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lunes, 23 de febrero de 2009

23-F

No es una fecha redonda, ni cuadrada. Pero ya me parece que todos los años cuando llega esta fecha, los medios de comunicación nos recuerdan los años que hace que ocurrió “aquello”. Incluso este año una serie de televisión ha rememorado en dos capítulos, con gran acierto, los hechos acaecidos hace veintiocho años.

Yo debí ser uno de los pocos españoles que no enteró del 23-F hasta el día siguiente cuando prácticamente todo se había acabado. En estos acontecimientos especiales, la memoria graba lo que estaba haciendo uno con todo lujo de detalles.

Tenía por aquellas fechas un amigo, Paco, soltero, que residía con sus padres pero que tenía, cono inversión, un pisito de soltero. Y le tenía como inversión porque no le recuerdo como aventurero en otros temas, no seamos malpensados. Era, y es, una persona culta, de muy agradable conversación y que entre otras tenía la afición de tocar el órgano. El órgano de iglesia. Por aquellas fechas se había comprado uno, electrónico en cuanto al sonido pero real en cuanto a la apariencia, de un tamaño tremendo, con teclas de pedal y al menos tres pisos de teclas de mano que yo recuerde. Lo había instalado en el salón de ese pisito de soltero y precisamente aquel 23-F nos invitó a mi mujer y a mí a su casa a ver su adquisición, oírlo, merendar y pasar la tarde.

Ambos salíamos de nuestros trabajos a las tres de la tarde, por lo que recuerdo dejarnos caer por allí antes de las cinco. Nos metimos allí los tres y toca que te toca, el órgano, charla que te charla, cervecita tras cervecita, una tentempié que había preparado, nos dieron la una y media de la madrugada.

Nosotros a lo nuestro, totalmente ajenos a lo que se estaba cociendo en las calles de Madrid, en el Congreso, en el palacio de la Zarzuela y en algunas ciudades de España: la intentona de golpe de estado por unos cuantos militares y guardia civiles, que a Dios gracias fue un fracaso. Nos perdimos la noche de los transistores, el mensaje en directo del Rey, nos perdimos todo. Instantes tan especiales e irrepetibles, tan sonados y de tanta importancia nos fueron ajenos de una forma que casi podríamos calificar hoy en la distancia como grotesca.

Al día siguiente, o mejor dentro e unas pocas horas, me tenía que desplazar a Madrid a mi trabajo en tren. Acostumbraba a llegar al tren pronto, en una estación de origen, sentarme en el sitio de siempre y enfrascarme con mi libro o mis lecturas. Si que noté que la afluencia de viajeros en las estaciones era menor, que la gente iba más en silencio que otros días pero, yo a lo mío, mi lectura. Al salir del tren en la estación de Recoletos de Madrid para iniciar mi diario caminar hacia mi trabajo cercano a la Puerta del Sol observé menos gente, menos circulación, pero no recuerdo haber visto nada especial al pasar caminando por delante del Ministerio de Defensa en la plaza de Cibeles.

AL llegar a mi trabajo, ya tuve a quién preguntar: al vigilante de seguridad que custodiaba la entrada de empleados por un anexo. Me informó de todo lo que había ocurrido, yo me quedé de piedra y el más cuando le conté que no sabía nada y como habían transcurrido para mí las horas de la tarde y noche anterior cuando todo el mundo estaba soliviantado, unos asustados, otros temerosos y todos cuando menos preocupados por el desarrollo de los acontecimientos, aunque cuando yo me enteré, hacia las ocho de la mañana del 24-F todo estaba ya casi acabado y había quedado en una intentona.

Mi amigo Paco, según me contó al día siguiente, si que se enteró a las dos de la mañana, cuando llegó a dormir a casa de sus padres y estaban todos ante la radio y la televisión ávidos de noticias. Me confesó que estuvo a punto de llamarme por teléfono pero pensó que era muy tarde y que me habría enterado, no sé, por la radio del coche en el trayecto a casa o de alguna otra forma.

Pero no, el 23-F fue para mí un acontecimiento que falta en mi recuerdo. Todos los años, cuando se habla de él me viene a la memoria como lo víví, o mejor dicho, como no lo viví.

miércoles, 18 de febrero de 2009

LORTAD-1


Hace ya algunos años, un amigo que se dedicaba a asuntos de informática tuvo un grave problema con la Administración. Aunque la cosa no trascendió mucho, se dedicaba a capturar por todas las partes donde podía direcciones y datos personales en orden a formar una base de datos con mucha información que servía a diferentes empresas para sus objetivos de marketing y publicidad. Cuantos más datos capturase en sus ficheros, mejor abanico de posibilidades de filtrado y personalización podía ofrecer a las empresas.
No sé en que quedó todo aquello pero poco después vio la luz la LORTAD, o lo que es lo mismo, una “Ley Orgánica de Regulación del Tratamiento Automatizado de Datos Personales”, donde se fijan una serie de normas muy estrictas, y de “obligado” cumplimiento, a observar escrupulosamente por las empresas a la hora de manejar ficheros informatizados en los que se alojen datos personales.
Corría Diciembre de 1999 e internet no había alcanzando el tremendo desarrollo y la profunda penetración que tiene hoy en día. El tratamiento de grandes volúmenes de información estaba vedado a ordenadores profesionales de los que solo disponían poco más de un centenar de empresas en España. Hoy en día, dada la potencia de los ordenadores personales, unida a la gran capacidad de los discos duros y memorias portátiles, el acumular información de todo tipo, cual síndrome de Diógenes juvenil, es un deporte nacional, aunque se observe rigurosa y escrupulosamente la anteriormente mencionada Ley.
El caso es que las direcciones personales siguen circulando por doquier. Lo único que ahora tienen cuidado las empresas, algunas de ellas, de informarte que debes tú mandar una carta si quieres ejecutar el derecho de que tus datos no sean utilizados, o cedidos a empresas del grupo, con fines comerciales u otros. Eso además de datos que son públicos salvo que te esfuerces mucho en conseguir lo contrario, como por ejemplo el figurar en una guía telefónica.
De todas maneras, por mucho empeño que pongan en confundirnos, algunas veces los datos se sacan “por detrás”. Desde hace tiempo vengo utilizando un apartado de correos para facilitar mi dirección y que toda la correspondencia, y la propaganda que me llega, vaya a él. Sin embargo, ciertas empresas, como las de agua, electricidad, telefonía y demás, exigen y hacen constar en sus ficheros la dirección del domicilio real para el que se solicitan los servicios. Otras, nunca acierto a saber porqué, no aceptan un apartado de correos como dirección postal. ¡Que más postal que un Apartado de Correos¡Como mucho te exigen el efectivo y te dejan dar otro para envíos de correspondencia, pero no todas.
Ya desde hace años, cuando me solicitan mi domicilio introduzco en él alguna variación que no parezca significativa de forma que ninguna de estas empresas tengan EXACTAMENTE mi mismo domicilio particular. Lo mismo hago con el apartado, añadiendo ceros por delante de la numeración o poniendo por detrás algún comentario o sigla que me permita identificar de forma clara la empresa de procedencia de esa dirección. Así, aunque es lo mismo desde el punto de vista del cartero vivir en el piso 2-I que en el 02-IZ, 2-izda, Escalera-1 2 I o Portal-1 2ª-izda cuando solo hay una escalera y un portal, no es lo mismo a la hora de “cazar” a la empresa que ha cedido, por lo general de forma no autorizada, tus datos a otros que se dedican a realizar “labores de información y personalización”, cito textualmente aunque he necesitado una lupa para leerlo, para campañas de publicidad propias o de otros.
Y es que es muy curioso, o por lo menos a mí se me antoja así. Un ejemplo real de los muchos que podemos encontrar a poco que nos fijemos un poco. Un autobús aparcado en una céntrica calle donde hacen revisiones gratuitas de la vista promovido por la Concejalía de Salud. Según entras, lo primero de todo, ordenador portátil, te solicitan todos tus datos personales y alguno más: Nombre, domicilio, localidad, provincia, documento nacional de identidad, teléfonos fijo y móvil y no te piden más porque “cantaría” la cosa. Cuando les dices que para que quieren todos esos datos te argumentan que es que se los pide el ordenador. Debe ser una máquina con vida propia que pide cosas y que si no se las das no puede seguir.
Pues contra el vicio de pedir, la virtud de no dar. No sé cuantas direcciones me habré inventado, de no sé cuantos pueblos y provincias, teléfonos que no existen o que si existen pido perdón a sus propietarios porque son absolutamente inventados. Pero, ojo, el documento nacional de identidad es un problema: la letrita que lo acompaña es un código de seguridad formado al aplicar unas reglas matemáticas al número real. Por ello, si te inventas un dni pero la letra no es correcta, la aplicación informática salta y te dice que el dni no es válido: te han pillado. Por ello, además del propio, hay que aprenderse dos o tres más “de pega” para facilitar a los que preguntan datos sin ton ni son. Uno por ejemplo muy majo es el 123.456 o el 50.246.135 y parecidos, fáciles de memorizar. Podemos jugar a divertirnos y facilitar como dni el 55.555.555 y aguantar la broma que seguro se produce del “tecleador o tecleadora de los datos”. El problema es que nos pida que se lo mostremos.
La pregunta que viene ahora es…… ¿Qué letra corresponde a esos dni’s de pega?
Como de este asunto hay más, como en las series de televisión…… Continuará en el próximo capítulo.

domingo, 15 de febrero de 2009

Z


Si bien nuestro alfabeto se compone de veintiocho letras, no todas tienen el mismo peso y la misma magia en el lenguaje. Bastaría con poner en un diccionario de la Real Academia en papel esos post-it de colorines en la primara página de cada una de las letras para darnos cuenta de que los grosores serían diferentes. Esto en cuanto a la letra por la que comienzan las palabras de las que disponemos para dirigirnos a nuestros semejantes. Ahora que todo está informatizado, y a lo mejor ya existe, sería una buena manera de perder o emplear el tiempo el indagar y hacer una estadística con el número de palabras oficiales, el número de letras de cada una, acentos, posiciones de los acentos, letra más usada, letra menos usada, letra que más veces aparece al final de las palabras ….. Reuniendo los datos podríamos imaginarnos un montón de estadísticas, meras curiosidades, como una forma amena de pasar el rato.
Hace tiempo hice algo parecido con los nombres propios. No fue un juego sino que estuvo enmarcado en un proyecto para “numerizar” el nombre de las personas, con un doble fin: ahorrar espacio en los ficheros informáticos y evitar errores en los nombres. Así, si por ejemplo asignamos la clave 257 al nombre “Juan”, la clave 3 al apellido “Gómez” y la clave 75 a un segundo apellido como “Balmaseda”, la codificación de un supuesto Juan Gómez Balmaseda sería 257-3-75, con lo que con ocho posiciones, en este caso, tendríamos suficiente para almacenar un dato que de otra forma hubiera necesitado 20 posiciones. Los número se podían pasar a otro tipo de base, como por ejemplo la binaria, donde en las posiciones que ocupan dos letras podríamos especificar una numeración del 0 al 65535 con lo que ocuparían todavía menos. Una ventaja adicional es, como digo, que nunca aparecería el nombre equivocado una vez traducido de su clave numérica a la alfabética.
Porque claro, no es lo mismo a nivel de apellido “Balmaseda” que “Valmaseda” al igual que no es lo mismo “Ayuso” que “Alluso”, “Giménez” que “Jiménez” u “Hontoria” que “Ontoria”, por poner algunos ejemplos. Al parecer hay una cierta libertad a la hora de lidiar con los apellidos, sin una ortografía clara y que puede ser manejada con más o menos licencia por sus portadores. Evidentemente, la codificación de la clave 75 para “Balmaseda” no nos serviría” para “Valmaseda”, que es otro apellido distinto, pero con ello lograríamos que a cada “?almaseda” le llegara su nombre bien escrito, siempre y sin errores.
Aquello no llegó a su término porque era un proyecto que iniciamos entre dos personas como una forma de mejorar la cosas, pero sin que nadie nos lo demandase, me refiero a nuestros jefes, responsables, encargados, superiores o como se de en llamar ahora. Para mí siempre ha sido el jefe, palabra clara y económica que indica sin lugar a dudas de quién se trata: “Superior o cabeza de una corporación, partido u oficio”.
Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Yo quería hablar aquí de una de las letras con menos páginas en el diccionario, aunque no la que menos. Además tiene el dudoso honor de ser la última. La “Z”. Y para acotar un poco me voy a ocupar de las pocas palabras, o no tan pocas, que empiezan por “ZE”, apenas una docena. El propio nombre de la letra “zeta” puede escribirse o decirse también como “zeda”.
Algunas de las palabras de las que vamos a hablar y que comienzan por “ze” pueden usarse alternativamente empezando por “z” o por “c”, como por ejemplo zebra, zedilla o zenit que podrían ser cebra, cedilla o cenit. Esto en cuanto a la escritura, ya que la pronunciación es muy parecida salvo que exagerásemos de forma casi artificial el sonido diferente de una “z” o una “c”.
El resto están condenadas a ubicarse en las últimas páginas del diccionario. No son muchas, pero esto según donde se mire como mencionaré al final. Las relaciono con una breve explicación de su significado:
- ZÉJEL Composición estrófica de métrica española …
- ZELANDÉS De una provincia de los Países Bajos
- ZENDAL Individuo indígena mejicano del estado de Chiapas.
- ZENDO Idioma indoeuropeo antiguamente usado en Persia.
- ZENDAVESTA Libros sagrados de los Persas, doctrinas de Zoroastro.
- ZEPELÍN Globo dirigible
- ZEUGMA Figura de construcción literaria.
Según esto, que puede estar equivocado pues los diccionarios, incluso el de la Real Academia, cambian que es una barbaridad, solo once palabras comienzan por “ze”. Pero como he atisbado antes, existen otras posibilidades. Accedí a un diccionario antiguo, el primero que tuve en mis estudios, Diccionario Ilustrado de la Lengua Española ARISTOS, editado en 1964 por la editorial Ramón Sopena, en Barcelona. Y con gran sorpresa, me encuentro en él unas cuantas palabras de las que no habla nada el diccionario oficial, tales como zea, zeismo, zenzalino, zénzalo, zeóscopo y zezeta, con sus correspondientes explicaciones y significados. Alguna de ellas, como “zénzalo” no se puede escribir con “z” sino con “c”, es decir, “cénzalo” y otras no aparecen.
Pero esto es el mundo de nunca acabar. En otro diccionario aparecen nuevas palabras no comentadas hasta ahora. Una de ellas descriptiva de otro simpático animalito, el “zebú” que no se puede escribir con “z” siendo su correcta ortografía “cebú” y otra como “zenobio” cuya correcta ortografía es “cenobio” para referirnos a un monasterio.
Eso sí, comenzando por “ze”, nombres geográficos, de personas e incluso de dioses hay algunos. Nos encomendaremos al dios Zeus para que nos arroje luz sobre las palabras de la lengua española que comienzan por las dos mismas letras que su divino nombre.

sábado, 7 de febrero de 2009

POWERPOINT


Aunque inglesa, es difícil que alguien no conozca el significado de esta palabreja. Por si acaso, aclararé brevemente que es el nombre de un conocido programa informático que se utiliza con profusión para preparar presentaciones de “diapositivas” para mostrar a una audiencia o bien ser enviadas por correo electrónico “urbi et orbe”. Lo de diapositivas es una reminiscencia del pasado, cuando se utilizaban en verdad diapositivas fotográficas.
De forma casi generalizada, en las salas de reuniones o de conferencias, los auditorios, incluso pequeñas salas de cine o en el propio salón familiar, se dispone de un cañón o proyector al que podemos conectar un ordenador, generalmente portátil, y proyectar a un tamaño grande y con bastante calidad no solo presentaciones sino incluso películas. De hecho las presentaciones realizadas con esta herramienta informática pueden llegar a alcanzar una alta calidad, al permitir incorporar en las mismas toda una pléyade de colores, fotografías, tipos de letra, música e incluso fragmentos de películas. Un mundo de posibilidades que se abre al alcance de quién haya querido dedicar su tiempo y su esfuerzo a aprender a manejar este programa que, queramos o no, forma parte de nuestras vidas.
Esta semana he asistido a unas interesantísimas jornadas tituladas “La Inteligencia Emocional en el ámbito de la Salud”. Es de agradecer a la Mutua Madrileña Automovilista a través de su Fundación Médica la organización de estas jornadas y la cesión de sus magníficas instalaciones en su sede central el Paseo de la Castellana de Madrid para acogernos a todos, conferenciantes y asistentes, de una forma casi increíble si tenemos en cuenta los tiempos de crisis en los que vamos navegando como podemos.
Entre ponentes y moderadores, una treintena de profesores de universidades, españolas y del extranjero, directores de revistas, “coachers”, catedráticos de instituto y hombres y mujeres de empresa nos han transmitido sus valiosos y actualizados conocimientos sobre la materia….. sustentados en vistosas y atrayentes presentaciones realizadas con, claro está, powerpoint o alguna otra herramienta similar, que también existen. Aunque no todos, como luego comentaré.
De una manera simplista, podemos dividir una comunicación de este tipo en continente y contenido. Lo más importante, desde mi modesto punto de vista, es el contenido pero qué duda cabe que el continente, con sus colores, sus tipos de letra, sus animaciones, sus fotografías o su música también ayuda. ¿Ayuda o distrae? Algunas veces también distrae. Por experiencia propia, yo también hago presentaciones y utilizo esta herramienta, con independencia del tema que vas a comunicar, siendo harto difícil establecer un diseño sobre el que plasmar nuestras ideas.
En unas jornadas de este tipo se pueden ver como los ponentes eligen y muestran sus preferencias en el continente. Desde un fondo obscuro neutro con letras en blanco, pasando por tonos suaves con juegos de letras normales, hasta animaciones agresivas de letras que aparecen de la nada dando vueltas sobre fondos degradados con fotografías de un bosque o jardín, todo puede ser utilizado para comunicar una idea. Aunque no nos demos cuenta, este tipo de cosas influyen, en forma de atracción o rechazo, en la atención que dispensamos a la conferencia. Siempre además se pueden sacar ideas acerca de lo que nos resulta interesante para nuestras propias colecciones de diapositivas a realizar en el futuro, pues una muestra vista de casi una treintena en dos días da para escoger.
Lo que me viene resultando curioso en este tipo de eventos apoyados en esta tecnología es la actitud del público asistente. Me gustaría saber que pasa por la cabeza de los ponentes cuando captan, seguro que lo hacen a pesar de su más que seguro estado de nervios y activación emocional, determinadas actitudes en las personas que atienden su charla y que son cada vez más frecuentes. Algunas de ellas son charlar con el compañero de forma insistente, mandar o recibir mensajes por el móvil, atender incluso llamadas por el móvil con la consiguiente molestia para los oyentes que están alrededor, entrar y salir de la sala, molestando y distrayendo a toda la fila de butacas o, no se trata de ser exhaustivo, una última actitud que prolifera: tomar fotografías con cámaras digitales de lo que se está proyectando en pantalla. ¿Recuerdan la imagen tópica del japonés con una cámara de vídeo pegada permanentemente a su ojo y que va de vacaciones viendo el mundo a través de la cámara? Pues algo similar es lo que ocurre. Pero hay un agravante: gran parte de las personas que realizan estas conductas no se toman la molestia de quitar el flash a las cámaras, con lo que el ponente y el resto de los oyentes nos vemos fusilados de forma continua y reiterativa por fogonazos de luz que molestan y distraen. Lo que es peor, los autores de semejantes atentados solo quieren llevarse todo, fusilarlo, y en lugar de tomar sus apuntes de forma silenciosa, como hacemos los demás, se dedican a molestar y no atender de forma activa lo que se está diciendo. Llegarán a casa, guardarán las fotos en el disco duro del ordenador, quizá algún día las revisen, pero muy probablemente no se habrán enterado de nada.
Gracias a Dios, tres de los ponentes no han utilizado powerpoint. Lo han hecho a la antigua usanza, supongo que algunas notas en papel con el hilo conductor y a comunicar lo que se quiere comunicar. Y como solo son tres, aquí los cito en justo reconocimiento a su valentía de conferenciar “a pelo”: Jose Antonio Marina, Alfredo Fierro y Margie Igoa. Los de las cámaras se han quedado compuestos y sin objetivo que retratar, con lo que posiblemente no les haya quedado otro remedio que prestar atención a lo que se estaba diciendo y les habrá aprovechado en buena medida el asunto comunicado, que ha sido altamente interesante y atrayente en los tres casos. Aunque siendo malpensado, quizá llevaran en el bolsillo de su chaqueta o camisa un dispositivo de grabación para grabar lo que se está diciendo.
Vivimos en la cultura del “copia” y “pega”. La ley del mínimo esfuerzo: me llevo todo lo que se dice y se proyecta y ya dispongo de una información que no me ha costado nada elaborar pero que ha supuesto arduo esfuerzo al ponente.
¿Se imaginan un teatro o cine en el que el público asistente esté continuamente tomando fotografías con flash de lo que sucede en el escenario o pantalla?
¿Por qué aquí tenemos que soportar esos fogonazos que distraen al ponente y a los que le queremos escuchar?

domingo, 1 de febrero de 2009

CACHIVACHES

Por modas, y casi sin darnos cuenta, nuestras casas se van poblando de numerosos trastos, necesarios e imprescindibles, para nuestro devenir diario. Los hay de muchas clases, pero yo me quiero referir aquí a los numerosos transformadores y cargadores de baterías que día tras día llenan nuestros cajones.

Muchas veces uno se piensa si no podría existir una directiva que pusiera algo de orden en este aspecto, pero parece que la moderna economía se dedica a lo contrario, cuantos más y diferentes mejor.

Hace poco tuve que cambiar de teléfono móvil. Como no soy un fanático de este tipo de tecnología, fui con la idea de comprar uno de la misma marca que el de mi mujer, al objeto de tener por ahí un solo transformador que sirviera para cargar las baterías de los dos teléfonos. Pues bien, han cambiado el “pincho” que se inserta en el teléfono, con lo cual el transformador de uno no sirve para el otro. Por supuesto tampoco sirve para el de mi hijo, que es de otra marca. Tres teléfonos móviles, tres transformadores para recargar sus baterías. Transformadores que irán a la basura en el momento que el teléfono quede inservible por uso o por cambio a otro más moderno, aún funcionando correctamente.

De un tiempo a esta parte parece que todo viene con su transformador para cargar la batería. Desde una simple máquina de cortar el pelo hasta la consola de juegos de los niños pasando por ordenadores portátiles, discos duros externos o cargadores de baterías de las cámaras fotográficas, eso sin ser exhaustivos, todos necesitan ese trasto o cachivache añadido que es el transformador. Cada uno lleva el suyo y no sirven los de unos para los otros.

Entiendo que es muy difícil ponerse de acuerdo para disponer de uno universal, con multitud de conectores si se quiere, que nos sirviera para todos los aparatos y no tener que almacenar la cantidad de ellos que almacenamos.

Puestos a sentir nostalgia, desde hace mucho tiempo recuerdo utilizar a diario la maquinilla de afeitar eléctrica… sin transformador. Todas las que he tenido a lo largo de mi vida, que han sido tres, se enchufan directamente a la corriente con un simple cable y sin ningún trasto añadido. No tienen un tamaño grande y parece que desde tiempos inmemoriales han sido capaces de albergar en su interior los correspondientes mecanismos y equipos para “aceptar” directamente la corriente de 220 voltios, sin transformadores. Por tanto no parece difícil el que el resto de “aparatejos” que nos pululan por las casas hoy en día tuvieran esa misma tecnología para evitarnos tan engorrosos cachivaches como son los transformadores.

Hace algunos años se habló de que estaban desarrollando un cargador de baterías por inducción. Iba a ser tan sencillo como llegar a casa y dejar encima de una especie de plato el aparato cuya batería quisiéramos recargar. Como por arte de magia, sin tener que enchufar nada, con solo dejarlo encima, se produciría la recarga. No he vuelto a oir hablar de ello pero sería muy de agradecer un invento de este tipo, que nos haría la vida más fácil y nos liberaría de trastos y cachivaches en nuestros cajones.

domingo, 18 de enero de 2009

CABREANTE


Me asalta la duda de si esta palabra que he utilizado como título de este suelto en mi blog existe. En el diccionario figura el verbo cabrear así que ….
Como ya he accedido al diccionario, me quedo con la acepción que para este verbo tienen en nuestro país hermano Chile, y que no es otro que “hastiar o aburrir” en lugar del normal que sería “Enfadar, amostazar, poner a alguien malhumorado o receloso”, aunque también esta segunda acepción valdría para lo que voy a comentar.
Leo en la prensa de esta semana un anuncio que me deja estupefacto. La crisis que estamos sufriendo, bueno, las crisis, porque no solo es en lo económico, sino también en los valores, en lo religioso, en la educación y en otras muchas cosas. El anuncio, que en un tris estuve a punto de recortar para adjuntar aquí, pero me contuve al estar en una biblioteca pública, decía algo así como que era un curso o seminario con el título de “Como planificar un E.R.E, Despidos colectivos y Reestructuración de Plantillas”. En internet también se puede encontrar sin mucha dificultad. Se conoce que no lo hacen bien en las empresas y un prestigioso bufete de abogados, de renombre, se brinda a organizar este seminario, por un módico precio que quedará como una minucia al lado del “ahorro” que supone prescindir de unos cuantos trabajadores y de sus emolumentos.
Está claro que llegaremos a todo casi sin proponérnoslo. Como la crisis siga adelante, surgirá algún iluminado que dé cursos de “Como simular una depresión y obtener la baja médica”, “Como simular dolor de espalda permanente e incapacitarte” o incluso si me apuran, y es mejor no dar ideas, “Cómo suicidarse limpia y elegantemente”.
Lo peor de todo es que tengo la impresión de que cursos de esta guisa serían “atendidos” como se dice en inglés mal traducido, por un número elevado de empresas y de personal de recursos humanos, cuanta humanidad y cuanto recurso estropeado y vilipendiado, que seguirán con aplicación los mismos para obtener un buen certificado final que les acredite el derecho a disponer de los beneficios correspondientes.
Recuerdo con nitidez, aunque era muy joven, la crisis de 1973. Un anuncio en la televisión aquella en blanco y negro decía, respecto del precio de los carburantes, que “Vd. quizá pueda pagarlo, pero España no puede”, y eso que la gasolina en aquella época estaba a siete pesetas el litro, pero siete pesetas de las de antes.
Lo que a nivel individual o empresarial nos podemos permitir, a nivel global, de conciencia de país, no podemos permitirlo. Se viene oyendo con fuerza que es un desatino el prejubilar, cuando no echar directamente, a personas que o no han cumplido los cincuenta años o los sobrepasan muy poco. Grandes bancos o empresas se permiten el lujo de pagar de sus beneficios los salarios, reducidos, y la seguridad social, completa, de un buen número de trabajadores, en edad de aprovechar sus conocimientos para rendir y enseñar a otros. Pero este lujo no concuerda con que para el país, y la humanidad, si se me permite, no pueden prescindir de estos trabajadores y mandarlos a deambular, parodiando aquella película o libro, los lunes y el resto de los días al “sol” o al “golf”.
Y se sabe de otras empresas, grandes y con beneficios enormes declarados, que usan de triquiñuelas de nombre “ere” y similares, para enviar a sus trabajadores al paro durante dos años, ahorrándose salarios y seguridad social, ahorro que sirve para engrosar sus beneficios y rebajar los nuestros y los de los sistemas públicos.
Pero esto parece que es pecata-minuta. Algunas voces de personas en el poder se alzan diciendo que esto se va acabar. Esto es como el famoso cartel de los bares o tiendas que decía “Hoy no se fía, mañana sí”. Pues eso, las prejubilaciones y los despidos encubiertos hoy se hacen, mañana ya no se harán. Pero mañana volverá a ser hoy. Y así seguimos.

sábado, 10 de enero de 2009

DESALMADOS




Hace más o menos un año escribía en este mismo blog una entrada bajo el título DESAPARCAR (http://sensacionesinciertas.blogspot.com/2008/02/desaparcar.html ) que trataba sobre el uso del prefijo “des” en la lengua castellana. Recomiendo su lectura desde aquí.

Por casualidad, el título de esta entrada lleva también como característica el prefijo “des”, con lo que su explicación, de forma profana, sería algo así como que no tienen alma. No resisto la tentación de acudir al diccionario y me encuentro un significado parecido tal y como falto de conciencia, cruel, inhumano, privado o falto de espíritu. Parece a todas luces, aunque el diccionario no lo diga, que es un adjetivo aplicable a las personas. Yo me propongo aquí hacerlo extensible a las empresas.

Llevamos un par de párrafos y toda vía no sabemos de qué guisa va este texto. Para aproximarnos un poquito más, diré que el primer título que se me había ocurrido era “CHORIZOS”, palabra que quiero entendamos en su sentido figurado, que no es otro que ratero, ladronzuelo, descuidero, persona de la que no nos podemos fiar y que en un momento dado nos la jugará, en principio con importes o cosas poca monta. Nuevamente parece que esta acepción de chorizo es aplicable a las personas y no a las empresas.

Desde hace un tiempo, y ya son varios años, tengo la sensación de que las principales empresas del país son unas desalmadas, por decirlo de una forma educada en lugar de emplear ese segundo título que no ha llegado a ver la luz. Los motores de la nación, bancos, administraciones, cajas, empresas de electricidad, empresas de telecomunicaciones y afines, que deberían dar ejemplo con sus procedimientos, con sus servicios, con su transparencia y con sus formas de hacer, nos sorprenden día a día con trucos y triquiñuelas en las que el principal fin es engrosar su cuenta de resultados monetarios, importándoles un bledo otras cuestiones que no sean las pecuniarias, y minusvalorando otros aspectos como respeto, atención al cliente, servicio, calidad de sus productos y cuestiones parecidas.

No se puede generalizar. De acuerdo. Y lo que voy a contar a continuación es solo un ejemplo, del que Dios nos libre generalizar.

No me queda más remedio que llevar teléfono móvil. Me resistí durante años pero las nuevas formas de vivir te hacen claudicar. Conozco algún amigo que se sigue resistiendo, pero es una lucha vana en la que el principal y único perjudicado eres tú. Lo que si que hago es tener mucho cuidado con el uso que hago de él, más que nada porque sus tarifas me parecen abusivas además de estar cambiando continuamente y no quedar claras a nadie. Para no mencionar el nombre de la empresa que me presta sus servicios de telefonía móvil utilizaré un nombre figurado, pongamos Timofónica.

Se hartan de mandarme mensajes y más mensajes de propaganda al móvil para que les compre, suscriba o entre en no sé cuantas promociones. Insisten una y otra vez en que tengo el teléfono mal configurado y me instan a aceptar una configuración que han decidido ellos, así por las buenas y sin explicarme nada. Pero de otras cosas mucho más importantes se cuidan muy mucho de informar por mensajes. Hacen constar un parrafito al final de la factura, que me atrevería a decir que no lee nadie o casi nadie de los que revisan su factura.

Como soy curioso y leo todo lo que puedo … lo encontré. Es el parrafito que está reproducido como imagen. En ella se me informa de un cambio de las condiciones de contrato. Como soy malpensado, me imaginé que era en contra mía y a su favor. Así era.

Yo no hago gasto, pero Timofónica ha establecido una tarifa mínima de consumo mensual para sus contratos de 9 euros. Si lo consumes, bien, no pasa nada, pero si no lo consumes, ya sabes, 9 euros mínimo. Hace más de un año, me adherí al contrato que tenía mi mujer, quedando establecido el mínimo, CONJUNTO, en 18 euros. Como al final entre una y otro, pasábamos de esa cantidad, pues nada, miel sobre hojuelas.

Pero Timofónica, sin alma y falta de conciencia, ha puesto sus estadísticas a trabajar. Habrá utilizado sus potentes ordenadores para hacer una análisis de estos casos y habrá visto que en algunos contratos, ciertos teléfonos no llegan por si solos al mínimo de nueve euros. Vaya tesoro que ha encontrado. Cambio de tarifas: aplicación del mínimo de nueve euros de forma individual a cada teléfono. Pues que se habían creído estos clientes listillos, se acabó el disfrutar de unas condiciones que eran lesivas para incrementar los beneficios. A partir del 18 de Febrero todo el mundo a gastar nueve euros por lo menos.

Me pregunto cuántos clientes de Timofónica se verán afectados por este cambio de rumbo y, lo que es peor, cuántos de estos afectados se habrán enterado. Enterarse se van a enterar, cuando les llegue la factura en Abril por el período de 18 de Febrero a 18 de Marzo y les pongan unos cuantos euros no consumidos. Y encima estará corriendo ya la facturación de Marzo a Abril.

Seguro que Timofónica, cruel, inhumana, ha echado cuentas. Y aunque sabe que algunos clientes, como yo, dejarán de serlo, el dinerito limpio que va a sacar de esta operación les compensa con creces el que se vayan unos cuantos, que además son lo que gastan poco, infelices, no disfrutan de las nuevas y y no llegan a nueve euros al mes. La mayoría se quedarán y soportaran esta subida encubierta a la espera de otras nuevas.

Por lo menos, no sé si con elegancia o chulería, me recuerdan que el Real Decreto 424/2005 me concede el derecho a resolver el contrato, ¡ Hasta ahí podíamos llegar !.

PRECIOS


Ya no tienen ningún miramiento. Son unos desalmados. Les importa un bledo. Y lo que es peor, ya ni siquiera los ciudadanos intentamos perder un poco de nuestro tiempo en comprender sus decisiones. Las acatamos y las sufrimos en silencio porque no nos queda otro remedio para seguir viviendo y tirando “pa’lante”.
El pasado verano, La Comunidad de Madrid o quien tenga esa responsabilidad procedió a una subida de los precios de los bonos de transporte, esos que usan las personas más necesitadas, que no tienen otro remedio para acudir a sus quehaceres o trabajos, y que no se pueden costear el combustible para el coche. Hay personas como yo que siempre han sido unos defensores a ultranza del sistema de transporte público, con sus ventajas e inconvenientes. Desde mi época de estudiante he tenido la necesidad de desplazarme fuera de mi localidad a la capital. Ya en época laboral, he tenido la suerte de disponer de vehículo propio y de dinero para costear el combustible, pero siempre he utilizado el servicio público en mis desplazamientos, a pesar del coste horario que suponía y que era más o menos el doble que si realizara los traslados en mi coche. Aún así tengo que reconocer que además de la tranquilidad relativa que supone el que te lleven, he aprovechado para dormir, leer libros, estudiar inglés o incluso echar partidas de mus con los compañeros de viaje. Menciono lo de “tranquilidad relativa” porque me vienen a la cabeza episodios variopintos sufridos en los trenes, generalmente con motivo de heladas o nevadas, cuando no incluso de accidentes, en los que hemos acabado los viajeros andando por las vías unos cuantos kilómetros para poder llegar a nuestros destinos. Es un buen tema para otra entrada en el blog.
Pero volvamos al meollo de nuestra cuestión. Es verdad que en el pasado verano los derivados del petróleo estaban con los precios por las nubes y el coste de los gastos de explotación, como nos dicen, estaban subiendo peligrosamente.
Podíamos hacer un esfuerzo y llegar a entenderlo. Lo de compartirlo es más difícil porque atenta y ataca directamente a nuestro bolsillo en una época en que a pesar de no tener agujeros, lo que en ellos caía de volatilizaba como por arte de magia. Todo está carísimo, claro, es que el petróleo está por las nubes y dependemos de una manera enfermiza de él.
Ahora ha llegado fin de año. Y con él la subida ya típica del abono de transportes. Pero ahora se da un dato curioso: los combustibles están a unos precios muy por debajo de lo que estaban en estas fechas del año pasado y no digamos ya si nos molestamos en efectuar comparaciones, que como ya se ha dicho, son odiosas. El 1 de Enero de 2008 el gasoil normal costaba 1,099 euros, mientras que en Julio de ese mismo año su coste era de 1,322 euros. Al fin del 2008 el coste había descendido hasta los 0,837 euros, casi un 40% menos que en verano.
Son embargo ya nos hemos acostumbrado a la subida de las cosas. Y, lo que es peor, el índice del coste de la vida, ese que publica el INE y que a todos nos parece que está mal, es ignorado por los propios gobernantes en temas de subidas de precios a la vez que es argumentado de forma contraria u opuesta en subidas de salarios. Nos hablan de que contengamos precios y salarios pero ellos mismos los que no se aplican su propia medicina y se saltan a la torera esas contenciones por ellos recomendadas.
Solo nos queda pensar que tendrán sus razones, que obran por nuestro bien y nuestro futuro y que además, como nos queda otro remedio, ajo, agua y resina, que son las referencias populares y educadas de “a joderse”, “aguantarse” y “resignación”.
Bien podrían haber tenido un detalle y dar por buena la subida del verano pasado pero, quía, hay que aprovechar, que las economías de los gobiernos, comunidades y ayuntamientos, tras un época de vacas gordas, de desarrollo económico e impuestos engrosando las arcas, ahora se ven vacías y no se sabe cómo mantener el ritmo que, con muy poca previsión, se habían impuesto.
Dios nos coja confesados con direcciones como las que disfrutamos en Comunidad y Ayuntamiento de Madrid. Se meten y nos meten en obras faraónicas que nadie discute son de utilidad para los ciudadanos, pero ….. ¿a qué precio?

sábado, 3 de enero de 2009

BELENES


La costumbre de montar el belén tiene y ha tenido un arraigo importante que se ha ido transmitiendo de padres a hijos con motivo de la llegada de la Navidad. Aún en las casas más pequeñas, siempre se encontraba un rinconcito donde montar aunque fuera un pequeño misterio que recordara la llegada de la Navidad.
Recuerdo desde muy pequeño el montaje del belén en la casa familiar. En aquellos tiempos en que nuestro padre trabajaba
“de sol a sol”, casi como ahora, se dedicaba la tarde del domingo anterior al día 22 a la preparación del belén. Antes era el día 22, con los cánticos de la lotería, cuando daba comienzo de forma oficial la Navidad, y no como ahora que cuando llega ese día estamos saturados de anuncios y campañas propiciadas por los centros comerciales pero también nuestras calles inundadas de luces por los ayuntamientos. Tras la comida del mediodía, un largo paseo de algo más de dos kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, a recoger el musgo. Previamente un jardinero, amigo de mi padre y cuyo nombre no recuerdo, nos había suministrado una serie de plantas para complementar la decoración. De vuelta y ya llegando a casa, siempre había una obra donde recoger un poco de arena de río para hacer los caminos, aunque a mi padre, de forma previsora, le gustaba visitar a un carpintero amigo suyo, Agustín, que le dotaba con un saquito de serrín. El serrín era más blanquito y más fino y los caminos del belén quedaban más aparentes. Ahora, que se viaja tanto, es costumbre acarrear arena fina de la playa que todavía resulta más efectivo.
Aunque yo sigo con estas costumbres, el paseo andando ha dejado paso al coche y la recogida de musgo es complicada, ya que está prohibida. Nunca he entendido esta prohibición, de marchamo ecológico, para evitar la destrucción del bosque. Tengo que decir que año tras año cojo el poco de musgo que necesito para mi pequeño belén en la misma piedra y todos los años, cuando regreso a ella, está tan poblada como el año anterior. Se trata, a mi manera de ver, de preservar el efecto óptico de un bosque arrasado con todas las piedras descarnadas en esta época que una protección real a la destrucción o de impedir que se comercie con el musgo, algo que no debe de conseguir demasiado según se puede constatar en la tradicional visita anual a la Plaza Mayor de Madrid.
Las figuras del belén suponen todo un ejercicio de ahorro. Las hay de muchas formas, materiales y tamaños. Siempre me han gustado las fabricadas por los talleres murcianos, que tienen una especial sensibilidad y tradición artesanal en estos temas. En un principio escogí figuras de gran tamaño, pero luego constaté mi error: hace falta mucho espacio para recrear una sensación de proporción. Las figuras pequeñas, además de más baratas y más fáciles de manejar y guardar de un año para otro, permiten diseñar un belén con cierta proporcionalidad y profundidad.
A lo largo de los años he visitado muchos belenes en diversas localidades de la geografía nacional. La provincia de Murcia tiene una gran tradición y de entre sus muchos belenes instalados en las ciudades, recuerdo el que realiza una familia del municipio de Casillas, cerca de la capital, donde están prácticamente todo el año, no acaban de desmontar uno cuando ya empiezan a diseñar el siguiente. Llama la atención la movilidad de muchas de sus figuras, algo que ya empieza a ser constante en muchos belenes, pero que antes era relativamente extraño y que allí se daba con profusión. Otro belén que llama poderosamente la atención es uno a tamaño natural que desde hace más o menos una década se construye en San Lorenzo de El Escorial, un municipio cercano a Madrid. La idea de su impulsor era poder andar entre las figuras y así lo lleva a la práctica. Por mencionar un tercer belén que me ha impresionado, citaré el realizado en un bar en el puerto de Comillas, Cantabria, llamado “El Secaderu”, donde la familia realiza un belén de tamaño medio dotado de una profundidad encomiable y con su cielo y todo. Espectacular sin ser de gran tamaño, denota un gran trabajo y esfuerzo en la recreación de los diferentes ambientes.
Las figuras y los decorados no son excusas. Hasta con figuras del popular juguete PlayMobil se puede montar un belén de gran tamaño, como disfrutan estos días en Santander, en Cantabria, en una carpa instalada al principio del paseo de Pereda.

domingo, 21 de diciembre de 2008

TACO



En estas fechas y desde hace algunos años, hay una liturgia que se repite. Y no me refiero a los fastos, pecuniarios y alimentarios, derivados de la Navidad y todo lo que le rodea sino a que el cambio de año fuerza una renovación de un elemento que se ha hecho amigo y necesario: El Taco Calendario del Corazón de Jesús.
Hace ya bastantes años compre este simpático calendario para tenerlo en mesa de la oficina como recordatorio del día en el que estábamos. La fecha era importante en mi trabajo, ya que había que usarla con profusión a lo largo del día para estamparla en documentos y papeles. Hay varios modelos y tamaños, pero el más sencillo consta de una hoja por día donde se reflejan un sinfín de datos tales como los días que han transcurrido del año, los que faltan, las horas a las que salen el sol y la luna, estado y situación de la luna (cuarto menguante en Libra), el santoral amplio del día, la misa que se celebra y, una de las cosas más importantes para mí, la frase del día. Todo esto en la parte delantera de las hojas, figurando en la trasera diversas y curiosas informaciones de lo más variado tales como historias, chistes, historias de personajes y monumentos, etc.

En aquellos primeros días en la oficina, uno de los momentos que se instauraron, a primera hora, era la lectura pública y en alto para todos los compañeros de la frase del día que figuraba en el calendario. Había frases todos los días, menos los domingos. En aquella época se trabajaba los sábados, por lo que no faltaba en nuestro devenir diario el comenzar la jornada con una frase, por lo general muy acertada y que servía de comentario y tertulia entre los compañeros, en aquella época en que había compañeros y no meros "coincidentes laborales".

Recuerdo una que decía algo así como “No es mejor quién soluciona los errores sino quién los evita”. Fue objeto de un encendido debate ya que era muy de aplicación al trabajo, donde había personas que los prevenían, y por tanto pasaban desapercibidas, y personas que los solucionaban, los que les hacía ganarse una tremenda notoriedad. Excuso decir cuales tenían más ascensos y mejor dotación dineraria a fin de año, eso queda para el curioso lector.

El modelo de calendario que uso es el pequeño, sus hojas miden 6 x 10 cms. Aquel día hicimos una fotocopia ampliada de la hoja y la ubicamos en el tablón de anuncios de la empresa. Lógicamente y para que el mensaje llegara mejor, sobrepintamos la frase con un rotulador fluorescente en tono amarillo, lo recuerdo perfectamente. La bomba estaba colocada y surtió su efecto. Al poco tiempo, cuando el jefe vio aquello, aparte de retirarlo y llevárselo, averiguó rápidamente quién había sido el autor del pasquín y soltó la correspondiente reprimenda. Lo de siempre, matar al mensajero y obviar el fondo de la cuestión. Las verdades duelen, o suelen doler, casi siempre.

El calendario daba juego. Recuerdo un año haber tenido la paciencia de teclear en una base de datos en el ordenador todos los nombres del santoral con sus atributos, ya que no es lo mismo un Zenón mártir, que un Zenón diácono o que un Zenón santo, pongo por ejemplo. Al cabo del año obtuve una lista interminable de nombres, alguno de ellos muy pero que muy raro que espero no se haya impuesto a ningún niño por nacer en ese día. A modo de curiosidad, el santoral de hoy reza así: S. Pedro Canisio pb. Y dr.; Amasvindo, Sillán cfs.; Anastasio, Juan, Festo, Juliana, Glicerio, Temístocles mrs,; Severino ob. Antes si había esa costumbre que ahora se ha abandonado, gracias a Dios, de poner el santo del día a los niños. Elijan Vds. Uno de los nombres, en masculino o femenino para un hijo.

Otro subproducto de este almacenamiento de nombres fue el averiguar que uno determinado aparecía más de una y más de dos veces en el santoral a lo largo del año. Por ejemplo, uno de los de hoy, Anastasio, aparece a lo largo del año once veces si no recuerdo mal, ya que no tengo a mano la estadística. Para aquellos que celebren el santo, además del cumpleaños, esto es una buena cosa, ya que disponen de muchos días al año o bien para elegir o bien para celebrarlos todos.

Desde aquellos años compro tres calendarios todos los años, bueno ahora últimamente dos. Uno para casa, otro para la oficina y otro como regalo anual para un buen amigo que compartió aquellos momentos. Es una manera de mantener la tradición del taco y vernos por lo menos una vez al año por estas fechas.

domingo, 14 de diciembre de 2008

SENSACIONES


En este caso, ciertas. Como todos los fines de semana, el despertador suena a las siete en punto, un poco más tarde, pero no mucho, que los días laborables. Unos primeros momentos directo a visitar al baño a permanecer allí un buen rato, en la necesidad de vaciar vejiga e intestinos, no vaya a ser que luego haya sorpresas. Es un buen momento para la lectura, recién levantado, despejado, como método de evasión antes de afrontar el día.

Tras estos momentos, seguir con la rutina. Un vistazo por la ventana a ver cómo está el día y una posterior visita a la estación meteorológica, que me informa de la temperatura exterior. Luego habrá que contar con la existencia o no de viento, una cuestión que tiene la capacidad de variar sensiblemente la sensación térmica. Hoy marcaba dos grados sobre cero pero el vistazo por la ventana ha servido para comprobar que el suelo estaba blanco y posiblemente helado, ya que la nevada se produjo ayer por la tarde y antes de acostarme ya estaba el suelo con ese color que antecede a la Navidad.

Estas visiones no me hacen desistir de mi particular carrerita matutina. En la cama se está a gusto y calentito, pero al igual que debemos de trabajar la mente, es necesario y conveniente hacer funcionar al cuerpo por corroborar aquello tan manido de “mens sana in corpore sano”. Por otro lado, el correr sobre la nieve y disfrutar del amanecer surcando un camino entre un bosque de árboles es un placer para los sentidos, aunque la mayoría piense que es de locos.

El amigo con el que quedo los fines de semana para este peculiar paseo tarda en aparecer en el punto y hora de encuentro. Cuando ya casi decido que me voy a tener que hacer el recorrido solo, aparece a lo lejos: un parque público por el que atraviesa desde su casa estaba todavía cerrado y ha tenido que dar un gran rodeo. Ahora los parques públicos de la localidad tienen rejas y horario, ya que hay que evitar a toda costa el uso indebido de los mismos en horarios nocturnos, principalmente por aquello de los botellones que no solo significan juerga y diversión, sino dejarlo todo hecho un asco y muy penosamente lleno de cristales rotos.

Llega mi amigo corriendo por lo que perdono la fase de calentamiento para ponerme a su vera y enfilar hacia las afueras. Contra lo que pudiera parecer, y a pesar de la hora tan temprana, no somos los primeros en horadar la nieve. Algunas pisadas nos preceden, de otros corredores o de personas que pasean, bien solas bien con sus canes. Hoy no hemos visto al “corredor ecologista”, una persona que además de hacer deporte va recogiendo los desperdicios que gente sin escrúpulos deposita en el campo. Pasamos a lo largo de algún coche aparcado, con el motor en marcha por aquello de la calefacción, donde una pareja aprovecha los últimos instantes de la noche, que ya son principio el día, para los últimos arrumacos.

Con la ropa térmica adecuada, solo se nota el frío del viento al golpear la cara. El cuerpo, tras las primeras zancadas, empieza a sudar y a entrar en calor. Hoy, por ir pisando la nieve, nos acompaña un ruido rítmico y cadencioso que provoca el propio pisar.

Una vez fuera del pueblo, el sol empieza a salir en el horizonte, bañando todo con un tono rojizo intenso. El camino nevado, flanqueado de árboles enormes ya pelados de hojas deja entrever al fondo el monte y el pueblo que acoge bañado en un tono que diríase de atardecer. Una visión sobrecogedora y espectacular.
Estamos chalados sí, pero las sensaciones, ciertas, que nos provoca este amanecer haciendo deporte, tonificando nuestro cuerpo y ensanchando nuestra mente con semejante visión de la naturaleza son un tesoro que guardaremos en nuestro interior y que podremos atesorar en nuestra mente como uno de esos instantes mágicos a los que recurrir cuando estemos necesitados de un momento de paz, tranquilidad y relajación.

jueves, 4 de diciembre de 2008

MarioAlonsoPuig

Esta misma mañana y bajo el patrocinio de Orange, empresa a la que no tengo muchas simpatías por la que me armó hace un par de años cuando se llamaba Wanadoo, he tenido la oportunidad de vivir en vivo y en directo una de las conferencias más apasionantes, y productivas, que recuerdo en mi vida, que ya es un poco dilatada. Mi más sincero agradecimiento a esta empresa, rencillas olvidadas, por la fenomenal organización de este acto, gratuito, con sus cafés, sus zumos y sus bollitos y un coctel final al que no he podido existir por el tiempo que se ha prolongado nuestro ponente. Pequeños y Medianos Empresarios, Pymes, hemos podido asistir a un acto que ha sido el sexto de un ciclo en el que han participado otros ponentes de talla a los que me he quedado sin poder escuchar por enterarme a última hora y coger el tren, quiero decir una plaza, por los pelos.

El Palacio de la Bolsa de Madrid ha sido un marco de lujo para esta alocución que por espacio de cuatro horas y cuarto con un intermedio de apenas veinte minutos ha sido pronunciada por Mario Alonso Puig. Como se suele decir en el argot, le tenía yo ganas a este señor, médico cirujano con una gran experiencia, además de en medicina, en lo que ahora se llama Coaching, en mi opinión viejos temas con nuevas y rimbombantes palabras. Le tenía ganas en el buen sentido, no se me entienda mal, de conocerle y verle en directo. Su carnet profesional pondrá lo de médico pero tiene un poco bastante de otras muchas cosas, entre ellas de psicólogo.

Me encontré con escritos de este hombre hace unos años por una página que publicaba en la revista del Race, que consistía en historias, supongo que reales aunque dé igual, cuya lectura tenía, y sigue teniendo, la característica de hacerle pensar a uno. Al final de esta entrada reproduzco una, por no hacerlo muy largo, de las que más me gustan, aunque ha sido difícil hacer la elección.

Si bien acaba de publicar su segundo libro, he podido encontrar pocas de estas historias que divulgo y utilizo citando su autor. Hoy, al comentar una de ellas con uno de los asistentes a la conferencia me ha respondido, muy ufano y muy negativo: “Eso son americanadas” a lo que le he contestado que las llame como las llame a mi me sirven para mi mejoramiento personal, y si me sirven, son buenas aunque para él no lo sean. Cada uno utiliza las herramientas que puede y cree conveniente sin fijarse quién se las aporta.

Siempre he sido de la opinión de que no es bueno poner muchas expectativas en algo, pues así luego es relativamente fácil salir defraudado. Pero no ha sido el caso. ¡Como habla este hombre¡ Yo, cuando sea mayor, y tengo la misma edad que él por lo que ha mencionado, quisiera ser capaz de hablar solo un uno por ciento de bien de cómo lo hace él. Dueño absoluto de la situación, manejando a los asistentes a su antojo, inoculando ideas positivas y de mejoramiento personal una tras otra, jugando, riendo, explicando con ejemplos y acciones multitudinarias lo que es un hipocampo, una amígdala, una célula madre, la neurología, el cerebro, el corazón, la dopamina, serotonina o adrenalina ….. Y como se relaciona todo con nuestros pensamientos y emociones.

Solo un detalle. La persona que estaba al lado mío, a la que no conocía de nada y que seguramente no volveré a ver en mi vida, me ha dado un masaje relajante en los hombros y posteriormente yo se le he devuelto. Ni esa persona, mujer por más señas, ni yo, somos masajistas profesionales, pero la atmósfera que ha creado este hombre nos ha hecho comportarnos como tales al darlo y disfrutar del mismo cuando lo estábamos recibiendo como si nos lo diera el masajista más cualificado del mundo. Y repito, no nos conocíamos de nada. Hay que saber manejar al personal para romper esas barreras que nos marcamos los españolitos y para hacernos hablar a todos por los codos, intervenir incluso más de la cuenta y preguntar sin inhibición por el sexo de los ángeles, que también nos ha sido explicado.

Ahora solo falta aplicar a nuestra vida lo mucho de positivo que nos ha transmitido y quitarnos de encima esa carga de negatividad que arrastramos sin rebelarnos y que acaba afectándonos sin remisión con somatizaciones de mayor o menor intensidad cuyo origen son, únicamente, nuestros propios pensamientos y acciones.

Ahora hace falta otra oportunidad de volver a escucharle y asentar ideas. Las catorce cuartillas por una cara llenas de apuntes y notas me darán para pensar, meditar y pasar a la acción durante un buen número de días. Y cuando pase el tiempo, bueno será volverlas a revisar y ver cuántas estoy llevando, de verdad, a la práctica.

UN MUNDO ENTRE MIS OREJAS.

"Hace ya muchos años, pero que muchos años, se irguió sobre la superficie de la Tierra una criatura singular. No era grande ni tampoco fuerte, apenas corría y desde luego no podía volar. Cuando miró a su alrededor, sin duda tuvo que estremecerse al contemplar con quién había de compartir el suelo que pisaba. Viéndose tan insignificante, sintió como su corazón enloquecía, cómo su tranquila respiración se entrecortaba y sus relajados músculos se ponían en tensión y así, tuvo por primera vez conciencia de lo que hoy llamamos estrés. Pero en lugar de desesperarse y pasarse el resto de su vida huyendo, utilizo su principal arma de supervivencia, el mundo entre sus orejas, no sólo para sobrevivir a sus enemigos sino para además progresar, utilizando a la misma Naturaleza para crear lo que hoy conocemos como La Cultura.

Han pasado miles de años, ya no vivimos en cuevas sino en grandes estructuras a las que llamamos casas y, aunque ahora ninguna bestia nos persiga, nuestro mundo cambiante nos sigue exigiendo por encima de todo una cosa, capacidad de adaptación. Los acontecimientos se suceden sin parar y nuestra propia existencia depende de la forma en que reaccionemos frente a ellos. Nos exigen que aprendamos con rapidez para asimilar conocimientos que se duplican cada diez años, que seamos hábiles para lograr la cooperación de aquellos que poseen conocimientos de los que nosotros carecemos.

Pero a veces el ser humano si siente sin recursos para hacer frente a todas estas exigencias, simplemente no se siente capaz y entonces queda prisionero de una tensión emocional que acaba arruinando su salud y bienestar. A partir de ese momento ya no luchará por convertirse en todo lo que puede llegar a ser, porque lo único que le preocupará será que los demás lleguen a descubrir dicha incapacidad. Sin apenas darse cuenta, irá bajando su nivel de conciencia y se situará en una zona de confort donde el bien supremo no es otro que mantener cierta sensación de seguridad.

Dado que casi todos somos en alguna medida esclavos de las prisas y expertos en el arte de engañarnos a nosotros mismos, no nos paramos a pensar ¿de donde proviene esa falta de control sobre aquello que nos sucede? A lo mejor no es la consecuencia de una falta de talento o de inteligencia innata.

Durante mucho tiempo se ha considerado que la creatividad era exclusiva de los denominados genios y que quien brillaba en los estudios triunfaría en la vida. Las personas hemos dado por hecho que los resultados que obtenemos en la vida son una clara expresión de lo que nosotros somos, y que lo que nosotros vemos, es la única realidad existente. Nada más lejos de la verdad.

Hoy como nunca conocemos la verdadera realidad de nuestro cerebro. Las neurociencias nos han dado el soporte necesario para echar por tierra muchas de nuestras creencias más arraigadas y han respaldado las opiniones de tantos filósofos, científicos, teólogos y literatos que a lo largo de la Historia nunca perdieron su fe en el hombre y en sus posibilidades.

Conocemos las vías de las emociones arraigadas en le complejo sistema límbico y sabemos por que, cuando aquellas se disparan, se oscurece la razón. Conocemos que una situación emocional de una persona influye en su salud y en su capacidad de defensa frente a las infecciones y frente al cáncer. Sabemos que la creatividad no depende ni de las musas ni tampoco en exclusiva de los genes, sino de la interacción excepcional entre nuestros hemisferios cerebrales. Hemos penetrado en las bases de la memoria, del aprendizaje y de la comunicación y sin embargo, por fascinantes y útiles que puedan parecernos estos conocimientos, no serían de ningún valor si no fuera por la extraordinaria plasticidad de nuestros cerebros. Es precisamente esta plasticidad la que nos permite acceder con nuestro pensamiento a todos esos recursos que el ser eso, el hombre acaba convirtiéndose en la que piensa, porque con su pensamiento moldea su cerebro y luego éste moldea su realidad.

Son la falta de creencia en nuestras propias capacidades, el miedo acérrimo al fracaso y a la crítica, la búsqueda compulsiva de la respuesta exacta y de la seguridad, los elementos que estrechan el pensamiento y atrofian la mente. Sólo con fe en nosotros mismos, con determinación, entusiasmo, disciplina y paciencia, conseguiremos cosas que hasta ahora nos parecían imposibles. No es malo sentir miedo o sentir inseguridad, lo malo es dejarnos arrastrar por estos sentimientos, dejar que nuestra conducta sea controlada por ellos.

Hagamos que nuestras actuaciones sean acordes con nuestros objetivos, soportemos la tensión que produce cambiar un hábito nocivo y así conseguiremos llevar las riendas de nuestra vida. Tarea de semejante envergadura para nada ha de asustarnos, porque la fragmentaremos y cada uno de esos pequeños fragmentos se convertirá en el objetivo fundamental de cada día. Trabajemos con el absoluto convencimiento de que alcanzaremos aquello que nos propongamos, y que esté en línea con nuestra misión personal.

Como médico y como consultor, veo a diario cuántas cosas nos roban la alegría, porque no nos decidimos de una vez por todas a controlarlas. Esa inercia, esa pereza, esa esclavitud de la opinión ajena, esa tendencia a la huida, esa propensión a la ira y al enfado. Factores todos ellos que nos manipulan como si fuéramos marionetas de trapo. La Naturaleza, Dios, nos dio un gran regalo, nuestra capacidad de pensar. Ahí está la base de nuestra verdadera libertad.

No dejemos que nada ni nadie nos prive de ella".

Dr. Mario Alonso Puig

martes, 2 de diciembre de 2008

CIENCIA

Hace unos días se ha celebrado en Madrid la VIII Semana de la Ciencia. En realidad son dos semanas llenas de actos tales como visitas, conferencias, talleres, mesas redondas o demostraciones que pueden resultar muy interesantes a cualquiera que tenga la más mínima curiosidad.

Los actos se publican en un libro y en internet unas tres semanas antes de la celebración. Desde dos semanas antes es posible solicitar plaza en aquellos actos que nos interesen, normalmente por vía telefónica o en algún caso de forma exclusiva mediante el correo electrónico. El teléfono es más directo, ya que en el momento te confirman la inscripción o, en caso de que este el cupo completo, de si quieres quedarte en lista de espera, aunque esto funciona según y cómo dependiendo de las gestiones cada uno de los organismos que participan.

Lo que es una indudable ventaja representa también un gran problema: los actos son gratuitos. Con ello, suele ser frecuente que en el momento de realizarse el acto no aparezcan bastantes de las personas que habían reservado plaza y lo peor es que ni siquiera se molestan en llamar o escribir de nuevo para renunciar a su puesto, lo que permitiría la inclusión de otros que podían haber quedado en lista de espera.

Otro problema que se presenta con frecuencia es el copo que provocan instituciones de tipo académico, tales como escuelas-taller, escuelas de formación profesional o institutos, reservando todas las plazas disponibles para llevar a sus alumnos. En muchos de los casos podrían gestionar esa visita en cualquier otra semana del año.En mi modesta opinión como individuo aislado deberían tener preferencia personas individuales o grupos muy reducidos, aunque en algún caso o actividad pudiera ocurrir que no hubiera un número mínimo para desarrollarla. Se mire por donde se mire surgen dificultades.

Pero lo esencial y lo maravilloso de esta iniciativa es que las instituciones, universidades, grandes empresas y centros de investigación nos abren sus puertas a los ciudadanos normales para visitar sus instalaciones y mostrarnos lo que hacen y como lo hacen. En algunos casos será mera curiosidad, pero en otros la información recibida resulta útil para nuestra vida y en todo caso colma nuestra curiosidad y nos saca un poco de la rutina diaria.

Una cuestión fundamental para participar y disfrutar activamente de la Semana de la Ciencia es tener tiempo. Gran parte de las actividades son en horario de mañana, aunque las hay de tarde y de fin de semana, solo que estás suelen estar más congestionadas por razones obvias. Con tiempo libre, un poquito de planificación y método, uno se puede preparar un par de semanas con un contenido excitante e interesante.

No es cuestión de mencionar aquí todos los actos que existen, disponibles en internet buscando por VIII Semana de la Ciencia. Menciono a los que yo asistí:

--Paseo guiado y estupendamente comentado por los Sotos Históricos de Aranjuez, los jardines creados en el siglo XVI por los reyes españoles a las orillas del Tajo, con más de 35 kilómetros de paseos y arboledas.
--Visita y charla en dos centros de investigación de la tecnología aplicada a estudios sobre fisiología del deporte, uno en la Universidad Europea de Madrid, que envidia de instalaciones, y otro en el INEF y el Consejo Superior de Deportes, donde pudimos apreciar qué y como se investiga para mejorar el rendimiento de los deportistas, pero de cuyos resultados nos beneficiaremos todos a corto o medio plazo. Recordemos lo que ocurre en un tono parecido con los coches de fórmula I, cuyas innovaciones son finalmente trasladas a los coches que manejamos.
--Participación en un taller de psicología en la Universidad Pontificia de Comillas sobre Emociones y Cine, con poca asistencia, pero muy interesante.
--Asistencia a Radio Nacional de España, a un estudio de emisión en directo, visita a las instalaciones y permanecer tres horas viendo como se hace y se emite un programa de radio en directo. Una experiencia muy interesante y enriquecedora, gracias a la amabilidad de Tony Garrido y todo su equipo, pendientes en todo momento de los curiosos que asistíamos al programa.
--Visita guiada al Jardín Botánico de Madrid.
--Visita guiada al vertedero de Valdemingómez, verdadera “ciudad de la basura” donde uno cambia su forma de pensar sobre este asunto, en un claro ejemplo de que la información recibida es básica para su uso en la vida diaria, tanto como que me atrevería a sugerir que dicha visita fuera obligatoria, cada cierto tiempo, para todo el mundo, al objeto de que tomemos conciencia, particulares y empresas, de lo que se cuece en este tema y aprendamos en cabeza ajena a donde llegaremos si no tomamos medidas.

Ahora a esperar que pase un año y disponer de tiempo para estar atento a las actividades que se programen.

sábado, 22 de noviembre de 2008

JURA

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a un acto insólito, del cual ni siquiera tenía conciencia de su existencia. Se trataba de la Jura de Bandera (1) de personal civil y más concretamente de personas con algún grado de discapacidad que por razones obvias no pudieron hacerlo en su día, ya que no realizaron el Servicio Militar Obligatorio. Entre las organizaciones estaba la Organización Nacional de Ciegos a la que por motivos diferentes a la ceguera está adscrito un cuñado.
Este tipo de actos pueden tener ahora su relevancia, dado que hace años que se abolió en España la ley que obligaba a los varones a dedicar un tiempo de su vida a aprender cuestiones militares y el manejo de las armas. En mi caso fueron catorce meses de los que guardo algunos recuerdos buenos y muchos malos, siendo el peor de ellos el parón que sufrí en mi vida laboral y del que tardé varios años en recuperarme.
Días antes no tenía ninguna intención de asistir al acto. Sobre el papel parecía que se iba a tratar de una mera cuestión de trámite. Al final me convencieron y me alegré de ello. Se celebraba en el acuartelamiento de la Guardia Real en EL Pardo, Madrid. Siento algún tipo de predilección por esta unidad del Ejército, cuya estupenda banda de música nos suele deleitar una vez al año con un concierto y de la que he visto sus evoluciones en la formidable parada militar que supone el cambio de la guardia en el Palacio Real de Madrid los primeros miércoles de cada mes.
El acto distó mucho de ser un trámite, como puede verse en la fotografía. Duró cerca de hora y media y fue llevado a cabo con toda solemnidad. Alabarderos, Coraceros, Guardia a caballo, Unidades motorizadas, Banda de música, Escuadra de Gastadores, Unidad de Perros y dos compañías evolucionaron en la explanada dando al acto una vistosidad y alcance inusitados. Además del propio acto de besar la bandera por los jurandos (2), un homenaje a la bandera y a los caídos y un desfile final nos dejaron a todos los asistentes al acto sobrecogidos y emocionados. Mis más efusivas gracias a la Guardia Real por la profesionalidad y rigurosidad de que hicieron gala en todo momento.
Al final, como casi todos los actos, se sirvió una copa de vino español. Fue algo más que una copa de vino porque, aparte de la comida, se produjo una mezcla del personal militar y civil donde se pudo apreciar el cariño con que los diferentes componentes de la Guardia Real, desde simples soldados hasta mandos, dispensaron a las personas que habían jurado bandera, haciendo para ellos y para su familiares que fuera un día inolvidable.
Justo en el momento que mi cuñado besaba la bandera me vinieron recuerdos ya muy lejanos en el tiempo de cuando lo hice yo, tras dos meses de bautismo e instrucción militar, en la catorce compañía del campamento Viator en Almería. Luego, el destino durante un año en Melilla fue harina de otro costal.

1 El Diccionario de la Real Academia de la Lengua distingue entre las acepciones “Jura de Bandera” y “Jura de la Bandera”, siendo el significado de la primera “Promesa civil de lealtad y servicio a la nación” y la segunda “Acto solemne en que cada individuo de las unidades o de los reemplazos militares jura obediencia y fidelidad en el servicio de la patria.”.
2 La palabra “jurando” referida a las personas participantes en el acto no está contemplada en el diccionario. Sin embargo, la he hecho constar en el escrito al figurar la misma en las invitaciones de protocolo que recibimos.

lunes, 17 de noviembre de 2008

POBLACIÓN


Lo mío con Tráfico y su Dirección General ya raya lo patológico. Vaya tres semanas que llevo, y lo malo es que todavía no he acabado. Gasto en euros importante, y además gasto en horas y desplazamientos. La parte positiva es que me da para ir escribiendo en este blog aún a riesgo de cansar a quién lo lea con estas historias.
Esta mañana nueva visita a las dependencias. Menos mal que he tenido noticia de la existencia de esas otras oficinas de Alcorcón, que aunque están más lejos que las de Arturo Soria son más manejables y las colas son aceptables. Eso será hasta que se vaya enterando la gente y empiecen las aglomeraciones. Hoy era el segundo día que iba, por lo que ya me considero un veterano con cierto dominio de la situación.
Se trataba de arreglar los domicilios de mi mujer y mi hijo, que también tienen sus “relaciones” con esa institución. A diferencia de la semana anterior, el empleado que me ha atendido era masculino y, siento decirlo, bastante desagradable. Yo era el primer “cliente” que atendía, ya que he entrado directo, con todos los papeles rellenos y sabiendo a donde iba. Por cierto, mencionar aquí que los impresos se pueden rellenar directamente en el ordenador antes de imprimirlos descargándolos desde la web de la propia DGT.
Como digo, a pesar de ser el primer “cliente” la persona que me ha atendido no estaba de muy buen humor. He intentado explicarle el asunto de lo extraño de mi domicilio y de lo ocurrido la semana anterior, pero no he apreciado que me hiciera mucho caso, lo que ha dado como resultado que me haya hecho mal la modificación. Se lo he hecho ver y entonces para que queremos más, que si el programa no lo admite, que es un lío, que a ver si alguien arregla el programa, que esto no hay quién lo resista….. Ha tenido que anular el permiso recién impreso y hacerlo de nuevo. A mi pregunta de si la modificación surtía efecto no solo en la dirección del vehículo sino también en la asociada al conductor, ha respondido con una especie de gruñido que he querido interpretar como un sí. No estaba el horno para bollos.
Por supuesto no le ha parecido bien lo que puso su compañera la semana anterior y ha puesto de su cosecha propia. Esencialmente es similar, pero me ha extrañado el esfuerzo y el tiempo que ha gastado en escribirlo de forma diferente, dado que las veintiséis posiciones disponibles dejan pocas posibilidades.
A diferencia de la semana anterior, solo me ha entregado los nuevos permisos de circulación. Ni el resguardo sellado del impreso que he presentado ni la impresión fehaciente de los datos de conductor que sí me fueron entregados la semana pasada. Debe ser que cada funcionario, perdón, empleado, tiene su forma de hacer las cosas y que no hay nadie que vigile que todos las hagan igual. Cuando salía he dicho un sonoro y rotundo adiós con la intención de no volver más en unos años por estas u otras oficinas similares. Pero según reza la ley de Murphy, todo lo que está mal es susceptible de empeorar, lo hará.
Focalizado como estaba en el asunto del domicilio, que sí he revisado, no lo he hecho con el resto de campos y anotaciones que ha realizado el empleado. Al llegar a casa y proceder a escanear los documentos en el ordenador me he dado cuenta: tengo que volver de nuevo otro día. Me han arreglado los domicilios pero en uno de los dos casos me ha estropeado la población, vamos que me ha puesto en otro pueblo.
Es casi imposible atinar. Iré dentro de unos días con los cinco sentidos puestos y revisaré hasta la última coma de lo que ponga en el papel. Hasta que no esté todo correcto no me levantaré de la silla, se ponga el empleado como se ponga. Aún así me iré con la mosca detrás de la oreja por lo que pudiera pasar.

lunes, 10 de noviembre de 2008

TAMAÑO

El tamaño sí importa. Al menos hay que tenerlo en cuenta dependiendo del contexto y del tema donde se utilice. Siempre importa.

Vivimos en una época asombrosa, que hace palidecer a nuestros mayores por no llegar a entender muchas de las cosas que les rodean. La ciencia y la tecnología nos proporcionan, especialmente a los que vivimos en un mundo “desarrollado”, una cantidad ingente de sensaciones y posibilidades que hace unos años no podíamos ni siquiera imaginar. Uno de los apartados donde las ciencias avanzan que es una barbaridad es en la informática. Pero que avance la informática no quiere decir que los ciudadanos nos beneficiemos de ella en la misma proporción. Mal utilizada se puede convertir en un arma arrojadiza contra nosotros mismos, como comentaba en mi entrada anterior titulada “DOMICILIO”. Ahondemos un poquito más.

Un fichero informático, hablando en términos generales, está formado por campos, “fields” en inglés, que pueden ser de formato fijo o variable. Lo más cómodo y fácil de utilizar es diseñar estos campos con un tamaño fijo en cuanto al número de caracteres que pueden contener. Antiguamente se cuidaba mucho esto del tamaño, de los campos informáticos me refiero, dado que los recursos eran muy limitados para la cantidad ingente de información que se querían almacenar. Hoy esto ha cambiado y quién más y quién menos tiene en su casa uno o varios discos duros que suman montones de “gigabytes” e incluso “terabytes”, donde el principal gasto se lo llevan los archivos multimedia, fotos, música o películas, mientras que los archivos de datos ocupan poco.

Con el abaratamiento de costes en el almacenamiento de datos, las empresas han ido ajustando sus “tamaños” para adaptarse a los nuevos tiempos. Por ejemplo las aplicaciones informáticas de Hacienda o el Padrón de Ciudadanos. Pero hay algunas que andan en épocas pretéritas, como por ejemplo la Dirección General de Tráfico, conocida por las siglas DGT.

El campo que ha destinado la DGT a albergar nuestro domicilio completo consta de 26 caracteres. Para incluir en estas veintiseis posiciones un domicilio, los empleados de la propia DGT tienen que hacer “encaje de bolillos” de forma que el resultado sea claro y completo, sobre todo para el funcionario de Correos que deberá entregarnos las notificaciones, multas u otra, que nos dirijan.

Voy a poner un ejemplo real, para que nos entendamos. Supongamos mi domicilio

CALLE SAN ADALBERTO NRO.17 PORTAL-4 PISO SOTANO 1 IZDA.

He escogido un nombre de santo que tiene las mismas letras que el que reza en mi calle. La dirección resulta extraña por lo del Portal y el Sótano, pero hoy día es frecuente que en las direcciones existan bloques, escaleras, entreplantas y demás. Esta mañana he dado con una persona amable y que se ha esforzado en la ventanilla de la DGT para intentar trasladar mi domicilio al hueco de que dispone. ¿Ven como si es importante el tamaño?. Al final, la dirección ha quedado así en los ficheros informáticos

S ADALBERTO 17 PL4 S 1 IZ

Todo un ejemplo de concreción. Ahora lo que hace falta es que el cartero que toque el día que llegue una notificación de tráfico traduzca de forma coherente estos datos y haga llegar la carta al buzón correspondiente. Si no es así y no pone celo, aviados estamos.

Y ahora les propongo un ejercicio que estaría bien como concurso para todas aquellas personas que entre sus cometidos tengan el introducir datos en ficheros informáticos. Cójanse un callejero y elijan una calle de las más larguitas y añadan datos de bloque, escalera y demás. A ver como se comprime en 26 caracteres. El jurado de los resultados será un comité formado por personal de Correos, que son a la postre los que van a disfrutar o mejor sufrir las consecuencias. Habría que ver como se reflejan los estados de ánimo de las personas al tener que lidiar con semejantes reducciones ….. de tamaño.

Les propongo la siguiente dirección, que puede ser real

PLAZA SANTA JOAQUINA DE VEDRUNA,
BLOQUE-6 PORTAL-3 ESCALERA-2 PISO-SOTANO 2 LETRA-C.

Se admiten propuestas de resultados, sin pasarse de 26.

lunes, 3 de noviembre de 2008

DOMICILIO


Empiezo la semana con trescientos cuarenta y un euros menos en mi cuenta corriente. Y no precisamente porque me los haya gastado en juergas por mi propia voluntad, sino que el Ministerio de Hacienda de España, a instancias de la Dirección General de Tráfico, me ha apremiado con aviso de embargo por un hecho del que no he tenido noticia alguna hasta ahora. Yo creía que era un ciudadano que cumplía con sus obligaciones, que estaba al día de forma correcta en todo, pero… quia, no era así. Y lo peor no ha sido descubrirlo de manera tan sangrante para mi peculio, sino que muy probablemente no pueda hacer nada por evitar que pase una segunda vez.
La historia es larga pero no cuesta dinero escribirla. Solo tiempo, y estoy dispuesto a emplearle. Otra cosa es que haya alguien dispuesto a leerla, pero debería hacerlo, ya que el hecho que me ha ocurrido le puede pasar a cualquiera, especialmente si vive en una urbanización de esas que tienen bloque, escaleras, portales, plantas y pisos con connotaciones especiales.
Hace años, había una finca grande en la localidad donde resido conocida con el sobrenombre de “Prado del Rana”, debido a que el guardés era de una familia muy popular que respondía a ese apodo o mote. La finca era de gran extensión y daba a tres calles. Su dirección era, pongamos por ejemplo, calle del Pomelo, número 32. Con el tiempo, en esa finca aparecieron diez hermosos bloques de pisos, algunos de ellos adaptados al terreno, que es de montaña. Así, en algunas de las casas, al entrar por su portal a nivel de calle, encontramos que existen pisos hacia arriba y también hacia abajo.
Alguien, que debía de tener un mal día, así como quién se lo consintió, numeró los diez bloques con una única dirección, la misma que tenía la finca, esto es, calle del Pomelo número 32. Algunos de los bloques están en las otras calles, teniendo acceso por las ellas. Por ejemplo, el bloque número cuatro, que está situado en otra calle, y que debería tener como dirección calle del Aguacate número 17, en realidad también tiene como dirección calle del Pomelo número 32. Los diez bloques “están” en la calle del Pomelo número 32, aunque real y físicamente estén en otras. Lo único que les distingue es que además de esa única dirección hay que añadir el número de portal, del 1 al 10. En lengua castellana esto se llama galimatías. El fontanero que acude a reparar una caldera a la dirección de Pomelo, 32 Portal 4 en realidad debería dirigirse a la calle del Aguacate, 17 pero esto no lo averigua hasta dar unas cuantas vueltas. Menos mal que no es un servicio de urgencia del que dependan vidas.
El caso de mi bloque es de estos y además con el siguiente recochineo: dos pisos hacia arriba, la planta del portal y tres pisos hacia abajo. La persona que intervino en la nomenclatura de los pisos debía tener dolor de estómago o un día aciago y nos tocó la china. No sé si sería de la constructora, de la notaría, del Registro de la Propiedad, de los Servicios Municipales o de que narices de organismo. El caso es que no se le ocurrió otra cosa que poner, por ejemplo, SEGUNDO IZQUIERDA al segundo piso de arriba y MENOS SEGUNDO IZQUIERDA al segundo de abajo, y así para el resto.
Esto dicho así con palabras resulta más o menos claro, aunque extraño, pero hay que tener cuidado de decirle al fontanero o electricista que viene a casa a hacer una reparación que suba o que baje según donde se encuentre el piso. En mi caso es un MENOS TERCERO IZQUIERDA y ya me encontrado al operario de turno volviendo a salir a la calle y, tras llamar de nuevo al portero electrónico, decirme que no existe el piso tercero en esa casa: se ha ido para arriba y casi sale por el tejado intentando encontrar el TERCERO IZQUIERDA que no existe. Menos mal que no existe porque si fuera el segundo se encontraría con un vecino distinto.
Esto puede parecer una guasa, pero los que nos vemos implicados no nos reímos tanto. Recientemente acabo de pagar una multa de tráfico de 310 euros más demoras y recargos por un malentendido de este tipo. No ha sido la primera vez, a mi mujer le ha ocurrido también y lo peor de todo es que volverá a ocurrir. ¿Cómo es posible? Pues porque por mucho que lo intentemos no lo podremos arreglar, por lo menos de momento. Me explico.
Empiezo por ir al Ayuntamiento a arreglar el padrón municipal, bueno, los dos padrones municipales que me informan que existen, el de personas y el de vehículos. Y aquí encuentro la primera pega: la aplicación informática no está diseñada para admitir un piso MENOS TERCERO. Ni siquiera un -3. El funcionario municipal me informa de que sólo puede poner caracteres numéricos en ese campo y no le admite el signo “menos” ni ninguna palabra. Sólo cifras. La única posibilidad es añadir “SOTANO” o “SEMISOTANO” delante del tres. ¿Qué hacemos? ¿Cómo pensará el funcionario de Correos cuando me tenga que entregar una carta? ¿Qué hará el funcionario de la Dirección general de Tráfico al dar de alta mi vehículo cuando se encuentre con un sótano? Hago el propósito de preguntar en Correos, aunque ya sé lo que me van a decir, que es muy raro, que depende del día y de cómo esté escrito, vamos, que se van a lavar las manos. Yo sé lo que ocurrirá: en el caso de una carta normal podrá llegar o no llegar, pero si la carta es certificada o con acuse de recibo, el funcionario pondrá algo más de celo para echarme el papelito de que pase a recogerla por la oficina. Lo digo por experiencia previa: avisos de recibos del Ayuntamiento no han llegado, pero luego, con la misma dirección, los avisos de apremio y embargo si han llegado. Qué casualidad.
Decido, en mi caso, utilizar el concepto de sótano para no dejar la cosa en un simple tres que induzca a error. Decidido esto, en el certificado de empadronamiento aparece que mi piso es el S3. ¿Cómo se entenderá esto por quién proceda?. Me gustaría saber lo que hará mi vecino de arriba, el que vive en el MENOS SEGUNDO IZQUIERDA si alguna vez se dirige al Ayuntamiento a arreglar su particular desaguisado, que seguro que lo tiene mal. ¿Elegirá sótano? ¿Elegirá semisótano? ¿Dejará el 2 en solitario?
Antes de seguir diré que desde hace años dispongo de un Apartado de Correos, con su número correspondiente, que no admite variación. Bien es verdad que el funcionario de correos, con demasiada frecuencia pone en mi apartado cartas que no son mías y supongo que pondrá las mías en otro, pero esto si que es ya inevitable, como que el cartero no te entregue una carta cuya dirección es correcta, por ejemplo. Pero hay muchos organismos y empresas que no admiten como dirección un Apartado de Correos y en su lugar requieren una dirección real y física.
Aunque yo al comprar mi último coche facilité con pelos y señales mi dirección al vendedor, no tengo ninguna garantía acerca de cómo el concesionario, la gestoría o el empleado de la DGT hizo llegar los datos de mi domicilio a los ficheros informatizados correspondientes. Soy responsable de que mi dirección esté correcta, pero no tengo ningún medio de controlarla. Únicamente, al cabo de unos meses personarme en Tráfico y pedir la información a ver si está bien. ¿Cuántos de nosotros hacemos esto?
Bueno, pues resulta que la dirección asignada a mi vehículo en Tráfico está mal. Hace algunos meses debieron sancionarme, eso supongo, de alguna manera que no implica que yo me entere, seguramente un radar o un aparcamiento indebido. Cuando Tráfico me comunicase este hecho a una dirección incorrecta, en la que yo no he tenido ninguna responsabilidad, la carta no me llegó. Con ello, y sin saberlo, incumplí la norma que dice que el propietario del vehículo tiene la obligación de comunicar el conductor. ¿Cómo voy a comunicar datos de un hecho que desconozco? Sanción correspondiente entre trescientos diez y mil quinientos euros, menos mal que me han aplicado la más baja posible, muchas gracias señores de Tráfico. Como sigue el procedimiento adelante, lo publicarían en el Boletín de la provincia correspondiente a donde sucediera el hecho, boletín que no acostumbro a leerme todos los días. Sigo incumpliendo y al final pasan el expediente a Hacienda, que de forma más diligente me aplica el apremio y embargo por una cuestión de la que no me he enterado. Ya sé que es culpa mía, que no he verificado si en los datos de “sus” ficheros está correctamente tecleada “mi” dirección.
Ahora procuraré actualizar la dirección de mi vehículo en Tráfico y comprobar de paso que dirección tienen en sus ficheros para mi Carnet de Conducir y por extensión los de mi familia, por si acaso. De entrada en la web de la DGT donde me informan, solo me informan, de los trámites, me dicen que puedo hacerlos en la propia sede de Tráfico en Madrid o en mi Ayuntamiento, pero curiosamente mi ayuntamiento no aparece, aunque supongo que será otro error del mismo tipo, aunque sí aparece un ayuntamiento de un pueblo cercano de nombre parecido. Lo intentaré cambiar allí, a ver si me dejan y si no tendré que perder una mañana en comprobar y/o actualizar unos datos que yo facilité correctamente en su día y que por no sé qué arte llegaron mal a sus ficheros. Todo son ventajas.
Mientras lo consigo, a lo mejor tengo en vuelo otro expediente del cual no me enteraré hasta que la diligente Hacienda se ponga en contacto conmigo. Por supuesto me quedo sin saber, después de pagar, de que va la multa objeto de este procedimiento salvo que pierda mi tiempo y mi dinero en ir a Tráfico personalmente a indagar.
Todo esto, que no es aislado me lleva a una reflexión: tenemos medios más modernos y más potentes que hace unos años, pero muchas veces son manejados y manipulados por personas que no necesariamente están más preparadas y más motivadas que hace unos años.

NOTA:
Con posterioridad a la insercción de este suelto, me entero que existe un concepto nuevo denominado DEU, Dirección Electrónica Única. Aquellas personas que dispongan de Certificado Digital o DNI electrónico pueden crearse una DEU en
http://www.notificaciones.administracion.es/.
Una vez creada podrán subscribirse a los servicios de la administración o particulares que utilicen este servicio, facilitando una dirección de correo electrónico y un teléfono móvil asociado a su nombre y DNI, que son recogidos directamente del Certificado Digital, donde se supone que están bien. Por ejemplo, si me suscribo dentro de la DGT al apartado de multas, se supone que cuando la DGT inicie un expediente "contra" mi DNI, además de los trámites normales, emitirá un aviso a mi DEU que me llegará a través de un SMS al móvil y/o un correo electrónico. En este caso podré acceder de nuevo a mi DEU en la dirección usada para crearla, donde dispongo de un buzón electrónico en el que la DGT habrá dejado información, más o menos extensa, del expediente. La idea es buena y por otras personas sé que en el caso de Hacienda ha funcionado muy bien teniendo los usuarios pronta información acerca de los procesos de la Renta. Sorprende ver el listado de Entidades y Organismos que ya dicen utilizar esta facilidad.
Y con esto me hago una pregunta ¿Para cuando la administración nos obsequiará con una dirección postal única consultable y utilizable por todos sus Organismos?. Quién haya cambiado de dirección podrá contar sus experiencias intentando actualizar la nueva dirección en mil y un sitios donde disponen de ella.

sábado, 1 de noviembre de 2008

INDIGNACIÓN

Ayer viernes, por la tarde, al entrar en casa y mirar el buzón, me sorprendió un aviso de Correos de un certificado. Es curioso ver como los empleados de correos deben de estar aprendiendo para médicos, en el sentido de que es bastante difícil poder leer y acaso comprender lo poco que escriben. Pude llegar al final a la conclusión de que el remitente era la Delegación de Hacienda y que disponía de siete días para pasar por la oficina a recoger el certificado. Menos mal que en este caso abren por las tardes, con lo que allí me dirigí.

Por el camino uno empieza, casi sin querer, a hacer conjeturas acerca del contenido tan importante para que te lo dirijan certificado y con acuse de recibo. De mi declaración de renta estoy al día y de mis avatares empresariales también. En fin ….

Una vez recibido el documento, en el momento, procedo a abrirlo y leo con avidez. Se trata de un “Procedimiento de Apremio”, palabras duras, teniendo en cuenta que cinco minutos antes no sabía de que podría ir este asunto. Van, y me apremian. Yo no siento ningún placer en sentirme apremiado, pero “ellos” si deben de obtenerlo en esta función de apremiar.

Buscando, buscando, Hacienda es una mera correa de transmisión de nuestra “amiga” DGT, léase Dirección General de Tráfico, que dice que tengo una deuda con ella por una sanción identificada por un montón de números, doce en concreto.

Declaro aquí y ahora de que no tengo ni la más remota idea de tener pendiente nada, y menos con la DGT. La multa era inicialmente de 300 euros, pero por mor de los apremios, tasas, recargos ordinarios y extraordinarios, se ha convertido en la nada despreciable y redonda, además de bonita, suma de 372 euros. ¡ Y yo que estaba ahorrando para comprarme un televisor de pantalla plana ¡ Seguiremos viendo la poca tele que vemos en el clásico.

El teléfono de información de Hacienda, que funciona por la tarde, no me puede comunicar nada aparte de los doce numeritos de “mi” multa y me remite a la DGT. Los teléfonos de la susodicha no son tomados por nadie, aunque dada la profusión que existe de ellos es posible que esté intentando comunicarme con el servicio de limpieza del garaje. Lo más probable es que a estas horas, cerca de las siete de la tarde, no haya servicio de información.

Como uno intenta estar al día de las modernas tecnologías, se me ocurrió pensar que con mi flamante certificado digital o incluso con mi DNI electrónico podría acceder a la web de la DGT y seguro que allí hay un apartado, moderno, que me permita recabar información de esa multa fantasma, que todavía no he conseguido saber de qué va, ni siquiera si es mía. Pero a la web de la DGT parce que todavía le falta un hervor de modernización. Hay algo de los certificados en la consulta del saldo de puntos, pero con unos especiales y no el de la Fábrica de Moneda y Timbre, por lo que al final intento acceder con mi DNI electrónico, sin conseguirlo tras varios intentos y apagados y encendidos del ordenador.

Ya hasta el lunes me tengo que quedar con el “concome” de no poder obtener información de todo esto. El lunes por la mañana me armaré de paciencia, y teléfono, para intentar traducir esos doce numeritos en algo inteligible y conocer cual ha sido la infracción que he cometido por un valor, ya, de 372 euros. Me temo que no va a ser suficiente el teléfono y tendré que pasar del tema o al final perder una mañana en ir personalmente a las oficinas de la DGT a ver si consigo averiguar algo.

Continuará …..