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domingo, 27 de marzo de 2011

REPUTACION

A lo largo de numerosas entradas en este blog he hecho alusión a mi pensamiento de que por lo general las empresas no son todo lo de fiar que deberían y en nuestras relaciones con ellas debemos de andar mucho cuidado, ya que no valoran con demasiado énfasis los costes ocultos que suponen no tratarnos con la suficiente rectitud y honradez.

Ello hace que los ciudadanos seamos desconfiados en demasía y extrememos los cuidados a la hora de adquirir productos o servicios. En el verano del año pasado realicé un viaje por Inglaterra en el que tuve que alquilar un vehículo. No tuve demasiado cuidado a la hora de efectuar la elección y los trámites y al llegar a recoger el coche me encontré con una sorpresa no prevista: Lo que parecían que iban a ser unas 160 libras esterlinas por el período de alquiler se convirtieron en más de 300. Y no puedo decir en conciencia que me engañaran pero si puedo pensar que hicieron las cosas de tal manera que no resultaran como estaban previstas. El tema no era otro que existe una cosa que en el Reino Unido llaman “CDW-Colision damage waiver” que afecta muy mucho a tus obligaciones con la empresa en caso de tener un accidente. En el caso que relato del año pasado y para hacernos una idea, el importe del CDW que al final suscribí era más alto que el propio alquiler del coche.

Probablemente este año vuelva por allí, un poco más arriba, tratando de alcanzar las tierras altas de Escocia rememorando un viaje que ya hice en 1990, aunque en aquella ocasión llegué hasta allí con mi propio coche embarcándolo en el transbordador desde Santander a Plymouth.

Como el gato escaldado del agua huye, me he tomado mi tiempo y gracias a la maravilla que es internet, he realizado tres simulaciones de contratación que me han dejado perplejo. Dos de ellas han sido con la misma compañía, y más concreto HERTZ en la que por mi profesión se me concede un teórico descuento. Realizada la prospección en Hertz desde España con este teórico descuento y por libre y directamente con su web inglesa, los resultados son diferentes para un mismo coche y un mismo período: con mi descuento desde la web española serían 328 euros mientras que desde la web inglesa serían 281 euros. ¿Lo puedo entender?. Pero voy más lejos y veo que en la versión española me anuncian que han incluido “cobertura PARCIAL de daños por colisión (CDW) y cobertura parcial de daños por robo (RP)”. Sin embargo en la parte inglesa explícita “colisión damage waiver (CDW) and theft protection (TP) included”. No aparece para nada el concepto de “parcial”.

No entiendo esta diferencia ni que me salga más caro con descuento que sin él. Y ello me parece que es debido al porcentaje de “cdw” y “tp” incluidos, que seguramente el empleado te especificará en la ventanilla al llegar allí cuando ya estás atrapado. Hay que decir que estos conceptos son voluntarios, pero en un país diferente y en el que se conduce por la izquierda, el que tengas un accidente es una posibilidad …. posible. Porque tampoco está claro como valorar lo que es un accidente ni su alcance.

Como no me aclaraba, he lanzado otra simulación, son gratis, con una compañía local de alquiler de coches, Arnold Clark. Al llegar al final y para un coche no exactamente idéntico pero de la misma categoría, el total queda tras pasar todo el proceso ha salido la cantidad de 378 libras, más alta que en los otros dos casos. Buscando por todos lados a ver si los dichosos CDW y TP estaban incluidos y en qué medida, solo aparece la siguiente frase: “inclusive of all taxes and insurance” que deberíamos traducir por “incluidas TODAS las tasas y seguros”. Como ando escamado les he dirigido un correo, una nueva maravilla de internet, para que me aclaren esta frase. Y me la han aclarado: está TODO incluido, pero en caso de accidente y no se especifica que se considera un accidente, tendré un cargo extra y único de 500 libras. Si quiero estar cubierto de esta contingencia, tengo que añadir un cargo extra diario de 10 libras.

El año pasado fui de inocente y pagué el pato, digo el cdw. Este año por lo menos intuyo lo que me voy a encontrar y me estoy preparando para ello, aunque me va a costar mis buenas horas de dedicación. Buscando en foros se puede leer todo tipo de “sucedidos” con estos temas y la verdad es que se ponen los pelos de punta, dependiendo de los países y de las situaciones. Una de las cosas que se comentan es que si se ha pagado el alquiler con una VISA ORO, la tarjeta cubre el CDW pero los trámites son tan engorrosos y requieren tanto papeleo que los usuarios recomiendan contratar el CDW y tener un viaje tranquilo.

Las empresas no cuidan su reputación. Ya lo dijo hace muchos años Hesíodo: “Una mala reputación es una carga ligera de levantar, pesada de llevar y difícil de descargar”. Pero como ahora vivimos al día, las empresas y organismos no dan importancia ni cuantifican este bien intangible y no les importa. La empresa de alquiler de coches HERTZ ha perdido un cliente para este año y posiblemente los venideros, porque ya les puse la cruz el año pasado por no ser claros en su relación conmigo, aunque dentro de los miles de alquileres que tengan en todo el mundo, el mío les importe poco. Allá ellos.

Lo peor para el consumidor es que tiene que dedicar un tiempo extra a clarificar sus andanzas en busca de la empresa menos mala, en lugar de buscar la buena. Hay excepciones y en una próxima entrada hablaré bien de nuevo de una que me sigue sorprendiendo: AMAZON, la gran empresa norteamericana de ventas por correo.

sábado, 19 de marzo de 2011

COMPARACIONES


Había pensado titular esta entrada del blog con la palabra “gambarimasu”, desgraciadamente muy de moda en estos últimos días, pero he optado por la de “comparaciones” que es más castellana y por lo general no obligará a nadie a acercarse al diccionario para saber su significado.

Disfrutamos de varias frases hechas sobre el asunto, siendo la más frecuente aquella de que “todas las comparaciones son odiosas”. Sin embargo yo prefiero ver la parte positiva de ella y recurro con mucha frecuencia a una que me da mucho juego, tanto para mí como para arrojársela a los demás, y no es otra que la de “comparado con qué o quién”.

A final queramos o no todo es relativo, y su valor e impacto para nosotros siempre dependerá de los parámetros que utilicemos en nuestra valoración. Los ejemplos pueden aclarar esto y se me ocurren multitud de ellos. Si yo comparo mi coche, un utilitario de gama media con el cochazo que mi vecino aparca al lado en el garaje o el que acabo de ver anunciado en televisión, pues mi coche es más bien poca cosa. Pero si le comparo con el “carro” de 1963 que se le cae a pedazos a un médico cubano que nos hizo de taxista para poder tener coche, además de hacerse las piezas el mismo a mano para repararle, quizá nuestra apreciación varíe sustancialmente.

Un compañero de trabajo lleva años en un estado catatónico viendo las cosas mal en el trabajo por donde quiera que mire. Son muchos empleados y cada uno tiene una percepción diferente de cómo le van las cosas en el trabajo y como le podrían ir, mejor o peor, si la situación cambiase. Simplificando el asunto, él dispone de un buen sueldo, quizá mejor que bueno y además desde hace años y lo más previsible es que siga así. Si se comparase con uno cualquiera de los más de cuatro millones de españoles que engrosan en estos días las listas del paro, o ampliáramos la comparación a muchos ciudadanos de países subsaharianos que salen huyendo en busca de algo no se sabe qué, la cosa se vería de otro color.

Y es que las cosas dependen del color del cristal con que se las mira. Pero por toda lógica tendemos a poner el foco de nuestras comparaciones con los que creemos que están por encima de nosotros y se nos olvida con mucha frecuencia variar el rumbo ciento ochenta grados y saber valorar de forma ecuánime lo que tenemos y alegrarnos por ello. En una bonita y acertada frase, Caritat de Condorcet nos transmite que “gocemos de la vida sin comprarla con la de los demás”. Cierto que otros tienen más y mejor y que quizá no se lo merezcan, pero mejor sería esforzarnos en conseguirlo que solo limitarnos a pensar en ello, lo que a buen seguro no va mejorar nuestra situación y seguramente la empeorará con alguna que otra bilis en nuestro interior.

“Gambarimasu” es una palabra japonesa. Desgraciadamente se ha puesto de moda en esta última semana tras el tremendo maremoto y terremoto que ha tenido lugar en Japón, con el consiguiente tsunami que ha arrasado y convertido en escombros ciudades enteras de la costa norte el país. De paso, la madre naturaleza nos ha dado un toque de atención, no solo a los japoneses sino a todos los ciudadanos del mundo de los peligros que supone utilizar la energía nuclear para generar esa electricidad que gastamos a raudales la mayoría de las veces sin preocuparnos de donde viene. Yo soy de los que tiene broncas con sus hijos por conseguir que se apaguen las luces de las habitaciones donde no se está e incluso en mi manía persecutoria de no gastar electricidad sin necesidad, tengo instaladas regletas de enchufes con interruptor al lado de televisores, videos u hornos microondas para cortar todo suministro cuando no se está utilizando, por pequeño que sea. Siempre que puedo voy del garaje al piso a oscuras para evitar el minuto y veinte segundos que permanece encendida la luz de seis plantas de escalera y del portal. No se trata de que yo pueda pagarlo a los buenos precios en que está la luz y peores que se van a poner sino de que no hay necesidad de despilfarrar aquello que no se usa por ahorrarse la molestia de darle a un interruptor cuando acabamos de ver la televisión o calentar la leche del desayuno.

“Gambarimasu” significa dar lo mejor de sí mismo en todo momento, algo en lo que los seres humanos somos tremendamente cicateros incluso cuando se trata de aplicárselo a uno mismo. El pueblo japonés está dando sobradas muestras de señorío en el transporte de esta pesada carga con que les ha dotado la naturaleza y mantienen su fe en el futuro y en la creencia de que van a salir de esta como ya lo hicieron en ocasiones anteriores. No les queda otro remedio, y mientras tanto mucho "gambarimasu" a todas las horas del día. El que una persona esté en la cola de una gasolinera con dos garrafas y cuando le toca el turno llene una y se ponga de nuevo a la cola para llenar la segunda es un hecho que impresiona y mucho más si lo comparamos con los que aquí se cuelan en las colas del autobús o de sacar las entradas del cine.

Cuando hago un intento de ponerme en el lugar de uno de los que han perdido todo lo material e incluso algún familiar, de los que no les queda nada salvo conservar la vida que no es poco, me doy cuenta de lo tremendamente insignificantes que somos cada uno de los seres humanos, que a pesar de lo que nos podamos creer, no somos nada hoy en día y que ni siquiera tenemos la certeza de que mañana podamos contar la nada que somos hoy.

lunes, 14 de marzo de 2011

MORONDANGA

Lunes, 14 de marzo de 2011. MORONDANGA

Hace unos días cayó en mis manos esta palabra con gran regocijo por mi parte al no saber lo que significaba. Es una oportunidad de ir al diccionario y aumentar el acervo y de paso me ha venido bien para una entrada en este blog.

Es de sobra conocido por todos el poder que tiene la distracción provocada a sabiendas en otra persona cuando esta se ve metida en una espiral de la que o no sabe o no quiere salir. Un ejemplo por todos utilizado es cuando nos llega ese niño llorando y chillando a grito pelado porque se ha caído y se ha hecho una pequeña herida de la que sale un poco de sangre. El mejor método en estos casos es hacerle caso inicialmente durante un pequeño y breve espacio de tiempo y a continuación desviar su atención al pajarito que pasa volando, al perrito que está enfrente o la forma de las nubes del cielo o cualquier otra cosa que distraiga de forma radical su atención y le haga olvidarse de ese tremendo dolor que está sufriendo.

Y esto no es solo cosa de niños. Se ha utilizado con profusión a lo largo de todas las épocas y se sigue utilizando. Los que llevamos unos pocos años en este mundo y en este nuestro país, España, recordaremos aquellos “Primeros de Mayo” de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado en los que el gobierno de turno nos obsequiaba, desde el día anterior, con todo tipo de eventos que sirvieran para disuadir a la gente de acercarse o tomar parte en las manifestaciones, generalmente convocadas por sindicatos y gentes de izquierda no muy bien vistas en aquellos años. Recuerdo una víspera en que nos tuvieron a todos pegados a la televisión con un partido de fútbol Real Madrid-Zaragoza, una corrida de toros desde Las Ventas y al final una estupenda película cuyo título no recuerdo, y que sirvió para tener a todo el mundo en casita desde las cinco de la tarde hasta la medianoche. Era tremendamente descarado pero incluso a los que no pensaban meterse en jaleos les venía bien aquella serie de actos de distracción.

Como he comentado, el tiempo pasa pero el quid de la cuestión permanece. Hogaño las cosas no son tan descaradas pero a poco que pensemos e intentemos llegar al fondo de muchas cuestiones de actualidad, nos daremos cuenta de que las cortinas de humo que se generan desde todos los ángulos, principalmente desde la política pero también desde las empresas y las instituciones, son estupendas y en algunos casos están sabiamente diseñadas para llevar el agua a su molino y a nosotros llevarnos por la senda equivocada para hacernos pensar en determinadas cosas y desviarnos de otras que no interesan tanto.

Cada cual tendrá sus propios ejemplos. Yo no leo diarios y veo poco la televisión y últimamente hasta huyo de las noticias, que o son catastrofistas o nos muestran al político de turno del lado “A” hablando mucho y mal del político del lado “B”, para a continuación hacerlo al contrario, mientras los políticos del lado “C” asisten al reparto del pastel e intentan con poco o escaso éxito, no arreglar la distribución de la tarta, sino coger la mayor porción posible.

Se acercan elecciones, aunque sean de menor calado, como son las municipales y autonómicas, pero los partidos y sus candidatos se juegan mucho. Asistiremos en pueblos y ciudades a inauguraciones y actos de forma concentrada y abrumadora. Bien es verdad que cuando pasen las elecciones todos habrán ganado, unos protestarán con muchos aspavientos pero con poca enjundia de lo mal diseñada que está la ley electoral y a prepararse para otros cuatro años de tranquilidad y sosiego. Y eso que estas reducidas elecciones la ley electoral no castiga los resultados como en las generales, donde la diferencia de valor entre los votos de un madrileño y un no-madrileño, por no citar a nadie pero todo el mundo sabe en quienes estoy pensado, es abismal.

No esperan unos meses de mucha y variada morondanga. Estamos metidos de lleno en una crisis tremenda que no será la primera y la última y cuyo calado se deriva de las cotas de bienestar que se habían alcanzado. Yo la primera que recuerdo, también motivada por el precio del petróleo fue en 1973. Pero coche tenían cuatro gatos y calefacción central en casa dos o tres a lo sumo, con lo cual la afectación personal y familiar fue menos dolorosa. Ahora dependemos en mucha mayor de la energía porque tras casi cuarenta años y a pesar de otras crisis intermedias, lo único que hemos hecho ha sido gastar energía cada vez más y más dependiente del petróleo y no poner mucho énfasis en desarrollar otras alternativas, más renovables y más respetuosas con el medio ambiente. Pero queremos llegar a casa, tener buena luz a todas horas, que esté calentita, que funcione el ordenador y la televisión, no uno o dos sino uno para cada elemento de la familia y que el equipo de música vomite decibelios a tutiplén. Pero para ello hay que ser consecuentes con la forma y el precio de obtener toda esa energía. ¿Qué fue de los relojes de pulsera que había que darles cuerda todas las noches?

Morondanga es cosa inútil y de poca entidad, pero también enredo y confusión, y de esto tenemos mucho hoy en día. Es posible que tangamos las ideas claras pero como mañana mismo tendremos otras ideas claras, pues, eso, morondanga.

Otra cosa que hago cuando encuentro una palabra que me resulta novedosa es consultar al Doctor Google a ver que sabe de ella. Sorpréndase yendo a consulta y verá que hasta hay un blog titulado así, por no hablar de una canción y multitud de cosas curiosas hasta llegar a las 38.200 entradas devueltas. Espero que desde la publicación de esta entrada en el blog el número suba a 38.201.

domingo, 6 de marzo de 2011

TOULOUSE


En todos los países seguro que encontramos ciudades que están en medio de ninguna parte, claro está, según desde el punto de vista del que se mire. Para los que vivimos en Madrid, hay numerosas urbes por las que seguramente hemos pasado de largo varias veces camino de otras en la costa o en la montaña para pasar las vacaciones. En mi caso tengo algunas señaladas. Una de las que más se atienen a esta máxima es Burgos en mis escapadas a Cantabria. Antes se pasaba “cerca” de la ciudad pero la presión demográfica y el permanente incremento el tráfico han forzado la construcción de carreteras de circunvalación por las que ahora circulamos hacia el destino sin ni siquiera divisar de lejos las agujas de la catedral. Aunque en mi caso Burgos es una ciudad que conozco bien por haberme
detenido en varias ocasiones a disfrutar de ella, hay otras varias en España que he visto de lejos en multitud de ocasiones. Citaré como ejemplo Zaragoza en los viajes a esquiar o al extranjero, Córdoba cuando me dirigía a Sevilla, Huelva o el Algarbe portugués, Jaén en las escapadas a Granada o Almería y para cerrar el ejemplo no me olvido de Albacete en la ruta hacia Murcia.

Algunas siguen estando pendientes, como por ejemplo Jaén y Albacete, pero otras las he solucionado de alguna manera. En el caso de Zaragoza fue necesario en uno de los viajes decidir de antemano el pernoctar dos noches a la vuelta de un viaje para disfrutar de las maravillas de la ciudad. Pude disfrutar de una de ellas, la Seo, que llevaba varios años cerrada por reformas y restauraciones. Una ciudad agradable, abierta, con muy buen ambiente y que recorrimos con placer.

En otro de los casos, Córdoba, la cosa fue más drástica. En un arrebato y en un día de diario, decidimos coger el tren de velocidad alta española a primera hora de la mañana y volver en el último de la noche, disponiendo de un día casi completo para deambular por la ciudad, perdernos por sus callejones, admirar sus monumentos entre los que hay que destacar la tremenda Mezquita y palpar la vida de una ciudad activa en un día de trabajo normal. Lo único que recuerdo como doloroso fue que decidimos comer en el Parador de Turismo e ir y volver andando, ya que caía un poco lejos después de estar toda la mañana caminando de un sitio para otro.

Además de estas ciudades que pudiéramos considerar de paso en las grandes rutas, hay otras muchas que merecen muy mucho la pena y a las que hay que ir exprofeso. Citaré algunas, sin descubrir nada nuevo, que he visitado y me han gustado y otras que me han sorprendido. Entre las primeras Salamanca, León, Cáceres, Toledo, Lugo, Oviedo, Cuenca, Segovia, Bilbao, San Sebastián, Granada Ávila. Entre las segundas se lleva la palma la muy bonita y agraciada ciudad de Soria, que al igual que su provincia no deja nunca de fascinarme, pero no me olvido de ciudades como Logroño o Teruel, de las que esperaba poco o nada y han resultado muy prometedoras. Omito citar otras ciudades españolas que he visitado y no me han llegado, quizá porque no haya sabido encontrarlas su encanto.

Y aquí llegamos a Toulouse. Esta ciudad sí que está perdida en medio de la nada, en el sur de Francia a noventa kilómetros de los Pirineos y la frontera con España. Nunca hubiera ido a esa ciudad pero la falta de nieve varios días en la estación de esquí de Saint Lary donde pasábamos las vacaciones de invierno nos hizo plantearnos el andar y desandar los 160 kilómetros que nos separaban de ella un sábado. Habíamos visto algo de información por internet pero tampoco llevábamos mucha. Quizá esto es lo mejor, pues cuando te acercas a una ciudad con demasiadas expectativas, lo más probable es que no se cumplan en su totalidad y no te permitan apreciar las cosas en su justa medida.

Por todo ello, la ciudad me resultó fascinante. No se trata de hacer un libro de viajes en este post, pero sí de resaltar ciertas cosas que llamaron mi atención de forma poderosa. Una de ellas es la gente, que iba y venía en total armonía, sin exabruptos, con tranquilidad, tanto en las calles peatonales y comerciales que estaban repletas como en las grandes vías con tráfico. Una ciudad tranquila, de agradables paseos, especialmente en la ribera del río Garona que la surca. Otra de las cosas que me llamó la atención es la completa ausencia de marcas comerciales archiconocidas y archirepetidas en todas las ciudades del mundo mundial. Un paseo por una zona no muy larga de la Gran Vía de Madrid nos permitirá descubrir unos cuantos McDonald’s, Pan’s and company, Srpingfield, Máximo Dutti, etc. etc. Pues bien, en todo mi deambular por el corazón de Toulouse solo pude descubrir, no sin dificultad, un McDonald y bastante camuflado. Ello nos transmite un comercio propio, individualizado, donde podemos encontrar cosas que no son comunes a otros y quizá dar con cosas inesperadas con más facilidad.

Aunque comimos los bocadillos que portábamos en nuestras mochilas en un magnífico parque del centro de la ciudad, tomamos café en uno de los muchos y muy agradables cafetines que existen por toda la ciudad.

En suma, una ciudad que es denominada la "villa Rosa" por sus numerosos edificios de ladrillo y fachadas pintadas en ese color y que es muy recomendable para escaparse un fin de semana a disfrutar de paseos, tranquilidad, monumentos y un comercio de los más agradable y atractivo.

domingo, 20 de febrero de 2011

COJONES


Ya he comentado con anterioridad que este blog también me viene bien para recuperar cosas que andan guardadas por ahí y que considero interesantes, de forma que al quedar englobadas, pudiéramos inventar la palabra «blogueadas» se hace más fácil su búsqueda y localización en el futuro. Por otra parte se me habrá notado cierta debilidad por cuestiones que tienen que ver con el idioma y esta tiene que ver y mucho.

Hace años me topé con esta pieza literaria que, aunque un poco irreverente, es magistral a mi modesto entender. Hay muchas historias sobre ella pero al parecer fue escrita por un estudiante sevillano y publicada en un periódico de tirada nacional. Como bien se comentaba, demuestra la riqueza de nuestro idioma castellano, que es capaz de dar significados diferentes, específicos y muy concretos a una única palabra, según el modo y contexto en el que se utilice. Ahí va.



Un ejemplo de la riqueza del castellano es el número de acepciones de una simple palabra, como puede ser la muy conocida y frecuentemente utilizada, que hace referencia a los atributos masculinos, COJONES. 
 
Si va acompañada de un numeral tiene significados distintos según el número utilizado. Así, uno significa caro o costoso («valía un cojón»), dos significa valentía («tiene dos cojones») , tres significa desprecio («me importa tres cojones») mientras que un número muy grande y par significa dificultad («lograrlo me costó mil pares de cojones»).

El verbo cambia el significado. Tener indica valentía («aquella persona tiene cojones»), aunque en admiración puede indicar sorpresa («!tiene cojones¡»), poner expresa un reto, especialmente si se pone en algunos lugares («puso los cojones encima de la mesa»). Se los utiliza para apostar («me corto los cojones») o para amenazar («como hagas eso te corto los cojones»).

El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase. Así, el presente indica molestia o hastío («me toca los cojones»); el reflexivo significa vagancia («se toca los cojones») pero el imperativo significa sorpresa («tócate los cojones»).

Los prefijos y sufijos modulan su significado: «a» expresa miedo («estar acojonado»), «des» significa reírse («descojonarse de risa»), «udo» indica perfección («esto es cojonudo») pero «azo» refleja indolencia o abulia («es un cojonazos»).

Las preposiciones matizan la expresión: «de» significa éxito («me salió de cojones») o bien cantidad («hace un frío de cojones») , «Por» expresa voluntariedad («lo haré por cojones») , «hasta» expresa el límite de aguante («estoy hasta los cojones») mientras que «sin» la cobardía («era un hombre sin cojones»).

El color, la forma o la simple tersura o tamaño también aportan significados. El color violeta expresa frío («se me quedaron los cojones morados») la forma puede indicar cansancio («tenía los cojones cuadrados»), pero el desgaste conlleva una experiencia («tenía los cojones pelados de repetirlo»).

El tamaño y la posición también son importantes («tenía los cojones grandes y bien plantados»), pero hay un tamaño máximo de referencia que no puede superarse y que depende de la localidad («tiene los cojones como el caballo del Cid, en Sevilla», o «tiene los cojones como el caballo de Espartero, en Madrid»). Si se supera este tamaño máximo indica torpeza o vagancia («le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, necesita una carretilla para llevarlos»).

La interjección significa sorpresa («¡cojones!») y cuando uno se queda perplejo los solicita («¡manda cojones!»). Por otro lado, en ellos reside la voluntad («me sale de los cojones»).


En resumen, se reta al lector a encontrar una sola palabra en castellano, o en otros idiomas con igual o mayor número de acepciones.

sábado, 12 de febrero de 2011

900


Dicho así no deja de ser un número cualquiera de los infinitos posibles que existen en el universo matemático. Pero aplicándolo al contexto telefónico español, a más de uno se le hincharán las venas del cuello, se le removerán las bilis y le subirá la bilirrubina a causa de la ira que genera.

Como ya hemos comentado en otras entradas de este blog, las empresas que deberían velar por el bien común, incluso manteniendo un compromiso entre sus servicios y sus ganancias, no dejan de inventar para sacarnos los cuartos y hacernos no solo ver sino comprobar los agujeros de nuestros bolsillos. La “pela” es la “pela” se decía antes y ahora se sigue diciendo, con mucha más intensidad, el “euro” es el “euro” y todo vale con tal de incrementar las cuentas de resultados y por ende las de beneficios. Los costes “morales” se soslayan con mucha facilidad cuando no se ignoran abiertamente y la “imagen” que tiene la compañía o empresa ante clientes y público en general importa poco y se valora menos.

Cuando gran parte de los usuarios disponemos de una tarifa, no gratuita por cierto, que nos permite hacer llamadas a teléfonos fijos nacionales sin un coste adicional, la “timofónica” se inventa los números 900 para que sigamos pasando por caja. Bueno, no todos los 900 ya que el propio prefijo 900 es gratuito pero no así el 901 y el tan temido 902. Sabemos que los números 901 y 902 son “virtuales”, esto es, no existen en realidad, estando apoyados en un número fijo convencional. Si conocemos el número fijo que se esconde detrás de uno de ellos, llamaremos sin coste adicional, repito que no gratis, pero si no somos capaces de dar con él nos costará unos dineros.

Las empresas se llenan la boca de decir que es por una mejora en su atención. Pero… ¿a quién engañan? La empresa que da servicio a la acometida de agua potable a mi domicilio, Aqualia, a la que yo y todos los vecinos hacían llamadas locales con o sin coste, cambió hace tiempo a un 902 alegando que era para una mejoría en el servicio. Se lo habrán creído ellos, porque lo que es los usuarios, no. Detrás de estos 90x están los ya conocidos como famosos CAU’s, traducido como centro de atención a usuarios, regidos y mantenidos incluso por personas externas a la propia compañía, ubicados en cualquier lugar del planeta donde salga más barato, y que en algún caso se hacen difíciles de entender, pues su castellano o español no es precisamente de España. Creo que todos sabemos a lo que me refiero.

Mantengo un particular cruzada contra los 902 y trato por todos los medios de averiguar el número de fijo se esconde detrás. Para ello me apoyo en búsquedas en Internet o accediendo directamente a una web dedicada específicamente a este asunto que es http://www.nomasnumeros900.com/ . en donde no siempre el teléfono obtenido es válido, ya que me ha ocurrido que llamando al fijo, la señorita “XXX” te dice que no te puede atender y que tienes que llamar al correspondiente 90x y cuando llamas a continuación a ese 90x que te ha indicado, la misma señorita “XXX” te atiende perfectamente.

En la empresa en la que estoy trabajando ahora, las llamadas a números 901 y 902 están inhibidas, no siendo posible realizarlas. Si el horario de trabajo coincide con el horario de atención al cliente, ya sabes, o buscas una cabina o un bar cercano si es que disponen de teléfono público, lo cual es muy raro, o te toca utilizar el móvil con lo cual es coste es, como decía mi abuela, para “mear y no echar gota”.

Porque no olvidemos que la rica lengua castellana tiene sinónimos para todo incluso para los números 902. Es broma esto de los sinónimos para los números aunque siempre el 15 ha sido “la niña bonita”, pero en mi caso el sinónimo para el 902 es “todos los operadores están ocupados, por favor espere… pagando vd.” que suele ser con demasiada frecuencia la realidad de lo que ocurre al llamar a un 902. Y cuando llevas cinco minutos esperando, te llevan los demonios y no sabes si colgar e intentarlo a otra hora mientras juras en arameo o seguir en la espera. Algunas empresas, pocas, informan del tiempo aproximado que falta para ser atendido e incluso te dicen los operadores que están en atención y las llamadas pendientes que hay en el momento antes de la tuya. Para que te hagas una idea, pero no dejan de ser meros parches al problema.

El último episodio de mi particular cruzada ha sido con la aseguradora ASISA. Les he dirigido un correo electrónico pidiéndoles expresamente el número fijo que esconden tras su 902.010.010. El informado en la web nomásnúmeros900 no lo cogen. Me han contestado con que son lentejas, que el 902 permite una mejor atención, y etc. etc. Lo de siempre, como si nos chupáramos el dedo.

Algunas empresas van entrando por el aro y facilitan los dos teléfonos, uno al lado del otro, para que sea el usuario el que decida a cual llamar. Un ejemplo es la conocida empresa de repostería Martínez que facilita en el envase de sus productos el 902.585.677 o 938.409.202 como teléfono de atención al consumidor y que si vas a su web te encuentras con la sorpresa de que te brinda el 900.101.968, totalmente gratuito. Mercadona también facilita un 900 gratuito. Hay más ejemplos y a ver si van aprendiendo todos y esto se convierte en una práctica común.

Pero también los hay que te tocan las narices en el sentido contrario. Por ejemplo, otra de las empresas del país que debieran dar ejemplo, Iberdrola, querida por algunos y odiada por los más, informa en su web de un 902 para atención al usuario pero justo debajo y pegadito aparece un 900 para atención al accionista. Que se os ve el plumero, majetes.

Seguiré con mi cruzada todo lo posible, y no tanto por el coste, que lo es, sino por erradicar de la factura de mis servicios de telefonía esas molestas líneas de información relativas a los odiados 90x que me veo forzado a utilizar.

domingo, 6 de febrero de 2011

CINE


Si hacemos una abstracción hasta lo más simple, el cine no deja de ser un trapo blanco colocado en una pared donde se proyectan luces, en blanco y negro o color, al tiempo que se emiten sonidos por unos altavoces. Técnicamente el asunto no da más de sí y de hecho, si suponemos la visita de unos extraterrestres que pudieran ver lo que está sucediendo en la sala durante una proyección, percibirían un montón de espectadores humanos sintiendo intensas emociones de alegría, miedo, asco u otras solo por estar mirando embobados las luces en el trapo y escuchando los sonidos ….

Desde muy pequeño me ha gustado el cine, en pantalla grande, ya que no en vano era casi la única actividad que en nuestra infancia e incluso adolescencia se podía hacer los domingos por la tarde en el pueblo. Daba igual la película que se proyectase, todos al cine a la función de las siete de la tarde. En las navidades se hacían jornadas especiales para los niños y ahí recuerdo haber visto por primera vez una de mis películas de culto: "101 dálmatas" en dibujos animados. Todos los años la ponían y yo me las arreglaba para ir a varias de las sesiones e incluso siendo ya más mayor, trataba de acompañar a mis hermanos pequeños con el fin de ver la película. Me la sabía de memoria. Ahora la sigo viendo con mi hija pequeña, pero ya es distinto: no es en el cine, en una pantalla grande, con las luces apagadas, sin sonidos extraños, aunque siempre están las palomitas de rigor. Ahora la vemos en casa, en la televisión, las veces que queramos solo con insertar el DVD o ya ni siquiera eso pues está grabada en un disco duro conectado a la televisión con lo cual no hay ni que levantarse del sofá para ponerla en marcha.

Esta introducción me lleva a una reflexión. Salvo algunas películas de esas que se llaman de arte y ensayo y en cines muy concretos, las películas comerciales que se estrenan están un tiempo en la cartelera de los cines y con el tiempo acaban siendo retiradas. Nunca se reponen.

Las televisiones en las casas han mejorado sobremanera en los últimos años. Ya están asequibles pantallas "enormes" en comparación con las de antaño, dotadas de tecnologías avanzadas como "plasma" y "led" e incluso con la posibilidad de visión en •3D. Y seguramente seguirán mejorando a medida que pasen los días. También existe la posibilidad, aquellos que dispongan de sitio en sus casas, de conectar un ordenador a un cañón de proyección y construirse un mini cine con tamaños de pantalla superiores a los que puede tener una televisión. Conozco un amigo que lo tiene montado en la buhardilla de su adosado y el efecto es parecido a un cine en pequeño, salvo cuando suena el teléfono o alguno se levanta a hacer algo, cosa que en el cine de verdad no se suele hacer por respeto a los demás.

Ahora retomaremos el tema, pero quiero comentar otro ejemplo. Siendo muy pequeño recuerdo haber ido al cine en Madrid, a un cine de esos que decían era de pantalla panorámica, donde se proyectaba una película que luego también ha sido de culto para mí: “BEN-HUR”. Recuerdo todavía como si fuera ayer la impresión que me produjo la historia, mi primer conocimiento de la enfermedad de la lepra y algunas escenas como la carrera de cuadrigas en la pantalla gigante del cine. Por supuesto que he comprado el DVD y veo la película una vez al año, normalmente por Semana Santa, pero no es lo mismo verla en la televisión que en el cine. Como curiosidad diré que hace unos años me enteré que la película estaba basada en el libro del mismo título, escrito por Lewis Wallace, que me encantó no solo por el libro en sí sino por aportar nuevos aspectos a la película que tan de memoria me sabía. Hay algunas cosas diferentes entre libro y película, como no podía ser de otra manera, pero en general la adaptación es muy fiel.

Hay en la actualidad soberbias pantallas de cine en algunas salas. Por mencionar una que me impresionó por su tamaño citaré la sala número 25 del complejo “Kinnepolis” en Pozuelo de Alarcón, en Madrid. He visto algunas películas allí y es impresionante.

Se me ocurre que podría ser interesante, repito utilizando el condicional “podría”, la reprogramación de películas escogidas en esa sala u otras de cine. Ahora se utiliza ya el cine para retransmisiones deportivas o de ópera. Hay películas que son para verlas en el cine: la ya citada de Ben-Hur, La Misión, El Último Mohicano, la saga de El Señor de los Anillos y seguro que otras muchas que se nos ocurrirán a cada uno. Si alguna vez me entero de que Ben-Hur, 101 Dálmatas o mi tercera película y última de culto “My Fair Lady” se proyectan de nuevo en una sala de cine, haré todo lo posible por ir a verlas. Ahí queda la idea.
 

sábado, 29 de enero de 2011

KINDLE


Como adelantaba en la entrada anterior, voy a referir los hechos que me han ocurrido con respecto a la adquisición de mi segundo libro electrónico, tras la rotura del anterior, un Papyre, y las peripecias sufridas con el servicio técnico de la empresa española Grammata que lo comercializa y que ya quedaron reflejadas en la entrada titulada “Papyre” de fecha 11 de diciembre de 2010.

Las comparaciones son odiosas pero los hechos recientes que voy a relatar a continuación y que me han causado no poca
sorpresa y mayor satisfacción, cobran una dimensión inusitada en comparación con aquellos. Aunque el relato en forma cronológica no es lo mejor para un texto escrito, voy a adoptar esa forma para una mejor claridad y comprensión.

30-OCT-2010
Había estado leyendo en la cama la noche anterior en mi lector electrónico Papyre y al amanecer no funciona. Tras un mes de “lucha” con el servicio técnico doy el aparato por perdido. Los detalles y pormenores en
Empiezo a mirar el mercado para decidir la compra, tomando la decisión de adquirir un KINDLE, de la marca AMAZON, que solo ser vende por correo a través de internet. No era la primera compra que yo hacía en la web de AMAZON.
14-DIC-2010
Realizo la compra en la web de AMAZON. Me informan que, debido a la cantidad de pedidos, la cercanía de las navidades y la gran demanda existente en el mercado propio no podrán dar curso a mi pedido hasta el 17 de enero. Lo acepto y me dispongo a esperar algo más de un mes. El precio son 109 euros a los que hay que añadir los gastos de envío y las tasas de aduana, con lo que el total final queda en 148 euros. A esperar tocan. Me confirman inmediatamente la compra mediante correo electrónico y me asignan mi número de pedido.
09-ENE-2011
domingo
Recibo un correo electrónico en el que me informan de que han podido mejorar sus procesos de fabricación y una vez concluido el período de navidad, están en condiciones de adelantar unos días el envío, por lo que procederán al mismo el día 13 estando prevista la llegada del aparato a mi domicilio el 17 de enero.
17-ENE-2011
lunes
Recibo el aparato, transportado por la empresa de mensajería UPS y lo pongo en marcha. Ya venía con la batería casi cargada y unas instrucciones que me hacen empezar a disfrutar de él de inmediato. Hay manuales e instrucciones en castellano.
22-ENE-2011
sábado
HORROR, PAVOR, ESTUPOR y ENFADO. Al disponerme a leer en la cama, se me escurre entre los dedos mi nuevo flamante lector con tan mala suerte que se golpea con el pico de la mesilla y queda la pantalla rota. Mala suerte. No me ha durado ni una semana.
23-ENE-2011
domingo
No he podido casi dormir en toda la noche del tremendo disgusto. Me levanto pronto y decido pedir lo antes posible un nuevo aparato, mi KINDLE-2. Hago mi pedido y esta vez me informan que se procesará inmediatamente y que el libro estaría en mis manos el miércoles, tan solo tres días después. Al menos la espera esta vez iba a ser casi inexistente. Por la tarde ya me confirman la emisión del paquete y me dan el número de seguimiento, también con la empresa UPS.
24-ENE-2011
lunes
No me resigno a tener un aparato roto y pienso en la posibilidad de su arreglo. Por la tarde me armo de valor y, congojado y acojonado por el idioma y el “todos-nuestros-operadores-están-ocupados”, marco el número de teléfono de AMAZON en Estados Unidos. Una alocución en castellano me informa que se ha detectado que mi llamada es desde España y por lo tanto no es gratuita si continúo adelante con ella. En unos instantes me responde un operador, diciéndome de nuevo que se ha detectado que mi llamada es desde España y que si quiero ser atendido en castellano o en inglés. Inaudito. Antes de informar del motivo de mi llamada, el operador me solicita la información de mi cuenta en AMAZON y me hace algunas preguntas sobre mis datos para verificar de cierta manera que soy el titular de la cuenta. Cuando me pregunta el motivo de mi llamada le digo claramente, no olvidar que estábamos hablando en castellano, que se me ha caído el KINDLE, se ha roto la pantalla y quisiera ver la posibilidad de arreglarlo. Me comenta que observa en mi cuenta que he pedido otro, extremo que le confirmo, a lo que me responde, sorprendentemente, que no hay problema, que les envíe el deteriorado y en cuanto lo tangan en su poder me reembolsaran el importe, eso sí, sin incluir los gastos de envío y las tasas. Se me quedó la cara a cuadros. No sabía que decir. Me preguntó de nuevo si quería devolverlo en esas condiciones, y al contestar afirmativamente me informó de que me había enviado un correo electrónico con una etiqueta y una factura para la devolución. Recibí al instante el correo electrónico con la mencionada etiqueta y las instrucciones para devolver el paquete. Cuando colgué el teléfono estaba literalmente estupefacto, no era capaz de pensar ni decir nada.  Como los hechos han ocurrido esta misma semana, no dispongo de los datos de mi operador telefónico, pero mi sensación es que la duración de la llamada estuvo alrededor de los diez minutos.
25-ENE-2011
martes
Cuando me acerco con el paquete de devolución a una oficina de UPS y lo escanean, me dicen que no tengo que pagar nada, ya que la etiqueta indica que el porte estaba a cargo de la empresa destinataria. Otro ahorro y otra sorpresa de lo más grato.
26-ENE-2011
miércoles
Como estaba previsto, a las 12:48 recibo el paquete con mi KINDLE-2. Solo hace tres días y unas pocas horas que lo he pedido y ya puedo disfrutar de él.
28-ene-2011
viernes
Recibo un correo electrónico de AMAZON en la que me informan de que mi devolución ha sido recibida y procesada y que en unos días, alrededor de diez, me será abonado el importe en la misma tarjeta visa que utilicé para el pago.

29-ene-2011
sábado
Mientras estoy escribiendo este post, recibo correo electrónico de AMAZON donde mi informa del procesamiento de la devolución, para la que se estima un plazo de diez días. NUEVA SORPRESA, me van a devolver un total de 125,46 euros, lo que incluye la devolución también de los gastos de envío que aboné. ME DEVUELVEN también los gastos de envío. Sencillamente, es increíble.


No es cuestión de analizar las diferencias entre el Paypre y el KINDLE que quizá sean objeto de otra entrada. Si sería cuestión de analizar las diferencias entre la empresa española GRAMMATA y la empresa estadounidense AMAZON. Pero no quiero entrar en ello, dejando a cada cual que saque sus conclusiones tras la lectura de este post y del anterior mencionado.

Solo puedo reiterar aquí, en voz todo lo alta que se puede desde un escrito, mi agradecimiento a AMAZON por su funcionamiento, su deferencia al devolverme el importe de un aparato que he roto yo, y su exquisita atención por teléfono y por correo electrónico en todo momento teniendo en cuenta la diferencia de idioma y de país.

MUCHISIMAS GRACIAS, AMAZON.

Si alguna vez está en el extranjero o tiene algún amigo que hable inglés, pídale que haga la prueba de llamar desde su país a Granada, sede de la empresa GRAMMATA para plantear a su servicio técnico alguna cuestión a ver qué ocurre. A lo mejor resultaba sorprendido, pero me temo lo peor. Como hecho, cuando yo llamé el 2 de Octubre para remitirles el ebook estropeado, no me mandaron ninguna etiqueta, tardaron varias horas en mandarme el correo electrónico con las instrucciones y aunque el porte lo pagaron ellos tuve que llamar por teléfono para verificar que habían recibido mi paquete. Y en todo momento disponían de mi correo electrónico y mi teléfono móvil donde podían haber confirmado la recepción. Igualito, igualito.

miércoles, 26 de enero de 2011

EFI.....QUÉ? AMAZON

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AMAZON, muchas gracias, estaré eternamente agradecido….

En mis estudios hace ya algunos años tuve que aprender la diferencia entre los términos eficacia, eficiencia y efectividad. Fue una pregunta de examen que contesté con acierto pero hoy he tenido que volverlos a repasar a raíz de un hecho que me ha ocurrido y que me impele a escribir esta entrada en el blog incluso un miércoles, sacando tiempo de no sé sabe dónde.

La explicación de los términos depende del contexto en el que se utilicen. No es lo mismo hablar de temas económicos que de temas de salud, por poner un ejemplo. Le sugiero que no acuda al diccionario porque la cosa no queda clara, al menos para mí que debo estar contaminado por las acepciones que manejé en su día para temas de salud. Luego haré un resumen contundente, en relación con el hecho acaecido pero EFICACIA hace alusión a la capacidad que tiene una acción de producir resultados en la dirección esperada. La EFICIENCIA sería la relación entre el coste y el beneficio obtenido y por último la EFECTIVIDAD tendría relación con el grado de satisfacción producido en el cliente.

Resumiendo y por poner un nombre-ejemplo a estas tres palabrejas: AMAZON, la empresa estadounidense de ventas de libros, y más cosas, muchas más cosas, por correo a través de internet. Y explico esta definición con hechos reales felizmente acaecidos hoy mismo.

El pasado DOMINGO, hace TRES días, a eso de las siete de la mañana encargaba su producto estrella KINDLE, un libro electrónico, a través de internet en su web www.amazon.com. Solo diré que el coste total del modelo básico, con wi-fi, es de 148 euros incluyendo gastos de envío y tasas de aduana. Con pena, dejo para lectores mas avezados el indagar lo que cuesta un modelo similar en cualquier tienda española.

Inmediatamente recibí un correo electrónico informándome de que el pedido estaba en preparación y que lo recibiría en TRES días. Esa misma tarde del domingo recibí un nuevo correo electrónico en el que me informaban de que mi producto estaba enviado y me facilitaban el número de seguimiento de la empresa de paquetería, UPS, que ha funcionado a las mil maravillas.

Ya comentábamos hace días las cosas que te dejan estupefacto en estos tiempos a poco que te esfuerces por intentar estar al día. Una de ellas es la posibilidad de seguir el rastro del paquete que te han enviado en todo momento. Con el número de seguimiento, más conocido en el argot internacional como “tracking” he podido saber dónde estaba mi lector electrónico casi al instante. Tan al instante es que cuando hoy mismo, MIÉRCOLES, TRES DIAS como habían dicho, a las 12:48 han entregado el paquete en destino, he recibido un correo electrónico a las 13:24 informándome del hecho e indicando el sitio, recepción del edificio, y nombre de la persona que se había hecho cargo del envío.

La verdad es que la lista de seguimiento es cuando menos curiosa y la voy a reflejar al final de este escrito como testimonio.

Lo que me alucina es la automatización de los procesos en la empresa AMAZON que es capaz de poner un aparato en tres días en las manos del cliente teniendo en cuenta la diferencia horaria y la distancia. Casi se puede pensar que existiendo stock en los almacenes de AMAZON, cualquier cosa que les compres la vas a estar disfrutando en tres días. Repito que me parece increíble y no puedo por menos de comentar que me da cierta envidia no disponer de servicios similares aquí en nuestro querido país. He comprado alguna cosa por internet y debe ser que he tenido mala suerte, pero en un par de ocasiones todo han sido pegas y problemas. Y los más gordos, que no llegaron a resolverse, fueron con PIXMANIA, ahí queda el dato.

Pero si esto referido es sorprendente en relación con AMAZON, hay mucha más historia que contaré con tiempo en el próximo apunte de este blog el fin de semana. Esto no es nada con el servicio que me ha deparado AMAZON y del que esta historia es solo una pequeña parte, algo espectacular, pero no la más humana, que también ha existido. El fin de semana lo contaré en otra entrada, de forma aséptica y de forma comparada. La próxima vez que necesite comprarme un lápiz y un sacapuntas, miraré primero en AMAZON antes de tomar una decisión.

Esto son los datos del seguimiento facilitados por UPS. Hay que tener en cuenta la diferencia horaria con EEUU que es al menos de seis horas

Madrid, Spain 26/01/2011 12:48 Entregado
Madrid, Spain 26/01/2011 7:25 Listo para entrega
Madrid, Spain 26/01/2011 7:21 Escaneo de llegada
Madrid, Spain 26/01/2011 7:11 Escaneo de salida
Madrid, Spain 26/01/2011 5:39 Escaneo de llegada
Madrid, Spain 26/01/2011 4:13 Registrado con agencia despacho
Madrid, Spain 26/01/2011 3:36 Registrado sgencia despacho / Envío remitido a
Madrid, Spain 26/01/2011 3:36 Falta poder notarial, necesario para despacho.
Koeln, Germany 26/01/2011 3:27 Escaneo de salida
Koeln, Germany 25/01/2011 22:18 Escaneo de llegada
Philadelphia, EEUU 25/01/2011 8:53 Escaneo de salida
Philadelphia, EEUU 25/01/2011 0:38 Escaneo de exportación
Madrid, Spain 25/01/2011 5:26 Falta poder notarial, necesario para despacho.
Philadelphia, EEUU 24/01/2011 22:57 Escaneo de llegada
Newark, DE EEUU 24/01/2011 22:09 Escaneo de salida
Newark, DE EEUU 24/01/2011 21:29 Escaneo de origen
United States 24/01/2011 14:33 Orden procesada: Lista para UPS

domingo, 23 de enero de 2011

OBSOLESCENCIA


Es una buena opción, siempre que sea posible. Hay veces que no lo es, por las más diversas causas: personal de servicio técnico, piezas, etc. Cuando nos enfrentamos a la rotura o avería de un aparato de los muchos, cada vez más, que inundan nuestras vidas, siempre surge la duda: ¿arreglarlo? ¿adquirir uno nuevo más moderno y con más posibilidades?

Hace unos días se pudo ver en televisión un reportaje titulado "Comprar, tirar, comprar". Yo he recibido ya varios correos electrónicos adjuntándome el enlace al mismo, se ve que circula por internet. No sé por cuanto tiempo estará colgado en la web de Radio Televisión Española. Yo me lo he descargado para verlo tranquilamente en la televisión ya que se acerca a la hora de duración y es muy interesante, a mi juicio, y en la pantalla del ordenador resulta cansado seguirlo. Aquí está el ENLACE AL DOCUMENTAL

El asunto de fondo es algo que se denomina “Obsolescencia programada o planificada”

Revisando aparatos electrodomésticos de uso y funcionamiento diario que tengo en mi casa, el frigorífico se lleva la palma, con casi veinte años prestando servicio a entera satisfacción. Bien es verdad que tiene alguna pieza de menor importancia que ya no es suya, como los tiradores de las puertas, pues ya hace tiempo que quedó descatalogado de la empresa que lo fabrica. De hecho, la última vez que me acerqué a un servicio técnico a intentar comprar la goma de la puerta del congelador, no solo me comunicaron este hecho de que su servicio está discontinuado sino que el empleado se sorprendió grandemente de que estuviera funcionando todavía sin ninguna reparación de calado. Pues funciona, y bien y ojalá lo siga haciendo por muchos años aunque no disponga de conexión a internet para hacer el solito los pedidos al supermercado. Pero me queda claro que el día que dé el más mínimo problema en alguna cuestión fundamental, será el momento de considerarle obsoleto y dirigirme a la tienda a comprar uno nuevo. Si pudiera elegir compraría de la misma marca y el mismo modelo, pues con ello podría pensar que tendría otros veinte años de funcionamiento al menos sin sobresaltos.

Pero como se puede ver en el reportaje, las cosas no van por ahí. No tengo la menor duda de que, con la tecnología actual, las empresas podrían fabricar aparatos cuasi eternos, a poco que establecieran un programa de mantenimiento que implicara la revisión, engrase y sustitución periódica de los elementos que se desgastasen por el uso. Esto sería igualmente aplicable a los coches. Pero ya repito que para eso tendrían que querer. Unas tías mías, octogenarias, tienen en perfecto uso y funcionamiento un Mercedes que perteneció a su padre y que está matriculado allá por 1960. En justicia hay que decir que se lo mantiene y arregla un mecánico que además de poner mucha sapiencia y cariño en el asunto, es un artista. Esto de la obsolescencia también va por países y sino que se lo digan a los cubanos que mantienen sus vehículos a base de fabricarse ellos mismos las piezas.

Pero para entrar en cuestión, lo que me llama la atención y agudiza mis sentidos es lo de “programada o planificada”. La economía actual y mundial está basada en el consumo, y no precisamente de productos básicos como la comida o la ropa, que si nos damos cuenta reducen mes a mes su porcentaje en el gasto global de una casa; hace no muchos años el gasto fundamental de una familia era en comida y después en ropa. Ahora las cosas han cambiado y gastamos más de forma periódica en telefónica, automoción, vacaciones, informática, etc. etc. Hace unos años, la pantalla del ordenador, flamante y plana de las primeras que salieron, y que me había costado mis buenos euros, se apagó de pronto. Miré la factura de compra y hacía justo dos años y dos meses que la tenía. La garantía estaba, pues, finiquitada. Al llamar al servicio técnico me pusieron mil y una pegas, exactamente igual que en el reportaje comentado, como que si el taller estaba en Portugal, que el envío y devolución corría de mi cuenta, que me iba a costa más “el collar que el galgo”, que habían bajado de precio y en suma, que no me interesaba reparar, sino tirar y comprar una nueva, cosa que tuve que hacer al final. La compré de otra marca pero seguro que hubo en esos momentos a alguien que le pasó lo mismo con las marcas intercambiadas.

La cuestión está en saber si algunas empresas dedican tiempo y dinero en la fase de investigación de nuevos productos para fabricarlos del tal modo que al cabo de un tiempo se vuelvan inoperativos. Lo ideal sería conseguir que los clientes estuvieran a gusto con el producto durante un tiempo suficiente, de forma que ante la inutilidad de este se decidieran por comprar uno de la misma marca. En todo caso, y ya que todo es global, lo que interesa es “comprar, tirar y comprar”, que se mueva la rueda y que esto siga para adelante hasta no se sabe que límites. Lo que sí está claro es que si se para se arma la marimorena.

Por otro lado y a fuer de ser sincero, es determinados productos no interesa que funcionen durante mucho tiempo, dado que el avance de la tecnología los va a dejar en fuera de juego por la aparición de nuevos modelos con mejores y mayores prestaciones. Véase el caso de los teléfonos móviles, que si no los cambiamos cada año estaremos fuera de lugar.

Tengo cámaras fotográficas compradas en los años setenta que funcionan a la perfección. Las saco y las pruebo una vez al año. Otra cosa es que no se usen, pues la tecnología digital las ha dejado obsoletas, no por mal funcionamiento sino por avance que me hace decidir no seguir con los carretes y los revelados. Son cosas del pasado aunque lo estuviéramos usando hasta hace muy poco y de hecho todavía se pueda seguir utilizando.

(Para el que tenga interés, ya hablábamos de cosas muy parecidas hace meses en la entrada del pasado mes de Abril titulada "Repuestos")

domingo, 16 de enero de 2011

RETROACTIVIDAD


Cuando me enfrento a alguna palabra que elijo como título para las entradas de este blog, no tengo por menos que echar un vistazo al diccionario para ver su significado. A veces hay sorpresas como en este caso, pues todos sabemos lo que significa retroactivo e incluso lo hemos sufrido en propias carnes, generalmente como reclamo de un pago monetario atrasado. El diccionario me ha dejado la cara a cuadros, por si tenía alguna duda ahora me quedan más. He aquí su significado en el RAE ”Que obra o tiene fuerza sobre lo pasado”.

Antes de entrar en materia, voy a contar una pequeña historia cuyo parecido con la realidad tiene que ser tomado como una mera coincidencia. Hace años, en una empresa y en un departamento compuesto por cinco personas, algunas de ellas con más de diez años de antigüedad en esos cometidos, se produjo un relevo en el jefe. Sí, me gusta escribir jefe, aunque ahora se emplean todo tipo de palabrejas alternativas como director, coordinador, responsable u otras zarandajas por el estilo. Como decía, el jefe recién llegado procedía de otros estamentos de la empresa y no tenía ni idea de lo que se hacía y cocía en el día a día. Al principio fue patente su humildad a la hora de preguntar y tratar a sus subordinados, pero poco a poco las tornas fueron cambiando. El jefe se hizo fuerte, abandonó su humildad y se dedicó a tomar las riendas con formas y modos que no parecían de recibo. Una de las cosas que hacía, a primera hora de la mañana, era espiar lo que habían hecho los trabajadores en el día anterior, consultando informáticamente los documentos y ficheros que habían visto y/o modificado. Entraba en los directorios, ordenaba por fecha descendente, curioseaba y curioseaba y, lo que es peor, no decía nada. Si al menos se hubiera dirigido a alguien a preguntarle, de forma directa o velada, se podrían haber explicado o justificado las causas de haber realizado o consultado un fichero para realizar una tarea determinada.

Fue pasando el tiempo y en pocos años, de los cinco integrantes originales del departamento solo quedaba uno. Y con la salvedad añadida que no pedían el traslado a otros departamentos sino que pedían la baja voluntaria, se marchaban de la empresa y se iban a otras empresas a desarrollar la misma labor que hacían en esta. Todos perdían su antigüedad y la empresa perdía sus conocimientos y experiencia de tantos y tantos años. Pero eso no importaba y lo que nunca se supo es si ese vaciado departamental fue un hecho que ocurrió sin que nadie lo planificara o es que quizá el nuevo jefe, motu proprio u ordenado por la superioridad, había recibido el encargo de aportar nuevos aires y deshacerse de los viejos elefantes que bramaban mostrando su colmillo retorcido. Al cabo de unos años quedó este jefe, con nuevas incorporaciones y uno solo de sus empleados iniciales al que aburrió hasta decir basta.

El tiempo es un consejero infalible que da y quita razones y pone a las cosas y a las personas en su lugar. Es posible que pasado un tiempo, alguna de las cabezas pensantes en otros departamentos de la empresa alcanzase a darse cuenta del desaguisado producido, aunque como el trabajo y la calidad no es lo más importante hoy en día, no hay problema. Pero supongamos que a alguien le diera por analizar el asunto y llegara a descubrir que este jefe y su gestión habían sido nefastos. Y en este supuesto me hago la pregunta: ¿además de destituirle fulminantemente, alguien se hubiera puesto en contacto con esos cuatro antiguos empleados para intentar una vuelta a la situación original? Retroactividad.

Ya digo que cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia y seguro que ejemplos de estos tenemos todos los días en el mundo real. Veamos si no el titular de del periódico “20 minutos” un día de esta semana, en donde se informa que el Gobierno ha reculado en el asunto de los despidos baratos que puso en marcha hace unos meses. ¿Qué ocurre con los efectos retroactivos de esta sonora reculada?

Conozco varios casos. Uno de ellos, muy cercano, se encontró el primer día tras la vuelta de sus vacaciones del verano con el despido fulminante al haberse acogido su empresa a las nuevas normas promulgadas en aquellas fechas. La empresa marchaba de forma boyante, a tenor de los cochazos y lujos de sus directivos y este empleado llevaba más de veinte años laborando para hacer avanzar a esta empresa que de un día para otro, con alevosía y “agostía”, le daba una patada en salva sea la parte con un dinerillo que era menos de la mitad de lo que le hubiera correspondido.

Dejo la pregunta en el aire, con una mueca de sonrisa en mi cara: ¿Esta reculada gubernamental va a obligar con efectos retroactivos a los empresarios a abonar a los despedidos las cantidades no abonadas?

No me conteste, que me da la risa.

Retroactividad, mucha y bendita retroactividad.

miércoles, 12 de enero de 2011

AREAS


Tengo que reconocer que desde muy joven he tenido suerte en mi relación con el mundo de la automoción. Al mes escaso de cumplir los dieciocho años y obtener el permiso de conducir, adquirí mi primer coche, un SEAT 127, que utilicé con profusión al descubrir que viajar, y viajar en coche, tenía para mí una atracción especial. De siempre me ha gustado conducir, más si los viajes eran ciertamente largos y menos si lo que se trataba era de desplazamientos cortos, frecuentes y repetitivos.

Así, y vuelvo a dar gracias por mi buena suerte, siempre he dispuesto de coche y dinero suficiente para combustible. Si bien mi trabajo ha estado desde aquella época distante de mi casa, he procurado utilizar el transporte público y dejar el coche aparcado que es como mejor está, en mi modesta opinión, evitando el tenerlo que coger día tras día.

A principios de los ochenta del siglo pasado, inicié una serie de viajes en mi propio coche por Europa, recorriendo kilómetros y kilómetros por todo tipo de carreteras y llegando a sitios tan dispares como el norte de Noruega, el sur de Grecia, Budapest o las tierras altas de Escocia, por poner algunos ejemplos. En el de Noruega se hicieron más de catorce mil kilómetros. Cargado el coche con la tienda de campaña y todo tipo de comida que no se estropeara, era una gozada lanzarse a las carreteras y conocer sitios, paisajes y gentes diferentes. Y en aquella época no existía el euro y había que estar haciendo acopio de monedas de cada país por los que ibas pasando, toda una aventura.

Yo era, ahora ya no y luego lo explicaré, de los de arrancar el coche y no parar salvo la necesidad perentoria de echar gasolina. Craso error. Voy a referir aquí dos experiencias entresacadas para al final referirme a lo de “áreas”.

La primera, en 1990 fue el viaje a Escocia. Embarqué mi coche, un PEUGEOT 309 diesel en el ferry en Santander y tras una noche de navegación nos “descargaron” en Plymout, circulando por la izquierda, para atravesar toda Gran Bretaña hacia el norte hasta alcanzar las tierras altas de Escocia. En las autopistas había áreas de servicio, muchas o todas ellas denominadas con el español nombre de “Granada”, donde era una delicia detenerse. Daba pena pasar sin parar. Juegos para los niños, jardines, aparcamiento señalizado, baños limpios donde poder incluso ducharte o afeitarte, restaurantes económicos o más caros, en fin, una serie de servicios que invitaban a detenerse y descansar un rato y aprovechar para poner combustible, ir al baño o comer. A lo largo del viaje, de más de siete mil kilómetros, paramos muchas veces en estas áreas de servicio. A la vuelta a España, y por aquello de ir unos días a la playa en verano, nos desplazamos cuatro o cinco días a Peñíscola. En la autopista del mediterráneo, paramos en un área de servicio a cenar algo. Era de noche, el aparcamiento estaba a oscuras con unos pocos fluorescentes. Multitud de carteles anunciaban que se dejara el coche cerrado y sin cosas a la vista. Por un poco de jamón de york, agua y un yogurt nos metieron un “palo” del que todavía estoy temblando. En fin, todo eran facilidades para facilitar la parada de los conductores.

El segundo ejemplo es un viaje realizado a Munich. Mi mujer estaba embarazada y el desplazamiento en coche de más de cinco mil kilómetros se hizo con la condición impuesta por la ginecóloga de detenerse diez minutos cada dos horas y andar un poco, aunque fuera dando vueltas al coche. El primer día hicimos mil cuatrocientos kilómetros con esta cantinela de parar cada dos horas. Quizá tardásemos más pero lo cierto es que tras esa “paliza” de kilómetros llegamos descansados, con ganas de ir a dar un paseo por la ciudad. Desde entonces paro cada dos horas y noto que llego mucho más descansado al destino. Tangencialmente diré que en este viaje visitamos muchas áreas de servicio españolas, francesas, alemanas y alguna suiza y austriaca.

El domingo pasado retorné, en coche, desde Saint Lary Soulan, en el pirineo Francés hasta Madrid. Los setecientos veinte kilómetros a cubrir sugerían dos paradas intermedias. La primera la hice en el área de servicio de la autopista francesa A-64 de Hastinges. Una delicia, mesas para picnic, aparcamiento señalizado, jardines cuidados, baños limpios y hasta una exposición preciosa sobre el Camino de Santiago que pasa por allí. Por supuesto gasolinera y servicios de restauración también.

La segunda parada ya en tierras españolas en un espacio pasado Vitoria que no sé cómo denominar en la autopista, de peaje, que va a Burgos. La gasolinera con pago previo en los surtidores, la cafetería sin comentarios y el coche hubo que dejarlo “por allí”. Llevábamos bocadillos para un picnic que nos tuvimos que comer de pié al lado del maletero del coche y guardar los papeles y los restos en una bolsa en el propio coche porque las pocas papeleras que había allí estaban llenas a rebosar. Baño en la gasolinera o en la cafetería.

Al menos en este aspecto de las áreas de servicio nos falta un largo camino que recorrer, ya que muchas de ellas en nuestro país son simples negocios de gasolinera y cafetería o restaurante que mantienen estrictamente sus locales y no muy bien en la mayoría de los casos que conozco. No sé si el Ministerio de Fomento o quién debería tomar cartas en el asunto y establecer unos requisitos mínimos de tramos y condiciones para estas áreas que invitaran al viajero más a parar que a pasar de largo. Y eso que los peajes no son especialmente baratos que digamos. Como referencia, en los setecientos kilómetros, los peajes han supuesto la cantidad de cuarenta y dos euros a la ida y otros tantos a la vuelta.

miércoles, 5 de enero de 2011

RETIRARSE

“Una retirada a tiempo es una victoria” reza el dicho popular. No se trata tanto de una victoria sino de asumir cuando a uno le ha llegado la hora de dejar de hacer algo que venía haciendo. A medida que se van cumpliendo años, las disposiciones físicas y mentales de las personas van cambiando, lo cual no quiere decir empeorando, sino adaptándose a la realidad. Es evidente que las condiciones físicas evolucionan con la edad y no precisamente a mejor. Bien es verdad que la experiencia puede ayudar en algo pero es indudable que no seremos capaces de hacer las mismas “proezas” que hacíamos de jóvenes, incluso aunque nos cuidemos mucho.

Durante toda mi vida me ha gustado la práctica del deporte, incluso por encima de lo que se podía considerar una media o medida razonable. Me gusta decir que “he jugado a todo pero mal” en una clara asunción de que no he destacado en ninguno de los deportes que he practicado con una cierta intensidad y que han sido varios: ciclismo de carretera y de montaña, baloncesto, atletismo, tenis, fútbol, fútbol-sala, esquí, carrera de fondo, frontenis…

Hoy en esta entrada quiero hablar de mi retirada del esquí. Llegué tarde a él y no he llegado a alcanzar un buen nivel, pero sí el suficiente para disfrutar en esos largos y placenteros descensos por las laderas nevadas de las montañas en un claro y limpio contacto con la naturaleza. Multitud de experiencias y recuerdos se agolpan en mi mente producto de mi deambular por diferentes estaciones de esquí del pirineo español y francés y de Sierra Nevada, en Granada. El salto a los Alpes, de donde todo el mundo habla maravillas por su tamaño y su grandiosidad queda aplazado ya “sine die”. Escribo esto desde la estación de esquí de Saint Lary, en el pirineo francés, donde ha llegado el momento de mi retirada. Me vine con la ropa pero ya casi sin determinación, pues la última vez que me puse unos esquís ya dije aquello de “esto se acabó” y así ha sido. Subo todas las mañanas a las pistas acompañando a mi familia y unos amigos, para ayudarles a acarrear los múltiples archiperres que comporta la práctica del esquí: botas, esquís, palos, guantes, gorros, cascos, etc. etc en una sinfonía de nunca acabar. Hay que reconocer que cuando lo tienes todo colocado y te encuentras en lo alto de una montaña solo pensando en disfrutar del descenso se te olvidan todas las penas. Me dan muchas ganas de ponerme a ello, pero me las aguanto y me bajo al pueblo para disfrutar de la tranquilidad del apartamento, de un paseo y hacer la compra para preparar unos bocadillos y subir de nuevo a la estación a comer con ellos, tras lo cual me bajo de nuevo a esperarles en su regreso por la tarde.

Pero yo he llegado al punto en que pienso que no me compensa. No hay que ocultar que, para la gente que vivimos en el centro de la península, el esquí es un deporte caro, que prácticamente se practica, valga la redundancia, una semana al año salvo alguna escapadita de fin de semana que no se suele producir. No es una cuestión física, pues haciendo las cosas con cabeza y tranquilidad se puede practicar hasta una avanzada edad. No es infrecuente ver en las pistas personas ciertamente mayores que disfrutan de su práctica. Pero como digo, todo tiene un final y lo mejor es saber leer cuando te conviene colgar los trastos y dedicarse a otras experiencias que pueden resultar igualmente placenteras.

Estas retiradas deportivas no son nuevas para mí, ya que han tenido lugar en anteriores ocasiones y por diferentes motivos. Al ciclismo de carretera, que practiqué con intensidad entre los 24 y los 30 años, tuve que decirle adiós cuando el tráfico de vehículos aconsejaba no circular por las carreteras subido a un endeble cacharrito de dos ruedas donde el chasis eras tú. Al cabo del tiempo empezó a ponerse de moda la especialidad de montaña y me enganché a ella unos añitos, al poder dar pedales lejos de las carreteras y de los vehículos que no tenían y siguen sin tener ningún respeto por los ciclistas aunque justo es reconocer que muchos de ellos no se los merecen visto como deambulan por las carreteras. Cada vez se ven menos aunque siempre sigue habiendo accidentes, incluso mortales.

De todos los deportes, el que más me ha gustado y con el que he disfrutado ha sido el fútbol. He jugado de todo, desde portero a delantero y me mantuve en ello hasta cerca de los cuarenta, jugando todos los domingos e incluso en algún tiempo, federado. Una lesión en el menisco, producida mientras esquiaba, fue el detonante para colgar las botas y decir adiós, no sin algo de pena.

Me queda la carrera de fondo, Aunque ya se van a cumplir ocho años desde que corrí mi último maratón en Sevilla, no me resisto a dejar de practicar este deporte que por lo demás es de lo más sano: correr y/o andar. No descarto, aunque lo veo lejano, el correr de nuevo maratones pero si mantener un tono físico que me permita una carrerita de una hora que es bueno para el cuerpo y el espíritu. El problema son cuatro intervenciones de menisco, dos en cada rodilla, que de vez en cuando dicen que están ahí y que tenga cuidado. De andar no me puedo ni quiero retirar y el correr es un poco más que andar en cuanto te lo propongas. Pasito a pasito se llega a todos lados.