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domingo, 30 de marzo de 2014

NUTRICIÓN



Sería completamente incapaz de recordar la cantidad de libros e información leída a lo largo de mi vida sobre nutrición. Por razones de estructura física personal, es un tema que me ha interesado a lo largo de toda mi existencia y me sigue interesando. Cientos de teorías, decenas de regímenes o dietas han ido desfilando a lo largo de muchos años y se han convertido en un tema tabú del que parece que se conoce mucho hasta caer en la cuenta de aquel «solo sé que no sé nada». Desde muy pequeño he sido lo que se ha denominado un «gordito» aunque al haber practicado mucho deporte el tono físico general es sobrellevable. Lo que me ha quedado claro a lo largo de tantos años es que el hacer ejercicio, en mi caso, no adelgaza per se; puede ayudar, pero si no se complementa con una adecuada alimentación, los kilos siguen ahí.

Cuando recibí hace unos días propaganda del libro «Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable», de L. Jiménez pensé en un primer momento aquello de «otro más». Sin embargo, al entrar en los comentarios de los lectores disponibles en la red pensé que no estaría de más una nueva lectura sobre el asunto, al menos para refrescar conocimientos. Tengo que decir que me ha resultado curioso el enfoque por su manera de tratar el hecho de que médicos y científicos llevan años investigando y los resultados a la vista están. Una frase extraída del libro es muy significativa: «En mi opinión, si un médico prescribe a un paciente con sobrepeso comer menos y hacer más ejercicio simplemente no está ejerciendo la medicina. Para decir eso no hace falta estudiar un montón de años de fisiología y endocrinología y pasar otro largo periodo de prácticas para especializarse». Por otro lado, la industria de la alimentación sigue sus propios planteamientos, bordeando las líneas rojas y utilizando aquellos elementos que entre otras cosas reúnan dos condiciones básicas: baratos y atractivos por su palatabilidad.

El texto se inicia con una serie de conceptos que el autor nos propone desaprender por ser impresiones erróneas a la par que muy arraigadas. Cada uno de estos capítulos consta de un pequeño resumen que reproduzco a continuación.

Resumen de lo desaprendido sobre comer menos y gastar más
  • Comer menos no es una estrategia eficaz a largo plazo para perder peso.
  • Hacer más ejercicio tampoco.
  • El comer más podría ser un síntoma, no la causa del sobrepeso.
  • La causa de la obesidad y del comer más está relacionada con la “calidad nutricional” de los alimentos
Resumen de lo desaprendido sobre las grasas:
  • No son el factor clave que nos hace engordar.
  • A largo plazo, las dietas bajas en grasas no son eficaces.
  • Los estudios no confirman que las grasas sean poco saludables, excepto en el caso de grasas «trans».
  • Los alimentos light no sirven para adelgazar.
Resumen de lo desaprendido sobre los carbohidratos:
  • Sustituir las grasas por carbohidratos refinados no ayuda a perder peso a largo plazo.
  • Las dietas altas en carbohidratos refinados se relacionan con diversas enfermedades.
  • Los jarabes de maíz son especialmente poco saludables.
Resumen de lo desaprendido sobre las proteínas:
  • Las proteínas animales provenientes de aves y pescado son muy saludables.
  • La relación entre la mortalidad y la ingesta de carne roja y procesada es muy limitada, especialmente en cantidades moderadas.
  • La ingesta de las proteínas que son necesarias no causa ningún problema a la salud.
Un principio que no conocía es el llamado «Principio de Pareto» llamado así por haberlo acuñado Wilfredo Pareto y que se conoce también como la «Regla del 80-20», unas cifras estimativas y que pueden variar en cada caso concreto pero que en esencia son aplicables a muy diferentes aspectos de la vida, tales como sociológicos, económicos, empresariales, logísticos o informáticos entre otros muchos. En esencia y aplicado a la alimentación, viene a decir que el 20% de las causas es el responsable del 80% de las consecuencias, con lo cual es muy aconsejable centrarse en determinar ese 20% para concentrar nuestros esfuerzos en él.

El libro sigue avanzando sobre diversos conceptos de la nutrición que serán conocidos o novedosos según los conocimientos previos del lector, pero en mi caso algunos de ellos han resultado sorprendentes por coincidir con cuestiones que a mí me parecían obvias, por experiencia, pero que están alejadas de los conocimientos al uso en ambientes médicos o profesionales de la alimentación. Apuntaré como uno que me trae de cabeza desde hace años y que se refiere a la producción autógena de insulina como agente provocador de desarreglos y alteraciones metabólicas.

Al final, el autor plantea cinco conclusiones básicas que deberían de actuar como directrices fundamentales en nuestra alimentación y que son las siguientes:
  1. Evitar los carbohidratos refinados y los alimentos procesados.
  2. Muchas verduras, vegetales y fruta.
  3. Cantidad suficiente de proteínas.
  4. Añadir frecuentemente grasas, mejor las más saludables.
  5. La dieta no es una penitencia.
Y establece para cada una de ellas un resumen de recomendaciones:

Resumen y trucos de la regla número 1 "Evitar los carbohidratos refinados y los alimentos procesados"
  • Minimice, o mejor, elimine de su dieta, los alimentos fabricados con materias primas llenas de azúcar o carbohidratos refinados (alto IG).
  • La mayoría de los alimentos preparados o muy procesados tienen un elevado IG, una alta densidad energética y se digieren demasiado fácilmente.
  • Evite las bebidas azucaradas, los dulces, los «snacks» y los cereales de desayuno infantiles.
  • Tenga cuidado con los carbohidratos refinados «ocultos» en multitud de alimentos.
  • Si necesita comer más carbohidratos, elija legumbres o alimentos realmente integrales.
Resumen y trucos de la regla número 2 “Muchas verduras, vegetales y frutas”
  • Las hortalizas, frutas y frutos secos contienen gran cantidad de vitaminas y minerales.
  • La patata y el maíz son la excepción por su alto IG y es mejor evitarlos.
  • Coma verduras y hortalizas sin límite.
  • Incorpore a todas sus comidas al menos una ración de vegetales: Hortalizas, frutas o frutos secos.
  • Coma nueces y frutos secos con frecuencia.
Resumen y trucos de la regla número 3 “Cantidad suficiente de proteínas”
  • Coma cada día al menos entre 1 gramo de proteínas por cada kilo de peso corporal.
  • Incorpore una buena cantidad de proteínas en cada una de sus comidas.
  • Entre una cuarta y una quinta parte de la carne y el pescado son proteínas.
  • Preferiblemente elija como fuente alimentos “reales” y evite los procesados.
  • Si tiene apetito, coma más proteínas.
Resumen y trucos de la regla número 4 “Añadir frecuentemente grasas, mejor las más saludables”
  • Las carnes magras y el pescado contienen una adecuada proporción de grasas.
  • Use con frecuencia los aceites vegetales, preferiblemente el de oliva.
  • Aumente su ingesta de alimentos con ácidos grasos omega-3, especialmente pescados y nueces.
  • Incorpore una cantidad razonable de grasas a cada una de sus comidas.
  • Evite las grasas «trans» o hidrogenadas “ocultas”, sobre todo las que contienen los alimentos procesados.
  • En un gran porcentaje de personas la cantidad de colesterol que se come no influye en los niveles de LDL o colesterol total.
  • Si tiene el LDL o el colesterol total elevado, elimine todas las grasas «trans» y los alimentos procesados que contengan muchas grasas saturadas.
  • Consuma huevos como excelente fuente de todo tipo de nutrientes.
Resumen y trucos de la regla número 5 “La dieta no es una penitencia”
  • Coma hasta sentirse satisfecho.
  • Sobre todo, coma más proteínas y vegetales si lo necesita.
  • Diseñe menús abundantes y variados, disfrute comiendo.
  • Valore la posibilidad de tomarse un día libre programado de vez en cuando.
Al final de cada capítulo, el libro contiene numerosas referencias a artículos publicados en los que al autor se ha basado para transmitirnos sus impresiones y recomendaciones. Como puede verse no se trata de un libro de dietas al uso, sino que insiste en darnos referencias y conocimientos para que entendamos que «la dieta perfecta debe ser diseñada, mantenida y actualizada por uno mismo. Y en muy poco tiempo sabrá hacerlo»

Existe un blog complementario constantemente actualizado y con mucha información que puede accederse en este enlace,así como un segundo libro, ya cargado en mi lector electrónico, que amplía información y lleva por título «Lo que la ciencia dice sobre dietas, alimentación y salud». Y para acabar una última recomendación, además de la lectura del libro, que puede encontrarse al módico precio de 2,68 € en su versión electrónica o 9,39 en papel.
Tenga siempre una botella llena a mano. Beba por costumbre al levantarse y antes de acostarse. Beba uno o dos vasos cuando tenga hambre y también siempre antes de cada comida.

sábado, 22 de marzo de 2014

NOmás900




Hace ya bastantes años que los usuarios de telefonía fija en España disfrutamos de lo que se ha dado en llamar «tarifa plana» en nuestras llamadas a teléfonos fijos de todo el territorio nacional. Aunque en la conciencia de muchos se instala la palabra «gratis» relacionada con este sistema, hay que decir que no lo es, pues pagamos por ello nuestra correspondiente cuota mensual, aunque sí que es cierto que es una bendición el despreocuparse, no como antaño, del tiempo de llamada asustados ante la factura que nos podría corresponder.

Pero también desde hace varios años algún «listo» inventó los «números 900», esos números especiales que en realidad no existen pero que no son incluidos en las tarifas planas y que pueden implicar un coste para el usuario: salvo los 900 que son gratuitos, los 901, 902 y consecutivos implican unos euros en las facturas mensuales pues no están incluidos en el concepto de teléfono fijo a pesar de que realmente lo son.

No creo que haya nadie que no despotrique contra estas prácticas, abusivas a todas luces, y que han sido adoptadas principalmente por las empresas con la cancamusa de ofrecer un mejor servicio a sus clientes. Lo que no dicen es que de paso se embolsan unos euritos por las llamadas a unos servicios, algunas veces de averías, que deberían ser gratuitos completamente. Pero el tiempo pasa y no se acaba de solucionar el asunto; parece que a los mortales no nos cuestan las llamaditas a los «novecientos» y tragamos con todo lo que haya que tragar. Esto no es nuevo y ya hablaba yo de ello en este mismo blog en la entrada «900» publicada hace tres años.

Desde mucho antes, desde siempre, mantengo un particular guerra contra estas prácticas. No soy el único ya que hasta hay iniciativas en la red como la página nomasnumeros900 donde los usuarios pueden tratar de averiguar el número de teléfono fijo real que se esconde tras un 900. Insisto en que el «900» no existe y es solo un puente a efectos de tarificación. Hay mucha información de muchas empresas, pero no siempre actualizada, amén de que algunas de ellas llevan sus planteamientos hasta detectar que número has utilizado en la marcación, soltándote un mensaje de que utilices el 9xx para esa consulta porque el otro, que es el mismo, está reservado para bla, bla, bla…

En una campaña, una empresa de cierta relevancia que se preocupa y ocupa de los derechos de los consumidores, FACUA, ha lanzado su consulta para elegir a la «peor empresa del año»; las nominadas son en esta ocasión Endesa, Iberdrola, Movistar, Vodafone y Bankia, porque hay que elegir algunas entre otras muchas de parecido o peor calado moral en sus prácticas. Hay que decir que estas cinco son «repetidoras», pues ya ostentaban este dudoso honor el año anterior. En la misma campaña se elige el «peor anuncio del año» y la «peor práctica empresarial del año». En este último apartado, una de las cinco propuestas reza así: «Líneas 902 de atención al cliente. Muchas empresas y organismos públicos cuentan con estos carísimos teléfonos, que no están incluidos en los bonos y tarifas planas de las operadoras. Incluso hay empresas de telecomunicaciones que utilizan 902 para la atención de las consultas y quejas, lucrándose a costa de sus propias incidencias y averías.»

Lo de «sostenella y no enmendalla» es una constante en muchas de las actuaciones humanas, asumiendo costes morales en aras a conseguir beneficios pecuniarios. No importa lo que piense el cliente que se ve forzado a efectuar llamadas, por lo general largas por aquello de «todos nuestros operadores están ocupados, permanezca a la espera, enseguida le atenderemos». Es curioso que algunas empresas que nos quieren incluso capturar como nuevos clientes nos inciten a llamar a este tipo de números con coste a nuestro cargo. Pero cuando lo hacen será porque les funciona con lo que pienso que hay gente por la vida muy despreocupada que no se fija en las consecuencias de sus acciones y entre ellas los euros que se pueden detraer de su bolsillo. En mi caso, no entro en que sean muchos o pocos, el simple hecho de tener que abonar un céntimo por estos conceptos me pone en guardia.

Como no hay soluciones globales, parece que algunas empresas han optado por ofrecer a sus clientes la posibilidad de usar los números alternativos. En la imagen vemos algunos casos donde se ofrecen de forma conjunta las dos posibilidades de llamada, aunque en la segunda hay que encontrarlo a la derecha y no dejarnos llevar por el anuncio de la izquierda. Hay más casos, aunque no siempre tratados de forma explícita, por lo que hay que esforzarse en encontrar el número que no nos va a suponer un aumento de euros en nuestra factura. O bien no llamar si no no es estrictamente imprescindible.

domingo, 16 de marzo de 2014

PÁRRAFOS



Como devorador activo de libros no puedo evitar fijarme en ciertos aspectos estéticos que se aprecian en la maquetación, no solo en libros en papel sino también en los electrónicos. Son cosillas sin importancia pero que incitan mi curiosidad y me llevan a investigar un poco las razones por las que ocurren. No siempre se puede encontrar una explicación concluyente pero a base de hurgar un poco en la red se pueden aprender cosas interesantes.

Haciendo un poco de historia sobre estos temas, recupero la información aportada en una entrada de este blog de hace unos meses titulada «COMILLAS» en donde me hacía eco del abandono del uso de las comillas llamadas latinas o españolas ( « - » ) cuando realmente son las apropiadas según las normas de escritura existentes. Allí se llegaba a algunas conclusiones sobre la influencia de los procesadores de textos en el ordenador y una forma posible de salir del paso si realmente queremos utilizarlas.

En este orden de cuestiones que llaman mi atención, también hace unos meses me encontré en un libro de José Luis Palma Gamiz titulado «El paciente de El Pardo» con unos dibujos tipográficos que cerraban los capítulos. Era un libro en formato electrónico pero quedaba muy resultón y dediqué un tiempo a investigar el asunto. Ha pasado tiempo pero estoy a punto de empezar a utilizarlos cosa que el lector de este blog podrá apreciar como cierre final de las entradas. Para dar una indicación, he tenido que buscar juegos de caracteres de los llamados de tipo «border», seleccionar de algunos de ellos los dibujos que me gustaban y luego convertirlos en imágenes, porque no se pueden utilizar estos caracteres en cualquier parte. Otro problema es todavía la coloración del fondo, que solo consigo de forma aproximada, pero estoy en ello, es cuestión de dedicarle tiempo y hacer pruebas.

Pero a lo que me quiero referir hoy es al concepto utilizado en impresión denominado «sangría», que en su acepción quinta del diccionario de la Real Academia dice así: «empezar un renglón más adentro que los otros de la plana, como se hace con el primero de cada párrafo.». En la imagen que acompaña esta entrada se pueden apreciar reproducciones de un par de libros publicados estos últimos meses. Concretamente son «el Paciente» de Juan Gómez-Jurado y «Apaches» de Miguel Sáez Carral. Por disponer de estos libros concretos tanto en papel, cortesía de la editorial Planeta que me los ha regalado firmados por los autores, como en «ebook», que me los he comprado, puedo apreciar que la imagen es la misma en papel que en electrónico.

Tanto en el primer párrafo en los comienzos de capítulo como tras una separación ampliada de párrafos, podemos observar que no se produce la sangría. ¿Por qué? Lo que en principio he pensado como base para comenzar es que puede ser debido a algún problema o ajuste en el programa informático que utilicen en la editorial Planeta para maquetar los libros. La solución es ver cómo se resuelve esto en otro libro de otra editorial que también tengo tanto en papel, que lo ha comprado mi mujer, como en electrónico que lo he comprado yo. Aprovecharé de paso para hacer propaganda de este libro de Javier Ruescas, titulado «LIVE» y que es el tercero de la saga «PLAY» publicado esta semana por la editorial Montena. Lo que ocurre en este caso es curioso: la edición en papel está correcta porque lo que se utiliza es la llamada «letra capitular» al principio del primer párrafo de cada capítulo, esa letra a tamaño mayor que el resto para mejorar el aspecto. Esta letra capitular aparece en la edición electrónica pero se provocan dos pequeñas anomalías: no hay sangrado, lo que puede ser correcto, y además se ve afectado el espaciado entre la primera y segunda líneas siendo más amplio que el normal. Un efecto que no tiene importancia en la lectura pero que llama la atención.

Por supuesto que el procesador de textos «word» permite controlar con precisión estos temas, pero manejando otro de los programas más extendidos en la preparación de libros electrónicos, denominado «QUALITYebook» he visto que tiene parámetros de configuración recogidos en un fichero de tipo «.ini» que afectan a la forma en cómo se construyen estas letras capitulares y estas sangrías en los párrafos iniciales: son los campos de clave etiquetados como «StyleCapitular» o «SyleFirstP».

Ahora la cuestión es si este programa u otro parecido es el que manejan las editoriales pero en todo caso no me gusta que se queden las cosas así porque o bien existen modos como el comentado de manejar la apariencia o si no habrá que solicitarlos a los programadores como una mejora de los programas. Todo para que la estética quede lo mejor posible.

jueves, 13 de marzo de 2014

GRANUJAS



No es la primera vez que utilizo este blog para recoger en él escritos no propios que me parecen interesantes como una forma de archivarlos y tenerlos controlados «para siempre». No he sido capaz de encontrar en la red un enlace a este texto a pesar de haberlo buscado con ahínco: o no existe o estoy perdiendo facultades. En todo caso he recuperado mi anquilosada versión de mecanógrafo para poder incorporarlo aquí.

Se trata de un artículo del profesor de Ciencia Política de la universidad de Santiago de Compostela Antón Losada, inserto en el número 4 de una publicación más que interesante de «eldiario.es» de su serie «Cuadernos» titulada «Retrato del Poder», un monográfico íntegramente dedicado a los tejemanejes de Miguel y sus colaboradores en Cajamadrid, Bankia o como queramos llamarlo en la actualidad. El artículo, conciso y contundente, lleva por título «El capitalismo granuja» y es para mí un ejemplo claro de que «más valen quintaesencias que fárragos» que ya dijera nuestro mordaz Baltasar Gracián acerca de contar en pocas líneas muchas y muy interesantes verdades que tenemos delante de las narices y no vemos. Lo que sí he encontrado es un libro publicado el pasado año por Antón titulado «Piratas de lo público», que habrá que hacerse con él para leerlo con detenimiento así como numerosos artículos suyos en este enlace o en su blog.

Opino modestamente que estas setecientas ochenta y dos palabras deberían ser como un catecismo de obligada lectura diaria nada más levantarnos, para tenerlas bien presentes a lo largo del día en todas nuestras actuaciones. Aunque lo he revisado concienzudamente respetando el original, pido disculpas si se me ha escapado algún gazapo en la transcripción.
La economía de mercado en España siempre ha sido una ficción. Representa un teatrillo donde a ciudadanos y consumidores se nos ha engañado una y otra vez igual que se estafaba a los indios sioux vendiéndoles cuentas de colores por joyas; mosquetones inservibles por rifles; o garrafón, por agua de fuego de la buena. En general, faltan grandes empresarios y sobran buhoneros. La gran reforma pendiente en la economía española no reside en otra vuelta de tuerca al mercado laboral, sino en una reforma empresarial radical. España soporta, sin duda, la élite empresarial mejor pagada, peor preparada y más incompetente de la OCDE. Miguel Blesa, los hijos de Aznar, Alejandro Agag o Díaz Ferrán no representan una excepción, constituyen la norma general. 
Su mejor currículum es la amistad, su mayor formación la aporta el colegueo y su negocio consiste en saquearnos a todos pirateando empresas y concesiones públicas con una inagotable exhibición de mal gusto. 
Las grandes corporaciones que se pasean por el IBEX como si hubieran inventado la economía de mercado y la libre competencia son en su mayoría aquellos viejos monopolios públicos edificados durante el franquismo a base del sudor y las lágrimas de las clases media y baja, las sufragadoras del bienestar de la oligarquía del régimen. Esos monopolios fueron privatizados en procesos opacos y a comprador seleccionado por una brigadilla de burócratas y altos cargos de la Administración al servicio de la misma casta económica que los financia y apadrina primero y les recoloca después. Son piratas de lo público con licencia para abordar, como los corsarios. 

Los socialistas abrieron la puerta cegados por la brillantez del discurso que anunciaba la verdad revelada de la superioridad de lo privado sobre lo público y la urgencia de desmontar los resortes del franquismo. O no se enteraron, o no se quisieron enterar, de que en realidad estaban vendiendo a precio de saldo las grandes empresas públicas a las mismas élites franquistas que pretendían desactivar. Los gobiernos de José María Aznar completaron el asalto. Cautivo y desarmado, el Estado quedó despojado de cualquier capacidad de intervención activa en la economía. Los grandes sectores estratégicos, como la energía o las comunicaciones, quedaron en manos de las mismas castas que los depredaron como caladeros privados a través del corporativismo franquista. 

Todo el proceso se enmascaró con la mística del llamado "capitalismo popular". A través de las privatizaciones, todos íbamos a ser clientes libres para elegir en mercados competitivos que traerían mejores precios y mejores productos y servicios. Incluso cual-quiera podría acceder a la propiedad comprando acciones en la bolsa. Telefónica, Repsol o Endesa podían ser nuestras. La gran recesión y la voracidad incontrolable de nuestros piratas de lo público han revelado poco a poco la verdad, que a veces tarda, pero siempre acaba apareciendo, incluso en economía. 

No somos clientes, somos rehenes de grandes oligopolios privados que no solo burlan cualquier control, sino que someten a gobiernos y ciudadanos a su férrea ley del ordeno y mando. A los millones de ciudadanos accionistas que supuestamente trajo aquel capitalismo popular apenas se les permite actuar como un ejército de figurantes, útil para dar solemnidad y pompa a asambleas y consejos de administración donde mandan los de siempre y como lo han hecho siempre: porque esto es suyo y están en su derecho. 

España entera es su cortijo. No solo Caja Madrid. Los depredadores, piratas, pícaros y parientes tontos que suelen conformar eso que Stiglitz llama acertadamente "capitalismo granuja" han encontrado en la burbuja empresarial, producto de la gran privatización española, un hábitat perfecto para su reproducción. Lo que manda en España es el capitalismo de amiguetes. Las grandes empresas estratégicas han primado la inversión especulativa y la ganancia rápida. El único mandato sagrado reside en asegurar el reparto rápido y masivo de beneficios entre equipos directivos y consejos de administración integrados por caballeros y, sobre todo, amigos para siempre. La inversión más rentable consiste en probar fidelidad al responsable político que reparte concesiones públicas o supuestamente debiera vigilar. Los beneficios se duplican si además se devuelven los favores o se contribuye generosamente a la campaña electoral. Los negocios funcionan como tapaderas del expolio. España es el país de los mil amiguetes. Cuantos más accionistas, contribuyentes, trabajadores o clientes caigan desplumados, mejor y más grande será el botín. 

Se privatizaron antes las empresas públicas y se privatizan ahora los servicios públicos a beneficio de los amigos y porque resulta rentable para los amigos. Lo único que cuenta es ganar mucho y rápido porque mañana, cuando pasen la factura, nuestros amiguetes y piratas de lo público ya estarán cazando muy lejos. Y solo hay una manera de ganar tanto y tan rápido: arrebatárselo a los demás.
@antonlosada, Profesor de Ciencia Política, USC

lunes, 10 de marzo de 2014

AVIZOR



Realmente el título de esta entrada no hace honor al contenido de la misma, debido a una mala apreciación mía sobre su significado. He ido al diccionario y «avizor» tiene idéntico significado que «acecho» o «acechar» que es «observar, aguardar cautelosamente con algún propósito». Y lo que voy a comentar no hay que hacerlo de forma cautelosa sino bien a las claras y todos los días.

Hay varias cosas que me han revuelto las tripas de siempre. Una de ellas ha sido el asunto de las comisiones cobradas por las empresas de manejo del dinero. Cuando yo empecé a trabajar en ellas y con ellas, los clientes recibíamos una pequeña compensación como réditos por dejarles nuestro dinero, que a su vez era utilizado por ellas para prestárselo a otros a cambio de un buen interés. Digamos que negociaban con nuestro dinero, en grandes cantidades, y de los beneficios que obtenían nos daban unas pequeñas migajas. Pero al menos era algo. De ahí se pasó a no dar nada y un poco más tarde a cobrarnos … las dichosas comisiones.

El viejo truco de crear la necesidad atrayéndose al personal con señuelos y servicios gratuitos para, una vez creada la dependencia, revertir la gratuidad y cobrar por ello. Recuerdo en 1978 cuando empezaban a llegar a España los cajeros automáticos que una entidad emitió casi dos millones de tarjetas de plástico para poder operar en ellos. Esto era un beneficio para la propia empresa pues descargaría la presión sobre las oficinas pudiendo reducir el número de empleados. Aquellas eran gratuitas e incluso se daban premios aleatorios por su utilización para fomentar su uso. Con el tiempo se han convertido en imprescindibles y no cabe en la cabeza ir por la vida sin unas tarjetas que usamos a diario en restaurantes, comercios, gasolineras, cajeros automáticos y, últimamente cada vez más, en internet. Ahora que tenemos la necesidad, que nos es imprescindible su uso, toma comisión y si te atreves la devuelves para no pagarla. Algo así pasó con las cuentas que en su día eran meros depósitos de meter y sacar dinero pero ahora son casi imprescindibles para la domiciliación de recibos entre otras cosas.

Por unas cosas u otras, a lo largo de toda mi vida he eludido el pago de comisiones bancarias. Algunas veces no me ha quedado más remedio, como el tener que disponer de dinero en efectivo en cajeros automáticos en otro país. Pero solo en contadas ocasiones he asumido el tener que pagar una comisión por un servicio bancario. Bien está que no me den nada por negociar con mi dinero, sea poco o mucho, pero por lo menos que no me cobren.

Hace unos años una empresa ahora muy conocida optó por remunerar de alguna forma los depósitos de los clientes. Y utilizó la fórmula de abonar una pequeña cantidad en función de los recibos de consumo que se pagaran a través de esa cuenta: gas, luz, electricidad, agua … La jugada era clara: me atraigo la domiciliación de los recibos básicos de los clientes, que tienen que tener un saldo para su pago y me hago con clientela estable de forma mensual. En mi caso y como se puede ver el importe que me abonan al mes no llega a los tres euros, pero algo es algo.

Y aquí enlazo con lo de estar ojo avizor y vigilar los movimientos de las cuentas, cosa que hago casi a diario. En todas partes cuecen habas … y se producen fallos. Ya he tenido algún caso de movimientos duplicados que han sido arreglados tras las opotunas llamadas telefónicas pero esta vez lo que se ha producido es un abono duplicado de esa pequeña cantidad debida las domiciliaciones de recibos de consumo. En todos los meses anteriores ha existido un único movimiento de abono, lo que me hace pensar que se trata de un error, no sé si único en mi cuenta o generalizado en todas las cuentas del banco. Lo extraño es que sean importes distintos, aunque la diferencia solo sea de cinco céntimos. Los que sabemos algo de informática deducimos enseguida que se trata de un error en los procesos derivado de repetición de trabajos, duplicación de ficheros o cuestiones similares. El hecho de que los importes sean diferentes revela un segundo cálculo pues las cantidades pagadas por los recibos en el mes anterior no han variado.

Y como a mí me gusta protestar cuando las cosas van mal o en mi contra, también lo hago cuando es a mi favor. Así que hice el esfuerzo de buscar el número de teléfono equivalente al 901 de marras ---no más 902--- y llamé solicitando hablar con un operador. En este caso era operadora y por más que me esforcé en explicarle el asunto, no me hizo ni caso y hasta yo dudo que me entendiera. La explicación que me dio era que se producía un abono por cada recibo, a lo que yo contesté que sería en todo caso el primer mes en que se producía esto. Como entramos en un diálogo de besugos, opté por no complicarme la vida y dejar las cosas como estaban. Supongo que la llamada estará grabada pues todo lo graban por si acaso hay que usarlo en tu contra, nunca a tu favor. El caso es que han pasado unos días y los casi tres euros siguen en mi cuenta, con lo que me podré tomar una cerveza a la salud del banco. Estaremos atentos al mes que viene a ver que ocurre.

Así pues, atentos a todo lo que se menea y nada de confiar en cosas que como están «hechas por ordenador» suponemos que están bien. Los que manejan los ordenadores son humanos y se equivocan.

lunes, 3 de marzo de 2014

LetraPequeña

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domingo, 23 de febrero de 2014

EMBUSTES



Hace unos días leía en un periódico el siguiente texto emitido por la U.D.E.F., Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, una unidad especializada de la policía:
La policía dice que P.A.C. se benefició de los negocios entre Gürtel y el PP. La UDEF concluye que Cascos es el P.A.C. que cobró 980.000 euros de la trama Gürtel.
En esas mismas fechas se podía leer la contestación del aludido:
«No he mantenido ningún tipo de relación con el señor Correa ni con sus empresas desde el año 1.995».
La «cosa» no cuadra. Alguna de las dos partes miente, o por ser más educados si es que se puede serlo o hay que serlo, no dicen la verdad. Ya se sabe que pueden equivocarse ambos y en ese caso no sería una mentira, o sería una verdad a medias, que es mucho peor que una mentira.

Día tras día nos desayunamos con, presuntos, casos de corrupción que afectan a todo tipo de personas y entidades, en donde unos y otros se extralimitan en sus funciones y o bien ejecutan acciones o bien hacen la vista gorda teniendo como fin el llenarse los bolsillos propios o de amigos que al final se van a portar bien y nos van a hacer partícipes de esos beneficios, bien de forma directa en forma de billetes contantes y sonantes bien en «especie» con un relojito, un cochecito o un viajecito de esos que nublan los sentidos.

Y es que no hay nada como manejar el dinero ajeno. Se gasta con más alegría. Y además gastando, poniendo en circulación, es la mejor manera o la única de escapar de los posibles controles y dejar algo en la cuneta justo antes de que pase por allí alguien conocido que lo recoja.

Pero esto va de mentiras. Tras muchas trabas, desde todos los ángulos posibles e incluso inimaginables, un juez ha logrado la proeza de sentar en el banquillo a un alto personaje de nuestra vida pública para someterle a un interrogatorio sobre supuestas actividades económicas fraudulentas llevadas a cabo en los últimos años por ella y su marido, titulares al 50% de una empresa que además de llevárselo crudo ha utilizado toda clase de triquiñuelas para deducir impuestos y burlar a la Hacienda Pública, que sí somos todos, aunque unos más y otros menos. Vamos, que los ojos del fisco no se fijan igual en todos porque con algunos hace la vista gorda; ya sabemos todos que es lo que significa.

Pues bien, este alto personaje de nuestra vida pública ha respondido a más de quinientas preguntas con evasivas del tipo «no sé», «no me acuerdo», «no me consta» o similares. Y yo no me creo que al menos a cuatro o cinco, no más, de esas preguntas emitidas por el juez les fuera de aplicación una evasiva. Algo sí debería saber o recordar, aunque solo fuera de esas cuatro o cinco. Así pues, cabe la posibilidad de que en esas cuatro o cinco, repito, haya mentido. La ventaja que tiene el mentiroso es que conoce la verdad y eso le reconcomerá toda su vida.

Por poner un tercer ejemplo, el número tres de los mandamases de la Comunidad de Madrid ha sido pillado con el carrito del helado, digo con una cuenta en Suiza con una determinada cantidad de euros. Hemos oído las declaraciones de su boca diciendo primero que no tenía ninguna cuenta en ese país, luego al día siguiente que sí pero que la había cancelado hace muchos años, luego que sí pero que no y luego que no pero que sí. Al menos este ha dimitido, aunque la cosa ya escama porque tiene toda la pinta de que ha sido su propio partido político el que le ha puesto el puente de plata no vaya a ser que se complique la cosa. Ya ha habido experiencias en los últimos tiempos con otro personaje cuasi público apodado «el cabrón», actualmente entre rejas, y ya se sabe que «el gato escaldado del agua fría huye», por lo que es de suponer que los dirigentes de ese partido no quieran más problemas, que ya tienen bastantes.

La MENTIRA con mayúsculas y en negrita se ha instalado en nuestras vidas. Y por todo lo alto y sin ponerse colorados, cuanto más gorda sea, mejor, no pasa nada. ¿Es DELITO mentir? ¿Es DELITO mentir a un juez cuando se está bajo juramento? Me temo que si existe el infierno, van a tener que aprobar los diablos partidas extraordinarias de compra de energía calorífica para mantener tantas calderas en ebullición que acojan a tanta gente que anda por la vida con la mentira por bandera. Y nos decían también que era pecado, pero esto es solo punible en lo religioso, con lo que al que no sea observante de la religión eso del infierno le trae al pairo. Y además de pequeños nos conminaban a que no dijéramos mentiras, que se nos iba a caer la lengua y que tarde o temprano íbamos a ser pillados, porque «se coge antes a un mentiroso que a un cojo». Muchos no debieron ir a clase ese día, no aprendieron bien la lección o la han olvidado.

Como en otras tantas cosas, esta sociedad va de capa caída. Cuando un político jura o promete su cargo y se compromete a bla, bla, bla … seguro que la otra mano la tiene por detrás con los dedos cruzados invalidando la promesa o juramento, porque si no no hay quien lo entienda. No se puede ni se debe generalizar, pero parece que hay mucho felón suelto. Y lo malo de todo esto es que no solo estamos hablando de la cosa pública, que en la privada lo de mentir también se lleva y si no que se lo digan, por poner un ejemplo, a un juez llamado Elpidio Silva al que se le ocurrió hacer preguntas a «miguelito» y meterle en la cárcel por sus respuestas. Con el paso de los días, el «malo-más-que-malo» es el juez, ahora expedientado y perseguido con saña por sus propios colegas con el fin de echarle de la carrera judicial.

Una cosa que tengo grabada en la memoria desde muy pequeñito y que debe seguir vigente es que «la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento». Así, si alguien ha transgredido la ley, aunque no se acuerde, le debe ser aplicada con todo el rigor.

Y ya para terminar, otro refrán que lo deja todo claro, por si había dudas: «De la mentira viven muchos, de la verdad, casi ninguno». Por eso, los embusteros proliferan, principalmente para vivir muy requetebién.

sábado, 15 de febrero de 2014

DILEMA

De todos son conocidas las grandes oportunidades disponibles en la red para obtener ficheros informáticos gratuitos y legales. También se pueden obtener gratuitamente otros de forma no tan legal y buenas discursiones están en la palestra sobre el asunto tratando de poner de acuerdo aspectos que son irreconciliables y que tienen como trasfondo de todo precisamente eso, la gratuidad. Con demasida ligereza relacionamos internet y gratuidad cuando no tienen nada que ver y lo primero es solo un medio para facilitarnos la vida en la obtención de aquello que vamos buscando. Cuando digo ficheros me refiero a piezas informáticas cuyo contenido puede ser música, libros, películas o cualquier documento.

Y como se habrá deducido por la imagen, esta entrada va de libros. Y en ese sentido que hemos comentado de la gratuidad, un escritor actual de cierto renombre al que tengo por amigo no ha podido más y ha emitido un trino con el siguiente texto: «IVA de los libros al 10%? Vaya puta mierda todo. Maldito gobierno de tiranos.Que comiencen los juegos del hambre.Pero con ellos de tributos». No menciono su nombre aunque supongo que a él no le importaría, ya que todo lo que se escribe en «twitter» es público y mucho más lo que él comenta con sus cerca de diez mil seguidores.

Pero aunque no lo parezca, hay libros gratuitos en la red, y muchos, en plataformas legales como Gutenberg o la propia Amazon. Bien es verdad que también los hay ilegales pero de eso no vamos a hablar aquí y ahora. En mi caso, andaba yo buscando un libro de Jaime Balmes para un tema de mis peleas con la filosofía cuando lo encontré en Amazon de forma gratuita, aunque dividido en volúmenes. Cuando había «comprado» el primer volumen a coste cero euros, pude ver que un poco más abajo en la web de esta casa estaba disponible la versión completa de este libro, en un solo volumen, aunque con un coste de dos euros con sesenta y seis, siempre hablando de versiones electrónicas que son las que ahora manejo, habiendo huido del papel ya hace unos años.

Decidí adquirir el volumen completo abonando su correspondiente precio y me dirigí a la «nube» de Amazon a dar de baja de mi librería electrónica el volumen individual que ya no necesitaba al disponer de la obra completa. Las prisas, o vaya Vd. a saber qué, hicieron que diera de baja el correcto de mi biblioteca y dejara el parcial. Y aquí empezó mi primer dilema. No podía volver a comprarle de nuevo, pagando o sin pagar, porque la web me decía que ya lo tenía y tampoco podía disponer de él porque lo había borrado. ¿Qué hacer? Pues estaba claro, comprobar cómo funcionaban los servicios de atención al cliente de Amazon. Ya en este blog y en anteriores entradas he cantado y contado las excelencias de esta empresa que pueden ser recuperadas usando el buscador del blog. Esta es una más que añadir a ellas.

Navegando por mi espacio en la web como cliente llegué al pedido y desde allí un enlace te lleva a la zona de reclamaciones o peticiones. Tras realizar una selección inicial sobre el tipo del problema se llega a un punto en el que te brindan varias maneras de seguir adelante con la consulta: por teléfono, por chat o por correo electrónico, apareciendo como recomendada la primera de ellas. ¿Por teléfono? ¿Cómo? Picado por la curiosidad y por mi natural tendencia a meterme en los charcos introduje mi teléfono y entre las dos pestañas disponibles de «llamar ahora» o «llamar dentro de cinco minutos» elegí la de llamar ahora. ¿Qué dirían Vds. qué ocurrió? No había pasado un segundo, materialmente, desde que acababa de pulsar la pestaña cuando mi teléfono comenzó a sonar. La llamada era desde un número en Irlanda. Descolgué, una breve alocución, ya clásica, de que la conversación iba a ser grabada y allí estaba Steve, con un perfecto español, para ayudarme. Y vaya que si lo hizo, rápida y eficazmente en un par de minutos tenía el problema solucionado y el libro en mi lector esperando comenzar su lectura.

Mi lector electrónico es un «Kindle» y la mejor opción para avituallarlo es comprar su alimento en la propia Amazon donde en un segundo lo tienes disponible en el aparato, sin problemas y sin líos. También se pueden comprar en otras distribuidoras, y de hecho lo he hecho, pero es engorroso andar transformando los libros del formato «epub» al «mobi» que es el acepta mi «Kindle». Se puede hacer, de hecho se hace, pero es como digo engorroso y lioso para las personas que no anden muy duchas en el manejo informático y que además no quieran dedicar un tiempo a hacerlo. Con paciencia y ganas se aprende a todo, pero no siempre estamos dispuestos a hacerlo.

Y ahí está el gran DILEMA que me asalta en los últimos días. Amazon deja poco de los impuestos por nuestras compras en España. Al parecer, como otras muchas multinacionales, utilizan recursos legales para tener sus sedes en otros países que les resultan económicamente más rentables. Claro, estos países estarán tan contentos. Es la globalización que nos rodea y nos persigue. La disyuntiva es la misma que si elegir el comprar las cosas en el tendero de la esquina, no siempre más caras, o en el gran hipermercado. La diferencia es la comodidad. Ya hablábamos de esto con más detalle en la entrada TIENDAS y es de difícil solución.

domingo, 9 de febrero de 2014

BOLÍN


Corrían los inicios de los sesenta del siglo pasado cuando conocí por primera vez estos bolígrafos, que sin duda muchos de los ya mayores recordarán. Yo era muy pequeño y en el colegio utilizábamos lapiceros, pero ya empezábamos a hacer pinitos con los bolígrafos, que eran para todos iguales: los archiconocidos «BIC», denominados cristal, con su caperuza del color de la tinta y su tapa trasera de idéntico color que acababa generalmente mordisqueada antes de perderse. No recuerdo que hubiera otro tipo de bolígrafos en aquella época como tampoco recuerdo que llegara a ver agotado ninguno de ellos. La tinta descendía lentamente a través del canuto transparente que se observaba igualmente a través del plástico del bolígrafo y que no se gastaba nunca, por mucho que escribieras. Antes bien, el bolígrafo acababa extraviándose olvidado en cualquier parte o se rompía por ser utilizado a modo de juguete en mil y una ocurrencias que no tenían nada que ver con la escritura, como por ejemplo utilizarle de cerbatana para incordiar a los compañeros usando como proyectiles granos de arroz o bolitas de papel, pues todavía no se había inventado el papel «albal».

El bolígrafo «bolín» fue una revolución. Hogaño no reparamos en ello dada la multitud de diseños y posibilidades en el mundo de la escritura: si uno se acerca a cualquier papelería puede quedar mareado ante la profusión de modelos, formas, colores, mecanismos y posibilidades que se nos ofrecen. Pero el hecho de que el bolígrafo «Bolín» fuera retráctil suponía un paso de gigante: no habría más caperuzas independientes que perder, todo formaba un conjunto y el pulsar el mecanismo una y otra vez con nuestro dedo gordo para sacar u ocultar la punta pintante era un entretenimiento que nos embobaba. Hay que ver con qué cosas nos entreteníamos entonces.

Descubrí el bolígrafo por una casualidad que me hizo ganar a mí y a algunos de mis amigos un reconocimiento por «avanzados», pues dispusimos de un ejemplar días antes de que apareciera en los comercios como una verdadera revolución. Algunos de los colegiales que asistíamos a la misma clase en la Academia Parroquial habíamos formado una rondalla de pulso y púa, ahora se llamaría de plectro, bajo las enseñanzas de Ramón Villamayor, cajero del banco Banesto por las mañanas y aficionado a la música por las tardes. Una treintena de nosotros, algunos alumnos de la academia pero no todos, fuimos llamados una tarde a rondar a una muchacha en uno de los muchos chalets de tronío que existían en el pueblo; sigue existiendo, como puedo comprobar en mis correrías y paseos, imponente, con su nombre semiborrado en las majestuosas columnas de piedra de la entrada, «Loma-Jara». Era la fiesta de cumpleaños o de puesta en sociedad de la joven y su padre quiso amenizar la fiesta por todo lo alto que daba en su casa con unas piezas de aquellas tales como «Clavelitos», «La Aurora», «Bonitos están los campos», «Sebastopol», «El silbirito», «Cuando la tuna pasa», «Estudiantina», «El payador» y otras tantas hasta completar un repertorio que se acercaba a las sesenta piezas y que ejecutábamos todos de memoria.

Tras una primera tanda de piezas que hizo las delicias de los asistentes mayores y no tanto de los amigos de la misma o parecida edad de la homenajeada, fuimos invitados a una opípara merienda a base de refrescos y sandwiches, eso sí, en la parte de atrás de la vivienda y sin mezclarnos mucho con los invitados. Tras el refrigerio, interpretamos de nuevo un par de piezas a modo de despedida y justo antes de marcharnos llegó la gran sorpresa. La persona que nos había contratado, fabricante y dueño de los «bolín», apareció allí con unas cajas como la que puede verse en la fotografía y nos obsequió a todos y cada uno de los integrantes de la rondalla y a nuestro director con un ejemplar. La cara de sorpresa de todos fue mayúscula pues no lo conocíamos y era una primicia. Yo recuerdo que me repuse un poco y tuve el atrevimiento de dirigirme a aquel caballero y solicitarle un segundo bolígrafo para nuestro maestro en la academia, dn. Bautista.

Al día siguiente, como no podía ser de otra forma, todos los portadores de semejante novedad fuimos la atracción en la escuela, al enseñar a los otros compañeros que no eran integrantes de la rondalla nuestros flamantes bolígrafos con mecanismo retráctil: «clac-clac». Todos se peleaban por tener uno en sus manos, darle al mecanismo y escribir unas líneas en cualquier papel. Dado que yo había sido previsor y en nombre de la rondalla, hice entrega de uno al profesor que estaba tan sorprendido como todos. Aquello fue un extraordinario en la monotonía de las clases, gracias al adelanto que supuso el conocer y disponer de aquella tremenda »novedad» que en su día revolucionó el mundo de la escritura.

«En el campo, mar y playa, BOLÍN nunca falla» o «Ninguno es como BOLÍN» rezaban los muchos anuncios de la época. La fábrica era netamente española y se encontraba en Barcelona, aunque las oficinas estaban en Madrid, en la calle Vinaroz, 14. Eran otros tiempos en los que una cosa tan simple como este bolígrafo y su mecanismo retráctil eran capaces de sorprender a chicos y grandes.

domingo, 2 de febrero de 2014

TRILEROS



En lo que a mí respecta, la red social «twitter» es un punto de partida que aprecio mucho y a la que me dirijo varias veces al día como fuente de información primaria y base para otras búsquedas. Es evidente que hay que tener cuidado con lo que se lee allí, pues no está en ningún caso garantizada su veracidad, pero un adecuado filtro de las personas a las que sigues te garantiza un mínimo de coherencia en las informaciones. Ya se sabe que los «trinos» pueden tener una onda expansiva multiplicadora descomunal, con lo que en pocos segundos puedes estar al tanto de cualquier cosa que acontezca en el mundo.

Aficionado como soy a la fraseología, «twitter» es también una fuente inagotable de dichos: muchos usuarios diciendo muchas cosas arrojan una enorme cantidad de frases, comentarios o chascarrillos que son capaces de arrancarte una reflexión cuando no una sonora carcajada. Algunas de ellas las conservo porque me gusta releerlas de vez en cuando.
Durante la clase de esta semana sobre la Historia de los Derechos Humanos, me vino a la mente este «trino» que me parece magistral y que creo ya he comentado con anterioridad en el blog:
«Toda la vida mirando a nuestra espalda al sacar dinero del cajero para que no nos robasen, y resulta que había que mirar al frente».
El mensaje está emitido el 25 de marzo de 2013 por el usuario Otis B.Driftwood, @obdriftwood en su código de «twitter», que dice estar ubicado en las hermosas tierras alemanas de Bavaria y que su presentación en estos momentos reza así: «Por más que se empeñe, lo que usté llama cupcake sigue siendo una madalena», si bien este texto puede ser cambiado todas las veces que se quiera a gusto del usuario. Mi admiración a este «canario» por sus «trinos», entre los que se encuentra el seleccionado para esta entrada en el blog.

Pero yo no quiero referirme hoy a estos salteadores de traje y corbata que han resultado ser las empresas que gestionan nuestro peculio, parece que con mucho más ahínco en su beneficio que en el nuestro. Se me ocurre que la misma esencia del mensaje puede ser aplicada a nuestras instituciones públicas y quienes las dirigen, que se supone están, veinticuatro horas al día y trescientos sesenta y cinco días al año, trabajando en cuerpo y alma para velar por nuestros intereses y necesidades y tratando de hacer nuestra vida no digo fácil sino mínimamente llevadera.

Las revoluciones populares que tuvieron lugar en Inglaterra en el siglo XVII y posteriormente en Francia en el XVIII, entre otras, tuvieron como finalidad acabar con el poder absoluto de las monarquías, los reyes, y devolver la soberanía al pueblo para que este fuera capaz de tomar las riendas y dirigir sus destinos de una forma más justa y con una distribución de la riqueza consensuada y no concentrada en unas pocas personas.

Pero esto que suena muy bonito no es fácil de ser llevado a la práctica. En la antigua Grecia, cuando las ciudades eran autónomas, era posible casi escuchar a cada uno de los ciudadanos expresar sus opiniones en el ágora antes de tomar decisiones que afectaban a todos. ¿Nos imaginamos a los cerca de cincuenta millones de españoles expresando su opinión sobre algo? Me atrevo a aventurar que no existirían dos opiniones concordantes, menudos somos. Para soslayar estos inconvenientes, nos hemos dotado, vamos a suponer que hemos sido todos, de una Constitución que gobierna y ordena nuestras vidas, aunque cada vez son más las voces que están pidiendo a gritos una reforma y una adecuación a los tiempos. Ha quedado claro con el paso de los años que la «buena voluntad» de las personas es cosa del pasado y hay demasiados que se dedican a bordearla cuando no saltarsela a la torera. Y es que a esto se añade otro problema muy de españolitos: «las leyes no se cumplen», no siendo eso lo peor, sino que quienes las tienen que hacer cumplir no lo hacen, con lo cual el pasarse las normas, todas, por el arco del triunfo se ha convertido en «deporte nacional». Tras un tiempo de tiras y aflojas, se hacen nuevas leyes que tampoco se cumplen y así seguimos pasando el tiempo mientras la convivencia se deteriora y unos cuantos hacen su agosto mientras los demás asisten a todo un catálogo de desaguisados conocidos que seguramente serán solo la punta del iceberg de los que realmente existen.

El PODER tiene que estar LEGITIMADO. Lo es por TRADICIÓN familiar en el caso de las Monarquías, Por CARISMA personal en el caso de los dictadores y por CONSENTIMIENTO en el caso de los parlamentos. En este último caso, es fundamental establecer MECANISMOS DE CONTROL que garanticen «la buena marcha del negocio» e impidan el cometimiento de tropelías y actos indeseables. Hablamos de mecanismos como la DIVISIBILIDAD de funciones –legislativa, ejecutiva, judicial--, la REVOCABILIDAD de la concesión y la LIMITACIÓN que ponga toda acción bajo el control de un catálogo de DERECHOS FUNDAMENTALES de obligado cumplimiento y que en ningún caso pueden estar sujetos a discursión.

En nuestro País… ¿se dá la divisón efectiva entre las funciones ejecutiva, legislativa y judicial? Me temo que no en mi humilde opinión, o por lo menos no con toda la fineza y limpieza que debería darse: el ejecutivo legisla en el parlamento a golpe de Decreto-Ley amparado en su mayoría, ejecuta como mejor lo entiende y el legislativo calla y otorga. ¿Es posible revocar el consentimiento? Teóricamente sí, cada cuatro años y sujetos a unas leyes de control de los plebiscitos que son de aquella manera y que empiezan por que los votos de los ciudadanos tengan valor diferente según la circunscripción. Y, para finalizar, ¿tenemos un catálogo de Derechos Fundamentales? Bueno, algunos tenemos RECONOCIDOS, lo que no tiene nada que ver con tenerlos GARANTIZADOS. Y los reconocidos son conocidos o desconocidos, ignorados, según llueva o haga sol, o según el humor del político o del juez de turno y especialmente dependiendo de quién sea el sujeto: aquello de que todos somos iguales ante la ley no se lo cree ni el propio Juan Carlos aunque lo dijo en algun discurso. Y de ahí para abajo, no nos lo creemos nadie. Y si no que se lo digan, por hablar de uno de actualidad, al propio Elpidio José en sus escarceos con Miguelito que a buen seguro le apartarán no tardando mucho de su puesto de trabajo si el cielo no lo remedia con un milagro, que tendrá que ser muy gordo.

Nos quieren hacer creer que vivimos en un «Estado Constitucional» pero por el momento estamos lejos de ello. Como mucho estaríamos en un «Estado Legislativo de Derecho», pues nuestro Parlamento no tiene limitaciones, especialmente en su vertiente legislativa en la que a golpe de rodillo nos puede hacer tragar con ruedas de molino sin que podamos decir ni pío. Lo único que podemos hacer es pensarlo e ir a la farmacia a comprar vaselina para que duela menos. Como se decía en el «trino» con el que hemos comenzado esta entrada en el blog, nos tendríamos que aplicar la frase aquella que decía que «de mis amigos líbreme Dios que de mis enemigos ya me ocupo yo». Y nuestros amigos, me permito generalizar, no son los diputados que están sentados, cuando van, en los escaños del Parlamento. No digo con esto que sean enemigos pero más vale percibirlos como tales la mayoría de las veces a tenor de lo que estamos viendo y sufriendo en nuestras carnes y bolsillos.

De los trileros se ocupa la Guardia Civil. Pero, de los diputados, adláteres y similares… ¿quién se ocupa?

domingo, 26 de enero de 2014

IBERLIBRO



Hace ya varios años que mis compras de libros físicos han quedando bastante reducidas. Es curioso que en la actualidad hablemos de libros físicos, en papel, cuando hace unos años esto hubiera sonado extraño, ya que no había libros que no fueran eso, físicos. Pero desde que hace unos años la informática y los ordenadores hicieran posible la distinción entre el «continente» y «contenido», tenemos la posibilidad de disponer del contenido sin tener que almacenar en nuestra estanterías una enormidad de continentes que muy probablemente hayamos leíido una vez, o ninguna, y que no vayamos a leer en el futuro. Sobre este asunto del continente y el contenido recuerdo el libro donde lo leí de forma estructurada por primera vez: «Todo va a cambiar» de Enrique Dans, un consultor tecnológico que nos sigue proporcionando a diario sus más que interesantes informaciones en su blog.

Como digo, mis compras en materia de libros en papel, por imposibilidad física de su almacenaje, están restringidas al máximo, enfocando mis preferencias a versiones digitales que ocupan mucho menos sitio en el disco duro del ordenador y que son más baratas. En todo caso, la disponibilidad de versiones digitales no alcanza a muchos de los libros publicados a lo largo de la historia, por lo que cuando quiero o necesito leer, quiero o necesito solo el contenido de, un libro no disponible electrónicamente, mi primera elección es tratar de encontrarlo en alguna de las bibliotecas públicas o universitarias a las que tengo acceso. Si esto no es posible, el siguiente paso es entrar en el mundo mágico y maravilloso de IBERLIBRO y consignar los datos de autor y título en su eficiente buscador. En raras ocasiones no he encontrado lo que buscaba aunque por otro lado es probable que no busque ejemplares demasiado extraños.

Iberlibro está enfocado al llamado libro antiguo y de ocasión, ese que buscábamos hace unos años, aunque ahora también es posible, en las ferias del libro que se celebran en muchas ciudades de la geografía española, donde «libreros de viejo» exponen sus fondos a precios más que asequibles al tiempo que nos asesoran con su sabiduría cuando vamos buscando algo concreto que por lo general es imposible localizar en el maremágnum del expositor. Pero Iberlibro es también una buena opción para libros nuevos, aunque en este caso el precio suele ser el mismo que en cualquier librería y probablemente habrá que añadir los gastos de envío. Hay que decir que detrás de Ibelibro están un tropel de librerías de todo tipo y de varios países, que ofertan sus fondos con un pequeño comentario de sus características, tales como cubiertas, editorial, fecha de edición y demás, con el aditamento acerca de su estado de conservación y de posibles marcas realizadas en sus páginas por el propietario o propietarios anteriores. Un ejemplo redondea este tema. Buscaba hace tiempo, sin mucho éxito, una joya de libro titulado «No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre la Historia de España» de la reputada catedrática Carmen Iglesias, libro editado en 2008 o 2009 y que puede encontrarse en librerías generalistas a un precio que ronda lo 30 euros. La copia de la que dispongo fue hallada en Iberlibro a un precio de 10 euros con los gastos de envío gratis. Queda solo por hablar del «estado» del libro, del que diré que es … nuevo, absolutamente nuevo si salvamos el nombre del anterior propietario escrito en la página nicial y una breve anotación manuscrita en la página 26. De ahí para adelante… virgen. No solo lo recibí cómodamente en mi docimilio sino que el continente y el contenido me costaron un tercio de su valor real. Hubiera preferido disponer de él en versión electrónica pero no estaba disponible o yo no supe encontrarlo.

Pero en todas partes cuecen habas y hay que ir aprendiendo. Cuanto más se utiliza algo más se aprende sobre ello y más «cosas» se descubren, algunas de las cuales voy a referir aquí para que sirvan de experiencia a futuros utilizadores de este sistema de compras.

Cuando obtenemos información de lo que vamos buscando, esta información se nos presenta en orden de precio de menor a mayor. Así, el primer ejemplar que vemos es el más barato hallado en Iberlibro, teniendo en cuenta la suma del importe del libro más los gastos de envío, que en algunos casos son gratuitos. Esto permite jugar a las librerías en su posicionamiento en el ranking para atraer la selección de los potenciales compradores, que al final lo que miran es el precio total. Ante precios muy similares, que pueden variar entre 10 o 20 céntimos de euro, es conveniente echar un ojo a la librería, su ubicación física y sus comentarios sobre el estado. Con el tiempo la experiencia nos irá haciéndonos decantar por unas u otras en función de sus servicios anteriores si estamos dispuestos a no entrar en valorar esas pequeñas diferencias en el precio. Pero, ojo, que hay truco. Supongamos que solicitamos un libro por su importe total en el que los gastos de envío son gratuitos. Cuando hemos hecho la compra y estamos a la espera de recibir el ejemplar, lo que podemos es recibir un correo electrónico en el que la librería nos solicita autorización para incrementar al precio los gastos de envío. ¿No era gratis? Suele ser un importe pequeño, entre 1 y 2 euros, que nos lleva a aceptarlo para recibir el libro cuanto antes. En mi caso, y como soy un espécimen raro, rechazo sistemáticamente esta práctica, pongo una cruz virtual a la librería y lo solicito en otra aunque me cueste un poco más.

Otro asunto son los plazos de entrega. Por lo general, a los que se comprometen las librerías son amplios, para cubrirse en salud con los servicios de Correos que son los generalmente más utilizados. Los libros suelen llegar en tres o cuatro días: el día que se hace el pedido, otro que la tienda usa para empaquetado y envío y uno o dos en llegar a destino. Esto en condiciones normales, que suele ser lo usual. Hay alguno que se me ha retrasado, pero no más allá de dos o tres días más, siempre eso sí, que las librerías sean nacionales. Hay que tener cuidado con esto, ya que el sistema encuadra librerías de varios paises, en cuyo caso los gastos de envío serán superiores y tardarán más tiempo en llegar a nuestros manos, si llegan, porque un libro que solicité en una librería italiana, de Milán, todavía debe estar vagando por el espacio postal sin encontrar su destino, aunque tengo que decir en honor y defensa del sistema que el importe me fue devuelto sin ningún problema.

No tengo la estadística pero cerca de un centenar de libros habré adquirido por este sistema en los últimos años. A unos precios irrisorios y por lo general con entera satisfacción. Una página web muy cuidada, un buscador excelente, y unos servicios de atención que han funcionado a la perfección cuando los he solicitado hacen de este sistema de compra de libros una opción más que recomendable.

sábado, 18 de enero de 2014

TRIQUIÑUELAS



El mundo de las compras ha sufrido un cambio radical en los últimos tiempos. Y como ocurre con facilidad, casi no hemos podido apreciar como vamos alterando nuestras costumbres en este sentido. Si volvemos unos años la vista atrás, la mayoría de nuestras adquisiciones eran presenciales, yendo a un comercio más o menos grande, interaccionando con el vendedor y llevándonos en nuestras manos el producto de la compra previo pago de su importe. En el caso de que no dispusieran de lo que buscábamos, la cuestión era reservarlo para que nos lo pidieran y en algunos casos, dependiendo del comercio y el comerciante, dejar una señal para demostrar que estamos de verdad interesados en hacernos con ese producto en esa tienda.

Hogaño, aunque vayamos a una tienda, ciertos productos no siguen el protocolo. Hace no mucho adquirí una cámara de fotos de un cierto precio en una tienda convencional, en la que no disponían de ella, y me exigieron como condición el pagarla de forma completa para iniciar su pedido. Justo es mencionar que continué con el proceso porque el precio que me ofrecían era muy competitivo y me interesaba. Pero además, no tuve que volver a la tienda a recogerla pues la compra culminaba con el envío de la misma directamente a mi domicilio. ¿Para qué la fábrica o la empresa distribuidora va a tener que enviarla a la tienda si la puede enviar directamente al domicilio final y ahorrar gastos? Ya me dirán Vds. si esto no es un cambio sustancial en las formas de comercio, incluso cuando estamos hablando de una tienda física de las de toda la vida.

La venta por correo siempre ha tenido mala prensa en España. Recuerdo aquellos catálogos que recibíamos en nuestros domicilios, generalmente de ropa o cosas para el hogar y a los que no hacíamos mucho caso, porque era un problema el envío, el pago o las devoluciones. En otros países, como por ejemplo Inglaterra, la venta por correo estaba muy asentada y yo recuerdo al principio de los años 80 haber comprado cosas por este sistema en empresas de ese país, MOTHERCARE era una de ellas, sin ninguna pega. Y de esto podemos deducir que el sistema no es el problema, sino como se implementen los diferentes pasos que intervienen en el proceso, como se vigilen y como se responda de ellos ante el cliente.

Internet ha aportado mucho a esto y las compras por este medio se van incrementando día tras día. Hay procedimientos muy contrastados para implementar los pasos que intervienen en una compra por internet pero justo es decir que no todas las empresas los vigilan y los miman para que el cliente se sienta satisfecho, repita y, muy importante, hable bien del asunto no solo a sus amigos y conocidos sino en la propia red, donde los foros y comentarios pueden adquirir una expansión notable.

Kindle, mi lector eléctrónico de libros fue adquirido hace años en Estados Unidos, concretamente a Amazon, antes de que se hubiera instalado en España. Las empresas demuestran su compromiso y efectividad especialmente cuando hay problemas: en aquella ocasión los hubo y la respuesta no pudo ser más satisfactoria, incluso por encima de lo aceptable, pues me cambiaron el aparato aún cuando se había roto por una negligencia mía en ningún caso imputable a ellos. Si se tiene ganas de profundizar un poco en esto, se puede comparar la descripción de aquello en la entrada EFI...QUÉ? AMAZON con esta otra, BUSCÁNDOSELAVIDA [SAT]. publicada hace unos días.

Por ello, insisto, lo fundamental es ver como se comportan las empresas y los vendedores. Yo compro por internet con asiduidad, porque me resulta cómodo, práctico, efectivo y los resultados que espero y que me ofrecen me satisfacen. Pero eso sí, tengo buen cuidado en algunos aspectos. No me fío en un primer momento de todas las empresas, especialmente según el importe de la compra. Algunas ya son contrastadas para mí, como por ejemplo PCCOMPONENTES, AMAZON, IBERLIBRO o APPINFORMATICA donde compro con toda tranquilidad y donde cuando he tenido problemas me los han resuelto a entera satisfacción, cosa que no ha ocurrido con otras muy notables, como por ejemplo PIXMANÍA, a la que he puesto la cruz por no resolver de forma satisfactoria un problema que me surgió con un aparato que rondaba los 200 euros y que tras dos envíos a mi costa a su servicio técnico tengo roto en un cajón por no tirarle. En otros casos y especialmente cuando la cuantía no es muy elevada, opciones como el entramado de eBAY o DealXtreme son muy buenas pero asumiendo los posibles problemas que se pueden producir en el envío.

En todo caso, hay que extremar el cuidado en el pago, utilizando métodos como PayPal, WIZZO o tarjetas VISA virtuales recargables en el momento. Y además y muy importante, leer la letra pequeña, toda la letra pequeña, en relación a la DISPONIBILIDAD del producto y los costes, formas y plazos de ENVÍO. Con la disponibilidad se emplean triquiñuelas tales como ocultar si efectivamente disponen del producto para su envío inmediato o hay demoras por tener que hacerse el vendedor con un producto que en realidad ofrece pero no tiene en su poder y que normalmente consigue en fábrica, pero no siempre los plazos son correctos. En cuanto al envío es muy conveniente pagar un poco más y optar por envíos que sean rastreables con su correspondiente código, de forma que podamos seguir el paquete en sus diferentes fases y que quede constancia efectiva de si lo hemos recibido o no, como justificación a la hora de elevar una reclamación.

Comprar por correspondencia a través de internet puede ser una delicia pero también un dechado de problemas si no tenemos un cuidado exquisito con las empresas con las que interaccionamos y con los pasos que seguimos.


domingo, 12 de enero de 2014

SUBIDAS



Estamos en los primeros días del año y por tanto disfrutando de lo que de siempre se ha dado en llamar la «cuesta de enero» aunque es un término que cada vez se oye menos, porque cuesta tenemos todo el año e incluso me atrevería a aseverar que la «cuesta de septiembre» es mucho más dura sobre todo para las familias que tienen hijos en edad escolar. Por otro lado, los incrementos o subidas de precios y tarifas solían antaño producirse en estas fechas, cuando se trataba de porcentajes ligados a los incrementos en el IPC. Ahora ya se producen subidas en cualquier fecha del año, varias veces al año tanto por parte del sector privado como el público, ya que nuestros dirigentes no tienen ningún rubor en aplicar incrementos en todo lo que se les ocurre y más en cualquier día del año. Parece como que toda su capacidad de gestión haya quedado reducida a incrementar e incrementar sin tope cualquier impuesto de los ya existentes, eso cuando no inventan alguno nuevo y encima cometen la torpeza, ya comentada en la entrada «RENTA», de ligarlo a los niveles de idem.

Una de las ventajas, a veces inconveniente, que tenemos en la actualidad es la de disponer de potentes ordenadores en nuestras casas con gran capacidad de almacenamiento, que nos permite si queremos y somos cuidadosos y metódicos, guardar en nuestros discos duros multitud de información. En mi caso y para lo que nos ocupa, almaceno ya desde hace más de una decena de años todos los recibos y facturas que pago al año, en especial aquellos periódicos que mes a mes arriban a mi cuenta corriente para descargarla un poco.

En estos primeros días del año hemos empezado a notar las subidas en los recibos de primero de mes, pero estamos esperando con temor, por las noticias escuchadas, los de fin de mes, como por ejemplo la famosa «luz». Al final de la entrada de este blog publicada en septiembre de 2010 y titulada «INDIVIDUALISMOS» me hacía eco y reproducía las 10 estrategias de manipulación mediática que según el reputado Noam Chomsky utilizan los medios de comunicación y quienes los dirigen en la sombra para convencernos con suma facilidad de que no hay otro remedio y que debemos aceptar las agresiones que nos infringen «por nuestro bien».

Parece que al final de todo el revuelo de las eléctricas, lo que ha quedado y no de forma muy clara es que nos preparemos para una subida de alrededor de un 11%. Como ya nos habían amenazado con un 26%, resulta que estamos sumamente agradecidos de que «solo» nos suban ese 11%. Manipulados de forma consentida. Deberíamos imprimirnos en una chuleta de aquellas que hacíamos en nuestra época de estudiantes los consejos de Noam y leerlos una vez al día, por la mañana, nada más levantarnos, para que, ya que nos toman por tontos, al menos tener la conciencia nosotros mismos de que no lo somos y no nos engañan.

Me ha dado por tirar un poco de datos de los recibos pagados por el concepto de consumo de gasoil en la calefacción de mi casa. No coinciden exactamente las fechas con el año natural, pues la liquidación anual en mi caso se produce en septiembre, pero para el caso que nos ocupa da lo mismo. Los datos son referidos a años atrás, concretamente 2010 y 2011 donde ya estábamos en crisis pero según nuestros gobernantes de aquella época…«no tanto». Echando cuentas frías y asépticas, ayudado por ese programa maravilloso llamado «excel» que bien conocido y utilizado sirve lo mismo para un roto que para un descosido, el incremento real en el precio del gasoil en aquel año fue del 24,47%. «Toma castaña». Y este es un dato frío, real, que no admite discusión porque se ha calculado a toro pasado con datos reales y efectivos. No he querido poner otros cálculos más recientes o de otros conceptos porque con un ejemplo es suficiente. Parecía que se nos había ido la mano en darle al botón de la calefacción pero resulta que no, que habíamos consumido de forma similar, casi cien litros menos, pero el coste en euros se había disparado. No me extraña, un 24,47% es un 24,47%.

Otro día, cuando pase el tiempo, haré un recorrido y pensamiento similar con el IBI., ese impuesto sobre las propiedades que manejan, manipulan para ser más exactos, entre la administración central con los valores catastrales y la administración local con los porcentajes fijados y que no es que suba de forma pausada, es que lo ha hecho, por lo menos en mi caso, de forma estratosférica.

Pero en estos asuntos y como me dicen algunos, es mejor aplicarse el refrán popular: «ojos que no ven, corazón que no siente». ¿Quién me manda a mí saber estas cosas? Es mejor ignorarlas y seguir viviendo feliz y contento. El Chomsky este es un «cantamañanas», mira que darnos pautas para que sepamos más. ¿A quién le importa?


sábado, 4 de enero de 2014

BUSCÁNDOSELAVIDA [SAT]



Cuando uno se ve en la necesidad de acudir a un S.A.T. es casi sintomático que se le empiecen a subir los colores y la bilirrubina y entren los siete males. En principio suele ocurrir que en la mayoría de los casos se trata de la avería de uno de los muchos miles de trastos y archiperres que pululan a nuestro alrededor y eso supone unos gastos y una dedicación en tiempo y recursos que suele ser por lo general frustrante y costosa. Intrínsecamente, los Servicios de Asistencia Técnica de las empresas suelen tener una mala prensa, aunque justo es reconocer que se deja mucha mayor constancia de las protestas por mala atención que de los arreglos satisfactorios, que por lo general se consideran como «lo normal».

Como sabrán los que sigan este blog de forma regular, una de mis aficiones desde hace casi cuarenta años es la fotografía. Desque que allá por 1974 o 1975 adquirí mi primera réflex, he trasteado de forma frecuente con cámaras, objetivos, filtros, flashes y demás parafernalia en los más variados sitios y lugares. Por suerte, supongo, nunca he tenido ninguna avería ni percance en mis equipos y con ello no me he visto obligado a acudir a un SAT de este gremio. Bueno, miento, porque sí que he acudido en algunas ocasiones para llevar equipos de amigos o conocidos y ocuparme de vigilar la reparación. Y en este sentido quiero recordar aquí con cariño y con satisfación el entrañable FOKUS, en el pasadizo de la calle Carretas de Madrid, que sigue funcionando después de muchos años y por lo que parece muy bien, haciendo arreglos de toda clase y condición de todo lo que se le lleve. Un amigo me comenta que hace poco llevó un objetivo que le viñeteaba en los bordes y se lo arreglaron perfectamente, en tiempo y a un coste justo.

Pero la suerte no podía durar tantos años. Hace unos días, mi flamante casi nuevo objetivo zoom 24-105 se me fue al suelo por el imperdonable descuido de dejar abierta la bolsa fotográfica donde estaba. Aunque en un acto reflejo puse el pie y amortigüé el golpe, el trastazo se produjo y el objetivo acabó dañado, aparentemente en una avería pequeña que afecta al recorrido del zoom en uno de sus extremos; el resto funciona correcta y adecuadamente.

Con todo ello me ha llegado el momento de dirigirme al SAT oficial de la marca del objetivo y en esta ocasión por interés propio y personal. Por haber sido comprado hace un mes, el objetivo estaba en garantía pero en ningún momento se me pasó por la cabeza «engañar» pues al abrirlo quedaría claro que la avería había sido consecuencia de un golpe y no de un mal funcionamiento o defecto de fabricación; para defender algo hay que estar firmemente convencido de ello. El mundo de internet permite conjeturar por adelantado como nos va a ir la cosa si sabemos buscar y valorar las opiniones de los usuarios a través de los blogs. En este caso particular se me puso la cara del revés porque no conseguí encontrar ninguna buena opinión y por el contrario hallé muchas malas y muy malas, apuntando a un servicio caro o muy caro, bueno, extremadamente caro.

Tocaba pues buscarse la vida con opciones alternativas, que aparecen claramente reflejadas. Complementariamente a las quejas, los usuarios dejan constancia de donde encontraron satisfacción, lo que me permitió disponer de un elenco de cinco o seis servicios técnicos generalistas, multimarca se dice ahora, que ofrecían garantías de servicio y funcionamiento a unos precios ajustados. Porque luego está todo aquello de los envíos por mensajería, los presupuestos de reparación, los plazos y toda la parafernalia que rodea a un evento de estos.

La reflexión aquí, que es aplicable a todos los ámbitos de la existencia, es que cuando la gente tiene la necesidad de buscarse la vida es porque no encuentra satisfacción adecuada en los cauces normalizados. ¿Porqué voy a un desguace de coches a ver si encuentro la manilla de apertura del portón trasero de mi coche? Pues la respuesta es sencilla, porque en el taller de la marca me cobran un pastón por la original y además pretenden cambiarme el portón entero y si me apuras el marco, porque…«la pieza no se vende suelta».

La imagen de los SAT's está de capa caída, pero parece que les da igual. No digamos ya los que funcionan vía telefónica sino incluso los presenciales. Hace unos días se me estropeó la cerradura de la puerta de entrada a mi casa, una especial, con lo que tuvo que venir el servicio técnico de esa compañía. Sin entrar en detalles de horas de trabajo y piezas, el coste del desplazamiento, solo por ese concepto, fue de 110 euros más IVA, es decir, alrededor de 130 euros. Cuando uno piensa en una marca, antes de tomar una decisión, convendría echar un vistazo a lo que hay por ahí; por ello, si alguien decide poner una cerradura FICHET en su puerta, que sepa que si se le avería la factura de reparación empieza costando 133,10 euros antes de que te den los buenos días, si es que te los dan. Y por añadir información, si queremos una copia de la llave, «que las hacen en Francia», son 72 euros cada ejemplar. Como para perder una llave y plantearse el tener que cambiar la cerradura. Lamentable.

Pero volviendo a la fotografía y el objetivo, el servicio técnico oficial de la casa CANON funciona de aquella manera: mediante tarifa plana por niveles. No importa lo que se haya roto o dañado, ese objetivo tiene una tarifa fija de arreglo de 433 euros. Diré que de nuevo me ha costado 600 euros para que cada cual saque sus conclusiones. Yo las había sacado por la lectura de los comentarios en los foros pero aún así pasé personalmente por el servicio técnico donde corroboré todo lo que sabía de antemano. Con ello y por la ventaja de estar en Madrid, me llevé el objetivo a otro taller, de los que llevan toda la vida, donde me atendieron más que correctamente, me dieron garantías, resolvieron mis dudas y se opfrecieron a, en un plazo de siete días, darme un presupuesto GRATUITO y SIN COMPROMISO del coste de la reparación que caso de llevarse a cabo harían en cuatro días y con una garantía de seis meses.

Así que repito lo dicho con FICHET. Llevo cuarenta años, salvo un pequeño parentésis de cuasi inactividad, utilizando equipos CANON pero he tardado esos mismos años en darme cuenta de que el SAT oficial de esa marca impele y fuerza a sus posibles clientes a «buscarse la vida» en caso de avería. Allá ellos.