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domingo, 14 de enero de 2018

multi... CHAPUZA





Los usuarios del transporte público en la Comunidad de Madrid nos hemos desayunado en el nuevo año con un cambio drástico en los títulos de transporte que ha sido bautizado por el vulgo de forma generalizada como la «multichapuza». El Consorcio Regional de Transportes de Madrid ha lanzado su tarjeta «Multi» y ha retirado de la circulación, sin posibilidad de cambio o recuperación, los títulos de transporte en cartón que llevaban funcionando desde hace muchos años. Ha sido una medida advertida con profusión en los medios de comunicación, pero sería interesante conocer cuántos euros han perdido los sufridos viajeros por no poder gastar a tiempo sus billetes viejos en cartón.

Es de suponer que un ente de la importancia del Consorcio haya estudiado con cuidado el diseño y la implementación de esta nueva forma. Como en otras muchas cosas, da la impresión de que los departamentos dedicados a estos menesteres están muy lejos de ser usuarios y por lo tanto de saber cómo se bate el cobre en el día a día del transporte. La medida ha sido anunciada a bombo y platillo como una mejora sustancial, pero lo cierto es que por el momento para algunos usuarios entre los que me encuentro la peora ha sido significativa.

Durante un tiempo, las nuevas tarjetas, una por domicilio, han podido obtenerse de forma gratuita; la siguiente o siguientes tienen un coste de 2,50 euros cada una. Lo normal es que un mismo domicilio, familiar por ejemplo, convivan varias personas que viajen y que necesiten más de una tarjeta, aunque convendrá conmigo que lo que no es normal es que un único usuario necesite dos o más tarjetas. Hombre, tampoco es tanto, y sirve se supone para muchos años. La tarjeta es moderna, se lee por contacto y presenta muchas ventajas en comparación con los billetes de cartón, pero es una lástima que, al menos por el momento, no hayan previsto los inconvenientes.

Los usuarios que utilizan el transporte a diario no se han visto afectados por esta nueva medida porque desde hace tiempo disponen de una tarjeta personal, con fotografía, que les permite cargar bonos mensuales o anuales. Los que utilizamos el transporte de forma esporádica aunque frecuente, queremos no tener que andar con los billetes, las monedas y los cambios y funcionamos con bonos de diez viajes. En mi caso concreto y a tenor de mis desplazamientos utilizaba tres bonos: dos de autobús y uno de metro. Los llevaba todos en mi cartera y en su parte trasera, simplemente a base de contar los viajes realizados impresos por la canceladora, podía saber cuántos me quedaban y comprar los nuevos cuando hicieran falta. En la nueva tarjeta no se sabe el saldo salvo que le preguntes al conductor cuando la utilices y consigas que te conteste si no está de humos. Otra solución es ir a un estanco o un puesto de venta y pedir por favor que la lean y te digan la situación. Como se puede ver en la imagen, yo me las he apañado con una pegatina por detrás donde voy apuntando de forma manual cada utilización que hago. Un método muy moderno, tan moderno o más que la tarjeta.

Antes he comentado que necesito dos tarjetas. Como son iguales físicamente, he tenido que identificarlas con otra pegatina para saber lo que tiene por dentro cada una. Si en un trayecto corto en autobús paso la que internamente tiene trayecto largo, dinerito que pierdo. Y es que esta es otra de las magias de la «moderna» tarjeta: solo se pueden cargar dos trayectos diferentes en la misma tarjeta. Menos mal que admiten que se carguen dos bonos de cada trayecto. Como yo he dicho que utilizo tres trayectos, las cuentas son claras: necesito dos tarjetas.

Otros que se han visto impactados de lleno por la medida son los visitantes esporádicos de Madrid, españoles o turistas. A modo de ejemplo, antes se compraban un bono de diez viajes de metro y lo iban utilizando sin problemas para uno o varios viajeros. Ahora tienen que empezar por comprar la tarjetita, cargarla y llevar las cuentas de los viajes realizados con cuidado. Y cuando abandonen Madrid… ¿conservan la tarjeta de recuerdo por si vuelven? ¿Hay posibilidad de recuperar el importe?

Como todo no pueden ser maldades con las nuevas tecnologías, mi amigo Manolo me ha dicho que hay una posibilidad de saber los viajes que te quedan: una aplicación para el móvil llamada «Mi tarjeta TP» tiene la funcionalidad de decirte el saldo de viajes, con lo que me ahorraría el andar apuntando a mano en la pegatina de detrás. La instalo en mi teléfono inteligente, pulso la opción de «Consulta de saldo» y se abren ante mí dos posibilidades. Una de ellas es introducir manualmente los datos de la tarjeta, opción que no es válida para este tipo de tarjetas sino sólo para las personalizadas. La otra opción es a través de la funcionalidad denominada «NFC-Near field comunnication», pero mi móvil es una patata vieja con cinco años y no dispone de esa tecnología. Al final tendré que darle las gracias al Consorcio por darme una razón para cambiar de teléfono. No hay mal que por bien no venga.

domingo, 7 de enero de 2018

RECLUSIÓN





Es este un tema recurrente, pero a medida que pasa el tiempo surgen nuevas variantes que no dejan por menos de sorprender. Como dice el buen amigo Murphy en sus conocidas leyes, todo es susceptible de empeorar. Lo lógico es que con el paso del tiempo mejorara y no quiero yo ser tan agorero que niegue que eso ocurre, pero otros aspectos suponen peorar manifiestamente aspectos que se creían superados.


Desde hace años se viene incrementando de forma gradual la venta por internet de todo tipo de archiperres. Un amigo mío ha comprado de esta forma los muebles de un salón para un pueblecito perdido en la provincia de Ávila donde se los han llevado y casi instalado sin ningún problema. Es de suponer que este sistema de ventas vaya ganando en adeptos de manera progresiva de forma que mucha gente se vea abocado a utilizarlo. No sólo en pueblos retirados donde no hay o se han ido cerrando los comercios tradicionales sino en las grandes ciudades para evitar los desplazamientos y recibir en casa aquello que deseemos sin movernos del sillón.


Hay varios puntos ásperos que subyacen a este entramado y que con el paso del tiempo se van limando. Uno de ellos es la confianza, que se va ganando o perdiendo a medida que se incrementa su uso y los comentarios proliferan en las redes sociales. ¿Recuerdan Vds. PIXMANÍA? Fue una de las primeras en manejarse en este asunto de las ventas por la red, con ofertas muy buenas e incluso con presencia física mediante tienda en algunas ciudades como Madrid. Yo la utilicé en alguna ocasión hasta que tuve un problema que no me solucionaron satisfactoriamente, con lo que la puse la cruz y nunca más. Otros portales o distribuidores, no hace falta decir nombres, se van ganando credibilidad a base de sus actuaciones, especialmente cuando hay problemas y hay que gestionar garantías o devoluciones. Por ejemplo, yo no tengo ningún problema, al menos por ahora, en comprar por internet en conocidas como AMAZON o PCCOMPONENTES y si tengo algunos respetos, no voy a entrar en detalles aquí, en IBERLIBRO o APPINFORMÁTICA.


Pero el aspecto que a mi juicio sigue candente y no solucionado todavía de forma global y definitiva es el de los sistemas de envío de los productos. Cualquier solución que no obligue al receptor a estar secuestrado en su casa sería satisfactorio. Muchos compradores emplean el truco de poner como ubicación su empresa, donde los días laborables hay alguien que se encarga de los paquetes, pero ya sé de alguna empresa que ha prohibido está práctica por resultar problemática en sus sistemas de control de accesos o negarse los empleados de recepción a hacerse cargo de más y más paquetes. Yo en alguna ocasión he empleado el truco de enviarlo a una residencia geriátrica a nombre de mi madre, pero se han dado cuenta de que mi madre no hace compras por internet dada su edad y en realidad eran para mí, por lo que me han dado un aviso.


La mejor solución a mi modo de ver es utilizar establecimientos de apertura continuada al público tales como tiendas, supermercados, oficinas de correos o gasolineras donde puede uno dirigirse a la hora que más le convenga a recoger el paquete cuando por mensaje o correo electrónico le avisen de que está disponible. También están surgiendo las taquillas inteligentes ubicadas en estaciones de tren, metro o autobús donde puedes dirigirte con la clave remitida y recoger el envío.


Pero quedan algunas empresas recalcitrantes que siguen instaladas en el sistema clásico de envío por mensajería al domicilio puro y duro. Algunas como PCCOMPONENTES tuvieron disponible durante un tiempo el envío a una oficina de Correos, sistema que yo utilicé en varias ocasiones. Sin embargo, en un momento dado lo retiraron y volvieron al de mensajería. Por más que por correo y sugerencias les insistí en que no retiraran el sistema, lo hicieron, por lo que desde entonces no he comprado nada allí: no estoy dispuesto a estarme secuestrado, recluido, en mi casa un día o más a la espera de que llegue el mensajero, que además llama al timbre justo en el momento en que has salido un momento a por el pan o estás haciendo algo y no le puedes abrir. Y lo digo por experiencia, porque me ha ocurrido.


Pero al final acabas dándote de bruces con lo que a toda costa quieres evitar. Hace unos días he encargado un trabajo a una imprenta que me han recomendado. Es un trabajo delicado y me han dicho que utilice esa, que está nada más y nada menos que en Italia. Todo se hace a través de una excelente  página web donde tienen cuidado hasta el más mínimo detalle. Cuando tienes todo preparado llega el momento de establecer el sistema de envío y entonces constatas que es solo mensajería, ¡mensajería! La opción está en abandonar y buscar otro sitio pero para este asunto concreto no es fácil. 


Parecía que el sistema de envíos lo tienen muy controlado pues incluso te ofrecen precios diferentes según la celeridad con que quieras el trabajo. A más tiempo más barato, con lo que de forma indirecta te dan la fecha exacta en que te llegará. Para el caso concreto que he sufrido, ponía que sería entregado el día 4 de enero. Estamos en vacaciones y o bien yo o bien alguien de mi familia podría cubrir la reclusión el jueves 4 de enero de 2018. Adelante con el pedido, pues.


El 29 de diciembre recibo una comunicación que me indica que el pedido ha salido de origen y me facilitan un número de seguimiento de la empresa ENVIALIA. Al visualizarlo constato que la fecha de entrega está fijada en el 2 de enero; revolución familiar de turnos para cubrir el día 2 en lugar del 4. En la mañana del 2 accedo al seguimiento y la fecha había cambiado al 3, lo que forzó un nuevo reajuste familiar de la guardia. Pero el 3 volvió a cambiar al 4 y el 4 ya no teníamos escapatoria pues habíamos planificado estar fuera de casa toda la mañana y hasta las cuatro de la tarde no llegaría alguien. ¡Qué sea lo que Dios quiera! se decía antaño confiando en la suerte.


Es mejor no leer las cláusulas de entrega de la empresa de mensajería. Todo es a favor de ellos, como no podía ser de otra manera. Al final, renuncié a mi escapada y me quedé en casa, estando a las ocho de la mañana —no hay horarios— preparado para abrir al mensajero. Llegó a las 17:26, lo que supone nueve horas y media de secuestro en mi propio domicilio. Al final di por bien empleada la reclusión, aunque me podría haber evitado el perderme la actividad familiar programada.


El trabajo ha llegado a mi entera satisfacción en todo menos en el sistema de envío. ¿Qué hacer si en el futuro decido encargar otro trabajo a esta empresa? Salvo que cambien las cosas, tendré que estar dispuesto a admitir una nueva reclusión, que como reza en el diccionario, es un «encierro o prisión voluntaria o forzada».



domingo, 31 de diciembre de 2017

DEDO





Para las personas vorazmente lectoras, los momentos iniciales de irse a poner en los brazos de Morfeo suelen ser dedicados a avanzar en el libro que tienen entre manos. Los doctores se cansan de repetir aquello de que a la cama se va exclusivamente a dormir —salvo intercambios de fluidos— y que si queremos leer un poco lo hagamos cómodamente en el sillón. Yo, hace muchos años, cuando leía libros en papel, abandoné la costumbre de leer en la cama por la incomodidad que me suponía el sujetar los libros, algunos de ellos verdaderos tochos que no había forma de mantener a raya. Al final me quedaba dormido y acababan rodando por la cama o en el suelo. Eso sí, no se rompían, una de las ventajas de los libros en papel.

Cuando de la mano de mi buen amigo Miguel Ángel me asomé al mundo de los lectores electrónicos, allá por 2009, volví a considerar de nuevo la lectura en la cama, dada su manejabilidad y poco peso, pero la consideración me duró apenas una semana: mi flamante Kindle keyboard, comprado a Amazon en Estados Unidos por un dineral en aquella época, acabó rodando también al quedarme dormido y en este caso fue peor, dado que la pantalla de los e-readers es muy delicada y se destrozó. Menos mal que Amazon, a pesar de que había sido un problema mío, me lo cambió de una forma sorprendente al estar en período de garantía. Relataba estos extremos en las entradas «EFI.....QUÉ? AMAZON» y «KINDLE» de este mismo blog.

Como quería volver a toda costa a mi lectura antes de dormir, tuve que ingeniármelas y fabriqué un atril para colocar el libro en la mesilla, con la inclinación adecuada a la que tenían mis ojos con mi cabeza apoyada en la almohada, de forma que podía leer si tener que sujetar el libro en mis manos: si me quedaba dormido, lo que ocurría con frecuencia, el libro se apagaba él solito y conservaba su integridad. Este modelo de Kindle, prehistórico ya, no disponía de luz propia por lo que tuve que añadir un flexo portátil que me permitía leer en la oscuridad sin molestar a mi mujer. Cuando uno se desvela por la noche, un ratito de lectura sirve para aprovechar el tiempo y muchas veces facilita el conciliar el sueño de nuevo. En la entrada «eREADER» del blog glosando las bondades de los libros electrónicos para las personas mayores aparecía la fotografía de este atril al que aludo, usado desde entonces y en uso hoy en día.

Esta forma de lectura en la cama, sin tener que sujetar el dispositivo, la vengo usando desde hace años. Tiene un inconveniente: el paso de página, que hay que realizar manualmente sacando el brazo y pulsando el botón, un proceso repetitivo que llega a cansar y que es especialmente fastidioso en invierno, cuando la temperatura de la habitación es fresquita, te encuentras arrullado hasta el cuello en el edredón y tienes que sacar el brazo para par aporrear el botoncito de marras.

El pasado año por mi cumpleaños me regalaron un modernísimo Kindle Oasis, que ya tiene luz propia, es de menor tamaño que el anterior y dispone de pantalla táctil. El menor tamaño forzó una adecuación del atril, al que tuve que añadirle algunas piezas para poderlo usar con los dos lectores, que utilizo indistintamente. La auto iluminación del nuevo es infinitamente mejor que el flexo y la pantalla táctil facilita el paso de página, pero no evita el tener que andar sacando el brazo, un repetitivo y verdadero latazo.

Dándole un poco al magín, y con la colaboración de mi hermano Jesús, he diseñado una especie de «dedo mecánico» que puede verse en la imagen y que mediante un pulsador «alámbrico» conectado por cable, permite pasar las páginas con solo pulsar un botón, acción esta que puede llevarse a cabo desde el interior del edredón, con el simple movimiento de un dedo y sin tener que destaparse y sacar el brazo. El mecanismo funciona y es una delicia, aunque tiene un pequeño inconveniente y es que creo que me quedo dormido con más facilidad al no tener que efectuar movimientos físicos. Pero los minutos de lectura, los que sean, son mucho más satisfactorios y sobre todo calentitos ahora en invierno.

Amazon es una empresa en constante innovación. Atriles o soportes similares hay muchos en el mercado pero son ciertamente aparatosos y nada comparables a una funda de diseño que permitiera la inclinación en la mesilla sin más. Lo siguiente sería un pequeño mando a distancia que permita las funciones básicas de pasar página adelante y atrás e incluso el apagado del aparato, aunque esta es una función que realiza el solito al llevar inactivo un tiempo.

Cuando el diablo no tiene nada que hacer… coge la escoba y se pone a barrer, en su versión modificada. No es que me sobre el tiempo, pero estas cosillas tienen su punto de reto y no doy por malos los ratos empleados. Eso sí, cuando el mando a distancia se haga realidad en un futuro, seré el primero en apuntarme al carro. No podemos olvidar que habrá casos de personas postradas en cama o en una silla de ruedas que no puedan sujetar de forma continua el libro con las manos, con lo que un dispositivo de este tipo les sería también de gran ayuda.




domingo, 24 de diciembre de 2017

RECIBOS



Llevaba tiempo pensando en escribir una entrada dedicada a este asunto, que aunque no está generalizado todavía empieza a despuntar. Y ya se sabe, cuando a alguien se le ocurre una idea «genial», el resto se apunta al carro hasta que se toma la cosa como un estándar. Y no es que esté bien o mal, pero lo que realmente no es de recibo, valga la redundancia con el título de la entrada, es que nos lo impongan sin consultar.

Hace no tantos años recibíamos en nuestros domicilios una montonera de cartas del banco con una copia de los recibos que íbamos pagando con cargo a nuestra cuenta bancaria. La verdad es que a medida que pasaba el tiempo el número iba in crescendo, lo que suponía un coste no desdeñable para los bancos que empezaron a desarrollar técnicas para acabar con el asunto. Una de ellas, la recuerdo, era cobrarte la correspondencia como una comisión. Un banco llegó a cobrarte el importe del sello en cada operación aunque luego te mandaba tres o cuatro comunicaciones en el mismo sobre, con lo cual encima ganaba dinero con este tema.

Lo normal ha sido ir eliminando estas comunicaciones y sustituyéndolas por sistemas electrónicos basados en internet. Al principio algunos bancos y empresas consultaban al cliente, e incluso te ofrecían algún aliciente para que fuera el propio cliente el que decidiera pasarse a la factura o el recibo electrónico. He revisado mis datos y desde 1999 guardo estos recibos en mi ordenador. Al principio la única posibilidad era escanearlos según iban llegando, lo que suponía un trabajo ímprobo, así que yo fui uno de los que me apunté al carro de la distribución electrónica por mi propio interés. Ahora los descargo y los guardo en el disco duro del ordenador.

Simplificando, hay dos tipos de recibos que acaban alcanzando tu cuenta bancaria. Un buen número de empresas ya han habilitado mecanismos en la red de que tú puedas consultarte la factura mensual, bimestral (que no bimensual), trimestral o anual. Son raras o inexistentes las empresas comunes de servicios en los hogares que te envían la factura mediante el correo ordinario con sobre y sello. Empresas de electricidad, telefonía, gas o similares tienen los documentos accesibles a través de sus páginas web, con lo que aquellos usuarios que dispongan de acceso a internet pueden consultar los conceptos y los importes en línea y decidir si descargar a su ordenador una copia o, como hacen la mayoría, pasar de ello, y dejar que se vayan eliminando por sí mismas, pues no todas las empresas guardan TODAS las facturas sino solo las de los últimos meses.

En este tipo de empresas, lo más común que en el concepto del recibo cargado en el banco consten generalidades del tipo, recibo mes xxx, factura xxx o similares. Realmente lo único que tenemos que hacer es cuadrar el importe de la factura con el cargo en la cuenta. Sería interesante conocer el porcentaje de usuarios que controla de forma efectiva este tema. Yo me imagino que si una empresa de telefonía, por ejemplo, se «equivoca» y carga en la cuenta unos centimillos de más, pocos usuarios se enterarían.

Pero ha surgido una nueva forma de hacer las cosas. En mis relaciones con este mundo lo sufro en un par de casos y uno de ellos es el que quiero comentar aquí. Sin preguntar ni ofrecer la posibilidad, el ayuntamiento ha tomado la decisión de hacerlo y… allá penas. Yo no tengo problemas pero pienso de qué forma en aquellas personas mayores que no se manejen en internet van a saber lo que están pagando.

En la imagen adjunta a esta entrada se puede ver un ejemplo, aunque obviamente están tapados los datos sensibles. El ayuntamiento me carga un recibo trimestral en mi cuenta bancaria de xx euros. No tengo ni idea de los conceptos ni este ayuntamiento al menos tiene página web donde pueda consultar el recibo y el detalle de los importes. Toda la información que figura en el concepto del recibo es: Más información en www.ealia.es/recibos con la clave XXXX.

Me obligan a ir a un sitio vía internet para saber lo que estoy pagando. Ya digo que en mi caso y en el de cada vez más gente esto no es problema, pero entiendo que no se puede decidir de forma unilateral, sin consultar. Una vez accedo a la página web a la que remiten y usando la referencia proporcionada tengo acceso al recibo o factura y me la puedo descargar a mi ordenador. El sistema es parecido al comentado anteriormente para grandes empresas pero insisto en que no todo el mundo, estamos hablando de impuestos locales, tiene posibilidades.

Otra asunto es la interpretación de los conceptos, que en este caso ni aun sabiendo latín sería incapaz de descifrar. Está claro el de basura, pero ¿Lac, Con, Ag…? Tengo previsto en los próximos días, aprovechando las vacaciones, pasar por el consistorio a ver si me lo explican.

Y aquí aprovecho para «denunciar» otro asunto. No me parece de recibo que sin mi consentimiento, una empresa ajena tenga datos sensibles míos como mi dirección, mi cuenta bancaria y demás. Esta empresa, Ealia o la que sea, que se dedica a almacenar recibos y facturas de usuarios de diferentes corporaciones, ayuntamientos o empresas tiene unas fuentes de información que hacen que luego no nos extrañemos si recibimos llamadas u ofertas en nuestro domicilio para que compremos una colonia o un jamón de bellota.



domingo, 17 de diciembre de 2017

¡FIBRA!



Debido a mi trabajo en un centro de cálculo informático, mi contacto con el mundo de internet ocurrió hace ya más de veinte años. La empresa, abierta como ninguna a las innovaciones tecnológicas, apostó desde muy pronto por el potencial de la nueva tecnología especialmente en la utilización de los correos electrónicos. Debido a que una de mis ocupaciones era ser el coordinador de un grupo de trabajo inter empresas, llevaba años mandando documentación por fax a una veintena de personas de forma mensual. Recuerdo que el día que me tocaba hacer los envíos casi me ponía malo, porque lo tenía que hacer de forma personal y era un buen rato el que me pasaba luchando con la máquinita de marras.

Con la llegada del correo electrónico aquello cambió, y no porque en un primer momento pudiera sustituir el fax por el email, porque insisto en que mi empresa era puntera y no todas las demás entraron tan pronto en este mundillo. Pero lo que yo si podía hacer era enviar un correo electrónico a un fax virtual que se encargaba de mandar de forma automática toda la documentación a la lista de números que llevaba puestos en la cabecera. Desde mi mesa y con un simple clic me había ahorrado la tediosa tarea mensual.

Las empresas van por delante pero al final, en todos los aspectos de la vida, lo que se trata es crear la necesidad para que todos hagamos las cosas de forma personal, en nuestro domicilio. Al principio el ambiente en la empresa era bueno y no había restricciones significativas en el uso de internet o el correo electrónico para asuntos personales, aunque yo siempre he querido diferenciar este aspecto por lo que pudiera ocurrir. En 1997 me había apuntado a correr la maratón de Nueva York y yo en casa no tenía conectividad, con lo que el correo y el acceso a internet desde la empresa fue de una gran ayuda para todo lo relacionado con la carrera: extraje numerosa información y recomendaciones sobre el particular. Pero con anterioridad a hacer uso privado en la empresa pedí permiso expreso a mi jefe que me lo concedió sin ningún problema.

No quedaba más remedio que ponerse en casa el acceso para disfrutar de este mundo. La primera empresa con la que contraté el servicio fue Wanadoo y el coste de un recibo que tengo por ahí guardado era de 45,24€. Estamos hablando de los primeros años de este siglo XXI con lo que el coste era ciertamente alto. Y además todo iba por la línea convencional de teléfono con lo que la lentitud era exasperante, especialmente si la comparamos con la de hoy en día. Quince años de evolución en este terreno tecnológico son muchos años y lo que en un modem de aquellos era una velocidad de 0,05x ahora en un router es de 300x e incluso más. Pero para tener esta velocidad es necesario que la «fibra» llegue hasta nuestra casa.

Un avance significativo fue la llegada del llamado ADSL a las comunicaciones. Pero la limitación del hilo telefónico que daba servicio tanto al teléfono convencional como al servicio de internet era significativo y además había que tener en cuenta un hecho que llamaba la atención: a mayor distancia física de nuestro domicilio a la central telefónica menor velocidad en las transmisiones. En mi caso, yo tenía contratada una velocidad nominal de 20x pero en los mejores momentos en los que lo he controlado me llegaban 7,7x. Y esto en operaciones de descarga que son las más comunes. Pero yo por mi trabajo, hago algunas operaciones de subida y aquí el rendimiento era patético: 0,3x de velocidad de subida en el mejor de los casos.

A mi bloque llegó la fibra hará un par de años o quizá más. Lo más normal en instalaciones de fibra estándar es que ambas velocidades, subida y bajada, sean de 300x. En la imagen pueden verse las velocidades que tengo en este momento: 294x de bajada y 316x de subida. Pero aunque mi vecino del piso de arriba tiene fibra desde hace ese par de años, yo no he dispuesto de ella hasta hace quince días. ¿Por qué? La única empresa que disponía de las instalaciones de fibra en mi zona era Timofónica y yo hace varios años tuve un par de agarrones con ella y me dije que nunca más. Y hasta ahora lo he mantenido y espero poder seguir haciéndolo ad infinitum. Yo necesitaba la fibra como el comer. En alguna ocasión he subido a casa del vecino o me he ido a casa de mi hermano, como cuando por ejemplo tuve que subir un vídeo pesado a Youtube y lo que en mi casa me costaba unas veinte horas con mi ADSL patatero, la fibra se lo merendaba en menos de media hora.

Ya tengo fibra, con otra empresa que no es Timofónica. Estoy como niño con zapatos nuevos. Pero la fibra ha traído consigo una peora que no me gusta nada: el teléfono fijo depende de la conexión a internet: si esta falla, te quedas sin fijo. Hoy día la cosa no es muy importante, en mi caso, porque disponemos en la familia de móviles y nos podemos arreglar. Pero me pongo en el caso de un autónomo o profesional que se quede sin internet y sin el teléfono profesional.

Pues bien, eso ha ocurrido. El lunes de esta semana he estado sin internet y por tanto sin teléfono. El martes por la mañana tenía internet y teléfono… pero no era el mío, pues el número era otro diferente. El mío simplemente no existía y recibía llamadas que iban destinadas a otro número. Menos mal que no era el de una casa de citas. Afortunadamente eso se arregló en la media tarde del martes. En estos casos la solución era llamar al servicio de atención al cliente de la empresa que me da servicio y que mencionaré: Jazztel. La avería ha sido de tal calibre y de tal extensión territorial, que era imposible contactar con ellos. Solo quedó esperar, pero las imprecaciones de los usuarios en las redes han sido épicas. Con esto se demuestra que en segundos y por una avería o un error informático como parece que ha sido el caso, se nos pueden caer los palos del sombrajo y quedarnos a verlas venir.

Ha sido un buen bautizo en el mundo de la fibra. Esperemos que no vuelva a ocurrir. Diré que estoy contento, muy contento, con el servicio de Jazztel desde hace unos diez años y por eso me mantengo en él y he esperado pacientemente, sin traicionarles, a que me dieran el servicio de fibra aunque sea a base de que Jazztel se la alquile a Timofónica. Son cosas entre empresas que a mí no me llegan; yo lo que quiero es no tener relación alguna con Timófonica. Por ello he pagado un alto precio estos dos años auto limitándome. Ahora a esperar que no haya más sobresaltos y pueda disfrutar de mis nuevas velocidades que me parecen de vértigo comparadas con las anteriores. Es de suponer que con el tiempo me acostumbraré a ellas y me parecerán lentas, pero eso es ley de vida.


domingo, 10 de diciembre de 2017

ABROGAR




 Esta semana se han celebrado en España numerosos actos conmemorativos del 39 aniversario de la proclamación de la Constitución Española de 1978, actualmente en vigor. Conocida también como Ley Fundamental o Carta Magna ha servido a lo largo de estos años para mantener un complicado equilibrio entre todos los españoles que últimamente se ha visto profundamente alterado por algunos hechos de calado como los procesos secesionistas en una comunidad autónoma o el asunto de las concesiones en materia económica a otra.


Hay que tener en cuenta que muchos de los españoles que viven bajo sus disposiciones ni siquiera habían nacido cuando se promulgó. Por otro lado, las condiciones sociales cambian hoy en día a un ritmo vertiginoso con lo que no pudieron ser contempladas en su día y cuesta un cierto trabajo encajarlas. Por estos y otros motivos, parece que hay un cierto consenso generalizado entre la sociedad española de que hay que cambiar la Constitución, se entiende que para mejorarla, claro está. Bajo presiones de la Comunidad Económica Europea por asuntos económicos se modificó el artículo 135 de forma exprés, de la noche a la mañana, casi sin que nos enterásemos.


Ya hace años se produjo una situación similar en la que otra comunidad autónoma llevó adelante con mucha fuerza su posible separación del conjunto de España. Tras muchos dimes y diretes, la cosa no llegó a mayores porque en el último momento, cuando las cosas se empezaban a poner demasiado tirantes, imperó la cordura y se paró el asunto. Pero en ese momento había que haber tomado buena nota y empezar a poner, de forma pausada y tranquila, las correcciones necesarias para que no se volvieran a producir estos escarceos. No se hizo y el resultado es que se han producido de nuevo en otra comunidad autónoma y con una virulencia que todavía no ha finalizado y que veremos por donde transita.


Después de 39 años parece que ya toca adaptar la Constitución a la realidad y quizá pensar en que a partir de ahora estos cambios se produzcan de forma paulatina para irla adecuando a la realidad que como ya he mencionado es muy cambiante. Cuando se aprecian los primeros síntomas de una enfermedad es cuando hay que tratarla, no limitarse a los más significativos, sino aprovechar para hacer una revisión en profundidad.


Hay muchos temas que preocupan a los españoles, unos más a algunos y otros menos a otros. Pero hay cosas que no gustan en la actualidad y que habría que hablar de ellas para tratar de llegar a un consenso que se presume muy difícil, porque las condiciones actuales no son las mismas que tuvieron los llamados Padres de la Constitución al elaborarla, recién salidos de cuarenta años de dictadura y con más de una espada de Damocles sobre sus cabezas por determinados estamentos sociales que seguían en activo y sin muchas ganas de cambiar el sistema.


Visto lo visto, parece que el cambio más urgente es la reordenación de la organización territorial. Aquel «café para todos» que imperó en la Transición no ha tenido buenos resultados con el paso de los años. Pero no por ser el más urgente debe ser el único que se acometa. Hay ciertos aspectos de la vida nacional que han quedado tocados seriamente y que podrían llevar a plantear una recentralización de los mismos, en la creencia por parte de muchos de que no deberían haberse cedido ciertas competencias. Los graves hechos acaecidos en Cataluña entre fuerzas de seguridad del estado «centrales» y «autonómicas» son un ejemplo que evidencia el problema. Por no hablar de asuntos como la educación o la sanidad. Hay cosas que, en mi opinión, no pueden repartirse como si fueran chocolatinas porque conducen a situaciones de clara diferenciación entre ciudadanos. No quiero hablar de la educación, que daría para mucho, pero sí de que no es de recibo que un español de Madrid por ejemplo tenga problemas para obtener medicamentos en Cantabria por los diferentes tratamientos que ambas comunidades realizan a sus gestiones en esta materia.


En todo caso, la realidad del día a día se impone y la Constitución, como cualquier ley, debe ser consecuentemente adaptada a la realidad. Lo básico en la vida de un ciudadano, su vivienda, su trabajo, su educación o su sanidad son cuestiones de las que se habla en la Constitución como derechos pero que no se han desarrollado ni se perciben como solucionados con la suficiente rotundidad. Y es que cuando una persona tiene todas esas cuestiones básicas cubiertas, ya puede pensar en hacerse del Madrid, del Atleti o del Barcelona.


Las leyes no son eternas ni inmutables. Nacen, tienen su recorrido y son derogadas ─abrogadas─ siendo sustituidas por otras. Es ley de vida. La primera constitución española, la «Pepa», aprobada el 19 de marzo de 1812 no sigue vigente hoy en día. Aun sumiendo por parte de todos que los cambios son necesarios, a nadie se le escapa que es un reto extremadamente complicado. Se necesita una reforma en profundidad, valiente, creativa. ¿Quién o quienes la llevan adelante? En una primera aproximación parece que sería la (desprestigiada) clase política de nuestro país la encargada de acometer estos cambios. No me parece que sean los más adecuados, cuando a lo largo de estos casi cuarenta años los dos partidos políticos que nos han gobernado de forma alternativa han hecho de su capa un sayo y los emergentes en los últimos años están dando unos tumbos que asustan al más pintado.


Llevamos años mirando para otro lado y no haciendo caso a las señales que la vida actual nos va brindando. Y no es cuestión de tapar la herida con un poco de mercromina y un esparadrapo dando un tratamiento (insolidario) especial en materia económica a una comunidad en detrimento de otras. Eso ha quedado demostrado que es pan para hoy y problemas para mañana.


Así pues… ¿Quién pone el cascabel al gato?