Buscar este blog

sábado, 28 de agosto de 2010

VERTIGINOSOS

Acepción 3 del Drae: “Apresuramiento anormal de la actividad de una persona o colectividad”.
Desconozco si la actividad de una determinada persona es apresurada en mayor o menor medida, ya que es una cuestión que la propia persona deberá determinar en función de muchas cosas, todas ellas relativas a sí misma, al momento que vive y al entorno que la rodea. Mucho más difícil es determinar si la colectividad está apresurada. Aunque creo que sí.
Tenía pendiente entre otras muchas cosas la lectura de este libro a raíz del comentario de mi buen amigo Miguel Angel en su / nuestro blog http://alqs2d.blogspot.com/2010/08/todo-va-cambiar-enrique-dans.html . Tras una conversación con otro amigo de los que rondan por aquí, Jose María, en el que salió a colación el libro, la prioridad de lectura se puso en inmediata y en un par de días me lo he liquidado. El libro no es otro que “Todo va a cambiar” de Enrique Dans, cuya portada acompaña a estas líneas.
Aparte de ser un libro que se lee con mucha facilidad a poco tiempo que le dediquemos, me ha encantado la sistematización y el enfoque de un montón de ideas sobre la tecnología en general, los ordenadores en particular e internet en detalle, que en mayor o menor medida todos conocemos, la verdad es que desde hace muy poco tiempo, y que hace que al menos los aspectos tecnológicos de nuestra existencia, y por ende el resto, cambien de un día para otro a un ritmo trepidante.
No se trata aquí de hacer una referencia al libro, pero si el comentar un par de ideas concretas que han llamado mi atención en aspectos del día a día de nuestra existencia.
En muchos aspectos puedo ser considerado un “tocapelotas”, perdón por la palabra, en mis relaciones con las empresas que pululan a mi alrededor y con las que no tengo otro remedio que establecer relaciones, que ya me gustaría fueran cordiales, porque suministran diferentes productos que son fundamentales en nuestra vida. Me estoy refiriendo a bancos, eléctricas, proveedoras de telefonía y servicios de red, agua, ayuntamientos y entidades públicas, aseguradoras, colegios profesionales y otras con las que me veo obligado a interaccionar y no siempre a mi gusto. Por ello me puedo aplicar una definición extraída del libro que dice que pertenezco a “un subconjunto de clientes extremadamente poco representativos” a los que las compañías no atienden en lo que creemos justas peticiones ya que no les merece la pena e incluso consideran el echarte como cliente. Supongo que todos o muchos saben a lo que me estoy refiriendo. Yo me pregunto cómo es posible que empresas como Timofónica traten mejor a sus potenciales nuevos clientes, con ofertas maravillosas, que a los antiguos para conseguir su permanencia y fidelidad. Lo ideal sería cambiarse cada tres meses de compañía, pero las cosas no son tan fáciles y ya se protegen ellas y entre ellas para dificultar estos movimientos que no les convienen.
Las cosas han cambiado mucho. Recuerdo cuando antiguamente te atraían a una presentación de libros o productos con propaganda a la puerta de tu empresa en la que solo por asistir te hacían un buen regalo. Y realmente te lo hacían, asumían el coste como gasto de publicidad. Yo iba a muchas con la intención manifiesta de no comprar nada, escuchaba la perorata, cogía el regalo y a otra cosa mariposa. Ahora, por poner un ejemplo real, te invitan con tu pareja a una reunión donde pretenden que decidas en media hora comprarte un apartamento en la costa, firmando un préstamo bancario y tanto si lo haces como si no te regalan una estancia de una semana en un apartamento. Cuando sales aguantando sus malos modos por no haber “picado” te dan efectivamente el talón y las instrucciones para disfrutar de esa semana. Pero amigo, los problemas son tantos que optas por tirarlo a la basura. Que si tienes que pagar algo en concepto de gastos de gestión, los apartamentos solo están en tres sitios a los que por supuesto no le apetece ir a nadie, tienes que estar la semana completa, no puedes ir solo el fin de semana y, si has vencido todas estas trampas te rematan con que la única semana disponible es la segunda de febrero del año que viene. Vaya regalo envenenado.
Otro concepto que ha llamado mi atención es el de “átomo” y “bit”. En el ejemplo de un libro, la parte “átomo” sería el libro físico en sí, con sus tapas y sus hojas, mientras que la parte “bit” sería solo el contenido, que sería posible almacenar en un disco duro, leerlo, transmitirlo y borrarlo. Cuando Vd. lee un libro “atómico” está interesado sin ninguna duda en la parte “bit” pero puede que no tanto en la parte “átomo” sobre todo si va en el metro y el libro es un tocho que pesa como un demonio. Si leemos la parte “bit” en un libro electrónico y tenemos nostalgia de las hojas en papel, siempre podemos coger un libro “átomo” que nos guste mucho por su tamaño y textura, poner encima el lector electrónico y cada vez que pasemos página en el electrónico pasar página en el de papel, para no perder las sensaciones.
Pero el problema viene en la obtención de estos recursos que podemos diferenciar entre sus partes “átomo” y “bit”. Libros, música, revistas, periódicos, películas, fotografías y algunos otros tiene ya su parte “bit” muy conseguida y están almacenados en lo que se ha dado en llamar la “nube”, traduzcamos por internet. El concepto de “fricción en la obtención” y los “costes de búsqueda” de algo de este tipo hoy día ha cambiado drásticamente. Para leer este libro podemos hacer un click y bajarlo de internet, en este caso de forma legal por que el autor así lo ha querido, o desplazarnos a una librería, interaccionar con el vendedor y comprarlo o encargarlo si no lo tienen. La esencia del libro, su contenido, su parte “bit” es la misma en ambos casos pero nuestro esfuerzo es bien diferente. Y para la crítica fácil, si decido descargarlo y empezarlo a leer, nadie me quita de a continuación darme un paseo a la librería y preguntar por él al librero. Otra cosa es que no lo haga y dedique ese tiempo a otra cosa.
Esto es un peligro porque puede llegar a individualizarnos tanto que nuestras relaciones sean a través de medios electrónicos y no físicos. Pero el que yo haga “chat” con un amigo a través de la red, no me quita el llamarle por teléfono, como hasta hace unos años, o tener que desplazarme físicamente a verle como cuando no había teléfono. No confundamos las cosas.
Para terminar, pienso que este libro debería ser leído una vez al mes de forma obligatoria por dirigentes de empresas y políticos. Algunos de ellos, como se dice en el libro, son personas expertas en hacer las cosas como se hacían ayer, pero desconocen cómo se hacen hoy y bastante de cómo es probable que se tengan que hacer mañana.
Como ejemplo, esta entrada del blog ha sido creada en un ordenador portátil con batería, en lo alto del monte Corona, en Cantabria, España, corregido con un par de diccionarios y transmitido a la red a través de modem inalámbrico con conexión vía satélite. Podría haber sido traducido de forma automática a varios idiomas con traductores que están disponibles en la red. Y una vez publicado, se emiten avisos a personas que estén suscritas y al igual que lo está leyendo Vd., lo puede estar leyendo alguien en una cabaña perdida en medio de Canadá o en cualquier otra parte del mundo. Esto es como se pueden hacer cosas hoy en día, aunque se puede elegir seguir haciéndolo como antiguamente, en una máquina de escribir, corrigiendo con el typex, sacando copias con ciclostil, metiéndolo en sobres y mandándolo por correo ordinario …
Y si Vd. tiene interés en saber donde está el monte Corona o Cantabria, con unos pocos clicks en servicios como Google Map o Google Earth lo puede averiguar en un pispás.

martes, 24 de agosto de 2010

CONFIRMING

El estricto significado de este término inglés, gerundio del verbo to confirm, es confirmando. Pero su significado, aquí y ahora, va mucho más allá de eso. Lea, lea.

Hasta principios de este año del señor de dos mil diez, yo desconocía el verdadero significado de este término, en el mundillo financiero, y todo lo que se cuece detrás de él. Empezaré la historia por el principio, que así se adereza un poco y se hará más amena, o al menos eso pretendo.

Desde hace tres años desarrollo mi labor como, ya que estamos con las palabrejas inglesas, “freelance” que es el equivalente a “autónomo” en nuestro lenguaje coloquial. En julio del pasado año de dos mil nueve, con prisa y premura, un departamento de un gran banco nacional me encargó un trabajillo vamos a tildar de delicado. Me afané en los dos meses del estío y a mediados de septiembre lo tenían disponible, aunque luego por causas ajenas a mi voluntad no se pudo empezar a hacer efectivo hasta diciembre. El departamento quedó contento con el trabajo y santas pascuas por lo que respecta al trabajo en sí.

Ahora viene la parte crematística, que no es cuestión de trabajar por amor al arte y menos para un poderoso. Pues resulta que este gran banco cuyo nombre omito porque tampoco tiene mayor importancia, como otras tantas grandes empresas de este país, ha centralizado sus relaciones con proveedores en un departamento que casi de forma generalizada se denomina “COMPRAS” o algún término parecido. Ya sabemos que ciertas modas y tendencias se extienden con rapidez. Como autónomo yo no puedo siquiera aspirar a resultar homologado por el departamento de compras de este gran banco ni otras empresas, con lo que no puedo tener relación directa, vamos, que no puedo emitirles una factura a su nombre.

Para todo hay soluciones y para eso están los intermediarios. El departamento no contrata el servicio conmigo sino que lo hace con una empresa que si está homologada y que a su vez me lo contrata a mí. Yo no tengo ningún inconveniente, en principio, ya que valoro mi trabajo y cobro por él. Pero a nadie se le escapa que la empresa intermediaria no hace las cosas gratis. Eso es problema del banco que pagará un tanto más por el trabajo que será lo que se reserve la empresa intermediaria por sus gestiones, aunque en este caso concreto por no hacer nada, o casi nada, aparte de poner el nombre.

A lo que vamos y según parece, el banco ha abonado a esta empresa intermediaria la totalidad del trabajo con fecha de noviembre del año pasado. En esa fecha, el que había hecho TODO el trabajo era yo y no había visto un euro. Realicé una primera factura por la mitad del importe a principios de enero que me fue abonada a primeros de abril por medio de, ahora sí, del famoso “confirming”. Ahí nació para mí el “confirming”. La empresa intermediaria a la que he facturado delega el pago en otra empresa que me manda una carta ordinaria a mi dirección, que le ha sido facilitado por la intermediara sin mi consentimiento, anunciándome el pago y poniendo en mis manos la posibilidad de, por un módico interés, adelantar el cobro. Si lo adelantas, con el consiguiente pago por la operación, te mandan el dinero a toda velocidad mediante transferencia a cualquier cuenta que les indiques sin más ni más.

Si no te importa esperar, el pago se realiza mediante un talón bancario nominativo cruzado, que te envían por correo ordinario a tu domicilio y que, si lo recibes, te ves obligado a ingresar en tu cuenta bancaria, con el consiguiente cargo por comisión que no es moco de pavo. Si sabes que te van a pagar mediante confirming deberás tenerlo en cuenta a la hora de establecer tus honorarios. Bueno, hasta ahí todo funcionó para el pago de la mitad del trabajo.

Procedo a emitir la factura por la otra mitad con fecha de primeros de abril. Pasan los meses y mi persona de contacto en la intermediaria me lanza toda clase de disculpas con que si le habían cambiado la aplicación informática, que no les funciona y similares. Esto lo sabe poca gente, pero al cumplirse el trimestre, el autónomo tiene que ingresar el IVA de todas las facturas que haya emitido, las haya cobrado o no. Así que a primeros de julio, ya de este año, sin haber cobrado el segundo plazo, me veo obligado a adelantar a Hacienda unos no pocos euros . No solo no cobro por mi trabajo, sino que además tengo que soltar dinero. ¿Se puede entender?.

A mediados de julio me llega un aviso del pago del segundo plazo, pero esta vez la empresa que realiza el “confirming” ha variado, con lo cual deduzco que mis datos han sido facilitados de nuevo a otra empresa. El vencimiento del pago se anuncia para el treinta de julio y decido esperar al vencimiento y a la carta con el talón correspondiente.

Se pasan los ocho primeros días de este caluroso agosto en el que estamos y la carta no aparece. Como es por correo ordinario no hay manera de seguir la pista. El servicio de confirming dispone de un teléfono, como no, un 902 pagando yo, donde me informan que hay que esperar un mínimo de quince días antes de hacer la reclamación por no haber recibido el talón. Dejo pasar veinte y vuelvo a llamar y aquí empieza mi calvario, en el que me encuentro inmerso todavía.

Me dicen que tengo que mandar un correo electrónico a una dirección indicando todos los datos y manifestando no haber recibido el talón. Me indican que les facilite un número de cuenta donde, previas comprobaciones me remitirán el dinero. Uno está puesto un poco en esto de las tecnologías modernas y sabe mandar un correo electrónico pero de aquí se deduce que las empresas que vayan a disfrutar de las ventajas del confirming hoy día no pueden existir si no tienen correo electrónico, web y esas cosas.

Cuando estoy a la espera de recibir los cuartos, recibo un correo donde me dicen que les tengo que remitir nueva documentación. Y esta vez no dicen cómo, si vía electrónica o en papel. Me piden una carta en la que renuncie a cobrar el talón que me han remitido en caso de que finalmente le reciba y un certificado de que soy titular de la cuenta que les facilito. Una comunicación oficial del banco de cargo de un recibo no sirve, tiene que ser un certificado de titularidad expedido exprofeso por el banco.

Así que así estamos, peleando con el servicio de confirming de BANESTO por una factura emitida a INDRA de un trabajo que he hecho para el banco XXXX. El mundo del revés, pero sin cobrar y adelantando dinero.

sábado, 21 de agosto de 2010

INEFABLE


«Que no se puede explicar con palabras»

Aunque lo intentaré. Acabo de regresar de pasar tres días .…diferentes, imborrables. Hacía tiempo que me rondaba la idea en la cabeza y los lectores que hayan leído la entrada anterior en este blog titulada “Lugares” ya tendrán una idea de por dónde van los tiros.

Muchos conventos y monasterios tienen abiertas hospederías donde, con ciertas limitaciones, se pueden alojar huéspedes por un período de días para vivir en el interior de sus muros cumpliendo unas mínimas obligaciones y reglas y generalmente a cambio de muy poco dinero.

Acabo de regresar de pasar tres días en la Abadía de Santo Domingo de Silos, como huésped de los monjes benedictinos. Tres días es el mínimo que se plantea inicialmente y se puede estar hasta un máximo de ocho. A cambio de 38 euros diarios se dispone de una habitación individual con baño en el interior del monasterio y las tres comidas del día. Las obligaciones que te imponen son pocas por no decir casi ninguna: acudir con puntualidad a las tres comidas. Resultan evidentes algunas otras como el decoro en el vestir, un comportamiento correcto de no importunar a los monjes o a otros huéspedes y guardar el silencio y respeto debido. Nada más.

Los monjes, aunque no lo prohíben, no desean que la hospedería se utilice como una base para excursiones, turismo o actividades similares, sino para disfrutar del sosiego y la paz que emanan a raudales por todos los rincones del cenobio y que bien pueden ser utilizados para huir de nuestra ajetreada vida, pasear, meditar, leer, intercambiar experiencias y vivencias con otros huéspedes o con los monjes, etc. etc.

Los monjes están a lo suyo, que bastante tienen, y por lo general no interaccionan con los huéspedes salvo los encargados de atenderlos o por petición expresa. El principal es el padre Jose Luis, hospedero en estos momentos, que te recibe amablemente a la llegada, te facilita la habitación, te hace entrega de dos llaves y te recuerda las instrucciones que como ya hemos comentado son casi inexistentes. Una de las llaves es para acceder a tu habitación y la otra es una llave maestra que te abre muchas puertas que te permiten una circulación casi libre por todo el monasterio, con excepción de los espacios reservados para los monjes, entre los que se incluyen la afamada biblioteca y el claustro alto. Sin embargo, el propio padre Jose Luis nos los mostró a los huéspedes, además de la cripta y las excavaciones realizadas bajo el suelo de la actual Iglesia, del siglo XVIII en la que aparecen restos románicos y visigóticos. El padre Jose Luis llegó al monasterio con 12 años y lleva 60 allí, con lo que es una enciclopedia viviente de todo lo acontecido en los últimos años. Además del hospedero, hay contacto con los monjes encargados del comedor de huéspedes a las horas de las comidas, que son sencillas y muchas de ellas realizadas con productos recogidos de la propia huerta del monasterio. Las ensaladas son para no perdérselas así como la fruta recién cogida del árbol.

Dependiendo de la disposición y las intenciones de cada uno, una buena idea es participar de forma activa en los rezos de los monjes, que hasta en número de siete ocupan todas las horas del día. La regla “Ora et Labora” se cumple a rajatabla y los monjes se reúnen ordenadamente las siete veces en la iglesia para rezar, cantar los salmos en gregoriano y leer las escrituras. Todos los actos son públicos, pudiendo asistir, y participar, tanto los huéspedes como quien lo desee. Los monjes han impreso unas guías para seguir de forma puntual todos los rezos que facilitan la comprensión cabal de todo lo que cantan y leen. En cinco ocasiones y debido a que o bien estaba yo solo o eran pocos los asistentes, he sido invitado por el Padre Julián a subir al coro e integrarme como si fuera uno más de los monjes, con total naturalidad, tratando de imitar de forma humilde su canto gregoriano, ya que nos dotaba del misal correspondiente para ello y nos explicaba la secuencia de himnos y salmodias que no es nada complicado a la segunda vez o tercera que lo haces.

La treintena de monjes que actualmente viven en Silos con su abad al frente se reúnen las siete veces al día e invierten en sus oraciones conjuntas tres horas y media aproximadamente. Comienzan a las 06:00 con Vigilias, (40 min.) seguidas a las 07:30 con Laudes (30min.), tras lo cual llega el momento del desayuno. A las 09:00 tiene lugar la Eucarístia que incluye la oración de Tercia (50min.) dejando tiempo de trabajo hasta las 13:45 donde tiene lugar Sexta (15min.). Tras el almuerzo y un breve tiempo para descanso, a las 16:00 nuevamente acuden a la iglesia a Nonas (20min.). Tras un nuevo paréntesis para laborar, a las 19:00 tiene lugar Vísperas (40min.), la cena y ya a las 21:45 la última oración del día, Completas (20min) tras las cuales el monasterio queda en silencio hasta el amanecer del nuevo día.

Me he extendido quizá más de la cuenta y no he hecho honor al título de esta entrada. Lo realmente difícil de explicar son las muchas e intensas sensaciones vividas en estos tres días. Regresé al monasterio buscando un instante vivido en el claustro hace años y vuelvo con él corregido y aumentado, rodeado de otros muchos momentos que quedarán grabados en mi mente de forma imborrable de por vida. Ya he comentado la participación activa en el coro, como un monje más, en algunos de los rezos, pero los mejores momentos han estado en relación con el famoso claustro de la abadía. El estar hospedado te permite acceder al mismo cuantas veces desees, a lo largo del día o de la noche. A lo largo del día, en las horas normales, está literalmente invadido por grupos de turistas que todo lo fotografían y poco o nada atienden a las explicaciones de los guías que tratan de comunicar su mensaje. Pero hay muchos momentos en los que reina una especial quietud, un sosiego, una paz y una tranquilidad que son difíciles de describir. El claustro por el que han pasado miles y miles de personas en el milenio de su existencia, en su silencio, resulta sobrecogedor. Entre Vigilas y Laudes, he visto estos tres días amanecer, he oído las campanas tañer, he podido escuchar la algarabía de los cientos y cientos de pájaros que acuden al ciprés a pasar la noche y lo abandonan en la amanecida. Por la tarde cuando el claustro recobra su sosiego tras las huestes turistas, un paseo en solitario o en animada charla con otro huésped al que no conoces de nada son experiencias intensas y reconfortantes, así como ver lentamente la marcha de la luz del día y como las sombras cubren los capiteles que varios maestros tallaron hace ya mil años.

sábado, 14 de agosto de 2010

LUGARES



A lo largo de nuestra vida hemos ido acumulando en nuestra mente innumerables situaciones y vivencias que sin duda han ocurrido en lugares determinados. Con independencia de su intensidad, unas habrán sido positivas y nos habrán procurado sensaciones de paz y bienestar mientras que otras habrán sido negativas y habrán servido para quebrar nuestro ánimo y hacernos pasar unos malos momentos.

Con motivo de nuevos aconteceres, muchas serán rememoradas por asociación y nos harán trasladarnos de nuevo a ellas como si las estuviéramos viviendo de nuevo, especialmente en los sueños, donde la realidad y la ficción se confunden y las sensaciones y emociones se viven con tal intensidad que pueden llegar a despertarnos, especialmente si son negativas.

Las que nos han procurado estados anímicos positivos pueden ser revividas de forma intencionada para auto-generar en nosotros mismos y de forma rápida un estado de bienestar y sensaciones de tranquilidad, paz y relajación. De hecho, los profesionales de de la psicología, medicina, o nuestro profesor de yoga o tai-chi, cuando nos están enseñando a relajarnos, nos instan a cerrar los ojos y evocar en nuestra mente algún lugar y situación que nos haya resultado especialmente agradable y que podamos recordar para iniciar rápidamente nuestro “abandono” a ese estado placentero y relajado.

A lo largo de mi vida he tenido varios lugares y situaciones que me han impactado de forma positiva y que utilizo prácticamente a diario cuando quiero evadirme durante unos instantes del trajín que me envuelve. Unos momentos al día de “pararse” y meditar un poco sirven para recargar las pilas y seguir de nuevo en la tarea. Aquello que siempre se ha dicho de respirar hondo antes de seguir, pero realizado de forma más consciente y buscando una mayor profundidad.

Entre mis lugares preferidos he escogido tres para comentar aquí. Uno está en un lugar muy determinado y concreto, que a todo el mundo sonará, y no es otro que el magnífico claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos. He tenido la oportunidad de visitarlo en varias ocasiones, pero en una de ellas que no fue la primera ni la última, quedó grabado en mi mente asociado a un estado profundo de paz y tranquilidad. Las visitas al claustro y dependencias anexas se hacen siempre en grupo y con un guía que muestra las maravillas, comenta los pormenores y sobre todo vigila y controla al grupo para que no se desmande.

En esta ocasión, yo acudía con muletas por haber sufrido recientemente una operación de menisco. Una de las dependencias anexas al claustro es un pequeño museo, al que se accede bajando unas escaleras. Con este motivo me dirigí a nuestro guía pidiéndole que me relevara de bajarlas para visitar el museo, aduciendo mi estado y que yo lo había visitado con anterioridad. Concedido el permiso, tuve el enorme privilegio de quedarme a solas en el claustro, sin nadie y sin ningún ruido, salvo el gorjeo de algún pajarillo y el gorgoteo del agua de la pequeña fuente. El ciprés se erguía recto hacia el cielo, el césped brillaba en un verde intenso bajo los rayos de un sol espléndido, los magníficos capiteles románicos me vigilaban mudos y en todo ello reinaba una quietud que se me quedó grabada para siempre. La vuelta del guía y del grupo al salir del museo me robó el ensimismamiento aunque la sensación permanece y la recupero de forma frecuente para “marcharme” allí en la imaginación y auto-inducirme estados de relajación de forma rápida e intensa.

El segundo lugar que voy a comentar se encuentra en un punto indeterminado del mar Mediterráneo entre las islas de Mallorca y Menorca. Habíamos alquilado un velero entre varios compañeros de trabajo para estar una semana navegando. Habíamos partido de Sitges e íbamos a visitar las famosas calas de las islas, esta vez desde el mar, anclando el barco en las ensenadas y nadando hacia la costa en lugar de cómo hasta entonces lo habíamos hecho. Serían las tres de la mañana de una noche tranquila en la que hacíamos la travesía entre las islas. Yo estaba de guardia en ese momento mientras los otros dormían, al mando del timón, con un ligero viento que escoraba el barco, pendiente de los catavientos y de mantener el rumbo según me había instruido el patrón. Por unos momentos, que fueron varios minutos, un grupo de delfines me acompañó en mi travesía saltando y jugando con el reflejo de la luna llena en el mar, mientras el viento se colaba por la botavara y producía unos sonidos agradables cual si de una flauta de tratara. Lamenté siempre estar solo y no compartir con ninguno ese momento, amén de no poder dejar el timón para ir a buscar mi cámara fotográfica e intentar lo imposible que hubiera sido plasmar ese instante. En todo caso, en la mente ha quedado grabado para siempre.

El tercer y último lugar se encuentra en el Retiro de Madrid y pertenece al instante en que concluí mi primera maratón en compañía de mi gran amigo Miguel Angel. Un momento muy corto pero intenso que ha dejado grande huella en mi.

A ti, curioso lector que has llegado hasta estas líneas, te animo a remover tus recuerdos, rebuscar y rebuscar, para tratar de encontrar esos dos o tres momentos en tu vida que han sido placenteros y embriagadores. Y cuando los encuentres, vuelve a ellos de vez en cuando, incluso a diario, para inducir en tu cuerpo y tu ánimo estados de relajación que te serán de gran utilidad en tu devenir diario.

domingo, 8 de agosto de 2010

DRIVING ...



… on the left. En estos días he tenido la oportunidad de disfrutar de las “delicias” de conducir por la izquierda durante unas vacaciones en el Reino Unido. Siempre que se produce este hecho y se comenta con los amigos, aparecen las claras divergencias de opiniones. Un asunto importante a la hora de opinar en esto, como en todo, es haber tenido o no la experiencia.

Un punto fundamental, a mi modo de ver, es el tipo de vehículo con el que se va a circular, en cuanto a si lleva el volante a la derecha o la izquierda. Si llevamos nuestro coche desde un país como España, en el que se circula, normalmente, por la derecha y por lo tanto el volante está a la izquierda, tendremos algunos inconvenientes pero también algunas ventajas, lo mismo que se si alquilamos un coche allí pero en este caso el volante estará a la derecha.

Esta ha sido mi tercera experiencia. La primera, hace veinte años, fue visitar con mi propio coche las altas y lejanas tierras de Escocia. Tomé el “ferry” en Santander, desembarqué un día después en Plymout y cuando hice el camino de vuelta habían quedado atrás alrededor de cinco mil quinientos kilómetros por las carreteras del Reino Unido. En un coche con el volante a la izquierda. Ningún problema.

Al año siguiente fueron algo más de tres mil los kilómetros realizados por Irlanda, otro país en el que se conduce también por la izquierda, pero esta vez con un coche alquilado. Esta vez si hubo algún problemilla que luego comentaré.

Para esta última vez, tozudo que es uno, intenté llevarme mi coche en el “ferry” pero ni había plazas ni nos cuadraban las fechas, por lo que no tuve más remedio que optar por el coche alquilado, nuevamente con el volante a la derecha. Algo más preparado y mentalizado esta vez no ha habido ningún incidente, menos mal.

Para salvar los iniciales recelos de aquellos que no han tenido la experiencia, manifiesto que no hay ningún problema en conducir por la izquierda. Una experiencia más en la vida y por lo demás interesante y que nos puede sorprender a nosotros mismos. Algunas cosas nos pueden inducir a error, como los giros a nuestra derecha en los que tenderemos a ponernos a la derecha en lugar de a la izquierda, pero solo en los momentos iniciales. En las rotondas o “roundabaouts” hay que atender a los nos llegan por nuestra derecha, al revés que aquí, pero la propia entrada en la rotonda ayuda a ello.

Las personas que no han tenido la experiencia de conducir con los dos tipos de vehículos abogan claramente por los vehículos del país, con el volante a la derecha. Es lo lógico, sobre todo para los adelantamientos en carreteras de doble sentido en que la posición del conductor a la derecha del vehículo es ventajosa a la hora de tener visibilidad. Para todo lo demás, lo único que veo son inconvenientes. Y menos mal que lo que es la posición de conducción es idéntica, pues tanto los pedales como los mandos del volante están en la misma posición.

Lo que no está en la misma posición son otras cosas. Por ejemplo y muy importante la palanca de cambio, que si bien las marchas están igual deberemos manejar con la mano izquierda. No es complicado, salvo cuando necesitemos hacerlo rápida e instintivamente. También podemos optar por un coche automático que nos alivie este problema. Más de una vez, y sobre todo cuando reaccionemos de modo instintivo, daremos un manotazo a la puerta que tenemos a la derecha intentando encontrar la palanca de cambios y veremos la esquina del coche al querer localizar el espejo retrovisor. Los mandos centrales, tales como radio, lunetas, aire acondicionado, etc. deberán de ser manejados con la mano izquierda.

Pero el principal problema y serio, y que sufrí en mi viaje por Irlanda viene derivado de nuestra posición espacial dentro del coche. En nuestro coche con el volante a la izquierda tenemos “poco o nada coche” a nuestra izquierda y “mucho coche” a nuestra derecha, Estamos acostumbrados a ello y estas distancias las usamos continuamente, incluso sin darnos cuenta, para todo tipo de movimientos de conducción incluso aquellos instintivos como reacción a alguna situación inesperada. ¿Qué ocurre cuando estamos circulando por la izquierda, al volante en la zona derecha, y nos cruzamos repentinamente con un autobús en una carretera estrecha? Nuestra reacción instintiva es pensar que el autobús va a arrollar el “mucho coche” que en realidad no tenemos a nuestra derecha y podemos dar un volantazo a la izquierda para evitar la supuesta colisión y acabar en el sembrado. Y esto no es teoría, porque fue lo que me ocurrió a mí, menos mal que el sembrado era un sembrado real y estaba al mismo nivel que la carretera, con lo que pude volver a ella. Esta misma situación se produce en los primeros momentos a la hora e aparcar. A pesar de estar tranquilos y con los cinco sentidos puestos en la maniobra, es muy frecuente acabar subidos a la acera o muy separados de ella según el lado.

Y aunque es tangencial, la foto que se adjunta responde a la señal de aviso de la existencia de “radares”. Carreteras, ciudades, autopistas y autovías están plagadas de ellas, todo lo contrario que de señales de indicación de velocidad, que se suelen ver pocas y muy pequeñas a la entrada de pueblos y ciudades. En carretera y autopista, nada de nada, hay que saberlo. Y la máxima de todas es 70, pero no kilómetros por hora, sino millas por hora. El equivalente es 112. Y aquí nos quejamos del 120.

domingo, 18 de julio de 2010

ESTUPEFACTO


Recibo un correo electrónico procedente de un amigo con un enlace a una página donde se puede firmar la adhesión a una campaña auspiciada por una organización que no conozco para, nada menos, que nacionalizar las Cajas de Ahorro y convertirlas en una banca pública. Ahí es
nada, menuda campaña.

Que el mundo de la banca está viviendo momentos convulsos no es nada nuevo en estos tiempos de crisis. Podríamos pensar que ellos se lo han buscado pero lo malo es que los afectados somos todos que hemos visto que no se puede confiar, al menos ciegamente, en unas instituciones, empresas privadas, al fin y al cabo regidas por unos dirigentes que tienen en cuenta muchas cosas y no parece que entre ellas sea el responder en el futuro con su solvencia de los dineros que les confiamos para su custodia.

La banca pública existía en España hasta hace pocos años. No sé si dar la cifra de diez o veinte años que hace que desapareció. Otra cosa a considerar sería el tamaño que tuvo esta banca pública y si ese tamaño hubiera sido suficiente para competir en el mercado libre como un banco más en el panorama. Como aclaración apuntaré que he desarrollado mi vida laboral veinte años en una caja de ahorros, nueve en un banco público y otros siete en un banco privado, con lo que he pasado por las diversas modalidades de banca que han existido en el país.

En los años setenta y yo diría que hasta mediados de los ochenta del siglo pasado, las cajas de ahorros estaban entregadas a una función social. Eran y funcionaban como verdaderos bancos de cara a sus clientes, pero al no contar con accionistas, los beneficios se destinaban a mejorar su gestión y en una parte importante a actividades sociales de muy diversa índole: escuelas de idiomas, centros de la tercera edad, patrocinios, colaboración con entidades benéficas, donaciones a instituciones y otras muchas: una verdadera labor social que año tras año recibía la sociedad. Digo que hasta mediados de los ochenta y esto es una apreciación mía, porque en aquellas fechas las direcciones de las cajas, muy participadas por estamentos políticos dieron, repito a mi modo de ver, un giro importante hacia negocios no tan benéficos, tanto para entidades públicas como para mejoramiento personal de sus propios directivos y personas afines a los mismos. El resultado final lo estamos viendo en estos momentos y empresas en otro momento saneadas y sin problemas tienen que estar acometiendo fusiones, frías, calientes o templadas, ayudadas con fondos públicos, de todos, para seguir adelante.

Abandoné el mundo de las cajas para integrarme como trabajador en un banco público, concretamente el BCH, Banco de Crédito Hipotecario. Como tal mi empleo duró apenas cuatro meses porque un tal Solchaga, ministro socialista, se inventó el aglutinar todo lo que podía ser público y de tipo bancario en un proyecto que todos recordarán: Argentaria. La Caja Postal, el Banco Exterior de España, los Bancos de Crédito Hipotecario, Local e Industrial cayeron bajo el paraguas de la nueva corporación financiera. Todos los empleados fuimos transferidos a esta nueva entidad y algunos como fue mi caso a otras empresas satélites, externas, de servicios, de nueva creación, para aprovechar la sinergia de la fusión. Ahí ya no éramos empleados directos de la corporación pública.

Con el tiempo Argentaria se comportó como un banco más, con un presidente y un comité ejecutivo que tomaba sus decisiones y que a mi modo de ver dejó atrás el concepto de “banca pública” para ser uno más en el panorama nacional. Tan así fue que con el tiempo acabó fusionada o comprada por uno de los bancos más grandes del país pasando a ser la cuarta letra en las siglas BBVA.

La banca pública, esas cinco entidades que hemos referido disponía de un capital entre otras cosas en edificios. Edificios singulares en muchas localidades y capitales de provincia que habían sido adquiridos en su condición de banca pública con el dinero de todos los españoles. No estamos hablando de cuestiones baladíes. En el paseo de Recoletos de Madrid, la sede central del Banco Hipotecario estaba constituida por un palacio y bastantes edificios afines utilizados como oficinas. Todos estos inmuebles, por el arte de “birli- birloque” pasaron a propiedad de BBVA y en algunos de ellos, no sé si vendidos o alquilados, se alojan hoy en día otras instituciones o empresas.

No veo una banca pública compitiendo en el mercado libre con otra banca no pública. Mi opinión es que se perdió la ocasión de potenciarla, la que ya existía, hace unos años y sería difícil recuperarla de nuevo. El patrimonio de las cajas también es amplio y también realmente no es de nadie en particular, al no haber accionistas. Pero pronto los habrá y nos encontraremos que dentro de unos años, edificios e inmuebles tendrán propietarios muy diferentes de los que por naturaleza les corresponden.

Lo que si que es necesario es la realización de un control férreo por parte de los gobiernos a empresas y sus dirigentes que, aún siendo privadas, tiene indudable función social. No se puede permitir que vuelvan a ocurrir situaciones como esta en empresas bancarias, de electricidad, de comunicaciones y similares.

viernes, 16 de julio de 2010

RONDAMISAS

Un dicho popular que seguramente todos hemos oído en multitud de ocasiones, especialmente en nuestros entornos laborales es el siguiente. “Si funciona, no lo toques”. Nunca me ha parecido acertado, y por ello he sufrido no pocas discusiones con compañeros y jefes, ya que yo mantenía todo lo contrario: “Si funciona, aprovecha para mejorarlo”. En el fondo de este asunto está la diferencia entre lo que llamamos mantenimiento correctivo o preventivo. Correctivo es esperar a que se estropeen y preventivo es intentar tener las cosas al día, poco a poco, evitando que llegue el momento en que haya que intervenir sin más remedio.

Ejemplarizaba esto con la teoría que yo llamaba del “movimiento del cenicero”. Un cenicero se encuentra en el ángulo izquierdo de una mesa y hay que moverlo al derecho. Simplificando la cuestión, hay dos formas de hacerlo. Una de ellas, la más usada de forma general, es darle un manotazo sin más y ubicarlo en su nueva posición. Eso sí, hacerlo a última hora del día, justo antes de marcharnos o en su defecto ir a la cafetería, no vaya a pasar algo y nos compliquen. La otra forma es estudiar el cenicero, tratar de deducir porque está allí y no en otra parte, preguntar a diestro y siniestro si alguien sabe o conoce alguna razón por la que deba estar allí y no en otra parte, planificar el movimiento, nada de manotazos, avisar a todo el mundo de que en determinado momento vamos a efectuar el desplazamiento, hacerlo con cuidado y quedarse atento durante un tiempo por si ocurre algo y tratar de solucionarlo. En esta vida no todo es blanco o negro y entre estas dos formas de realizar la acción de movimiento del cenicero hay grandes diferencias. Ni tanto ni tan calvo pero normalmente se tiende más al manotazo que a la otra opción. Desde luego el manotazo es lo más rápido y si no pasa nada seremos altamente efectivos y habremos realizado la operación en un tiempo record. Cada uno debe elegir su forma de “mover el cenicero”.

Hace años vi una frase en el calendario taco que decía algo así como “no es mejor quién arregla los errores sino quién los previene”. Se me ocurrió hacer una fotocopia en grande y colgarlo en el tablón de anuncios de la planta. Duró poco ya que el jefe la quitó rápidamente y vino a decirme unas palabritas suponiendo con buen criterio que había sido yo el autor del hecho. Hay más cuestiones ocultas en todo esto. Cuando nos vemos con el agua al cuello en una situación que requiere un arreglo rápido y a la que hemos llegado por no ser previsores, tenemos una gran ventaja que no es otra que la “patente de corso” para hacer cosas de forma incontrolada pues hay que solucionar el problema que tenemos encima, rápido, a toda costa y saltándonos los procedimientos que sea necesario saltarse.

Y por experiencia propia sé que están mejor vistos y considerados los “arregladores” que los “previsores”. Aquellos alcanzan el “status” de personas imprescindibles en las empresas, cabezas visibles de “salvadores de la patria” mientras que los otros con su trabajo callado y constante simplemente parece que no hacen nada. Volviendo a la frase, ¿Vd que prefiere a su alrededor, “arregladores” o “previsores”?

Durante estos años de atrás hemos tenido un periodo de bonanza en el que hemos vivido por todo lo alto. Como yo digo, venga pantallas planas de “tropecientas” pulgadas, créditos e hipotecas. Era el momento en que las cosas funcionaban. Todos sabemos que estos períodos tienen su fin y que más pronto o más tarde llega la crisis. Cuando estaban las cosas bien era cuando había que haber sido previsores, en lugar de tirar la casa por la ventana. Y me refiero a nuestros dirigentes y gobernantes. Como no se ha hecho nada, ahora se han convertido en “arregladores” y lo que es peor, con “patente de corso” para hacer lo que les venga en gana, con tal de –intentar- sacarnos de los problemas. Pero las cosas en caliente y con la espada de Damocles encima son más difíciles de arreglar y así les vemos dando tumbos de un lado para otro, anunciando cosas, dando marcha atrás, sacándolas de nuevo, en fin, dudas y más dudas producto de la improvisación y de la poca previsión. Son “rondamisas” que van y vienen donde las situaciones les conducen. Y así nos luce el pelo, un día mal y otro peor. Y además han perdido el norte y la vergüenza, con lo que ya nos podemos ir atando los machos y asumir nuestro papel de conejillos de indias.

Quiero reproducir aquí un párrafo de un gran libro, publicado en 1990 y titulado “Vivir con plenitud las crisis”. Su autor en Jon Kabat-Zinn y dice así:

"Es todo un arte enfrentarse a las dificultades de manera que encontremos soluciones eficaces y armonía y paz interior. Cuando somos capaces de movilizar nuestros recursos internos para enfrentarnos con ingenio a nuestros problemas, por lo general la presión del propio problema nos ayuda a orientarnos para salir adelante, igual que un marino orienta la vela para aprovechar mejor la fuerza del viento e impulsar su embarcación.
No podemos navegar de proa al viento, y, si solo sabemos navegar con el viento en popa, únicamente llegaremos allí donde este nos empuje. Sin embargo, si sabemos cómo usar la energía del viento y tenemos paciencia, a veces, podemos llegar donde deseamos, podemos controlar las cosas. Tenemos que aprender a seguir adelante bajo la presión de todo tipo de condiciones estresantes; no solo cuando hace sol y el viento sopla exactamente como queremos."
Por cierto, “rondamisas” es un término que no he conseguido encontrar en el diccionario pero que me ha parecido apropiado para titular esta entrada. Como desconocemos el significado bien podemos aplicárselo a los “arregladores”. Le he visto leyendo el libro “Ladrones de Tinta” de Alfonso Mateo Sagasta.

lunes, 12 de julio de 2010

BANDERAS

Todavía resuenan los ecos y la alegría contenida de una noche espléndida en la que, por primera vez en su dilatada historia, el equipo nacional español de fútbol ha conquistado su primera copa de campeones del mundo de selecciones nacionales.
Durante este largo mes en que el juego de la selección ha hecho vibrar a chicos y grandes, hombres y mujeres, una cosa ha llamado mi atención y no ha sido otra que la profusión de banderas nacionales por doquier. Los balcones de las casas, las antenas de los coches, un palo a la entrada o cualquier sitio era bueno para ubicar una bandera con los colores rojo y gualda. Hay paises, como por ejemplo Estados Unidos, en los que el uso de la bandera es mucho más corriente y en cualquier acto, por poco importante que sea, salen a relucir banderas de todas formas y tamaños que impregnan de patriotismo el sentir de sus portadores y dan colorido y sentido patriótico al acto.
Pero en España el uso de la bandera está como cohibido. Recuerdo de niño que cada casa tenía tantas banderas como balcones o ventanas daban a la calle y era común situarlas durante días especiales del año y especialmente si alguna procesión religiosa iba a discurrir bajo las ventanas. Pero luego hubo años en que al igual que los corazones de los españoles, las banderas aún conservando su base, estaban divididas y había las que se llamaban constitucionales y las otras, las que no. Ciertos usos partidistas de la bandera detrayeron su uso a los que no querían ser considerados como miembros de aquel partido. Desgraciadamente la palabra “facha” se asoció con mucha ligereza a aquellos que lucían la bandera en pulseras, polos o simplemente fijada en la trasera de los coches.
Pasó el tiempo y estas divisiones fueron cayendo en el olvido pero el uso público de la bandera por parte de los españolitos de a pié no se recuperó. Empezaron también los problemas y encontronazos en ciertas zonas de España, donde el uso de banderas más locales se superponía cuando no anulaba a la enseña nacional. Como no, en algunas manifestaciones públicas de exaltados, profusamente recogidas por los medios escritos y televisivos, se utilizaba la bandera para quemarla y con ello ejemplificar el odio y el rechazo a todo lo que significa.
Pero en estos días, con motivo de un espectáculo como es el fútbol, la bandera ha salido a relucir por todos lados. El ingenio de la gente a la hora de “decorarse” con la bandera no ha tenido límites. La pintura roja y amarilla ha impregnado caras, brazos, frentes, torsos, pechos y supongo que algunas otras partes no mostrables en público, que gente hay para todo. Las imágenes televisivas de concentraciones de personas para ver los partidos en espacios públicos de ciudades de la geografía nacional eran un espectáculo de algarabía y color donde el rojo y el gualda eran los colores de base.
También personas de la vida pública española han dejado un poco de lado su recato y en esta fase final del campeonato hemos podido ver a la Reina de España ataviada, con gran clase como siempre en ella, con vestidos y bufandas que representaban los colores nacionales, como así mismo el príncipe Felipe y la princesa Letizia, cuya “zeta” me sigue rechinando pero cada uno es muy libre de escribir su nombre como quiera. Uno que ayer llamó mi atención y que es un personaje que me cae muy bien y que siempre ha dado muestras de su españolidad por encima de todo es Nadal, nuestro tenista campeonísimo, ataviado de rojos y amarillos hasta las cejas, acompañando “in situ” a la selección y disfrutando como todos por sus triunfos. Por los líos en los que andamos metidos, los políticos se han dejado ver poco lo cual entre otras cosas habrá sido bueno para nuestros bolsillos, aunque todos sabemos que estos viajecitos institucionales son el chocolate del loro en todos los dislates a los que nos han sometido en estos últimos tiempos.
Me alegro por esta consecución del campeonato, que uno no es de piedra y también tiene su corazoncito. Mi relación con el fútbol ha sido un poco de amor y odio a lo largo de mi vida: lo he practicado en determinadas épocas y a pesar de pecar de inmodesto no se me daba nada mal, pero lo que nunca me ha gustado es todo lo que le rodea. Por cierto, no puedo dejar de hacer constar aquí que el rival en la final, Holanda o Paises Bajos como ponía en los rótulos, hicieron un poco honor a este último nombre practicando un juego bronco y “barriobajero” donde nos cosieron a patadas ante el “dejar hacer” del árbitro. No sé el número de tarjetas amarillas que sacó al final del partido pero debió de ser un record Guiness. Tan solo una roja para un holandés, al final de la prórroga, fue su pobre respuesta a las agresiones continuadas de los futbolistas que parecía que no lo eran y solo se dedicaban a protestar y destrozar con malas artes el juego de los nuestros.
Enhorabuena a todos estos jugadores y especialmente a Vicente del Bosque, gran entrenador y mucho mejor persona, que nos ha dado un ejemplo de trabajo, seriedad y caballerosidad en todas sus escasas intervenciones públicas, donde no ha entrado al trapo de comentarios tendenciosos y preguntas malintencionadas.
Y ya que estamos hablando de banderas, un pequeño acto final, que solo es como una mueca, empañó el uso de la enseña, cuando un par de jugadores de cierta autonomía española sacaron a relucir la que estaba fuera de lugar en esos momentos. Pero como hemos dicho, tiene que haber de todo en todas partes.

domingo, 11 de julio de 2010

CANALES

Hace algunos años y durante un viaje de vacaciones por la zona central del Reino Unido tuve la oportunidad de entrar en contacto con un sistema de canales de navegación que allí utilizaban únicamente para temas de ocio. Mientras paseaba observé una barcaza en uno de estos canales, larga y estrecha como ella sola, que estaba maniobrando para entrar en una esclusa. Las esclusas son esos mecanismos ingeniosos, silenciosos y baratos que suplen el más moderno invento del ascensor y que permiten a todo un barco, del tamaño que sea, subir o bajar para salvar un desnivel entre dos zonas de agua.
Las esclusas tienen un mecanismo como digo sencillo y fascinante. En cualquier sitio en internet se puede encontrar una explicación animada de cómo funcionan. En todo caso es fundamental en ellas que tanto los portones de ambos lados como las portillas de evacuación o llenado funcionen correctamente y corten o permitan el flujo de agua de forma fácil cuando lo deseemos. Al estar en contacto permanente con el agua, y con el barro del fondo, el mantenimiento es fundamental y no siempre se realiza a tiempo y en forma.
Retomando el relato iniciado, estaba observando la barcaza en su maniobra de aproximación a la esclusa. En ella viajaban un padre con dos hijos pequeños, niño y niña, como de unos seis o siete años. Mientras el padre maniobraba y dirigía la barcaza, los niños saltaron a tierra para, con una manivela, cerrar la portilla que permitiría el llenado de la esclusa. La portilla debía de estar atorada por el barro en el fondo, por lo que los niños no tenían suficiente fuerza para cerrarla completamente, por lo que al no estar cerrada del todo, el llenado de agua no se podía producir y no podían seguir su camino.
Me brindé a ayudarles y con no poco esfuerzo conseguí cerrar la compuerta, con lo que abrimos los portillos de llenado y el barco ascendió suavemente hasta el nivel que, una vez abierta la otra compuerta, le permitía seguir su camino. La familia me quedó muy agradecida y me invitó a subir al barco y navegar un rato con ellos. Al final el canal describía un círculo y acababa en un pequeño lago artificial muy cercano al centro de la población donde nos encontrábamos, que era donde esta familia pensaba atracar el barco y pasar un par de días en su “apartamento flotante”.
La experiencia fue enriquecedora y agradable. Yo iba con mi mujer y mi hijo pequeño que aunque no se entendía con los niños ingleses hizo buenas migas en las dos horas que tardamos en llegar, pasando otras dos esclusas, al punto de destino.
Al parecer el sistema de estos canales es bastante amplio en el centro de Inglaterra y se mantienen, más o menos, para su uso en forma de ocio. Creo que en Francia y Holanda hay zonas donde también existen estos canales. Las barcazas se alquilan y son pequeños apartamentos flotantes donde se puede hacer la vida durante unos días recorriendo la zona por estas “carreteras de agua”. Unas bicicletas adicionales permiten desplazarse desde el lugar donde hayamos atracado el barco aunque como en este caso los canales pasan por o muy cerca de las localidades. Serían unas bonitas vacaciones en un medio de transporte inusitado y tranquilo que permite observar el paisaje pausadamente y disfrutar de él.
En España, que yo sepa, no existen este tipo de canales. Realmente existe uno en la zona centro denominado el Canal de Castilla. En algunas ocasiones en mis viajes e coche había tomado contacto con él pero sin más. Este canal fue un intento de obra faraónica que en su diseño original intentaría conectar fluvialmente la capital Madrid con Santander para permitir el trasiego de mercancías. No es cuestión de entrar en detalles que pueden facilmente hoy día consultarse en internet, pero el proyecto data de 1751 y al final se consiguieron crear a pico y pala más de doscientos kilómetros de un canal de gran anchura y relativa profundidad que se extiende en tres ramales por las provincias de Valladolid y Palencia principalmente. La obra fue ingente no solo en la excavación del canal sino en las construcciones adicionales necesarias tales como exclusas, puentes, acueductos y casas auxiliares.
Uno de los ramales finaliza en Medina de Rioseco. Hoy en día el canal solo tiene usos recreativos, como el alquiler de piraguas o dar un paseo en un barco eléctrico que permite navegar por el canal y según la modalidad salvar hasta dos esclusas. Un viaje agradable y tranquilo donde te explican las vicisitudes y características de la obra y te hacen retrotraerte a épocas pasadas donde las barcas cargadas de mercancías eran arrastradas por mulos y caballerías de un pueblo a otro permitiendo y desarrollando el comercio.
Un pero que poner al barco es que es cerrado, con lo que normalmente tienes que ir sentado viendo el paisaje a través de las ventanas. Con mi espíritu inquieto me resistí a ello y conseguí que el patrón, Roberto, me dejase sentar en la proa en la parte exterior y disfrutar del paisaje sin ningún obstáculo por delante. Al menos en esa zona, los laterales del canal disponen de unos estupendos y atrayentes caminos que permiten el paseo, la bicicleta o la carrera entre arboledas en un entorno muy agradable, salvo en esta época en que los mosquitos pueden hacerte desistir. La segunda esclusa a la que llegamos con el barco dista de la dársena inicial 8,9 kilómetros lo que es una buena idea para una marcha a pie en otoño, o en una época en que no haya mosquitos.

miércoles, 30 de junio de 2010

NORMAS

Cada vez pienso con más intensidad que las normas están más de adorno que otra cosa. Ya he comentado en entradas anteriores como nos relacionamos con aspectos del tráfico, pero hay otro montón de aspectos de la vida diaria que manejamos según nos interesa y cumplimos cuando nos apetece o cuando no nos queda más remedio, aunque esto sea pocas veces.
Toda norma o ley lleva aparejado, al menos de forma nominal, un castigo. Otra cosa es que ese castigo, en el caso de que nos pillen, llegue a producirse, tener efecto y podamos aprender.
Se comentó hace años una sentencia de un juzgado de Londres en que se condenaba a un montón de años de prisión a un raterillo que había robado una pequeña cantidad de libras esterlinas. Hace mucho que no voy a Londres pero la última vez que estuve allí se podía ver a primera hora de la mañana en ciertos barrios londinenses el carrito del lechero dejando a las puertas de las casas la leche fresca y el periódico del día. Los ingleses, antes de acostarse, dejan o dejaban a la puerta de su casa el casco vacío de la botella de leche y una pequeña cantidad de dinero como pago de la leche y del periódico. Al levantarse por la mañana, en pijama, con solo abrir la puerta disponen de su periódico y su leche para entregarse a un plácido desayuno. Pues bien, el raterillo había ido robando casa por casa, una a una, los peniques de los confiados londinenses. La condena fue ejemplar, desmesurada a todas luces para la cuantía, pero el juez la fundamentó diciendo que el castigo había sido en función del atentado contra una costumbre muy arraigada.
Los castigos tienen que ser contingentes, rápidos, todo lo desmesurados que se pueda, y le tiene que quedar bien clarito al infractor por qué se ha producido y de paso a todos los que le rodean para que sepan a que atenerse. Por ejemplo, se le pilla a un grafitero decorando la fachada de una casa, pues a limpiar esa casa y cien más, para que se le quiten las ganas a él y a otros cuantos. Es solo un ejemplo de una de tantas cosas que llenan de suciedad, y si es arte es arte sucio, las fechadas de nuestros pueblos y ciudades.
Recuerdo de pequeño que cuando hacías una trastada, una sola mirada de cualquier persona mayor que te hubiera visto te hacía ponerte a temblar. A buen seguro iba a ir con el cuento a tus padres y el castigo estaba asegurado, pero de los de antes y no de los de ahora de no salir y quedarse en la habitación con la televisión, el ordenador y el chat, además del teléfono. Vaya castigo.
Reconozco que antes cuando veía alguna cosa que no me gustaba le llamaba la atención al correspondiente. Tras alguna discursión y algo de peligro para mi integridad física, he desistido de hacerlo. Que alguién va tranquilamente en su coche y cuando para en el semáforo aprovecha para vaciar el cenicero, pues allá su conciencia. Que acaba la cajetilla y la hace un gurruño y la tira al suelo cuando tiene a mano una papelera, pues debe ser eso lo que se debe de hacer y yo estoy equivocado.
Pero hay cosas que claman al cielo y que dicen como somos las personas. Voy a referirme como muestra a dos de ellas, aunque la historia, a poco que rascaramos, podía ser interminable.
El ayuntamiento ha hecho el esfuerzo por dotar a la población de cubos de basura verdes, para orgánica, y amarillos, para envases. No mucho más lejos hay algunos, no tantos, azules para el papel o verdes para el vidirio. Llega el sujeto con tres cajas de la pizza que acaba de zampar mientras veía el partido y ni corto ni perezoso, como el primer cubo al que llega es el amarillo, pues allí que te va. Bueno, son envases al fin y al cabo. Han puesto pegatinas para recordar lo que se debe y no se debe tirar ahí, pero supongo que no sabe leer o que era mucha molestia avanzar un par de metros más y tirarlo al verde, no le pidamos que se desplace un poco hasta llegar al azul que es el que realmente corresponde al cartón.
Y lo de la foto que acompaña a este escrito, como se decía antes, es de Juzgado de Guardia. Dicen que los delitos han bajado aunque yo cuando oigo estas noticias no sé si habrán bajado de verdad o lo que han bajado son las denuncias de los mismos. Ahí queda el interrogante. Es de toda lógica que un parque infantil, de niños pequeños, donde la tierra que está en el suelo es para jugar con los cubos y las palas, debe ser cuidada en cierta manera. Hay un cartel bien grande en la entrada de “Prohibido Perros”, cuestión obvia y lógica por otro lado. También debería estar prohibido el botellón, más que nada porque no sé porque les ha dado por romper los envases de cristal cuando acaban y dejar allí todos los desechos. Yo, de tener un niño pequeño, me abstendría muy mucho de llevarle a un parque. Pues ahí tienen la foto y no hay que esforzarse mucho, lo del perrito haciendo sus necesidades en el parque es frecuente, varia veces al día. Hace un mes el que estaba dentro con el perrito era un señor jubilado que, cuando trabajaba, era ni más ni menos que guardia municipal.
Así estamos. Enfrente del bar donde tomo café por las mañanas antes de acudir al trabajo hay una parada de autobús. Coincido en el momento del café con varios miembros de la benemérita, pero salgo a la calle antes que ellos. ¿Adivinan donde están perfectamente aparcados los dos coches oficiales en los que se desplazan?
Nada tiene importancia. Viva la relajación. Y así vamos.

sábado, 26 de junio de 2010

MOTES

De siempre mantengo una afición de llegar pronto, a veces muy pronto, a los sitios. Tiene esta actitud sus ventajas porque la tranquilidad al hacer las cosas reporta cierto sosiego y bienestar a las personas, amén de otras prebendas como es el caso. Hace muchos años gustaba de llegar con bastante antelación a mi diaria clase de inglés en un laboratorio de idiomas, esos de la casette y los auriculares que estuvieron muy de moda por los años ochenta, cuando no había, todavía, ordenadores dedicados a estos menesteres.
El conserje del laboratorio, Inocencio, era y sigue siendo todo un personaje. De los del pueblo de toda la vida, le recordaba yo de muy pequeño atendiendo su mercería de “El Globo” donde se vendían toda clases de trapos y vestidos. Cuando cerró la tienda se tuvo que reciclar y hacer un poco de todo, entre otras cosas vigilar la entrada y salida de estudiantes por las tardes en el laboratorio.
El hecho de llegar pronto me permitía tener unas jugosas charlas que recuerdo con mucho cariño. Fruto de aquello fue el confeccionar entre los dos una lista con los motes más populares existentes en la localidad. A mi me sonaban algunos, pero por mi juventud y mi trabajo fuera del pueblo, me costaba ponerles cara, cuestión en la que Inocencio era un lince, pues se conocía todo y a todos.
Conservo la lista que consta de quinientos cinco motes, con su descripción, significado, familia que lo ostentaba y en muchos casos la profesión que llevaba asociada.
Los motes han ido desapareciendo. En raras ocasiones se usan y si en algo perduran es porque las personas de cierta edad gustan de referirse a ellos cuando intentan por todos los medios darte referencia de esta o aquella persona de la que te están contando un sucedido que a ti ni te va ni te viene. Al final casi hay que decir que sí, que sabes de quién te habla, para que te diga lo que te quiere decir. Y en muchos de estos intercambios aparecen los motes.
Como todo en esta vida, los hay buenos, malos y …regulares. Los mejores son aquellos que alguien ha desarrollado con mucho ingenio derivándolo de alguna característica física personal o de ocupación y que consigue describir a la persona sin que resulte ofensivo. Hay muchas personas que gustan de ser llamados por su mote o apodo mientras que a otras les sienta mal y solo se usa por terceros en conversaciones para referirse a alguien.
En una parte de mi época laboral recalé en un departamento en el que todos teníamos mote, pero con una salvedad: se guardaba en gran secreto de forma que la persona nunca estuviera enterado de su mote. Al menos esa fue mi experiencia ya que con toda seguridad tuve mi mote pero nunca me enteré de él. Y tego que reconocer que muchos de los motes que circulaban por ese departamento eran ingeniosos y alguno no menos ofensivos. Uno que me viene a la memoria es “jdeparta” que suena mejor dicho que escrito y que hacia alusión al jefe del departamento. Poca imaginación pero ahí estaba. Recuerdo algún otro, este si muy ingenioso, “medio polvo” haciendo alusión al apellido de la persona.
Como digo, esto de los motes ha caido en desuso. Pero cuando se usa, malo. Suele ser de forma despectiva hacia alguna persona de tu círculo laboral o personal. Un ejemplo de esto es el asignado a un coincidente laboral al que entre nosotros llamábamos “pfp” que corresponden a las letras iniciales de “perrillo faldero principal” y que se explica por si solo. Había también un “pfs”, que en este caso era una, como clara alusión a sus acciones de “perrillo faldero secundario” que en todo hay jerarquías.
De entre la lista de los más de quinientos motes del pueblo, no todos ellos eran ingeniosos. Algunos se limitaban a utilizar el propio apellido o el lugar de nacimiento, tales como “los zamoranos” o los “zamarras” aunque “zapatilla” era el apodo de un jugador concreto de fútbol local que arreaba al balón y de qué manera. Los “cachichi” eran una familia de albañiles, de los que alguno llegó a alcalde del pueblo y los “carrizos” eran otra familia que tocaban y siguen tocando instrumentos de plectro, que ahora ya no se llaman de pulso y púa. Uno que recuerdo con cariño, por haberle conocido personalmente, es el de “el catalán” que correspondía a Bartolomé Roma, un personaje nacido en cataluña y que era uno de los mejores maestros canteros que pasaron por las obras en aquella época. Al final el mal de la piedra no le perdonó.
Los guardias tenían motes asociados como “Felipe II”, “Caribe” o “San Pedro”, este último porque portaba siempre un manojo de llaves y era el encargado de abrir y cerrar las dependencias.
La lista sería interminable y solo curiosa para gente que tenga alguna relación con el pueblo. Pero me quiero referir por último a uno muy conocido y que tenía dos motes, a cada cual más popular: “juanito el cojo” y “el tío topamí”, ambos de mal gusto porque hacían referencia un defecto físico. El primero era claro pero el segundo era de los que a mi me parecen ingeniosos, ya que al andar giraba la punta de uno de los pies hacia dentro, siendo además una familia que aún dedicándose a la venta de chucherías para niños y el intercambio de novelas de Marcial Lafuente Estefanía, al final consiguió hacerse con unas buenas cuentas bancarias redondeadas con un premio gordo de la lotería, momento en que se esfumaron y de ellos nunca más se supo.
Quedémonos con los motes o apodos ingeniosos y… cariñosos.

miércoles, 16 de junio de 2010

AporELLOS

Parece por el título que la cosa va de fútbol… pues nada de eso. Ya sé que dentro de un rato (casi) toda España estará pendiente del estreno de nuestra selección en el mundial de fútbol. Algunos habrá que no puedan y otros, es mi caso, que no quieran.
La cosa va de políticos, esas personas que des-gobiernan para bien y para mal nuestras vidas y nos llevan por unos vericuetos que distan mucho de hacernos la vida feliz. Y hablo en general, no de estos ni aquellos, no de los locales, autonómicos, nacionales europeos, mundiales e incluso interestelares que acabará habiéndolos y seguro que unos cuantos.
Recuerdo con nitidez los primeros días de Abril del año setenta y nueve del pasado siglo. Se celebraban las primeras elecciones municipales tras más de cuarenta años de una situación que a pocos gustaba y a otros muchos no y que si por algo se caracterizaba era por la poca libertad del pueblo para decidir sus destinos. Eso dicen es lo que facilita la democracia que tenemos ahora, aunque yo me pregunto una y otra hasta que punto y con que prisma es cierto.
Aunque no me integré de forma directa en ningún partido político ni coalicción para presentarme, tuve la ocasión de participar de forma directa e intensa en los prolegómenos, las elecciones, la constitucción de las primeras corporaciones, las elecciones de alcaldes, las asignaciones de funciones …. Mucha ilusión, mucha motivación, ahora sí que íbamos a disponer de nuestros destinos y a hacer las cosas como se tenían que hacer.
Por lo que a mi respecta, bastaron dos años para darme cuenta de que la panacea no era eso. Luchas internas entre partidos políticos, cortes de cabezas, zancadillas, favoritismos, etc. etc. La diferencia con lo anterior es que antes solo había uno que lo hacía y ahora eran varios y parecía que nosotros podríamos decir quién “nos” lo hacía. Eso sí, de cuatro en cuatro años por lo menos y bajo una atenta y extaña ley que indica como hacer los recuentos y que ya se encargan los grandes partidos de no cambiar para asfixiar a los pequeños pero que en el mapa nacional está trucada con respecto a otro concepto extarño como son las circunscripciones. Ya escribí algo de esto en http://sensacionesinciertas.blogspot.com/2008/03/votos.html .
No es el mejor momento para escribir. Acabo de empezar, porque no terminan nuca, una lucha perdida de antemano con la empresa que me suministra el gas. Pero tengo la sensación de que cuando no es con el gas es con el teléfono, con la biblioteca, con la seguridad social, con la agencia de viajes o con el jefe del que vende los cupones en la esquina. Uno se cree que tiene estamentos oficiales que le pueden defender ante estas tropelías, pero lo cree hasta que decide hacer uso de ello y se da cuenta que hay más humo que otra cosa. Y lo digo por experiencia en las más variopintas cuestiones. Ya va uno con el cuento aprendido y casi asume lo que le va a costar hacer cualquier gestión y que todo ira bien si se escapa sin que le hayan clavado alguna. No es cuestión de dar detalles pero casi todo el mundo tenemos alguna historia que contar acerca de esto. Lo de la biblioteca ha sido curioso, lo dejo para una próxima entrada en el blog, y eso que es un acto voluntario al que no te obliga nadie.
Han pasado unos cuantos años y tenemos la situación que tenemos. Leo con asombro en el periódico que algunos alcaldes no se van a bajar el sueldo. Atraído por la noticia, profundizo un poco y es que resulta que no cobran. Algunos municipios son tan pequeños que no tienen para pagar la luz de las calles y disponen de regidores y ediles que trabajan por amor al arte. Pero, hombre, eso ya no se hace. Hay que tener sueldo, despacho, teléfono móvil, coche, asignación para representación y alguna prebenda más a cargo del contribuyente, además de buscarse un destino exótico oara hermanarse con él o irse a las Chimbambas en plan representación para ver ver a no se quién para convencerle de que celebre el campeonato del mundo de chapas en la localidad. Y lo malo no es que haya uno, sino que hay varios por municipio, otros cuantos por comunidad, otros a nivel nacional, algunos en el parlamento europeo y alguno en algunas insutuciones internacionales, como por ejemplo la ONU. Y todos hacen o no hacen, pero tanto los que hacen como los que no hacen, nos cuestan.
Después de muchos años hemos llegado a la situación en la que estamos. Un par de preguntas como muestra:
¿Cómo es posible que el impuesto de circulación de los cohes siga en vigor? Y teniendo en cuenta esto ¿Cómo es posible que por el mismo coche y el mismo impuesto yo pague diferente que el del pueblo de al lado? Es que resulta que los alcaldes disponen de una horquilla entre un mínimo y un máximo donde fijar la “tarifa”. Viva la igualdad.
Y esta otra ¿Cómo es posible que un españolito con el mismo nivel salarial pague diferentes impuestos en una comunidad autónoma que en otra? No hagamos extensible esto a compararnos con otros ciudadanos de la Comunidad Económica Europea esa salvo que queramos entrar en fase de mareo profundo. Para lo que se quiere estamos todos en el mismo barco, pero para lo que no interesa no. Los cinturones, a la hora de apretar, son diferentes y disimulan.
Y no sigo, que me enciendo. Parafraseando eso de “pleitos tengas y los ganes” diríamos “políticos elijas y que no te toquen mucho las narices”
A disfrutar de la libertad, que no es gratis.

sábado, 12 de junio de 2010

CRISIS

Ya salió la palabrita a relucir. Lleva revoloteando a nuestro alrededor desde hace tiempo y no parece que vaya a dejarnos, por lo menos por el momento. La cosa se veía venir desde hace tiempo pero todos hacíamos como que no iba a llegar nunca, que no iba con nosotros, instalados como estábamos en un mar de bienestar. Bueno, no todos, que cuando las cosas marchan bien no lo hacen para todo el mundo, siempre hay quién no llega a disfrutar de esa “buena marcha del negocio”. Y si no que se lo digan a los funcionarios, entre otros, que no han catado directamente en la época de bonanza pero ahora si van a sufrir en sus bolsillos la época de vacas flacas.
Esto no es nuevo. A nivel menos general, las empresas han sufrido avatares de todo tipo y han tenido, con más o menos suerte, que apretarse el cinturón. Pero hay muchos modos de hacerlo. Me viene a la memoria el caso de una empresa, de las grandes de este país, que en la crisis anterior, porque ha habido varias crisis anteriores que luego mencionaré, atravesó por malos momentos. Una de las soluciones más fáciles, y sobre todo más directa, es bajar el sueldo a los empleados. Eran otras épocas en las que las hipotecas no estaban tan a la orden del día y los préstamos bancarios no se pedían tan alegremente para endeudarse hasta las cejas por un coche o una televisión plana, pero el miedo a perder el empleo era tan patente como ahora. Quizá no parecía tan díficil encontrar uno nuevo. La fórmula de reducción del salario fue aceptada por los empleados como una vía factible para la sostenibilidad de la empresa. Cuando recibieron sus nóminas y vieron de qué forma se les había aplicado la rebaja, pusieron el grito en el cielo y exigieron a la empresa que no se trataba de rebajar el sueldo base, sino de incorporar un concepto, nítido y claro, que reflejara esa pérdida de poder adquisitivo en base a la mala racha de la empresa. Consiguieron que en sus nóminas figurara esa línea maldita que en la zona de ingresos tenía un signo negativo.
Aquello fue muy importante. Pasaron los años y la empresa consiguió ir para arriba. Se fueron unos presidentes y vinieron otros hasta que un día estaba saneada y con beneficios. Ese fue el momento en que los empleados exigieron, con toda lógica, alejar de las nóminas esa maldita línea que ya no tenía ningún sentido en vista de la situación actual. La empresa no se pudo negar y aunque con varios años de retraso y sin atrasos los empleados recuperaron ese importe.
Y ahora viene la pregunta del millón: ¿a todos los que sus empresas les rebaje el sueldo van a utilizar esta forma de hacerlo? Me temo que no y lo que se pierda ahora quedará perdido para siempre. Y si no al tiempo.
Hay un libro ya antiguo que siempre me ha gustado mucho. Una frase entresacada de ese libro dice así:
“…igual que un marino orienta la vela para aprovechar mejor la fuerza del viento e impulsar su embarcación. No podemos navegar de proa al viento, y, si solo sabemos navegar con el viento en popa, únicamente llegaremos allí donde este nos empuje. Sin embargo, si sabemos cómo usar la energía del viento y tenemos paciencia, a veces, podemos llegar donde deseamos, podemos controlar las cosas. Tenemos que aprender a seguir adelante bajo la presión de todo tipo de condiciones estresantes; no solo cuando hace sol y el viento sopla exactamente como queremos."
Creo que la frase es clara y muy aplicable al tema que nos ocupa. Cuando las cosas marchan bien y todos los vientos y condiciones son favorables, hasta el más tonto dirige una empresa….. o un país, que viene a ser más o menos lo mismo. Lo díficil es seguir dirigiendo con acierto cuando las cosas se ponen del revés.
Durante estos años pasados la economía marchaba bien. El viento soplaba de popa, a favor, fuerte y mantenido de forma constante. Si marchaba bien que nuestro país era un “target” para ser elegido como destino por cientos de miles de personas, si no millones, para venir a trabajar, de forma legal o ilegal. Los servicios y la construcción daban ocupación a miles y miles de personas que abandonaban su precario estado en su país de origen para encontrar su particular “El Dorado”. Bajo estas benignas condiciones, hasta el más tonto dirige una empresa o un país y además lo hace bien.
Lo díficil es cuando el viento deja de soplar, o lo hace en otra dirección. Ahí es cuando se testean los conocimientos y las capacidades de los patrones al mando de las embarcaciones, como se hace que las personas a su cargo funcionen, estén motivadas y pongan ilusión y empeño en el desarrollo de sus cometidos, empujando todos en la misma dirección para que la cosa marche.
Como antes mencioné, no es esta la primera crisis. Si tuvieramos memoria se producen de forma ciclíca, lo cual es por otro punto necesario y conveniente, para que nos vamos a engañar. La primera de la que tengo conciencia fue allá por el año 73 del pasado siglo. Fue la llamada “crisis del petróleo” o mejor dicho, la primera de ellas, porque en las que hubo después, hacia 1983 y luego en 1994, el petróleo tuvo un papel predominante en los ajustes de las economías de los paises, empresas y particulares. Yo creo que tiene que ser así, épocas alternantes de vacas flacas y vacas gordas donde de alguna forma se intenta pone a cada cual en su sitio y sirve de toque de aviso general. Pero cuando llega la siguiente época de “vacas gordas”, y aquí ha sido a mi entender de “vacas muy gordas”, nos olvidamos de todo y nos lanzamos al consumo y disfrute sin freno ni control, sin pensar en lo que vendrá después.
¿Cuándo la cosa ha ido muy bien…. se han preocupado el Gobierno y las Empresas en hacer llegar esos temendos beneficios a funcionarios y empleados? ¿en guardar algo para el futuro? Mucho me temo que no ha sido así y por eso ahora no tienen ninguna justificación para hacer lo que están haciendo, aunque es posible que no haya otro remedio. Eso ellos sabrán. Van a lo fácil, como no hay viento, todo el mundo a los remos que yo me ocupo de dar los latigazos.
Me hace mucha gracia cuando esgrimen las empresas su carácter de privadas para hacer lo que se las venga en gana con sus destinos, entre ellos aplicar sueldos estratosféricos a sus dirigentes. Por ejemplo los bancos. Cuando las cosas han ido mal, “papá” estado, es decir todos, nos hemos preocupado de sanearles las cuentas para que esos dirigientes sigan haciendo y deshaciendo a su antojo. ¿Qué pasa en estos días en las Cajas de Ahorro? Hay que rejuntarse a toda prisa y como sea para que no se vean los agujeros y trincar la pasta que hay por ahí para “salvarlos”. Sinvergüenzas.
No sigo por hoy, que me enervo. Por cierto, el libro mencionado es de Jon Kabat-Zinn y se titula, nunca más apropiado, "Vivir con Plenitud las Crisis"

sábado, 29 de mayo de 2010

MONASTERIOS


Hace años tuve la oportunidad de visitar el monasterio de Santo Domingo de Silos. No era la primera vez que pasaba por allí, atraído por el canto de los monjes y sobre todo por su singular claustro. En aquella ocasión se daba la circunstancia de que estaba convaleciente de una operación de rodilla, por lo que andaba con cierta dificultad ayudado por unas muletas. Durante la visita guiada al claustro y con ocasión de que el resto del grupo visitara una dependencia-museo anexa, a la que se accedía por escaleras, obtuve el especial permiso del guía de quedarme un momento en el claustro, a solas.
Las sensaciones de aquel momento especial han quedado grabadas en mi mente para siempre y suelo recurrir a ellas en momentos de tranquilidad y sosiego. Es díficil de describir la paz, el recogimiento y el silencio, tan solo roto por el piar de los pajarillos y el gorgoteo de la fuente, que me inundaron en aquellos momentos. Por unos instantes me imaginé los cientos y cientos de monjes que habrían dado paseos alrededor del claustro a lo largo de los siglos elevando sus oraciones. Una sensación única. Los monjes, benedictinos, siguen la regla de San Benito que se resume en pocas palabras: “Ora et Labora”. La oración es fundamental y se mantiene por la llamada Liturgia de las Horas, en las que a lo largo del día el monje reza sus oraciones: Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.
Tengo entendido que es posible hospedarse en el monasterio y pasar unos días de recogimiento, haciendo una vida todo lo parecida que deseemos a la de los propios monjes. La sociedad actual nos afixia en muchas más ocasiones de las que desearíamos y no siempre salimos airosos de ellas. Un retiro en un remanso de paz como puede ser un monasterio es un asunto que tengo pendiente pero pasan los días sin encontrar el momento oportuno para llevarlo a cabo.
La fotografía que ilustra este apunte no es de Silos. Esta semana he realizado una excursión a otro remanso de paz que se encuentra enclavado en los comienzas del madileño valle del Lozoya, cercano al pueblo de Rascafría: el monasterio de El Paular. Si bien rodeado por algunos aditamentos comerciales, el monasterio de yergue orgulloso en medio de un vergel, con sus más de seiscientos años de antigüedad resistiendo los embates de la naturaleza y de los hombres, que han dotado de vicisitudes y mermado las bellezas y el contenido del monasterio. Abandonos, incendios y desamortizaciones han escrito su particular historia.
La visita al monasterio es gratuita si bien un poco estricta. Hay que estar en el atrio de la iglesia a unas determinadas horas en punto, donde te recoge un benedictino que durante cuarenta o cincuenta minutos te conduce por iglesia, capillas y salas mostrándote las riquezas que conserva todavía el monasterio, que son muchas y bellísimas, dignas de ver y admirar. Aunque yo ya lo conocía, sorprende a todos los visitantes la zona existente tras el retablo y que no desvelaré para incitar la visita. Merece la pena.
Esta visita que refiero fue conducida por el hermano Jose Eulogio, un dechado de humanidad, simpatía, alegría y conocimiento que nos hizo pasar a las cinco personas que constituíamos la visita cincuenta minutos de agradable paseo, plagado de anécdotas y chascarrillos de todo tipo. Recuerdo un chiste que el mismo nos contó y que dejo escrito aquí para que no se me olvide. Era más o menos así:
“Resulta que una persona ingresó en un monasterio contemplativo con la intención de pasar allí el resto de sus días. El prior le dijo las normas entre las que se encontraba una de las más díficiles de seguir: No se podía hablar nada, tan solo dos palabras cada diez años para comunicarse con el prior. Destinado a una ermita, el hombre pasa sus diez primeros años y tras ellos comunica sus dos palabras permitidas: “mucha hambre”. Tras otros diez años comunica: “mucho frío”. Pasan otros diez y dice: “cama dura”. El hombre sigue aguantando y en la oportunidad siguiente refiere al prior: “me voy”. Este le contesta que ya le extrañaba a él que siguiera en la orden cuando llevaba cuarenta años quejándose sin parar".
El hermano Jose Eulogio ha celebrado su cincuenta aniversario como benedictino, lo cual significa que tiene unos años, pero no se le notan por ningún lado. Lo que no es seguro es que la visita nos la haga él.
Como todo no podía ser dichoso, el claustro no se podía visitar: estaba en obras. El monasterio ha recuperado una colección de cuadros de gran tamaño que van a ser ubicados en el claustro, para lo cual tienen que dotar al mismo de cierta calefacción para su conservación. Este será un motivo para volver a hacer la visita de nuevo dentro de un tiempo, cuando el claustro esté listo.
Como en Silos, el sistema de hospedería funciona también aquí, más o menos con las mismas reglas. Se admite un mínimo de tres días de estancia y un máximo de siete y el precio por todo incluído en estos momentos es de 35 euros día. La tranquilidad en la vida monacal está asegurada y los paseos por la zona son muchos y atractivos. Solo falta animarse y tener en cuenta que solo admiten varones.
Y ya que estamos hablando de San Benito me viene a la memoria una regla, no sé si cierta, que me vino muy bien en mi época de trabajador cuando intentaba entender lo que me mandaban mis jefes.
¿Qué deben hacer los monjes si les mandan cosas imposibles?
“Si por acaso mandaren a algún monje cosas muy difíciles o imposibles, reciba con toda mansedumbre y sumisión el precepto que se le haga. Y si viere que lo mandado excede absolutamente de sus fuerzas, representará a su prelado las causas de su imposibilidad, sin alterarse, y con la circunspección posible, no con ademanes de contradicción, resistencia o altivez; pero si después de su representación insistiere el prelado en que obedezca, tenga por cierto el monje que así le conviene; y confiando en el favor de Dios, haga lo que le manda, por caridad”.

domingo, 23 de mayo de 2010

DESECHOS


Pudiera ser que uno de los índices de progreso de un país se estableciera en función de la cantidad de desechos que genera cada habitante. En mi infancia tuve la oportunidad de vivir en dos ambientes por aquello de ir a pasar una parte amplia de las vacaciones de verano al pueblo de mi madre, un pueblo eminentemente agrícola por aquellas fechas de la provincia de Toledo. Si en aquel pueblo el índice de progreso hubiera estado en función de la basura que cada familia generaba, el progreso estaría por venir. Nada iba a la basura en el sentido en que lo entendemos hoy. Envoltorios, envases y bricks no existían, de las mondas y residuos orgánicos daban buena cuenta los marranos y las gallinas, del aceite usado se hacía jabón y el resto era buen abono para que en la huerta crecieran las hortalizas sin los abonos y pesticidas que poco a poco nos están matando a todos. Residuros cero.
En la otra vivencia, un pueblo más o menos adelantado, sí que se producía basura, pero en una cantidad mínima, fundamentalmente por lo ya comentado de que los envoltorios y envases brillaban por su ausencia. El lechero vertía directamente la leche en la cazuela casera, el aceite se compraba a granel en la tienda de ultramarinos y los yogures y bebidas tenían su preceptivo cambio de casco en la venta. La fruta se despachaba envuelta en papel de periódico que luego servía para forrar el cubo de la basura y que no se manchara mucho. ¿Qué era eso de las bolsas de plástico, y de colores, en los cubos de basura? Mejor dicho, ¿Qué era eso de las bolsas de plástico?
Hace tiempo tuve la oportunidad de hacer una visita a Valdemingómez, el vertedero de la capital. Quedé impresionado de lo que se maneja allí y como se maneja y hacia donde vamos. Debería ser una visita obligada para que todos tomaramos conciencia de lo que estamos haciendo y como no podemos seguir así, incrementando día tras día nuestros desechos. Ahora la cosa se ha invertido, las ciudades más progresistas del mundo lo que están haciendo es reducir la tasa de basura por habitante. Es curioso que lo que en una época fue signo progreso ahora lo es de des-progreso.
Las ciudades y pueblos de cierta envergadura se enfrentan ahora al problema de la recogida de la basura. En los tiempos en que antes he comentado la recogida se hacía desde un camión que llevaba los detritus al aire y que pasaba a una hora fija más o menos por los barrios. Tocaba una campanilla y las mujeres, generalmente las mujeres que vivían en casa y no trabajaban, bajaban prestas a librarse de su basura del día anterior, ya que la recogida según recuerdo era por la mañana. Con el tiempo esto del camión no era operativo y se instaba a dejar la basura en bolsas bien cerradas, ya aparecieron las bolsas, a una hora determinada en la que pasaba el servicio de basuras y las recogía. Pero esto tenía el inconveniente de la existencia de algunos animales sueltos que deshacían las bolsas en busca de sustento dejando imágenes deplorables a la puerta de las casas.
Con el tiempo llegaron contenedores donde depositar las bolsas, contenedores enormes que estaban todo el día en las esquinas y que ningún vecino quería tener delante de su casa. Contenedores sucios, llenos, con basura por fuera y que no daban una imagen agradable. Y buscando soluciones hemos llegado hoy en día a los contenedores soterrados, que cumplen la función sin aportar visiones desagradables.
Los ayuntamientos intentan mejorar día a día la vida de los ciudadanos, pero para eso tiene que haber ciudadanos que se dejen mejorar, que sean educados y que cumplan las normas. En cuanto uno o unos pocos no lo hagan, los esfuerzos serán baldíos y, en este caso, la basura volverá a florecer en calles y avenidas. No podemos tener un policía cada uno a nuestro lado las veinticuatro horas del día que nos recuerde lo que debemos y lo que no debemos hacer.
Hay un servicio de recogida de muebles y trastos viejos. Dos días al mes. Se trata de llamar a un teléfono y avisar donde vamos a dejar, esos días concretos, un mueble o trasto voluminoso para que sea retirado. La imagen, mala por ser de un teléfono móvil, que ilustra esta entrada está tomada un sábado a las ocho de la mañana, un día en el que no hay servicio de recogida. El vecino habrá cambiado su lavadora, el servicio que le trajo la nueva no ha retirado la vieja y el mejor sitio para poner el desecho es en la puerta de la calle. ¿Será un vecino de esa casa? Lo más probable es que sí, porque las lavadoras pesan lo suyo, así que no estaría de más que la policía municipal se diera una vuelta y caso de averiguar quién ha sido el depositador le infringiera una multa de tomo y lomo para que él y los demás nos lo pensáramos la próxima vez.
En el día a día, cuando vamos desde nuestra casa con la bolsa a depositarlas en los contenedores enterrados, también nos asaltan malas intenciones. Desde dejarlas fuera para evitar el abrir la tapa hasta ahorrarnos el paseo si encontramos en nuestro camino un contenedor de obra. Cualquier sitio es bueno para deshacerse cuanto antes de tan molesta compañía.

lunes, 17 de mayo de 2010

GULUSMEROS


En algún momento se ha achacado al género femenino la cualidad de ser cotilla, pero no me negarán que un poquito de ello llevamos todos dentro. Y por poner un ejemplo se me ocurre el atasco que se produce en una autopista cuando tiene lugar un accidente en el carril contrario. Los conductores, féminas y no féminas, ralentizan su velocidad hasta casi detenerse para poder olisquear lo ocurrido, a riesgo de generar un nuevo accidente y congestionando la marcha en un carril en el que no ha ocurrido nada. En otros paises, como el Reino Unido, la policía despliega unas grandes mamparas para disuadir a los curiosones.

Ciertas profesiones tienen igualmente asociada la etiqueta de husmeadoras. Pongamos por caso a los porteros de fincas, aunque es parte de su misión eso de estar al tanto de todo lo que ocurre. También es misión de los jefes estar vigilantes de las tareas con las que se entretienen sus empleados.

A lo largo de mi vida profesional siempre he sido un trabajador de último nivel. Nunca, salvo dos únicos días en bastantes años, he tenido personas bajo mi mando o dirección. Con ello quiero manifestar que jefes, coordinadores, encargados o como queramos llamarlos si que he tenido unos cuantos. En este apartado de los fisgoneos en el que estamos inmersos, recuerdo especialmente a tres de ellos que llevaban el control de sus empleados mucho más alla de lo que parece que debería ser: eran unos auténticos gulusmeros. El haber sido mi principal profesión la de informático en centros de proceso de datos de grandes dimensiones, donde siempre trabajamos conectados al ordenador y dejando rastro preciso de nuestras acciones, ha facilitado el seguimiento.

Mi buen amigo Félix dice, con mucha razón, que lo que importa son los hechos. Las palabras se las lleva el viento. Del primero de los tres que voy a comentar no puedo demostrar nada porque por aquellos tiempos los ordenadores en casa no estaban al mismo nivel que hoy en día. Pero de los dos últimos guardo información probatoria que puede servir para demostrar el relato que viene a continuación.

El primero de ellos empleaba buena parte de las primeras horas de la mañana en fisgar nuestros ficheros de datos y trabajos para deducir en que habíamos empleado el tiempo el día anterior. No había internet ni correo electrónico por aquel entonces con lo que nuestras pantallas solo podían arrojar datos de trabajo. Nunca comentaba nada, pero con el tiempo, en alguna reunión aparecía una alusión a eso que hiciste y de lo que no te acordabas, algunas veces porque había deducido cosas que ni siquiera habían tenido lugar o habían sido empleadas para otros menesteres. De él me libré cambiandome de empresa, como hicimos cuatro de las cinco personas que por aquel entonces constituíamos el departamento bajo su mando.

El segundo jefe con personalidad entrometida que me tocó en suerte algunos años después era más un preguntón que otra cosa. Nuestras mesas estaban juntas, físicamente juntas. Cuando alguien me llamaba por teléfono, mientras estaba hablando, me pasaba notas escritas en papel con mensajes del tipo ¿quién es? ¿qué quiere? ¿dile que venga a verme a mí? y sutilezas por el estilo. Le hubiera gustado tener una orden del juez para pincharme el teléfono. No se contentaba con eso sino que en alguna ocasión en que me llegó un fax a mi nombre se permitió el lujo de decirme que lo había cogido él y lo había contestado, sin ni siquiera dejármelo ver. De este segundo jefe me libré yendo al jefe superior y planteando mi dimisión irrevocable del departamento por incompatibilidad con semejante curiosón, lo que me costó estar casi dos años en un rincón sin trabajo efectivo real al que dedicarme. Por lo menos me seguían pagando puntualmente el sueldo hasta que el fisgón fue relevado de sus funciones y su sustituto, una persona normal, me recuperó para el departamento.

El tercero ya fue peor. Era enfermizo. El sistema informático lleva un “log” donde registra línea a línea lo que todos los eventos que van ocurriendo y los usuarios que los realizan. Se lo leía entero, de cabo a rabo, y cuando algo o alguien le llamaba la atención, no solo yo, se ponía manos a la obra a enterarse hasta la última coma de lo que estaba haciendo. Cuando se quedaba satisfecho volvía al “log” y retomaba su husmeo en el punto donde lo había dejado y así prácticamente durante todo el día. Debería tener poco trabajo o no lo hacía, dada la gran cantidad de horas que dedicaba a hacer de aprendiz de pacotilla de Sherlock Holmes. Lo que él nunca supo es que yo disponía de un programa que habíamos hecho entre varios hacía algunos años y que denominabamos “mirón” y que servía para ver en tiempo real en mi pantalla una copia exacta de lo que estaba viendo en su pantalla cualquier otro usuario. De vez en cuanto activaba el “mirón” con la clave de usuario de este jefe y veía, y guardaba en mi disco duro, ahora sí, los fisgoneos que a mi o a otros realizaba. Si este hombre hubiera tenido el “mirón” hubiera sido el “rey del mambo” y hubiera disfrutado como un enano con una herramienta que parecía hecha para él y solo para él. Sigue de jefe allí por donde le dejé y supongo que seguirá fisgando a todo fisgar. Nuevamente me libré de él cambiando de departamento, aunque aguanté algunos años bajo su “controladora” dirección. Guardo montones de pantallazos y correos electrónicos que dan fé de sus actividades olfativas.

Claro que al fisgarle yo a él también me convertí en un fisgón. Pero dice el refrán, adaptado, “que quién fisga a un fisgón tiene cien años de perdón”. Otros refranes, un poco irreverentes rezan “al fisgón, cuando menos, patada en los cojones” y otro de nuestros hermanos mejicanos “al fisgón, cuando menos, un trompón”. Pues eso.