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lunes, 18 de octubre de 2010

PRECINTOS


Quién más quién menos cuando va a comprar o le regalan algo le gusta recibirlo precintado. Es una agradable sensación la percibida cuando sabemos o creemos que lo que hemos adquirido no ha sido usado ni manipulado por otros, salvo unas pruebas de funcionamiento indispensables que deberían haber sido realizadas en la fábrica o donde se haya montado el producto. Es parte de la magia de una nueva posesión.
Hay una diferencia grande entre vender y despachar. Bien es verdad que hoy en día cada vez más lo que se hace es despachar y el vendedor se limita a entregarte aquello que le has pedido sin más. Los consumidores cada vez acuden o acudimos más preparados a comprar las cosas y no es infrecuente que en muchos casos sepamos más de los productos que el propio dependiente de la tienda que nos los vende, eso si existe tienda y no estamos comprando por Internet.
Dado que muchos sabemos cómo se trabaja hoy, el precinto no es ninguna garantía de que lo que venga dentro esté correcto. Las grandes cadenas de montaje y el estrés al que están sometidos los trabajadores, con salarios de unos cuantos yenes o pesetas por semana, no garantizan una calidad de lo envasado ni certifican que todo lo que tiene que estar esté realmente.
La semana pasada acudí a unos grandes almacenes a comprar un “notebook”, un pequeño ordenador ultraportátil. La empleada que me lo entregó, en este caso me lo despachó, se mostró muy sorprendida cuando, con toda tranquilidad, abrí el precinto y desparramé el contenido de la caja por encima del mostrador, para comprobar que el ordenador, la batería, el cargador, el CD con los manuales, el libro de instrucciones, la garantía y demás "achiperres" que deberían estar realmente estaban.
Lo normal es que esté todo y esté bien, pero no siempre ocurre así y el hecho de que uno se muestre cauto, quizá hasta desconfiado, en estos temas es debido a experiencias personales sufridas en el pasado y que acabaron felizmente, pero no sin cierta desazón.
La primera de ellas fue hace casi veinte años. Debido a cambios personales en mi vida que me hicieron casi partir de cero en muchos aspectos, acudí a unos grandes almacenes, concretamente El Corte Inglés, a comprar una colección de diez discos de música clásica que aún conservo y escucho, eso sí, digitalizados en un disco duro, que los soportes en CD se van quedando un poco obsoletos. A lo que íbamos, el paquete de diez discos venía debidamente precintado con su celofán. AL llegar a casa me hice el propósito firme de escucharlos que ya sabemos lo que pasa cuando se compran colecciones de este tipo, que al cabo de los años siguen en las estanterías sin haber sido usados ni siquiera una vez. Intentaba cada día oír un disco completo y cual fue mi sorpresa, pasados unos días, que al abrir la caja del quinto disco estaba vacío. Vivía solo, había desprecintado yo mismo el paquete de diez, no había usado ese disco con anterioridad……. ¿Dónde estaba el disco? Se me quedó la cara a cuadros. La única explicación posible es que no hubiera sido metido en la caja en donde hubieran preparado y precintado el paquete.
No sabiendo como acometer el tema, ya que como digo habían pasado varios días desde la compra, volví a El Corte Ingles y conté el problema al dependiente encargado de esa sección. No daba crédito a lo que le contaba y cualquiera hubiera pensado que era un caradura que quería disponer de un segundo disco gratis. La colección era buena y como no vendían los discos sueltos la única posibilidad era adquirir otra colección entera, a lo que yo incluso estaba dispuesto. Debí ser convincente o ser mi día de suerte porque el dependiente se avino a cambiarme mi colección mutilada por una nueva, la única que les quedaba en stock. ¿Imaginan lo que ocurrió? Tanto yo como él procedimos a desprecintar in situ el paquete y para mi credibilidad también faltaba el CD número cinco. Tuve que volver al cabo de unos días ya a por ese disco solo que tuvieron que pedir a la discográfica. Menos mal que era El Corte Inglés, que el dependiente era un vendedor y no un “despachante” y que supongo que cuando hablaran con el proveedor y les contaran el caso la retirada y/o revisión de los paquetes en el resto de tiendas y comercios sería inmediata.
El segundo “sucedido” de este estilo fue hace tres o cuatro años con motivo de adquirir un disco multimedia en “Menaje del Hogar”. Tras comprar el disco me marché al metro y allí mientras volvía a casa abrí el paquete, que no estaba precintado, para extraer el folleto con las características y el modo de ponerlo en marcha. Cúal fue mi sorpresa cuando el disco no estaba. Estaba todo lo demás, entre otras cosas un transformador que pesaba y sigue pesando lo suyo y que pudo despistar la ausencia del disco en el peso general del paquete. Me bajé en la siguiente estación, retrocedí por mis pasos y volví a la tienda. Cuando le conté el caso al dependiente que me había atendido instantes antes, noté que su reacción no era todo lo buena que cabía esperar y pensé que iba a tener problemas. Menos mal que un directivo, de un nivel superior, con calma y tiento, llegó a averiguar que el número de serie que venía impreso en la caja se correspondía con el aparato que estaba en la exposición. Me recogieron la caja, me pidieron disculpas y allí por primera vez procedí a desprecintar el paquete, este sí lo traía, y revisar el contenido, cosa que vengo haciendo desde entonces. Por si acaso. Parece que tuve que tropezar dos veces en la misma piedra para aprender la lección.
Los precintos son importantes. En temas como alimentación o medicamentos a nadie se le ocurriría beber de una botella que hemos comprado en el supermercado y que estuviera abierta o lo mismo en un tema de medicamentos. En aparatos electrónicos la cosa no es tan grave pero si nos pusiéramos a pensar en CSI o cualquier tipo de novela fantástica de estas que pululan por ahí, el asesino habría metido una bomba dentro del aparato que se activaría al ponerlo en marcha ….

domingo, 13 de julio de 2025

DESEMBALAJE

Ya he comentado a lo largo de varios artículos de este blog mi afición a leer ─de cabo a rabo─ los folletos de los archiperres que voy adquiriendo. No siempre es sencillo por varias razones. La primera es que, últimamente, ya ni se molestan en añadir al producto un manual de instrucciones, mantenimiento y posibles averías. Será por aquello del ahorro de papel y el medio ambiente. Antaño venían unos folletos exagerados, algunos de ellos en multitud de idiomas. Ahora… hay que ir a internet y buscar el librillo en la red para leerlo en una pantalla ─cuestión que odio─ o bien descargarlo e imprimirlo a tu costa. Otro problema de los folletos antaño era la letra enormemente reducida: en algunos casos era incluso necesaria una lupa.

¿Pinchamos? ¿Pinchamos mucho? Me refiero a las ruedas del coche. Esta semana, mi hermano que volvía de su viaje de vacaciones pinchó una rueda de su coche. Antaño, muy antaño, se ponía la rueda de repuesto y se seguía camino. Menos antaño, la rueda de repuesto era una «simulación de rueda», conocida con el nombre de «galleta» que servía para avanzar a poca velocidad hasta el taller más próximo. Hogaño… ni la rueda de galleta. En su lugar un repara-pinchazos y un compresor. Sabemos cambiar una rueda, pero… ¿utilizar este moderno repara-pinchazos? Mi hermano acabó utilizando el compresor para hinchar la rueda y seguir hasta el pueblo siguiente, Arenas de Iguña. Era por la mañana, de día, un día laborable… porque también circulamos de noche, los días festivos…

Tuvo la enorme suerte de entrar en un bar y preguntar al camarero. Precisamente en la barra estaba tomando café un mecánico de un taller cercano que se brindó a ayudarle, arreglarle el pinchazo, darle una clase teórica de cómo se utilizan los repara-pinchazos y encima no cobrarle nada. Mi hermano pasó de nuevo por el bar a dar las gracias al camarero y dejarle pagados varios desayunos para los días siguientes. Agradecimiento en diferido que se diría ahora.

Volviendo al tema de los folletos, reproduzco aquí un texto escrito en este blog en octubre de 2010 en la entrada «PRECINTOS».

Ocurrió hace casi veinte años. Debido a cambios personales en mi vida que me hicieron casi partir de cero en muchos aspectos, acudí a unos grandes almacenes, concretamente El Corte Inglés, a comprar una colección de diez discos de música clásica que aún conservo y escucho, eso sí, digitalizados en un disco duro, que los soportes en CD se van quedando un poco obsoletos. A lo que íbamos, el paquete de diez discos venía debidamente precintado con su celofán. AL llegar a casa me hice el propósito firme de escucharlos que ya sabemos lo que pasa cuando se compran colecciones de este tipo, que al cabo de los años siguen en las estanterías sin haber sido usados ni siquiera una vez. Intentaba cada día oír un disco completo y cuál fue mi sorpresa, pasados unos días, que al abrir la caja del quinto disco estaba vacía. Vivía solo, había desprecintado yo mismo el paquete de diez, no había usado ese disco con anterioridad……. ¿Dónde estaba el disco? Se me quedó la cara a cuadros. La única explicación posible es que no hubiera sido metido en la caja en donde hubieran preparado y precintado el paquete.

Compré mi coche actual a principios de año, hace ya seis meses. Tenía pendiente la lectura del folleto, que en este caso no viene con el vehículo. Pone por algún lado que lo puedes solicitar al concesionario, cosa que hice pero todavía lo estoy esperando. Las instrucciones se pueden ver de manera sencilla y rimbombante en el teléfono móvil y en la red, pero yo lo que quiero es una versión digital para poderla imprimir ─pagando yo─ y leerla tranquilamente con mis notas y subrayados. 244 páginas encuadernadas con espiral cuando antes venía, siempre, con el coche. ¡Tiempos modernos! Ya nadie lee los folletos…

Como estamos de vacaciones, dicho y hecho. Lectura con detenimiento del folleto enterándome de muchas cuestiones y posibilidades que no conocía. Pero la gran sorpresa vino al asomarme a las profundidades del maletero a revisar la NO existencia de rueda-galleta y las herramientas y el kit de reparación provisional de pinchazos. Por cierto, me ha sorprendido la «españolidad» del vocablo kit que aclara el diccionario que alude a «Conjunto de productos y utensilios suficientes para conseguir un determinado fin, que se comercializan como una unidad».

Esto es lo que encontré en el maletero

 


Más vacío que el frigorífico al volver de vacaciones. Por lo menos no había telarañas. Lo sorprendente y sospechoso es que no estaba vacío del todo. Una de las herramientas, la argolla de remolcado desmontable, sí que estaba, como puede verse en la imagen. ¿y el resto de herramientas y el kit? ¿Un departamento mete una herramienta y otro departamento las demás? Llevo seis meses circulando con el coche, casi 10.000 kilómetros, y sin saber que no llevaba ─y no llevo todavía─ la posibilidad de reparar un pinchazo si me ocurre. Ahora se llama a la asistencia para que te socorra, lo que no sé es si las grúas llevarán su kit para conductores despistados como yo que no dispongan del suyo.

Por el momento y hasta que vuelva de las vacaciones seguiré así, que remedio.  Como pasó con los discos precintados que he referido al principio ─y que al final me dieron─ he llamado al concesionario, creo que me han creído y aunque es muy raro dados sus controles de calidad de fabricación, asumen que no les estoy queriendo timar para conseguir un «segundo kit». 

En todo caso, me estoy planteando la posibilidad de hacerme con un gato de los de toda la vida y una rueda, completa o de galleta. Parece mentira que en vehículos que se acercan a los 30.000 euros de coste escatimen un folleto en papel y una rueda de repuesto. El folleto me ha costado algo menos de 4 euros imprimirlo por mi cuenta y los precios de la rueda de galleta más un gato oscilan algo por encima de los 200 euros. Es dinero, pero no en comparación con el coste del coche. Se ve que las empresas quieren ahorrarse hasta el alpiste del canario y encima darle de beber un día sí y otro no.

 AÑADIDO EL MARTES 15 DE JULIO DE 2025 CON POSTERIORIDAD A SU PUBLICACIÓN

La respuesta oficial del concesionario Citroën en el que adquirí mi vehículo es que está bien, que el coche no trae nada de las herramientas, kit o rueda. ¡NADA! Está bien así. Solo se me ocurre uno, bueno dos, comentarios a esto: ¡RÁCANOS! ¡CUTRES! Pero por lo menos deberían avisar con letra grande, roja y en negrita, porque…

El Real Decreto 2822/1998, de 23 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento General de Vehículos que está en vigor, en su ANEXO XII referente a los «Accesorios, repuestos y herramientas de los vehículos» y en su apartado c) dice claramente….

c) Una rueda completa de repuesto o una rueda de uso temporal, con las herramientas necesarias para el cambio de ruedas, o un sistema alternativo al cambio de las mismas que ofrezca suficientes garantías para la movilidad del vehículo. En estos casos se circulará respetando las limitaciones propias de cada alternativa.

De esto se deduce que llevo más de seis meses circulando infringiendo el código de circulación. Menos mal que la Guardia Civil no me ha parado y revisado mis accesorios y herramientas de cambio de rueda porque me hubieran cascado una multa cuyo importe desconozco. No demos ideas a ver si los de verde se van a dedicar a revisar los maleteros de los coches nuevos, al menos los Citroën…

AÑADIDO EL VIERNES 18 DE JULIO DE 2025 CON POSTERIORIDAD A SU PUBLICACIÓN

215 euros después y Amazon mediante, las profundidades del maletero del coche presentan este otro aspecto

Me he puesto en contacto con el servicio de atención al cliente de Citroën España/Stellantis y les he facilitado mis datos de contacto y lo sucedido.

Hola. Primero, gracias por su atención. En enero de 2025 adquirí un C4 híbrido automático de 136 CV en su concesionario XXXX. Decir que es mi TERCER C4, habiendo hecho a los dos anteriores un total de 650.000 kms. Nunca lo había mirado, pero ahora, seis meses después, accedo al compartimento de rueda de repuesto o kit de pinchazo y está completamente vacío. Solo está el tornillo de arrastre. Puesto en contacto con el concesionario me dice que el coche «viene así, sin nada»: lo tengo que adquirir yo por mi cuenta. Me ha extrañado mucho y menos mal que en estos seis meses no he pinchado, pero he estado sin cumplir el Código de la Circulación que obliga a llevar «lo que sea» para facilitar la movilidad del vehículo. Aunque no venga, sería interesante que se avisara de ello por lo inaudito de la situación. Un saludo cordial.

Muchas gracias. Hemos trasladado ya tu caso al servicio de atención al cliente para que se pongan en contacto contigo lo antes posible.

Estoy a la espera de su contestación. Supongo que corroborarán lo indicado por el concesionario, aunque sigo pensando que no es de recibo que el coche de fábrica no traiga nada de nada. Entiendo que son muchas veces 215 euros (para ellos serán menos), pero la imagen de la marca también tiene su valor.

 AÑADIDO EL JUEVES 24 DE JULIO DE 2025 CON POSTERIORIDAD A SU PUBLICACIÓN

El Servicio de Atención al Cliente de Citroën España o Stellantis o quién corresponda no se ha puesto en contacto conmigo. Buenas palabras y ningún hecho. Por mi parte desisto, me quedo con la imagen que va siendo cada vez más generalizada de que los servicios telefónicos o similares ─nunca presenciales─ de las compañías están para desatender a los clientes y aburrirles en lugar de solucionar sus problemas de los clientes. Me aburro y… desisto.

Pero para rematar esta historia y darla por finalizada por mi parte, comentar un sucedido nuevo que tiene sus bemoles… Resulta que los tornillos de las ruedas vienen protegidos con un embellecedor de plástico, embutido a presión en los mismos. La zona es tan estrecha que no caben los dedos ni otra herramienta ─las pinzas de dar la vuelta a las sardinas en la barbacoa─ por lo en caso de pinchazo y suponiendo que tengamos las herramientas para cambiar la rueda… ¿Cómo diantres quitamos los protectores de los tornillos para poder utilizar la llave? Y esto tampoco te lo dicen cuando compras el coche y ciudadanos despistados como yo tardamos seis meses en enterarnos. Alguno más habrá por ahí que se llevará la sorpresa en el momento más inoportuno. Pues nada, hace falta otro archiperrino como el que puede verse en la imagen:

Unas pinzas de plástico especiales con unas muescas para enganchar la cabeza del embellecedor y poderlo extraer. Es tan barata que no te la venden sola, sino en un set que cuesta cuatro euros y que vienen cuatro ejemplares de esta llave y de otras tres distintas. Debe ser que el número y sistema de embellecedores en las ruedas de los coches tiende al infinito.

Y yo me pregunto: ¿no te pueden dar una pinza de estas incluida en el coche? La avería que se puede organizar por no tenerla es morrocotuda además del tiempo y energías en adquirirla.