Buscar este blog

sábado, 21 de septiembre de 2013

COMILLAS


Hay un bonito pueblo en la costa Cantábrica con este nombre y al que me une una relación muy especial, pero no es de eso de lo que vamos a tratar. Esta semana, con motivo de revisar y efectuar unas correcciones en un texto escaneado de un libro antiguo, me he topado con un signo de puntuación que andaba por ahí bastante olvidado: las llamadas comillas latinas o españolas. Aunque es tangencial, el libro se titula «Un reinado en la sombra» y es parte de mi reciente y desmedido interés por la figura de su autor, don Pedro Sainz Rodríguez, al que le dediqué una entrada en este blog hace unos meses que puede consultarse aquí. En la época en que está escrito el libro, cuando todavía no se manejaban con tanta profusión los ordenadores personales y los procesadores de textos, me imagino que el autor le daría a la pluma o la máquina de escribir, ese elemento que ha desaparecido de la faz de la tierra.

Supongo también que el bueno de don Pedro o el cajista de la imprenta que compuso los textos no se encontró con el problema con el que me he encontrado yo. Una tontería, sí, pero que me llevó unas horas el hincarle el diente hasta encontrar una solución, no muy satisfactoria la verdad, pero con la que me puedo apañar. Para ir entrando en materia, una pregunta: en el procesador de textos «Word»… ¿se pueden escribir las comillas latinas o españolas? ¿En qué tecla están?

Parece una simpleza, pero no lo es. Si hacemos un poco de memoria en los textos que leemos, incluso en los que escribimos en los que debemos utilizar las comillas para indicar referencias, vemos que las comillas que se utilizan son las inglesas, bien rectas o bien itálicas o cursivas, que sí están en el teclado de los ordenadores encima del guarismo «2». Pueden ser así inclinadas [ “ ” ] o rectas [ " " ] según tengamos configurado nuestro procesador en el apartado de OPCIONES-REVISIÓN-OPCIONES DE AUTOCORRECCIÓN. Pero lo que es imposible, en un primer momento, es encontrar en el teclado una tecla que nos permita generar en nuestro documento las que vamos buscando [ « » ].

No nos hemos dado cuenta y estamos haciendo las cosas quizá mal, llevados por la tecnología global, de fuerte componente inglés o americano, donde ciertas peculiaridades van siendo asumidas y aceptadas en aras a no complicarnos la vida. Muy poca gente se acuerda de los inicios de la informática personal allá a comienzos de los ochenta del siglo pasado, e incluso de la profesional a comienzos de los sesenta. ¿Qué pasaba con nuestra querida letra «eñe»? ¿Y con los acentos? No quiero entrar en ello pero en otra entrada del blog de hace casi cuatro años titulada «Ñ» se comenta el asunto, que aún hoy en día no está resuelto del todo.

Si uno busca en internet por comillas angulares, españolas, latinas, e incluso francesas, obtendrá un aluvión de información que es imposible de digerir. Lo que sí parece es que las normas, o recomendaciones, de la Real Academia de la Lengua indican que debemos usar estas en nuestros escritos y no las rectas o inglesas. Mi muy querido Diccionario Panhispánico de Dudas también lo indica así. Pero las limitaciones se imponen y a nadie hoy en día, o a casi nadie, se le ocurre utilizarlas simplemente porque no están fácilmente disponibles en el teclado, con lo cual se ha aceptado internacionalmente el uso de las rectas o inglesas.

Hace unos días no tenía ni idea de este asunto. Debo agradecer póstumamente a don Pedro el haberme metido en él al intentar pasar el corrector ortográfico del procesador de textos a algún texto seleccionado de su libro y verme incapaz de arreglarlo. En un primer momento recurrí el clásico «corta y pega» pero la cosa tiene mucho más alcance si se quiere dedicar un tiempo a su investigación.

Textos se escriben en un ordenador en muchos lugares. De hecho es lo que se hace, escribir. En los correos electrónicos, en hojas de cálculo incluso en programas de procesadores de imágenes cuando queremos poner el título a nuestra fotografía preferida que vamos a mandar a los amigos. ¿Dónde están las dichosas comillas angulares?

Como norma general, cualquier carácter de la tabla de doscientos cincuenta y seis del código ASCII que gobierna nuestros ordenadores caseros se puede obtener a base de mantener pulsada la tecla ALT mientras tecleamos el número correspondiente. Así las comillas angulares de apertura [ « ] se obtienen manteniendo pulsada ALT mientras tecleamos 174, mientras que las de cierre [ » ] se obtienen con 175. Esto como norma general que teóricamente sirve para cualquier programa.

Este texto está escrito en el procesador más generalizado hoy en día cual es «Word». Lo de «ALT+174» o «ALT+175» funciona pero con una cierta peculiaridad, que me ha hecho emplear un buen tiempo hasta que la he podido descubrir «googleando» por la red: como hay dos teclas «ALT» en el teclado, hay que usar la que está a la izquierda de la barra espaciadora y los números, 174 o 175, hay que teclearlos, obligatoriamente, en el teclado numérico de la derecha, no sirviendo los que están en la parte superior, encima de las letras. Y además debemos tener cuidado de vigilar como tenemos configurado el teclado numérico, pues puede haber por ahí una lucecita encendida que no nos permita hacer esto.

Pero para cualquiera que esté escribiendo sus textos a toda velocidad el andar con «ALT» y números es cuando menos engorroso. En el caso de «Word» podemos utilizar una característica del sistema de autocorrección mientras vamos escribiendo, indicando al programa que cada vez que se encuentre dos signos de «menor» seguidos los sustituya por " « " y dos signos de «mayor» por " » ". Se trata de entrar en ARCHIVO – OPCIONES – REVISIÓN - OPCIONES DE AUTOCORRECCIÓN – AUTOCORRECCIÓN, activar «reemplazar texto mientras se escribe» y definir esta nueva conversión.


Pero lo mejor para no complicarse la vida, y que es lo seguirá haciendo el público en general, es dejarse llevar y seguir utilizando, como hasta ahora, las comillas inglesas. ¡Viva la globalización!

sábado, 14 de septiembre de 2013

DESCONOCIMIENTO



Somos poco aficionados a lo que se ha denominado “la letra pequeña” y si no que se lo digan, por ejemplo, a los compradores de las famosas preferentes por tocar un tema de actualidad. El “firme aquí” es una orden tan imperativa que nos hace descuidar la lectura detenida de lo que estamos firmando, obligándonos a confiar en ciertas personas y empresas que día tras día van demostrando que hay que tener mucho cuidado con ellas. Me viene a la memoria aquel refrán que dice algo parecido a “de mis amigos cuídeme Dios que de mis enemigos ya me cuido yo”.

Cierto es que la letra pequeña nos invade por todos lados y no siempre en contra nuestra: algunas veces es a favor, pero nuestra costumbre de no leerla nos hace muchas veces y por desconocimiento renunciar a cosas a las que tenemos derecho o por el contrario podríamos disfrutar. ¿Quién no tiene un sinfín de aparatos y cachivaches en casa, de los que no se ha leído de forma completa y detenida el folleto, y por ello ni conoce si disfruta de muchas de sus funciones y características? A modo de ejemplo, recuerdo hace un tiempo que se me encendía en el panel de mandos del coche la luz de “puerta abierta” estando todas ellas cerradas y bien cerradas. Fallo en algún sensor, pensé, pero cuando llevé el coche al taller para que me arreglaran la dichosa lucecita y se lo conté al mecánico, su cara dibujó una sonrisa al tiempo que me pedía el mando de apertura a distancia. Le abrió, le cambio la pila y me dijo: “ya está arreglada la avería de la lucecita” y añadió no sin cierta sorna “hay que leerse el libro de instrucciones que dan con el coche”. Efectivamente figuraba allí que en caso de encenderse la luz de puerta abierta estando todas cerradas era indicativo de que había que cambiar la pila del mando a distancia.

Este verano realicé un viaje en tren para el que compré el correspondiente billete con la suficiente antelación, que hay crisis pero en ciertos sitios no se nota. Lo que normalmente leemos del billete son las estaciones de origen y destino y las fechas y horas para verificar que es correcto y luego más tarde, cuando accedemos al tren, el coche y número de asiento para ubicarnos correctamente. Y poco más. Sin embargo, dos cosas perfectamente especificadas en el billete no habían suscitado mi atención, y no hubiera disfrutado de ellas si mi hijo no me hubiera advertido convenientemente. A saber si habrá más.

La primera figura arriba a la izquierda del billete. Es un texto que reza así: “Combinado FEVE/CERC: LE46M”. Los billetes de largo recorrido incluyen la posibilidad de viajar en la red de cercanías del origen y del destino sin coste alguno. Tan sólo hay que dirigirse a las máquinas automáticas o a la ventanilla de billetes y mostrar el código, en este caso “LE46M” para obtener un billete gratuito que nos permita desplazarnos hasta la estación de origen, pudiendo utilizar el mismo código para desplazarnos hasta donde deseemos desde nuestra estación de llegada. La expresión “CERC” significa “CERCANÍAS” mientras “FEVE” significa “FERROCARRIL DE VIA ESTRECHA” para aquellos núcleos que dispongan de ella, como por ejemplo Santander o Bilbao. Gracias al aviso de mi hijo pude ahorrarme más de cuatro euros en el trayecto en origen si bien luego en destino no lo utilicé ya que me fueron a buscar en coche. ¿Sabía Vd. esto? ¿Cuántos viajeros pagaron su trayecto de cercanías o no lo utilizaron por no saberlo?

Y la segunda ya es mucho más sibilina. Esta vez sí en “letra pequeña” figura el siguiente texto: “Renfe tiene establecidos diferentes compromisos de puntualidad y calidad en todos sus trenes. En caso de incumplimiento de estos, tendrá derecho a la indemnización correspondiente”. El tren salió con retraso, tuvo muchas paradas y al final llegó a la estación de destino cerca de media hora después de la hora establecida. Iba lleno hasta los topes, calculo que más de doscientas personas. Al día siguiente, mi hijo me pidió el billete, se conectó a internet, tecleó el localizador y… ¡magia potagia! Teníamos derecho a un reintegro de doce euros por el retraso, que fueron abonados en el momento en la tarjeta bancaria con la que fue adquirido el billete. Si se hubiera comprado en taquilla hubiera sido necesario pasar por la misma para cobrar. Ventajas de las transacciones electrónicas. Yo no sabía nada y no se me hubiera ocurrido reclamar importe alguno por el retraso, por lo que me hago las siguientes preguntas: ¿cuántos pasajeros de aquel tren sabían que podían reclamar una devolución por el retraso? ¿Cuántos la reclamaron al final? Para este caso concreto solo Renfe lo sabrá pero me atrevo a apostar que pocos reclamamos, lo que supuso un dinero de ahorro considerable para la compañía. Lo podían destinar a obras sociales, pero no creo que lo hagan, así que lo mejor es que vayamos aprendiendo, todos, nuestros derechos y los ejercitemos para que las cosas vayan mejorando.

jueves, 5 de septiembre de 2013

RECAMBIOS-2


Hay veces que uno se lleva pequeñas alegrías por cosas insignificantes y que se entienden solo de forma personal, pues otras personas podrían pensar que son tonterías, que no merecen la pena y que más valiera dedicar el tiempo y las ganas a cosas más productivas. Pero la gracia está en que la valoración de hechos cae dentro del terreno personal y cada persona es un mundo.

Hace ahora poco más de un año publicaba en este blog la entrada RECAMBIOS en que la se mostraban mis impresiones sobre el controvertido asunto de las piezas de recambio, en este caso concreto de un coche y más concretamente del mando a distancia de apertura de puertas y llave de contacto. Llevaba un mando andrajoso que se puede ver en la imagen que acompañaba aquella entrada y me ayudaba de un bolígrafo para poder abrir y cerrar el coche, sufriendo las inconveniencias por cabezonería y convicción personal y negándome a pagar casi doscientos euros por un mando nuevo.

La paciencia es cosa buena. Una frase que me ha gustado siempre y que en algunos casos puede resultar verdad es aquella de “las cosas grandes y buenas de la vida son para gente con paciencia”. Pero la paciencia debe ser activa y estar ojo avizor y con la antena puesta a las cosas que nos interesan. Yo había asumido seguir con el mando deteriorado pero mantenía la esperanza de encontrar una solución con el tiempo que no fuera la de pasar por taquilla y desembolsar.

Ebay o Dealextreme son dos portales de internet, entre otros muchos, donde se pueden encontrar las productos más variopintos a unos precios inconcebibles, absolutamente imposibles. Para cosas pequeñas, de poco montante económico, utilizo con profusión este tipo de portales teniendo cuidado en el asunto del pago, para el que me valgo preferentemente Paypal o una tarjeta VISA virtual a débito que me facilita mi banco por internet, que está con el saldo a cero permanentemente y que cargo con la cantidad exacta de la compra que estoy haciendo segundos antes de realizarla. Toda precaución es poca a la hora de facilitar un dato bancario como una tarjeta de crédito.

Tengo que reconocer que hasta ahora, y son varias compras y varios años, no he tenido ningún problema. Destaco un ejemplo. Un soporte de móvil para el cristal del coche, con su ventosa y sus sujeciones, que funciona perfectamente me costó menos de cinco euros, y además enviado desde Hong-Kong sin costes de envío ¿Cómo es posible? Bueno, lo que estamos comentando es casi lo mismo. La pieza del mando a distancia del coche que necesitaba, solo la carcasa la he adquirido por cuatro libras esterlinas, unos cinco euros con gastos de envío gratis desde Inglaterra. Hay que decir que es la carcasa, que no tiene el circuito impreso interno, pero la carcasa es lo único que necesitaba.

Para decirlo todo, comentar que no ha sido coser y cantar el poner en funcionamiento efectivo la llave. El cambio del circuito interno es abrir y cerrar pero el espadín-llave nos ha dado guerra a mi hijo y a mí, sobre todo a él, que es mucho más manitas que yo. Y es que resulta que sacar el fleje de sujeción que estaba metido a presión ha sido complicadillo pero lo peor de todo es que no coincidían los grosores, siendo el del mando antiguo superior, por lo que no era posible insertarlo en la cazoleta del nuevo. Aquí me he acordado de lo que contaba de los sufridos cubanos y me he dispuesto a convertirme en uno de ellos: gatos, maderita, lima y paciencia han sido las claves de ir rebajando poco a poco la pieza antigua, que es la que funcionaba hasta que se ha podido encajar en la carcasa nueva. Quizá en alguna ferretería donde dupliquen llaves se podría haber duplicado, pero he preferido usar la original y no llegar a ello. De todas formas lo preguntaré para no quedarme con la duda.

El resultado no ha podido ser más efectivo y de ahí la alegría que comentaba inicialmente por haber solucionado este inconveniente de una forma racional y a un coste más que razonable. En foros de coches, y especialmente de la misma marca y modelo del mío, hay multitud de usuarios con el mismo problema, lógico y normal, derivado del uso. Lo que no es de recibo es que por dos gomas y un trozo de plástico, que es lo que en realidad se deteriora, te hagan casi cambiar de coche.

Con mi flamante mando nuevo, que espero que me dure más de los siete años que aguantó el original, presionaré los pulsadores con más delicadeza, estoy más feliz que una perdiz con mi victoria pírrica sobre las directrices de la fábrica de automóviles en materia de piezas y recambios.

lunes, 2 de septiembre de 2013

ADMISIÓN


Acabamos de pasar unos días de vacaciones en tierras gerundenses, bien y en familia como diría mi buen amigo Miguel Angel, donde por cierto y aunque no viene a cuento nos han tratado de forma maravillosa y sin ningún problema. Debíamos de ser casi los únicos españoles turistas que andábamos por allí, pues estaba plagado de franceses, alemanes e incluso rusos. Aunque el viaje sea de vacaciones y placer, procuramos incluir aspectos culturales en nuestros desplazamientos que no todo es sol y playa y estar vagueando todo el día.

Pero la cosa no se la están poniendo fácil a los amantes de la cultura. Cada vez más se necesita más presupuesto para acceder a museos o sitios culturales, cuando no a simples iglesias o catedrales por las que el turismo manifiesta interés.

Empezamos el primer día yendo a visitar el museo Dalí en Figueras. Yo lo había visto hace una veintena de años pero mi mujer y mi hija no lo conocían y es un sitio que hay que ver para admirar el genio de Dalí, o sus extravagancias, que en ningún caso te dejan indiferente. Tras más de una hora de cola en plena calle, llegas a la taquilla y ¡zas!, sablazo que te crió. El precio de la entrada es de 12 euros. Como ya somos tres por la edad de mi hija, multiplicando salen 36 euros. ¿Es caro? ¿Es mucho dinero? Pues cada uno lo valorará a la medida de sus parámetros, pero 36 euros son 36 euros y hoy en día es un pequeño capital para muchas personas. El poner precios altos también es una forma de disuadir al visitante, porque si fuera más asequible ni siquiera se podría entrar por las aglomeraciones.

Así, día tras día, unos cuantos eurillos iban detrayéndose de nuestros bolsillos por asuntos culturales. En el monasterio de Sant Pere de Roda, más asequible, el montante subió a doce euros en total porque la visita guiada, que era en catalán, solo la hice yo mientras mi mujer y mi hija iban por libre. En la iglesia casi catedral de Castelló de Empuries otros 12 euros aunque ahí podías visitar un museo de harina y una cárcel medieval incluido en el precio. Pero ¿qué ocurre si solo quieres visitar una cosa? Pues que no hay entrada individual, así que ajo, agua y resina.

La imagen que acompaña a esta entrada es de la catedral de Gerona. La verdad es que los que accedan a la misma tienen la indulgencia ganada con solo subir la tanda de escaleras. Es mejor dar un rodeo y subir las cuestas, que también hay unas cuantas en Gerona. Como foco de interés, tenía intención de visitar el claustro de la catedral. Al llegar a la taquilla ya se me dispararon las alarmas y tras varios días de estar soltando euro tras euro para las visitas, me negué en rotundo. Había visto en internet que el precio de la entrada eran 5 euros, quince la familia, pero se ve que con la crisis lo que hay que hacer es subir las entradas, como han hecho prestigiosos museos nacionales como el Prado o el Reina Sofía en Madrid, para “mejorar su gestión” y seguir ofreciendo al público en general un “servicio de calidad”. Pues resulta que el precio era de siete euros porque… habían incluido de forma conjunta la visita a otra iglesia. Sopesé la posibilidad de entrar yo solo pero el cabreo fue tan grande que me di media vuelta y me marché. Quizá pagó el pato el menos indicado, pero es que después quería visitar los baños árabes, dos euros la entrada, y otro museo que estaba cerrado. Hay que tener en cuenta, además, que hay que comer, pagar el combustible y la no pequeña parte del aparcamiento del coche, que ya no es fácil por no decir imposible el aparcar gratis en las ciudades e incluso pueblos, que tienen todas las calles pintadas con rayas azules que ya sabemos lo que significa: pasar por taquilla. En Gerona nos empeñamos y dando unas cuantas vueltas conseguimos aparcar gratis aunque tuvimos que andar un rato hasta llegar al centro histórico.

Como colofón a las vacaciones y en el camino de regreso a casa habíamos pensado detenernos en Barcelona para visitar la Sagrada Familia, el famoso templo de Gaudí todavía en construcción. Cuando empecé a mirar por internet como estaba la cosa se me pusieron los pocos pelos que aún conservo como escarpias. Las entradas, que conviene obtener con anticipación pues las colas son de aquí te espero, rondan los 18 euros llegando a 19,20 en el caso de la visita guiada. Si multiplicamos por tres y añadimos el combustible y el aparcamiento la cosa se ponía en un pico, con lo que la visita a la Sagrada Familia ha quedado pospuesta para otra ocasión, si se produce.

Uno tiene la sensación de paga dos y tres veces por las cosas. No sé si la Sagrada Familia es un monumento estatal o privado, pero en el caso de museos estatales la técnica es muy aviesa: los costeaba el estado, pero ahora el estado no tiene dinero porque se lo gasta en mantener sus políticos y otras cosas que no sabemos, con lo cual se bajan los presupuestos y se vuelve a cobrar al contribuyente por lo que es suyo y por lo que ya ha pagado. Habría mucho que hablar del asunto y no es momento pero me quedo con la copla de que culturizarse un poco cada vez va ser más imposible.

lunes, 26 de agosto de 2013

RECÓNDITO



Besalú es un bonito pueblo enclavado en la comarca gerundense de la Garrotxa que recibe cientos de visitantes a diario para admirar su famoso puente medieval de entrada, hoy peatonal, y sus estrechas calles y plazas plagadas de historia que sin duda embrujan a quienes deambulen por ellas. Pero mucho me temo que gran parte de estos turistas ignoren que a muy corta distancia se encuentra un lugar que yo calificaría de mágico y al decir de sus guardeses muy poco conocido. De hecho fue la pregunta cuando nos mostraron su extrañeza al vernos llegar por allí y nos preguntaron cómo habíamos sabido de su existencia. Buscar y rebuscar en internet a veces tiene su premio como es el caso que nos ocupa. Los viajeros tienen muchas formas de compartir sus experiencias y en la red hay numerosos sitios donde alojar fotografías y comentarios acerca de las vivencias; este blog es una forma de ello aunque hay espacios especializados como “minube” donde la información es tan abrumadora que casi cuesta trabajo localizar lo verdaderamente interesante, pues todos tenemos derecho a contar lo que nos ha parecido bien o mal de nuestros periplos viajeros. Por cierto, en “minube” no figura nada de esta iglesia, así que habrá que subsanarlo.

A tan solo cuatro kilómetros de Besalú se encuentra la localidad de Beuda, un pueblecito pequeño y acogedor que sirve de base para numerosas excursiones por senderos muy bien señalizados que son el paraíso para los caminantes. Según he podido saber en la zona hay cientos de kilómetros señalizados que hacen las delicias de los que gustan de darle a la zapatilla. Pero no hace falta llegar a Beuda, pues poco antes, a la izquierda, se encuentra un desvío señalizado como “Palera”. Una carretera muy estrecha de poco más de un kilómetro te lleva a darte de bruces con el monasterio del Santo Sepulcro de Palera, o lo que queda de él. Como ahora está de moda y a la orden del día llevar navegador en el coche o en el teléfono móvil, consigno aquí su posición: 42º 13,557'N ; 2º 41,951'E para una perfecta localización.

Llegamos poco antes de las once de la mañana y no se veía un alma. La iglesia estaba cerrada y una verja a su derecha dejaba ver los restos del claustro del monasterio. Mientras contemplábamos la escena, un perro salió a recibirnos con sus ladridos, que no eran sino un signo de atención para sus dueños de que habían llegado visitantes. El monasterio ha sufrido últimamente restauraciones durante varios años que han finalizado en diciembre del año pasado. La fórmula empleada por las autoridades me ha parecido muy buena: construir en parte de los anexos restaurados un restaurante con vivienda de forma que las personas que lo regenten sirvan de alguna forma como guardeses del lugar. Por ello, tras el perro apareció su dueña, que nos facilitó la entrada a la iglesia por su puerta lateral, nos iluminó la misma y nos contó una breve historia acerca de sus orígenes y su importancia como centro de peregrinaciones en la Edad Media. También nos dijo que las piedras con las que estaba construida habían sido traídas una a una desde Jerusalén, extremo este que no he podido contrastar en ninguna de las informaciones que he consultado. La iglesia es pre-románica, muy sencilla, relativamente pequeña (28 x 14), rectangular de tres naves acabadas en sus correspondientes ábsides semicirculares y con muy poca o ninguna decoración, pues solo vimos una figura de Jesús yacente en su correspondiente urna.

Pero lo que nos impresionó es la magia del lugar, las sensaciones de paz y tranquilidad que transmite. A cuatro minutos andando por un sendero a través de un bosque denso e impenetrable, se encuentra otra iglesia, la de Santa María, que no pudimos visitar al no encontrar en sus inmediaciones a la persona que tiene las llaves. Esperamos un rato pero nos marchamos. La guardesa de Palera nos había dicho que es muy curiosa su imagen de la virgen sonriente, que evidentemente no pudimos ver.

Tras visitar la iglesia y tomar un café nos disponíamos a marchar cuando nos informamos de que se servían comidas. Nuestro problema es siempre la celiaquía de mi hija, pero resulta que cuando consultamos a la guardesa nos dijo que no había ningún problema, que su hijo también lo era y que podíamos comer con toda tranquilidad. Así que dicho y hecho, tras bajar a visitar Besalú, subimos de nuevo a degustar una espléndida comida, aunque esto fue un error: comimos tan bien que nos quedamos noqueados para el resto de la tarde, pero la experiencia en el Santo Sepulcro de Palera y sus anexos mereció muy mucho la pena.

domingo, 18 de agosto de 2013

TAPÓN


Cuando disponemos de palabras apropiadas en nuestro rico castellano no me gusta utilizar extranjerismos y menos en el título de las entradas de este blog. Pero el título debería ser, en negrita y con mayúsculas, una palabra francesa, “BOUCHON”, que me tuvo todo el día de ayer martilleando la cabeza sin cesar. “Bouchon” es el término que utilizan los franceses para designar los atascos o retenciones de tráfico. No tengo un diccionario a mano pero parece que por las búsquedas en internet el término tapón es la mejor traducción. Durante todo el día de ayer, los paneles informativos de la autopista solo ponían “bouchon, bouchon y bouchon”.

Uno pensaba, hasta ayer, que las autopistas de peaje, por ser de peaje, son carreteras especiales, seguras y rápidas, que los automovilistas eligen para desplazarse mejor que por las carreteras convencionales, y por ello asumen el pago de una cuota, peaje, que les haga más placentero y rápido el viaje. Lo de seguras es probable, lo de rápidas…jejeje.

Ayer, sábado, íbamos a desplazarnos desde el norte de España a una localidad gerundense para pasar unos días y conocer la zona. Los navegadores de tráfico, cuyo nombre omito para no hacer propaganda al mío porque son unos peseteros, e incluso el Google Maps, que sí especifico y le hago propaganda por su gratuidad y buen funcionamiento, marcaban como ruta principal el hacerlo por la autopista A61 que transcurre paralela a los Pirineos por el sur de Francia. La alternativa española era desviarse en Bilbao hacia Logroño y Zaragoza para desde ahí vía Lérida alcanzar el punto de destino. La diferencia en kilómetros era pequeña, sobre unos cuarenta kilómetros más por la vía española que por la francesa, en un recorrido total algo superior a ochocientos kilómetros. Un pueblecito especial en el recorrido nos hizo decidirnos por Francia: Carcassonne estaba en el recorrido y era una opción de parada para visitarle dado que habíamos estado hace muchos años en esa preciosa ciudad patrimonio de la Humanidad.

Así que dicho y hecho, por Francia. Saliendo prontito e incluyendo las preceptivas paradas cada dos horas en las que se pone gasolina, se visita al amigo Roca, se come el bocadillo en una de las muchas y estupendas áreas de servicio francesas y se visitaba la ciudad de Carcassonne, esperábamos llegar al apartamento de destino sobre las seis de la tarde con tiempo suficiente para instalarnos y descansar del viaje. Pero el hombre propone y Dios dispone.

Antes de seguir una aseveración: no es de recibo que los puestos de control para abono de los peajes en una autopista provoquen retenciones, atascos, tapones, congestiones, embotellamientos, aglomeraciones, en definitiva y en francés, “bouchones”.

Pues así empezamos, Nada más entrar en Francia dos retenciones de veinte y veinticinco minutos en los dos primeros peajes que son de alrededor de dos euros. Luego y a lo largo de todo el día con paradas frecuentes, circulación más que lenta y peligrosa con tirones y frenazos y el peaje de Tolouse ya fue la bomba: cuarenta y cinco minutos. Cuando nos salimos en Carcassonne para hacer la visita eran más de las cuatro de la tarde por lo que íbamos ya con cierta premura y ni pudimos disfrutar de esta ciudad de cuento. Vueltos a la carretera, más de lo mismo y en cantidades industriales. Hasta llegar a Narbonne un continuo dolor. Luego tuvimos un poco de fluidez, pero acercándonos a la frontera y por mor de las salidas de la autopista donde los listillos no esperan la cola y como en España se quieren meter en el último momento, llegando prácticamente a bloquear una autopista de tres carriles. Ya digo, como en España, en todas partes cuecen habas. Cuando entrábamos en España, el “bouchon” en sentido contrario menos mal, para entrar en Francia era de unos quince kilómetros llenos de coches y camiones completamente parados. Casi a las nueve de la noche, cansados y cabreados, llegábamos a nuestro destino. ¿Qué pasaba en Francia ayer sábado 17 de agosto? Supongo que lo mismo que pasará en España pero hoy domingo, cambio de quincena, puente y todo lo demás. No estuvimos atentos.

Supongo que es clamar en el desierto pero se debería estudiar alguna ley que metiera mano a los concesionarios de las autopistas en el asunto de las retenciones provocadas por los peajes. Si no son capaces de gestionar el cobro con fluidez y provocan retenciones de pongamos cinco o diez minutos, ponerles la obligación de abrir el paso de forma libre y gratuita durante un tiempo a modo de sanción.

domingo, 11 de agosto de 2013

FRACASO


Las sociedades humanas actuales, en mayor o menor medida, van progresando en sus modos de vida si bien habríamos de discutir mucho el concepto de progreso, pues cada uno de nosotros tenemos el nuestro y lo que para unos es mejoría para otros es una marcha atrás. Ya dijo Campoamor aquello de “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira; / todo es según el color / del cristal con que se mira”. Lo que es indudable es que como ya dijera Hilarión en la conocida “Verbena de la Paloma” “los tiempos cambian que es una barbaridad” y cosas y situaciones que eran cotidianas desaparecen y son sustituidas por otras casi sin darnos cuenta ni reparar en ellas. Un ejemplo para asentar esta idea son las máquinas de escribir o calcular, que plagaban domicilios y oficinas hace unos años y que ahora han desaparecido de la faz de la tierra. Hay que decir que se conservan algunas, pero más como piezas de museo que otra cosa, ya que hasta dudo que haya repuestos para mantenerlas al día.

Pero todos estos avances, algunos de ellos espectaculares e impensables hace muy poquitos años, arrostran tras de sí una serie de fracasos en la parte personal y social que vamos sobrellevando como podemos y a los que hemos acabado por acostumbrarnos, como si se tratase de un coste que debemos asumir por estar en esta sociedad, cada uno en la suya, y “disfrutar” de todo lo que se nos brinda, bueno y malo.

Eso que se ve en la imagen que acompaña a esta entrada son unos desagradables archiperres, que no "achiperres", llamados bolardos, desgraciadamente muy conocidos por todos, pues adornan con profusión machacona las aceras de gran parte de nuestros pueblos y ciudades. Bien es verdad que es para mí una alegría cuando visito un pueblo y veo que tiene sus aceras limpias de este desagradable ajuar urbano. Los que hemos obtenido el permiso de conducir, e incluso por sentido común, sabemos que no se puede aparcar en una acera, que está prohibido, que las aceras son para los peatones y las mamás con los carritos de los bebés. Pero con el incremento de los vehículos en pueblos y ciudades, en los que no se pueden ensanchar las calles que ya existían desde hace muchos años, cualquier rinconcito es carne de cañón para el vehículo en busca de aparcamiento.

Primero fueron los “momentitos” para descargar o comprar algo, luego los “no molesta” y así, con el tiempo, acciones que están fuera de lugar se ven como corrientes y, como digo y esto es lo peor, nos hemos acostumbrado a ellas. Como no se puede tener un policía detrás de cada ciudadano, el único sistema para evitar estos actos incívicos es recurrir a barreras físicas que las impidan por la fuerza. Lo que ocurre es que estas barreras tienen un coste económico y un impacto ambiental, además de ser un peligro para los peatones, que muchos tobillos y rodillas se han cobrado e incluso para los coches, que ven con mucha frecuencia abollada su chapa por contacto con ellos.

¿Es tan difícil hacer cumplir las normas? Si desde el principio, cuando se vio el primer coche subido en una acera, se le hubieran crujido las entretelas, con publicidad incluida, habríamos ahorrado muchos dineros, mucha estética, mucha escayola y mucho chapista. Pero quiá, se toleran las cosas hasta que se hacen cotidianas y se asumen cuando ya no queda más remedio. Lo que decimos, un fracaso social.

Fracasos en el tráfico hay muchos. Y el tráfico es un espejo bastante fiable de la educación social, que brilla por su ausencia en muchos aspectos de las relaciones de las personas.

Arrastramos muchos fracasos hoy en día y cada vez cuesta más solucionarlos, pues parece que lo único que entendemos es el “jarabe de palo” y el “cuando las barbas de tus vecinos veas pelar”, que se tienen que emplear a fondo, con contundencia y perseverancia, para que cada uno de nosotros dejemos de ser contumaces y asumamos y cumplamos con las normas que ya sabemos. La convivencia social se basa en esto y no nos damos cuenta que su deterioro no nos conviene.

Hay una lista enorme de fracasos, que crece con el paso del tiempo, pero cada uno tendrá la suya. Para iniciar, apunto otra: las “cacas” de los perritos en la vía pública.

lunes, 5 de agosto de 2013

PRIVADO


Desde que recuerdo, siempre he escuchado de forma machacona que, en el mundo empresarial, el sector privado era lo más conveniente en detrimento del sector público. Las empresas oficiales tendían a estar gestionadas por directivos nombrados a dedo por el político de turno y no siempre respondiendo a criterios objetivos en cuanto a los conocimientos y funcionalidad de la persona para esas labores. Bien es verdad que un directivo no lo es todo, especialmente si se apoya en su equipo y se deja aconsejar por él. De hecho hay numerosos ejemplos a lo largo de los años de empresas públicas que llegaban a convertirse en golosinas para el sector privado por su buena gestión y sus beneficios, siendo por ello carne de cañón para ser privatizadas y pasarlas al sector privado, y en ocasiones de forma no muy conveniente y en contra de la opinión de todos, porque aunque se supone que el dinero obtenido por la venta serviría para mejoras en otros aspectos de la vida de los ciudadanos, disponemos de numerosos ejemplos en los que esto ha quedado muy diluido y no se ha llegado a concretar.

Ahora mismo tenemos en el candelero el caso del Canal de Isabel II, empresa pública que gestiona todo el asunto del agua de Madrid, y por lo que parece de forma satisfactoria. Nuestros sesudos dirigentes la quieren vender para mejorar la gestión, toma ya, pero de paso para coger unos eurillos con los que tapar los agujeros que tienen por todos lados por su mala cabeza, bueno, por su mala gestión, en épocas anteriores, donde se han metido en charcos que han costado una porrada de millones solo por el gusto o capricho de algunos. Recordemos ese tremendo y magnífico teatro-auditorio que el antiguo dirigente “Fallardón”, la “F” inicial es de faraón, levantó en San Lorenzo del Escorial y que está todo el año, prácticamente, vacío y sin contenido, pero que costó sus buenos millones de euros, además de algunos atropellos urbanísticos, y que tiene un mantenimiento anual que supondrá sus buenos euros, que bien vendrían para destinar a becas de libros o comedor para muchas familias que lo necesitan.

Pero la imagen que acompaña a esta entrada habla de una noticia que afecta a una empresa conocida por todos: PESCANOVA. Una empresa privada, repito y enfatizo, p-r-i-v-a-d-a, en la que su equipo directivo ha hecho y desecho a lo largo de los años lo que les ha venido en gana. Para eso era una empresa privada, y los organismos públicos lo único que se tienen que preocupar con respecto a ella es que pague sus impuestos y cumpla las normativas existentes en todos los aspectos: laborales, medioambientales, impositivos etc. etc.

El dieciocho de julio pasado, el diario El País titulaba “Fraude a gran escala en Pescanova”. Una de las obligaciones que tienen este tipo de empresas es pasar las auditorías correspondientes. Pero ya se sabe, y lo he comprobado en propias carnes, quién paga la auditoría, con lo cual es una relación complicada de amor y odio que hay que llevar bien si la empresa auditora quiere ser seleccionada para hacer la del año siguiente. KPMG debió de no querer pasar por encima de lo que ya era un verdadero escándalo y desveló que Pescanova estaba en quiebra técnica con un agujero de 927 millones y 3.281 de deuda. Y lo peor no es eso, sino que certifica que “su investigación señala que la dirección maquinó el engaño”. El diario publico.es titulaba “Pescanova manipuló sus cuentas para ocultar su deuda” o la CNMV decía “Pescanova manipuló sus cuentas de forma deliberada” entre otras noticias similares a lo largo de esos días en diarios de información general y económicos.

Si estamos hablando de una empresa privada, la teoría es que allá se las compongan. Cuando han ganado dinero se lo habrán quedado para inversiones o repartir entre quienes haya sido, los empleados no creo. Lo siento por todo lo que conlleva que una empresa de este calibre vaya a la quiebra: empleados, empresas subsidiarias, accionistas…

Lo que no es de recibo, en ningún caso, es que “papá estado”, en este caso y al menos la Xunta de Galicia, destine dinero público, que nos está quitando de sanidad o educación por ejemplo, a “ayudar” a empresas de este tipo, privadas, que cuando han marchado bien no creo que hayan hecho donaciones para mejorar la vida de los ciudadanos.

No podemos soslayar casos flagrantes y similares a este en otro tipo de empresas más sensibles: Bancos y Cajas de Ahorro. En este caso es menester recordar que en Islandia las dejaron que se fueran al guano, como corresponde a una empresa privada si queremos llevar las consecuencias al límite. Los ciudadanos nos vemos obligados a acogernos en estas empresas porque hoy en día sin una cuenta bancaria es casi imposible vivir, tal y como funcionan los sistemas de cobro por servicios que son inexcusables hoy en día.

Una alternativa a esto de la banca sería que existiera una banca pública, cuyos dineros si estarían garantizados por el Estado. Los que quisieran llevar sus dineros a la banca privada, se arriesgarían a perderlos si la gestión no fuera correcta, por lo que tendrían que tener más cuidado en vigilar y controlar sus actuaciones. Pero ya se encargaron los socialistas allá a principios de los noventa del siglo pasado de privatizar la banca pública que existía con aquel engendro de Argentaria, cuyo valioso patrimonio es hoy disfrutado y vilipendiado por el BBVA, que entonces no tenía la “A” y era solo “BBV”. Un ejemplo muy actual: ¿Son de recibo los muchos euros que ING se gasta en publicidad? ¿No sería mejor invertirlos en mejorar las condiciones de remuneración de sus clientes o establecer provisiones para el futuro?. Es tan solo un comentario.

Por estas características especiales, los bancos y cajas están, o deberían estar, vigilados y controlados por una entidad llamada Banco de España. Pero después de todo lo que ha pasado en Bankia y similares ya sabemos cómo se efectúan estas vigilancias si es que se hacen. Y no quiero con esto desmerecer a los técnicos e inspectores del Banco de España, que seguro que son unos profesionales de tomo y lomo que hacen, cuando les dejan, bien y concienzudamente su trabajo. Otra cosa es lo que hagan los dirigentes con los resultados de sus pesquisas.

Uno no deja de asustarse al comprobar en manos de quienes estamos y como cuidan de nosotros los que se supone que deben velar por nuestros intereses y por hacernos la vida más llevadera. Y es que para eso cobran, de nuestros impuestos, y no poco, vive Dios.

domingo, 28 de julio de 2013

MERIENDA


Con el paso del tiempo, la merienda ha desaparecido casi por completo de los hogares españoles o al menos esa es mi sensación. Quizá se mantenga de alguna forma para las edades más tempranas por aquello de la buena alimentación para crecer sanos y fuertes. Lo cierto es que esta pequeña ingesta vespertina es un aporte nutritivo en el período que transcurre entre la comida del mediodía y la cena, que puede resultar demasiado amplio, especialmente en los horarios españoles y
más aún si el niño come en el colegio, por lo general sobre la una o las dos de la tarde y la familia cena a eso de las nueve o las diez. Lo fundamental es que no interfiera en el proceso digestivo de la comida del mediodía y quede lo suficientemente alejada de la cena para no afectar a esta. Un pequeño tentempié planificado evitará el picar entre horas o llegar a la cena con hambre devoradora.

Pero no son consejos nutricionales lo que yo puedo ofrecer aquí. Esta semana me he retrotraído a esa época de la niñez que en mi familia era un acto diario y no soslayable, del que se encargaba con manu militari mi abuela Jesusa, que nos preparaba el condumio y controlaba que diéramos buena cuenta de él. La verdad es que no tenía que esforzarse mucho porque las meriendas estaban buenísimas a pesar de ser “sota, caballo y rey”. El problema eran las peleas entre los hermanos por los turnos en base a que había un pequeño y delicioso manjar del que no había para todos, por lo que se trataba de ir alternando los días y llevar buena cuenta de ello para evitar que se saltasen los turnos. La merienda especial estaba formada por un par de rebanadas generosas de pan en las que mi abuela depositaba la nata que se había formado en el cueceleches a la que añadía azúcar: un manjar de reyes, pero solo disponible para uno de los comensales. Los otros tenían que conformarse con otro manjar no tan delicioso, al menos así lo recuerdo, que consistía en las mismas rebanadas pero untadas de aceite y con un poquito de sal. Ambos tipos de merienda, no todos los días, se complementaban con una onza de chocolate de “hacer a la taza” cuyo nombre no se me olvida a pesar de los años transcurridos: Kitin Nogueroles, comprado en la panadería del barrio que regentaba el “Tío Tijeras”.

No puede quedar la cosa así, sin contar de donde sacaba mi abuela la nata para hacer esa única ración de merienda para uno de nosotros. La leche llegaba a casa en los cántaros del señor Damián, lechero que recorría el barrio con su borrica e iba pasando casa por casa y vertía directamente los litros solicitados en el cueceleches correspondiente. Leche de verdad, ordeñada a sus vacas la tarde o noche anterior. Yo siempre me pregunté como tenía litros suficientes para atender a todos sus parroquianos y algunas veces supuse que un poco de agua en leche tan excelente no se notaría mucho, pero no dejaban de ser pensamientos de niño que ponían en entredicho la honradez de Damián, que estuvo muchos años, día tras día, laborables y festivos, apareciendo por casa a eso de las nueve de la mañana y dejándonos su producto. Inmediata y directamente, la leche era puesta a cocer, estando muy pendientes de este proceso para que no se saliera. Tras ello, en los primeros tiempos se dejaba en la fresquera, esa cámara frigorífica casera, especie de jaula que teníamos en la ventana del patio para tratar de conservar frescos los alimentos y protegidos de moscas y demás bichos que pugnaban por acceder a ellos. Con el tiempo apareció el frigorífico en casa, aunque seguía existiendo la fresquera, donde se dejaba enfriar la leche antes de llevarla a la nevera.

En ambos casos, por la tarde, a la hora de la merienda, la parte de encima de la leche se había convertido en una deliciosa capa de nata, por la que uno de nosotros, el que le tocara, suspirábamos en la merienda.

El hecho de estar pasando las vacaciones en un entorno rural del norte de España, hace que tengamos ciertos productos naturales a nuestro alcance. Una huerta cercana nos provee de verduras, entre las que destaco los tomates y las lechugas. A las ocho de la tarde el hortelano abre su tienda improvisada y allá que nos vamos. Las lechugas y los tomates son muchas veces cogidos directamente de la tierra o la tomatera, aunque no son baratos pero si muy buenos y sobre todo frescos. Es un poco volver a los ancestros eso de llevar directamente los productos del campo a la mesa. Otro producto que merece la pena son los huevos de gallina, que por aquí llaman de “picasuelos” porque las gallinas están en estado natural sueltas por la granja, picoteando por aquí y por allá. Y eso se nota en los huevos, que si bien no son muy grandes, tienen una yema amarilla que alegra la vista y después, untada con buen pan, el estómago.

Creíamos que estaba prohibido, y a lo mejor lo está, pero nos enteramos de un par de granjas de vacas en la zona que venden la leche directamente, con lo que allá que nos fuimos con nuestro recipiente, hay que llevarlo, a por un par de litros, porque tampoco consumimos mucho y además hemos descubierto que a mi hija no le gusta, acostumbrada como está al casi agua semidesnatada que viene en “tetrabrik”. Como estaba interesado, para cocer la leche utilicé la cacerola más amplia de forma que tuviera una buena superficie y… pasó lo que ya pasaba hace tantos años: por la tarde una excelente y sabrosísima capa de nata, de cierto grosor, cubría la leche. Lo del pan y el azúcar ya fue un ritual de recordar tiempos lejanos y vuelta a la niñez. Supongo que mis “michelines” agradecerán semejante aporte de grasa y azúcar, pero, que leñe, un día es un día y además también lo es de calcio y proteínas de verdad, sin adulteraciones, transgénicos, conservantes y acidulantes autorizados, que no pueden ser buenos.

domingo, 21 de julio de 2013

TENDEROS


Las personas que hayan seguido este blog con cierta asiduidad, habrán percibido mi mensaje constante de que hay que andar ojo avizor si no se quiere en estos días ser pasto de todo tipo de añagazas en las relaciones comerciales, grandes o pequeñas.

El mundo del comercio ha cambiado mucho. Recuerdo de pequeño, cuando mi madre me mandaba a hacer los recados, que los comercios eran más o menos del mismo tipo: un mostrador y detrás de él un tendero o tendera al que tenías que solicitar el género que quisieras y tener buen cuidado de que te entendiera, lo que no siempre era fácil al no recordar exactamente lo que te había dicho tu madre o bien que no tenía eso en concreto y te ofrecía algo alternativo. Los desplazamientos eran cortos pero en más de una ocasión he realizado varios viajes de la tienda a casa y de casa a la tienda hasta conseguir lo deseado. En todo caso estabas en manos del dependiente y de lo bueno o malo que este fuera en el arte de vender, o de despachar, que no es lo mismo.

Con la introducción de los grandes almacenes esta técnica cambió radicalmente. El género, con su precio, estaba expuesto a la vista del cliente, que podía deambular, ver, tocar, comparar precios, marcharse sin comprar nada e incluso sin relacionarse con ningún dependiente, aunque generalmente y de forma educada, antiguamente por lo menos, se ofrecían a ayudarte y asesorarte en tu decisión. Hoy brillan por su ausencia y por lo general tienes que ir tú a buscarlos, y encima con bastante frecuencia notas que saben mucho menos que tú de lo que les estás preguntando a poco que te hayas informado un poco con antelación.

Hogaño, los hipermercados y supermercados, e incluso tiendas tipo bazar como los denominados “chinos” utilizan esta forma de venta poniendo todo al alcance de tu fisgoneo sin tener que hablar o pedir algo a una persona que te espera tras un mostrador. Facilita mucho las cosas y sobre todo el anonimato, pues puedes mirar lo que te dé la gana sin manifestar tus deseos e incluso por puro entretenimiento si realmente no tienes nada que comprar.

Sin embargo, las tiendas clásicas siguen existiendo. Yo reconozco que siento debilidad por ellas y procuro adquirir lo que necesito en ellas un poco por mantener un sistema que viene bien que exista, pues suele ser más cercano al domicilio y no te ves en la necesidad de coger el coche para desplazarte al centro comercial. Pero lo tienen muy difícil, pues la competencia y los precios son feroces y además algunos tenderos siguen con prácticas ancladas en el pasado en las en muchas ocasiones se les ve el plumero y te dan ganas de no pisar una tienda pequeña más en tu vida, salvo que sea la de toda la vida donde hay una relación personal con el dependiente por encima de lo estrictamente comercial.

Antes de relatar lo que me ha sucedido pongo un ejemplo. Estás en un bar donde has entrado por primera vez en tu vida y pides unas cañas, que te sirven mondas y lirondas. Al rato entran otros parroquianos y con las cañas les ponen unas tapitas. Para eso son clientes de toda la vida y tú no.

Vamos al sucedido. Hay otro tipo de comercio mixto. Tiendas que por lo general responden a una franquicia y que mantienen el aspecto de toda la vida pero tienen detrás un fuerte componente en internet donde se informa con pelos y señales de todos sus productos y sus precios. También está la posibilidad, no siempre más barata, de comprar directamente por internet y que te lo traigan a casa, aunque a veces esto supone un coste adicional no exiguo y algún que otro dolor de cabeza al tener que estar secuestrado en casa hasta que aparece el repartidor. No te puedes ir ni a por el pan porque según Murphy aparece en este preciso momento: conste que me ha ocurrido.

Soy muy dado a esto de las nuevas tecnologías y generalmente intento comprar los cacharrillos que me van haciendo falta por internet. Un sitio recomendable es www.pccomponentes.com y últimamente también www.amazon.es aparte de los clásicos. Otros que utilizo mucho, por su formato mixto y sus muy buenos precios, son www.appinformatica.com o www.madridhifi.com, porque permiten contemplar su catálogo en la web y luego dirigirte a la tienda a por el artículo, que si no está disponible te lo entregan en uno o dos días, informándote con exactitud de cual.

Estoy de vacaciones y para un enjuague que quiero probar he necesitado un cable HDMI para conectar un aparatejo a una televisión. En el pueblo cercano hay una tienda de “appinformática” que servía para mis propósitos casi de forma parecida a como si estuviera en casa. He accedido a la web y he visto que el cable que necesitaba costaba 5,80 euros en su longitud de 1 mts, aunque había otros de 1,80 y 3,00 mts que costaban respectivamente 6,90 y 8,20 euros. Luego estaban los especiales, con ferritas, con terminales de oro y demás zarandajas, con un precio máximo de 10,20 euros para el que tenía de todo e incluso hablaba.

Con este conocimiento me he dirigido a la tienda a comprar mi cable si lo tenían disponible. No había entrado nunca en esa tienda y no volveré a entrar en mi vida, aunque repita sitio de vacaciones, dado lo que me ocurrió y que relato. El dependiente me dijo que no disponía del cable de 1 mts pero que tenía el de 1,80. Yo jugaba con ventaja al saber los precios, así que por un euro con diez más le dije que de acuerdo. Me tiende el paquete sin mirarlo y cual no será mi sorpresa cuando al preguntarle el precio me responde sin despeinarse: 10 euros. El paquete no estaba etiquetado y no ponía el precio por ningún lado. Hagamos apuestas: ¿el dependiente tiene una memoria prodigiosa y se sabe de memoria los precios de todos los artículos? o ¿a este pardillo le voy a sacar unos euros? Cada uno podrá optar por una u otra solución e incluso aportar alguna más.

Educadamente le hice ver que no estaba interesado sin mencionar nada de mis conocimientos previos sobre el precio. Que le den, si se comporta de esa forma con sus clientes, en función de si son conocidos o no, mal le irá, aunque eso no es problema mío. En el fondo, a mí me va a costar mucho más el dichoso cable, porque tendré que coger el coche y hacerme 60 kilómetros hasta el centro comercial más próximo donde los tengan, y esos kilómetros en mi caso suponen a día de hoy un coste de 14,5354785 euros, pero aprovecharemos el viaje para hacer, de paso, otras cosas.

domingo, 14 de julio de 2013

"B"


En estos días la letra “B” está de moda, y si no es el caso, la ponemos. Podríamos referirnos a la letra inicial del vocablo “bárcena” que en plural diríase “bárcenas” y que según el diccionario nos refiere se trata de “lugar llano próximo a un río, el cual lo inunda, en todo o en parte, con cierta frecuencia” o por otro lado a aquello de “cobrar o pagar en “B”” que no requiere explicación sobre su significado y menos hoy en día, por ser un “deporte” que practica todo el que puede en la medida de sus posibilidades. Y es que las cosas no están para bromas y el ”sálvese quien pueda manque se hundan los demás” está a la orden del día.

Abandonado un día de esta semana por la familia, cuando volvía de comprar pan y periódico y hacer unos recados, pasaba por delante de un restaurante de esos de carretera que siempre están llenos principalmente de obreros y laborantes, porque el menú que sirven es además de muy barato y muy bueno tremendamente abundante. En estos tiempos que corren por nueve euros te dan a escoger entre cuatro primeros y cuatro segundos más bebida, pan y postre de muy buena calidad y tan tremenda abundancia que podrían comer dos personas hasta saciarse y si me apuras tres sin quedarse con hambre. Y como hay que hacer propaganda de quien se la merece diré que el restaurante se llama “Venta de Tramalón” y está situado en la carretera CA-131 que transita entre Santillana del Mar y Comillas, justo pasado Cóbreces dirección Comillas y tras una fuerte pendiente que culmina en el restaurante y el desvío a la localidad de Trasierra. No tiene pérdida. He parado sin intención de comer, porque siempre está hasta los topes, pero al constatar que había sitio me he sentado a degustar el menú, armado de libro por aquello de que iba solo, aunque la rapidez con la que operan los camareros me ha dejado poco tiempo de lectura.

Y además no he podido concentrarme en la lectura, porque en la mesa de al lado, tres laborantes, muy posiblemente del ramo que se ha dado en llamar del ladrillo aunque realmente es de la construcción, discutían acaloradamente y en voz ciertamente alta acerca del tema de las facturas, el I.V.A. y lo que se llevan los políticos y los que no lo son. Imposibilitado de concentrarme en la lectura de mi libro electrónico, con disimulo he puesto la oreja a captar la conversación. Ha habido de todo, pero lo que destaco para esta entrada es como uno de ellos contaba que había ido con la factura correspondiente a cobrar la reparación de un tejado por un importe superior a 2.000 euros. El destinatario le hizo ver que más de 400 euros de I.V.A. eran una barbaridad, con lo que mejor le hacía una factura por alrededor de 400 para cubrir el expediente y el resto se lo pagaba en billetitos con lo que todos ganaban y tan contentos. Supongo que el “todos” se refería a ellos dos, laborante y contratante, porque el resto de los españoles a buen seguro “perdemos”.

Y es que hay que reconocer que un 21% de I.V.A. es una verdadera, permítame que lo manifieste, “salvajada”. Porque además no solo es eso, sino que viene detrás de los impuestos sobre la renta, los impuestos municipales, el precio del litro de combustible con sus "céntimos sanitarios" y demás. Y además, ese I.V.A. que se paga no se recupera si eres un españolito final que no tengas empresa a la boca que echarte donde camuflar estos gastos. Vamos, que si te ponen “como a Felipe II” delante de la oportunidad de ahorrarte cuatrocientos euros en un pago, habría que ver cuántos nos resistimos si la cosa no tiene peligro. Y aprovecho para manifestar que esa cantidad es la mitad del sueldo mensual de muchos de los que cuentan con la fortuna de tener empleo. Esto es solo un ejemplo de la llamada “picaresca” nacional, aquella que se inventara hace ya cinco siglos y que tan bien tenemos reflejada en libros como “El Lazarillo de Tormes” y similares. Y es que son muchas pequeñas cosas como aquello del oficinista, o la oficinista, que se lleva unos folios para la impresora de casa, la secretaria, o secretario, que llama para asuntos particulares desde el teléfono de la oficina, la enfermera, o enfermero, que distrae unas vendas de escayola para hacer ese muñeco para la carroza de las fiestas, o la albañila, o el albañil, que coge un poco de cemento del tajo para esa chapuza en casa. No hacen falta más ejemplos porque todos sabemos de lo que estamos hablando.

El dicho popular, muy arraigado, lo refleja con precisión: “ponme donde haya que de coger ya me ocupo yo”. Y en función de muchas cosas, tales como el peligro de ser detectado, los beneficios obtenidos, la posición del operario y fundamentalmente la cantidad y calidad de las cosas a arramblar… ahí lo tenemos.

Y una de las cosas más peligrosas es el dinero, la pasta. Y otra las influencias y los contactos. Y donde hay mucha y se puede coger, algunos no se resisten y al grito de “que todos los hacen” pues yo también. Y con esto enlazamos con la otra “B” que hemos mencionado al principio de pasada, la “B” del apellido de ese señor tan famoso en los últimos meses que lleva por nombre Luis y por mote el nombre del macho de la cabra. ¿Qué hay de verdad en todo este entramado que además es uno solo de los posiblemente miles que existen? Política y dinero se han unido desde los tiempos inmemoriales. Lo que ocurre es que antes eran cuatro o cinco y ahora tiene toda la pinta de que medra hasta el concejal de la oposición del último ayuntamiento de cualquier provincia de España. Y de ahí para arriba, cada uno en la medida de sus posibilidades, ejecuta aquello que mi buen amigo Carlitos Martín reflejaba hace ya muchos años con dos sentencias definitivas: “alguien trinca” y “no hay soluciones técnicas a problemas políticos”.

Las informaciones de unos y otros, con sus mentiras y sus verdades irán y vendrán, escribiendo un capítulo tras otro de la historia que una y otra vez, tozudamente, nos negamos a aprender. Lo que siempre será cierto que cada uno tenemos nuestras opiniones personales sobre los asuntos, a raíz de nuestros conocimientos. ¿Quieren saber mi opinión sobre el caso “B”? No hace falta, está muy clara: “alguien trinca” y lo coge, perdón hispanohablantes suramericanos, y se lo lleva. Y si le descubren y le dan posada entre rejas, suponiendo que esté allí un tiempo, no devolverá lo cogido ni por asomo.

¿Nos ponemos a comentar el caso de otra persona cuyo apellido también empieza por “B” y tiene por nombre Miguel y que está de rabiosa actualidad aunque no se hable de ello?.

Aquí lo dejo, que me lío.

lunes, 8 de julio de 2013

J.S.ELCANO



Durante prácticamente toda la semana pasada el buque “Juan Sebastián de Elcano” ha estado fondeado en la bahía de Santander, tras su periplo comenzado en enero de este año que le ha llevado a atravesar el océano Atlántico en los dos sentidos. Rematando su viaje, costeará España y Portugal hasta llegar a su base en el Arsenal de La Carraca, en San
Fernando, Cádiz.

Como es bien sabido, este bergantín goleta de la Armada Española es el buque escuela por donde han pasado numerosas promociones de Guardia Marinas en su proceso de formación como marinos profesionales. Toma su nombre del ilustre marino que en 1522 completó la primera vuelta al mundo al tomar el mando en la expedición promovida por Fernando de Magallanes, debido al fallecimiento de este. El casco fue diseñado por la compañía Echevarrieta y Larrinaga y fue botado en Cádiz el 5 de marzo de 1927, cerrando así un período en el que la Armada no dispuso de buque escuela tras el desmantelamiento del anterior denominado “Nautilus”. A modo de curiosidad, decir que el coste de este barco fue de 7.569.794 pesetas de las de aquella época. Tras unos viajes iniciales para comprobar sus defectos y virtudes y reparar aquellos, se inició su primera vuelta al mundo en un crucero de instrucción que tuvo lugar entre el 1 de agosto de 1928 y el 29 de mayo de 1929. Ha dado un total de diez veces la vuelta al mundo y ha realizado prácticamente tantos cruceros de instrucción como años tiene, pues si bien algunos años como los de la Guerra Civil española no surcó los mares, hubo años en los que realizó dos viajes.

El pasado jueves y debido a la jornada de puertas abiertas, tuve la oportunidad de realizar una visita al interior del barco. Numerosas personas tuvieron la misma idea y la cola era interminable, además de que todos, una vez a bordo, nos deteníamos haciendo fotografías a los innumerables detalles que llamaban nuestra atención, pues 113 metros de barco dan para mucho. En todo momento, el personal del barco estaba a tu disposición para atender cualquier cuestión que surgiera e incluso realizarse fotografías con los visitantes, especialmente los niños que disfrutaban enormemente. Más de uno habrá pensado en hacerse marino cuando sea mayor tras su visita al barco. Yo también lo he pensado pero ya no es tiempo.

Pero yo y mis acompañantes teníamos una baza especial bajo el brazo. Nos acompañaba nuestro sobrino Javier, que es uno de los 68 Guardia Marinas que este año ha realizado el crucero de instrucción, en su cuarto año de formación como marino de la Armada Española. En todo momento nos refería detalles de su reciente viaje, que todavía no ha finalizado, con pelos y señales de las diferentes partes del barco, de la jerga marinera que ya se sabe, entre otras cosas, que en los barcos no hay cuerdas sino cabos, que se “come” con la estribor y no con la babor, que la proa es lo de delante y la popa lo de detrás y decenas y decenas de acepciones del lenguaje que son específicas de este mundillo de la marinería. En mi caso, y dado que realicé hace muchos años dos navegaciones en velero por el Mediterráneo me sirvió para rememorar algunas cosillas que permanecían olvidadas.

Y lo mejor vino al final: cuando a todos los visitantes les llegaba la hora de abandonar el barco, iniciamos una visita especial a las dependencias interiores, comedor, escuela, capilla, camaretas… donde hacen la vida los Guardia Marinas. Con muy poco espacio para tantas personas, la atmosfera en pleno bullicio de actividad tiene que resultar asfixiante, pero según nos comentó a todo se acostumbra uno. Aquello de las sardinas en lata, bien colocaditas y sin moverse, es de aplicación a esto pero con personas.

Y como colofón, cuando ya nos tocaba a nuestra vez abandonar el barco, apareció por allí nuestro primo, el padre de Javier, que estaba recordando viejos tiempos, de cuando el a su vez hizo el viaje en 1976, y saludando a sus conocidos entre la dotación del barco, como oficial de la Armada que es. Esto nos permitió una visita a la zona de oficiales y a la residencia del comandante del buque, con una atmósfera especial llena de recuerdos de tantos años. Ya se sabe que en los barcos hay mucha madera y por lo tanto riesgo de incendio, por lo que al revés que en la vida civil no se puede fumar fuera y hay que hacerlo dentro: una camareta especialmente acondicionada y muy coqueta sirve de sala de fumadores al capitán.

Y ya ayer domingo asistimos a la salida de puerto del barco, a la que pertenece la fotografía que ilustra esta entrada. Con prácticamente todo su velamen desplegado, el J.S.Elcano dejó el puerto de Santander acompañado de numerosas pequeñas embarcaciones que le rendían su homenaje particular.

Muchos más datos y curiosidades sobre los más de ochenta años de historia de este barco, emblema no solo de la Armada sino también de España pueden encontrarse a poco que busquemos en internet, y especialmente en la página oficial del barco.


domingo, 30 de junio de 2013

VERGÜENZA


Mientras estoy espeso en esto de la escritura semanal del blog, con poca o ninguna idea que echarme al coleto y no quiero que se pase el día sin reflejar algo, me viene a la mente aquel dicho de Groucho Marx que dice “que paren el mundo que me bajo”. Como este blog me sirve también de documentación personal, me viene al pelo el artículo aparecido hoy en el blog del diario “público.es” titulado “España da vergüenza”, firmado por Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada de la universidad de Sevilla, que cuenta con una quincena de libros, algunos de ellos leídos, escritos conjuntamente con Vincenç Navarro y con Alberto Garzón Espinosa, que son de muy rabiosa actualidad a la vez que de recomendable y obligada lectura, como “¿Están en peligro las pensiones públicas?” o “Hay alternativas”. De reciente publicación y de estos mismos tres autores tenemos “Lo que España necesita”, una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP y que puede descargarse libremente de la web del autor en este enlace.

Reproduzco a continuación el mencionado artículo, que no tiene desperdicio. Cada uno que se aplique la parte que le corresponda, por acción u omisión.

Da vergüenza un país en donde justo cuando el gobierno se embarca en vender la que llama Marca España, como si fuera una simple mercancía (no puede ser casualidad), los medios de comunicación desvelan una escandalosa trama de corrupción en la que están envueltos la mayoría de sus dirigentes, personajes corruptos que han hecho del servicio público la fuente de su lucro personal a base de concederse sobresueldos con el dinero de todos los españoles o con el de las empresas a las que han hecho favores allí donde gobiernan.
Da vergüenza un país en donde nada más y nada menos que el responsable durante años de las finanzas del Partido Popular que nos gobierna acaba de entrar en la cárcel porque sus fechorías son ya indisimulables y que los dirigentes de su partido, justo a los que ha estado financiando generosamente durante años, no tengan nada que decir y se hagan los locos.
Da vergüenza un país en donde su primera autoridad, Don Juan Carlos de Borbón, es también el primero en dar mal ejemplo a sus conciudadanos. Da vergüenza un país en donde no hay manera de conocer de dónde viene la fortuna que el Monarca ha amasado mientras representaba al Estado. Y da vergüenza contemplar cómo mueve Roma con Santiago para evitar que su hija haga frente a responsabilidades por las actividades en las que es materialmente impensable que no haya estado implicada o incluso que él no supiera que se llevaban a cabo.
Da vergüenza un país en donde tantos jueces y fiscales se ponen en marcha, no para administrar justicia, sino para evitar que su peso caiga sobre los delincuentes de almidón, empezando como digo por los miembros de la Casa Real y terminando por banqueros, dirigentes políticos u otros magistrados que entre ellos se protegen abiertamente.
Da vergüenza un país en donde los partidos mayoritarios se ponen de acuerdo para tapar a quienes han robado y destruido el patrimonio de millones de españoles. Da vergüenza que impidan que se investigue lo que ha pasado y que no haya banqueros juzgados y en la cárcel por las estafas que han orquestado en los últimos años y con las que han ganado miles de millones de euros, o políticos por las privatizaciones a favor de amigos que llevaron a cabo.
Da vergüenza un país en donde los partidos mayoritarios engañan sistemáticamente a sus votantes cuando llegan al gobierno, olvidándose de sus programas electorales, sin que pase nada.
Da vergüenza un país en el que los gobernantes y líderes políticos mayoritarios pueden traicionar al pueblo y a la Nación entregándola a intereses extranjeros o a los de grupos minoritarios, sin someter sus decisiones a la voluntad popular. Da vergüenza un país gobernado por mentirosos y traidores que cambien la Constitución sin consultar al pueblo al que llaman soberano o que promulgan leyes electorales para impedir que todos los intereses sociales estén fielmente representados en las instituciones.
Da vergüenza un país en donde hay cientos de diputados que aceptan y votan cualquier cosa que les digan sus jefes de filas, que mantienen silencio y su culo pegado al sillón sin rechistar sea cual sea la decisión que les impongan.
Da vergüenza un país que consiente que los parlamentarios roben a los ciudadanos cobrando dietas por desplazarse o vivir en Madrid cuando residen siempre allí y allí es donde tienen sus viviendas habituales.
Da vergüenza un país donde los líderes de los partidos han pedido a los bancos créditos millonarios que no devuelven, haciendo que los paguen todos los españoles.
Da vergüenza un país en donde tantos munícipes que deben velar por el interés público y que cobran por ello jugosos sueldos han puesto en bandeja a los promotores los negocios millonarios de los últimos años, haciéndose ricos o financiando a sus partidos a base de cobrarles comisiones.
Da vergüenza un país en donde los políticos manipulan tan descaradamente los medios de comunicación o que reparten las licencias con arbitrariedad y sectarismo para favorecer a sus afines. 
Da vergüenza un país en donde la mayoría de los periodistas calla para obedecer a sus amos, o que se limita a reproducir la letanía de mentiras con las que justifican todo lo que está pasando. Y da vergüenza que la gente no proteste día a día cuando comprueba que las voces disidentes apenas si tienen presencia en los medios de comunicación para explicar lo que nos pasa de otro modo.
Da vergüenza un país en donde las más altas instituciones o tribunales del Estado, que se supone que deberían ser neutrales y controlar a los demás poderes, se componen por cuotas de partido, de modo que sus decisiones se toman con disciplina casi militar y en función exclusiva de los intereses de quienes nombran a sus miembros. Da vergüenza un Tribunal Constitucional en donde el voto de sus magistrados se sabe de antemano porque son conmilitones que votan las sentencias como por encargo. Y da vergüenza que el gobierno, con la excusa de la crisis, desmantele poco a poco los órganos de vigilancia y control de su actuación administrativa.
Da vergüenza un país en donde solo se sabe recurrir a mentiras, que se difunden gracias al enorme poder mediático de los grupos financieros y a la democracia tan imperfecta que tenemos, para justificar los recortes en las pensiones, la educación o la sanidad públicas. Da vergüenza un país en donde su universidad no estalla para denunciar lo que pasa y las mentiras y estafas que se vienen produciendo, y en donde la mayoría de sus intelectuales se acobardan o acomodan y se achantan.
Da vergüenza un país en donde el gobierno que está obligado a ser neutral frente a las confesiones religiosas se alía con la jerarquía de extrema derecha de una de ellas, imponiendo a la ciudadanía su adoctrinamiento y dándole financiación privilegiada. Y da vergüenza que sean tan escasos los fieles que rechazan ese trato, tan contrario a los valores que su Iglesia dice transmitir a la sociedad.
Da vergüenza un país en donde los políticos pueden mentir, incumplir sus promesas o decir hoy una cosa y mañana la contraria sin que tengan que dar cuenta alguna por ello.
Da vergüenza un país en donde un partido llamado socialista es pieza fundamental del dominio de los grandes poderes financieros, a los que tan directamente sirve cuando gobierna. Y dan vergüenza sus militantes honrados que, a pesar de serlo, callan y no se levantan contra sus dirigentes vendidos.
Da vergüenza un país en donde la afiliación a los sindicatos es tan baja, haciendo que éstos tengan que luchar muy solos, pero da vergüenza también que tantas veces sucumban a intereses corporativos y de que sean esclavos de la financiación que reciben, o incapaces de combatir a sus dirigentes corruptos. Y da vergüenza también la patronal ideologizada, en donde han llegado a apoltronarse auténticos delincuentes, que defiende políticas que son una máquina de destruir empresas y empleos.
Da vergüenza un país en donde las fuerzas opuestas a la agresión política y a los recortes sociales que se están viviendo no logran ponerse de acuerdo porque se dedican a atacarse a veces sin piedad entre ellas, incapaces de entenderse y reconocerse diversas pero aliadas. Da vergüenza que los dirigentes de Izquierda Unida, como partido principal a la izquierda del PSOE, no hayan comparecido todavía con los demás movimientos y organizaciones para anunciar que se unen y que promueven candidaturas unitarias y abiertas a todos los sectores y sensibilidades sociales, y da vergüenza que, en lugar de eso, la mayoría de ellos se limiten a pedir que los demás se sumen a sus filas.
Da vergüenza un país en donde en medio de una agresión tan impresionante contra los derechos ciudadanos, la izquierda que se dice más transformadora y solidaria de algunas nacionalidades promueva como horizonte el independentismo, desentendiéndose de los trabajadores y pueblos del resto del Estado y prefiriendo unir sus destinos a las oligarquías locales que agreden al suyo.
Da vergüenza un país en donde la mayoría de la gente no ve a su patria más que en la camisa de una selección de fútbol y que solo la ve en peligro cuando pierde en los campos de juego, y no cuando se atacan su democracia o los derechos sociales de sus ciudadanos; que grita y se enrabia solo cuando se cuelan goles o cuando se falla un penalti pero que calla cuando le quitan servicios públicos esenciales, y que no sale en masa a la calle para denunciar y pedir que se enjuicie a los ladrones de dinero público que ocupan las instituciones.
Da vergüenza esta España corrupta y rota, de oligarcas y mercenarios que todavía huele demasiado a dictadura, y da vergüenza que la mayoría de la gente honrada no sea capaz todavía de levantarse y unirse, de reaccionar con inteligencia y valentía ante lo que está pasando para darle la vuelta y un buen limpiado.

domingo, 23 de junio de 2013

PROSAPIA

La Vanguardia, 22/06/2013

Hay cosas que parecen imposibles, y sin embargo ocurren. Ayer prácticamente todos los diarios de tirada nacional incluían la noticia y la misma fotografía, en la que pueden verse a dos de las personas que, hoy por hoy, más mandan en nuestro país, yo añadiría que maltrecho. La frase pronunciada por la segunda al mando en regir nuestros destinos debería quedar para la historia: “Ha llegado la hora del sacrificio de los políticos”. Yo ya he perdido la cuenta de los meses o años que lo llevan o llevamos pasando mal, muy mal, muchos ciudadanos de este país, pero siempre ha habido ricos y pobres. Y según las últimas estadísticas que he leído, el número de ricos en los últimos tiempos se ha incrementado en un 6%. De lo que se deduce que estas épocas de crisis son muy buenas para algunos…pocos. Una noticia complementaria es que uno de los índices que no han bajado sino todo lo contrario son los que reflejan las ventas de coches….de gama alta. Por si quedaba alguna duda.

Veo poco la televisión y menos la prensa, pero en algún momento, mientras tengo el ordenador bloqueado realizando algunos procesos pesados, lo único que me funciona con cierta fluidez es el acceso a internet, por lo que caigo en la tentación de asomarme por las portadas electrónicas de los periódicos. Cuando en el primero que accedí vi la noticia, me dejo patidifuso, por lo que accedí al resto a comprobarla, pudiéndome dar cuenta que efectivamente estaba en todos.

No se enteran de que va esto. Están en sus pedestales y nos ven al resto de los humanos desde su atalaya y tienen bien claro que la historia no va con ellos. Voy a reproducir a continuación una carta al director de otro diario, que no tiene desperdicio:

Mi padre, que hoy tendría 86 años, tenía un compañero que le contaba que de niño vio, en la plaza de su pueblo extremeño, cómo llegaba montado a caballo el capataz de las tierras del señor de la zona y elegía a los hombres, de entre el sombrío grupo que esperaba desde el alba, que ese día tendrían la suerte de trabajar de sol a sol por una peseta. Cuando escogió a los afortunados, uno de los hombres que ese día no fue elegido, se acercó al capataz y le dijo en voz baja “señor, yo lo hago por dos reales” (para los jóvenes: la mitad de una peseta). El capataz descartó a un hombre de los elegidos y se lo llevó. Cuando yo de pequeño oía esa historia se me encogía el ánimo, pero, con todo, me consolaba pensar que ese mundo miserable estaba enterrado en el pasado. Ahora, nada menos que el gobernador del Banco de España le propone “excepcionalmente” ese modelo a la nieta de mi padre, mi hija de 18 años. Qué gran capataz de nuestros señores. José Luis Martorell (Madrid) 4/06/13

Habría montones de cartas como esta, muchas que no se escriben y otras que no llegan a ver la luz, porque estas historias no son aisladas. Una sobrina mía, con su carrera terminada y a punto de acabar un máster lleva realizadas en los últimos tiempos cerca de ochenta entrevistas donde la ofrecen, sin ningún pudor, condiciones leoninas insoportables cuando no el, directamente, trabajar gratis.

Pero hasta ahora, por lo que se ve, la cosa no iba con los políticos, si nos atenemos a la frase de nuestra sesuda dirigente, no olvidemos en ningún momento que con mayoría absoluta en el Congreso para hacer lo que la dé la gana, a ella y a su compañeros. Y es que yo no me creo que vayan a hacer nada que directamente les afecte, pequeños retoques en cosas sin importancia que sirvan como cortina de humo para distraer la opinión de los ciudadanos y a que todo sigua igual.

La situación es grave y graves son por tanto las decisiones que hay que tomar. Y no estoy hablando de la llamada crisis económica que con el tiempo pasará para volver cíclicamente dentro de unos años. Me refiero a la crisis moral, la crisis de valores, la crisis derivada de cargarse de un plumazo cuestiones básicas de convivencia que ha costado muchos años lograr y que, como se pagan con dinero, se retiran esgrimiendo que “la cosa está mal”. Esta mal para algunos, pero no para otros, que siguen igual o si cabe mejor.

Cuestiones básicas como la educación y la sanidad son el día a día de muchos españoles que no pueden pagarse con sus exiguos salarios, los que los tienen, educaciones o sanidades privadas. Y la cobertura social que hasta ahora se tenía o ha desaparecido o casi. En mi época, yo no pude estudiar una carrera universitaria porque mi familia no tenía dinero para costeármela. Estudié el bachillerato a trancas y barrancas, con alguna beca ministerial, pero la carrera ya fue imposible, ni siquiera con beca. Esto, que parecía que había desaparecido, vuelve con fuerza. Les invito a leer esta reflexión de un profesor sobre uno de sus alumnos, con un título un poco irreverente que es pura realidad que hace caer el alma a los pies.

Pero, hasta ahora, los políticos no “se han sacrificado”. ¿Lo harán a partir de ahora? Miau y remiau.

domingo, 16 de junio de 2013

AÑAGAZA


Lo venimos comentando con insistencia en numerosas entradas de este blog y cada día que pasa me reafirmo más en esta opinión: nos engañan o tratan de engañarnos, por activa y por pasiva, de la mañana a la noche, todos los días del año y no son simples trileros que están en la esquina esperando que caiga el tortolito ni bandoleros agazapados en las laderas de la montaña. Ahora los métodos son mucho más refinados y nos persiguen por todas partes. Y lo peor de todo es que son “legales” y ejecutados por intermediarios solventes que son conscientes de lo que pasa pero que “no pueden hacer nada”.

Tengo por costumbre, casi a diario, echar un vistazo a los movimientos de las cuentas bancarias. Ahora “todo es por internet” con lo cual el día que internet no funcione o, lo que es peor, deje de funcionar lo que está al otro lado, nos echaremos las manos a la cabeza y empezaremos a llorar. Una pregunta: ¿tenemos algún papel o justificante, aunque sea electrónico, del saldo de nuestras cuentas bancarias? Supongamos que mantenemos nuestras cuentas en un banco con el que operamos por internet. Si hubiera un fallo en sus sistemas informáticos y de pronto se alteraran nuestros saldos o desapareciéramos como clientes …¿cómo podríamos reclamar lo que es nuestro? Aunque no deja de ser un justificante electrónico, reproducible y falsificable con un poco de conocimiento, yo me guardo en mi ordenador todos los meses el extracto de mis cuentas, por si acaso, no vaya a ser que en algún momento me haga falta disponer de algo, no es mucho como digo este documento electrónico, que avale una posible reclamación ante alguien, aunque ya sabemos lo defendidos que estamos. Reproduzco aquí el texto de un gran “tweet”, emitido por Otis B. Driftwood esta semana: “Toda la vida mirando a nuestra espalda al sacar dinero del cajero para que no nos robasen, y resulta que había que mirar al frente”.

A lo que vamos. En mi revisión diaria de los movimientos de las cuentas, el pasado martes me encuentro dos cargos sospechosos, de 4,99 y 44,99 euros, procedentes de Google Play, esa empresa que nos brinda cientos de miles de juegos y aplicaciones para nuestros teléfonos inteligentes. Yo utilizo una VISA especial, permanentemente sin saldo, que recargo cuando voy a hacer alguna operación con el importe exacto de la misma. Es un latazo pero me aporta una enorme tranquilidad. Así que estos cargos tenían que venir por lógica del teléfono de mi mujer. Preguntada ésta me dice que no ha hecho ni comprado nada de forma voluntaria.

Comienza entonces un proceso de navegación y búsqueda por los registros de Google Play, muchos de ellos en inglés, hasta dar con el asunto. Tengo que agradecer que al menos esto quede registrado y consultable, aunque sea con algunas dificultades. Los cargos son debidos a la “compra” de “coins-monedas” para un juego instalado en el teléfono que se llama “Subway Surfers”. El juego es gratuito y se instala en el teléfono sin coste, pero en alguna de las partes del mismo se pueden comprar, literalmente comprar, monedas para el juego, que representan un coste efectivo y real. Hay que decir que el teléfono tiene activada la petición de clave para autorizar las compras en Google Play pero eso solo es válido para las compras directas, no para los casos que estamos comentando.

Recordando fechas y situaciones, no retrotraemos unos días atrás en el que celebrábamos un cumpleaños familiar. Mi mujer dejó el teléfono a un sobrino de seis años para que jugara con ese juego. El niño compró, sin saberlo o creyendo que estaba jugando, dos partidas de 65.000 y 500.000 monedas, lo que supuso los cargos en la cuenta que hemos comentado. Limpio, cómodo y fácil. Menos mal que no se le ocurrió seguir comprando moneditas, que nos podía haber vaciado la cuenta en un par de pulsaciones. Es de suponer que se aburriría o le quitamos el teléfono para algo. Se me ponen los pelos de punta.

Con todos los respetos, esto no me parece de recibo. Te crees que el juego es gratuito y que el niño solo puede entretenerse y jugar un rato y estás dejando la cuenta llena de telarañas. Y menos mal que, como he dicho y casi a diario, tengo la costumbre de revisar los movimientos, uno a uno y con detalle. Se me ocurre otra pregunta… ¿si el cargo hubiera sido solo el de 4,99 lo hubiera detectado el común de los mortales? Creo que la respuesta es no, porque nos fiamos mucho de quién precisamente no tenemos que fiarnos. En estos días, un gran banco nacional ha tenido un problema en sus sistemas informáticos que ha provocado el cargo por duplicado de los costes telefónicos de 80.000 clientes de diversas compañías telefónicas, no solo en las cuentas propias de ese banco sino en las de otros. Algunos clientes, más de una semana después, aún están esperando que les devuelvan su dinero.

La primera reclamación, por correo electrónico, ante Google no tuvo efecto. Ellos son meros intermediarios y no tienen ninguna responsabilidad ni pueden hacer nada en el asunto, por lo que tenemos que dirigirnos directamente a la compañía propietaria del juego, una compañía alemana, cuyo e-mail al menos nos facilitan. Decidí efectuar una única reclamación del importe más alto, el de 44,99 euros, para no liarla, dando por perdidos los 4,99. Realizada directamente la solicitud de devolución del importe ante la empresa en cuestión, en perfecto castellano, tengo que decir que contestaron en menos de veinticuatro horas accediendo a la reclamación, sin poner ninguna pega, diciendo que en el plazo de una semana nos devolverían nuestro dinero. Estamos a la espera de ello, pues todavía no ha transcurrido la semana.

Uno debería estar agradecido a esta empresa si al final atienden la reclamación y nos devuelven los euros. Pero no estoy de ninguna manera agradecido, sino muy cabreado con estos sistemas que te obligan a emplear tu tiempo en reclamaciones por unas actuaciones más que discutibles, avaladas por Google con poco o ningún control.