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domingo, 26 de octubre de 2008

CONFIGURAR


Recibo en estos días insistentes y reiterados mensajes en mi teléfono móvil, supuestamente procedentes de la compañía a la que abono las facturas, informándome de que está mal configurado. Sin más explicaciones, se me insta a que acepte un segundo mensaje que supuestamente lo configurará. El configurador que lo configure buen configurador será.
En ningún momento se me dice que es lo que tengo mal, en mi teléfono, según su punto de vista, para que yo decida si dejarlo como está o admitir el cambio que me proponen. Eso suponiendo que el mensaje proceda de donde parece proceder y no sea un timo que al final de mes incremente mi factura de forma desorbitada, teniendo que abonar las llamadas de otras personas. Se oyen tantas cosas que todo puede pasar y en estos temas he aprendido en cabeza ajena a ser desconfiado hasta extremos que rayan lo patológico.
Hace ya tiempo escribí una entrada en este blog que se titulaba “EMOCION”, en la que contaba como los menús y teclas del teléfono móvil estaban “sabiamente” dispuestos para que, sin querer, pulsásemos la tecla que da paso a lo que se denomina “emoción”, que no es otra cosa que la conexión especial al mundo de internet. Lo malo de este asunto es que, aunque te des cuenta de forma instantánea, la pulsación aplica un euro de mínimo a tu factura. Tantas veces te equivoques, tantos euros que pagas, sin posibilidad de escaparte, y eso aunque cortes inmediatamente la conexión.
Como decía, me costó trabajo y esfuerzo cambiar la disposición de las teclas para evitar pulsarlas por error y “emocionarme”. ¿Será a estos cambios a los que se refieren cuando me dicen que tengo mal configurado el teléfono? ¿Será que no me “emociono” lo suficiente?
En principio yo no he utilizado ninguna opción que no se pueda utilizar, con lo cual parto del principio de que mi teléfono está bien, como yo lo quiero tener, que mi buen trabajo me ha costado ponerlo como está, a mi gusto. Desde luego, o me informan lo suficiente o la aceptación del mensaje para que me hurguen en las tripas de mi dispositivo lo va aceptar Rita la Cantaora y además vaya usted a saber qué día. Eso sí, informan que en todo momento es una operación gratuita y sin coste alguno. Estaría bueno que la posibilidad de “emocionarme“ de nuevo me costara dinero.
Y hablando de cosas más serias, me llama la atención la palabra configurar. En asuntos parecidos de informática, los profesionales de la misma usan una parecida derivada claramente del inglés “custom” denominada “customizar”, inválida en castellano, y que se aplica a la adaptación de programas informáticos al gusto o necesidades del usuario. La palabra configurar podría proceder también del inglés “config”, pero en este caso la etimología es latina, siendo la palabra originaria “configurare”. Sin embargo el significado que nos muestra el diccionario se aleja de lo que pudiera ser un cambio en un dispositivo como un teléfono móvil, ya que lo define como “dar determinada forma a algo”, lo que parece aplicarse a formas más físicas, como una madera, barro, mármol o materiales similares.
En fin, no quiero dar forma a mi móvil, que la forma externa que tiene me gusta y de modificar sus interioridades ya me ocupo yo.

viernes, 17 de octubre de 2008

DUELO


Siempre me han dicho que las cosas no se valoran hasta que no se tienen. Tu marcha, así, sin avisar, sin darme tiempo, me ha dejado un vacío que en todos los momentos del día se me antoja muy imposible de llenar. Tantos proyectos en marcha, tantas cosas pendientes, tantas discusiones por discutir se han quedado esperando un turno que ya nunca llegará.
Lo que tenemos cerca, lo que podemos tocar, con los que podemos hablar, interaccionar, reir o llorar son precisamente con los que no hacemos todas esas cosas. Parece que no hay tiempo, nos aferramos a realidades que nos parecen más lejanas y no prestamos atención a cuidar y disfrutar lo que realmente nos importa. ¡Qué fácil es pensar todo esto ahora que ya no estás¡ Pero qué difícil fue materializarlo cuando se podía. Si, claro, es cierto, hay que seguir adelante, pero ¿cómo? Cualquier cosa es un mundo sin ti, y hasta las tareas, y hasta los pensamientos, más insignificantes carecen de sentido y caen desbordados antes de ni siquiera considerar su puesta en práctica.
Cuando se tienen las cosas y las personas cerca no se valoran. Ahora ya es tarde, pero aún así sirvan estas líneas como intención de expresarte mis sentimientos, algo que nunca hice y ahora por lo menos intento desde la desesperación de tu ausencia.
Sé que no volverás, pero me resisto a ello e intento retenerte, aunque cuanto más lo hago más te me escapas. Vivíamos como teníamos que vivir e hicimos lo que teníamos que hacer en cada momento. La vida nos lleva a todos en volandas, individualmente y en común, por unos vericuetos a los que nos parece que es imposible sustraerse.
Podíamos habernos dicho muchas cosas, pero no lo hicimos. Mientras estuvimos juntos, a pesar de nuestras diferencias, mantuvimos un ideal compartido y una dirección que no necesitó de palabras. Esto me bastó, esto nos bastó a los dos y por eso avanzamos juntos en nuestro desarrollo personal y en el de nuestra familia.
Ahora y no es el momento de hacer lo que no se hizo. Ya es materialmente imposible. No te
atormentes por ello y piensa que desde mi punto de vista a mí también me ha ocurrido lo mismo. En cierto modo, tú también te has ido para mí y tus mismas sensaciones de no haber dicho o hecho son compartidas por mí. Estamos empatados y congelados en dos realidades distintas en las que ya no nos podemos comunicar.Guarda mi recuerdo en tu corazón y que no sea un impedimento en tu aprendizaje de una nueva vida sin mí. Que mi recuerdo te ayude y que seas muy feliz haciendo lo que esta nueva vida te depare. Mi ausencia es un hecho que te hará reflexionar pero solo para extraer lo que de aprendizaje positivo tenga de cara a tu futuro, que quieras o no, tienes que seguir construyendo.

domingo, 12 de octubre de 2008

DESESPERACIÓN

Las cosas que se aprenden en la infancia y en los primeros años de la adolescencia perduran en la memoria durante mucho tiempo y con cierta intensidad. En el bachillerato, el profesor de lengua nos indicó que debíamos comprar el libro “Las Mil Mejores Poesías de la Lengua Castellana”, que como su nombre indica era una recopilación muy cuidada del tema. Una vez adquirido y por el momento teníamos que aprender una poesía, la que eligiéramos, no importaba el tamaño, pero con una advertencia especial que perdura en mi memoria: “no podíamos elegir la de la página 295”.

Una vez el libro en nuestras manos, lo primero de todo estaba claro, había que ir a la paginita en cuestión a ver de qué se trataba. En ella estaba una poesía titulada “La Desesperación” de José de Espronceda. Recuerdo que la leí y todavía flotan en mi mente algunos fragmentos, en especial aquel que el profesor, sacerdote por más señas, no quería que nos aprendiéramos . Decía así

Me agradan las queridas
Tendidas en los lechos
Sin chales en los pechos
Y flojo el cinturón
Mostrando sus encantos
Sin orden el cabello
Al aire el muslo bello
Que gozo, que ilusión.

La que al final decidí aprenderme era muy cortita pero tenía mucha enjundia, no recuerdo el autor, y de vez en cuando medio en broma medio en serio se la recito a mi hija

Admiróse un portugués
al ver que en su tierna infancia
todos los niños de Francia
supieran hablar francés.
"Arte diabólico es"
dijo torciendo el mostacho,
"que para hablar el gabacho
un hidalgo en Portugal
llega a viejo, lo habla mal
y acá lo parla un muchacho".

Hace algún tiempo me regalaron el libro y, claro está, lo primero que hice fue dirigirme a la famosa página 295 a ver la poesía proscrita. Grande fue mi sorpresa cuando allí no se encontraba. Bueno, consecuencias de la reimpresión, de los tipos de letra, de una nueva maquetación o de cualquier otra cosa. Busqué en el índice las poesías de Espronceda y entre ellas, oh sorpresa, no estaba. Por el momento así quedó la cosa.

En este año se cumplen los doscientos años del nacimiento de Espronceda. Me dio por retomar un poco el tema y averiguar qué había pasado. Costó un poquillo pero al final me hice con la solución. Buscando y rebuscando en el desván de la casa de mis padres, entre mis libros viejos, que no viejos libros como había escrito inicialmente, del bachillerato y otros que andan por allí, apareció el ejemplar de las mil mejores poesías que habíamos manejado en el colegio. Era la edición vigésimo primera y había un matiz que no recordaba: la poesía en cuestión estaba atribuída a Espronceda.

Haciendo de ratón por el ejemplar más moderno, trigésimo primera edición, he encontrado la solución al caso: la poesía “La Desesperación”, atribuída a Espronceda durante mucho tiempo es ahora de Juan Rico y Amat.

Tenemos que poner al día nuestra memoria. La cosas, incluso las antiguas y de toda la vida, cambian…. ¿no han declarado que Plutón no es un planeta?

jueves, 9 de octubre de 2008

PRÓLOGO

Hace algo más de tres años, una amiga que iba a publicar un libro me pidió que escribiera unas letras para utilizar como prólogo del mismo. Nunca antes, ni después, me he visto en esa situación, desde mi punto de vista algo comprometida. Ya dijo una vez un amigo que “no hay soluciones técnicas a problemas políticos” y por mor de estos últimos, las primeras páginas del libro fueron cedidas a otra persona, de más renombre, supongo porque la editorial impondría sus condiciones o vaya Vd. a saber. El caso es que aquel prólogo, escrito con cariño y esfuerzo, nunca llegó a las primeras páginas de la publicación.

No tiene ninguna importancia el título del libro, ni la autora, pero si quiero mencionar que ella era una persona que había padecido un largo episodio de acoso laboral en su empresa, eso denominado ahora con el anglicanismo “mobbing”. Cuando estaba saliendo de tan larga y penosa marcha se decidió a escribir un libro que versaba sobre su peregrinaje. Este es el prólogo que en su día, hace algunos años, escribí.

En primer lugar quiero, estimado lector o lectora, darte las gracias y la enhorabuena por dedicar unos minutos a leer el prólogo de este libro. No siempre se leen los prólogos de los libros, si bien es verdad es que no siempre es interesante su lectura. Porque prólogos los hay de todos los tipos. Si bien su misión debería ser el aportar información adicional e interesante al lector sobre la lectura que se dispone a realizar, estas piezas iniciales suelen ser utilizadas para todos los fines, desde darse importancia el propio prologuista hasta informar de cosas tangenciales que nada tienen que ver con el asunto.

Trataremos, juntos, de que este sea, además de breve y conciso, interesante y productivo.

Tienes en tus manos una herramienta de sanación. Sí, ya sé que solo es un libro, pero los libros sirven para multitud de cosas. Una de las últimas sería para encender una chimenea, pero desde que se empiezan a concebir su función es muy variada. Los libros van dirigidos a los lectores, que en función de sus propios contextos y estados de ánimo, incluso de las épocas en que se lean y relean, obtendrán unos beneficios de su lectura y unas enseñanzas, bien positivas bien negativas, que les servirán en adelante. En este caso, el libro ha servido ya desde su concepción y preparación a fines muchos más profundos, que han permitido a su autora emprender un retorno hacia la recuperación de su personalidad, su autoestima y, en el fondo, de su vida.

Porque no sé si sabrás, estimado lector o lectora, que la autora, en los momentos en que escribía estas líneas que ahora tienes en tus manos, era una persona acosada. Acosada laboralmente. Sufría “mobbing”. Intenso, fuerte, penetrante …. agotador. Últimamente se está dando forma y conocimiento a esta palabreja inglesa que es corta pero cuyos efectos son muy desagradables y muy continuados en el tiempo. La persona acosada laboralmente se convierte en un pelele de la vida, y en los primeros momentos, en que no sabe lo que le pasa, sufre una serie de somatizaciones físicas que la dejan hecha una piltrafa, incapaz de rendir con eficiencia en su trabajo e incapaz de llevar su vida particular de una forma normal.

Felizmente, día a día se va sabiendo más y más sobre esta funesta forma de relación laboral y diversas asociaciones, profesionales, medios de comunicación, internet y publicaciones van dotando a los acosados de información y medios y recomendaciones para dejar atrás esta lacra. Pero, cuando las personas han caído en el fondo del pozo, con ataques de ansiedad, de depresión, sin poder dormir, con las relaciones, no ya profesionales, sino familiares y de amistad profundamente deterioradas, no es tan sencillo salir adelante.

Y por ello digo que este libro es una herramienta de sanación. Los acosados tiene que tocar fondo y decidir, por ellos mismos, con ayuda, pero con su clara y firme determinación, ir hacia arriba. Recuperar su autoestima, su vida, sus ganas de ser ellos mismos y volver a su actividad, al menos en el terreno extra-laboral. Una forma es desarrollar aquellas capacidades que estaban ocultas y decir al mundo, además de a ellos mismos, que son válidos, que si sus jefes o sus empresas no quieren usar su conocimientos y su valía, allá ellos.

La autora de este libro ha elegido el camino de la pluma para retornar al mundo, para convertir el acoso en un recuerdo, en una cuestión dominada con la que puede, incluso, convivir en su día a día. Y de esta pluma salen estas historias preciosas que estás dispuesto a comenzar a leer. Tienen un trasfondo y, ahora que sabes el ánimo desde el que se han escrito, puedes, estimado lector o lectora, darlas un valor añadido. Además de las enseñanzas que puedas obtener de ellas, en el momento de su escritura estaban cumpliendo una función como es devolver a la persona que manejaba la pluma, o el teclado de su ordenador, a una realidad placentera y a unas ganas de volver a vivir, poco a poco, lejos de ansiedades y depresiones, de noches sin dormir, de pensamientos negativos recursivos, de no entender el porqué me ha tocado a mí.

La autora de estas historias ya ha obtenido una gran ayuda de estas líneas. Ha sido necesaria, créeme, una fuerza de voluntad férrea y tenaz para tomar la decisión de empezar a trazar letras sobre el papel y dar forma a estas historias, preciosas, enternecedoras y llenas de sensibilidad. Ahora te toca a ti obtener los beneficios y enseñanzas que sin duda serán los frutos de su lectura.

sábado, 4 de octubre de 2008

TWICE

En esta aventura del blog, amén de decidir sobre que se va a escribir un poco, hay que decidir el título que se pone a la entrada. A medida que va creciendo el número de entradas escritas se van perfilando las manías. Una de ellas es la de escoger los títulos con una sola palabra que sea significativa. Emplear el término inglés “twice” que significa “dos veces” es cuando menos arriesgado.

El verdadero título sería algo así como “Pagar dos veces”. Es la sensación que tengo en general, por un par de casos que ahora comento, de que las empresas y organismos se las están apañando para que los consumidores abonemos más de una vez el mismo producto.

Como supongo que muchos padres, hace ya algunos años compré a mi primer hijo varias de las películas clásicas de dibujos animados en el formato que existía entonces, que no era otro que cinta de vídeo en formato VHS. A base de cumpleaños, Reyes Magos de Oriente y demás eventos llegó a tener una colección de ellas. Ahora que es mayor ya no las ve pero las ha heredado mi hija pequeña. Como los tiempos avanzan, el reproductor de vídeo de casa se ha roto y no parece hoy día una opción adecuada el comprar uno nuevo, cuando ya estamos casi acabando, eso dicen, el mundo del DVD. Pero claro, el no adquirir un reproductor de vídeo dejaría sin sentido la mencionada colección de películas que está disfrutando mi hija. Junto con esto y por cuestiones de espacio y almacenaje en las casas, una buena idea sería sustituir todos esos vídeos por las versiones modernas en DVD. Ganaríamos en calidad de visionado y en espacio físico de almacenaje.

Lo ideal sería ir a la tienda con la película en video, por la que ya pagamos en su día, y entregarla a cambio de la nueva en DVD pagando una diferencia por el cambio de soporte y la posible actualización que la hayan hecho, esas cosas de remasterizado o mejora del sonido que dicen y que desde luego se nota. Pero esto no funciona así, si quieres el DVD de la misma película lo tienes que pagar completo y el antiguo vídeo o lo tiras directamente a la basura o buscas algún sitio donde todavía las mantengan tipo biblioteca o guardería para regalársela.

Resumiendo, no parece muy de recibo y justicia que haya que pagar de nuevo todo cuando ya lo pagamos en su día, cuestión que supondría una buena cantidad de euros si lo queremos hacer con todas las películas, que son unas cuantas. Además, según se oye la era del DVD se ha acabado y es cuestión de poco tiempo pasar a otra, no sabemos cual, donde nos volverán a vender, o intentar vender, en otro soporte, lo mismo que ya hemos pagado anteriormente. Yo creo que por estas cuestiones, la gente se busca la vida y utiliza opciones intermedias con un cierto autoconvencimiento de no estar haciendo las cosas mal. Esas opciones intermedias tienen variopintos nombres tales como “emule”, “lphant” o “dvdfaber” por ejemplo.

En este caso anterior hay un soporte. Pero el otro caso ni siquiera existe. Hace más de un lustro compré mi primer antivirus, concretamente ese de nombre de osito cariñoso, de manufactura española. Lo pagué vía internet, lo bajé a mi ordenador, lo instalé y a funcionar. Año tras año he ido renovando la suscripción para tener acceso a las nuevas versiones del antivirus y las actualizaciones diarias que son necesarias para mantener un nivel adecuado de seguridad en nuestro ordenador.

Dentro de un mes finaliza mi suscripción y debo renovar la misma, por uno, dos o tres años. En ocasiones anteriores me mandaban un correo electrónico haciéndome una oferta de renovación para pasar a la nueva versión, una nueva por año, más o menos aceptable según los años, que he ido atendiendo puntualmente. Este año todavía nada, con lo que he intentado la renovación vía internet llevándome la sorpresa de que me cuesta exactamente lo mismo que si compro el producto nuevo o que si me dirijo a una tienda y lo adquiero. Como me resulta extraño, hace quince días les he dirigido dos veces correos electrónicos a su servicio de renovaciones y de atención al cliente de los que no he recibido, hasta ahora, respuesta alguna.

Supongo el código de la nueva versión no es totalmente nuevo al 100% sino que se estará utilizando el código que se ha ido generando año tras año. Parte de este código, el relativo a las versiones de años anteriores ya lo he pagado, con lo que no me parece de recibo el pagarlo de nuevo. Y ahora no me pueden decir, como en las casettes o los DVD’s que lo que estoy pagando es el soporte, aquí no hay soporte, aquí todo es vía descarga de internet a mi disco duro propio.

En suma, que nos quieren hacer pagar por lo mismo dos o más veces.

sábado, 27 de septiembre de 2008

CALOSTROS


Resulta curioso como ciertas cosas que eran de uso corriente hace no muchos años han desaparecido de la faz de la tierra, en las sociedades teóricamente avanzadas, y no porque nadie lo haya quitado, sino que los usos y normativas han hecho que de forma indirecta sean archivados en el baúl de los recuerdos.

Antaño, unas pocas a veces al año, en las casas había calostros. El calostro es leche de vaca, la primera secreción del animal tras su parto y que suele tener a partir de las veinticuatro horas y durante tres días. Como quiera que no me cabe duda que las vacas siguen teniendo terneros, incluso hoy en día, me sobreviene la interrogante de que se hace con los calostros.

Los modernos sistemas de alimentación, las normas de Sanidad y porque no decirlo, el ritmo de vida moderno que llevamos ha relegado la figura del lechero a una anécdota del pasado. El lechero de casa se llamaba Damián, y pasaba puntualmente todos los días, incluso sábados, domingos y festivos, repartiendo la leche casa por casa entre todas sus parroquianas, que según la comida que se iba a preparar en el día y la cantidad de leche que necesitaban, así le solicitaban una u otra cantidad. Siempre pensé que era imposible que Damián fuera capaz de llevar tanta leche como sus clientas le iban a requerir, lo que alimentó mis pensamientos, infundados por supuesto, de que tendría que parar su borriquito en alguna de las muchas fuentes públicas que antes existían y, sin que nadie le viera, complementar con un poco de agua sus existencias de leche para poder ajustar la demanda de todas las casas que visitaba.

El producto, la leche, llegaba directamente de la vaca a los cántaros de metal que el burrito de Damián transportaba por las calles de casa en casa y desde estos a la cazuela, donde inmediatamente era puesta a cocer, bajo la atenta y permanente mirada del ama de casa, pues de todos es sabido, ahora menos con los modernos microondas, que la leche cuando cuece aumenta su volumen en un santiamén, poniendo la cocina perdida. Tras el proceso de enfriamiento posterior, se formaba una costra de nata que era asediada por los pequeños de la casa, bien para comérsela a cucharadas o bien para untarla en pan, cubrirla con abundante azúcar y preparar una deliciosa merienda.

Como se podrá deducir, tanto los cántaros de Damián como las cazuelas de las casas se lavaban con el correspondiente jabón “lagarto” y quedaban listas para su uso al día siguiente y todos los días siguientes durante muchos años. No cabía la posibilidad de reciclaje, pues la basura no recibía ningún “brik” ni ninguna botella de plástico, efectos perniciosos que permanecen hoy día tras el consumo y que causan verdaderos quebraderos de cabeza para su procesado, amén de su coste. Ya nos hemos acostumbrado y no nos paramos a pensar que estamos tirando a la basura un envase que nos ha costado un dinero, más lo que luego nos va a costar de manera indirecta por tener que reciclarlo.
Algún día del año, de forma sorpresiva, Damián aparecía con calostros, de regalo, por ser buenos clientes. Mi abuela los preparaba y recuerdo que al final quedaba como una especie de requesón entre dulce y amargo que estaba delicioso. Se pierde en mi memoria cuando comí calostros por última vez y mucho me temo que no los volveré a comer nunca, salvo que me haga amigo de algún ganadero en algún pueblecito que se avenga a facilitármelos. Otra cuestión sería hacerse con la receta para prepararlos pero eso tendría solución acudiendo a personas más mayores que lo recuerden o si no al gran centro de conocimiento que es internet

sábado, 20 de septiembre de 2008

Q


Entre los tipos de lectura que más me gustan y entretienen están los que se agrupan bajo el nominado género de novela histórica. Los buenos autores suelen aclarar al final de las obras que es lo que en realidad tiene de histórica y que es lo que por otra parte ha sido inventado para dar soporte y andamiaje a la trama. En todo caso, sean verdad o no, es un género que cultivo. Me gusta y me entretiene.
De vez en cuando abandono por otros géneros pero al poco tiempo debo volver. Estaba estos días recabando información sobre que libro acometer cuando me he topado con una web que trata de libros de historia. El enlace es http://www.hislibris.com/ y se ha servido para darme una idea sobre los libros a leer en el futuro amén de leer muchas y buenas opiniones de los que ya he leído.
En uno de los apartados de su foro he hallado un ranking de libros más votados. Me ha servido para tomar buena nota de algunos y debo reconocer mi sorpresa al escudriñar el primero de la lista, el más votado con diferencia. Su título es un poco extraño, nada menos que de una sola letra, la “Q” por más señas. No puede ser un título más corto y que, sin saber nada más, diga menos del libro. El hecho de que la web sea seria, al menos a mí me lo parece, me ha hecho investigar más. Han sido varias las sorpresas pero una de ellas me ha dejado de lo más sorprendido. Dejaré su descripción para el final de este suelto.
Otra cuestión extraña es el autor, Luther Blissett. Investigando resulta que no existe tal autor, sino que es un pseudónimo utilizado para aglutinar varios autores que han escrito el libro de forma conjunta, otra novedad. Nuevamente existe una web http://www.lutherblissett.net que contiene variada información acerca del proyecto de estas personas, que es más amplio que escribir una novela de título tan escueto. Esta web remite a la actual que es la denominada
http://www.wumingfoundation.com/ . Wu Ming es una expresión china que traducida significa “sin nombre”. Todo un trabalenguas que mantiene el interés. Las páginas están en varios idiomas, entre ellos el castellano y contienen tanta información que hay que armarse de paciencia y echar bota y merienda para digerir todo lo que en ellas se cuenta.
Otra sorpresa. En un rinconcito leo que todas sus obras están disponibles, que se pueden bajar de internet y utilizar gratuitamente y sin ningún problema. Esto es nuevo, ofrecidas por los autores y desde la web oficial. Entre ellas, por supuesto, estaba “Q”. He probado a bajarla y ha bajado, descansa en el disco duro de mi PC un archivo en formato PDF de poco más de 1 megabyte con la novela completa.
No concibo leer una novela en la pantalla del ordenador. Lógicamente me la he comprado, en la edición de bolsillo, un tomito que se promete duro de pelar si no es interesante y que habrá que atacar de frente para digerir hasta la última de sus más de 750 páginas, complementadas con un buen número de grabados y reproducciones. Caerá seguro, tantos votantes de un foro no se pueden equivocar al elegirla.
¿Han oído hablar Vds. del “copyleft”? Es un movimiento que surge por contraposición al “copyright” que vemos constantemente en todos los sitios y al que, por unas razones o por otras, poco o nada de caso se hace. Allá cada cual con su conciencia y sus autojustificaciones. Pero volviendo al tema prometido, no cabe en la cabeza que “Q” y otras muchas obras y escritos de Luther Blissett o su sucesor Wu Ming estén en ”copyleft”, esto es, pueden ser leídas y transferidas siempre que se haga un uso particular, no comercial, de ellas y que se mantenga e indique el nombre del autor. Ojo pues a los pillines piratillas que copian y pegan aprovechando para cambiar el nombre del autor. Ya me he encontrado con alguno de ellos y al final, tarde o temprano, acaban siendo descubiertos.
Por si hubiera alguna duda, reproduzco el texto que puede encontrarse en la contraportada de la edición y que nos suena a la vez que nos choca, después de haber leído tantos y tantos:
“Está permitida la reproducción total o parcial de esta obra y su difusión telemática siempre y cuando sea para uso personal de los lectores y no con fines comerciales.”
O porque no me he fijado o porque nunca ha caído en mis manos, es la primera vez que leo esto en una publicación. Sorprendente. Ahora, los que gustan de leer sin comprar o ir a la biblioteca y por su empleo disponen de folios e impresora gratis, tienen la oportunidad, sin incurrir en delito, de irse imprimiendo poco a poco esta supongo estupenda novela. Otra cosa será lo que opinen sus jefes por el gasto de papel y toner de la impresora.


martes, 16 de septiembre de 2008

COMERCIANTES

En mi desarrollo profesional nunca he tenido ni siquiera la posibilidad de dedicarme a la venta o al comercio. Humildemente pienso que no sería capaz dadas mis características personales y el uso que hago de la empatía, máxime si como ocurre en no pocas ocasiones en la actualidad, el comerciar lleva un poco asociado el engañar, quizá de forma piadosa, pero engañar al fin y al cabo. Y lo peor es que o no está mal visto por el cliente o se asume como parte del devenir diario para no complicarse la vida.

Cuando se entra en un comercio o bar y salvo que el local este vacío, se destina un período variable de tiempo a esperar ser atendidos. Si vamos acompañados probablemente intercambiemos impresiones con nuestro o nuestros acompañantes, pero algunas veces se accede solo. Es más raro en el caso del bar y no tanto en el comercio. En todos los casos es bueno destinar un tiempo a la observación de las interacciones del dependiente o camarero con los demás, para poder juzgar si existe diferencia de trato y en caso de que así sea poder valorarla.

En el caso del bar me ha ocurrido con cierta frecuencia el siguiente hecho: un parroquiano, probablemente asiduo, pide una caña y el camarero acompaña la cerveza de un pincho generoso. Cuando pedimos nosotros, la caña viene “pelada y solitaria” o todo lo más con unas aceitunillas, pocas o unas patatas fritas. Se aprecia la diferencia y aunque no sabemos si el precio de la caña difiere, no podemos por menos de sentirnos agraviados, ante lo cual podemos tomar dos alternativas: la que tomo yo, que es no volver más o la otra, que es hacernos asiduos a ver si con el tiempo el dependiente se nos ablanda y nos pone mejor o al menos igual pincho o ración que al resto.

Pero hoy me quiero referir a un hecho observado, de corte parecido, en la carnicería de la que soy asiduo cliente desde hace más de dos décadas. Es un puesto individual, únicamente atendido por el propio dueño en cualquier momento del día, por lo que no se da la posibilidad de que haya varios empleados, ante lo cual podría darse una diferencia de trato. Lo que yo nunca, ingenuo de mí hubiera pensado, es que en esas diferencias que estamos comentando pudiera producirse diferencia de precio.

Cuando tengo que ir a hacer acopio cárnico me voy armado de paciencia. Cada cliente que esté por delante de mí cuando pido la vez supone unos diez minutos de demora. De hecho si veo más de dos vuelvo en otro momento y aprovecho el tiempo para hacer otros recados o simplemente darme un paseo. Hoy estaba una clienta clásica, que ya he visto en otras ocasiones y que normalmente realiza una compra amplia. El tiempo de espera lo he dedicado a observar. Y en esta observación me he dado cuenta de que cada vez que un artículo acababa en la balanza, el dependiente-dueño hacía “cosas raras” en el teclado del peso. Estas balanzas modernas lo tienen todo preprogramado, como en las fruterías de los supermercados, con lo cual solo hay que situar el artículo y pulsar la tecla correspondiente al mismo, para que los gramos o kilos se transformen en euros. Pero hoy había algo raro: estaba tecleando los precios. Al principio he pensado que hubiera algún problema, se hubiera desprogramado la balanza o algo similar, pero no. Los precios que tecleaba eran inferiores a los que figuraban en los carteles puntualmente situados en cada uno de los artículos en la vitrina expositora. Cuando me he fijado con atención, ya casi al final de la compra, los chicharrones que figuraban a 6,60 euros el kilo han sido cobrados a 6,30 y el último artículo, jamón serrano que estaba marcado a 21,30 ha sido cobrado a 19,50.

Pienso que este tejemaneje solo puede traer consecuencias no deseadas a este tendero propietario. Por lo pronto y aunque no tenía intención, he incluido en mi compra cien gramos de jamón serrano del mismo que había comprado la clienta anterior. A mí, supongo que peor cliente, me ha sido facturado al precio oficial de 21,30. Realmente no me puedo quejar, pues se me ha cobrado el precio marcado, pero no he dejado de sentirme un poco molesto por la diferencia de trato. Como en el bar tengo dos opciones: seguir yendo más décadas por allí, a ver si algún día me rebaja en ese casi diez por ciento el precio del jamón, chicharrones y resto de artículos, o no volver a aparecer y buscar nuevos despachos, que sin duda los habrá, donde me menos mal sino mejor.

viernes, 12 de septiembre de 2008

EMOCION


Eso es lo que produce muchos meses revisar la factura que me manda mi proveedor de servicios de telefonía móvil, al que denominaré Timofónica a falta de un nombre más apropiado. Como digo, en varias ocasiones en los últimos meses me he encontrado uno o dos euros de por que sí, facturados bajo el concepto de acceso a internet, ellos lo llaman emoción, desde mi teléfono móvil.
Procuro hacer un uso restrictivo y mínimo del teléfono móvil. Me veo obligado a llevarlo por motivos profesionales, ya que en la sociedad actual no se concibe, con estos adelantos, que una persona no esté localizable al instante, tanto si es para un asunto de interés como si es para comentar el resultado del último partido de fútbol u otras lindezas por el estilo. Eso aparte de la falta de respeto del teléfono que puede sonar cuando estás miccionando en el servicio de un restaurante, estás conduciendo o situaciones similares. Lo de conducir ya lo han solucionado, eran muchos euros en juego, al igual que poco a poco van incorporando el que el servicio esté disponible en túneles, montañas e incluso en el metro. Hay que aprovechar cualquier momento para que el usuario haga uso, o le hagan hacerlo, y sumar euros a la cuenta de Timofónica. Dentro de poco podremos hablar por teléfono mientras estemos haciendo un curso de buceo e inmersión en cualquier piscina o playa, ya lo verán ustedes.
Se podría argumentar que hay otras compañías, que realmente somos libres en la elección del proveedor de servicios, pero esto es un poco erróneo, o cuando menos una falacia. Timofónica es la tercera compañía con la que me veo las caras por diversos motivos, tales como falta de cobertura en una determinada zona, problemas administrativos, conveniencia por la jungla de tarifas y los usuarios con los que me relaciono, ofertas de caza de usuarios u otras argucias por el estilo.
Retomando el tema de la emoción, resulta que el teléfono tiene una tecla de acceso directo en un sitio estratégico, muy fácil de pulsar sin querer cuando te estás saliendo de los menús, que te mete sin querer en ese mundo fantástico y e-mocionante. Y lo peor es que, aunque te des cuenta, ya la has liado, hay un mínimo que ya tienes que pagar. En el caso de mi teléfono, de la marca Noquita, es bastante complicado y difícil de cambiar el uso de esa tecla, de hecho, anduve bastante tiempo buscando en internet y preguntando a amigos y dependientes de tiendas como se podía quitar, obteniendo como respuesta que no sabían o que no se podía quitar.
Al final hace ya tiempo conseguí quitarlo y deje de ver en las facturas el importe de marras. Yo pensaba que el formato y significado de las teclas era debido a la implementación de Timofónica y que Noquita no tenía nada que ver en el asunto.
Pero uno no se escapa tan fácilmente. Me han regalado un cable USB que sirve para sincronizar el teléfono con el ordenador, y de paso otras muchas cosas, como actualizar el software interno. Uno que es osado…. lo hice. ¿Saben Vds. Lo que pasó? Que tras la actualización apareció de nuevo la dichosa teclita, que he vuelto a quitar, pero no contentos con ello y para los que escapamos de sus garras, han incluido otro acceso a la dichosa emoción en el menú, y además en el centro, justo donde te vas a meter de narices si por error pulsas dos veces la tecla al querer entrar.
Intentaré por todos los medios quitar eso. Los euros por ese concepto tramposo, alevoso y no querido me duelen y, lo que es peor, me cabrean sobremanera. Y además he cambiado el concepto. Los sinvergüenzas ya no son los de Timofónica, que lo siguen siendo por otros conceptos, sino que son los de Noquita que son los que han generado en esta nueva actualización la disposición de las teclas. Me queda la esperanza de que otra marca de teléfono no tenga esta no querida emoción, o por lo menos sea difícil acceder a ella y no sea posible hacerlo sin querer, como es el caso.
Estamos rodeados de cosillas de estas que a mí por lo menos me minan la moral y me hacer desconfiar de cualquier novedad que se me ofrece. Quedan pocas empresas serias o que por lo menos parezca que intentan serlo.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

GUARDILLA

Toma palabrita. Así, fuera de contexto, a mí por lo menos me resulta costoso saber lo que significa. Probablemente si se lo preguntamos a un niño nos responda con cara de satisfacción: es un sitio alto en las casas bajo el tejado. Lógica infantil, por aquello de que suena casi igual la “bu” que la “gu”.

Pongamos el contexto donde me la encontré: “En una guardilla de su casa vivía, en la mayor reclusión, una señora soltera de setenta años, de la que mi patrona me contó la siguiente historia …”. Aquí el contexto sigue dando la razón al niño y a su lógica deductiva, mientras que a nosotros, suponemos que algo más mayores, nos entra la duda, porque así, a bote pronto, parece como una falta del traductor, dado que el significado del contexto apunta claramente a una palabra que nos parece la correcta: buhardilla.

En el verano parece que se tiene más tiempo para todo, ya se sabe, las vacaciones y todo eso. La verdad es que se cambia el ritmo y se dedica el tiempo disponible a unas cosas y se dejan de hacer otras, como por ejemplo, escribir semanalmente en este blog.

También en verano se compran algunas revistas que no se compran en invierno, para echarlas un vistazo en ratos perdidos. Con una de ellas venía adjunto, de regalo, un libro: “El monje que vendió su ferrari”, de Robin S. Sharma. Yo había oído hablar de él, dentro del apartado de libros de autoayuda, pero no había caído en mis manos. Ahora, ya sin excusa, he procedido a su lectura. Es una “fábula espiritual” donde se nos transmiten las enseñanzas de unos supuestos sabios que viven cerca del Himalaya y a las que ha tenido acceso un famoso abogado norteamericano que, asustado tras un infarto, deja todo, entre otras cosas, su ferrari, y se retira a hacer vida monacal. Nada menos que al Himalaya, casi al lado. Tras un tiempo regresa, completamente transformado en lo físico y en lo mental y transmite a un amigo, sorprendido ante el cambio, esas cosas que todos sabemos y que casi ninguno cumplimos o dejamos para después. En resumen, que tenemos que cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, día tras día, y sin descuidarnos. El no hacerlo nos traerá consecuencias negativas a medio o largo plazo, ya que ambos, cuerpo y mente, nos pasarán factura.

Pero no fue en este libro donde aparecía el texto que nos ocupa: guardilla. En este libro mencionado se hacía referencia a otro, se recomendaba su lectura, y ha sido un gran descubrimiento: la biografía de Benjamín Franklin. Como adicto a las frases que sirven para pensar y meditar, he visto bastantes y muy buenas del citado Sr. Franklin, por lo que capté la idea y me dispuse a localizar la biografía, encontrándola en la biblioteca, que además es autobiografía, muy agradable de leer y donde se ve lo que hay que luchar en la vida para llegar a ser algo. Recomiendo su lectura, ya que de ella se pueden sacar muchas ideas para mejoramiento personal. Y es en esta autobiografía donde aparece la palabra de marras. Coincidió que estaba leyendo en la cama, antes de dormir, así que me tuve que levantar y agarrar el Espasa, en papel, para comprobar que “guardilla” y “buhardilla” tienen el mismo significado y ambas son correctas. De paso el diccionario informa de otros significados para nuestra palabra cual son, en costura, cierta labor para adornar y asegurar el cosido y por otro lado y también, cada una de las dos púas gruesas del peine que sirven de resguardo de las delgadas.

No contento y con un cambio al volumen que contiene la letra “b” quedé sorprendido con el significado real, en su primera acepción de la palabra “buhardilla”, que es realmente “Ventana que se levanta por encima del tejado de una casa, con su caballete cubierto de tejas o pizarras, y sirve para dar luz a los desvanes o para salir por ella a los tejados”. Menos mal que la segunda acepción de buhardilla es “desván” cuya definición del diccionario es la que plasma certeramente la definición que tenía antes de estos escarceos: “Parte más alta de la casa, inmediatamente debajo del tejado, que suele destinarse a guardar objetos inútiles o en desuso”.

Aunque antaño solían destinarse a lo que su definición indica, hoy en día, en aprovechamiento de metros cuadrados como sea, muchas guardillas son habitables y consiguen una atmósfera especial con sus techos inclinados.

Y ya que hemos citado a Benjamín Franklin como autor de frases, aquí van algunas de las que se le atribuyen y que tienen su aquel.

* Quien pierde algo de libertad en favor de seguridad, al final acaba perdiendo ambas.
* Es preferible dejarnos engañar cien veces que perder la fe en la humanidad.
* La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla.
* El que compra lo superfluo, pronto tendrá que vender lo necesario.
* El tiempo perdido no se recupera jamás.
* Hacer algo bien vale más que decirlo bien.
* Si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches Si queréis ser ricos no aprendáis solamente como se gana, sino también como se ahorra.
* Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una seguridad transitoria, no son merecedores de la seguridad ni de la libertad.

lunes, 11 de agosto de 2008

HDR


Vivimos en el mundo de las siglas. Nos asaltan por todos lados. Hay tantas que ya no sabemos si corresponden al nombre de una empresa, un modelo de coche o un programa de educación. Así sin más, HDR podría significar “Huesca de Romería” si hablásemos de una fiesta popular o “High Diesel Range” si se trata de un modelo de vehículo. Por ello, necesitamos conocer el contexto en el que no estamos moviendo para atisbar un poco por donde pueden ir los tiros.
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En este caso me vamos a referir al mundo de la fotografía, y más concretamente de la fotografía digital. Cuando parece que está todo inventado, surgen nuevas formas y procedimientos de hacer las cosas que arrojan unos resultados inesperados e inexplorados. HDR significa, en sus siglas inglesas “High Dynamic Range” lo que traducido al castellano queda en algo así como “Rango dinámico alto”. Las posibilidades de la fotografía digital son enormes, no solo por el hecho en sí sino por poder utilizar cada vez más potentes programas de ordenador en el proceso de las imágenes. Esto unido al coste prácticamente cero de tomar decenas o cientos de fotografías con nuestra cámara, nos dotan de unas posibilidades ilimitadas de creación y manipulación con lo que el resultado final depende de nuestra capacidad de imaginar y llevarlo a la práctica.
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El concepto HDR consiste en tomar varias fotografías idénticas variando las condiciones de luz, un escalado de diafragma, de forma que podamos combinarlas posteriormente en el ordenador y sacar partido a todas las luces posibles contenidas en la escena. Como ya es fácil suponer, deberemos utilizar un trípode y con cuidado para que todas las imágenes obtenidas sean exactamente idénticas. Eso nos lleva al mundo estático de la fotografía, esto es, de edificios o naturaleza, no siendo apropiado en entornos donde hay movimiento como por ejemplo personas andando o coches, aunque los efectos que se consiguen tampoco son desdeñables. Nadie nos impide, sin embargo, mover ligeramente la cámara entre toma y toma, con lo que se consigue un efecto de desenfoque que puede resultar agradable, como en la fotografía que acompaña a este texto. Las posibilidades son enormes y solo se trata de manejarlas.
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Algunas de las cámaras digitales de última generación contemplan el proceso de obtención de una serie de imágenes de forma automática. Se conoce con el nombre de “horquillado” en castellano o “bracket” en inglés, lo que nos da idea de que los programas de control que se incorporan a las cámaras fotográficas se hacen eco de las tendencias en este fascinante mundo digital. No cabe duda de que esto se podía hacer antiguamente en el laboratorio fotográfico, de forma manual, pero con grandes dificultades y no con la exactitud, limpieza y rapidez con que se hace en un ordenador. Una vez obtenida la serie de fotografías, tres o cinco son suficientes, las procesaremos con alguno de los programas existentes. Yo utilizo Photomatix pero hay varios más cada uno con sus ventajas e inconvenientes.
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Las fotografías obtenidas con este método resultan espectaculares. En la web hay miles de ellas que son un regalo para la vista, especialmente cuando empezamos a aventurarnos en un mundo nuevo. A la larga, todo llega a cansar, pero ese es el punto de partida para explorar nuevos caminos y abrir nuevos horizontes.

miércoles, 30 de julio de 2008

PERDURABLE


Los continuos cambios y la velocidad con que se suceden es una característica acusada de la vida moderna. Las cosas cambian de un día para otro, sin que casi lo apreciemos, y con el paso de los años van desapareciendo y cayendo en el olvido.
Corría el año 1985 cuando trabajaba yo en el departamento de sistemas informáticos de una Caja de Ahorros, siendo uno de mis cometidos el manejo y control de las impresoras centrales de gran volumen. Desde finales de los setenta disponíamos de una impresora IBM 3800 con grandes capacidades, entre las que se encontraba la posibilidad de diseñar los juegos de caracteres a gusto del usuario. Hoy día esto suena a risa, pero en aquella época supuso un gran avance y la posibilidad de incorporar firmas y caracteres especiales, como por ejemplo cuadros y figuras, en sustitución de las interminables líneas de “puntos despeinados”, vulgo asteriscos, que llenaban por doquier cualquier documento impreso informático.
Las cosas en las empresas grandes suelen ser lentas. Los cambios también. Por aquellas fechas accedió al departamento de correspondencia un buen amigo, José Manuel B.L., al que luego, con el paso de los años, perdí la pista. El número de cartas que se remitían a los clientes era enorme y el proceso desde el papel pijama que vomitaba la impresora hasta su ensobrado era complejo y costoso. José Manuel inició, condujo y lideró un proyecto para cambiar totalmente el formato de la correspondencia de comunicación de movimientos de cuentas, en el que se contemplara todo el proceso, desde su diseño, impresión, corte, acabado y ensobrado. Me incorporé a aquel proyecto para el que ambos tuvimos gran dedicación personal y profesional. Recuerdo abrirnos cuentas en otros Bancos y Cajas, para mandarnos transferencias y generar apuntes con tal de recibir la correspondencia y estudiar cómo estaba el patio en el sector. Llegamos a viajar a Barcelona a visitar otro centro de cálculo por este motivo. Se estudiaron nuevas máquinas para realizar el ensobrado automático, más veloces y con capacidades especiales tal y como añadir propaganda de forma controlada o incluir hasta nueve cartas del mismo cliente en un único sobre. Hoy esto es normal pero en aquella época se ponía una carta en cada sobre ¿lo hemos olvidado? Se diseñaron nuevos sobres, nuevo papel y ….”nuevo formato” para las comunicaciones.
Perdurable es algo que se mantiene en el tiempo. A fecha de hoy, año 2008, la comunicación básica que recibo como cliente de esa Caja de Ahorros es la misma. Alguna incorporación gráfica de propaganda en la primera carta del sobre, pero, en general, la comunicación en la que se informa de los movimientos de mi cuenta es básicamente igual. Diríamos que perdura el diseño que se realizó entonces.
Han pasado más de veinte años. La informática ha avanzado bastante. Hay otras formas de correspondencia más electrónicas, más modernas, más integradas y con más …. colores. Pero la forma básica de aquella época sigue siendo utilizada.

lunes, 21 de julio de 2008

LAS TROPAS DE NAPOLEON


Ayer domingo falleció Luis, mi suegro. Excelente persona, adelantado a su tiempo, padre de diez hijos, junto con Carmen formó una familia ejemplar que cuando se reunía al completo pasaba de la treintena, aunando hijos políticos y nietos. Sin dar un ruido, suavemente, de forma callada, como una continuación de su personalidad, nos dejó a primera hora de la mañana, tras sentirse indispuesto cuando había pedido desayunar. Había pasado un par de baches en los últimos meses pero se había repuesto con determinación y ganas de vivir. Esta vez ya no ha podido ser.

Hoy por la mañana hacía un día precioso en un pequeño valle también precioso de los muchos perdidos que hay por Cantabria. Como siempre fue su deseo, en la vieja iglesia que tanto frecuentó, ha recibido una despedida emotiva de toda su familia, de sus amigos y conocidos. En el pequeño camposanto adosado a los muros de la iglesia, en un remanso verde de paz, hemos inhumado su cuerpo que quedará descansando para siempre en esta bella tierra que tanto amó y a la que se escapaba desde Madrid en cuanto sus obligaciones se lo permitían.

Cuando caían las últimas paladas de tierra, en un enterramiento a la vieja usanza, comenzó a fraguarse un merecido y sencillo homenaje que sin duda le habrá arrancado una sonrisa en algún lugar del cielo donde se encuentre: “Las tropas de Napoleón”.

Hace ya unos cuantos años, al principio de conocerle, me hizo una demostración de lo que eran las “tropas”. El Cantábrico es un mar frío, no tanto como quieren pensar los que frecuentan el Mediterráneo, pero es una verdad innegable que al fin y al cabo hay que pensárselo un par de veces antes de decidirse a efectuar la zambullida inicial. El invento de las “tropas” solucionaba el asunto: varias personas, engarzadas fuertemente codo con codo, todos a una y con determinación, canto y pisada militar, avanzando a paso marcial hacia el agua, sin soltarse hasta el último momento, disuadían a los timoratos que se lo andaban pensando. Una vez iniciada la marcha, no había vuelta de hoja, acababas en al agua quisieras o no.

Somos las tropas de Napoleón,
Que venimos a vencer al enemigo,
Chan, tatachán, Chan, tatachán.

Esta tarde, en la playa, un numeroso grupo formado por sus hijos, nietos, sobrinos y amigos ha empezado a engarzarse en la playa, codo con codo, desde los mayores hasta los niños haciendo una fila que pasaba por encima de la treintena. El agua fresquita, viento de nordeste también fresquito, pero la ocasión merecía la pena: era el homenaje a nuestro querido Luis que tantas veces lo hizo con nosotros. La gente que nos rodeaba en la playa nos miraba con curiosidad. Nos hemos puesto en marcha y, sin pestañear, al canto de las “tropas” hemos entrado todos al agua sin soltarse ninguno, hasta el fondo.

Si los curiosos hubieran sabido de que se trataba ….

Pero aparte de los presentes, una persona que seguramente nos observaba desde lo alto, habrá dejado escapar una sonrisa pícara y habrá pensado ¡estos chicos¡ al tiempo que se habrá sentido sin duda halagado por este simpático homenaje, hecho en público sin que nadie se entere. Un secreto entre nosotros y él.

Descanse en Paz.

miércoles, 16 de julio de 2008

LIBROS

Respecto de este asunto se escuchan noticias contradictorias. De un lado está latente en los medios de comunicación que se lee poco. Sin embargo, son multitud las publicaciones, revistas y libros que día tras día aparecen en el mercado. Acercarse a un quiosco de prensa es descubrir un sinfín de revistas, colecciones y publicaciones que parecía que no existían. Siempre aparece algo nuevo.

Fomentar el hábito de la lectura, en el caso que nos ocupa de libros, es una de las cosas más valiosas para enriquecer la mente, y esto en todas las etapas de la vida. Cuando se es niño, la lectura comprensiva favorece la imaginación y desarrolla hábitos de estudio, amén de aportar una formación en multitud de cuestiones, según el género que leamos. Ya de joven permite una fantasía y un desarrollo de nuevas metas cuya única limitación son las imaginaciones que seamos capaces de desarrollar a partir de lo leído. En la edad adulta permite abstraerse de los problemas diarios al tiempo que damos vuelta y re-evaluamos multitud de conceptos que se han forjado en nuestra mente a lo largo de los años. Es el momento de releer libros que ya hemos leído con anterioridad y desarrollar nuevos conceptos a la luz de nuestra experiencias personales vividas entre una y otra lectura: el libro no ha cambiado pero nosotros sí. Ya en el último tramo de la vida, la lectura se está descubriendo como uno de los mejores retardadores de enfermedades de la mente, tales como Alzheimer e incluso otras de corte más físico como el Parkinson y similares, dado que “saca” al anciano de su aislamiento y le proyecta a formas mentales que acabarían atrofiadas de no evocarse a través de la lectura.Observemos a nuestro alrededor, en ancianos que conozcamos, las diferencias que existen en lucidez mental entre los lectores y los no lectores.

En mi caso, la relación con los libros es de depredador. Los devoro, como si quisiera leerlos todos, cuestión que asumo como imposible dada la cantidad de existentes y nuevos que se publican y mi edad y el tiempo de que dispongo para leer. Por ello lo que me preocupa es seleccionar de forma eficiente aquellos libros cuya lectura acometo de forma que no me vea en el dilema de abandonarlos a media lectura, cuestión que me demanda mucho esfuerzo. Es realmente difícil decidir qué libro se comienza a leer. Nos podemos fiar de amigos que nos recomienden libros, aunque en algún caso concreto lo que hago es todo lo contrario, no leer los que me recomiendan. También nos podemos fiar de los últimos éxitos editoriales, aunque detrás de ello hay mucho “marketing” y propaganda y podemos leer cosas que no están todo lo bien que fuera de desear, todo ello porque han tenido detrás un éxito de lanzamiento o su autor ha escrito libros en el pasado que fueron buenos y tuvieron éxito.

Un problema, no baladí, es el precio de los libros. No es cuestión de si son caros o baratos, pero suponen unos cuantos euros cada uno de ellos, máxime si los leemos en sus primeras ediciones que suelen tirar para arriba. Yo en este asunto si que lo tengo ya muy claro: compro poco o ningún libro, más que nada porque luego no tengo sitio donde ponerlos. Un amigo mío, que lee mucho, los regala a la biblioteca de una prisión, lo que es un buen mecanismo para deshacerse de ellos una vez leídos. Pocas veces, a pesar de mi recomendación anterior, leemos un libro más de una vez, salvo que sea un poco objeto de culto. Hay tantos que leer que leer una segunda o tercera vez es tener la sensación de que estamos perdiendo un poco el tiempo, aunque esto no es así, ya he dicho que podemos sacar nuevos partidos a relecturas de libro en función de nuestros cambios.

Una buena opción, por el momento y hasta que los cobren, es el uso intensivo de las bibliotecas públicas. El problema es que hay que esperar bastante tiempo, por lo general, hasta que las novedades lleguen a sus estanterías y las podamos pedir, pero todo llega. Ahora podemos leer las novedades de hace unos años y así seguiremos la ruleta.

Es difícil recomendar libros, pero de la lectura de los últimos años, me voy a atrever a recomendar los diez que más me han impactado, sin ningún orden y teniendo en cuenta que por unas cuestiones o por otras sí me he leído estas novedades editoriales, aunque no aparezcan en la lista

EL DIBUJANTE DE PECES, Juan Carlos Arbex
EL LADRON DE TUMBAS, Antonio Cabana
CATALINA LA FUGITIVA DE SAN BENITO, Chufo Llorens
EL SALON DORADO, José Luis Corral Lafuente
EL JUEGO DE ENDER, Orson Scott Card
BEN HUR, Lewis Wallace
ESPARTACO, Howard Fast
EL SIGNIFICADO DE LA NOCHE, Michael Cox
EL NUMERO DE DIOS, José Luis Corral Lafuente
EL CONDE DE MONTECRISTO, Alejandro Dumas.

viernes, 4 de julio de 2008

TAQUIGRAFIA


El otro día la oí en una emisora de radio. Taquigrafía es una palabra que no se escucha mucho porque es una ciencia o arte que se debe de emplear muy poco hoy en día. Los medios electrónicos han sustituido a esta disciplina, que en la antigüedad tenía una enorme importancia. Se tienen datos de su uso desde los antiguos filósofos griegos. En mi caso los recuerdos se remontan a un verano de los años sesenta cuando yo debía de tener nueve o diez años.

Mi padre tenía y usaba en casa una máquina de escribir “Underwood” con sus preciosas teclas de cristal, duras como ellas solas, que a mí me gustaba usar, diríase mejor aporrear, con dos dedos de cada mano. La ciencia de escribir a máquina se denomina o denominaba mecanografía, aunque por aquellos años se solían ver muy unidas, no en vano en muchas academias se daban clases de taquimecanografía. Había exámenes oficiales para conseguir un título oficial de una o ambas disciplinas, necesario para ciertos trabajos en medios públicos o privados en los que era necesario llevar un diario pormenorizado de lo que se hablaba en sesiones o reuniones.

Los veranos eran largos y calurosos. Las casas eran pequeñas y con muchos miembros, hijos, padres y algún que otro abuelo o abuela. Realmente en casa no se podía estar, si tenemos en cuenta que el espacio era pequeño y no había comodidades del estilo de la televisión u otros aparatos que proliferan en cantidad en las casas modernas. La vida, sobre todo la de los chicos, se hacía en la calle.

A mi no me gustaba pasar el verano sin aprovechar el tiempo en algo, por lo que mi padre habló con una profesora de taquimecanografía de la capital que veraneaba en el pueblo para que me hiciera el favor de darme clases aquel verano. La recuerdo perfectamente, así como la casa donde vivía, un piso bajo, muy fresquito, cerca de la cuesta de San Pedro. La clase era a las cuatro de la tarde, en la mesa camilla de su sala de estar, y con ella me libraba de la temida siesta, obligatoria después de comer, cuando más apretaba el calor y no se podía estar por la calle.

Muchas veces he pensado en el error que cometí aquel verano. Mi padre quería que aprendiera mecanografía, pero a mí se me metió en la cabeza el aprender taquigrafía. Pensé que la máquina de escribir ya la utilizaba con mis cuatro dedos y lo de la taquigrafía me sonaba como una disciplina apasionante y nueva. Así que en aquellos dos meses aprendí taquigrafía, bastante según dijo al final mi profesora, que se afanaba en enseñarme tanto como yo en aprender. Al final del verano era capaz de tomar conversaciones de mi familia o programas de radio, que luego pasaba a la máquina de escribir. Fue una experiencia apasionante que se quedó en eso, en experiencia.

Cuando pasaron los años, fui olvidándola. Pasada la novedad y en una época de estudiante en la que no eran necesarios los apuntes, la taquigrafía se fue al olvido. Y hasta hoy.

Mucho mejor y más práctico hubiera sido aprender mecanografía, ya que el devenir de la vida me hizo tener que opositar a banca, donde se pedía un mínimo de trescientas pulsaciones que yo alcanzaba, con alguna dificultad con mis torpes dedos, dos de cada mano. Luego la máquina de escribir cayó en el olvido también, siendo reemplazada por los teclados de los ordenadores, que en el fondo son similares con algunos cambios.

Si pudiera contar las veces que he apretado una tecla, de máquina de escribir o de teclado, la cifra sería mareante. Por ello, si en aquel verano hubiera aprendido mecanografía en lugar de taquigrafía, otro gallo me hubiera cantado. Eso sí, la experiencia y los recuerdos quedan ahí.

Nota: La fotografía está tomada de Wikipedia y es la oración del Padre Nuestro en formato Gregg y en otros formatos del siglo XIX.

domingo, 29 de junio de 2008

INTERNET


Hay una famosa ley, conocida bajo el pseudónimo de “Murphy” que dice muchas cosas referidas a muchos sucesos, pero resumiendo quiere decir que todo acontece cuando menos se lo espera uno y más fastidioso es.
Hace unos días necesitaba tener disponibilidad de acceso a internet para conectarme a unos servidores de Estados Unidos y poder realizar mi trabajo. Como ya ocurriera justo el mismo día de la semana anterior, cuando voy a echar mano de la conectividad, simplemente esta no existe, no resuelve, no se conecta, vamos.
Como me dio por ser previsor la semana anterior y apuntar todas las pruebas y tests que me indicaron desde el servicio de asistencia, procedí a realizar de nuevo todas y cada una de ellas: que si apagar y encender el “router”, que si “resetear” el mismo durante 20 segundos, que si aplicar la configuración por defecto, etc. etc. y nada, que sigo igual, como la semana anterior, no es problema mío sino del servicio que den a partir de la conexión en la central telefónica, toda vez que la sincronización del “router” con la central se produce y es correcta. Lo que pase a partir de ahí, vete a saber.
Lo malo es que la llamada de nuevo al servicio de incidencias, a pesar de mis advertencias de haberlo realizado ya, me hace repetir de nuevo paso por paso todo lo que su protocolo indica, haciendo caso omiso de mis apreciaciones en el sentido de haberlo realizado ya. Realizado todo el proceso me dicen lo que yo ya sabía, que me tienen que llamar ellos para proceder a una comprobación exhaustiva. Quedan en llamarme a las 12:00, desde las 10:00 en que esta conversación se producía. Bueno, al fin y al cabo si llaman ellos, pagan ellos y a ver si lo resuelven. Se me ha olvidado decir que la semana anterior, el mismo día, se resolvió “solo”, como por arte de magia a las 21:00. Nadie llamó, nadie comunicó, nadie dijo nada y mi mujer, que nada sabía de la falta de conexión, simplemente encendió el ordenador y se puso a trabajar con toda normalidad, recibir correo, navegar, etc.
Hoy a las 12:00 no han llamado. Tampoco a las 13:00 ni a las 13:30, hora en la que me decido a no seguir esperando y hacerlo yo. Si no me pongo muy serio, la señorita que me atiende pretendía realizar todas y cada una de las pruebas de nuevo, a lo que me he negado, reafirmándome en que lo que tienen que hacer es llamarme como han quedado. Revisa sus notas o sus registros y me dice que la posibilidad de llamada es a las 15:00. Insisto en que me diga que ha pasado con la llamada de las 12:00 pero no me puede decir nada, así que o lo tomas o lo dejas, pues a las 15:00.
No sé si llamaran a las 15:00 pero lo bueno de esta llamada, como todas las anteriores es el diálogo inicial y final que se produce en la llamada, eso si, que queda claro, pagando yo porque la llamada se produce a un queridísimo y famosísimo teléfono que comienza por 902.
Al principio me informa, con buena voz, lenta y pausadamente, que soy bienvenido al servicio de atención de banda ancha de patatín y patatán; sigue informándome que el coste de la llamada es de 6 cts. de euro el minuto y no contento me informa que al final de la llamada no me retire que me van a realizar una encuesta, sigo pagando yo, sobre la calidad del servicio. No contento con tanta información me suelta una musiquita diciéndome que espere, que me están atendiendo… tendrán caradura… hasta que al cabo de un rato me atienden de verdad.
Estamos llegando a unos niveles de desfachatez que rayan lo inconcebible. La pregunta es ¿si pagaran ellos el coste de la llamada me informarían de tantas cosas y me pondrían tanta musiquita? Cada cual que conteste, sin temor a equivocarse.

martes, 17 de junio de 2008

NEFASTO


Amanecía un día de recados y vicisitudes que prometía ser intenso. El pasado miércoles fue uno de esos días reservados para hacer un montón de cosas, que implicaban relación con otros organismos, empresas o particulares y que ya anticipaba, por la naturaleza de los casos, que iban a surgir sorpresas.
A primera hora de la mañana establezco la conexión vía internet con el centro de Atlanta de IBM para la realización de las prácticas de un curso que estoy preparando. ¿Adivinan lo que pasó? Pues eso, que la clave era incorrecta, correo electrónico al canto dirigido al responsable y a esperar la contestación. El teléfono no sirve pues la generación de claves lleva sus trámites y su tiempo.
Acudo al centro de salud para solicitar un análisis de sangre para mi padre que se encuentra en una residencia y que por ello no puede desplazarse. La persona que me atiende no sabe como es el procedimiento, que ya se ha realizado otras veces. No me da ninguna solución, bueno, sí, que baje al Hospital, distante cuatro kilómetros y pregunte allí, aunque me recomienda ir a primera hora de la mañana que es cuando se están practicando las extracciones y allí me aconsejarán.
Se me ha roto un cristal de un marco de fotografías. Me acerco a la tienda de toda la vida y cuando entro en ella noto que ha cambiado el aspecto, incluso la dependienta de siempre ha cambiado también. Ahora se dedican a más cosas, es otra empresa, pero me pueden hacer el cristalito de marras, eso si, no sabe cúanto cuesta y no sabe lo que tardarán, no menos de diez días. Me recoge el teléfono y “ya me avisará”.
Me dirijo al apartado de Correos pues estoy esperando desde hace tiempo un paquete contra reembolso de unos calcetines que he pedido a una fábrica de Barcelona. No llega lo que espero pero me encuentro un papelito, que por mucho que lo leo no me entero, acerca de nuevas normas del apartado, contrato de nuevos titulares y la típica “amenaza” de que si no se hace no sé qué cosa, que no está claro, a partir del próximo 10 de Julio no podrán depositar …. Etc. etc. Me dirijo a la directora de la oficina pero a la vista del papelito, que se supone ha depositado algún empleado bajo su dirección, no sabe darme explicaciones, me dice que lo rellene de cualquier manera y que ya me avisarán.
Me tengo que desplazar a un pueblo distante diecisiete kilómetros a recoger una pieza de plástico que han enviado desde Bilbao para la silla de ruedas de mi padre. Tras llegar allí, la dependienta que normalmente atiende la tienda se ha tenido que marchar por asunto familiar grave y la persona que se encuentra allí no sabe nada de nada. Busca y rebusca la pieza por mil y un cajones escondidos y al final no la encuentra. Me vuelvo para casa, otros diecisiete kilómetros, al precio que está el gasoil, sin la pieza y con un cabreo que para qué. Vaya día.
Al mediodía, cuando estoy a punto de tomar el tren para asistir a una comida con antiguos compañeros, recibo la llamada telefónica correspondiente al móvil anulando la comida. En el último momento, cinco minutos más tarde habría estado con mi flamante billete montado en el tren camino de Madrid. Se proponen nuevas fechas pero no estoy de humor, con el día que llevo, de pensar en nuevas convocatorias, máxime cuando se anulan una y otra vez.
De vuelta a casa, y eso que no había llegado la una de la tarde, por si no tenía pequeña la historia de fracasos del día, decido hacer la última gestión, consistente en dar de baja el contrato de mis padres con Tele2 para llamadas telefónicas. La cuestión se proponía tan enrevesada que la dije a la señorita que me atendía por teléfono que no estaba de humor y que lo dejaba para otro día.
Menos mal que España va bien y el mundo va mejor. Viva la tuberculosis.

martes, 10 de junio de 2008

COMPRAS-2

Hace una semana escribía sobre las “bondades” de la compra por internet y todos los flecos asociados a esta nueva modalidad que no deja de ser una versión actualizada de las antiguas compras por catálogo y envío por correo ordinario generalmente contra reembolso.

La vida aporta muchos matices y la experiencia nos da una pátina que nos permite afrontar nuevos retos, pero muchas veces no es suficiente y volvemos a tropezar en la misma piedra. En mi defensa, eso sí, diré que forzado por las circunstancias.

Por motivos profesionales, necesito un libro que ya me habían advertido que iba a ser bastante difícil de conseguir. La tirada es pequeña al ser un libro dirigido a un público profesional y por ello limitado. De hecho he comprobado que prácticamente se ha reeditado en los últimos años una vez por año.

Tras visitar personalmente tres de las mayores librerías de Madrid, la respuesta fue la misma: “está agotado y no podemos precisar si estará disponible y en qué plazo”. En una de ellas me ofrecieron pedirlo, tomaron nota de mi número de teléfono móvil y quedaron en avisarme en un plazo no superior a diez días. Pasaron los diez días y no recibí ningún aviso ni en sentido positivo ni en sentido negativo. Será que lo están buscando todavía y no sé por cuanto tiempo.

Esta última librería tiene también una web de compra de libros por internet. Me conecté a ella y para mi sorpresa el libro si estaba disponible y en stock, cuestión que en principio me chocó ya que no coincidía con lo expresado verbalmente por el dependiente y por mi espera en el pedido realizado. No obstante, cerré la web y me dirigí personalmente a la tienda donde hice ver estos extremos al mismo dependiente que me atendió la vez anterior. La respuesta me dejó helado: “es que una cosa es la venta en la tienda y otra completamente distinta la venta por internet, somos la misma empresa pero no tenemos nada que ver”. Le sugería la posibilidad de que él lo requiriera de forma interna y me dijo que no estaban habilitados esos canales y que si quería el libro no tenía más remedio que pedirlo vía web o seguir esperando a que me avisaran de esa petición que tras más de un mes confirmó que seguía pendiente.

Entré en fase de autoconvencimiento. Realmente no es una cantidad importante, diecisiete euros, que ya está bien, el libro y seis más por gastos de envío. Bueno, al final y a pesar de mis puntos de vista en contra de la compra internauta, me decidí a pedirlo. Solventados los trámites de pago mediante tarjeta, la virtual por supuesto y cargada con el importe exacto para la ocasión, surge el tema del envío mediante mensajero, que supone facilitar el domicilio particular y estar pendiente de cuando llega, porque normalmente no estamos en casa de forma permanente. Bien es verdad que por lo menos dejaron elegir las preferencias de entrega entre la mañana y la tarde.

No todo es tan fácil. Mis datos registrados en esa empresa apuntaban como domicilio a un Apartado de Correos, normalmente utilizado por mí a efectos de dirección. El mensajero no puede entregar el paquete en el apartado de correos, por lo que al darme cuenta tuve que hacer una llamadita, eso sí a un 902 de esos que odio, para cambiar el domicilio y poner el real donde pueda ser entregado el libro.

Problemas al fin y al cabo. El hecho es que el libro se pidió y pagó hace ya casi una semana y todavía, por unas causas o por otras, no está en mis manos y no tengo muy claro cuando estará. No depende de mí sino de que venga el mensajero cuando estemos en casa …. por la tarde.

martes, 3 de junio de 2008

e-COMPRAS


Teniendo en cuenta mi edad, que no mencionaré, se podría decir que soy bastante proclive a utilizar los medios modernos, concretamente todo lo que rodea al ordenador y el enorme elenco de posibilidades que se nos brindan, derivadas la gran mayoría de ellas de nuestro acceso a internet. Aunque no nos paremos a pensarlo, el correo electrónico es una maravilla que nos transporta a un mundo de posibilidades de comunicación y envío de información como antes no habíamos ni siquiera llegado a soñar.
Otra cosa son las compras a través de internet. La cosa mejora a pasos agigantados y se van perfeccionando los mecanismos que nos posibilitan adquirir un producto en cualquier país del mundo y que en un breve plazo de tiempo, quizás menos de una semana, lo tengamos en nuestra propia casa. En mi caso he comprado libros y discos en la clásica Amazon o en editoriales en Estados Unidos, y a los pocos días lo he disfrutado. Y en este caso no hay alternativa, serían muy costosos o con un cierto grado de dificultad el encontrarlos en España.
La principal barrera que vamos teniendo que vencer es la forma de pago, verdadero caballo de batalla de las compras electrónicas. Van apareciendo variados y múltiples sistemas para evitar a toda costa facilitar nuestro número de tarjeta de plástico por lo que pudiera pasar. No somos conscientes que en cualquier tienda, gasolinera o comercio la damos sin pestañear y es muy fácil para ellos el disponer de la numeración y fechas de vencimiento. A mi particularmente, la opción que me gusta y utilizo es una que me proporciona mi banco, también vía internet, que es el uso de tarjetas virtuales, incluso sin identificación, y que puedo cargar y descargar en el preciso momento en que realizo la compra.
La verdad es que hasta el pasado mes de Febrero había hecho compras pequeñas, libros, discos, entradas de cine o teatro…. En fin, de poca monta y casi admitiendo que pudiera fallar el sistema y quedarme con dos palmos de narices y sin dinero. Pero siempre hay una primera vez y con motivo de un regalo, encima un regalo para hacer a otra persona, me comisionaron para adquirir concretamente un marco digital, otra modenidad, a través de una conocida tienda de venta por la red, concretamente Pixmanía.
Todo muy bien, muy moderno, muy accesible, muy cómodo y en pocos días, el producto en tu casa vía Courier. Hasta aquí la cosa es cómoda. No diría que barata pues la compra por internet no siempre es barata, a pesar de que debiera serlo si tenemos en cuenta el ahorro que supone para las empresas el no disponer de local, almacén, “stockaje” ¿se escribe así? y demás parafernalias. Pero si añadimos al precio los gastos de envío, que suelen ser elevados, la cosa no sale tan barata, pero en fin, por lo menos es cómoda.
Si la cosa va bien, miel sobre hojuelas. Pero … ¿Y si la cosa va mal? ¿Qué ocurre cuando el aparato recibido no funciona? En mi caso, lo que no funcionaba era el mando a distancia: se comía las pilas de botón de 3 euros cada una en un día. A la tercera que se comió literalmente decidí proceder a su devolución al servicio postventa para que me remitieran uno nuevo. Y aquí empiezan las tribulaciones de un chino en china. La opción de utilizar el teléfono queda descartada porque el numerito es un 807 de esos que pagas un riñón para que encima te digan, eso si muy amablemente y con musiquita de fondo, que esperes, que todos sus operadores están ocupados.
La alternativa es, como para la compra, internet. Cuesta un poquillo localizar el mecanismo, no es tan fácil como para comprar. Después de rellenar unos cuantos formularios, te tienes que imprimir en tu impresora dos folios, preparar el paquete correspondiente y enviarlo, a tu costa, solamente 14 euros y pico, a su centro de Barcelona, donde a los pocos días te confirman, si todo va bien, su recepción vía correo electrónico. A partir de ahí, a esperar. En mi caso, a los dos meses me han mandado un nuevo aparato. Teniendo en cuenta que pretendía hacer un regalo en el mes de Febrero, el recibir un nuevo aparato a finales de Mayo no cuadraba, pero bueno, parecía que todo estaba solucionado.
Pero no, la alegría en la casa del pobre se acaba pronto. Desembalo el aparato, lo pongo en marcha y… la primera en la frente: una raya roja cruza verticalmente la pantalla y para que no se quedara la cosa ahí, el mando a distancia, como la vez anterior no funciona. Funciona al principio cuando tiras del plástico que preserva la pila, pero a las pocas horas, otra vez deja de funcionar.
Otra vez a devolver. Ya es la segunda vez y con la experiencia y que me apunto las cosas, todo se hace más fácil, pero nadie te salva de tiempo empleado o perdido, los folios, la tinta de la impresora, papel de envolver, pegamento, celo y, lo mejor, otros 14 euros y pico de mandar el aparatito de nuevo a Barcelona.
Estamos en Junio, no tengo el aparato que pagué en Febrero, me he gastado 35 euros más de lo que pensaba en los dos envíos de devolución y la pilas devoradas por el mando. Esperemos y confiemos que en dos meses me manden uno nuevo y….. que esta vez funcione.
Resumiendo, “vivan las compras por internet”.

domingo, 25 de mayo de 2008

CUENTAS



Las formas de vida moderna están cambiando muchos de nuestros hábitos de forma radical sin que apenas nos demos cuenta de ello. Nos dejamos llevar por los usos y costumbres que se van imponiendo, se nos van imponiendo, sin apenas oponer resistencia, ni siquiera en nuestros pensamientos.
El aprovisionamiento de comida y ya por extensión de algunos otros consumibles, los realizamos en lo que se denomina grandes superficies. Es muy frecuente que las familias destinen incluso una mañana o tarde del fin de semana a realizar una compra masiva de todo lo necesario, e incluso algo innecesario. Como resultado de nuestros paseos entre los anaqueles del supermercado, vamos llenando el carro con un sinfín de productos.
El final de este paseo es poner la proa de nuestro carro a una de las cajas para abonar la compra. Situamos en la cinta transportadora los productos adquiridos y una cajera o cajero los va pasando lo más deprisa que puede por un lector de código de barras que, conectado a una computadora o máquina electrónica, nos va confeccionando la cuenta con todo detalle. Al final nos dice el importe total, pagamos generalmente con nuestra tarjeta de crédito, algunas personas lo hacen con dinero en efectivo aunque son las menos, y también rápidamente nos dirigimos al aparcamiento para trasladar toda la compra al coche y marcharnos.
Pocas veces he visto a alguna persona revisar la cuenta. Como norma general parece que nos fiamos de que la máquina que ha ido apuntando uno a uno nuestros artículos lo haya hecho bien. Tenemos confianza en el sistema y por otro lado tampoco nosotros hemos ido apuntando uno a uno los suministros adquiridos y sumando sus importes. Lo único que nos queda al final es sorprendernos si la cuenta sube demasiado con respecto a lo que habíamos pensado, si es que lo habíamos hecho.
La crisis económica que se nos ha venido encima en estas fechas hace que cada vez más gente tome conciencia de los precios de las cosas que compra. Estoy por apostar que no hace mucho tiempo muchos ni nos fijábamos en ellos, simplemente los poníamos en el carrito y era muy frecuente que no tuviéramos ni idea de lo que costaban.
Retornando al tema de la cuenta, hay un par de aspectos que no dependen de la maquinita y que nos pueden colar algún gol, si bien es verdad que puede ser tanto a favor como en contra nuestra. Uno de ellos es el precio que se nos cargue en caja y que puede no coincidir con el que está marcado en la estantería. Como los precios están sufriendo variaciones continuamente, a veces hasta en el día, ocurre con cierta frecuencia que en caja nos cargan un precio diferente. Solo el haberse fijado en ello y proceder a una concienzuda revisión del tique que nos entrega la cajera, nos permitirá detectar este extremo. Bien es verdad que algunas veces ocurre que nos hemos dirigido al supermercado a comprar algo motivados por la propaganda que hemos recibido en el domicilio, aunque no nos hemos dado cuenta de la letra pequeña que figura en el folleto, con la que juegan, y que suele especificar unas fechas de promoción, que pueden no haber llegado o pueden haber finalizado.
Otro aspecto que podía meter “ruido” en la cuenta es la persona que desliza los artículos frente al lector. Algunos artículos se venden en conjuntos o bien de forma individual. Pongamos por ejemplo una lata de refresco, que puedo comprar individualmente o en paquetes de seis, ocho, doce e incluso más. El código de barras es el mismo, por lo que el dependiente tiene que realizar una operación manual para identificar lo leído. Tengamos en cuenta que como todo trabajador tiene una experiencia, mucha o poca, y que como persona se puede equivocar. ¿Qué ocurre si cuando llevamos ocho unidades la máquina pone el precio de las ocho pero el dependiente indica además ocho veces?
No está de más, allí mismo, a pié de caja, echar un vistazo rápido y a grandes rasgos de la cuenta. Es de suponer que todo esté bien y generalmente así será, pero ya en un par de ocasiones me he encontrado con algún “gato” en la cuenta y aunque haya sido casualidad, ha sido en mi contra.

domingo, 18 de mayo de 2008

APARIENCIAS


Las apariencias engañan, gobiernan nuestras vidas. Cada uno somos lo que somos pero otra cuestión es cómo nos queramos mostrar a los demás, que apariencia queremos transmitir, cuestión que varía según los contextos en los que nos desenvolvamos. Desde muy pequeños hemos sido enseñados, adiestrados, en conseguir una aceptación de los demás, que nos vean con una apariencia determinada, por lo que hacemos todo lo posible por transmitir una imagen, verdadera o falsa, de nosotros mismos como forma de conseguir una apreciación, quizá algunas veces rechazo, por parte de los demás. Por ejemplo, es posible que una persona muy rica quiera pasar desapercibida y por el contrario una persona pobre quiera aparentar lo que no es para conseguir unos determinados fines.
¿Cuánta gente trabaja en su empresa?
¿Cuánta gente va a su empresa?
¿Cuántos están estando y cuantos están trabajando?
Pero en contra de lo que pudiera parecer con este prolegómeno, no es a la apariencia humana a la que me quiero referir. En los objetos o cosas también se da este hecho, generalmente motivado por un afán de atraernos y que los compremos. El marketing y la publicidad tienen mucho que ver en este asunto. Es pan para hoy y hambre para mañana, porque enseguida nos daremos cuenta del engaño y nos formaremos un arquetipo del objeto, y por extensión de la marca, archivando en nuestra memoria el tipo de trucos que utilizan para confundirnos, cosa que logran en un primer momento pero al final descubriremos el pastel.
Hace unos días me enfrentaba en la estantería de un supermercado a la compra de un bote de cacao en polvo de esos que se utilizan mezclados con leche para el desayuno. Los diseños, las formas y los tamaños de los botes competían desde la estantería por atraer mi vista y forzar mi decisión. Al final elegí uno quién sabe si llevado por la marca, la forma o el precio. Cuando llegué a casa y procedí a destaparlo, les aseguro que al menos el 25% del mismo estaba vacío. ¿Se han encontrado con este hecho alguna vez? Me pregunto por la razón de hacer un envase más grande para que luego una cuarta parte del mismo esté vacío. No me queda otra respuesta que forzar su apariencia como más grande para que sin darnos cuenta pensemos que la relación precio-tamaño en este caso es la más adecuada.
No lo he comprobado, pero seguro que el peso del contenido es correcto, aunque suele estar escrito en letra más bien pequeña que seguro que la mayoría de compradores ni siquiera mira. El tamaño si es lo importante, al menos en este caso.
Y este ejemplo comentado no es un caso aislado. Seguro que tenemos todos muchos ejemplos. Otro, muy relevante en mi caso, me ocurrió con un recipiente que contenía membrillo. Era de plástico, redondo, transparente y se le veía relleno hasta el borde. Una vez destapado y puesto en servicio, al hundir la cuchara para extraer su contenido, esta topó con el fondo enseguida. Una vez consumido el producto, se puede apreciar que el fondo está levantado, muy levantado, con respecto a la base con lo que otra vez al menos un 20% de la apariencia no está rellena de producto, en este caso, membrillo. La única forma de verlo antes de comprarlo es mirar por debajo, cosa que normalmente no haremos en un primer momento.
No sé si hay norma que lo obligue pero al menos algunos de los supermercados, aunque que es verdad que en letra muy pequeña, ponen en la etiqueta aquello de “el kilo le sale” a x,xx euros”. Tal y como se están poniendo las cosas tendremos que educarnos en mirar más estas anotaciones que en fijarnos en las marcas, formas de los envases y, mucho ojo, en que zona de la estantería están situados. Los que el supermercado quiere que compremos están normalmente a la altura de la vista y por el contrario, los menos deseados estarán o muy abajo o muy arriba. Todo está estudiado, pero nosotros también podemos estudiar, estar avisados de lo que ocurre y no dejarnos llevar por las apariencias. Es muy conveniente tratar de ver lo que aparentemente no se ve, descubrir lo oculto. Irá en nuestro beneficio.

domingo, 11 de mayo de 2008

AGUA


En muchas ocasiones no somos conscientes de nuestra relación con este preciado líquido que nos cae del cielo, cada vez de forma más irregular debido a los cambios climáticos. En las sociedades llamadas occidentales basta con dirigirse a alguna de las estancias de nuestra casa para abrir un grifo y disponer de un caudal de agua abundante que podemos utilizar en el momento según nuestras necesidades, desde las más elementales de aseo o preparación culinaria hasta otras muchas de ocio o divertimento.
El hecho de que muchos hayamos nacido con el agua disponible en nuestras casas, nos resta la perspectiva de considerar como serían nuestras vidas sin esta posibilidad de la que disponemos. Cuando yo era muy pequeño, solía ir los veranos durante algunas semanas con mi abuela a su pueblo, donde nos alojábamos en casa de unos tíos. El pueblo, hoy en día uno de los más pujantes e industriales de la provincia, era por aquel entonces un conjunto de casas bajas de una planta dedicado principalmente a la agricultura. Como ya se puede ir imaginando, las casas no disponían de agua corriente.
Varias veces al día era necesario coger los cubos y dirigirse a la fuente pública para hacer acopio de agua y tenerla disponible en la casa. Por suerte mencionaré que la fuente no estaba demasiado lejos, ya que el agua pesa lo suyo. El hecho de tener que realizar el esfuerzo de acarrear el agua te predisponía a condurar y controlar muy mucho su uso en la casa: no se desperdiciaba ni una gota, dado que un desperdicio suponía un nuevo viaje a la fuente. El aseo personal pasaba por el lavado “manual” previo vertido de un poco de agua en una jofaina o palangana en tu propia habitación. El cuarto de baño simplemente no existía y si se preguntan dónde estaba la parte del cuarto de baño que no sirve para bañarse les diré que en el gallinero, bajo las estrellas. Eran otros tiempos que felizmente han pasado para nosotros, pero no olvidemos que algunos pueblos de la Tierra siguen viviendo en esas condiciones.
Nuestros hijos no han conocido el no disponer de agua corriente y abundante. Las cocinas disponen de modernos aparatos, lavadoras o lavavajillas, que hacen uso intensivo de esta facilidad de disponer del líquido elemento. Nuestro aseo diario pasa por un baño o una placentera ducha en la que podemos estar recibiendo en nuestra piel agua, por cierto caliente, durante el tiempo que creamos conveniente. En aquellas casas con jardín y piscina, los niños pequeños y no tan pequeños pueden jugar con una manguera o bañarse y chapotear sin preocuparse de cómo llega el agua.
Si bien dicen que el consumo importante procede del uso industrial, el consumo particular se va incrementando progresivamente a medida que varían nuestros usos y costumbres. Las grandes ciudades y pueblos necesitan grandes instalaciones de recursos hídricos para proveer a sus habitantes del líquido preciado. Ya no es tan barata el agua, su coste representa cada vez más un pellizco importante en las economías.
Desde hace unos años, de vez en cuando nos animan a reducir de forma responsable el consumo de agua, a ser cautos en su utilización. Cada vez que veo un anuncio recuerdo mi época de niño en casa de mis tíos.
Las casas modernas no están construidas estrictamente para ahorrar agua. Tengo un amigo que vive en un chalet de considerable tamaño que se ha propuesto minimizar el consumo. Una de las operaciones que hacemos generalmente todos a diario es la de ducharnos. Dependiendo del tamaño de nuestra casa y de la distancia que haya desde la caldera o acumulador al grifo de nuestra ducha, abrimos el grifo al principio y desechamos todo esta agua fría contenida en la tubería hasta que empieza a llegar el agua caliente y podemos comenzar nuestro aseo. En el caso de este amigo, la distancia entre su caldera y su cuarto de baño es grande, lo que le da para llenar dos cubos que tiene convenientemente situados al lado de la ducha. Llena los dos cubos con el agua fría que generalmente casi todos desechamos, y a continuación comienza su aseo. El agua contenida en los cubos es luego utilizada para otros usos como regar las plantas o en lugar de la cisterna del wáter. Como contrapunto, conozco otra vivienda en la que su propietario ha instalado un sistema que le mantiene el agua caliente circulante y por tanto disponible de forma inmediata en cualquier grifo. Este otro amigo no desecha agua pero habrá que pedirle que nos enseñe lo que le cuesta mantener el agua caliente en todo momento.
Por no extenderme más, hacer una consideración o pregunta ¿se puede beber el agua que sale por su grifo? ¿seguimos acarreando agua desde el supermercado?

sábado, 26 de abril de 2008

MORERUELA






No recuerdo claramente si en mis estudios de bachillerato, en aquel libro de historia con algunas, pocas, fotos en blanco y negro, aparecía el Monasterio de Santa María de Moreruela.

Con ocasión de un periplo corto, de fin de semana, por tierras zamoranas, cuando me encontraba perdido en carreteras interiores a la búsqueda del lagunar de Villafáfila, una desvencijada señal de tráfico de las antiguas anunciaba un desvío a un monasterio, a poco más de tres kilómetros. Había que desviarse y hacer siete kilómetros de más entre ida y vuelta pero por aquello de explorar y descubrir nuevos sitios nos dirigimos hacia allí.

El conjunto es sorprendente, grandioso. Como en todas estas tierras, lejanas de la civilización y del bullicio, reina la paz y la tranquilidad. El silencio solo se ve roto por el crotorar de las cigüeñas, muy abundantes, o de los múltiples pajarillos que pululan por allí. El monasterio está enfrascado en una restauración que se me antoja imposible, pero hace que su entorno este cuidado, disponiendo de un espacioso aparcamiento donde dejar el coche.

Cuando accedo a este tipo de lugares, que debieron de tener una vida intensa en otros tiempos, trato de imaginarme como podía ser el lugar en todo su esplendor, con sus monjes “ora et labora” con la iglesia y el claustro a pleno funcionamiento en un oasis de paz y tranquilidad que se palpa hoy día y que en la época de construcción del monasterio, allá por el siglo XXIII debió de ser espectacular. Se le atribuye el ser la primera construcción de la orden del Císter, los monjes blancos, en España aunque como sobre todo se investiga esto ha sido objeto incluso de una tesis doctoral. La sencillez y esbeltez del románico se puede contemplar aún en medio de estas ruinas que solo son un vestigio de lo que en su día debió de ser.

Las cigüeñas, en gran número, han tomado posesión de las alturas y han ubicado allí sus nidos, no solo en los muros y torres del monasterio, sino en arboledas cercanas. Que mejor sitio para vivir, en el fondo un poco de envidia si aflora a mis pensamientos. Rodeando el monasterio podemos llegar al ábside que es una de las zonas mejor conservadas. Un prado verde amplio permite la contemplación desde varios ángulos de esta magnífica obra arquitectónica, característica del románico palentino pero que aquí se ha llevado a su máxima expresión. La piedra está perfectamente trabajada y conjugada para formar un conjunto agradable y armonioso que alegra la vista y el espíritu.

El deambular sin rumbo entre las ruinas, apreciando detalles de lo que existe y de lo que pudo existir es una forma estupenda de relajación y reencuentro con uno mismo. Nada salvo el canto de los pajarillos perturba la armonía del lugar, armonía que penetra en el interior de uno mismo y genera un estado de bienestar casi olvidado por el trajín de la vida.