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domingo, 8 de marzo de 2026

SUTIL

Los seguidores de este blog habrán notado una debilidad —verdadera pasión— por los temas relativos al lenguaje español —se admite también usar castellano—. Es verdad que esta afición algunas veces me lleva a algún contratiempo, que asumo. Por ejemplo, esta semana he sufrido un rapapolvo por parte de un conocido, al utilizar en nuestra conversación el término «hogaño». Todo el mundo conoce por lo general el similar «antaño» pero «hogaño» no es tan frecuente, con lo que este conocido me tachó ni más y menos que de pedante.

En un club de lectura en el que participo, uno de los temas que se comenta con cierta frecuencia es si los libros leídos contienen varias palabras cuyo significado es poco conocido. Tengo que decir que yo procuro leer en un lector electrónico, que dispone del diccionario incorporado, con lo que con marcar la palabra salta automáticamente su significado. Si estoy leyendo en papel, anoto el vocablo o tiro de teléfono para consultar su significado. Pero, por lo general, las integrantes de este club de lectura —son en su mayoría mujeres— no gustan de que aparezcan palabras desconocidas; dicen deducir su significado del contexto y no ir más allá. Pero sin son muchas… la lectura es molesta.

Es verdad que, en algunas ocasiones, los vocablos empleados por el escritor ni siquiera aparecen en el diccionario: un acicate más para tratar de averiguar su significado. En este asunto siempre recordaré al gran Miguel Delibes con sus palabras sacadas del habla popular. En la entrada «TREINTA» (enlace) de este blog de marzo de 2009 aludía a las 69 palabras —desconocidas para mí— encontradas durante la lectura de su magnífico libro «El hereje» con detalle del significado de cada una de ellas.

Sin dejar a Delibes, como será que hasta podemos encontrar investigaciones plasmadas en libros sobre el significado de las palabras utilizadas por este autor. Uno de ellos es el titulado «Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes» de Jorge Urdiales Yuste: «un diccionario de más de 300 palabras rurales que emplea Miguel Delibes a lo largo de su narrativa. Son palabras habladas durante siglos en los pueblos de Castilla y que no aparecen en el Diccionario de la Real Academia Española. Hay varios; «En torno a las palabras de Delibes» de Luciano López Gutiérrez es otro.

Sobre este tema hay más libros de corte parecido. Uno de ellos al que estoy asomándome en estos días es «El pequeño libro de las 500 palabras para parecer más culto», de Miguel Sosa. Algunas palabras de las comentadas en el libro si las conocía, pero muy pocas, aunque me abstendré de utilizarlas según en qué ambientes para no incrementar mi puntuación en pedantería, aunque eso depende del interlocutor.

La 2.ª —obsérvese el uso correcto del punto entre el «2» y la «ª»— acepción de «SUTIL» se muestra con este contenido en el diccionario: «Agudo, perspicaz, ingenioso». ¿Aplicable a nuestro lenguaje español? Meridiano para mí y también para el profesor Víctor Bosque, académico de la Real Academia de la Lengua (sillón «t») que nos está impartiendo en estos meses un placentero curso en la Universidad Complutense de Madrid titulado «La gramática como arquitectura del pensamiento». Unas clases llenas de agudeza, de ingenio, mostrando cuán sutil es nuestro idioma. Un disfrute asomarse a los vericuetos y curiosidades de nuestra lengua. Vayan a continuación algunas perlas tratadas en sus clases.

¿Qué respondería Vd. si le preguntan qué es un buen cuchillo? La respuesta más generalizada sería «el que corta bien» pero un reducido número de personas dirían que… «aquel que está equilibrado en su peso, que dispone de una buena punta para clavarse y que es mejor que no corte nada». Es que… hay pocos profesionales de los denominados lanzadores de cuchillos.

Otras: «El pollo está listo para comer». ¿Va a comer el propio pollo o nos le vamos a comer nosotros? «La elección del ministro» ¿Se trata de una elección de algo que ha hecho el ministro o es que le están eligiendo en una votación? «Juan salió ayer de la cárcel» ¿Estaba encerrado o solo de visita? «María entró ayer en el convento» ¿De visita o para profesar? «Un libro difícil» ¿De leer? ¿De escribir? ¿de encuadernar? ¿De quemar? Así hay una infinidad de casos cada cuál más variopinto.

Otro asunto podría ser el alcance del significado de los verbos. Por ejemplo, el Sol se puede ver, mirar, admirar, seguir, contemplar… pero no se puede presenciar, algo que si puede hacerse con un eclipse de Sol.

Los hablantes conocen cuestiones relativas al significado que dependen del contexto, de su cultura, del momento y de los intervinientes en la conversación. Un diccionario no puede explicar significados extendidos y se tiene que limitar a cuestiones genéricas. Tengamos en cuenta que otros aspectos —la entonación, por ejemplo— pueden alterar significativamente los significados. «El vino es buenísimo en Burdeos». ¿Cualquier vino que se tome allí o el específico de esa ciudad?

Podríamos seguir con cuestiones curiosas como estas ad infinitum pues son muchas las surgidas en las siete sesiones del curso que llevamos hasta ahora. Restan diez sesiones más — hasta el 20 de mayo de 2026— de disfrute con estas cuestiones lingüísticas, semánticas y gramaticales.

Y ya, como un plus, aquellos interesados en estos asuntos pueden seguir disfrutando, esta vez escuchando en lugar de leyendo, con el programa «60 problemas de gramática» emitido en Radio Nacional y disponible en este enlace.