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domingo, 24 de enero de 2021

EQUIS

La letra equis es una de las veintisiete que componen el alfabeto del idioma español, una vez retiradas de forma definitiva las compuestas «ch» y «ll» que al decir de la RAE «… no son letras, sino dígrafos». Los que tenemos la cabeza amueblada un poco informáticamente siempre nos resistimos a considerarlas como integrantes del alfabeto. En esa secuencia de veintisiete, la «x» es una letra enigmática que ocupa la antepenúltima posición del abecedario, tan solo seguida por la «Y» y la «Z» aunque no debemos perder de vista la anterior, la «W».

Menos de una cincuentena de palabras españolas empiezan por ella, por equis. De hecho, en algunos concursos, citemos al famoso Pasapalabra, cuando la dinámica alcanza la letra equis, se escucha siempre antes de la pregunta aquello de «Contiene la X». En nuestros estudios y en las fórmulas matemáticas, era la incógnita por excelencia cuyo valor teníamos que resolver. También es el número 10 en la numeración romana que aún seguimos utilizando, por ejemplo, en los siglos o en los capítulos de libros. En medicina tenemos los muy utilizados Rayos X y en las tallas de ropa se impone aquello de XL, XXL o incluso XXXL. La equis está por todas partes.

Y como no podía ser de otra manera, la equis se ha incorporado a temas de señalización. En la imagen superior, en los símbolos que nos ayudan a recorrer rutas a pie por senderos señalizados, la equis indica que nos hemos equivocado, que «por ahí no es», algo que podemos asociar a prohibido. En las autopistas, una señal luminosa con una equis roja encima de un carril es señal de que la circulación por él está prohibida. Podemos tener la sensación, quizá falsa, de que la equis es sinónimo de incorrecto, fallo, error, rechazo… prohibido, en suma. En las etiquetas de la ropa, una equis encima de una plancha significa que no se puede planchar, con lo que la equis se utiliza a modo de tachadura para indicar prohibición: encima de un cigarro o un puro…

Sin embargo, no siempre la equis tiene esta connotación negativa. En temas religiosos, por ejemplo, se ha utilizado para otras cosas. Recordemos como los soldados romanos de Herodes I El Grande marcaban una equis con pintura en las puertas de los hogares donde había niños recién nacidos para señalizar la matanza de los inocentes, aunque ahora los amigos de lo ajeno marcan sus objetivos en nuestras casas con pequeñas pegatinas, casi imperceptibles, en las que la «X» significa que los propietarios están de vacaciones. En los planos de los piratas, una equis señalaba el lugar donde estaba escondido el tesoro.

En todo caso, en el lenguaje, la x se utiliza poco. Si recuperamos una versión digital del Quijote, la cargamos en un documento de tipo Word y utilizamos el buscador, la letra equis aparece tan solo 1.627 veces en un texto que tiene cerca de un millón ochocientas mil letras en sus alrededor de trescientos noventa mil vocablos. Quizá don Miguel no fuera muy amigo de la equis, pero está contenida en palabras como excelencia, extraño o expiriencia.

Pero volvamos al tema de la señalización y la utilización de la equis en las instrucciones. La pandemia que llevamos ya casi un año sufriendo ha obligado a comercios y empresas a señalizar todos los aspectos relacionados con la observación de ciertas normas para la circulación y estancia de las personas en sus locales. La cosa vino de sopetón y cada cual se las ingenió como pudo para crear sus símbolos y sus instrucciones. Ahora incluso se puede comprar cartelería generada específicamente para todo lo relacionado con la COVID, pero seguimos encontrando las más variopintas formas de indicar o señalizar. Tantas hay, que yo me atrevería a pensar que ni las leemos. Y ahí es donde quiero llegar a un sucedido de esta misma semana.

Entramos en una iglesia y nos encontramos los bancos señalizados con equis. ¿Qué significan esas equis? ¿Aquí SÍ nos podemos sentar? ¿Aquí NO nos podemos sentar? Me temo que la primera opción que se nos viene a la mente es la de prohibición, que sería la lógica a tenor de lo descrito en los párrafos anteriores. Las interacciones, en algunos casos, recriminaciones y discusiones entre las personas por aspectos relacionados con la pandemia están a la orden del día. Estaba yo sentado justo encima de una de esas equis, cuando un señor mayor, más mayor que yo, junto con su señora, comenzaron a afearme la conducta por no cumplir las normas. Cuando le pregunté por las normas, me decía una y otra vez que estaba indebidamente sentado. Y de ahí no le sacaba. Al final, como no atendía su requerimiento de que me moviera, optó por irse a otra parte y sentarse, como no, en un banco que no tenía la equis.

A la entrada de la iglesia está este cartel informativo que reproduzco en la imagen a continuación.

Ya no sé a qué atenerme. Yo he leído el cartel, lo volví a releer tras la interacción, y creo, ya no estoy seguro de nada, que estaba correctamente sentado en mi banco marcado con una equis, al menos a tenor de la interpretación que yo hago de las instrucciones. Otra cuestión es si las instrucciones son claras o no, pero lo que sí parece es que no leemos las indicaciones y nos lanzamos a actuar como nuestro parecer nos da a entender. Si en lugar de tratarse de un señor más mayor que yo hubiera sido una persona más joven, de esos a los que la adrenalina se les dispara a la mínima …

Voy a recomendar al párroco que quite las equis de los bancos y en su lugar los decore con esta otra señal que posiblemente se entienda mejor, por lo menos para las personas que sepan leer… y que miren la señal.


 



 

domingo, 17 de enero de 2021

PALINODIA

La profusión de imágenes y vídeos que circulan por las redes sociales y los medios de comunicación en sus páginas de internet crece y crece de forma exponencial a media que pasan los años. Se está construyendo una gran hemeroteca digital accesible a golpe de teclado y ratón que nos permite visualizar una gran cantidad de información sobre hechos ocurridos en el pasado.

Con este vocablo, hemeroteca, se ha construido la llamada «maldita hemeroteca», una forma de utilizar toda esa información para ejemplarizar lo que el viejo refrán nos dice: «donde dije digo, digo Diego». Si queremos pasar un rato, que no califico ni de bueno ni de malo porque será de los dos tipos, no tenemos nada como asomarnos al portal www.maldita.es y brujulear con el ratón por la enormidad de información en la que se puede ver a las mismas personas diciendo, pidiendo o protestando por una cosa antaño y diciendo o justificando todo lo contrario hogaño. Y es que no es lo mismo ver los toros desde la barrera, donde todos somos muy listos y valientes, que bajar al ruedo y ponerse frente a los cuernos del morlaco.

En el terreno político, en el de los directivos de grandes empresas y en el de las celebridades es donde más se dan estas situaciones rocambolescas, que nos provocan la risa pero que no tienen ninguna gracia. Del «yo no voy a subir los impuestos» en las campañas electorales al «voy a subir los impuestos» hay escasos meses; nos volvemos olvidadizos y es que no hay nada como no tener que responder de lo manifestado. Y lo hacen sin ningún pudor, sin que se les caiga la cara de vergüenza. De protestar por los precios de la electricidad cuando se estaba en la oposición hace unos años a llamarse andanas ahora cuando se tiene la responsabilidad de gobierno. Decir que la justicia es igual para todos públicamente y llevarse sus enjuagues por lo bajini sabiendo que no hay problema. Confinar a todos en casa pero salir a dar el paseo matutino o, sería interminable seguir, negar absolutamente —uno de los adverbios más utilizados por la casta política— que se va a presentar a unas elecciones para al día siguiente ¡al día siguiente!, aparecer como flamante candidato. ¿Pasa algo? Pues eso. Pura estrategia, la mentira al poder.

Como bien nos muestran gráficamente Idígoras y Pachi, la política se ha convertido en una profesión. Y no hay nada como practicar el camaleonismo para mantenerse en el machito, cambiando de chaqueta y de planteamientos según venga el viento. Y esto a todos los niveles, local, autonómico, nacional, europeo o mundial. Y de forma bastante generalizada en todos los países del mundo. Y lo peor es que lo asumimos como borreguitos y en la única opción que se nos da cada cuatro años —o los que sean— miramos para otro lado, no consultamos la hemeroteca y nos hacemos los olvidadizos. Total, nos va a dar lo mismo, si al final son todos iguales…

A continuación, una imagen de ayer mismo, con dos ejemplos de trinos en las redes de los cientos o miles que pueden verse a diario…

El conjugar el verbo dimitir debe estar prohibido en ciertos ámbitos. Y no solo el conjugar sino también el llevar a la práctica. La RAE debería retirarlo del diccionario para evitar malos pensamientos que por lo general no llegan a producirse. El verbo «palinodiar» no figura en el diccionario, pero si el vocablo palinodia, cuyo significado es «retractación pública que alguien hace de lo que ha dicho». Retractarse, desdecirse, rectificar, excusarse, arrepentirse, avergonzarse… ni siquiera eso. Con un par.




 

domingo, 10 de enero de 2021

TELARAÑA

No nos es desconocido desde hace ya mucho tiempo que los servicios gratuitos en internet no son tales: estamos trabajando para grandes corporaciones recopilando datos, nuestros y de nuestros contactos, que son oro puro en los sistemas actuales de estudios de mercado e inteligencia artificial. Las llamadas redes sociales, los servicios de grandes corporaciones como Google, Microsoft o Yahoo son en realidad una fuente inestimable y cuasi gratuita de información.

Tras el verano pasado, me auto impuse la tarea de «escapar» de los servicios de correo de estas grandes empresas, es decir, abandonar progresivamente mis correos electrónicos tipo «@gmail.com», «@hotmail.com», «@outlook.com» o «@yahoo.com» entendiendo esta relación como mero ejemplo.

La alternativa es posible, de forma básica, en dos direcciones. Una y la más sencilla es utilizar el servicio que nos puede brindar nuestro propio servidor de internet, con lo cual según el que tengamos contratado podemos tener direcciones de correo del tipo «@telefonica.net» o «@wanadoo.es» a modo de ejemplo. Esta primera opción tiene el inconveniente de que perderíamos nuestra dirección de correo electrónico si decidimos atender una oferta de las muchas que circulan por la red y nos cambiamos a otra plataforma.

La alternativa más plausible es estudiar el mercado y contratar una plataforma independiente, de pago claro está, que nos ofrezca unas ciertas garantías, cuyo coste sea asumible por nosotros y que tenga una estabilidad en el tiempo. Hay varias en el mercado y tras un estudio concienzudo decidí apostar por PROTONMAIL. Tiene ciertos inconvenientes, resueltos eso sí, en el uso del componente OUTLOOK de OFFICE para acceder a sus correos, pero su interfaz para acceso a través navegadores y del propio teléfono móvil está muy conseguida y es fácil de implementar y utilizar. Su coste, dependiendo de los plazos de contratación y para un usuario particular, puede estar entre los 3 y los 5 euros mensuales.

Probada su utilización gratuita durante un mes, contratado el servicio de pago por otro mes, al final me decidí por ello efectuando el contrato por dos años. Empezaba la ardua tarea de migrar todos mis correos esparcidos por el mundo digital a esta nueva dirección de correo, que en realidad son dos diferenciadas, pues la plataforma en su uso contratado permite disponer de hasta cinco direcciones de correo diferentes que en realidad son la misma, pero permite diferenciar la que facilitas a conocidos personales o a empresas.

Han pasado tres meses, el esfuerzo es agotador y al final es casi imposible escaparse de la red tejida desde hace muchos años por estas grandes empresas, que son como arañas con una gran red que capturan, devoran, procesan y guardan para la posteridad todo lo que pillan. Me ha venido a la mente un texto en relación con las telas de araña que María José Blanco Barea colocó hace años, en 2002, en el foro de una plataforma de afectados por acoso moral en el trabajo, «mobbing», y que reproduzco aquí.

LA TELA DE ARAÑA

 

Así lo veo yo: una TELA DE ARAÑA, y no precisamente porque yo fuese una mosquita moribunda, todo lo contrario, me defendía, pero he ahí el error:  cuanto más me movía y más me defendía, más me enredaba, y más desgastada me estaba quedando. Un día, un buen psicólogo, que me vio, empezó a enseñarme a darme cuenta de que, si hacia tal movimiento se me enredaba la pierna, y si hacia el otro me atrapaba el cuello, entonces aprendí que la única manera de salir de allí era aprender cual es el juego de la araña, aprender cuáles son sus técnicas, cuando esta como dormida y sin embargo sigue tirando de los hilos para tensar el nudo que me aprieta el alma. Aprendí a verme a mí misma como lo que soy, y a saber que soy libre, tan libre, que ninguna tela de araña podía atraparme. Aprendí a ver a la araña desde cerca y desde lejos y  a ver que la tela en la que estaba la había tejido enteramente la araña, y que ahí caí yo, es decir, que a mí no me había tejido la araña, así que en  una gota de rocío me vi reflejada una madrugada, era YO, no era una mosca, y ya no tenía aracnofobia, y la tela de araña se podía deshacer o no -eso se  lo dejo a la araña- pero mi libertad y mi dignidad esas estaban sin atrapar,  esas son intangibles, así que cogí todas las fuerzas del mundo, todo el  coraje, y toda la dosis de humor y ternura que había olvidado tenia, y respiré hondo y volé, me alcé, sin más esfuerzo me desprendí de la tela de  araña y allí la dejé.

 

Sé que mi error era luchar contra la tela de araña, cuando el enemigo era la araña. Me dediqué durante muuuuucho tiempo a ver la geometría de la tela y perdí tanto tiempo en su análisis y comprensión sin ver que el origen de todo estaba en el sujeto araña.

 

Desde entonces, cuando veo a alguien tejiendo a mi alrededor, me inflo de dignidad y libertad, y esto debe ser un maravilloso insecticida, porque descubren que no me van a enredar y aunque dejan su asqueroso hilo o rastro en alguna esquina, no consiguen atraparme.

 

Desde entonces, cuando veo a alguien que construye con pilares firmes y paredes maestras, con puertas y ventanas abiertas de par en par sin trampa ni cartón, a la entrada y a la salida, ambientes de buen humor, de buenas intenciones, de generosidad, de solidaridad, de cariño, de compromiso, me  uno a su ejército de buenas gentes y nos vamos al campo de la vida de excursión a dejarnos enredar por las estrellas porque desde la serenidad de  la seguridad en uno mismo y en los que nos rodean, se puede llegar a tocar  el cielo con las manos.

 

Perdona si esto ha salido así, es que me siento libre y me siento bien.  Salí del infierno sin la cola del diablo ni el tridente en la mano, por eso no soy diablo ni mato, ni pego, y trato de no insultar ni de maldecir, salí del infierno y no quiero, no quiero, no quiero, llevar ni una llamarada por donde vaya. Salí del infierno y me gustaría que los que están atrapados en él, puedan disfrutar de la emoción de pertenecer a un ejército de guerrilleros que luchemos con otras herramientas, con las nuestras, no con las suyas, para no enredarnos más en la tela de araña.  

Llevo utilizando direcciones de correo «Gmail» desde 2007, trece años largos. Aunque me abrí una segunda dirección para contactos y registros con empresas que se me llena de Spam a diario, mi dirección personal aparece por infinidad de sitios, la tienen muchas de mis amistades y conocidos y ha sido utilizada para registro en empresas. ¿Quién inventó eso de que la dirección de correo sea el «usuario» de acceso? Ahora me doy cuenta de que no es una idea acertada especialmente cuando tratas de cambiar la dirección de correo que es a la vez el usuario de acceso. Varias empresas lo tienen bien planteado haciendo el cambio de forma profesional pidiendo autorización y verificando la nueva dirección, pero la gran mayoría de ellas entran en un caos que sería más largo que el Quijote describir.

Lo seguiré intentando, pacientemente, sin enredarme. Respecto de los amigos y empresas que «ignoran» el cambio de correo electrónico que les he solicitado, optaré por hacerme el «sueco» aunque vea sus correos porque mantendré mi antigua cuenta por un año completo para evitar que me haya dejado algo en el tintero. Y después, cuando cierre la cuenta, vendrá el apagón y aquellas personas o empresas que intenten contactar conmigo por este conducto electrónico tendrán que mostrar interés y buscarse las habichuelas.

Al igual que me he abierto una dirección nueva de correo, podría contratar un número de móvil nuevo, pero eso no garantiza escapar del control, porque correo y número novedosos estarán en las agendas de mis contactos, con lo cual seguiré en el candelero. La araña, la red…

Otro aspecto serán las cuestiones relativas a servicios en los que se utiliza el correo electrónico como base de acceso, como por ejemplo un teléfono Android o sus aplicaciones como Whatsapp o Twitter entre otras, por no hablar de Blogs y similares. ¿Cómo se cambia de cuenta de correo sin perder todo el historial que nos puede ser interesante o vital conservar?