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domingo, 19 de febrero de 2017

MICROMECENAZGO



Como ya he comentado algunas veces, una de mis aficiones es el conocimiento y buen uso del idioma, para lo que recurro al diccionario, libros como el «Panhispánico de Dudas» y en la red a la FUNDEU. Cuando me enfrento a alguna cuestión nueva, siempre es bueno investigar un poco hasta dar con la solución. Al elegir el título de la entrada correspondiente a esta semana, la palabra que todo el mundo sin duda conocería sería «Crowfunding», un anglicismo que se ha puesto de moda últimamente y que «se emplea a menudo para referirse al mecanismo de financiación de proyectos por medio de pequeñas aportaciones económicas de una gran cantidad de personas». Hay cantidad de ejemplos y de modalidades que pueden consultarse a poco que nos movamos en los buscadores.

Lo usual es que el impulsor o impulsores de un proyecto no se limiten a ponerlo en marcha y quedarse de brazos cruzados a esperar que se cumplan los plazos y ver si la cantidad solicitada se ha conseguido. Lo lógico es moverse de forma paralela a través del correo electrónico y de las redes sociales para llegar con la idea al mayor número de personas que se decidan a colaborar de forma económica con el proyecto. Me parece una idea interesante y he colaborado en varios micro mecenazgos de este tipo, como por ejemplo ayudar a una emisora de radio por internet a conseguir equipo de estudio para las transmisiones, desarrolladores de programas de ordenador libres, un escritor para ver publicado su libro o el caso concreto que voy a comentar hoy de ayudar a una compañía aficionada de teatro a poner en marcha su obra anual que necesita de complementos costosos que se escapan a las posibilidades económicas de la compañía.

Lo fundamental es elegir una buena plataforma para llevar adelante el asunto. En este caso no puedo decir que la plataforma sea buena, porque al menos a mí me ha dado muchos problemas y me ha costado una enormidad colaborar con el proyecto. Han sido muchas zancadillas que desilusionarían al más pintado pues si encima que vas a colaborar con tu tiempo y tu dinero te encuentras inconvenientes, pues apaga y vámonos. La plataforma elegida por la compañía de aficionados es LÁNZANOS. No sirva esto de propaganda negativa hacia ellos sino de crítica constructiva para que mejoren sus procesos en orden a facilitar lo más posible la colaboración de los ciudadanos.

Pero antes, una pequeña historia. Hace una veintena de años había un bar perdido en un pueblecito de la montaña cántabra al que acudíamos cuando andábamos por allí, porque en las cuatro mesas de las que disponía se podían comer una ensalada y unos huevos fritos de verdad, de «picasuelos», de gallinas que viven libres alimentándose de forma natural, con patatas fritas, morcilla, picadillo, jamón o callos, todo de verdad, a unos precios imbatibles y servidos con una amabilidad y cariño familiar que hoy en día se va echando cada vez más de menos. Han pasado los años y ese bar ha devenido en un afamado restaurante al que hay que llamar con mucha antelación para conseguir mesa, y donde los huevos fritos ya no están bien vistos y las relaciones son más frías que antaño. Un restaurante más, de los muchos que hay en la geografía nacional. Refiero esto porque en muchas ocasiones el hacer propaganda de los sitios es empezar el camino para acabar con su magia.

La compañía de aficionados a la que voy a referirme y que está lanzando el micro mecenazgo en estos días es AMOREVO. Llevo varios años asistiendo a sus representaciones, completamente gratuitas, en las que se puede colaborar con la voluntad, si se desea, en unos sobres a la salida de las funciones. Cada temporada se superan y he podido asistir en los últimos años a magníficos musicales que si se tiene en cuenta el estar llevados a cabo por aficionados y no por profesionales, su valía es inconmensurable. Como con la historia del bar, el hacer una propaganda que se merecen sin duda es tirar piedras contra mi tejado, porque cada año me costará más conseguir localidad y con el tiempo, y quizá también con estas operaciones de micro mecenazgos, existe la posibilidad de que se conviertan en profesionales y ya no sea tan interesante asistir a sus representaciones: habrán perdido la magia, pero esperemos que esto no suceda, por lo menos en los próximos años.

Como decía y volviendo a la plataforma, hay que registrase, cuestión lógica si se tiene en cuenta que debe existir una forma de contacto contigo para comunicarte la marcha del proyecto y su estado a la finalización de los plazos. Luego, hay que facilitar una forma de pago, cuenta bancaria o tarjeta en la que, importante, al final del proyecto y si este se culmina, debitarán el importe con el que hayas querido colaborar, para lo cual tienes que facilitar una autorización de pago a tu banco poniendo como beneficiario en esta caso a «Lánzanos». ¿Nos fiamos de autorizar a una empresa que no conocemos a que dentro de un tiempo emita cargos contra nuestras cuentas o tarjetas? ¿Retiramos la autorización —cuestión que no siempre es posible o fácil— cuando haya pasado el plazo? ¿Y si mientras está el proceso en marcha les roban nuestros datos y nos dan un «viaje»?

Yo, sintiéndolo mucho y a pesar de mis ganas de colaborar, no autorizo a hurgar en mis cuentas a una empresa desconocida, por mucho que venga avalada por las cifras que publicitan en su página web. ¿Desconfiado? ¿Precavido? Vamos por la vida con demasiada confianza dando datos nuestros que luego sabemos cómo son «hackeados» y utilizados con fines distintos a los que en principio se pretendían. Hago referencia a la entrada «IDENTIDAD» publicada en este blog hace un mes, en enero de 2017.

En todo caso, yo quería colaborar económicamente con AMOREVO, con lo cual entré en una espiral de correos electrónicos que yo creía que terminaron cuando me facilitaron un número de cuenta bancaria y pude hacer una transferencia. Pero quía, el proceso tuvo que continuar porque el micro mecenazgo estaba en marcha y de alguna forma había que reflejar mi aportación dentro de esa campaña para conseguir el objetivo y que de forma efectiva se materializaran los pagos y la compañía tuviera su dinero. Para ello me remitieron el cupón que puede verse en la imagen, tuve que entrar de nuevo en la plataforma con mi usuario registrado y bucear hasta encontrar la forma de facilitar el número de cupón para reflejar mi aportación en la campaña; un método alternativo al de facilitar autorizaciones de cargo en cuenta o tarjeta, pero que conlleva no poco tiempo, por no hablar de ciertos conocimientos de moverse en la red con navegadores, pasarelas de pago, correos electrónicos y demás asuntos que sin duda harían desistir a quien quisiera colaborar pero no meterse en líos.

Y por todo eso, la red, la informática, los ordenadores… permiten o facilitan nuevas formas de hacer las cosas impensables hace unos años, pero… ¿nos facilitan la vida o nos la complican?