre de 2014 y que ya empleé en una de mis entradas sobre el tema de las Autonomías: hay varias y pueden localizarse utilizando el buscador del blog. Los personajes de la imagen son algunos ya amortizados e incluso muertos —recordemos que el Miguel Blesa que comanda el caballo económico abajo a la derecha con Rodrigo Rato a la grupa se suicidó en 2017 descerrajándose un tiro por sus líos con la Justicia—. Pero si actualizamos los jinetes con sus sucesores actuales, el trasfondo es idéntico: cada uno tira para su lado y lo de menos es la integridad de la bandera que acabará hecha jirones, aunque debe de ser de buen material porque no acierto a comprender como resiste tanto. No he conseguido averiguar a ciencia cierta quién es el autor de esta frase que es una buena documentación: «Aquí todo el mundo va a lo suyo menos yo que voy a lo mío».

Como se está pudiendo comprobar últimamente, las Autonomías españolas son como pequeños cortijos de la política nacional donde cada presidente campa a sus anchas estableciendo pactos en una que serían impensables en otra, decidiendo cuestiones a su buen entender y sin un mínimo de coordinación nacional y, lo que raya el esperpento, convocando elecciones cuando creen que es más conveniente para los intereses de su partido político. A los ciudadanos… ¡que les den! Recientes elecciones en la Autonomía de Madrid en abril de 2021 salieron bien (para los intereses de un partido político) consiguiendo de sobra los objetivos, pero una repetición del mismo estilo en Castilla y León la semana pasada ha dejado el patio patas arriba.

Las declaraciones de los líderes de los diferentes partidos sobre estos resultados no tienen desperdicio. Los análisis en tertulias y medios, cada cual según su orientación, dejan atónito al ciudadano normal que tiene algo de sesera —aclaremos que no son la mayoría— y los escenarios y condicionamientos que se manejan para los pactos de investidura y gobernabilidad son para llevarse las manos a la cabeza o, más popular y como decía mi abuela, para mear y no echar gota.

Pero aparte de todo esto, hay un trasfondo que me gustaría sacar aquí a colación. La Constitución de 1978, tras la llamada Transición pos-dictadura de Francisco Franco, puso encima de la mesa aquello del «café para todos» dejando unos criterios laxos en cuanto a la conformación de las Autonomías en su aspecto territorial. Producto de aquello tenemos adefesios —en este escrito todo es según mi opinión como no puede ser de otra manera— como las Autonomías uniprovinciales, que tenemos varias. Algunas otras, por la premura o la falta de profundidad histórica, se constituyeron deprisa y corriendo y quizá ahora se ve que no fueron lo más adecuado. En el caso de Castilla y León, a tenor de los últimos resultados electorales puede verse que a lo mejor ahora se haría de otra manera…

Al igual que pasa en el conjunto del Estado, «dentro» de la Autonomía de Castilla y León hay parcelaciones porque no quiero emplear la palabra nacionalismos que con tanta alegría se utiliza y tantos problemas trae. Viene aquí a colación el mencionar lo que ocurrió a nivel nacional con la formación de «Teruel existe» que consiguió colocar un diputado en el Parlamento. Un texto en prensa decía «El éxito de Unión del Pueblo Leonés confirma el auge de un movimiento con casi 40 años». Parece que en los resultados se atisba algo como que a León le gustaría ser una Autonomía por sí misma y no estar unida a Castilla y que incluso algunas provincias —Ávila, Soria— quisieran ser autónomas y manejar sus designios porque parece que no están muy conformes con seguir habitando bajo el paraguas de la Autonomía de Castilla y León.

Las Constituciones no son eternas. Las leyes no son eternas. El paso del tiempo las puede ir cuestionando y pidiendo a gritos su cambio en función de los nuevos usos y costumbres. La cuestión es si Soria, a la luz de los planteamientos actuales, no se hubiera constituido en 1978 como Autonomía uniprovincial como hicieron por ejemplo La Rioja o Cantabria, que no son las únicas. El mismo derecho tenía entonces y… ¡el mismo derecho tiene ahora! Y no saquemos aquella reivindicación, enquistada pero seguramente no olvidada por algunos, de ¡León, quinta provincia gallega!

Los resultados del 13-F [2022] en las elecciones a la Junta de Castilla y León dejan un escenario muy complejo y con un alto riesgo de posible bloqueo político; la victoria por la mínima del PP aboca a esta formación y su líder Alfonso Fernández Mañueco a negociaciones a cara de perro en una atmósfera de hostilidades y enfrentamientos para conseguir la investidura. Ahora se tirarán unas semanas, meses quizá, de negociaciones, propuestas y chanchullos hasta tomar una decisión que será cuando menos bastante forzada. Y si no es así, ¡madre mía!, elecciones de nuevo. Somos unos campeones, como no tenemos problemas directos los ciudadanos con nuestro trabajo, nuestra vivienda, nuestra educación, nuestra sanidad… los políticos que se representan a sí mismos y a sus intereses se afanan en sus cosas y a nosotros que nos den. Total, les vamos a votar de nuevo hagan lo que hagan.

Lo de las Autonomías clama al cielo y está pidiendo a gritos una cuando menos remodelación o cambio de paradigma. El coste altísimo que supone en recursos de sueldos de políticos, funcionarios y organismos es insoportable. Como se ha visto en los dos últimos años en el caso de la Sanidad con la pandemia de la COVID-19, provocan en los ciudadanos más problemas que soluciones, aunque solo sea comparando las medidas tomadas con otras Autonomías. Insisto en aquello de que «Aquí todo el mundo va a lo suyo…».

No sé en qué momento los políticos van a asumir que están condenados a entenderse. Y a tenor de lo que estamos viendo, sería una buena opción que se entendieran… ¡antes de unos comicios!, de forma que los electores tuviéramos que elegir entre dos opciones, la «A» y la «B». Con ello, al día siguiente había ganado una u otra y… ¡a trabajar! y desarrollar los programas que hubieran acordado ANTES de las elecciones. Lo de múltiples formaciones aderezado con el sistema electoral forzado por las circunscripciones puede arrojar una fragmentación que conduce al desastre. Yo siempre he sido enemigo del bipartidismo, pero ahora, tras las experiencias, abogo por él. En todo caso y mientras siga el actual escenario autonómico, yo quitaría a los presidentes la posibilidad de convocar elecciones fuera del plazo de cuatro años. Los resultados pondrían a unos diputados en el parlamento autonómico condenados a entenderse por cuatro años y allí dentro se las apañaran con pactos, mociones de censura o lo que proceda, pero sin el comodín para el presidente de la convocatoria de elecciones. Vamos, que tras el día de las elecciones, los elegidos se aplicaran el cuento, como decía Blas de Otero, «De aquí no se va nadie» hasta dentro de cuatro años. ¡A trabajar, señores! Que buenos sueldos nos cuestan.

Charles Louis de Secondat, más conocido universalmente por Montesquieu, afirmó que «Los intereses particulares hacen olvidar fácilmente los públicos». Otro político más reciente, Bill Clinton, nos aclaró, por si teníamos dudas, que «… en esto consiste la democracia, estúpido». Cómo no tenemos cuestiones más importantes en las que ocuparnos, sigamos jugando a la democracia, sigamos en la zarabanda, sigamos en ese «lío, embrollo, cosa que causa ruido estrepitoso, bulla o molestia repetida».

POSDATA: Cuando tenía la entrada preparada y finiquitada para su publicación, leo estos titulares en dos diarios de hoy 20 de febrero de 2022…

El Mundo: «El auge del regionalismo desangra al PSOE y pone en riesgo gobiernos regionales y municipales. Los socialistas retroceden ante localismos de izquierdas como el BNG, Más Madrid, EH Bildu o Soria ¡Ya! y temen pactos PP-Vox».

El País: «Don Benito y Villanueva de la Serena: cómo dos pueblos se convierten en una gran ciudad. Los dos municipios extremeños celebran este domingo el referéndum sobre su fusión, respaldada por todos los actores políticos y sociales. En torno a 50.000 vecinos deciden su futuro en un dispositivo electoral de 37 colegios y 60 mesas para una cita histórica con el municipalismo».



domingo, 13 de febrero de 2022

DILACIÓN

Pasa el tiempo y parece que ciertos asuntos deberían irse arreglando, pero un día tras otro se constata, lamentablemente, que no es así. Estamos a punto de cumplir dos años de la fatídica toma de contacto con las alteraciones de nuestra vida «normal» derivadas de la pandemia de la COVID-19. Las excusas siguen valiendo como patente de corso para que la gente nos apuntemos al «ajo, agua y resina», es decir, «a jorobarse, a aguantarse y a resignarse». Lo de jorobarse es por ser educado y no emplear la palabra que normalmente se utiliza en este dicho popular.

Muchas veces se echa de menos aquello de ir a un sitio a hacer una gestión o una compra y decir aquello de «por favor, quién da la vez». Podía ocurrir que no hubiera nadie esperando o que hubiera mucha gente, ante lo cual siempre se tenía la opción de marcharse y volver en otro momento, dependiendo de la prisa que se tuviera en gestionar el asunto o comprar la fruta. Pero esto son historietas del pasado, porque ahora, para todo, hay que sacar cita previa en internet y no se te ocurra acudir a ningún sitio si no vas con ella. Hasta para bajar a la piscina de la urbanización, el pasado verano hubo que sacar cita previa, esta vez por los asuntos de la pandemia y para evitar aglomeraciones de personas y poder guardar las distancias.

Tengo algunos zapatos de los de cordones guardados en el armario. Los cordones, en principio, son magníficos, resistentes, apropiados. Lo que ocurre es que estando en el armario, los cordones no serán probados y, por tanto, como en la mili, su valor «se le supone». Cuestión no baladí es cuando te pones los zapatos, tiras de los cordones y… se rompen. No eran tan buenos pero hasta que no los has usado no lo has podido constatar.

Me vienen dos ejemplos a la cabeza: la Banca Española y la Seguridad Social. Estuvimos años llenándonos la boca de lo buenos que eran estos servicios, de la fortaleza de los mismos. Como los cordones, cuando se pusieron a prueba ya sabemos lo que pasó. La Banca son empresas privadas y deberían haberse ido al guano por su mala gestión como ocurrió en otros países acabando sus directivos y dirigentes en la cárcel. Aquí no, aquí somos de los de los beneficios para mí y las pérdidas a repartir: Papá Estado, con el dinero de todos, saneó las finanzas de los Bancos inyectando miles de millones de euros con una promesa de devolución de los dineros que me atrevo a asegurar que nunca veremos. Mientras algunos «listos» disfrutan de planes de pensiones y buenas cuentas repletas de los euros sustraídos —la palabra sería robados— la población en general vemos como los impuestos cada vez llegan en menor cantidad a los servicios públicos, menoscabando sin pausa el conocido como estado del bienestar. Entre tanto político, tanto asesor y tanta administración, administracioncitas y administracioncillas no hay dinero para servicios esenciales para la ciudadanía (que no tiene sus cuentas repletas de euros) como la educación o la sanidad.

El otro ejemplo es la Seguridad Social, un ente público y por tanto no equiparable a la Banca. Pero aquí, en España, tenemos 17+2 entes públicos, por aquello de las competencias completas cedidas por el Estado a las Comunidades Autónomas. Desconozco el control, si es que era posible alguno, realizado por el Estado, pero cada Comunidad ha campado a sus anchas —están facultadas para ello y es su obligación— en la gestión de Centros de Salud, Ambulatorios, Hospitales y Servicios. Pues eso, que cuando llegó la pandemia de la COVID-19… todo patas arriba: no hay que repetir aquí los problemas de falta de material, de plantillas, de… todo. Cada cual (Autonomía) hizo lo que pudo, se buscó las habichuelas dentro y fuera del país (por ejemplo, para comprar trajes y mascarillas) y como resultado tuvimos, y seguimos teniendo, un descontrol bastante generalizado.

Otro día hablaremos de ello, pero se necesita receta médica casi hasta para comprar aspirinas. No es broma, el medicamento ADIRO que es como una aspirina, no te lo dan en la farmacia si no aportas una receta médica y además «oficial», no vale cualquier papel. Por poner otro ejemplo de medicamento que he necesitado, un simple enema para un vaciado intestinal, tampoco te lo dan sin receta. Y unos cuantos más, insospechados, que hace que parezca que hasta las Juanolas necesitan receta. Y las recetas las dan los médicos. Y los médicos… se les espera, pero no están… disponibles.

El miércoles de esta semana 9 de febrero de 2022 he necesitado recetas. A través de la maravillosa aplicación en el teléfono móvil de la Comunidad Reino de Taifas de Madrid, solicito una cita telefónica con mi médico de cabecera y me ofrecen la primera cita, telefónica,  disponible para el 22 de febrero de 2022 ¡¡¡14 días!!! Pensé que pudiera estar funcionando mal la aplicación y me acerqué al mostrador de mi Centro de Salud a pedir la cita personalmente y… ¡¡¡mismo día y hora!!! La aplicación estaba funcionando bien. Lo que funciona condenadamente mal es el servicio.

¡Para unas prisas! Al final, en la farmacia de toda la vida, donde me conocen, he mostrado la cita en mi teléfono y me han dado los medicamentos, a su precio original que he tenido que abonar comprometiéndome a volver cuando mi médico me haya cargado en la tarjeta las recetas, porque ellos no pueden despachar medicamentos sin recetas. La pescadilla que se muerde la cola, el huevo y la gallina: tu médico no te hace las recetas hasta dentro de 14 días —espero que me las haga— y en la farmacia no te pueden dar los medicamentos sin ellas. Por lo menos me han sellado las cajas de las medicinas lo que supondrá que me devuelvan algunos euros cuando presente las recetas, si es que las consigo.

No alcanzo a comprender cómo personas que tengan cuestiones médicas urgentes pueden soportar esta dilación, demora o tardanza en conseguir acceder a su médico. Desde luego, la medicina privada no puede tener mejor anunciante que el desastroso funcionamiento de la medicina pública. O a lo peor es que yo tengo mala suerte, debe de ser eso.




 

domingo, 6 de febrero de 2022

CONSTITUCIONES

Produce una sensación placentera el conocer con bastante detalle unos hechos ocurridos hace quinientos años, siempre claro está que estés interesado en la Historia, como es mi caso desde algún tiempo. Hace unos meses era un ignorante por completo de este asunto y ahora sé un poco más sobre la Guerra de las Comunidades, aquella de la que solo se estudiaba el ajusticiamiento por parte del rey Carlos I de los cabecillas Bravo, Padilla y Maldonado. Pero hay mucho más sobre este asunto que, como otros tantos, se quiso borrar para siempre.

Volviendo al título de esta entrada, un asunto delicado este de las Constituciones, concretadas en la acepción cuarta del diccionario que dice que se trata de una «Ley fundamental de un Estado, con rango superior al resto de las leyes, que define el régimen de los derechos y libertades de los ciudadanos y delimita los poderes e instituciones de la organización política». En España hemos tenido unas cuantas «constituciones» desde que se pusieran de moda allá por los finales del siglo XVIII. Enseguida nos viene a la memoria la francesa de 1791 pero por mencionar una anterior está la de Estados Unidos de 1787 que curiosamente reconoce expresamente estar basada en una española de doscientos cincuenta años anterior absolutamente desconocida: La Ley Perpetua de 1520.

En España nos suena a todos la Constitución de Cádiz de 1812 conocida como «La Pepa», que fue la primera promulgada, aunque de corto y escaso alcance. Los españoles seguimos teniendo pendiente nuestra revolución porque, después de muchas alharacas, levantamientos y pronunciamientos, nos contentamos con pequeñas reformitas que den gusto a todos y así vamos, renqueando siglo tras siglo. Viene a colación una frase, que se me ha quedado grabada a fuego, pronunciada por el profesor Eduardo Juárez Valero en la última clase impartida ex aequo con Joaquín González-Herrero —que tuvo lugar el pasado lunes 31 de enero de 2022— del formidable curso monográfico de la Universidad Carlos III de Madrid titulado «V Centenario de la Guerra de las Comunidades». La construcción del poder legislativo». La frase es la siguiente, que pongo en negrita para que resalte: «Llegamos tarde a todo porque no sabemos consolidar lo que hacemos antes que nadie».

Aparte de los muy interesantes hechos, con sus antecedentes, de la Guerra de las Comunidades, las dos últimas clases del monográfico han estado centradas en una pieza tan importante como desconocida: La Ley Perpetua. En la penúltima clase el profesor Eduardo Juárez Valero y el mismo en la última en comandita con el autor del libro cuya portada ilustra esta entrada, Joaquín González-Herrero, han puesto ante los ojos de unos pocos atónitos estudiantes el contenido de unos principios elaborados por unos «desharrapados pueblerinos» de la todavía no España de los albores del siglo XVI que, hartos de sufrir atropellos por parte de reyes, nobleza y clero, se levantaron en armas y propusieron esta ley no contra el rey, no contra nadie, sino a favor de todos, como estrategia de un futuro mejor.

En palabras contenidas en el libro aludido… «La dramática derrota de Villalar de 23 de abril de 1521 es uno de los acontecimientos más tristes de la Historia de España. Supuso el final de un sueño, la temprana utopía de pretender someter el poder real a la ley, a la razón y a la justicia. Traza sin duda la frontera entre el ayer medieval y el mañana de la modernidad que no fue». También, en otro párrafo… «La Guerra de las Comunidades, como primera revolución burguesa moderna en Europa, tuvo una dimensión nacional. Sus consecuencias afectarán de manera inevitable a los reinos de España. Y la sombra de la derrota, densa y alargada, se llegará hasta nuestros días».

se llegará hasta nuestros días… Y bien que ha llegado porque al final los vencedores, el rey y sus acólitos, se afanaron en borrar cualquier atisbo de modernidad y en seguir a lo suyo que les era tan productivo, mientras que el pueblo llano siguiera pechando, por emplear un vocablo de la época. Los planteamientos que hoy calificaríamos progresistas de aquellos que todavía no eran españoles quedaron en el olvido para siempre…y ahí siguen.

Merece muy mucho la pena leer los capítulos de esa Ley Perpetua. Un texto accesible en la red puede obtenerse en este enlace. Perpetua significa «Que dura y permanece para siempre» y por ello hoy seguiría siendo muy válido y productivo hacerla caso, aunque lo de observar leyes y constituciones no parece que sea hogaño un deporte muy consolidado entre nosotros. Vericuetos y caminos alternativos son utilizados para burlar a la justicia, una justicia que no actúa, o cuando lo hace es tarde y mal, para que los de siempre sigan pechando mientras unos cuantos se mantienen en el machito a costa del esfuerzo de los demás. Lo de siempre, más y más de lo mismo.

Estas dos semanas pasadas unos cuantos alumnos interesados hemos tenido un acercamiento profundo a la esencia de estos párrafos redactados por unos revolucionarios que no querían apartar a su rey, sino reconvenir la convivencia entre todos de cara al futuro. La vida en sociedad es un esfuerzo continuo por entenderse entre todos, pactar unas reglas de convivencia y, lo más importante, asumirlas a continuación hasta que surjan nuevas formas de relación que justifiquen el cambiarlas. ¿Les suena a nuestros políticos esto de que están convenidos a entenderse? Me temo que no, a tenor de sus últimas actuaciones donde lo que prima es el enfrentamiento enconado de sus particulares puntos de vista que me temo están muy lejanos de lo que piensa el común de la ciudadanía.

Ya sé que es mucho pedir en estos tiempos que corren asomarse a un texto de algo menos de treinta páginas y además escrito hace quinientos años y que no llegó a nada. Pero quizá nuestros representantes públicos, como parte de su trabajo, podrían por lo menos asomarse al apartado «En lo que toca a los procuradores de cortes y sus servicios» y tomar buena nota de lo que allí se propone.

«Agua pasada no mueve molino», pero en temas históricos debería hacerlo, al menos en conocimiento para no repetir machaconamente una y otra vez ciertos hechos y actitudes. Pero me temo que es un asunto perdido. Cuando acababa de redactar este escrito, un trino de ahora mismo de Arturo Pérez Reverte nos dice que «Toda España es una broma perpetua. Por eso nuestra historia termina tan a menudo en tragedia». Sigamos, empecinados, instalados perpetuamente en el mundo de la broma.