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domingo, 26 de abril de 2026

e-EDUCACIÓN

«Es de bien nacidos ser agradecidos», reza un dicho popular con el que estoy completamente de acuerdo. Recupero unas frases sueltas encontradas en internet sobre este asunto: «bien sabemos que una actitud agradecida abre puertas y oportunidades, mientras que una actitud de queja y carencia genera separación, negatividad y hasta rechazo» y «No ser esclavo del agradecimiento es también una forma de gratitud».

El problema puede residir en las formas de agradecimiento según los contextos. Este asunto no es nuevo en el blog, pero deliberadamente no he recuperado entradas anteriores para no repetirme en mis concepciones. La cuestión viene a colación de un par de encontronazos sobre el particular sufridos esta semana. Tiro la toalla, no hay solución.

Supongamos la siguiente casuística. Una persona actúa como coordinador/secretario de un grupo de veinte participantes en un taller de escritura. El sistema de comunicación establecido entre ellos y el profesor es el correo electrónico, al objeto de compartir documentos, trabajos, curiosidades, etc. etc. El coordinador tiene una lista de correo electrónico que utiliza con el exquisito cuidado de poner los correos electrónicos particulares de los destinatarios en CC.OO. —Con copia oculta— de forma que no se permiten las contestaciones masivas a todos, sino únicamente al coordinador. ¿Qué suele ocurrir normalmente, especialmente si no se ha advertido? E incluso habiéndose advertido… varios contestan dando, simplemente, las «gracias» o las «muchas gracias». Correos insulsos que no aportan nada y que lo único que hacen es «fastidiar» al coordinador que tiene que entrar a verlos por si acaso y pasarlos a la papelera (con indignación, añado).

Advertidos todos de que el coordinador, por el hecho de aceptar este cometido, se da por agradecido sin que sea necesaria contestación mediante. Pues aun así… hay personas que, erre que erre, siguen contestando con las escuetas «gracias». Interpelados, responden con altanería que… »Me educaron así y así quiero seguir. En este punto las nuevas formas de comunicarnos no me van a cambiar. Pues nada, siga Vd. así caballero, señora o señorita.

Acciones del pasado en contextos novedosos: un fastidio. Bueno, no, porque el coordinador activa en su servidor de correo una regla automática para que todos los correos procedentes de esa o esas personas vayan directamente a la papelera. Si algún día quieren enviar en su correo algo con sustancia, será automáticamente ignorado.

Situación muy similar en los famosos y controvertidos grupos de WhatsApp. La jugada del agradecimiento se repite con frecuencia, no solo con las respuestas insulsas de «gracias» sino también con los emoticonos que son mucho más rápidos de los aplausos, caritas sonrientes, pulgar arriba o similares. Y no, no sirve el silenciar los grupos, se ilumina el led que indica mensajes pendientes… Tengo que mirar si hay alguna forma de estructurar los contactos de guasap para tenerlos en varios planos de forma que sean ignorados hasta una hora determinada… Sería un gran avance al menos para mí.

Pero aquí no acaba todo, hay más casuística y esta vez con resultados catastróficos. Una conferencia telemática con decenas de asistentes a través de plataformas tales como Zoom, Meet o BlackboardCollaborate entre otras. Al entrar los asistentes tienen la «mala costumbre en mi opinión» de dar los buenos días o las buenas tardes, lo que supone un chat lleno de mensajes anodinos que no aportan nada. Consecuencia, muchos profesores desactivan el chat, al menos hasta el final de la clase. Lo mismo con los micrófonos con los que la gente juguetea y abre «sin querer» con lo cual todos nos enteramos de las carantoñas que hace a su perro o sus conversaciones… Consecuencia: micrófonos silenciados a todo quisque. Y, es más, las cámaras conectadas, lo que supone una sobrecarga en la transmisión que afectará a los usuarios con comunicaciones deficientes además de distraer al personal con caras y fondos curiosos. Consecuencia: cámaras desactivadas para todos. Comienza la conferencia y…

Se escucha al conferenciante, pero no se ven las diapositivas que está comentando. Resultado, un desastre, no hay forma de avisar al ponente o coordinador de la conferencia hasta al final cuando se abre alguno de los sistemas aludidos y se le dice que no se han podido ver las imágenes. Un fiasco derivado de que no haya establecido algún sistema —el chat, por ejemplo— de avisar.

Nuevos tiempos… viejas concepciones que no resultan de aplicación hoy en día. En una conferencia con asistencia pública personal, los aplausos son un indicativo de la mayor o menor aceptación. En la conferencia telemática antes comentada, los asistentes se apresuran a llenar el chat de «gracias», «me ha gustado mucho», «enhorabuena» y frases por el estilo, eso cuando no se pelean por abrir los micrófonos para decirlo de viva voz. Lo siento, pero desde mi punto de vista… lamentable. Al menos en estos contextos me he vuelto un maleducado, perdón, aclaro, un e-maleducado. La notación «e-» antepuesta indica, como en el título de esta entrada, electronic.

Para estar a la moda, realizo una consulta a la Inteligencia Artificial sobre el asunto. Esta es la respuesta, en la que me he permitido la licencia de destacar en negrita algunos textos:

La educación digital no solo implica aprender con tecnología, sino también aprender a comportarse en ella. La combinación de habilidades técnicas y normas de convivencia online es clave para desenvolverse con éxito en el mundo actual.

La netiqueta (etiqueta en internet) es esencial para convivir digitalmente. Algunas normas actuales:

1. Comunicación clara y respetuosa

Evitar malentendidos, sarcasmos agresivos o escribir TODO EN MAYÚSCULAS (equivale a gritar).

2. Respeto por el tiempo de los demás

No saturar con mensajes, correos o notificaciones innecesarias.

3. Uso adecuado de emojis y tono

En contextos formales (trabajo o estudios), moderar el uso de emojis para mantener profesionalismo.

4. Cuidado con la privacidad

No compartir información personal propia o ajena sin consentimiento.

5. Verificación de información

Antes de compartir contenido, comprobar su veracidad para evitar la desinformación.