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domingo, 12 de abril de 2026

DELEITE


 

Hace apenas dos meses que escribía en este blog la entrada «INVESTIGADORES». Con el temor y pidiendo disculpas por ser reiterativo, no puedo por menos de retomar este asunto para reflejar mis experiencias.

Mientras me sea permitido, —la verdad es que no parece existir razón alguna de que no lo sea— me he propuesto de aquí a verano al menos acudir un día a la semana a la Sala de Investigadores de la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid, España. Esta semana he completado la décimo tercera sesión consultando manuscritos del siglo XVI en la época en que se inició la construcción del Monasterio y los años inmediatamente anteriores.

La documentación existente es prolífica. No en vano se conoce al rey Phelipe II con el sobrenombre —uno de ellos— del «Rey Papelero», pues gustaba de escribir y escribir, documentar y documentar, de forma exhaustiva. A fe que dio instrucciones a sus secretarios y escribanos de apuntar todo hasta el más mínimo de talle: compra de materiales de construcción, bueyes y carros para acarrear mercancías, maderamen, trabajos auxiliares etc. etc.

Una vez elegido el sitio para levantar su Monasterio, que llegó a definirse como la Octava Maravilla del Mundo, el Rey se preocupó de conseguir un cierto aislamiento en la zona. Salvando la existencia de la pequeña aldea de El Escorial, decidió adquirir extensas zonas colindantes que sirvieran a su propósito de que la Real Fábrica no se encontrara acosada de construcciones adosadas hasta en sus propios muros, como ya había ocurrido en otras zonas en numerosas ocasiones. Se respetó su deseo por doscientos años, hasta que Carlos III autorizó las construcciones particulares en las inmediaciones del Monasterio con lo que hemos llegado a una actualidad que no vamos a comentar. ¡Si Felipe II levantara la cabeza…!

En mi cuarta sesión y peleando con un documento que contiene la Minuta sobre el trabajo encargado a Francisco de Casalegas, maestro de teja y ladrillo, en el año 1563, llamó mi atención un documento anexo que reza en el catálogo como Carta de venta de Francisco Avendaño, en la construcción del monasterio de El Escorial en el año 1563. El documento, de 10 folios por ambas caras menos el último, empieza así: Sepan quantos esta carta de venta vieren como yo Francisco de Avendaño, vecino de Segovia, en nombre de Agueda de Avendaño, mi muger y por virtud del poder que de ella he y tengo para de uso sera contenido y otorgado…

Leyendo y transcribiendo su contenido, aparece que esta escritura es la venta al Rey Su Magestad Don Phelipe Nuestro Señor de la quarta parte de la Finca de La Fresneda, colindante con el Monasterio y obtenida por heredamiento. Me puse manos a la obra para transcribir toda la escritura accediendo a fórmulas y repeticiones de lo más variopinto y curioso en las expresiones de los escriuanos de la época.

Hay que mencionar que a la Sala de Investigadores solo se puede acceder con dos herramientas de escriptura: ordenador portátil o lapicero. Opté por la segunda y varias sesiones después había conseguido rellenar las 38 caras escritas a mano que reflejan los pormenores de esta escritura de venta.

Si esta escritura trataba de la quarta parte de la finca, lógico es deducir que hay otras tres partes y por ello otras tres escrituras. A base de bucear en el extenso catálogo de la biblioteca disponible en este enlace conseguí encontrar no sin ciertas dificultades otra de las escrituras. En este caso se trata de un documento de 22 folios por ambas caras menos el último con un curioso propietario: nada menos que ¡un monasterio! Sepan quantos esta Carta de Venta vieren como yo Julio Rodriguez de Mata vecino de la ciudad de Segovia, en nombre del Monasterio de San Vicente de la dicha ciudad y extramuros de la dicha ciudad de Segovia y de la Priora Monjas y Convento del dicho Monasterio…

En la próxima sesión espero acabar la transcripción de esta segunda scriptura con una ocupación que estimo en ochenta y una caras. No he contado, pero lo haré, las veces que aparece repetida la letanía «Priora Monjas y Convento del dicho Monasterio» pero estoy por asegurar que pasan de la centena y me quedo corto. Curiosa la redacción.

Es un deleite difícil de describir estas mis sesiones de investigación. Un paseo por la Lonja del Monasterio, atravesar en solitario el llamado Salón Principal de la Biblioteca que se visita (antes de que se llene de turistas) disfrutando de los libros, el mobiliario, los instrumentos, los cuadros y los magníficos frescos, el acceso a la sala de investigadores donde ya se encuentra preparado mi puesto de trabajo con los documentos solicitados… Solo estar allí es un privilegio y un disfrute para la mente y los sentidos. Además, manejar documentos escritos a mano casi quinientos años atrás… Recuperar el placer de la escritura manual a lápiz llenando folios y folios con la curiosa jerga de los escribanos de número de las ciudades o de su majestad es un deleite que no tiene parangón.

Ahora me llega una tarea que se me antoja un poco dificultosa. Como cuando acabo de leer un libro y tengo que decidir cual acometo a continuación —voy de uno en uno— necesito encontrar los documentos que se supone contendrán las scripturas de venta de las otras dos quartas partes que me faltan. Toca bucear activamente por el catálogo hasta dar con ellos, pero siempre estará la duda de que existan y estén explícitamente catalogados y localizables. No me cabe duda de que Don Felipe dio instrucciones para ello, pero han pasado tantos años… Me comprometo a actualizar posteriormente en esta entrada con el resultado de mis pesquisas. Siempre podré pedir ayuda al magnífico y atento personal de la biblioteca.