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domingo, 1 de diciembre de 2019

ESTUDIANTES




Hay semanas que pasan volando —no llego a entender que haya gente que se aburra sin nada que hacer— y otras que no es que vuelen, sino que transcurren a velocidad estratosférica, como es el caso de la que hoy finaliza. Y uno se encuentra en la mañana del domingo, momento elegido para publicar mi entrada semanal en este blog desde hace casi trece años sin nada que llevarse a la pluma. Realmente no es una obligación que me imponga nadie y quizá por ello, hasta el momento de dejarlo, la auto imposición en esta tarea es lo peor que hay.

La imagen que ilustra esta entrada me ha llegado hace unos días en la vorágine de noticias a través de algún medio, probablemente Twitter o WhatsApp sin que sea capaz de determinarlo: simplemente la guardé porque me pareció interesante y podría ser la base de un debate bastante peliagudo sobre educación. Pido disculpas por no poder mencionar al autor —o autora, no se me enfaden las féminas—. La reproduzco en texto a continuación por si no se puede leer bien en la imagen y para archivarla entre mis documentos, que van a acabar reventando el disco duro de mi ordenador:

ESTIMADOS PADRES:

El trimestre de sus hijos está por terminar, y las notas finales están por ser reveladas. Sabemos que están ansiosos por saber su desempeño, pero recuerden que entre todos nuestros alumnos, hay algunos artistas que no necesitarán comprender mucho las matemáticas, empresarios que no se preocuparán por la historia y la filosofía, músicos cuyas calificaciones en química tal vez no sean las mejores, deportistas que sus aptitudes físicas serán muy importantes para su disciplina. Si su hijo no consigue las mejores notas, no le quite la confianza en sí mismo, ni su dignidad. Dígale que está bien, que sólo son notas, que aun así, están hechos para cosas grandes en la vida. No les quiten los sueños y talentos: «Hagan esto y vean a sus hijos conquistar el mundo».

El debate está servido. El mundo de la educación atraviesa en esta época tremendas convulsiones entre los que son partidarios de una educación integral básica al modo tradicional y los que son partidarios de una educación altamente especializada de forma que el alumno aprenda muy bien únicamente aquella especialidad con la que va a orientar su vida y «no pierda el tiempo» estudiando otras materias complementarias que no le servirán de nada.

El plan de bachillerato que yo hice en los años sesenta del siglo pasado llevaba vigente en España, con muy ligeras modificaciones, desde 1938. Si alguien me preguntara lo que recuerdo de una asignatura que se cursaba en tercero de bachiller, latín, tendría que responder que poco o nada más allá de aquello de las declinaciones y del rosa, rosae… Pero añadiría a continuación que a pesar de no recordar nada, de no haberme servido de forma directa en mi desempeño laboral a lo largo de toda mi vida, ME ALEGRO profundamente de haber estudiado y superado esa asignatura, que es solo un ejemplo, al que podrían añadirse otras como filosofía (sexto de bachiller), historia (cuarto de bachiller), física (quinto de bachiller), química (sexto de bachiller) …

La formación en el bachillerato era igual para todos, con lo que a los dieciséis años se llegaba con una formación integral en muchas materias que si bien no iban a tener una aplicación directa en el desempeño laboral de la persona daban una pátina general de conocimientos en diferentes disciplinas. Luego, los que tuvieron la suerte de poder hacer una carrera universitaria —que no fue mi caso en aquella época por imperativos económicos familiares— ya se especializaron en algún tema concreto si bien para luego trabajar toda su vida en otro mundo muy diferente. Conozco geógrafos e historiadores trabajando como informáticos o periodistas como administrativos, por poner un ejemplo.

Insisto, el debate está servido. Estoy (básicamente) de acuerdo con el tramo final «Si su hijo no consigue las mejores notas…», pero que un empresario no se tenga que preocupar por la historia o la filosofía o que un artista no se tenga que preocupar por las matemáticas… Por poner un ejemplo que no aparece en el texto, a muchos (de nuestros) políticos les vendría muy bien un baño de historia para que se pensaran las cosas dos veces antes de actuar.