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domingo, 9 de septiembre de 2018

CRONObiología




En una de las primeras entradas de este blog, publicada en marzo de 2008 bajo el título «DST», vertía mis opiniones sobre el asunto del cambio de horario de invierno o verano. En estos días y de forma bastante intensa el Parlamento Europeo está promoviendo abolir esta práctica y en todos los diarios se pueden encontrar artículos que hacen referencia a las bondades o malignidades de llevar a cabo el cambio de horario. DST es el acrónimo de la frase inglesa Dayly Saving Time y fue una idea que se le ocurrió, hace más de un siglo, a un científico para (supuestamente) obtener beneficios económicos derivados de ajustar nuestro devenir diario a la luz solar.


En los meses pasados, el Parlamento Europeo promovió una encuesta para pulsar la opinión de la gente. Según ha trascendido, más de 4 millones de personas respondieron, de ellas casi cien mil españoles entre los que me encuentro, y alrededor del 80% estábamos de acuerdo en abolir la medida. A raíz de todo lo vertido en estos días, parece claro que el supuesto ahorro económico, en la sociedad actual, o es muy pequeño o ni siquiera llega a producirse. Lo que nadie pone en duda es la incidencia que este adelantar o retrasar la hora tiene en las personas que durante unos días o semanas verán alterados sus biorritmos, especialmente niños y ancianos.


Antoni Díaz Noguera, catedrático de fisiología de la Universidad de Barcelona y experto en cronobiología ha señalado que «la conveniencia o no de hacer el cambio siempre ha sido motivo de discusión, pero nunca se ha llegado a una conclusión clara. El argumento que solía darse es que suponía un ahorro de energía. Quizás ocurría hace tiempo, cuando la gente se guiaba más por el sol. Pero hoy en día no está claro que suponga un ahorro». Una Asociación española denominada ARHOEAsociación para la Racionalización de los Horarios Españoles— lleva 15 años luchando por unos horarios racionales, en general, y pidiendo la eliminación de esta medida del cambio horario.


Las últimas noticias apuntan a que «el Gobierno convocará a expertos y buscará un “gran consenso” sobre el cambio de hora». Porque suponiendo que se decida anular el cambio viene la consecuencia: que horario dejar. Cada país, cada cultura, cada ciudad, cada persona, tendrá sus preferencias como puede deducirse en este curioso vídeo que habla de horarios en general. Recuerdo un viaje en 1981 en el que, en Estocolmo en agosto y a las seis de la tarde, la ciudad quedaba prácticamente desierta con los establecimientos cerrados Había que ir a alguna estación de tren o autobuses para poder detectar algo de actividad y tampoco mucha.


En mi opinión, no hace falta ni comité de expertos ni nada de nada: los meridianos de la Tierra llevan muchos años fijados y son los que deberían dictar el horario: sin más ni más. Ha quedado claro a lo largo de la historia, y en España también con el tema de Canarias, que un país en función de su extensión puede mantener horarios diferentes sin ningún problema. A cada huso el horario que le corresponda y sanseacabó.


Ha salido en algún párrafo anterior la palabra «cronobiología». Es fácil deducir su significado, pero podemos acceder al diccionario y saber que se trata del «estudio de los ritmos biológicos». El ir contra la naturaleza ajustando horarios no tiene mucho sentido en cuanto afecta a las personas, y también a los animales que dependen de alguna forma de ellas. Hace unas semanas he seguido un curso MOOC en la plataforma Miridax dedicado a aspectos nutricionales de las personas en relación con los horarios. Pero no solo se hablaba de alimentación sino de los relojes biológicos que todos sabemos que tenemos y que influyen en nuestra vida, aunque los ritmos de vida modernos estén en contra minuto a minuto.


La presentación del curso aludido, muy interesante, dice lo siguiente:


«Hoy sabemos que no somos los mismos por la mañana que por la noche. Nuestro metabolismo cambia. Recientemente la medicina ha comenzado a ocuparse del estudio de los relojes de nuestra fisiología (cronobiología). ¿No te has dado cuenta, por ejemplo, de que a veces por la mañana te sientes alegre, mientras que tres horas después sientes una tristeza profunda sin que nada aparentemente importante haya cambiado en tu vida? Estos cambios de humor son circadianos y están determinados principalmente por tus hormonas».


En este curso se hace una distinción muy básica de las personas en relación con sus horarios. Se denomina «búhos» a aquellos que normalmente trasnochan, en tanto que «alondras» a los que se sienten más gusto yéndose temprano a la cama y madrugando. Yo soy claramente una alondra. Todos sabemos, aunque no lo hagamos, que acostarnos, levantarnos y comer a horas fijas reporta un beneficio para nuestro organismo. Es difícil hacerlo, pues los horarios de los días laborables no suelen coincidir con los fines de semana, por no hablar de vacaciones y puentes o de días o actos especiales que trastocan nuestra rutina. La cronobiología y sus investigaciones nos pueden ayudar a llevar, o intentar llevar, una vida más saludable.


Desconfiando de su fiabilidad, en algunos titulares de eldiario.es sobre este asunto del cambio horario se podía leer: «En los días posteriores al cambio de horario la tasa de infartos de miocardio aumenta hasta un 29% y la de accidentes cerebrovasculares un 8%», «Los cambios de horario están asociados con un costo de 1,5 vidas cada año debido a accidentes de tráfico en España», «La reducción de la criminalidad o el aumento de la actividad por la tarde son algunas de las ventajas de mantener siempre el horario de verano», «El ahorro energético es marginal».


En todo caso, no necesitamos que nos cambien la hora de forma artificial cada seis meses. Voto por ello.