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sábado, 31 de mayo de 2014

RETORNAR



Retornar: «volver al lugar o a la situación en que se estuvo». Hay sitios en los que hemos estado una única vez en nuestra vida. Muchos de ellos son consecuencia de viajes a lugares a los que nos gustaría o no volver, pero que conforme van pasando los años se van alejando en la memoria. Pero me quiero referir a en esta entrada a lugares cercanos en los que estuvimos y a los que no hemos vuelto en décadas: esta semana me he reencontrado con dos de ellos en lo que ha sido una experiencia que no acierto a calificar. Ambos están relativamente cercanos a mi casa y los puedo alcanzar andando en un paseo de regreso al pasado.

Hace muchos años, casi cincuenta, una vez acabado el colegio y sin edad todavía para trabajar, entrábamos de lleno en una sucesión de días con muchas horas sin un cometido claro: había llegado el verano. Hay que decir que en aquellas épocas se empezaba a laborar a edad muy temprana, en diferentes ocupaciones que traía consigo la época estival, donde un gran número de veraneantes abarrotaba el pueblo. Yo recuerdo mi primer trabajo remunerado ayudando a un panadero a distribuir el pan en su furgoneta por las tahonas de los pueblos cercanos. Eran otras épocas y los padres se preocupaban más por tenernos entretenidos que por lo de ganar unas perrillas, aunque lo uno llevaba a lo otro. Debía tener yo nueve años cuando tuvo lugar mi primer trabajo; todos los chicos andábamos en algo que podía ser repartir pedidos de las tiendas de ultramarinos o del mercado, colocar almacenes o ayudar en la farmacia. Pero antes de esa edad, y teniendo en cuenta que las casas eran pequeñas y las familias amplias, el sitio para pasar la mayor parte del día era la calle.

Un tío mío, Santiago, que tenía negocios en Venezuela y venía a España a pasar los veranos, se encargaba de reunir a sus hijos con primos y vecinos para llevarnos por las mañanas al campo, en los alrededores del pueblo, a realizar diversas actividades: simples paseos, escalar pedruscos, hacer cabañas, juegos como escondite o pañuelo… o… bañarnos en una poza del río. Realmente era un pequeño remanso donde el agua, amén de estar fría como ella sola, no llegaba ni a la cintura. Pero entre ir allí, remojarse un poco y volver, echábamos la mañana. Las cosas han cambiado mucho en estos casi cincuenta años: el río de ahora es un aprendiz del de antaño, apenas sin agua desde principio del verano y con una carretera muy cercana que no existía y que ha transformado radicalmente el entorno. Aun así, esta semana he localizado la zona, muy deteriorada, pero inconfundible debido a una gran roca existente en el lugar. La diferencia de tamaño personal, mi estatura, entre la actualidad y cuando tenía ocho años me ha hecho ver que la roca no es tan grande como yo la recordaba. Casi cincuenta años son muchos y los recuerdos te pueden traicionar.

El otro lugar es un sitio imponente en el que estuve una única vez en 1993. La precisión en recordar la fecha viene dada de la carpeta en la que guardo mis negativos fotográficos en blanco y negro. Acompañado de un par de amigos, en un primer intento de localizar la zona no dimos con ella y tuvimos que observar el área desde una cierta distancia para poder hacernos una idea de por dónde acometer la subida. A la segunda fue la vencida y conseguimos alcanzar la cima no sin pasar un cierto desasosiego, que fue mayor a la bajada, al tener que trepar y descender por las rocas, una actividad para la que uno no está tan preparado como antaño, pues no en vano los años no pasan en balde, tanto a nivel físico como sobre todo mental. La zona es conocida como «La pisada del diablo» debido a la roca que puede verse en la fotografía y que presenta una hendidura que dice la tradición fue ocasionada por el pie del diablo cuando se apoyó en ella para saltar y continuar su camino. Tradiciones aparte, es una plataforma de piedra en la falda de una montaña desde la que se puede contemplar una amplia zona en cuyo fondo destaca la ciudad de Madrid. Se me ocurre que puede ser un buen sitio para llegar allí al anochecer armado de tortilla, ensalada de tomates y cebolla y bota de vino para contemplar las luces titilantes de la ciudad en la tierra y de las estrellas en el cielo. El problema sería bajar de allí de noche, una actividad delicada pero que se podría asegurar con buenas linternas.

Buscamos sin éxito un tercer lugar, conocido como «El saltadero», una improvisada fuente que un grupo de amigos construyó en 1990 sobre un manantial que existía de forma inverosímil casi en lo alto de la montaña. Comentando posteriormente con unos y otros llegamos a averiguar que ya no existe pues el tiempo y la falta de cuidados ha forzado su desaparición.

sábado, 24 de mayo de 2014

BUZONEO



En estos últimos días se ha registrado en el buzón de nuestra casa familiar una actividad inusual. Normalmente crecen allí las telarañas, por varias razones: nos suscribimos generalmente a las opciones electrónicas de documentación de las diferentes empresas con las que interaccionamos, procuramos evitar toda la correspondencia posible y disponemos de un apartado de correos para dirigir allí lo que nos interesa o es imposible evitar. Así pues, los envíos que finalmente acaban en el buzón instalado en nuestro portal son anecdóticos y tienen lugar de Pascuas a Ramos.

Hace años, el envío masivo de propaganda en papel por parte de las empresas para intentar venderte algo o colocarte un seguro era agobiante. Había un tráfico de direcciones que se pasaban entre unas y otras y todo un mundo complejo para inundar de propaganda los buzones con unos diseños de lo más sugerentes y personalizados. Ante las protestas generalizadas contra estas prácticas, la puesta en vigor de leyes que protegían los datos personales y el convencimiento de que este sistema no era ni lógico ni rentable, estos sistemas de propaganda postal cayeron de forma radical hasta desaparecer. Lo que queda, residual, son los folletos de las grandes superficies que ya no van personalmente dirigidos y que suelen acabar en un buzón general de anuncios que cada vez más las casas instalan en el exterior.

Pero estamos de elecciones al Parlamento Europeo, que se celebran mañana. Con este motivo y al ser tres las personas en edad electoral que residimos en este domicilio, hemos recibido trece sobres. Parece que deberían de haber sido quince, pero hay un matiz curioso, que luego explicaré, para que hayan sido solamente trece. El buzón debe estar cansado ante tanto trabajo en un espacio tan corto de tiempo y seguramente no comprenderá lo que está pasando. Cinco de los partidos políticos que concurren han tenido la capacidad de enviarnos sus propuestas para convencernos, de forma postal y a la antigua usanza. Hay que mencionar que de los cinco, cuatro han conseguido la dirección completa, con nombre y todo, que viene impreso bien en el exterior del sobre o en las hojas interiores, utilizando en este caso el sistema de ventana transparente. Uno de los envíos tiene como destinataria la vivienda, por lo que en lugar de un nombre lo que figura es «Electores residentes en». Debe ser que esta formación ha optado por ahorrar costes o no ha tenido el suficiente peso o capacidad para obtener y manejar datos personalizados.

Ninguno de los sobres tiene sello, figurando en todos ellos aquello de «FRANQUEO PAGADO». Resulta también curioso el hecho de que en tres de los cinco envíos figura el partido remitente en el exterior del sobre: UPyD, Izquierda Unida-Los Verdes y Socialistas-PSOE, mientras que en los otros dos no hay ninguna señal externa que identifique al remitente: ¿será para evitar que vayan directamente a la basura? Una vez abiertos, en su interior se constata que proceden del PP y de… que curioso, Izquierda Unida-Los Verdes en una segunda modalidad y con otro mensaje.

Supongo que las personas e imprentas que hayan intervenido en el proceso de preparar todos estos envíos masivos habrán estado contentas por disponer de un trabajo y unos ingresos en estos tiempos que corren. No creo que los carteros de correos hayan hecho otra cosa que sufrir este aluvión de trabajo sin ningún tipo de compensación económica. Y el resto de ciudadanos nos preguntaremos muchas cosas, tales como quién paga el coste de todo esto, que no ha debido de ser pequeño. Se sabe que los gastos de las campañas pueden ser sufragados en parte por las subvenciones obtenidas en función de los elegidos, pero no siempre llegan a cubrir las deudas. Dejémoslo aquí.

Lo que me resulta más curioso es que los partidos políticos dispongan de direcciones personalizadas y completas de forma masiva. ¿Dónde y de qué forma la obtienen? Tengo mis ideas sobre ello que no quiero exponer aquí, pero espero que sea por medios transparentes y legales y supongo, aunque es mucho suponer, que seguirán y cumplirán todas las disposiciones oficiales derivadas de la «Ley Orgánica de Protección de datos de carácter personal-LOPD» y especialmente en cuanto a la conservación de esos datos personales en sus ficheros.

Por lo menos en la familia tendremos la precaución de acumular toda esta cantidad ingente de papeles, que en mi caso personal ni siquiera he abierto ni leído, para llevarlos al reciclaje. Entiendo que en el colegio electoral dispondrán de sobres y papeletas de voto de todas las formaciones que concurren a las elecciones, no solo de estas cuatro tan pudientes que también nos las mandan a casa.

¿Para cuándo el voto por internet? Hace ya tiempo que existen los certificados digitales…

sábado, 17 de mayo de 2014

AUTONOMÍ… suyas



Es que no son mías, son suyas, de ellos, de los políticos y sus «rondamisas». En lo estrictamente personal, como españolito de a pie, las sufro, me duelen, me cuestan, no las veo ningún beneficio en las cuestiones básicas de la vida diaria y me parece que son un atraso y un freno. Pero para gustos hay colores: cuarenta y cinco millones de españoles… cuarenta y cinco millones de opiniones diferentes.

En una entrevista publicada en el diario «El Mundo» con fecha 4 de mayo de 2014, el ministro de Asuntos Exteriores hacía la siguiente manifestación en referencia a las últimas elecciones de 2011 en las que el Partido Popular obtuvo la mayoría absoluta: «El Gobierno heredó una situación terrorífica. Lo comparo con la Transición».

Sin entrar a valorar la mayor o menor mesura en esta afirmación, la «Transición» aludida es un periodo de grandes cambios que tuvo lugar en España en los años setenta del siglo pasado, tras la muerte del dictador Francisco Franco que se había mantenido en el poder durante los cuarenta años anteriores. En fechas recientes ha fallecido Adolfo Suárez, el presidente del Gobierno que lideró la Transición y sobre el que están apareciendo muchas y variadas informaciones que el paso del tiempo ha tamizado. Una de las más polémicas en estos días es el libro de Pilar Urbano titulado «La gran desmemoria» que está levantando ampollas en diferentes sectores, especialmente en la Casa Real Española y el entorno familiar del fallecido.

Si bien se ha calificado en innumerables ocasiones como «modélica» la Transición, revisiones actuales sobre dicho período de nuestra historia arrojan luces y sombras que al menos ponen en entredicho ese calificativo. De un lado estaba el miedo de la población, recién salida de una dictadura donde todo estaba atado y bien atado y en la que la pérdida de las libertades y el férreo control de la libertad de expresión eran una constante. De otro lado, las presiones de la ultraderecha más conservadora, que controlaba el poder y los medios de comunicación, secundada por la Iglesia Católica. Y todos bajo las advertencias cuando no amenazas más o menos veladas del Ejército que se mantenía distante y discordante con los planteamientos políticos de avance y libertad, entre los que, a modo de ejemplo, supuso un verdadero acontecimiento la legalización del Partido Comunista, acordada a través de un encaje de bolillos.

Con estos mimbres, el cesto que se construyó, llamémosle Constitución Española de 1978, era lo menos malo que se pudo llegar a consensuar: un producto altamente desequilibrado resultado de una falta manifiesta de peso entre las fuerzas encargadas de su redacción, que como se dice en el argot popular, «se la cogían con papel de fumar» utilizando mañanas, tardes, noches y fiestas de guardar, a la hora tanto de manifestar sus opiniones como de aceptar las de los demás, evitando por todos los medios el herir susceptibilidades. Al menos y por todas estas circunstancias expuestas, parecía que el interés colectivo se ponía por encima de los intereses particulares para poder seguir adelante en el proceso de cambio. Otra cuestión reseñable en la época era la «buena voluntad» que ponían todos por hacer las cosas bien, una buena voluntad que está más que ausente en los momentos actuales.

Dentro de todo este proceso, como un apartado verdaderamente importante y crucial, estaban las aspiraciones nacionalistas de algunas regiones españolas, históricas o menos, tales como el País Vasco y Cataluña, de forma clara y explícita, y otras con menos fuerza en sus requerimientos como Galicia o Andalucía. El problema de vascos y catalanes, que venía de siglos y que estaba en un cierto tratamiento en tiempos de la República, había sido cerrado en falso por la Guerra Civil y ahora renacía de nuevo, con planteamientos comedidos que no se atrevían a clamar a las claras por la independencia pero que no se iban a contentar con una migajas.

En algunos momentos se llegó a plantear este asunto en términos federalistas, especialmente por parte de las fuerzas de izquierda, incluidas las catalanas, pero fue desechado. Hoy en día vuelven estos planteamientos con fuerza como una forma de solución al caótico estado de las Autonomías. A modo de explicación, de los más de doscientos estados que existen en la actualidad en el Mundo, veinticinco tienen una estructura descentralizada como forma de Gobierno. Unos por «extensión», como por ejemplo EE.UU., Rusia, India, Canadá o Australia, mientras que otros por «unión o conveniencia», tales como Alemania o Suiza. Lo que no aparece en la historia son estados federados por «desunión» que sería más o menos el caso de España si se optara por este tipo de Gobierno.

Volviendo a los años setenta, estaba claro que había que contentar de alguna manera a los nacionalismos vasco y catalán. Precisamente los vascos se quejaban, y se siguen quejando ahora, de su no participación en la redacción de la Carta Magna. La inercia de vivencias anteriores justificó una forma novedosa de descentralización que, con el tiempo, se está mostrando como muy costosa además de ineficiente. Manuel Clavero Arévalo, en clara defensa de sus intereses andalucistas, acuñó en aquella época la frase de «café para todos» que estuvo bien vista por Adolfo Suárez: para contentar a vascos y catalanes se daría la misma solución a otras «regiones» españolas, tuvieran o no planteamientos nacionalistas, con tal de que elaboraran y presentaran un estatuto de autonomía que fuera aprobado. De aquellos polvos surgieron estos lodos, nada menos que 17 Comunidades Autónomas cuyo diseño no tenía entonces, ni mucho menos tiene ahora a la vista de la historia, ni pies ni cabeza.

Podríamos entender, poniéndonos en la piel de los intervinientes de antaño, el error comprensible en unos momentos delicados por los problemas anteriormente comentados; se trataba de conseguir una «democracia», con las menos limitaciones posibles en la que las fuerzas de izquierda, PSOE y PC, pudieran tener una participación activa aunque fuera solamente «chupando un poco el caramelo». Al final se consiguió, por los pelos, integrar a todos y la Constitución, completa, fue refrendada por el pueblo español el 6 de diciembre de 1978. Pero siempre hay quien estudia los parciales en una votación: un escaso 30% de los votos vascos dijeron «sí».

Han transcurrido 35 años desde entonces en los que han ocurrido muchas cosas. El mundo avanza a velocidad de vértigo y los mimbres que sirvieron para hacer el cesto en 1978 se mantienen con dificultad y están empezando a descomponerse a la luz de los acontecimientos. Cada español podría hacer una valoración de las consecuencias del diseño autonómico español. Un ciudadano de España admitirá como lógicas las diferencias en muchos aspectos de su vida diaria con las de ciudadanos de otros países; pero lo que no admitirá, o lo hará con dificultad y la fuerza, son desigualdades con otros ciudadanos españoles por razón de vivir en diferente Comunidad Autónoma. Y esto no ocurre sólo a nivel autonómico sino también a nivel local. Existen localidades es España físicamente unidas, en las que las viviendas de una acera de la calle pertenecen a un municipio y las de enfrente a otro. Y se da el caso de que los impuestos a pagar por un mismo bien, pongamos un vehículo, son diferentes debido a la capacidad de maniobra de que disponen los alcaldes a la hora de establecer porcentajes de aplicación en los impuestos. Esto ocurre de forma corregida y aumentada en las Autonomías, lo que hace que las empresas, especialmente las que se encuentran cerca de las «fronteras», traspasen estas por simple conveniencia.

Hay ciertos hechos que son incuestionables y no valorables:
  • El coste estimado de la estructura autonómica es de 86.000 millones de euros anuales.
  • El número de empleados públicos no ha crecido de forma natural, sino que se ha disparado, y eso sin contar las numerosas empresas públicas de titularidad autonómica que están de alguna forma incontroladas.
  • Las diferentes leyes y disposiciones existentes en materia comercial suponen un freno y un coste elevado para las empresas, que necesitan inversiones y gastos extras para adecuarse a las mismas, lo que encarece sus productos y las resta competitividad.
  • Se producen «triplicidades» entre los niveles local, autonómico y central que derivan en un inadecuado funcionamiento y un galimatías para el ciudadano.

El catedrático Julián Pavón ha sintetizado los principales achaques que sufren los españoles por el Estado Autonómico en un video disponible en la plataforma «youtube» titulado "El pesebre español y los siete pecados capitales», que se resume a continuación con unos pequeños comentarios.
  1. Despilfarro las decisiones particulares de cada autonomía y sus órganos dirigentes han propiciado inversiones de dudosa utilidad en aeropuertos, universidades, edificios públicos, sistemas de comunicaciones, televisiones regionales, etc. etc.
  2. Corrupción los tratamientos personalizados y las decisiones favoritistas han derivado en numerosos casos abiertos como por ejemplo palma arena, gürtel, ere's andaluces, o caso Urdangarín entre otros.
  3. Hipertrofia política altos cargos en personas de confianza, imposición de directivos en empresas, como cajas de ahorros o creadas por ellos mismos para colocación de amigos y familiares.
  4. Hipertrofia de la admon.pública crecimiento desmesurado e injustificado del número de empleados. se estima que alrededor de un millón de empleados públicos en las administraciones autonómicas no está justificado.
  5. Ruptura unidad de mercado las diferentes disposiciones obligan a las empresas a personalizar los productos según la comunidad a la que se destinen.
  6. Endeudamiento voraz las presiones recientes de la comunidad económica europea en cuanto a los topes de déficits admitidos trata de paliar estos importantes agujeros en gran parte de las comunidades autónomas 
  7. Ingobernabilidad del estado hace unos años los vascos y en la actualidad los catalanes plantean cuestiones incluso contrarias a la propia constitución que cuestionan la unidad del estado y que hacen que gobiernos extranjeros desconfíen de españa al ver el «gallinero revuelto» y con cierto descontrol.

Está claro que las llamadas «vacas gordas» son capaces de tapar muchas asimetrías entre ciudadanos de un mismo Estado pero desde el año 2007 una crisis económica golpea brutalmente ciertas economías mundiales y especialmente la española, si bien nuestros dirigentes retrasaron varios años su reconocimiento. Ya nuestro universal Santiago Ramón y Cajal decía que «una de las desdichas de nuestro país consiste, como se ha dicho hartas veces, en que el interés individual ignora el interés colectivo». Empezamos a asumir que nuestros hijos vivirán peor que nosotros, algo que no ocurría desde hace muchos años. Ir de más a menos tiene mala digestión, especialmente cuando la prensa revela día tras día casos de corrupción y despilfarro en las que se ve inmersa la clase política. Según estudios, en España existen alrededor de 445.000 políticos, lo que representa la tasa por habitante más alta de Europa. No para todos, pero para gran parte de ellos, es una profesión remunerada, con poco o ningún control en su acceso y en la que se pueden perpetuar. Algunos se subieron al coche oficial en la Transición y siguen montados en él. En el decir popular, algunas administraciones autonómicas o locales son verdaderas «agencias de colocación» para amigos o familiares y paradigmas del «enchufismo y amiguismo» cuando no abiertas y declaradas «cuevas de ladrones».

Hace dos años, el movimiento ciudadano denominado «15-M» utilizó como eslogan la frase «No nos representan» cuestionando el tipo de democracia en vigor en la que la participación del ciudadano en la vida pública se limita ejercer su derecho al voto cada cuatro años y siempre dentro de una Ley Electoral que sería cuando menos revisable. Excesos de una parte y de otra acallaron este movimiento de personas de todo tipo, condición y creencias políticas que se caracterizaba por un hecho común: la indignación ante lo que estaba ocurriendo. Encuestas actuales muestran que un 72% de la población española sigue de acuerdo en los planteamientos de base aunque no en el tipo de acciones que se están desarrollando, si bien opciones interesadas achacan todo lo que se les pone por delante al movimiento «15-M» que ha pasado a un segundo plano en la actualidad.

Estamos a las puertas de nuevas elecciones, esta vez un poco distantes, al Parlamento Europeo. Numerosas formaciones abogan en sus planteamientos preelectorales por una supresión de las autonomías o el estudio del paso a un estado de tipo federal. Ya se sabe que estos planteamientos electorales son por lo general papel mojado a la hora de llevarlos a la práctica una vez pasadas las elecciones, pero lo que está claro es que tratan de sintonizar con el sentir popular. Indirectamente, esto es una petición en el sentido de hace falta una reforma urgente de la Constitución de 1978, por lo menos en los aspectos relativos a las Autonomías y el gobierno de las mismas.

Una palabra que está cobrando fuerza últimamente, con grandes niveles de estigmatismo, es «recentralización». El estado del bienestar se derrumba y muchos entienden que los reinos de taifas a los que equivalen las Autonomías actuales son incompatibles con la mejora de vida de los ciudadanos aunque están igualmente de acuerdo en que representan un estado de bienestar para los políticos, que se resisten a su disolución por razones obvias. Algunos presidentes autonómicos, entre ellos la anterior presidenta de la Comunidad de Madrid, abogaban ya hace dos años por devolver competencias al Estado para una mejor gestión y mayor beneficio de la ciudadanía. Hay que decir que en otros países, como por ejemplo el federalista Alemania, hace años que los Landers, un equivalente a las autonomías, devolvieron competencias al Estado para economizar gastos y hacer más eficiente su gestión. Como un dato, el gasto del gobierno central alemán representa el 62,5% del total mientras que a niveles de Landers y locales los gastos son del 20,3% y el 14,5% respectivamente. El peso del gobierno central queda claro. En esa misma línea, aunque algo menores, son los porcentajes de otro estado federal europeo como es Suiza: 51,5%, 27,6% y 20,9% respectivamente. En otro aspecto tangencial al asunto que estamos tratando, en países como Grecia, donde se ha llevado a cabo o Italia, donde se piensa seriamente en ello, se han concentrado los ayuntamientos con poco peso y número de habitantes, lo que supone una reducción drástica de los gastos en servicios al ciudadano y especialmente en las estructuras locales, en términos tanto de políticos, alcaldes y concejales, como de funcionarios, secretarios, interventores, abogados, arquitectos, gestores…

Nadie duda hoy en día que las Comunidades Autónomas españolas son 17 burocracias insostenibles desde al menos el punto de vista económico y que en términos de bienestar solo son positivas para los políticos y sus adláteres. . Temas como la Justicia, sin discusión, o la Sanidad, Educación, Vivienda o Espacios Naturales, con velados o pequeños inconvenientes, están pidiendo a gritos una devolución de competencias al Estado para conseguir la mejora en su gestión y una reducción de costes que permita sus sostenibilidad, claramente dañada en estos momentos. Baste decir para apoyar esto que Cataluña presenta un déficit de 800 millones de euros en Sanidad y las farmacias valencianas no cobran sus deudas con la Generalitat Valenciana con la debida regularidad.

Mantener la controversia y los enfrentamientos por llamarse nación o estado y por llevar de forma independiente las riendas del gobierno nos están costando unas desigualdades extremas entre ciudadanos españoles a la vez que unos esfuerzos en tiempo y dinero que no son soportables por más tiempo, cuando otros asuntos más urgentes y apremiantes requieren nuestra atención. Utilizando términos extremadamente reduccionistas, podemos optar entre «cortar por lo sano» o «seguir con la venda en los ojos o la cabeza bajo tierra, como el avestruz». La espada de Damocles anunciadora de un colapso que se nos viene encima a pasos agigantados requiere unos planteamientos abiertos y de futuro donde todos apuesten por el bien común y dejen apartadas, olvidándolas para siempre, las particularidades. Cerrar heridas en falso, ha quedado demostrado, no solo impide su curación sino que las empeora.

Esto no es solo de mi propia cosecha. Agradezco a mis compañeras Nieves y Mabel el haber colaborado en la redacción de un documento de más alcance del que este texto es solo una parte.



Con posterioridad a la publicación de esta entrada, en el diario El Mundo del domingo 19 de octubre de 2014 apareció esta ilustración que representa de un modo más directo y con los personajes reales lo que se quería transmitir con la ilustración original: un carro del que tiraban los bueyes de cada esquina.




domingo, 11 de mayo de 2014

EUTANASIA



En una magnífica sesión de una cincuentena de mayores, rondando o por encima de los sesenta, debatimos este tema tan controvertido y actual, moderados por el profesor Javier Dorado Porras, de la universidad Carlos III de Madrid, que realizó una labor de encauzamiento y síntesis verdaderamente complicada y por ende admirable. Los intercambios de opiniones fueron de gran riqueza, al ser algunas de ellas aportadas por personas implicadas directamente en asuntos de este tipo con familiares directos. Previamente se había visionado una película de las muchas que se han acercado al asunto. De entre las tres inicialmente planteadas, «Mar adentro», «Million dollar baby» y «Las invasiones bárbaras», se optó por esta última si bien en ella se trata una casuística especial que en realidad es la «ortotanasia», palabra que no existe en nuestro diccionario pero que significaría muerte correcta si atendemos al significado del prefijo «orto». Es el caso de las personas que asumen que van a morir en un plazo determinado y eligen el momento y las condiciones antes de que se cumpla.

La palabra eutanasia, que sí está en el diccionario, significaría simple y etimológicamente «buena muerte» aunque la Real Academia aclara que se trata de la «acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él». En una segunda acepción, en terminología médica, indica que se trata de «muerte sin sufrimiento físico» que sería más parecido al significado etimológico. En todo caso, hubo un acuerdo unánime en que es mejor hablar de «derecho a una muerte digna» para evitar significados matizables.

Aunque podría llegar a confundirse, el suicidio es absolutamente diferente y no admite comentario en este apartado. Una cuestión a dilucidar es si el derecho que tenemos todos a una vida digna incluye el derecho también a una muerte digna como parte de nuestros derechos vitales, en los que estaría posibilitado el derecho a decidir el momento en que queremos abandonar este mundo e incluso en la forma de hacerlo. Aquello, en planteamientos serios, de que «paren este mundo, que me bajo». Suicidarse, no lo olvidemos, es otra cosa, es «quitarse voluntariamente la vida» por condiciones subjetivas y sin que existan las correspondientes objetivas.

Hay muchos aspectos que revolotean alrededor del tema. Uno de ellos es el llamado encarnizamiento terapéutico que puede llegar a ocurrir cuando la medicina se empecina en mantener una vida utilizando todas las posibilidades a su alcance por encima de las opiniones del paciente. También es interesante conocer que el interesado puede decidir con anticipación en lo que se conoce como «Testamento Vital», para el que existe un registro oficial o bastaría una manifestación ante notario o dos testigos.

Para empezar por el final, el resumen es que se trata de una más de las hipocresías con las que vivimos. Los planteamientos que afectan al tema pueden ser éticos, religiosos, médicos, legales, sociológicos, culturales… y lo que ocurre normalmente es que se mezclan unos y otros enmarañando las vías y cercenando la claridad. Por ello lo mejor es delimitar claramente el paradigma, contexto y esquema, en el que vamos a movernos.

Por ejemplo, si utilizamos conceptos religiosos o incluso culturales en general, que nos hablan de la santidad de la vida y de que no es nuestra, que es sagrada y que nos ha sido dada, no hay nada más que añadir. Debemos esperar pacientemente a que nos llegue nuestro final. Pero, como en todo, hay matizaciones; cuando nuestro final se acerca y estamos en una fase terminal, mantenidos casi artificialmente por tecnología médica, por ejemplo en un coma… ¿es lícito abortar el tratamiento y dejarnos en manos de ese ser superior que supuestamente nos ha dado la vida?

Abandonando el paradigma religioso y centrándonos en un punto de vista laico, es conveniente considerar en cada situación personal el punto de vista biológico ligado al biográfico. Lo biológico alude a los aspectos animales de la vida y su subsistencia mientras que los biográficos se relacionan con nuestra inteligencia, nuestro pensamiento, nuestra libertad y nuestra autonomía en las decisiones. En este sentido, un punto a tener en cuenta es que si nuestra vida biográfica se ha agotado y no tenemos capacidad de desarrollo por esta vía, la vida biológica probablemente carezca muy mucho de sentido.

El interés personal debe primar por encima de todo siempre y cuando no vaya en contra del interés colectivo. Y por ello es fundamental que en este asunto se hable de unas condiciones objetivas que permitan establecer de forma inequívoca que la calidad de vida ha disminuido. Aquí surge de nuevo el problema de establecer los parámetros, pero aun a riesgo de simplificación y dentro del apartado biológico, podríamos establecer tres niveles tales como «disminuida» en temas de movilidad o autonomía personal, «muy disminuida» como situaciones de postramiento o inmovilidad y «bajo mínimos» que podrían aludir a estados vegetativos o de coma. Pero lo fundamental en los casos segundo y tercero, el tercero sin discusión aunque habría de considerarse la posible reversibilidad, sería determinar cómo afectan a la vida biográfica de la persona, a sus planes de funcionamiento diario y futuro en el terreno de lo intelectual. Personas que podríamos considerar de forma clara en un estado muy disminuido siguen adelante con sus vidas y las desarrollan, como por ejemplo el caso el científico Stephen Hawking y otros en otros ámbitos como por ejemplo el deportivo.

Solamente dándose de forma objetiva una vida biológica muy disminuida o bajo mínimos, puede empezar a hablarse de la posibilidad de introducir el elemento subjetivo por el que el individuo desea acabar su transitar por este mundo. Si tiene capacidad y autonomía para hacerlo por medios propios, sería un suicidio y estaríamos fuera del tema. En el caso de requerir ayuda de otros, familiares o médicos, es fundamental que exista un «consentimiento válido», bien por un testamento vital bien por la aquiescencia de sus familiares o tutores mostrada de forma libre y asesorados convenientemente por médicos y/o psicólogos.

En este punto llegamos a cómo ejecutar la decisión, lo que trae a colación las formas «activas» o «pasivas» de la ejecución. Y aquí vuelve de nuevo la hipocresía al entrar en disquisiciones de las diferencias entre acción y omisión, matar o dejar morir. Una vez decidido y consensuado entre todos que se va a proceder, lo mejor es pensar en la calidad de vida del que nos deja. Desde el punto de vista del dolor y el sufrimiento, las formas activas evitan prolongar dolor y agonía y serían las más recomendables.

No hemos tratado, deliberadamente, las connotaciones penales que tiene todo este asunto y que deben estar alerta para no encubrir posibles asesinatos, generalmente a manos de familiares por intereses económicos o simple desafección.

domingo, 4 de mayo de 2014

COPAGO



No puedo evitar que se me enciendan todas las alarmas cuando escucho ciertas opiniones. En una entrevista a un periodista y escritor sobre un libro suyo de reciente publicación, del que no haré propaganda, justificaba de una forma etérea la aplicación del copago en temas sanitarios, poniendo el ejemplo con los pensionistas, pobres ellos que los machacan por todos lados, viendo bien que se les cobre «algo» en función de su pensión, porque no todas son iguales y hay algunos que tienen un buen poder adquisitivo al cobrar las cuantías máximas, que estableció por encima de dos mil euros mensuales y además disponer de buenas rentas por lo ahorrado a lo largo de su vida.

Lo más probable es que yo sea un malpensado al deducir de estas palabras una crítica velada al que ha cotizado alto o ha sido ahorrador. Ya lo sabemos, si nos esforzamos en trabajar muchos años aportando lo más posible al sistema y a la vez tenemos la precaución de ahorrar para la vejez, seremos «castigados» por el sistema porque de alguna manera nos dirán que somos «ricos» y que por ello tenemos que pagar, repagar diría yo, más por las prestaciones, cada vez más exiguas a medida que pasa el tiempo.

Hace unos meses, en noviembre de 2013, escribía en este mismo blog la entrada «RENTA» que tiene el trasfondo y las esencias de este asunto. En uno de sus últimos párrafos se trataba esta cuestión sobre la que vuelvo hoy. No hay nada como que te toquen la bolsa y casi al mismo tiempo escuchar en la televisión a un desconocido que defiende cuestiones con las que tú no estás de acuerdo, con tus razones que podrán ser válidas o no.

Esta semana he acudido al médico a una revisión semestral rutinaria de mis niveles en sangre, especialmente el colesterol, que se resiste a dejarse controlar. La toma diaria de Atosvartatina parece que se va haciendo con ello pero con un pero que ocurre a ciertas personas, entre las cuales me debo de encontrar, y es que entre sus efectos secundarios está la posible subida de los valores de una encima, la creatinquinasa. Según el análisis realizado, en el que se establece un valor tope de 204, mis datos alcanzaban 348. Antes de conocer esto, la doctora me lanzó la pregunta ¿tienes dolores musculares últimamente?, pregunta que me llamó la atención porque sí los tenía de forma esporádica e inespecífica: dolores de espalda, cuello, brazos…

Ya se sabe que en el mundo de la medicina casi todo tiene solución con pastillas. No podía dejar de tomar la diaria Atosvartatina, cuya dosis quedaría reducida a la mitad, pero sería necesario complementarla con otra que redujera los efectos secundarios. La elegida por la doctora era «Ezetral». No puedo evitar que lo de tomar pastillas de forma diaria y continuada me ponga de los nervios. Pero aquí no acaba la cosa, al anunciarme la doctora que esta segunda pastilla tenía un problema: era muy cara, su coste real para el paquete de 28 unidades alcanzaba los 52 euros, es decir, casi a dos euros por pastilla, dos euros diarios, que algunos es verdad que se lo gastan en tabaco de forma voluntaria que es mucho peor. Quedamos en que tomaría ambas pastillas durante el semestre siguiente hasta el próximo análisis a ver como se desarrollaba el asunto.

Camino de la farmacia para obtener el «pienso», pensaba en el coste real del medicamento una vez aplicado el descuento del Sistema Nacional de Salud. No sé si esto es en realidad un copago, pero se lo parece. Los porcentajes de descuento a aplicar son personales en función de nuestros ingresos. No voy a decir el que me aplicaron a mí para no dar pistas sobre mis ingresos, pero todo esto conecta con el tema del que hablábamos al principio, por el cual, una vez que has contribuido a los impuestos con tu nivel de renta, este nivel es utilizado de nuevo para aplicarte porcentajes. Y lo que es más grave, con una gran dilación en el tiempo que puede dar lugar a situaciones esperpénticas en las que tu situación económica actual, con la que haces frente al pago, sea muy diferente de la que tenías el año pasado cuando hiciste la declaración de la Renta con ingresos que correspondían al año anterior.

Resumiendo, que con mis ingresos actuales, del mes de abril de 2014, estoy sufriendo en determinadas situaciones como la descrita la aplicación de criterios que responden a mi salario conjunto de 2012. No es el caso pero supongamos una persona que en 2012 estuvo trabajando en el extranjero y ganó una pasta gansa, que declaró en junio de 2013 y actualmente está en el paro. Esta situación de paro actual se reflejará en la declaración de la Renta que hará a mediados del año que viene y tendrá consecuencias efectivas en 2016. Yo creo que se trata de que nos vayamos muriendo como pasa con los ancianos y la Ley de la Dependencia: mi padre murió a los dos años de haber cursado la solicitud sin que hubiera resolución.

El sistema no se sostiene y nuestros descerebrados dirigentes siguen por esta vía queriendo extenderla a otros aspectos sociales. Craso error. Porque además todos sabemos que hay una bolsa grande de fraude que no llega a la declaración de la Renta. Utilizar estos datos es tremendamente injusto. Lo suyo sería que se preocuparan de que las declaraciones fueran reales, aplicaran sobre ellas porcentajes justos de acuerdo a los niveles y tras esto, todos iguales ante los servicios públicos. Pero está claro que por ahí es mejor no ir, no vayamos a descubrir a los que no declaran correctamente, que seguro que son los pobres, y tengamos que actuar contra ciudadanos a los que no se quiere tocar, que son esos que tenían su dinero en Suiza hasta enero de este año y ahora se lo están llevando a otros sitios por que las autoridades de ese país parece que van a colaborar en suministrar información «delicada» que permita su detección.

domingo, 27 de abril de 2014

CONFRONTACIÓN



«No puedes amarme si no me respetas» reza el título de una desconocida canción, al menos para mí, de Lyn Collins. Por extensión a lo puramente amoroso, el respeto es fundamental entre las personas para poder convivir en paz. Cuando en medio de una reunión o asamblea, mientras alguien está en el uso de la palabra, alguna persona de las asistentes, desde el anonimato, salvo para los que están a su lado, lanza el grito de «cállate, vieja»… ¿podemos hablar de respeto?

He asistido en las últimas semanas al desarrollo de unos hechos que por mor de no tener una importancia capital se me antojan como esperpénticos. No quiero pensar en que hubiera ocurrido si nos hubiéramos estado jugando las lentejas o alguna otra cosa importante, cuando para una nimiedad han llegado las cosas a los extremos a los que han llegado. Y todavía no se ha puesto punto final al asunto.

En estos días finaliza el tercer año de un curso de humanidades al que estoy asistiendo. Es un curso sin requerimientos académicos exigentes, vamos, que no hay que estudiar, no hay que hacer exámenes, no hay que pelear por ser el mejor de la clase. Todo muy tranquilito y muy llevadero, sin sobresaltos, porque para aclarar el asunto hay que decir que la edad de los alumnos está entre los sesenta y los setenta, aunque hay algunos, pocos, por debajo de esas cifras y alguno habrá por encima.

En el preparatorio de los actos de final de curso, una de las actividades a realizar es elegir el nombre de una persona significativa que sirva para identificar la promoción. Aunque no me ha quedado claro, parece que tiene que ser una persona fallecida. A modo de ejemplo, la promoción anterior tomó el nombre de Gregorio Peces Barba, que había perecido recientemente. Pues bien, para elegir un nombre, el delegado de clase dirigió un correo electrónico a todos los alumnos para que propusieran su candidato, al tiempo que establecía una fecha tope para la contestación. Por dejadez o por olvido, en esa fecha tope solo ocho alumnos de los más de sesenta habían contestado. Cinco de ellos habían elegido el nombre de José Luis Sampedro, recientemente fallecido. No era el que yo había elegido pero me pareció bien que un humanista y escritor de su talla, con independencia de otras acepciones personales, diera nombre a la promoción. Esto ocurría el jueves o viernes de una semana, si no recuerdo mal.

Pero hete aquí que ese fin de semana se produjo el fallecimiento de Adolfo Suárez, político, conocido y recordado por todos como la persona que pilotó la transición española desde la dictadura a la «democracia» en los años setenta del siglo pasado. No he podido por menos de poner la palabra democracia entre comillas. Lo siento. Por este hecho, numerosos alumnos, a buen seguro muchos de los que no se habían molestado en contestar al requerimiento inicial, se dirigieron por correo al delegado solicitando el cambio de nombre de José Luis Sampedro por Adolfo Suárez.

Lo que ocurrió en la cabeza del delegado solo él lo sabrá. El caso es que recibimos un correo anunciando que se procedía al cambio de nombre. Mi contestación fue inmediata, comunicando que no me parecía bien revocar una cosa ya cerrada y menos utilizar el nombre de un político, por muy bueno o malo que fuera, para una cuestión académica. La polémica estaba servida.

Al finalizar las clases del siguiente día, se habló del asunto. Allí hubo de todo y no es cuestión de contarlo. Se promovió una votación para decidir si se cambiaba el nombre seguido de otra para decidir el nombre. Adolfo Suárez, por goleada. Asunto cerrado en segunda instancia, o al menos eso parecía.

Esta semana ha ido a la clase la catedrática delegada para comentar aspectos del acto de fin de curso y al final de su alocución dijo que la promoción, según habíamos acordado, se llamaría Adolfo Suárez. Una persona se levantó diciendo que no estaba de acuerdo, dejando a la catedrática anonadada al no conocer esta los entresijos de todo el proceso de la elección de nombre. La marabunta estaba servida: murmullos, gritos, defensores, detractores, voces, intervenciones unas encima de otras, jaleo… Seríamos entre cuarenta y cincuenta los presentes en la algarabía. Yo asistía impasible al acto, observando las actitudes. Una persona defendía que «solo ocho» habían participado en la primera elección. Ocho habíamos participado activamente y el resto pasivamente se había abstenido ¿por qué insinúa que esto no tiene validez? ¿Tiene validez la segunda votación? En ese maremágnum oí aquello de «cállate, vieja» y fue superior a mis fuerzas y abandoné la clase.

La cosa no ha terminado. El próximo día se va hacer una «definitiva» votación. Con mesa de edad, con urna, con supervisión, con voto personal en papeleta oficial…Solo cabe preguntarse si será tan definitiva como la primera o la segunda. Yo no estaré allí para verlo.

En la entrada «Neoliberales liberados, reguladores desregulados» del estupendo blog amigo «Naturaleza en vena», cuya lectura recomiendo, el último párrafo comienza así: «Todos los sensores indican que la sociedad humana se encamina hacia una confrontación sin precedentes» Tras los hechos relatados de lo ocurrido entre personas se supone que sensatas, que están disfrutando en clase de la cultura y para una nimiedad, no nos debe extrañar, a mí al menos no me extraña, lo que ocurre con harta frecuencia en otros estamentos de la nación, donde unos y otros se enzarzan por las más variopintas cuestiones, algunas de tremenda importancia para nuestro futuro, llegando a enfrentamientos y descalificaciones personales. No sé si hemos llegado a las manos, cosa que si ha ocurrido en otros parlamentos europeos, pero poco nos falta y ganas seguro que hay. En otra zona no muy lejana, Ucrania, en estos momentos están a tiros.

Solo nos queda esperar a conocer el alcance y formas de esa confrontación. Cuanto más se demore más encrespados estarán los ánimos y más traumática será.

domingo, 20 de abril de 2014

EXPUESTOS



Estamos expuestos, yo diría que incluso vendidos, ante las actuaciones de las diferentes administraciones que nos mal gobiernan: local, autonómica y estatal. Y menos mal que, por el momento, no tenemos relación directa con las otras, europea, mundial o interestelar, aunque todo se andará, y si no al tiempo. Los errores pueden producirse, nadie escapa a ellos, pero el problema es su alcance y sus procedimientos de solución, que no siempre son a favor del perjudicado que tiene que remover Roma con Santiago, perder su tiempo y su dinero y buscar una satisfacción que no siempre llega.

Recibo en estos días en mi casa un aviso de apremio o embargo de la Administración Estatal de Hacienda. Unos cuantos folios llenos de normas, leyes, textos enjundiosos y legalidades que vienen a decirme que tengo una deuda pendiente y que tengo unos días para pagarla si no quiero desatar la ira del Estado contra mí en forma de embargo a mis bienes. Cada vez pienso que lo mejor sería no tener ningún bien, con lo cual ciertas relaciones de pago y tributo se esfumarían. Pero como nos han enseñado desde pequeñitos que lo bueno es ser propietario de cuantas más cosas mejor, cada uno hace lo que puede en este aspecto y por ahí le fríen a impuestos.

Lo primero que yo pienso cuando veo una de estas comunicaciones oficiales es en la típica multa de tráfico de la que no has recibido comunicación y no has visto en tus lecturas exhaustivas y diarias de los boletines oficiales de tu comunidad o del estado. Pero en este caso no se trataba de eso, sino de una deuda del ayuntamiento. Las deudas directas con el ayuntamiento son escasas, ya que todo lo tienen cedido a empresas subsidiarias, pero quedan algunas, como el impuesto de circulación de vehículos, alcantarillado y el famoso I.B.I., eso que antes se llamaba la «contribución» y que ahora es el rimbombante Impuesto sobre Bienes Inmuebles. ¿Vemos cómo resucita eso de los bienes?

Sería mucho pedir que se especificara en la comunicación de apremio el concepto correspondiente, para que uno pudiera saber de qué va el asunto, pero no figura por ningún lado. Solo la entidad, ayuntamiento en este caso, y el importe solicitado con sus correspondientes recargos. Por la cantidad descarté el resto de impuestos y me centré en el IBI, un impuesto que se paga de forma anual y en este caso en los postreros días de septiembre o primeros de octubre. Consultados mis movimientos bancarios, efectivamente no se había producido el cargo del recibo relativo a 2013, si bien en esas fechas la cuenta bancaria correspondiente tenía saldo suficiente. ¿Se habría producido una devolución indebida por error? La cuenta de cargo de ese impuesto era la misma desde por lo menos siete u ocho años y tenía en mi poder debidamente guardados en mi disco duro todos los recibos.

Lo siguiente era acercarse al ayuntamiento, donde se recibe la primera en la frente: «nosotros no lo llevamos». El responsable de ese impuesto es el ayuntamiento, pero ellos no lo llevan ni quieren saber nada. Por mucho que insistas, como si hablaras a la pared. Serían ellos los que tendrían que quedarse con el asunto, averiguar lo que ha ocurrido y aportar las soluciones correspondientes. Pero nada, te dicen que lo lleva el servicio regional de recaudación y que ellos no pueden, ni quieren añado yo, hacer nada. La oficina más cercana de ese servicio está a 25 kilómetros. El teléfono que te facilitan o comunica o no lo cogen, por lo que decido «emplear» mi tiempo y mi dinero en acercarme personalmente a la oficina, donde un señor más amable que eficaz me dice que el recibo ha sido devuelto por la entidad bancaria.

Como todos sabemos, en estos primeros meses del año se ha debido producir en todos nuestros cobradores de recibos el cambio del código de cuenta al nuevo y famoso «IBAN». Pero el recibo del que estamos hablando es del año pasado donde no se había producido ningún cambio. Aun así me da por preguntar al funcionario la cuenta de domiciliación, a lo que me responde con una cuenta desconocida para mí en un banco de otra región. Lógico que hayan devuelto el recibo, le podían haber pagado y me hubieran hecho un favor, pero no ha colado. Además, el ordenador le «dice» que los tres años anteriores había pagado los recibos en esa cuenta. Esta es la mía; le enseño los recibos de esos tres años pagados a través de la cuenta que siempre ha debido de estar. ¿Quién cambió la cuenta de domiciliación? Sus planteamientos eran, de entrada, que lo habríamos solicitado nosotros, siempre a favor de la administración y dudando del ciudadano. Le dije que no, que no habíamos hecho nada, y le pedí que me enseñara la solicitud de cambio de cuenta, pero claro, ahora todo se hace por teléfono y no queda justificante de nada. 

Nos habían dicho en el ayuntamiento que no éramos los primeros que acudíamos con ese problema, lo que trasladamos al funcionario. Una hora de llamadas a sus colegas en alguna central para decirnos que iban a estudiar el asunto, que presentáramos una reclamación y que ya se nos contestaría. En un folio y escrito a mano presentamos nuestras alegaciones acompañadas de los recibos de los cinco últimos años y ahora a esperar. 

El proceso de Hacienda va por otros derroteros y no quieren saber nada de nada. Una oficina de recaudación ha dado la orden de apremio y/o embargo y ellos apremian y/o embargan como burros con orejeras. Que quede claro que cualquier alegación no detiene el plazo, inminente, de pago. Así que a pagar tocan y luego ya veremos si próspera la reclamación y nos devuelven el recargo que nos han puesto por error suyo. Insisto, recalco y pongo en negrita: por error suyo. 

Para otro día dejamos el tema de ese impuesto. Solo anticipar que en 2011 era de 174 euros, para pasar a 218 euros en 2012 y ya, para remate, a 269 euritos en 2013. Y a pesar de estas subidas, las telarañas invaden los cajones de nuestras administraciones. Pero España va bien. Subidas del 25% y 23% en los dos últimos años son los mecanismos que tienen nuestros dirigentes de arreglar sus desaguisados, pero ni así lo consiguen, porque el problema son ellos. Váyanse.


sábado, 12 de abril de 2014

CLAVES



Hace casi tres años, en septiembre de 2011, publicábamos en este blog la entrada CONTRASEÑAS en la que se trataba el controvertido asunto de las combinaciones de caracteres que utilizamos, de forma cada vez más masiva, para acceder a los diferentes servicios electrónicos en los que es necesario identificarse. El hecho de llevar cada vez más personas un potente ordenador en sus bolsillos, los teléfonos inteligentes, hace que este asunto cobre más actualidad.

En estos primeros meses de 2014 se ha conocido un «bug» informático cuyo alcance es imposible de conocer y que ha podido afectar en los dos últimos años a todos los usuarios de internet en lo que respecta a haber quedado expuestas sus palabras clave de acceso a través de la red. Y el problema es que no se puede evaluar si esta puerta de atrás ha sido utilizada o no y en el terreno práctico nuestros usuarios y nuestros datos han quedado grabados en el disco duro de alguien malintencionado. Dos años es mucho tiempo para tener abierta la puerta de casa porque puede dar la coincidencia de que pase por delante el ladrón y entre a llevarse algo. Y como ocurre en esto de la virtualidad, lo peor de todo es que si se lo ha llevado nosotros no nos daremos cuenta y no lo echaremos en falta, pero lo que si podemos hacer es, por si acaso, tomar medidas tendentes a evitar un uso indebido de esos datos que hipotéticamente hayan podido robarnos. Las acciones a tomar son complejas por una sencilla razón: no estamos habituados a realizarlas y por ello nos asusta ni siquiera pensarlo.

Aunque la traducción de «bug» pudiera ser bicho o insecto, en el terreno informático se traduce como «hole» o «agujero» y hace referencia a un defecto en un programa que no ha sido descubierto por los creadores o diseñadores del mismo. No siempre es posible probar y detectar toda la gama de combinaciones y situaciones que pueden ser tratadas por un programa informático. De ahí que fallen, den errores, o lo que es peor, ofrezcan resultados erróneos o indebidos. Esto es también conocido por «la puerta de atrás» en el sentido de que son accesos ocultos que el propio programador deja en sus programas de forma que solo él o personas que lo conozcan, puedan acceder saltándose los controles. Esto se ha utilizado siempre y se seguirá utilizando y además es una forma lógica de poder mejorar la eficacia y la fiabilidad de los programas. El problema es que se emplee de forma malintencionada.

Tanto los «bugs» como los virus acaban siendo bautizados. El que nos ocupa se ha denominado como «heartbleed», es decir, «corazón sangrante» y es uno de los más peligrosos que ha sufrido la red en su historia por lo que hemos comentado anteriormente: no sabemos el alcance que haya podido tener y el uso que se haya hecho de él. El programa afectado controla los accesos seguros a las páginas web. Podemos encontrar más información, en inglés en este enlace. La descripción de su alcance se describe así

«Heartbleed» es una vulnerabilidad grave en la biblioteca popular de software criptográfico de OpenSSL. Esta debilidad permite robar la información protegida, en condiciones normales, por el cifrado de SSL/TLS utilizado para garantizar la seguridad en internet. SSL/TLS proporciona seguridad y privacidad en las comunicaciones en internet para aplicaciones tales como web, correo electrónico, mensajería instantánea y algunas redes privadas virtuales (VPN). 

El fallo «heartbleed» permite a cualquier persona en Internet leer la memoria de los sistemas protegidos por el software OpenSSL. Esto compromete las claves secretas utilizadas para identificar a los proveedores de servicios y para cifrar el tráfico, los nombres y contraseñas de los usuarios y el contenido real. Esto permite a los atacantes espiar comunicaciones, robar datos directamente de los servicios y los usuarios y hacerse pasar por usuarios y servicios suplantándolos.
Una de las empresas a las que accedo normalmente, por el momento solo una, me ha hecho llegar el siguiente correo informativo; perdón por la traducción del inglés en el que originalmente viene escrito dicho correo,

Estimado cliente: 

El 7 de abril, el proyecto OpenSSL emitió un aviso de seguridad que detalla una grave vulnerabilidad en el software de encriptación en uso por un gran porcentaje de internet. Esta vulnerabilidad (apodada Heartbleed) potencialmente podría permitir a los atacantes recuperar información desde los extremos SSL cifrados. Para obtener más información sobre esta vulnerabilidad, visite http:heartbleed.com. 

Aunque no creemos que los datos de alguno de nuestros clientes hayan sido comprometidos, hemos tomado medidas para garantizar nuestra infraestructura contra esta vulnerabilidad en nuestros servidores y actualizar nuestros certificados SSL. Como precaución extra recomendamos a nuestros clientes tomarse un momento para cambiar sus contraseñas. 

Continuaremos monitorizando esta situación para garantizar nuestro servicio contra esta vulnerabilidad. Si usted tiene alguna pregunta, por favor no dude en contactar con nosotros en cualquier momento en….
Supongo que empezaré a recibir informaciones o avisos parecidos de todas las empresas con las que interacciono, léase bancos, eléctricas, seguros, etc. etc. O al menos debería recibirlas. Independientemente de ello, aprovecho para recordar y recordarme a mí mismo que el tema de las claves o contraseñas no puede ser un asunto pendiente. El tener el usuario de correo como identificativo en varios sitios y a la vez la misma contraseña es un peligro. Pero otra cosa que debemos hacer de forma periódica es cambiar esas contraseñas. De acuerdo que es farragoso y no siempre fácil aunque la práctica es el mejor antídoto para vencer la procrastinación en este asunto. Bien es verdad que muchas veces cambiar contraseñas implica actualizar otros programas donde la tengamos incrustada, como por ejemplo nuestros programas de acceso al correo electrónico tipo «outlook» o similares o el acceso a la «wifi» en nuestro móvil y el de nuestros familiares. Pero es la única forma de mantener un cierto control sobre la situación además de ejercitarnos para que la tarea sea más llevadera.

Claro que, si nos han capturado los datos de nuestras tarjetas, deberíamos ir al banco, darlas de baja y sustituirlas por otras nuevas. Ya sé que es un latazo, pero yo, de vez en cuando y de forma premeditada, o las pierdo o se me «estropea» la banda magnética… Los plazos que establecen los bancos y las empresas para la caducidad de las tarjetas se me antojan demasiado largos a raíz de hechos como el comentado en esta entrada.

domingo, 6 de abril de 2014

VETERANOS



Nunca me cansaré de repetir, aún a riesgo de resultar cargante, que la curiosidad es un antídoto para la vejez. Uno de los mejores. Por veterano podríamos entender una persona con experiencia en algo, pero si nos atenemos a la acepción 3 del diccionario, lo que allí podemos leer es «Dicho de una persona: De edad madura». No se especifica la edad pero se entiende que cuenta ya con algunos añitos a sus espaldas, no quiero poner un delimitador, cada cual tendrá el suyo, que le haga considerarse mayor, veterano, viejo, tercera-edad o como queramos.

Creo que ya lo he contado en alguna ocasión, pero como viene a cuento no está de más repetirlo, por si acaso. Hace ya algunos años, sería allá por 2005, asistíamos a un interesante curso de iniciación a la astronomía en un centro cultural local. El curso era teórico y práctico y estaba impartido por dos astrónomos jóvenes que, como complemento a sus explicaciones teóricas, nos facilitaban a los asistentes, de toda edad y condición, direcciones de páginas web y blogs existentes en la red, que podían servir de forma adicional para asentar conocimientos y ver bellas imágenes de planetas, estrellas y constelaciones. Un ejemplo de aquella época que sigue activo con mucha información es AstroSabadell. Hacían también mención a programas informáticos que nos permitirían ver la posición de las estrellas, el movimiento de los planetas y todo lo que se relaciona con este fascinante mundo de la Astronomía y el Espacio. En un momento determinado, uno de los asistentes, entradito en años, se levantó de pronto y lanzó una airada protesta al profesor haciéndole ver que ya estaba bien de mencionar «esas cosas de internet», «que él no tenía ni idea» y que, además, «no quería tenerla». Como no podía ser de otra forma, y en lugar de mandarle directamente al guano por impertinente, por sus formas y maneras, le hizo ver que era información complementaria a la teoría del curso y que lo consideraba interesante para aquellos que, voluntariamente, quisieran consultarlo.

Esta semana me he vuelto a encontrar en parecida situación, en el curso de mayores de la universidad al que asisto por tercer y último año. Ha sido en una conversación entre varios compañeros y compañeras, donde una de ellas ha manifestado no sentirse «puesta» en esto de internet y no estar dispuesta ni siquiera intentarlo, porque ya era «muy mayor» para estas cosas. Desconozco su edad, pero no me importa. La pregunta es ¿Cuándo es uno mayor para ponerse con eso de internet? Aunque se menciona genéricamente internet, el asunto lleva el trasfondo de manejar, con un cierto control, el ordenador, la tableta o cualquier otro dispositivo, de forma que podamos sacarle el máximo beneficio y rendimiento para nuestros intereses.

Lo que no me creo es que, por ser mayores, no tengamos intereses. Lo que ocurre es que no tenemos la suficiente motivación, o mejor, necesidad, y para eso voy a poner un ejemplo. Un amigo, ya entrado en los setenta, tiene a su hijo trabajando en el extranjero desde hace años. Ahora menos, pero antaño las conversaciones telefónicas podían resultar prohibitivas, aunque hogaño no son precisamente baratas. Pues bien, tanto él como su mujer manejan perfectamente «skype» para hablar con su hijo, su nuera, para ver a sus nietos, y además ella, que no él, se desenvuelve con soltura en su «smartphone» para wasapear cuando le viene en gana, no solo con su hijo sino con todos sus conocidos. Aclaro que wasapear es una adaptación correcta al español según esta nota de la FUNDEU. Nadie duda que hayan tenido que emplear su tiempo, solicitar ayuda de personas cercanas o bien de forma autodidacta, pero tenían interés en algo, o necesidad, y han dedicado el tiempo necesario, cada cual tendrá el suyo, hasta ver cumplidos sus deseos de poder utilizar la tecnología que está a nuestro alcance para sus intereses. 

Internet y la red nos brinda un mundo de posibilidades que me atrevería a decir, aún a riesgo de ser linchado, que son mucho más atrayentes para un «mayor» que para un «joven». La juventud o madurez está en el mundo y se desenvuelve con mucha mayor soltura que un mayor, que por lo general, de forma voluntaria o forzosa, prefiere una vida más tranquila, más casera y con menos sobresaltos. Y aquí, en casa, las posibilidades de un ordenador con su conexión a internet son infinitas. Creo que no es necesario ahondar más en el asunto pero no me resisto a poner algún ejemplo más.

Cada vez más instituciones, de esas que siguen celebrando conferencias, mesas redondas o actos similares, ponen a disposición de los internautas la posibilidad de seguir en directo, cual si fuera una retransmisión televisiva, numerosos e interesantísimos actos. Advierto que esto puede llegar a resultar un vicio, pero, bendito vicio. En mi caso, en esta semana he asistido a dos a través de la pantalla del ordenador. En una de ellas se hablaba de las enormes posibilidades que el uso de internet brinda a la educación, de lo que creo que a estas alturas nadie tendrá duda. Desde luego, no hay nada como el contacto físico con compañeros y profesor en un aula, pero no siempre es posible, sobre todo si la conferencia o charla que nos interesa se celebra en Buenos Aires y nosotros estamos en Madrid. Pues bien, entre las muchas cosas aprendidas y anotadas en esa conferencia, me enteré de que existen unos cursos gratuitos denominados MOOC. 

Nada más acabar me puse a buscar que era eso de los cursos MOOC, de los que cinco minutos antes no sabía ni que existían. El mundo mágico de la red me llevó a través del buscador a un mundo de cursos gratuitos que en un principio simplemente me mareó. Si encima nos manejamos de forma fluida con el inglés, pues para qué seguir. Aficionado como soy al mundo de la lectura y la escritura, ya estoy inscrito y realizando el magnífico curso «Redacción en internet», dirigido por el profesor de periodismo de la universidad de Navarra Ramón Salaverría y que consta de una serie de vídeos y documentos, con numerosas referencias y enlaces a otros muchos, que me están permitiendo asentar conocimientos y adquirir otros nuevos. Por si algún lector de este blog está interesado en este curso, tiene más información en este apartado de la página web del profesor. 

Hace unos momentos, me acabo de enterar de que existe la revista LEER… 

Para finalizar, solo puedo decir a aquellos que «no quieren saber nada de internet» que… ellos se lo pierden. Están renunciando a un mundo de ingentes posibilidades desde el sillón de su casa que sin duda les reportarían enormes beneficios y, en el caso de los mayores, además de rejuvenecer su mente, les sería de gran ayuda en contrarrestar asuntos como los ataques del alemán ese, Aloysius Alois, … como se llama … no me acuerdo … ¡ah, sí! Alzheimer.


domingo, 30 de marzo de 2014

NUTRICIÓN



Sería completamente incapaz de recordar la cantidad de libros e información leída a lo largo de mi vida sobre nutrición. Por razones de estructura física personal, es un tema que me ha interesado a lo largo de toda mi existencia y me sigue interesando. Cientos de teorías, decenas de regímenes o dietas han ido desfilando a lo largo de muchos años y se han convertido en un tema tabú del que parece que se conoce mucho hasta caer en la cuenta de aquel «solo sé que no sé nada». Desde muy pequeño he sido lo que se ha denominado un «gordito» aunque al haber practicado mucho deporte el tono físico general es sobrellevable. Lo que me ha quedado claro a lo largo de tantos años es que el hacer ejercicio, en mi caso, no adelgaza per se; puede ayudar, pero si no se complementa con una adecuada alimentación, los kilos siguen ahí.

Cuando recibí hace unos días propaganda del libro «Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable», de L. Jiménez pensé en un primer momento aquello de «otro más». Sin embargo, al entrar en los comentarios de los lectores disponibles en la red pensé que no estaría de más una nueva lectura sobre el asunto, al menos para refrescar conocimientos. Tengo que decir que me ha resultado curioso el enfoque por su manera de tratar el hecho de que médicos y científicos llevan años investigando y los resultados a la vista están. Una frase extraída del libro es muy significativa: «En mi opinión, si un médico prescribe a un paciente con sobrepeso comer menos y hacer más ejercicio simplemente no está ejerciendo la medicina. Para decir eso no hace falta estudiar un montón de años de fisiología y endocrinología y pasar otro largo periodo de prácticas para especializarse». Por otro lado, la industria de la alimentación sigue sus propios planteamientos, bordeando las líneas rojas y utilizando aquellos elementos que entre otras cosas reúnan dos condiciones básicas: baratos y atractivos por su palatabilidad.

El texto se inicia con una serie de conceptos que el autor nos propone desaprender por ser impresiones erróneas a la par que muy arraigadas. Cada uno de estos capítulos consta de un pequeño resumen que reproduzco a continuación.

Resumen de lo desaprendido sobre comer menos y gastar más
  • Comer menos no es una estrategia eficaz a largo plazo para perder peso.
  • Hacer más ejercicio tampoco.
  • El comer más podría ser un síntoma, no la causa del sobrepeso.
  • La causa de la obesidad y del comer más está relacionada con la “calidad nutricional” de los alimentos
Resumen de lo desaprendido sobre las grasas:
  • No son el factor clave que nos hace engordar.
  • A largo plazo, las dietas bajas en grasas no son eficaces.
  • Los estudios no confirman que las grasas sean poco saludables, excepto en el caso de grasas «trans».
  • Los alimentos light no sirven para adelgazar.
Resumen de lo desaprendido sobre los carbohidratos:
  • Sustituir las grasas por carbohidratos refinados no ayuda a perder peso a largo plazo.
  • Las dietas altas en carbohidratos refinados se relacionan con diversas enfermedades.
  • Los jarabes de maíz son especialmente poco saludables.
Resumen de lo desaprendido sobre las proteínas:
  • Las proteínas animales provenientes de aves y pescado son muy saludables.
  • La relación entre la mortalidad y la ingesta de carne roja y procesada es muy limitada, especialmente en cantidades moderadas.
  • La ingesta de las proteínas que son necesarias no causa ningún problema a la salud.
Un principio que no conocía es el llamado «Principio de Pareto» llamado así por haberlo acuñado Wilfredo Pareto y que se conoce también como la «Regla del 80-20», unas cifras estimativas y que pueden variar en cada caso concreto pero que en esencia son aplicables a muy diferentes aspectos de la vida, tales como sociológicos, económicos, empresariales, logísticos o informáticos entre otros muchos. En esencia y aplicado a la alimentación, viene a decir que el 20% de las causas es el responsable del 80% de las consecuencias, con lo cual es muy aconsejable centrarse en determinar ese 20% para concentrar nuestros esfuerzos en él.

El libro sigue avanzando sobre diversos conceptos de la nutrición que serán conocidos o novedosos según los conocimientos previos del lector, pero en mi caso algunos de ellos han resultado sorprendentes por coincidir con cuestiones que a mí me parecían obvias, por experiencia, pero que están alejadas de los conocimientos al uso en ambientes médicos o profesionales de la alimentación. Apuntaré como uno que me trae de cabeza desde hace años y que se refiere a la producción autógena de insulina como agente provocador de desarreglos y alteraciones metabólicas.

Al final, el autor plantea cinco conclusiones básicas que deberían de actuar como directrices fundamentales en nuestra alimentación y que son las siguientes:
  1. Evitar los carbohidratos refinados y los alimentos procesados.
  2. Muchas verduras, vegetales y fruta.
  3. Cantidad suficiente de proteínas.
  4. Añadir frecuentemente grasas, mejor las más saludables.
  5. La dieta no es una penitencia.
Y establece para cada una de ellas un resumen de recomendaciones:

Resumen y trucos de la regla número 1 "Evitar los carbohidratos refinados y los alimentos procesados"
  • Minimice, o mejor, elimine de su dieta, los alimentos fabricados con materias primas llenas de azúcar o carbohidratos refinados (alto IG).
  • La mayoría de los alimentos preparados o muy procesados tienen un elevado IG, una alta densidad energética y se digieren demasiado fácilmente.
  • Evite las bebidas azucaradas, los dulces, los «snacks» y los cereales de desayuno infantiles.
  • Tenga cuidado con los carbohidratos refinados «ocultos» en multitud de alimentos.
  • Si necesita comer más carbohidratos, elija legumbres o alimentos realmente integrales.
Resumen y trucos de la regla número 2 “Muchas verduras, vegetales y frutas”
  • Las hortalizas, frutas y frutos secos contienen gran cantidad de vitaminas y minerales.
  • La patata y el maíz son la excepción por su alto IG y es mejor evitarlos.
  • Coma verduras y hortalizas sin límite.
  • Incorpore a todas sus comidas al menos una ración de vegetales: Hortalizas, frutas o frutos secos.
  • Coma nueces y frutos secos con frecuencia.
Resumen y trucos de la regla número 3 “Cantidad suficiente de proteínas”
  • Coma cada día al menos entre 1 gramo de proteínas por cada kilo de peso corporal.
  • Incorpore una buena cantidad de proteínas en cada una de sus comidas.
  • Entre una cuarta y una quinta parte de la carne y el pescado son proteínas.
  • Preferiblemente elija como fuente alimentos “reales” y evite los procesados.
  • Si tiene apetito, coma más proteínas.
Resumen y trucos de la regla número 4 “Añadir frecuentemente grasas, mejor las más saludables”
  • Las carnes magras y el pescado contienen una adecuada proporción de grasas.
  • Use con frecuencia los aceites vegetales, preferiblemente el de oliva.
  • Aumente su ingesta de alimentos con ácidos grasos omega-3, especialmente pescados y nueces.
  • Incorpore una cantidad razonable de grasas a cada una de sus comidas.
  • Evite las grasas «trans» o hidrogenadas “ocultas”, sobre todo las que contienen los alimentos procesados.
  • En un gran porcentaje de personas la cantidad de colesterol que se come no influye en los niveles de LDL o colesterol total.
  • Si tiene el LDL o el colesterol total elevado, elimine todas las grasas «trans» y los alimentos procesados que contengan muchas grasas saturadas.
  • Consuma huevos como excelente fuente de todo tipo de nutrientes.
Resumen y trucos de la regla número 5 “La dieta no es una penitencia”
  • Coma hasta sentirse satisfecho.
  • Sobre todo, coma más proteínas y vegetales si lo necesita.
  • Diseñe menús abundantes y variados, disfrute comiendo.
  • Valore la posibilidad de tomarse un día libre programado de vez en cuando.
Al final de cada capítulo, el libro contiene numerosas referencias a artículos publicados en los que al autor se ha basado para transmitirnos sus impresiones y recomendaciones. Como puede verse no se trata de un libro de dietas al uso, sino que insiste en darnos referencias y conocimientos para que entendamos que «la dieta perfecta debe ser diseñada, mantenida y actualizada por uno mismo. Y en muy poco tiempo sabrá hacerlo». 

Existe un blog complementario constantemente actualizado y con mucha información que puede accederse en este enlace,así como un segundo libro, ya cargado en mi lector electrónico, que amplía información y lleva por título «Lo que la ciencia dice sobre dietas, alimentación y salud». Y para acabar una última recomendación, además de la lectura del libro, que puede encontrarse al módico precio de 2,68 € en su versión electrónica o 9,39 en papel.
Tenga siempre una botella llena a mano. Beba por costumbre al levantarse y antes de acostarse. Beba uno o dos vasos cuando tenga hambre y también siempre antes de cada comida.