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domingo, 13 de marzo de 2022

GUERRA

A caballo entre los siglos XVIII y XIX, Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz, militar prusiano y uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar moderna, manifestó: «Cada tiempo tiene su forma peculiar de guerra». Vamos, que las guerras han sido fieles compañeras del hombre desde la prehistoria hasta nuestros días y, parece imposible, seguirán existiendo por los siglos de los siglos. Desde molerse con palos y piedras en la antigüedad, la evolución nos ha llevado a los misiles y las bombas atómicas con una capacidad destructora inimaginable, a distancia y sin mancharse las manos, con solo apretar un botón cómodamente sentado mientras se disfruta de un gin-tonic.

¿Se pueden entender las guerras? Insisto, ¿se pueden entender HOY las guerras? ¿Qué es la guerra? Las implicaciones trascienden las fronteras de lo meramente militar para abarcar todos los aspectos de la vida del ser humano. Es difícil, pues, comprender hoy en día las guerras, pero a la vista de que se siguen produciendo no queda más remedio que asumir su existencia y tratar de entenderlas y aprender de ellas para evitar en lo posible su repetición. Se siguen produciendo en todo el mundo y concretamente en Europa; no hace ni treinta años que una tuvo lugar en Yugoslavia, ahí al lado en términos actuales, aunque esta era de carácter civil, interna, entre personas cercanas que volvieron a métodos de la antigüedad para dirimir a golpes sus diferencias.

La potencia militar de las naciones hoy en día es completamente asimétrica. Comparar Rusia con Ucrania en términos de calidad y cantidad en su armamentística es como comparar una hormiga y un elefante. «Los enfrentamientos crecen en complejidad, tienen un número cada vez mayor de nuevos actores, y suelen ser ajenos a los Estados. La guerra ha sido una triste realidad para la humanidad desde tiempos ancestrales. Los motivos para que los humanos se organizaran en grandes ejércitos para derrotar a un rival han sido muy diversos. Desde las clásicas luchas por recursos naturales a guerras personalistas a cuenta de ambiciosos líderes».

¿Ambiciosos líderes? ¿Sólo un líder? ¿Solo Putin ahora? No hay duda que es secundado por una estructura de personajes adláteres que por acción u omisión secundan semejantes dislates que ponen en un brete la convivencia de los pueblos y a una escala que puede llegar a ser mundial. Recordemos las figuras recientes de, salvando las distancias en el tiempo, Napoleón o Hitler… No aprendemos de la historia y esta, machaconamente, se repite.

Volvamos a lo de entender esta locura. Esta semana, una conocida periodista, Ana Pastor, emitía un trino en twitter iniciando una cadena para proponer libros que puedan ayudarnos a entender los conflictos. Actualmente se habla mucho de geo-xxx —geoestrategia, geopolítica…— como materias de estudio que ayudan a comprender ciertos actos humanos de cualquier índole, no solo guerras, basándose en cuestiones básicamente geográficas. De estudiantes en mi época nos asomamos a la pura y simple geografía, pero ahora hasta hay cursos universitarios basados en estas geo-xxx.

Los trinos de la propia periodista y las respuestas —las constructivas— de algunos tuiteros pueden darnos una idea de libros interesantes a tener en cuenta si queremos formarnos una idea de un aspecto tan complicado como la guerra. Aparte del honor de un líder o un país, los trasfondos actuales terminan por ser por lo general económicos en esta era de la globalización. Y si no, pásese por una gasolinera hoy o eche un vistazo a la factura de la luz o el gas. Y la cosa no tiene visos de parar.

He ido tomando nota durante algunos días de los libros recomendados, confeccionando una lista que quiero dejar en esta entrada para mi servicio propio y de aquellos a los que pueda interesar. El curioso lector observará que he omitido, expresamente, aquellos que tratan de la Guerra Civil Española, aunque no puedo por menos de comentar dos de ellos que deberían ser de obligada lectura: «Tres días de julio», de Luis Romero y «A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España» del gran Manuel Chaves Nogales. Hay muchos más, evidentemente sobre este negro episodio de la historia española desde el que no han transcurrido ni siquiera cien años todavía.

Por no enredar más esta entrada, solo mencionar que el cine nos ha dotado también de fenomenales películas bélicas. Y hay también muchos libros clásicos sobre el tema, pero vamos con la lista de libros —actuales— que he ido recopilando en estos días y que me han parecido que pueden ser interesantes para el tema que nos ocupa…

  • Aleksiévich [NOB2015], Svetlana - El fin del homo soviéticus
  • Aleksiévich [NOB2015], Svetlana - Los muchachos de zinc. Voces soviéticas de la guerra de Afganistán
  • Armada, Alfonso - Sarajevo
  • Bábchenko, Arkadi - La guerra más cruel
  • Buergenthal, Thomas - Un niño afortunado
  • Chaves Nogales, Manuel - La agonía de Francia
  • Fallaci, Oriana - Nada y así sea
  • Grimm, Hans Herbert - Historia y desventuras del desconocido soldado Schlump
  • Hasek, Jaroslav - Las aventuras del buen soldado Svekj
  • Keegan, John - Historia de la guerra
  • Macintyre, Ben - Espía y traidor. La mayor historia de espionaje de la Guerra Fría
  • Madina, Eduardo & Sémper, Borja - Todos los futuros perdidos
  • Pampliega, Antonio - Las trincheras de la esperanza
  • Pomerantsev, Peter - La nueva Rusia. Nada es verdad y todo es posible en la era de Putin
  • Prieto, Mónica G. & Espinosa, Javier - La semilla del odio
  • Seierstad, Asne - El ángel de Grozni
  • Seierstad, Asne - El librero de Kabul
  • Sistiaga, Jon - Ninguna guerra se parece a otra
  • Taibo, Carlos - Rusia frente a Ucrania. Imperios, pueblos, energía
  • Teller, Janne - Guerra. ¿Y si te pasara a tí¿
  • Vojnovic, Goran - Yugoslavia, mi tierra
  • Weil, Jiri - Mendelssohn en el tejado
  • Zweig, Stefan - El mundo de ayer. Memorias de un europeo

No olvidemos que «El resultado siempre fue el mismo. La muerte y la violencia destruyendo las vidas de sociedades enteras». Y si nos asomamos al diccionario buscando la definición de la palabra guerra, veremos que se trata de «desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias» o «Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación».



domingo, 6 de marzo de 2022

PEGA

En una actualidad marcada por las innovaciones tecnológicas profundas y a gran velocidad, entre las que se encuentra la llamada internet de las cosas, la cantidad de información a la que accedemos a diario es sencillamente descomunal. Los dispositivos electrónicos —ordenadores, tabletas o teléfonos— nos inundan día a día con textos e imágenes que van haciendo que leamos y veamos gran parte de las noticias por encima sin prestar toda la atención que debiéramos para una comprensión adecuada. Bien es verdad que no siempre tenemos el mismo interés en todo, pero la costumbre puede relajar nuestra capacidad de comprensión.

En las visitas a mi madre, de 94 años y que ha perdido prácticamente la audición, me he dado cuenta en un asunto que puede estar relacionado con el tema que pretendo plantear hoy aquí. En vista de que no oye y no hay forma humana de que utilice los audífonos, la única posible manera de comunicarse con ella es a través de textos escritos, porque la vista la conserva perfectamente y lee bien. Utilizo el teléfono móvil, selecciono letras grandes y escribo lo que la quiero decir. Muchas veces se trata de preguntas para tirarla de la lengua y poder mantener una conversación, pero ocurre lo siguiente: lee el texto perfectamente, acaba de leerlo y … nada. No se ha enterado de lo que ha leído.

Reconozco que esta situación me ha ocurrido a mí en alguna ocasión. Hacer una lectura comprensiva, enterándote de lo que lees, requiere una atención especial. Si te concentras en leer un texto bien, por ejemplo, ante un auditorio, posiblemente al acabar no te hayas enterado de lo leído; menos mal que no te preguntan por ello porque tú mismo te das cuenta de que no te has enterado de nada y eso que lo acabas de leer.

De estas triquiñuelas se sirven los amigos de lo ajeno. Y lo hacen muy bien, tratando de confundirnos y llevarnos por caminos que pueden acabar con un menoscabo en nuestras cuentas o tarjetas bancarias. Muchas veces son falsedades, pero otras nos están anunciando el engaño con toda claridad, pero nuestra lectura rápida nos impide apreciarlo.

Los Certificados Digitales, mal que nos pese, van a ser cada vez más imprescindibles para relacionarnos con la Administración y con empresas. La presencialidad, siempre previa cita telefónica o a través de internet, se está poniendo cada vez más complicada y difícil cuando no hay ciertas operaciones, caso de algunas con Hacienda, en las que los papeles han desaparecido y se necesita sí o sí un certificado digital para rellenar y presentar los expedientes. El Certificado Digital más extendido en España según tengo entendido es el de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre ( FNMT ) que podemos tener cargado en nuestro navegador del ordenador o en nuestro teléfono móvil de forma que nos simplifique la vida… o nos la complique en caso de que nos roben o perdamos el teléfono o nos hackeen nuestro ordenador.

Otra posibilidad, menos extendida y que también es válida, es utilizar el Certificado Digital contenido en el chip de nuestro DNI, aunque aquí la cosa se complica un poco más al tener que utilizar un lector de tarjetas adicional para el ordenador y desconozco —una cuestión a indagar— si se puede utilizar en el teléfono móvil.

Aunque utilizo regularmente el de la FNMT, siempre es bueno tener una alternativa y el del DNI lo es, pero todas estas cosas tienen una caducidad y así estaba el mío: caducado. La renovación requiere personarse en una dependencia de la Policía Nacional en la que se encuentre un cajero como el que puede verse en la imagen donde a través de nuestra huella dactilar podemos renovar nuestro certificado. Entonces, el asunto es conocer las dependencias donde están ubicados estos «cajeros» y enterarse si se puede acceder a ellos de forma libre y sin tener que pedir citas. También hay que mencionar que no todos los DNI’s vigentes admiten la renovación porque han cambiado los sistemas de utilización del chip y se necesita un DNI de última generación. A modo de ejemplo, el mío, expedido ya hace unos cinco años no admite la renovación del certificado, cuestión de la que me enteré cuando lo intenté en una máquina de una comisaría. La solución es renovarlo de forma anticipada para disponer de uno de última generación.

Obtener esta información, como otras muchas cosas, nos lleva a buscar en internet, lo que requiere una atención especial por todo lo que estamos comentando. La primera página de información que me sale es la imagen que encabeza esta entrada. Una página aparentemente «oficial» donde está la información que vamos buscando. Pero… si leemos atentamente, porque figura claramente, veremos que se trata de una página no oficial, que no es ni de la Policía Nacional ni gubernamental. Tres textos en la imagen nos indican claramente que se trata de…

—Un portal informativo no oficial independiente de organismos oficiales.

—Servicio prestado por la empresa Attelper S.L.

—El teléfono de atención es un 807 (alto coste).

¿Nos están engañando? Lo pone todo bien clarito… si tenemos la suficiente paciencia y el sentido común para que se nos disparen las alarmas y nuestro sentido común nos haga detectar que se trata de una engañifa y que si caemos en ella no tendremos nada que denunciar salvo mortificarnos por nuestra mala cabeza.

Esto es solo un ejemplo. El refrán, muy machista, pero esclarecedor en estos asuntos de «al papel y a la mujer hasta el culo has de ver» cobra una importancia capital que debe gobernar nuestras búsquedas en internet y nuestras lecturas de wasaps, mensajes o correos electrónicos para no caer en estos cebos, algunos muy burdos, pero otros muy bien logrados.

Ojo avizor, pues, y desconfianza de aquello novedoso a lo que nos asomemos o que nos llegue sin haberlo solicitado, aunque sea de amigos o conocidos que pueden haber sido suplantados.


domingo, 27 de febrero de 2022

MADRUGONES


«Sarna con gusto… no pica». La cuestión es si mortifica, porque las posibles molestias ocasionadas por asuntos placenteros no solo no incomodan, sino que incluso pueden llegar a gustar. Así lo declaraba, sin rubor, después de cincuenta años de secuestro tenaz, Juliette Drocet, amante de Víctor Hugo: «Creedme: soy inmensamente dichosa, porque él es quién me hace desgraciada».

Esta semana de febrero de 2022 han sido cinco los madrugones —entre las tres y las cinco— para ver en directo partidos de tenis masculinos que se están celebrando en Acapulco, México, ciudad con la que mantenemos ahora una diferencia de siete horas. Aclaro para quién no sepa mi debilidad, que son partidos en los que compite Rafa Nadal. Llegará un momento en que se retire y me «liberará» de este «vicio» auto impuesto de intentar ver todos sus partidos ahora que mi situación personal me lo permite.

He practicado deporte toda mi vida siempre que he podido. Me gusta decir que he jugado a todo, pero mal, aunque he tenido mis pinitos en fútbol —me retiré a los 45 años por lesión—, baloncesto, tenis, ciclismo de carretera y de montaña, carreras —siete maratones y otras muchas carreras menores—, esquí, judo, natación, gimnasia, senderismo… He tenido muchos altibajos debido a mantener un sobrepeso contenido durante muchas etapas de mi vida que me ha ocasionado lesiones varias y muy especialmente en las rodillas, con cuatro intervenciones de menisco y una última, el año pasado, en que ya no había más remedio que poner una prótesis que por cierto casi un año después me funciona a las mil maravillas.

Por unas cosas y por otras, lo de hacer deportes intensos se ha terminado. Poco a poco voy recuperando dos de ellos más suaves: gimnasia para mantenimiento general y sin pretensiones de hacer musculitos y senderismo, para poder volver a disfrutar de caminatas por sendas y montañas.

También, durante mi vida, he gustado de disfrutar de las retransmisiones deportivas por televisión. No he llevado la cuenta de las horas empleadas en esta actividad, pero desde luego que han sido muchas. Ahora sigo empleando tiempo, pero de forma más selectiva. Por ejemplo, soy incapaz de ver un partido de fútbol salvo que sea una final muy sonada de una Copa de Europa o de la Selección, más que nada porque necesito ese tiempo para hacer otras cosas que me generan mucha mayor satisfacción. No veo baloncesto, no veo carreras de motos o coches, no veo… A lo que no puedo resistirme, por ahora, es a los partidos de tenis —solo si participa Nadal— y al atletismo —solo en Campeonatos del Mundo cada dos años y Olimpíadas cada cuatro.

El problema de los partidos de tenis es que, salvo los primeros de la jornada, por lo general no tienen una hora de comienzo fija ya que dependen del desarrollo de los partidos anteriores. Cuando es por el día, este detalle no tiene mucha importancia, porque se puede estar haciendo otras cosas y echar un vistazo de vez en cuando a ver si ha comenzado el que nos interesa. Pero… ¿y por la noche? Si ponemos el despertador a una hora y el partido se ha atrasado o adelantado nos habremos despertado sin atinar a lo que vamos buscando. Necesitaríamos un despertador «inteligente», que sonara justo cuando el partido comienza. ¿Existe este despertador conectado vía internet al momento de comenzar un evento deportivo?

Sigo en Twitter al que fue magnífico tenista en su día y ahora es un formidable comentarista de tenis, Álex Corretja, aunque según la cadena que retransmita el partido podremos o no disfrutar de él. He saboreado sus comentarios y enseñanzas en Eurosport y en RTVE. En una interacción con él, le pregunté si conocía algún sistema de «despertador» del tipo que hemos hablado y me contestó que echara un vistazo a una aplicación gratuita para el móvil llamada SofaScore. ¡Bingo! La aplicación informa con detalle exquisito de los eventos, horarios y resultados de una montonera de deportes, entre los que se encuentra, menos mal, el tenis. Y no solo eso, sino que para un partido concreto permite activar notificaciones al móvil en momentos elegibles, por ejemplo y en el caso del tenis, cuando comienza un partido determinado, cuando hay un «break», cuando acaba un «set» y cuando acaba el partido. A mí me interesa especialmente, y es el que utilizo por las noches, el aviso de comienzo de partido, porque me sirve de despertador a la hora exacta, sin tener que hacer especulaciones con horarios en el despertador. Suena, me levanto, me pongo enfrente de la televisión y… ¡a disfrutar!, más cuando gana Rafa y algo menos cuando pierde, aunque como no hay mal que por bien no venga, cuando pierde significa que te ahorras los subsiguientes madrugones de ese torneo, aunque, sinceramente, prefiero seguir madrugando hasta el final.

Cuando no podamos estar frente al televisor, pero tengamos el teléfono a mano, esta aplicación nos permite seguir, ¡al segundo!, el desarrollo del acontecimiento. Y además con una salvedad que permite un juego al que algunas veces no puedo resistirme: la retransmisión televisiva suele tener un retrasillo de algunos segundos (hoy han sido hasta 15) por lo que se puede saber con una cierta antelación el resultado de los puntos que se están desarrollando en la pantalla, un poco como ser adivino del futuro que va a ocurrir. En momentos de tensión se puede caer en la tentación de saber lo que va a pasar y si estás viendo el partido en compañía de alguien que no conoce esto, anticipar el resultado como si fueras un brujo… jajaja.

En este mundo moderno de internet y dispositivos, parece casi impensable que no haya algo específico para una necesidad que tengamos; lo difícil es encontrarlo y, si no lo hay, siempre podremos movernos en las redes para crearlo nosotros o posibilitar que otros lo hagan si se llega a despertar su interés.

Así que, como sobre gustos no hay nada escrito, mantendré mientras pueda esta debilidad, con la que no hago daño a nadie, mientras Rafa siga en activo. Bueno, algunas veces como hoy, me ha provocado un retrasillo en alguna otra actividad, pero como dice mi buen amigo Miguel Ángel, no tengo ninguna prisa ni nadie que me la meta (la prisa, se entiende). Por otro lado, se dice que… «a quién madruga —aunque sea para ver un partido de tenis— Dios le ayuda…». Y encima hoy 27 de febrero de 2022 ha ganado Rafael Nadal el torneo de Acapulco. Ahora a esperar los siguientes… madrugones.

No puedo acabar esta entrada, hoy especialmente, sin entonar un profundo grito de

«NO A LA GUERRA»

que esta semana de febrero de 2022 ha iniciado Rusia contra Ucrania. Parece impensable en el mundo actual, pero siempre hay algún visionario que pierde la cabeza secundado por otros muchos, que no la pierden pero se adhieren.