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domingo, 20 de febrero de 2011

COJONES


Ya he comentado con anterioridad que este blog también me viene bien para recuperar cosas que andan guardadas por ahí y que considero interesantes, de forma que al quedar englobadas, pudiéramos inventar la palabra «blogueadas» se hace más fácil su búsqueda y localización en el futuro. Por otra parte se me habrá notado cierta debilidad por cuestiones que tienen que ver con el idioma y esta tiene que ver y mucho.

Hace años me topé con esta pieza literaria que, aunque un poco irreverente, es magistral a mi modesto entender. Hay muchas historias sobre ella pero al parecer fue escrita por un estudiante sevillano y publicada en un periódico de tirada nacional. Como bien se comentaba, demuestra la riqueza de nuestro idioma castellano, que es capaz de dar significados diferentes, específicos y muy concretos a una única palabra, según el modo y contexto en el que se utilice. Ahí va.



Un ejemplo de la riqueza del castellano es el número de acepciones de una simple palabra, como puede ser la muy conocida y frecuentemente utilizada, que hace referencia a los atributos masculinos, COJONES. 
 
Si va acompañada de un numeral tiene significados distintos según el número utilizado. Así, uno significa caro o costoso («valía un cojón»), dos significa valentía («tiene dos cojones») , tres significa desprecio («me importa tres cojones») mientras que un número muy grande y par significa dificultad («lograrlo me costó mil pares de cojones»).

El verbo cambia el significado. Tener indica valentía («aquella persona tiene cojones»), aunque en admiración puede indicar sorpresa («!tiene cojones¡»), poner expresa un reto, especialmente si se pone en algunos lugares («puso los cojones encima de la mesa»). Se los utiliza para apostar («me corto los cojones») o para amenazar («como hagas eso te corto los cojones»).

El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase. Así, el presente indica molestia o hastío («me toca los cojones»); el reflexivo significa vagancia («se toca los cojones») pero el imperativo significa sorpresa («tócate los cojones»).

Los prefijos y sufijos modulan su significado: «a» expresa miedo («estar acojonado»), «des» significa reírse («descojonarse de risa»), «udo» indica perfección («esto es cojonudo») pero «azo» refleja indolencia o abulia («es un cojonazos»).

Las preposiciones matizan la expresión: «de» significa éxito («me salió de cojones») o bien cantidad («hace un frío de cojones») , «Por» expresa voluntariedad («lo haré por cojones») , «hasta» expresa el límite de aguante («estoy hasta los cojones») mientras que «sin» la cobardía («era un hombre sin cojones»).

El color, la forma o la simple tersura o tamaño también aportan significados. El color violeta expresa frío («se me quedaron los cojones morados») la forma puede indicar cansancio («tenía los cojones cuadrados»), pero el desgaste conlleva una experiencia («tenía los cojones pelados de repetirlo»).

El tamaño y la posición también son importantes («tenía los cojones grandes y bien plantados»), pero hay un tamaño máximo de referencia que no puede superarse y que depende de la localidad («tiene los cojones como el caballo del Cid, en Sevilla», o «tiene los cojones como el caballo de Espartero, en Madrid»). Si se supera este tamaño máximo indica torpeza o vagancia («le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, necesita una carretilla para llevarlos»).

La interjección significa sorpresa («¡cojones!») y cuando uno se queda perplejo los solicita («¡manda cojones!»). Por otro lado, en ellos reside la voluntad («me sale de los cojones»).


En resumen, se reta al lector a encontrar una sola palabra en castellano, o en otros idiomas con igual o mayor número de acepciones.

sábado, 12 de febrero de 2011

900


Dicho así no deja de ser un número cualquiera de los infinitos posibles que existen en el universo matemático. Pero aplicándolo al contexto telefónico español, a más de uno se le hincharán las venas del cuello, se le removerán las bilis y le subirá la bilirrubina a causa de la ira que genera.

Como ya hemos comentado en otras entradas de este blog, las empresas que deberían velar por el bien común, incluso manteniendo un compromiso entre sus servicios y sus ganancias, no dejan de inventar para sacarnos los cuartos y hacernos no solo ver sino comprobar los agujeros de nuestros bolsillos. La “pela” es la “pela” se decía antes y ahora se sigue diciendo, con mucha más intensidad, el “euro” es el “euro” y todo vale con tal de incrementar las cuentas de resultados y por ende las de beneficios. Los costes “morales” se soslayan con mucha facilidad cuando no se ignoran abiertamente y la “imagen” que tiene la compañía o empresa ante clientes y público en general importa poco y se valora menos.

Cuando gran parte de los usuarios disponemos de una tarifa, no gratuita por cierto, que nos permite hacer llamadas a teléfonos fijos nacionales sin un coste adicional, la “timofónica” se inventa los números 900 para que sigamos pasando por caja. Bueno, no todos los 900 ya que el propio prefijo 900 es gratuito pero no así el 901 y el tan temido 902. Sabemos que los números 901 y 902 son “virtuales”, esto es, no existen en realidad, estando apoyados en un número fijo convencional. Si conocemos el número fijo que se esconde detrás de uno de ellos, llamaremos sin coste adicional, repito que no gratis, pero si no somos capaces de dar con él nos costará unos dineros.

Las empresas se llenan la boca de decir que es por una mejora en su atención. Pero… ¿a quién engañan? La empresa que da servicio a la acometida de agua potable a mi domicilio, Aqualia, a la que yo y todos los vecinos hacían llamadas locales con o sin coste, cambió hace tiempo a un 902 alegando que era para una mejoría en el servicio. Se lo habrán creído ellos, porque lo que es los usuarios, no. Detrás de estos 90x están los ya conocidos como famosos CAU’s, traducido como centro de atención a usuarios, regidos y mantenidos incluso por personas externas a la propia compañía, ubicados en cualquier lugar del planeta donde salga más barato, y que en algún caso se hacen difíciles de entender, pues su castellano o español no es precisamente de España. Creo que todos sabemos a lo que me refiero.

Mantengo un particular cruzada contra los 902 y trato por todos los medios de averiguar el número de fijo se esconde detrás. Para ello me apoyo en búsquedas en Internet o accediendo directamente a una web dedicada específicamente a este asunto que es http://www.nomasnumeros900.com/ . en donde no siempre el teléfono obtenido es válido, ya que me ha ocurrido que llamando al fijo, la señorita “XXX” te dice que no te puede atender y que tienes que llamar al correspondiente 90x y cuando llamas a continuación a ese 90x que te ha indicado, la misma señorita “XXX” te atiende perfectamente.

En la empresa en la que estoy trabajando ahora, las llamadas a números 901 y 902 están inhibidas, no siendo posible realizarlas. Si el horario de trabajo coincide con el horario de atención al cliente, ya sabes, o buscas una cabina o un bar cercano si es que disponen de teléfono público, lo cual es muy raro, o te toca utilizar el móvil con lo cual es coste es, como decía mi abuela, para “mear y no echar gota”.

Porque no olvidemos que la rica lengua castellana tiene sinónimos para todo incluso para los números 902. Es broma esto de los sinónimos para los números aunque siempre el 15 ha sido “la niña bonita”, pero en mi caso el sinónimo para el 902 es “todos los operadores están ocupados, por favor espere… pagando vd.” que suele ser con demasiada frecuencia la realidad de lo que ocurre al llamar a un 902. Y cuando llevas cinco minutos esperando, te llevan los demonios y no sabes si colgar e intentarlo a otra hora mientras juras en arameo o seguir en la espera. Algunas empresas, pocas, informan del tiempo aproximado que falta para ser atendido e incluso te dicen los operadores que están en atención y las llamadas pendientes que hay en el momento antes de la tuya. Para que te hagas una idea, pero no dejan de ser meros parches al problema.

El último episodio de mi particular cruzada ha sido con la aseguradora ASISA. Les he dirigido un correo electrónico pidiéndoles expresamente el número fijo que esconden tras su 902.010.010. El informado en la web nomásnúmeros900 no lo cogen. Me han contestado con que son lentejas, que el 902 permite una mejor atención, y etc. etc. Lo de siempre, como si nos chupáramos el dedo.

Algunas empresas van entrando por el aro y facilitan los dos teléfonos, uno al lado del otro, para que sea el usuario el que decida a cual llamar. Un ejemplo es la conocida empresa de repostería Martínez que facilita en el envase de sus productos el 902.585.677 o 938.409.202 como teléfono de atención al consumidor y que si vas a su web te encuentras con la sorpresa de que te brinda el 900.101.968, totalmente gratuito. Mercadona también facilita un 900 gratuito. Hay más ejemplos y a ver si van aprendiendo todos y esto se convierte en una práctica común.

Pero también los hay que te tocan las narices en el sentido contrario. Por ejemplo, otra de las empresas del país que debieran dar ejemplo, Iberdrola, querida por algunos y odiada por los más, informa en su web de un 902 para atención al usuario pero justo debajo y pegadito aparece un 900 para atención al accionista. Que se os ve el plumero, majetes.

Seguiré con mi cruzada todo lo posible, y no tanto por el coste, que lo es, sino por erradicar de la factura de mis servicios de telefonía esas molestas líneas de información relativas a los odiados 90x que me veo forzado a utilizar.

domingo, 6 de febrero de 2011

CINE


Si hacemos una abstracción hasta lo más simple, el cine no deja de ser un trapo blanco colocado en una pared donde se proyectan luces, en blanco y negro o color, al tiempo que se emiten sonidos por unos altavoces. Técnicamente el asunto no da más de sí y de hecho, si suponemos la visita de unos extraterrestres que pudieran ver lo que está sucediendo en la sala durante una proyección, percibirían un montón de espectadores humanos sintiendo intensas emociones de alegría, miedo, asco u otras solo por estar mirando embobados las luces en el trapo y escuchando los sonidos ….

Desde muy pequeño me ha gustado el cine, en pantalla grande, ya que no en vano era casi la única actividad que en nuestra infancia e incluso adolescencia se podía hacer los domingos por la tarde en el pueblo. Daba igual la película que se proyectase, todos al cine a la función de las siete de la tarde. En las navidades se hacían jornadas especiales para los niños y ahí recuerdo haber visto por primera vez una de mis películas de culto: "101 dálmatas" en dibujos animados. Todos los años la ponían y yo me las arreglaba para ir a varias de las sesiones e incluso siendo ya más mayor, trataba de acompañar a mis hermanos pequeños con el fin de ver la película. Me la sabía de memoria. Ahora la sigo viendo con mi hija pequeña, pero ya es distinto: no es en el cine, en una pantalla grande, con las luces apagadas, sin sonidos extraños, aunque siempre están las palomitas de rigor. Ahora la vemos en casa, en la televisión, las veces que queramos solo con insertar el DVD o ya ni siquiera eso pues está grabada en un disco duro conectado a la televisión con lo cual no hay ni que levantarse del sofá para ponerla en marcha.

Esta introducción me lleva a una reflexión. Salvo algunas películas de esas que se llaman de arte y ensayo y en cines muy concretos, las películas comerciales que se estrenan están un tiempo en la cartelera de los cines y con el tiempo acaban siendo retiradas. Nunca se reponen.

Las televisiones en las casas han mejorado sobremanera en los últimos años. Ya están asequibles pantallas "enormes" en comparación con las de antaño, dotadas de tecnologías avanzadas como "plasma" y "led" e incluso con la posibilidad de visión en •3D. Y seguramente seguirán mejorando a medida que pasen los días. También existe la posibilidad, aquellos que dispongan de sitio en sus casas, de conectar un ordenador a un cañón de proyección y construirse un mini cine con tamaños de pantalla superiores a los que puede tener una televisión. Conozco un amigo que lo tiene montado en la buhardilla de su adosado y el efecto es parecido a un cine en pequeño, salvo cuando suena el teléfono o alguno se levanta a hacer algo, cosa que en el cine de verdad no se suele hacer por respeto a los demás.

Ahora retomaremos el tema, pero quiero comentar otro ejemplo. Siendo muy pequeño recuerdo haber ido al cine en Madrid, a un cine de esos que decían era de pantalla panorámica, donde se proyectaba una película que luego también ha sido de culto para mí: “BEN-HUR”. Recuerdo todavía como si fuera ayer la impresión que me produjo la historia, mi primer conocimiento de la enfermedad de la lepra y algunas escenas como la carrera de cuadrigas en la pantalla gigante del cine. Por supuesto que he comprado el DVD y veo la película una vez al año, normalmente por Semana Santa, pero no es lo mismo verla en la televisión que en el cine. Como curiosidad diré que hace unos años me enteré que la película estaba basada en el libro del mismo título, escrito por Lewis Wallace, que me encantó no solo por el libro en sí sino por aportar nuevos aspectos a la película que tan de memoria me sabía. Hay algunas cosas diferentes entre libro y película, como no podía ser de otra manera, pero en general la adaptación es muy fiel.

Hay en la actualidad soberbias pantallas de cine en algunas salas. Por mencionar una que me impresionó por su tamaño citaré la sala número 25 del complejo “Kinnepolis” en Pozuelo de Alarcón, en Madrid. He visto algunas películas allí y es impresionante.

Se me ocurre que podría ser interesante, repito utilizando el condicional “podría”, la reprogramación de películas escogidas en esa sala u otras de cine. Ahora se utiliza ya el cine para retransmisiones deportivas o de ópera. Hay películas que son para verlas en el cine: la ya citada de Ben-Hur, La Misión, El Último Mohicano, la saga de El Señor de los Anillos y seguro que otras muchas que se nos ocurrirán a cada uno. Si alguna vez me entero de que Ben-Hur, 101 Dálmatas o mi tercera película y última de culto “My Fair Lady” se proyectan de nuevo en una sala de cine, haré todo lo posible por ir a verlas. Ahí queda la idea.
 

sábado, 29 de enero de 2011

KINDLE


Como adelantaba en la entrada anterior, voy a referir los hechos que me han ocurrido con respecto a la adquisición de mi segundo libro electrónico, tras la rotura del anterior, un Papyre, y las peripecias sufridas con el servicio técnico de la empresa española Grammata que lo comercializa y que ya quedaron reflejadas en la entrada titulada “Papyre” de fecha 11 de diciembre de 2010.

Las comparaciones son odiosas pero los hechos recientes que voy a relatar a continuación y que me han causado no poca
sorpresa y mayor satisfacción, cobran una dimensión inusitada en comparación con aquellos. Aunque el relato en forma cronológica no es lo mejor para un texto escrito, voy a adoptar esa forma para una mejor claridad y comprensión.

30-OCT-2010
Había estado leyendo en la cama la noche anterior en mi lector electrónico Papyre y al amanecer no funciona. Tras un mes de “lucha” con el servicio técnico doy el aparato por perdido. Los detalles y pormenores en
Empiezo a mirar el mercado para decidir la compra, tomando la decisión de adquirir un KINDLE, de la marca AMAZON, que solo ser vende por correo a través de internet. No era la primera compra que yo hacía en la web de AMAZON.
14-DIC-2010
Realizo la compra en la web de AMAZON. Me informan que, debido a la cantidad de pedidos, la cercanía de las navidades y la gran demanda existente en el mercado propio no podrán dar curso a mi pedido hasta el 17 de enero. Lo acepto y me dispongo a esperar algo más de un mes. El precio son 109 euros a los que hay que añadir los gastos de envío y las tasas de aduana, con lo que el total final queda en 148 euros. A esperar tocan. Me confirman inmediatamente la compra mediante correo electrónico y me asignan mi número de pedido.
09-ENE-2011
domingo
Recibo un correo electrónico en el que me informan de que han podido mejorar sus procesos de fabricación y una vez concluido el período de navidad, están en condiciones de adelantar unos días el envío, por lo que procederán al mismo el día 13 estando prevista la llegada del aparato a mi domicilio el 17 de enero.
17-ENE-2011
lunes
Recibo el aparato, transportado por la empresa de mensajería UPS y lo pongo en marcha. Ya venía con la batería casi cargada y unas instrucciones que me hacen empezar a disfrutar de él de inmediato. Hay manuales e instrucciones en castellano.
22-ENE-2011
sábado
HORROR, PAVOR, ESTUPOR y ENFADO. Al disponerme a leer en la cama, se me escurre entre los dedos mi nuevo flamante lector con tan mala suerte que se golpea con el pico de la mesilla y queda la pantalla rota. Mala suerte. No me ha durado ni una semana.
23-ENE-2011
domingo
No he podido casi dormir en toda la noche del tremendo disgusto. Me levanto pronto y decido pedir lo antes posible un nuevo aparato, mi KINDLE-2. Hago mi pedido y esta vez me informan que se procesará inmediatamente y que el libro estaría en mis manos el miércoles, tan solo tres días después. Al menos la espera esta vez iba a ser casi inexistente. Por la tarde ya me confirman la emisión del paquete y me dan el número de seguimiento, también con la empresa UPS.
24-ENE-2011
lunes
No me resigno a tener un aparato roto y pienso en la posibilidad de su arreglo. Por la tarde me armo de valor y, congojado y acojonado por el idioma y el “todos-nuestros-operadores-están-ocupados”, marco el número de teléfono de AMAZON en Estados Unidos. Una alocución en castellano me informa que se ha detectado que mi llamada es desde España y por lo tanto no es gratuita si continúo adelante con ella. En unos instantes me responde un operador, diciéndome de nuevo que se ha detectado que mi llamada es desde España y que si quiero ser atendido en castellano o en inglés. Inaudito. Antes de informar del motivo de mi llamada, el operador me solicita la información de mi cuenta en AMAZON y me hace algunas preguntas sobre mis datos para verificar de cierta manera que soy el titular de la cuenta. Cuando me pregunta el motivo de mi llamada le digo claramente, no olvidar que estábamos hablando en castellano, que se me ha caído el KINDLE, se ha roto la pantalla y quisiera ver la posibilidad de arreglarlo. Me comenta que observa en mi cuenta que he pedido otro, extremo que le confirmo, a lo que me responde, sorprendentemente, que no hay problema, que les envíe el deteriorado y en cuanto lo tangan en su poder me reembolsaran el importe, eso sí, sin incluir los gastos de envío y las tasas. Se me quedó la cara a cuadros. No sabía que decir. Me preguntó de nuevo si quería devolverlo en esas condiciones, y al contestar afirmativamente me informó de que me había enviado un correo electrónico con una etiqueta y una factura para la devolución. Recibí al instante el correo electrónico con la mencionada etiqueta y las instrucciones para devolver el paquete. Cuando colgué el teléfono estaba literalmente estupefacto, no era capaz de pensar ni decir nada.  Como los hechos han ocurrido esta misma semana, no dispongo de los datos de mi operador telefónico, pero mi sensación es que la duración de la llamada estuvo alrededor de los diez minutos.
25-ENE-2011
martes
Cuando me acerco con el paquete de devolución a una oficina de UPS y lo escanean, me dicen que no tengo que pagar nada, ya que la etiqueta indica que el porte estaba a cargo de la empresa destinataria. Otro ahorro y otra sorpresa de lo más grato.
26-ENE-2011
miércoles
Como estaba previsto, a las 12:48 recibo el paquete con mi KINDLE-2. Solo hace tres días y unas pocas horas que lo he pedido y ya puedo disfrutar de él.
28-ene-2011
viernes
Recibo un correo electrónico de AMAZON en la que me informan de que mi devolución ha sido recibida y procesada y que en unos días, alrededor de diez, me será abonado el importe en la misma tarjeta visa que utilicé para el pago.

29-ene-2011
sábado
Mientras estoy escribiendo este post, recibo correo electrónico de AMAZON donde mi informa del procesamiento de la devolución, para la que se estima un plazo de diez días. NUEVA SORPRESA, me van a devolver un total de 125,46 euros, lo que incluye la devolución también de los gastos de envío que aboné. ME DEVUELVEN también los gastos de envío. Sencillamente, es increíble.


No es cuestión de analizar las diferencias entre el Paypre y el KINDLE que quizá sean objeto de otra entrada. Si sería cuestión de analizar las diferencias entre la empresa española GRAMMATA y la empresa estadounidense AMAZON. Pero no quiero entrar en ello, dejando a cada cual que saque sus conclusiones tras la lectura de este post y del anterior mencionado.

Solo puedo reiterar aquí, en voz todo lo alta que se puede desde un escrito, mi agradecimiento a AMAZON por su funcionamiento, su deferencia al devolverme el importe de un aparato que he roto yo, y su exquisita atención por teléfono y por correo electrónico en todo momento teniendo en cuenta la diferencia de idioma y de país.

MUCHISIMAS GRACIAS, AMAZON.

Si alguna vez está en el extranjero o tiene algún amigo que hable inglés, pídale que haga la prueba de llamar desde su país a Granada, sede de la empresa GRAMMATA para plantear a su servicio técnico alguna cuestión a ver qué ocurre. A lo mejor resultaba sorprendido, pero me temo lo peor. Como hecho, cuando yo llamé el 2 de Octubre para remitirles el ebook estropeado, no me mandaron ninguna etiqueta, tardaron varias horas en mandarme el correo electrónico con las instrucciones y aunque el porte lo pagaron ellos tuve que llamar por teléfono para verificar que habían recibido mi paquete. Y en todo momento disponían de mi correo electrónico y mi teléfono móvil donde podían haber confirmado la recepción. Igualito, igualito.

miércoles, 26 de enero de 2011

EFI.....QUÉ? AMAZON

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AMAZON, muchas gracias, estaré eternamente agradecido….

En mis estudios hace ya algunos años tuve que aprender la diferencia entre los términos eficacia, eficiencia y efectividad. Fue una pregunta de examen que contesté con acierto pero hoy he tenido que volverlos a repasar a raíz de un hecho que me ha ocurrido y que me impele a escribir esta entrada en el blog incluso un miércoles, sacando tiempo de no sé sabe dónde.

La explicación de los términos depende del contexto en el que se utilicen. No es lo mismo hablar de temas económicos que de temas de salud, por poner un ejemplo. Le sugiero que no acuda al diccionario porque la cosa no queda clara, al menos para mí que debo estar contaminado por las acepciones que manejé en su día para temas de salud. Luego haré un resumen contundente, en relación con el hecho acaecido pero EFICACIA hace alusión a la capacidad que tiene una acción de producir resultados en la dirección esperada. La EFICIENCIA sería la relación entre el coste y el beneficio obtenido y por último la EFECTIVIDAD tendría relación con el grado de satisfacción producido en el cliente.

Resumiendo y por poner un nombre-ejemplo a estas tres palabrejas: AMAZON, la empresa estadounidense de ventas de libros, y más cosas, muchas más cosas, por correo a través de internet. Y explico esta definición con hechos reales felizmente acaecidos hoy mismo.

El pasado DOMINGO, hace TRES días, a eso de las siete de la mañana encargaba su producto estrella KINDLE, un libro electrónico, a través de internet en su web www.amazon.com. Solo diré que el coste total del modelo básico, con wi-fi, es de 148 euros incluyendo gastos de envío y tasas de aduana. Con pena, dejo para lectores mas avezados el indagar lo que cuesta un modelo similar en cualquier tienda española.

Inmediatamente recibí un correo electrónico informándome de que el pedido estaba en preparación y que lo recibiría en TRES días. Esa misma tarde del domingo recibí un nuevo correo electrónico en el que me informaban de que mi producto estaba enviado y me facilitaban el número de seguimiento de la empresa de paquetería, UPS, que ha funcionado a las mil maravillas.

Ya comentábamos hace días las cosas que te dejan estupefacto en estos tiempos a poco que te esfuerces por intentar estar al día. Una de ellas es la posibilidad de seguir el rastro del paquete que te han enviado en todo momento. Con el número de seguimiento, más conocido en el argot internacional como “tracking” he podido saber dónde estaba mi lector electrónico casi al instante. Tan al instante es que cuando hoy mismo, MIÉRCOLES, TRES DIAS como habían dicho, a las 12:48 han entregado el paquete en destino, he recibido un correo electrónico a las 13:24 informándome del hecho e indicando el sitio, recepción del edificio, y nombre de la persona que se había hecho cargo del envío.

La verdad es que la lista de seguimiento es cuando menos curiosa y la voy a reflejar al final de este escrito como testimonio.

Lo que me alucina es la automatización de los procesos en la empresa AMAZON que es capaz de poner un aparato en tres días en las manos del cliente teniendo en cuenta la diferencia horaria y la distancia. Casi se puede pensar que existiendo stock en los almacenes de AMAZON, cualquier cosa que les compres la vas a estar disfrutando en tres días. Repito que me parece increíble y no puedo por menos de comentar que me da cierta envidia no disponer de servicios similares aquí en nuestro querido país. He comprado alguna cosa por internet y debe ser que he tenido mala suerte, pero en un par de ocasiones todo han sido pegas y problemas. Y los más gordos, que no llegaron a resolverse, fueron con PIXMANIA, ahí queda el dato.

Pero si esto referido es sorprendente en relación con AMAZON, hay mucha más historia que contaré con tiempo en el próximo apunte de este blog el fin de semana. Esto no es nada con el servicio que me ha deparado AMAZON y del que esta historia es solo una pequeña parte, algo espectacular, pero no la más humana, que también ha existido. El fin de semana lo contaré en otra entrada, de forma aséptica y de forma comparada. La próxima vez que necesite comprarme un lápiz y un sacapuntas, miraré primero en AMAZON antes de tomar una decisión.

Esto son los datos del seguimiento facilitados por UPS. Hay que tener en cuenta la diferencia horaria con EEUU que es al menos de seis horas

Madrid, Spain 26/01/2011 12:48 Entregado
Madrid, Spain 26/01/2011 7:25 Listo para entrega
Madrid, Spain 26/01/2011 7:21 Escaneo de llegada
Madrid, Spain 26/01/2011 7:11 Escaneo de salida
Madrid, Spain 26/01/2011 5:39 Escaneo de llegada
Madrid, Spain 26/01/2011 4:13 Registrado con agencia despacho
Madrid, Spain 26/01/2011 3:36 Registrado sgencia despacho / Envío remitido a
Madrid, Spain 26/01/2011 3:36 Falta poder notarial, necesario para despacho.
Koeln, Germany 26/01/2011 3:27 Escaneo de salida
Koeln, Germany 25/01/2011 22:18 Escaneo de llegada
Philadelphia, EEUU 25/01/2011 8:53 Escaneo de salida
Philadelphia, EEUU 25/01/2011 0:38 Escaneo de exportación
Madrid, Spain 25/01/2011 5:26 Falta poder notarial, necesario para despacho.
Philadelphia, EEUU 24/01/2011 22:57 Escaneo de llegada
Newark, DE EEUU 24/01/2011 22:09 Escaneo de salida
Newark, DE EEUU 24/01/2011 21:29 Escaneo de origen
United States 24/01/2011 14:33 Orden procesada: Lista para UPS

domingo, 23 de enero de 2011

OBSOLESCENCIA


Es una buena opción, siempre que sea posible. Hay veces que no lo es, por las más diversas causas: personal de servicio técnico, piezas, etc. Cuando nos enfrentamos a la rotura o avería de un aparato de los muchos, cada vez más, que inundan nuestras vidas, siempre surge la duda: ¿arreglarlo? ¿adquirir uno nuevo más moderno y con más posibilidades?

Hace unos días se pudo ver en televisión un reportaje titulado "Comprar, tirar, comprar". Yo he recibido ya varios correos electrónicos adjuntándome el enlace al mismo, se ve que circula por internet. No sé por cuanto tiempo estará colgado en la web de Radio Televisión Española. Yo me lo he descargado para verlo tranquilamente en la televisión ya que se acerca a la hora de duración y es muy interesante, a mi juicio, y en la pantalla del ordenador resulta cansado seguirlo. Aquí está el ENLACE AL DOCUMENTAL

El asunto de fondo es algo que se denomina “Obsolescencia programada o planificada”

Revisando aparatos electrodomésticos de uso y funcionamiento diario que tengo en mi casa, el frigorífico se lleva la palma, con casi veinte años prestando servicio a entera satisfacción. Bien es verdad que tiene alguna pieza de menor importancia que ya no es suya, como los tiradores de las puertas, pues ya hace tiempo que quedó descatalogado de la empresa que lo fabrica. De hecho, la última vez que me acerqué a un servicio técnico a intentar comprar la goma de la puerta del congelador, no solo me comunicaron este hecho de que su servicio está discontinuado sino que el empleado se sorprendió grandemente de que estuviera funcionando todavía sin ninguna reparación de calado. Pues funciona, y bien y ojalá lo siga haciendo por muchos años aunque no disponga de conexión a internet para hacer el solito los pedidos al supermercado. Pero me queda claro que el día que dé el más mínimo problema en alguna cuestión fundamental, será el momento de considerarle obsoleto y dirigirme a la tienda a comprar uno nuevo. Si pudiera elegir compraría de la misma marca y el mismo modelo, pues con ello podría pensar que tendría otros veinte años de funcionamiento al menos sin sobresaltos.

Pero como se puede ver en el reportaje, las cosas no van por ahí. No tengo la menor duda de que, con la tecnología actual, las empresas podrían fabricar aparatos cuasi eternos, a poco que establecieran un programa de mantenimiento que implicara la revisión, engrase y sustitución periódica de los elementos que se desgastasen por el uso. Esto sería igualmente aplicable a los coches. Pero ya repito que para eso tendrían que querer. Unas tías mías, octogenarias, tienen en perfecto uso y funcionamiento un Mercedes que perteneció a su padre y que está matriculado allá por 1960. En justicia hay que decir que se lo mantiene y arregla un mecánico que además de poner mucha sapiencia y cariño en el asunto, es un artista. Esto de la obsolescencia también va por países y sino que se lo digan a los cubanos que mantienen sus vehículos a base de fabricarse ellos mismos las piezas.

Pero para entrar en cuestión, lo que me llama la atención y agudiza mis sentidos es lo de “programada o planificada”. La economía actual y mundial está basada en el consumo, y no precisamente de productos básicos como la comida o la ropa, que si nos damos cuenta reducen mes a mes su porcentaje en el gasto global de una casa; hace no muchos años el gasto fundamental de una familia era en comida y después en ropa. Ahora las cosas han cambiado y gastamos más de forma periódica en telefónica, automoción, vacaciones, informática, etc. etc. Hace unos años, la pantalla del ordenador, flamante y plana de las primeras que salieron, y que me había costado mis buenos euros, se apagó de pronto. Miré la factura de compra y hacía justo dos años y dos meses que la tenía. La garantía estaba, pues, finiquitada. Al llamar al servicio técnico me pusieron mil y una pegas, exactamente igual que en el reportaje comentado, como que si el taller estaba en Portugal, que el envío y devolución corría de mi cuenta, que me iba a costa más “el collar que el galgo”, que habían bajado de precio y en suma, que no me interesaba reparar, sino tirar y comprar una nueva, cosa que tuve que hacer al final. La compré de otra marca pero seguro que hubo en esos momentos a alguien que le pasó lo mismo con las marcas intercambiadas.

La cuestión está en saber si algunas empresas dedican tiempo y dinero en la fase de investigación de nuevos productos para fabricarlos del tal modo que al cabo de un tiempo se vuelvan inoperativos. Lo ideal sería conseguir que los clientes estuvieran a gusto con el producto durante un tiempo suficiente, de forma que ante la inutilidad de este se decidieran por comprar uno de la misma marca. En todo caso, y ya que todo es global, lo que interesa es “comprar, tirar y comprar”, que se mueva la rueda y que esto siga para adelante hasta no se sabe que límites. Lo que sí está claro es que si se para se arma la marimorena.

Por otro lado y a fuer de ser sincero, es determinados productos no interesa que funcionen durante mucho tiempo, dado que el avance de la tecnología los va a dejar en fuera de juego por la aparición de nuevos modelos con mejores y mayores prestaciones. Véase el caso de los teléfonos móviles, que si no los cambiamos cada año estaremos fuera de lugar.

Tengo cámaras fotográficas compradas en los años setenta que funcionan a la perfección. Las saco y las pruebo una vez al año. Otra cosa es que no se usen, pues la tecnología digital las ha dejado obsoletas, no por mal funcionamiento sino por avance que me hace decidir no seguir con los carretes y los revelados. Son cosas del pasado aunque lo estuviéramos usando hasta hace muy poco y de hecho todavía se pueda seguir utilizando.

(Para el que tenga interés, ya hablábamos de cosas muy parecidas hace meses en la entrada del pasado mes de Abril titulada "Repuestos")

domingo, 16 de enero de 2011

RETROACTIVIDAD


Cuando me enfrento a alguna palabra que elijo como título para las entradas de este blog, no tengo por menos que echar un vistazo al diccionario para ver su significado. A veces hay sorpresas como en este caso, pues todos sabemos lo que significa retroactivo e incluso lo hemos sufrido en propias carnes, generalmente como reclamo de un pago monetario atrasado. El diccionario me ha dejado la cara a cuadros, por si tenía alguna duda ahora me quedan más. He aquí su significado en el RAE ”Que obra o tiene fuerza sobre lo pasado”.

Antes de entrar en materia, voy a contar una pequeña historia cuyo parecido con la realidad tiene que ser tomado como una mera coincidencia. Hace años, en una empresa y en un departamento compuesto por cinco personas, algunas de ellas con más de diez años de antigüedad en esos cometidos, se produjo un relevo en el jefe. Sí, me gusta escribir jefe, aunque ahora se emplean todo tipo de palabrejas alternativas como director, coordinador, responsable u otras zarandajas por el estilo. Como decía, el jefe recién llegado procedía de otros estamentos de la empresa y no tenía ni idea de lo que se hacía y cocía en el día a día. Al principio fue patente su humildad a la hora de preguntar y tratar a sus subordinados, pero poco a poco las tornas fueron cambiando. El jefe se hizo fuerte, abandonó su humildad y se dedicó a tomar las riendas con formas y modos que no parecían de recibo. Una de las cosas que hacía, a primera hora de la mañana, era espiar lo que habían hecho los trabajadores en el día anterior, consultando informáticamente los documentos y ficheros que habían visto y/o modificado. Entraba en los directorios, ordenaba por fecha descendente, curioseaba y curioseaba y, lo que es peor, no decía nada. Si al menos se hubiera dirigido a alguien a preguntarle, de forma directa o velada, se podrían haber explicado o justificado las causas de haber realizado o consultado un fichero para realizar una tarea determinada.

Fue pasando el tiempo y en pocos años, de los cinco integrantes originales del departamento solo quedaba uno. Y con la salvedad añadida que no pedían el traslado a otros departamentos sino que pedían la baja voluntaria, se marchaban de la empresa y se iban a otras empresas a desarrollar la misma labor que hacían en esta. Todos perdían su antigüedad y la empresa perdía sus conocimientos y experiencia de tantos y tantos años. Pero eso no importaba y lo que nunca se supo es si ese vaciado departamental fue un hecho que ocurrió sin que nadie lo planificara o es que quizá el nuevo jefe, motu proprio u ordenado por la superioridad, había recibido el encargo de aportar nuevos aires y deshacerse de los viejos elefantes que bramaban mostrando su colmillo retorcido. Al cabo de unos años quedó este jefe, con nuevas incorporaciones y uno solo de sus empleados iniciales al que aburrió hasta decir basta.

El tiempo es un consejero infalible que da y quita razones y pone a las cosas y a las personas en su lugar. Es posible que pasado un tiempo, alguna de las cabezas pensantes en otros departamentos de la empresa alcanzase a darse cuenta del desaguisado producido, aunque como el trabajo y la calidad no es lo más importante hoy en día, no hay problema. Pero supongamos que a alguien le diera por analizar el asunto y llegara a descubrir que este jefe y su gestión habían sido nefastos. Y en este supuesto me hago la pregunta: ¿además de destituirle fulminantemente, alguien se hubiera puesto en contacto con esos cuatro antiguos empleados para intentar una vuelta a la situación original? Retroactividad.

Ya digo que cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia y seguro que ejemplos de estos tenemos todos los días en el mundo real. Veamos si no el titular de del periódico “20 minutos” un día de esta semana, en donde se informa que el Gobierno ha reculado en el asunto de los despidos baratos que puso en marcha hace unos meses. ¿Qué ocurre con los efectos retroactivos de esta sonora reculada?

Conozco varios casos. Uno de ellos, muy cercano, se encontró el primer día tras la vuelta de sus vacaciones del verano con el despido fulminante al haberse acogido su empresa a las nuevas normas promulgadas en aquellas fechas. La empresa marchaba de forma boyante, a tenor de los cochazos y lujos de sus directivos y este empleado llevaba más de veinte años laborando para hacer avanzar a esta empresa que de un día para otro, con alevosía y “agostía”, le daba una patada en salva sea la parte con un dinerillo que era menos de la mitad de lo que le hubiera correspondido.

Dejo la pregunta en el aire, con una mueca de sonrisa en mi cara: ¿Esta reculada gubernamental va a obligar con efectos retroactivos a los empresarios a abonar a los despedidos las cantidades no abonadas?

No me conteste, que me da la risa.

Retroactividad, mucha y bendita retroactividad.

miércoles, 12 de enero de 2011

AREAS


Tengo que reconocer que desde muy joven he tenido suerte en mi relación con el mundo de la automoción. Al mes escaso de cumplir los dieciocho años y obtener el permiso de conducir, adquirí mi primer coche, un SEAT 127, que utilicé con profusión al descubrir que viajar, y viajar en coche, tenía para mí una atracción especial. De siempre me ha gustado conducir, más si los viajes eran ciertamente largos y menos si lo que se trataba era de desplazamientos cortos, frecuentes y repetitivos.

Así, y vuelvo a dar gracias por mi buena suerte, siempre he dispuesto de coche y dinero suficiente para combustible. Si bien mi trabajo ha estado desde aquella época distante de mi casa, he procurado utilizar el transporte público y dejar el coche aparcado que es como mejor está, en mi modesta opinión, evitando el tenerlo que coger día tras día.

A principios de los ochenta del siglo pasado, inicié una serie de viajes en mi propio coche por Europa, recorriendo kilómetros y kilómetros por todo tipo de carreteras y llegando a sitios tan dispares como el norte de Noruega, el sur de Grecia, Budapest o las tierras altas de Escocia, por poner algunos ejemplos. En el de Noruega se hicieron más de catorce mil kilómetros. Cargado el coche con la tienda de campaña y todo tipo de comida que no se estropeara, era una gozada lanzarse a las carreteras y conocer sitios, paisajes y gentes diferentes. Y en aquella época no existía el euro y había que estar haciendo acopio de monedas de cada país por los que ibas pasando, toda una aventura.

Yo era, ahora ya no y luego lo explicaré, de los de arrancar el coche y no parar salvo la necesidad perentoria de echar gasolina. Craso error. Voy a referir aquí dos experiencias entresacadas para al final referirme a lo de “áreas”.

La primera, en 1990 fue el viaje a Escocia. Embarqué mi coche, un PEUGEOT 309 diesel en el ferry en Santander y tras una noche de navegación nos “descargaron” en Plymout, circulando por la izquierda, para atravesar toda Gran Bretaña hacia el norte hasta alcanzar las tierras altas de Escocia. En las autopistas había áreas de servicio, muchas o todas ellas denominadas con el español nombre de “Granada”, donde era una delicia detenerse. Daba pena pasar sin parar. Juegos para los niños, jardines, aparcamiento señalizado, baños limpios donde poder incluso ducharte o afeitarte, restaurantes económicos o más caros, en fin, una serie de servicios que invitaban a detenerse y descansar un rato y aprovechar para poner combustible, ir al baño o comer. A lo largo del viaje, de más de siete mil kilómetros, paramos muchas veces en estas áreas de servicio. A la vuelta a España, y por aquello de ir unos días a la playa en verano, nos desplazamos cuatro o cinco días a Peñíscola. En la autopista del mediterráneo, paramos en un área de servicio a cenar algo. Era de noche, el aparcamiento estaba a oscuras con unos pocos fluorescentes. Multitud de carteles anunciaban que se dejara el coche cerrado y sin cosas a la vista. Por un poco de jamón de york, agua y un yogurt nos metieron un “palo” del que todavía estoy temblando. En fin, todo eran facilidades para facilitar la parada de los conductores.

El segundo ejemplo es un viaje realizado a Munich. Mi mujer estaba embarazada y el desplazamiento en coche de más de cinco mil kilómetros se hizo con la condición impuesta por la ginecóloga de detenerse diez minutos cada dos horas y andar un poco, aunque fuera dando vueltas al coche. El primer día hicimos mil cuatrocientos kilómetros con esta cantinela de parar cada dos horas. Quizá tardásemos más pero lo cierto es que tras esa “paliza” de kilómetros llegamos descansados, con ganas de ir a dar un paseo por la ciudad. Desde entonces paro cada dos horas y noto que llego mucho más descansado al destino. Tangencialmente diré que en este viaje visitamos muchas áreas de servicio españolas, francesas, alemanas y alguna suiza y austriaca.

El domingo pasado retorné, en coche, desde Saint Lary Soulan, en el pirineo Francés hasta Madrid. Los setecientos veinte kilómetros a cubrir sugerían dos paradas intermedias. La primera la hice en el área de servicio de la autopista francesa A-64 de Hastinges. Una delicia, mesas para picnic, aparcamiento señalizado, jardines cuidados, baños limpios y hasta una exposición preciosa sobre el Camino de Santiago que pasa por allí. Por supuesto gasolinera y servicios de restauración también.

La segunda parada ya en tierras españolas en un espacio pasado Vitoria que no sé cómo denominar en la autopista, de peaje, que va a Burgos. La gasolinera con pago previo en los surtidores, la cafetería sin comentarios y el coche hubo que dejarlo “por allí”. Llevábamos bocadillos para un picnic que nos tuvimos que comer de pié al lado del maletero del coche y guardar los papeles y los restos en una bolsa en el propio coche porque las pocas papeleras que había allí estaban llenas a rebosar. Baño en la gasolinera o en la cafetería.

Al menos en este aspecto de las áreas de servicio nos falta un largo camino que recorrer, ya que muchas de ellas en nuestro país son simples negocios de gasolinera y cafetería o restaurante que mantienen estrictamente sus locales y no muy bien en la mayoría de los casos que conozco. No sé si el Ministerio de Fomento o quién debería tomar cartas en el asunto y establecer unos requisitos mínimos de tramos y condiciones para estas áreas que invitaran al viajero más a parar que a pasar de largo. Y eso que los peajes no son especialmente baratos que digamos. Como referencia, en los setecientos kilómetros, los peajes han supuesto la cantidad de cuarenta y dos euros a la ida y otros tantos a la vuelta.

miércoles, 5 de enero de 2011

RETIRARSE

“Una retirada a tiempo es una victoria” reza el dicho popular. No se trata tanto de una victoria sino de asumir cuando a uno le ha llegado la hora de dejar de hacer algo que venía haciendo. A medida que se van cumpliendo años, las disposiciones físicas y mentales de las personas van cambiando, lo cual no quiere decir empeorando, sino adaptándose a la realidad. Es evidente que las condiciones físicas evolucionan con la edad y no precisamente a mejor. Bien es verdad que la experiencia puede ayudar en algo pero es indudable que no seremos capaces de hacer las mismas “proezas” que hacíamos de jóvenes, incluso aunque nos cuidemos mucho.

Durante toda mi vida me ha gustado la práctica del deporte, incluso por encima de lo que se podía considerar una media o medida razonable. Me gusta decir que “he jugado a todo pero mal” en una clara asunción de que no he destacado en ninguno de los deportes que he practicado con una cierta intensidad y que han sido varios: ciclismo de carretera y de montaña, baloncesto, atletismo, tenis, fútbol, fútbol-sala, esquí, carrera de fondo, frontenis…

Hoy en esta entrada quiero hablar de mi retirada del esquí. Llegué tarde a él y no he llegado a alcanzar un buen nivel, pero sí el suficiente para disfrutar en esos largos y placenteros descensos por las laderas nevadas de las montañas en un claro y limpio contacto con la naturaleza. Multitud de experiencias y recuerdos se agolpan en mi mente producto de mi deambular por diferentes estaciones de esquí del pirineo español y francés y de Sierra Nevada, en Granada. El salto a los Alpes, de donde todo el mundo habla maravillas por su tamaño y su grandiosidad queda aplazado ya “sine die”. Escribo esto desde la estación de esquí de Saint Lary, en el pirineo francés, donde ha llegado el momento de mi retirada. Me vine con la ropa pero ya casi sin determinación, pues la última vez que me puse unos esquís ya dije aquello de “esto se acabó” y así ha sido. Subo todas las mañanas a las pistas acompañando a mi familia y unos amigos, para ayudarles a acarrear los múltiples archiperres que comporta la práctica del esquí: botas, esquís, palos, guantes, gorros, cascos, etc. etc en una sinfonía de nunca acabar. Hay que reconocer que cuando lo tienes todo colocado y te encuentras en lo alto de una montaña solo pensando en disfrutar del descenso se te olvidan todas las penas. Me dan muchas ganas de ponerme a ello, pero me las aguanto y me bajo al pueblo para disfrutar de la tranquilidad del apartamento, de un paseo y hacer la compra para preparar unos bocadillos y subir de nuevo a la estación a comer con ellos, tras lo cual me bajo de nuevo a esperarles en su regreso por la tarde.

Pero yo he llegado al punto en que pienso que no me compensa. No hay que ocultar que, para la gente que vivimos en el centro de la península, el esquí es un deporte caro, que prácticamente se practica, valga la redundancia, una semana al año salvo alguna escapadita de fin de semana que no se suele producir. No es una cuestión física, pues haciendo las cosas con cabeza y tranquilidad se puede practicar hasta una avanzada edad. No es infrecuente ver en las pistas personas ciertamente mayores que disfrutan de su práctica. Pero como digo, todo tiene un final y lo mejor es saber leer cuando te conviene colgar los trastos y dedicarse a otras experiencias que pueden resultar igualmente placenteras.

Estas retiradas deportivas no son nuevas para mí, ya que han tenido lugar en anteriores ocasiones y por diferentes motivos. Al ciclismo de carretera, que practiqué con intensidad entre los 24 y los 30 años, tuve que decirle adiós cuando el tráfico de vehículos aconsejaba no circular por las carreteras subido a un endeble cacharrito de dos ruedas donde el chasis eras tú. Al cabo del tiempo empezó a ponerse de moda la especialidad de montaña y me enganché a ella unos añitos, al poder dar pedales lejos de las carreteras y de los vehículos que no tenían y siguen sin tener ningún respeto por los ciclistas aunque justo es reconocer que muchos de ellos no se los merecen visto como deambulan por las carreteras. Cada vez se ven menos aunque siempre sigue habiendo accidentes, incluso mortales.

De todos los deportes, el que más me ha gustado y con el que he disfrutado ha sido el fútbol. He jugado de todo, desde portero a delantero y me mantuve en ello hasta cerca de los cuarenta, jugando todos los domingos e incluso en algún tiempo, federado. Una lesión en el menisco, producida mientras esquiaba, fue el detonante para colgar las botas y decir adiós, no sin algo de pena.

Me queda la carrera de fondo, Aunque ya se van a cumplir ocho años desde que corrí mi último maratón en Sevilla, no me resisto a dejar de practicar este deporte que por lo demás es de lo más sano: correr y/o andar. No descarto, aunque lo veo lejano, el correr de nuevo maratones pero si mantener un tono físico que me permita una carrerita de una hora que es bueno para el cuerpo y el espíritu. El problema son cuatro intervenciones de menisco, dos en cada rodilla, que de vez en cuando dicen que están ahí y que tenga cuidado. De andar no me puedo ni quiero retirar y el correr es un poco más que andar en cuanto te lo propongas. Pasito a pasito se llega a todos lados.

jueves, 30 de diciembre de 2010

SEXOS

En anteriores ocasiones se han publicado en este blog comentarios no realizados por mí, sino remitidos por amigos y seguidores del mismo. En este caso le ha tocado el turno a Miguel Angel, que me ha remitido el siguiente escrito para su inclusión que realizo con sumo gusto. El hecho comentado es de la vida misma y a mí me ocurrió, hasta las últimas consecuencias, hace algunos años. Esta es su aportación sobre el tema.

Me ha ocurrido muchas veces de estar en un restaurante o bar y tener que ir al servicio (o al WC, o al baño, o al aseo) y preguntarme por las indicaciones a cual tengo que entrar. Existen en muchos casos en los que simplemente indican ‘Caballeros’ o ‘Señoras’ y la cosa está perfectamente clara, pero en otros casos hay dibujos llamativos e incluso algunos muy originales para señalar al apropiado y acorde al sexo, pero otros como el último con el que me topado rezaba ‘M’ o ‘H’ y naturalmente existen dos vertientes clarísimas para cada letra: ‘M’ son Macho o Masculino y Mujeres y ‘H’ Hombres y Hembras.

Y mi duda era existencial, si me equivoco y llega alguien del otro sexo supongo que me diría: "hombre, ha entrado Vd. donde pone M de Mujeres", o bien, "ha entrado Vd. donde pone H de Hembras", y yo me callaría porque quiero llegar a viejo y no discuto por tonterías como esas.

Pero evidentemente me corroe mi interior el que las personas no piensen un poco en los demás, y en este caso, completen el letrero de la M con ujeres o achos y el de la H con ombres o embras para que los mortales que de vez en cuando nos da por pensar, no tengamos esas dudas tan existenciales.

Después de eso, recordé que en el DNI figuraba el sexo y miré mi DNI, esto es lo que figura en el actual:








mientras que el anterior figuraba







Antes era un Varón del sexo masculino y ahora mi sexo es simplemente Masculino por lo que ¿debería haber entrado en la ‘M’?.

Para completar el experimento he visto lo que pone el DNI de mi mujer, en el actual (DNI Electrónico) pone ‘F’ y en el anterior M-F (entiendo que Mujer-Femenino).

Resumen de la historia, para aquellos establecimientos públicos con servicios, aseos, baños, WC, o como queramos denominarlo, que por favor cuiden que la señalización de ambos sexos no nos lleve a confusiones, que suelen ser desagradables, y en ningún caso pongan M o H como máxima distinción, y tampoco C o S que, aunque claramente parece significar Caballeros y Señoras, ya escuché yo algún comentario de alguna jovencita que para ella significaba Chicas y Señores.

Entiendo que el ‘Ellos’ y Ellas’ también es admisible, incluso ‘Gentlemen’ y ‘Ladies’, dado que estamos ya muy internacionalizados, pero por favor, nunca H y M.

Pensando en transmitir mis sensaciones inciertas, en alguna otra ocasión, intentaré mostrar gráficamente algunos de estos casos que me surjan.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

TECNOLOGIA


Algunas veces me he parado a pensar el grado alto en el que la tecnología está entrando en nuestros hogares. Voy a entender por tecnología el uso de aparatos más o menos sofisticados, con componentes electrónicos y con un grado variable de complejidad en su uso. Unas tijeras serían un aparato mecánico mientras que un molinillo de café sencillo sería un aparato mecánico-eléctrico que no necesita de instrucciones para ser manejado. Pero los aparatos que inundan nuestras casas hoy en día distan mucho de esta pretendida sencillez. Ya no se trata de una inundación, sino de una invasión a la que difícilmente podemos resistirnos.

Recuerdo una viñeta del genial Forges en la que aparecía una persona sentada en el sillón y a su alrededor empezaban a sonar un montón de pitidos que le volvían loco. ¿Nos ha pasado esto alguna vez? No he conseguido encontrarla y he encargado a mi hija que haga una, está en ello, aquí un adelanto, pero no quería retrasar más esta entrega.

Si me retrotraigo a las estancias de la casa en mi niñez, recuerdo pocos elementos o ninguno que se salieran del ámbito de la mecánica. La casa ni estaba en la capital ni tampoco en un pueblo perdido, pongámosla como término medio de aquella época, a mediados del siglo pasado. En un piso pequeño vivíamos siete personas, ya se sabe, a base de literas en las habitaciones. Por no haber no había ni frigorífico, cumpliendo su función un cajón con alambrera denominado fresquera que daba al patio en la parte más fría de la casa. La cocina se alimentaba a base de carbón y astillas compradas en la carbonería del barrio. El resto de componentes eran la vajilla, los cubiertos, los vasos y los utensilios de cocina guardados en la alacena. Todo estático o como mucho mecánico, pues si queríamos machacar unos ajos el sistema era ponerlos en el almirez y atizarlos una y otra vez hasta deshacerlos. Cuando al cabo de algunos años apareció por la cocina la famosa bombona de butano, surgió un elemento un poco más sofisticado cual era el calentador que suministraba agua caliente para fregadero y ducha, un gran invento situado en el cuarto de baño. La sofisticación de aquellos calentadores se reducía a su encendido y apagado y poco más. Hay cachivaches en la casa que llevan con nosotros un tiempo, como el frigorífico pero cada vez es menos un cajón que se dedica a enfriar y conservar los alimentos. Ya están dotados de programas, zona de congelación, evaporación automática y no será extraño ver en el futuro eso que nos anuncian de que ellos solitos van a ser capaces de conectarse a Internet y encargar directamente al supermercado los alimentos que vayan faltando.

Y si pasáramos a otra de las dependencias de la casa, el cuarto de estar o comedor, que no salón, para que vamos a contar. Lo único que recuerdo es una radio, de aquellas de válvulas, donde oíamos los seriales de “Los Porreta”, “Matilde Conesa, Perico y Periquín” o “Ustedes son formidables”. Poca enjundia tenía manejar la radio. Al poco apareció la televisión, en blanco y negro, con dos canales y también poco que aprender para manejarla. Y en las habitaciones o dormitorios de la casa, nada de nada, todo lo más un reloj mecánico de esos con dos campanas encima que te hacían dar un brinco en cuanto llegaba la hora estimada.

Lentamente, de forma continua, los cambios han sido vertiginosos. Y tenemos la casa llena de aparatos que manejamos como podemos, usando muchas veces pocas de sus funciones y posibilidades, si bien de alguna manera cada persona de la casa hace una utilización diferente según sus necesidades y en caso de necesitar algo llama a quién entiende, se supone, algo más. Volviendo a la cocina encontramos allí un sinfín de cacharros llenos de electrónica y mandos incluso a distancia que nos hacen la vida más agradable pero que nos obligan al esfuerzo de aprender a manejarlos. Poner la lavadora no es tan sencillo, no digamos el lavavajillas o el horno microondas o convencional. Pero esto no es todo, ya que por allí puede haber un robot de cocina, una aspiradora que recorre solita la casa, una heladera, una báscula electrónica de pesado de alimentos o un avisador que solo programarle te echa para atrás. No nos olvidemos de la licuadora, picadora, peladora automática de patatas o incluso una freidora eléctrica, además de que el fuego de la cocina se ha transformado en una placa eléctrica de calor por inducción en la que podemos poner la mano encima sin quemarnos aunque esté encendida y las planchas ya se han convertido en centros de planchado. Y por si fuera poco quizá pueda haber algún animal doméstico, como un conejito, cuya jaula pudiera estar dotada de un alimentador automático programable para no tener que acordarse todos los días de ponerle de comer.

Si nos vamos al salón, los aparatos que lo pueblan componen un grupo que solo de pensarlo da mareos. Y cada aparato es un mundo a la hora de manejarlo. Los libros de instrucciones, que leemos por encima en el momento de la compra, llegaron antaño a ser bastante voluminosos y hogaño ni siquiera acompañan a los aparatos y los tenemos que consultar en un CD en el ordenador o en Internet. Una “sencilla” televisión actual requiere todo un curso para ponerla en marcha y algo más si se la quiere sacar partido. No digamos ya un disco duro multimedia o una cadena de sonido. Imposible de conocer cómo funcionan a fondo además de tener un carrito de mandos a distancia que no atinamos a coger cuando nos hace falta.

Dejo para el final el rey de los aparatos de la casa: el ordenador personal. Nacido en 1980, es ya compañero y en más de una unidad en muchos de los hogares, cuyos miembros dedican varias horas al día a interaccionar con él viendo correos, consultando el saldo de las cuentas o simplemente escribiendo en un blog como este. ¿Dónde quedaron las máquinas de escribir, mecánicas, y su papel carbón para hacer copias? Manejar un ordenador, a nivel usuario, puede ser relativamente fácil, pero es un mundo complejo al que alguien de la casa, o algún vecino, tiene que dedicarle muchas horas para saber instalar programas, adaptarlos, configurar el “router” o el correo electrónico o simplemente arreglar algo que no funciona como debiera. En este terreno se han generado, lo digo por mi caso, no pocas enemistades, de amigos que me llaman para que vaya a tomar una cerveza por su casa y de paso ….. le “eche” un “ojo” al ordenador que no funciona. Un amigo mío cuenta un hecho real en relación con esto. Le insistía a este amigo su mujer de que bajara a echar un vistazo al PC de la vecina del 5º porque no le funcionaba el correo electrónico. Tras muchas reticencias, bajó y le apañó como pudo el gestor de correo. A la semana siguiente el mensaje y la petición eran otras: “que dice la vecina que desde que la tocaste el ordenador ….

Como seres pensantes, evolucionamos y adaptamos los avances a nuestra mejora en la calidad de vida. Pero en todo tiene que haber una mesura y nuestra casa debe ser un remanso de paz donde no nos sobresalte un pitido por aquí y otro por allá, donde no nos cree angustia y ansiedad el poner a grabar un determinado programa de televisión, donde asumamos las averías de los aparatos como situaciones lógicas y normales. Cada vez es más necesario buscar el equilibrio entre lo natural y lo tecnológico y no olvidemos que fregar la vajilla a mano es un momento que podemos utilizar para la reflexión.

sábado, 18 de diciembre de 2010

COSECHA


Se recoge lo que se siembra, aunque es imposible saber a ciencia cierta lo que obtendremos en el futuro pues, por mucho que nos esforcemos, tendrán lugar situaciones ajenas a nuestra voluntad que nos pueden arruinar la recolección. Esto va de niños y niñas, futuros hombres y mujeres, y son tres pequeñas historias de situaciones observadas que me dan que pensar.

La primera historia tuvo lugar esta misma semana. Ocurrió en un colegio profesional en el que se celebraba una fiesta de entrega de premios y regalos para niños de 0 a 12 que habían participado en un concurso de felicitaciones de navidad. Aclaro lo de colegio profesional para que se deduzca que los padres de los niños, o al menos uno de ellos, tenían formación universitaria. Pero el conocimiento no lleva consigo educación. En una pared de la sala estaban preparadas unas mesas con un aperitivo para el final de la fiesta. Comenzó la fiesta con la actuación de un payaso. Los niños estaban sentados en el suelo y los padres en sillas alrededor de la sala. Instantes después de empezar la actuación, una niña de las más mayores se levantó, se dirigió hacia una mesa, abrió una servilleta y la “cargó” de patatas fritas y cortezas. Volvió a sentarse y se dedicó a comer su “botín” mientras seguía atendiendo la actuación. Nadie dijo nada. Pero como era de esperar, cuando acabó se levantó de nuevo y fue a por más. Nadie dijo nada, pero ocurrió lo que tenía que ocurrir. El resto de los niños aunque no todos, primero en forma de goteo y luego en masa se levantaron también. No solo los niños sino algún padre debía tener hambre y se hizo su viaje a por sándwiches. El revuelo era continuo y el pobre payaso se desesperaba por continuar con su actuación. Aunque se puede suponer, no dejé que mi hija se levantara a hacer su recolección. Finalizada la actuación tuvo lugar la entrega de los premios y a continuación…. ya no había nada que comer, solo la bebida. Los reproches de mi hija no se hicieron esperar y me costó no poco trabajo convencerla de que había hecho lo correcto, por respeto al payaso que estaba actuando y a los demás, aunque se quedara sin su parte.  

La segunda historia es en cierto modo parecida. Mi hija ha participado en un concurso de relatos titulado “Sucedió en el metro” patrocinado por Metro de Madrid que consistía en una historia real o inventada que hubiera tenido lugar en el metro. Aunque había utilizado el metro en algunas ocasiones, la llevamos de nuevo para ambientarla y luego, también en metro, para entregar la historia. La niña se quedó, y lo apuntó, con la copla de que el día 15 de diciembre publicarían los resultados en la web del metro. Estamos a 18 y todos los días desde el 15 me ha preguntado y hemos buscado sin éxito esos resultados. La niña está un poco decepcionada porque no entiende que si han dicho una cosa, y más a un niño, no la cumplan. Mandé una petición al servicio de atención al cliente y me han contestado por correo electrónico dándome un teléfono de información para que llame y pregunte. Por supuesto ni me he molestado.

La tercera historia es más de lo mismo. Un concurso de cuentos infantiles patrocinado por la biblioteca de un pueblo. Las bases estaban claras y decían que los cuentos deberían ocupar como máximo ocho caras de cuatro folios doblados por la mitad, un tamaño que más o menos conocemos por cuartilla, que debían estar escritos a mano por los niños, que el tema era libre, etc. etc. Preparé a mi hija el cuadernillo y se esforzó en escribir una historia de piratas y princesas titulada “Historia de un rapto” que presentó personalmente a concurso. Cuando llegó el acto de la entrega de premios no pudimos quedar más decepcionados al ver que el premio de su categoría de edad se había concedido a un cuento rimbombante que desde la distancia se podía ver que no cumplía ni por asomo las bases, al tratarse de un tamaño folio o más grande, enmarcado en una cartulina cosida con lacitos y, aunque no lo puedo asegurar ya que lo vi en la distancia, al menos la portada impresa con ordenador. Inmediatamente mi hija me hizo la pregunta correspondiente: ¿no había que presentarlo a tamaño cuartilla?. Los mayores tenemos otro sentido y lo único que se ocurrió en ese momento es marcharme de allí inmediatamente para no ceder a la tentación de montar un numerito, que por otra parte se habían merecido. A los pocos días pasé por la biblioteca, hablé con la directora, y me contó cincuenta mil excusas, que si la culpa había sido de una profesora que no había leído bien las bases, que si esto que si lo otro. La hice ver el impacto negativo que había causado en mi hija al observar que no se habían cumplido las normas. Al año siguiente vamos a llevar un cuento no a tamaño folio sino a tamaño camión, a ver qué pasa y con qué cuajo rechazan su admisión. Evidentemente se va a notar el tufillo de protesta y no le darán el premio pero al menos mi hija y yo nos daremos el gustazo de ver la cara que ponen y escuchar sus argumentos. Quién siembra vientos solo puede esperar recoger tempestades.

La educación de los niños es un tema delicado y no baladí. Pero situaciones como estas, y otras muchas que se pueden observar a poco que nos fijemos, no auguran un futuro en el que la educación y las buenas formas sean lo normal y no la excepción. 

sábado, 11 de diciembre de 2010

PAPYRE


Las relaciones de amor entre las personas y las cosas suelen tener sus altibajos a lo largo de su devenir en el tiempo. Lo que generalmente ocurre a su finalización, si esta es relativamente violenta, es que pasan de ser de odio intenso.

Hace un año por estas fechas yo contemplaba el mundo de los libros electrónicos, e-books, desde la lejanía. Ávido lector de siempre, no creía que hubiera llegado el momento de aventurarse por esos derroteros. Una de las cosas que he aprendido ya de muy mayor es a saber utilizar de forma comedida las experiencias de los demás. Cuando niños, por mucho que nos digan las cosas, hasta que no las experimentamos y sufrimos en propias carnes no aprendemos de verdad. No hay nada como tener a una persona de la que fiarse que te cuente su experiencia en un determinado tema para empezar tú en ese tema casi desde el punto en que tu amigo te ha dejado.

Mi buen amigo Miguel Angel había realizado un estudio del mundo de los lectores digitales existentes en el mercado y atendiendo a una serie de consideraciones tenía en sus manos y me mostró el PAPYRE 6.1. Todos estos estudios se pueden consultar en los inicios del blog  http://alqs2d.blogspot.com/  que Miguel Angel creó hace un año y en el que se han comentado a lo largo de todo este tiempo las excelencias y bondades de los lectores digitales en general y de este modelo en particular. Por otro lado, cuando he sido preguntado por amigos, familiares e incluso gente que viajaba en el metro a mi lado y que no conocía de nada, no he tenido por menos que contar las bondades y lo mucho que ha cambiado mi vida este nueva forma de poder leer. Como decía al principio, una relación de amor intensa, porque el 6 de  enero de este año, los Reyes Magos me dejaban en mi zapato este aparato.

Sigo teniendo relación de amor con los libros digitales en general, pero con este modelo, Papyre 6.1 en particular, se ha vuelto de odio. Como ya he comentado con anterioridad, este blog me sirve a mí como documentación, por lo que voy a consignar aquí a continuación una serie de hechos ocurridos en relación con este tema. Luego las consideraciones. Como dice otro buen amigo, Félix, los hechos son contundentes, han sucedido y no son discutibles en sí. Pueden tener interpretación, pero eso es otra cosa.

06-ENE-2010
Los Reyes Magos me dejan un Papyre 6.1. Pongo mi primer libro “Juliano el Apóstata” de Gore Vidal al que seguirá “Aurora Boreal” de  Assa Larson
11-ENE-2010
Tras haber leído la noche anterior, dejo el Papyre encima de mi mesa de trabajo. A la mañana siguiente aparece con la pantalla a rayas y no funciona. Le llevo a El Corte Inglés, donde los Reyes Magos lo habían adquirido junto con su ticket de compra.
23-ENE-2010
Me avisan de El Corte Inglés que pase a recoger un Papyre nuevo. Lo único es que no le tienen en color negro y me dan el único que tienen, color rosa. Están esperando que lleguen nuevos pero yo decido no esperar y me llevo el rosa.
ENE a OCT
Leo y disfruto leyendo un total de 37 libros en el lector. Son miles y miles de páginas, muchas más en papel que en el lector, donde según el tipo de letra que empleemos el número de páginas varía. Por ejemplo, en el último libro Ken Follet, 1027 páginas impresas se convertían en cerca de 1700 en el lector electrónico.
29-OCT-2010
Acabo de leer, bloqueo el PAPYRE y lo dejo encima de la mesilla.
30-OCT-2010
Al levantarme, la pantalla está con rayas, tal y como se puede ver en la imagen que acompaña a esta entrada.
02-NOV-2010
GRAMMATA, empresa ubicada en Granada  que comercializa el Papyre  me informa del procedimiento de envío a su servicio técnico a través de un servicio de mensajería (NACEX).
03-NOV-2010
Confirmo telefónicamente que se ha recibido el aparato en GRAMMATA.
09-NOV-2010
Me informan de que el aparato ha sido remitido a un “Técnico Externo”
15-NOV-2010
Está en proceso, sigue en el técnico externo, sin contestación de este. Les hago ver que no me cuenten historias de técnicos externos, son temas internos suyos que a mí no me interesan, yo hablo con Grammata.
18-NOV-2010
NO SABEN NO CONTESTAN. Posible falta de repuestos hasta la semana que viene.  “PREVEN” que la  reparación esté finalizada  LA SEMANA QUE VIENE
24-NOV-2010
Sigue igual. No me pueden decir nada. Quedan en contactar con el Dpto Técnico y llamar.
Siempre me dicen que no me preocupe, pero no me llaman.
25-NOV-2010
Hablo con la misma persona que hablé ayer, se disculpa 20 veces por no haberme llamado y me insinúa QUE ES POSIBLE QUE LA AVERIA NO LA CUBRA LA GARANTIA  INAUDITO. Vaya funcionamiento de un Servicio Técnico, decirme esto 22 días después de recibir el aparato.
Recibo llamada y me dice que todo está en manos del técnico externo. Ha reclamado que le den una contestación que espera recibir mañana. Llamar el lunes
29-NOV-2010
Hay “algo raro” y quedan en devolverme la llamada en cuanto contacten con su servicio técnico, pero por supuesto NO ME DEVUELVEN LA LLAMADA a lo largo del día.
30-NOV-2010
Me dicen que no me llamaron ayer  porque no pudieron hacer la gestión por la tarde. Me dejan en espera para consultar con Soporte Técnico. Tras un rato de espera me informan que sigue retrasado POR FALTA DE PIEZAS. No me dicen CUANDO, NO HAY PLAZO.
02-DIC-2011
Me comunican de forma oficial que se trata de ROTURA DE PANTALLA que no AVERIA  y por lo tanto NO ESTA CUBIERTA POR LA GARANTIA  y que debo aceptar el presupuesto de 98 euros para arreglarlo. Les he dicho QUE NO y que me devuelvan el aparato como esté, estropeado. Mando un burofax a la empresa manifestando mi disconformidad con estos procedimientos.
11-DIC-2010
Todavía no me ha llegado el Papyre. Llamaré el lunes a ver qué pasa, menos mal que no es un “902-todos-nuestros-operadores-están-ocupados”, pero realmente no me corre prisa tener el aparato estropeado en mis manos.
He vuelto al papel. Me noto que leo menos, mucho menos. En papel tengo menos oportunidades de leer e incluso yo mismo me noto que me cuesta acarrear los libros, sobre todo el voluminoso de cerca de 900 páginas que estoy leyendo. Mi relación de amor sigue con los libros electrónicos pero tras este primer divorcio forzoso, me he vuelto una persona cautelosa y sobre todo DESCONFIADA. Si dejando el libro encima de una mesa al día siguiente aparece roto …… ¿Cómo sé que no me va a volver a pasar mañana otra vez.? ¿es cosa del Papyre que es malo o de todos en general? ¿está la tecnología de la tinta electrónica lo suficientemente desarrollada o todavía le queda un hervor? ¿de tanto leer he quemado el dispositivo? ¿hay que esperar todavía un tiempo? ¿sería mejor derivarse a un “tablet” a pesar de su pantalla retroiluminada pero con más tiempo en el mercado?

Estas preguntas quedan en el aire así como la interpretación de la “bondad” o “maldad” del servicio técnico de Papyre. Cada cual puede sacar sus conclusiones y obrar en consecuencia. 
Yo tengo que hacerme de nuevo con un lector pero tengo mis serias dudas sobre cual elegir y lo que me temo es que estas dudas no las voy a resolver fácilmente tras esta experiencia amorosa truncada.