Hace ya muchos años, en mis tiempos de bachillerato, uno de los libros de lectura impuesto por el profesor de lengua y literatura fue «El lazarillo de Tormes». Recuerdo haber pasado por esta obligación lectora sin pena ni gloria. Muchos años después, en mis cursos de mayores de la Universidad Carlos III de Madrid, el magnífico profesor Ángel Llamas Gascón dedicó una clase entera a desmenuzarnos «El Lazarillo». Otro mundo se abrió ante mis ojos y una nueva lectura resultó de lo más provechosa.
El gran Isaac Asimov, poco conocido en muchas facetas relevantes fuera de la ciencia ficción, escribía en 1973 en un ensayo titulado «Lo antiguo y lo definitivo»: «Además, si diez mil personas leen el mismo libro al mismo tiempo, no obstante, cada una de ellas crea sus propias imágenes, sus propias voces, sus propios gestos, expresiones y emociones. No será un solo libro, sino diez mil libros». Lo que también es aplicable si es la misma persona la que lo lee en momentos diferentes de su vida.
Desde el siglo XVI en que fueron escritas las andanzas de este simpático personaje, han pasado unos cuantos años, pero tiene toda la pinta de que no hemos evolucionado mucho en cuanto a la picaresca se refiere. El diccionario presenta varias acepciones para este vocablo, pícaro, pícara en femenino, pero para el tema que nos ocupa me quedaría con la definición de tramposo y desvergonzado aplicado a las personas. ¿Pueden las empresas ser tramposas y desvergonzadas? Por extensión sí, claro, aunque otra acepción podría acercarse más: Dañosas y maliciosas en su línea.
Con todos los respetos para estos simpáticos animalitos, somos como borregos: «compramos» todo lo que nos «venden». Llevan varios años con la matraca y cada año que pasa… peor. El viernes pasado, último viernes del mes de noviembre, ha sido el denominado «Black Friday». Y si solo fuera ese día... Llevamos un mes con el dichoso viernes negro y lo que nos queda. Hasta en la carnicería de la esquina, el tendero tiene carteles ofreciendo precios especiales para longanizas y chistorras entre otras muchas viandas con motivo de este evento.
Yo no soy muy de entrar en estos asuntos, porque me fastidia, y me rebelo, tener que hacer cosas por imposición, especialmente comercial. Día de San Valentín son para mí los 365 días del año porque cualquier día es bueno para tener un recuerdo o hacer un regalo y no tener que esperar al 14 de febrero. Es solo un ejemplo. Incluso en cuestiones personales, tipo cumpleaños o eventos familiares, me resisto a tener que hacer las cosas por obligación, aunque sea incluso autoimpuesta.
En todo caso, en septiembre me pongo un deber de cara a este «viernes». Selecciono tres objetos, generalmente tecnológicos, en tres rangos de precios: hasta 100 euros, de 100 a 300 euros y de 300 a 500 euros. Y los voy haciendo un seguimiento durante este tiempo de septiembre a noviembre para ver la evolución de los precios. Por supuesto que no los necesito ni los voy a comprar, porque me niego a pasar por el aro en este tipo de eventos forzosos.
De mis pesquisas en estos tres archiperres seleccionados, diré que han tenido pequeñas fluctuaciones de precios en estos dos meses y pico, pero tan solo uno de los tres ha bajado de precio con relación a septiembre en esta semana: se trata de un pendrive USB de 512 Gb que en septiembre costaba 40,90 euros y ahora lo ofrecen por 37 y pico. No puedo mirar el pico porque la página web de ese comercio que todos sabemos está petada cuando escribo estas líneas mostrando una página en negro cuando buscas cualquier cosa. Lo curioso es que ese mismo USB aparece en otra página, una de las multadas, con un coste de 45,90, cinco euros más que en septiembre.
Parece que esto mismo que he hecho yo de forma somera para reírme un rato lo han hecho inspectores del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Han detectado tejemanejes en SIETE empresas a las que han impuesto multas por valor de unos cuantos miles de euros por prácticas engañosas que reducen la transparencia y buscan inducir a error a la persona consumidora y que tome decisiones de compra precipitadas. Pero, me fijo bien, el pantallazo que figura en la imagen que encabeza esta entrada, que está recogido cuando escribo estas líneas y por lo tanto actualizado, figura el año 2023. Aunque fui suscriptor de eldiario.es, ahora no lo soy por lo que no puedo verificar si el artículo es actual o pasado. Recurro a mi buen amigo Manolo que me aclara que la noticia es actual pero la multa corresponde a publicidad engañosa de la campaña de 2023. ¡Hace dos años! ¿Qué pasó el año pasado y está pasando este? La justicia no es justa si tiene retrasos.
Otro buen amigo Manolo, otro Manolo diferente del anterior, me informa de que hay una página web que nos permite hacer un seguimiento automatizado de los precios de artículos en páginas web de venta electrónica. Nos registramos con nuestro correo electrónico y seleccionamos uno o más productos en los que estemos interesados y podemos ver su evolución de precios en el último año, incluso poner un precio estimado para que seamos avisados en caso de que dicho precio tenga lugar. Una maravilla para defendernos de esas prácticas engañosas y abusivas de algunos comercios. La página en cuestión, que yo no conocía es https://www.idealo.es/, que además parece válida por su encabezado no solo para compras sino también para vuelos. Ya tengo tarea para asomarme a ella y explotar sus a buen seguro posibilidades, especialmente para esas compras que no requieran inmediatez.
En fin, yo estoy tranquilo porque a mí, aunque lo intenten, no me van a engañar. No entro a su juego, pero es asombrosa la cantidad de gente que pierde la cabeza y se lía a comprar de forma compulsiva, especialmente a través de internet. ¿Nos engañan? ¿Nos dejamos engañar?

