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domingo, 18 de enero de 2026

MALGASTO

Del asunto que traigo hoy a colación saben mucho nuestros representantes políticos, además de otros mandamases en donde quiera que se encuentren. La frase descriptiva es «tirar con pólvora de rey». Como curiosidad diré que la frase se cree tuvo su origen en los Tercios Españoles en los que cada soldado debía pagar la pólvora de su bolsillo, lo que significaba automáticamente el condurarla. Cuando la pólvora la pagaba el rey… «ancha es Castilla». Imagino que todo el mundo sabe su significado —aplicada en estos tiempos actuales, especialmente en los ámbitos políticos—: gastar alegremente los dineretes que no son suyos, especialmente en asuntos de dudosa utilidad para la ciudadanía.

Hace muchos años, unos veinte, a un amigo le cayó en suerte el nombramiento de presidente de su comunidad. Él, y casi todos los vecinos, estaban ya bastante entrados en edad y la casa tenía sus entretelas pues era un enorme bloque de pisos de Madrid, diez u once. Menos mal que él solo se encargó de su portal y aunque participaba en la mancomunidad de varios portales, había otro presidente general. Peleó con denuedo en numerosos frentes, consiguiendo algunos como cambiar la caldera central de carbón por una de gas, con lo que se quitó de en medio aquellos episodios de descargar los camiones en la acera y meterlos por un ventanuco a un sótano donde estaba la caldera. El gas ciudad era más limpio, quizá también más costoso, pero mucho más fácil de gestionar.

Una de las cuestiones que más le costó, pero que consiguió al final, fue el asunto del alumbrado de la escalera. Él pensaba, con acierto, que era un gasto innecesario el que, al llegar un vecino al portal y pulsar el interruptor, se encendieran todas las luces tanto del portal como de todos los descansillos de los pisos. Además, por la distribución de los interruptores en los descansillos, había que mantener la luz encendida para permitir al vecino tomar el ascensor y darle tiempo a llegar a su piso. Echen cuentas si era el vecino del décimo.

En aquella época era una novedad la utilización incipiente de los sensores de movimiento que hoy en día están tan generalizados. Sé de algunas personas que los utilizan en el interior de sus casas en zonas de paso para evitar tener que pulsar el interruptor parea encender y apagar. Todo automático. Comodidad.

Yo tuve esta lucha, infructuosa en mi comunidad durante muchos años. Son «solo» seis pisos… Al final, hace unos años, se convencieron los suficientes vecinos, al menos en mi portal, para instalar los detectores de movimiento. Cuando entras al portal y ya hay poca luz por estar atardeciendo o anochecido, se encienden solo los fluorescentes del portal. Cuando sales del ascensor en tu piso se encienden los de ese descansillo. Si subes o bajas andando por las escaleras, una buena manera de hacer ejercicio y mantenerse, se van encendiendo y apagando de forma automática según vas pasando por ellos.

Pero hay de todo en la viña del señor. Cada uno dentro de su casa hace o deshace lo que quiere, pero… ¿en las zonas comunitarias?

Hace años, por un tema de seguridad para caso de problemas en los ascensores, la Comunidad de Madrid obligó por ley a dotarlos de una línea telefónica, lo que supuso un dispendio para hacer llegar los cables telefónicos a cada ascensor (no estaba previsto) además de la cuota mensual a abonar a la compañía telefónica. Desconozco el número de veces que algún vecino se ha quedado encerrado y ha tenido que utilizar el servicio. Antes se hacía sonar un timbre con bastante estruendo y algún vecino que lo oía llamaba a la compañía de ascensores.

Aparte de comentar la imagen que encabeza esta entrada, vean la siguiente imagen...

...que corresponde al techo del ascensor. Sí, ¡siempre encendido!, las veinticuatro horas del día y siete días a la semana, se esté usando o esté parado ¿Qué tal un sensor de movimiento para encender y apagar? No debe costar…

Pero ya, para remate de fiesta, hace poco la compañía, en este caso OTIS, ha cambiado el viejo sistema de informar con un número el piso en el que estabas o ibas pasando y lo ha sustituido —ver imagen de cabecera— por una tableta que se tira las veinticuatro horas del día con una musiquita de ambiente y ofreciendo noticias de actualidad, me imagino que utilizando esa conexión telefónica que se puso para otro menester, pero ya que está, a machacar al usuario. Yo no la miro, pero la musiquita me fastidia sobremanera, no por ella en sí, sino por lo que supone de un gasto innecesario por el que no se preocupa nadie.

Por lo menos, en los garajes de mi comunidad si se consiguió que se iluminaran al utilizar el mando a distancia para manejar la apertura y cierre de puertas o con pulsadores manuales temporizados. Pero en el garaje de la comunidad donde vive un hijo mío, dos plantas de garaje enormes, con unas cuarenta plazas cada una, decenas de fluorescentes permanecen encendidos las veinticuatro horas.

Uno ya se cansa de luchar contra los elementos, dicho sin ofender y sin referirme a mis convecinos, Dios me libre. Dentro de mi casa ya luché y sigo luchando con desenchufar todo lo que no es necesario. Para aquellos interesados, remito a la entrada «DESENCHUFAR» de abril de 2022 accesible en este enlace. Ahí se cuenta lo que nos puede subir la factura de la luz por no preocuparnos y ocuparnos del asunto de los pilotos encendidos en aparatos como televisiones, regletas u otros que no apagamos del todo y los dejamos —perdón por el vocablo— en standby. Para utilizar mandos a distancia para nuestra comodidad.

Si vamos sumando gastos innecesarios como los descritos, en el conjunto de la humanidad, ¿cuánta energía estamos derrochando inútilmente? Pero este malgasto —disipar el dinero, gastándolo en cosas malas o inútiles—… ¿a quién preocupa?