Es muy
cierto que cada vez se escribe menos a mano. Abandonada la época colegial, reducidas
las epístolas casi a la nada y generalizado el uso intensivo de aparatos electrónicos
tales como ordenadores, tabletas o teléfonos móviles, la sociedad actual
utiliza poco los clásicos lápiz y papel para recoger notas. Incluso en
ambientes universitarios es ya muy frecuente que los alumnos tomen los apuntes
directamente en tabletas u ordenadores portátiles, lo que por otro lado sirve para
dejarlo guardado directamente de forma electrónica. Bien es verdad que hay
dispositivos que son capaces de transmitir a un ordenador lo que vas
escribiendo en papel e incluso pizarras que son capaces de digitalizar lo que
en ellas va garabateando el profesor o ponente y transmitir la información de
forma inmediata al correo electrónico de los asistentes.
He
sido de siempre un enamorado de la estilográfica, desde que de muy pequeñito viera
a mi padre usarla con profusión, siempre con su tintero de tinta azul, la había
negra, de la marca Pelikan. Yo incluso llegué a utilizarla en mis estudios a
partir de quinto de bachillerato pero recuerdo que no me llevaba el tintero al
colegio, por lo que en algunas ocasiones en las clases de la mañana agotaba el
depósito y tenía que pasar a la escritura a bolígrafo hasta volver a casa a la
hora de la comida y manipular el émbolo para recargar. Más adelante inventaron
aquello de los cartuchos que es mucho más cómodo, sobre todo porque permite
llevar repuesto encima sin peligro de derrames imprevistos que te desgraciaban
la ropa o los libros o cuadernos de la cartera si por algún casual se producía
un derrame.
Como
soy de costumbres fijas sigo utilizando bolígrafo y papel para tomar notas
cuando asisto a clases o charlas. He intentado llevarme la tableta o el
ordenador, pero no me apaño. Eso sí, cuando llego a casa los papeles van
directos al escáner para quedar archivados electrónicamente. No es lo mismo
tener la información disponible y manejable en un documento electrónico de tipo
word que en un documento de tipo pdf, pero desde el punto de vista de la
documentación y el recuerdo me doy por satisfecho.
Donde
sí que me he modernizado es en el asunto diario. Siempre utilizo camisas con
bolsillo, en el que antaño llevaba prendido un bolígrafo y una carpetilla con hojas
para poder tomar una nota en cualquier momento. Mis amigos me llamaban cariñosamente
«cartulinitas» pero algunas veces eran ellos mismos los que me solicitaban bolígrafo
y papel para apuntar un teléfono, un correo electrónico o el nombre de ese
libro o película que les estabas recomendando. Ya he abandonado esa práctica y
he sucumbido al teléfono móvil, donde apunto las cosas o incluso, más moderno,
las grabo de viva voz que es más rápido y cómodo. La tecnología viene a socorrernos
y en mi caso se ha acabado un problema que me presentaban las cartulinas en el
bolsillo, especialmente en verano, cuando por el sudor me han llegado a
desteñir y producir manchas en la ropa que no había manera de quitar, lo que me
obligaba a llevar un protector de plástico para evitarlo. El teléfono no mancha
ni destiñe.
Y hablando
de asuntos de manuscritos y escritura, revisando algunas notas hace unos días
me he dado cuenta de un asunto que ha llamado poderosamente mi atención y me ha
dado que pensar, porque no encuentro una razón que me lo explique. En la
caligrafía que aprendimos de pequeñitos en el colegio, a base de rellenar
planas y planas de los cuadernillos «Rubio», que por cierto siguen existiendo,
la letra «a» era redondilla y con rabillo abajo a la derecha. Si Vd. se fija en
las «aes» electrónicas minúsculas que tiene este escrito y en general todos los escritos a
máquina de escribir u ordenador, la grafía de la «a» es distinta. Supongo que
hoy en día están admitidas las dos formas y debe ser la única letra del
abecedario que presenta esta dualidad de formas.
Como
puede verse en la imagen que acompaña a esta entrada y que es un extracto de
unos apuntes tomados por mí, empleo sin ton ni son una u otra forma de la «a»
en mi escritura, inclusive en la misma palabra. Son notas tomadas rápido y
nunca había caído en esta dualidad a la que por más vueltas que le doy no
encuentro explicación. En la misma palabra, como la ampliada, he empleado una u
otra grafía. Lo único que se me ocurre es que depende de la letra anterior, pero
eso tampoco me lo explica siempre. Entonces, ¿cúal es la razón?
Y
hablando de letras y escritura, no me resisto a finalizar esta entrada sin
dejar una imagen de la letra de mi padre, que debía gastar la tinta por metros
cúbicos, pues se pasaba el día escribiendo en todo tipo de papeles y tomando
nota de todo. Le gustaba escribir de todo lo que se le ocurría. Algún día traeré
a colación las hojas excel que se fabricaba a mediados del siglo pasado cuando
este concepto no había nacido.