Buscar este blog

lunes, 11 de agosto de 2008

HDR


Vivimos en el mundo de las siglas. Nos asaltan por todos lados. Hay tantas que ya no sabemos si corresponden al nombre de una empresa, un modelo de coche o un programa de educación. Así sin más, HDR podría significar “Huesca de Romería” si hablásemos de una fiesta popular o “High Diesel Range” si se trata de un modelo de vehículo. Por ello, necesitamos conocer el contexto en el que no estamos moviendo para atisbar un poco por donde pueden ir los tiros.
.
En este caso me vamos a referir al mundo de la fotografía, y más concretamente de la fotografía digital. Cuando parece que está todo inventado, surgen nuevas formas y procedimientos de hacer las cosas que arrojan unos resultados inesperados e inexplorados. HDR significa, en sus siglas inglesas “High Dynamic Range” lo que traducido al castellano queda en algo así como “Rango dinámico alto”. Las posibilidades de la fotografía digital son enormes, no solo por el hecho en sí sino por poder utilizar cada vez más potentes programas de ordenador en el proceso de las imágenes. Esto unido al coste prácticamente cero de tomar decenas o cientos de fotografías con nuestra cámara, nos dotan de unas posibilidades ilimitadas de creación y manipulación con lo que el resultado final depende de nuestra capacidad de imaginar y llevarlo a la práctica.
.
El concepto HDR consiste en tomar varias fotografías idénticas variando las condiciones de luz, un escalado de diafragma, de forma que podamos combinarlas posteriormente en el ordenador y sacar partido a todas las luces posibles contenidas en la escena. Como ya es fácil suponer, deberemos utilizar un trípode y con cuidado para que todas las imágenes obtenidas sean exactamente idénticas. Eso nos lleva al mundo estático de la fotografía, esto es, de edificios o naturaleza, no siendo apropiado en entornos donde hay movimiento como por ejemplo personas andando o coches, aunque los efectos que se consiguen tampoco son desdeñables. Nadie nos impide, sin embargo, mover ligeramente la cámara entre toma y toma, con lo que se consigue un efecto de desenfoque que puede resultar agradable, como en la fotografía que acompaña a este texto. Las posibilidades son enormes y solo se trata de manejarlas.
.
Algunas de las cámaras digitales de última generación contemplan el proceso de obtención de una serie de imágenes de forma automática. Se conoce con el nombre de “horquillado” en castellano o “bracket” en inglés, lo que nos da idea de que los programas de control que se incorporan a las cámaras fotográficas se hacen eco de las tendencias en este fascinante mundo digital. No cabe duda de que esto se podía hacer antiguamente en el laboratorio fotográfico, de forma manual, pero con grandes dificultades y no con la exactitud, limpieza y rapidez con que se hace en un ordenador. Una vez obtenida la serie de fotografías, tres o cinco son suficientes, las procesaremos con alguno de los programas existentes. Yo utilizo Photomatix pero hay varios más cada uno con sus ventajas e inconvenientes.
.
Las fotografías obtenidas con este método resultan espectaculares. En la web hay miles de ellas que son un regalo para la vista, especialmente cuando empezamos a aventurarnos en un mundo nuevo. A la larga, todo llega a cansar, pero ese es el punto de partida para explorar nuevos caminos y abrir nuevos horizontes.

miércoles, 30 de julio de 2008

PERDURABLE


Los continuos cambios y la velocidad con que se suceden es una característica acusada de la vida moderna. Las cosas cambian de un día para otro, sin que casi lo apreciemos, y con el paso de los años van desapareciendo y cayendo en el olvido.
Corría el año 1985 cuando trabajaba yo en el departamento de sistemas informáticos de una Caja de Ahorros, siendo uno de mis cometidos el manejo y control de las impresoras centrales de gran volumen. Desde finales de los setenta disponíamos de una impresora IBM 3800 con grandes capacidades, entre las que se encontraba la posibilidad de diseñar los juegos de caracteres a gusto del usuario. Hoy día esto suena a risa, pero en aquella época supuso un gran avance y la posibilidad de incorporar firmas y caracteres especiales, como por ejemplo cuadros y figuras, en sustitución de las interminables líneas de “puntos despeinados”, vulgo asteriscos, que llenaban por doquier cualquier documento impreso informático.
Las cosas en las empresas grandes suelen ser lentas. Los cambios también. Por aquellas fechas accedió al departamento de correspondencia un buen amigo, José Manuel B.L., al que luego, con el paso de los años, perdí la pista. El número de cartas que se remitían a los clientes era enorme y el proceso desde el papel pijama que vomitaba la impresora hasta su ensobrado era complejo y costoso. José Manuel inició, condujo y lideró un proyecto para cambiar totalmente el formato de la correspondencia de comunicación de movimientos de cuentas, en el que se contemplara todo el proceso, desde su diseño, impresión, corte, acabado y ensobrado. Me incorporé a aquel proyecto para el que ambos tuvimos gran dedicación personal y profesional. Recuerdo abrirnos cuentas en otros Bancos y Cajas, para mandarnos transferencias y generar apuntes con tal de recibir la correspondencia y estudiar cómo estaba el patio en el sector. Llegamos a viajar a Barcelona a visitar otro centro de cálculo por este motivo. Se estudiaron nuevas máquinas para realizar el ensobrado automático, más veloces y con capacidades especiales tal y como añadir propaganda de forma controlada o incluir hasta nueve cartas del mismo cliente en un único sobre. Hoy esto es normal pero en aquella época se ponía una carta en cada sobre ¿lo hemos olvidado? Se diseñaron nuevos sobres, nuevo papel y ….”nuevo formato” para las comunicaciones.
Perdurable es algo que se mantiene en el tiempo. A fecha de hoy, año 2008, la comunicación básica que recibo como cliente de esa Caja de Ahorros es la misma. Alguna incorporación gráfica de propaganda en la primera carta del sobre, pero, en general, la comunicación en la que se informa de los movimientos de mi cuenta es básicamente igual. Diríamos que perdura el diseño que se realizó entonces.
Han pasado más de veinte años. La informática ha avanzado bastante. Hay otras formas de correspondencia más electrónicas, más modernas, más integradas y con más …. colores. Pero la forma básica de aquella época sigue siendo utilizada.

lunes, 21 de julio de 2008

LAS TROPAS DE NAPOLEON


Ayer domingo falleció Luis, mi suegro. Excelente persona, adelantado a su tiempo, padre de diez hijos, junto con Carmen formó una familia ejemplar que cuando se reunía al completo pasaba de la treintena, aunando hijos políticos y nietos. Sin dar un ruido, suavemente, de forma callada, como una continuación de su personalidad, nos dejó a primera hora de la mañana, tras sentirse indispuesto cuando había pedido desayunar. Había pasado un par de baches en los últimos meses pero se había repuesto con determinación y ganas de vivir. Esta vez ya no ha podido ser.

Hoy por la mañana hacía un día precioso en un pequeño valle también precioso de los muchos perdidos que hay por Cantabria. Como siempre fue su deseo, en la vieja iglesia que tanto frecuentó, ha recibido una despedida emotiva de toda su familia, de sus amigos y conocidos. En el pequeño camposanto adosado a los muros de la iglesia, en un remanso verde de paz, hemos inhumado su cuerpo que quedará descansando para siempre en esta bella tierra que tanto amó y a la que se escapaba desde Madrid en cuanto sus obligaciones se lo permitían.

Cuando caían las últimas paladas de tierra, en un enterramiento a la vieja usanza, comenzó a fraguarse un merecido y sencillo homenaje que sin duda le habrá arrancado una sonrisa en algún lugar del cielo donde se encuentre: “Las tropas de Napoleón”.

Hace ya unos cuantos años, al principio de conocerle, me hizo una demostración de lo que eran las “tropas”. El Cantábrico es un mar frío, no tanto como quieren pensar los que frecuentan el Mediterráneo, pero es una verdad innegable que al fin y al cabo hay que pensárselo un par de veces antes de decidirse a efectuar la zambullida inicial. El invento de las “tropas” solucionaba el asunto: varias personas, engarzadas fuertemente codo con codo, todos a una y con determinación, canto y pisada militar, avanzando a paso marcial hacia el agua, sin soltarse hasta el último momento, disuadían a los timoratos que se lo andaban pensando. Una vez iniciada la marcha, no había vuelta de hoja, acababas en al agua quisieras o no.

Somos las tropas de Napoleón,
Que venimos a vencer al enemigo,
Chan, tatachán, Chan, tatachán.

Esta tarde, en la playa, un numeroso grupo formado por sus hijos, nietos, sobrinos y amigos ha empezado a engarzarse en la playa, codo con codo, desde los mayores hasta los niños haciendo una fila que pasaba por encima de la treintena. El agua fresquita, viento de nordeste también fresquito, pero la ocasión merecía la pena: era el homenaje a nuestro querido Luis que tantas veces lo hizo con nosotros. La gente que nos rodeaba en la playa nos miraba con curiosidad. Nos hemos puesto en marcha y, sin pestañear, al canto de las “tropas” hemos entrado todos al agua sin soltarse ninguno, hasta el fondo.

Si los curiosos hubieran sabido de que se trataba ….

Pero aparte de los presentes, una persona que seguramente nos observaba desde lo alto, habrá dejado escapar una sonrisa pícara y habrá pensado ¡estos chicos¡ al tiempo que se habrá sentido sin duda halagado por este simpático homenaje, hecho en público sin que nadie se entere. Un secreto entre nosotros y él.

Descanse en Paz.

miércoles, 16 de julio de 2008

LIBROS

Respecto de este asunto se escuchan noticias contradictorias. De un lado está latente en los medios de comunicación que se lee poco. Sin embargo, son multitud las publicaciones, revistas y libros que día tras día aparecen en el mercado. Acercarse a un quiosco de prensa es descubrir un sinfín de revistas, colecciones y publicaciones que parecía que no existían. Siempre aparece algo nuevo.

Fomentar el hábito de la lectura, en el caso que nos ocupa de libros, es una de las cosas más valiosas para enriquecer la mente, y esto en todas las etapas de la vida. Cuando se es niño, la lectura comprensiva favorece la imaginación y desarrolla hábitos de estudio, amén de aportar una formación en multitud de cuestiones, según el género que leamos. Ya de joven permite una fantasía y un desarrollo de nuevas metas cuya única limitación son las imaginaciones que seamos capaces de desarrollar a partir de lo leído. En la edad adulta permite abstraerse de los problemas diarios al tiempo que damos vuelta y re-evaluamos multitud de conceptos que se han forjado en nuestra mente a lo largo de los años. Es el momento de releer libros que ya hemos leído con anterioridad y desarrollar nuevos conceptos a la luz de nuestra experiencias personales vividas entre una y otra lectura: el libro no ha cambiado pero nosotros sí. Ya en el último tramo de la vida, la lectura se está descubriendo como uno de los mejores retardadores de enfermedades de la mente, tales como Alzheimer e incluso otras de corte más físico como el Parkinson y similares, dado que “saca” al anciano de su aislamiento y le proyecta a formas mentales que acabarían atrofiadas de no evocarse a través de la lectura.Observemos a nuestro alrededor, en ancianos que conozcamos, las diferencias que existen en lucidez mental entre los lectores y los no lectores.

En mi caso, la relación con los libros es de depredador. Los devoro, como si quisiera leerlos todos, cuestión que asumo como imposible dada la cantidad de existentes y nuevos que se publican y mi edad y el tiempo de que dispongo para leer. Por ello lo que me preocupa es seleccionar de forma eficiente aquellos libros cuya lectura acometo de forma que no me vea en el dilema de abandonarlos a media lectura, cuestión que me demanda mucho esfuerzo. Es realmente difícil decidir qué libro se comienza a leer. Nos podemos fiar de amigos que nos recomienden libros, aunque en algún caso concreto lo que hago es todo lo contrario, no leer los que me recomiendan. También nos podemos fiar de los últimos éxitos editoriales, aunque detrás de ello hay mucho “marketing” y propaganda y podemos leer cosas que no están todo lo bien que fuera de desear, todo ello porque han tenido detrás un éxito de lanzamiento o su autor ha escrito libros en el pasado que fueron buenos y tuvieron éxito.

Un problema, no baladí, es el precio de los libros. No es cuestión de si son caros o baratos, pero suponen unos cuantos euros cada uno de ellos, máxime si los leemos en sus primeras ediciones que suelen tirar para arriba. Yo en este asunto si que lo tengo ya muy claro: compro poco o ningún libro, más que nada porque luego no tengo sitio donde ponerlos. Un amigo mío, que lee mucho, los regala a la biblioteca de una prisión, lo que es un buen mecanismo para deshacerse de ellos una vez leídos. Pocas veces, a pesar de mi recomendación anterior, leemos un libro más de una vez, salvo que sea un poco objeto de culto. Hay tantos que leer que leer una segunda o tercera vez es tener la sensación de que estamos perdiendo un poco el tiempo, aunque esto no es así, ya he dicho que podemos sacar nuevos partidos a relecturas de libro en función de nuestros cambios.

Una buena opción, por el momento y hasta que los cobren, es el uso intensivo de las bibliotecas públicas. El problema es que hay que esperar bastante tiempo, por lo general, hasta que las novedades lleguen a sus estanterías y las podamos pedir, pero todo llega. Ahora podemos leer las novedades de hace unos años y así seguiremos la ruleta.

Es difícil recomendar libros, pero de la lectura de los últimos años, me voy a atrever a recomendar los diez que más me han impactado, sin ningún orden y teniendo en cuenta que por unas cuestiones o por otras sí me he leído estas novedades editoriales, aunque no aparezcan en la lista

EL DIBUJANTE DE PECES, Juan Carlos Arbex
EL LADRON DE TUMBAS, Antonio Cabana
CATALINA LA FUGITIVA DE SAN BENITO, Chufo Llorens
EL SALON DORADO, José Luis Corral Lafuente
EL JUEGO DE ENDER, Orson Scott Card
BEN HUR, Lewis Wallace
ESPARTACO, Howard Fast
EL SIGNIFICADO DE LA NOCHE, Michael Cox
EL NUMERO DE DIOS, José Luis Corral Lafuente
EL CONDE DE MONTECRISTO, Alejandro Dumas.

viernes, 4 de julio de 2008

TAQUIGRAFIA


El otro día la oí en una emisora de radio. Taquigrafía es una palabra que no se escucha mucho porque es una ciencia o arte que se debe de emplear muy poco hoy en día. Los medios electrónicos han sustituido a esta disciplina, que en la antigüedad tenía una enorme importancia. Se tienen datos de su uso desde los antiguos filósofos griegos. En mi caso los recuerdos se remontan a un verano de los años sesenta cuando yo debía de tener nueve o diez años.

Mi padre tenía y usaba en casa una máquina de escribir “Underwood” con sus preciosas teclas de cristal, duras como ellas solas, que a mí me gustaba usar, diríase mejor aporrear, con dos dedos de cada mano. La ciencia de escribir a máquina se denomina o denominaba mecanografía, aunque por aquellos años se solían ver muy unidas, no en vano en muchas academias se daban clases de taquimecanografía. Había exámenes oficiales para conseguir un título oficial de una o ambas disciplinas, necesario para ciertos trabajos en medios públicos o privados en los que era necesario llevar un diario pormenorizado de lo que se hablaba en sesiones o reuniones.

Los veranos eran largos y calurosos. Las casas eran pequeñas y con muchos miembros, hijos, padres y algún que otro abuelo o abuela. Realmente en casa no se podía estar, si tenemos en cuenta que el espacio era pequeño y no había comodidades del estilo de la televisión u otros aparatos que proliferan en cantidad en las casas modernas. La vida, sobre todo la de los chicos, se hacía en la calle.

A mi no me gustaba pasar el verano sin aprovechar el tiempo en algo, por lo que mi padre habló con una profesora de taquimecanografía de la capital que veraneaba en el pueblo para que me hiciera el favor de darme clases aquel verano. La recuerdo perfectamente, así como la casa donde vivía, un piso bajo, muy fresquito, cerca de la cuesta de San Pedro. La clase era a las cuatro de la tarde, en la mesa camilla de su sala de estar, y con ella me libraba de la temida siesta, obligatoria después de comer, cuando más apretaba el calor y no se podía estar por la calle.

Muchas veces he pensado en el error que cometí aquel verano. Mi padre quería que aprendiera mecanografía, pero a mí se me metió en la cabeza el aprender taquigrafía. Pensé que la máquina de escribir ya la utilizaba con mis cuatro dedos y lo de la taquigrafía me sonaba como una disciplina apasionante y nueva. Así que en aquellos dos meses aprendí taquigrafía, bastante según dijo al final mi profesora, que se afanaba en enseñarme tanto como yo en aprender. Al final del verano era capaz de tomar conversaciones de mi familia o programas de radio, que luego pasaba a la máquina de escribir. Fue una experiencia apasionante que se quedó en eso, en experiencia.

Cuando pasaron los años, fui olvidándola. Pasada la novedad y en una época de estudiante en la que no eran necesarios los apuntes, la taquigrafía se fue al olvido. Y hasta hoy.

Mucho mejor y más práctico hubiera sido aprender mecanografía, ya que el devenir de la vida me hizo tener que opositar a banca, donde se pedía un mínimo de trescientas pulsaciones que yo alcanzaba, con alguna dificultad con mis torpes dedos, dos de cada mano. Luego la máquina de escribir cayó en el olvido también, siendo reemplazada por los teclados de los ordenadores, que en el fondo son similares con algunos cambios.

Si pudiera contar las veces que he apretado una tecla, de máquina de escribir o de teclado, la cifra sería mareante. Por ello, si en aquel verano hubiera aprendido mecanografía en lugar de taquigrafía, otro gallo me hubiera cantado. Eso sí, la experiencia y los recuerdos quedan ahí.

Nota: La fotografía está tomada de Wikipedia y es la oración del Padre Nuestro en formato Gregg y en otros formatos del siglo XIX.

domingo, 29 de junio de 2008

INTERNET


Hay una famosa ley, conocida bajo el pseudónimo de “Murphy” que dice muchas cosas referidas a muchos sucesos, pero resumiendo quiere decir que todo acontece cuando menos se lo espera uno y más fastidioso es.
Hace unos días necesitaba tener disponibilidad de acceso a internet para conectarme a unos servidores de Estados Unidos y poder realizar mi trabajo. Como ya ocurriera justo el mismo día de la semana anterior, cuando voy a echar mano de la conectividad, simplemente esta no existe, no resuelve, no se conecta, vamos.
Como me dio por ser previsor la semana anterior y apuntar todas las pruebas y tests que me indicaron desde el servicio de asistencia, procedí a realizar de nuevo todas y cada una de ellas: que si apagar y encender el “router”, que si “resetear” el mismo durante 20 segundos, que si aplicar la configuración por defecto, etc. etc. y nada, que sigo igual, como la semana anterior, no es problema mío sino del servicio que den a partir de la conexión en la central telefónica, toda vez que la sincronización del “router” con la central se produce y es correcta. Lo que pase a partir de ahí, vete a saber.
Lo malo es que la llamada de nuevo al servicio de incidencias, a pesar de mis advertencias de haberlo realizado ya, me hace repetir de nuevo paso por paso todo lo que su protocolo indica, haciendo caso omiso de mis apreciaciones en el sentido de haberlo realizado ya. Realizado todo el proceso me dicen lo que yo ya sabía, que me tienen que llamar ellos para proceder a una comprobación exhaustiva. Quedan en llamarme a las 12:00, desde las 10:00 en que esta conversación se producía. Bueno, al fin y al cabo si llaman ellos, pagan ellos y a ver si lo resuelven. Se me ha olvidado decir que la semana anterior, el mismo día, se resolvió “solo”, como por arte de magia a las 21:00. Nadie llamó, nadie comunicó, nadie dijo nada y mi mujer, que nada sabía de la falta de conexión, simplemente encendió el ordenador y se puso a trabajar con toda normalidad, recibir correo, navegar, etc.
Hoy a las 12:00 no han llamado. Tampoco a las 13:00 ni a las 13:30, hora en la que me decido a no seguir esperando y hacerlo yo. Si no me pongo muy serio, la señorita que me atiende pretendía realizar todas y cada una de las pruebas de nuevo, a lo que me he negado, reafirmándome en que lo que tienen que hacer es llamarme como han quedado. Revisa sus notas o sus registros y me dice que la posibilidad de llamada es a las 15:00. Insisto en que me diga que ha pasado con la llamada de las 12:00 pero no me puede decir nada, así que o lo tomas o lo dejas, pues a las 15:00.
No sé si llamaran a las 15:00 pero lo bueno de esta llamada, como todas las anteriores es el diálogo inicial y final que se produce en la llamada, eso si, que queda claro, pagando yo porque la llamada se produce a un queridísimo y famosísimo teléfono que comienza por 902.
Al principio me informa, con buena voz, lenta y pausadamente, que soy bienvenido al servicio de atención de banda ancha de patatín y patatán; sigue informándome que el coste de la llamada es de 6 cts. de euro el minuto y no contento me informa que al final de la llamada no me retire que me van a realizar una encuesta, sigo pagando yo, sobre la calidad del servicio. No contento con tanta información me suelta una musiquita diciéndome que espere, que me están atendiendo… tendrán caradura… hasta que al cabo de un rato me atienden de verdad.
Estamos llegando a unos niveles de desfachatez que rayan lo inconcebible. La pregunta es ¿si pagaran ellos el coste de la llamada me informarían de tantas cosas y me pondrían tanta musiquita? Cada cual que conteste, sin temor a equivocarse.

martes, 17 de junio de 2008

NEFASTO


Amanecía un día de recados y vicisitudes que prometía ser intenso. El pasado miércoles fue uno de esos días reservados para hacer un montón de cosas, que implicaban relación con otros organismos, empresas o particulares y que ya anticipaba, por la naturaleza de los casos, que iban a surgir sorpresas.
A primera hora de la mañana establezco la conexión vía internet con el centro de Atlanta de IBM para la realización de las prácticas de un curso que estoy preparando. ¿Adivinan lo que pasó? Pues eso, que la clave era incorrecta, correo electrónico al canto dirigido al responsable y a esperar la contestación. El teléfono no sirve pues la generación de claves lleva sus trámites y su tiempo.
Acudo al centro de salud para solicitar un análisis de sangre para mi padre que se encuentra en una residencia y que por ello no puede desplazarse. La persona que me atiende no sabe como es el procedimiento, que ya se ha realizado otras veces. No me da ninguna solución, bueno, sí, que baje al Hospital, distante cuatro kilómetros y pregunte allí, aunque me recomienda ir a primera hora de la mañana que es cuando se están practicando las extracciones y allí me aconsejarán.
Se me ha roto un cristal de un marco de fotografías. Me acerco a la tienda de toda la vida y cuando entro en ella noto que ha cambiado el aspecto, incluso la dependienta de siempre ha cambiado también. Ahora se dedican a más cosas, es otra empresa, pero me pueden hacer el cristalito de marras, eso si, no sabe cúanto cuesta y no sabe lo que tardarán, no menos de diez días. Me recoge el teléfono y “ya me avisará”.
Me dirijo al apartado de Correos pues estoy esperando desde hace tiempo un paquete contra reembolso de unos calcetines que he pedido a una fábrica de Barcelona. No llega lo que espero pero me encuentro un papelito, que por mucho que lo leo no me entero, acerca de nuevas normas del apartado, contrato de nuevos titulares y la típica “amenaza” de que si no se hace no sé qué cosa, que no está claro, a partir del próximo 10 de Julio no podrán depositar …. Etc. etc. Me dirijo a la directora de la oficina pero a la vista del papelito, que se supone ha depositado algún empleado bajo su dirección, no sabe darme explicaciones, me dice que lo rellene de cualquier manera y que ya me avisarán.
Me tengo que desplazar a un pueblo distante diecisiete kilómetros a recoger una pieza de plástico que han enviado desde Bilbao para la silla de ruedas de mi padre. Tras llegar allí, la dependienta que normalmente atiende la tienda se ha tenido que marchar por asunto familiar grave y la persona que se encuentra allí no sabe nada de nada. Busca y rebusca la pieza por mil y un cajones escondidos y al final no la encuentra. Me vuelvo para casa, otros diecisiete kilómetros, al precio que está el gasoil, sin la pieza y con un cabreo que para qué. Vaya día.
Al mediodía, cuando estoy a punto de tomar el tren para asistir a una comida con antiguos compañeros, recibo la llamada telefónica correspondiente al móvil anulando la comida. En el último momento, cinco minutos más tarde habría estado con mi flamante billete montado en el tren camino de Madrid. Se proponen nuevas fechas pero no estoy de humor, con el día que llevo, de pensar en nuevas convocatorias, máxime cuando se anulan una y otra vez.
De vuelta a casa, y eso que no había llegado la una de la tarde, por si no tenía pequeña la historia de fracasos del día, decido hacer la última gestión, consistente en dar de baja el contrato de mis padres con Tele2 para llamadas telefónicas. La cuestión se proponía tan enrevesada que la dije a la señorita que me atendía por teléfono que no estaba de humor y que lo dejaba para otro día.
Menos mal que España va bien y el mundo va mejor. Viva la tuberculosis.

martes, 10 de junio de 2008

COMPRAS-2

Hace una semana escribía sobre las “bondades” de la compra por internet y todos los flecos asociados a esta nueva modalidad que no deja de ser una versión actualizada de las antiguas compras por catálogo y envío por correo ordinario generalmente contra reembolso.

La vida aporta muchos matices y la experiencia nos da una pátina que nos permite afrontar nuevos retos, pero muchas veces no es suficiente y volvemos a tropezar en la misma piedra. En mi defensa, eso sí, diré que forzado por las circunstancias.

Por motivos profesionales, necesito un libro que ya me habían advertido que iba a ser bastante difícil de conseguir. La tirada es pequeña al ser un libro dirigido a un público profesional y por ello limitado. De hecho he comprobado que prácticamente se ha reeditado en los últimos años una vez por año.

Tras visitar personalmente tres de las mayores librerías de Madrid, la respuesta fue la misma: “está agotado y no podemos precisar si estará disponible y en qué plazo”. En una de ellas me ofrecieron pedirlo, tomaron nota de mi número de teléfono móvil y quedaron en avisarme en un plazo no superior a diez días. Pasaron los diez días y no recibí ningún aviso ni en sentido positivo ni en sentido negativo. Será que lo están buscando todavía y no sé por cuanto tiempo.

Esta última librería tiene también una web de compra de libros por internet. Me conecté a ella y para mi sorpresa el libro si estaba disponible y en stock, cuestión que en principio me chocó ya que no coincidía con lo expresado verbalmente por el dependiente y por mi espera en el pedido realizado. No obstante, cerré la web y me dirigí personalmente a la tienda donde hice ver estos extremos al mismo dependiente que me atendió la vez anterior. La respuesta me dejó helado: “es que una cosa es la venta en la tienda y otra completamente distinta la venta por internet, somos la misma empresa pero no tenemos nada que ver”. Le sugería la posibilidad de que él lo requiriera de forma interna y me dijo que no estaban habilitados esos canales y que si quería el libro no tenía más remedio que pedirlo vía web o seguir esperando a que me avisaran de esa petición que tras más de un mes confirmó que seguía pendiente.

Entré en fase de autoconvencimiento. Realmente no es una cantidad importante, diecisiete euros, que ya está bien, el libro y seis más por gastos de envío. Bueno, al final y a pesar de mis puntos de vista en contra de la compra internauta, me decidí a pedirlo. Solventados los trámites de pago mediante tarjeta, la virtual por supuesto y cargada con el importe exacto para la ocasión, surge el tema del envío mediante mensajero, que supone facilitar el domicilio particular y estar pendiente de cuando llega, porque normalmente no estamos en casa de forma permanente. Bien es verdad que por lo menos dejaron elegir las preferencias de entrega entre la mañana y la tarde.

No todo es tan fácil. Mis datos registrados en esa empresa apuntaban como domicilio a un Apartado de Correos, normalmente utilizado por mí a efectos de dirección. El mensajero no puede entregar el paquete en el apartado de correos, por lo que al darme cuenta tuve que hacer una llamadita, eso sí a un 902 de esos que odio, para cambiar el domicilio y poner el real donde pueda ser entregado el libro.

Problemas al fin y al cabo. El hecho es que el libro se pidió y pagó hace ya casi una semana y todavía, por unas causas o por otras, no está en mis manos y no tengo muy claro cuando estará. No depende de mí sino de que venga el mensajero cuando estemos en casa …. por la tarde.

martes, 3 de junio de 2008

e-COMPRAS


Teniendo en cuenta mi edad, que no mencionaré, se podría decir que soy bastante proclive a utilizar los medios modernos, concretamente todo lo que rodea al ordenador y el enorme elenco de posibilidades que se nos brindan, derivadas la gran mayoría de ellas de nuestro acceso a internet. Aunque no nos paremos a pensarlo, el correo electrónico es una maravilla que nos transporta a un mundo de posibilidades de comunicación y envío de información como antes no habíamos ni siquiera llegado a soñar.
Otra cosa son las compras a través de internet. La cosa mejora a pasos agigantados y se van perfeccionando los mecanismos que nos posibilitan adquirir un producto en cualquier país del mundo y que en un breve plazo de tiempo, quizás menos de una semana, lo tengamos en nuestra propia casa. En mi caso he comprado libros y discos en la clásica Amazon o en editoriales en Estados Unidos, y a los pocos días lo he disfrutado. Y en este caso no hay alternativa, serían muy costosos o con un cierto grado de dificultad el encontrarlos en España.
La principal barrera que vamos teniendo que vencer es la forma de pago, verdadero caballo de batalla de las compras electrónicas. Van apareciendo variados y múltiples sistemas para evitar a toda costa facilitar nuestro número de tarjeta de plástico por lo que pudiera pasar. No somos conscientes que en cualquier tienda, gasolinera o comercio la damos sin pestañear y es muy fácil para ellos el disponer de la numeración y fechas de vencimiento. A mi particularmente, la opción que me gusta y utilizo es una que me proporciona mi banco, también vía internet, que es el uso de tarjetas virtuales, incluso sin identificación, y que puedo cargar y descargar en el preciso momento en que realizo la compra.
La verdad es que hasta el pasado mes de Febrero había hecho compras pequeñas, libros, discos, entradas de cine o teatro…. En fin, de poca monta y casi admitiendo que pudiera fallar el sistema y quedarme con dos palmos de narices y sin dinero. Pero siempre hay una primera vez y con motivo de un regalo, encima un regalo para hacer a otra persona, me comisionaron para adquirir concretamente un marco digital, otra modenidad, a través de una conocida tienda de venta por la red, concretamente Pixmanía.
Todo muy bien, muy moderno, muy accesible, muy cómodo y en pocos días, el producto en tu casa vía Courier. Hasta aquí la cosa es cómoda. No diría que barata pues la compra por internet no siempre es barata, a pesar de que debiera serlo si tenemos en cuenta el ahorro que supone para las empresas el no disponer de local, almacén, “stockaje” ¿se escribe así? y demás parafernalias. Pero si añadimos al precio los gastos de envío, que suelen ser elevados, la cosa no sale tan barata, pero en fin, por lo menos es cómoda.
Si la cosa va bien, miel sobre hojuelas. Pero … ¿Y si la cosa va mal? ¿Qué ocurre cuando el aparato recibido no funciona? En mi caso, lo que no funcionaba era el mando a distancia: se comía las pilas de botón de 3 euros cada una en un día. A la tercera que se comió literalmente decidí proceder a su devolución al servicio postventa para que me remitieran uno nuevo. Y aquí empiezan las tribulaciones de un chino en china. La opción de utilizar el teléfono queda descartada porque el numerito es un 807 de esos que pagas un riñón para que encima te digan, eso si muy amablemente y con musiquita de fondo, que esperes, que todos sus operadores están ocupados.
La alternativa es, como para la compra, internet. Cuesta un poquillo localizar el mecanismo, no es tan fácil como para comprar. Después de rellenar unos cuantos formularios, te tienes que imprimir en tu impresora dos folios, preparar el paquete correspondiente y enviarlo, a tu costa, solamente 14 euros y pico, a su centro de Barcelona, donde a los pocos días te confirman, si todo va bien, su recepción vía correo electrónico. A partir de ahí, a esperar. En mi caso, a los dos meses me han mandado un nuevo aparato. Teniendo en cuenta que pretendía hacer un regalo en el mes de Febrero, el recibir un nuevo aparato a finales de Mayo no cuadraba, pero bueno, parecía que todo estaba solucionado.
Pero no, la alegría en la casa del pobre se acaba pronto. Desembalo el aparato, lo pongo en marcha y… la primera en la frente: una raya roja cruza verticalmente la pantalla y para que no se quedara la cosa ahí, el mando a distancia, como la vez anterior no funciona. Funciona al principio cuando tiras del plástico que preserva la pila, pero a las pocas horas, otra vez deja de funcionar.
Otra vez a devolver. Ya es la segunda vez y con la experiencia y que me apunto las cosas, todo se hace más fácil, pero nadie te salva de tiempo empleado o perdido, los folios, la tinta de la impresora, papel de envolver, pegamento, celo y, lo mejor, otros 14 euros y pico de mandar el aparatito de nuevo a Barcelona.
Estamos en Junio, no tengo el aparato que pagué en Febrero, me he gastado 35 euros más de lo que pensaba en los dos envíos de devolución y la pilas devoradas por el mando. Esperemos y confiemos que en dos meses me manden uno nuevo y….. que esta vez funcione.
Resumiendo, “vivan las compras por internet”.

domingo, 25 de mayo de 2008

CUENTAS



Las formas de vida moderna están cambiando muchos de nuestros hábitos de forma radical sin que apenas nos demos cuenta de ello. Nos dejamos llevar por los usos y costumbres que se van imponiendo, se nos van imponiendo, sin apenas oponer resistencia, ni siquiera en nuestros pensamientos.
El aprovisionamiento de comida y ya por extensión de algunos otros consumibles, los realizamos en lo que se denomina grandes superficies. Es muy frecuente que las familias destinen incluso una mañana o tarde del fin de semana a realizar una compra masiva de todo lo necesario, e incluso algo innecesario. Como resultado de nuestros paseos entre los anaqueles del supermercado, vamos llenando el carro con un sinfín de productos.
El final de este paseo es poner la proa de nuestro carro a una de las cajas para abonar la compra. Situamos en la cinta transportadora los productos adquiridos y una cajera o cajero los va pasando lo más deprisa que puede por un lector de código de barras que, conectado a una computadora o máquina electrónica, nos va confeccionando la cuenta con todo detalle. Al final nos dice el importe total, pagamos generalmente con nuestra tarjeta de crédito, algunas personas lo hacen con dinero en efectivo aunque son las menos, y también rápidamente nos dirigimos al aparcamiento para trasladar toda la compra al coche y marcharnos.
Pocas veces he visto a alguna persona revisar la cuenta. Como norma general parece que nos fiamos de que la máquina que ha ido apuntando uno a uno nuestros artículos lo haya hecho bien. Tenemos confianza en el sistema y por otro lado tampoco nosotros hemos ido apuntando uno a uno los suministros adquiridos y sumando sus importes. Lo único que nos queda al final es sorprendernos si la cuenta sube demasiado con respecto a lo que habíamos pensado, si es que lo habíamos hecho.
La crisis económica que se nos ha venido encima en estas fechas hace que cada vez más gente tome conciencia de los precios de las cosas que compra. Estoy por apostar que no hace mucho tiempo muchos ni nos fijábamos en ellos, simplemente los poníamos en el carrito y era muy frecuente que no tuviéramos ni idea de lo que costaban.
Retornando al tema de la cuenta, hay un par de aspectos que no dependen de la maquinita y que nos pueden colar algún gol, si bien es verdad que puede ser tanto a favor como en contra nuestra. Uno de ellos es el precio que se nos cargue en caja y que puede no coincidir con el que está marcado en la estantería. Como los precios están sufriendo variaciones continuamente, a veces hasta en el día, ocurre con cierta frecuencia que en caja nos cargan un precio diferente. Solo el haberse fijado en ello y proceder a una concienzuda revisión del tique que nos entrega la cajera, nos permitirá detectar este extremo. Bien es verdad que algunas veces ocurre que nos hemos dirigido al supermercado a comprar algo motivados por la propaganda que hemos recibido en el domicilio, aunque no nos hemos dado cuenta de la letra pequeña que figura en el folleto, con la que juegan, y que suele especificar unas fechas de promoción, que pueden no haber llegado o pueden haber finalizado.
Otro aspecto que podía meter “ruido” en la cuenta es la persona que desliza los artículos frente al lector. Algunos artículos se venden en conjuntos o bien de forma individual. Pongamos por ejemplo una lata de refresco, que puedo comprar individualmente o en paquetes de seis, ocho, doce e incluso más. El código de barras es el mismo, por lo que el dependiente tiene que realizar una operación manual para identificar lo leído. Tengamos en cuenta que como todo trabajador tiene una experiencia, mucha o poca, y que como persona se puede equivocar. ¿Qué ocurre si cuando llevamos ocho unidades la máquina pone el precio de las ocho pero el dependiente indica además ocho veces?
No está de más, allí mismo, a pié de caja, echar un vistazo rápido y a grandes rasgos de la cuenta. Es de suponer que todo esté bien y generalmente así será, pero ya en un par de ocasiones me he encontrado con algún “gato” en la cuenta y aunque haya sido casualidad, ha sido en mi contra.

domingo, 18 de mayo de 2008

APARIENCIAS


Las apariencias engañan, gobiernan nuestras vidas. Cada uno somos lo que somos pero otra cuestión es cómo nos queramos mostrar a los demás, que apariencia queremos transmitir, cuestión que varía según los contextos en los que nos desenvolvamos. Desde muy pequeños hemos sido enseñados, adiestrados, en conseguir una aceptación de los demás, que nos vean con una apariencia determinada, por lo que hacemos todo lo posible por transmitir una imagen, verdadera o falsa, de nosotros mismos como forma de conseguir una apreciación, quizá algunas veces rechazo, por parte de los demás. Por ejemplo, es posible que una persona muy rica quiera pasar desapercibida y por el contrario una persona pobre quiera aparentar lo que no es para conseguir unos determinados fines.
¿Cuánta gente trabaja en su empresa?
¿Cuánta gente va a su empresa?
¿Cuántos están estando y cuantos están trabajando?
Pero en contra de lo que pudiera parecer con este prolegómeno, no es a la apariencia humana a la que me quiero referir. En los objetos o cosas también se da este hecho, generalmente motivado por un afán de atraernos y que los compremos. El marketing y la publicidad tienen mucho que ver en este asunto. Es pan para hoy y hambre para mañana, porque enseguida nos daremos cuenta del engaño y nos formaremos un arquetipo del objeto, y por extensión de la marca, archivando en nuestra memoria el tipo de trucos que utilizan para confundirnos, cosa que logran en un primer momento pero al final descubriremos el pastel.
Hace unos días me enfrentaba en la estantería de un supermercado a la compra de un bote de cacao en polvo de esos que se utilizan mezclados con leche para el desayuno. Los diseños, las formas y los tamaños de los botes competían desde la estantería por atraer mi vista y forzar mi decisión. Al final elegí uno quién sabe si llevado por la marca, la forma o el precio. Cuando llegué a casa y procedí a destaparlo, les aseguro que al menos el 25% del mismo estaba vacío. ¿Se han encontrado con este hecho alguna vez? Me pregunto por la razón de hacer un envase más grande para que luego una cuarta parte del mismo esté vacío. No me queda otra respuesta que forzar su apariencia como más grande para que sin darnos cuenta pensemos que la relación precio-tamaño en este caso es la más adecuada.
No lo he comprobado, pero seguro que el peso del contenido es correcto, aunque suele estar escrito en letra más bien pequeña que seguro que la mayoría de compradores ni siquiera mira. El tamaño si es lo importante, al menos en este caso.
Y este ejemplo comentado no es un caso aislado. Seguro que tenemos todos muchos ejemplos. Otro, muy relevante en mi caso, me ocurrió con un recipiente que contenía membrillo. Era de plástico, redondo, transparente y se le veía relleno hasta el borde. Una vez destapado y puesto en servicio, al hundir la cuchara para extraer su contenido, esta topó con el fondo enseguida. Una vez consumido el producto, se puede apreciar que el fondo está levantado, muy levantado, con respecto a la base con lo que otra vez al menos un 20% de la apariencia no está rellena de producto, en este caso, membrillo. La única forma de verlo antes de comprarlo es mirar por debajo, cosa que normalmente no haremos en un primer momento.
No sé si hay norma que lo obligue pero al menos algunos de los supermercados, aunque que es verdad que en letra muy pequeña, ponen en la etiqueta aquello de “el kilo le sale” a x,xx euros”. Tal y como se están poniendo las cosas tendremos que educarnos en mirar más estas anotaciones que en fijarnos en las marcas, formas de los envases y, mucho ojo, en que zona de la estantería están situados. Los que el supermercado quiere que compremos están normalmente a la altura de la vista y por el contrario, los menos deseados estarán o muy abajo o muy arriba. Todo está estudiado, pero nosotros también podemos estudiar, estar avisados de lo que ocurre y no dejarnos llevar por las apariencias. Es muy conveniente tratar de ver lo que aparentemente no se ve, descubrir lo oculto. Irá en nuestro beneficio.

domingo, 11 de mayo de 2008

AGUA


En muchas ocasiones no somos conscientes de nuestra relación con este preciado líquido que nos cae del cielo, cada vez de forma más irregular debido a los cambios climáticos. En las sociedades llamadas occidentales basta con dirigirse a alguna de las estancias de nuestra casa para abrir un grifo y disponer de un caudal de agua abundante que podemos utilizar en el momento según nuestras necesidades, desde las más elementales de aseo o preparación culinaria hasta otras muchas de ocio o divertimento.
El hecho de que muchos hayamos nacido con el agua disponible en nuestras casas, nos resta la perspectiva de considerar como serían nuestras vidas sin esta posibilidad de la que disponemos. Cuando yo era muy pequeño, solía ir los veranos durante algunas semanas con mi abuela a su pueblo, donde nos alojábamos en casa de unos tíos. El pueblo, hoy en día uno de los más pujantes e industriales de la provincia, era por aquel entonces un conjunto de casas bajas de una planta dedicado principalmente a la agricultura. Como ya se puede ir imaginando, las casas no disponían de agua corriente.
Varias veces al día era necesario coger los cubos y dirigirse a la fuente pública para hacer acopio de agua y tenerla disponible en la casa. Por suerte mencionaré que la fuente no estaba demasiado lejos, ya que el agua pesa lo suyo. El hecho de tener que realizar el esfuerzo de acarrear el agua te predisponía a condurar y controlar muy mucho su uso en la casa: no se desperdiciaba ni una gota, dado que un desperdicio suponía un nuevo viaje a la fuente. El aseo personal pasaba por el lavado “manual” previo vertido de un poco de agua en una jofaina o palangana en tu propia habitación. El cuarto de baño simplemente no existía y si se preguntan dónde estaba la parte del cuarto de baño que no sirve para bañarse les diré que en el gallinero, bajo las estrellas. Eran otros tiempos que felizmente han pasado para nosotros, pero no olvidemos que algunos pueblos de la Tierra siguen viviendo en esas condiciones.
Nuestros hijos no han conocido el no disponer de agua corriente y abundante. Las cocinas disponen de modernos aparatos, lavadoras o lavavajillas, que hacen uso intensivo de esta facilidad de disponer del líquido elemento. Nuestro aseo diario pasa por un baño o una placentera ducha en la que podemos estar recibiendo en nuestra piel agua, por cierto caliente, durante el tiempo que creamos conveniente. En aquellas casas con jardín y piscina, los niños pequeños y no tan pequeños pueden jugar con una manguera o bañarse y chapotear sin preocuparse de cómo llega el agua.
Si bien dicen que el consumo importante procede del uso industrial, el consumo particular se va incrementando progresivamente a medida que varían nuestros usos y costumbres. Las grandes ciudades y pueblos necesitan grandes instalaciones de recursos hídricos para proveer a sus habitantes del líquido preciado. Ya no es tan barata el agua, su coste representa cada vez más un pellizco importante en las economías.
Desde hace unos años, de vez en cuando nos animan a reducir de forma responsable el consumo de agua, a ser cautos en su utilización. Cada vez que veo un anuncio recuerdo mi época de niño en casa de mis tíos.
Las casas modernas no están construidas estrictamente para ahorrar agua. Tengo un amigo que vive en un chalet de considerable tamaño que se ha propuesto minimizar el consumo. Una de las operaciones que hacemos generalmente todos a diario es la de ducharnos. Dependiendo del tamaño de nuestra casa y de la distancia que haya desde la caldera o acumulador al grifo de nuestra ducha, abrimos el grifo al principio y desechamos todo esta agua fría contenida en la tubería hasta que empieza a llegar el agua caliente y podemos comenzar nuestro aseo. En el caso de este amigo, la distancia entre su caldera y su cuarto de baño es grande, lo que le da para llenar dos cubos que tiene convenientemente situados al lado de la ducha. Llena los dos cubos con el agua fría que generalmente casi todos desechamos, y a continuación comienza su aseo. El agua contenida en los cubos es luego utilizada para otros usos como regar las plantas o en lugar de la cisterna del wáter. Como contrapunto, conozco otra vivienda en la que su propietario ha instalado un sistema que le mantiene el agua caliente circulante y por tanto disponible de forma inmediata en cualquier grifo. Este otro amigo no desecha agua pero habrá que pedirle que nos enseñe lo que le cuesta mantener el agua caliente en todo momento.
Por no extenderme más, hacer una consideración o pregunta ¿se puede beber el agua que sale por su grifo? ¿seguimos acarreando agua desde el supermercado?

sábado, 26 de abril de 2008

MORERUELA






No recuerdo claramente si en mis estudios de bachillerato, en aquel libro de historia con algunas, pocas, fotos en blanco y negro, aparecía el Monasterio de Santa María de Moreruela.

Con ocasión de un periplo corto, de fin de semana, por tierras zamoranas, cuando me encontraba perdido en carreteras interiores a la búsqueda del lagunar de Villafáfila, una desvencijada señal de tráfico de las antiguas anunciaba un desvío a un monasterio, a poco más de tres kilómetros. Había que desviarse y hacer siete kilómetros de más entre ida y vuelta pero por aquello de explorar y descubrir nuevos sitios nos dirigimos hacia allí.

El conjunto es sorprendente, grandioso. Como en todas estas tierras, lejanas de la civilización y del bullicio, reina la paz y la tranquilidad. El silencio solo se ve roto por el crotorar de las cigüeñas, muy abundantes, o de los múltiples pajarillos que pululan por allí. El monasterio está enfrascado en una restauración que se me antoja imposible, pero hace que su entorno este cuidado, disponiendo de un espacioso aparcamiento donde dejar el coche.

Cuando accedo a este tipo de lugares, que debieron de tener una vida intensa en otros tiempos, trato de imaginarme como podía ser el lugar en todo su esplendor, con sus monjes “ora et labora” con la iglesia y el claustro a pleno funcionamiento en un oasis de paz y tranquilidad que se palpa hoy día y que en la época de construcción del monasterio, allá por el siglo XXIII debió de ser espectacular. Se le atribuye el ser la primera construcción de la orden del Císter, los monjes blancos, en España aunque como sobre todo se investiga esto ha sido objeto incluso de una tesis doctoral. La sencillez y esbeltez del románico se puede contemplar aún en medio de estas ruinas que solo son un vestigio de lo que en su día debió de ser.

Las cigüeñas, en gran número, han tomado posesión de las alturas y han ubicado allí sus nidos, no solo en los muros y torres del monasterio, sino en arboledas cercanas. Que mejor sitio para vivir, en el fondo un poco de envidia si aflora a mis pensamientos. Rodeando el monasterio podemos llegar al ábside que es una de las zonas mejor conservadas. Un prado verde amplio permite la contemplación desde varios ángulos de esta magnífica obra arquitectónica, característica del románico palentino pero que aquí se ha llevado a su máxima expresión. La piedra está perfectamente trabajada y conjugada para formar un conjunto agradable y armonioso que alegra la vista y el espíritu.

El deambular sin rumbo entre las ruinas, apreciando detalles de lo que existe y de lo que pudo existir es una forma estupenda de relajación y reencuentro con uno mismo. Nada salvo el canto de los pajarillos perturba la armonía del lugar, armonía que penetra en el interior de uno mismo y genera un estado de bienestar casi olvidado por el trajín de la vida.


domingo, 20 de abril de 2008

CONSUMISMO


Hemos llegado al final de una época de relativa bonanza económica. Aunque cada uno en su intimidad valora de forma particular como le han ido las cosas en los aspectos económicos, en general, con salir a la calle, parece que vivimos muy bien. O vivíamos.
Hace algunos años las prioridades de las familias eran muy concretas y se resumían, a mi entender, en dos aspectos básicos, como eran la comida y el vestido. Aparte de esto, la cosa no daba para mucho más. Aspectos hoy comunes como pueden ser el coche, las vacaciones, los puentes, salir a cenar a un restaurante, etc. etc. eran ciencia ficción en una época donde se vivía con lo justo. Bien es verdad es que no estábamos bombardeados por la publicidad instándonos a proveernos de cosas y cosas que “harían más feliz nuestra vida”.
Si revisamos hoy en día las economías familiares, quizá las partidas más importantes de gasto no sean relativas a la comida y al vestir. Cada uno tenemos nuestras preferencias y destinamos el sueldo a lo que nos interesa. La partida de la ropa, si no somos unos exquisitos en marcas y prendas no supone un gasto importante en relación con el gasto mensual. Otra cuestión es la partida de la alimentación, que sí que lo supone y mucho más ahora con los niveles que están alcanzando los precios de los productos básicos, pero en comparación con el total mensual no alcanza, ni mucho menos los porcentajes de hace unos años.
Todos decimos que no llegamos a fin de mes, que la vida está muy cara, que los precios están por las nubes y que si tal y tal, pero seguimos viviendo y si somos objetivos no demasiado mal. Habrá de todo, pero los niveles básicos de comodidad y bienestar se han elevado. Lo que tendremos que valorar es que son para nosotros esos niveles básicos comodidad y bienestar.
El desarrollo de la economía y las formas de compra a crédito han llevado a muchos a una espiral de gasto que puede llegar a ahogarles. Es muy frecuente ver en medios los anuncios de empresas, curiosamente no bancos, que ofrecen una reunificación de deudas para poder llegar a fin de mes. No deja de ser una falacia, porque nadie regala duros a pesetas que se decía antes, y lo que generalmente va a suponer es una vuelta de tornillo más y un alargamiento a más años de nuestras deudas.
Pero es difícil resistirse a tantas y tantas cosas que se ponen delante de nuestros ojos. La televisión que compramos hace pocos años ya no es LCD o TFT y además su poca cantidad de pulgadas la hacen pequeña además de no tener la calidad que tienen las nuevas. Total, la compramos a plazos, si solo son unos euros al mes. Y así con tantos y tantos cachivaches que metemos en nuestras casas y en nuestras vidas y que suponen un coste elevado.
Me viene a la cabeza el pensamiento de un amigo sobre este aspecto. Decía que el tenía mucho cuidado en que las cosas que comprara no le supusieran un gasto por su uso. El hecho de comprar un “tocadiscos” suponía tener que habilitar un presupuesto para comprar discos o el hecho de comprar una cámara de fotos implicaba el destinar unos dineros a la compra de carretes y revelado de fotos. Hoy día las cosas han cambiado mucho con los soportes digitales y estos dos aspectos no se verían de la misma manera, pero la filosofía queda ahí.
Los precios se han disparado, los sueldos se han estancado. La bonanza económica parece que va a sufrir un frenazo y habrá que irse quitando de algunas cosas y mirar con mucho cuidado las imprescindibles. En una economía globalizada esto puede suponer desajustes que pueden dar al traste con la marcha de muchas empresas, dejar sin trabajo a muchas personas y por lo mismo dejar sin clientes a muchas empresas y así perpetuar el círculo.
La cuestión es resistir de forma espartana y con cabeza esta embestida, que no es nueva y que ya hemos sufrido los que contamos con algunos años. Pasará, pero tenemos que aguantar para poderlo contar. Quizá sea necesario parar un poco y reflexionar. Decidir qué es lo que realmente nos hace felices y seguramente eso lo tendremos que buscar en nuestro interior y auto-educarnos a disfrutar con las cosas sencillas. Acostumbrarnos y asumir el no tener lo último en aparatitos, hacer vacaciones sencillas, comer sano y disfrutar del momento presente.

domingo, 13 de abril de 2008

CORREO


¿Electrónico o convencional?
Hace ya muchos años que dispongo de un apartado de correos en una estafeta relativamente cercana a mi domicilio. Casi me vi abocado a ello en una época en la que estaba suscrito a varias revistas las cuales excedían en su tamaño de los buzones que suelen estar ubicados en los portales de las viviendas. Nunca supe si era el cartero, algún vecino “listo” o el repartidor de butano el que se apropiaba indebidamente de lo ajeno, en este caso, de algunas o varias de mi revistas.
El apartado de correos solucionó el tema, ya que al estar situado en el interior de la oficina de clasificación y repartos, solo quedaba la posibilidad de que o bien los editoriales no la habían enviado o era personal de la estafeta. De hecho nunca volvió a faltar ninguna, pero estaba el inconveniente de tener que ir de vez en cuando, generalmente una vez por semana, a recogerlas.
Con el tiempo fui derivando todo mi correo al apartado. Casi tenía a gala que no me llegaran cartas de índole profesional o empresarial a mi domicilio particular. Carta que llegaba ya estaba llamando al remitente para que efectuara una variación del domicilio e indicara el apartado.
Pero todo no iba a ser tan bonito. Algunas empresas de servicios tales como el teléfono, la luz o el agua no admitían tener un domicilio de contrato y otro de correspondencia, cuestión que es ahora muy normal. Por ello las cartas de ese tipo continuaban llegando a mi domicilio.
En esto, se puso de moda el envío masivo de propaganda en papel por correo. Yo tuve muy claro de donde sacaban estas empresas de envíos mi domicilio porque me había tomado la molesta de cambiar ciertos aspectos de mi dirección en las empresas que solo me admitían mi domicilio. En unas ponía Portal-1, en otras Bloque-1 y en otras PRTL-1 por ejemplo. Así descubrí que, en mi caso, la principal “suministradora” de direcciones era la de telefonía. Ni que decir tiene que mis protestas, documentadas y razonadas, ante ella resultaron inútiles.
Hoy día parece que las cosas han cambiado y ha remitido hasta casi desaparecer el envío indiscriminado de propaganda. Se utilizan otras técnicas de tipo telefónico o por correo electrónico más selectivas e innovadoras. Por otro lado, la supresión por parte de las empresas de los envíos postales, dando opciones cada vez más amplias al usuario de la utilización del correo electrónico o el mantenimiento en la web de recibos y facturas, hace que el papel físico que llega al apartado sea cada vez menor. Alguna revista y algún papel “oficial” y poco más.
Lo poco que recojo y abro en casa suele ir dirigido a mí. Algunas veces me he encontrado con sorpresas, derivadas de una equivocación del cartero a la hora de depositar la correspondencia por la cual me ha entregado una carta del vecino de apartado. La devuelvo y ya está, eso sí, algunas veces abierta por no haber reparado en que no iba dirigida a mí.
Pero esta semana la sorpresa ha sido mayúscula. Una carta de un “gran” banco de este país que no iba dirigida a mi nombre pero sí y de forma correcta a mi apartado y a mi localidad. La abrí de forma rutinaria sin reparar en ello y me encontré que la información acerca de transferencias y saldos no era de mi incumbencia sino de otro señor y de otra oficina bancaria que yo no sé ni donde está.
Ahora queda esperar. ´¿Seguirán llegando cartas de ese tipo? ¿Habrá sido un error puntual de la informática de ese “gran” banco? ¿Se habrá equivocado el otro señor al facilitar su número de apartado al empleado? ¿Lo ha tecleado mal en el terminal del ordenador? Algunas preguntas que seguramente se quedarán sin respuesta.
Esto de la informática …….

domingo, 6 de abril de 2008

DST



Cada vez estamos más acostumbrados a los acrónimos, o también siglas, esos resultantes de juntar palabras o de juntar sus iniciales con más o menos gracia. En el caso de nuestro título, DST es la abreviatura o convención para la frase inglesa “daylight saving time” que en español traducimos generalmente por “horario de verano”. Allá por 1916, a un señor llamado William Willett se le ocurrió la idea y desde entonces se emplea casi de forma regular muy a pesar de lo que muchos pensamos. Hay que aclarar que no en todos los países del mundo se utiliza, siendo más generalizado en el hemisferio norte como puede verse en el plano adjunto extraído de la socorrida Wikipedia, esa enciclopedia activa en internet donde todos podemos aportar pero que generalmente usamos para obtener información.

Las razones aducidas son de índole económica derivadas de un mejor aprovechamiento de la energía solar, y siempre referidos a los humanos. Me imagino que los animalitos del campo se seguirán rigiendo por sus propios relojes biológicos y les traerá al fresco el cambio horario, salvo que vivan en granjas y sus dueños adapten los horarios en los que les entregan la comida y se vean por ello afectados.

Algo parecido sucede con nuestros niños pequeños e incluso con nosotros mismos, que andamos unos cuantos días que no sabemos si nos levantamos pronto, o nos acostamos tarde pero que parece que vamos por la vida un poco “descolocados” mientras ajustamos, ponemos en hora, nuestro reloj biológico, cuestión que es un poco más difícil que ajustar la ristra de relojes que tenemos en casa, si es que no son de esos modernos que se autoajustan cuando pasa el satélite.

A mí me parece muy bien lo del ahorro económico, pero podían calcular lo que me corresponde y, si no es mucho, que no lo sé, pagaría gustosamente la parte alícuota para conseguir que a mí y a mi familia nos dejaran en paz ese par de veces al año, una a principios de primavera cuando “nos quitan” la hora y otra a principios de otoño cuando nos la devuelven. Vaya, que casualidad, siempre primero quitar y luego devolver, debe ser consecuencia de que la norma la implantan los gobiernos, bien por convencimiento o bien dejándose llevar por la tónica general, aplicándonos los mismos parámetros que con otros asuntos, como por ejemplo el dinero que pagamos a Hacienda, que no sé cómo se las apaña pero al final tiene que devolver a muchos ciudadanos el dinerillo que les ha cobrado de más cuando se pone en claro la declaración de la Renta.

En fin, que en mi opinión el amigo Willett, puesto a pensar, podría haber pensado e inventado alguna cosa más práctica y nos podía haber dejado en paz un par de veces al año. Todos los años hay encuestas de la opinión pública y hay que reconocer que hay división de opiniones aunque en general no nos gusta el cambio. Personalmente no estoy convencido de su utilidad y de su ahorro, ya que lo que no se va por tardes se va por las mañanas. Para ser efectivo habríamos de estar ajustando una determinada hora del día, en la que todos más o menos nos levantáramos, para que coincidiera con la salida del sol, con lo que tendríamos montones de horas en cada país y estaríamos cambiando de hora cada semana. A lo mejor así se acababa el asunto de una vez para siempre.

sábado, 29 de marzo de 2008

BUS-VAO

Tengo que reconocer que los temas de tráfico me calan un poco más dentro que otros. Considero que en estos asuntos las personas nos mostramos como en realidad somos, nuestra educación, nuestras maneras y nuestras formas de comportarnos, de relacionarnos y deambular por la vida.

Esta semana he ido a Madrid algunos días en coche con un amigo que lo tiene que llevar por necesidad ya que se dedica a reparar electrodomésticos, con lo que para el representa el vehículo la posibilidad de desplazarse, almacén de herramientas y repuestos y algunos días, según le pille, comedor donde dar cuenta de la tartera o un bocadillo comprado entre reparación y revisión.

La sigla VAO aplicada a uno o varios carriles de la autopista significa “Vehiculo de Alta Ocupación”. Según mi criterio, licencias poéticas aparte, debería ser VOA, pero no es ese el eje de este suelto. A mi amigo le viene muy bien que le acompañe en su desplazamiento por que la definición de alta ocupación está en la cantidad de dos personas. Esto es, los coches con dos o más personas pueden acceder a estos carriles especiales, lo que supone un beneficio en una menor densidad de tráfico y por tanto más comodidad y rapidez en llegar al trabajo. Yendo el solo debe utilizar la zona normal de la autopista, lo que supone levantarse antes e ir más pendiente de la circulación, mucho más densa y complicada.

Ya había observado antes el hecho: NO TODOS LOS VEHICULOS que circulan por aquí llevan dos personas en su interior. Evidentemente, el riesgo de error en esta apreciación puede ser mío y más o menos alto. Pueden ir durmiendo en el asiento de atrás o a lo mejor acurrucaditos en el maletero, con lo cual se cumple el número.

Pero lo que realmente ocurre es que hay mucho listo y desconsiderado. Ya se ha oído que algunos se toman la molestia de llevar muñecos o muñecas hinchables para despistar o sillitas de niño en el asiento trasero con muñecas más o menos grandes que dan el pego. Pero no, hay una gran mayoría que acceden al carril por “todo el morro” teniendo en cuenta que a esas primeras horas de la mañana es más bien escasa o nula la presencia de agentes de tráfico que vigilen a estos “listos”, amén de que es bastante complicado pararlos y multarlos por las especiales características y velocidad de la circulación.

El pasado viernes me puse manos a la obra. En los poco más o menos siete minutos que estuvimos circulando por el carril especial, fuimos adelantados por NUEVE vehículos que, aparentemente, iban ocupados por menos de dos personas, con lo que claramente estaban infringiendo la norma.

Lo más grave es que estas cosas, como el aparcar bajo señales de prohibido o en las aceras, si no se cortan de raíz, se generalizan, y rápidamente. Por qué voy a estar yo aguantando el tapón o madrugando si lo normal es que haga la trampa y las posibilidades de que me pillen son pocas o casi inexistentes.

Desconozco la multa y los puntos que conlleva esta transgresión, esta falta de desconsideración y esta prepotencia y esto lo puedo asociar con que los nueve vehículos a los que me he referido eran todos de gama alta o muy alta. Que cada cual saque sus conclusiones. Seguro que no hay relación directa pero el dato es cuando menos curioso.

viernes, 21 de marzo de 2008

CUCURUCHOS


Los más comunes, y casi únicos, en la actualidad son para los helados. En épocas no muy lejanas, antes de que nos invadiera el plástico, las pipas o cacahuetes se compraban en cucurucho, los fruteros los fabricaban con hojas de papel de periódico para servir la fruta a sus parroquianos o las castañeras para despachar las castañas calentitas. De niños nos servían de gorras de piratas o sombreros de espadachines en nuestros juegos infantiles
Hoy es Viernes Santo y por lo tanto estamos inmersos en plena Semana Santa. Es un nombre antiguo y tradicional, religioso, asignado a una determinada semana del año, que curiosamente varía en su ubicación de unos años a otros, dependiendo de no sé qué luna en no sé qué fecha según se estableció hace muchos años por motivos religiosos. El resto de fechas religiosas, por delante y por detrás, pivota en torno a donde se halle situada esta semana en el calendario.
Opino que cada vez es un poco menos Santa. O por lo menos con otras muchas cosas adicionales. Son días libres, de vacaciones, que la gente aprovecha o aprovechamos para escaparnos de la rutina y huir en manada a la playa, a la montaña, a la casita de la sierra o hacer ese viaje organizado a algún otro país o ciudad que deseamos conocer.
En la parte religiosa, los que la viven de forma participativa saben lo de los cucuruchos, aunque no igual en según qué zonas de España.
Hace ya muchos años, cuando iba a iniciar mis participaciones activas en los desfiles procesionales de la Semana Santa de mi pueblo, uno de los principales problemas en la confección del traje de nazareno era el cucurucho, bueno, vamos ya a emplear su nombre técnico, capirote, que se sitúa en la cabeza a modo de sombrero pero cubierto por una túnica. Académicamente, el capirote es el conjunto formado por el cucurucho en sí y la tela que lo recubre y que generalmente oculta la identidad del nazareno o penitente, dejando únicamente un par de aberturas para los ojos. Podía hacerse de cartón o plástico, material este último que me parecía más duradero y resistente, máxime cuando los días de desfiles son aprovechados por los hados meteorológicos para llover o incluso nevar. Mi padre, con buen criterio, ese criterio que da la experiencia de muchos años, abogó por hacerlo de cartón, a pesar de mis objeciones. El suyo contaba con muchos años, muchas puestas y muchas lluvias y ahí aguantaba tan pancho. Además tenía la ventaja de absorber el sudor de la frente y cuero cabelludo, máxime cuando yo desfilaba cargando sobre mis hombros las andas al Santo Cristo de la Buena Muerte, lo que implicaba un esfuerzo y por lo tanto una sudoración extra.
Tras veinticinco años de procesiones y cargas me ha llegado la jubilación penitencial, pero el capirote, o cucurucho, de cartón, que hiciéramos sigue “funcionando” a pleno rendimiento. Por el momento no lo usa nadie, pero no quita que vaya a parar a alguien, o a mí mismo si retomo mis desfiles como nazareno de fila, de procesión, llevando como única carga el farol reglamentario que tengo desde hace muchos años y no he usado nunca.

ENCERRADOS


Y congelados. Hace un par de años empezamos a sufrir robos en la distribución de las botellas de propano que servían para la calefacción y agua caliente de una casita en la playa. Costó varios meses y unas pesquisas dignas del mismísimo Sherlock Holmes el poder detectar el sistema que utilizaba un “honrado repartidor”, según su responsable, para escatimarnos el contenido de las botellas de propano que nos suministraba. Claro, nunca estábamos en casa por la utilización esporádica de la misma, cuando el mencionado repartidor accedía a la caseta de las botellas y daba el cambiazo por otras. El modo de cómo lo hacía fue interesante, una vez que lo descubrimos y lo que es peor, no éramos los únicos sufridores en la zona.
Tuvimos que buscarnos la vida, ya que las zonas están asignadas, el repartidor oficial de gas en nuestro pueblo era ese y no había posibilidad de otro. Por otro lado, el transporte de bombonas grandes de propano está prohibido efectuarse en coches particulares, por lo que la solución de ir a buscarlo nosotros donde procediera tampoco era viable. Menos mal que dimos con un distribuidor de una zona anexa, que por casualidad residía en la nuestra y se avino muy amablemente a servirnos las botellas dos o tres veces por año.
El progreso avanza y ha llegado a la zona el gas ciudad. Vimos el cielo abierto, era la solución a nuestro problema, disponer de un contador y gastar el gas necesario cuando fuera necesario sin preocuparnos de que se gastaran las botellas y tener que reponerlas. Han sido unos cuantos meses de sufrimiento, llamadas, idas, venidas, citas no atendidas o atendidas a deshora …. Supongo que esto es consustancial a cualquier operación de este tipo y, a pesar de la tecnología, los móviles, los GPS, etc. etc. el quedar con alguien en tu casa que venga a hacerte un servicio o reparación es una odisea de tamaño descomunal.
Por fin, hace un par de semanas quedó todo el sistema de suministro de gas instalado y funcionando. Se habían acabado las penurias y sufrimientos. Al menos eso creíamos.
Llegamos el sábado después de comer, felices y contentos a pasar la primera Semana Santa con gas a tope, calefacción y agua caliente a nuestro gusto y deseo, todo maravilloso…. Pero no. La caldera que no enciende, parece que no llega gas. Llamada al servicio técnico, toda la tarde encerrados, y congelados, esperándole. Cuando llega nos dice que hay mucho aire en las conducciones, efectúa una purga y deja la caldera funcionando. La calefacción empieza a funcionar cerca de las diez de la noche.
A las tres de la mañana oigo ruidos raros en la caldera. Se apagaba y se encendía, hasta que al final se bloqueó el sistema de encendido con el consiguiente código. Ahora todo va por códigos.
A las nueve de la mañana del domingo, nueva llamada al servicio técnico, con lo que volvemos a quedar encerrados, y congelados, en casa hasta su llegada. Vuelve el mismo de la tarde anterior, efectúa una purga más concienzuda y lo deja funcionando de nuevo. Pero esta vez solo dura poco más de una hora y vuelve a bloquearse.
Yo había visto la manera como efectuaba la purga en el contador exterior. Aunque es gas y por lo tanto peligroso, repetí la misma operación que había hecho el, si bien es verdad que estuvo saliendo aire por la tubería en gran cantidad y en ningún momento olía a gas. Al final no conseguimos ponerlo en marcha, por lo que nueva llamada a los servicios técnicos.
Como está de moda ahora, los números de teléfono empiezan por 902, es decir, pagando y bien, y mucho más si llamas desde un móvil. Luego vimos que las diferentes llamadas se acercaban a los 20 euros de coste, cantidad nada despreciable y encima seguíamos con el problema sin solucionar.
En la llamada a primera hora de la tarde del domingo pretendían enviar de nuevo al técnico, pero nos negamos a seguir encerrados, y congelados, por lo que concertamos la cita para la primera hora de la mañana del lunes, a partir de las ocho de la mañana. Cuando esto escribo son cerca de las once y aquí no ha aparecido nadie.
Seguimos encerrados, y congelados.

viernes, 14 de marzo de 2008

VOTOS


El domingo pasado se han celebrado elecciones generales en el país. Hace ya algunos años, a finales de los años setenta del siglo pasado, los españoles recuperamos esta opción tras unos cuantos años de dictadura. Reconozco que en aquella época sentí una cierta fascinación por el proceso, máxime en las primeras elecciones de carácter local que tuvieron lugar. Todo era nuevo y la novedad trajo consigo una serie de expectativas aportadas por lo desconocido que me llamaban la atención. De hecho estuve a punto de participar activamente como candidato a concejal aunque no por uno de los partidos políticos que resurgieron sino en una candidatura independiente de carácter local. Si bien no lo hice, seguí de cerca los pasos y vicisitudes de un amigo que al final resultó elegido al figurar el primero de su lista de no-partido oficial y que fue bisagra en el primer gobierno municipal durante los cuatro años siguientes, mediando entre lo que yo y muchos empezábamos a conocer como izquierda y derecha.
Han pasado casi treinta años desde aquello y por lo que a mí respecta lamento tener que decir que en la actualidad el desencanto anida en mis pensamientos cada vez que llega un período electoral. Aunque sigo el asunto todo lo de lejos que puedo, no es muy factible evitar los ecos en la prensa, radio y televisión de las encendidas campañas electorales. Viéndolas desde lejos, con los ojos y los oídos medo entrecerrados, me doy cuenta, en mi modesta opinión, de las actuaciones a las que se someten no solo los líderes y principales representantes de los partidos sino también el público que apoya los mítines o actos electorales, como se quieran llamar. El hecho de ser de unos o de otros implica un fervor y apoyo condicional a los míos y un rechazo frontal, diría que con un poco de odio, a los otros, bueno no a todos los otros, sino progresivamente a los que nos pueden hacer sombra.
Muchas de las opciones prometidas y vertidas son fantasiosas, pero bueno, ellos y los que les escuchan lo saben. Luego se intentarán cumplir las promesas, pero tampoco pasa nada si no se llega a conseguirlo. Simplemente se vuelven a prometer en las elecciones siguientes siempre y cuando sea necesario para conseguir los ansiados votos.
Y a esto del voto quería yo llegar. En algún momento me interesó conocer la famosa ley d’ Hont por la que se escrutan los resultados y se designa a los elegidos. Recuerdo que lo hice hace años con motivo de unas elecciones locales y lo que me queda de aquello es que era un tremendo galimatías y que servía para favorecer a los partidos más votados en detrimento de los menos.
No mantendría esta apreciación hoy en día y tampoco voy a estudiarme la ley. Pero lo que si que constato es que si bien son unas elecciones generales de todo el país, no valen lo mismo los votos de unos ciudadanos y de otros. Depende de donde seas, o en términos oficiales, a que circunscripción estés adscrito según el censo, tu voto tendrá más fuerza. ¿Cuánta fuerza? Pues eso no lo sé, pero viendo que con 830.000 votos un partido ha conseguido 10 diputados mientras que otro partido con 1.270.000, 50% más, solo ha conseguido 5, es decir la mitad que al anterior, la cuestión de la fuerza diferente si parece que existe. El primero es un partico de circunscripción nacionalista mientras que el segundo es relativo a todo el territorio nacional. ¿Alguien me explica esto? Y , para más “inri”, si comparamos este 1.270.000 con 5 electos con otro partido que ha obtenido 3 electos con 220.000 votos, o con otro que únicamente ha obtenido 1 con 300.000….. la cara se nos puede quedar a cuadros.
Algo no está bien desde mi más humilde punto de vista. Parece que se favorece a ciertas circunscripciones minoritarias, parece o más bien es cierto a tenor de lo expuesto, que el voto de unos no vale igual que el de otros, lo que permite cierta representación cuantiosa en el Parlamento con una mínima cantidad de votos.
Hay una nada despreciable cantidad de votos en blanco que supera los 400.000 adicionados por la no desdeñable cantidad de 260.000 votos nulos, queriendo o sin querer. ¿Cuántos diputados hubieran obtenido el Partido Voto-en-Blanco o el Partido Voto-Nulo?
Quizá fuera una buena idea asignar el número de escaños a la población total que puede votar y cubrir solo aquellos derivados de la votación en la urnas, de la participación real, dejando vacíos los que hubieran correspondido. Pero no, se llenan todos, acudamos todos o no acudamos ni la mitad a votar, y además, como hemos sugerido en estas líneas, se llenan de una manera que por lo menos podemos calificar de poco ortodoxa desde el punto de vista del hombre de la calle, aunque me imagino que no desde el punto de vista de los partidos políticos.
Los votos en blanco me dan vueltas y vueltas en la cabeza. ¿Ciudadanos que quieren mostrar que cumplen con su “obligación” de votar pero que no se expresan? ¿o que expresan que no les gusta ninguno de los candidatos? ¿o que no les gusta el sistema? ¿o que respetan lo que digan los otros? Cada uno de los más de 400.000 españoles que ha votado en blanco lo sabrá y tendrá su razón particular para obrar así. Pero remato con una última pregunta: Desde el punto de vista práctico, ¿es igual votar en blanco que no votar? Ojo, parece ser que no. El voto en blanco es válido y por lo tanto incrementa la cuenta de número total de votantes. Si tenemos en cuenta que no se consideran aquellos partidos que no alcancen en número de votos el 3% del total, los votos en blanco pueden “echar” literalmente y “quitar” realmente algún diputado a partidos menos votados, diputado que, así a bote pronto, iría a engrosar las filas de los más votados. Sería interesante efectuar un cálculo simulado eliminando los votos en blanco.

viernes, 7 de marzo de 2008

CHABACANERIA

A medida que se van alcanzando una cierta cantidad de años, debe ser consustancial el notar ciertas desavenencias conceptuales con el mundo que te rodea. Es tradición que los padres no entiendan a los hijos y ello es así desde la noche de los tiempos. Los ritmos de vida y las costumbres cambian a toda velocidad de una década para otra.

Hace días me encontré leyendo en la prensa la programación de televisión con un programa titulado “Sin tetas no hay paraíso”. No lo he visto nunca y seguramente no lo veré, pero me llama la atención el título, aunque supongo que de eso precisamente es lo que se trata, que ese título chabacano en mi opinión llame la atención y caigamos presos cual moscas en la miel, atacados de una necesidad imperiosa de que llegue el ansiado momento de sentarnos ante el televisor a devorar su contenido.

El mundo del anuncio no para de generar nuevas y nuevas propuestas. Algunas son novedosas y llaman la atención por su originalidad, pero esto tiene su dificultad y no se consigue todos los días. Por el contrario, parece que el lenguaje soez, las imágenes impactantes y atrevidas y los mensajes rayando la mala educación son fáciles de concebir y diseñar y tienen el campo abonado en una sociedad como la actual. Estará todo medido por encuestas y prospecciones de mercado que habrán decidido que el porcentaje de ciudadanos, como yo, a los que causa rechazo ese tipo de publicidad, es un número insignificante que se ve compensado por el mayor número de consumidores que atenderán el mensaje.

Y es que lo del programita de marras no es un caso aislado. Una gran marca de productos lácteos del norte de España lleva varios meses con un programa de promoción de sus productos titulado “Esto es la leche”. Atractivo para el público en general, pero por lo que a mi respecta rechazable, aunque habría que ver la aceptación que tiene, dado que lleva varios meses en actividad.

Pero la empresa que se lleva la palma por su insistencia en este tipo de publicidad sostenida en el tiempo es una gran superficie dedicada a la venta de electrodomésticos y aparatos de tecnología. Mensajes del tipo “yo no soy tonto” o “todos al suelo” haciendo una alusión directa al 23-F o imágenes de una persona del sexo masculino con una mano en sus partes pudendas generarán a buen seguro un aumento en sus ventas a tenor de la insistencia mantenida en ese tipo de publicidad.

Hay que adaptarse a los tiempos, pero no a todo y a cualquier precio. Algunas cosas son necesarias y viene bien moldear la mente para asimilarlas en una claro camino de resistencia a la vejez. Pero solo con aquellas cosas que sean importantes y que supongan o bien una mejora o bien una necesidad en nuestro camino por la vida. Ni ver en la televisión un programa determinado, ni comprar una determinada marca de leche ni comprar una televisión o lavadora en esa gran superficie son cuestiones vitales, amén de que hay multitud de alternativas a considerar.

lunes, 3 de marzo de 2008

MOBBING


En un foro de personas afectadas por Acoso Psicológico en el trabajo, una persona abría un tema de debate interesante bajo el título “Que me atiendan gratis”. Una de las conclusiones que se podía leer en las aportaciones reza así “Es necesaria la intervención profesional psicológica en mayor o menor grado ….”
En general, no está bien visto ir al psicólogo. Aparte del gasto que pueda suponer, no cubierto, todavía y por mucho tiempo, por organismos oficiales y privados, no hay confianza en que nos puedan solucionar nuestro problema, y esto es por una simple cuestión de tradición. Conocemos a multitud de personas que van al médico pero no conocemos tantas que vayan al psicólogo, por el motivo que sea.
El psicólogo no tiene una fórmula magistral que nos pueda garantizar la curación de nuestro mal. Ninguno podría certificar por adelantado y asegurarnos que tras las sesiones correspondientes nuestro problema va a quedar resuelto. Y estoy hablando en general, para cualquier tipo de tratamiento de cualquier tipo de problema.
El mensaje es que hay tratamientos psicológicos eficaces y efectivos para la gran mayoría de los trastornos. Estos tratamientos son una ayuda a la persona que decide someterse a ellos pero requieren de una participación activa, cuanto más activa mejor, por parte del sujeto que está tratando de solucionar "su" problema. Los tratamientos "pasivos" que se limitan a tomar un medicamento cada ocho horas en esto no funcionan o lo hacen de forma parcial si no van acompañados de una serie de acciones de tipo cognitivo-conductual dirigidas a modificar los pensamientos, manejar las emociones y dotar a los sujetos de herramientas que les permitan manejar los estados psicosomáticos inducidos que no hacen sino agravar más y más el problema.
El Acoso Psicológico en el Trabajo es un problema complejo y multidisciplinar, relativamente "novedoso". Cada vez hay más profesionales, médicos, abogados, psiquiatras, psicólogos expertos en su tratamiento pero todavía queda mucho camino por andar. Y mientras los enfoques vayan dirigidos al tratamiento del o de los síntomas principales, sin acometer el asunto de forma globalizada, será más largo y menos efectivo.
Junto con otros dos compañeros psicólogos estamos desarrollando una Terapia de Grupo para afectados que ha sido aplicada completamente en dos ocasiones y cuyos resultados han sido buenos o muy buenos y de la que hemos dado información en este foro. La experiencia es aplicable a Terapia Individual seguramente de forma mucho más efectiva y eficaz a la vez que más costosa. Evidentemente ha tenido un coste para los que la han seguido y a ellos habríamos de preguntarles si ha sido alto o bajo, y en "comparación con que" en función de los resultados obtenidos y si les ha merecido la pena.
No podemos entrar en si somos o no culpables de la situación y por ello tenemos el derecho de ser tratados de forma gratuita. Mientras esto se dilucida seguimos sufriendo y deteriorándonos. Yo siempre pongo el ejemplo de la persona que es atropellada en un paso de cebra o cruzando debidamente un semáforo. Al conductor causante del atropello lo podrán multar, meterlo en la cárcel y un sinfín de cosas, pero los que estaremos atropellados seremos nosotros y tendremos que preocuparnos de cómo nos "arreglamos". Lo que le hagan al causante de nuestra desgracia podrá tener efectos emocionales y de satisfacción, que serán muy rápidos y pasajeros sobre nosotros, pero nada más.
En resumen, el problema es nuestro, lo tenemos y está ahí, con independencia de quién o qué nos lo haya provocado. Tenemos que hacer todo lo posible por solucionarlo, con iniciativas propias y si estás no son suficientes, con toda la ayuda de profesionales que podamos recabar.
Nos jugamos mucho en ello.

jueves, 21 de febrero de 2008

HIPNOSIS


Quién no oído hablar o incluso tiene sus propias teorías sobre la hipnosis.Generalmente son procedentes de cuestiones leídas o vistas en medios de comunicación que suelen estar bastante alejadas de la realidad.
La hipnosis científica, como tal, sigue las reglas de cualquier disciplina científica. No es una terapia sino más bien una serie de procedimientos o técnicas que pueden ser usadas para facilitar un estado de consciencia determinado. Por tanto, podremos ver la hipnosis presente como parte de un tratamiento para conseguir unos objetivos, desde una consulta psicológica a la mesa de operaciones de un cirujano.
Las aplicaciones son muy amplias, tanto en psicología como en medicina y por ello debemos recomendar se haga uso de la misma bajo control de un profesional y no de cualquiera que ofrezca soluciones milagrosas en una sesión de dos horas.
Es importante manifestar que en el proceso hipnótico, que se facilita mediante una inducción, el sujeto mantiene en todo momento el control sobre sus acciones y pensamientos, no viéndose obligado a realizar ni pensar nada que voluntariamente no desee. Esto es importante al ser uno de los temores principales contra la hipnosis derivados de espectáculos que nada tienen que ver con la hipnosis, repito, científica.
Un libro sencillito, muy ameno. corto, escrito por una autoridad española, y mundial, en la materia, se encuentra publicado en Editorial Síntesis, Psicología Clínica, Guías Técnicas.Su título, HIPNOSIS y su autor Antonio Capafons. Otro libro que me atrevería a recomendar, para personas y profesionales interesados en profundizar en el tema es "Tratamiento del dolor mediante Hipnosis y Sugestión", una guía clínica de Joseph Barber, publicado por Descleé de Brouwer en su Biblioteca de Psicología.
En la web del Grupo de Valencia de Hipnosis Psicológica donde se puede encontrar abundante y seria información sobre el tema ( http://www.uv.es/GRUPOHIPNOSISCOP/ ).

viernes, 15 de febrero de 2008

DESAPARCAR




No soy un experto en nada, pero me gustan muchas cosas. Suelo decir que juego a todo, pero mal. La gramática y la riqueza del idioma castellano están ahí esperando que le dediquemos un poquito de tiempo y disfrutemos de ella, aún a riesgo de que los que nos rodean nos consideren unos pedantes por utilizar determinadas palabras. Cada vez más, según estudios, estamos reduciendo y estropeando el número de palabras que empleamos en nuestro vocabulario, lo que supone de alguna manera ir cerrando poco a poco nuestra mente, acomodándonos en un lenguaje pobre y repetitivo. Si unimos una generalizada falta de lectura, libros o prensa, sustituida por grandes dosis de información visual y oída, estaremos preparando un cóctel que será abono en nuestra vejez de enfermedades como el Alzheimer. Pero no se trata de anticipar el futuro, sino de comentar cosas curiosas del castellano en relación con el prefijo «des».

Un ser muy querido utiliza el mencionado prefijo con profusión. Todos habremos oído alguna vez a los niños, en sus primeros escarceos con el idioma, pronunciar palabrejas como «abrido» y «ponido», a todas luces lógicas desde su punto de vista y resultado de aplicar las mismas normas y deducciones que en «leído» o «cogido». La riqueza del castellano nos hace corregir al niño indicándole que se dice «puesto» y «abierto».

Esta generalización puede aplicarse al uso del prefijo «des». Hasta hace unos momentos, la palabreja que sirve de título a este suelto, era considerada por mí como inválida, no correcta. Un acceso al diccionario clásico ESPASA CALPE de 8 tomos más apéndices, en papel, resulta fallido en localizar la entrada y el correspondiente significado para «desaparcar».

Pero los tiempos cambian y los diccionarios en papel solo quedan para nostálgicos y para enseñar en el colegio a manejarse y practicar el abecedario. De hecho, un acceso al Diccionario Oficial de la Real Academia de la Lengua, conocido como DRAE, nos muestra que «desaparcar» existe y nos aclara su significado, que ya intuíamos en caso de ser una palabra correcta: «Retirar un vehículo de donde estaba aparcado». Lógico ¿no?

Lo peor es la cara que voy a tener que soportar cuando comunique a ese ser querido que su palabra existe y es correcta. Menos mal que algunas otras que emplea, como por ejemplo «destender», por la acción de quitar la ropa que está tendida, siguen siendo inválidas tanto en el diccionario en papel como en el electrónico. Pero esta situación puede ser temporal y puede ocurrir que en una de las futuras revisiones que hacen los académicos decidan incorporar el término: ¿Por qué no? Tan raro nos puede sonar desaparcar, que ya hemos dicho que es correcto, como «destender» que por el momento no lo es.

En estos días se puede ver un anuncio en televisión de un banco que juega con este concepto. Concretamente anuncia la «deshipoteca». Tampoco figura en el diccionario, pero todo el mundo sabe lo que quiere transmitir y además causa impacto, cuestiones importantes de fondo de un anuncio.

Puestos a hacer de ratoncillo de biblioteca y a hurgar en el diccionario, en el electrónico que es más cómodo y directo, he averiguado que el prefijo «des» tiene mucha más enjundia. No solo antepuesto a una palabra indica negación o inversión de su significado, como por ejemplo en desconfiar o deshacer. Puede transmitir la idea de -exceso o demasía- como en deslenguado, -privación- como en desyerbar, fuera de- cómo en deshora o afirmación como en despavorido. No olvidemos también que hay palabras en castellano que empiezan por «des» y en su caso son simples letras y no un prefijo, como desastre, descenso, destino o destacar.

No he sido capaz de obtener via internet una relación completa y actualizada de todas las palabras oficialmente admitidas que comienzan por des. No sé si se podrá hacer o simplemente que yo no he tenido la destreza necesaria para obtenerla. Por el contrario, en la edición en papel del diccionario antes comentado podemos encontrar 65 páginas llenas desde el “des” como prefijo hasta deszumar, que no es otra cosa que sacar o quitar el jugo como habremos podido deducir. Claro que no todo es «des» en esas páginas, pues se cuelan cuestiones que no tienen nada que ver, como «Descartes, Renato», célebre filósofo y matemático francés, o «descuernacabras» aparentemente deducido de descornar y cabra pero que es el nombre que se aplica a un viento frío y recio que sopla en el norte de España. Aún así son pocas excepciones y la gran mayoría de las acepciones de esas 65 páginas corresponden de lleno con el tema que estamos tratando.

Deberemos tener cuidado de ahora en adelante. Aplicar la regla no sirve. Si lo hiciéramos, diríamos o pensaríamos que un deslenguado es uno al que le han cortado la lengua y sin embargo es todo lo contrario, la tiene puesta, bien puesta, y la usa con profusión y desatino. Puestos a buscar curiosidades nos encontramos con que «deshabitar» no es lo mismo que «desabitar» aunque suene igual. La bitas son los soportes de hierro o madera que se encuentran cerca de la proa de un barco y que sirven para enrrollar o desenrrollar la cadena o cabo del ancla. ¿somos capaces de aventurar lo que significa «desabitar»?

Reiterando nuestro respeto a nuestro reciente amigo «des» y cuidado que no es todo como parece, desasnemos nuestro cerebro, desapolillemos nuestra entelequia, no desaprendamos lo que ya conocemos, echemos fuera la desgana, desgravemos todo lo que legalmente podamos, no desimaginemos lo que bonito y bello hayamos imaginado, no nos desmadremos ni desmejoremos, no nos desmoronemos ante algunas adversidades, seamos cuidadosa y graciosamente desordenados y/o desorganizados, no desfallezcamos o desistamos, no seamos destructivos y desarrollemos y despejemos todo lo que podamos nuestra mente, con esta u otras cuestiones parecidas.

En suma y fuera de diccionario español, pero sí dentro del mejicano, «desaburrámonos» lo máximo posible. Y para contribuir a ello y por alusiones anteriores, desyerbar, desherbar y desgatar tienen significados muy aproximados o incluyentes aunque no lo parezca y la última de las tres nada que ver con esos simpáticos animalitos.