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domingo, 11 de septiembre de 2022

CADUCIDAD


Los sobresaltos están a la orden del día. Hay muchas cosas que todo el mundo conoce… menos tú, y eso que llevas unos cuantos días en este mundo. La sorpresa puede ser mayúscula y las consecuencias terribles si no tienes la suerte de darte cuenta o que te informen de que una cuestión que dabas por sentada no lo es tal, porque hay una norma desconocida por tí que la invalida.

Imaginemos un pasaporte como el que se puede ver en la imagen cuya fecha de expiración o caducidad es el 27 de febrero del próximo año 2023. Tal y como está el asunto de las peticiones de hora para la renovación de documentos, tienes apuntado en tu agenda que a primeros de enero del próximo año te tienes que empezar a mover para renovar el pasaporte. Pero… ¿es suficiente?

Los pasaportes andan guardados en los cajones de las casas por un si acaso; aunque no tengamos previsiones de viaje, siempre es conveniente tenerlo disponible y al día por si surge ese viaje imprevisto y maravilloso que no te esperabas. Hay algunos mecanismos de obtener un pasaporte de forma rápida, en el aeropuerto —Madrid o Barcelona— e incluso sacar lo que se llama un pasaporte urgente, pero mejor es no andar con agobios, y lamentos, de última hora. La oficina especial de expedición del pasaporte urgente en la T4 madrileña se encuentra en la planta 2ª, con un horario de 08:00 a 21:00, teléfono 91-301-09-00 mientras que en Barcelona se halla en la T1 y su teléfono es 93-297-12-19.

Estamos a primeros de septiembre y unos amigos te hablan de la posibilidad de un viaje magnífico, especial, a un sitio mágico como es Egipto dentro de dos meses, en noviembre. Se necesita pasaporte, lo tienes, vence en febrero del año que viene… todo correcto… ¿Correcto? Pues no, ese pasaporte no sirve. Aunque tú lo desconoces, un buen número de países —y entre ellos Egipto— tienen un requerimiento especial. «Si tienes intención de viajar, presta mucha atención a cuándo caduca tu pasaporte, pues no todos los países requieren que el pasaporte español sea válido únicamente durante el tiempo que durará tu viaje. Muchos países exigen que tu pasaporte esté vigente hasta al menos 6 meses después de tu vuelo de vuelta…»

Hay una lista enorme de países con este requerimiento de los seis meses y algunos otros con menos tiempo, pero tendremos que estar ojo avizor para que no nos pille el toro. Entre ellos, la lista no es completa, EE.UU., Brasil, China, Costa Rica, Cuba, Egipto, Gambia, Israel, Jamaica, Marruecos (3 meses), México, Rusia, Túnez (3 meses), Venezuela… 

Un cálculo rápido, sencillo y horripilante te dice que tu pasaporte que vence en febrero de 2023 no sirve para ir a Egipto en noviembre de 2022. Te has dado cuenta de pura chiripa, leyendo cosas de otros viajeros que han hecho ese viaje con anterioridad y las miles y miles de recomendaciones sobre el particular, aunque realmente podías no haber estado atento al asunto del pasaporte, porque tú te creías, pensabas, que lo tenías en orden.

Quedan dos meses, tiempo suficiente para pedir la cita y poceder a la renovación pero la agencia de de viajes ya te está pidiendo la documentación y entre ella el pasaporte porque Egipto necesita, además, un visado para viajeros españoles. Un pequeño contratiempo que puedes solucionar pero que te pone en el disparadero.

Con ello, una fecha de caducidad, que debería ser suficiente, no sirve como tal y te puede llevar a un contratiempo no deseado. Muchos documentos oficiales requieren ser renovados con antelación. El DNI, por ejemplo, se puede y se debe renovar hasta TRES MESES antes de su caducidad, mientras que el certificado electrónico de la FNMT tiene que ser  renovado con DOS MESES de antelación. ¿El carnet de conducir?

¿Con cuanto tiempo de antelación tendremos que renovar el pasaporte? Aquí cada cuál, según sea más o menos dejado, pondrá la fecha. En mi caso, modifico desde ahora mismo mis costumbres y me fijo un período de diez meses de antelación para proceder a la renovación del pasaporte, por lo que pudiera pasar. No es que sea barato pues tiene una tasa que se acerca a los 30 euros, pero si se quiere tener todo en orden, y estar preparado para una emergencia, es lo que hay.

Podríamos acabar aquí, pero es que hay más asuntos. Todos los pasaportes emitidos actualmente en España lo son, pero no así los que tenemos en nuestro poder con una cierta antigüedad, porque, aunque están vigentes, no son DIGITALES y por lo tanto pueden no ser válidos para viajar a ciertos países, como por ejemplo, EE.UU. Revise y en su caso renueve su pasaporte con tranquilidad.

Más aquí no se acaban las tribulaciones del viajero, pues lo de la COVID ha venido para quedarse: podemos entrar en Egipto sin ningún requerimiento por temas de COVID pero, para volver a España…



domingo, 4 de septiembre de 2022

PROXIMIDAD


  

Siempre que me es posible intento adquirir aquellos productos que voy necesitando en los comercios tradicionales cercanos a mi domicilio, esos que se ha dado en llamar de proximidad, a los que puedo acceder generalmente andando o con un desplazamiento mínimo en coche. Es verdad que cada vez hay menos por la evolución que se está produciendo en este tipo de comercio y por, entre otras cosas, los horarios. La alternativa está en las grandes superficies, no siempre tan cercanas, o en los mundos de internet, en los que el horario de de veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

En mi infancia, cuando mi madre me mandaba a hacer los recados y las compras, diariamente, todo el comercio era de proximilidad: carnicería, frutería, mercería, lechería, panadería, pollería y huevería, estanco, tienda de ultramarinos, ferretería, churrería, papelería y periódicos, carbonería… todo muy cerca de casa y… andando. Había varias tiendas de cada clase y recuerdo que mi madre me mandaba unas veces a unas y otras veces a otras, que era mandatorio llevarse bien con la vecindad. Paramio, Juviniano, Pepe, Crescencio, Aniceto, Inocencio, Emilio, Flora, Demetrio, Antonio, Pedro, el tío Tijeras…  tenderos de aquellos años que todavía recuerdo. Hoy en día todo ese mundillo no existe, ha desaparecido.

Podemos tener sensaciones inciertas sobre los precios de los artículos, pensando que en una gran superficie o a través de internet nos van a costar menos. No siempre es así y para muestra el ejemplo que comento a continuación. Necesitaba yo un cartucho de silicona para hacer reparaciones en casa cuando me dio por investigar un poco su disponibilidad y precio. Para la marca que yo quería adquirir y que me ha dado siempre muy buenos resultados, el precio resultó ser prácticamente el mismo como puede verse en las imágenes: tan solo seis céntimos más caro en el comercio tradicional donde lo adquirí en el momento.

Claro que hubo que desplazarse a por ello, en horario comercial, con el riesgo de que no tenerlo en existencias y lo tuvieran que encargar, cuestión que no es baladí porque en la tienda te conocen y si no estás dispuesto a esperar parece que les haces un feo, aunque eso depende de la capacidad de aguante de cada cuál. Yo ya he perdido la vergüenza por un hecho que refriré a continuación y que revela como los comerciantes lo tienen muy complicado si encima no se esmeran y aplican en atender a los clientes como verdaderos tenderos en lugar de como meros despachantes.

Por otro lado olvidamos el asunto de los gastos de transporte, que en la tienda tradicional no te cobran y en los pedidos por internet sí. Con las técnicas de suscripción anual empleadas, parece que los envíos nos resultan gratis cuando en realidad estamos pagando por ello: al ser en otros momentos no coincidentes parece que no nos cuesta, pero hay un coste que tenemos que asumir.

En otro artículo que necesitaba, concretamente una memoria USB —pendrive se entiende mejorme dirigí a la tienda de proximidad, sabiendo que su coste era treinta céntimos mayor que por internet, pero todo sea por fomentar los negocios locales que aportan su valor a barrios, pueblos y ciudades. Personado en la tienda, no disponían del artículo, me lo encargaron y me dijeron que volviera a recogerlo a los dos días. Si lo hubiera encargado a través de internet lo hubiera recibido al día siguiente.

Personado a los dos días, no se sabía nada de mi encargo. Había otro tendero diferente, no encontró el pedido que supuestamente se había realizado anteriormente y se quedó con mi teléfono para llamarme cuando averiguara lo ocurrido. Realmente me llamó a las dos horas y me dijo que el pedido no se había podido realizar al no estar el artículo disponible ¿Cómo es posible si me dijeron que volviera a recogerlo a los dos días?

Pero la cosa no acaba ahí. Podían realizar el pedido de nuevo, lo que supondría otros dos días —laborables— de espera y había fin de semana por medio, pero es que además el precio había subido siendo ahora dos euros y cincuenta céntimos superior al encargable por internet. Evidentemente me negué a seguir esperando más tiempo y a pagar un precio diferente y superior al pactado en el momento de realizar mi encargo días atrás. Nada más colgar, desde el propio teléfono móvil realicé el pedido por internet, a coste inferior, y al día siguiente lo tenía en mi poder.

Como he mencionado, es díficil competir en este alocado mundillo y no todos los clientes están o estamos dispuestos a desplazarnos hasta un comercio físico cuando tenemos muchos productos a nuestro alcance, servidos en nuestro domicilio, con un breve tecleo en nuestro móvil, tableta u ordenador. Hay que ponerse las pilas.

Esto no es nuevo. En los años 90 del siglo pasado laboraba yo frente a una gran librería. En el tiempo del desayuno curioseaba mucho por ella, era buen cliente y normalmente disponía de mis encargos al día siguiente de haberlos realizado y encima con pequeños descuentos. En la librería de proximidad a mi casa me tardaban una semana, tiempo que no era importante pues un libro, si eres un poco previsor, no es un asunto urgente. Pero es que, en demasidadas ocasiones, pasabas a la semana y todavía no estaba disponible el encargo. Blanco y en botella.

A pesar de estas experiencias, intentaré con mis compras fomentar los comercios tradicionales y de proximidad a mi domicilio. Pero todo tiene un límite si la atención no es, al menos, la pactada.




domingo, 28 de agosto de 2022

¿quéLEER?

Tras más de quince años intentando ejercer semanalmente de bloguero en este sitio, con setecientas sesenta y ocho entradas publicadas hasta la fecha, es muy normal que algunos conceptos se repitan en varias ocasiones. Me gusta hacer búsquedas y releer posibles entradas coincidentes, aunque siempre se pueden aportar nuevas visiones que con el paso del tiempo pueden haberse visto modificadas. El asunto que pretendo desarrollar hoy pudiera estar relacionado con las entradas «LIBROS» y «LECTURAS», publicadas en 2008 y 2013 respectivamente.

Decía que … «Por ello lo que me preocupa es seleccionar de forma eficiente aquellos libros cuya lectura acometo de forma que no me vea en el dilema de abandonarlos a media lectura, cuestión que me demanda mucho esfuerzo. Es realmente difícil decidir qué libro se comienza a leer…».

Con las posibilidades que nos ofrecen hoy los ordenadores y los mundos digitales, desde 2003 mantengo una hoja Excel en la que voy reflejando dos cuestiones: de arriba abajo, recomendaciones de libros que me hacen amigos o conocidos o veo en los medios y de abajo a arriba los libros que voy leyendo. Desde 2003 en que empecé con este registro, llevo 1060 libros leídos. En 2010 empecé a utilizar lectores digitales y desde entonces siempre que me es posible leo en formato digital, pero alguno no está en este formato y hay que leer en papel, prestado por amigos u obtenido en préstamo en bibliotecas públicas, en las que el sistema de intercambio funciona fenomenal. Como puede verse en la imagen que acompaña a esta entrada, además de la fecha de lectura añado una calificación personal de 1 a 5 ─algunos obtienen un 6─ y un pequeño comentario de recuerdo. Me ha ocurrido en alguna ocasión el empezar a leer un libro y tener la sensación de que el tema me sonaba; una consulta rápida a esta hoja me ha permitido constatar que ya lo había leído con anterioridad. ¿Le ha pasado a Vd. esto alguna vez?

En la parte que va de arriba a abajo he llegado a la línea dos mil quinientos sesenta y uno (2561) con las recomendaciones y posibles lecturas a acometer en el futuro. Si suponemos una media de lectura de un libro a la semana, media que en algunas ocasiones alcanzo y en otras no, necesitaría cincuenta años para leerlos todos, aunque es verdad que no llevo un control muy exhaustivo y alguno pudiera estar repetido o incluso tripitido.

Pero, la lista de pendientes recomendados no es estática, crece por momentos, con lo cual es muy importante el seleccionar con cuidado las nuevas lecturas. Esta semana he terminado la lectura de un libro que me habían recomendado, y que por cierto yo recomiendo muy mucho: «El heredero», de Rafael Tarradas Bultó, una historia familiar engarzada en la Guerra Civil Española con una equidistancia exquisita, una realidad contada tal y como fue en unos y otros contendientes ─no digo bandos porque unos no lo eran─ y que debería ser de obligada lectura especialmente para jóvenes. Finiquitado este… ¿por cuál decidirme?

Revisar la lista de los dos mil quinientos pendientes es una locura. Desde hace tiempo procuro intercalar algún ensayo o tema histórico con la ficción pura y dura, aunque no siempre lo consigo. Pero también alguna vez, como esta, me pica la mosca de la curiosidad y opto por una relectura. El escogido esta vez es «El ladrón de tumbas», de Antonio Cabanas, ópera prima de este autor, piloto de Iberia de profesión y amante de Egipto, que fue publicado en 2004 y que será la ¡¡quinta!! vez que lo lea. La atmósfera de Egipto en una historia que por una vez no es de poderosos faraones sino de un humilde carpintero que tenía otra «ocupación» por las noches. Me sé el final ─espectacular─ de memoria, pero su relectura siempre me resulta apasionante.

No puedo dejar de considerar una pérdida de tiempo el releer libros cuando hay muchos pendientes de lectura, no solo de autores españoles a los que me gusta acercarme sino extranjeros: se publica mucho y no se da abasto a leer. Algunos autores nacionales a los que me acerco con frecuencia en cuanto anuncian nuevas publicaciones son Lorenzo Silva, Javier Ruescas, Juan Gómez-Jurado, Antonio Muñoz Molina, Ildefonso Falcones, Reyes Monforte, Chufo Llorens, Santiago Posteguillo, José Luis Corral Lafuente, Paloma Sánchez-Garnica, Almudena Grandes, Arturo Pérez Reverte, Esteban Navarro… Y alguno menos conocido del público en general pero no por ello menos interesante como Eduardo Juárez Valero, David Villegas Cabadas o Ricardo Ruiz de la Sierra, por citar una terna aunque siempre alguno, que me perdone, se quedará en el tintero.

No siempre es garantía un autor, aunque para gustos hay opiniones. Citaré un ejemplo en mi caso. Tras disfrutar sobremanera con «Apaches», de Miguel Sáez Carral, exitosamente llevado a una serie televisiva, quedé decepcionado cuando me lancé con muchas expectativas a su segundo libro titulado «Una mujer infiel». No citaré más ejemplos por no aburrir, pero ha habido algunos otros.

Una situación muy moderna y que me provoca una especial satisfacción en este mundillo son los libros preanunciados y precomprados. La magia de internet y de los libros digitales hace que el día señalado, nada más levantarte, enciendas tu lector electrónico y los tengas disponibles. En varias ocasiones, cuando he tenido tiempo, me he dado un atracón de lectura y me he leído el libro de un tirón, en el día. Tengo varios casos de estos de autores de culto míos a la vuelta de unos meses, como son a modo de ejemplo:

18-octubre-2022, «Todo arde», de Juan Gómez-Jurado

28-octubre-2022, «La llama de Focea», un nuevo caso de Bevilacqua y Chamorro, de Lorenzo Silva

También hay libros anunciados que hay que leer en papel porque (todavía) no se publican en electrónico, al menos por el momento. Uno de ellos ya en imprenta es el que hará el número dieciocho de mi amigo y maestro Eduardo Juárez Valero y que versa sobre sociedades secretas. No quedará otro remedio que hacerse con él en papel cuando aparezca para devorarlo lo antes posible.

Solo de pasada diré que lo he intentado pero no puedo con los audiolibros que ahora están muy de moda. Y después de todos estos devaneos… cuando acabe la (quinta) lectura, que ya llevo por la mitad, de «El ladrón de tumbas», ¿con cuál me pongo? ¿alguno de los 2561 pendientes?