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viernes, 17 de marzo de 2017

MEDICAMENTOS



Hace ya muchos años el precio de los preparados farmacéuticos venía indicado en el envase de los mismos. Posteriormente se pasó a un sistema en el que era frecuente encontrar una pegatina encima para modificar el precio. Ahora ya los precios no figuran en los envases… y en ningún lado, al menos que yo haya sido capaz de encontrar. Los medicamentos tienen por lo general y salvo excepciones una fecha de caducidad muy dilatada en el tiempo ya que sus principios activos suelen ser bastante estables. A tenor de esto se me ocurre preguntar cuanto irán creciendo cada año los stocks existentes en las farmacias. Se cambia el precio en el ordenador y de un plumazo queda todo actualizado. Voy a ser bien pensado por un momento y seguro que no todos subirán, alguno habrá que baje de precio. Me vino esto a la cabeza ayer cuando me dirigí a una papelería a comprar una barra de pegamento y me cobraron por ella mucho menos de la mitad de lo que suele costar normalmente. La explicación que se me ocurre es que la tenían marcada desde hace tiempo, años, y no se habían preocupado de actualizar la etiqueta con el precio.

Hace una decena de años estuve un tiempo trabajando en un centro de ayuda a drogadictos dependiente del ayuntamiento de Madrid. El equipo interdisciplinar estaba compuesto por médicos, psicólogos, sanitarios, auxiliares… Hice bastante amistad con todos ellos y una de las cosas que me llamó mucho la atención fue la especial relación de los médicos con los visitadores de los laboratorios: cuando no les regalaban detalles de nivel, de mucho nivel, les invitaban con su mujer a un congreso médico en Nueva York, así como lo cuento. Han pasado los años y no sé cómo estará este asunto de las «prebendas» a cambio de recetar o utilizar determinados medicamentos, pero como lector de este blog ya habrá deducido que últimamente soy muy malpensado en todo lo que me rodea. ¿Se trata de una leyenda o seguimos en una edición corregida y aumentada? Copio y pego una información localizada en internet …«He sido testigo directo de cómo algunos compañeros han recorrido el mundo a todo trapo con la “coartada” perfecta de la asistencia a congresos, asistencia que muchas veces era solo teórica ya que en la práctica eran meros viajes de placer envueltos en la coartada perfecta de un congreso. He visto invitaciones fastuosas para ir Oriente Medio, viajes de fin de semana a Nueva York, realización de eventos en balnearios y spa, reuniones que duraban tres días y solo había unas pocas horas de docencia real. En fin, algunos colegas han recorrido el mundo entero y con un nivel impropio a sus ingresos reales gracias a la invitación de la industria del medicamento». Qué cada cual opine y asigne un índice de veracidad a este comentario.

Desde hace ya más de dos décadas, cuando se acerca la primavera y los primeros calores sufro un problema derivado de una falta de circulación sanguínea en la pierna izquierda. Una mala instrucción o cuando menos inexacta y no bien entendida por mí del médico que me realizó una artroscopia de menisco en la rodilla izquierda me provocó flebitis y obstrucción circulatoria, que hace que en estas fechas tenga que tomar un medicamento para facilitar la circulación y prevenir los edemas e hinchazones. Como digo es un tema que me acompaña desde hace muchos años y guardo la provisión de medicina de un año para otro para empezar a tomarlo al notar los primeros síntomas, cuál ha sido el caso en estos días atrás de calores inusitados. El año pasado ya me mosqueé del precio de la medicina e hice una anotación en tinta roja en la caja ¡Ojo, muy caro! Lástima que, no sé por qué, no anoté el precio que había pagado por la caja con 30 sobres para disolver en agua que cubren un número igual de días dado que la dosis es de un sobre diario.

¿Quién marca el precio de los medicamentos en España? Cuando me dirigí a la farmacia hice lo que nunca habría hecho antes en mis muchas décadas de vida: preguntar el precio del medicamento antes de pedirlo. La sorpresa fue mayúscula al oír la contestación de la boticaria: 18,95 euros. Como tengo todavía existencias en casa y la compra era en previsión para el año que viene, me retiré a mis cuarteles sopesando la posibilidad de perder, perdón, emplear un tiempo en una visita al médico para obtener la correspondiente receta y ahorrarme unos eurillos, cada vez menos por los copagos, utilizando mi derecho a usar de vez en cuando el llamado SNS, Sistema Nacional de Salud.

Como uno no se puede estar quieto, me puse a indagar un poco en el asunto y pude comprobar que el medicamento que vengo utilizando desde hace más de 20 años y que puede verse en la imagen, está FUERA del SNS desde el año 2012, es decir, no lo cubre el seguro como vulgarmente se suele decir. Voy poco al médico por mí pero algunas veces por los familiares, y ya me viene sonando con demasiada frecuencia aquello de que la medicina que yo le recomendaría es tal o cual, lo que ocurre es que es un poco cara y además está fuera del SNS…

Y repito la pregunta: ¿Quién marca el precio de los medicamentos en España? ¿Cuestan lo mismo en todas las farmacias? Me puse a investigar un poco y fui a otras dos farmacias a preguntar el precio y en este caso era el mismo. ¿Se puede saber de alguna manera el precio de un medicamento sin tener que ir a preguntarlo? Trasteando por internet no he logrado encontrar ningún sitio donde consultar esto. Parece que pudiera estar disponible en una página web del Colegio de Farmacéuticos pero el acceso es exclusivo para colegiados. Ante todo ello y para los medicamentos que están fuera del sistema de recetas y recobros, me pregunto cómo se podría detectar si a un desaprensivo farmacéutico le da por elevar unilateralmente un determinado precio. Ya sé que todos son honrados y no lo hacen, pero no es esa la cuestión sino la posibilidad de detectar si a alguno de le va la olla y le da por abaratar los precios con respecto a los «oficiales». Si me acerco a la farmacia a comprar una botella de alcohol y me cobran esto o lo otro, ¿cómo sé si la cosa está como debe de estar?

Hay un portal en internet que uso con frecuencia: VADEMECUM. Desde mi época de estudiante me gustaba indagar en los medicamentos y sus principios activos. El principio activo del Venoruton es la Troxerutina, a pesar de que en el prospecto no lo dice exactamente así. Buscando en Vademecum se pueden encontrar cinco productos comercializados con ese principio activo: ESBERIVEN (0,50€ la dosis diaria), Troxerutina CINFA (0,41€), Troxerutina KERN PHARMA, Troxerutina NORMON (no comercializado) y el mencionado VENORUTON(0,63€). Como curiosidad resaltar que todos ellos están fuera de la cobertura del Sistema Nacional de Salud por lo que tendremos que abonar su precio total en la farmacia.

Puestos a indagar y puesto que no he tenido forma de encontrar los precios por ningún lado, he encontrado una información en este enlace, que dice que, como media, el precio de los medicamentos en España está un 16% por debajo del general de la zona europea, pero no se comenta nada de los sueldos ni de las pensiones en España en comparación con la media europea, con lo que de entrada esta información es tendenciosa cuando menos. Personado de nuevo en una farmacia, me informaron que el de CINFA con el mismo número de dosis cuesta 12,25€, lo que es un ahorro significativo con respecto a los 18,95€ que cuesta el que venía comprando todos los años. Sigue siendo «una pasta», pero que remedio. He encargado una caja en previsión para el año que viene y esta vez apuntaré en rojo y en negrita el aviso y el precio. Además, siempre quedará esta entrada en el blog como recordatorio y ahora solo resta tomar buena nota del nombre del laboratorio carero para ponerle una cruz y tener cuidado en el futuro.

AÑADIDO EL 22-MAR-2017

Según un noticia publicada en bez el 21 de marzo de 2017 titulada "Seis farmacéuticas, expedientas por prácticas restrictivas de la competencia"
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha abierto expediente contra las farmacéuticas Pfizer, Janssen-Cilag, Merck Sharp & Dohme de España, Lilly, Sanofi-Aventis y Novartis Farmacéutica. La sanción del organismo hace referencia a unas posibles prácticas restrictivas de la competencia al implantar un sistema de doble precio.
Según el regulador, "la infracción consistiría en el establecimiento de unos sistemas de distribución a través de los cuales habrían implantado o pretenderían implantar un sistema de doble precio, además de un acuerdo colusorio entre los laboratorios en el diseño y establecimiento de estos sistemas de distribución".


domingo, 12 de marzo de 2017

TRAMPANTOJO



El domingo pasado tras la comida nos disponíamos a sestear un poco en el sofá. Es sabido que para estos menesteres el acompañamiento de la televisión con su runrún de fondo es un buen aliado, con lo que cualquiera de las películas que emiten las diferentes cadenas sirve. En la cadena que estaba sintonizada en el televisor acababa de empezar una película de la no conocíamos ni el título. El hecho fue que no pegamos ojo en las dos horas siguientes, viéndola entera hasta su finalización con las correspondientes sesiones intercaladas de anuncios comerciales.

Hace ya muchos años, el poeta español Ramón de Campoamor y Campoosorio, nacido en 1817 y fallecido en 1901, incluyó en su fábula «Las dos linternas» el siguiente cuarteto, por todos conocido:

En este mundo traidor,
nada es verdad ni mentira,
todo es según el color,
del cristal con que se mira.

En estos días estamos asistiendo al juicio conocido como caso Palau por el saqueo ocurrido durante años a los fondos públicos en el Palau de la Música de Barcelona, donde particulares y políticos sacaban todas las astillas que podían para ellos y sus compañeros. Una cuestión quiero resaltar y es que la máxima responsable de las finanzas del citado Palau era la hija del subdirector. Mantener relaciones más allá de las profesionales en un trabajo es una cuestión bastante desaconsejada porque es muy difícil por no decir imposible el ser objetivo en los planteamientos. En este sentido, en la empresa que laboraba yo en los años setenta del siglo pasado estaba estrictamente prohibido que en un mismo departamento se encontraran personas relacionadas no solo familiarmente sino incluso por un noviazgo. A mi buen amigo Antonio G.N., al que por cierto hace tiempo que no veo y va siendo hora de llamar, se le ocurrió fijar su mirada en una jovencita del departamento con lo que, cuando la cosa fue tomando un cierto cuerpo, uno de los dos tuvo que cambiar de aires, siendo en este caso la jovencita la designada. La verdad es que la cosa luego no cuajó, pero de la joven nunca más se supo.

Las convicciones personales de cualquier tipo, sociales, religiosas, políticas, laborales, económicas… se ven influenciadas por el entorno y las relaciones que mantengamos con las personas y las situaciones, siendo imposible prácticamente escapar a la  subjetividad que cuestionará nuestros criterios y nuestras decisiones por mucho que tratemos de ser objetivos.

Otro ejemplo de aquellos años atestigua esto. Aunque ya estábamos en la era de las impresoras láser de gran velocidad, en el departamento se mantenían dos impresoras antiguas de las de martillo, necesarias para imprimir ciertos trabajos residuales que utilizaban el famoso papel carbón para obtener copias. Casualmente un mediodía estaban estropeadas las dos, por lo que hubo que llamar al servicio técnico con urgencia para proceder a su reparación. Personado el técnico, una de ellas era imposible de arreglar por falta de piezas pero reparó la otra. Cuando estuvo lista, su protocolo requería imprimir una caja de papel a modo de prueba, para lo que pidió al operador de turno la referida caja. Este le contestó que bajara él al almacén a por ella. Ante esto, el técnico apagó la impresora, dejándola deshabilitada, y se marchó. Al día siguiente, el responsable del departamento de explotación montó en cólera por no haber salido los trabajos y al hablar con el técnico y enterarse del sucedido con la caja de papel, se oían las voces hasta en Pernambuco, lo que no auguraba nada bueno para el operador negligente. Cuando supo el nombre del operador, todo quedó reducido a ¡Estos chicos, estos chicos…! El operador era sobrino del director general.

En la película, Mathilde es una madre con tres hijos que trabaja en un centro público de planificación familiar. Un día recibe la visita de una joven de 16 años pidiendo ayuda porque ha sufrido una violación en una fiesta juvenil y no se atreve a contárselo a nadie de su entorno. Mathilde se vuelca en ayudar a la joven hasta que descubre que el violador es su propio hijo. Su actitud hacia la joven cambia de forma radical, lo que es notado por la joven que acaba descubriendo la relación entre Mathilde y su violador. Las relaciones de Mathilde con su entorno familiar, marido e hijos, sufren también una fuerte convulsión por la manera de afrontar el hecho. La película no tiene una gran calidad pero el trasfondo de sus planteamientos me hace incluirla en mi colección de películas de corte psicológico, al tiempo que mi opinión es que Mathilde tendría que haberse inhibido pasando el caso a otra colega nada más conocer la implicación de su hijo. ¿Por qué no lo hizo? He ahí el dilema, el mismo que ahora tiene el subdirector del Palau de aquellos años que no solo no puede descargar sus responsabilidades sino que tiene que hacer todo lo posible y lo imposible por, además de salvar su culito, intentar salvar el de su hija.

Por cierto, trampantojo es un técnica pictórica que «intenta engañar a la vista jugando con el entorno arquitectónico —perspectiva, sombreado, etc.—». Hay algunos, demasiados, que consiguen «trampantojear» la realidad para acoplarla a sus intereses a base de tener una buena colección de cristales de colores para mirar a través de ellos y fabricarse su propia y personal realidad.



domingo, 5 de marzo de 2017

SÍMBOLOS



Cada vez estamos más rodeados de símbolos que suponen un apoyo en nuestra actividad diaria, pues no en vano el dicho «una imagen vale más que mil palabras» aquí si es perfectamente aplicable para poder representar mediante un dibujo todo un concepto que nos permita relacionar de forma rápida lo que estamos haciendo con empresas o cuestiones reales. El diccionario define símbolo como «Elemento u objeto material que, por convención o asociación, se considera representativo de una entidad, de una idea, de una cierta condición, etc.». Un sinónimo que podría haber servido para titular esta entrada es LOGOTIPO, muy usado hoy en día en el mundo empresarial y que es definido a su vez como «Símbolo gráfico peculiar de una empresa, conmemoración, marca o producto».

Aunque en muchas ocasiones no nos damos cuenta, los símbolos representan un apoyo en nuestro devenir diario, pues nos permiten tomar decisiones rápidas a la vista de una imagen. Supongamos que vamos buscando una oficina bancaria para realizar una operación monetaria. Prestaremos atención a los logotipos de las entidades financieras que conocemos o deseamos encontrar. Al hilo de este ejemplo me viene a la memoria el logotipo de la extinta Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, empresa ya desaparecida o convertida en otra, cuyo logotipo evolucionó mucho en los veinte años en los que estuve laborando en ella. De ser la silueta del oso y el madroño representativa de la ciudad de Madrid, se pasó a una imagen que remedaba una hucha en la que la zona derecha era una silueta estilizada de un oso. Posteriormente se seleccionó la zona derecha, la figura del oso y se tiñó de verde, para luego dejar la parte superior con bordes rectos y por último redondear estos bordes. Hay que decir que cada cambio de logotipo dejaba un buen caudal de dinero a la empresa especializada que diseñaba y justificaba el cambio, a las empresas que realizaban los paneles para los frontales de las oficinas, a las empresas de construcción que los instalaban y a las imprentas que tenían que producir nuevos impresos con el logotipo actualizado. A mí siempre me pareció un gasto tan enorme como innecesario, pero ya se sabe que hay que mover el dinero como sea para que, siendo mal pensado, algunos billetes se queden por el camino en bolsillos agradecidos.

Hay muchos símbolos con los que convivimos a diario y en los que no reparamos en su significado, no solo comerciales, sino de otros ámbitos como puede ser la bandera de un país, emblemas religiosos como una cruz en el caso de los cristianos o hasta las señales de tráfico que nos permiten circular con mayor seguridad por las carreteras. La carga conceptual que el uso diario va acumulando en las personas, según la cultura y los usos sociales de cada país, va calando hasta quedar grabados a sangre y fuego en las concepciones de las personas. Muchos de ellos son internacionales y procuran una sensación de seguridad en los viajeros que aunque no dominen un idioma pueden desenvolverse con cierta facilidad. Imaginemos que tenemos una urgencia de salud: el vislumbrar los símbolos de farmacia u hospital nos permitirán un acceso rápido en nuestro estado de necesidad. En otro ejemplo más común, pensemos en cuantos turistas acuden a comer a uno de esos famosos e internacionales «burguers» dado que sus interiores y sus formas de funcionar son iguales o muy parecidos en todo el mundo, con lo que ya tenemos ganado un plus para desenvolvernos en ellos. Otro ejemplo muy significativo es esa manzanita con un pequeño mordisco que todos conocemos aunque no seamos usuarios de los productos de esa empresa.

Con la proliferación de los teléfonos inteligentes, esto de los símbolos ha tenido un impulso especial. Cuando un amigo nos habla de tal o cual aplicación para el teléfono y nos ponemos a buscarla en el «market», nos aparecerán cientos de ellas, tras lo cual preguntaremos a nuestro amigo, mostrando las imágenes representativas de las mismas, cual es exactamente de la que estamos hablando. Haga un prueba que es una caso real que me ocurrió hace unos días: entre en el mercado de aplicaciones de Android y busque «analizador wifi». Salen unas cuantas y las imágenes representativas serán las que nos lleven a elegir exactamente la que estamos buscando. En este mismo mundo de los teléfonos inteligentes y esa otra aplicación generalizada… ¿quién no utiliza emoticonos o iconos para aderezar sus mensajes? Una carita puede representar de forma fiel un estado de ánimo de una forma directa.

En todo caso es fundamental que los símbolos que se utilicen tengan un significado claro, conciso y que no admita dudas. Ya he reflejado algunas diatribas acerca de esto en otras entradas, como por ejemplo en «SEXOS», en diciembre de 2010, donde me hacía eco de un comentario de mi buen amigo Miguel Ángel acerca de, entre otras cosas, los símbolos utilizados en los baños de lugares públicos para distinguir los de caballeros y los de señoras.

La imagen que acompaña a esta entrada está en la puerta de un baño en un sitio público, un museo, por el pasan cientos de personas a diario. Vd. que diría, ¿caballeros o señoras? Reconocerá que cuando menos la cosa está peliaguda. Anote en un papelito lo que ha pensado y siga leyendo…

Pues aquí está la solución, se trata del baño de caballeros. Sería bueno hacer una encuesta para saber cuántos lectores de este blog han respondido ¡señoras! Para dejar constancia de la realidad una nueva imagen al final. Estos baños están situados en el Palacio Real de El Pardo, Madrid, un edificio histórico que data de los tiempos de Felipe II y que ha estado dedicado en tiempos pasados a residencia de un Jefe del Estado Español de cuyo nombre no quiero acordarme, pero cuya visita merece muy mucho la pena.

Para terminar, solo decir que los símbolos que se utilicen deben de ser claros, representativos y sobre todo unívocos para no inducir errores en lugar de facilitar las cosas, que es su cometido primordial.




domingo, 26 de febrero de 2017

DESVERGÜENZA



Es este un tema recurrente, pero cada vez que aparece en los medios de comunicación, en menos ocasiones y con menos intensidad de lo que debiera, se me sube la bilirrubina a límites preocupantes sin que pueda hacer nada por remediarlo. Hace unos días, el semanario económico «Cinco Días» publicaba una noticia sobre las famosas «Tarjetas BLACK» de los consejeros de CajaMadrid, Bankia o como se llame o llamaba, como complemento al juicio que se viene celebrando por el uso abusivo de fondos por parte de unas personas sin escrúpulos que parece que no tenían suficiente con los jugosos emolumentos y prebendas de las que disfrutaban y se daban a prácticas cuando menos moralmente reprobables gastándose los dineros sin tino en «actividades» que, según ellos, tenían que ver con actos de «representación institucional». Como dice un conocido anuncio de una gran superficie a la que por cierto no tengo ninguna simpatía… ¿pero es que se piensan de verdad que somos tontos?

No sé por cuanto tiempo estará disponible la noticia en este enlace al referido diario económico CINCO DÍAS. En la noticia venían detalladas las operaciones realizadas por estos consejeros, vocablo que según el diccionario incluye a machos y hembras, con importes superiores a DOS MIL euros: «Los consejeros y principales ejecutivos de Caja Madrid y Bankia realizaron un total de 562 cargos de una cuantía superior a 2.000 euros de sus tarjetas “black”. Unas operaciones que alcanzan la cifra de 2 millones de euros».

Los lectores que sigan regularmente este blog habrán podido percibir una cierta sensibilidad por mi parte sobre este asunto dado el haber dedicado veinte años de mi vida a laborar en esa empresa. Varios de los nombres implicados en la noticia fueron compañeros míos en el pasado e incluso alguno, alguna, llegó a mi departamento recién contratada por la empresa. ¡Hay que ver como progresa la gente! No tengo ninguna duda de su valía, pero a raíz de los comentarios que voy a manifestar a continuación, será en algunos aspectos profesionales, porque lo que es en otros más humanos o sociales no llegan ni a la altura de una suela fina de mocasín indio.

Ya en el propio artículo se mencionan ciertas argucias, «zorrerías», empleadas por los próceres: «En el caso de xxxx, han sido incluidos en el cuadro varios apuntes, que agrupan operaciones realizadas en el mismo establecimiento en el mismo día, por lo que han sido agrupados por días y sumadas las cantidades». Como no se admiten facturas superiores a 1.000€ euros, me hace todas las que sean necesarias por un importe de 999€ … jajaja.

Pero es que además de estos tejemanejes, hay apuntes que cantan la traviata ellos solitos. Voy a referirme a dos de los consejeros, sin mencionar los nombres, por aquello de no andar con faltas de respeto, faltas a la intimidad y zarandajas de esas, que bien que se cuidan de aplicar a los mortales pero que a su vez ellos se llaman andanas a la hora de aplicarse su propia medicina.

Una de las personas tiene retirados directamente en ventanilla importes de 8.000, 2.700 y 2.000 euros. ¿Ha ido Vd. A su banco y ha pretendido retirar por ventanilla 8.000€? Si no lo ha hecho y suponiendo que tenga ese dinero en su cuenta, acérquese a preguntar y verá lo que le dicen: cuando menos que vuelva Vd. mañana. Y si a Vd. Se le ocurre ir ocho veces a lo largo del día a retirar de 999€ en 999€ verá lo que ocurre. ¿Cómo le dieron en una sola operación de retirada de efectivo 8.000€ de una tacada? ¿Y en billetes de 500 para que le cupieran en el bolso o más pequeñitos? Y esta misma persona tiene compras por valor de 6.000€ y 3.000€ en una joyería. Qué casualidad, que importes más exactos, pero no seamos mal pensados, es que dada su categoría personal y como cliente le hacían un redondeo para dejar las cantidades más limpias, total unos cientos de euros arriba o abajo, da igual, si al fin y al cabo no es ni de mi bolsillo ni de mi cuenta. Y esta misma joyería parece que tenía un chollo con estas personas, pues son varias las que compraban en ella. Será que soy muy mal pensado, pero me huele mal, tanta fijación con las joyerías y la proliferación de los importes exactos.

La otra persona andaba más en asuntos de viajes y restaurantes. Sin entrar en detalles, en este caso me llaman la atención dos apuntes de comidas en restaurantes que importan exactamente 2.000€. Hay que comer mucho o invitar a muchas personas para alcanzar tamaño importe, exacto por lo demás. Cuando menos es extraño o muy rara esa exactitud en las facturas, máxime si añadimos también otras dos estancias en hoteles por valor de, cantidades exactas también, 4.000€ y 2.500€ así como dos viajes de 3.600 € o 3.200€- Cuando yo conocí a esta persona, no tenía la sensación de que fuera tan escrupulosa con las exactitudes, aunque a lo mejor lo que ocurre es que es muy magnánimo con las propinas y redondea a 100€ todo lo que puede para congraciarse con el personal que le atiende.

El informe no tiene desperdicio, como tampoco tengo ninguna duda que lo tendrá la sentencia cuando salga vaya Vd. a saber cuándo, que las cosas de palacio van despacio, pues algunos de los apuntes más antiguos en esta información se refieren al año 2003, más de catorce años. ¿No habrán prescrito estas «pequeñas» faltas?

Me equivocaba pues en el momento de publicarse este post han visto la luz las condenas; uno de los personajes aludidos en esta entrada ha sido condenado a un año y seis meses, es decir, no tendrá que ingresar en prisión y podrá seguir disfrutando en casita, a la par que posiblemente riéndose de todos nosotros, inclusive aunque tanga que devolver el dinero, cuestión que me gustaría comprobar. El otro personaje ni siquiera aparece en la lista de juzgados y condenados. El que quiera entender que entienda. Eso sí, nuestros políticos se han llenado la boca de decir lo justa que es la Justicia en nuestro país y que es igual para todos los ciudadanos. ¡Miauuuuuuuuu!




domingo, 19 de febrero de 2017

MICROMECENAZGO



Como ya he comentado algunas veces, una de mis aficiones es el conocimiento y buen uso del idioma, para lo que recurro al diccionario, libros como el «Panhispánico de Dudas» y en la red a la FUNDEU. Cuando me enfrento a alguna cuestión nueva, siempre es bueno investigar un poco hasta dar con la solución. Al elegir el título de la entrada correspondiente a esta semana, la palabra que todo el mundo sin duda conocería sería «Crowfunding», un anglicismo que se ha puesto de moda últimamente y que «se emplea a menudo para referirse al mecanismo de financiación de proyectos por medio de pequeñas aportaciones económicas de una gran cantidad de personas». Hay cantidad de ejemplos y de modalidades que pueden consultarse a poco que nos movamos en los buscadores.

Lo usual es que el impulsor o impulsores de un proyecto no se limiten a ponerlo en marcha y quedarse de brazos cruzados a esperar que se cumplan los plazos y ver si la cantidad solicitada se ha conseguido. Lo lógico es moverse de forma paralela a través del correo electrónico y de las redes sociales para llegar con la idea al mayor número de personas que se decidan a colaborar de forma económica con el proyecto. Me parece una idea interesante y he colaborado en varios micro mecenazgos de este tipo, como por ejemplo ayudar a una emisora de radio por internet a conseguir equipo de estudio para las transmisiones, desarrolladores de programas de ordenador libres, un escritor para ver publicado su libro o el caso concreto que voy a comentar hoy de ayudar a una compañía aficionada de teatro a poner en marcha su obra anual que necesita de complementos costosos que se escapan a las posibilidades económicas de la compañía.

Lo fundamental es elegir una buena plataforma para llevar adelante el asunto. En este caso no puedo decir que la plataforma sea buena, porque al menos a mí me ha dado muchos problemas y me ha costado una enormidad colaborar con el proyecto. Han sido muchas zancadillas que desilusionarían al más pintado pues si encima que vas a colaborar con tu tiempo y tu dinero te encuentras inconvenientes, pues apaga y vámonos. La plataforma elegida por la compañía de aficionados es LÁNZANOS. No sirva esto de propaganda negativa hacia ellos sino de crítica constructiva para que mejoren sus procesos en orden a facilitar lo más posible la colaboración de los ciudadanos.

Pero antes, una pequeña historia. Hace una veintena de años había un bar perdido en un pueblecito de la montaña cántabra al que acudíamos cuando andábamos por allí, porque en las cuatro mesas de las que disponía se podían comer una ensalada y unos huevos fritos de verdad, de «picasuelos», de gallinas que viven libres alimentándose de forma natural, con patatas fritas, morcilla, picadillo, jamón o callos, todo de verdad, a unos precios imbatibles y servidos con una amabilidad y cariño familiar que hoy en día se va echando cada vez más de menos. Han pasado los años y ese bar ha devenido en un afamado restaurante al que hay que llamar con mucha antelación para conseguir mesa, y donde los huevos fritos ya no están bien vistos y las relaciones son más frías que antaño. Un restaurante más, de los muchos que hay en la geografía nacional. Refiero esto porque en muchas ocasiones el hacer propaganda de los sitios es empezar el camino para acabar con su magia.

La compañía de aficionados a la que voy a referirme y que está lanzando el micro mecenazgo en estos días es AMOREVO. Llevo varios años asistiendo a sus representaciones, completamente gratuitas, en las que se puede colaborar con la voluntad, si se desea, en unos sobres a la salida de las funciones. Cada temporada se superan y he podido asistir en los últimos años a magníficos musicales que si se tiene en cuenta el estar llevados a cabo por aficionados y no por profesionales, su valía es inconmensurable. Como con la historia del bar, el hacer una propaganda que se merecen sin duda es tirar piedras contra mi tejado, porque cada año me costará más conseguir localidad y con el tiempo, y quizá también con estas operaciones de micro mecenazgos, existe la posibilidad de que se conviertan en profesionales y ya no sea tan interesante asistir a sus representaciones: habrán perdido la magia, pero esperemos que esto no suceda, por lo menos en los próximos años.

Como decía y volviendo a la plataforma, hay que registrase, cuestión lógica si se tiene en cuenta que debe existir una forma de contacto contigo para comunicarte la marcha del proyecto y su estado a la finalización de los plazos. Luego, hay que facilitar una forma de pago, cuenta bancaria o tarjeta en la que, importante, al final del proyecto y si este se culmina, debitarán el importe con el que hayas querido colaborar, para lo cual tienes que facilitar una autorización de pago a tu banco poniendo como beneficiario en esta caso a «Lánzanos». ¿Nos fiamos de autorizar a una empresa que no conocemos a que dentro de un tiempo emita cargos contra nuestras cuentas o tarjetas? ¿Retiramos la autorización —cuestión que no siempre es posible o fácil— cuando haya pasado el plazo? ¿Y si mientras está el proceso en marcha les roban nuestros datos y nos dan un «viaje»?

Yo, sintiéndolo mucho y a pesar de mis ganas de colaborar, no autorizo a hurgar en mis cuentas a una empresa desconocida, por mucho que venga avalada por las cifras que publicitan en su página web. ¿Desconfiado? ¿Precavido? Vamos por la vida con demasiada confianza dando datos nuestros que luego sabemos cómo son «hackeados» y utilizados con fines distintos a los que en principio se pretendían. Hago referencia a la entrada «IDENTIDAD» publicada en este blog hace un mes, en enero de 2017.

En todo caso, yo quería colaborar económicamente con AMOREVO, con lo cual entré en una espiral de correos electrónicos que yo creía que terminaron cuando me facilitaron un número de cuenta bancaria y pude hacer una transferencia. Pero quía, el proceso tuvo que continuar porque el micro mecenazgo estaba en marcha y de alguna forma había que reflejar mi aportación dentro de esa campaña para conseguir el objetivo y que de forma efectiva se materializaran los pagos y la compañía tuviera su dinero. Para ello me remitieron el cupón que puede verse en la imagen, tuve que entrar de nuevo en la plataforma con mi usuario registrado y bucear hasta encontrar la forma de facilitar el número de cupón para reflejar mi aportación en la campaña; un método alternativo al de facilitar autorizaciones de cargo en cuenta o tarjeta, pero que conlleva no poco tiempo, por no hablar de ciertos conocimientos de moverse en la red con navegadores, pasarelas de pago, correos electrónicos y demás asuntos que sin duda harían desistir a quien quisiera colaborar pero no meterse en líos.

Y por todo eso, la red, la informática, los ordenadores… permiten o facilitan nuevas formas de hacer las cosas impensables hace unos años, pero… ¿nos facilitan la vida o nos la complican?

domingo, 12 de febrero de 2017

CALEFACCIÓN



Hay muchos índices en la medición de lo que llamamos calidad de vida, que han ido variando a lo largo de los siglos en la historia de la humanidad, pero que en los últimos tiempos se han disparado. Uno de ellos podría ser la calefacción, no solo en el hogar familiar sino en sitios públicos de libre acceso, que en algunos casos sirven de refugio en los días fríos para muchas personas que o bien no tienen hogar o no tienen los suficientes medios para caldearlo. Mantener un hogar a una temperatura adecuada es un asunto ante todo económico, pues los costes no son precisamente bajos. Otro asunto que admite mucha discusión es cuál es la temperatura adecuada.

En recuerdos de mi infancia y adolescencia hay situaciones de pasar (mucho) frío. La casa en la que fui creciendo, ubicada en un pueblo de la sierra madrileña no tenía calefacción y en los días duros del invierno, que me parece ahora que eran mucho más duros antaño que lo son hogaño, se combatía el frío básicamente con un brasero, un aditamento ya prácticamente olvidado en los días actuales. Había que ir todos los días a la carbonería en la calle de al lado, hacer acopio de cisco y una vez en casa mi abuela era la encargada de preparar a diario la carga, retirando las cenizas del día anterior y dando forma con la badila al cisco recién comprado, que encendía con maestría con papeles de periódico y cubría de nuevo con ceniza para que no se consumiera rápido y durara toda la tarde. Una vez preparado, a primera hora de la tarde, su destino era la mesa camilla del comedor, que manteníamos todo el día con las puertas cerradas y con ello se conseguía una cierta temperatura que si bien no era para tirar cohetes, al menos se notaba la diferencia cuando entrabas en esa estancia de la casa. Lo mejor era coger sitio en la mesa camilla, descalzarte, taparte con las faldas y con mucho cuidado apoyar los calcetines por un momento en la alambrera que protegía el fuego. La cabeza fría pero al menos los pies calientes por unos instantes.

Hay que decir que el resto de la casa estaba realmente gélida. Aunque los muros eran gruesos, las ventanas tenían sus desajustes y a pesar de que con burletes y trapos se intentaba taponar todas las rendijas, el frío se colaba de todas maneras. El transitar del salón al dormitorio era toda una decisión y recuerdo haberme acostado vestido en muchos días de invierno y desvestirme y ponerme el pijama dentro de la cama una vez entrado en calor. Lo de echarse abajo de la cama por las mañana era todo un acto heroico. En alguna ocasión en que me quedé solo con mi abuela, esta me calentaba la cama metiendo por unos instantes el brasero en ella, con el peligro de que hubiéramos podido salir ardiendo. Cosas de antes.

Con el paso de los años abandoné el hogar familiar para empezar a vivir en el mío, en la misma localidad pero ya dotado de calefacción: una estupenda caldera a gas con suficientes radiadores distribuidos por la casa. Al principio caímos en la trampa de disfrutar de una temperatura demasiado confortable que nos permitía estar en casa, en toda la casa y no solo en el salón, prácticamente sin ropa. Habíamos ganado en calidad de vida. Pero eso tuvo una contrapartida. Hasta entonces, los abrigos era una prenda que había utilizado poco, pues acostumbrado como estaba al frío dentro y fuera de casa, mi cuerpo no necesitaba cubrirse en demasía. Y no solo eso, sino que además de abrigarme hasta las orejas, los catarros y gripes que hasta entonces habían sido testimoniales empezaron a aparecer con mayor frecuencia y virulencia. Hasta recuerdo haber comprado una determinada ropa interior que se llamaba  «thermoláctica» para combatir el frío al salir a la calle. En casa muy bien, pero en la calle éramos mucho más sensibles al frío. Con toda esta experiencia, decidimos que no era bueno tener la casa demasiado caliente, con lo que paulatinamente fuimos bajando los grados hasta dejarlos en 22, una temperatura agradable que requería estar vestido en casa pero que mejoró nuestras condiciones de vida cuando salíamos a la calle.

Los que tengan niños pequeños habrán visto que estos nunca tienen frío. Es corriente también ver a jóvenes por la calle en camiseta de manga corta pero probablemente no es que no tengan frío, sino que van haciendo el tonto. La sensación térmica es una cuestión personal, pero recuerdo numerosas discusiones con mis hijos para que se abrigaran al salir a la calle pues lo común es que se pongan los abrigos en función del frío que tenga la madre o el padre.

La calefacción en los hogares es una bendición y como hemos comentado un índice de calidad de vida, pero que hay que manejar con cuidado por lo anteriormente expuesto. Pero en muchas casas, en formato piso, hoy en día no solo viven personas sino también animales de compañía. En estos días de invierno y lluvia, he visto que muchos de los perros que pasean sus dueños por la calle van vestidos con ropa de abrigo. Si tecleamos en Google «ropa de abrigo para animales» podemos hacernos una idea de lo que es este mundillo. Claro, los animales, los perros, viviendo en un hogar con calefacción la mayor parte del día, no pueden salir a la calle «desabrigados» porque corren el peligro de constiparse, con lo que habrá que llevarlos al veterinario, hacerles una radiografía, y tomar la medicación correspondiente. ¿A qué nos suena esto?


sábado, 4 de febrero de 2017

COURIER



Es un tema recurrente en este blog pero las cuestiones van y vienen y tienen muchos flecos: te creías que tenías todo controlado en ciertos asuntos cuando aparece un cruce de caminos que te lleva por derroteros inexplorados y desconocidos. Por necesidad y no tanto por comodidad, soy cada vez más asiduo de las compras por internet, en las que para mí el verdadero caballo de batalla es la forma de envío. Muchas de las empresas fuerzan el uso de mensajería del tipo llamado «Courier», que presenta el grave inconveniente de tener que facilitar tu domicilio por un lado y tener que estar prácticamente secuestrado en él el día del envío hasta que aparece el transportista.

En mi caso, la forma de envío condiciona la posible compra, renunciando de hecho a algunas plataformas que me gustaban, por ejemplo PcComponentes, por no disponer de una forma de envío alternativo. Lo tenía en su día, pero lo retiró, supongo que por cuestiones económicas que es en lo que se traduce todo al no valorar otros aspectos no puramente económicos como la atención y las facilidades a los clientes. En todo caso, los gastos de envío los paga el comprador, con lo que debe haber otro trasfondo que no alcanzo a comprender pero que intuyo como asuntos de logística y organización. Las empresas de mensajería tienen contratos con los almacenes masivos de forma que automatizan los envíos desde el propio cliente y se los recogen directamente en sus hangares, con lo que el problema se minimiza sobremanera.

Las empresas se van poniendo las pilas porque esto es un verdadero problema, que cada cual va solucionando como puede. Algunos amigos me han comentado que ponen como dirección de entrega su propio trabajo, que es en el fondo donde están la mayor parte de los días laborables, pero para ello la empresa tiene que consentir estas entregas que, dependiendo del número, pueden suponer una carga para sus procesos, en el caso de que el mensajero tenga que entrar hasta la cocina si los servicios de recepción, en caso de existir, no se hacen cargo directamente de los bultos.

La alternativa que yo he encontrado al asunto de los consumibles informáticos es AppInformática. Sin tanto catálogo pero con los mismos precios aproximados que PcComponentes, puedes hacer las compras y solicitar que el envío sea dirigido a alguna de las muchas tiendas de la franquicia, donde podrás recogerlo cuando a ti te venga bien en los horarios normales de comercio. Se da la circunstancia de que tengo una tienda de App a escasos cien metros de mi domicilio, con lo que este sistema me satisface plenamente, porque además en el momento de la compra, que solo se puede producir si hay existencias, te informan de la fecha en que tu encargo estará disponible en la tienda; lo he usado en varias ocasiones y ha funcionado con precisión y sin problemas.

Otras empresas han optado por sistemas alternativos, como pueden ser gasolineras, taquillas electrónicas inteligentes como las del sistema «Pudo» o puntos de recogida en tiendas o supermercados de horario amplio que faciliten al cliente la recogida casi en cualquier momento del día y cualquier día de la semana. Pero todo esto requiere un sistema apropiado de gestión de las direcciones de envío que no provoque situaciones como la que me ha ocurrido esta semana y que tengo todavía pendiente de solución.

Me ha ocurrido, no me importa hacer la propaganda aunque en este caso es un poco negativa, con un pedido a Amazon, concretamente unas baterías para la cámara fotográfica de mi hijo. En la imagen puede verse el anuncio en el que he resaltado una información que vienen en pequeñito y que a veces pasa desapercibida al comprador, pero que es muy importante: este producto es «gestionado» a través de Amazon, pero vendido por otra empresa, concretamente «A & B GmbH», que por el nombre huele a alemana o austríaca. En realidad eso al comprador le debería dar igual pero…

Habiendo advertido esta situación y con la mosca tras la oreja, procedo a la compra, pago y empiezo a trastear por la zona de las direcciones de envío, constatando que se admiten direcciones de Correos y de puntos de entrega en tienda. Perfecto, si se admiten oficinas de Correos, facilito mi Apartado de Correos en una de las oficinas y me quito de problemas. Todo perfecto, pedido realizado y en curso.

A los pocos días recibo el correo electrónico en el que me avisan de que el pedido está en marcha y me informan del transportista y de un número de seguimiento. ¡Sorpresa! El envío se ha realizado desde Alemania por un servicio de mensajería-Courier, concretamente UPS. ¡Ya estamos otra vez con la misma historia de siempre! Llamando al servicio de atención al cliente de Amazon, me atienden estupendamente, pero no podemos hacer nada, la cosa está en manos de UPS y lo único que si el pedido no pudiera ser entregado lo devolverán y no habrá ningún problema, salvo todos los inconvenientes para mí, gastos para las empresas y demás. Y es que UPS ni ninguna otra empresa de mensajería puede entregar un paquete en un Apartado de Correos, porque la empresa estatal no se lo va a consentir con toda la lógica del mundo.

La idea es cambiar el domicilio de destino, dirigirlo a mi domicilio o el de algún familiar y tratar de recogerlo de la manera que sea, para evitar males mayores. Esta es una operación que en teoría se puede hacer de varias maneras. Una de ellas llamando por teléfono a un número 902: lo siento, por ahí no paso. Otra es por internet pero después de que me han obligado a registrarme y hacer una serie de pasos de verificación con correos para aquí y para allá, me dice que hay algo incompleto y que no puedo realizar el cambio.

Solo me queda esperar a que el día de la entrega el mensajero se dé cuenta del error de domicilio y de la imposibilidad de su entrega, y consecuentemente me llame por teléfono y pueda redirigir el paquete en ese momento. Veremos como acaba esto.

Estamos en lo alto de la picota en los sistemas informáticos, las comunicaciones, las pasarelas de pago, los correos electrónicos y todo eso, pero seguimos arrastrando miserias como esta que he relatado hoy. Y lo curioso del caso, luego me he enterado, es que Amazon tiene previsto esto, aunque mal o al menos parcialmente: si en este envío yo hubiera intentado seleccionar una oficina de Correos o un punto de entrega, me hubiera dicho que no es posible, pero como he facilitado una dirección personal… ¡sin problemas! Salvo que como ocurre en este caso, esa dirección personal sea… ¡Un Apartado de Correos!


domingo, 29 de enero de 2017

IDENTIDAD



Escribía en noviembre de 2014 en la entrada de este blog titulada «CLAVES» el siguiente párrafo: «El tener el usuario de correo como identificativo en varios sitios y a la vez la misma contraseña es un peligro». Tres años antes, septiembre de 2011, había escrito «CONTRASEÑAS» donde se hablaba del mismo tema y se comentaba una solución electrónica y elegante de las muchas que hay para solventar este preocupante tema, al menos para mí pero que parece que ni quita el sueño ni preocupa al común de los mortales. Pero pasan los años y…

Esta semana me he acercado a casa de un amigo, todavía lo es, para tomarme un agua con gas y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid echar un vistazo al ordenador porque tenía problemas con unos vídeos que le habían mandado a través de una de «esas» «nubes». No podía verlos porque le pedía instalar un programa y no quería hacerlo y tampoco podía descargarlos porque eran de gran tamaño y no podía transferirlos a su «nube» personal, ya que le «decía» el ordenador que no tenía suficiente espacio en la misma.

No voy a entrar en el asunto de los amigos, las cervezas y lo de mírame-esto-que-me-pasa-en-el-ordenador porque es un tema muy manido y al que ya me he referido en varias entradas de este blog. Solo como apunte, no sé si la gente llama a su amigo pintor y le invita a tomar una cerveza como excusa para que, de paso, le pinte la casa o al amigo mecánico para que le arregle una avería del coche. Dejemos este tema que me enciende. Una historia plástica y divertida sobre este asunto en este enlace.

El caso es que de los hechos que ocurrieron en esa visita se pueden sacar experiencias y conclusiones interesantes que voy a intentar de dejar plasmadas aquí. Mi amigo recibe un correo del autor de los vídeos diciendo que para que pueda verlos va a compartir con él una carpeta en una conocida nube que vamos a denominar de ahora en adelante NubeBOX. Para ello, en el correo viene un enlace que lógicamente mi amigo pulsa, ya que se fía completamente del remitente. Ante esta acción de pulsar, yo le pregunto: ¿Tú tienes una cuenta tuya personal en NubeBOX? La respuesta es muy significativa: no lo sé. Esta respuesta evita la siguiente que es conocer si recuerda la clave de acceso, ya que si no sabe si tiene una cuenta mucho menos va a ser capaz de recordar la clave.

Pero mi amigo, ni corto ni perezoso, con total desparpajo, va y me dice que no hay problema, ya que la clave que utiliza para TODO es SIEMPRE LA MISMA. Y no contento con afirmar esto con toda tranquilidad y sin despeinarse —aunque esto no es posible dada su cantidad de pelo— va y me dice la clave que es «lavr757r». Me la repitió varias veces y no se me ha olvidado, entre otras cosas porque las letras son sus iniciales y el número tiene también un trasfondo que no voy a desvelar aquí. ¡Me quedé alucinado!

Delante de él y dado que tenemos absoluta confianza, en su propio ordenador, me puse a los mandos e intenté acceder a su correo de Gmail con esa clave, cosa que hice sin problemas. A continuación y por si acaso la tenía, intenté acceder a una supuesta cuenta en la nube NubeBOX con esa misma clave y… ¡éxito! Para liar un poco la cosa, inicié la operación de cambio de clave en la nube, puse otra muy parecida y como el mecanismo que utilizan las empresas para la recuperación de claves es mandarte un correo electrónico y yo tenía acceso al mismo, cambié y autoricé la nueva clave. Vamos, que en cinco minutos podría haber montado un desaguisado de tamaño descomunal, por ejemplo cambiando la propia clave de su correo electrónico y de esta forma tener acceso a suplantar a mi amigo, operación muy peligrosa y que utilizan los ciberdelincuentes para operaciones generalmente desagradables y cuando menos costosas en términos monetarios para nosotros.

Antes de seguir adelante con este asunto, recomendar la lectura del apartado de «Historias reales» en la página web de la Oficina de Seguridad de Internauta, página muy interesante así como la oficial del Instituto Nacional de Ciberseguridad – INCIBE, en las que deberíamos curiosear de vez en cuando para estar enterados y al día de lo que se cuece por este mundillo de la seguridad informática. Nos creemos que no va con nosotros, pero estamos muy, pero que muy, equivocados.

Pero volviendo al caso de mi amigo… ¿Cómo es posible que tenga una cuenta en NubeBOX» y no sea consciente de ello? En determinadas ocasiones vamos muy deprisa pulsando botones y otorgando autorizaciones que hacen que nos encontremos con estas sorpresas. Uno de los puntos más peligrosos es el móvil, el Smartphone, ese aparatito que es un muy potente ordenador, mucho más de lo que nos creemos, que todo el mundo lleva y al que no prestamos atención. En el caso de los que portan sistemas operativos Android, la puerta de acceso es nuestro correo electrónico de Google, ese mismo que mi amigo tiene protegido con esa clave que me dijo y que es «la misma para todo». Muy probablemente hace algunos años, cuando inició las operaciones de acceso a su nuevo teléfono móvil aceptó la oferta de NubeBOX para crear una cuenta y por ello la tenía.

Para más curiosidad, la cuenta de NubeBOX es de nada menos que 2 Gb. La tenía petada –sí, el diccionario admite esta palabra— con cerca de setecientas fotografías que el verano pasado le había mandado otro amigo mientras hacía el Camino de Santiago. Lo peor de todo es que no solo no era consciente de tener la cuenta, sino también de tenerla llena con esas fotos que no recordaba y que ni siquiera había visto.

Las posibilidades en los mundos informáticos caseros, ordenadores, tabletas o Smartphones, son enormes, están interrelacionadas y no las prestamos la más mínima atención. Disfrutamos de ellas sin preocupación, sin atender a las historias que a diario aparecen en los medios y pensando que nunca nos va a tocar a nosotros. Ya lo decía en otra entrada, el problema no es que nos dejemos la puerta abierta de nuestra casa sino que en conjunción y mientras esté abierta pase alguien por allí con intenciones aviesas. El asunto es que cada vez proliferan más, y desde cualquier parte del mundo, las intenciones de hacerse con nuestros dineros. Y aun sabiendo esto, lo peor es la alegría con la que transitamos por estos mundos, como mi amigo, usando la misma clave para todo.

Haga una prueba. Acceda a la página How Secure is mypassword y teclee la clave que tiene en su correo electrónico personal. Yo he tecleado la que tiene mi amigo en todos los sitios y lo que me dice esa página es que es tan sencilla que, aun sin conocerla, un cazador de lo ajeno que no hace falta que sea muy experimentado tardaría un minuto, ¡un minuto!, en hacerse con ella.

domingo, 22 de enero de 2017

PARAMIO



Volvamos por un momento al pasado, por ejemplo, 1968, para relatar una historia real. Tengo que comprar medio kilo de bacalao para el potaje que servirá de cena a la familia y me dirijo personalmente a la tienda de ultramarinos del sr. Paramio, que muestra encima de mostrador hermosas piezas de este pescado delicioso en salazón al lado de una enorme cizalla para su corte. Elijo o elige él por mí unas piezas que va cortando con certeros golpes y poniendo en una balanza, mecánica por entonces, hasta alcanzar el peso solicitado, justo, ni más ni menos. En el papel de estraza y con el lápiz que toma de su oreja, hubiera realizado la multiplicación para saber el importe a cobrar, pero en este caso no hace falta ya que es un kilo exacto y el precio es el que es. Pago con dinero contante y sonante, me da el cambio, cojo mi compra y me voy para casa.

Pongámonos ahora en el presente. La tienda del sr. Paramio ya no existe y se ha convertido en una gran superficie donde casi todo está envasado previamente. Voy poniendo productos en mi carrito y al llegar a la caja la dependienta los va pasando por el lector de barras y automáticamente se va generando la cuenta. Cuando tenemos el importe final, ya casi ni se me pregunta cómo voy a pagar porque lo usual es que se abone con una tarjeta bancaria. Los terminales de caja están preparados y conectados para que introduzcas, últimamente algunos solo para que acerques, la tarjeta y teclees tu clave. Hago esto y recibo al instante en mi teléfono móvil el mensaje de mi banco de que he realizado una operación de tal importe con mi tarjeta en tal comercio. Con ello, procedo a retirar la tarjeta del lector.

¡La debacle! La dependienta de caja me informa de que probablemente haya retirado la tarjeta antes de tiempo, con lo que la operación de pago se ha cancelado y tengo que introducir de nuevo la tarjeta para proceder a la misma. Esto con el sr. Paramio no hubiera pasado porque cuando le dabas el billete para pagar, con muy buen criterio y para evitar problemas, le dejaba encima del mostrador bajo una pesada pieza de grueso metacrilato al objeto de que estuviera a la vista mientras te daba el cambio precisamente de «ese» billete y no de otro. Cuando estabas de acuerdo con el cambio recibido, retiraba el metacrilato e inspeccionaba, delante de ti, el billete para constatar que no tuviera marcas o cosas escritas que pudieran propiciar un timo posterior. No me extiendo pero esto era una cosa que se producía entonces.

Volvamos a la gran superficie. Le hago ver a la cajera que el importe ha sido cargado en mi cuenta, para lo que no solo le enseño el mensaje de mi banco sino que accedo a mi extracto y ya figura en él el importe de la compra. Yo ya lo he pagado, mi banco me lo ha detraído, pero la señorita insiste en que la operación se ha cancelado y que debo insertar de nuevo la tarjeta. Tras un tira y afloja y todavía no sé por qué, accedo a sus pretensiones y ocurre lo que tiene que ocurrir: el banco vuelve a cargarme de nuevo el importe, con lo que he pagado dos veces lo mismo, tal y como figura en el extracto consultado de nuevo.

Lo de siempre, que venga el encargado que mantiene que MRCDN ha funcionado bien y que tengo que ir a mi banco a requerir la devolución, que ellos no pueden hacer nada. Tras muchos tiras y afloja, accede a llamar por teléfono a sus servicios centrales informáticos, donde le confirman primero a él y con posterioridad a mí, que en los registros de MRCDN solo figura una operación y que, insiste, debo dirigirme a mi banco. Pero si mi banco ha registrado dos operaciones con varios minutos de intervalo entre ellas, es porque se han producido DOS solicitudes de cargo por parte de MRCDN. ¡O… ¿es que se lo va a inventar el banco?!

Esto no pasaba en la tienda del sr. Paramio.

Cerrados en banda el encargado de MRCDN y yo, le digo que no estoy dispuesto a marcharme de allí sin dejar constancia de los hechos. No me ofrece ninguna solución con lo que lo único que me queda es el recurso del pataleo, dicho con todo conocimiento por varias experiencias anteriores, de solicitar una hoja de reclamaciones para dejar constancia de lo ocurrido, con pelos y señales. Nombrar la hoja de reclamaciones es como nombrar la bicha de los siete males para cualquier comercio. Tuve que tranquilizarle diciéndole que yo tenía que reclamar la devolución de uno de los dos importes que me habían cargado en mi cuenta, —seguía mostrando mi extracto en el teléfono con los dos importes cargados—, y que la hoja de reclamaciones era el medio al que me veía abocado para dejar constancia del hecho acaecido. De pie, de mala manera, encima de un poyete, rellené y presenté la hoja que puede verse en la imagen.

Ni el encargado ni los servicios centrales de MRCDN a través del teléfono pudieron o supieron darme una explicación mínimamente convincente de lo sucedido: todo se volvía repetir una y otra vez que ellos lo tenían todo bien, que estaba registrada solo una operación y que… me dirigiera a mi banco, que ellos no podían hacer nada. Vaya solución. Que ocurran fallos, cuestiones, como esta puede ser normal y cada vez con más frecuencia dado el alto número de operaciones que tienen lugar. El asunto no es el fallo, sino la manera de solucionarlo, que dice mucho de las empresas, las personas y sus operativas de respuesta ante los fallos. En este caso, quitarse al cliente de encima, decirle que allí no hay nada que hacer, que se vaya y que se dirija a su banco es una forma de solucionar el problema que a mí desde luego no me satisface y deja en entredicho la profesionalidad de MRCDN en este asunto.

Al salir de allí me fui directo a mi banco, en este caso ING DIRECT, lo que suponía llamar por teléfono al servicio de atención al cliente. ¡Qué diferencia! Allí una amable y angelical operadora, de nombre Patricia, me atendió dándome pelos y señales de lo ocurrido. Tras la primera operación correcta por parte del banco, MRCDN había mandado una solicitud de anulación de la misma y a los pocos minutos una nueva operación. Todo aclarado puntualmente. ¿No me podían haber dicho esto mismo en MRCDN? ¿Lo sabían? El hecho de que la operación siguiera figurando por dos veces en mi extracto era debido a que esas anulaciones no se ejecutaban de forma inmediata, sino que tenían lugar en unos procesos llamados de «reconciliación» que tenían lugar por la noche, por lo que al día siguiente, con toda seguridad, la operación anulada habría desaparecido de mi cuenta y el importe devuelto. Y así ocurrió. Puntos positivos en la solución de problemas para ING y negativos para MRCDN. Suma y sigue.

Sr. Paramio, allá donde Vd. esté, sepa que al menos su espíritu y sus formas de hacer las cosas deberían volver, actualizadas, a muchas de las empresas de hoy en día, esas tan modernas a las que se las ven las entretelas cuando las cosas no van todo lo bien que debieran.


sábado, 14 de enero de 2017

LAGUNAS



Famosas en España son las ciudadrealeñas de Ruidera o la Negra de Soria y no tanto las zamoranas de Villafáfila o la malagueña de Fuente de Piedra entre otras, pero no es a estos «depósitos naturales de agua, generalmente dulce y de menores dimensiones que el lago» a los que me quiero referir en mis devaneos de hoy. El trasfondo de los siguientes párrafos es mucho más preocupante y hace alusión a otra acepción del diccionario que dice que se trata de un «defecto, vacío o solución de continuidad en un conjunto o una serie». Voy a comentar cosillas de otras lagunas, las denominadas «de cotización», una realidad sangrante que puede acechar a cualquier españolito sin que se entere y menoscabar o haber menoscabado su pensión de jubilación.

Estábamos comiendo apaciblemente con unos amigos en un precioso restaurante de la localidad malagueña de Mijas, famosa por sus cuestas y sus burros-taxi, cuando mi amigo Manolo hizo alusión al tema. Antes de referirme a él, aprovecho para hacer propaganda del restaurante, porque se lo merece: «La Alcazaba», un poco alto de precio pero en absoluto caro para lo que ofrece: platos, vistas, ambiente y una profesionalidad altísima y exquisita del maître y los camareros que hicieron de esta comida una de las más agradables que recuerdo en mi vida.

La historia es muy sencilla. Las dos parejas presentes en la comida nos acercamos a pasos agigantados al momento de la jubilación. En la sede electrónica de la página web de la (in)Seguridad Social hay un apartado denominado «Simulador de jubilación» que permite ir haciéndose una idea de lo que nos va a corresponder cuando nos jubilemos, eso siempre que las cosas sigan como hasta ahora, cuestión por la que no podemos poner la mano en el fuego dadas las meteduras de mano que el gobierno realiza sin ningún pudor a la bolsa, en la que ya se atisban telarañas.

Para que no nos llamemos a engaño, el texto que acompaña a este apartado del simulador dice en estos momentos lo siguiente:
«Este servicio permite simular la edad con la que se puede jubilar y la cuantía aproximada. Permite simular situaciones futuras teniendo en cuenta los datos y cotizaciones realizadas hasta el día de hoy… ».
Mi recomendación es leer de nuevo, un par de veces y detenidamente, el párrafo anterior. Hago énfasis en «teniendo en cuenta los datos y las cotizaciones realizadas hasta el día de hoy». ¿De qué datos estamos hablando? ¿Quién tiene los datos? Los trabajadores no, al menos que yo sepa, porque las empresas no están obligadas a aportar a sus trabajadores los justificantes mensuales fehacientes y detallados de las cotizaciones a la (in)Seguridad Social. ¡Cuántos fraudes se han producido y se siguen produciendo por ello! Conozco el caso de unos trabajadores interinos de un ministerio que tras 28 años de trabajo se dieron cuenta de que no estaban cotizando por ellos a la (in)Seguridad Social al transferir asuntos de su mutualidad MUFACE e ir uno de ellos al médico y decir este que no podía atenderle por no estar al corriente. Tuvieron que ir a juicio y lo ganaron, pero… Claro, no es posible, como vamos a pensar que nuestra empresa, incluso un ministerio oficial, esa en la que llevamos toda la vida cotizando o esas otras por las que hemos ido pasando no han cumplido con sus obligaciones de pago. Tenemos las nóminas, si, en el caso de que las conservemos, pero se trata de documentos que nos relacionan con las empresas y que no suponen en ningún caso un justificante de que la empresa haya satisfecho las cuotas, y lo que es peor, aunque lo hayan hecho, se encuentren debidamente registradas.

El caso real que ha ocurrido a la mujer de mi amigo es el siguiente. Según los cálculos normales por los años que lleva cotizados le hubiera correspondido una pensión alrededor de 1.400 euros, pero el simulador le arroja unos 900 euros. ¿Qué ocurre? Indagando en los datos que tiene la (in)Seguridad Social de ella aparecen tres años sin cotizar, dentro de los últimos veinte años que en 2017 se establecen como base para las operaciones. ¿No ha cotizado la empresa por ella? Extraño, porque sigue en la misma desde tiempos inmemoriales, con lo que la cosa apunta a un fallo en los procesos de la propia (in)Seguridad Social a la hora de integrar datos que probablemente estuvieran en papel en las bases informáticas que sirven para los cálculos en la actualidad. La (in)Seguridad Social es consciente de estos fallos, pero no informa de ellos a los trabajadores, que se han preocupado en estos últimos años de comprobar en la llamada «Vida Laboral» que estaban de alta. Estar de alta no sirve si no aparece la cotización efectiva, pues en el momento de los cálculos se tomará como cotización la mínima y eso en el caso del Régimen General, porque en el caso de los Autónomos es mucho peor y sangrante: se toma cero, interpretando que ese mes no han cotizado por las razones que sean. Si la (in)Seguridad Social se ha equivocado o ha tenido errores al construir sus bases de datos, el problema no es suyo, se aplica la Ley 27/2011 y Santas Pascuas.

Pero la mujer de mi amigo se ha dado cuenta del problema antes de que llegue. ¿Cómo justifica que su empresa sí ha pagado esos años y el problema es de la (in)Seguridad Social y de sus datos erróneos? La solución que le han dado es presentar un certificado de la empresa adjuntando los justificantes de haber pagado. Pero no olvidemos que la espada de Damocles de estos asuntos está en cinco años: las empresas, suponiendo que sigan existiendo, no tienen teóricamente obligación de guardar papeles más allá de los cinco años, cuestión que bien que emplean algunas de ellas para escabullirse ante los procesos judiciales, eso en el caso de que sigan existiendo, pues como es sabido, abrir y cerrar empresas es una práctica extendida para eludir responsabilidades. ¡Cuántos empleados cambian de empresa cada año sin moverse de su puesto de trabajo! ¡Cuántas constructoras desaparecen a los cinco minutos de acabar sus promociones urbanísticas aunque la Ley determina un mínimo de diez años para hacer frente a responsabilidades!

«Pleitos tengas y los ganes» reza el dicho popular. Como puede verse en la imagen, en mi registro de 1990 aparecen dos meses en los que NO CONSTA BASE y estoy casi seguro al 100% que la empresa, en aquella época por lo menos, no era sospechosa de no cumplir con sus obligaciones. Entre este año de 1990 y el más antiguo del que constan datos, 1980, de forma salpicada en algunos años faltan uno, dos y hasta tres meses sin cotizar. Para mí que existió la cotización pero hay fallos en la recogida de datos que tienen como resultado estas omisiones.

A mí parece que no me va afectar en el cálculo, porque cuando me jubile llevaré cotizados cuarenta y ocho años y los relativos a los últimos años están bien, excepto dos meses que no saben, no contestan. El asunto flagrante es cuantos de los jubilados en los últimos tiempos están cobrando pensiones por debajo de las que legalmente les hubieran correspondido por estos fallos y la subsanación de un plumazo, en contra de sus intereses, por una ley más que discutible. Al final, «al perro flaco, todo son pulgas» y el inocente tiene que cargar con los incumplimientos empresariales en unos casos o la desidia de la (in)Seguridad Social en controlar sus datos en otros.
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domingo, 8 de enero de 2017

COTORRA



La cotorra es, como todo el mundo sabe, «un ave prensora americana, parecida al papagayo, con las mejillas cubiertas de pluma, de cola y alas largas y puntiagudas, y colores varios, en que domina el verde». Pero en los usos del español, por extensión y de forma familiar se usa el término para referirse a una persona habladora. Con ello, el título de esta entrada del blog no resulta muy adecuado, porque me quiero referir a máquinas y no a personas.

Hacía tiempo que no utilizaba el Metro de Madrid pero las fechas en las que estamos y el hecho de acompañar a la familia en las compras de última hora por el centro de la ciudad me hicieron presenciar un hecho que no recordaba. Hace ya años que las pantallas se instalaron en las estaciones de Metro pero hasta donde yo recordaba eran mudas, estaban continuamente vomitando noticias, recomendaciones y anuncios pero no eran molestas, ya que se trataba de no prestarlas atención y punto. En mis viajes en transporte público, desde los tiempos inmemoriales, me han acompañado los libros porque cualquier momento era bueno para devorar unas cuantas páginas. Las esperas en el andén eran momentos adecuados para la lectura.

En su día ya lo pensé. Era cuestión de tiempo que la mudez pasará a mejor vida y las pantallas empezaran a bombardear a los viajeros; salvo que te armes de unos tapones para los oídos, cuestión poco recomendable porque es necesario poder oír ciertos ruidos simplemente por seguridad. Por mucho que te quieras retraer y aunque no mires la pantalla no te puedes escapar de la cháchara a la que te quieran someter los irresponsables que gobiernan las noticias, pues ya se ocupan de establecer el sonido a un volumen lo suficientemente alto para aturdirte los oídos para que, salvo que tengas una capacidad de abstracción profunda, te resulte imposible sustraerse a los mensajes.

Las agresiones en las zonas públicas a las personas son cada vez menos evitables, especialmente en las zonas de las ciudades o sus accesos con concentración alta de público. Supongo que en las plazas del Puerto de San Vicente o Villa te Empujo de Abajo no se le ocurrirá a ningún pensante poner pantallas porque pasan cuatro personas a lo largo del día por ella y no van a conseguir nada con ello. Hace años retiraron de las carreteras los anuncios publicitarios con la excusa de que distraían a los conductores que se podían ensimismar leyendo los anuncios y con ello dejar de prestar atención a la conducción y provocar accidentes. Incluso uno de los símbolos por antonomasia españoles en nuestras carreteras, el famoso toro de Osborne, estuvo a punto de sucumbir a la piqueta cuando ya me dirán Vds. la distracción que podía producir en los chóferes. Con el tiempo se ha visto que todo era una añagaza para alterar el statu quo comercial de los anuncios en carretera. Ahora se pueden ver enormes pantallas con imágenes brillantes y, lo que es peor, continuamente cambiantes, que sí que distraen y de qué manera a los conductores. Incluso en autopistas donde los atascos a ciertas horas son continuos, como por ejemplo la famosa cuesta de las Perdices en el acceso a Madrid por la carretera de La Coruña.

La foto que acompaña está imagen está tomada en la estación de Argüelles del Metro de Madrid. La pantalla que se ve en ella no es la única de la estación y en la foto no se puede escuchar la propaganda que yo calificaría de política con la que nos castigaron a todos los viajeros. Para gustos hay colores y habrá viajeros que disfruten con ello ya que les sirve de distracción, pero hoy en día cada uno llevamos nuestra distracción encima, generalmente en forma de teléfono inteligente, libro o revista, con lo que por lo general estas alocuciones lo único que hacen es molestar en la mayoría de los casos. Las noticias aparecen en texto en la parte inferior de las pantallas, con lo cual el que está interesado puede leerlas.

La cosa no se queda aquí. Estas agresiones en forma de pantalla no se limitan a espacios cerrados y más o menos privados. Cuando se transita por las aceras de ciudades y pueblos, especialmente en momentos de poca luz al atardecer, la agresión luminosa vuelve a las andadas en forma de pantallas en los escaparates y anuncios luminosos, por lo general en movimiento, que convierten en un suplicio el paseo. Por poner un ejemplo con los que más me chirrían y me molestan, los de las farmacias, esas cruces verdes y rojas, de gran tamaño, haciendo dibujitos con sus apagados y encendidos que lo que me dan es ganas de volver a mis tiempos de chaval, coger una piedra, cargar el tirachinas y apagarlos para siempre. No sé a ciencia cierta si de regular estos luminosos se ocupan y preocupan las ordenanzas municipales, pero deberían hacerlo para hacer las calles más agradables a los peatones.

Hace ya muchos años, quedé sorprendido en la plaza de Times Square en Nueva York por la cantidad de pantallas de gran tamaño que arrojaban imágenes continuamente que embobaban a los transeúntes que las prestaban atención. En esta semana he visto la situación repetida en la plaza de Callao de Madrid o en el Paseo de la Castellana esquina a José Atascal, perdón, Abascal, en que estaría yo pensando. Las cosas que ocurren en Estados Unidos acaban llegando tarde o temprano a España, con independencia de que sean buenas o malas.