Buscar este blog

domingo, 20 de enero de 2019

PRESTADO




… y algunas veces no recuperado. Hay veces que se prestan cosas y con el paso del tiempo el prestamista se olvida de ellas… hasta que las necesita de nuevo y se da cuenta que no están. Es posible que se recuerde a quién se prestó, pero no siempre es así. En la otra parte, la persona que recibe el objeto se olvida de devolverlo y muchas veces hasta de que lo tiene. Todo depende del nivel de preocupación por estos hechos que tengamos.

Con todos los adelantos actuales, las potentes agendas que llevamos muchos de nosotros en el bolsillo nos permiten tomar notas que nos refresquen la memoria y nos salven de estos olvidos que no tienen mucha gracia. Tanto cuando presto algo como cuando me lo prestan, dependiendo del objeto y de la persona, calculo un número de días y me anoto un aviso para ver cómo están las cosas. Digo que depende del objeto porque no es el mismo plazo para un libro que para una llave inglesa, al igual que no son lo mismo unas personas que otras (ya no pongo lo de amigos…).

Hagamos una suposición. Somos doce vecinos en un bloque de cinco pisos. Lo más probable es que todos tengamos un destornillador y un martillo y quizá también una taladradora y algo más extraño sería que tuviéramos una pala para quitar la nieve en caso de necesidad. La taladradora la usamos para colgar un cuadro de Pascuas a Ramos y actualmente ni eso, porque hay alternativas más recomendables. ¿Es razonable que tengamos una taladradora cada uno? Lo lógico sería tener una para todos, pero ahí entraríamos en su cuidado, su conservación, su control, sus averías… 

Estas navidades pasadas he tenido que arreglar el manillar de una bicicleta. No sabía lo que ahora sé, que las tuercas son de medida 36. Yo no tenía una llave de ese tamaño y se ocurrió hablar con mi hermano para ver si él tenía una. Él no tenía, pero habló con su cuñado y me la prestó. Me di de plazo una semana para hacer mi arreglo y anoté en mi agenda la herramienta y quién me la había prestado. Además, y por si acaso, el objeto prestado lo dejo bien a la vista cerca del vacía bolsillos donde a diario dejo mis pertenencias, con lo que la veo de continuo. Acabada la reparación tuve casi que perseguir a mi hermano para devolverle la llave inglesa de 36 que me quemaba las manos y la vista cada vez que la veía una vez realizado el trabajo. ¡No hay prisa! me decía, pero yo si la tenía y más sabiendo que no era suya sino de su cuñado.

También por esas fechas presté yo otra herramienta a un amigo, amiguete o conocido que me la pidió porque la necesitaba para hacer no sé qué chapuza en su casa. Siguiendo mi costumbre, nota al canto en la agenda y en función de la herramienta —que yo normalmente no necesito— y de la persona, puse un plazo de un mes al recordatorio. Llegó el día y cómo no sabía nada de la herramienta le llamé y le dije que la necesitaba. Había pasado poco plazo y se acordaba de donde la tenía y me la devolvió. Les invito a pensar si el objeto hubiera sido, por ejemplo, un libro, con lo que el plazo sería de meses…

A mí, en el pasado, me ha tocado recomprar de nuevo algún objeto que he prestado, —libro, herramienta, prendrive de ordenador, repetidor de la señal wifi, cargador de teléfono…— porque cuando lo he solicitado me han llegado a decir, con toda la cara, que yo no se lo había prestado, que seguramente mis recuerdos eran erróneos y que se lo habría prestado a otra persona que no recordaba. No es cuestión de discutir con nadie y decirle que la agenda donde en su día apunté el hecho «sí que se acordaba». Bueno, en alguna ocasión y dependiendo de la persona he llegado a decirle el día exacto que se lo presté y que lo tenía apuntado, pero da igual, la herida ya está abierta.

Me gustaría ir por la vida de forma más despreocupada y alegre, sin entrar en estas menudencias de la vida diaria, pero me sube la bilirrubina cuando encima de que te están haciendo un favor o tú se lo estás haciendo a alguien, no haya la más mínima delicadeza por agradecer el hecho, tener un exquisito cuidado y devolver el objeto en cuestión lo antes posible. Sobre todo, sin que te lo tengan que pedir.


 

domingo, 13 de enero de 2019

APORTAR




Cuando uno empieza a acumular unos cuantos años en su casillero, hay veces que da por pensar que la vida se está acabando si bien no de una forma inmediata salvo algún suceso o enfermedad imprevisible. Y con ello se empieza a tener una vaga sensación de que hay que aprovechar el tiempo; los días, semanas, meses y años pasan a toda velocidad, casi sin darnos cuenta, y eso implica que no se puede perder el tiempo dado que cada vez va quedando menos.

Controlar el propio tiempo es una tarea difícil, especialmente si una vez retirado de una labor principal como es el trabajo hay que decidir en qué asuntos meter las narices para aprender de modo que la relación entre disfrute y sufrimiento compense. Es difícil acertar porque muchas veces hasta que no nos vemos metidos en el fregado no podemos calibrar el alcance del tiempo y la energía que nos consume. Con ello, uno puede meterse en un proyecto a medio o largo plazo y a los pocos meses darse cuenta de que el esfuerzo es mucho mayor de lo previsto y no compensa. Es algo así como acometer la lectura de un libro de considerable tamaño y a las pocas páginas iniciales darse cuenta de que es un ladrillo. Salvo compromisos de clubes de lectura o autores, no hay que dar muchas explicaciones si se abandona la lectura de un libro.

Pero cuando el compromiso afecta a otras personas, el retirarse de un proyecto no es tan sencillo. Estoy hablando de cosas lúdicas, que no supongan una merma en los ingresos y que por tanto se puedan dejar sin afectar a los actos básicos y vitales de la vida. Lo que sí que se ve afectado en la persona es su propia conciencia que por un lado le impele a mantener el compromiso y por otro a dejarlo, aunque se enfaden los colegas.

Una cuestión que cada día va tomando más cuerpo para mí son las conversaciones, contactos, comidas o reuniones con otras personas. Como tengo esa sensación de no querer perder el tiempo y además la edad puede conllevar el aumento de ciertas dosis de egoísmo, me empiezo a cuestionar seriamente mi asistencia a ciertos actos, especialmente si las personas con las que me tengo que relacionar no me aportan nada interesante. Para hablar de banalidades me puedo poner la tele, cosa que evito hacer en la medida de lo posible.

Hacía mucho tiempo que no veía a Jorge. Le conocí hace muchos años porque coincidimos en un magnífico y práctico curso de hipnosis, científica y profesional, no de la que se publicita por ahí o se exhibe en programas de televisión. Jorge es médico y por aquel entonces se dedicaba a hacer sedaciones para intervenciones quirúrgicas: poner anestesia, vamos. Ya ha dejado la medicina y se dedica a actividades de coaching en grandes empresas impartiendo charlas para desarrollar el potencial de las personas y ayudarles a alcanzar sus objetivos personales o empresariales. También ha escrito tres libros y anda siempre en activo movimiento.

Esta semana hemos quedado a tomar un café que nos llevó dos horas de animada conversación que tuvimos que cortar porque ambos teníamos otras obligaciones que atender y no habíamos previsto una parrafada tan larga. Yo no sé si yo le aporté algo a él, pero lo que sí que tengo claro es que él me aportó mucho a mí, que las dos horas que estuvimos hablando de lo divino y de lo humano se pasaron volando y que ambos nos llevamos un montón de notas sobre libros, documentales y aspectos interesantes que se añadieron a lo ya pendiente desde hace tiempo, que no hace más que incrementarse más y más.

La cosa debió de resultar interesante para ambos tras esos años de no haber coincidido de forma que hemos quedado de nuevo esta semana para seguir nuestra charla y nuestro «intercambio de cromos». Los correos electrónicos con notas, archivos, direcciones de páginas web interesantes, documentales en RTVE o YouTube sobre mil y una cuestiones han sido continuos hasta que hemos tomado la decisión de cortar este flujo hasta nuestro próximo encuentro porque la perspectiva de cuestiones a investigar crecía exponencialmente hasta resultar abrumadora.

Cuando la conversación fluye y el contenido es interesante, el tiempo vuela sin que te des cuenta. Y como puede verse en la imagen, una servilleta de la cafetería puede servir para hacer un esquema rápido y darte toda una clase maestra, en un tema en que él es experto, sobre cómo organizar tu vida con planteamientos prácticos contrastados y deberes a realizar para tomar decisiones que mejoren tus días en este mundo.

Por todo lo anterior, una de las cuestiones que me pongo como deber es elegir bien mis interacciones con los demás, de forma que sean generadoras de satisfacción para ambas partes. Yo suelo pedir poco, porque intento hasta la extenuación buscarme la vida y resolverme mis problemas; y cuando pido ayuda es porque he llegado a un punto, tras mucho batallar, en el que estoy en una encrucijada y no veo claro qué camino tomar, por lo que una indicación de alguien más experto puede facilitarme el seguir adelante.

Tengo muchos conocidos que me piden cosas, directamente, no que les enseñe como hacerlas, sino que se lo dé todo hecho. Un dicho popular refiere «en comunidad no demuestres habilidad» porque «te llenarán el cesto de peticiones». No sé si hasta ahora he demostrado habilidad en alguna cosa pero tengo la (sana) intención de volverme lo más tonto posible, para tener tiempo para cultivar encuentros similares a los de Jorge que me aporten y me resulten placenteros e interesantes. Muchas gracias, amigo Jorge.

Y por si alguna empresa o alguien que lea este blog quiere contactar con Jorge y sus servicios profesionales, haga clic en este enlace para acceder a su página web.


domingo, 6 de enero de 2019

GRAZNIDOS


Hace unos meses, en noviembre de 2018, publicaba en este blog la entrada «ELÉCTRICOS» en la que vertía algunas consideraciones personales sobre el cambio de paradigma que, a toda velocidad, estamos sufriendo en la actualidad en el tema de los combustibles de los vehículos. Ya en 1973, con la primera gran crisis del petróleo, tomamos conciencia de que los combustibles derivados del mismo, además de ser finitos, no eran una buena opción de cara al futuro por su poder contaminante entre otras cosas. El tiempo ha pasado y los intereses económicos han retrasado cuando no ahogado las investigaciones tecnológicas en busca de otros propulsores.

La irrupción de Tesla hace unos años en el mercado sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, apostando directamente por los modelos eléctricos, ha puesto las pilas, valga la redundancia, a los fabricantes de automóviles que andan en una carrera desaforada por poner vehículos eléctricos en el mercado, apoyados por (inadecuadas a mi entender) declaraciones de políticos y gobernantes que demonizan los combustibles fósiles y amenazan con su prohibición a corto plazo. 

En la entrada aludida, yo opinaba que el vehículo eléctrico es una pérdida de tiempo y un paso en falso, abogando por poner el énfasis de la investigación en la pila de hidrógeno de cara al futuro. Por ello, el tuit que encabeza este comentario es una (muy) buena noticia para mí. 

Twitter es una de las muchas redes sociales actuales, con sus alegrías y sus penas, sus glorias y sus miserias. Algunos tuiteros de renombre han tenido que dejar o reducir drásticamente sus intervenciones en esta red por el enorme tiempo consumido y las salidas de tono en algunas contestaciones a sus mensajes. El conocido autor Pérez Reverte esta misma semana ha tenido un affaire con un tuit suyo que ha provocado mensajes fuera de contexto. El propio autor ha salido al paso en la agencia EFE manifestando que «este asunto pone en evidencia que Twitter, una herramienta utilísima para muchas cosas, puede convertirse también en un bebedero de patos agitado por los manipuladores y los tontos». Añade que «Twitter es un lugar donde no siempre la inteligencia prima sobre los prejuicios y llega a convertir un hilo de tuits estrictamente literario, lamentando el manoseo y la reiteración de títulos de novelas relacionadas con el Holocausto, en una cuestión de ofensa a la humanidad y a las víctimas del nazismo».

El símbolo de Twitter es un pequeño y grácil pajarito. Sus mensajes sonoros, tuits, serían equiparables a trinos que nos suenan melódicos y agradables. Pero en esta red también hay otros pájaros, tan nobles como los anteriores, que en lugar de trinos emiten desagradables graznidos. Y si no vean la salida de tono, a mí me lo parece, que relato a continuación.

Al mensaje inicial de Hyundai respondieron varios usuarios de la red —omito sus identificativos que por otra parte son fácilmente localizables por quién esté interesado— con comentarios como los siguientes, algunos positivos, otros neutros e incluso alguno que no tiene nada que ver con el asunto y responde a otros problemas comerciales.

Genial iniciativa. Lástima que no hay más que 3 hidrogeneras que yo sepa en toda España. Al menos los eléctricos podemos cargar en casa y en los cada vez más puntos de recarga. Pero toda iniciativa para sustituir el petróleo es buena.

3 hidrógeneras en España. El hidrógeno es el futuro. Claaaaaro. ¿Sabes dónde podría enchufar el móvil? Y en ese mismo sitio puedo cargar mi coche eléctrico.

Es una vergüenza que el Gerente Sr.Jordi y Jefe de Ventas Sr.Carles del concesionario Autocam Vilafranca del Penedes, Concesionario Fiat,Toyota,Skoda,Kia,Hyundai, Alfa Romeo,Jeep solo piensen en su bolsillo cuando han cometido un error lo arreglan si abonas 4500 € más.

El hidrógeno es el futuro, no sólo en coches sino también en viviendas. Todo el tiempo ( y dinero ) que empleemos en investigación y desarrollo de coches eléctricos es tiempo y dinero PERDIDO además de poco ecológico y respetuoso con el medio ambiente. (*)

Pero he aquí que el cuarto mensaje —marcado con un asterisco— debió alentar algunos resentimientos perdidos en un tuitero que inició un cruce de respuestas …

Por si no lo sabes, los vehículos de hidrógeno requieren de mucha más energía eléctrica para funcionar, además de que no son tan ecológicos ni tan seguros como los eléctricos.

Gracias por la información con la que no estoy de acuerdo. Esos temas que indicas cambian con el tiempo y con la inversión en investigación. Hace poco había menos electrolineras que hidrogeneras. Mercedes tiene coches de hidrógeno funcionando desde 1980. Muy inseguros no serán.

Pues por mucho que te pese y te joda, el presente y el futuro es eléctrico. Un ejemplo es Tesla. ¿Por qué crees que Tesla ha apostado por la movilidad eléctrica en vez de la movilidad por hidrógeno, eehh?🤔 Y Tesla cada vez va a más. No es ninguna minucia de marca.

Amén

El presente y futuro es la movilidad eléctrica!!!

El resalte en negrita en la frase «Pues por mucho que te pese y te joda» es mío. ¿A qué viene esa salida de tono en una conversación pública entre dos personas —una perfectamente identificada con su nombre y su fotografía y otra no tanto— que no se conocen de nada? Se supone están expresando sus opiniones constructivas, acertadas o no, sobre el asunto. Twitter es así, permite lo mejor y lo peor, ya lo hemos dicho. No hay reglas y cada cual se muestra como es o como quiere, incluso desde el anonimato que a un primer nivel está permitido. Es la jungla.

Y como aporte positivo y para los lectores interesados en el tema de la propulsión por hidrógeno, un combustible con alguna trayectoria en Asia y EE.UU. y olvidado (casi) en Europa, un interesante artículo en el número 246 de la revista «Tráfico» de la DGT titulado «Hidrógeno. El combustible del futuro que sorprende hoy» y que puede leerse haciendo clic en este enlace.