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domingo, 18 de febrero de 2018

VOCABLOS




Quienes me conocen pueden dar fe de mi avidez lectora. Siempre que he podido he procurado tener un libro en las manos bien para simple disfrute bien por obligación en asuntos laborales o en las diferentes épocas de estudio a lo largo de mi vida. Si la memoria no me traiciona, el primer libro que recuerdo haber leído, hacia los diez años, es Ben-Hur, de Lewis Wallace, en aquella colección de Joyas Literarias Juveniles de Bruguera en la que el texto se entremezclaba con páginas gráficas. Blanco y negro todo, como correspondía a la época.

Tras la fotografía y el cine, lo digital acabó llegando al mundo de los libros, lo que permitió separar continentes de contenidos. Hace ya casi una decena de años que por indicaciones de mi buen amigo Miguel Ángel compré mi primer lector digital con lo que los continentes empezaron a quedar en el olvido a medida que disponía de contenidos con los que cargar mi e-reader. Los sufrimientos en muchas horas de lectura en el transporte público —trenes, autobuses o metros— camino del trabajo o regreso del mismo se vieron muy aliviados al no tener que cargar con verdaderos tochos —libro de muchas páginas en la acepción cuarta del diccionario de la lengua española—que muchas veces no sabía cómo sujetarlos o incluso se hacía difícil pasar la página, por ejemplo viajando de pie en un vagón de metro atestado de gente. También, gracias a la liviandad de los lectores digitales he vuelto a recuperar la lectura en la cama antes de dormir por la comodidad que supone el ni siquiera tenerlos que sujetar como ya contaba en la entrada «DEDO» de este blog.

Tras esta pequeña divagación, vayamos al grano. Un libro como el Quijote, en términos de papel y por tanto de su «continente», podremos encontrarlo en muy variados formatos, desde ediciones de lujo a ediciones bolsillo. En buena lógica y salvo aditamentos, el texto del Quijote debería ser el mismo tal y como le dejara Cervantes hace ya algo más de 400 años. Es decir, el número de vocablos o palabras contenidas en todas las ediciones debería ser la misma. Hasta la aparición de lo digital, la única posibilidad de saber si un libro era tocho o liviano era la vista y aún ni eso, porque era conveniente abrirlo y revisarlo por dentro para inspeccionar la composición de las páginas en cuanto a sus márgenes, tipo de letra y separación de líneas y párrafos. Es decir, solo por el formato o el número de páginas no podemos hacernos una idea del tamaño real de su contenido.

Lo digital ha venido en nuestro auxilio en este asunto y de una manera fulminante. Si conocemos el número de vocablos de un libro, de una determinada edición o revisión, su tamaño es el que es: tantos vocablos. Ya sé que tan vocablo es la preposición «a» como la palabra más larga registrada en el diccionario que al parecer es «electroencefalografista» con sus veintitrés letras. Como curiosidad yo hasta ahora creía que era «esternocleidomastoideo». No sería lo mismo, desde el punto de vista de la totalidad de los vocablos, leer un libro lleno de «aes» que de «electroencefalografistas», pero si nos atenemos a la estadística nos convenceremos de que el número de vocablos de un libro es un índice que tiene relación directa con su tamaño.

Con ello, la teoría que propongo es que el conocer el número de vocablos de un libro nos dará idea del grado de tochicidad al que nos enfrentaremos cuando acometamos su lectura. Voy a tratar de demostrarlo y para ello he seleccionado catorce libros que pueden verse en el siguiente cuadro con algunos datos adicionales que ahora comentaremos. El estudio completo de estos catorce libros estará disponible por un tiempo en este enlace. (NOTA: No hace falta crear una cuenta para su descarga, en la parte de abajo está disponible la posibilidad de hacerlo sin ella).

LIBRO
VOCABLOS
GENERALES
%
ARTÍCULOS
%
Asimov, Isaac-Fundación
67.363
33.104
49
7.825
24
Cervantes Saavedra, Miguel de-El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
381.307
173.344
45
34.514
20
Follett, Ken-Los pilares de la Tierra
423.157
208.105
49
51.287
25
Gómez-Jurado, Juan-La leyenda del ladrón
178.912
84.970
48
24.120
28
Montero, Rosa-La carne
52.314
24.813
47
6.039
24
Navarro Soriano, Esteban-La gárgola de Otín
73.178
34.047
47
8.759
26
Rodríguez de las Heras, Antonio-Metáforas de la sociedad digital
34.824
16.330
47
5.106
31
Romero, Ana-El rey ante el espejo
86.220
42.104
49
11.921
28
Ruescas, Javier-Play
123.772
56.548
46
12.200
22
Silva, Lorenzo-Donde los escorpiones
102.791
44.900
44
10.691
24
Steinbeck, John-Las uvas de la ira
182.908
90.382
49
23.105
26
Stendhal-Rojo y Negro
172.719
84.416
49
20.373
24
Tolstoi, Leon-Guerra Y Paz
575.788
282.264
49
68.860
24
Verne, Julio-Veinte mil leguas de viaje submarino
141.129
69.968
50
19.098
27

En la primera columna podemos ver el número de vocablos que tienen los libros seleccionados, en la versión digital de la que dispongo. En la segunda columna se muestra el contador de aquellos vocablos que he considerado «generales», es decir todos con la exclusión de artículos, preposiciones, verbos auxiliares, pronombres, adverbios, conjunciones, número y algunas palabras especiales. En la tercera columna aparece el porcentaje que suponen estos vocablos generales con respecto al total. Si nos fijamos con detenimiento, 11 de los 14 libros oscilan entre el 46 y el 49%, es decir, todo muy similar, aproximadamente la mitad de los vocablos tienen «sustancia».

Lo mismo ocurre con el resto de conceptos. He añadido los mismos contadores para los artículos, y nuevamente 11 de los 14 libros oscilan entre el 24 y 28% del total, de nuevo bastante similar.

Hay que tener en cuenta que los libros escogidos son antiguos o actuales, con muchos o pocos vocablos, traducidos o no, y todos presentan el mismo patrón. Es posible que haya otro tipo de libros técnicos, poesía, etc. que no cumplan estos patrones pero en lo que se refiera a narrativa son muy parecidos.

Sería interesante que las editoriales, además de consignar en su propaganda el número de páginas, hicieran mención al número de vocablos tanto si se trata de una edición en papel como si es digital. Entiendo que todas, hoy en día, disponen de una versión digital del texto del libro pues no me imagino a los autores enviando textos manuscritos o escritos a máquina de escribir para su publicación.




domingo, 11 de febrero de 2018

EJERCICIO-2




Como ya quedé emplazado por mí mismo en la entrada de la semana anterior, continúo con mis divagaciones sobre el tema del ejercicio, ahora enfocadas a la segunda de las patas que mencionada y que nos es otra que la referida al entrenamiento del cerebro, de la mente. Es tan o yo diría que más importante que el ejercicio físico, pues en las etapas finales de la vida es fundamental conservar una lucidez  en nuestro pensamiento que nos permita seguir disfrutando de muchas cosas que se nos ofrecen hoy en día aún en el hipotético caso de que estemos postrados en un sillón por incapacidad física.

Como ya ocurre con las físicas, los ritmos de vida diarios en las sociedades denominadas avanzadas han eliminado un sinfín de actividades mentales que realizábamos a diario y que nos servían, sin darnos cuenta, para mantener nuestro magín en estupendas condiciones. Cada uno en su trabajo ejercitaba de muchas maneras la mente a lo largo del día. El ejemplo que ya tengo por clásico cuando hablo de este asunto es el de los dependientes de un comercio que ahora son casi todos cajeros —cajeros según el diccionario incluye a ellos y a ellas por lo que me niego en redondo a mencionar expresamente a ambos—.

Cuando mi madre antaño me mandaba a hacer la compra al mercado, al finalizar la misma el tendero me decía que la cuenta subía a, por ejemplo, treinta y seis pesetas con cuarenta céntimos. Yo le daba una moneda de cincuenta pesetas —había también billetes pero circulaban muy poco— y el tendero empezaba con su retahíla que servía para ejercitar la mente mientras me iba dando el cambio: con estos diez céntimos hacen cincuenta, y cincuenta hacen treinta y siete, y tres más hacen cuarenta y con estos dos duros las cincuenta que me has dado. Ejercicio puro y duro para la mente del tendero y de paso para la mía verificando que todo era correcto.

Ahora, los cajeros teclean en la caja registradora la cantidad que les has entregado, cuando no se paga con tarjeta, y la «maquinita» le dice el importe exacto que te tienen que devolver. Nada de cálculos mentales ni de ejercitar la mente en actividades diarias y simples como esta. Por ello, ahora, al igual que hacemos con ir al gimnasio, tenemos que entrenar voluntariamente la mente, cosa que muchos no hacen, con juegos en la Nintendo, «Apps» en el teléfono inteligente o programas de ordenador. Y lo malo es, como digo, que la gran mayoría no lo hacen.

He referido en este blog en anteriores ocasiones mi acercamiento a los cursos MOOC. En uno recientemente realizado titulado «Promoción del envejecimiento activo», auspiciado por la universidad Autónoma de Madrid en la plataforma EDX, se hace hincapié en estos asuntos dando mil y una razones para no descuidar este aspecto a lo largo de la vida, pero especialmente en sus últimas etapas que es cuando las personas se abandonan paulatinamente y sin querer se hacen amigas de personas poco gratas como el alemán Alois Alzheimer o el inglés James Parkinson, entre otros menos conocidos, lo que supone un deterioro en sus condiciones de vida y, no lo olvidemos, de los seres queridos que les rodean.

Entre otros muchos asuntos tratados en el curso, había una recomendación a las plataformas en internet especializadas en tareas que desarrollan la mente y evitan su atrofia. Una de ellas es COGNIFIT, accesible desde este enlace, uno de cuyos pantallazos de ejercicios podemos ver en la imagen. Hay diferentes apartados para particulares, familias o profesionales, teniendo que registrarse con un correo electrónico, pero merece la pena, siempre y cuando nos conjuremos para dedicarle un tiempo diario o al menos un par de veces o tres por semana. De todos los que ofrecen, que son muchos y progresivos si nos apuntamos a un plan evolutivo, recomiendo probar con el que está resaltado y que se titula «Golpea al topo». Entretenido, requiere una cierta concentración a medida que va avanzando para pasar las pruebas sin ser complicado. Como digo, hay muchos más de diferentes niveles que nos irán ejercitando la mente de una forma entretenida aunque en algunas ocasiones sea un poco estresante, pero los beneficios finales son muy recomendables.

Hay muchos sitios con entrenamientos mentales de este tipo. Será cuestión de buscar alguno que nos guste o se acomode más a nuestras capacidades. Otro que yo personalmente he probado en alguna ocasión es UNOBRAIN. Además de estar enfocado a público en general, dispone de entrenamiento específico para deportistas, opositores, conductores, ejecutivos, niños… y mayores de 60, un apartado especial para el tema que estamos comentando. Dentro de estos programas ofertados podremos entrenar más específicamente aspectos relacionados con la atención, la memoria, la percepción, la rapidez , las funciones ejecutivas, la concentración o la relajación. 

Creo que está claro que la vida actual ha reducido la actividad cerebral de manera drástica. Recibimos mucha información pero la admitimos sin procesarla, de una manera bastante pasiva. Cualquier que se ve en la necesidad de realizar una operación matemática sencilla, tira del móvil sin plantearse realizar el pequeño esfuerzo que supone el intentar hacerla mentalmente. Por ello, es muy importante tomar conciencia de esto y al igual que se pone remedio en la parte física acudiendo al gimnasio, ponerlo en la parte mental estimulando nuestra curiosidad y participando en tareas como las propuestas. Sería mucho mejor hacerlo en grupo, pero esto es cada vez más difícil en nuestra sociedad «avanzada» y especialmente cuando se va entrando en una cierta edad. Al menos hagámoslo en solitario, sus beneficios serán a largo plazo, pero merece la pena. 


domingo, 4 de febrero de 2018

EJERCICIO-1





Sé que es recurrente pero no me resisto a asomarme al diccionario cuando elijo una palabra como título para mis entradas en este blog y más cuando puede tener varios significados, como es el caso, pues podemos encontrar hasta once acepciones diferentes. Para el tema de hoy me quedo con dos de ellas. La tercera dice «conjunto de movimientos corporales que se realizan para mantener o mejorar la forma física» y pone como ejemplos las frases «Es bueno hacer ejercicio. Ejercicios de respiración». La cuarta manifiesta «Actividad destinada a adquirir, desarrollar o conservar una facultad o cualidad psíquica», siendo en este caso el ejemplo «recordar acontecimientos y fechas es un buen ejercicio mental».


Así pues, dos tipos de ejercicio: físico y mental. Ambos cada vez más necesarios en los tiempos que corren, especialmente en las llamadas sociedades avanzadas, donde la esperanza de vida crece de una manera inversamente proporcional a la calidad de la misma, especialmente en los últimos años.


En tiempos anteriores en España, al menos hasta los años setenta, la actividad diaria de las personas presentaba unos requerimientos físicos que mantenían el cuerpo en buen estado prácticamente hasta la muerte. En general, se desplazaba la gente andando hasta su trabajo y las labores requerían un cierto esfuerzo físico en función de la profesión. Se trabajaba menos sentado en una mesa y más al aire libre utilizando la fuerza muscular en gran medida. Un ejemplo, en el ramo de la albañilería, la descarga de un camión de materiales se efectuaba de forma manual, con un par de operarios subidos en la caja del camión dando los ladrillos o los sacos de cemento —de 50 kg. cada uno— a los compañeros que estaban abajo y los ponían en una carretilla. Al llegar al tajo —«Sitio hasta donde llega en su faena la cuadrilla de operarios que trabaja avanzando sobre el terreno, como la de mineros, segadores, taladores, etc.»—, en ocasiones había que subirlos a algún piso, para lo que se utilizaba la trócola y el tirar a mano de la maroma. Hogaño los materiales vienen en palés, los camiones disponen de una pluma que los deposita en tierra y las poleas son eléctricas y en lugar de tirar de la cuerda solo hay que apretar un botón. Cierto que las grúas en aquella época cumplían su función pero solo se montaban en obras de tamaño considerable.


Siguiendo con el ejercicio físico, el femenino, la actividad de las amas de casa era mucho más frenética que ahora. La fregona es un invento relativamente reciente y yo he visto a mi madre y a mi abuela rodilla en tierra fregando los suelos de la casa o las escaleras del portal cuando tocaba el turno entre los vecinos, por no decir que se iba al mercado una o dos veces diarias y las tareas de la casa eran mucho más exigentes en el terreno físico. Hoy en día, en una visita a una residencia de ancianos podremos apreciar como la falta de movilidad afecta casi por igual a hombres y mujeres, probablemente derivado de la falta de ejercicio a lo largo de su vida y especialmente en los últimos años, cuando ya se resisten hasta a salir a comprar el pan o el periódico y piden que se los traigan a casa.


La única manera que tenemos actualmente de suplir todos estos esfuerzos que estaban integrados en la vida diaria de antaño es realizarlos de forma voluntaria. Es común en muchos empleos actuales el desplazarse al trabajo en coche o en transporte público y permanecer la jornada sentado o con poca movilidad de forma que si queremos tener un cierto tono físico tendremos que, al regresar a casa, ir voluntariamente a andar, correr o apuntarnos a alguna actividad en el gimnasio o polideportivo. Podemos dejar el coche unos kilómetros antes de llegar al trabajo e ir andando o bajarnos en alguna estación de metro o parada del autobús anterior, pero por unas razones o por otras no lo hacemos.


En una entrada ya antigua titulada «DOS AMIGOS» de enero de 2008 destacaba la importancia de optar por un ejercicio activo en el momento de la jubilación, cuando se está entrando en la tercera edad y se dispone de más tiempo, que será muy bien empleado en ejercitar el cuerpo para transcurrir por esa tercera edad y llegar a la cuarta en la mejor forma posible. No olvidemos que «mens sana in corpore sano», con lo que si mantenemos el cuerpo de forma indirecta mantendremos la mente, aunque esto también empieza a no ser cierto últimamente, donde, entre otros, el alemán ese llamado Alois Alzheimer o el inglés James Parkinson nos acechan dispuestos a ser nuestros amigos al menor descuido.


Ahora toca hablar de otro ejercicio, el mental, tan importante o más que el físico, porque malo es que acabemos al final de nuestra vida en una silla de ruedas, pero nuestra existencia será mucho más llevadera si nos funciona la cabeza y podemos disfrutar de cine, libros, televisión o una sencilla conversación con los amigos.


En la entrada de la semana que viene haré algunas reflexiones sobre el particular.