Hay imágenes que se quedan grabadas en la retina de forma indeleble y resisten el paso del tiempo contra viento y marea. Una de ellas es esta. Está tomada hace unos cuantos años, en 2010.
Durante muchos años, unos treinta, formé parte del Grupo Fotográfico Escurialense, ya desaparecido y que tuvo sus comienzos en 1988. Un grupo de aficionados a la fotografía nos dedicamos durante aquellos años a dejar plasmadas primero en negativos y posteriormente en discos duros muchas imágenes circunscritas a la localidad madrileña y española de San Lorenzo del Escorial y la vida de sus gentes. De ello queda constancia en los archivos municipales a los que cedimos nuestros trabajos en el momento de la disolución del Grupo. También en el canal de Youtube pueden contemplarse gran parte de las exposiciones anuales ─insisto en que todas ellas de alcance local─ en el siguiente enlace.
Uno de esos años, 2010, que no figura en la secuencia de Youtube por temas de Copyright y permisos, el tema elegido fue el Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial. De la mano del padre prior de la Comunidad Agustiniana por aquel entonces, Antonio Iturbe Saiz, recorrimos en varias jornadas la parte conventual y eclesiástica del monasterio descubriendo zonas desconocidas e impactantes, que no se visitaban ─ni se visitan─. Una de las zonas fue la Biblioteca del Monasterio, compuesta de varias salas y salones entre las que está, como no, el imponente Salón Principal que es conocido y visitable por el público. Pero hay otras salas… Acompañados por el citado padre prior y por el padre José Luis del Valle hicimos un recorrido pormenorizado por otras muchas estancias, entre las cuales podemos citar el Salón de Manuscritos, la Sala de Cantorales y… la Sala de Investigadores, que es la que puede contemplarse en la fotografía que encabeza esta entrada.
Han pasado más de quince años desde entonces y el padre José Luis del Valle sigue siendo el alma de una Biblioteca magníficamente conservada, inventariada y con muchos documentos digitalizados y accesibles en su esmerada página web. La Sala de Investigadores continúa hoy en día ─2026─ exactamente igual que antaño. Una conferencia pronunciada por el padre José Luis del Valle nos da una idea general de las riquezas de esta Biblioteca que fundara el Rey Felipe II: puede disfrutarse en este enlace.
A mediados de los años diez del actual siglo XXI, añadí una más a las curiosidades que revolotean en mi sesera: la paleografía, el interés por esas «letras del demonio» que dirían mis amigos y maestros Eduardo Juárez Valero y Diego Navarro Bonilla. De forma autodidacta, realizando cursos MOOC sobre el tema (se pueden encontrar diversos cursos MOOC utilizando en el buscador las palabras «"MOOC Deciphering secrets"» o «"MOOC UC3M Paleografía"»), consultando páginas web, con clases presenciales en la Universidad Carlos III de Madrid y con cursos telemáticos de la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Nacional y de la Asociación de Archiveros de Castilla y León fui adquiriendo ciertas (in)competencias paleográficas para defenderme con una cierta dignidad en la transcripción de manuscritos. Con ello podría llegar a cumplir un sueño…
En estos días estoy accediendo como investigador a esa comentada Sala de Investigadores de la Biblioteca del Monasterio. Siguiendo las detalladas instrucciones de la página web se puede solicitar una cita de acceso y los documentos que se quieren consultar. Su muy detallado índice bibliográfico en la página web permite centrar el foco en los documentos deseados. Yo, realmente, no alcanzo a considerarme un «investigador» en el estricto o académico sentido de la palabra, pero la satisfacción de manejar documentos escritos hace más de cuatrocientos años no se puede explicar con palabras.
Se pueden realizar algunas fotografías de los documentos con el teléfono móvil, pero son meros recordatorios porque las condiciones y la iluminación no son idóneas. A continuación, una de las fotografías tomadas
Gracias a la deferencia de los responsables de la biblioteca, en estos días estoy manejando documentos de los años 1562 a 1565. La primera piedra del Monasterio de El Escorial se colocó oficialmente en abril de 1563. Pero desde tiempo antes, la actividad preparatoria era incesante. Es increíble el detalle de los escribanos en plasmar en la documentación todas las transacciones que iban teniendo lugar con un detalle sumo de nombres, lugares, profesiones y cantidades. Los maravedís y sus equivalencias en reales y ducados nos permiten conocer escrituras de compra, el precio de las carretadas de piedra, el valor de las herramientas y carros, el coste de alquilar un prado, los acopios de madera y hasta el precio de los bueyes que por toda la comarca fueron siendo adquiridos para transportar la ingente cantidad de materiales necesarios para «la obra de Su Magestad». Pueblos de la región, cercanos, pero también distantes como Segovia o Talavera de la Reina, aparecen referenciados en varias ocasiones en los apuntes.
En un mismo documento son varios los escrivanos que plasman los asientos, con lo que se pueden apreciar varios tipos de letra: cortesana, procesal, procesal encadenada, humanística… que no dejan de ser un reto para un neófito. Poco a poco me voy haciendo a ellas, aunque algunas palabras no hay manera de hincarlas el diente. ¿Abreviaturas? ¿En desuso actualmente? Las voy coleccionando en imágenes para algún día consultar libros y manuales o acabar dando la lata a quién sabe.














